miércoles, 4 de enero de 2017

RESEÑA: La Naranja Mecánica.

LA NARANJA MECÁNICA


Título: La Naranja Mecánica.

Autor: Anthony Burgess (1917-1993) desarrolló una intensa carrera como educador en Gran Bretaña y Malasia entre 1946 y 1960. Desarrolló su actividad creativa tanto en el campo de la literatura como en el de la música, alcanzando justa fama como compositor. Escribió música de cámara y algunas obras para orquesta, y publicó entre otros libros un ensayo sobre Joyce, una panorámica de la ficción contemporánea y varias novelas: Enderby por dentro, Nothing Like the Sun, The Waiting Seed, Trémula intención y Poderes terrenales. La mayor parte de su obra literaria se sitúa fuera del campo de la ciencia ficción y de la literatura fantástica, pero su novela más conocida, La Naranja Mecánica, se inscribe precisamente en este género.

Editorial: Booket.

Idioma: inglés.

Traductor: Aníbal Leal y Ana Quijada (introducción y capítulo 21).

Sinopsis: publicada en 1962, sitúa la acción en el futuro cercano de la década de 1970. En ella se narra la historia de cuatro adolescentes o nadsats, tal como se llaman en la jerga creada por el autor. El protagonista, Alex, y sus amigos, o drugos, viven en un mundo de crueldad y destrucción. Tras la brutal violación de la mujer de un escritor, Alex es detenido y llevado a un centro de rehabilitación, donde será elegido para participar en un novedoso y drástico experimento que pretende que aborrezca la violencia. Una vez reinsertado en la sociedad, el tratamiento tendrá consecuencias impredecibles.

Su lectura me ha parecido: interesante, desconcertante, algo tediosa, muy reflexiva, violenta, impactante, original, inteligente...Como muchos de vosotros sabréis, una servidora se considera una fan absoluta de las novelas distópicas. Tanto es así que en este espacio dedicado a la crítica y al debate he dedicado sendas reseñas a los maestros del género, a saber Orwell, Huxley y Bradbury. Sus atmósferas hostiles, en las que un régimen totalitario controla, vigila, somete y obliga a sus ciudadanos a comportarse de una determinada manera me han parecido desde siempre harto reflexivas e importantes para entender el pensamiento, y ya de paso, la historia del propio siglo XX. Mi pasión por este género me ha llevado a descubrir a otros interesantes autores, entre los que se encuentra el de este libro que hoy reseño ante vosotros. Un libro que, sinceramente, no alcanza la calidad literaria de los autores nombrados anteriormente, pero que sin embargo, su originalidad y debate constante obliga al lector a plantearse muy seriamente algunas cuestiones que, incluso a día de hoy, siguen sucediendo para nuestra desgracia. Un libro en el que el lenguaje es casi más importante que la forma. Un libro que, aunque muchos opinen lo contrario, no puede superar a su extraordinaria y mítica adaptación cinematográfica. En definitiva, como primera reseña del año, he considerado oportuno rescatar la figura y la obra de un autor británico del que en 2017 se cumplen 100 años de su nacimiento. A lo largo de su vida publicó algunos títulos, pero sin lugar a dudas, Anthony Burgess será eternamente recodado por La Naranja Mecánica: lo explícito, la violencia y a reflexión puestas en bandeja.



La historia de como llegó este libro a mis manos, y de como posteriormente, pasó a formar parte de mi librería particular tiene su recorrido particular. Me encontraba haciendo el TFG mientras cursaba mi último curso de la carrera de Historia, y como muchos muy bien sabréis, decidí realizarlo sobre el Totalitarismo visto desde las novelas Distópicas del siglo XX. Para ello, reuní en mi poder libros tan clásicos y tal leídos como Un mundo feliz, 1984 o Farenheit 451. Esos tres iban a ser en un principio los libros en los que iba a basar mi investigación, y de los cuales, extraería conocimientos y saciaría en parte mi curiosidad con respecto a este tema tan fascinante. Cuando acabé con los análisis a las obras mencionadas, y siendo consciente de que me sobraba tiempo y espacio para poder pulirlo y rematarlo, decidí introducir La Naranja Mecánica al trabajo. Lo cierto es que, tras haberme leído una versión bastante vieja que saqué prestada de la biblioteca de mi barrio, pero sobretodo, tras conocer el potencial que esta atesoraba con respecto al tema de las distopías y el totalitarismo, no podía pasar la oportunidad de analizarlo y sacar las conclusiones pertinentes. La verdad es que fue harto complejo, pues no había mucho escrito al respecto, y La Naranja Mecánica se diferenciaba en gran medida de sus antecesores. Durante ese mes que duró ese último empuje a mi investigación, adquirí una edición mucho más nueva y sentí la necesidad de volvérmelo a releer, con fines académicos pero también desde la mirada del lector que disfruta de una buena novela. Al final, y aunque la novela en si resultó no ser lo que esperaba, completó la redacción y presentación de un TFG por el que saqué un 9 como nota final. Tras dicha experiencia y viéndolo desde la perspectiva que da el tiempo, la verdad es que hice un buen trabajo, sin embargo, siempre se me quedó la espinita de entrar más profundamente en el libro, pues, desde mi punto de vista, su lectura encierra más aspectos de los que aparenta. Finalmente, y como todo el que se considere cinéfilo, pude ver la versión de Kubrick, la cual, se convirtió al instante en uno de mis títulos imprescindibles.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, La Naranja Mecánica presenta una lectura densa, compleja y altamente explícita. Algo que, sinceramente, no me esperaba en absoluto. Supongo que esta especie de choque entre el lector y el libro se produce muy a menudo, y más tratándose de La Naranja Mecánica. Aunque no la hayamos visto, todo el mundo conoce la adaptación de Kubrick, es más, creo que la película se ha convertido en un mito absoluto y en un ejemplo que todo aspirante a director tiene que ver al menos una vez en la vida. Todos conocemos el personaje de Alex, su atuendo, su lenguaje, su sádica y brutal forma de ejercer la violencia, su fanatismo por Beethoven. Y si hacemos un esfuerzo, podemos incluso acordarnos de la famosa escena de la violación, cuya improvisación y libertad de los actores ha suscitado más de alguna leyenda o bulo en el mundo cinéfilo. Dejando a un lado la adaptación cinematográfica, aunque inevitablemente es imposible hacerlo del todo, antes de adentrarme en la novela, pensé que ésta iba a recordarme a la película, y que cuyo ritmo iba a ser igual de frenético y de apabullante. Sin embargo, me topé con una lectura que resultó ser todo lo contrario. Lo explícito estaba ahí, eso es innegable, pero acompañado de una lentitud bastante insospechada que hizo que en más de una ocasión estuviese tentada de abandonar su lectura a mitad. Por otro lado, hemos hablado de complejidad, y si, La Naranja Mecánica, a pesar de todo, posee un elemento que hace que se equilibre la balanza de una forma extraordinaria, y ese elemento es todo el universo que Burgess crea y diseña con una precisión milimétrica. Un espacio en el que encontramos a un Londres sumido en un régimen totalitario de tintes distópicos, pero del que no se sabe mucho hasta que entran en acción los Drugos, y muy en especial Alex DeLarge, a quien acompañaremos a lo largo del libro en sus acciones violentas, en su encarcelamiento, en su transformación durante el experimento y en su inquietante final. Este personaje, sin lugar a dudas, es el más interesante y mejor construido de la novela, si en 1984 o Un mundo feliz por ejemplo encontramos a un héroe que se revela contra el sistema establecido, en La Naranja Mecánica Alex representa el antihéroe por excelencia, es decir, un personaje imperfecto y en este caso abominable, que acaba indirectamente y sin percatarse de ello, haciendo una crítica a un sistema que pretende una terrible alienación. Por otro lado, el libro posee, para más inri, su propio lenguaje inventado, inspirado ligeramente en el ruso. Guba, filosa, drugo, cheloveco, lubilubar, moloco, polear, ubivar o nadsat son algunos de los términos cuyo significado se encuentra, dependiendo de las ediciones, en un anexo al final del libro. Este aspecto le da más profundidad de la que ya muestra con atmósferas lúgubres y las críticas explicitas al modelo totalitario. Finalmente, y a modo de resumen, concluiremos diciendo que La Naranja Mecánica posee un campo de reflexión amplio en el que se abordan temas como la violencia, la alienación, la reinserción, la amistad, la presión social, las obsesiones o las distintas caras del mal.


En este cuarto párrafo, donde ahondamos en la reflexión y en el debate, es imposible no hablar sobre la violencia, uno de esos temas universales y tremendos que la humanidad ejerce en muchas ocasiones y sin pararse a pensar en las consecuencias. La Naranja Mecánica es clara en ese sentido, las escenas de peleas, agresiones o violaciones se suceden sin filtro y sin edulcorante alguno, y seguramente, en esa forma tan descriptiva, y en el propio experimento al que someten a Alex (consistente en reproducir ante sus ojos escenas de gran contenido violento), está el sentido del libro. La Naranja Mecánica se escribió en los años 60, en plena época de la contracultura estadounidense y donde la Guerra de Vietnam comenzaba a hacer estragos en el ejercito americano. Aunque el mundo había pasado ya por otras terribles y sangrientas guerras, la de Vietnam fue la primera que se siguió minuto a minuto por las televisiones, mostrando el horror y los crímenes de una guerra absurda donde Estados Unidos no pintaba nada. Fue tal la conmoción de aquellas imágenes que era lógico que surgiesen movimientos contrarios a la guerra y un sentimiento de rechazo hacia las instituciones de una época caracterizada por lo que se llamó La Guerra Fría. Desde entonces, muchos conflictos han pasado ante nuestros ojos: Afganistán, Ruanda, Serbia, Irak y ahora Siria. Pero desde aquellos años 60 hasta nuestros días, occidente parece haber desarrollado una especie de peligrosa indiferencia hacia lo que sucede más allá de las fronteras europeas o norteamericanas. Podemos estar viendo las imágenes de un bombardeo en Siria donde mueren civiles, entre ellos muchos niños, y quedarnos tan panchos frente al televisor. Sin embargo, por el contrario, se nos pone la piel de gallina y nos entra miedo cuando rememoramos el 11 S, el 11 M, 7 J o vemos las imágenes de los atentados del Charlie Hebdo en París o el de Niza el pasado verano. Esto nos tiene que hacer pensar muy seriamente lectores y lectoras, pues, al fin y al cabo, nos encontramos insertados y devorados por un sistema despiadado que pretende controlar la opinión pública a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Tal vez, con este afán de pretender aborrecer o ver normal la violencia en, por ejemplo, oriente medio, se quiere promover algo más perverso, cuyas consecuencias ya estamos observando con el auge de la ultraderecha en Europa y con la elección de Trump en EEUU. A lo mejor Burgess no andaba tan desencaminado, y el exceso de violencia gratuita, provoca una alienación sumisa y peligrosa. La Naranja Mecánica: una historia de sumisión, control, violencia, amistad, traición, reinserción, manipulación... Un libro mítico y que todos deberíamos leer.

Frases o párrafos favoritos:

"La iniciativa la lleva los que saben esperar."

Película/Canción: en el año 1971 se estrenaba una de las películas más polémicas, imitadas y adoradas de todos los tiempos. Una cinta que pasará a la historia por el sello indiscutible de Stanley Kubrick, por su famosa banda sonora y por la magistral interpretación de Malcom McDowell dando vida a Alex DeLarge. La película no se estrenó en todos los países y fue nominada a los Oscars en categorías tan importantes como Mejor película o Mejor director, yéndose de absoluto e incomprensible vacío.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

2 comentarios:

  1. Tengo el libro de Burgess desde hace muchos años, pero nunca lo he leído; por contra la película de Kubrick la he visto muchísimas veces. Me parece un film fantástico.
    Una gran historia que, desgraciadamente, es de una tremenda actualidad.
    feliz Año, Andrea. Un beso

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  2. no he leido la novela, pero la pelicula me parece una maravilla, aunque prefiero la chaqueta metalica. Sin duda tendré que hacerle hueco a la novela.
    el tema de la violencia y la inmunidad de occidente frente a la sangre de Oriente Medio es notable hoy día. Sin duda occidente peca de etnocentrismo más a menudo de lo uq edebería, renunciamos a nuestra propia cultura humanista cada vez que ignoramso el sufrieminto de Alepo o el drama de los refugiados. Y ya no es solo el auje de la extrema derecha lo que debería preocuparnos, a mi me preocupa más el caos instalado en oriente medio. Los Estados de esa zona ahora son Estados fallidos incapaces de mantener el orden y la seguridad y como consecuencia los grupos criminales campan a sus anchas. Oriente Medio necesita ayuda occidental urgente: hacen falta tropas que aseguren la paz y la estabilidad, pero tambien instituciones politicas que garanticen el ejercicio de lso derechos de las gentes, ayuda humanitaria para acabar con el hambre endemica de esas zonas. oriente Medio necvesita de todo para dejar de vivivr en el estado de naturaleza y que resurjan lso Estados, lamentablemente, demasiados intereses economicos conspiran para que esa región del mundo siga en el caos. EI controla bastas extensiones petroliferas y vende pretroleo y gas barato, ¿por que destruir a este grupo extremista si pone las cosas que occidente necesita tan baratas? ¿qué más les dan a lso mercados unos pocos occidentales muertos? y si no importan los occidentales, menos aun el resto de seres humanos. Una vergüenza todo, vaya.
    una reseña excelente

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