jueves, 25 de julio de 2019

RESEÑA: Lanzarote.

LANZAROTE

Título: Lanzarote.

Autor: Michel Houellebecq (Saint-Pierre, Reunión, 1958) es poeta, ensayista y novelista, «la primera star literaria desde Sartre», según se escribió en Le Nouvel Observateur. Su primera novela, Ampliación del campo de batalla (1994), ganó el Premio Flore y fue muy bien recibida por la crítica española. En mayo de 1998 recibió el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés. Su segunda novela, Las partículas elementales (Premio Novembre, Premio de los lectores de Les Inrockuptibles y mejor libro del año según la revista Lire), fue muy celebrada y polémica, igual que Plataforma. Houellebecq obtuvo el Premio Goncourt con El mapa y el territorio, que se tradujo en treinta y seis países, abordó el espinoso tema de la islamización de la sociedad europea en Sumisión y ha vuelto a levantar ampollas con Serotonina. Las seis novelas han sido publicadas por Anagrama, al igual que Lanzarote, El mundo como supermercado, Enemigos públicos (conversaciones con Bernard-Henri Lévy), Intervenciones, En presencia de Schopenhauer y los libros de poemas Sobrevivir, El sentido de la lucha, La búsqueda de la felicidad y Renacimiento, reunidos en el tomo Poesía, y el volumen posterior Configuración de la última orilla. Houellebecq ha sido galardonado también con el prestigioso Premio IMPAC (2002), el Schopenhauer (2004) y, en España, el Leteo (2005). (Fuente: Editorial).


Editorial: Anagrama.

Idioma: francés.

Traductor: Javier Calzada.

Sinopsis: en el segmento de las vacaciones crazy techno afternoons, a la isla de Lanzarote le resulta difí­cil rivalizar con Corfú o Ibiza. Ni pensar siquiera en el turismo verde, ni en el turismo cultural. En Lanzarote, como testimonian las fotos de Houellebecq, el paisaje es como mí­nimo lunar..., si ni marciano, según la agencia de viajes. Sin embargo, es posible encontrarse con interesantes especí­menes humanos: véase, por ejemplo, Pam y Bárbara, lesbianas alemanas no exclusivas... lo que puede originar interesantes combinaciones. ¿Serán capaces de seducir a Rudi, el inspector de policí­a luxemburgués exiliado en Bruselas? ¿O bien éste se incorporará a la secta de los azraelianos, a fin de preparar la regeneración de la humanidad por los extraterrestres? Y lo más importante, ¿se lo pasará bien nuestro héroe durante su semana de vacaciones? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Interesante, perfectamente condensada pero más de lo mismo, "divertida" a su manera, escandalosa (de nuevo a su manera), irritante en ocasiones, con un toque nihilista, inquietante... Estos días, como no podía ser de otra manera, nuestras redes sociales se petan de las ya tradicionales listas de los libros que sí o sí debes meter en tu maleta. Normalmente, dichos artículos - procedentes de los medios de comunicación más importantes - vienen encabezados por una idílica fotografía. Una en la que sólo vemos mar, arena, chanclas de la playa, una sombrilla, un sol abrasador y una o un modelo sujetando un libro abierto (a veces en una posición realmente inverosímil). A continuación, la famosa lista, de no más de diez títulos - o menos incluso - cuya presencia se debe o bien a su ambientación (típicamente veraniega), o bien porque es el best seller del año (la objetividad por supuesto brilla por su ausencia) o bien el título de turno que se mete con calzador gracias al increíble poder de los grupos editoriales de turno (independientemente de su calidad literaria). Hasta ahí todo bien, pero... ¿Por qué nadie piensa en los que en vez de pasar las vacaciones playa deciden irse a una casa rural? ¿Por qué todo el mundo da por hecho que el destino más deseado sabe a mojitos y huele a protector solar? ¿Por qué se obvian a los pueblos? ¿Por qué no hay fotos de gente leyendo sentados en una cutre silla plegable en medio del campo o en la puerta de la casa de sus antepasados a la fresca? ¿Y qué pasa con los que no tienen vacaciones porque no se las pueden permitir o simplemente se quedan todo el mes currando? ¿Por qué no dedicarles una lista a ellos también? ¿Por qué no ilustrarla con una bañera hasta los topes de agua o un solitario balcón de edificio de siete plantas como premio de consolación?... Evidentemente eso parece que no vende, eso o que las y los que se dedican a elaborar las famosas listas no han tenido pueblo de veraneo en su vida. Disculpad mi tono tan destroyer pero, el calor y la incertidumbre me consumen. Aún así esto tiene su parte positiva, y es que sin quererlo os acabo de poner en situación, pues el autor del libro que protagoniza la última reseña antes de las vacaciones de verano no puede ser más desestabilizador. Por algo en su país le conocen como l´enfant terrible de las letras francesas. Se lo ha ganado a pulso. Eso y ser uno de los escritores con los que mayor relación intelectual he tenido. Lanzarote: nihilismo marciano, decadente y veraniego.

   Los que me sigáis desde hace tiempo por aquí conoceréis a la perfección mi relación amor-odio con Michel Houellebecq. Amor dado que Sumisión - para mi, la mejor y más accesible de sus novelas - supuso un flechazo en mi vida como lectora y odio - además de por el TFM - debido a las numerosas discrepancias que mantuve y sigo manteniendo respecto algunos aspectos de su literatura y estilo empleado. De hecho, para toda aquella o aquel que pretenda iniciarse con Houellebecq que sepa varias cosas: la primera, que no es un autor de fácil digestión, y la segunda, que al encuentro con su lectura hay que ir con la mente muy abierta, extraordinariamente abierta. No pido que dejes a un lado tus convicciones sociales a un lado, simplemente os aconsejo que os adentréis en él, que dejéis que la cosa fluya, y después, tras un necesario reposo, opinéis al respecto, y con dureza además. Hablad del machismo en Houellebecq - porque hay para rato - o de su descarado racismo - más de lo mismo - o de su ambigua posición respecto a temas tan delicados como la ultraderecha o la defensa de la prostitución. Eso sí, sólo tras haber leído alguna de sus obras, pues es mejor señalar y reseñar - que no prohibir - si se conoce a fondo el objeto de debate. Sólo así podremos combatir y hacer más visibles los estereotipos que todavía, a día de hoy, sobreviven en la literatura actual. Dejando a un lado - al menos de momento - las cuestiones más críticas, diré que Lanzarote formó parte de esas lecturas de Houellebecq que analicé con suma dedicación para mi trabajo final de máster. Recuerdo cuando lo tomé prestado de una biblioteca pública cercana y de como en una mañana - mientras hacía tiempo sentada frente a uno de los anchos escritorios de la Joan Reglá entre almuerzo y actividad complementaria - me lo leí entero. Me sucede muy a menudo, y no es un secreto que los libros duren pocos días entre mis manos. Sin embargo, hacía mucho tiempo que no encontraba una lectura que me sumergiese tanto que consiguiese dicho milagro. Su estilo no me sorprendió, ya estaba acostumbrada a él, sí lo hizo por el contrario su contenido que, dentro de lo habitual consiguió proporcionarme claves que posteriormente usaría con mayor o menor acierto en mi respectivo trabajo de investigación.

   Centrándonos en lo realmente importante, diremos que Lanzarote presenta una lectura bicéfala. Es decir, si te pilla con ganas de leer e interés, es muy posible que te la ventiles en un solo día (como me pasó a mi), pero por el contrario, si accedes a ella con cierta desgana y poca inquietud, probablemente acabes tirándolo por la ventana. Porque eso es cierto, en Lanzarote no encontramos nada nuevo ni revolucionario, eso que nos haga replantearnos la lectura, esa chispa que se nos aloje en el cerebro y tarde mucho en consumirse. De hecho, podríamos definirla como más Houellebecq - con todo lo que ello implica - pero en formato breve. Tengo que reconocer que, aunque tuviese la sensación de estar leyendo lo mismo que el autor ya nos expuso en otras novelas, me pareció muy interesante su brevedad, su síntesis, el ser capaz de plasmar su sello personal - ¡y tan personal! - con 103 páginas. Esta claro que no estamos ante una obra maestra de la literatura, pero hay que reconocer al menos el mérito. Si en la anterior reseña hablábamos de fusión de géneros - ensayo y novela - en esta ocasión podemos hablar en los mismos términos, ya que Houellebecq nos propone un viaje - muy peculiar como veremos - hacia tierras canarias de la mano del omnipresente y personalísimo estilo novelístico y las cualidades del diario de viaje. No se puede hablar de guía turística pero sí de una mirada peculiar no sólo hacia la propia isla - que actúa como un personaje más - también una feroz critica hacia el turismo vacacional. Pero además de todo eso - y sin olvidar las fotos del paisaje marciano de Lanzarote que el autor adjunta en el presente texto - este cuento narra una historia. Una historia que los que hemos buceado con frecuencia en la literatura del escritor francés conocemos de sobra, hasta podría decirse que carece de efecto sorpresa. Salvo por ese protagonista - y supuesto alter ego - y algunos momentos lúcidos acompañado de ese policía luxemburgués llamado Rudi - con más capas de lo que pensamos a simple vista - el resto del relato ya nos lo sabemos. Ni el viaje, ni el sexo explícito con las turistas alemanas - en donde da rienda suelta al machismo más hiriente - , ni las visitas a playas o paisajes volcánicos, ni la irrupción de esa secta azraeliana consiguen hacer de este relato algo destacable para el lector habituado a Houellebecq. Ahora bien. si lo que buscas es iniciarte con su literatura, creo que Lanzarote es la mejor de las opciones posibles. Aunque sinceramente, y si os van las emociones fuertes, yo os recomendaría Sumisión. Os volará la cabeza.

   Aún así, y a pesar de todo, es impresionante encontrar algunos aspectos dentro de Lanzarote que nos puedan aportar claves para entender actualmente el mundo que nos rodea. Por algo Michel Houellebecq es uno de los mejores cronistas del lado más oscuro del capitalismo y de lo que cobija bajo su enorme paraguas de acero. Pesimismo en estado puro, así definiría Lanzarote, pero también el resto de su producción literaria. Aderezado, como no, con un toque nihilista postmoderno que no deja de producir - en las novelas de Houellebecq - inquietantes reflexiones. Eso si, bailando entre dos aguas, en medio de una persistente ambigüedad, el lector no distingue si lo que está leyendo es una crítica o una mera descripción. Un ataque desde un posicionamiento ideológico o un relato de lo que ven sus ojos. Lo mismo sucede con su acercamiento a temas que, pese a su delicadeza, Houellebecq no duda en arremangarse y pringarse hasta arriba sin ningún remordimiento ni sentimiento de culpa. En Lanzarote se habla en numerosas ocasiones del terrorismo islámico - no olvidemos que la novela se publicó en el año 2000 - relacionándolo con su supuesta actividad en Europa. Y más en concreto en un barrio de la capital belga llamado Molenbeek en el que Rudi - personaje imprescindible en este relato - cree que existe una red terrorista. También se aborda uno de los males endémicos de las sociedades actuales, como es la soledad, representada tanto en Michel como en Rudi (pero desde dos perspectivas completamente diferentes). Una soledad producida por el complejo encaje en este nuevo orden cultural y global, una soledad que conduce a uno de los personajes a coquetear con una raruna secta y como consecuencia a cometer actos despreciables desde el punto de vista ético y moral. Si lo pensamos, la verdad es que da miedito. Es inquietante pensar como la xenofobia ha crecido de un tiempo a esta parte, como un barrio como Molenbeek ha quedado señalado y estigmatizado de por vida - hasta por la Wikipedia - como la soledad se ha convertido en la compañera de muchos de nosotros y como muchas y muchos han encontrado espacios en los que descargar toda su ira amparados por unos partidos de ultraderecha cada vez más fuertes y con mayor poder de persuasión. Lanzarote no sólo hace una radiografía, a su manera, de los inicios del nuevo milenio, sino que demuestra como no es necesario pertenecer a una secta para conseguir lavarte completamente el cerebro.

Lanzarote: una historia de sexo, vacaciones veraniegas, playa, paisaje lunar, marcianos, soledad, pesimismo... Estamos perdidos, y Houellebecq (desde su mirada) lo sabe.

Frases o párrafos favoritos:

"Seguí diciendo que los habitantes de Lanzarote, a pesar de su curiosa actitud reservada, no se diferencian de otros autóctonos en lo tocante a su relación con la belleza del paisaje en el que viven. Insensible por completo al esplendor de su entorno natural, el autóctono se dedica, en general, a destruirlo... para desesperación del turista, ser sensible ansioso de dicha. Cuando el turista le ha hecho ver la belleza, el autóctono es capaz de verla, de conservarla y de organizar explotación comercial en forma de excursiones."

¡Un saludo, a seguir leyendo y feliz verano!

1 comentario:

  1. conozco esta novela y conozco a su autor y por ello se lo que puede salir de su pluma. Houellebecq (creo que se escribe así) es un muy hábil polemista, lo suyo es crear agitación y como bien dices siempre lo consigue enfrentando de cara los temas más candentes de la sociedad. Es admirable su capacidad, ya la quisieran muchos que tratan de imitarle con un éxito relativo...
    Con respecto a "Lanzarote" ¿qué más decir que no hayas dicho ya en esta extraordinaria reseña? poco que añadir. Tal vez insinuar una relación de posible causalidad entre la sensación de soledad causada por el capitalismo neoliberal actual y la proliferación de sectas y grupos extremistas capaces de llenar esa sensación de vacío que los individuos sienten, algo que creo Houellebecq trata de forma explicita en la novela que nos reseñas.
    Una excelente reseña para empezar el periodo estival, aunque en mi caso, soy uno de esos que este año le toca quedarse trabajando. Por cierto, una sugerencia: ¿has pensado alguna vez en elaborar una de esas listas de lecturas de verano en este blog? creo que podría salir algo interesante y poco común, cosa que algunos como yo, cansados de los best-seller de los periódicos agradeceríamos.

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