martes, 29 de agosto de 2017

RESEÑA: El motel del voyeur.

EL MOTEL DEL VOYEUR

Título: El motel del voyeur.

Autor: Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey 1932), de raíces italianas fue periodista en The New York Times entre 1956 y 1965 y ha escrito en The New Yorker, Time, Harper´s Magazine o Esquire, que señaló su artículo Frank Sinatra está resfriado como el mejor que jamás publicaron sus páginas. Junto con Tom Wolfe, se considera el padre del Nuevo Periodismo. En 2012 recibió el Premio Reporteros del Mundo, otorgado por El Mundo, en reconocimiento a toda su obra, que incluye Retratos y encuentros o El silencio del héroe, una extraordinaria recopilación de sus crónicas deportivas. En 1971 publicó Honrarás a tu padre, monumental crónica sobre la mafia que inspiró Los Soprano y fue elegido como uno de los mejores libros de no ficción del año por Qué Leer. En 1992 narró la historia de la familia Talese en Los hijos, a la que siguió Vida de un escritor. El motel del voyeur es su último libro.

Editorial: Alfaguara.

Idioma: inglés.

Traductor: Damià Alou.

Sinopsis: a principios de 1980, Gay Talese recibió una carta de un hombre de Colorado que le hacía partícipe de un secreto sorprendente: había comprado un motel para dar rienda suelta a sus deseos de voyeur. En los conductos de ventilación instaló una "plataforma de observación" a través de la cual espiaba a sus clientes. Talese viajó entonces a Colorado, donde conoció a Gerald Foos y pudo comprobar con sus propios ojos la veracidad de la historia. Además, tuvo acceso a sus diarios: un registro secreto de las costumbres sociales y sexuales de su país. Pero Foos había sido testigo también de un asesinato, y no lo había delatado. Tenía, pues, muchos motivos para permanecer en el anonimato, y Talese pensó que esta historia nunca vería la luz. Hoy, Foos está listo para hacerla pública y Talese puede darla a conocer.

Su lectura me ha parecido: interesante, atrayente, reveladora, sutil, perspicaz, honesta, para nada tediosa, un descubrimiento... La historia de la literatura está plagada de lugares emblemáticos. Ciudades, pueblos, aldeas, monumentos, casas particulares, campos, bosques, praderas, lagos, ríos, océanos, cafeterías, restaurantes, prostíbulos, librerías, puentes, caminos...Y como no podía ser de otra forma, las escritoras y los escritores han acabado rindiéndose también ante los hoteles. Si lectoras y lectores, esos espacios inmóviles, que aguantan inexplicablemente el paso del tiempo y en cuyas habitaciones han vivido, permanentemente o temporalmente, personas de toda clase y condición. Seguro que rápidamente se nos viene a la cabeza el famosísimo hotel Overlook (Colorado)que Stephen King describió en El resplandor y que posteriormente Kubrik lo convirtió en uno de los hoteles más famosos del cine, aunque originalmente éste se llame Stanley. Como no recordar el hotel Ruán, donde Emma Bovary y Leon Dupis daban rienda suelta a su pasión o el Hotel des Bains, donde Gustav von Aschenbach se aloja en la novela de Thomas Mann La muerte en Venecia. Seguramente, quien sea un forofo de Cortázar recordará que su monumental Rayuela abundan los hoteles. Sin embargo, muy pocos conocen que fue en uno concretamente llamado Esmeralda donde el reputado autor escribió dicha obra. A diferencia de los nombrados en este párrafo, el lugar en el que se ambienta la historia del libro que hoy reseñaremos es un modesto motel, de carretera, sencillo, pero que sin duda, por sus características, logra por si solo convertirse en un protagonista más dentro de la narración. Al oír la palabra motel es imposible que el lector no la asocie con el ficticio Bates Motel, espacio en el que Hichcock ambientó Psicosis. Pero a partir de ahora, y espero que por mucho tiempo, se recuerde el Manor House gracias a El motel del voyeur: obsesión, tratado social y periodismo de calidad.


