Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

viernes, 26 de enero de 2018

RESEÑA: La cámara sangrienta.

LA CÁMARA SANGRIENTA

Título: La cámara sangrienta.

Autor: Angela Carter (Eastbourne 1940-Londres 1992). A causa de la guerra, fue evacuada cuando a penas era un bebe junto con su abuela a Yorkshire, donde sufrió de anorexia durante la mayor parte de sus años de adolescencia. Empezó a trabajar como periodista en Croydon Courier siguiendo los pasos de su padre y se graduó en Literatura Inglesa por la Universidad de Bristol. En 1960 se casó con Paul Carter. Tras nueve años de matrimonio, después de ganar el Premio Somerset Maugham con su novela Varias percepciones (con la que aprendió lo que era ser mujer y se radicalizó), abandonó a su esposo y se fue a Tokio, donde vivió durante dos años. Su experiencia japonesa sería inmortalizada en 1974 en Fuegos de artificio: nueve relatos profanos, así como en su novela El doctor Hoffman y las infernales máquinas de deseo, que publicaría en 1972. A la vuelta de Japón, pasó unos años enseñando en varias universidades de Europa, Australia y Estados Unidos. En 1977 se casó con Mark Pearce, con el que tuvo su único hijo. Carter es autora de varias novelas, entre las que destacan La juguetería mágica, Héroes y villanos, La pasión de la nueva Eva o Noche en el circo, por la que recibió el James Tait Black Memorial Prize. Así como de algunos notables volúmenes de relatos como La cámara sangrienta o En compañía de lobos. Entre 1990 y 1992 recopiló para la editorial Virago una colección de relatos tradicionales protagonizados por mujeres que, bajo el título Cuentos de Hadas de Angela Carter, se convirtió en uno de los más duraderos longsellers de la editorial. Falleció en 1992 en Londres a la edad de 51 años sin llegar a completar su último proyecto literario, la continuación de Jane Eyre. Hoy en día su nombre se incluye entre los escritores británicos más importantes posteriores a 1945.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Jesús Gómez Gutiérrez.

Sinopsis: Barbazul, Caperucita Roja, la Bella y la Bestia, el gato con botas...Preocupada por cuestiones de género y por la tradición - y los mecanismos narrativos - de los cuentos de hadas, Angela Carter "revisa" con una sensibilidad feminista mitos y leyendas bajo la égida gótica de Poe o Hoffmann, pero con la audacia y el talento de mezclar, pongamos por caso, a Perrault a Sade con Boccaccio. Éstos son los relatos en los que las protagonistas rehacen las reglas (y el propio final de cuento), abandonando el rol pasivo que se les impone y atreviéndose a nombrar su deseo.

Su lectura me ha parecido: interesante, atrayente, perturbadora, oscura, poderosamente reflexiva, evocadora, tremendamente feminista, absolutamente necesaria...El cuento. Esa narración breve, escrita por uno o varios autores, basado en hechos reales o ficticios y cuya trama es protagonizada por una serie de personajes, encargados de levantar un argumento aparentemente sencillo. El cuento, desde tiempos inmemoriales, se ha concebido como fuente de información, cuya transmisión oral ha favorecido la reproducción de ciertos comportamientos sociales a lo largo de los siglos. Julio Cortázar lo comparaba con el boxeo, pues, este gana, en jerga deportiva, por un knock out, o lo que es lo mismo, por impactos, por sensaciones, por emociones que atrapan al lector y lo dejan momentáneamente ko. Con un solo y apoteósico climax, el cuento ha experimentado una gran transformación desde aquellas tertulias a la luz de las velas hasta formar parte del inabarcable mundo digital. Nadie lo diría, pero desde entonces hasta ahora, han sido muchos los autores que deben su fama al noble arte del cuento: Luciano de Samosata, Giovanni Boccaccio, Geoffrey Chaucer, Charles Perrault, Jean de la Fontaine, Francisco Quevedo, Washington Irving, los hermanos Grimm, Nathaniel Hawthorne, Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant, Gustave Flaubert, Leopoldo Alas "Clarín", Amadeus Wilhem Hoffmann, Antón Chejov, el Marqués de Sade, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar...Todo hombres como podéis comprobar. Parece que a los que escriben los libros de texto se han olvidado de que Mary Shelley también escribía cuentos o que en España tuvimos a Ana María Matute y a Gloria Fuertes, unas de nuestras cuentistas más originales. Por no hablar de Whilla Cather, Edith Wharton o Kate Chopin, grandes escritoras estadounidenses del XIX que también se atrevieron a escribir cuentos. Por eso, y porque los clásicos están para reinterpretarlos, da gusto toparse con recopilaciones como la que hoy reseño. Unos cuentos que nada tienen que envidiar a los de Edgar Allan Poe o Hoffmann y que revisan el papel de la mujer en algunos de los relatos más famosos de la historia de la literatura. La cámara sangrienta: reivindicación feminista sumergida en la mejor versión de la narrativa gótica.


La historia de como este volumen de cuentos llegó a mis manos es bastante curiosa. Y digo curiosa porque, reflexionando un poco, yo no me consideraba hasta hace bien poco una lectora asidua de cuentos, y mucho menos de cuentos con tintes fantásticos. Cuando somos pequeños todos sentimos una gran atracción por ese formato, por esas historias que nuestros padres nos cuentan antes de ir a dormir, que escuchamos en el colegio por boca del profesor o profesora de turno o de la que somos testigos cuando asistimos a funciones de animación lectora en las bibliotecas de barrio. Ese es el momento, y no otro, en el que el ser humano se inicia en esto de los cuentos, pero sobretodo, en la narración oral, que constituye un elemento mágico añadido. Siendo una niña me pasaba horas en mi cuarto inventándome historias y encontrando la forma de darles vida, unas veces era dibujando y otras usando esa poderosa imaginación infantil que tantos buenos ratos me ha hecho pasar en mi infancia. Luego, conforme vas creciendo, comienzas a despegarte de aquellos cuentos que tanto te entusiasmaban de niña y optas por las novelas, primero juveniles y después clásicos o best sellers. Pero lo más curioso de todo es que mientras mis compañeras y amigas, las pocas que les gustaba leer, se entretenían con novela fantástica, yo prefería meter la nariz en la novela histórica más asequible, en la novela policíaca de aquellos años (principalmente la saga de Camilla Läckberg) o en libros juveniles que no se caracterizaban precisamente por lo fantástico. Pero no fue hasta años más tarde, coincidiendo con el último año de Máster cuando gracias a un curso de Escritura Creativa me reencontré con el cuento. Al leer los textos que la profesora nos mandaba ya no experimenté aquellas sensaciones de cuando era pequeña, sino unas emociones más maduras pero igualmente sorprendentes. Fue durante ese curso donde descubrí a Edgar Allan Poe y el relato de terror, algo que supuso un cambio brutal ya no solo en mi forma de escribir, también en mi concepción del cuento, lejos del estereotipo de que éste solo podía ser infantil o acoger tramas poco profundas. De este modo y gracias a esas lecturas de algunos cuentos de Poe, fue como me introduje poco a poco en la literatura de terror. El terror psicológico, el gótico, el de ciencia ficción o el fantástico incluso; no le hacía ascos a nada, y a día de hoy, sigo descubriendo más y más sobre este inabarcable género. En el caso de Angela Carter como autora, llegó a mi vida el año pasado gracias a ese extraordinario volumen Cuentos de hadas editado por Impedimenta. Y a finales del 2017, y gracias esta vez a Sexto Piso, pude continuar descubriendo a esta escritora a través de La cámara sangrienta. Si no llega a ser por Egar Allan Poe y sus relatos, Angela Carter hubiese pasado totalmente desapercibida ante mis ojos, algo que no me hubiese perdonado nunca.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha comenzaremos diciendo que La cámara sangrienta, como libro de cuentos, presenta una estructura adecuada para este tipo de historias. Si bien es cierto que el orden de los cuentos no esta determinado por el azar, si que hubiese cabido la posibilidad de alguna variación sin alterar la intención del libro en su conjunto. Cualquiera de los cuentos que componen La cámara sangrienta podría haber sido el primer o el último, pues, creo que el impacto del lector hubiese sido el mismo. En lo que respecta al estilo, nos topamos por un lado con una prosa muy tradicional en cuanto a la forma, es decir, partiendo de la típica forma de narrar los cuentos infantiles, pero también con variaciones muy interesantes, las cuales tienen siempre que ver con cambios de narrador o de ambientación. Si tradicionalmente el narrador era alguien externo a la historia, en estos cuentos podemos encontrarnos con otros puntos de vista narrativos, como el darle más protagonismo a las mujeres de los cuentos clásicos ofreciéndole la oportunidad de contar su versión de los hechos. Y en cuanto a la ambientación descubrimos lo que ya sabíamos en Cuentos de hadas, que Angela Carter sabe crearlas y envolver al lector en ellas.  Además de darles un toque muy especial, que en este caso consiste en trasladarlas a una atmósfera deliciosamente gótica, consigue que quien se adentre en La cámara sangrienta devore un cuento tras otro, no de forma compulsiva, pero si de una forma más o menos rápida. En cuanto al contenido de los cuentos todos lo conocemos. Barba Azul, El gato con botas, Caperucita Roja, la Bella y la Bestia...Nos sabemos de memoria sus tramas o al menos los hemos escuchado alguna vez refugiados entre las sábanas de nuestra cama. Pero es Angela Carter, por lo que lo convencional queda relegado a un segundo plano. No solo tienes la sensación de que estas historias pueden ser atemporales, incluso algunas parecen estar ambientadas en la actualidad o en un pasado más cercano, sino que la mujer, en la versión antigua de los cuentos, juega un papel muy secundario o directamente un rol terriblemente pasivo. Como ya he comentado antes, Carter da voz y presencia a todas estas mujeres de los cuentos y les confiere de una actitud menos estereotipada y más interesante a ojos del lector y de la sociedad. En ese sentido, podríamos decir que La cámara sangrienta es un volumen de cuentos con una intención profundamente feminista, algo que no viene nada mal en los tiempos que corren. Además de los citados cuentos, Angela Carter añadió otros relatos relacionados con el mito del hombre lobo, tales como El hombre lobo, La compañía de los lobos o Lobalicia. En los tres se nota que, además del trabajo que conlleva la escritura, la autora se ha documentado previamente para tratar de reflejar ese carácter folclórico que siempre ha caracterizado a estos seres fantásticos. También encontramos coqueteos con el vampirismo en el relato La dama de la casa del amor, cuya trama recuerda bastante al Carmilla de mi queridísimo Sheridan Le Fanu. Mención a parte merece la ambientación gótica, inspirada de seguro en toda esa tradición literaria de principios del XIX y que se extendió a lo largo de ese siglo evolucionando e impregnándose de las culturas de cada país. Castillos siniestros, pasadizos secretos, fantasmas, vampiros, hombres lobos, mazmorras, sangre, cementerios, bosques oscuros...Todo lo característico del género esta abrumadoramente presente, pero no estereotipado, por lo que el lector disfrutará más de su lectura. Por último, no quiero olvidarme de que esta edición esta espectacularmente editada por las ilustraciones de Jesús Gómez Gutiérrez. Partiendo de una paleta de tres colores (blanco, rojo y negro) el ilustrador logra recrear a la perfección el universo literario de Angela Carter, destacando, como no, ese equilibrio entre lo bello y lo escalofriante tan típico del estilo gótico.

