viernes, 24 de mayo de 2019

RESEÑA: El sabor de las penas.

EL SABOR DE LAS PENAS

Título: El sabor de las penas.

Autor: Jud Morgan, nació y se crió en Peterborough, en el este de Inglaterra. Ademas de El sabor de las penas, ha publicado cinco novelas más, aún no traducidas al español tales como The secret life of William Shakespeare, Indiscretion, The King´s touch o A Little Folly entre otras.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductora: María Corniero.

Sinopsis: Cumbres Borrascosas de Emily, Jane Eyre de Charlotte, Agnes Grey de Anne... Tres novelas inolvidables obra cada una de las hermanas Brontë que siguen emocionándonos y atrapándonos aún hoy. Pero ¿cómo pudieron ser la existencia, los sinsabores, los amores de las mujeres que idearon estas historias? Jude Morgan novela en El sabor de las penas la oscura existencia de las tres hermanas en la rectoría Haworth, regentada por su padre Patrick en los inhóspitos páramos de Yorkshire. Allí transucrren sus vidas, plagadas de penalidades, de las que escapan fantaseando con mundos imaginarios, mucho más atractivos que la realidad, y con la escritura. Y de estas páginas que crean con magnífica verosimilitud la historia y la época en que vivieron surge una novela intensa, teñida por las mismas emociones y desgarros que transmitieron sus obras.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, tremendamente irregular, con una narración algo confusa, excesivamente lúgubre, pesimista hasta decir basta, un trampolín para sumergirte en las fuentes históricas que importan... Aproximarse a la vida de un personaje histórico concreto desde la literatura o la investigación histórica siempre conlleva sus riesgos. Salvo que dicha figura ilustre, gracias a la correspondiente investigación previa, sea rescatada de debajo de la espesa y alérgica capa de polvo, y por tanto, una novedad ante los ojos de millones de lectores en todo el mundo; en el resto de casos no hay vuelta atrás, o lo tomas o lo dejas. Siempre habrá quien reconozca el trabajo de la o el biógrafo (hasta el punto de presentar el objeto de tus desvelos en universidades o centros de estudios especializados) o que, desde la pasión por el conocimiento, pueda aproximarse a un género tan poco dado a mover a las masas. Pero también, por supuesto, habrá quienes aporten argumentos de peso contrarios a la biografía en cuestión. Éstos provienen, sobre todo, o bien investigadores especializados en su figura, o directamente, si la mujer o el hombre de quien escribes tiene tirón, de un "fandom" realmente puesto en el tema. Todo tienes sus inconvenientes y hay que conocerlos si se ha tomado la decisión de aventurarse a escribir un proyecto literario de estas características. No obstante, también existe otra vía, igual de laboriosa pero en apariencia menos arriesgada: la de optar por una novela que narre la vida de X persona que existió de verdad. Pero claro, se puede hacer muy bien - son incontables los ejemplos - simplemente bien o regular. Por desgracia, el libro que hoy tengo entre mis manos de nuevo, encaja en la tercera categoría, no por ser un aburrimiento o por falta de documentación, sino por mostrar una visión demasiado oscura de la vida del trío de hermanas más famoso de la literatura. El sabor de las penas: la imperfecta novela sobre el legado de las hermanas Brontë.