La historia de como El motel del voyeur llegó a mis manos es bastante curiosa. Desde siempre, incluso ya encontrándome estudiando la carrera de Historia, me han atraído más la novela que el ensayo puro y duro. Esto fue así durante un tiempo, es más, no disfrutaba igual cuando me tocaba leer algún libro de filosofía o algún artículo científico. Me gustaba lo que leía, aprendía y resultaba a mis ojos muy instructivo, pero no lograba que aquellos textos me llegasen a apasionar tanto como cuando me adentraba en cualquier buena novela. Todo eso cambió, creo recordar, cuando por casualidades de la vida, tuve que leerme La Mística de la Feminidad de Betty Friedan. Escogí su libro para hacer el trabajo de una asignatura sobre Historia de Estados Unidos y de un día para otro, se convirtió en uno de esos libros que marcarían no sólo mi interés por la literatura y el pensamiento feminista, también logró entreabrir esa puerta tantos años cerrada. Por vez primera, sentí curiosidad por lo real, lo no ficción, esos libros que sin grandes pretensiones logran hablarte de temas de gran actualidad desde la veracidad que implica el ensayo en todas sus dimensiones. Desde ese momento, por mis manos han pasado diversos títulos que se ajustan a esta descripción, hasta llegar a la que se convertiría en uno de mis referentes, Svetlana Aleksiévich. Con ella y con Voces de Chernóbil me introduje de pleno en en el llamado periodismo literario, y para seros sincera, la experiencia me encantó. Tanto que posteriormente he ido ampliando mis lecturas dentro de este tipo de ensayo. Y gracias a ese descubrimiento, y tras indagar un poco en el género, llegué hasta la obra de Gay Talese, respetado periodista y autor de grandes libros de investigación periodística. Al principio, me interesé enormemente por Honrarás a tu padre, pero El motel del voyeur se cruzó en mi camino y el que pudiese tomarlo prestado de la biblioteca de mi barrio, acabó por sepultar mi curiosidad por aquella monumental crónica sobre la mafia. Inicié su lectura al poco tiempo y no sólo acabó por convertirse en una de las lecturas de este verano, sino en un imprescindible con mayúsculas.


Centrándonos en lo que de verdad importa, diremos que El motel del voyeur presenta una lectura amena, muy sutil y que va ganando a medida que vas avanzando. Es inevitable que, hasta el lector menos experimentado en estas lides, acabe leyendo este libro llevado por el morbo. Y puede que así sea, pero, hay que reconocer que Gay Talese, como buen periodista que es, no se deja llevar por la especulación ni por la polémica, sino que cuenta lo sucedido, así, sin más, de la forma más transparente posible. Tras la publicación de este libro en Estados Unidos vino lo previsible: la polémica y el buscarle tres pies al gato. Sin embargo, para el lector siempre le quedará el consuelo de que Talese obró bien, prueba de ello es que esperó a que el verdadero protagonista, Gerald Foos, estuviese preparado para contar su historia. Por otro lado, estamos ante un libro peculiar, un ensayo periodístico, cuya estructura es tremendamente marcada, por la que el lector avanza sin problema alguno. Aunque eso si, tengo que reconocer que cuando el autor llega al meollo del asunto, es decir, al diario del voyeur, la lectura adquiere una dimensión distinta. Si pensabas que iba a ser una narración sin más, estás muy equivocado, El motel del voyeur guarda muchos ases en la manga, y es trabajo del lector sorprenderse cuando los encuentre. Seguidamente, y en lo relativo a esa historia que Talese nos presenta, la verdad es que parece sacada de una película de las de antes. De hecho, en mi mente las imágenes que recreaba eran de una tonalidad uniforme, con ecos al Bates Motel y al Gran Hotel del Norte de Twin Peaks. Pero es cierta, tan cierta como que la lluvia moja el suelo, y alrededor de esa irrefutable verdad, se construye un relato de enormes implicaciones. Cuando el lector se enfrenta a un texto verídico, lo que ocurre es que no puede evitar hacerse preguntas, muchas más que si estás ante un relato ficticio: ¿cómo? ¿cuándo? pero sobre todo, ¿por qué? Ese "por qué" rondaba continuamente mi cabeza y aunque encontrase gran parte de la respuesta en la particular obsesión sexual de Foos, seguía preguntándomelo, pues, esta visto que el ser humano está dispuesto a todo, y cuando digo a todo es a todo, incluso a violar la privacidad tras una mirilla. Cabe mencionar que El motel del voyeur es la conclusión de una investigación periodística pero también un tratado social. Al igual que le sucediese al Marqués de Sade con su producción literaria, Gerald Foos en su particular diario relata no sólo lo que sus ojos ven, si no lo que implícitamente significan esas escenas de sexo en las habitaciones del Manor House. Si el lector sabe leer entre líneas se dará cuenta de que las relaciones sexuales son el hilo conductor perfecto para representar a la sociedad de su tiempo. Y en el caso de El motel del voyeur estamos hablando de un periodo comprendido entre los 60 y los 80 aproximadamente, lo que resulta todavía más interesante, pues podemos apreciar la evolución de la sociedad estadounidense, partiendo del acto sexual hasta llegar a cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales de gran envergadura. Por último, algo enormemente perturbador. Con El motel del voyeur, Talese consigue que el lector se sienta cómplice de Foos y del propio autor. Hasta el punto de que, como bien afirma un crítico del The New York Times: "uno puede admirar este libro y al mismo tiempo arrancarse los ojos". Talese suelta la bomba, la comparte con quiera adentrarse en sus páginas, cuenta lo sucedido, reflexiona sobre ello y confiesa sus sentimientos encontrados respecto al personaje de Gerald Foos. De esta forma, Talese consigue sincerarse con el lector, eso si, dejando a éste con la sensación de haber sido testigo también de las escapadas de Foos a la "plataforma de observación", o lo que es peor, de haber espiado al propio Foos.


