miércoles, 14 de marzo de 2018

RESEÑA: El despertar.

EL DESPERTAR

Título: El despertar.

Autor: Line Papin (Hanói 1995), de padre francés y madre vietnamita, reside en Francia desde los diez años. Tras graduarse en letras en el Lycée Fénélon, estudia un Máster de Historia del Arte en La Sorbona. Con El despertar ganó en 2016 el Premio Literario de la Vocación, así como el Transfuge a la Mejor primera novela francesa. (Fuente: Alianza Editorial).


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: francés.

Traductor: Alicia Martorell.

Sinopsis: cuatro jóvenes expatriados con una sed insaciable por lo desconocido se aman y se pierden en la argarabía de las tórridas callejuelas de Hanói, bajo el sol abrasado de Asia que se beben a sorbos. Se refugian del tumulto de la selva de gritos y de bocinas al bode de piscinas en cuartos sombríos donde se sumergen en el deseo, la indolencia y el alcohol; sus sentidos despiertan a la rabia, a la soledad y a la sexualidad...Es una historia de amor y de desamor desbordante de pasión y de locura, a la vez que cándida y voluptuosa, lasciva y soñadora. (Fuente: Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: fresca, ágil, breve, libre, reflexiva, intimista, elegante, poética, un torrente de emociones constante...El mundo cambia, todos lo sabemos. Evoluciona, hacia adelante, aunque a veces nos parezca lo contrario. Al igual que el mundo, ese ente abstracto y concreto a la vez, se mantiene en un constante cambio, el panorama literario internacional no es ajeno al paso del tiempo. Cada año que pasa aparecen nuevos autores a los que el mundo de la literatura, en casos bastante excepcionales, debe acoger y proteger inmediatamente ante el éxito comercial de los best sellers más facilones y ante un público de lectores en ocasiones cruel y despistado. Ese cambio generacional no trae consigo nuevos temas de disertación o reflexión literaria, sino una nueva y renovada mirada sobre aquellos tan universales como el amor, la amistad, la incomunicación, la venganza, la tristeza o la soledad entre otros muchos. Las nuevas tecnologías han jugado un papel clave en este nuevo camino que se abre, pero también, un contexto en el que hoy por hoy los jóvenes se sienten más perdidos que nunca. Diferentes a la generación de sus padres, tratan de buscar su lugar en un mundo cada vez más globalizado, conectado y exigente. La autora que ha debutado con el libro que hoy reseñamos nació en 1995, por lo que pertenece a la generación que los medios de comunicación han catalogado como "Milennial". Pero más allá de las etiquetas, Line Papin, que es así como se llama, ha conseguido construir en 199 páginas una historia interesante y que, aunque se nota que éste es su primer libro, no está mal para ser la primera novela. El despertar: el poético descubrimiento del sexo en la húmeda Hanói.


La historia de como El despertar llegó a mis manos gracias a un pequeño pero fortuito descuido. De hecho, la novela de Lipe Papin trajo con ella un inesperado compañero de viaje. Me explico. Como muchos ya sabréis, desde hace bastante tiempo estoy colaborando con algunas editoriales con la intención de ir descubriendo nuevos autores y autoras e ir desempolvando muchos clásicos olvidados de la literatura que merecen, como mínimo, ser más conocidos a través de reseñas literarias. Alianza Editorial, la primera editorial con la que comencé a colaborar hace unos años, me envió el mes de mayo del pasado año un paquete en cuyo interior estaría, por descontado, El despertar de Line Papin. La verdad y para seros sincera el libro no me llamó la atención en un primer momento, sin embargo, en cuanto me adentré en la sinopsis, pero sobre todo, en cuanto supe de la juventud de la autora, comencé a interesarme por él. Me entró curiosidad por conocer su estilo y como se desarrollaba la trama que plantea la sinopsis. Volviendo al momento en el que el cartero me entregó el paquete, comprobé que en aquel sobre había algo más, que El despertar no era el único título que me habían hecho llegar. En cuanto lo rompí me encontré, además de con El despertar, con una pequeña novela titulada Jardín de Invierno, escrito por Valerie Fritsch. Este último libro fue el primero que leí de los dos, y en septiembre de ese año, tras las vacaciones de verano, protagonizó una de las reseñas del mes. Sin embargo, el libro de Papin siguió ocupando un estante en mi adorada estantería durante un tiempo, hasta que un día, sin previo aviso, esa curiosidad regresó a mi, impulsándome a que de una vez por todas me adentrase en sus blancas páginas. La lectura la recuerdo rápida, sin presiones, en uno de esos momentos de equilibrio entre lo personal y profesional. Por lo que el resultado acabó siendo ligeramente mejor de lo que en un principio esperaba.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que El despertar presenta una lectura muy sencilla, amena y rápida de leer; pero sin rechazar un estilo poético y elegante al mismo tiempo. Un lirismo que en ocasiones resulta demasiado persistente y que abruma en cada página que el lector deja atrás. Esto es normal en los primeros textos literarios, todos queremos transmitir sentimientos y que la fuerza de éstos sea lo más importante y lo que el lector recuerde una vez finalizas la lectura. Pero en el caso de El despertar la poesía lo inunda todo, algo que juega en contra de la propia trama desvirtuándola y volviéndola previsible, hecho que sin duda resta emoción en quien se adentre en este libro. Este es el principal fallo, aunque también digo que éste es el primer libro de la autora, por lo que aún tiene mucho margen si decide, que espero que si, proseguir con su carrera literaria. El despertar narra un tipo de historia que todos ya hemos leído o visto en el cine en más de una ocasión. Line Papin cuenta al lector la historia de varios jóvenes expatriados en la ciudad vietnamita de Hanói. La historia de Juliet, hija del embajador australiano, quien vive un particular despertar sexual con un camarero cuyo nombre nunca conoceremos. La historia de ese misterioso camarero, quien disfruta de los encuentros con Juliet y que, al igual que ella, se siente tremendamente perdido. La historia de Laura, francesa de nacimiento, la otra mujer en la vida del camarero sin nombre. Y la historia de Rapaël, amigo, confidente y testigo de esta particular y libre relación sin ataduras ni compormiso. Gracias a la oralidad, recurso que Papin emplea con agilidad, conocemos a los personajes desde una perspectiva pocas veces vista en literatura. El despertar es más una novela hablada que escrita, muestra de ello es la construcción de algunos de los breves capítulos, basados única y exclusivamente en conversaciones. Unas veces con Raphaël, en las que se refieren a situaciones vividas por los demás personajes. Y otras veces entre Juliet y el camarero, distinguiéndose sus voces por matices referentes al lenguaje, siendo ella más elegante y él más rudo. Conversaciones que acaban por construir un colectivo monólogo interior que domina y caracteriza la totalidad de la novela. Mención a parte merece la descripción de una ciudad como Hanói, vista desde los ojos de alguien, la propia Line Papin, que ha nacido allí y que ha tenido que dejar sus orígenes atrás para continuar en otro país. Una Hanói tropical, fresca, húmeda, ruidosa, caótica, sensual, hostil, cuyo bullicio se siente en cada calle y plaza. Esto ha sido, sinceramente, uno de los aspectos que más me ha gustado de El despertar, eso y el tema principal que sobrevuela la novela y que merece, como no podía ser de otra forma, protagonizar el siguiente y último párrafo.

Como ya he comentado al final del anterior párrafo, éstas últimas líneas me gustaría usarlas para hablar de un tema de gran actualidad y que vertebra la novela de Papin: los expatriados. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), expatriado viene a ser alguien que vive fuera de su patria. Otros diccionarios amplían más la definición diciendo que el expatriado vive de forma temporal o permanente en un país diferente al que nació. Un hecho que influye de manera determinante en El despertar, pues, todos sus personajes no son naturales de Hanói y se sienten perdidos en una ciudad que, a pesar de que se ha convertido en su hogar, ellos no sienten como suya. El expatriado puede ser perfectamente alguien que escapa de una cruenta guerra y se ve obligado a vivir en un lugar desconocido, lejos de la tierra que lo vio nacer y que ha marcado parte de su existencia y construcción como persona. Este ejemplo lo podemos ver en los ojos del pueblo Sirio o en el de los Rohingyas, supervivientes de una limpieza étnica en su país de origen, Birmania. Pero, y sin olvidar la dureza de este tipo de expatriados, también podemos encontrar unos sentimientos parecidos en los jóvenes que, por culpa de la crisis y el desprecio a su talento por parte de los gobernantes, se ven obligados a hacer la maleta e irse a otro país en busca de oportunidades laborales y profesionales, las cuales en sus países de origen difícilmente conseguirían. Científicos, músicos, profesores, historiadores, bailarines, médicos, abogados, arquitectos, dibujantes...Ninguna rama del conocimiento y ningún sector se libra de poder verse en esa situación, en la situación de tener que dejar a tu familia y amigos en el país en el que naciste para empezar, en algunos casos prácticamente de cero, en un país que te es extraño. Al principio la perspectiva de estar en una ciudad nueva abruma, y más si esta la has visto durante toda tu vida por televisión o los libros. Pero ese entusiasmo inicial acaba menguando con el paso de los días, meses y años en el peor de los casos, hasta desembocar en una nostalgia casi perpetua y que aparece en los momentos más difíciles. Vivir en el extranjero es una experiencia enriquecedora pero en la que no todo es felicidad, disfrute y turismo. Hace unos años, la ministra de empleo de este país se refirió a todos esos jóvenes que emigran por la falta de oportunidades como "jóvenes aventureros". Una frivolidad que evidenció no solo la fuga de cerebros que por aquel entonces comenzaba a producirse, también la falta de empatía y preocupación por las generaciones que ven su futuro negro o incierto en el lugar donde nacieron. Si los gobernantes se levantasen de sus cómodos sillones, si se sacudieran esa capa de caspa y si bajasen al mundo real, muchos de los que hoy dicen que irse al extranjero es una aventura matizarían sus comentarios. Aventura, si, pero con inconvenientes. Nada es perfecto, la vida no es perfecta y mucho menos la de un expatriado que no puede en el fondo evitar interesarse por lo que ocurre en su patria y sentirse conectado a ella. El despertar: una historia de amor, sexo, confesiones, libertad, ruido, calor, destinos provisionales, desorientación...Un despertar en todos los sentidos.

Frases o párrafos favoritos:

"No, no se trata todavía del despertar, del autentico, de momento solo despierta mi atención, y debajo, en el estrato más profundo, nos abriremos, caeremos y nos revolcaremos."

Película/Canción: en vistas de que no hay noticias de una posible adaptación, he decidido adjuntar la pieza de BSO que me ha acompañado a lo largo de la redacción de esta reseña. La película no tiene nada que ver con la trama de El despertar, pero su melodía embriaga, emociona y expresa el deseo, ese deseo tan latente en Juliet y el camarero sin nombre.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

3 comentarios:

  1. Pues ni idea de este libro. Primera vez que lo veo, y desde luego has sabido dejarme con muchas ganas.
    Besotes!!!

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  2. Yo también es la primera ve zque lo veo, como Margari.
    Lo anoto y lo indago.
    Besos.

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  3. no conocía esta novela pero aunque tu reseña ha sido genial creo que no me atrae lo suficiente esta historia, así que creo que la dejaré pasar.
    Una gran reflexión final, más de uno y una en posiciones de poder debería leerla, nunca es fácil dejar atrás el lugar donde naciste.

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