viernes, 29 de junio de 2018

RESEÑA: V y V Violación y Venganza

V Y V VIOLACIÓN Y VENGANZA

Título: V y V Violación y Venganza.

Autora: Pilar Bellver (Villacarrillo, Jaén, 1961). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado: De las cosas que aprendí con el cedazo Nº 1 de mi abuelo (Premio Clarín de Cuentos en 1981), La tercera vez (Premio Nacional de Novela Breve J. L. Castillo-Puche 1997), Veinticuatro veces (Lumen 2000), su primera novela larga; La vendedora de tornillos o El tratado de las almas impuras (Elipsis Ediciones 2006); Vecinas, relato incluido en Un deseo propio, antología de escritoras españolas contemporáneas (Bruguera 2009), A todos nos matan antes de morir (Algaida 2010) y A Virginia le gustaba Vita, relato incluido en la antología Ábreme con cuidado (Dos Bigotes 2015), que se convirtió en la novela A Virginia le gustaba Vita (Dos Bigotes 2016). V y V Violación y Venganza es su última novela publicad el pasado año por Dos Bigotes. Además de su amplia experiencia en el campo de la escritura, Pilar Bellver es una reconocida activista por los derechos de la mujer y la visivilización de los colectivos LGBT en la literatura. (Fuente: Dos Bigotes).


Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: castellano.


Sinopsis: traer al siglo XXI el mito de Progne y Filomela, una historia de violación y venganza que narra, entre otros, Ovidio en las Metamorfosis, hacerla surgir de nuevo y darle sentido desde nuestra visión actual, no es tarea fácil. Para conseguirlo, Pilar Bellver desarrolla la idea de venganza no sólo en la dimensión de lo privado, que es la que plantea el mito, sino también en la dimensión de lo público-político: la terrible venganza de las dos hermanas es aquí correlativa a la venganza política que el clandestino y revolucionario Grupo para la Globalización de la Destrucción (GGD) emprende contra los parques naturales de las grandes potencias que están destruyendo la Amazonía y los bosques primarios de los países pobres. (Fuente: Dos Bigotes).

Su lectura me ha parecido: original, sencilla, algo extensa, violenta, de obligatoria reflexión, cruda, feminista, tremendamente contemporánea, actual, imperecedera...Queridas lectoras y lectores, muchas veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos de poseer un legado literario tan importante y al que, por desgracia, tendemos a menospreciar. Desde Cervantes hasta Cela, pasando por Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Jovellanos, Zorrilla, Bécquer, Espronceda, Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Machado, Azorín, Ortega y Gasset, Lorca, Aleixandre, Alberti, Delibes, Ferlosio y tantos otros. Un legado en el que las mujeres, desgraciadamente en menor proporción, han contribuido a otorgarle personalidad y prestigio. Nombres como Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Ana María Matute, Gloria Fuertes o Carmen Martín Gaité ya forman parte de ese olimpo de la escritura española, un olimpo en el que claramente no existe igualdad, al menos en número, respecto a sus colegas escritores. Afortunadamente y con el paso de los años, son muchas las escritoras del panorama literario actual que han conseguido poco a poco colarse entre las más vendidas y apreciadas por la crítica, además de posicionarse para en un futuro formar parte de ese selecto club, tales como Almudena Grandes, Rosa Montero, Elvira Lindo, Espido Freire, Matilde Asensi o Marta Sanz entre otras muchas. Sin embargo, la proporción sigue siendo totalmente desigual, hasta el punto de que cuando se piensa en literatura española inmediatamente se nos vienen antes a la cabeza algunos de los ilustres hombres citados al principio y no el de todas esas escritoras coetáneas a ellos cuyo trabajo merece el mismo reconocimiento. Pero si hablamos de escritoras españolas, no podemos pasar por alto el hecho de que existe un número inmenso que se desconoce por completo tanto su producción literaria como su biografía. Y ya no estamos hablando de las ya fallecidas cuyas novelas y ensayos, rescatados y puestos en valor, disfrutamos con fervor actualmente. Nos referimos a esas escritoras españolas, no tan conocidas por el gran público, cuyas obras no se han publicado en su mayoría en las grandes editoriales del país, pero que ahí siguen, inquebrantables, marcando el paso, influyendo en futuras generaciones de autoras, hablando sobre temas tan importantes como el feminismo, la violencia de género, la desigualdad o lo que significa ser mujer en pleno siglo XXI. ¿Con todo esto que quiero decir? Primero, que no debemos despreciar la literatura española. Y segundo, que por favor, lean obras escritas por mujeres españolas, y no sólo a las más conocidas, también a escritoras como Pilar Bellver, autora de la interesante novela que hoy tengo el placer de reseñar. V y V Violación y Venganza: nunca antes la venganza se sirvió en un plato tan frío.

La historia de como V y V Violación y Venganza llegó mis manos (electrónicamente hablando en este caso) fue gracias a que un día casi por casualidad, mientras ojeaba la página web de la editorial Dos Bigotes, me topé con esta lectura, la cual resultaba ser una de sus últimas novedades. La historia en si, como habéis podido comprobar, es muy simple. Pero el que un libro como V y V Violación y Venganza llegase a interesarme en aquellos momentos tiene un por qué más complejo. Si me habéis leído en otras reseñas anteriores sabréis que mi interés por el feminismo, tanto por la teoría como por la literatura, vino a raíz de un trabajo de clase durante mi último año de carrera. Un trabajo en el que tuve que analizar en profundidad la obra más importante de Betty Friedan, es decir, La mística de la feminidad (libro que espero reseñar en algún momento). Antes de su lectura ya me consideraba una persona feminista, pues mis opiniones, las cuales no dudaba en exponerlas públicamente (algo que por supuesto sigo haciendo) respeto a temas como por ejemplo la igualdad entre mujeres y hombres era y sigue siendo la de abogar y luchar por que esta se produzca. Sin embargo, si es cierto que me faltaba toda esa formación teórica para entender mejor el movimiento, las diferentes corrientes, los análisis de la representación de la mujer en los diferentes ámbitos culturales (música, pintura, cine, publicidad, televisión, fotografía, literatura...), así como su situación en el campo de lo laboral y profesional. Incluso me faltaba conocer aún más en profundidad su papel a lo largo de la historia y en cuestiones relacionadas con la sexualidad. La mística de la feminidad no resultó ser un libro con cuyos postulados estaba completamente de acuerdo. Por un lado me pareció magistral ese análisis que Friedan hace de la representación de la mujer en los medios de consumo de masas de la época, así como abordar el conocido como "malestar que no tiene nombre", es decir, el descontento generalizado de la mujer de los años 50 y 60 del siglo XX al ver como sus aspiraciones profesionales y sueños se ven anulados ante la imposición de la maternidad y un modo de vida más doméstico y no tan público. Pero por otro lado, La mística de la feminidad me pareció un texto demasiado elitista, pues Friedan sólo se centra en las mujeres de la  adinerada y blanca clase media americana, dejando fuera a las mujeres afroamericanas o a las mujeres blancas de clase obrera por ejemplo. Una lectura sin duda no exenta de crítica pero que de alguna manera me marcó el camino en dirección a otros libros similares, ya fuesen novelas u ensayos. Y fue así hasta que me topé con V y V Violación y Venganza, un libro que por aquel entonces avivó mi irrefrenable curiosidad, ávida de literatura feminista Made in Spain. Gracias a Dos Bigotes conseguí hacerme con él en formato electrónico y leerlo en cuanto tuve un pequeño hueco en medio de tanta lectura atrasada. El resultado no pudo ser mas satisfactorio.

