Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

jueves, 19 de julio de 2018

RESEÑA: La Revolución Feminista Geek.

LA REVOLUCIÓN FEMINISTA GEEK

Título: La Revolución Feminista Geek.

Autora: Kameron Hurley (Battle Ground, Washington 1980), residente actualmente en Ohio, Graduada en Estudios Históricos por la Universidad de Alaska y la Universidad de KwaZulu-Natal, se ha especializado en la historia de los movimientos de resistencia sudafricanos. Colabora con Locus, The Atlantic y Tor.com. Su artículo Siempre hemos luchado, incluido en esta colección, fue el primer texto de no ficción en obtener el premio Hugo. Es autora además de la novela Las estrellas de la legión, de las trilogías The Bel Dame Apocrypha (compuesta por God´s War, Infidel y Rapture), Worldbreaker Saga (compuesta por The Mirror Empire, Empire Ascendant, y  The Broken Heavens) y de más de una decena de novelas cortas. La Revolución Feminista Geek es una colección de todas sus reflexiones sobre feminismo, cultura, redes sociales, el mundo de los videojuegos o el género de la ciencia ficción entre otros.


Editorial: Runas (Sello de Alianza Editorial).

Idioma: inglés.

Traductor: Alexander Páez García.

Sinopsis: La Revolución Feminista Geek es una colección de esnayos de Kameron Hurley sobre feminismo, la cultura, experiencias personales, las relaciones de poder o de las redes sociales. Comprende numerosas entradas de su blog, así como ensayos escritos específicamente para este libro. Con un estilo beligerante y directo, al tiempo que cuidadosamente elaborado, reflexiona sobre cuestiones como la lucha contra la invisibilización de las mujeres, la perseverancia necesaria para progresar como escritora, la importancia del cambio cultural...Que encuentran eco en muchas personas, interesadas o no e la cultura geek. Su escritura elocente, provocadora y brutalmente honesta, es universal.

Su lectura me ha parecido: honesta, crítica, necesaria, sin concesión alguna, inspiradora, revolucionaria, instructiva, enriquecedora, totalmente imprescindible...Queridísimas lectoras y lectores, en el título del libro que hoy tengo el honor de reseñar contiene una palabra, "geek", cuyo significado para mi era totalmente desconocido hasta ahora. "Geek" viene a ser a grandes rasgos un término que se utiliza para referirse a la persona fascinada principalmente por la tecnología y la informática. El desarrollo del término no ha sido igual en todos los ámbitos y culturas, aunque sí ha se mantenido asociada la palabra "friki" (más conocida por el común de los mortales) como sinónimo. Antes la palabra "geek" se usaba de forma despectiva y asociándola o bien con ciertos objetos (ordenador, videojuegos...) o bien con una serie de adjetivos muy concretos (perdedora/or, asocial, solitaria/o, perdedora/or, impersonal...). Las personas "geeks" suelen ser creativas, hasta el punto de convertirse en los creadores de sus propias áreas de interés. Por ejemplo, si son amantes de los cómics, no dudan en dibujar y guionizar sus propias historietas. Si les apasionan los videojuegos, suelen crear y difundir sus propios juegos de computadora o lanzarse a elaborar teorías sobre sus personajes favoritos. Lo mismo sucede en el ámbito del cine, la televisión o la literatura. El "geek" hace un uso intensivo de las nuevas tecnologías, convirtiendo a internet en el medio de expresión cultural e intercambio de gustos, aficiones y opiniones sobre los temas que les apasionan. Y para acabar, según lo que he podido leer, la o él que se define como "geek" siente especial atracción por la ciencia ficción (ya sea televisiva, literaria o cinematográfica), llegando a convertir a algunas creaciones audiovisuales (Star Wars, Star Trek, Back to the Future, Matrix, Blade Runner o las series Lost, Alias, Heroes entre otras) y del mundo del libro (Farenheit 451, Yo Robot, gran parte de las novelas de Stanislaw Lem...) en auténticos iconos que sobreviven al paso del tiempo. Pero como todo en esta vida, ni estas características generales se cumplen a rajatabla (pues cada persona es un mundo y dentro de la cultura "geek" también) ni este ámbito se libra de sufrir la lacra del machismo más peligroso y que actúa con total impunidad. De esto y más se habla en el que, por méritos propios, se acaba de convertir en uno de los mejores textos de no ficción que he leído en lo que llevamos de año. Un libro que espero que trascienda y que sean muchos, identificados o no con el ámbito en el que se desarrolla, los que lo lean y recomienden con fervor. La Revolución Feminista Geek: la reivindicación de la mujer geek.


La historia de como La Revolución Feminista Geek llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para ser más justa, debería empezar este apartado confesando que jamás había oído hablar del mundo "geek", pero si del "friki", que en siempre se presenta, como he comentado en el primer párrafo, como el sinónimo más extendido. Cuando era más joven, durante mi adolescencia, la palabra "friki" se usaba para describir a ese minúsculo grupo (formado por chicos en su totalidad) que no se amoldaban a los gustos mayoritarios del resto. De hecho, se podría decir que mi mejor amiga de por aquel entonces (actualmente vinculada al mundo del diseño de videojuegos) y una servidora pertenecíamos a él, siendo ella la que más aficiones y gustos sobre el mundo del entretenimiento virtual compartía con el resto. Los videojuegos, las novelas de fantasía, el manga, los cómics de súper héroes...Todos temas para mi desconocidos y que en algunos casos, como el de los videojuegos por ejemplo, me gustaban más bien poco.  No obstante, en cuanto me pongo a pensar en aquellos recuerdos de adolescencia me doy cuenta de que sólo éramos dos (o tres a veces) chicas respecto a más de cinco tíos hablando sobre estos temas. Y sólo ahora me percato de lo poco representada que me sentía con algunos de aquellos productos de discusión y disfrute. No me sentía desplazada, al contrario, pero si una especie de bicho raro entre los dos polos opuestos de aquel momento, entre lo convencional y lo extravagante, o lo que la gente definía cruelmente como "estúpido". Superé el instituto, el bachillerato y la universidad sin que me gustasen los videojuegos y los mangas; y no por ello me sentí mal. Sin embargo, no fue hasta mi ingreso en los estudios superiores cuando me percaté que lo "friki" se había puesto de moda, o al menos, se había dejado de ver como algo peyorativo. Gente que nunca me imaginé perteneciente a la llamada "cultura friki" comenzó a ver series como Juego de Tronos, leer con fervor a H.G. Wells o a vestir camisetas con el casco de Darth Vader o el logo de Superman impreso en ellas. Si antes era motivo de burla, en ese momento todos se definían frikis argumentando ser una apasionada/do de un tema en concreto, incluso si este excedía del universo friki. Una tónica que continua hasta nuestros días y que se ha visto reforzada gracias en particular a la serie televisiva The Big Bang Theory, en la que se cumple a rajatabla el estereotipo del friki y que ha conseguido conectar con el público especialmente gracias a esa exageración no tan alejada de la realidad del hombre geek. Y si, digo hombre, porque las mujeres que aparecen en la serie no lo son, por lo que en el fondo la serie parece mostrar un modelo patriarcal geek: hombre, blanco, con gran inteligencia, apasionado de las nuevas tecnologías y con un punto antisocial. Un modelo en el que posiblemente muchos hombres geeks se hayan podido ver reflejados, y que por el contrario, no encontramos a la mujer representada en el universo geek. Es en este contexto, en el que me he ido interesando por la figura de la mujer en la ficción, apareció ante mis ojos el presente libro, La Revolución Feminista Geek. En un primer momento dudé en darle una oportunidad, pues como no estaba muy familiarizada con el mundo geek, pensé que no lo disfrutaría tanto. Craso error, pues el libro de Hurley duró días en mis manos, jornadas en las que me adentré en un mundo para mi desconocido y que ahora miro con otros ojos.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos apuntando que La Revolución Feminista Geek presenta una lectura potente, directa y sin concesiones de ningún tipo. Su sinceridad es abrumadora, al igual que si ingenio para captar la atención del lector a través de la ironía, una ironía muy fina y que solo hace acto de presencia cuando toca, pues para hablar de temas serios, Hurley no tiene problema en cambiar el tono y hacer que el lector pase de esa media sonrisa a la estupefacción. Y es que en La Revolución Feminista Geek se tocan muchos temas, algunos de ellos bastante impactantes y que como lectores en un mundo cada vez más conectado los tenemos que conocer y sin filtro alguno. Antes de pasar a analizar en profundidad el libro, es importante comentar que La Revolución Feminista Geek es una colección de breves ensayos (37 en total), la mayoría de ellos extraídos de su blog, otros escritos expresamente para la publicación de este volumen y uno de ellos (titulado Siempre hemos luchado: cuestionando la narración de "mujeres, ganado y esclavos") merecedor en el año 2013 del Premio Hugo siendo éste el primer texto de no ficción en ganar el prestigioso galardón. Que no os asuste el hecho de que no sea novela. Ya sé que Kameron Hurley nos tiene más acostumbrados a la ficción que al ensayo, pero creedme cuando os digo que éste libro merece, y más en la actualidad, nuestros cinco sentidos puestos sobre él. La Revolución Feminista Geek se divide en cuatro capítulos perfectamente diferenciados. El primero de ellos, "Subir de nivel", está dedicado al trabajo del escritora/or y a la ardua tarea de escribir un texto, ya sea de ficción o de no ficción. Hurley habla sin tapujos de los problemas a los que la o el aspirante a novelista se tiene que enfrentar (falta de inspiración, bloqueo, presión social, horarios de trabajo, invisibilidad, falta de apoyo, menosprecios hacia el oficio...) y define a la escritura como una carrera de fondo. El que la autora/or vea publicado su primer escrito es un triunfo, sí, pero también el inicio de una incansable lucha contra todo tipo de situaciones que pueden acabar minando la autoestima y la determinación de cualquier escritora. Pues claro está, si eres mujer y escribes ciencia ficción, todavía es más difícil triunfar o por lo menos que los lectores sepan de ti y de tu obra que si eres hombre y escribes ciencia ficción. A lo largo de este capítulo, como escritora, me he visto bastante reflejada en algunos apartados, sobre todo por el sentimiento de culpa que a veces me entra cuando veo que mi trabajo no está bien visto por la gente, haciéndote sentir que estás perdiendo el tiempo. En el segundo, "Geek", ha sido sin duda la parte más instructiva y que como lectora más he disfrutado, pues Hurley se extiende analizando la representación de la mujer y los problemas de género en la ficción literaria y audiovisual. Los análisis que hace sobre True Detective y Mad Max: Furia en la Carretera son de lo mejor del libro en general. Estos ejemplos le sirven a la autora como excusa para reflexionar sobre el tipo de ficción que estamos consumiendo y el poder de ésta para cambiar el actual "statu quo"  en el que lo masculino se impone sobre lo femenino. En el tercero, "En lo personal", haciendo honor al título del capítulo, Hurley se adentra en el terreno más íntimo para hablarnos de las experiencias que a ella le han marcado como escritora de ciencia ficción. Esta es la parte más emocionante del libro, pues algunas de sus historias destacan por su dureza. Su primera y tóxica relación sentimental siendo adolescente, el acoso sufrido por los integrantes del "gamer gate" a través de internet o la vez que estuvo a punto de morir con veintipocos años de edad tras pasar dos días en coma. Hay quien dice que los escritores se inspiran en su propia biografía para poder escribir, pero en el caso de Kameron Hurley, tendría más sentido decir que la vida, y sus vicisitudes, te forja como escritora. Y por último, el cuarto capítulo, "Revolución", a modo de conclusión Hurley expone de forma contundente que somos nosotros los que debemos enfrentarnos al racismo, al machismo, al acoso o a la censura. Como por su puesto, no tolerar actos tan despreciables como el secuestro del Premio Hugo de novela que tuvo lugar hace un par de años por parte de los trolls del "Gamergate". Una vez desgranado uno a uno cada apartado del libro sólo me queda deciros, pediros y rogaros que lo leáis. Da lo mismo, es perfecto tanto para personas que conocen en profundidad la cultura geek como para quienes como yo es la primera vez que nos adentramos en este tema. Habla de temas muy necesarios y que merecen una reflexión por parte del lector, además de ofrecer una panorámica novedosa de lo geek y todo lo que le envuelve. Todos lo pueden llegar a entender y a amar, pues libros como el de Kameron Hurley hay pocos por desgracia en este mundo.