   Cuando accedí a darle una oportunidad a El sabor de las penas a penas sabía en donde me estaba metiendo. De hecho, como ya he comentado en más de una ocasión - y seguiré repitiéndolo siempre que se presente la ocasión - no soy una entusiasta acérrima de las hermanas Brontë. Si acaso, sólo me quedo con Anne,  a mi juicio la más talentosa, avanzada para la época y más ninguneada por la crítica y por los especialistas. Agnes Grey no puede ser más interesante si la analizamos desde una perspectiva de género. De las otras dos, por descarte, me quedo con Charlotte, porque Jane Eyre está bastante bien escrita - a pesar de ese final que desmonta por completo cualquier teoría feminista que se haya podido formular entorno a ella - y porque nos presenta a una protagonista que o la odias o la amas. Por último, con Emily - paradójicamente la que mejor suerte ha corrido de las tres en cuanto a popularidad tras su muerte - tengo un problema serio, y es que Cumbres borrascosas es uno de esos clásicos que respetaré, sí, pero desde la distancia, desde la posición de alguien que no consiguió conectar con sus personajes, ni con la trama ni con ese melodrama tan telenovelesco. Sólo sus paisajes - y sobre todo ese espectacular inicio - se salvan por los pelos de la quema metafórica (no nos pongamos pirómanos ahora de repente). Aún así, y a pesar de esa agridulce relación entre el universo Brontë, tenía ganas de leer una novela sobre sus vidas. En esos momentos me pareció interesante observar como, en este caso Jude Morgan, se aproximaba a la obra de las ilustres hermanas no tanto desde una perspectiva puramente biográfica, sino más bien cercana a un medio menos farragoso de leer. No os imagináis lo aburridas que resultan en ocasiones leer algunas de estas vidas aparentemente apasionantes. Si algo me ha enseñado El sabor de las penas - tras su azarosa lectura - es que el estilo es vital, lo que mantiene en estos casos al lector enganchado a la página. De lo contrario, el libro se convierte en una sucesión de indigeribles capítulos que ponen en peligro esa mágica conexión tan básica en la literatura. El sabor de las penas resultó ser, por lo tanto, un quiero y no puedo. ¿Entretenido? Por supuesto, pero plagado de "peros".

   Como he comentado antes, no estamos ante una biografía, sino frente a una novela que pretende hacer las veces de puente entre la bibliografía especializada y la ficción más especulativa. De hecho, no pasa por alto las veces en las que Morgan no tiene más remedio que sucumbir a la invención en los episodios donde la oscuridad es más acuciante. Esto no es un delito, ni está mal visto por la comunidad literaria, por no hablar de que en el mundillo de la novela histórica es el pan nuestro de cada día. Sin embargo, esta pequeña licencia que todos asumimos como coherente puede volverse en contra del propio autor. Ya que al asumir la responsabilidad de rellenar de ficción los huecos carentes de información el autor aporta, sin querer, su visión personal sobre el tema, lo cual puede cambiar mucho la historia. Algo que si existe un club de fans potente puede crear opiniones enfrentadas, dado que no a todo el mundo le gusta leer una versión contraria a la suya. ¿Cuál es entonces la visión de Jude Morgan respecto a las Brontë? Pues tremendamente pesimista. Hasta el punto que resulta por momentos inverosímil. ¿De verdad no tuvieron un momento bonito en sus vidas? ¿De verdad su existencia fue una concatenación de desgracias, cada una más trágica que la anterior? Es cierto que ninguna de ellas lo tuvo fácil, y menos siendo mujeres en plena era victoriana, pero me cuesta creer que no existiesen pequeños rayos de sol entre tanta niebla. Y si a todo eso le añades una narración un tanto desconcertante en la que se cambia constantemente de tiempo verbal y en la que se echa de menos un peso contundente, algo que estilísticamente te ate a la historia, convierten en El sabor de las penas en una novela más sobre las hermanas Brontë. Pese a todo, el texto de Morgan es disfrutable, con un mínimo grado de entretenimiento y con una base lo suficientemente atrayente como para que el lector sienta al menos cierta curiosidad sobre la figura de las tres escritoras más allá de sus escritos. Como no, la base de Elisabeth Gaskell está ahí (amiga íntima de Charlotte y autora de una de las primeras biografías de la mayor del clan Brontë), pero cabría hacer una reflexión al respecto. Es verdad que el testimonio de Gaskell es de los más verídicos que existen, dado a su profunda amistad con la autora de Jane Eyre y por ser coetánea a la vida de al menos una de ellas. Sin embargo, ¿es suficiente? ¿Seguro que no hay más documentos que complementen la visión de Gaskell? Pues al fin y al cabo estamos ante una perspectiva más, una opinión que merece ser contrastada sin desestimar su valor tanto histórico como documental.