En lo que respecta a la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que V y V Violación y Venganza presenta una lectura a priori caótica. Es más, a mi personalmente me costó un poco adecuarme a la forma en la que Bellver nos presenta la historia. No obstante, y a medida que vas dejando páginas atrás consigues sumergirte de lleno en la novela, en la trama y mezclarte con unos personajes tan atemporales como interesantes. Uno de los grandes atractivos de esta novela es que Bellver ha adaptado al siglo XXI el que es tal vez uno de los mitos más antiguos de la mitología griega: el de Progne y Filomela. Una narración ancestral para mi desconocida y que, a raíz de la lectura de este libro, ha conseguido despertar mi adormecido interés por los mitos de la Edad Antigua. No hay cosa que más me guste de una novela que la autora o autor en cuestión tire de influencias procedentes de estos ámbitos, ya sea la mitología griega, romana, egipcia, celta, maya, azteca o mesopotámica incluso como vertebrador principal de ésta. Porque en definitiva, los mitos y las creencias religiosas han acompañado a la humanidad desde que el mundo es mundo, influyendo de manera determinante en los comportamientos sociales, políticos, económicos y culturales de la misma. Es más, muchos de estos han conseguido sobrevivir hasta nuestros días, y en algunos casos manteniendo intacto su carácter ancestral. Que un libro de ficción en pleno siglo XXI se presenta bajo estas credenciales ya no sólo me parece original, sino que demuestra un ejercicio intelectual de gran altura. No voy a entrar en detalles ni voy a narraros el mito de Progne y Filomela, pues el sopiler sería de proporciones estratosféricas ya que dicho mito constituye la principal línea argumental de esta novela, pero sólo os diré que hay violencia extrema, traición, mentiras y hasta canibalismo. Si nos atenemos al título de la novela, V y V Violación y Venganza, éste nos proporciona a su vez dos de los grandes temas al rededor de los que gira tanto el mito como este libro, pues como ya os he dicho, ambos van en paralelo. La violación en este caso se presenta en prácticamente todas sus vertientes. La violación de la mujer, de los derechos, de la maternidad e incluso de la propia memoria. Es tal la cantidad de prismas que el lector en ocasiones se siente abrumado, superado incluso ante la crudeza con la que Bellver narra los hechos. Sinceramente esta sensación de desasosiego y perturbación que consigue producir la veo bastante necesaria, pues los libros están para eso, para que las historias te toquen, te afecten, para que te revuelvan el estómago, para que te des cuenta que lo que estás leyendo bien puede estar pasando tanto en la otra punta del mundo como al otro lado del rellano. Por supuesto, si hay violación, del tipo que sea, ésta, según el canon de las historias mitológicas, se paga con la venganza. Una venganza que, si sois muy dados a adentraros en este tipo de relatos, sabréis que no escatima en violencia. Las vendettas de Juego de Tronos no son nada comparadas con las que se ejecutan en las historias de la mitología griega, romana o celta por citar algunos ejemplos. Y en el caso de V y V Violación y Venganza (porque una lleva a la otra, incluso en la actualidad, más de lo que podamos imaginarnos) creo que es de las más brutales que se puede llegar a realizar. Además de suscitar en el lector una profunda reflexión entorno a la violación y a la posterior sed de venganza, éste también aborda el cuestionamiento de la maternidad, el cual acaba conduciendo al lector a uno de esos finales que impactan y que resume a la perfección la brutalidad con la que se ha tratado a las mujeres a lo largo de la historia. A partir de los sucesos que acontecen en la novela, una no puede evitar observar como a su alrededor todavía, a día de hoy, se sigue machacando a la mujer que no tiene hijos y achacando los problemas de infertilidad a ésta y no al hombre. Además de la presencia de un amplio espectro de personajes femeninos, en los cuales podemos encontrar claras reminiscencias a la cultura clásica y a los valores que de ella heredamos, la novela resta heroicidad a los personajes masculinos, lo cual no sólo consigue que a ojos del lector sean más auténticos sino que además den más miedo. Por último, recalcar el hecho de que V y V Violación y Venganza parece haber nacido con el propósito de constituir un manifiesto que va más allá del feminismo. Un manifiesto en el que por supuesto no se excluye a los hombres y en el que deja bien claro que el movimiento feminista no busca una superioridad de la mujer sobre el hombre, sino la igualdad plena en todos los ámbitos. Una obviedad que, a juzgar por los continuos ataques e insultos gravísimos que las feministas seguimos recibiendo a través de las redes sociales, parece que muchos o bien no la entienden (lo cual dudo) o simplemente no quieren entenderla.


Si algo demuestra V y V Violación y Venganza es que, en primer lugar, que los mitos de la antigüedad siguen vigentes, incluso en pleno siglo XXI, y en segundo lugar y tal vez más importante, que estos se impregnan de un machismo realmente aterrador. El mito de Progne y Filomela es sólo un ejemplo más de como las mujeres en la mitología son tratadas como objetos al servicio del hombre. Y es que tanto en el colegio, como en el instituto, como en los libros de texto estas historias nos las contaban sesgadas o tirando de metáforas con el propósito de esconder lo que realmente pasaba. En un libro sobre mitologías que conservo aún de cuando de cuando era pequeña, al hablar de Zeus, éste no esconde su condición de infiel (menos mal), pero si un gran detalle: el hecho de que Zeus era un violador. Así, sin más, porque de verdad eso es lo que era, un señor que se dedicaba a violar a mujeres. Es si, en este libro, en el que se relata el episodio con la princesa Europa, lo explican de como un ligón que no duda en transformarse en un toro para que la princesa, obnubilada ante tan bello animal, acabase montando sobre su grupa. Este mito explica el origen del continente Europeo, pero también es la historia de una violación bestial con tintes zoofilicos. Peor es el destino de una de las mujeres de Zeus, Metis, que fue devorada por éste por temor a que el hijo que esperaba junto a ella fuese a destronarle. De nuevo un episodio de violencia y salvaje canibalismo. Sin embargo, en esta historia el karma actuó sobre Zeus en forma de dolor de cabeza y de parto craneoencefálico del que nacería Atenea, diosa de la sabiduría, de la guerra y protectora de la ciudad griega de Atenas. Las mujeres en la mitología griega son violadas (no hay más que recordar el mito de Príapo y la ninfa Lotis, que tras fracasar en su intento de forzarla como castigo la convirtió en una flor de loto), pero también secuestradas, como le sucede a Coré, sobrina de Zeus e hija de Deméter. Con la excusa del "estar enamorado" su tío Hades la rapta y se la lleva a sus dominios, es decir al Infierno, bajando por una grieta que hay en la tierra. Démeter busca desesperadamente a su hija, desatendiendo su labor como diosa de las cosechas y los campos, una situación insostenible a la que Zeus pone orden tratando de convencer a Hades de que libere a Coré. Pero hay un problema,  Coré ha probado la comida de los infiernos y por tanto, ya no puede salir de él. Finalmente Hades y Coré se casan, y éste le da el nombre de Persépone. En otras palabras, estamos ante el secuestro de una mujer perpetrado por su propio tío, a la que no sabemos que le sucede una vez está en el mundo de los infiernos (lo de la comida apesta a eufemismo), que es finalmente obligada a casarse con el y a cambiar de nombre de paso. Podría ser el argumento de un culebrón malo, sí, pero terriblemente espeluznante. Un ejemplo más de como la opinión de la mujer en la mitología griega no importaba. Estoy segura de que si alguien le hubiese preguntado a Coré la historia hubiese sido muy distinta. Aunque para secuestros los que sufrieron las pobres Sabinas ante el grave problema demográfico que sufría la ciudad de Roma bajo el reinado de Rómulo. La estatua de Juan de Bolonia que he adjuntado en esta reseña estremece, pero más estremece saber que éstas fueron sacadas de sus hogares, llevadas en volandas y violadas por sus captores, como si trozos de carne se tratasen. Pero si hay un mito en el que se presenta a la mujer como la causante de todos los males ese es el de Pandora, a la que confían una jarra que nunca debe ser abierta. ¿Pero qué sucede? Que la curiosidad hizo que Pandora la abriese liberando su terrible contenido, que no es otro que las enfermedades y sufrimientos que azotan a los seres humanos. ¿Cuál es entonces la perversa moraleja? Que la mujer no sirve para ostentar grandes responsabilidades, porque cuando se depositan sobre ella, ésta no sabe gestionarlas. Este es sin duda el mito que ha legitimado a los hombres para recluir a las mujeres en casa para cumplir las obligaciones que por haber nacido con el sexo débil les corresponde. Porque claro, las mujeres no podían gobernar, capitanear ejércitos o discutir en el ágora, no vaya a ser que la líen como la lío Pandora. En una conferencia impartida por Ana de Miguel, a la que asistí no hace mucho, recalcó el hecho de que para hacer frente y combatir la cultura patriarcal (así como las consecuencias derivadas de ella) hay que condenar y luego concienciar. Todos nos indignamos cuando escuchamos en el telediario un nuevo caso de violencia de género, incluso hay quien no se lo piensa dos veces y no duda sumarse a los minutos de silencio que se suelen realizar en repulsa al asesino y en apoyo a la víctima. Aunque no hace falta irse muy atrás en el tiempo para encontrar un acto de rechazo masivo, pues las manifestaciones en contra de La Manada también podrían constituir un ejemplo de esa condena social en contra del machismo. Sin embargo, falta concienciación, ese último paso para llegar a completar el camino hacia un mundo más igualitario. La sociedad puede protestar, posicionarse, manifestar su opinión en contra del patriarcado. Pero éste no morirá si nosotros, como personas que somos, no somos conscientes de que hemos vivido durante siglos bajo ese yugo, un yugo cuyo peso soportaron principalmente las mujeres. Si no aceptamos que a lo largo de la historia el sexo femenino ha sido discriminado, usado, maltratado, vejado o mercantilizado, de poco va a servir la condena. Si no somos capaces de ver que, hasta en los mitos, esas historias que han pasado de generación en generación, los personajes femeninos sufren los peores tratos por parte de los hombres por el simple hecho de ser mujeres, entonces no habrá salvación. V y V Violación y Venganza: una historia de violencia, venganza, mentiras, mitología...Una novela que nos descubre a una de las autoras más interesantes y comprometidas del panorama literario español.