Hace unas semanas, durante la ceremonia de los Globos de Oro 2018, Guillermo del Toro dedicó su discurso de aceptación de su premio a Mejor director por su película La forma del agua a los monstruos. El director mexicano se refirió a ellos como "los santos patrones de nuestras imperfecciones, permitiéndonos contemplar la posibilidad de fallar o seguir adelante". Aunque el último tramo de esta frase tenga más que ver más con lo personal, lo cierto es que Guillermo del Toro dijo una gran verdad. Los monstruos, tanto en la literatura como en el cine, constituyen el mecanismo perfecto para criticar nuestro tiempo, para evidenciar que nada en esta vida es perfecto o como metáfora del lado oscuro de la condición humana. Es en este último punto donde sinceramente creo necesario que nos detengamos, pues es precisamente de esa cara oculta de la luna, de ese otro lado de la moneda, de ese particular mr. Hyde que surge cuando menos te lo esperas de lo que habla Angela Carter en La cámara sangrienta. En todos los cuentos que conforman este libro existe el personaje del monstruo, el cual, no tiene porque ser necesariamente una criatura fantástica. Un ejemplo, el famoso Barba Azul de Angela Carter es un hombre pero con comportamientos realmente monstruosos. En ocasiones piensas que sufre una transformación y que por un instante crees que tiene garras por manos y pezuñas en vez de pies. Pero en realidad es humano, una persona como tu y como yo, un hombre que te puedes cruzar todos los días en el vagón del metro, esperando en la parada del bus, en la cafetería de la facultad, en la mesa de enfrente de la oficina, en la puerta del colegio...Un monstruo atroz que muda de piel a conveniencia, en público es un encanto y en privado un violento hombre lobo o un chupóptero vampiro. Y eso es lo que de verdad da miedo, los monstruos cotidianos que de vez en cuando vemos por televisión pero que perfectamente podemos coincidir todos los días con ellos a lo largo de una jornada. Unas veces te miran fijamente, otras se atreven a piropearte o incluso van un paso más allá por que se sienten impunes. Actúan solos, en pareja o directamente en manada. Buscan reafirmar su posición supuestamente superior y que tu, como mujer, te sientas culpable, débil y desacreditada como tal. Sus tentáculos, sus ojos de búho, sus zarpas, sus cacareos...Son seres humanos y animales al mismo tiempo, o peor, sabandijas a las que la sociedad nos ha enseñado a temer y a respetar. Pero ese tiempo ha terminado. Ya no podemos seguir creyendo en el príncipe azul, ni en que la bestia es bondadosa y piadosa. Ya esta bien de sumisión, de miedo, de sentirnos inferiores. No queremos que nos rescaten, que nos protejan, que nos encasillen, que nos juzguen por la apariencia, que no se nos tome en serio...Queremos amar, trabajar, bailar, correr, perseguir sueños, opinar, vestirnos como nos de la gana, realizarnos personalmente, reír, disfrutar, sentirnos plenas...En definitiva, vivir sin que ningún monstruo nos dificulte el paso. Los cuentos de Angela Carter nos hablan de eso, de que hombres lobos, vampiros o barba azules pueden llamarse Paco, Santiago o Andrés y de que las mujeres, despojadas del título de "princesas indefensas", pueden hacer lo que se propongan, como salvar a sus propias hijas de príncipes maltratadores o detectar el acoso a tiempo, antes de sucumbir a la mirada de El rey de los trasgos. La cámara sangrienta: contundencia, tradición, renovación, universo gótico, clásico, moderno, sangre, feminismo...Unos cuentos para reivindicar y educar.

Frases o párrafos favoritos:

       "Mientras él descansa entre dormido y despierto, yo agarraré dos enormes mechones de su susurrante pelo y los trenzaré con cuerdas, silenciosamente, para que no se despierte; y silenciosamente, con manos sutiles como la lluvia, lo estrangularé con ellas.
         Entonces, ella abrirá todas las jaulas y liberará a los pájaros, que volverán a ser las jovencitas que fueron, una a una y cada una con la marca escarlata de un mordisco de amor en el cuello."

Película/Canción: aunque debería haberla, de momento no existe ninguna adaptación de los cuentos de Angela Carter. Por lo que os adjunto la pieza de Camille Saint Saëns que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Una de mis favoritas.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso

martes, 23 de enero de 2018

RESEÑA: Oso vs. Tiburón.

OSO VS. TIBURÓN

Título: Oso vs. Tiburón.

Autor: Chris Bachelder (Minneapolis, 1971) es escritor y articulista, colabora habitualmente en las revistas McSweeney´s Quarterly Concern y The Believer. Ha ejercido como docente de Literatura y Escritura Creativa en las universidades de Colorado, Carolina del Norte, Nuevo México, Massachusetts y Cincinnati, donde enseña en la actualidad. Es autor de las novelas Oso vs. Tiburón, U.S!, A propósito de Abbott y Lessons in Virtual Tour Photography. Su última novela, The Throwback Special, ha sido finalista del National Book Award en 2016.


Editorial: Automática.

Idioma: inglés.

Traductor: Enrique Maldonado Roldán.

Sinopsis: en un terreno de juego relativamente equilibrado (es decir, con suficiente profundidad de agua para que un Tiburón pueda maniobrar debidamente, pero no demasiada, para que un Oso pueda hacer pie y manejarse con su característica destreza), ¿quién ganaría un combate entre un Oso y un Tiburón? En esta feroz y afilada sátira de nuestra mediatizada cultura contemporánea, acompañaremos al Sr. Norman y su familia en un periplo hasta la nación soberana de Las Vegas, donde asistirán a Oso vs. Tiburón II, el espectáculo definitivo para el que - gracias a un ensayo de su hijo: Oso VS. Tiburón: una razón para vivir - han ganado cuatro entradas. En el trayecto se cruzarán con fanáticos terroristas, culturistas, teólogos, autores autoeditados, el último Cantautor...Oso VS. Tiburón está en boca de todos y sus opiniones polarizadas pronto comenzarán a sembrar extrañas dudas en el corazón del Sr. Norman.

Su lectura me ha parecido: extraña, alocada, oscura, muy crítica con la sociedad que estamos construyendo, atípica, completamente surrealista...Queridos lectores y lectoras, todos sabemos que Estados Unidos es uno de los países que mayor influencia tiene en el mundo, por no decir que probablemente sea el que más. A nadie se le escapa esta obviedad, pues, su poder se extiende a lo largo y ancho del globo terráqueo, logrando que sus costumbres se conviertan en nuestras también. Gracias a ello, al abusivo poder de la globalización, conocemos infinidad de aspectos distintivos de la cultura estadounidense. A saber su breve pero intensa historia, sus aparentemente idílicos barrios residenciales, sus casas unifamiliares con jardín, las hamburguesas, su peculiar patriotismo, los rascacielos en las grandes ciudades, las típicas cafeterías de carretera, la conquista del Oeste, los vaqueros luchando contra los indios, sus presidentes, el petróleo, los pueblos perdidos en medio de la nada, el Gran Cañón, Hollywood, la religiosidad, la tela vaquera, Harvard, Silicon Valley, la Casa Blanca, el Mayflower, el águila calva, el dólar, la Estatua de la Libertad, Times Square, el 4 de julio, el béisbol, el Black Friday...Son muchas las palabras que se nos vienen a la cabeza en relación con Estados Unidos, tantas como horas que empleamos consumiendo sus productos y cultura. La novela que hoy tengo el placer de reseñar aparecen otros dos elementos típicamente norteamericanos: la carretera y la sociedad del entretenimiento. Con el paso del tiempo ambos se han convertido en auténticos símbolos y modos de vida, tanto que hay escritores, como Chris Bachelder, que en el terreno de la literatura les han dado una siniestra vuelta de tuerca, hacia un futuro no tan lejano y que de verdad da miedo. Oso vs. Tiburón: la estupidez humana llevada al extremo.


La historia de como Oso vs. Tiburón llegó a mis manos fue fruto de la casualidad. Jamás había oído hablar de esta novela y mucho menos de su autor, el norteamericano Chris Bachelder. Es más, hacía bastante tiempo que llevaba desconectada de la novela norteamericana mucho tiempo. No sabría explicaros, lectores y lectoras, lo que me llevó a dejar de lado todo libro que tuviese algo que ver con Estados Unidos. Y eso que, un año antes de que llegase este libro a mi vida, me entusiasmaron unas clases del máster en la que, de manera demasiado breve, abordamos los principales acontecimientos de la historia de este país a partir de la II Guerra Mundial. Resultó un recorrido realmente apasionante, os lo aseguro, pero, creo que tras empaparme del tema y tras un año en el que acabé bastante cansada de ciertas cosas, me alejé durante unos meses de la literatura norteamericana. Oso vs. Tiburón apareció ante mis ojos en forma de correo electrónico. La editorial Automática, con la cual llevo un tiempo colaborando, lanzó el año pasado este libro tan llamativo como extraño. Por aquel entonces me apeteció y mucho sumergirme en su lectura, así que en cuanto pude me hice con él. Sin embargo, tengo que confesar que mi relación con esta novela no fue la que en un principio me esperaba. Entre que tardé mas de lo previsto en animarme a leerlo y que encima coincidió con ese descanso en lo que a lecturas norteamericanas se refiere, contribuyeron a que ese primer acercamiento a Oso vs. Tiburón fuese un autentico desastre. Durante todo ese tiempo traté de volver una y otra vez a su lectura, pero de nuevo, algo me hacía abandonarla. Y siguió así hasta que un día, antes de acabar el año, por fin, logré leerme Oso vs. Tiburón. No es que se tratara de un propósito a cumplir y que me quedaba pendiente del 2017, pero así fue, y cuando por fin lo hice, cuando al fin acaricié la última página, supe que algo se había movido dentro de mi. Oso vs. Tiburón no se ha convertido en uno de mis imprescindibles, pero si en un libro que, tras pillarle el truco, ronda en tus pensamientos durante los siguientes días.


La palabras que mejor define a Oso vs. Tiburón en su conjunto son desconcierto, impacto y reflexión. Una detrás de otra, así, sin posibilidad de cambio, pues, en el caso de que quitásemos una de las tres o cambiásemos el orden de éstas estaríamos deformando la sucesión de sensaciones de lectura que nos propone Bachelder. También tengo que avisar, queridos lectores y lectoras, que no nos encontramos ante la típica novela al uso, sino con algo mucho más extraño a primera vista y que irradia complejidad al mismo tiempo. Capítulos extraordinariamente cortos, diálogos que no parecen diálogos, descripciones que se leen a la velocidad de la luz, narradores ajenos a la propia historia, rapidez narrativa, apabullante trama, momentos en los que todos los personajes implicados desean hablar a la vez, psicodelia a borbotones...Cuando uno se adentra por primera vez en Oso vs. Tiburón no puede evitar pensar que está leyendo una autentica marcianada o un interesante ejercicio de literatura experimental, pero en realidad, y ahí es donde radica la magia de esta novela, Bachelder no hace más que poner al lector frente a un espejo ultradeformado de la realidad. Nadie te prepara para una lectura de este tipo y menos la sociedad en la que vivimos, que poco a poco va convirtiéndose en la que Bachelder describe en Oso vs. Tiburón. La historia es sencilla: una familia, la de los Norman, emprende un viaje por carretera en dirección a Las Vegas para poder asistir a un espectáculo de lo más esperpéntico: un combate a muerte entre un oso y un tiburón. A lo largo de este recorrido, la familia irá pasando por lugares y topándose con personajes extraños que indirectamente les harán reflexionar sobre el ridículo que la raza humana está haciendo como sociedad. Con esta trama es inevitable que el lector acabe reflexionando sobre ciertos temas, pues, y creo que esta es la verdadera intención de Bachelder, es necesario para darnos cuenta de la propia estupidez que abunda en el mundo, tanto en el de la ficción como en el de la vida real. Una de las cosas que más llama la atención de esta novela es seguramente el uso constante de estereotipos de la cultura americana, en especial, como he apuntado en el primer párrafo, los de la carretera y la sociedad del espectáculo representada en Las Vegas, sin olvidarnos de los valores de la familia americana embutida en un coche familiar del futuro. La metáfora en toda esta historia es evidente, hasta el punto de que Oso vs. Tiburón resulta una breve pero intensa alegoría de lo que podríamos ser. En cuanto a personajes, Sr. Norman, el padre de familia, resulta más interesante. Tan cerrado en un primer momento, tan imbuido en esa disparatada realidad y tan reflexivo al final de la novela. Sin duda, un personaje digno de cualquier distopía literaria al representar esa rebelión interna frente al despropósito.


Si uno se adentra en Oso vs. Tiburón está obligado a reflexionar muy seriamente sobre el mundo que estamos construyendo y en las personas en las que, debido en gran parte a las nuevas tecnologías, nos estamos convirtiendo. El 4 de diciembre del año 2011 se estrenó el primer capítulo de la famosa serie británica Black Mirror, una serie en la que cada capítulo narraba una historia independiente a la anterior y en donde se evidenciaba el lado oscuro de las nuevas tecnologías y su impacto sobre la sociedad. Capítulos como Himno nacional, 15 millones de méritos, Toda tu vida, Caída en picado, Oso Blanco o San Junípero nos estremecieron pero también nos pusieron en alerta sobre las posibilidades de que dichas historias pudiesen hacerse realidad en un futuro no tan lejano. Muchas críticas literarias han querido ver en Oso vs. Tiburón un nuevo capítulo de esta afamada y recomendadísima serie televisiva, y la verdad, no les falta razón, pues, lo que sucede en la novela de Bachelder bien podría suceder en los próximos años. Pero, ¿y si os dijera que ya hemos llegado a ello? ¿Y si lo que se narra en Oso vs. Tiburón ya se está dando, de forma más sutil eso si, en televisión? Hace unos años en Rusia se estuvo planteando muy seriamente la posibilidad de hacer un programa televisivo inspirado en los Juegos del Hambre, en donde los participantes tenían que sobrevivir para poder ganar el concurso. Un reality en el que por supuesto, estaba permitido cometer atrocidades, incluso el asesinato, con tal de sobrevivir a condiciones adversas. Por fortuna, esta idea nunca se llevó a cabo. Pero no nos tenemos que ir muy lejos para encontrar un programa de televisión en donde seguimos el día a día de los concursantes y en donde las redes sociales, para bien o para mal, juegan un papel clave. Estamos hablando de Gran Hermano, pero también, del nuevo OT con el que TVE pretende reconquistar a los espectadores a base de nostalgia, canciones, polémicas e invadir el espacio privado de los concursantes con un canal 24 horas a través de plataformas digitales. Por tanto, nadie escapa del escarnio público. Pero en donde los críticos ven espectáculo al servicio del pueblo, hay quien ve la oportunidad para hacer caja aprovechando ciertos espacios del 24 horas para anunciarse o colar publicidad descaradamente. Todo por la audiencia, todo por los espectadores, todo por lograr un mayor entretenimiento. Si quieren pelea, pues pelea. Si quieren beso, pues beso. Si quieren crear la ilusión de que no hay fricciones entre los concursantes, no hay problema, la magia de la tele se encarga de ello. Hay veces que ni nosotros mismos nos damos cuenta, pero, la realidad está muy cerca de parecerse a la de Oso vs. Tiburón, demasiado cerca, tan cerca que, como ya hemos podido comprobar, la tenemos a un paso de invadir nuestras vidas, si no lo ha hecho ya. Oso vs. Tiburón: una historia de despropósitos, cultura americana, locura, sordidez, reflexión, rapidez, inmediatez...Un ejemplo de como la sociedad puede acabar atrapada en las garras del más ridículo y oscuro entretenimiento.

Frases o párrafos favoritos:

"¿Quién carajo quiere quedarse atado con una cadena y ver como esas ideas enlazadas no te dejan moverte?"

Película/Canción: aunque pienso que los guionistas de Black mirror pueden encontrar en un futuro inspiración en esta novela, os dejo con una pieza tan famosa como apabullante, la cual simplifica a la perfección el frenesí en el que se mueven los personajes de esta novela.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Automática Editorial

martes, 16 de enero de 2018

RESEÑA: La serpiente de Essex.

LA SERPIENTE DE ESSEX

Título: La serpiente de Essex.

Autor: Sarah Perry (Essex 1979) es doctora en Escritura Creativa por la Royal Holloway de la Universidad de Londres, y ha sido escritora residente de la Gladstone´s Library y de la Ciudad de la Literatura en Praga. Su primera novela, After me comes the flood (2014), recibió numerosos premios, pero ha sido La serpiente de Essex, ganadora del British Book Award en 2016 y que se traducirá a más de quince idiomas, la que la ha situado como una de las jóvenes autoras británicas más destacadas de la actualidad.


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Carlos Jiménez Arribas.

Sinopsis: al enviudar, Cora Seaborne decide empezar una nueva vida con tanta tristeza como alivio: su matrimonio no era feliz y nunca encajó en el papel de esposa perfecta. Acompañada por su hijo, deja Londres para trasladarse a la campiña inglesa en busca del refugio que necesitan. Sin embargo, allí corren rumores que aseguran que la mítica serpiente de Essex, que en pasado se arrastraba por los pantanos reclamando vidas humanas, ha vuelto a la región. Cora, naturalista aficionada, está segura de que la bestia es en realidad una especie desconocida de ofidio, pero William Ransome, el vicario local vive convencido de que la criatura es el castigo por alejarse de la fe verdadera. Aunque diametralmente opuesta, la concepción del mundo de Cora y Will será, contra todo pronóstico, lo que haga confluir sus destinos.

Su lectura me ha parecido: interesante, muy original, algo densa en cuanto a su estilo, reveladora, misteriosa, científica, gótica...Queridos lectores y lectoras, ya es un hecho, la moda literaria del 2018 es lo gótico, y en especial, el gótico victoriano. Ya lo avanzaron algunos de los libros que más éxito en ventas han tenido durante las pasadas navidades y lo han confirmado tanto las más prestigiosas editoriales del país como las más independientes en los catálogos de este año. Los lectores no sólo asistiremos a la reedición de algunos de los clásicos del género, también a rescates editoriales, edición de libros recopilatorios, publicación de estudios históricos sobre la época, a la reedición de alguna biografía que otra e incluso a la presencia de auténticos revivals literarios, en donde escritores y escritoras actuales nos cuentan historias ficticias ambientadas en esa época, en la Inglaterra del XIX. Hay quien ha querido buscar el por qué de este resurgimiento en dos importantes aniversarios: por un lado el de los 200 años de la publicación del Frankenstein de Mary Shelley y por otro los 200 del nacimiento de una de las escritoras más ilustres que ha dado la literatura universal, Emily Brontë. Aunque ya se haya dicho prácticamente todo sobre la novela de Shelley y aunque la figura de la más famosa de las hermanas Brontë despierte admiración y críticas a partes iguales, lo que está claro es que ambas contribuyeron a asentar las bases de un estilo tan perturbador y hermoso que, como podemos comprobar, sigue despertando el interés de los lectores del siglo XXI. La novela que hoy tengo el placer de reseñar se publicó en 2016 y en España salió a la venta en el último trimestre del 2017, convirtiéndose por sus características en uno de esos textos premonitorios de lo que vendría tras las navidades. Un libro que, aunque de complicada lectura, logra captar la esencia del XIX británico en todos los sentidos. La serpiente de Essex: el bárbaro homenaje a toda una época.