En lo que respecta a la reflexión final, era obvio que tratándose de El motel del voyeur, ésta no podía faltar. Y aunque el tema del voyerismo da para más de un debate pertinente, mis palabras las quiero dirigir en otra dirección. Para ser más concreta, es necesario que las apunte directamente sobre los platós de televisión. Si, y es que me sobran razones y argumentos para decir que en este país el trabajo de algunos periodistas deja mucho que desear. A nadie se le debería escapar esta verdad, hace unos días, debido al atentado terrorista que tuvo lugar en las Ramblas de Barcelona, todo el país fue testigo de como algunos que se denominan "profesionales de la comunicación", comenzaron a especular desde el minuto uno. No había pasado ni media hora de los atentados y en las principales cadenas de televisión ya se estaba polemizando, sin darse cuenta de que con sus palabras, conseguían banalizar un acontecimiento tan trágico como crucial de cara a Septiembre, mes en el que se retoma la actividad parlamentaria. Nadie parecía darse cuenta, los españoles ya estábamos lo suficientemente sugestionados por las imágenes que poco a poco aparecían en pantalla como para indignarse por la actitud de los ya conocidos como "tertulianos". Y lo más grave es que esta no es la primera vez que ocurre. En este país los medios de comunicación que en teoría deberían de proporcionar información al ciudadano desde la honestidad que da la profesionalidad y los años dentro de la profesión, han acabado sucumbiendo al espectáculo, al contenido vacío y a la apariencia. Todo con tal de ser tendencia en las redes sociales, porque ahora para nuestra desgracia, se mide en función de cuantos likes consigues en Facebook. Evidentemente, en este país todavía quedan buenos periodistas y es cierto que las nuevas tecnologías pueden hacer que una noticia llegue a más gente, otra cosa es la intención que haya detrás de quien controla dichos canales de difusión. Leyendo a Gay Talese en El motel del voyeur me he dado cuenta de este problema, es más, una servidora no ha podido evitar rendirse ante su talento literario y su calidad como periodista. Da igual en qué medios ha trabajado, dónde ha escrito sus artículos, no me importa si es de derechas o de izquierdas, ni sus opiniones sobre ciertos temas de debate en EEUU. Con este libro Talese irradia verdad, honestidad, humildad, respeto hacia el entrevistado, cautela respecto a las fuentes usadas, pero sobre todo, compromiso con la profesión. Un buen periodista debe escuchar, no dejarse embaucar por cualquier información, mostrar espíritu crítico, llegar hasta el fondo del asunto, saber reflexionar sobre ello, plantear debates a los lectores y a ser posible, buscarle las cosquillas al poder, pues, es una de las armas de contención que todo país democrático posee. Informar desde lo verídico, no desde la mentira o el morbo. Muchos periodistas, cuyos nombres no quiero citar, deberían aprender de Gay Talese, no es el mejor periodista del mundo, pero si uno de los más profesionales que existen. El motel del voyeur: una historia de obsesión, secretos, revelaciones, delito, asombro, promiscuidad, calidad periodística...Un libro difícil de olvidar.