   ¿Sabremos alguna vez cómo fueron en realidad Charlotte, Emily y Emily Brontë? Probablemente nunca podamos ni siquiera aventurarlo. Tal vez la versión oficial, a la que se agarra Jud Morgan con todas sus fuerzas en El sabor de las penas, sea la más asentada y popular de todas. Esa que dice que Charlotte - insegura en cuanto a su aspecto físico pero valiente y decidida - era la que tenía más claro que quería ser escritora, que Emily - solitaria y de difícil carácter - a penas salió de Haworth y que Anne - la más mimada e influenciada por su tía - fue durante décadas la gran olvidada por la crítica literaria. Esa que, por extensión, nos asegura que Branwell - hermano díscolo y alcohólico con un futuro prometedor tirado por la borda - tuvo una vida aún más oscura que la de sus hermanas, o que Partick Brontë - el patriarca de la familia - mantenía  sus hijas recluidas en la rectoría pero con la libertad de poder leer cuanto quisieran de su espectacular librería. No obstante, también existen teorías - algunas de ellas muy locas - que hablan de incesto - entre Emily y Branwell - de homosexualidad - en el caso de Branwell - o incluso de celos entre hermanas - estudios apuntan a que la causa de que la obra de Anne Brontë haya tardado tanto en salir a la luz se debió al empeño de Charlotte por ocultarla, menospreciar su trabajo o incluso destruirla -. Entre realidad, ficción y especulaciones varias, lo que está claro es que independientemente de si amamos en su conjunto la prosa de dichas autoras o si por el contrario la aborrecemos, la cuestión es que no podemos pasar por alto su ejemplo. Tres mujeres, perdidas entre agrestes páramos y siendo constantemente juzgadas y controladas por el machismo de la época, fueron capaces de unir fuerzas para sacar adelante tres novelas que a la larga formarán parte de la literatura universal. Y todo ello, como he dicho, sin moverse a penas de Yorkshire y entre los muros de la rectoría de Haworth. Su legado literario sirve, sin duda, como ejemplo ya no sólo para todas aquellas niñas que sueñan con ser escritoras, también para hacernos ver a las mujeres que cualquier empresa es posible con esfuerzo, dedicación y muchas horas de trabajo. Paradójicamente, y aunque tuvieron que firmar bajo pseudónimo, Charlotte, Emily y Anne vivieron su anodina existencia ajenas al hecho de que media Inglaterra se estuviese preguntando, maravillada, quienes eran los hermanos Bell. Sólo Charlotte - durante un corto periodo de tiempo - disfrutó de las mieles del éxito mientras sus hermanas aguardaban a que la historia, por fin, las devolviese al lugar que les correspondía.

   El sabor de las penas: una historia de unión, sororidad femenina, reclusión, alcoholismo, rivalidades, mucha oscuridad... Una novela que te empuja a investigar el universo Brontë mas allá de lo que todo el mundo sabe.

Frases o párrafos favoritos:

   "- ¿Entonces no quieres que lo que escribes agrade a los lectores? ¿Qué efecto pretendes causarles?  
     Emily adopta su vieja pose de estar a la escucha y luego rompe a reír, como si una voz invisible le hubiera contado un chiste.
     - Pretendo enfurecerlos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

3 comentarios:

  1. Buen fin de semana y gracias por la reseña.

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  2. Totalmente de acuerdo. Irregular en su ritmo, demasiado pesimista... Y pese a todo termina siendo entretenida y, sobre todo, te deja con ganas de saber más cositas de estas hermanas.
    Besotes!!!

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  3. Hola! No conocía este libro pero ha gustado mucho su argumento y sin duda parece muy interesante así que me lo apunto. Gracias por la reseña.

    Un saludo!

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