La historia de como este libro llegó a mis manos y a mi estantería es bien sencilla. Aunque para ser sinceros, la verdad es que en un primer momento La serpiente de Essex no logró despertar tanta curiosidad. Cuando ojeé por encima el catalogo de novedades que traía la editorial Siruela para la recta final del año me pareció a simple vista un libro de contrastes. Por un lado, la edición es indiscutiblemente bonita, casi igualita a la edición británica de este mismo libro. De hecho, sólo por eso, el libro ya inspiraba cierta confianza, por lo que es probable que atrajera a muchos lectores. Pero por el otro, la sinopsis de la novela no acabó por convencerme del todo. Me encanta leer libros ambientados en el XIX, pero, la historia en si, tan concreta y a priori tan científica no logró cautivarme, por lo que lo dejé pasar por un tiempo. Sin embargo, y a medida que iban pasando los meses iba viendo como muchos críticos y blogers se habían puesto manos a la obra opinando sobre La serpiente de Essex. Fue entonces, y más bien por curiosidad, cuando me puse a leer algunas. Las había extensas, breves, concisas, incluso de las que me gustan a mi, esas que prestan atención a detalles más allá de la propia lectura de la novela en cuestión. Pero todas, absolutamente todas coincidían en una cosa: en la división de opiniones. Era tal la disparidad entre unos críticos y otros que me pareció algo realmente extraordinario. Los libros nunca son perfectos, eso es así, y cuando encuentras bastantes puntos de vista tan diferentes entre siempre he creído que es porque el libro merece la pena. Por ello, y aunque como os he contado antes en un principio La serpiente de Essex no me llamó lo suficiente la atención, acabé sucumbiendo a esa inquietud que de vez en cuando aparece cuando menos te imaginas. Gracias a Siruela logré hacerme con un ejemplar de La serpiente de Essex, y aunque reconozco que me hizo mucha ilusión ver aquella edición tan ciudada entre mis manos, tardé un tiempo en iniciar su lectura, y cuando lo hice, descubrí el por qué de tanta discusión y debate entorno a esta novela de Sarah Perry.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que el estilo de esta novela es tal vez lo que haya declinado la balanza hacia un lado o hacia otro, dependiendo de los gustos literarios del lector en concreto. Cuando he dicho antes que este 2018 nos encontraremos algunas novelas que homenajean al estilo gótico tan típico de principios del XIX que tuvo su propio desarrollo durante la llamada era victoriana me he quedado corta. La serpiente de Essex es no sólo un acercamiento temático y narrativo a esa época, sino una inmersión total. En otras palabras, cuando el lector se adentra en esta novela tiene la sensación de que no está leyendo el típico best seller de turno, sino algo extraño, anómalo, hasta exótico si me apuras. Estás leyendo a Dickens y a Bram Stoker al mismo tiempo. Ya lo rezaba la publicidad de esta novela diciendo que La serpiente de Essex podía ser la perfecta simbiosis entre los autores, aventurándose con la posibilidad de que si hubiesen querido, ambos habrían escrito esta novela. En La serpiente de Essex no hay un castillo en lo alto de una montaña, ni fantasmas, ni tenebrosos cementerios, pero si una criatura que siembra el terror y una exhaustiva descripción de la sociedad del XIX. Una novela muy del estilo de Stoker con toques dikensianos. Dejando a un lado esa estrategia de marketing, lo que está claro es que este libro, por ese estilo tan parecido a como se escribían las novelas en el XIX, es una rara avis dentro del mercado editorial. En un momento en el que lo fácil y rápido es lo que manda, La serpiente de Essex irrumpe con fuerza y encima con una notable acogida por parte de los lectores. Por tanto, lo que ha hecho Sarah Perry en esta novela es muy difícil, combinar investigación histórica con un cuidadísimo y victoriano estilo, algo que no debe pasar desapercibido en los tiempos que corren. Ahora, a la pregunta de si La serpiente de Essex me ha decepcionado como lectura, para nada, aunque tengo que reconocer que en ocasiones ese estilo tan bien cuidado se volvía en contra de la propia historia cuando la autora se pasa varias páginas de descripciones. Adoro leer buenas descripciones, pero en el momento en el que estas ejercen la función de "relleno", le hacen un flaco favor a lo que el escritor o escritora en cuestión nos quiere contar. En cuanto a la trama, lo cierto es que a pesar de que pueda parecer tediosa a primera vista, lo cierto es que al final resulta ser uno de los aspectos atractivos de la novela. Perry convierte temas tan poco atractivos como puede ser la investigación científica, en concreto la biología y la paleontología, a finales del siglo XIX en Inglaterra o el eterno debate entre ciencia y religión en oro puro en manos del lector, aunque ya os digo que algunas partes de la novela esta potencia se pierde, resultando una lectura irregular en ese sentido. Entre las cosas que más me han gustado de La serpiente de Essex es el personaje de Cora Seaborne, tan maravilloso como odioso, tan fuerte, tan independiente, tan profundo, tan incansable, tan inteligente, tan sincero...Con este personaje Perry ha hecho un gran trabajo, tanto se me acaban los adjetivos para referirme a su arrolladora personalidad. Por lo contrario, el personaje de William Ransome me parece de lo más insípido. Sin duda es una oportunidad desperdiciada por la autora, pues, los personajes que están tan cerca de las creencias religiosas literariamente dan mucho juego y en La serpiente de Essex no lo ha sabido hilvanar correctamente. Finalmente, destacar dos cosas. En primer lugar, el formidable trabajo de documentación e investigación que hay detrás de esta novela y la posterior capacidad de la autora para recrear atmósferas del pasado tan envolventes como misteriosas, todo muy típico y habitual, como no podía ser de otra forma, de la literatura gótica del XIX. Y en segundo lugar, a través de esta novela, la autora lanza un mensaje muy claro contra la ignorancia y la superstición que, amparadas por la iglesia, se han seguido y se siguen produciendo en muchos lugares del mundo.


La serpiente de Essex, además de abordar temas como el eterno enfrentamiento entre razón y fe o los numerosos avances científicos que se están produciendo a velocidad de vértigo, también ensalza la figura de las mujeres dentro de este ámbito. Todos conocemos a Charles Darwin, naturalista inglés que, además de emprender uno de los viajes más apasionantes e importantes para la investigación científica a bordo del Beagle, escribió El origen de las especies. Un libro cuya importancia es capital, incluso a día de hoy, pues en él Darwin aborda teorías sobre la transmutación de las especies, la selección natural y por supuesto las ideas evolucionistas. Estas últimas, sin duda fueron las que más controversia suscitaron, sobre todo en los ámbitos eclesiásticos, tanto que se catalogó a El origen de las especies como libro prohibido. Incluso a día de hoy, en algunos estados de Estados Unidos por ejemplo, está prohibido la lectura en los colegios del libro de Darwin y en España, sin ir más lejos, sucede tres cuartos de lo mismo en los colegios religiosos. Para la iglesia el que alguien demostrase científicamente que el hombre no lo creó Dios sino que viene del mono desmontaría ese particular "monopolio" de la fe que durante siglos han defendido e impuesto socialmente. En fin, todos conocemos a Darwin y su importante aportación a la historia, pero, ¿alguien conoce a Maria Sibylla Merian? Nadie ¿verdad? Lo suponía. Mucho antes de que Charles Dawin escribiese El origen de las especies, en 1647 nacía en la capital holandesa una mujer que acabaría convirtiéndose en la madre de la etnomología moderna, es decir, la ciencia que estudia los insectos. Gracias a sus escritos, acompañados por excepcionales y muy detallados dibujos que ella misma realizaba, se atrevió a hablar de la metamorfosis. En aquella época se creía que los insectos eran el resultado de una "generación espontánea en el lodo en putrefacción" una idea que se remonta a Aristóteles y que había llevado a la iglesia a referirse a los insectos como "bestias del Diablo". Merian demostró a los 28 años con su libro La oruga, la maravillosa transformación y extraña alimentación floral que los insectos no venían del lodo, sino que se reproducen y experimentan un desarrollo desde su nacimiento hasta la edad adulta, una transformación llamada metamorfosis que en insectos como la oruga es bastante espectacular. Al describir y dibujar cada una de las fases por las que el insecto pasaba, desde el nacimiento, pasando por el capullo y su conversión en una efímera mariposa, Merian asentaba las bases de un estudio pionero. Fue una de las primeras mujeres en, al igual que Darwin, formar parte de expediciones científicas a Surinam, América del Sur, en donde descubrió, clasificó y dibujó una serie de insectos y plantas hasta entonces desconocidas. Su clasificación de las mariposas nocturnas y diurnas (mariposas-capillas y mariposas-lechuzas) sigue en vigor hoy en día, al igual que la palabra alemana "Vogelspinne" (araña pájaro) está inspirada en uno de sus grabados. Maria Sibylla Merian fue madre de las pintoras Johanna Helena Herolt y Dorothea Maria Graff, las cuales continuaron su camino pero evidentemente influenciadas por el trabajo de su madre. El ejemplo de Maria Sibylla Merian nos tiene que hacer pensar y ser conscientes de que a lo largo de la historia muchas mujeres han dedicado parte o su vida entera a estos estudios y que lamentablemente, en la actualidad, muy pocas son reconocidas. Como Cora Seaborne, protagonista de La serpiente de Essex, hubo mujeres naturalistas, mujeres biólogas, mujeres que atraídas por el amor a la naturaleza hicieron grandes descubrimientos, mujeres que por la cuenta que nos traen, merecen ser recordadas, homenajeadas, rescatadas del olvido al que por machismo fueron condenadas. La serpiente de Essex: una historia de perseverancia, valentía, ignorancia, religión, ciencia, paisajes cenagosos, debates...Una oda al siglo XIX desde las primeras décadas del XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Se guarecían entre los restos de un clíper que había embarrancado allí hacía una semana, y lo habían reducido a cuatro palos negros clavados en la arena que parecían el costillar de algún mastodonte ahogado, y los turistas lo llamaban Leviathan."

Película/Canción: como no existen noticias de una posible adaptación literaria a la vista, os adjunto la pieza que me ha ido acompañando durante la redacción de esta reseña. Totalmente inspiradora:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

viernes, 12 de enero de 2018

RESEÑA: Kes.

KES

Título: Kes.

