domingo, 23 de enero de 2022

RESEÑA: Ensayo y (error) Benidorm.

 ENSAYO Y ERROR BENIDORM


Título: Ensayo y error Benidorm. 

Autoras/es: Leo Bassi, Joaquín Rodríguez, María Teresa Campos, Iago Carro, Ana Fernández, Vicenta Orquín, Marta Sanz, Josa Ppiqueres, Carlos Ferrater, Felipe Hernández, Alberto del Castillo, Ion de Sosa, Alberto Alcaraz, los alumnos del CEIP Ausias March de Benidorm, Boris Strzelczyk, Javier Calderón, Kike García, Alejandro Guijarro, Christina Linares y Kike Parra. 

Editorial: Barrett

Idioma: español. 

Sinopsis: con un desarrollo urbanístico muy particular, eficiente y sostenible, Benidorm es conocida como la "Nueva York del Mediterráneo" por la cantidad de rascacielos que dibujan su silueta, y que tratan de alojar la ingente cantidad de turistas que todos los años la visitan. Al igual que su arquitectura, sus habitantes y sus costumbres culturales, económicas y sociales han evolucionado a pasos agigantados desde que a mediados del siglo XX el Boom turístico transformara Benidorm. Ensayo y (error) Benidorm es una reflexión sobre la ciudad de Benidorm que trata todos estos aspectos de una forma singular, desterrando el concepto de ciudad con un turismo rancio o anticuado o el arquetipo de destrucción costera. Aquí participan veinte profesionales de diferentes ámbitos, dando una visión heterogénea y multidisciplinar. La arquitectura (Carlos Ferrater) y el urbanismo (Iago Caro), el cine (Ion de Sosa), la música (Joaquín Rodríguez de Los Nikis) o la literatura (Marta Sanz y Kike Parra) entre otros. 

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, interesante, magnética, literaria, fotogénica, melómana, cinéfila, estética, divertida, desprejuiciada, inspiradora... Durante el proceso de reconexión con el presente libro - cuya lectura tuvo lugar en el primer tramo del segundo agosto pandémico que transcurrió tranquilamente entre procesiones a la playa, tardes de helados de frambuesa observando el ligero transitar de los retostados turistas y siestas al son de la telenovela de turno - revisité Nieva en Benidorm de Isabel Coixet. Cinta que, al contrario de lo que muchos críticos y espectadores opinaron al respecto, me parece soberbia en su baile de imágenes más propias de un sueño que de la propia realidad. En ella, un acertadísimo Timothy Spall dando vida a un insulso aunque entrañable Peter Riordan se adentra en la idiosincrasia de una ciudad que parece crecer hacia el cielo. Sus ojos se ciegan ante el primer rayo de sol nada más salir del aeropuerto, el cual no duda en fotografiar en cuanto llega a la lujosa habitación de un hermano que no da señales de vida situada en uno de los rascacielos más altos de la imponente urbe. Obsesionado con los fenómenos climatológicos - cliché británico donde los haya - toma instantáneas también del moteado cielo que protagoniza su primer día en un lugar en el que se siente perdido. Sus ojos son el vivo reflejo de la incredulidad, la sorpresa, pero también de ciertos prejuicios sobre Benidorm, destino favorito de los ingleses en el que, sin embargo, se siente como un pez fuera del agua. Encorvada, su figura resulta cómica a cada paso y descubrimiento que la ciudad levantina le brinda. Como cuando irrumpe en plena clase de baile de jubilados en medio del paseo marítimo, cuando prueba por vez primera el pulpo y las anchoas con tomate o, sobre todo, cuando deambula entre luces de neón, despedidas de solteras, flayers de clubs de strippers, camellos ofreciendo su mercancía - incluyendo, como es lógico, la viagra en su catálogo de ofertas lisérgicas - y compatriotas desfasando hasta límites que rozan el ridículo más espantoso mientras el Yes Sir, Can Boogie aporrea los tímpanos del pobre protagonista. Imitadores de Elvis, serpientes, tangas en forma de bogavante y espectáculos eróticos en los que se extraen perlas de la vagina. Todo tiene cabida en el espectáculo kitsch que es la noche en Benidorm. O más bien de ese Benidorm, de ese microcosmos particular que la directora nos ha querido mostrar. En el mar de rascacielos, nuestro Peter Riordan se percibe un intruso, una hormiga cuyas facciones transitan entre el estupor y la famosa cortesía británica en cuestión de segundos. Al final, Peter acabará aclimatándose al lugar de la mano de una serie de personajes que le mostrarán el Benidorm menos conocido, vacío, silencioso, rodeado de esqueletos de la fiebre inmobiliaria y de arquitectura ensoñadora (le perdonamos los planos de la Muralla Roja a pesar de encontrarse en Calpe). Plagado de historias, como la de la breve estancia de Sylvia Plath en la ciudad durante su luna de miel, que convergen con una serie de acontecimientos climáticos totalmente excepcionales en una ciudad donde el sol aplasta chiringuitos, balcones, hebillas de sandalias y la piel de los guiris. Esta es una mirada, una más, la cinematográfica, de las muchas que a lo largo de los últimos años se han vertido sobre la ciudad que más sentimientos encontrados provoca, y no solo a los que la visitan por vez primera, ya que con cada nueva estancia ésta se eleva, nunca mejor dicho, en un trencadís de formas, aristas y posibilidades. Benidorm no te lo acabas, bien lo demuestra la fascinación que sigue suscitando y las miradas que en este peculiar ensayo convergen, cual cóctel de exótico nombre servido con sombrillita y bengala en el mítico Café San Remo. Ensayo y error  Benidorm: fenómeno histórico, artístico y sociológico. 