Frases o párrafos favoritos:

"Querido señor Talese: (...) Durante mucho tiempo he querido contar esta historia, pero no tengo talento suficiente y me da miedo que me descubran."

Película/Canción: se ha sabido recientemente que los prestigiosos directores Sam Mendes y Steven Spielger han declinado sus ofertas para rodar una película basada en el libro. Mientras esperamos a que se aclaren los rumores, os adjunto la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Lo se, me muero por un café y una tarta de cerezas.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

viernes, 25 de agosto de 2017

RESEÑA: Alicia en el País de las Maravillas.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Título: Alicia en el País de las Maravillas.

Autor: Charles Lutwidge Dodgson, Lewis Carroll (1832-1898) fue un diácono anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico. El polifacético autor inició su educación en casa, sufrió tartamudeo, sordera y fue un brillante profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford. Su carrera literaria se inició con un éxito discreto entre los años 1854 y 1856, tiempo en el que publicó poesías y cuentos en revistas como The Comic Times o The Train, en las que comenzó a firmar como Lewis Carroll. Pero no fue hasta el 4 de julio de 1862, durante una excursión por el Támesis, cuando el propio Carroll improvisó para las hermanas Liddell una narración que entusiasmó a las niñas. De aquella experiencia y gracias a la insistencia de una de las hermanas, Alicia Liddell, salió el libro Las aventuras subterráneas de Alicia. Años más tarde, movido por el interés que el manuscrito había suscitado entre sus lectores y su agente literario, el libro se revisó y pasó a titularse finalmente como Alicia en el País de las Maravillas, publicado con ilustraciones de John Tenniel. Fue tal el éxito que Carroll decidió escribir una continuación titulada Alicia a través del espejo. Además de otros títulos como Silvia y Bruno o el poema satírico La caza del Snark, Carroll es autor también de numerosos libros de matemáticas, lógica y geometría.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Jaime de Ojeda.

Sinopsis: escrita en 1865, Alicia en el País de las Maravillas es una obra que con el correr del tiempo se ha liberado de su estrecho ámbito original, vinculado a la literatura juvenil. Popularizado por las decenas de versiones que de él se han llevado a cabo, el relato que el reverendo Charles Dodgson, verdadero nombre de Lewis Carroll, escribiera para la niña Alicia Liddell, de diez años, es un delicioso entramado de situaciones verosímiles y absurdas, metamorfosis insólitos de seres y ambientes, juegos con el lenguaje y con la lógica y asociaciones oníricas, que hacen de él un libro inolvidable que habría de tener una secuela equiparable, cuando no superior, en Alicia a través del espejo.