A lo largo de La Revolución Feminista Geek Hurley lanza a los lectores varios mensajes que no deben caer en saco roto y que hoy, porque sí y porque me da la gana, me dispongo a plasmar en este último párrafo dedicado al debate y a la opinión crítica. En primer lugar, algo que puede parecernos obvio: no rendirse. Toda escritora, pues a ellas principalmente se refiere en este ensayo, debe ser constante y disciplinada en el proceso de creación literaria, sin olvidar disfrutar durante las semanas, meses o años que dure la escritura de un libro. Sin embargo, Hurley denuncia las diferentes vicisitudes a las que la mujer escritora debe enfrentarse tanto en su día a día como en el terreno profesional. Y de entre todas ellas, la invisibilidad, parece ser la más peligrosa. El machismo sigue instaurado entorno a ellas, a las mujeres escritoras, un machismo que difunde prejuicios y estereotipos que por desgracia consiguen calar hondo y que promueve esa temida invisibilidad. Una discriminación que en géneros literarios como los de la ciencia ficción, en el que Hurley se mueve como pez en el agua, es tal vez más notable, pues tradicionalmente ha sido monopolio de los autores, no de las autoras. Es muy revelador ese desglose que la autora hace, citando a la escritora de ciencia ficción Joanna Russ, en relación al canon de prejuicios relacionados con la mujer escritora: "Ella no lo hizo", "ella lo escribió pero no debería haberlo hecho", "lo escribió pero fíjate sobre qué escribió", "lo escribió pero solo escribió uno", "lo escribió pero la ayudaron", "lo escribió pero es una anomalía"...Frases que nos escandalizan cuando las leemos pero que se escuchan y se pronuncian en los círculos literarios e intelectuales más de lo que podamos imaginar.  En segundo lugar, un cambio urgente en el tratamiento del género femenino en el mundo audiovisual y literario, principalmente en series, películas y novelas. Mujeres floreros, víctimas, principio de pitufina, la señora personaje masculino, damiselas en apuros, la hipersexualización...Toda una serie de patrones de eje patriarcal que tanto hombres como mujeres consumen de forma continua, aunque evidentemente éstos están dirigidos especialmente al público masculino. Incluso a día de hoy es difícil que una mujer consiga identificarse con los personajes femeninos de las series, cómics o películas del universo geek. Por ello, y aprovechando el inmenso poder amplificador de estos productos audiovisuales y literarios, Hurley aboga por una transformación, un cambio en el paradigma, o dicho de otro modo, presentar modelos femeninos alejados de la construcción patriarcal. Hurley no llama al boicot, sino al cambio, porque el pasado no se puede cambiar, en cambio el futuro todavía está por decidir. En tercer lugar, algo fundamental: atesorar cada experiencia vivida como mujer y como persona en esta sociedad. Cada recuerdo, cada vivencia, cada palabra...Todo puede constituir el germen de una buena historia y formar como escritora, incluso los malos momentos. En este sentido, Hurley se explaya hablando de los trolls del llamado "Gamergate" y de su particular campaña de acoso hacia mujeres relacionadas con el mundo del videojuego, la novela de ciencia ficción y demás ámbitos de la cultura geek que o bien formaban parte de ella con orgullo o bien alzaban la voz para denunciar el machismo en sus respectivas industrias. Unos ataques que se elevaron de tono, hasta el punto de que algunas mujeres llegaron a recibir amenazas muy específicas y en algunos casos provocar la muerte (el mes pasado saltó la noticia del suicidio de la desarrolladora de videojuegos Chole Sagal a causa del terrible acoso perpetrado por los integrantes del portal). El Gamergate, un problema que no ocupa titulares, del que no hablan en la televisión, que la mayoría de personas desconoce, pero que está ahí y no duda en resurgir cada vez que una mujer publica un libro de ciencia ficción o se atreve a hablar de feminizar la industria del videojuego. Y en cuarto y último lugar, Hurley insta a la revolución. Un movimiento a pequeña y gran escala, desde las personas anónimas hasta las que tienen el privilegio de tener todos los días un altavoz. Un cambio que sólo nosotros como sociedad podemos llevar a cabo para conseguir que el machismo, el racismo, la homofobia o la censura sean erradicados de todos los ámbitos. Hace una semana tuvo lugar el Celsius 232 en la ciudad asturiana de Avilés, el mayor festival de literatura de ciencia ficción, terror y fantasía de España. Una edición marcada por la presencia de un gran número de escritoras (algunas de ellas de extraordinaria juventud) en las presentaciones, conferencias, firmas y talleres realizados durante la semana que duró el festival. Escritoras que no dudaron en inmortalizar su asistencia en la foto que precede a este párrafo, a los pies de la catedral de Avilés y posando con sus respectivas obras. En la fotografía aparece Kameron Hurley (autora de este ensayo) y Elisabetta Gnone (autora de las WITCH y de Fairy Oak) como las escritoras estrella de la edición. Sin embargo, en la foto aparecen un buen puñado de autoras españolas consolidadas en los ya nombrados géneros literarios como Elia Barceló, Sofía Rehi o Geòrgia Costa (la mitad del productivo dúo literario que forma con Fer Alcalá). Así como escritoras jovencísimas y llenas de talento como Marta Álvarez, Patricia García Ferrer, Laura Tárraga, Esther G. Recuero, Alba Quintas Garciandia, Iria G. Parente, Selene M. Pascual o África Vázquez Beltran entre otras. Un acto, una intención, una imagen que evidencia la disposición a un cambio y como las generaciones venideras están más concienciadas que nunca. Y de paso, ya que estamos, para callar bocas, pues luego dirán que sólo son cinco o seis. La Revolución Feminista Geek: un libro de confesiones, lucha, reivindicación, denuncia, rabia, videojuegos, cómics, películas frikis...Un ensayo que inspira y que mira al futuro desde una nave violeta.

Frases o párrafos favoritos:

"No os puedo garantizar, jóvenes escritoras, que las cosas vayan a mejorar. No voy a fingir que no os van a trolear, acosar, amenazar u hostigar. Pero lo que sí puedo prometer es que no estáis solas en la lucha."

Película/Canción: en lugar de adjuntaros el videoclip de alguna canción o el tráiler de alguna de las películas o series analizadas en este libro por Kameron Hurley, he pensado que lo mejor sería acudir a Anita Sarkeeshian. Licenciada en ciencias de la comunicación, Sarkeeshian se hizo famosa por haber denunciado la sexualización, estereotipación y la objetualización de los personajes femeninos en los videojuegos. Creadora del proyecto "Frecuencia Feminista" y conferenciante ha sido desde entonces el blanco del acoso por parte del Gamergate, llegando incluso a recibir amenazas de asesinato. Aquí os adjunto el enlace a una de sus conferencias más famosas. Os recomiendo que le echéis un ojo, merece la pena.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

viernes, 13 de julio de 2018

RESEÑA: Thérèse e Isabelle.

THÉRÈSE E ISABELLE

Título: Thérèse e Isabelle.

Autora: Violette Leduc (Arras 1907-Faucon 1972), escritora francesa conocida por su amistad con Simone de Beauvoir. Sus escritos suscitaron una gran controversia porque se enfrentaban a lo socialmente establecido. Desde pequeña sintió el desplante de los suyos por ser hija ilegítima, hecho que plasmó en La Bâtarde (1964). Sus obras muestran sin tapujos su vida. L´Asphixie (1946) recuerda sus años de infancia y la querencia por su madre. Leduc recibió la estima y aprecio de sus colegas Albert Camus, Jean Paul-Sartre, Jean Genet y de la propia Beauvoir, pero, quizá Francia no estaba preparada para comprender "un desierto de monologa", como ella misma se definía ante su amiga.


Editorial: Mármara.

Idioma: francés.

Traductor: Delfín G. Marcos.

Sinopsis: el internado ha sido escenario en el cual autores tan relevantes como Robert Musil, Fleur Jaeggy o Robert Walser han ambientado sus obras y dado a conocer sus experiencias de juventud. Con Thérèse e Isabelle, Violet Leduc viene a incrementar ese elenco de autores; entre las cuatro paredes de un internado descubrió por primera vez la amistad, el amor, el sexo y los prejuicios sociales. Originariamente, este episodio autobiográfico formaba parte de Revages (1955), pero fue censurado por el alto contenido erótico. Tuvieron que pasar varios años para que Leduc viese publicado el texto íntegro.

Su lectura me ha parecido: sensual, intensa, erótica, con una latente y poderosa crítica social, adictiva, elegante, veloz, inolvidable...Queridas lectoras y lectores, a todos nos ha pasado lo siguiente. Y quien no lo haya vivido, es que o bien no sabe apreciar el valor de los libros o bien que directamente no lea. Esa sensación de estar en un momento de crisis, ya sea personal, laboral, familiar o de cualquier tipo. Esa impotencia que de pronto nos invade, consiguiendo corromper nuestro optimismo y sensatez. Esa angustia que te asalta y te devora por dentro, sin dejarse ni una miga en el plato. Esas ganas de llorar que parecen no cesar nunca, ni siquiera ante cualquier muestra de afecto de ánimo por parte de quien te quiere. Ese pesimismo que provoca que no desees levantarte de la cama por las mañanas. Esa desazón que acaba resultando desesperadamente cotidiana. Ese desgarro interno. Esas noches de no pegar ojo pensando que estas perdiendo el tiempo. Esa confusión. Esa dolorosa desorientación. Esos días en los que tienes la impresión de que has fracasado, y de que por tanto, no vas a ser incapaz de levantar cabeza...Seguro que os suenan estos síntomas, al fin y al cabo, todos los hemos pasado. En mi caso, y aquí me voy a poner un poco seria, vino dado por una serie de circunstancias que se juntaron todas a la vez. Pero a grandes rasgos tuvieron que ver con una mala noticia relacionada con una oferta de empleo (confiaba en que esta vez fuera un sí en lugar de un no) y con una crisis creativa (a nivel de escritura) que llevaba arrastrando desde hacía tiempo. Tuve unos días muy malos, no lo voy a negar, pero afortunadamente la tormenta se despejó ligeramente, y todo se lo debo al libro que hoy tengo el placer de reseñar. No es una de mis lecturas más recientes pero si la que me ha dado la pieza que faltaba en el puzzle de una historia que llevaba algunos meses en mi cabeza. Gracias a ella he podido, por fin, plasmar todas esas ideas sobre el papel. Lo de la falta de curro todavía persiste, pero lo que es optimismo y ganas de cumplir un sueño han regresado, y espero que para quedarse. Los libros tienen el poder de iluminar los días negros, y esta novela en concreto, parece no ser de este mundo. Thérèse e Isabelle: una pasión lésbica en el entorno más opresor.  