Sin pretensiones más allá del disfrute lector y el descubrimiento de nuevas perspectivas multidisciplinares acerca de la ciudad mediterránea con más rascacielos, Ensayo y error Benidorm irrumpe en el panorama literario con gran acierto. No solo por esa inmejorable portada obra del fotógrafo británico Martin Parr - al que, por supuesto, se le dedica un interesante capítulo en el presente libro - con esa maravillosa señora de bañador morado metalizado, gorra verde, ojos cerrados y brazos extendidos a los lados recibiendo la inclemencia del Lorenzo más veraniego a la que inconsciente he acabado llamando Margaret o Concha (según como me pillase). También por esa colección de textos que ayudan al lector a ponerse en situación hasta acabar por quitarle capas y capas de prejuicios acumulados durante décadas respecto a la imagen preconcebida que todas y todos hemos atesorado cuando se habla de Benidorm. Salvo algunas defensas que se vierten al respecto, sobre todo las tocantes a la cuestión medioambiental con las que, particularmente, estoy más en desacuerdo - e ahí mi particular conflicto, otras personas lo tendrán con otros aspectos - lo cierto es que Ensayo y error  Benidorm contiene pequeñas piezas periodísticas, ensayísticas, testimoniales o de carácter más literario que bien podrían haber aparecido en alguno de los planos que Coixet le dedicó a la ciudad. Desde la historia del viaje en vespa que emprendió Pedro Zaragoza (alcalde de Benidorm) hacia Madrid en 1953 para convencer a Franco de que el bikini será la clave de un modelo turístico que perdura hasta nuestros días y no una prenda que merecía arder en el infierno a la del flotador gigante en forma de pato que Leo Bassi colocó en la playa que le valió a la ciudad y al propio cómico el ingreso en el Guiness de los Récords. Pasando por la del festival punk Funtastic Dracula que eligió la ciudad de Benidorm como sede en el año 2009 por sus discotecas en forma de platillos volantes, la del primer hotel construido en la ciudad - el Hotel Joya - regentado por un almadrabero y una ama de casa en los años 60, la de los inicios del famoso festival de la canción que descubrió a Raphael o a Julio Iglesias e incluso la del multitudinario funeral en el cementerio municipal a Manolo Escobar, quien llevaba años viviendo allí. 