Frases o párrafos favoritos:

"Te recuerdo que a lo largo de la historia, cada vez que una profesión se ha feminizado, se ha desprestigiado de inmediato. Y al revés, cada vez que un trabajo se masculiniza, como el de cocinero por ejemplo, se vuelve mucho más prestigioso, casi un arte."

Película/Canción: como no hay noticias de lo primero (aunque si se produjese muy bien tendría que hacerlo la directora o director que se atreva a adaptar esta novela para no traicionar su intensidad) os adjunto la pieza clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta novela. Soy muy fan del ballet y siempre he creído que, a pesar de que en escena se representa una situación diferente, este fragmento musical en concreto provoca inquietud en el espectador. Un halo de misterio o de venganza desprende ¿o me equivoco?


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Dos Bigotes

martes, 26 de junio de 2018

RESEÑA: Estío.

ESTÍO

Título: Estío.

Autor: Edith Wharton (1862-1937) nació en Nueva York, en el seno de una familia adinerada y distinguida, y es considerada una de las más grandes escritoras estadounidenses. Impregnada de ambigüedad, así como de una clara conciencia de la condición femenina, es autora de un gran numero de novelas como Estío, Ethan Frome, Las hermanas Bunner, La casa de la alegría, La solterona, Madame Treymes o Las costumbres del país entre otros muchos. Discípula y amiga de Henry James, consiguió permisos para viajar en motocicleta por las líneas del frente durante la I Guerra Mundial en territorio francés. Esta experiencia le sirvió para escribir una serie de artículos relacionados con la contienda como Fihgting France: From Dunkerque to Belfort. Durante la guerra también trabajó como voluntaria para la Cruz Roja con los refugiados, por lo que el Gobierno Francés le concedió la Cruz de la Legión de Honor. Su labor social fue extensa, llegando a dirigir salas de trabajo para mujeres desempleadas, celebró conciertos para dar trabajo a los músicos, apoyó hospitales para tuberculosos, fundó American Hostels para ayudar a los refugiados belgas y luchó por el reconocimiento de la comunidad artística de los barrios parisinos de Montmartre y Montparnasse. Fue miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras, fue la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer de Ficción gracias a La edad de la inocencia y así mismo fue la primera mujer nombrada Doctor honoris causa por la Universidad de Yale en 1923. (Fuente: Alianza Editorial).

Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luís López Muñoz.

Sinopsis: procedente del áspero y salvaje ámbito de "la Montaña" y acogida por el matrimonio Royall, la joven Charity vive ahora con su tutor ya viudo, el abogado Royall, en North Dromer, un minúsculo pueblo de Nueva Inglaterra roído por el tedio. La visita de Lucius Harney, un joven arquitecto, despierta en ella la ilusión del amor y del deseo, así como de una nueva vida lejos de la asfixiante atmósfera local y de los incomodos requerimientos de su tutor. Sin embargo, el curso de los acontecimientos y la clara, aunque dolorosa, coincidencia de su posición y de sus intereses llevarán a Charity a aceptar una inapelable lección de realidad. (Fuente: Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: romántica, sensual, enormemente asfixiante, psicológica, corta, interesante, iniciática...Queridas lectoras y lectores, a veces una no encuentra explicación a ciertas cosas, tales como la siguiente: ¿cómo es posible que desde que decidí un día abrir este blog no haya reseñado ningún libro de Edith Wharton hasta la fecha? A algunos es posible que el nombre de esta escritora norteamericana no os suene de nada, aunque me extraña, pues su obra se ha seguido reeditando y nutriendo de nuevas traducciones que no hacen sino ampliar aún más su legado literario. Sin embargo, y como suele pasar gracias a esta sociedad y a este sistema educativo tan "estupendo" que tenemos, es normal que el común de los mortales conozca a Edith Wharton una vez llegas a la universidad, sobre todo en las carreras de letras, aunque por mi la figura de esta mujer debería conocerse en todas las disciplinas. No por ser una escritora merece el desprecio de quienes no han optado por cursar la rama de humanidades. Edith Wharton fue una de esas mujeres que abrió camino ganando, nada más y nada menos, que el Pulitzer de Ficción, siendo la primera mujer en conseguirlo en el año 1921 con esa icónica La edad de la inocencia, la cual ha alcanzado la inmortalidad gracias a Martin Scorsese, Winona Ryder, Daniel-Day Lewis y Michelle Pfeiffer. Pero también un ejemplo de compromiso social increíble apoyando el reconocimiento de artistas, músicos e incluso creando asociaciones bajo las que los refugiados pudieron ampararse. Por no hablar de su experiencia humanitaria durante la I Guerra Mundial o su inquebrantable amistad con el escritor Henry James, su maestro y padrino en el mundo de la literatura. ¿Cómo he podido pasar por alto a una de las escritoras más importantes de principios de siglo XX? ¿En qué estaba pensando? ¿Qué había pasado para que la hubiese obviado? La respuesta a todas esas preguntas la encontraréis a lo largo de una reseña que pretende ser un texto que enmiende este terrible olvido y espero que la primera de los muchos libros de esta escritora que espero leer y reseñar en el futuro. Estío: el despertar sexual en medio la opresión rural.