La historia de como esta breve novela de Violette Leduc llegó a mis manos es bien sencilla, y en parte os la he contado en el primer párrafo de esta reseña. Sin embargo, como en toda novela que se preste, en este caso existe una primera parte. No fue en los estantes de una librería, ni en el escaparate de unos grandes almacenes, ni siquiera se lo he visto leer a nadie en el transporte público, como tampoco en manos de algún conocido o amigo. La primera vez que vi Thérèse e Isabelle fue en una biblioteca pública. Una circunstancia que puede ser muy lógica, pero que para mi en ese momento me resultó fascinante. Normalmente, cuando visito algunas bibliotecas de confianza de mi ciudad, en particular la de mi barrio y algunas situadas en el centro, mis ojos suelen ir, no se por qué, a las novedades. Y es que algunas de ellas se lo montan muy bien para que el lector acuda al estante donde reposan, como recién salidos del horno, deseosos de tú seas la primera persona en catar su lectura. Sin embargo, por desgracia, estas estrategias (totalmente legítimas y normales) consiguen que pases del resto de libros que hay en la biblioteca de turno, libros que en su día fueron destacados pero que ahora pasan los días, meses y años recogiendo polvo en los estantes menos atractivos. Por eso, es bueno que de vez en cuando, los librófobos pasemos de vez en cuando de las jugosas novedades y nos adentremos en el laberinto de libros que, en apariencia, nadie quiere leer. No vaya a ser que, como me sucedió a mi, os topéis con la lectura de vuestra vida. Thérèsse e Isabelle se presentó ante mis ojos de esa forma, como un tesoro descubierto entre filas y filas de novelas que rara vez salen de sus estantes para ser degustados. Todo era perfecto: la sinopsis una maravilla, la portada un misterio  y justo la extensión que en aquellos momentos necesitaba (lo más breve posible). Sin embargo, como en todo guión cinematográfico, el giro dramático de los acontecimientos se produjo cuando acudí emocionada al mostrador y me dijeron que no podían prestármelo porque todavía estaba sancionada. Se me llevaron los demonios aquel momento, ¿cómo pude tener tan mala suerte? Afortunadamente, y a pesar de que la presencia de Thérèse e Isabelle en las librerías me recordó durante un tiempo aquel anecdótico pero decisivo episodio, la vida te recompensa, y en mi caso fue gracias a Mármara, editorial a la que pude pedir un ejemplar de esta novela de Leduc para poder leerlo con total tranquilidad. El resultado: una experiencia lectora única.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Thérèse e Isabelle presenta una de las lecturas más ágiles y bellas que he leído. Su extensión, 122 hojas, es perfecta. Hay quien seguramente piense que no le habría venido bien a la novela unas cuantas hojas de más, pero sinceramente, ¿de verdad hace falta? ¿Es necesario añadir páginas cuando su contenido es perfecto? Me cuesta decir que un libro es totalmente redondo, ya que siempre se le puede sacar algún punto de mejora, pero creerme cuando os digo que esta novela de Violette Leduc (una escritora injustamente olvidada) me ha llevado por terrenos insospechados. Me ha hecho volar, pensar, temblar, estremecerme, excitarme, y por primera vez en mucho tiempo, mantenerme al borde del llanto...En pocas palabras, que esta novela ha hecho conmigo lo que ha querido. Leduc es capaz de llevarse al lector al terreno que le interesa para luego, una vez captada toda su atención, sacudirlo y atravesar su alma con un afilado cuchillo, para luego dejarlo tirado, desolado, triste, con la sensación de no haber leído un libro, sino de haber sufrido un terremoto en sus propias carnes. Por no hablar de su exquisito erotismo, muy alejado de lo chabacano y simple que tanto se prodigó hace unos años, cuando la literatura erótica vivió un renacimiento impulsado por el marketing tras el éxito de Cincuenta sombras de Grey. Todos aquellos textos carecían de interés, de un trasfondo bien definido, de una historia que fuese más allá de las escenas de sexo (aunque estas constituyan los momentos centrales de la novela, por algo se le llama novela erótica y no romántica por ejemplo) y de un poso de reflexión (de hecho, muchas de ellas caen en el machismo más peligroso, sin crítica alguna). Una vez escuché a una escritora decir, en relación a la literatura erótica, que la línea que separa lo elegante de lo vulgar es muy fina, por lo que toda o todo escritor que pretendiese escribir una novela de estas características debía medir bien los pasos a seguir y presentar un estilo lo más depurado posible. Lo de Violet Leduc en Thérèse e Isabelle directamente es belleza, más allá de todo estilo literario (por muy depurado que esté). Sutileza, embriagadez, pasión...Todo eso junto y perfectamente revuelto en perfecta harmonía con lo que se esta narrando. La historia parte de una base muy sencilla: la tórrida relación amorosa y sexual entre dos alumnas de un internado de señoritas en la Francia de o bien a principios de siglo XX o bien a mediados de éste (pues no queda del todo claro) y en la que encontramos el patrón clásico dentro de la novela erótica de maestra y pupila. Thérèse (la propia Leduc) aprende de Isabelle. Sin embargo, toda incoherencia que podamos encontrar queda difuminada y olvidada, pues aquí, a parte de lo que se cuenta (que es vital e importante para entender la envergadura de esta novela), lo que de verdad importa es el envoltorio, o lo que es lo mismo, el como Violet Leduc lo cuenta. Aún así debemos ser conscientes como lectores que Thérèse e Isabelle representa un hito en la historia de la literatura francesa por varios motivos. En primer, lugar por la propia trama. Que en los años 50 del pasado siglo una autora se atreviese a escribir una historia sobre una relación lésbica es realmente fascinante. Esto refleja lo que ya sabíamos, que Violette Leduc fue una mujer adelantada años luz a su tiempo, a esa Francia de mediados de siglo que parecía despertar de un largo letargo puritano. En segundo lugar, por el carácter autobiográfico de ésta. Si lo de plantear una historia de amor entre dos mujeres ya era un atrevimiento, el exponerse de esa forma ante una sociedad cerrada y moralizante podía suponer un suicidio mediático. De hecho, no debemos olvidar que este libro fue censurado y que Leduc no pudo ver su obra publicada hasta unos años después. Aún así, Violette Leduc fue una autora aclamada por los intelectuales de su tiempo, en especial por su íntima amiga Simone de Beauvoir y su compañero Jan Paul Sartre (¡Casi nada!).  Y en tercer lugar, lo obvio, esa feroz crítica a la moralidad de la época, la cual se materializa en la atmosfera de la novela. Empezando por el propio edificio del internado y finalizando por las maestras. Un entorno represor que no hace sino acentuar la asfixia y el miedo en los dos personajes principales. Nadie duda a estas alturas de que Thérèse e Isabelle me ha gustado, hasta el punto de servirme como inspiración para un proyecto que estoy elaborando, por eso, me gustaría que lo leáis. Ya no sólo por una cuestión personal, también porque esto sí es literatura erótica de calidad. De la que profundiza, de la que te provoca, de la que logra excitarte de verdad.


Todos sabemos que la semana pasada tuvieron lugar en Madrid la impresionante, reivindicativa y siempre colorida fiesta del Orgullo LGBTIQ+. La más importante a nivel nacional y la que congrega cada año a miles de miembros del colectivo en la plaza Pedro Zerolo, situada en el icónico barrio madrileño de Chueca. Hasta ahí todo correcto. El problema viene cuando se extrae beneficio a costa de una reivindicación social tan importante como la del colectivo LGBTIQ+. Coincidiendo con los actos de esa semana, muchos fueron los políticos que se apuntaron al carro de reivindicar los derechos LGBTIQ+, algunos incluso procedentes de partidos contrarios a éstos. No podemos pasar por alto el famoso tweet de María Dolores de Cospedal en el que deseaba a sus seguidores un feliz Orgullo. Como tampoco la participación de Ciudadanos en la multitudinaria manifestación del sábado, en la que su líder, Albert Rivera, aprovechó para ensalzar las ventajas de la gestación subrogada para el colectivo LGBTIQ+. Dos formas de manifestar su apoyo a la causa totalmente oportunistas. Por un lado el PP, que siempre ha votado en contra de la mejora de los derechos del colectivo, pretendía lo que parece ser una especie de lavado de cara del propio partido político más que un apoyo sincero. Y por otro Ciudadanos que, como en otras ocasiones, sus líderes más visibles no pierden la oportunidad de buscar rédito político a costa del valor de las peticiones del colectivo. Al igual que los partidos políticos pretenden obtener votos apoyando al movimiento, las empresas no dudan en subirse al carro y teñir sus principales logos con la bandera del arcoíris. Apple, la prensa escrita, Netflix, HBO, el Banco Santander...Hay muchos ejemplos, y la mayoría de ellos aprovechan las fechas para lanzar ofertas o poner a la venta productos relacionados con la temática (camisetas, pins, calcetines, banderas, pulseras, discos recopilatorios). Aunque lo más surrealista que he visto últimamente por ahí ha sido un anuncio en un portal de empleo y emprendimiento de mi ciudad, en el que en apoyo al colectivo, iban a apoyar durante esa semana a los emprendedores que quisiesen montar empresas gay-friendly. A todo eso, amigas y amigos, se le conoce con el nombre anglosajón de Pinkwashing, que significa literalmente "blanqueamiento rosa". En otras palabras, las estrategias políticas y de márquetin dirigidas a la promoción de instituciones, países, personas, productos o empresas apelando a su condición de simpatizante del colectivo LGBTIQ+ con el objetivo de ser percibidos como abiertos, progresistas, modernos y tolerantes. Aquí en España, el Pinkwashing se da solamente durante los actos de la semana del Orgullo en Madrid, en donde todos los interesados sacan la artillería pesada para poder conseguir su propósito. Esto también ocurre en muchos países de nuestro al rededor y del otro lado del charco, aunque sin duda, en donde esta estrategia esta tomando tintes más terribles es en Israel. País que, por un lado esta impulsando una espectacular campaña publicitaria para atraer al colectivo LGBTIQ+ a su territorio, al mismo tiempo que comete crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino. Turismo y conversión de Tel-Aviv en capital gay friendly mundial para ocultar la violación de los derechos humanos perpetrados. ¿Por qué digo todo esto? ¿A qué viene esto del Pinkwashing? Pues al hecho de que no debemos caer en las redes de éste (o al menos a intentarlo), a que todos los días se tiene que reivindicar la diversidad y la tolerancia (y no sólo una semana al año) y a que una buena forma de escapar del Pinkwashing es leyendo libros como el que hoy he reseñado en cualquier momento del año. Primavera, verano, invierno u otoño. Cualquier ocasión es buena para adentrarse en esta literatura tan intensa como reivindicativa. Thérèse e Isabelle: una historia de amor, sexo, pasión, deseo, represión, dudas, noches sin dormir, desafío a las convenciones sociales...La novela que todas y todos deberíamos leer, recomendar y tener a nuestro lado.