Autor: Barry Hines (1939-2016) nació en Hoyland Common, cerca de Barnsley, en el sur de Yorkshire. De familia minera, asistió a la escuela primaria de Ecclesfield, y pronto destacó como excelente jugador de fútbol e incluso llego a estar seleccionado para el equipo que representaba a Inglaterra en su categoría. Tras abandonar la escuela con apenas el certificado de escolaridad, consiguió un trabajo como aprendiz de topógrafo minero en Rockinham Colliery. Un compañero al que se encontró por casualidad en la mina le recriminó que hubiera tirado la toalla, así que volvió al colegio y aprobó sus exámenes con las mejores calificaciones, tras lo cual, se matriculó en Magisterio. Durante los siguientes años trabajó como profesor de Educación Física en varios institutos, y empezó a escribir en los ratos libres, en la biblioteca, cuando acababa la jornada laboral. Pronto se convertiría en escritor al tiempo completo. Comenzó su andadura en 1965 como guionista de obras radiofónicas, y publicó su primera novela, The Blinder, en 1966. Sin embargo, la fama le llegaría con su novela Kes en 1968, que sería adaptada a la pantalla y dirigida por Ken Loach en 1969. Hines colaboró en el guion de esta película y trabajó mano a mano con Loach en dos ocasiones más, adaptando sus novelas The Gamekeeper (1975) y Looks and Smiles (1981), que fue premiada en Cannes. Hines fue galardonado en 2010 con un doctorado honorífico en literatura por la Universidad de Sheffield. A menudo se le considera parte de la brillante generación de escritores del norte de Inglaterra que incluye a Alan Sillitoe, John Braine o Keith Waterhouse, aunque Hines tuviera diez años menos que la mayoría de ellos. Aquejado desde 2007 de la enfermedad de Alzheimer, pasó los últimos años de su vida en la ciudad donde creció, de la que, como declaró en alguna ocasión, "parecía como si no se hubiera marchado".


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Diego Uribe-Holguín.

Sinopsis: Billy Casper lleva una existencia llena de privaciones. Vive en una casa obrera en una ciudad minera del sur de Yorkshire con su medio hermano, Jud, un borracho brutal y violento, y con su madre, que cambia constantemente de novio y que carece del más mínimo sentimiento maternal. En cuanto a su padre, se largó hace tiempo. Peleado con la pandilla con la que solía pasar el rato, Billy incluso carece de amigos. No se le da bien la escuela y casi todos sus maestros lo han dejado por imposible. Carne de reformatorio, todo indica que acabará trabajando en la mina, junto a su hermano. Sin embargo, tiene algo que le hace diferente: un halcón. Billy se identifica con la fuerza silenciosa de esa ave rapaz, la entrena desde hace tiempo y extrae de ella la confianza, el amor y la pasión que a él le faltan. El halcón se convierte en la luz que da brillo a sus días, aunque todos opinen que se apagará pronto.

Su lectura me ha parecido: triste, emocionante, crítica con la época en la que se ambienta, sinestésica, entrañable, dura, ecologista, imperecedera...Queridos lectores y lectoras, todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido solos. Una sensación que en ocasiones es necesaria, si lo que necesitamos es descansar de una etapa de mucho estrés, pero que por el contrario, puede resultar fatal para quien no esté acostumbrado a ella. Las mujeres y los hombres somos sociales por naturaleza, y por eso, cuando la soledad inunda nuestro día a día, inconscientemente nos aferramos a algo. No hace falta que sea a una persona en concreto, puede que también encontremos esa forma de dar esquinazo a la tan temida soledad practicando alguna afición de forma casi obsesiva, marcándonos objetivos a realizar, volcando nuestro tiempo libre en el mantenimiento de nuestras respectivas redes sociales...Ya podemos estar más solos que la una o rodeados constantemente de gente, que la soledad actúa poniendo todas sus cartas sobre la mesa. En el caso de la extraordinaria novela que hoy tengo el placer de reseñar, nos narra la historia de un niño, Billy Casper, quien para combatir esa soledad tan tremenda y la falta de autoestima que esta le produce, se vuelca en el cuidado de una mascota muy especial, un majestuoso halcón cuyo nombre da título a este libro. Un libro que, como muchos otros, acaba por suscitar al lector reflexiones más allá de las más evidentes, las cuales, teniendo en cuenta el contexto histórico, son del todo pertinentes. Kes: un niño, un halcón y una lucha constante por escapar de un impuesto destino.


La historia de como Kes llegó a mis manos y a mi adorada estantería es bien sencilla. Tiene su origen, como no podía ser de otra manera, en el cine. La primera vez que vi Billy Elliot era una cría, pero recuerdo que me impactó en su momento, sobre todo por la historia de aquel niño bailarín que tiene que luchar contra los prejuicios y una situación social precaria para lograr alcanzar su sueño. También, ya siendo adolescente, vi la magnífica Full Monty. Una ciudad industrial, unos protagonistas en paro, la desilusión ante la falta de perspectivas laborales y una idea: formar un grupo de baile erótico masculino. Al compás del Hot Stuff de Donna Summer, aquellos hombres lograban no sólo ganar dinero, también sortear, una vez más, los prejuicios a ritmo de striptease. Ambas diferentes en cuanto a personajes, pero muy parecidas al mismo tiempo. Barrios extremadamente empobrecidos como consecuencia de la desindustrialización, pueblos mineros, pocas oportunidades, entornos familiares humildes y en algunos casos sin a penas estudios, la amenaza del desempleo y una desesperada huida hacia adelante por parte de los protagonistas, que, casualidades de la vida, resulta ser lo mismo, el baile. Ambas son películas que todos hemos visto, aunque sea de pasada en televisión, y que en mi caso, más Billy Elliot que Full Monty por cuestiones obvias, me han marcado de manera especial, cuando años más tarde, tras un enésimo visionado, encontré todos esos puntos en común. Esa última mirada, influenciada claro está por las clases en la facultad, me sirvió para entender y comprender que el cine, al igual que la literatura, podía servir como documento para analizar el pasado, y en este caso, un pasado más reciente.  Ambas películas dormitaron en mi cabeza durante mucho tiempo, hasta que de pronto, y por casualidad, me topé con un libro titulado Kes. Estaba por aquel entonces expuesto en un lugar preferente, pues, hacía poco que la editorial Impedimenta lo había sacado a la venta. La expresión triste del niño de la portada, el halcón, la brevedad en cuanto a páginas pero sobre todo su sinopsis me transportaron a aquellas películas tan míticas y que con tanto cariño recordaba. Y no se por qué, en ese primer vistazo, creí ver a Billy Elliot en el rostro de aquel niño ojeroso de la portada. En ese momento lo tuve claro, si tanto me había gustado conocer esa visión de la Inglaterra obrera de los 70 y 80, literariamente también podía resultar interesante. A un mes de que finalizase el año, logré hacerme con un ejemplar gracias a Impedimenta y comencé su lectura de inmediato. Kes me atrapó tanto que cuando llegué a la última página tuve la sensación de que acababa de leer un clásico tan intenso como poco convencional.


En lo que respecta ala reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Kes presenta una lectura amena, sencilla pero no exenta de elementos que logran rozar el corazón de los lectores. Con unas descripciones mínimamente necesarias y no demasiado extensas, Hines consigue captar la atención del lector y transportarlo a aquella Inglaterra de los años 60, una Inglaterra que nada tiene que ver con los selectos ambientes que tantas y tantas veces hemos visto plasmados en los libros. Ayuda enormemente que Hines haya usado de forma bastante peculiar la sinestesia para que el lector no se sienta mero espectador  lejano de lo que se narra, sino que acabe convirtiéndose en testigo directo de las desventuras de Billy Casper. Gracias a ello podemos oler la hierba del campo, sentir la suciedad de una ciudad minera, los olores corporales y hasta ese viento soplar a nuestro alrededor. A Hines no le interesa lo que pueda resultar sensiblemente agradable para el lector, más bien todo lo contrario, que huela, escuche, toque, mire y saboree todo eso que no nos gusta y que en ocasiones damos de lado. Centrándonos en la historia, ésta no puede ser más triste. Un niño llamado Billy Casper vive en un hogar desestructurado con una madre despreocupada y su hermanastro Jud, un ser violento y en permanente estado de embriaguez que no duda en aprovechar cualquier oportunidad para ganar un poco de dinero extra, aunque esto implique hacer daño a los que viven contigo bajo un mismo techo. A Billy no se le da bien la escuela, sus profesores lo califican como un "caso perdido" y se siente tremendamente solo. Enemistado con su pandilla de siempre y al no percibir amor o aprecio ni en casa ni en la escuela, pasa gran parte de su tiempo en el campo, entreteniéndose con los elementos que la naturaleza puede ofrecer. Es así como un día, de la noche a la mañana, su vida cobra un nuevo sentido al hacerse con un pequeño halcón al que llama Kes. A partir de ahí Billy lo cuida y lo adiestra con tesón, llegándose a convertir en su mejor amigo, en el único capaz de levantarle el ánimo en los momentos difíciles. Esta es la sinopsis a grandes rasgos de Kes, sin embargo, y aunque en un primer momento ese contacto con la novela puede resultar bastante chocante y deprimente al tratarse de un dramón en toda regla, a medida que avanzamos en su lectura, descubrimos como Kes pasa de la desesperanza a un ligero optimismo mil veces tirado por tierra. Tan pronto como Billy Casper es feliz, alguien le arrebata de un plumazo esa felicidad, que en esta novela, se corresponde con su desestructurada familia. Hay esperanza entre la oscuridad, ese parece ser el mensaje del propio Barry Hines en Kes, aunque ésta cueste horrores conseguirla. En cuanto a personajes, evidentemente, Billy Casper es tal vez el más icónico, cuya construcción me atrevería a decir que ha inspirado a más de un personaje en el ámbito cinematográfico. Un personaje que experimenta una evolución enorme al pasar de un niño deprimido y abocado a un futuro que él no desea a un niño con inquietudes e intereses, aunque éstos tengan solo que ver con el arte de la cetrería o la alimentación de halcones. Contestón, de aguda inteligencia, con una mirada tan experimentada como inocente, Billy parece casi un adulto en un cuerpo de niño, un adulto al que todavía le queda por madurar y que encuentra su apoyo en el halcón Kes. Por otro lado, no debemos pasar por alto el personaje del amable Señor Farthing, ese profesor que todos querríamos tener y que en el caso de la novela es el único que ve en Billy potencial y no carne de reformatorio. En último lugar, cabe resaltar ese amor a la naturaleza que se respira en cada página de la novela. A pesar de encontrarnos en un pueblo realmente castigado por la explotación minera, el campo, el bosque, los árboles o los animales juegan un papel fundamental en la trama, al igual que el propio Kes, que no sólo ayuda a Billy a soñar con una vida mejor sino que en él se concentra la representación de lo bueno que nos puede deparar la naturaleza si no la maltratamos. Por eso, es lógico que Kes se incluya por méritos propios en la categoría de "literatura ecologista".