Su lectura me ha parecido: interesante, amena, imaginativa, onírica, inteligente, hermosa, única, inmortal...Como todos bien sabréis, la literatura juvenil esta plagada de toda clase de libros, cuyas historias han logrado traspasar la frontera del tiempo. Ya pueden estar escritas hace más de 100 años, si rebosan de originalidad y han tenido alguna que otra ayudita por el camino, éstas de seguro que se encuentran entre las lecturas preferidas de generaciones enteras. Sus tramas suelen contener problemas típicos, toques de irrealismo, de magia, ecos de una originalidad que pocas veces encontramos en la novela más convencional. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que lo que hoy catalogamos como literatura juvenil, también, ha logrado derribar la barrera de la edad, pues, son también los adultos los que han sucumbido ante este tipo de novela. Ya sea por nostalgia o por alejarse de las lecturas más convencionales, los adultos acaban por adentrarse en este tipo de libros con la misma energía que la de un joven que empieza a dar sus primeros pasos en el mundo de la lectura menos infantil. Su magnetismo es contagioso, y esto nos debería hacer pensar, ser conscientes de lo que hoy llamamos literatura juvenil, puede que ésta no lo sea tanto. Basta con investigar un poco para darnos cuenta de que libros tan clásicos como El mago de Oz, Peter Pan o Tom Swayer son más profundos de lo que parecen, hasta el punto de convertirse en todo un pretexto para criticar, mostrar o burlarse de la sociedad que parió dichos textos. Del libro que hoy tengo el placer de reseñar se han hecho millones de interpretaciones, conjeturas y teorías de lo más variopintas. Exitoso desde el momento de su publicación, elevado a la categoría de imprescindible gracias al cine y finalmente consagrado por la cultura popular. Nadie pone en duda el atractivo que ha suscitado este breve relato a lo largo de los años, cuya protagonista ya pertenece por méritos propios al olimpo de los grandes personajes literarios, junto a Frankenstein o Hamlet entre otros. Estamos hablando, por supuesto de Alicia en el País de las Maravillas: la lógica dentro de la locura.


Alicia en el País de las Maravillas llegó a mis manos hace unos cuantos años, sin embargo, una servidora ya se había adentrado en el universo de Lewis Carroll mucho antes de que me decidiese, por fin, a leer el libro. El primer recuerdo que tengo de Alicia en el País de las Maravillas, y me imagino que a muchos os pasará lo mismo, es de cuando era pequeña. Gracias a aquella magnífica película de la factoría Disney, muchos de los que hoy rondamos los veintipocos, conocimos por primera vez a Alicia, al conejo blanco, al gato Chesire, al Sombrerero Loco y por supuesto a la malísima Reina de Corazones. Frases como "¡son más de las tres!" o "¡que le corten la cabeza!" acabaron formando parte de nuestra vida y de nuestros recuerdos de niñez. Años más tarde, me volví a reencontrar con la historia y sus personajes gracias a un bellísimo libro ilustrado. No se si se publicó por el aniversario del autor, pero lo que si que sabía era que aquel fue uno de los libros más bonitos que había visto nunca. Evidentemente se trataba de una adaptación, pero eso no quitaba que una servidora disfrutase de su lectura, así como de las maravillosas ilustraciones que poblaban el libro. Y justo antes de que la versión original acabase en mi abarrotada estantería, no pude pasar por alto la interesante, que no fiel, adaptación del maestro Tim Burton. Tras verla y aunque el resultado no fue el que esperaba, la película logró acrecentar mi más profunda admiración por la originalidad y la desbordante imaginación del director norteamericano. Así, de esta forma tan curiosa, después de haberme empapado durante años y años de Alicia y de sus icónicos personajes, llegamos al día de mi cumpleaños. No recuerdo exactamente cuantos años cumplía, pero si que se que el regalo estrella de aquella celebración fueron tres libros: Viajo sola de Samuel Bjork, Las uvas de la ira de John Steinbeck y como no, el Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Tapa blanda, portada amarilla y editado por Alianza Editorial; era imposible que pasase desapercibido ante mis ojos. Tardé un tiempo en animarme a leerlo, pero cuando lo hice, ya no había vuelta atrás. Acababa de redescubrir una historia no sólo mítica, también, todo lo que un cuento tan conocido puede esconder bajo una infantil apariencia.