La historia de como Estío llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para que sea más completa debería empezar por reconocer que hasta hace unos años desconocía la figura de Edith Wharton. Durante mi etapa escolar aprendí muchísimo: desde saber restar, sumar o multiplicar a manejar casi a la perfección las herramientas durante las clases de tecnología. Incluso aprendí a hacer malabares, a recitar de carrerilla todos los tiempos verbales en lengua castellana, a analizar frases imposibles, a traducir (más o menos) del latín al castellano, a memorizar todas esas fechas importantes para la historia, a hacer disertaciones de diez, a entender mejor los clásicos de la literatura, a hablar en público sin que se me quebrase la voz en el intento...Pero por desgracia no aprendí nada de esas mujeres que desde sus respectivas disciplinas cambiaron la historia. Es cierto, eso no lo voy a negar, que en mi instituto dedicamos un año a abordar el tema de la violencia de género por medio de visionados de películas o a través de la realización de trabajos grupales en clase. Sin embargo, ninguna profesora o profesor nos hablaron largo y tendido de ellas. A la memoria se me vienen recuerdos de algunas clases en las que se nombró, que no profundizó, algunas de estas ilustres mujeres, tales como Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Hannah Arendt o Marie Curie. Y aunque abordamos largo y tendido los gobiernos monárquicos que estuvieron protagonizados por reinas como Isabel la Católica, Isabel II, María Antonieta o Victoria I (los que redactaron los libros de texto de historia se olvidaron a unas cuantas monarcas por el camino), la explicación que daban en los libros de texto no les hacía justicia y tampoco me satisfacía como amante de la historia. Luego accedí a la universidad, y a pesar de que la cosa mejoró ligeramente, seguí sin conocer en su amplitud a algunas mujeres a las que la historia parecía haberles dado una violenta patada. Y entonces llegó aquel frenético cuarto de carrera, en el que por fin iba a disfrutar de una asignatura destinada a la historia de género, eso que durante los tres años restantes me ofrecieron intelectualmente a cuenta gotas y que algunos profesores se negaban a reconocerla. En ella aprendí muchísimo de la mujer en la época antigua, ya que el profesor que la impartió ese año estaba especializado en esa etapa de la historia, pero por el contrario, me perdí la oportunidad de que me hablasen de la mujer en la prehistoria, en la edad media, en la edad moderna o en la edad contemporánea (esta última era la que de verdad me interesaba). Pero entonces, en el momento en el que creí perder toda esperanza, una clase durante el máster de especialización me sacó de ese pesimismo. Por fin di historia desde una perspectiva de género que me enseñó, entre otras cosas, la resistencia femenina durante el franquismo. Un tema harto interesante y del que todas y todos deberíamos leer un poco más. En definitiva, lo que vengo a decir es que mi formación en este campo ha sido y sigue siendo prácticamente autodidáctica. Y fue el autodidactismo en esta materia lo que me llevó un día a descubrir el nombre de Edith Wharton. Una mujer que, como bien expongo en la biografía que tenéis al principio de esta reseña, es un ejemplo para muchas mujeres y un referente en el que poder mirarse y repetirse a una misma: "si ella pudo, yo también puedo." Desde ese momento busqué su nombre en las librerías, con la suerte de toparme con innumerables títulos, algunos de reciente reedición o traducción en España. Este hecho me animó a hacerme con Estío, editada por Alianza Editorial, y a leerlo detenidamente. No sabía exactamente de que iba, ni siquiera estaba segura de si me iba a gustar, lo que tenía claro era que tenía que adentrarme en el universo literario de Wharton sí o sí. El resultado final me llenó de reflexión, pero también de satisfacción, pues había descubierto a una autora de gran talento y altura intelectual.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Estío presenta una lectura densa y asfixiante a partes iguales. De hecho, a mi personalmente me costó bastante entrar en la historia, adecuarme al escenario en el que se van a mover los personajes, y sobre todo, empatizar precisamente con Charity, la protagonista absoluta del libro. Esas primeras páginas me resultaron bastante soporíferas, lo que contribuyeron a que durante unos días dudase y pensase que había depositado demasiadas expectativas sobre este libro de Edith Wharton. Dichos pensamientos se esfumaron de mi cabeza en el momento en el que decidí darle una oportunidad a la novela, pues pasadas unas cuantas hojas la historia adquiere una dimensión interesante a mi parecer. Esa asfixia que sientes al principio de la novela no es más que una sensación producida por la lectura de este libro, una sensación de angustia, tedio e incluso claustrofobia es la que se experimenta, y todo ello gracias a la magnífica construcción del entorno en el que se desarrolla la novela: North Dromer. Un pueblo ficticio situado en la región estadounidense de Nueva Inglaterra. Un lugar rodeado por altas montañas en el que no hay prácticamente nada (ni siquiera un lugar en el que poder dar conferencias), en el que los avances tecnológicos del momento ni están ni se esperan y en el que solamente hay una iglesia (que no abre todos los días) y una biblioteca a la que nadie acude y cuyos libros envejecen solos en estanterías. Todo ello, unido al calor propio de los meses de verano, de estío al fin de al cabo, hacen de North Dromer el lugar más horrible, por lo menos según la opinión de Charity, quien le aburre estar por más tiempo en ese lugar. Es posible que a muchos de los que estéis leyendo estas líneas un pueblo con las características de North Dromer os parezca un paraíso, ese lugar en el que desearíais vivir, incluso de por vida. Pero en Estío, os aseguro que Edith Wharton consigue que desees vivir rodeado de Wifi, pues pinta tan mal dicho lugar que más de uno echaría a correr si le dijeran de vivir en un lugar como North Dromer, que en España, y lo digo por experiencia, existen muchos. Es en ese pueblo anodino, de atmósfera agobiante y en el que nunca pasa nada donde asistimos a la historia de Cahrity, una joven procedente de la vida salvaje (nació en "la Montaña") y que es acogida siendo una niña por una familia acomodada y cuyo patriarca es el abogado Royall. Charity odia North Dromer y desea con todas sus fuerzas poder escapar de la tediosa rutina del lugar, de sus vecinos cotillas y de su trabajo en la biblioteca (donde recordemos que no entra nadie y que permanece abandonada ante el desinterés de los habitantes del pueblo). Es durante una jornada de su "estupendo" trabajo cuando ella por sorpresa conoce a Lucius Harney, un joven arquitecto que se interesa por la historia del lugar. Ese acontecimiento es visto en North Dromer como una novedad, ya que por sus características no acostumbran a recibir visitantes, y por Charity (la cual acaba encaprichándose del joven Lucius) para poder marcharse de North Dromer. Sin embargo, lo que Charity no sabe es que dicho encuentro acabará sumiéndola en algo para ella desconocido, que le aterroriza al principio pero que acabará interiorizándolo, aportándole más madurez y confianza en si misma. Hablamos por supuesto del despertar sexual femenino, un tabú en la época en la que fue escrito este libro y que es descrito con una belleza bastante interesante, metafórica incluso y asociándolo directamente con el verano y todo lo que éste representa tanto desde el plano más tradicional como del más mágico, cercano a la ilusión que Shakespeare plasmó en Sueño de una noche de verano. La historia a priori puede ser la más típica, es más, parece el típico folletín de finales del XIX, pero conforme avanzas en su lectura aprecias el carácter trasgresor de ésta, pues la sensualidad que desprenden sus páginas no la hacen única pero si especial dentro de una corriente literaria que empezaba a despuntar y que se asemeja más al  El amante de Lady Chaterley de D.H. Larwence que a las novelas de algunas de las hermanas Brontë. Por último, respecto a los personajes ahí lo tengo claro, pues ninguno ha conseguido cautivarme por completo. En primer lugar, Charity me pareció desde el primer momento la típica niña malcriada y egoísta de manual, y aunque si bien es cierto que cuando comienza su particular despertar sexual el personaje experimenta una importante evolución, siguió sin caerme del todo bien. Su construcción me recordó vagamente a la del personaje de Emma Woodhouse que Jane Austen inventó para Emma, pero Charity no supera en empaque al de la extrovertida y divertida heroína auteniana. Y en el caso de Lucius Harney más de lo mismo, otro hijo de papa algo bobalicón al que no encuentro atractivo por ningún lado.


A medida que iba leyendo Estío me daba cuenta de una cosa fundamental, y es que no es lo mismo escribir sobre la situación de la mujer si quien lo hace es un hombre o una mujer. A medida que dejaba atrás una tras otra las páginas de este libro, mis pensamientos volaron y se posaron sobre tres obras en las que se aborda el tema principal de Estío, es decir el despertar sexual femenino. Primero evoqué en mi memoria al inmortal e inolvidable personaje de Emma Bovary que Flaubert creó con gran acierto y que tanto ha significado para mi personalmente. Una mujer romántica en un mundo terriblemente realista, un universo que no era para ella pero en el que sin embargo consigue dar rienda suelta a su sexualidad con dos hombres muy diferentes entre si. Más adelante, mi mente viajó a tierras anglosajonas y se topó con la pureza de Tess D´Urberville, protagonista de una de mis novelas favoritas de Thomas Hardy. Una joven "manchada" y condenada socialmente por haberse acostado con el señorito de turno (aunque en realidad es una violación en toda regla) sin haber pasado antes por el altar.  Una mujer que tras sortear infinidad de problemas derivados de ese estigma social consigue ser feliz, y de paso dejarse llevar por sus impulsos sexuales, unos días junto al joven de quien ella está enamorada. Y por último, sin salir geográficamente de territorio británico, rememoré a Constanza, la protagonista de El amante de Lady Chatterley, cuyas explícitas escenas de sexo con el guarda Oliver Mellors causaron gran escandalo en la sociedad de principios de siglo XX.  Todas estas mujeres son imprescindibles en los estudios de literatura, así como base de la que observar la situación de las mujeres en la edad contemporánea, donde el deseo sexual se reprimía con gran dureza. Sin embargo, y a pesar de que para la época supusieron un avance y un escandalo a partes iguales, éstas historias están contadas desde una mirada masculina, la cual, a lo largo de las respectivas novelas, no puede evitar caer en los clichés típicos de las sociedades patriarcales de su tiempo. Con esto no quiero decir que haya que censurar estas novelas, eso sería una barbaridad de proporciones estratosféricas, pero si leerlas desde una mirada más crítica y siendo conscientes de que ciertos comportamientos que en ellas se describen son directamente machistas. Una nueva lectura que deberíamos impulsar, al igual que fomentar la lectura de obras escritas por mujeres, obras que como en el caso de Estío están en la línea de lo que Flaubert, Hardy o Larwence escribieron a finales del siglo XIX y principios del XX. Como hemos comentado antes, Estío narra la historia de Charity, pero también es la historia de un despertar sexual muy concreto pero que no se diferencia demasiado de lo que las mujeres de esa época (y de la actualidad también) experimentan. De hecho, cronológicamente la obra de Larwence es coetánea a la de Wharton. ¿Cuál es entonces el problema? Que si un hombre escribe sobre la sexualidad femenina está mejor visto que si una mujer hace lo mismo. Es más, no es casualidad que algunos hayamos oído hablar antes de El amante de Lady Chatterley antes que Estío. Que las mujeres se atrevan a través de la literatura a hablar sin tapujos sobre sexo, masturbación o relaciones extramatrimoniales era un escandalo, pues ese no era el terreno en el que debían moverse, no se les había educado para ello. Los hombres en cambio lo podían saber todo de las mujeres, incluso sobre lo que de verdad da placer a una mujer o adivinar sus pensamientos durante el coito. El que una mujer se haga preguntas, experimente sexualmente o exponga su visión sobre el sexo era peligroso, pues automáticamente estaba adentrándose en territorio varonil y creando al mismo tiempo una corriente de opinión diferente que pone en peligro todo el castillo de naipes construido a base de dominación del hombre sobre la mujer. Eso de que las mujeres tomasen la iniciativa (en todos los sentidos, no solo en el sexual) no podía ser y había que reprimirlo con dureza, con un lavado de cerebro, con el respeto a dios y a las sagradas escrituras, con la amenaza del escarnio público o la muerte incluso. Convirtiendo de este modo a las mujeres en seres reprimidos, silenciosos, obedientes y temerosos de dios o del qué dirán. ¿Con todo esto qué quiero decir? Que Estío es un claro ejemplo de que una mujer también puede escribir sobre sexo al mismo tiempo que ofrecer una perspectiva diferente, la de la mujer, conocida como "la otra mirada", esa mirada que durante tanto tiempo han tratado de cegar salvajemente. Estío: una historia de amor, tedio, confianza, valentía, autonomía...Una novela perfecta para este caluroso verano.