Kes, tanto la novela como su posterior e inmediata adaptación cinematográfica, cronológicamente pertenecen al fenómeno de los Swinging Sixties. Un movimiento cultural que tuvo lugar en el Londres de la década de los 60. Con antecedentes en los años 50 e inspirado en gran medida por el impacto de Mayo del 68, los Swinging Sixties se caracterizaron por un cambio de mentalidad en donde se hacía hincapié en lo moderno y lo nuevo y en donde el optimismo y un cierto tipo de hedonismo convivieron entre la juventud de ese momento. De este movimiento cultural nacieron grandes iconos como la famosa minifalda, inventada por la diseñadora Mary Quant, el pop-art y la música de los Beatles, los Rolling Stones, The Who, Jimmy Hendrix o Pink Floyd hacía de banda sonora a aquella revolución cultural. En el ámbito cinematográfico convergieron las cintas que ensalzaban el espíritu de los Swinging Sixties con un cine menos colorido y que con el tiempo se convertiría en uno de los más importantes de Reino Unido. El llamado Free Cinema Británico se caracterizaba por contar historias de carácter social y en el que se tocaron temas nunca antes abordados por el cine británico, tales como el inconformismo social, la crítica a la burguesía y al inmovilismo. Por primera vez los obreros eran los protagonistas de las películas, al igual que los actores y actrices que les daban vida provenían de ambientes muy humildes, este es el caso de Albert Finney, héroe cinematográfico de la clase obrera o el gran Michael Caine, procedente de uno de los barrios más empobrecidos de Londres y que acabaría conquistando Hollywood y dos premios Oscar en los años 80 y 90. Pero aquel movimiento cultural, ese intento por acercar la realidad de ese momento al público convivía con una sociedad británica de carácter férreamente elitista. En el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Crown, asistimos a una escena en la que el Primer Ministro de por aquel entonces, Anthony Eden, se dirige a una multitud de estudiantes pertenecientes al selecto colegio de Eton, del que Eden es exalumno, con las siguientes palabras: "el Primer Ministro de este país debe salir de Eton". Dicha frase, producto de una ficción televisiva, resultaría meramente anecdótica de no ser porque algo de razón lleva, teniendo en cuenta que uno de los problemas mas acuciantes en materia social que tiene Reino Unido es precisamente ese, el elitismo y la falta de oportunidades para quienes no hayan estudiado en ciertos centros educativos o no provengan de familias de bien. Tanto es así que hace unos años, el responsable de Cultura en el Shadow Cabinet laborista, Chris Bryant, levantó un debate público en el parlamento al afirmar que la cultura británica estaba dominada por artistas procedentes de las clases altas. No hace falta irse muy atrás en el tiempo para comprobar como ya no Primeros Ministros, como es el caso de David Cameron, sino que también actores de talla mundial, uno de ellos con Oscar, como Hugh Laurie, Benedict Cumberbath, Tom Hiddleston o Eddie Redmayne fueron alumnos de los más selectos colegios del país. El Doctor House, el Doctor Strange, Loki y Newt Scamander provienen de ambientes elitistas, tan elitistas que, como el caso de Redmayne, se codeó con la realeza compartiendo pupitre con el mismísimo Príncipe Guillermo. No pretendo ni mucho menos desacreditar el trabajo de estos cuatro actores, que de hecho es bastante bueno, pero si evidenciar una situación que en Kes se crítica duramente. Mientras unos por su privilegiada posición social tienen más facilidades para acceder a ciertos trabajos en las órbitas más altas, en el mundo de Billy Casper es muy difícil prosperar y salir de ese ambiente. Por eso decimos que, además de haberse convertido en un clásico tan amargo como esperanzador, Kes resume un sentimiento, una opinión, una idea: que en Inglaterra, en lo social, todavía tiene mucho trabajo por delante, incluso en pleno siglo XXI. Kes: una historia de amor, superación, miseria, comprensión, aprendizaje, valentía, naturaleza, falta de oportunidades, esperanza...Una historia que bien podría ser la del propio Barry Hines.

Frases o párrafos favoritos:

"Es feroz y es salvaje y no le importa nadie, ni siquiera yo...Y por eso es genial. (...) Pueden quedarse con sus conejos y sus gatos y sus periquitos parlanchines...Para mí no son nada comparados con ella."

Película/Canción: en el año 1969 el director de cine británico Ken Loach, uno de los mayores exponentes de la herencia del Free Cinema Británico, dirigió la primera y única adaptación de Kes. Considerada con el tiempo como una de las películas británicas más importantes de todos los tiempos.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 9 de enero de 2018

RESEÑA: Una mujer en Berlín.

UNA MUJER EN BERLÍN

Título: Una mujer en Berlín.

Autor: Marta Hillers (Krefeld, Imperio Alemán, 1911 - Basilea, Suiza, 2001) fue una periodista alemana y autora del libro autobiográfico Una mujer en Berlín, su diario desde el 20 de abril al 22 de junio de 1945 en Berlín (durante la Batalla de Berlín). Fue publicado de manera anónima para proteger su identidad ya que el libro narra su experiencia como víctima de las violaciones durante la ocupación del Ejército Rojo. Tras un largo proceso de investigación y de trabajos comparativos por parte de Walter Kempowski, fue finalmente el historiador británico Anthony Beevor quien confirmó la autoría del libro.

Editorial: Anagrama.

Idioma: alemán.

Traductor: Jorge Seca.

Sinopsis: en este documento único no se ilustra lo singular sino lo que les tocó vivir a millones de mujeres durante la Batalla de Berlín: primero la supervivencia entre escombros, sin agua, sin gas, sin electricidad, acuciadas por el hambre, el miedo y el asco, y posteriormente, tras la batalla, por la venganza de los vencedores. No hay rastro aquí de aquella autocompasión que padecieron los alemanes tras ser derrotados.  Con el prólogo de Hans Magnus Enzensberger y un epílogo de Kurt W. Marek, crítico y periodista al que la autora confió el manuscrito, Anagrama publica un texto capital para conocer lo que sucedió en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Su lectura me ha parecido: a veces, queridos lectores y lectoras, una se siente incapaz de describir lo que de verdad opino acerca del libro que hoy reseño. Os diría que es dolorosamente desgarradora, que su rotunda sinceridad abruma y que un escalofrío recorre tu cuerpo de arriba a abajo cada vez que posas la mirada sobre el papel. Os diría que es valiente, contundente, 0 condescendencia, tremendo, con un punto terriblemente sinestesico, arrollador, perturbador, devastador. Os diría que pertenece a esa clase de libros difíciles de olvidar, cuyo recuerdo se te incrusta en el cerebro para siempre, como un continuo aviso, un desesperado mensaje, un sonoro toque de atención tan necesario como atemporal. Una sacudida brutal capaz de mover los cimientos más solidos que todo lector construye a través de todos los libros que uno va leyendo a lo largo de su existencia. Como habéis podido comprobar, a veces es difícil escoger los adjetivos adecuados para describir una experiencia lectora, y más si se trata del libro que hoy vuelvo a tener entre mis manos. Una sola palabra no basta para contar una historia, ni para describir con pelos y señales lo que sucedió durante aquellos días en los que los cimientos de la capital del Tercer Reich comenzaban a desquebrajarse. Una palabra no es lo que se merecen sus habitantes, en especial las mujeres, absolutas protagonistas de este imprescindible relato. Una mujer en Berlín: la supervivencia entre destrucción y las terribles represalias de los vencedores.


Una mujer en Berlín forma parte de mis recuerdos más recientes y resume, en parte, una de las cuestiones que durante un tiempo ocupó mi interés intelectual, que no es otro que el de la lectura de testimonios procedentes del pasado. Fue en tercero de carrera cuando experimenté ese primer y verdadero contacto con este tipo de fuentes. Durante mi etapa en el instituto, y siempre por voluntad propia, me había hartado de leer libros de un corte similar al famosísimo Diario de Anna Frank, pero en cuando comencé a leer aquellos textos, el mundo pareció abrirse ante mis curiosos ojos. Esta primera experiencia me ayudó a introducirme en su lectura, pero no fue hasta el Máster cuando entonces tuve el privilegio de leer más testimonios, analizarlos como es debido, investigar a través de estas fuentes e incluso asistir a una conferencia sin precedentes en la facultad, en la que pude escuchar el relato de Sigfried Meir, superviviente de Auschwitz y Mauthausen. Sin embargo, aún se me quedaban cortos dichos conocimientos adquiridos, por lo que empecé a buscar por mi cuenta otros diarios, escritos y demás libros que pudiesen mostrarme otra cara de la Segunda Guerra Mundial. Fue de este modo como di con Una mujer en Berlín, mientras buscaba, distraída, algún libro para poder leer aquel caluroso verano de 2016. Uno de los profesores del Máster, cuya presencia lograba imponer a más de uno, fue el que nos habló de dicho libro, sin embargo, y siempre por culpa del tiempo, no pudimos entrar en su lectura y análisis. Desde entonces, desde aquella clase, no pude dejar de pensar en Una mujer en Berlín. Algo me decía que aquel era el libro que tanto buscaba y que anímicamente estaba preparada para leer, por lo que en cuando lo vi, allí, reposando sobre uno de los enormes estantes de la Biblioteca de Humanidades, no lo dudé ni un segundo. Junto con La Pimpinela Escarlata se convirtió en la lectura más importante de aquel verano, tanto que, como ya he comentado en el primer párrafo, su recuerdo lo llevo grabado a fuego en mi memoria. Hacía mucho tiempo que un libro no lograba superar mis expectativas ni ofrecerme las respuestas que necesitaba, y éste en concreto me hablaba de lo que verdad andaba buscando, es decir, de esas voces situadas en los márgenes de la historia, de esos protagonistas que durante años habían sido silenciados, ignorados y olvidados por historiadores y la sociedad en general. Hoy, dos años después y tras haberme nutrido de otras lecturas similares, os puedo asegurar que ninguna ha logrado superar el estilo y la dureza de Una mujer en Berlín.


En lo que respecta a su lectura, comenzaremos diciendo que Una mujer en Berlín presenta una lectura con diferentes caras. Por un lado, para quienes estén interesados en el tema, se toparan con un libro que rebosa las expectativas y todo lo que hayáis podido escuchar acerca de él. Y por otro, para quienes no estén acostumbrados a leer este tipo de libros, el impacto tal vez sea mayor. Eso si, lo que está claro es que este texto en su conjunto se compone de varios elementos esenciales. El primero de ellos, una observación desmedidamente despiadada. Sin tapujos, sin artificios, sin tratar de esconder los detalles más duros, la autora nos narra lo sucedido durante aquellos tres meses en los que Berlín se caía a pedazos y en los que las tropas rusas arrasaron con todo, sin importar el daño que podían causar. Y para ello, no hay mejor arma que la franqueza, que conduce irremediablemente a la verdad, por muy terrible que al lector le parezca. La autora no se deja nada en el tintero, absolutamente nada, lo que nos da una idea de que la finalidad de Una mujer en Berlín va más allá de la de proporcionar un simple testimonio. El segundo, la impactante serenidad. Sus ojos observan sin filtro su alrededor, un paisaje nada halagüeño en donde la supervivencia entre el caos y la destrucción propias de una guerra se apodera de los habitantes de la capital alemana. Pero ese es el día a día, desde hace un tiempo, y la autora, aunque en el fondo desea que la contienda finalice, vive su realidad con una serenidad curtida a base de la experiencia que ofrece la crudeza de una guerra. Todos los personajes, reales todos ellos, que aparecen en el libro conviven con el miedo y la incertidumbre, tanto es así que estas emociones acaban por volverse cotidianas. Las circunstancias les han obligado a naturalizar todo eso, algo que el lector no puede evitar observar con pasmo, para después darse cuenta de que en las mismas circunstancias, probablemente actuaríamos del mismo modo. El tercero, ese humor macabro que no hace sino envolver a Una mujer en Berlín de una escalofriante bruma. Introducir el humor en un libro de este tipo siempre es arriesgado, se corre el peligro de caer en la frivolidad o en el chiste de peor gusto. Sin embargo, es precisamente el pertinente uso del humor, un humor sin condescendencias y tan frío como el hielo, lo que hace que el lector acabe cautivado. Su autora logra prender una leve chispa en los momentos adecuados, que en ocasiones, suelen ser los que el lector menos se espera. Dicen que hay que tomarse las cosas con humor, pero cuando hay una guerra de por medio, éste acaba apareciendo en medio de bunkers atestados de gente, en plazas convertidas en auténticos campos de batalla e incluso en esos momentos en los que es mejor cerrar los ojos y no moverse. Lo dicho, humor oscuro para tiempos aún más oscuros. Y por último, en cuarto lugar, una reflexión clara e insobornable: la de que ningún bando es bueno. Ni el de los alemanes ni el de los rusos, todos cometen las mismas atrocidades cuando la guerra lo inunda todo. Y aunque Una mujer en Berlín se centra en narrar las barbaridades cometidas por el ejército soviético en un terrible sentimiento revanchista y vengativo, la autora deja bien claro que ante una situación así, las personas se muestran tal y como son, y en algunos casos, pueden parecerse al mismísimo demonio. Finalmente, y a modo de recapitulación, os diré que Una mujer en Berlín, aunque no sea una novela, aunque esté estructurada a modo de diario personal y a pesar de todo lo que he comentado, lo cual, puede echar para atrás a más de uno por su dureza, os aseguro que merece la pena leerlo. Su lectura logra removerte el estómago, pero también la conciencia, y eso es lo más importante.


Nadie que haya leído Una mujer en Berlín puede negar que éste es un libro único, no sólo por la forma en la que su autora narra lo sucedido, también por esa valentía al atreverse a hablar de las grandes olvidadas de los conflictos bélicos: las mujeres. El machismo impregna cualquier guerra, hasta el punto de llevar dichas actitudes normalizadas por la sociedad del momento al extremo más despiadado y terrible. Y dentro de todas las atrocidades que se cometen contra las mujeres en contexto de guerra, las violaciones están a la orden del día. En Una mujer en Berlín, la autora describe con pelos y señales como los soldados soviéticos, ávidos de venganza, asaltaban a las mujeres alemanas para violarlas salvajemente. Incluso a lo largo del libro, la propia autora es víctima de acoso sexual y de intentos de violación. En aquella época, la violación suponía condenar a la mujer moral y socialmente para el resto de su vida. La perdida de confianza por parte de la sociedad, la dificultad de encontrar un trabajo digno, la demonización de la persona o, en el caso de que fruto de la violación naciese un bebé, te colgasen el San Benito de "madre soltera", algo que no estaba bien visto a mediados del siglo XX y que todavía sigue suscitando habladurías en pleno XXI. El lector eso lo sabe de sobra, pero en cuanto, tras leer Una mujer en Berlín, comprueba como, sin necesidad de montar una guerra, se siguen produciendo violaciones, incluso en el primer mundo, a dos manzanas de su casa, su rostro palidece al instante. La idea de asociar a la mujer con un objeto y la conocida como "cultura de la violación" hacen posible que se produzcan casos como el de La Manada y tantos otros no tan mediáticos. Hace unas horas la presentadora, actriz y activista por los derechos sociales Oprah Winfrey pronunció uno de esos discursos para la historia, en donde enarbolaba el famoso "Time´s Up" y la verdad, como mujer y persona que soy, no puedo dejar pasar la oportunidad de reclamar mayor igualdad y menos impunidad. Ninguna mujer debería ser agredida sexualmente ni ser discriminada por su condición femenina, y para ello, para lograr un mundo más igualitario, la educación en fundamental, la única vía para lograr que la situación cambie. Lecturas como Una mujer en Berlín pueden ayudar a los historiadores a comprender mejor esa parte de la historia que, por desgracia, ha permanecido durante mucho tiempo en los márgenes o directamente olvidada. Las mujeres en la historia son importantes, algo que ya nos debería haber quedado claro desde hace mucho tiempo. Pero también, Una mujer en Berlín puede leerse en las escuelas, en la asignatura de Historia, ya no sólo para conocer la historia desde una perspectiva nueva, también para que las futuras generaciones, tanto la de las mujeres, pero especialmente la de los hombres, sepan que meter mano a una mujer sin su consentimiento o piropearla por la calle es acoso sexual. En guerra las violaciones se cuentan por millones, pero en tiempos de paz, éstas se convierten en invisibles para la sociedad. Una mujer en Berlín: una historia de terror, hambre, combates, disturbios, acoso, discriminación, violación...El más valiente testimonio de denuncia  frente a la cara más despiadada del poder patriarcal.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien quiera enterarse de lo que en realidad ocurrió en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, tendrá que preguntarle a las mujeres. Y es que, entre las ruinas, los hombres demostraron ser el "sexo débil"."

Película/Canción: en el año 2008 se estrenó la primera adaptación cinematográfica de este libro. Bajo el título Anonyma, dirigida por Max Färberböck y protagonizada por la actriz alemana Nina Hoss.  


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 4 de enero de 2018

RESEÑA: La guerra de los mundos.

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

Título: La guerra de los mundos.

Autor: H.G Wells (1866-1946) nació en Bromley, Reino Unido. Una beca le permitió estudiar en la Normal School of Science de Londres. Trabajó como aprendiz, contable, tutor y periodista hasta 1895, año en el que se dedicó por completo a escribir y en el que publicó su primera novela, La máquina del tiempo, en la que ya aparecía la explosiva mezcla de ciencia, política y aventura que haría de sus libros un éxito. Desde 1895 hasta su muerte, Wells escribió más de ochenta libros, entre los que destacan todas aquellas obras que contribuyeron a crear un género, la ciencia-ficción: El hombre invisible, La guerra de los mundosLas cosas del futuro, todas ellas llevadas al cine en varias ocasiones. Además de estas novelas, Wells escribió Kipps o La historia de Mr Polly, profundos relatos de su época; y novelas sociales como Tono Bungay o Mr Britling va hasta el fondo. Tras la Primera Guerra Mundial publicó un ensayo histórico que se haría muy popular en Reino Unido, El esquema de la historia.


Editorial: Debolsillo.

Idioma: inglés.

Traductor: Julio Vacareza.

Sinopsis: publicada en 1898, narra por primera vez en la historia de la literatura un tema que será recurrente desde entonces y originará todo un subgénero dentro de la ciencia ficción: la invasión hostil de la Terra por extraterrestres procedentes de Marte, recibidos por una humanidad ingenua que tendrá que organizarse para impedir una destrucción masiva del planeta. A través de esta novela en la que las descripciones científicas, las premoniciones sobre el futuro de la tecnología y los entresijos de la política ocupan un lugar central, G. H. Wells nos habla sobre la vanidad y seguridad ficticia de una humanidad autosatisfecha, y los peligros que acechan a su supervivencia.

Su lectura me ha parecido: entretenida, rápida, ágil, con descripciones muy completas, apocalíptica, tremendamente lúcida, más profunda de lo que aparenta...Queridos lectores y lectoras, ya es un hecho, acabamos de superar los primeros días del 2018. Un año que de seguro vendrá cargado de no pocos acontecimientos relevantes. Lo que si sabemos es que este 2018 tendrá lugar la confluencia de varios aniversarios de índole histórica. El más destacado, los 50 años de las manifestaciones de Mayo del 68 en París, sin olvidarnos del centenario del final de la Primera Guerra Mundial, el centenario del fusilamiento de la familia Romanov en Rusia o el bicentenario del acta de Independencia de Chile. En otros ámbitos, sabemos que en el 2018 se celebrará el Mundial de Fútbol en Rusia, que Bulgaria asumirá la presidencia del Consejo de la UE o que varios países, entre los que se encuentran Finlandia, Brasil, Rusia o Costa Rica, celebrarán elecciones. Dentro de lo cultural, además de los muchos estrenos que la factoría Marvel ha anunciado, este es el año de Emily Brontë, y por extensión, también el de sus hermanas Charlotte y Anne, sin olvidarnos de que en 2018 también se cumplen doscientos años de la publicación de uno de los grandes libros de la literatura universal, el Frankenstein de Mary Shelley. En lo astronómico, habrán dos eclipses lunares, varias súper lunas y el planeta Marte hará su máxima aproximación a la Tierra el 27 de julio. Parece una casualidad, pero si tenemos en cuenta el libro que hoy reseñaremos, lo de la aproximación de Marte al planeta Tierra resulta una broma de mal gusto. Que no cunda el pánico, seguro que nuestros respectivos gobiernos están lo suficientemente preparados para una invasión alienígena, o tal vez ni hayan pensado en eso, por lo que estaríamos desprovistos de toda protección si algún día la Tierra es arrasada por un objeto volador no identificado. No es mi intención amargaros este inicio de año, pero desde Jimena de la Almena me gustaría hablar sobre la ineficacia política, de las consecuencias de los avances tecnológicos y especular sobre como será nuestro futro más inmediato. Temas de gran interés y que sobresalen en la lectura de La guerra de los mundos: libro fundacional de inquietante reflexión.


La historia de como La guerra de los mundos llegó a mis manos y a mi adorada estantería es bien sencilla. Si bien es cierto que no me había adentrado en un primer momento en su lectura, conocía algunos aspectos de la novela. Sabía que se trataba de un libro en el que se narraba una mortífera y catastrófica invasión alienígena, pero desconocía por completo otros temas que en ella se abordaban, por lo que durante mucho tiempo, y de forma errónea, creí que La guerra de los mundos era una historia plana sin más misterios. Pasado un tiempo vi su enésima adaptación, la que hasta el momento es la última que se ha filmado, la de Steven Spielberg, protagonizada por un siempre heróico Tom Cruise. Recuerdo que me impactó en su momento, una mega invasión alienígena vista en la gran pantalla siempre logra captar la atención del público, incluso del más escéptico. Sin embargo, el paso del tiempo puso a aquella superproducción en su lugar, es decir, en uno en el que pocos se acuerdan de ella. Al menos, y lo digo desde la máxima sinceridad, ese fue mi caso. No me creía todo aquello, a pesar de los efectos especiales y la interpretación de un Tom Cruise más cercano a Misión Imposible que a otra de sus películas. Ni me hizo reflexionar ni consiguió que me plantease leer el libro, haciéndole de este modo un flaco favor al escritor, un tal H.G. Wells. Años más tarde, y ya inmersa en los preparativos de la exposición del Trabajo Final de Grado, comprendí que había sido una estúpida. Por razones evidentes, La guerra de los mundos no podía formar parte de mi investigación, pero comprendí que aquel escritor, H.G. Wells había revolucionado lo que hoy conocemos como ciencia-ficción al escribir la primera novela en la que aparecen extraterrestres. Y eso, para una entusiasta de la historia y la literatura, no podía pasar desapercibido por mucho más tiempo. No adquirí un ejemplar de La guerra de los mundos hasta muchos años más tarde en un mercadillo de libros a 1€ situado en el Mercado Central de Valencia, y no fue hasta que mi padre me dio ese último empujón al recomendarme fervientemente su lectura, cuando al fin logré sumergirme entre sus páginas. El resultado, mejor del esperado.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos diciendo que La guerra de los mundos presenta una lectura muy rápida, trepidante, de una agilidad pasmosa. Pero al mismo tiempo, la novela está muy bien sustentada mediante descripciones de índole científica muy claras y para nada tediosas, lo suficientemente instructivas para que el lector se quede con la información y pasase sin problemas de una página a otra. Esta claro que detrás de este equilibrio entre un ritmo y conocimiento se esconde una intención muy clara: que el que se adentre en La guerra de los mundos disfrute aprendiendo, o lo que es lo mismo, que siga atento a los sucesos de la novela al mismo tiempo que reflexiona sobre temas nunca antes planteados desde esa perspectiva. A esto hay que añadirle, para dar más emoción a la trama, una narración en una primera persona muy particular, la de alguien que es testigo de toda esa catástrofe, la de alguien que no esconde su temor, la que, a pesar de todo, no duda en contarnos fielmente lo que sucede. Tal vez por ello tuvo tanto éxito la famosa lectura radiofónica de Orson Wells, la cual, logró atemorizar a todo un país. Tal vez el que la gente creyese que se estaba produciendo una invasión extraterrestre, además de por el sobresaliente talento de Wells, fuese por la honestidad del texto, por esa verdad, por esa constante reflexión sobre la vulnerabilidad del ser humano. En La guerra de los mundos, H.G Wells demuestra ser un maestro de la creación de atmósferas, y en este caso, de una atmósfera realmente negativa y devastadora. De su cabeza surgen enormes máquinas procedentes del espacio exterior, las cuales avanzan sin pausa atravesando pequeñas poblaciones hasta llegar a la ciudad, dejando tras de si un reguero de muerte y destrucción absolutamente traumáticas. Ante un acontecimiento así es muy interesante como H.G. Wells logra captar los diferentes y muy variados comportamientos del ser humano, aunque una cosa esta clara, ninguno de ellos estaba preparado para algo semejante, por lo que muchos no dudan en compararlo con el Apocalipsis bíblico. De hecho, mientras lees la novela no dejas de pensar precisamente eso, que estamos ante un fin del mundo literario de consecuencias similares a las de La Biblia, pero en donde la tecnología y los elementos sociales juegan un papel fundamental. En este sentido, Wells no duda en acercar al gran público descripciones científicas y plantear preguntas bastante lúcidas para la época: ¿Hay vida más allá de la Tierra? ¿Y si la hay, cómo son dichas criaturas? ¿Qué aspecto tienen? ¿Cómo se organizan? ¿Cuál es su intención? Y la más importante ¿Cómo nos afectaría en el caso de que quisieran atacar nuestro planeta? Es cierto que en Frankenstein, Mary Shelley ya habló del impacto y las posibles consecuencias a largo plazo de los avances científicos y tecnológicos, pero Wells da un paso adelante décadas más tarde, al cuestionar esa política supuestamente protectora y que tiene toda la tecnología a su alcance para, se supone, defender a los seres humanos. Wells especula sobre lo desconocido y critica lo conocido, augurando un futuro bastante negro en lo que a descubrimientos tecnológicos o científicos se refiere, y la verdad, hoy, en pleno 2018, podemos asegurar que universos llamados Instagram o Twitter no son tan idílicos como aparentan. Por último, una aclaración. Mucha gente piensa que La guerra de los mundos transcurre en Estados Unidos debido a las múltiples adaptaciones cinematográficas que se han hecho al respecto, pero en realidad, la novela transcurre en Londres y sus alrededores. Fue bastante impactante observar como lugares como Isleworth, Richmond o Twikenham (barrios de lo que se conoce como "El Gran Londres") formaban parte de la novela. Lugares en los que casualmente estuve el año pasado y en los que, al contrario que la novela de H.G Wells, se respiraba tranquilidad.  


Como acabamos de comprobar, son muchos los temas que H.G. Wells aborda en La guerra de los mundos. Pero de entre todos ellos, hay uno que sobresale por encima de todos, provocando que el lector sienta una especie de ligero desasosiego y que, una vez finalizada su lectura, observe a su alrededor a través de una mirada crítica. ¿Estamos de verdad protegidos? Esa es la gran pregunta que se repite a lo largo de la novela y que resulta tan inquietante. En el siglo XIX, época en la que Wells escribió La guerra de los mundos, hacerse esa pregunta es adelantarse dos siglos a una realidad, la del presente, la del siglo XXI, en la que se ha demostrado que esa supuesta "seguridad" es más frágil de lo que nos quieren hacer creer. Entre finales del XIX y las primeras décadas del XXI, la ciencia y la tecnología han avanzado a paso de gigante, haciendo que ésta esté cada vez más presente en nuestro día a día, consiguiendo que los seres humanos ya no concibamos nuestra vida sin toda esa tecnología que nos facilita las cosas. También, desde el ámbito de la política, y amparándose en esos beneficiosos artilugios, se ha vendido la idea de que gracias a ellos, el mundo es cada vez más seguro. Algo que sucedía tanto en la época de Wells como en la actualidad, aunque con evidentes diferencias. No es lo mismo la tecnología de finales del XIX, la cual empezaba a despegar, que la del XXI, la cual, parece imparable, capaz de sobrepasar cualquier límite. Pero en realidad, y esto en parte lo demuestra La guerra de los mundos, toda esa supuesta protección por parte del estado y del sistema salta por los aires ante una amenaza nunca antes planteada, como puede ser la de una invasión alienígena. Es entonces cuando ni la política ni toda esa tecnología pueden dar respuesta y abandonan a los ciudadanos a su suerte, a merced de un fenómeno peligroso y de proporciones desconocidas. El abismo al que empujan a las personas es tal que tienen que ser los propios seres humanos los que se organicen e intenten ejercer esa labor de protección que el estado no ha sido capaz de ofrecer. En la actualidad muy pocos piensan en que una nave alienígena sembrará el caos y el terror sobre el planeta Tierra, pero no es descabellado pensar que toda esa tecnología, la cual usamos a diario, se convierta en nuestro peor enemigo. No hace falta extraterrestres para que se produzca una hecatombe mundial, una simple tormenta solar bastaría para que las ciudades se colapsasen y los ciudadanos se convirtieran en auténticos zombis, en busca de electricidad, de wifi, de cualquier artilugio que les permita estar conectados. La adicción a las nuevas tecnologías provocaría autenticas luchas por la supervivencia, incluso horrendas muertes, a lo The Walking Dead y un estado de anarquía total. Lecturas como La guerra de los mundos nos hablan de eso precisamente, de como desde el poder se nos tranquiliza vendiéndonos la idea de un mundo muy seguro, pero la realidad es que con solo pulsar el botón adecuado, con un simple ataque informático, el mundo que conocemos podría en cuestión de segundos, dejar de ser el que era. La guerra de los mundos: una historia de supervivencia, negligencia política, abismo, alienígenas, poderosas armas de destrucción, valentía, incertidumbre, terror...Una lucha constante por sobrevivir frente a una megalómana adversidad.

Frases o párrafos favoritos:

"En los últimos años del siglo XIX nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y se multiplican en una gota de agua."

Película/Canción: la novela ha sido muchas veces adaptada al cine, de entre todas ellas destacan las de 1953 de Byron Haskin y la de 2005 de Steven Spielberg. Sin embargo, nos tenemos que quedar con esa irrepetible adaptación radiofónica que Orson Wells realizó en 1938 creando una gran alarma social en Estados Unidos. Aquí os dejo algunos fragmentos de esta magistral interpretación.


¡Un saludo y a seguir leyendo!
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