En lo que respecta a la crítica literaria propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Alicia en el País de las Maravillas presenta una lectura ligera, rápida y sorprendentemente amena. Lo que en cierto sentido es sorprendente, pues, no debemos pasar por alto que esta novela se publica en pleno periodo victoriano, un tiempo en el que encontramos a figuras como Charles Dickens, cuyas novelas no se pueden describir precisamente como amenas. Pero es cierto que durante esta época, libros como el que hoy reseñamos tendrían bastante cabida entre el público menos especializado y más popular, a pesar de la extraordinaria profundidad que éste manifiesta. En relación precisamente con esto último, os recomiendo que si algún día os decidís por leer Alicia en el País de las Maravillas, lo hagáis con calma, aunque la propia dinámica del libro obligue al lector a pasar aspectos por alto. Leer a contracorriente, con detenimiento, fijándoos en todo, pues, éste es uno de esos libros que esconde muchas sorpresas. Centrándonos en la historia que se narra, que duda cabe que todos la conocemos, o al menos hemos oído hablar de ella. No existe lector que no haya visualizado en su mente alguna de las partes más famosas del libro. El cine tiene parte de culpa, pero también, la elevación de sus personajes a mitos inmortales de la literatura y de la cultura popular. No obstante, y he aquí la paradoja, a través de estos canales de difusión, se ha promovido una visión de Alicia en el País de las Maravillas que dista ligeramente de lo que se narra en el libro. Es cierto que a raíz de este fenómeno cinematográfico ha aumentado el interés por el relato y son muchos los que han acabado sucumbiendo a su lectura, pero, a pesar del paso del tiempo, todavía seguimos asociando la Alicia de Lewis Carroll con la Alicia de Walt Disney. No quiero quitarle mérito a Walt Disney, pues, de seguro que sus películas han logrado promover la lectura de ciertos cuentos infantiles, pero, hay que mirar más allá del dibujo animado. Dejando de lado esta pequeña apreciación, insistimos en que Alicia en el País de las Maravillas muestra más de lo que nos han querido vender. Este es un libro profundo disfrazado intencionadamente de una apariencia maravillosamente onírica. Aspecto que no podemos evitar asociar con ese lado infantil que todos tenemos en nuestro interior. Pero lo cierto es que Alicia en el País de las Maravillas es lógica, es contundencia, es firmeza, es matemática pura. Como un puzle en el que poco a poco van encajando las piezas, una máquina que hay que ir construyendo poco a poco. Si lo leéis lo entenderéis perfectamente, aunque, y ahí reside lo maravilloso de este libro, se presta a diferentes y de lo más variadas lecturas. Todo depende del ojo con el que se mire. Por último, no podía dejar de lado un aspecto crucial dentro de este libro, y es que sus personajes, desde Alicia, icónico personaje, hasta la última carta de la guardia personal de la Reina de Corazones, pasando por el Conejo Blanco o el Gato Chesire, merecen un exhaustivo análisis. Nadie duda de su importancia ni de las interpretaciones que se han hecho de cada uno de ellos. Sin embargo, y por no extenderme más en este apartado, pues se han dicho ya muchas cosas, sólo me queda decir, queridos lectores, que sólo vosotros podéis sacar conclusiones de esta lectura. Merece la pena adentrarse en ella, no sólo por su calidad literaria y la capacidad de Carroll para crear mundos inventados, también por las interpretaciones que podáis extraer de su lectura. Interpretaciones como la que una servidora os expondrá en el último párrafo.

Como ya he comentado, no puedo marcharme sin antes, en el pequeño espacio que me queda, dedicarlo a reflexionar sobre Alicia en el País de las Maravillas. Es cierto que en más de una ocasión los debates que me he planteado tras leer un libro han sido en relación con algún aspecto de rabiosa actualidad, otras veces éstos han sido más abstractos y sólo cuando era estrictamente necesario, se han ceñido a una interpretación personal de la lectura finalizada. Pues bien, ya que nos encontramos ante un texto de gran importancia literaria y popular, no he podido evitar decantarme por ésta última. Como todos bien sabréis, o al menos lo conoceréis por oídas, Alicia en el País de las Maravillas es un libro machacado, analizado al milímetro y que por consiguiente, ha servido como base de estudio, dando lugar a mil y un interpretaciones, cada cual más diferente. Sin pretender ser pretenciosa, pues cualquier lector es libre de dar su propia opinión, ni me voy a decantar por aquellas visiones simplistas ni por aquellas que sugieren que el propio Lewis Carroll tenía una oscura obsesión por Alicia Liddell, la niña que inspiró al autor y cuya foto podéis contemplar al principio de la reseña. En su lugar, prefiero decir que Alicia en el País de las Maravillas, como relato publicado en una época muy concreta de la historia, sugiere una alocada y cuerda crítica  a la sociedad de su tiempo. El momento en el que nace Alicia en el País de las Maravillas resulta ser un tiempo de marcados contrastes. Por un lado la expansión colonialista británica por medio mundo provee al país de riqueza y de poder dentro de las relaciones internacionales, pero por el otro, como consecuencia de la Revolución Industrial, la miseria se extendía por todas las zonas industriales, incluyendo la capital, creando auténticos barrios marginales, hostiles y desamparados. Si el longevo reinado de Victoria I aseguraba estabilidad frente a posibles reveses, la población estaba sujeta a una serie de normas moralizantes que no hacían sino constreñir aún más los derechos de sus ciudadanos. Todo sea dicho, la sociedad británica, incluso la de nuestro tiempo, no deja de lado ciertas costumbres ya famosas por antonomasia, tales como el té con pastas o la puntualidad tan universalmente conocida. Dicho esto, lo que pienso sinceramente es que Carroll, Dodgson al fin y al cabo, no estoy tan segura si conscientemente, pues el punto de partida del libro es bien distinto, consiguió que le saliese algo más profundo. Todo ese colorido, esa fantasía, esos animales que hablan, ese sombrerero chalado, esa monarca despiadada...No es más que una crítica a esas costumbres impuestas o que hacemos por inercia. Ya no sólo hablamos de las típicamente inglesas, pues se hace explícita referencia a ellas, también se puede extrapolar a todas ellas en general, además de un canto a un cierto tipo de libre albedrío. Ese en el que tienen cabida todo tipo de locuras dentro de un orden milimétricamente calculado. Tras esto, me gustaría pensar que algo así podría tener cabida en nuestro subconsciente, de hecho, todos llevamos a un loco dentro que se muere por salir al exterior de vez en cuando. Por ello, creo que Alicia en el País de las Maravillas es un canto a la despreocupación, a la desinhibición, al caos, claro está, dentro de un límite. Algo que sinceramente, deberíamos practicar todos de vez en cuando. Alicia en el País de las Maravillas: una historia de imaginación, locura, ingenio, lógica, metáforas, sonidos, profundas reflexiones, frases memorables...El libro que todos debemos tener en nuestra estantería.

Frases o párrafos favoritos:

"Estás loco, pero te diré un secreto: las mejores personas lo están".

Película/Canción: aunque la más famosa es la versión de Disney, estrenada en 1951, existen otras adaptaciones. Desde la primera fechada en 1903, hasta la versión de Tim Burton en el 2010, pasando por la de 1999 que adaptó el clásico a formato televisivo. Sin embargo y debido a mi pasión por las bandas sonoras, os adjunto una pieza extraída de la adaptación de Tim Burton cuya magia se nota desde el primer minuto. Disfrútenla.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 22 de agosto de 2017

NUEVA TEMPORADA 2017-2018

NUEVA TEMPORADA

¡Buenos días queridos lectores/as! Un año más y como no podía ser de otra forma, Jimena de la Almena, un espacio donde la critica, la reflexión, el debate y la literatura convergen armoniosamente; inaugura nueva etapa tras las vacaciones. Antes de nada, me gustaría agradecer a esos 1.351 seguidores que se han mantenido fieles a lo largo de ese mes, a todos ellos gracias, sin vosotros este lugar no sería lo mismo. En esta nueva temporada retomaremos con fuerza las entrevistas a blogueros, habrá más preguntas a debate y entrevistas a autores noveles (y esperemos que a alguno no tan novel). Seguiremos prestando especial atención a los clásicos de la literatura universal, esos que sustentan parte de nuestra cultura y que cuya importancia ha sobrepasado los limites del tiempo. Además, gracias a la colaboración de este blog con algunas editoriales de prestigio, lograremos fomentar más aún ese objetivo, acercar la literatura de calidad al público más exigente y hambriento de buenas historias. Para finalizar esta entrada y como ya va siendo tradición, os escribiré las tres pistas del primer libro que reseñaremos en esta nueva temporada 2017-2018. Un título que debería haber ingresado en nuestra particular biblioteca virtual hace ya mucho tiempo.

1. Clásico del siglo XIX.
2. Su autor fue profesor de matemáticas y diácono.
3. "Estás loco, pero te diré un secreto: las mejores personas lo están". 

...Espero vuestras respuestas...

¡Un saludo y a seguir leyendo!