Frases o párrafos favoritos:

"Allí estaba, un pueblo entre colinas, quemado por el sol y las inclemencias del tiempo, abandonado por los seres humanos, olvidado del ferrocarril, del tranvía, del telégrafo y de todas las fuerzas del progreso que enlazan vidas entre sí en las comunidades modernas. Carecía de tiendas, de teatros, no se daban conferencias, no existía actividad económica, sólo una iglesia que se abría cada dos domingos si el estado de los caminos lo permitía y una biblioteca para la que no se habían comprado libros nuevos desde hacía veinte años y donde los viejos enmohecían tranquilos, en las húmedas estanterías."

Película/Canción: como no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva a la vista, he optado por adjuntar una pieza de música clásica de lo más apropiada dadas las fechas en las que nos encontramos y haciendo honor al título del presente libro.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial


viernes, 22 de junio de 2018

RESEÑA: A la deriva.

A LA DERIVA

Título: A la deriva.

Autora: Penelope Fitzgrald (1916-2000) de soltera Knox, era hija del editor de Punch, Edmund Knox y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, el criptógrafo Willy Knox y del estudioso de la Biblia Wildfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelista Edward Brune-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes dentro de la nueva narrativa inglesa. Con La librería, publicada en 1978, fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva. Siguieron Human Voices y At Freddie´s. En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Inocencia, desarrollada en la Italia de los años 50 y que narra la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El inicio de la primavera, que tiene lugar en el Moscú de 1913. Siguieron La puerta de los ángeles y La flor azul, esta última centrada en la vida del poeta alemán Novalis. (fuente: Impedimenta).


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Mariano Peyrou.

Sinopsis: Nenna James, una joven canadiense sin medios para alquilar una vivienda en Londres de principios de los 60, vive con sus dos hijas en una barcaza anclada en el Támesis. Ninguna de las tres "pertenece ni al agua ni a la tierra firme", y comparten su existencia con unos vecinos que se encuentran, como ellas, a la deriva: Willis, un artista que intenta vender su decrépita nave a pesar de su pésimo estado. Richard, que vive a bordo del Lord Jim con su mujer, Laura, aunque ella preferiría mudarse a otro sitio, O Maurice, que ni siquiera protesta cuando la barcaza empieza a llenarse de objetos robados. Todos ellos van a contracorriente, en un espacio en el que podrían primar la sencillez y la libertad de la vida excéntrica, pero que se ve salpicado por los pequeños reveses de cualquier existencia humana. (Sinopsis editorial)

Su lectura me ha parecido: delicada, ágil, triste, con una reflexión capaz de ablandar al corazón más duro, poderosamente autobiográfica, con unos personajes memorables...Queridas lectoras y lectores, como muchos ya sabréis, sobre todo si estáis atentos a las redes sociales, que hace unas semanas emprendí el que es hasta el momento mi segundo viaje a tierras inglesas. A pesar del retraso de dos horas que enturbió gran parte de aquella primera jornada, eso no impidió que el resto de días que pasé allí no resultasen inolvidables. Para mi siempre es un placer pisar suelo británico, ya que como historiadora me siento bastante conectada a la tradición intelectual de este país, al igual que a su historia a lo largo de los siglos. Por no hablar que su literatura, la cual desde siempre me ha fascinado. Durante este viaje tuve la oportunidad de conocer el Támesis, el río más importante del país y que atraviesa la capital, desde dos perspectivas muy diferentes. Primero desde la más habitual, es decir, desde el plano más urbano. Todos los que han visitado Londres habrán cruzado algunos de sus famosos puentes, en especial el de Westminster (con vistas al parlamento y al London Eye) y el Puente de la Torre (el más emblemático de la ciudad y que conduce a habitantes y turistas a la Torre de Londres, uno sus monumentos más importantes declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Y no se hasta que punto los visitantes no quedan impresionados por la bravura y anchura del Támesis, en el que incluso se pueden apreciar pequeños remolinos de agua en ciertos puntos de su paso por la capital británica. El río destaca entre una ciudad en la que las iglesias barrocas o victorianas se mezclan con rascacielos de cristal y en donde, a pesar de toparnos con pequeñas playas (una de ellas a la altura de El Globo), éstas son inmediatamente engullidas por la marea (de hecho una servidora pagó las consecuencias de acercarse demasiado a la orilla con una chopada de pies). En segundo lugar sólo hay que alejarse del centro de la ciudad para contemplar el Támesis más bucólico, tranquilo e idílico incluso. A la altura de Isleworth, un barrio situado en el conocido como Gran Londres, pude pasear a escasos metros de su orilla sin peligro a mojarme. Rodeada de patos, cisnes palomas y demás logré incluso mojarme los dedos y observar la imponente naturaleza semisalvaje que al otro lado se erigía. Fue en ese momento cuando entendí la importante influencia que el Támesis ha tenido tanto en la historia como en la cultura del país, además de trasladarme, casi en el acto, a una de mis lecturas más recientes y que hoy tengo el placer de reseñar y recomendar. A la deriva: historias de desarraigo ancladas en el Támesis.


La historia de como A la deriva acabó instalándose de forma permanente en mi apreciada y cada vez más nutrida librería tiene todos los ingredientes de una novela de amor. La primera vez que vi un libro de Penelope Fizgerald, como ya expliqué en su momento, fue hace mucho tiempo, ni siquiera recuerdo bien en qué momento anímico me encontraba ni el contexto en el que se produjo dicho acontecimiento. Pero la cuestión es que sucedió, y todo lo que vino después no pudo ser más maravilloso. Aquel libro de Fizgerald no podía ser otro que La librería, éxito de critica y de ventas recientemente popularizado en este país gracias a la adaptación de Isabel Coixet (vencedora de los Premios Goya de este año). Mi relación con La librería fue todo un viaje lleno de obstáculos, empezando por esa primera lectura de la sinopsis, pasando por una sanción de la biblioteca pública durante las pasadas vacaciones de verano (pues su lectura se alargó más de lo esperado y se me olvidó por completo renovarlo por internet) y finalizando primero con un sentimiento de tristeza total (pues no os imagináis lo que me apenó estregárselo a la bibliotecaria tras una de las mejores experiencias lectoras que recuerdo) y segundo con la euforia de poder reseñarlo gracias a Impedimenta. A día de hoy, La librería reposa en el cuarto estante de mi biblioteca particular, desde donde contempla la vida pasar y mis momentos de regocijo a la hora de escoger una nueva lectura. Un privilegiado lugar del que sólo ha partido cuando una servidora ha necesitado de su terapéutico poder, ese poder que sólo las palabras tienen y que tanto bien hacen a quien necesita desesperadamente levantar el ánimo. Por eso, en cuanto me enteré que Impedimenta iba a traducir y publicar una nueva novela de Penelope Fitzgerald no me lo pensé dos veces. Sin embargo, como buena crítica literaria que se precie, me pasé por su catálogo para conocer más detalles de ésta. Su título, A la deriva, así como el carácter autobiográfico que parecía tener me conquistaron, hasta el punto de que la impaciencia se apoderó por unos segundos de mi carácter habitualmente tranquilo y sosegado. Había disfrutado tanto con La librería, con sus personajes, con su planteamiento, con su sensibilidad, con esa reflexión entorno a los libros y a las librerías. Había sentido tantas cosas que no podía dejar pasar la oportunidad de revivirlas de nuevo. Y aunque la sinopsis de A la deriva revelaba una temática bastante diferente a la de La librería, estaba convencida de que se convertiría también en una experiencia lectora inolvidable. A la deriva llegó en un sobre, junto con un completísimo dossier, pero con ella también llegó esa lectura que tanto tiempo había esperado y que al poco pude disfrutar durante mis largas noches de mayo.