Lugar en el que se rodaron películas como Sueñan los androides de Ion de Sosa y que despierta la creatividad de escritores como Marta Sanz, Kike Parra - sin lugar a dudas los textos que más me han gustado del libro - o Esther García Llovet con su más reciente novela Spanish Beauty rebosa en un imperfecto maridaje de hormigón, pubs donde se celebran las principales festividades británicas y agua marina. Pero Benidorm es mucho más que el turismo de cuño franquista que reza "sol y playa" que hemos acabado naturalizando, sobre todo los que como una servidora han nacido de cara al Mediterráneo y se han criado durante una parte del año entre asfalto o empedrado, tardes infinitas al sol, paellas domingueras - o arroces negros, a banda o del senyoret que están más ricos - salitre y pies sumergidos en la arena de la playa. Benidorm, ante todo, y parafraseando las palabras de Kike Parra, "es el Nueva York para quienes no han soñado nunca con ir a Nueva York". Un trozo de litoral con el que miles de familias que nunca habían visto el mar soñaban cada año en una época donde las necesidades apretaban y el consuelo se resumía en quince días tostados al sol alejados del ajetreo propio de la capital o de la en ocasiones insoportable monotonía de ese pueblo de lo que hoy conocemos como España vaciada. Epicentro de la felicidad de una incipiente clase media española que acabó convirtiendo a Benidorm en referente turístico a costa de la propia historia de un municipio en el que la pesca era, hasta ese momento, su único modo de vida. Para acabar, un testimonio, el de Martina Navarro, una niña del colegio público Ausias March que en 2008 contó que lo que más le gusta del lugar donde vive es la calle de su abuela. La razón: allí se puede pasear. Cuanta verdad resumida en tan pocas palabras. Y lo más importante, ¿variará el testimonio de las nuevas generaciones de benidormenses de aquí a unos años? Tal vez, como apunta otra alumna llamada Laura Monroy, tras la última revolución social en el año 2038 y, tras la sequía de 2020, los habitantes deberán ir rapados para mantener una máxima limpieza para evitar enfermedades. No lo sabremos, aunque lo de las pandemias mundiales y las mascarillas en un Benidorm totalmente irreconocible y solitario, como el semblante de Peter Riordan, ya forman parte de su paisaje. Pero eso ya es otra historia. 

Ensayo y error Benidorm: una historia de música, cine, literatura,  fotografía, arquitectura, gastronomía, sombrillas, tumbonas, hoteles, turistas, nativos... Una cápsula hortera elevada a lo cool. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Benidorm es la idea de una mente capitalista pensando en cómo tiene que ser el turismo y el ocio para la clase media y baja. Con el paso de los años, Benidorm se ha convertido en la ciudad que tiene ganas de ser Benidorm."

"Los primeros años nos establecemos en la parte alta, al lado de la escuela; con el tiempo vamos bajando hasta conseguir un apartamento frente al mar. Como si fuéramos turistas todo el año, sin formar nunca parte de la ciudad cerrada. Nos acompañan otros turistas perpetuos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Barrett



3 comentarios:

  1. Interesante ensayo el que nos presentas aunque tengo ciertos recelos para con este tipo de literatura apologética. Siempre me parece que es conservadora y que trata de defender algo que hoy día sabemos que es indefendible. Espero poder algún día hacerle hueco a este libro.
    Una muy buena reseña.

    ResponderEliminar
  2. Hola Jimena!!
    Muy interesante, gracias por las recomendación.
    Besos💋💋💋

    ResponderEliminar
  3. Tu reseña, excelente, como siempre. Se aprende mucho contigo aunque esta vez no me llevo este ensayo, que no es lo que suelo leer.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar