Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

viernes, 15 de junio de 2018

RESEÑA: Teoría King Kong.

TEORÍA KING KONG

Título: Teoría King Kong.

Autora: Virgine Despentes (Nancy, Francia, 1969) es novelista y directora de cine. A los diecisiete años dejó el instituto y se marchó a Lyon, donde encontró empleo en una tienda de discos, colaboró en revistas musicales, cantó en un grupo de rap y trabajó en un peep-show. La popularidad le llegó con su primera novela, Fóllame, que fue llevada a la gran pantalla. Desde entonces ha publicado Perras sabias, Lo bueno de verdad, Teen Spirit, Bye Bye Blondie y Apocalypse bebé. Publicado por primera vez en 2006, Teoría King Kong la convirtió en uno de los referentes del postfeminismo. Despentes es también autora de la trilogía Vernon Subtext, un relato demoledor de la sociedad contemporánea que la ha reafirmado como una voz imprescindible de las letras francesas.


Editorial: Penguin Random House.

Idioma: francés.

Traductor: Paul B. Preciado.

Sinopsis: Teoría King Kong es uno de los grandes libros de referencia del feminismo y de la teoría de género, un incisivo ensayo en el que Despentes comparte su propia experiencia para hablarnos sin tapujos ni concesiones sobre la prostitución, la violación, la represión del deseo y la pornografía, y para contribuir al derrumbe de los cimientos de la sociedad patriarcal.

Su lectura me ha parecido: impactante, extraordinariamente ágil, sin concesiones, sin censuras, directa, seca, dura, agresiva, necesaria, poderosamente reflexiva, una bomba en manos del lector...Todo lector que se precie, o al menos que lo exhiba públicamente, tiene en su biblioteca particular un libro explosivo. No tiene por qué conservarlo bien colocadito en la estantería de su estudio, simplemente también pudo hacer acto de presencia en su vida de manera fugaz, rápida, sin que diese tiempo a nada más que a reflexionar largo y tendido en silencio, tratando de digerir lo leído y de asumir que no volveremos a ser las mismas o los mismos tras su lectura. Estos libros tienen la particularidad de que cuando el lector se enfrenta a ellos, ya sea por recomendación o por un irrefrenable deseo personal, algo en tu cerebro parece activarse, encenderse o incluso experimentar un intenso pero beneficioso terremoto mental. En definitiva, son autenticas bombas de relojería que, una vez activadas, las consecuencias a corto y largo plazo pueden ser tanto imprevisibles como claves para nuestra formación intelectual. El libro que hoy tengo el placer de presentaros y reseñar significó un antes y un después y su efecto en mi fue similar al de una explosión, controlada eso si, pero que nunca pensé que llegaría a afectarme tanto. Un texto que sé que debí reseñar hace mucho tiempo, en concreto durante las últimas semanas del mes de abril, en las que el morado volvió a teñir las plazas y las calles de las grandes ciudades de este país, consiguiendo unir nuestras voces bajo un mismo clamor exigiendo justicia. Un ensayo que justo, por casualidades de la vida, cayó en mis manos durante aquellas  jornadas de estupefacción y de indignación colectiva. Un ejemplar con el que he discrepado en algunos puntos pero que he aplaudido enérgicamente en otros. En definitiva, un volumen que llevaba mucho tiempo queriendo leer, y a partir de su lectura crítica, reflexionar sobre uno de los temas más importantes y actuales del momento. Teoría King Kong: el mejor ejemplo de como en ocasiones el ruido y la furia consiguen dar resultado.


La historia de como Teoría King Kong llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para comprenderla mejor es necesario que nos unamos a la rueda del tiempo y viajemos unos cuantos años atrás, en concreto, al momento en el que comencé a interesarme por el feminismo. Como muchos bien sabréis, ya que lo he explicado mil veces en este espacio de crítica y opinión, mi interés tanto personal como intelectual respecto a la teoría feminista nació de una lectura, en concreto de la profunda lectura de La mística de la feminidad de Betty Friedan. Como mujer, antes de meterme de lleno en el libro de Friedan, había sido consciente de los comportamientos machistas que cada día sucedían y siguen sucediendo a mi alrededor, incluso los condenaba. Sin embargo, hasta que, por azares del destino, Friedan y su teoría no cayeron en mis manos no fui de verdad consciente de lo mucho que queda por hacer y de todo ese machismo maquillado que nos han vendido como algo progresista y liberador para la mujer.  La mística de la feminidad, cuya lectura realicé a raíz de un trabajo que tenía que realizar en el último curso de la carrera, me empujó a adentrarme en un tipo de literatura que no me era desconocida para nada pero en la que no me había adentrado desde la perspectiva de género, con esa mirada crítica que el feminismo te da y que en ocasiones provoca más de una discusión si la manifiestas en público. Es en este contexto, mientras buscaba lecturas que se adaptasen a esa necesidad lectora tan específica, cuando me topé por primera vez con la Teoría King Kong. A partir de esa primera noticia, en las posteriores semanas me encontré con ese título citado en un artículo científico que estaba utilizando para completar la teoría de una de las asignaturas del master. Ese hecho no lo interpreté como una simple casualidad, sino como una señal de que debía incluir a Teoría King Kong en la lista de eternos pendientes. Aunque para seros sincera, éste título escaló rápidamente posiciones hasta colocarse en los primeros puestos, es decir, entre aquellos libros que necesitaba leer con urgencia. Pero no fue hasta la Feria del Libro de este año celebrada en mi ciudad natal cuando por fin me animé a adquirir Teoría King Kong, a un precio bastante asequible y con nueva edición a cargo de Pengüin Random House. Hasta ahí todo normal, no difiere de cualquier otra historia que he contado anteriormente por aquí. No obstante, fue el contexto lo que hizo que aquel acto, el simple acto de comprar dicho libro, se convirtiese en algo importante. Hacía un par de días que la sociedad española asistía con estupefacción al veredicto de la polémica sentencia de "la manada", tanto es así que el sentimiento de rechazo y solidaridad con la victima se extendió por todos los ámbitos, incluso en el cultural, llegando a las numerosas ferias del libro que se estaban celebrando a lo largo y ancho del territorio nacional. Vi con muy buenos ojos que, en el caso de la feria del libro a la que acudo desde que era pequeña, todas las casetas tuviesen expuestos carteles en repulsa de la sentencia y en apoyo a la denunciante. Fue entonces cuando, navegando en las redes sociales, descubrí a no pocas usuarias o incluso desde los medios de comunicación citando en sus publicaciones fragmentos de Teoría King Kong. Si ya iba con la intención de comprarlo, todo este conglomerado de acontecimientos no hicieron más que reafirmarme en mi decisión. Inicié su lectura a los pocos días de adquirirlo, por lo que los ecos del "No es no" todavía resonaban a diario en la televisión, internet y en las conversaciones de WhatsApp. Resultado: no pude elegir mejor momento que aquel.


Antes de iniciar este párrafo con mi sincera opinión sobre la lectura que nos ocupa, me gustaría confesar que por primera vez desde que redacto reseñas en este blog, he tenido que echar mano de papel y boli para estructurar mi escrito. Normalmente no suelo hacerlo, ni siquiera con los clásicos más complejos, las palabras simplemente me salen solas. El que haya tenido que recurrir a una técnica diferente para llevar a cabo esta reseña ya dice mucho de la complejidad del libro al que nos enfrentamos, por lo que procuraré ser lo más concreta y clara posible. Centrándonos, ahora si, en la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Teoría King Kong presenta una lectura rápida, tan rápida que es muy fácil que muchos, como me sucedió a mi en su momento, el libro no durase más de una semana entre las manos. Pero si tuviera que quedarme con otros adjetivos serían los de agresiva y necesaria para definir esta lectura. Agresiva por el estilo que emplea Despentes en todo momento y que no abandona hasta que el lector pone punto y final al libro. Una agresividad que se mezcla con la rabia y que nos dan pistas de por donde van a ir los tiros y de que su autora no está dispuesta a hablar con eufemismos, con mentiras o con medias verdades. Las cosas son como son y tienen un nombre, Despentes lo sabe y por eso no se corta en referirse a ellas de este modo, algo que sinceramente es de agradecer. A veces uno necesita leer libros así de sinceros. Y necesaria, en segundo lugar, en el sentido de que la humanidad necesita estos libros, sobre todo para no caer en la ignorancia ni en definiciones maniqueas y falsas sobre el feminismo, lo que éste defiende o las reivindicaciones históricas del mismo. Puede que el estilo no satisfaga a todos, eso lo se, pero ¿qué queréis que os diga? Leer la palabra "follar" doscientas veces y en todos los tiempos verbales no me molesta, lo que de verdad me molesta es que la gente hable sin saber y que esté calando en la sociedad una visión de lo que significa ser feminista que da vergüenza ajena. Teoría King Kong se compone de varios capítulos en los que se abordan los temas que preocupan a Virgine Despentes en relación con el feminismo. A pesar del tamaño y el breve volumen de sus páginas son muchos los temas que abarca este ensayo, tales como el  porno, la prostitución, los roles de género en la sociedad actual o la cultura de la violación entre otros muchos. Reflexiones que entremezcla, y esto es lo importante, desde un carácter aterradoramente autobiográfico. Este aspecto implica por un lado que el lector no pueda soltar este libro de sus manos hasta llegar a la última página y que éste se vea obligado a pensar sobre lo que acaba de leer y digerirlo de la mejor forma posible para luego formar en su cabeza una opinión propia. En Teoría King Kong, Despentes nos narra de manera descarnada su propia violación, la cual sufrió cuando no era más que una adolescente. Así como su experiencia como prostituta durante su juventud, y a raíz de ella su polémica perspectiva respecto a ella. Por no hablar de su interesante reflexión entorno al porno y su industria, tema que según la propia Despentes debería investigarse más desde el ámbito intelectual, o el desgarrador análisis que hace sobre todo lo que roda a la violación, desde lo autobiográfico, pero también con una actitud furiosa y sincera, diciendo las cosas como son, justo lo que el lector esta pidiendo a gritos desde hace muchos años. Este ha sido sin duda uno de los temas que más me ha impactado y más me ha hecho reflexionar. Como lector puedes estar más o menos de acuerdo con lo que se expone en Teoría King Kong, pues el ensayo no es un género infalible, pero lo que está claro es que Despentes sabe de lo que habla y evidencia como el feminismo vive en constante transformación al compás de los tiempos. Una transformación, u evolución, que lleva aparejado el debate y la discusión, algo que sin duda se produce tras la lectura de este libro. Por último, y para ir cerrando este apartado señalar el interesante formato con el que la editorial, en este caso Pengün Random House, ha decidido editar este clásico del feminismo. Ya no nos estamos refiriendo al diseño de la portada, el cual no puede ser más bonito, sino a sus reducidas dimensiones, las cuales son perfectas para poder, por ejemplo, llevarlo en la mochila o en el bolso sin que descoyuntarte las cervicales. Esto tiene evidentemente otra lectura, la que demuestra que el feminismo está más de actualidad que nunca, y que por tanto, es algo que debemos tener siempre a mano.



Más que una reflexión final, y aprovechando que tenemos en esta ocasión a una de las autoras más políticamente incorrectas de las letras francesas actuales, lo que vengo a plasmar en esta ocasión es un llamamiento, un manifiesto contra algo que me parece tremendamente horrible y que por desgracia todavía sigue pasando a día de hoy. La violación existe, sí, aunque muchos se tapen los oídos y no quieran escuchar y aunque exista un sector de la población que pretenda desacreditar a las que hablan públicamente de ella, existe y punto, no hay más discusión. Y si existe la violación tal y como se entiende, es decir, las relaciones sexuales no consentidas, eso es porque en este país, desde hace muchísimos años tenemos un gravísimo problema. Desde que el mundo es mundo la violación siempre ha estado a la orden del día, sobretodo la ejercida por el varón sobre la mujer, en las que la agresión física siempre estaba presente y en las que incluso la víctima no vivía para contarlo. Pues bien, esa actitud que muchos definen como medievalista sigue reproduciéndose en nuestra era, la contemporánea según los parámetros de la historia, de la misma y salvaje forma. ¿Por qué existe la violación entonces? Muy simple, porque desde siempre se ha considerado a la mujer como un mero objeto que se puede manosear, golpear, romper, tirar, lanzar contra el suelo o hacer uso de él cuando al hombre le apetezca, sin importar la opinión de la mujer. A eso se le añade otra creencia con origines ancestrales, la que dice que las mujeres somos por naturaleza débiles, sin fuerza, incapaces de hacer lo mismo que un hombre, al que se presupone la fuerza, el conocimiento, la inteligencia y el poder. Los baluartes de la cultura occidental, hombres en su mayoría, se encargaron en el pasado de difundir ese mantra para que los hombres no perdiesen su estatus superior al de las mujeres. Y por si alguna casualidad una mujer pretendía posicionarse a su misma altura, ya se encargarían de hacerle entrar en razón de la peor de las maneras. Esto explica el por qué las mujeres que han destacado en sus respectivos campos permanecieron durante siglos sepultadas por el peso de la historia, una historia escrita con pluma patriarcal. La asociación de la mujer con un objeto y la creencia de que son inferiores a los hombres legitima a estos para cometer la atrocidad de violar a una mujer. Luego justifican su acción en casposos comentarios del tipo "es que iba borracha" o "es que iba provocando". Pero la realidad es más simple: los hombres, no todos por supuesto, violan a las mujeres porque se creen superiores a las mujeres, y no porque lleve minifalda o se porque haya bebido más alcohol de la cuenta. ¿Cómo se soluciona esto? La respuesta también es fácil, con educación, desde casa y desde el ámbito de las escuelas, institutos e universidades. Si en su casa un chico observa comportamientos machistas los acabará reproduciendo, al igual que si una chica contempla a diario como sus hermanos no se ocupan de las tareas de la casa, ella acabará asumiendo entonces que su papel es el de estar con su madre y hermanas haciendo la comida o lavando la ropa. Y en los centros educativos más de lo mismo. Si no se nombran a todas esas mujeres importantes para la historia, si no se explica cuales fueron sus logros, si no se incluyen en los planes de estudio es obvio que las mujeres se sientan desprovistas de referentes y que tengan que acudir a referentes masculinos que, a pesar de sus admirables carreras, siempre lo tuvieron más fácil que sus colegas femeninas en las distintas disciplinas de la ciencia, música, literatura o pintura entre otras. Con estas enseñanzas por un lado se conseguirá educar a ambos sexos en igualdad y por otro a que las mujeres no se achanten o agachen la cabeza, pues podrán recurrir a sus ídolas siempre que lo necesiten para que les inspiren y les demuestren que si ellas pudieron en el pasado las mujeres del presente no iban a ser menos. Hace unos días, mientras promocionaba por Facebook una de mis reseñas más recientes, la de Damas oscuras en concreto, un usuario no dudó en atacarme diciendo que estaba hasta los mismísimos del "ultrafeminazismo" (palabra que por cierto no existe) subvencionado y que no lo leería aunque aquel fuese el único libro sobre la faz de la tierra. Respeto todas las opiniones, si no quiere leerlo, él se lo pierde. Si quiere vivir en la ignorancia está en su derecho, nadie le censura, para que luego digan que las feministas andamos censurándolo todo. Si algo demuestra este comentario, además de su extraordinaria capacidad para inventar palabras, es que la educación en igualdad es necesaria, y que con igualdad podremos desterrar las actitudes y comportamientos  machistas, entre los que se encuentra la violación. Si os ha parecido un texto más duro de lo habitual no me pienso disculpar, no lo hace Virgine Despentes en su libro, así que yo tampoco. Ni por esto ni por nada de lo que tenga relación con mi carrera profesional, pues he conseguido, a pesar de la nula enseñanza de la secundaria desde una perspectiva de género, tener referentes, y eso no me lo va a quitar nadie, y mucho menos el patriarcado de caverna. Teoría King Kong: un texto reivindicativo, lúcido, actual, que obliga a un agitado debate posterior a su lectura...Un imprescindible del feminismo que toda lectora y lector debe tener en su estantería.

Frases o párrafos favoritos:

"Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica."

"En la literatura femenina, los ejemplos de confrontación o hostilidad contra los hombres son rarísimos. Censurados. Yo pertenezco a ese sexo que ni siquiera tiene derecho a tomárselo mal. Colette, Duras, Beauvoir, Youcenar, Sagan, toda una historia de escritoras que juegan  mantener un perfil bajo, a dar la razón a los hombres, a disculparse por escribir repitiendo cuanto les aman, les respetan, les adoran y que, sobre todo, no quieren - pese a lo que escriben - echarlo todo por la borda. Todas sabemos que, en caso contrario, la manada se ocupará cuidadosamente de darnos nuestro merecido."

Película/Canción: pues ni una cosa ni la otra. Dado que estamos ante uno de los textos feministas más importantes de los últimos años he preferido adjuntar una entrevista muy interesante y completa del programa La Tuerka, en la que Pablo Iglesias entrevista a Virgine Despentes coincidiendo con la reedición de Teoría King Kong.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 12 de junio de 2018

RESEÑA: La vida y las aventuras de Jack Engle.

LA VIDA Y LAS AVENTURAS DE JACK ENGLE

Título: La vida y las aventuras de Jack Engle.

Autor: Walt Whitman (West Hils, Long Island 1819 - Camden, Nueva Jersey 1882). Segundo de nueve hijos de un matrimonio cuáquero, a los once años tuvo que abandonar los estudios para ayudar económicamente a su familia. Trabajó como profesor, taquígrafo y periodista durante muchos años, y gracias a esos empleos pudo acercarse al mundo de la escritura. Después de las primeras incursiones literarias con la novela Franklin Evans, en la que denunciaba la plaga social del alcoholismo, la carrera de Whitman se orientó esencialmente hacia la poesía y, en 1855, publicó, costeando él mismo los gastos de impresión, Hojas de hierba, una colección de poemas que fue enriqueciendo y revisando en varias ediciones, a lo largo de toda su vida y que lo consagró como uno de los escritores más influyentes de la literatura norteamericana. Su obra, rompedora y visionaria desde un punto de vista estilístico y argumental, trata temas diversos que van desde lo político-social - fue un encendido opositor a la expansión de la exclavitud en Estados Unidos - hasta la sexualidad del individuo. Murió en la localidad de Camden a los 72 años de edad.


Editorial: Funambulista.

Idioma: inglés.

Traductor: Mercedes Gutiérrez.

Sinopsis: publicada anónimamente en 1852, narra las aventuras y desventuras de Jack Engle, un joven huérfano que busca el sentido de la vida, el amor y un lugar bajo el sol en un mundo de picapleitos sin escrúpulos, virtuosos cuáqueros, actrices encantadoras y malandrines inolvidables.. Todo ello convive en este melodramático - pero al mismo tiempo lleno de humor - folletín de misterio e intriga en un entorno urbano, el Nueva York de mediados del siglo XIX.

Su lectura me ha parecido: interesante, a ratos divertida, en ocasiones terrible por la situación de los personajes, inocente, iniciática...No se si he comentado alguna vez por aquí que, y si no lo confieso sin problemas ahora mismo, El club de los poetas muertos es una de mis películas favoritas. Lo se, dado que soy una apasionada de la lectura y de la literatura es normal que esta cinta me gustase, por el contrario, lo que resulta verdaderamente sorprendente es que existan muchos detractores de ésta. Algo que sinceramente, y con todo el respeto del mundo, me parece increíble. Volviendo al tema que nos ocupa, El club de los poetas muertos está dentro de mi selecta lista de películas imprescindibles. Pero si algo diferencia a esta cinta de otras de mis favoritas, las cuales no voy a nombrar porque si no este párrafo sería eterno, es que la descubrí en un momento bastante delicado anímicamente. Durante la etapa estudiantil todos te dicen que tienes que perseguir tus sueños, que no debes desistir en el intento y que con trabajo duro los frutos no tardarán en aparecer. Lo que nadie te dice es que una vez finalices esa maravillosa y dura etapa, en la que los apuntes conviven con las relaciones sociales, es que la que sigue a continuación es más dura, más devastadora psicológicamente, menos estimulante en muchos sentidos y en la que esos sueños confeccionados durante años se rompen haciéndose añicos contra el suelo. Es en ese contexto, durante los años previos a finalizar la carrera, en los que por primera vez sentí ese vértigo ante el abismo que pronto se abriría ante mi, cuando redescubrí El club de los poetas muertos. El pesimismo inundaba las conversaciones que tenía con compañeras/os de carrera y nadie era capaz de ver el lado positivo, es más, alguno incluso me confesó que en más de una ocasión estuvo a punto de dejarse la carrera ante la falta de perspectivas profesionales y laborales que ofrece una carrera como la de Historia. Yo, aunque nunca me he arrepentido de haberla cursado, no pude evitar sentirme invadida por ese oscuro sentimiento de fracaso. Estaba comenzando a perder la fe en la humanidad y en las humanidades, tan maltratadas como ignoradas. Y entonces, El club de los poetas muertos me demostró que no todo estaba perdido, que las letras podían calar hondo en las futuras generaciones y que podían servir para cuestionar y cambiar los comportamientos sociales. Si antes la película había pasado sin pena ni gloria ante mis ojos, en aquellos momentos cobró un nuevo sentido, más revolucionario, más crítico, más inconformista. En pocas palabras vino a evidenciar, mediante el uso de la imagen, los diálogos y unos personajes inolvidables, lo que yo había estado defendiendo desde hacía mucho tiempo: la literatura puede cambiar a las personas, y por extensión, al mundo entero. ¿Por qué os he soltado todo este rollo sobre El club de los poetas muertos? Los que la hayan visto lo saben de sobra, pues la culpa de que hoy siga manteniendo esta opinión la tiene Walt Whitman. El escritor y poeta cuyos versos son pronunciados enérgicamente por el profesor Keating y sus alumnos a lo largo del film, un autor del que hoy tengo el placer de hablar a través de La vida y las aventuras de Jack Engle: la novela que la humanidad estuvo a punto de perderse.


La historia de como La vida y las aventuras de Jack Engle llegó a mis manos tiene dos partes. La primera de ellas tiene que ver con cómo y de que forma conocí la existencia de Walt Whitman, la cual he resumido bastante bien en el primer párrafo de la reseña. Muchos escuchamos por primera vez oír hablar de Walt Whitman en las clases de literatura impartidas por el inolvidable profesor Keating, interpretado por el gran Robin Williams, en El club de los poetas muertos. El "¡Oh capitán! ¡Mi capitán!", poema por cierto compuesto para honrar la memoria del presidente Lincon tras su asesinato, resuena en la memoria colectiva de todos los que en su día la vimos y la disfrutamos. Pero también, gracias a la película, supimos quien era Walt Whitman. Nos interesamos por él, por su biografía y por su producción poética, la cual va mucho más allá del famoso verso que El club de los poetas muertos convirtió en inmortal. Sin embargo, desgraciadamente no fue mi caso. La cinta me animó a conocer un poco más a este autor, sobre todo en lo que a datos biográficos se refiere, pero para nada me empujó a adentrarme en su literatura, y menos si se trataba de poesía. Los que lleváis más tiempo leyéndome sabréis que mi idilio con la poesía es relativamente reciente. Aunque había tenido que leer a poetas durante el colegio, el instituto y sobre todo en Bachiller (Charles Baudelaire siempre estará en mi corazón) por voluntad propia no era de las que se solía comprar un libro de poesía por que si, porque el cuerpo y el intelecto me lo pidiesen a gritos. Si me volviesen a preguntar, tal vez la respuesta sería diferente, pues ciertos autores, los cuales he leído recientemente, me han demostrado como la poesía puede contarnos una historia, expresar sentimientos, reivindicar derechos o incluso criticar los defectos de este mundo. La cuestión, volviendo al tema que nos ocupa, es que no leí en su momento ningún poema de Walt Whitman porque en aquellos momentos de mi vida, prefería enriquecer mi curiosidad intelectual básicamente con novelas. Y la cosa siguió así durante muchos años. Sabía que Walt Whitman estaba ahí, en un cajón, esperando ansiosamente a que una servidora lo liberase de ese injusto encierro. La cosa cambió cuando un día, de pronto, me topé con la noticia de que se había descubierto una novela desconocida de Whitman titulada La vida y las aventuras de Jack Engle, la cual los críticos literarios, dos siglos después de que fuese escrita, describían entre halagos. Este acontecimiento en su momento me llamó bastante la atención, Whitman había conseguido por fin que le hiciese caso, aunque fuese gracias a un golpe de suerte del investigador. Sin embargo, no fue hasta que me enteré de que la editorial Funambulista, con la que llevo colaborando bastante tiempo, iba a ser una de las que editaría La vida y las aventuras de Jack Engle no me di cuenta de que aquello podía ser una señal, el aliciente que me faltaba para adentrarme por fin en un texto escrito por Whitman. En cuanto pude hacerme con él no pude evitar manosearlo y abrir los ojos como platos, me sentí tan afortunada de tenerlo por fin en mis manos. Por avatares del tiempo y de la vida, no encontré el momento de enfrentarme a su lectura con la predisposición necesaria, pero cuando por fin lo hice, supe que La vida y las aventuras de Jack Engle sería uno de los tesoros más preciados de mi estantería.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La vida y las aventuras de Jack Engle presenta una lectura ligera, dinámica, pero con ciertos momentos absoluta simpleza. Algo que sinceramente me ha sorprendido, ya que no estamos ante ningún escritor aficionado, sino con el autor de Hojas de hierba. Poemario al que muchos expertos no han dudado en calificar, no se si exageradamente ya que todavía no me he adentrado en él, como la Ilíada del Nuevo Mundo. Lo que sucede con la novela que reseñamos y que ya digo, me parece bastante chocante, tiene su por qué en el hecho de que ésta aparecía publicada por entregas en el The Sunday Dispach durante el año 1852. Ya lo comenté en su momento con los Penny Dreadfuls en la reseña de Sweeney Tood y vuelvo a hacer hincapié en ello. Al tratarse de una novela escrita y publicada por entregas, algo por cierto muy popular en la época y hasta hace cuatro días también, la calidad empeora, sobre todo si tenemos en cuenta que éstos se publicaban normalmente semanalmente. La historia debía ser por tanto sencilla, atractiva, que consiguiese enganchar a los usuarios del periódico o revista en cuestión. Sin embargo, eso no significa que estas publicaciones no aporten nada al lector más allá del mero disfrute y pasatiempo. Es más, es en este tipo de historias en las que tal vez encontremos más reflejada a la sociedad de ese momento, con la mayor de las simplezas y sin barroquismos, sí, pero más concisa imposible. En el caso de La vida y las aventuras de Jack Engle el propio título ya lo dice todo, pues el lector está ante la historia de su protagonista Jack Engle, la cual transcurre en el Nueva York de mediados del siglo XIX. Como todo protagonista que se precie, Jack Engle tiene unas características muy bien definidas y particulares. Huérfano a edad temprana y convirtiéndose por tanto en un joven sin futuro aparente, deambula por los suburbios de la Gran Manzana. Afortunadamente, un afable lechero lo salva a tiempo de ser engullido por la violenta ley de la calle, la cual no conoce ni la compasión ni las segundas oportunidades. Aún así, eso no evita que Jack Engle acabe trabajando para Covert, un abogado que se enriquece a costa del sufrimiento de la gente. Por culpa de este villano de manual, Jack Engle se verá envuelto en sus artimañas y acabará enredado en una trama de estafas y engaños en la que no faltan ni el humor, lo criminal y hasta una bailarina española. A lo largo de la novela, Jack Engle conocerá la desdicha, el lado más oscuro del ser humano y el amor. Todo ello desde la humildad y el instinto de supervivencia que le confiere la clase a la que pertenece. Si nos ponemos quisquillosos, podríamos encontrar ciertas similitudes con la picaresca española. Jack Engle y Lázaro solo se diferencian en la edad y en el contexto histórico de sus tramas, pero la base es la misma: la del huérfano que trata de sobrevivir en un mundo podrido. Dickens hizo lo mismo y justo en el XIX, aunque con mucha más carga dramática, con su Oliver Twist, por lo que podríamos decir que esta trama nunca va a desaparecer del todo. No estamos hablando de que los autores se copien entre si, sino que actualizan este convencionalismo tan clásico y lo adaptan a su estilo y objetivo como escritores. Además de esta conceptualización del Lazarillo norteamericano, Whitman dota a esta novela de una paleta de temas importantes en su momento como el debate entorno al consumo de alcohol, la esclavitud, la clase obrera o los movimientos sociales. Sus reflexiones sobre la multiculturalidad y la inmigración parecen atemporales si no fuera porque fueron escritas en pleno siglo XIX. Es en estos detalles en los que el lector se percata de que está ante algo importante, una obra menor en este caso, pero que justifica que su autor, Walt Whitman esté en el olimpo de los grandes de la literatura norteamericana. En cuanto a personajes no puedo más que aplaudir la construcción de Jack Engle, cuya inteligencia, vitalidad y optimismo destacan en un ambiente de lo más hostil y en el que ha crecido toda su vida. Pero también, Covert merece un párrafo entero, pues Whitman ha creado un personaje tan despreciable como interesante, tanto que éste logra permanecer en la memoria de quienes lo conocen a través de sus engaños y triquiñuelas. Por mi parte, y cerrando este párrafo de la mejor manera posible, sólo diré que ya está todo dicho y que ahora es vuestro turno. Espero que después de todo lo dicho, no lo dudéis ni un segundo más y os metáis de lleno en su lectura. Merece la pena.


Cuando alguien se adentra en La vida y las aventuras de Jack Engle no puede evitar sucumbir ante la cantidad de temas que el autor ofrece al lector para que éste los tome entre sus manos y reflexione a través de sus palabras. Sin embargo, de entre todos ellos, los cuales hemos nombrado muy brevemente en el párrafo anterior, uno es el que destaca sobre el resto de forma significativa. Puede que antes éste pasase completamente desapercibido para el lector, pero en los tiempos que corren, tan agitados políticamente hablando, una servidora no ha podido evitar rescatarlo y reflexionar a partir de él en este último párrafo. A lo largo de la novela, Jack Engle aprenderá de la vida, será testigo de como la bondad humana es la esperanza en un mundo donde es más fácil hacer daño que hacer el bien, de que las calles de Nueva York son un microcosmos propio (con sus leyes y líderes visibles), de que si luchas hasta el final el esfuerzo será recompensado y de que se puede conocer el amor incluso en tiempos intempestivos. Pero también, y este es tal vez el tema central de este libro, observará y se dará cuenta de una terrible paradoja, y es que la corrupción no sólo ocurre entre las clases más desfavorecidas, sino que ésta es ágil y consigue trepar hasta puestos más altos dentro de la pirámide social. Llegando a personas como Covert, el malo de la novela, quien hace uso de ella en su profesión de abogado para lucrarse a costa del sufrimiento de sus clientes, los cuales en su mayoría están desesperados. ¿Nos suena no? Seguro que muchos al leer la palabra "corrupción" han pensado directamente, y no de forma voluntaria, en los últimos años, en los que los ciudadanos de este país desayunábamos con un nuevo caso de corrupción. El enésimo a la larga lista que políticos, empresarios y demás personalidades de alto rango social han confeccionado a lo largo de todo este tiempo. Al principio nos indignaban, nos escandalizaban y soltábamos algún taco mientras nos echábamos las manos a la cabeza. Incluso había quien se pellizcaba para comprobar si no estaba aún soñando o peor, dentro de una terrible pesadilla. En aquella época salíamos a la calle, alzábamos la voz, clamábamos que la justicia fuese igual para todos y no hacíamos más que pedir la dimisión inmediata del político de turno que se había manchado las manos de corrupción. Ha pasado el tiempo, un par de años, no más, y parece que nos resbala la situación, hasta el punto de que ya no nos sorprende que se destapen nuevos casos en los que cuatro privilegiados se lucran con el dinero de los demás. Eso si, la indignación no ha desaparecido, pero ésta se manifiesta frente al televisor, sentados en el sofá, en conversaciones de bar o durante las comidas familiares. Nos hemos inmunizado ante la corrupción, es un hecho. Si desde los medios de comunicación, en especial la televisión, han conseguido que asistamos impasibles a las noticias de oriente medio en las que se nos muestran cadáveres sin ninguna censura, la propia política ha conseguido lo imposible, que refunfuñemos y ya está. Así de simple, sin que tenga más consecuencia que una pequeña pataleta. Hace unos días, afortunadamente, por fin la corrupción generalizada tuvo su escarmiento en el congreso de los diputados. Algo que desde la distancia aplaudí con euforia, pero no es momento de quedarnos atrás, porque la corrupción tiene que seguir combatiéndose, como hace Jack Engle en esta novela. Desde la cotidianeidad o desde los puestos de influencia. Desde las calles, desde los micrófonos, desde los escaños. Con fraude es imposible que una sociedad avance, bien lo sabía Walt Whitman que no dudó en plasmarlo en esta novela de recomendable lectura y que nos devuelve la confianza en el ser humano. La vida y aventuras de Jack Engle: una historia de pillaje, violencia, bondad, engaños, artimañas, sufrimiento, crimen, amor, esperanza...Un canto a la vitalidad desde las oscuras calles de Nueva York.

Frases o párrafos favoritos:

"Ojalá el demonio del Jardín del Edén le hubiese desvelado al joven el camino de la felicidad."

Película/Canción: de momento no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva de esta novela. Hasta que este acontecimiento tenga lugar os adjunto la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. No es de las mejores de Scorsese, pero merece una mención especial.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Funambulista

viernes, 8 de junio de 2018

RESEÑA: Cumbres borrascosas.

CUMBRES BORRASCOSAS

Título: Cumbres borrascosas. 

Autora: Emily Brontë (Yorkshire 1818-1848). Era la quinta de seis hermanos, en 1820 la familia se trasladó a Haworth, donde su padre fue nombrado párroco anglicano. En 1838 comenzó a trabajar como institutriz en Law Hill. Más tarde, junto a su hermana Charlotte, fue alumna de un colegio privado en Bruselas, hasta que la muerte de su tía la hizo volver a Inglaterra. Emily entonces se quedó a partir de entonces como administradora de la casa familiar. En 1847 publica Cumbres borrascosas con seudónimo masculino. Una novela que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los grandes textos de la literatura universal, a pesar de que inicialmente, debido a su innovadora estructura, desconcertó a los críticos de la época. Aquejada de tuberculosis murió en 1848, tan solo un año después de publicar su única novela, a la edad de 30 años. Además de Cumbres borrascosas, Emily Brontë escribió un buen numero de poemas, firmados con su habitual seudónimo, Ellis Bell. 


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor:

Sinopsis: la poderosa y hosca figura del atormentado Heathcliff domina Cumbres borrascosas, novela apasionada y tempestuosa cuya sensibilidad se adelantó a su tiempo. Los brumosos y sombríos páramos de Yorkshire son el singular escenario donde se desarrolla con fuerza arrebatadora esta historia de venganza y odio, de pasiones desatadas y amores desesperados que van más allá de la muerte y que hacen de ella una de las obras más singulares y atractivas de todos los tiempos.

Su lectura me ha parecido: lenta, tediosa, con unos personajes demasiado extremados para mi gusto, adelantada a su tiempo, estéticamente perfecta, de estructura narrativa interesante, importante a pesar de todo...Queridas lectoras y lectores, si habéis estado atentos a las redes sociales sabréis que hace unos días me encontraba en Londres, una de las ciudades más grandes en las que he estado y que pude descubrir de una forma bastante especial. De todos los lugares que visité durante mi estancia en la capital británica, tres todavía permanecen en mi memoria. El primero de ellos es el conocido como Parque de Richmond, un entorno idílico, verde y rebosante de naturaleza que me impactó enormemente. No saben lo afortunados que son los londinenses al tener a las afueras de la ciudad un paraje como aquel, en donde el olor a tierra mojada es constante, en donde a escasos metros del camino los ciervos campan a sus anchas y en el que no puedes evitar echar una cabezadita tumbada en la hierba. Mientras caminaba por sus serpenteantes senderos se me vinieron a la cabeza las novelas de Jane Austen, de hecho en algún momento pensé que de entre los árboles iba a surgir la figura de Elizabeth Bennet, pero también noté un ligero pálpito, como si literariamente hubiese estado allí antes. La forma de los troncos, las inmensidad de sus praderas, incluso la forma con la que el viento mecía el césped...Todo me resultaba familiar. El segundo de ellos, la National Portait Gallery, lugar que atesora los retratos de grandes personalidades de todos los sectores profesionales del país. Desde primeros ministros, pasando por reyes o militares y finalizando con influyentes escritores, cantantes o activistas. Un museo en el que tuve el privilegio de ver con mis propios ojos los cuadros y fotografías de escritoras y sufragistas de la talla de Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, Virginia Woolf, Harriet Taylor Mill, Emily Pankhurst o Millicent Fawcet entre otras. Al igual que el retrato de la autora que acompaña esta reseña, bastante pequeño por cierto.Y en tercer lugar, como no podía ser de otra manera, fue la Abadía de Westminster. Un impresionante templo gótico al que pensé que nunca entraría. Lo primero que haces es mirar al techo y recrearte en sus bóvedas de crucería, luego conforme te adentras en la abadía, diriges automáticamente la mirada a los lados y al suelo, no vaya a ser que pases por alto la tumba de alguna importante y británica celebridad histórica. De entre todos los rincones del monumento, sin duda, el Rincón de los Poetas es el que más turistas concentra, pues en él se encuentran las sepulturas u homenajes a las grandes plumas del país. Y entre todos los ilustres nombres, los de tres mujeres destacaban enormemente, los de las hermanas Brontë (Charlotte, Emily y Anne). Tres hermanas que, aunque enterradas en otros lugares de la geografía británica, nadie duda de su importancia y legado escrito con letras de oro en la historia de la literatura. Dicho encontronazo con la placa conmemorativa, la contemplación del retrato y las laderas del Parque de Richmond me hicieron rememorar en el acto una de mis últimas lecturas antes del viaje, que no es otra que la que hoy tengo el placer de reseñar. Mentiría si dijera que ésta novela me ha gustado, pero también sería deshonesta con vosotros si afirmase que no he sacado ninguna reflexión tras su lectura. Las segundas oportunidades tienen que ser aprovechadas, incluso en el mundo de la literatura. Cumbres borrascosas: romance y pasiones desatadas sobre un oscuro fondo de misterio.


Mi historia con Cumbres borrascosas, como he comentado en más de una ocasión, es la historia de una enorme decepción. La primera vez que escuché hablar de él fue durante mi adolescencia, durante ese proceso de aprendizaje autodidáctico que llevé a cabo en las áreas que más me apasionan: la historia y la literatura. Recuerdo leer el nombre de las tres hermanas en un manual que habíamos adquirido gracias a la compra de un periódico. No era gran cosa lo que se decía de ellas, lo que por otro lado es realmente preocupante, pero para mi fue suficiente. A partir de ahí me interesé más por su obra y por la vida de las hermanas Brontë. De hecho, a día de hoy su historia verídica me parece de lo más extraordinaria, a pesar de que muriesen demasiado jóvenes y de que sus novelas no gusten a todo el mundo. El que tres mujeres en pleno siglo XIX decidiesen dedicar parte de su tiempo a la literatura y a intentar que sus trabajos saliesen a la luz en un mundo de hombres me parece una proeza extraordinaria. Vale que las novelas se parecen ligeramente entre si y que la crítica fue dura con algunas de ellas, pero el hecho de que para conseguirlo tuviesen que recurrir a pseudónimos masculinos dice mucho de la época que les tocó vivir y de lo difícil que era para una escritora poder ver publicados sus textos. De las tres, sin duda, Emily Brontë ha sido la que ha acabado eclipsando al resto de sus hermanas con Cumbres borrascosas. Que para más inri es su única novela escrita y publicada. Se le atribuye una larga colección de poemas, sí, pero Emily Brontë consiguió lo que muy pocas escritoras y escritores han conseguido, que se le recordase y homenajease después de muerta por un sólo título. Todo eso, además de algunos datos biográficos, me empujaron a leer Cumbres borrascosas. Fue durante un verano en el pueblo, durante las horas de la siesta. Os aseguro que estaba muy motivada, que puse todo de mi parte, que me adentré en su lectura con la mejor de las intenciones...Pero me aburrió soberanamente. Creo que no llegue a las 50 páginas leídas, lo cual tratándose de mi es una verdadera anomalía. No entendía nada, odiaba a Heathcliff, Catherine me caía mal, la narración era extremadamente lenta, se me cerraban los ojos... De ser uno de los libros cuya lectura esperaba con más ganas pasó a ser un verdadero suplicio. Tras esta traumática experiencia, deposité Cumbres borrascosas en la estantería de mis padres, lugar en el que todavía sigue reposando. Muchos a estas alturas del relato os preguntaréis cómo es posible que le haya acabado dando una segunda oportunidad a un libro cuya lectura no me había gustado nada. La respuesta de nuevo tiene nombre de mujer: Anne Brontë. Su novela más célebre e injustamente infravalorada, Agnes Grey, consiguió que me reconciliase con la familia Brontë. Tanto es así que, a falta de descubrir la producción literaria de Charlotte, a día de hoy la novela de la menor de las Brontë es mi favorita. Pasaron los meses y llegó el momento de darle una oportunidad a Emily Brontë, además del centenario de su nacimiento, estaba a punto de marcharme una semana a Inglaterra, así que tomé en mis manos la espectacular edición conmemorativa de Alianza Editorial y comencé optimista su relectura. Tras, esta vez sí, finalizar mi viaje a través de sus páginas descubrí dos cosas: la primera, que leí Cumbres borrascosas en un momento de poca madurez intelectual, y la segunda, que aunque mi opinión siga siendo negativa, he conseguido ver más allá de lo superficial y entender por qué Cumbres borrascosas ha pasado a la historia como una de las mejores novelas escritas en lengua inglesa.


Vamos al grano. La lectura de Cumbres borrascosas me resultó pesada, hasta el punto de tornarse en ocasiones insoportable. Este defecto tiene un por qué, y es que aproximadamente durante las primeras 100 páginas la narración transcurre demasiado despacio. Si bien es cierto que en ellas se nos presentan los personajes, el escenario y demás aspectos importantes para la trama, Emily Brontë parece recrearse en ellos de una forma circular, como si sobrevolase al rededor de ellos, lo que como consecuencia ofrece grandes e interesantes descripciones pero que dificultan el seguimiento de la historia. Como he podido leer en otras reseñas, muchos son los que han sentido la tentación de abandonar su lectura antes de llegar a la página 100, algo completamente normal dado lo que he comentado antes. Sin embargo, os animo a que sigáis adelante, que no desesperéis, porque a partir de la 101 la cosa se pone ligeramente interesante. Muchas son las interpretaciones y los estudios realizados respecto a esta novela, pero la mayoría de ellos coincide en definir a Cumbres borrascosas como una novela "matryoshka". Las muñecas matryoshkas, por si no lo sabíais, son típicas de Rusia y su originalidad consiste en que se encuentran huecas, albergando en su interior una nueva muñeca de un tamaño más reducido, y esta a su vez otra, así hasta toparnos finalmente con una de un tamaño extraordinariamente pequeño. El número de éstas es variable, normalmente se componen de cinco o siete muñecas, aunque pueden ser muchas más siempre que el número de éstas sea impar. ¿Por qué os he soltado este rollo de las muñecas matryoshkas? Porque, al igual que sucede con éstas, Cumbres borrascosas constituye en si una trama en la que vamos descubriendo nuevos detalles, pero muy poco a poco y sin excesivos sobresaltos, hasta llegar al núcleo, a la matryoshka más pequeña, el verdadero tesoro, el que se guarda bajo siete llaves o en el interior de siete matryoshkas de mayor tamaño. Parece una tontería, pero hasta ese momento no se habían encontrado precedentes en la literatura de esa precisión tan milimétrica y que acentuaba la sensación de misterio en la trama. A esto hay que sumarle una narración a dos bandas (el señor Lookwood nos narra la historia en primera persona el presente mientras que Ellen nos habla de la historia del lugar y episodios del pasado), las elipsis temporales y una extrema caracterización de personajes. Todas estas características concibieron a Cumbres borrascosas como una novela singular y novedosa en su tiempo, todo ello a pesar de que los críticos de la época no la recibieron con un aplauso unánime y de que en un primer momento se llegó a insinuar que el libro lo había escrito la hermana mayor, Charlotte, debido a su madurez. Respecto a lo último, a los personajes extremos, es tal vez lo que menos me ha gustado de la novela, pues éstos son tan apasionados, tan exagerados, con unos caracteres tan volátiles e incapaces de apreciar los claroscuros de la vida (pues para ellos o todo es blanco o todo es negro, no hay término medio). Puede ser un atrevimiento, pero, a lo largo de su lectura no pude evitar comparar a los personajes de Cumbres borrasocas con los de las telenovelas televisivas. Tal vez de esta novela parta esa i fluencia, lo que está claro es que ese romanticismo exacerbado es marca de la casa, el sello personal de Emily Brontë. Centrándonos en los personajes he de confesar que no he conseguido empatizar con ninguno de ellos. Y eso es terrible. Catherine me siguió pareciendo una estúpida, Edgar Linton un imbécil, Hareton demasiado desgraciado, Joseph excesivamente temperamental e Isabela Linton bastante tonta. Sin embargo, si que hubo un personaje que lo encontré ligeramente más interesante en comparación con el resto, que no es otro que el gran protagonista de la novela: Heathcliff. La primera vez que leí Cumbres borrascosas no me cayó nada bien, de hecho, no puede ser más huraño, tiránico y egoísta este protagonista. No obstante, y tras la relectura de la novela, me di cuenta de que hay algo más allá y de que Heathcliff es un personaje menos plano de lo que Emily Brontë nos ha querido mostrar. Su desagradable actitud con el resto de personajes tiene un por qué, lo que significa que a lo largo del libro el lector no puede evitar ya no compadecerse, porque el odio que rebosa este personaje no tiene justificación, sino admirar su construcción. Heathcliff podría ser el perfecto ejemplo de malo literario memorable y que acaba gustando al público. No está a la altura de Drácula pero si próximo al Lord Voldemort de Harry Potter. Un personaje que inspira rechazo pero que al mismo tiempo no puedes evitar amarlo, aunque sea un poco. Finalmente, y a diferencia de aquel lejano primer contacto con Cumbres borrascosas, he de confesar que Emily Brontë es una maestra de la ambientación. Es capaz de sumergir al lector en la frialdad de un paraje tan hermoso como tormentoso, en donde las colinas y los caminos de tierra se extienden a lo largo y ancho del lugar, donde la niebla parece actuar como un personaje más y en donde se alzan las principales fincas, Cumbres borrascosas y la Granja de los Tordos, lugares en los que tiene lugar la trama y que se han acabado erigiéndose en el imaginario colectivo. En resumen podríamos acabar diciendo que Cumbres borrascosas es sin duda un libro que no releería, dos veces es suficiente, pero que me ha servido para apreciar detalles que en su momento pasé por alto y que en un futuro ¿quién sabe? Tal vez puedan resultarme inspirarme.


No me gusta Cumbres borrascosas. Así de simple. Antes odiaba esta novela a muerte, y ahora, aún habiendo encontrado cuestiones que me parecen interesantes durante su relectura, sigue sin resultarme atractivo personalmente. Tampoco me gustó en su momento El Gran Gatsby, el cual sé que leí en el momento menos indicado anímicamente y que sin duda merece una segunda oportunidad. Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez también me resultó infumable, sin embargo, con el paso del tiempo he conseguido entender su mecánica literaria, por lo que finalmente acabé apreciándolo que no amándolo. La Celestina se me atragantó durante mi adolescencia, fue una lectura obligatoria y no entendía por qué nos torturaban con la lectura de aquel libro. Y por si fuera poco, La plaza del Diamante de Mercè Rodoreda se me hizo insoportable, hasta el punto de que creí que aquel control de lectura lo suspendía seguro. Como veis, todos tenemos una lista de libros que odiamos y que por un motivo u otro los hemos guardado en el cajón de los traumas literarios. Sin embargo, y esto es completamente cierto, no sabéis lo mucho que cuesta decir esto en voz alta. Que un clásico de la literatura no te guste parece ser sinónimo de, en muchos círculos, incultura, incomprensión, falta de profundidad, falta de madurez intelectual, incluso un sacrilegio si por casualidad te encuentras ante una o un fan de un escritor/a o de un libro en concreto que a ti no te ha entusiasmado. Pero al contrario también pasa. De hecho, en mi círculo de amigos del instituto me consideraban un bicho raro por no haber leído la saga completa de Harry Potter y la de Crepúsculo. Y ya encontrándome en la universidad la odiosa trilogía de Cincuenta sombras de Grey. Aunque en este último caso afortunadamente cundió la sensatez y fueron pocas las personas que me preguntaron por qué no me los había leído. Si dices que no te gusta un clásico de la literatura, malo, y si te atreves a confesar que no te gusta X best seller, peor. Y en ambos casos esas personas fanáticas de esos autores y libros te someten a un interrogatorio digno del CSI, consiguiendo al final que te sientas mal por no haber leído dicha novela de este escritor en concreto. ¿Pues sabéis que os digo? Que viva el espíritu crítico. Ni los clásicos de la literatura universal son la panacea de lo que es correcto y maravilloso, ni los best sellers una tendencia a la que tienes que os tenéis que sumar si o si. Ni una cosa ni la otra. Quien critica a Orgullo y prejuicio, por poner un ejemplo, diciendo que no le ha gustado por X razón, siempre que sea desde el respeto tiene toda mi admiración. Y quien decide soltar la bomba de que no le gustan los Juegos del Hambre argumentando sus razones aplaudiré a esa persona sin dudarlo. Los libros, ya sean clásicos o no, se leen, se saborean, se huelen, se tocan, pero también se cuestionan. Sin disparidad de opiniones no hay debate, y no es posible el debate sin espíritu crítico, y sin espíritu crítico en definitiva, estamos vendidos al sistema, el cual pretende amoldarnos a unos gustos determinados. En definitiva, el mensaje con el que quiero que os quedéis es el siguiente: decid lo que pensáis, sin importaros el agradar o lo que pensarán los demás. Atreveros a criticar a los clásicos, a analizarlos, a destrozarlos si queréis. Que ser clásico no significa que sea intocable, y si no me creéis, buscad las interpretaciones de éstos, decidme si eso es o no críticas a la obra en concreto. Cumbres borrascosas: una historia de amor, celos, machismo, avaricia, mentiras, misterio, espectaculares mansiones, envolventes parajes...Una novela que espero, desde la más absoluta sinceridad, que leáis, a pesar de esta reseña y de la humilde opinión de una servidora.

Frases o párrafos favoritos:

"No soy yo quien ha desgarrado tu corazón. Has sido tú, y al desgarrártelo has destrozado el mío."

"En esta tierra no solemos simpatizar con los forasteros, a no ser que ellos empiecen a simpatizar con nosotros."

Película/Canción: existen tres importantes adaptaciones cinematográficas de Cumbres borrascosas. La primera estrenada en el año 1939 protagonizada por Larwence Oliver y Merle Oberón, la segunda del año 1992 con Juliette Binoiche y Ralph Fiennes encarnando a los protagonistas y la más reciente, del año 2011, dirigida por la directora británica Andrea Arnold y protagonizada por la estrella joven del momento Kaya Scodelario. Pero como a mi lo clásico me atrae más, he decidido adjuntaros el tráiler de la primera de ellas. Todo un documento histórico al tratarse de una película de los años 30.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

lunes, 28 de mayo de 2018

RESEÑA: El espectro del abad.

EL ESPECTRO DEL ABAD

Título: El espectro del abad.

Autora: Louisa May Alcott (Germantown, Pensylvania 1832- Boston 1888) hija del reformista pedagogo Amos Bronston Alcott, su infancia y adolescencia transcurrió en los círculos trascendentalistas de Boston y de Concord (Massachusetts), siendo alumna de Emerson y de Thoreau, cuyas enseñanzas humanistas ejercieron una gran influencia en su pensamiento y en sus obras literarias. Tras el fracaso de su padre en la fundación de una comunidad utópica en Harvard, Louisa se vio obligada a impartir clases y a trabajar como costurera y asistenta. Sin embargo, éstas circunstancias no le impidieron desarrollar una carrera literaria que abarca más de trescientas obras, entre las que destacan. Mujercitas es su obra más conocida, y la que le permitió saldar las deudas de la familia, pero también destacan Estado de Ánimo, Hombrecitos, Los muchachos de Jo, Un moderno Mistófeles, Un susurro en la Oscuridad o Flower fables (publicado en 1854 y que la convirtió en pionera del cuento de hadas americano). Desde 1868 a 1870 dirigió la revista infantil Merry´s Museum.

Editorial: Pulpture.

Idioma: inglés.

Traductor: Oscar Mariscal.

Sinopsis: reunirse en Navidad es el pretexto que congrega a un grupo de personajes en la antigua abadía, ahora convertida en mansión. Cada uno tiene que lidiar con los problemas propios de su posición: una herencia, un compromiso...Todo queda relegado para juntarse en torno al hogar y contar historias de fantasmas. Pero lo que empieza como un mero entretenimiento, acabará en tragedia...

Su lectura me ha parecido: breve, bien resuelta aunque con un importante cabo suelto, de inspiración victoriana, sencilla, envolvente, clásica, sencilla de leer...Queridas lectoras y lectores, si habéis leído las anteriores reseñas habréis comprobado que últimamente en Jimena de la Almena me he vuelto especialmente monotemática. Y no es para menos, dado el abundante número de libros de terror que inundan las librerías desde hace unos cuantos meses, éste hecho no podía pasar desapercibido en este espacio de crítica y debate. La moda (porque en realidad eso es lo que es, una moda literaria) ha hecho posible dos cosas: la primera, que nuevas escritoras y escritores se estén dando a conocer internacionalmente gracias a novelas o bien de inspiración gótico-victoriana o directamente tratando de emular al mismísimo Charles Dickens. Y la segunda, que muchas editoriales se hayan puesto manos a la obra en la titánica labor de recuperación de textos publicados durante el siglo XIX, de traducción de los mismos y de difusión a través de las redes sociales. Algo que, como no podía ser de otra forma, se ha traducido en éxitos editoriales casi inmediatos. En tiempos de reflexión y en los que la auto ficción y el ensayo copan por primera vez en mucho tiempo el interés de los lectores, parece curioso como un volumen de relatos como Damas oscuras, editado por Impedimenta, haya arrasado en ventas durante las pasadas navidades. Es evidente que como sociedad necesitamos evasión, y este hecho lo demuestra, o tal vez los fantasmas se hayan vuelto a convertir en la metáfora de nuestros errores y mayores temores como sociedad imbuida en la era del ultrasónico progreso. Aunque por otro lado, seguramente haya sido Frankenstein (que este año cumple 200 años) lo que haya impulsado toda esta fiebre por la literatura de terror, algo de lo que su autora Mary Shelley, esté donde esté, estará observando con enorme satisfacción. El libro que hoy tengo el placer de presentaros proviene, al igual que otros textos que he reseñado últimamente, de este trabajo de recuperación, y a diferencia de los anteriores, aunque de inspiración británica, lo escribió una autora norteamericana muy importante. El espectro del abad: un thriller gótico de inspiración dickensiana.


La historia de como El espectro del abad llegó a mis manos es bien sencilla. Sin embargo, debemos remontarnos unos años atrás, al momento en el que mi opinión sobre los libros de Louisa May Alcott era totalmente diferente a la que hoy tengo. Simple, edulcorada, poco profunda, una ñoñada...Todo eso y más me pareció en su momento la película Mujercitas, estrenada en 1994 y la cual no concebimos sin el rostro de la actriz estrella de los 90 Winona Ryder. Esto y el abuso de los anuncios publicitarios por parte de la cadena en cuestión contribuyeron a que ni siquiera consiguiese verla entera. Desde entonces, e invadida por una serie de prejuicios injustificados, pensé casi en el acto que si la película me había resultado especialmente soporífera y cursi, el libro iba a ser tres cuartos de lo mismo. Y así seguí durante unos cuantos años, sosteniendo la certeza de que Mujerecitas era un libro que por sus características no iba conmigo ni con mis gustos lectores de por aquel entonces. Sin embargo, el paso del tiempo puso a cada cual en su lugar, y a mi en concreto en el del arrepentimiento y la vergüenza. Algo que sucedió en el momento en el que me enteré, gracias a Hermida Editores, de que Louisa May Alcott había escrito más cosas que Mujercitas, en concreto una amplia colección de novelas y relatos de terror. Un susurro en la oscuridad fue el primer libro que me leí de esta autora norteamericana, en parte debido a ese shock que me había producido el saber que Louisa May Alcott no era autora de una sola novela. El resultado de aquella lectura, además de su correspondiente reseña que podéis encontrar si indagáis un poco en el blog, me dejó bastante impactada. No sólo su lectura no me había resultado ñoña sino que además había descubierto a una Alcott que no conocía y que distaba mucho de la idea que me había hecho de ella en la cabeza. Una infancia que transcurre en los círculos intelectuales más alternativos de la época, alumna de nada más y nada menos que de Emerson y Thoreau, directora de una revista infantil de gran éxito, autora de más de trescientas obras, miembro del movimiento feminista en los Estados Unidos, una de las pocas escritoras que puede presumir de haber conseguido éxito en vida gracias a Mujercitas y otros libros como Hombrecitos o Los muchachos de Jo, que tristemente escribió gran parte de su obra bajo el pseudónimo A.M. Barnard e incluso fue pionera del cuento de hadas norteamericano. Además, durante esta pequeña investigación descubrí que Mujercitas precisamente, ese libro que tanto me he negado a leer, reivindica el papel de la mujer en la sociedad del XIX. Así que tras aquel primer contacto con su faceta de autora de terror y tras desmontar esa pirámide de prejuicios que permanecía firme en mi cabeza, decidí que no iba a dejar pasar la oportunidad de conocer mejor a Louisa May Alcott. Por lo que, cuando a finales del año pasado descubrí que la joven e interesante editorial Pulpture había publicado El espectro del abad, no me pude contener. Ya solo con su portada, en la que se aprecia un detalle del cuadro Autum Monring, de John Atkinson Grimshaw, uno de mis pintores británicos favoritos, me habían conquistado. Ahora faltaba saber si el interior, la historia, estaba a la altura de mis expectativas. Reconozco que tardé un tiempo en animarme con su lectura, pero en cuanto lo hice, el resultado no pudo ser más interesante.


Adentrándonos en el apartado puramente crítico comenzaremos diciendo que El espectro del abad presenta una lectura amena, sencilla y en la que no abundan barroquismos de ningún tipo. Algo que sorprende, dada la época en la que fue escrito este libro pero que sin duda nos da dos claves: la primera, que la autora precisamente buscó de forma intencionada un estilo menos enrevesado para atraer a un espectro más amplio de lectores, y la segunda, que aunque estadounidense, Alcott no pudo evitar rendirse ante el atractivo que por aquel entonces suscitaba la literatura victoriana. Es evidente que, si leemos el breve resumen de la contraportada, toda esa influencia de lo que se estaba cociendo literariamente al otro lado del charco, ese reconocible sello, está en cada detalle del libro, en cada página, en cada personaje, incluso en la atmosfera escogida. Sin duda, con todos estas características, El espectro del abad podría calificarse como una burda copia, pero su autora es Louisa May Alcott, por lo que el lector puede esperar algo más allá de los tópicos del género. No hace falta ser muy espabilada/o para no darse cuenta de que tanto el escenario (una antigua abadía reconvertida en mansión en la que habita el fantasma de un abad) y la época (la Navidad) fueron usados en exceso por las escritoras y escritores del XIX. Pero Alcott logra envolverlos en la tensión propia o más bien cercana al thriller, marca de la casa de la literatura estadounidense. Al combinar ambas cosas, las influencias anglosajonas con un estilo cercano y capaz de confeccionar absorbentes tramas de misterio, consigue que este libro no pase desapercibido y mantener constante pulso con los lectores, similar, aunque con clamorosas diferencias, al típico best seller de nuestros días. ¿Qué cuenta El espectro del abad? Algo muy simple.  Los Treherne, una acomodada familia americana que tiene a Jasper Treherne como heredero de la millonaria fortuna, invitan a unos cuantos amigos a pasar las Navidades alojados en su mansión, una mansión que en antaño fue una abadía y que, según la leyenda y las habladurías, está encantada y custodiada por el espíritu de un abad que vaga por los pasillos. Dos de estos parientes, Frank Annon y Maurice Treherne, se disputan el amor de Olivia Treherne. El primero es el mejor amigo de Jasper, hijo de los anfitriones, y el segundo es primo de la propia Olivia. A todo esto se le añade Olivia detesta a Annon y aunque siente cierta predilección por Maurice, ésta acaba haciendo caso a su madre y acepta darle una oportunidad a Annon. La cosa se embrolla más cuando hace acto de presencia el general Snowdon y su jovencísima esposa Edith, la cual se casa con el general por despecho hacia sus dos antiguos pretendientes, Jasper y Maurice, quienes se disputaron su amor en el pasado. Y por si fuera poco, aparece y toma mucha fuerza el drama por excelencia de este tipo de novelas, que no es otro que los problemas de la herencia y las luchas de poder internas para conseguir ser el beneficiado. Y si a todo eso le añadimos la presencia sobrenatural del misterioso abad, tenemos la novela prácticamente resuelta y presentada. De hecho, con esta trama y estos personajes parece que estemos ante una comedia de enredo que ante una novela de misterio y terror, que es lo que en realidad es. No me gustaría contar nada más al respecto, ni lo que sucede ni la importancia del espectro, pues la finalidad de una reseña no es destriparos la historia sino animar o desaconsejar su lectura. Eso si, en lo que a personajes se refiere, si que os diré que sólo Edith me ha resultado ligeramente interesante, el resto no me han dicho nada. No es que no me hayan gustado, de hecho hay que reconocerle a Alcott el trabajo de construcción psicológica de cada uno de ellos y, simplemente que no he logrado conectar con ellos. Por mucho que me hayan gustado los tejemanejes que se producen entre ellos, no han sido especialmente unos personajes dignos de recuerdo. Sin embargo, rompo una lanza en favor de Alcott al encontrarme a lo largo de la lectura con algo muy importante, y es que la presencia femenina a lo largo de la novela es abundante. Una serie de mujeres con fuerte personalidad que simbolizan y demuestran que los personajes femeninos pueden ser igual de potentes que los masculinos. Tampoco podemos olvidarnos del soberbio tratamiento de los escenarios. Esa abadía soberbia y tétrica, ese fuego que invita a los personajes a desnudarse emocionalmente a través de los cuentos de fantasmas, ese espíritu navideño que se traslada a todos los rincones del lugar, esos pasillos interminables por los que el abad pasea perturbado por la presencia de desconocidos en sus dominios...Por último, antes de finalizar este párrafo, me gustaría felicitar a Pulpture, por su valentía a la hora de editar un libro como éste, pero sobre todo, por la espectacular edición, que más allá de la preciosa portada, esconde otras muchas sorpresas en su interior.


En este último párrafo, dedicado a suscitar debate y reflexión entre los lectores, me gustaría dedicarlo en esta ocasión a responder a una serie de preguntas que llevo haciéndome desde que hace unos meses inicié mi aprendizaje intelectual a través de la literatura del siglo XIX, en especial la de tradición anglosajona. ¿Por qué a las escritoras y los escritores británicos de la época victoriana les fascinaba la Navidad? ¿Qué tiene de especial? ¿Por qué es tan importante literariamente? Y lo más curioso ¿Por qué se utiliza como ambientación temporal para las historias de fantasmas? Sé que no estamos ni en las fechas ni en el contexto oportuno, pues el verano como quien dice está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, estas preguntas han rondado mi cabeza desde el primer texto puramente victoriano que tuve entre mis manos, que no fue otro que Canción de Navidad de Charles Dickens, probablemente el relato fundador y que inspiró a todos los demás. Tras aquella lectura, incluida en un impresionante volumen junto con otros relatos de temática navideña escritos por Charles Dickens, no paré de darle vueltas a la cuestión, y la verdad, resulta muy complejo. Por un lado, si pensamos en la festividad, todos la asociamos con felicidad, regalos, comida en cantidades ingentes, reuniones familiares, la risa de los niños, la nieve, el árbol, en algunos países el belén, el muérdago, los villancicos, las uvas, los brindis, las felicitaciones, los dulces típicos...Pero también asociamos a la navidad con la meditación, con el poner los pies en polvorosa, con el detenerse a reflexionar y hacerlo en relación con lo vivido durante todo el año. Pensar en nuestros logros, en los errores cometido, en las cosas que quisimos decir y nos callamos, en el aprendizaje adquirido y recordar a las personas que ya no están. Tal vez por eso la navidad sea una fiesta mágica, en la que todo puede pasar y en la que tiene cabida la presencia de elementos sobrenaturales, como por ejemplo, la presencia de espíritus. No debemos olvidar que en Canción de Navidad, al egoísta y desagradable protagonista, el señor Scrooge, se le aparecen una serie de fantasmas en representación del pasado, del presente y del futuro, los cuales le hacen ver al protagonista del cuento lo equivocado que estaba, traduciéndose finalmente en un cambio de actitud para mejor. Los fantasmas, hacen acto de presencia cuando menos nos lo imaginamos, algo que sucede incluso en el mundo real, trascendiendo de lo puramente fantástico. ¿A quién no le ha sucedido que de pronto, y sin venir a cuento, un recuerdo del pasado asalte tus pensamientos y te deje en shock? ¿Quién no ha experimentado la sensación de haber liberado la caja de Pandora tras haber rememorado un acontecimiento vivido? No es casualidad que popularmente se refiera a esos momentos como "fantasmas del pasado", pues aunque aparecen y desaparecen, la sensación que perdura dentro de uno mismo es similar a cuando, en el mundo de la literatura, un personaje se ve sorprendido por un fantasma. Por eso, tampoco es baladí que la Navidad, en donde la fantasía y el recuerdo están más vivos que nunca, sea la ambientación perfecta para que todos esos malos actos y remordimientos se materialicen en fantasmas. No se si me he logrado explicar correctamente, pero, en resumidas cuentas lo que vengo a decir es que los fantasmas existen, no en forma de seres que deambulan por edificios antiguos como el espíritu de El espectro del abad, pero si en nuestra cabeza, capaces de asaltar nuestros pensamientos y detener el transcurso de la vida unos míseros segundos, y no necesariamente en fechas cercanas a la Navidad. El espectro del abad: una historia de enredo, familia, dinero, amor, ambición, fantasía, presencias sobrenaturales, misterio...Una novela que merece la pena redescubrir en pleno siglo XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Las mentes humanas atesoran más misterios que cualquier obra escrita, y son más mudables que las formas de las nubes en el claro cielo de abril."

Película/Canción: al no existir noticias de una posible adaptación cinematográfica, he optado por adjuntar la pieza de BSO  que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Espero que os guste y que os dejéis llevar por los oscuros matices de ésta:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pulpture

martes, 22 de mayo de 2018

RESEÑA: Los sauces.

LOS SAUCES

Título: Los sauces.

Autor: Algernon Henry Blackwood (Londres, 1869 - 1951) era hijo de un empleado administrativo del servicio postal del Reino Unido. A lo largo de su vida residió en Inglaterra, Alemania, Rusia, Canadá y Estados Unidos, desempeñando diversas ocupaciones. Hacia 1905 se estableció en Inglaterra, donde empezó a cultivar la literatura espectral. La bibliografía del autor ofrece una lista de catorce novelas y ciento setenta y siete cuentos de género fantástico y afines. Sólo en vida de Blackwood aparecieron veintiuna colecciones de sus relatos: la primera de ellas, La casa vacía, en 1906. Desde 1900 fue miembro de la organización ocultista Hermeric Order of the Golden Dawn (Orden hermética del Alba Dorada), adoptando el lema mágico Umbram Fugat Veritas (La verdad hace huir a las sombras). Es por ello que el ocultismo, como tema, está muy presente en gran parte de su producción literaria, al igual que la apelación romántica a los tradicionales espíritus elementales de la naturaleza.


Editorial: Hermida Editores.

Idioma: inglés.

Traductor: Oscar Mariscal.

Sinopsis: publicado por primera vez de forma independiente en castellano, Los sauces es considerado por la crítica el mejor libro de Blackwood. También lo fue para Lovecraft, quien dijo del autor que nadie se había acercado "a la habilidad, seriedad y minuciosa fidelidad con la que registra las insinuaciones de anormalidad en ciertos objetos y experiencias ordinarios, detalle a detalle, las sensaciones y percepciones completas experimentadas en el tránsito de la realidad a la vivencia o la visión preternaturales." Algunos comentaristas sostienen que el meollo de la obra de ficción de Blackwood es la confrontación del hombre moderno de la época postracidicionalista con aterradoras fuerzas naturales o sobrenaturales.

Su lectura me ha parecido: sencilla, intensa, breve, perturbadora, con una trama y un tema para nada originales, con una intencionalidad novedosa, aterradora en ciertos pasajes, escalofriante con forme vas llegando al final...Hay libros que no necesitan presentación. Así de claro. Ni sinopsis, ni resumen, ni notas del autor, ni prólogo, ni epílogo, ni citas de la crítica especializada...Nada, absolutamente nada. Esto no ocurre con todos los libros, pues, en la mayoría de los casos el factor sorpresa desmerecería a una narración que ya de por si no lo exige dada su simplicidad o previsible trama. Con esos libros si que es necesario que los editores se afanen por difundir sinopsis, confiar ejemplares a los expertos o incluso montar toda una campaña de marqueting en la que inevitablemente se revelan algunos aspectos del libro en cuestión. Todo por los lectores, todo por los beneficios. El guardián entre el centeno, escrito por el norteamericano J. D. Salinger y publicado en el año 1951 fue un caso excepcional, un libro que se distribuyó y vendió sin una sinopsis por deseo expreso del propio autor.  ¿El resultado? Uno de los libros más famosos, polémicos y leídos de la historia. Y parte de ese éxito no sólo se debe al talento del escritor que lo plasmó sobre el papel, también al desconocimiento previo de la historia. Quien se adentra en El guardián entre el centeno lo hace sin una red que frene su caída, zambulléndose en aguas desconocidas. Su sola fama y el boca a boca bastaron, eso si, ningún lector se atreverá a revelaros de que trata la novela de Salinger, pues además de compleja, resulta imposible determinar una síntesis de la historia protagonizada por Holden Caulfield. El libro que hoy tengo el placer de reseñar, al igual que El guardián entre el centeno, no necesita ser destripado por una sinopsis en la contraportada, ni por la opinión de periodistas culturales, ni por un constante bombardeo publicitario a través de las redes sociales. Sólo basta con varias citas de uno de los grandes del terror, las de Lovecraft, para adentrarnos en su lectura sin orientación alguna, salvo la de que estamos, según el autor de Mitos de Cthulhu, ante uno de los mejores relatos de terror preternatural. Los sauces: el viaje del héroe más siniestro a través de los peligros de la naturaleza.

Los sauces han estado presentes en ciertos momentos cruciales de mi vida. El primer recuerdo que tengo relacionado con un sauce es siendo una niña jugando en el patio interior de la conocida como Finca Roja. Mi madre trabajaba allí y muchas tardes la esperaba acompañada de algún adulto (en mi memoria sólo están mis abuelos maternos). Unas veces estaba yo sola, pero otras, una de mis primas se venía y juntas jugábamos sin parar. En ese jardín, justo en una de sus partes más visibles, había un gran sauce llorón, cuyas ramas y hojas me sirvieron en más de una ocasión como escondite perfecto durante los juegos de la infancia. Conseguía perderme en su inmensidad y me inventaba todo tipo de historias relacionadas con ese árbol. Mi imaginación por aquellos años estaba en plena ebullición y siempre que volvía a la Finca Roja tenía que refugiarme en su envolvente copa para dejarme llevar. Por la misma época, los fines de semana, mis padres me llevaban a un parque en el que había columpios, un minigolf, una pista de patinaje, otra de skateboard y un lago artificial lleno de renacuajos. En dicho lago había pequeñas islitas con sauces a las cuales se podía acceder a través de piedras clavadas en el suelo que servían de puente. Más de una vez acabé con los pies mojados, pero no dudaba en cruzar y en contemplar como sus ramas caían en el agua por la fuerza de la gravedad. Me parecía en aquellos momentos de inocencia una imagen tan hermosa como hipnótica. Tanto es así que dicho recuerdo todavía persiste en la retina y en mi selecta memoria. Muchos años después, ya en el instituto, los sauces se convirtieron en el paisaje de mi adolescencia. Frente a la puerta del centro, varios de estos árboles se alzaban sobre los estudiantes, imponentes, testigos de muchos nervios, inseguridades, descubrimientos y conversaciones antes de entrar a clase. En más de una ocasión he de confesar que he deseado esconderme tras ellos, sobre todo en los días que había exámenes, incluso me he sorprendido jugueteando con alguna de sus hojas. Como habéis podido comprobar, los sauces han sido protagonistas de algunos de mis mejores (y peores también) recuerdos, y no es de extrañar que con el paso del tiempo haya aprendido a apreciarlos, hasta el punto de que a día de hoy considero al sauce mi árbol favorito. Así que, en cierto sentido, estaba de algún modo predestinada a acabar leyendo Los sauces. Un libro que no llegó a mis manos por mi especial relación con dichos árboles, sino como consecuencia de la lectura de El terror en la literatura de H.P. Lovecraft. Su entusiasmo por el texto y la crítica que en este fundamental ensayo realiza consiguieron que me picase la curiosidad. Una curiosidad que más pronto que tarde se materializó en la edición de Hermida Editores que a día de hoy contempla el comedor desde una de las estanterías de mi adorada librería. ¿Me gustó? ¿Qué sentí durante su lectura? ¿Me hizo temblar de miedo? ¿Suscitó alguna importante reflexión? La respuesta a estas y otras preguntas, en el siguiente párrafo.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Los sauces, aunque en Hermida Editores lo hayan publicado como un libro independiente, en realidad se podría definir más bien como cuento o relato, dado el breve número de páginas que presenta. Una vez aclarado este tema tan importante, iniciaremos nuestra reseña diciendo que Los sauces presenta una lectura muy fácil, sencilla, amena pero en la que, como en todo relato de terror, el autor parece detener su narración, pausarla, para que el lector tenga unos segundos para interiorizar lo que ha leído y sentirse parte de la historia. Esto ya lo hacían con anterioridad las maestras y maestros del género, sin embargo, con Blackwood, encontramos, además de estos momentos de reposo típicos del terror, una fuerza narrativa muy intensa que te toca, te roza, te acaricia con la punta de los dedos. Y cuando eso sucede, cuando sientes el contacto de un ente extraño sobre tu piel, entonces empieza en algunos casos el verdadero miedo o el inicio de las reflexiones internas. En mi caso, y os tengo que ser sincera, me provocó más meditación que miedo. Sin embargo, no os voy a negar que en ciertos momentos de la historia me he sentido ligeramente identificada con ese tipo de horror del que Blackwood nos habla en este relato. La trama que se narra en Los sauces no puede ser más típica, de ahí que haya comentado en el primer párrafo que no me parece la trama más original del mundo. Blackwood narra la expedición en canoa de dos amigos, los cuales nunca sabremos su nombre (el protagonista y su compañero, del que sólo se revela que es sueco) por el Danubio, desde su nacimiento en la Sevla Negra hasta su desembocadura. El río fluye imparable en su descenso, poblado de pequeñas islas fluviales plagadas de Sauces, en una de las cuales, los protagonistas hacen noche. Es en aquel lugar donde ambos experimentarán un terror nunca antes vivido y que tiene mucho que ver con la soledad y con los peligros que entraña la naturaleza en toda su expresión. Esta trama, queridas lectoras y lectores, ya la usaron infinidad de autores mucho antes del nacimiento de Blackwood. La odisea de Homero sin ir más lejos narra un viaje, durante el cual, el protagonista deberá enfrentarse a mil aventuras y peligros para conseguir llegar sano y salvo a su hogar junto a su adorada esposa Penélope y su hijo Telémaco. Pero tal vez el texto que más se le parezca a Los sauces, al menos en cuanto a intencionalidad, es El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, pues, al igual que Blackwood, Conrad utilizó la idea del viaje (a lo largo de un río además) para explicar el lado oscuro del hombre y los límites de la maldad. En cuanto a estilo Los sauces es diferente, pero me atrevería a asegurar que el escritor inglés parece haber tomado como inspiración directa la obra más importante de Conrad. Si en lo que respecta a la trama carece de originalidad, ésta la hallamos en el momento en el que el lector se da cuenta de que no está ante El corazón de las tinieblas. ¿Y como lo consigue? gracias a que Blackwood  está especializado en el género del terror y a la intención que se esconde detrás del relato, la cual suscita una reflexión con la que podemos sentirnos más o menos identificados y que dista mucho de la que Conrad expone en su novela. Por último, no debemos pasar por alto la capacidad sensorial que Los sauces transmite, algo que el autor logra por medio de una ambientación tan embaucadora como perturbadora. Con pocas palabras Blackwood consigue que formes parte de la expedición, que huelas a tierra mojada, que puedas humedecer los dedos en las aguas del Danubio, que sientas el viento en tu cara, que tus pies se llenen de barro o que te asustes  ante el mínimo ruido procedente de los sauces. En definitiva y por ir finalizando la redacción de este párrafo, diremos que Los sauces es un relato de terror que narra un viaje fluvial por tierras extrañas para los protagonistas, un viaje que, al igual que el Danubio, transcurre con rapidez hasta desembocar en un final tan extraño como aterrador.


Reflexionando detenidamente tras la lectura de Los sauces me he dado cuenta de una cosa, y es que es posible que en este relato escrito a principios de siglo XX tenga cabida una interpretación para nada descabellada en relación con lo que se narra, pero sobre todo, con el contexto en el que éste ve la luz. Los sauces se publicó en el año 1907, una fecha sin duda importante, pues 1907 cronológicamente se podría incluir fuera del periodo victoriano (pues la Reina Victoria I de Inglaterra murió en el año 1901) y por tanto en las décadas de crisis de la era imperialista, pero al mismo tiempo, 1907 todavía queda ligeramente lejos de los principales acontecimientos que protagonizarían el siglo XX y que tendrían lugar tan sólo unas décadas después. Por tanto, Los sauces aparece en un limbo cronológico entre el esplendor del reinado de Victoria I (revolución industrial, expansión imperialista, descubrimientos científicos, edad de plata de las letras inglesas...) y el terremoto que el mundo experimentaría en pocos años (I Guerra Mundial, Crack del 29, II Guerra Mundial, Guerra Fría...). Un limbo que no es baladí y que a Blackwood, según mi humilde opinión, le sirvió para atemorizar con sus relatos y para plantear una obviedad: que el mundo está cambiando y que el esplendor del pasado ya era historia. En la biografía que hemos adjuntado del autor, Lovecraft se refiere a Los sauces como "el mejor relato de terror preternatural", un término que sin duda a muchos nos suena a chino, pero que tiene su explicación. Con "preternatural", Lovecraft se refiere a todo aquello que está afuera o más allá de lo natural. Comúnmente solemos usar este término de otra forma y referirnos a algo como "sobrenatural" en lugar de "preternatural". Los ángeles por ejemplo son "preternaturales", al igual que los vampiros, los hombres lobo o incluso los zombies. Todas y cada una de estas criaturas están dotados de poderes "preternaturales", es decir, que exceden lo natural, la razón, lo que cada uno de nosotros concebimos como racional. En Los sauces, este elemento "preternatural" aparece en forma de árboles, de insectos, de animales, de río, de grutas, de caminos.. En definitiva, en forma de territorio virgen nunca antes perturbado por la presencia del hombre. Y es en ese hecho tan crucial, el de dotar a la naturaleza de poderes preternaturales, donde encontramos el quid de la cuestión y la posible interpretación del relato. Cuando los afables excursionistas se adentran en ese lugar en el que salvo ellos no ha estado antes, las fuerzas de la naturaleza actúan en consecuencia, provocando una sensación de angustia y desasosiego tremendos, tanto en los protagonistas como en el lector. Aquí no hay fantasmas, ni monstruos, ni criaturas fantásticas de ningún tipo. Es la propia naturaleza en su estado más puro la que acaba determinando la historia y esa sensación de sentirse sola o solo en el mundo y ante lo desconocido. Con estos elementos ¿podría Los sauces ser una crítica al imperialismo? ¿Podría Blackwood estar diciendo que ese tiempo ha pasado y que todo ese afán expansionista se está volviendo en contra de quienes en su momento apostaron por invadir territorios, abolir culturas propias e instaurar su modelo de nación (europea y blanca) sobre países enteros? No se si he acertado o si mis conclusiones han acabado yéndose por otros derroteros, pero yo lo dejo ahí, pues es gracias a estas reflexiones donde reside el poder de un buen libro. Los sauces: una historia de soledad, paisajes fluviales, miedo, incertidumbre, perturbación de la paz...Un relato perfecto para los amantes del género, capaces de apreciar el intrincado mecanismo de la literatura de terror.

Frases o párrafos favoritos:

"La soledad de aquel lugar de acampada en medio del Danubio...¿podré olvidarla algún día? ¡La sensación de hallarme completamente solo en un planeta vacío!"

Película/Canción: ante la ausencia de la primera, he optado por adjuntar la siguiente pieza épica que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores
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