Pasando a abordar en este tercer párrafo el apartado más crítico de la reseña, comenzaremos apuntando que A la deriva presenta una lectura amena, sencilla, sin barroquismos de ninguna clase y que discurre, cual río (como el Támesis) de forma pausada, a la vez que torrencial, hasta el final. A la deriva voló literalmente entre mis manos, hasta el punto de que en tan sólo una semana terminé de leerlo, algo que no me pasaba desde hacía muchos meses. En ese momento, y lo digo con total sinceridad, estaba necesitada de una buena lectura, que no fuese demasiado extensa en cuanto a páginas pero que estuviese bien escrita y pareció que A la deriva llegó en el momento más oportuno. A día de hoy muy pocos dudan del don de Penelope Fizgerald para contar historias, y digo contarlas en vez de escribirlas porque a medida que el lector se adentra en alguna de sus novelas tiene la sensación de que está ante un cuento, algo más largo de lo habitual, que perfectamente puede leerse en voz alta ante un reducido número de asistentes. Es tal la intimidad y la delicadeza que Fitzgerald  consigue en sus novelas que el que se adentra en ellas siente el corazón lleno, rebosante de esa sensación que solo los lectores conocen y que parece tatuar una sincera sonrisa en el rostro durante unos segundos, aunque su contenido sea lo más triste que haya leído en mucho tiempo. Por otro lado, es imposible obviar el carácter autobiográfico que acompaña a las novelas de Fitzgerald. Si en La librería esa huella es importante, en A la deriva lo es todavía más, ya que si nos detenemos en su biografía el lector puede pensar y asociar su etapa en la que estuvo viviendo en un barco sobre el Támesis con lo que se narra en la presente novela. Penélope Fitzgerald es el mejor ejemplo de que la experiencia es la mejor fuente de inspiración, algo que es completamente cierto, pues todos los que se dedican al noble arte de la escritura acaban tirando de experiencias personales para poder o bien crear personajes o como temas principales de la trama novelística. A la deriva narra una historia con diversas lecturas. Estamos ante una protagonista, Nenna, una canadiense que vive con sus hijas, Martha y Tilda, a bordo del Grace, anclado en el río Támesis. Los problemas económicos y la negativa de su marido inglés a vivir con ella y las niñas serán los ejes sobre los que giran estos tres personajes a lo largo de la novela. Pero Nenna, Martha y Tilda no están solas, pues el Grace comparte espacio con otros barcos habitados por sus particulares inquilinos. Por un lado está Richard Blacke, el único con un buen trabajo, que junto con su esposa Laura viven en el Lord Jim (claro homenaje a Joseph Conrad). Un matrimonio que sortea muchas dificultades, entre las que se encuentra la negativa de ella a seguir viviendo en un barco. Por otro nos topamos con Sam Willis, un artista bohemio especializado en marinas que quiere vender su "Acorazado" antes de que se hunda en las aguas del Támesis. Y por último el lector se encuentra con Maurice, un ave nocturna ávida de buena conversación que sin alterarse reacciona cuando un día descubre la nave de su barco, el Rochester, llena de objetos robados. Unos secundarios de lujo que, a pesar de los errores que cometen a lo largo del libro, el lector no puede evitar amarlos, al igual que a Rayada, la gata de Nenna, mentalmente inestable según palabras de la protagonista y que protagoniza algunos de los momentos más divertidos del libro. Por no hablar de Martha y Tilda, las espabiladas y deslenguadas hijas de Nenna que iluminan la historia cada vez que hacen acto de presencia. Como habéis podido comprobar, A la deriva se caracteriza, además de por unos personajes inolvidables, también por esa extraordinaria y equilibrada balanza entre el humor y el drama. Empezando por los nombres de los barcos (que reflejan la personalidad de sus dueños) hasta las situaciones cotidianas que se producen a bordo. No debemos olvidar que todos ellos viven en el Támesis por una razón, por una historia que arrastran y que en algunos casos es realmente dramática, pero es ahí donde Fizgerald actúa con maestría al dotar algunas escenas de un finísimo humor, un humor típicamente británico con la ironía como protagonista. Consiguiendo de este modo que el lector pase de la sonrisa a la seriedad más reflexiva. Por último es necesario dedicar unas líneas a alabar la atmósfera que envuelve esta novela y que en ocasiones roza la sinestesia total. El lector puede oler y sentir la humedad del Támesis, al mismo tiempo que lucha por encontrar el equilibrio si éste discurre ligeramente embravecido y mientras contempla, a lo lejos, los privilegios de quienes pueden permitirse vivir fuera del agua.


Como bien expone Allan Hollinghurst en el prólogo de esta edición, el pasado y el presente están muy presentes a lo largo de la novela, sobretodo en relación al Támesis, río que sustenta los barcos de los personajes y que en ocasiones actúa como el verdadero protagonista de esta historia. Un Támesis que se extiende parte en dos la capital británica favoreciendo con el tiempo la aparición de nuevos barrios y la construcción de monumentales puentes. Es cerca de uno de ellos, el de Battersea. donde se ubica la historia de Nenna y el Grace. Una zona, la que rodea al Battersea, que ha experimentado muchísimos cambios a lo largo de su historia. Empezando por el astillero Graves, cuya existencia se extendió durante todo el siglo XIX y en el que trabajaron como barqueros notables pintores británicos como Turner o Whitsler entre otros, pasando por las viviendas de protección oficial post-victorianas que se alzaban sobre serpenteantes callejuelas y apiñadas frente al río, hasta finalizar con las imponentes y modernas construcciones erigidas a finales del XX principios del XXI que han convertido los barrios de Battersea y Chelsea (unidos por el famoso puente) en los más pijos de la capital. Las ciudades evolucionan, al igual que sus habitantes, sin embargo, lo que parece no desaparecer del todo es el terrible sentimiento de desarraigo, de sentirte lejos del lugar en el que en realidad quieres estar, de observar como tu existencia transcurre a través de medios de vida alternativos y nada seguros. Todo eso parece experimentarlo Nenna, la protagonista de A la deriva, convirtiéndose su caso en el ejemplo paradigmático. Canadiense y acostumbrada a otro tipo de vida, se resigna a vivir en una barca en el Támesis ante los problemas económicos y un marido que no quiere ejercer las responsabilidades que la paternidad exige. Una mujer que se siente mal por vivir en el hueco que nadie quiere pero que al mismo tiempo se niega a abandonar esa forma de vida, pues, en algún momento de su vida ella lo ha llegado a considerar suyo y de nadie más. Un modelo de personaje femenino que, por cierto, ya encontramos en La librería, pues su protagonista llega también a un lugar desconocido para ella con la intención de hacer su vida allí, a pesar de la guerra silenciosa y el boicot hacia su negocio y a su persona. El desarraigo en todas sus vertientes, por tanto, parece ser la temática predominante de la literatura de Penélope Fitzgerald, y no es de extrañar, pues de ese tiempo a esta parte éste no ha desaparecido del interior del ser humano. Cada vez que éste sale de su área de confort, ya sea de su casa, de su grupo de amigos, de sus tareas cotidianas o de cualquier actividad que implique o se asocie a estabilidad, éste no tarda en experimentarlo. Unos de una manera menos evidente, tragándose de golpe su orgullo, y otros, los más humanos, de forma más explícita, tanto que necesitan compartir sus sensaciones con los demás. El desarraigo produce añoranza, tristeza, resignación, impotencia...Y que no sólo se puede sufrir si vives en un país extranjero, también lo puedes experimentar hasta en tu propio barrio al no tener la oportunidad de ser parte del sistema y tener que vivir al margen de este porque directamente te han expulsado salvajemente. Vivir en un barco, como los personajes de A la deriva, es una alternativa, pero en la época era sinónimo de fracaso y pobreza. Actualmente eso ha cambiado, pues muchos asociamos la vida marítima con el romanticismo, lo bohemio o el lujo desmedido. Todo hipocresía al fin y al cabo. Una hipocresía que no deja ver y que nos ciega de lo verdaderamente importante: que el desarraigo no ha desaparecido, aunque éste ya no se pasee por la cubierta de un barco anclado en el muelle de cualquier ciudad del mundo. Si algo nos enseña esta novela son las diferentes y duras caras de la moneda en cuanto a esta cuestión y que el desarraigo, a pesar de todo,  produce solidaridad colectiva, una solidaridad muy particular y que el sistema jamás aceptaría. A la deriva: una historia de amistad, historias personales, desavenencias, humor, tristeza, incomprensión, belleza, optimismo...Una lucha por mantenerse a flote.

Frases o párrafos favoritos:

"- Bueno, me siento como si estuviera en el paro. No hay nada tan solitario como estar en el paro, aunque estés en una cola con miles de personas. No sé en que voy a pensar si no tengo que estar todo el tiempo preocupada por él. No sé que voy a hacer con mi mente. - Una vaga melancolía se apoderó de ella - Tampoco estoy segura de qué hacer con mi cuerpo."

Película/Canción: a la espera de que alguna directora o director se anime a adaptar A la deriva, os dejo con la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Simplemente preciosa, y encima impregnada del universo literario de Penélope Fitzgerald.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 19 de junio de 2018

RESEÑA: El coleccionista de libros.

EL COLECCIONISTA DE LIBROS
Título: El coleccionista de libros.

Autora: Alice Thompson, nacida en Edimburgo, además de Justine, que en 1996 recibió el ex aequo con Graham Swift el premio James Tait Black Memorial a la mejor ópera prima, ha publicado otras seis novelas. A lo largo de su carrera ha recibido becas del Creative Scotland y del Scottish Arts Council. En la actualidad, trabaja como profesora de Escritura Creativa en su ciudad natal. (Fuente: Siruela).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Raquel G. Rojas.

Sinopsis: en la Inglaterra eduardiana, Violet parece llevar una vida de ensueño: un marido caballeroso, un hijo adorable, una lujosa residencia...Pero la creciente obsesión por uno de los preciados libros que colecciona su esposo - un misterioso volumen de cuentos de hadas guardado bajo llave - hará que su idílica existencia comience a tambalearse. Asediada por unas perturbadoras alucinaciones que amenazan su cordura, ingresa temporalmente en un sanatorio. Pero cuando, a su regreso, descubre que una bella y enigmática niñera ha ocupado su lugar, los horrores padecidos durante su internamiento no serán nada en comparación con lo que su propio hogar le tiene reservados... (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: sencilla, rápida, misteriosa, reflexiva, envolvente, ejemplo de toda esta corriente de renovación del género gótico, original aunque con claros homenajes...Queridas lectoras y lectoras que me leéis, como bien sabréis en el mundo hay muchos tipos de lectores. Los hay fieles a un género concreto, a una autora o autor, a una temática, a un periodo histórico o incluso a un personaje literario concreto. Existen los que leen por las noches antes de sucumbir al peso de los párpados, los que prefieren el día para deleitarse con una buena lectura, los que entran en parada cardiaca cuando se encuentran un libro subrayado, los que no toleran que se doblen las páginas a modo de marcapáginas, los que les cuesta prestar cualquiera de sus apreciados títulos, los que por el contrario no tienen problemas en prestar las novelas que más le han gustado para que otro las disfrute, los que no dudan en escribir comentarios en los márgenes, los que inundan de posits cada página. Y en lo que al acto de leer se refiere no debemos olvidarnos de los que no pueden dejar de leer hasta que no hayan acabado el capítulo, los que no sucumben a las manías lectoras y van leyendo a su bola, los que piensan que perder el marcapáginas es equivalente al fin del mundo o los que directamente son capaces de acordarse de la página en la que van sin necesidad de que un papel que señale por que página vas (de esa clase de lectores conocí una vez a uno en la facultad y todavía a día de hoy sigue sorprendiéndome su privilegiada memoria). Sin embargo, en la humanidad existen mayoritariamente dos tipos de lectores. En primer lugar, los que compran libros para leerlos en profundidad, saborearlos, manosearlos, olerlos si hace falta. En definitiva, los que se preocupan por su contenido y lo que éste pueda aportar a su vida o a su curiosidad intelectual. Y en segundo lugar, los que adquieren libros para directamente coleccionarlos y no para leerlos, sin otra utilidad que tenerlos expuestos en la estantería de turno, bien colocaditos y a la vista de todos. En el libro que hoy tengo el placer de reseñar hacen acto de presencia estos dos últimos especímenes de lectores, tan extremos que ambos pueden rozar la locura pero que le sirven a la autora, Alice Thompson, para construir una novela de lo más interesante y recomendable. El coleccionista de libros: la Rebecca Eduardiana.


La historia de como El coleccionista de libros llegó a mi manos fue fruto del interés puramente personal. Aunque tengo que confesar que al principio este libro estuvo a punto de no formar parte de mi apreciada y adorada estantería. Me explico. Como habéis podido comprobar a raíz de mis últimas reseñas, me ha dado por adentrarme en la literatura de un periodo histórico en el que pensé que no volvería a adentrarme con tanta pasión: el siglo XIX. Primero fueron las novelas de Jane Austen, las cuales sirven como transición intelectual entre el XVIII y el XIX. Después vinieron una serie de escritoras anglosajonas de la era victoriana para mi desconocidas hasta el momento que vieron publicados sus relatos en diferentes periódicos. Luego crucé al otro lado del charco y me adentré en las novelas de fantasmas estadounidenses, descubriendo así la faceta menos conocida de Louisa May Alcott. Más adelante, y cuando creí que ya el futuro no me podía deparar más sorpresas, voy y me animo a releer Cumbres borrascosas, sí, ese libro que tanto destrocé hace unas cuantas semanas pero que me sirvió para comprender mejor ciertos aspectos de la época. Y por si fuera poco, además de leer artículos que han brotado a raíz del bicentenario de Frankenstein, no he podido evitar sumarme a esa corriente tan imperante en los últimos meses, a esa moda literaria que nos está dando muchas alegrías pero también alguna que otra picia. Críticas a parte, he de confesaros que ya iba siendo hora de que irrumpiese en el panorama novelístico a nivel mundial estas influencias literarias tan típicas del XIX. Es posible que Frankenstein y Emily Brontë hayan tenido parte de culpa de todo esto, ¿pero sabéis qué? Que me alegro, porque una servidora ya estaba un poco hastiada de los vampiros, los zombis y la novela erótica de pésima calidad. Como comentaba, esta nueva moda literaria ha traído consigo la publicación y traducción al castellano de infinidad de novelas que, imitando o inspirándose en las novelas del XIX, especialmente en la tradición victoriana, han conseguido cosechar gran éxito de crítica y público. Y entre ellas, El coleccionista de libros, escrito por Alice Thompson, destacaba enormemente, ya que a diferencia de otros libros del mismo estilo (es decir, en los que lo sobrenatural o lo inquietante esta muy presente en la trama) éste estaba colocado donde en la sección que le correspondía, en concreto en la de terror. Librería a la que ibas encontrabas ese consenso respecto al libro, ni siquiera el volumen de relatos Damas oscuras (en donde los fenómenos paranormales eran continuos) logró codearse con libros de Poe o Lovecraft en una misma estantería. Esta particularidad, junto con las críticas de Stephen King e Ian Rankin me abrumaron e hicieron que al principio rechazase la idea de leerlo. ¿La razón? Básicamente porque muchas veces me ha pasado que por fiarme de la opinión de X autora o autor me he llevado verdaderas decepciones. ¿Qué lo cambió todo? El enterarme de que El coleccionista de libros homenajeaba a uno de esos eternos pendientes y que aún me duele no haber leído: Rebecca de Daphne du Maurier. No sabía lo que Alice Thompson podía aportarme con su novela, como también desconocía si saldría ilesa de su lectura. Lo que si sabía era que aquello no podía perdérmelo. Por esa misma razón, El coleccionista de libros acabó llegando a mi estantería y acompañándome, junto con otras lecturas, en mi reciente viaje a tierras británicas. Una elección totalmente acertada ya que ha conseguido colarse en la lista de lo mejor que he leído este año.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, vamos a ser sinceros. Si existe un adjetivo que defina a la perfección la lectura de El coleccionista de libros ese es voraz. Las páginas vuelan en manos del lector, hasta el punto de que éste ni siquiera se da cuenta de que éste se ha leído de golpe unas treinta aproximadamente. Sin embargo, el que su lectura sea extraordinariamente rápida no quiere decir que estilísticamente no merezca una reseña, pues ésta, a pesar de no destacar por su belleza o su prosa retórica, debo reconocer que es bastante sencilla y ligera. Tanto que el que se adentra en su lectura puede situarse en pocas líneas en el meollo del asunto, trasladarse de época histórica o incluso comenzar a empatizar con los personajes. Todo esto, junto con el hecho de que El coleccionista de libros sobrepasa por muy poco las 200 páginas, podría hacernos pensar que el destino de este libro es el de vender mucho para luego acabar recogiendo polvo en los estantes de las concurridas librerías. Y en cierto modo su extremada sencillez narrativa y la facilidad que tiene la autora para ir al grano, algo que se agradece en ocasiones por cierto, podría jugarle una mala pasada. Sin embargo, en mi caso no ocurrió eso, pues gracias a una serie de características que desgranaremos a continuación, ésta ha conseguido rápidamente alojarse en mi memoria. Una novela que aloja en su interior una narración para nada compleja y compuesta de pequeñas y breves descripciones, pues 203 páginas no dan para mucho más, debe tener algo más para que resulte al más atractiva para el lector. La incógnita se desvela cuando de pronto el lector se topa con unos personajes tan singulares como siniestros. En El coleccionista de libros, Thomspon demuestra que se le da verdaderamente bien construir personajes, así como su mundo particular, el que los rodea, con sus manías, contradicciones incluso objetos fetiche. Cuando te adentras en esta novela experimentas constantemente la sensación de que no estás dentro de un libro, sino en medio de una película de las que se hacían antes, esas que duraban una eternidad pero que sin embargo eres incapaz de apartar la mirada de ellas. La trama es sencilla: Violet, la protagonista, vive la vida que siempre quiso tener en una bonita casa,  junto a su marido Archie (un hombre misterioso y de carácter perturbador que colecciona libros de gran antigüedad) y su hijo Félix. Parece una existencia idílica hasta que un día descubre un volumen de cuentos de hadas que su marido tenía guardado bajo llave, el cual debió pertenecer a Rose, su primera esposa. A partir de ahí, Violet comienza a experimentar alucinaciones y ataques de celos, por lo que su marido toma la decisión de ingresarla temporalmente en un centro psiquiátrico. A su vuelta a casa, tras la traumática experiencia que vive durante su estancia en el sanatorio, descubre que su marido ha contratado a una niñera llamada Clara, la cual parece haber ocupado poco a poco su lugar en la familia. Soy incapaz de seguir resumiendo la trama de la novela, pues a partir de este punto estaría entrando en terreno peliagudo por la cantidad de spoilers que tendría que revelar, pero lo que estoy dispuesta a deciros que El coleccionista de libros es una mezcla entre Rebecca y los cuentos más inquietantes de la gran Angela Carter. Esta influencia va más allá de aspectos de la trama o el estilo, constituyendo verdaderos homenajes literarios a dos de los pilares literarios de esta escritora. En el caso de Rebecca no hay más que releer la sinopsis de la novela y detenerse en los enfermizos celos de la protagonista para darse cuenta de que es casi un calco de la mítica novela de Du Maurier. Y respecto a Angela Carter, el que la trama gire entorno a un libro de cuentos, y de hadas más concretamente, no hace sino confirmar que Carter sigue influyendo en las nuevas generaciones de escritoras y escritores británicos. Estamos por tanto ante una novela metaliteraria, en la que una vez más se reflexiona entorno al inmenso poder de la literatura y a como los libros pueden influir en las personas, hasta el punto de llevarles a la locura. Ya lo vimos en El Quijote o en Madame Bovary y El coleccionista de libros parece renovar esta reflexión con un estilo fresco y desde lo más terrenal. En cuanto a los personajes, por fin me he topado con dos realmente atractivos: Violet y Archie. Parecen polos opuestos, y en realidad lo son, viviendo cada uno en su propia esfera inculcada por los roles de género (pública y doméstica). De este modo, cuando ambos personajes chocan, la novela gana interés. Una simple conversación entre ambos es suficiente para apreciar que es más lo que los separa que lo que los une. De los dos me quedo con Violet, pues aunque la enfermiza obsesión que tiene Archie con su colección de libros es muy interesante, Violet representa una realidad que merece toda nuestra atención como lectores y que no escapa de la volatilidad de la locura, una locura que a diferencia de su marido, tiene más que ver con el contenido de una lectura que con la mera exhibición de poder intelectual. Por último, decir que El coleccionista de libros no da miedo. A veces las editoriales suelen crear muchas expectativas respecto a ciertas lecturas, algo que sucede con esta novela. Es misteriosa, perturbadora, inquietante incluso estaría dispuesta aceptar el calificativo de "espectáculo gótico" que Stephen King utiliza para describir esta lectura. Pero terrorífico no, porque de verdad, no lo es. Y si no me creéis, adentraros en él, que en última instancia es lo que recomiendo que hagáis.  