Frases o párrafos favoritos:

"Isabelle llegó del país de los meteoros. de las conmociones de las catástrofes, de los estragos. Me lanzó una palabra liberada, un programa, en su hálito el frescor de los mares del norte. Tuve la fuerza para guardar silencio y hacerme de rogar."

"El escalofrío es la caricia lo que el relámpago a la noche."

Película/Canción: existe una adaptación de 1968 realizada por el director estadounidense Radley Metzger. Sin embargo, y a falta de un tráiler disponible en internet, he querido hacer un pequeño homenaje a este libro adjuntando el videoclip de una de las canciones más famosas y trasgresoras de Mecano. Cada vez que la escucho se me ponen los pelos de punta.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Mármara Ediciones

viernes, 6 de julio de 2018

RESEÑA: Quédate conmigo.

QUÉDATE CONMIGO

Título: Quédate conmigo.

Autora: Ayòbámi Adébáyò (Lagos, Nigeria, 1988). Sus historias han aparecido en diversas revistas y antologías literarias, y han sido muy elogiadas por el jurado de Commonwealth Short Story Prize en 2009. Tras cursar un máster en Literatura inglesa en la Universidad de Obafemi Awolowo, Adébáyò realizó otro de Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia, donde recibió una beca de Escritura Creativa. También ha obtenido otras becas de investigación y ha sido residente en Ledig House, el Sinthain Cultural Centre, Hedgebrook, la Ox-Bow School of Art, Ebedi Hill y el Sienna Art Institute. Quédate conmigo es su primera novela.


Editorial: Gatopardo.

Idioma: inglés.

Traductora: Irene Oliva Luque.

Sinopsis: Yejide espera un milagro: un hijo. Es lo único que quiere su marido, lo único que quiere su suegra, y ella lo ha probado todo: duros peregrinajes, consultas médicas, plegarias a Dios. Pero cuando sus familiares se empeñan en buscar una nueva esposa, cruzan el límite de lo que Yejide es capaz de soportar. Y se verá abocada a los celos, la traición y la desesperación.

Su lectura me ha parecido: intensa, compleja, estremecedora, durísima, de las que dejan huella, exquisita, grandiosa, elegante, deliciosa... Hace unos días, mientras meditaba cual sería el libro que protagonizaría la próxima reseña en este blog, me di una vuelta por el índice de contenidos que podéis encontrar en Jimena de la Almena si deslizáis hacia abajo el ratón. Leí cada uno de los apartados, algo que no hacía desde el momento en el que comencé a despreocuparme de los números y las visitas, y me topé con algunos datos curiosos. ¿Es posible que de las 257 reseñas que llevo publicadas, unas 68 sean de libros escritos por autoras o autores ingleses? Sí, es posible, ya que mi idilio con la literatura de dicho país parece ser eterno. Le sigue de cerca Estados Unidos con 56 reseñas y en tercera posición España con 48 (algo a lo que tendré que poner remedio más pronto que tarde). Bastante más alejados están Francia con 19 y Alemania con 10, pero a grandes rasgos estos serían los cinco países cuya literatura he reseñado más, al menos si nos ceñimos a los datos numéricos. Sin embargo, dentro de todo ese índice compuesto de periodos históricos, nombres de autoras/es, corrientes literarias, temas y editoriales; hay representados una serie de países cuyo número de reseñas es bastante inferior. Entre ellos se encuentra Irlanda con 6 reseñas (este ha sido sin duda el país que más he descubierto este año literariamente hablando gracias especialmente a Edna O´Brien), Italia con 5 (increíble pero cierto), Australia con 5 (cortesía de Kate Morton), Chile con 3 (bendita Isabel Allende) Suecia con 5 (alabada sea Camilla Läckberg y todas las escritoras/es de novela negra de este país), Austria con 3, Dinamarca con 2 y Grecia también con 2. Y un escalón más abajo, una tímida representación países como Brasil, China, Corea del Norte, Estonia, Finlandia, Hungría, Islandia, Portugal, República Checa, India, Suiza, Turquía y Vietnam. Cada uno con un solo libro reseñado. Este repaso general, además de demostrar que soy una lectora bastante ecléctica aunque con claras preferencias, me ha hecho reflexionar acerca de la cantidad de literatura que existe y que nos queda por descubrir. Es cierto que, como acabo de demostrar, en cuanto a gustos literarios la influencia anglosajona pesa mucho, y la americana ya ni os cuento, pero ahí están otras autoras/es procedentes de los países más remotos que nos podamos imaginar, deseosos de que su obra sea conocida por el gran público. El libro que hoy tengo el placer de reseñar está escrito por una novelista cuyo país de procedencia inaugura nueva pestaña en el índice, y con él, la irrupción de un continente, el africano, el cual está demostrando en los últimos años que esta plagado de talento literario. Quédate conmigo: la maternidad como motor de una historia tan dolorosa como hermosa.


La historia de como Quédate conmigo (sí, yo también pensé en Pastora Soler la primera vez que leí el título de este libro) llegó a ocupar un privilegiado lugar en mi adorada estantería es bien sencillo. Pero estaría siendo injusta con todos vosotros si no relatase esta breve explicación de los hechos desde el verdadero principio, que no es otro que desde ese desconocimiento absoluto por la literatura procedente de África. Todo sistema capitalista que se precie, en especial los más invasivos y devastadores, se encargan siempre de repetirte hasta la saciedad que lo que éstos ofrecen es lo mejor y que por tanto es digno de ser consumido salvajemente. Y por el contrario, lo que consideran perjudicial o una posible amenaza al "chiringuito" que tienen montado, no dudan en despreciarlo y realizar un lavado de cerebro a todos nosotros, con el objetivo de crearnos una opinión desfavorable o indiferente sobre X cuestión, producto, cultura, etc. Eso es justo lo que ocurre cuando escuchamos hablar de África. Muchos no dudan en evocar las imágenes del Rey León, fragmentos sueltos de algún documental de naturaleza, la icónica danza de los masáis que se uso para un conocido anuncio, los simpáticos y marchosos lémures de Madagascar o el famoso vuelo en avioneta de Memorias de África. Pero más allá de lo que el mundo audiovisual nos haya podido transmitir, lo cierto es que cuando escuchamos "África" la palabra que se nos viene a la cabeza de inmediato es "hambre"a la que se le suman otras tantas como "pobreza", "muerte", "desnutrición", "guerra" "inmigración" o "enfermedad". Agoreras palabras que consiguen crear una imagen que, si bien es cierta por desgracia, no define en su totalidad al territorio africano dejando a un lado ese poso cultural tan importante que éste posée a lo largo y ancho del continente. África no está muy presente en los telediarios, y cuando lo hace es por una mala noticia (atentados terroristas, golpes de estado, hambrunas, rebrote de enfermedades mortales, catástrofes naturales, inmigración ilegal...) pero no porque uno de sus hijas o hijos naturales, por ejemplo, haya alcanzado un notable logro en cualquier campo del conocimiento o a nivel profesional. Afortunadamente, aunque a cuenta gotas, los lectores occidentales estamos poco a poco conociendo más este continente tan fascinante más allá de los problemas y los tópicos con los que se suele asociar a través de una serie de singulares autores. Desde el candidato al Premio Nobel como el keniata Nügï wa Thiong´o hasta la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (cuyas novelas y ensayos feministas han conseguido colarse entre los más leídos a nivel global), pasando por Yaa Gyasi, Nuruddin Farah o Nii Ayikwei Parkes entre otros. Nadie duda que la literatura africana, por un motivo u otro, ha comenzado a conquistar las ventas y los halagos de la crítica más exigente, y una servidora no pensaba quedarse atrás. Aunque he de confesar que me inicié en la literatura procedente de este continente con los Ted Talks feministas de Chimamanda Ngozi Adichie, no ha sido hasta Quédate conmigo, la novela que hoy reseñamos, cuando de verdad he podido degustar las migas de una literatura tan autóctona y especial como es la africana. En cuanto lo vi por vez primera a través de las redes sociales, supe que el libro de Ayòbámi Adébáyò tenía que ser mío. Un amor a primera vista que parece prolongarse en el tiempo y en mi memoria.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Quédate conmigo presenta una de esas lecturas que no quieres que acaben nunca. Sabemos que ningún libro es infalible, ni absolutamente perfecto, pero existen unos pocos que consiguen aproximarse, tanto que hasta parecen rozarla con sus palabras. En el caso de esta novela, Ayòbámi Adébáyò logra una cosa muy difícil: contar una historia tan dura como la vida misma, o más incluso, y al mismo tiempo atrapar al lector en ella sin que éste alce la mirada del papel, sin que dude, sin que pestañeé, fascinado por como la cuenta. En Quédate conmigo ese experimento consistente en filtrar la crudeza de la trama a través de un estilo depurado, sugestivo y hasta colorido si se me permite el atrevimiento, da como resultado una doble fórmula: la de un inmediato éxito editorial y la que convierte a esta novela en un recuerdo imborrable en el lector que se atreve con su lectura. Adébáyò construye una historia que ya nos la han contado muchas veces, sobre todo desde el plano más occidental. Que levante la mano quien no haya leído un libro en el que la protagonista no puede quedarse embarazada y tiene que asistir a los problemas o a las consecuencias de su sino. Sin embargo, al ambientarse en Nigeria, y encima en el contexto de las revoluciones sociales a las que el país asistió durante la década de los 80 del pasado siglo, ésta adquiere una dimensión totalmente nueva y novedosa a ojos del lector. A grandes rasgos, Quédate conmigo narra la historia de Yejide, una mujer movida por un único objetivo: ser madre. Sin embargo, no consigue quedarse embarazada, situación que aviva las presiones desde su entorno más cercano, empezando por las de su marido Akin y finalizando por las de su suegra Moomi, la cual amenaza con buscarle a su hijo una nueva esposa (algo que finalmente lleva a cabo), y que llevará a la protagonista a iniciar un desesperado periplo con el único fin de mantener intacta la vida que tenía. El amor está presente a lo largo de esta novela, pero no es un amor romántico al uso, sino llevado al extremo, hasta el punto de que éste acaba por materializarse en un hilo, tan fino que en cualquier momento puede romperse, y con él, todo lo construido a lo largo de los años. De esta forma tan metafórica, Adébáyò nos habla de la fragilidad de las relaciones de pareja, así como de los sacrificios que se hacen (en este caso de forma evidentemente desigual) para que la convivencia siga siendo tan armoniosa como al principio. Una historia la de Quédate conmigo que nos ofrece unas pocas pinceladas del marco espacial y cronológico en el que ésta se desarrolla. No muchas, pero si las suficientes como para que el lector se sitúe en medio de un país que oscila entre lo político-social (el clima de tensión y violencia se palpa en el ambiente y en el carácter de los propios personajes) y el misticismo de las creencias ancestrales tan arraigadas en los comportamientos humanos. En medio de ese caos en el que parece que ha caído el país, Yejide peregrina hacia una montaña en busca de los milagros de un supuesto profeta. Un contraste que acentúa aún más esa dualidad entre lo ancestral y anacrónico y la realidad más acuciante. Mención a parte merecen los personajes de esta novela, en especial el Yejide de la protagonista absoluta. Su complejidad, su determinación, sus momentos de flaqueza, pero sobre todo su fuerza, la cual saca de donde no hay, hacen que este personaje se quede en la retina del lector. Si bien es cierto que a medida que nos acercamos al final parece decaer en intensidad, no podemos quitarle el merito a Adébáyò, capaz de cargar sobre los hombros de su protagonista femenina todo el peso de la historia sin ningún remordimiento. Akin, el marido de Yejide, también es importante para esta historia, pues si en Quédate conmigo conocemos la historia desde la perspectiva de ella, la introducción de un personaje como el de Akin nos sirve como contrapunto y como excusa para contar la historia desde la otra mirada, es decir, desde la mirada masculina. La cual por supuesto, no tiene nada que ver con la femenina, ni en tratamiento ni en protagonismo. Es interesante conocer su versión, como él vive el hecho de que su mujer no pueda tener hijos, pero éstas escenas son escasas en comparación con las que vive Yejide. Creo que en este sentido Adébáyò podría haber equilibrado mejor las dos narraciones para que éstas no quedasen totalmente descompensadas. Y por último, si ha habido un personaje que he odiado con todas mis fuerzas ese es el de Moomi, la madre de Akin y por tanto suegra de Yejide. Una mujer que representa ese mundo tradicional y a la vez caduco tan presente en la novela y que no hace más que machacar a su nuera para que le de un nieto. Sin duda un personaje tan odioso como atemporal. Nadie a estas alturas de la reseña duda que, además de todo lo mencionado, el poder cautivador de Quédate conmigo reside en su exotismo. El lector occidental, raramente acostumbrado a consumir literatura que traspase las fronteras de lo convencional, encontrará en esta novela la puerta de acceso a un universo literario nuevo, tan fascinante como demoledor, pero que es necesario conocer.


Salta a la vista que Quédate conmigo parece erigirse como un tratado novelado sobre la maternidad en todas sus facetas. Pero también de un enorme tabú, tan antiguo y tan trascendental que éste ha llegado hasta nuestros tiempos. Que no es otro que el de la infertilidad, en concreto de la infertilidad masculina. Desde que el mundo es mundo siempre se ha culpado a la mujer de la imposibilidad de tener hijos, lo cual ha comportado como consecuencia duros castigos o sambenitos que provocan gran estigma social. Y esto es así porque a la mujer siempre se le ha asociado con esa capacidad biológica, sin tener en cuenta que en el proceso el hombre juega un papel fundamental. Sin los espermatozoides la vida no nace dentro de la mujer, eso es de cajón, de primero de educación sexual y de clase de biología. Sin embargo, la sociedad patriarcal salvaguarda el honor de los hombres, pues se da por hecho que los hombres no son infértiles por naturaleza. Todas y todos estamos cansados de ver, ya sea a través de los libros de texto o en algunos casos en vivo y en directo, cuerpos de hombres desnudos. Es una constante: desde las esculturas clásicas de las antiguas Grecia y Roma, hasta los cuadros más modernos, pasando por todas esas corrientes pictóricas y escultóricas del Renacimiento, el Barroco, el Neoclasicismo o el Romanticismo entre otras. En cada una de estas etapas históricas, la figura masculina se nos presenta erguida, fuerte, musculosa, en actitud defensiva o realizando algún movimiento concreto (siempre relacionado con actividades tan fuertes e impactantes visualmente como el combate, el ejercicio físico o la toma de decisiones trascendentales). Unos cuerpos perfectos en los que los miembros viriles están presentes y a la vista de todo el mundo. Aunque curiosamente es cierto que a lo largo de la historia éstos se han visto censurados. Ejemplo de ello son las famosas hojas de parra colocadas con posterioridad sobre algunas esculturas clásicas o la censura de la que hizo gala Pío IV al ordenar al pintor Danielle di Volterra vestir los desnudos de la Capilla Sixtina, los cuales en su mayoría son masculinos. Por no hablar de que, en el año 2012, una televisión china pixeló los genitales del David de Miguel Ángel durante un reportaje. Aunque más reciente es el hecho de que en muy pocos productos audiovisuales (cine y televisión principalmente) aparezcan desnudos integrales masculinos. Creo recordar que en Juego de Tronos aparece alguno, al igual que en las series Roma, Deadwood o en la reciente The Leftovers. Y en cuanto al cine la cosa no es muy habitual. Uno de los más recordados es el de Michael Fassbander en Shame, pero también lo son los de actores como Viggo Mortensen, Vicent Cassel, Ewan McGregor o Daniel Craige. Sin embargo, en cuanto a desnudos masculinos en el cine o en televisión siempre nos muestran el plano trasero, por lo que es muy difícil que el espectador pueda ver el pene del actor en concreto. ¿A qué se debe todo esto? Muy fácil, a que todavía persiste en el mundo del arte y en el plano social-cultural la idea de que la debilidad del hombre reside en el pene. En otras palabras, a que su supuesta "masculinidad" y "fertilidad" están en juego en función del tamaño de su miembro. Se que suena demasiado chabacano, brusco incluso, pero es así. Hasta en la actualidad muchos chicos se obsesionan con el tamaño de su pene, midiéndoselo y comparándolo con el de los demás en los vestuarios o en la privacidad del hogar (y esto es completamente verídico). Una obsesión que acaba por convertirse en una cuestión de honor, algo que podemos apreciar en el mundo del cine. ¿Alguien ha pensado alguna vez que hubiese sido de Arnold Schwarzenegger si en algún momento de su carrera cinematográfica se hubiese prestado a un desnudo frontal? Nunca lo sabremos, pues el derecho a preservar esa posible "mancha" en su anatomía, y por tanto su "hombría", está asegurado. De estar en lo cierto, automáticamente su imagen de tipo duro, hipermusculoso y agresivo (no muy lejano a la masculinidad de las esculturas clásicas). Ese hombre que el patriarcado quiere venderte como modelo a seguir a través del consumo de masas se iría al traste. Sin embargo, con las mujeres no pasa eso. Las mujeres en las películas se desnudan, incluso frontalmente, dejando al descubierto sus órganos sexuales. Pero la diferencia radica en que, en el mundo de la ficción, las mujeres sufrimos más el sexo o los desnudos gratuitos. En parte gracias a que nuestro cuerpo ha sido tomado en el mundo del arte como un bello objeto, dejando a un lado claro está, todo debate intelectual entorno a él. Un cuerpo al servicio de los hombres, los cuales están llamados a otros quehaceres de mayor altura. Un cuerpo que es usado hasta la saciedad y cuya única función es la de tener hijos. Un cuerpo, como sucede en Quédate conmigo, sujeto al escarnio público y a las presiones de la sociedad. Un cuerpo cuyo honor y derecho a ser respetado no alcanza al del de los hombres. Un cuerpo diferente al del sexo masculino y cuya evolución en el imaginario artístico, literario y social parece no sufrir cambio alguno con el paso de los siglos. Dejando patente, una vez más, lo mucho que nos queda por avanzar. Quédate conmigo: una historia de amor descomunal, infertilidad, roles de género, tradiciones anacrónicas, maternidad, tensiones sociales...Una novela necesaria para los tiempos que corren.

Párrafos o frases favoritas:

"Ya entonces intuía que habían venido en son de guerra. Los veía a través de las hojas de cristal en la puerta. Oía su cháchara. No parecieron percatarse de que llevaba casi un minuto entero de pie al otro lado de la puerta. Quería dejarlos plantarlos allí fuera, subir las escaleras y volver a acostarme. Tal vez se derritiesen en charcos de fango marrón si se quedaban al solo el tiempo suficiente."

Película/Canción: como no existe una posible adaptación audiovisual a la vista, he optado por adjuntaros una pieza de BSO preciosa, una de mis favoritas. La película para que fue compuesta no tiene nada que ver con Quédate conmigo, sin embargo, sus notas no pudieron evitar evocarme algunos pasajes del libro, en los que la alegría y el drama se funden en un mismo color.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

viernes, 29 de junio de 2018

RESEÑA: V y V Violación y Venganza

V Y V VIOLACIÓN Y VENGANZA

Título: V y V Violación y Venganza.

Autora: Pilar Bellver (Villacarrillo, Jaén, 1961). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado: De las cosas que aprendí con el cedazo Nº 1 de mi abuelo (Premio Clarín de Cuentos en 1981), La tercera vez (Premio Nacional de Novela Breve J. L. Castillo-Puche 1997), Veinticuatro veces (Lumen 2000), su primera novela larga; La vendedora de tornillos o El tratado de las almas impuras (Elipsis Ediciones 2006); Vecinas, relato incluido en Un deseo propio, antología de escritoras españolas contemporáneas (Bruguera 2009), A todos nos matan antes de morir (Algaida 2010) y A Virginia le gustaba Vita, relato incluido en la antología Ábreme con cuidado (Dos Bigotes 2015), que se convirtió en la novela A Virginia le gustaba Vita (Dos Bigotes 2016). V y V Violación y Venganza es su última novela publicad el pasado año por Dos Bigotes. Además de su amplia experiencia en el campo de la escritura, Pilar Bellver es una reconocida activista por los derechos de la mujer y la visivilización de los colectivos LGBT en la literatura.


Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: castellano.


Sinopsis: traer al siglo XXI el mito de Progne y Filomela, una historia de violación y venganza que narra, entre otros, Ovidio en las Metamorfosis, hacerla surgir de nuevo y darle sentido desde nuestra visión actual, no es tarea fácil. Para conseguirlo, Pilar Bellver desarrolla la idea de venganza no sólo en la dimensión de lo privado, que es la que plantea el mito, sino también en la dimensión de lo público-político: la terrible venganza de las dos hermanas es aquí correlativa a la venganza política que el clandestino y revolucionario Grupo para la Globalización de la Destrucción (GGD) emprende contra los parques naturales de las grandes potencias que están destruyendo la Amazonía y los bosques primarios de los países pobres.

Su lectura me ha parecido: original, sencilla, algo extensa, violenta, de obligatoria reflexión, cruda, feminista, tremendamente contemporánea, actual, imperecedera...Queridas lectoras y lectores, muchas veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos de poseer un legado literario tan importante y al que, por desgracia, tendemos a menospreciar. Desde Cervantes hasta Cela, pasando por Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Jovellanos, Zorrilla, Bécquer, Espronceda, Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Machado, Azorín, Ortega y Gasset, Lorca, Aleixandre, Alberti, Delibes, Ferlosio y tantos otros. Un legado en el que las mujeres, desgraciadamente en menor proporción, han contribuido a otorgarle personalidad y prestigio. Nombres como Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Ana María Matute, Gloria Fuertes o Carmen Martín Gaité ya forman parte de ese olimpo de la escritura española, un olimpo en el que claramente no existe igualdad, al menos en número, respecto a sus colegas escritores. Afortunadamente y con el paso de los años, son muchas las escritoras del panorama literario actual que han conseguido poco a poco colarse entre las más vendidas y apreciadas por la crítica, además de posicionarse para en un futuro formar parte de ese selecto club, tales como Almudena Grandes, Rosa Montero, Elvira Lindo, Espido Freire, Matilde Asensi o Marta Sanz entre otras muchas. Sin embargo, la proporción sigue siendo totalmente desigual, hasta el punto de que cuando se piensa en literatura española inmediatamente se nos vienen antes a la cabeza algunos de los ilustres hombres citados al principio y no el de todas esas escritoras coetáneas a ellos cuyo trabajo merece el mismo reconocimiento. Pero si hablamos de escritoras españolas, no podemos pasar por alto el hecho de que existe un número inmenso que se desconoce por completo tanto su producción literaria como su biografía. Y ya no estamos hablando de las ya fallecidas cuyas novelas y ensayos, rescatados y puestos en valor, disfrutamos con fervor actualmente. Nos referimos a esas escritoras españolas, no tan conocidas por el gran público, cuyas obras no se han publicado en su mayoría en las grandes editoriales del país, pero que ahí siguen, inquebrantables, marcando el paso, influyendo en futuras generaciones de autoras, hablando sobre temas tan importantes como el feminismo, la violencia de género, la desigualdad o lo que significa ser mujer en pleno siglo XXI. ¿Con todo esto que quiero decir? Primero, que no debemos despreciar la literatura española. Y segundo, que por favor, lean obras escritas por mujeres españolas, y no sólo a las más conocidas, también a escritoras como Pilar Bellver, autora de la interesante novela que hoy tengo el placer de reseñar. V y V Violación y Venganza: nunca antes la venganza se sirvió en un plato tan frío.

La historia de como V y V Violación y Venganza llegó mis manos (electrónicamente hablando en este caso) fue gracias a que un día casi por casualidad, mientras ojeaba la página web de la editorial Dos Bigotes, me topé con esta lectura, la cual resultaba ser una de sus últimas novedades. La historia en si, como habéis podido comprobar, es muy simple. Pero el que un libro como V y V Violación y Venganza llegase a interesarme en aquellos momentos tiene un por qué más complejo. Si me habéis leído en otras reseñas anteriores sabréis que mi interés por el feminismo, tanto por la teoría como por la literatura, vino a raíz de un trabajo de clase durante mi último año de carrera. Un trabajo en el que tuve que analizar en profundidad la obra más importante de Betty Friedan, es decir, La mística de la feminidad (libro que espero reseñar en algún momento). Antes de su lectura ya me consideraba una persona feminista, pues mis opiniones, las cuales no dudaba en exponerlas públicamente (algo que por supuesto sigo haciendo) respeto a temas como por ejemplo la igualdad entre mujeres y hombres era y sigue siendo la de abogar y luchar por que esta se produzca. Sin embargo, si es cierto que me faltaba toda esa formación teórica para entender mejor el movimiento, las diferentes corrientes, los análisis de la representación de la mujer en los diferentes ámbitos culturales (música, pintura, cine, publicidad, televisión, fotografía, literatura...), así como su situación en el campo de lo laboral y profesional. Incluso me faltaba conocer aún más en profundidad su papel a lo largo de la historia y en cuestiones relacionadas con la sexualidad. La mística de la feminidad no resultó ser un libro con cuyos postulados estaba completamente de acuerdo. Por un lado me pareció magistral ese análisis que Friedan hace de la representación de la mujer en los medios de consumo de masas de la época, así como abordar el conocido como "malestar que no tiene nombre", es decir, el descontento generalizado de la mujer de los años 50 y 60 del siglo XX al ver como sus aspiraciones profesionales y sueños se ven anulados ante la imposición de la maternidad y un modo de vida más doméstico y no tan público. Pero por otro lado, La mística de la feminidad me pareció un texto demasiado elitista, pues Friedan sólo se centra en las mujeres de la  adinerada y blanca clase media americana, dejando fuera a las mujeres afroamericanas o a las mujeres blancas de clase obrera por ejemplo. Una lectura sin duda no exenta de crítica pero que de alguna manera me marcó el camino en dirección a otros libros similares, ya fuesen novelas u ensayos. Y fue así hasta que me topé con V y V Violación y Venganza, un libro que por aquel entonces avivó mi irrefrenable curiosidad, ávida de literatura feminista Made in Spain. Gracias a Dos Bigotes conseguí hacerme con él en formato electrónico y leerlo en cuanto tuve un pequeño hueco en medio de tanta lectura atrasada. El resultado no pudo ser mas satisfactorio.

En lo que respecta a la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que V y V Violación y Venganza presenta una lectura a priori caótica. Es más, a mi personalmente me costó un poco adecuarme a la forma en la que Bellver nos presenta la historia. No obstante, y a medida que vas dejando páginas atrás consigues sumergirte de lleno en la novela, en la trama y mezclarte con unos personajes tan atemporales como interesantes. Uno de los grandes atractivos de esta novela es que Bellver ha adaptado al siglo XXI el que es tal vez uno de los mitos más antiguos de la mitología griega: el de Progne y Filomela. Una narración ancestral para mi desconocida y que, a raíz de la lectura de este libro, ha conseguido despertar mi adormecido interés por los mitos de la Edad Antigua. No hay cosa que más me guste de una novela que la autora o autor en cuestión tire de influencias procedentes de estos ámbitos, ya sea la mitología griega, romana, egipcia, celta, maya, azteca o mesopotámica incluso como vertebrador principal de ésta. Porque en definitiva, los mitos y las creencias religiosas han acompañado a la humanidad desde que el mundo es mundo, influyendo de manera determinante en los comportamientos sociales, políticos, económicos y culturales de la misma. Es más, muchos de estos han conseguido sobrevivir hasta nuestros días, y en algunos casos manteniendo intacto su carácter ancestral. Que un libro de ficción en pleno siglo XXI se presenta bajo estas credenciales ya no sólo me parece original, sino que demuestra un ejercicio intelectual de gran altura. No voy a entrar en detalles ni voy a narraros el mito de Progne y Filomela, pues el sopiler sería de proporciones estratosféricas ya que dicho mito constituye la principal línea argumental de esta novela, pero sólo os diré que hay violencia extrema, traición, mentiras y hasta canibalismo. Si nos atenemos al título de la novela, V y V Violación y Venganza, éste nos proporciona a su vez dos de los grandes temas al rededor de los que gira tanto el mito como este libro, pues como ya os he dicho, ambos van en paralelo. La violación en este caso se presenta en prácticamente todas sus vertientes. La violación de la mujer, de los derechos, de la maternidad e incluso de la propia memoria. Es tal la cantidad de prismas que el lector en ocasiones se siente abrumado, superado incluso ante la crudeza con la que Bellver narra los hechos. Sinceramente esta sensación de desasosiego y perturbación que consigue producir la veo bastante necesaria, pues los libros están para eso, para que las historias te toquen, te afecten, para que te revuelvan el estómago, para que te des cuenta que lo que estás leyendo bien puede estar pasando tanto en la otra punta del mundo como al otro lado del rellano. Por supuesto, si hay violación, del tipo que sea, ésta, según el canon de las historias mitológicas, se paga con la venganza. Una venganza que, si sois muy dados a adentraros en este tipo de relatos, sabréis que no escatima en violencia. Las vendettas de Juego de Tronos no son nada comparadas con las que se ejecutan en las historias de la mitología griega, romana o celta por citar algunos ejemplos. Y en el caso de V y V Violación y Venganza (porque una lleva a la otra, incluso en la actualidad, más de lo que podamos imaginarnos) creo que es de las más brutales que se puede llegar a realizar. Además de suscitar en el lector una profunda reflexión entorno a la violación y a la posterior sed de venganza, éste también aborda el cuestionamiento de la maternidad, el cual acaba conduciendo al lector a uno de esos finales que impactan y que resume a la perfección la brutalidad con la que se ha tratado a las mujeres a lo largo de la historia. A partir de los sucesos que acontecen en la novela, una no puede evitar observar como a su alrededor todavía, a día de hoy, se sigue machacando a la mujer que no tiene hijos y achacando los problemas de infertilidad a ésta y no al hombre. Además de la presencia de un amplio espectro de personajes femeninos, en los cuales podemos encontrar claras reminiscencias a la cultura clásica y a los valores que de ella heredamos, la novela resta heroicidad a los personajes masculinos, lo cual no sólo consigue que a ojos del lector sean más auténticos sino que además den más miedo. Por último, recalcar el hecho de que V y V Violación y Venganza parece haber nacido con el propósito de constituir un manifiesto que va más allá del feminismo. Un manifiesto en el que por supuesto no se excluye a los hombres y en el que deja bien claro que el movimiento feminista no busca una superioridad de la mujer sobre el hombre, sino la igualdad plena en todos los ámbitos. Una obviedad que, a juzgar por los continuos ataques e insultos gravísimos que las feministas seguimos recibiendo a través de las redes sociales, parece que muchos o bien no la entienden (lo cual dudo) o simplemente no quieren entenderla.


Si algo demuestra V y V Violación y Venganza es que, en primer lugar, que los mitos de la antigüedad siguen vigentes, incluso en pleno siglo XXI, y en segundo lugar y tal vez más importante, que estos se impregnan de un machismo realmente aterrador. El mito de Progne y Filomela es sólo un ejemplo más de como las mujeres en la mitología son tratadas como objetos al servicio del hombre. Y es que tanto en el colegio, como en el instituto, como en los libros de texto estas historias nos las contaban sesgadas o tirando de metáforas con el propósito de esconder lo que realmente pasaba. En un libro sobre mitologías que conservo aún de cuando de cuando era pequeña, al hablar de Zeus, éste no esconde su condición de infiel (menos mal), pero si un gran detalle: el hecho de que Zeus era un violador. Así, sin más, porque de verdad eso es lo que era, un señor que se dedicaba a violar a mujeres. Es si, en este libro, en el que se relata el episodio con la princesa Europa, lo explican de como un ligón que no duda en transformarse en un toro para que la princesa, obnubilada ante tan bello animal, acabase montando sobre su grupa. Este mito explica el origen del continente Europeo, pero también es la historia de una violación bestial con tintes zoofilicos. Peor es el destino de una de las mujeres de Zeus, Metis, que fue devorada por éste por temor a que el hijo que esperaba junto a ella fuese a destronarle. De nuevo un episodio de violencia y salvaje canibalismo. Sin embargo, en esta historia el karma actuó sobre Zeus en forma de dolor de cabeza y de parto craneoencefálico del que nacería Atenea, diosa de la sabiduría, de la guerra y protectora de la ciudad griega de Atenas. Las mujeres en la mitología griega son violadas (no hay más que recordar el mito de Príapo y la ninfa Lotis, que tras fracasar en su intento de forzarla como castigo la convirtió en una flor de loto), pero también secuestradas, como le sucede a Coré, sobrina de Zeus e hija de Deméter. Con la excusa del "estar enamorado" su tío Hades la rapta y se la lleva a sus dominios, es decir al Infierno, bajando por una grieta que hay en la tierra. Démeter busca desesperadamente a su hija, desatendiendo su labor como diosa de las cosechas y los campos, una situación insostenible a la que Zeus pone orden tratando de convencer a Hades de que libere a Coré. Pero hay un problema,  Coré ha probado la comida de los infiernos y por tanto, ya no puede salir de él. Finalmente Hades y Coré se casan, y éste le da el nombre de Persépone. En otras palabras, estamos ante el secuestro de una mujer perpetrado por su propio tío, a la que no sabemos que le sucede una vez está en el mundo de los infiernos (lo de la comida apesta a eufemismo), que es finalmente obligada a casarse con el y a cambiar de nombre de paso. Podría ser el argumento de un culebrón malo, sí, pero terriblemente espeluznante. Un ejemplo más de como la opinión de la mujer en la mitología griega no importaba. Estoy segura de que si alguien le hubiese preguntado a Coré la historia hubiese sido muy distinta. Aunque para secuestros los que sufrieron las pobres Sabinas ante el grave problema demográfico que sufría la ciudad de Roma bajo el reinado de Rómulo. La estatua de Juan de Bolonia que he adjuntado en esta reseña estremece, pero más estremece saber que éstas fueron sacadas de sus hogares, llevadas en volandas y violadas por sus captores, como si trozos de carne se tratasen. Pero si hay un mito en el que se presenta a la mujer como la causante de todos los males ese es el de Pandora, a la que confían una jarra que nunca debe ser abierta. ¿Pero qué sucede? Que la curiosidad hizo que Pandora la abriese liberando su terrible contenido, que no es otro que las enfermedades y sufrimientos que azotan a los seres humanos. ¿Cuál es entonces la perversa moraleja? Que la mujer no sirve para ostentar grandes responsabilidades, porque cuando se depositan sobre ella, ésta no sabe gestionarlas. Este es sin duda el mito que ha legitimado a los hombres para recluir a las mujeres en casa para cumplir las obligaciones que por haber nacido con el sexo débil les corresponde. Porque claro, las mujeres no podían gobernar, capitanear ejércitos o discutir en el ágora, no vaya a ser que la líen como la lío Pandora. En una conferencia impartida por Ana de Miguel, a la que asistí no hace mucho, recalcó el hecho de que para hacer frente y combatir la cultura patriarcal (así como las consecuencias derivadas de ella) hay que condenar y luego concienciar. Todos nos indignamos cuando escuchamos en el telediario un nuevo caso de violencia de género, incluso hay quien no se lo piensa dos veces y no duda sumarse a los minutos de silencio que se suelen realizar en repulsa al asesino y en apoyo a la víctima. Aunque no hace falta irse muy atrás en el tiempo para encontrar un acto de rechazo masivo, pues las manifestaciones en contra de La Manada también podrían constituir un ejemplo de esa condena social en contra del machismo. Sin embargo, falta concienciación, ese último paso para llegar a completar el camino hacia un mundo más igualitario. La sociedad puede protestar, posicionarse, manifestar su opinión en contra del patriarcado. Pero éste no morirá si nosotros, como personas que somos, no somos conscientes de que hemos vivido durante siglos bajo ese yugo, un yugo cuyo peso soportaron principalmente las mujeres. Si no aceptamos que a lo largo de la historia el sexo femenino ha sido discriminado, usado, maltratado, vejado o mercantilizado, de poco va a servir la condena. Si no somos capaces de ver que, hasta en los mitos, esas historias que han pasado de generación en generación, los personajes femeninos sufren los peores tratos por parte de los hombres por el simple hecho de ser mujeres, entonces no habrá salvación. V y V Violación y Venganza: una historia de violencia, venganza, mentiras, mitología...Una novela que nos descubre a una de las autoras más interesantes y comprometidas del panorama literario español.

Frases o párrafos favoritos:

"Te recuerdo que a lo largo de la historia, cada vez que una profesión se ha feminizado, se ha desprestigiado de inmediato. Y al revés, cada vez que un trabajo se masculiniza, como el de cocinero por ejemplo, se vuelve mucho más prestigioso, casi un arte."

Película/Canción: como no hay noticias de lo primero (aunque si se produjese muy bien tendría que hacerlo la directora o director que se atreva a adaptar esta novela para no traicionar su intensidad) os adjunto la pieza clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta novela. Soy muy fan del ballet y siempre he creído que, a pesar de que en escena se representa una situación diferente, este fragmento musical en concreto provoca inquietud en el espectador. Un halo de misterio o de venganza desprende ¿o me equivoco?


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Dos Bigotes

martes, 26 de junio de 2018

RESEÑA: Estío.

ESTÍO

Título: Estío.

Autor: Edith Wharton (1862-1937) nació en Nueva York, en el seno de una familia adinerada y distinguida, y es considerada una de las más grandes escritoras estadounidenses. Impregnada de ambigüedad, así como de una clara conciencia de la condición femenina, es autora de un gran numero de novelas como Estío, Ethan Frome, Las hermanas Bunner, La casa de la alegría, La solterona, Madame Treymes o Las costumbres del país entre otros muchos. Discípula y amiga de Henry James, consiguió permisos para viajar en motocicleta por las líneas del frente durante la I Guerra Mundial en territorio francés. Esta experiencia le sirvió para escribir una serie de artículos relacionados con la contienda como Fihgting France: From Dunkerque to Belfort. Durante la guerra también trabajó como voluntaria para la Cruz Roja con los refugiados, por lo que el Gobierno Francés le concedió la Cruz de la Legión de Honor. Su labor social fue extensa, llegando a dirigir salas de trabajo para mujeres desempleadas, celebró conciertos para dar trabajo a los músicos, apoyó hospitales para tuberculosos, fundó American Hostels para ayudar a los refugiados belgas y luchó por el reconocimiento de la comunidad artística de los barrios parisinos de Montmartre y Montparnasse. Fue miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras, fue la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer de Ficción gracias a La edad de la inocencia y así mismo fue la primera mujer nombrada Doctor honoris causa por la Universidad de Yale en 1923.

Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luís López Muñoz.

Sinopsis: procedente del áspero y salvaje ámbito de "la Montaña" y acogida por el matrimonio Royall, la joven Charity vive ahora con su tutor ya viudo, el abogado Royall, en North Dromer, un minúsculo pueblo de Nueva Inglaterra roído por el tedio. La visita de Lucius Harney, un joven arquitecto, despierta en ella la ilusión del amor y del deseo, así como de una nueva vida lejos de la asfixiante atmósfera local y de los incomodos requerimientos de su tutor. Sin embargo, el curso de los acontecimientos y la clara, aunque dolorosa, coincidencia de su posición y de sus intereses llevarán a Charity a aceptar una inapelable lección de realidad.

Su lectura me ha parecido: romántica, sensual, enormemente asfixiante, psicológica, corta, interesante, iniciática...Queridas lectoras y lectores, a veces una no encuentra explicación a ciertas cosas, tales como la siguiente: ¿cómo es posible que desde que decidí un día abrir este blog no haya reseñado ningún libro de Edith Wharton hasta la fecha? A algunos es posible que el nombre de esta escritora norteamericana no os suene de nada, aunque me extraña, pues su obra se ha seguido reeditando y nutriendo de nuevas traducciones que no hacen sino ampliar aún más su legado literario. Sin embargo, y como suele pasar gracias a esta sociedad y a este sistema educativo tan "estupendo" que tenemos, es normal que el común de los mortales conozca a Edith Wharton una vez llegas a la universidad, sobre todo en las carreras de letras, aunque por mi la figura de esta mujer debería conocerse en todas las disciplinas. No por ser una escritora merece el desprecio de quienes no han optado por cursar la rama de humanidades. Edith Wharton fue una de esas mujeres que abrió camino ganando, nada más y nada menos, que el Pulitzer de Ficción, siendo la primera mujer en conseguirlo en el año 1921 con esa icónica La edad de la inocencia, la cual ha alcanzado la inmortalidad gracias a Martin Scorsese, Winona Ryder, Daniel-Day Lewis y Michelle Pfeiffer. Pero también un ejemplo de compromiso social increíble apoyando el reconocimiento de artistas, músicos e incluso creando asociaciones bajo las que los refugiados pudieron ampararse. Por no hablar de su experiencia humanitaria durante la I Guerra Mundial o su inquebrantable amistad con el escritor Henry James, su maestro y padrino en el mundo de la literatura. ¿Cómo he podido pasar por alto a una de las escritoras más importantes de principios de siglo XX? ¿En qué estaba pensando? ¿Qué había pasado para que la hubiese obviado? La respuesta a todas esas preguntas la encontraréis a lo largo de una reseña que pretende ser un texto que enmiende este terrible olvido y espero que la primera de los muchos libros de esta escritora que espero leer y reseñar en el futuro. Estío: el despertar sexual en medio la opresión rural.


La historia de como Estío llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para que sea más completa debería empezar por reconocer que hasta hace unos años desconocía la figura de Edith Wharton. Durante mi etapa escolar aprendí muchísimo: desde saber restar, sumar o multiplicar a manejar casi a la perfección las herramientas durante las clases de tecnología. Incluso aprendí a hacer malabares, a recitar de carrerilla todos los tiempos verbales en lengua castellana, a analizar frases imposibles, a traducir (más o menos) del latín al castellano, a memorizar todas esas fechas importantes para la historia, a hacer disertaciones de diez, a entender mejor los clásicos de la literatura, a hablar en público sin que se me quebrase la voz en el intento...Pero por desgracia no aprendí nada de esas mujeres que desde sus respectivas disciplinas cambiaron la historia. Es cierto, eso no lo voy a negar, que en mi instituto dedicamos un año a abordar el tema de la violencia de género por medio de visionados de películas o a través de la realización de trabajos grupales en clase. Sin embargo, ninguna profesora o profesor nos hablaron largo y tendido de ellas. A la memoria se me vienen recuerdos de algunas clases en las que se nombró, que no profundizó, algunas de estas ilustres mujeres, tales como Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Hannah Arendt o Marie Curie. Y aunque abordamos largo y tendido los gobiernos monárquicos que estuvieron protagonizados por reinas como Isabel la Católica, Isabel II, María Antonieta o Victoria I (los que redactaron los libros de texto de historia se olvidaron a unas cuantas monarcas por el camino), la explicación que daban en los libros de texto no les hacía justicia y tampoco me satisfacía como amante de la historia. Luego accedí a la universidad, y a pesar de que la cosa mejoró ligeramente, seguí sin conocer en su amplitud a algunas mujeres a las que la historia parecía haberles dado una violenta patada. Y entonces llegó aquel frenético cuarto de carrera, en el que por fin iba a disfrutar de una asignatura destinada a la historia de género, eso que durante los tres años restantes me ofrecieron intelectualmente a cuenta gotas y que algunos profesores se negaban a reconocerla. En ella aprendí muchísimo de la mujer en la época antigua, ya que el profesor que la impartió ese año estaba especializado en esa etapa de la historia, pero por el contrario, me perdí la oportunidad de que me hablasen de la mujer en la prehistoria, en la edad media, en la edad moderna o en la edad contemporánea (esta última era la que de verdad me interesaba). Pero entonces, en el momento en el que creí perder toda esperanza, una clase durante el máster de especialización me sacó de ese pesimismo. Por fin di historia desde una perspectiva de género que me enseñó, entre otras cosas, la resistencia femenina durante el franquismo. Un tema harto interesante y del que todas y todos deberíamos leer un poco más. En definitiva, lo que vengo a decir es que mi formación en este campo ha sido y sigue siendo prácticamente autodidáctica. Y fue el autodidactismo en esta materia lo que me llevó un día a descubrir el nombre de Edith Wharton. Una mujer que, como bien expongo en la biografía que tenéis al principio de esta reseña, es un ejemplo para muchas mujeres y un referente en el que poder mirarse y repetirse a una misma: "si ella pudo, yo también puedo." Desde ese momento busqué su nombre en las librerías, con la suerte de toparme con innumerables títulos, algunos de reciente reedición o traducción en España. Este hecho me animó a hacerme con Estío, editada por Alianza Editorial, y a leerlo detenidamente. No sabía exactamente de que iba, ni siquiera estaba segura de si me iba a gustar, lo que tenía claro era que tenía que adentrarme en el universo literario de Wharton sí o sí. El resultado final me llenó de reflexión, pero también de satisfacción, pues había descubierto a una autora de gran talento y altura intelectual.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Estío presenta una lectura densa y asfixiante a partes iguales. De hecho, a mi personalmente me costó bastante entrar en la historia, adecuarme al escenario en el que se van a mover los personajes, y sobre todo, empatizar precisamente con Charity, la protagonista absoluta del libro. Esas primeras páginas me resultaron bastante soporíferas, lo que contribuyeron a que durante unos días dudase y pensase que había depositado demasiadas expectativas sobre este libro de Edith Wharton. Dichos pensamientos se esfumaron de mi cabeza en el momento en el que decidí darle una oportunidad a la novela, pues pasadas unas cuantas hojas la historia adquiere una dimensión interesante a mi parecer. Esa asfixia que sientes al principio de la novela no es más que una sensación producida por la lectura de este libro, una sensación de angustia, tedio e incluso claustrofobia es la que se experimenta, y todo ello gracias a la magnífica construcción del entorno en el que se desarrolla la novela: North Dromer. Un pueblo ficticio situado en la región estadounidense de Nueva Inglaterra. Un lugar rodeado por altas montañas en el que no hay prácticamente nada (ni siquiera un lugar en el que poder dar conferencias), en el que los avances tecnológicos del momento ni están ni se esperan y en el que solamente hay una iglesia (que no abre todos los días) y una biblioteca a la que nadie acude y cuyos libros envejecen solos en estanterías. Todo ello, unido al calor propio de los meses de verano, de estío al fin de al cabo, hacen de North Dromer el lugar más horrible, por lo menos según la opinión de Charity, quien le aburre estar por más tiempo en ese lugar. Es posible que a muchos de los que estéis leyendo estas líneas un pueblo con las características de North Dromer os parezca un paraíso, ese lugar en el que desearíais vivir, incluso de por vida. Pero en Estío, os aseguro que Edith Wharton consigue que desees vivir rodeado de Wifi, pues pinta tan mal dicho lugar que más de uno echaría a correr si le dijeran de vivir en un lugar como North Dromer, que en España, y lo digo por experiencia, existen muchos. Es en ese pueblo anodino, de atmósfera agobiante y en el que nunca pasa nada donde asistimos a la historia de Cahrity, una joven procedente de la vida salvaje (nació en "la Montaña") y que es acogida siendo una niña por una familia acomodada y cuyo patriarca es el abogado Royall. Charity odia North Dromer y desea con todas sus fuerzas poder escapar de la tediosa rutina del lugar, de sus vecinos cotillas y de su trabajo en la biblioteca (donde recordemos que no entra nadie y que permanece abandonada ante el desinterés de los habitantes del pueblo). Es durante una jornada de su "estupendo" trabajo cuando ella por sorpresa conoce a Lucius Harney, un joven arquitecto que se interesa por la historia del lugar. Ese acontecimiento es visto en North Dromer como una novedad, ya que por sus características no acostumbran a recibir visitantes, y por Charity (la cual acaba encaprichándose del joven Lucius) para poder marcharse de North Dromer. Sin embargo, lo que Charity no sabe es que dicho encuentro acabará sumiéndola en algo para ella desconocido, que le aterroriza al principio pero que acabará interiorizándolo, aportándole más madurez y confianza en si misma. Hablamos por supuesto del despertar sexual femenino, un tabú en la época en la que fue escrito este libro y que es descrito con una belleza bastante interesante, metafórica incluso y asociándolo directamente con el verano y todo lo que éste representa tanto desde el plano más tradicional como del más mágico, cercano a la ilusión que Shakespeare plasmó en Sueño de una noche de verano. La historia a priori puede ser la más típica, es más, parece el típico folletín de finales del XIX, pero conforme avanzas en su lectura aprecias el carácter trasgresor de ésta, pues la sensualidad que desprenden sus páginas no la hacen única pero si especial dentro de una corriente literaria que empezaba a despuntar y que se asemeja más al  El amante de Lady Chaterley de D.H. Larwence que a las novelas de algunas de las hermanas Brontë. Por último, respecto a los personajes ahí lo tengo claro, pues ninguno ha conseguido cautivarme por completo. En primer lugar, Charity me pareció desde el primer momento la típica niña malcriada y egoísta de manual, y aunque si bien es cierto que cuando comienza su particular despertar sexual el personaje experimenta una importante evolución, siguió sin caerme del todo bien. Su construcción me recordó vagamente a la del personaje de Emma Woodhouse que Jane Austen inventó para Emma, pero Charity no supera en empaque al de la extrovertida y divertida heroína auteniana. Y en el caso de Lucius Harney más de lo mismo, otro hijo de papa algo bobalicón al que no encuentro atractivo por ningún lado.


A medida que iba leyendo Estío me daba cuenta de una cosa fundamental, y es que no es lo mismo escribir sobre la situación de la mujer si quien lo hace es un hombre o una mujer. A medida que dejaba atrás una tras otra las páginas de este libro, mis pensamientos volaron y se posaron sobre tres obras en las que se aborda el tema principal de Estío, es decir el despertar sexual femenino. Primero evoqué en mi memoria al inmortal e inolvidable personaje de Emma Bovary que Flaubert creó con gran acierto y que tanto ha significado para mi personalmente. Una mujer romántica en un mundo terriblemente realista, un universo que no era para ella pero en el que sin embargo consigue dar rienda suelta a su sexualidad con dos hombres muy diferentes entre si. Más adelante, mi mente viajó a tierras anglosajonas y se topó con la pureza de Tess D´Urberville, protagonista de una de mis novelas favoritas de Thomas Hardy. Una joven "manchada" y condenada socialmente por haberse acostado con el señorito de turno (aunque en realidad es una violación en toda regla) sin haber pasado antes por el altar.  Una mujer que tras sortear infinidad de problemas derivados de ese estigma social consigue ser feliz, y de paso dejarse llevar por sus impulsos sexuales, unos días junto al joven de quien ella está enamorada. Y por último, sin salir geográficamente de territorio británico, rememoré a Constanza, la protagonista de El amante de Lady Chatterley, cuyas explícitas escenas de sexo con el guarda Oliver Mellors causaron gran escandalo en la sociedad de principios de siglo XX.  Todas estas mujeres son imprescindibles en los estudios de literatura, así como base de la que observar la situación de las mujeres en la edad contemporánea, donde el deseo sexual se reprimía con gran dureza. Sin embargo, y a pesar de que para la época supusieron un avance y un escandalo a partes iguales, éstas historias están contadas desde una mirada masculina, la cual, a lo largo de las respectivas novelas, no puede evitar caer en los clichés típicos de las sociedades patriarcales de su tiempo. Con esto no quiero decir que haya que censurar estas novelas, eso sería una barbaridad de proporciones estratosféricas, pero si leerlas desde una mirada más crítica y siendo conscientes de que ciertos comportamientos que en ellas se describen son directamente machistas. Una nueva lectura que deberíamos impulsar, al igual que fomentar la lectura de obras escritas por mujeres, obras que como en el caso de Estío están en la línea de lo que Flaubert, Hardy o Larwence escribieron a finales del siglo XIX y principios del XX. Como hemos comentado antes, Estío narra la historia de Charity, pero también es la historia de un despertar sexual muy concreto pero que no se diferencia demasiado de lo que las mujeres de esa época (y de la actualidad también) experimentan. De hecho, cronológicamente la obra de Larwence es coetánea a la de Wharton. ¿Cuál es entonces el problema? Que si un hombre escribe sobre la sexualidad femenina está mejor visto que si una mujer hace lo mismo. Es más, no es casualidad que algunos hayamos oído hablar antes de El amante de Lady Chatterley antes que Estío. Que las mujeres se atrevan a través de la literatura a hablar sin tapujos sobre sexo, masturbación o relaciones extramatrimoniales era un escandalo, pues ese no era el terreno en el que debían moverse, no se les había educado para ello. Los hombres en cambio lo podían saber todo de las mujeres, incluso sobre lo que de verdad da placer a una mujer o adivinar sus pensamientos durante el coito. El que una mujer se haga preguntas, experimente sexualmente o exponga su visión sobre el sexo era peligroso, pues automáticamente estaba adentrándose en territorio varonil y creando al mismo tiempo una corriente de opinión diferente que pone en peligro todo el castillo de naipes construido a base de dominación del hombre sobre la mujer. Eso de que las mujeres tomasen la iniciativa (en todos los sentidos, no solo en el sexual) no podía ser y había que reprimirlo con dureza, con un lavado de cerebro, con el respeto a dios y a las sagradas escrituras, con la amenaza del escarnio público o la muerte incluso. Convirtiendo de este modo a las mujeres en seres reprimidos, silenciosos, obedientes y temerosos de dios o del qué dirán. ¿Con todo esto qué quiero decir? Que Estío es un claro ejemplo de que una mujer también puede escribir sobre sexo al mismo tiempo que ofrecer una perspectiva diferente, la de la mujer, conocida como "la otra mirada", esa mirada que durante tanto tiempo han tratado de cegar salvajemente. Estío: una historia de amor, tedio, confianza, valentía, autonomía...Una novela perfecta para este caluroso verano.

Frases o párrafos favoritos:

"Allí estaba, un pueblo entre colinas, quemado por el sol y las inclemencias del tiempo, abandonado por los seres humanos, olvidado del ferrocarril, del tranvía, del telégrafo y de todas las fuerzas del progreso que enlazan vidas entre sí en las comunidades modernas. Carecía de tiendas, de teatros, no se daban conferencias, no existía actividad económica, sólo una iglesia que se abría cada dos domingos si el estado de los caminos lo permitía y una biblioteca para la que no se habían comprado libros nuevos desde hacía veinte años y donde los viejos enmohecían tranquilos, en las húmedas estanterías."

Película/Canción: como no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva a la vista, he optado por adjuntar una pieza de música clásica de lo más apropiada dadas las fechas en las que nos encontramos y haciendo honor al título del presente libro.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial


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