Si El coleccionista de libros resulta atractivo para el lector, además de por lo que hemos comentado antes, también lo es por la época en la que Alice Thompson ha decidido ambientar la novela. La historia, como se explica en la contraportada, transcurre en la conocida como época eduardiana. Un periodo que arranca con la muerte de reina inglesa Victoria I, por tanto con el fin de la era victoriana, y la coronación de su hijo Eduardo VII y que se extiende más allá de la muerte del monarca en 1910 hasta llegar al fin de la I Guerra Mundial. Este periodo dentro de la historia de Reino Unido se caracteriza en primer lugar por un carácter de transición, en el que pasamos del esplendor del imperio de la era victoriana a la progresiva desintegración del mismo hasta desembocar en el primer gran conflicto bélico a nivel mundial. La época eduardiana fue sinónimo de cambios en el plano político (un creciente interés por las ideas socialistas y la irrupción de los movimientos sufragistas), en el social (la aparición del ocio) y en lo cultural (el modernismo tiñe de vanguardia muchos países europeos). Pero también la era eduardiana, como todas las eras anteriores a ella, refleja como la mujer sigue sufriendo las consecuencias de un patriarcado que evoluciona al compás de los cambios, en especial, a la par que los avances científicos o psicológicos. No debemos olvidar que es en esta época en la que la psicología como disciplina médica gana gran popularidad, sobre todo entre las clases más pudientes, las cuales no dudaban  en abrirse ante un especialista en el campo y dejarse guiar por sus consejos, como si éstos fueran los más importantes. Es en estos años en los que Sigmund Freud irrumpe con el psicoanálisis y libros como La interpretación de los sueños, en el que plantea que los sueños representan la realización alucinatoria de los deseos del ser humano, y por consecuencia, una vía de acceso al inconsciente mediante el empleo de la "asociación libre" de los símbolos más importantes del sueño. A su vez, Sigmund Freud abordó en sus estudios el tratamiento de la Histeria, y es en este punto concreto en donde lo verídico y lo que se narra en El coleccionista de libros parecen darse la mano. Como he comentado en el anterior párrafo, Violet, la compleja protagonista de esta novela sufre una serie de episodios alucinógenos producto de su enfermiza obsesión por un libro propiedad de su marido, el cual debió pertenecer en realidad a Rose, la primera mujer de este. Ante esta situación, el marido no se lo piensa dos veces y decide mandarla a un sanatorio, eufemismo de psiquiátrico o manicomio, en donde piensa que la curarán de su dolencia. Todo esto, por supuesto, sin preguntarle directamente a ella y sin saber en realidad lo que le sucede. Cuando Violet llega a este lugar contempla espantada los métodos que emplean los médicos con las internas (entre los que se encuentran las agresivas terapias de electroshoks, encierros prolongados en habitaciones minúsculas o interminables sesiones de psicoanálisis). Al igual que Violet, muchas de estas mujeres no tienen realmente un problema mental serio, sino que en realidad se trata de mujeres incomprendidas a las que, por haberse saltado las normas, las convenciones sociales o por no responder correctamente a las obligaciones de su papel como esposa o madre, se les interna para intentar corregir esa incorrecta actitud. En pocas palabras, en realidad lo que estas mujeres tenían era una depresión de proporciones estratosféricas, pero nadie les hacía caso, ni siquiera quisieron escucharlas, simplemente por el mero hecho de que no se concebía un matrimonio o una maternidad imperfecta. Todo tenían que ser sonrisas, disponibilidad, diligencia, felicidad...Y si no, entonces eras una histérica o algo mucho peor. En este punto no puedo evitar acordarme de lo que le sucedió por ejemplo a la escritora norteamericana Charlotte Perkins Gilman, cuando un médico le prohibió escribir para poder recuperarse completamente tras ser diagnosticada de agotamiento nervioso cuando en realidad lo que padecía era una depresión postparto. Como tampoco desentenderme de lo que hacían con las sufragistas que encarcelaban tras las redadas durante las manifestaciones. Desde que estaban histéricas hasta decir que directamente tenían el demonio dentro de su cuerpo. Tampoco es casualidad la histeria esté representada por una mujer en el famoso cuadro titulado La lección en la Salpêtrière. Nada es producto del azar o de la mera coincidencia. A las mujeres, y lo digo así de claro, se las quería sumisas, quietas, dedicadas a sus labores. Pero cuando de pronto una de ellas manifestaba públicamente su disconformidad o mostraba actitudes que hacían peligrar la convivencia en el hogar, entonces había que enderezarla, tratar de hacerle entrar en razón ¿y qué mejor manera de hacer entrar en razón a una mujer que internarla en un psiquiátrico? Por fortuna esa época ya pasó y la mujer ha avanzado en muchos campos, incluso en campos como la medicina o la psicología. Sin embargo, todavía hay mucho machistas sueltos, y con gran adicción a las redes sociales, que desean que las mujeres no tengamos ni criterio, ni opinión y que se supriman todos nuestros derechos adquiridos. Y eso chicas y chicos, da mucho miedo. El coleccionista de libros: una historia de celos, traición, obsesión, enfermedad, incomprensión, envidia...Una novela que te atrapa y no te suelta hasta que pones punto y final a su lectura.

Frases o párrafos favoritos:

"Estaba deseando que su marido, Archie, regresara de Londres. Las doradas cabezas de los narcisos que bordeaban la entrada permanecían inmóviles. Más tarde, quizá un criado les llevase algo de beber a la salita y Archie se recostaría en el sillón junto a la chimenea y le contaría como le había ido el día en el trabajo. Mientras aguardaba, volvió a el llanto que procedía de la habitación del bebé."

Película/Canción: como no hay noticias de lo primero, he optado por adjuntar una bella pieza de música clásica que de seguro os trasportará a la casa de este particular matrimonio formado por Violet y Archie, así como a los lomos de su particular colección de libros.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela