Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 20 de junio de 2017

RESEÑA: Karl y Anna.

KARL Y ANNA

Título: Karl y Anna.

Autor: Leonhard Frank (Wüzburg 1882-Múnich 1961) e origen humilde, llevó a cabo múltiples trabajos: mecánico, chófer, pintor de edificios, celador de hospital... Gracias a su talento para la pintura estudió bellas artes durante seis años en Múnich y en 1910 se instaló en Berlín. Humanista, pacifista y antifascista, llevado por la exaltación de la bohemia de Múnich y más tarde por la efervescencia intelectual y artística de Berlín, Frank creyó siempre en el poder transformador de la literatura. Durante la Primera Guerra Mundial se exilió a Suiza. Sus primeros trabajos literarios vieron la luz en este periodo. En 1918 volvió a Alemania, convencido ya de dedicar su vida a la escritura, que le proporcionaría premios tan prestigiosos como el Theodor Fontane o el Kleist. Su novela Karl y Anna obtuvo un gigantesco éxito internacional, se convertía en una obra de teatro representada en salas de todo el mundo e incluso Hollywood se inspiraría en ella para la película Desire Me. A pesar de esto, en 1933 se prohibieron y quemaron todos sus libros en Alemania. Se exilió entonces de nuevo: primero a Suiza, luego a Francia (donde fue hecho prisionero tres veces) y, más tarde, a Portugal y Estados Unidos. Tras diecisiete años de exilio, regresó a un país en ruinas, pero eso no impidió que siguiese escribiendo. Frank es también autor de la fundamental A la izquierda, donde está el corazón.


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: Alemán.

Traductor: Elena Sánchez Zwickel

Sinopsis: en plena Primera Guerra Mundial, Richard, el marido de Anna, sobrevive y trabaja con Karl durante unos meses en un campo de prisioneros siberiano. Día tras día, para hacer más llevadera su situación, le narra a su inseparable compañero cada detalle, esencial o sin importancia, de su pasada vida con Anna, a la que añora continuamente. La situación de desamparo, las vividas evocaciones de Richard, la nostalgia de un amor verdadero lograrán al fin que Karl se enamore de esa imagen femenina que con el tiempo ha adquirido para él rasgos cada vez más reales, con sus texturas y olores, con sus deseos; una imagen que lo impulsa también, al fin, a vivir y renacer tras el desastre- El azar separará a ambos amigos, y Karl huirá hacia Alemania para conocer al fin a Anna y hacerse pasar por su marido, sirviéndose de su parecido físico con Richard y de las terribles inseguridades provocadas por la guerra.

Su lectura me ha parecido: breve, concreta, interesante, típica, bien escrita, poderosamente reflexiva, intensa, muy recomendable...Queridos lectores y lectoras, todos hemos querido ser otra persona. Se que suena muy extraño así de buenas a primeras, pero es cierto, es algo que todos y cada uno de nosotros hemos deseado, al menos una vez en la vida. ¿Quién no ha soñado con ocupar el lugar de otro? ¿Quién no ha ansiado vivir la vida de alguien a quien admiramos o envidiamos? ¿Quién no ha intentado? o al menos ¿Quién no lo ha pensado en esos momentos de gran desazón y pesimismo? Todos tenemos ídolos a los que tratamos de emular, hay quien se conforma con adoptar su forma de vestir, pero hay quien lo lleva al extremo y directamente pretende convertirse en un clon. Pero también los hay que, lejos de las más altas pretensiones, se pondrían sin dudarlo en la piel y en el cuerpo de ese o esa, quien por su posición, su situación familiar, sus aspiraciones personales o su vida en general se nos antoja mejor que la nuestra. Es entonces cuando os lanzo las preguntas más pertinentes al respecto ¿Qué pasaría si el camino para lograr nuestro objetivo estuviese libre? ¿Si esa persona a la que tanto veneramos de repente desaparece sin dejar rastro? ¿Y si por el azar del destino, éste nos ha brindado la oportunidad de ocupar su lugar? De esto y de otras muchas cuestiones se habla en la siguiente novela que hoy tengo el placer de presentaros, que aunque muy típica en su planteamiento, nos hace por el contrario reflexionar y comprender un contexto interesante histórico. Karl y Anna: delicadeza y emoción con implicaciones sociales.


El por qué un libro como Karl y Anna llegó a mis manos y de paso a engrosar mi apreciada estantería, tiene su propia historia. La verdad es que éste es uno de esos libros a los que una servidora le había echado el ojo desde hacía bastante tiempo, desde que Errata Naturae lanzó la presente edición al mercado. Karl y Anna era un libro que perseguía con la mirada y que siempre buscaba cada vez que entraba en alguna librería de mi ciudad. Su sinopsis, aunque realmente típica, me atrajo desde el primer momento, algo que la verdad no es muy propio de mi. Adoro la originalidad y sorprenderme mientras leo, pero, lo cierto es que me sorprendí a mi misma interesándome por un relato cuyo tema ha sido explotado a lo largo de la literatura. No se, algo dentro de mi decía que Karl y Anna no iba a ser un libro cualquiera. En cuanto supe en qué contexto vio este libro la luz comencé a percatarme de que había algo más y de que seguramente, iba a ser una de esas lecturas que acabaría de seguro recomendando. Años después y gracias a la propia editorial, pude al fin, acariciar con mis dedos su portada y respirar el aroma que desprendían las páginas de cualquier libro que esperas con gran expectación. Reconozco, no obstante, que en los días previos a la lectura, los prejuicios acudirían raudos a mi cabeza. Tal vez había tenido un momento de debilidad, o no estaba en lo cierto al confiar tanto en este libro. Sin embargo, una vez abrí la novela por la primera página, tuve la sensación de quedar atrapada en ella. Sentí sumergirme en una época compleja y que con el tiempo, y gracias a la literatura de ciertos autores, ha acabado por fascinarme. Finalmente, y tras ese intenso recorrido, pude por fin despedirme de Karl y Anna, con la certeza de que había algo más allá del estereotipo novelístico.


En lo que respecta a la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Karl y Anna presenta una lectura sencilla pero ágil, breve pero intensa. Repito lo mismo que ya dije en la reseña de Agnes Grey, cuanto menos páginas, más se acentúan las emociones, si se hace bien claro. En el caso de Karl y Anna sucede lo mismo que con la novela de Anne Brontë, nos topamos ya no sólo con esa acentuación de la intensidad, también con una prosa exquisita y envolvente, capaz de transportar al lector y hacerle partícipe de la trama. Cual privilegiado espectador, el autor logra implicar a éste en la novela hasta el punto de obligarle a reflexionar, algo que a una servidora en particular le ha encantado realizar. Cabe ponernos en situación: Karl y Anna cuenta una historia de amor en la que intervienen tres personajes. Primero está Karl, quien se enamora de una imagen idealizada de Anna, la mujer de su compañero y amigo Richard, con quien soporta el día a día en un campo de prisioneros siberiano. Tras una fortuita separación, Karl se dirigirá a Berlín para conocer a Anna haciéndose pasar por su marido. En segundo lugar está Anna, quien pasa en soledad los años de la guerra y que a la llegada de ese que dice ser Karl, se encuentra ante un dilema: echar al farsante o entregarse a él sabiendo que no es su marido. Y en tercer lugar, la figura de Richard, el eterno ausente, el nombre que sobrevuela incesante las vidas y las conciencias de Karl y Anna. En definitiva, nos encontramos ante la clásica usurpación de identidad que tantas veces hemos visto en el cine y en alguna que otra novela. Este aspecto, sin duda, fue el que hizo que dudase de la singularidad de Karl y Anna, sin embargo, Frank logra que esta historia no pase desapercibida y que no se quede en lo superficial, algo que si que se aprecia en otros libros. Para conseguirlo, Frank se basa en el contexto histórico de su tiempo, esos años tras la Primera Guerra Mundial, en los que los recuerdos de lo vivido todavía siguen a flor de piel y en los que se empieza a apreciar las primeras consecuencias de la misma. Es más, situar la acción en el Berlín de la postguerra le aporta a la historia un plus, pues, el lector está acostumbrado a leer libros que transcurren en esta época, pero desde la perspectiva estadounidense o anglosajona mayoritariamente, por lo que resulta una novedad y un puerta abierta a descubrir la realidad en uno de los países perdedores y más castigados tras la guerra. Y claro, en un entorno histórico y social como ese, una historia como la que Frank nos narra no resulta inverosímil, hasta nos hace pensar que pudo haber ocurrido de verdad. Por último, y de forma muy breve, me ha encantado la construcción del personaje de Anna, porque toma partido, porque no es un objeto pasivo y porque representa perfectamente a todas esas mujeres que durante la contienda tuvieron que soportar la soledad, la incertidumbre y que lograron crear redes de solidaridad para ayudarse unas a otras para sobrellevar los días, los meses, los años... A la espera de que sus esposos e hijos regresasen. Todo ello, y eso me ha parecido muy acertado, sin ese halo romántico e irreal que siempre ha acompañado tradicionalmente estas situaciones. La cruda realidad, sin idealismos, sin artificios.

Centrándonos en la pertinente reflexión final, he de confesaros que me ha resultado relativamente fácil escoger el tema en cuestión. Y no, no son las profundas meditaciones que uno se hace si intenta ponerse en la piel de Anna, como tampoco la fuerza imparable e los sentimientos humanos en circunstancias adversas. No, nada de eso. Hoy me gustaría centrar este último párrafo en hablar de la guerra. Si, eso que deseamos que nunca suceda, pero que sin embargo, cuando ésta acontece al otro lado del mundo, en un país más pobre o en vías de desarrollo, la mezquindad humana surge en su faceta más miserable. La guerra, como acontecimiento, trae como consecuencia infinidad de cambios políticos, económicos, sociales y culturales. Además de la proliferación de nuevas ideas relacionadas con la psicología o la memoria misma. Esto es así, tras toda guerra, el pensamiento experimenta un notable cambio en el ser humano, y eso se refleja en infinidad de trabajos, algunos de ellos estrictamente relacionados con la literatura. Después de una guerra aparecen nuevos temas, nuevos conflictos, nuevos dilemas, nuevas circunstancias históricas que merecen ser plasmadas sobre el papel. Fomentando de esta forma la aparición de auténticos y prolíficos movimientos culturales o generaciones de escritores y escritoras que quisieron participar de estos años de forma activa. Este por ejemplo es el caso de la famosa generación perdida, que aglutinó a personalidades tan importantes como Ernest Hemingway, T.S Eliot, Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, John Dos Passos, Dorothy Parker, John Steinbeck o Gertrude Stein entre otros. Esta generación surgió de los estragos de la Primera Guerra Mundial, de hecho, algunos de sus componentes llegaron a combatir en la misma, y sus temas oscilan entre el pesimismo, el descreimiento, los felices años veinte, la bohemia parisina o en última instancia el crack del 29. Durante esos años de entre guerras también surgió otro movimiento cultural menos conocido, vinculado a Berlín, Austria y Suiza y cuyos exponentes respondían a los nombres de Thomas Mann, Herman Hesse, Stefan Zweig o Pierre-Jean Jouve entre otros. El autor de Karl y Anna, Leonhard Frank participó de la bohemia de Múnich y de ella, y del exilio que sufrió durante la Primera Guerra Mundial, se empapó para crear su producción literaria, llegando a tener un notable éxito en vida. Con esto no quiero decir que tiene que haber una guerra para que haya una posterior explosión cultural e intelectual, sólo quiero resaltar algo muy importante. La experiencia vivida conforma el carácter de una persona, y si en esa experiencia la guerra, el sufrimiento, la impotencia o el exilio han estado presentes, la personalidad no será la misma, será diferente de quien no haya vivido todo eso en carne propia. Lo mismo sucede con la escritura, susceptible a cualquier cambio y a cualquier recuerdo personal, por lo que, y hoy mas que nunca, hay que leer a estos autores. No sólo por lo que fueron y por lo que nos pueden transmitir, también en claro homenaje a sus correspondientes figuras y a su discurso tras años de injusto desprecio y de terrible olvido. Karl y Anna: una historia de amor, desesperación, soledad, cariño, remordimientos... Una novela que merece ser leída y recuperada para los lectores del siglo XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Llegaron a un punto en que el fluir de la vida, todo intercambio de sentimiento y toda lucha fecunda se hacían imposibles, tan imposibles como la unión de los cuerpos."

Película/Canción: en el año 1947 se estrenó la primera y única adaptación que existe de Karl y Anna. Bajo el título Desire Me y dirigida por Jack Conway, cosechó gran éxito de público y critica en su momento.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

lunes, 12 de junio de 2017

RESEÑA: El Mundo Resplandeciente.

EL MUNDO RESPLANDECIENTE

Título: El mundo resplandeciente.

Autor: Margaret Cavendish (1623-1674), duquesa de Newcastle, fue una destacada investigadora y una prolífica mujer de letras. Interesada en todo tipo de saberes, publicó diez libros de filosofía natural y fue la primera dama en ser recibida en la Royal Society de Londres, que acogió también su famosa colección de telescopios. Fue sepultada con honores en la Abadía de Westminster.


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Maria Antònia Martí Escayol.

Sinopsis: El Mundo Resplandeciente es un título precursor en el campo de la ciencia ficción y la primera obra firmada por una mujer en toda Europa, es un originalísimo trabajo que incorpora además elementos propios de la filosofía utópica y de la novela de aventuras, y una lectura imprescindible para conocer la mentalidad de la época. Con una mirada moderna y subversiva, la autora desafía convenciones literarias, roles de género, divisiones religiosas y teorías científicas, convirtiéndolo así el fantástico viaje de una dama hasta una extraña tierra poblada por animales parlantes en todo un reto para la imaginación y el pensamiento contemporáneos.

Su lectura me ha parecido: sorprendente, filosófica, didáctica, avanzada a su época en muchos sentidos, imaginativa, inteligente...Antes de ahondar en la reseña propiamente dicha, me gustaría, si me lo permitís, lanzar una pregunta: ¿A qué se debe este complot? ¿Por qué no hemos sabido los lectores, pero sobretodo las lectoras, de la existencia de este libro? Desde que el mundo es mundo y desde que el hombre ha impuesto su visión patriarcal sobre él, a las mujeres se nos ha tratado como seres inferiores, unas eternas menores de edad a las que hay que educar para permanecer en casa calladas, serviles, diligentes e ignorantes. ¿De qué servía instruir a la mujer en otros saberes si éstos no le van a servir para su verdadero cometido? Sin duda, aquellos que ostentaron el poder en las diferentes etapas de nuestra historia, hombres claro está, se cuidaron mucho de que la mujer no supiese de astronomía, matemáticas, política, literatura, medicina, filosofía o de historia entre otros muchos saberes, pues, atentaría contra su posición y hombría que una mujer se erigiese intelectualmente y se posicionase a la misma altura que ellos. Solamente unas pocas afortunadas, pertenecientes claro está a la nobleza o a sectores de la alta burguesía, tuvieron la oportunidad de acceder a todo ello, aunque tampoco lo tuvieron nada fácil. Pasados los años y los siglos, es evidente que las mujeres hemos ido alcanzado metas y derechos, no obstante, es muy reducida la cantidad de referentes femeninos. Generaciones de niñas han crecido sin la inspiración de ciertas figuras de mujeres que desde sus actividades han destacado y cuyos logros han quedado para la posteridad. De ahí que sostenga que todavía, a día de hoy, exista una especie de complot para evitar que la sociedad conozca a ciertas mujeres y sus respectivas hazañas. Algo que muy especialmente se observa, por desgracia, en los libros de texto. Menos mal que, de vez en cuando, las editoriales nos rescatan del pasado y del olvido a mujeres excepcionales cuyos trabajos merecen la pena ser tenidos en cuenta. Este es sin duda el caso de la autora del extraño pero interesante libro que hoy tengo el honor de reseñar. El Mundo Resplandeciente: la filosofía utópica disfrazada de fantasía y ciencia ficción.


La historia de como El Mundo Resplandeciente llegó a mis manos y a formar parte de mi adorada y cada vez más abarrotada librería tiene mucho que ver con lo expuesto en el primer párrafo. Como muchos bien sabréis, en los libros de texto que usamos tanto en el colegio como en el instituto las figuras femeninas siguen estando olvidadas. Salvo las reinas, y no todas, alguna científica, escritora o política, el resto de mujeres que contribuyeron a la humanidad desde sus respectivos campos y actividades es como si no existiesen, como si no mereciesen la pena ser conocidas y estudiadas. A medida que iba pasando el tiempo, me daba cuenta de que si quería aprender algo sobre historia de género, debía empezar a instruirme por mi cuenta. Y aunque durante la carrera nos han hablado de mujeres importantes y de otras cuya existencia desconocía, fuera de las clases siempre salía a relucir el nombre de alguna mujer importante pero que la historia había enterrado. Eso último fue exactamente lo que me sucedió con Margaret Cavendish. ¿Inglesa? ¿australiana? ¿Tal vez americana? ¿A qué se dedicaba? ¿Qué escribió? Todas esas dudas se disiparon en el momento en el que tuve, por primera vez entre mis manos, un ejemplar en castellano de El Mundo Resplandeciente. Cuando me adentré en la sinopsis enseguida entendí la importancia de su figura. Inglesa, nacida en 1623, Duquesa de Newcastle, aristócrata por tanto, durante un tiempo Dama de la Reina de Francia Maria Enriqueta, segunda esposa de Sir William Cavendish, testigo de la República de Cromwell y de la Restauración de los Estuardo en 1660, interesada en la materia y el movimiento, autora de más de 10 libros sobre filosofía natural, pionera en la formulación de las primeras teorías moleculares, primera mujer de la historia en ser recibida por la Royal Society de Londres, poseedora de una sofisticada colección de microscopios, la primera mujer en Europa en firmar una obra de ciencia ficción, fallecida en 1674 y finalmente, enterrada con honores en nada menos que en la abadía de Westminster. En fin, con ese currículum lo normal hubiese sido que en los colegios y en los institutos se conociese, al menos, su faceta científica. ¡Pues ni eso! Sentí rabia, impotencia, pero también fascinación y una enorme curiosidad por sumergirme en sus páginas. Gracias a la editorial Siruela, unos meses después de verlo por vez primera, conseguí hacerme con un ejemplar. El resultado: demasiadas sensaciones para plasmarlas en una sola entrada.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que El Mundo Resplandeciente presenta una lectura descriptiva, algo densa, didáctica y que invita al lector a investigar sobre ciertos aspectos que aparecen a lo largo de su lectura. Aunque se asemeje más a una obra filosófica que a una novela propiamente dicha, esto no tiene que disuadir al lector, al contrario, El Mundo Resplandeciente, por fortuna, no presenta esa lectura farragosa que si encontramos en algunos libros de filosofía, sino que ésta es más asequible, sin descuidar claro está la profundidad y la calidad intelectual. Por primera vez, en lo que respecta a este libro, debemos detenernos obligatoriamente en el maravilloso y muy necesario prólogo. Sinceramente, yo no soy mucho de leer los prólogos de las novelas, sin embargo, cuando te enfrentas a un libro de estas características, en donde no conoces ni al autor ni su producción literaria, si que es al menos conveniente que el lector se lea el prólogo que sirve siempre como breve introducción a lo que es el escrito en si. En este caso, tengo que felicitar tanto a la editorial Siruela como a Maria Antònia Martí Escayol por la decisión de adjuntar y elaborar un prólogo tan completo e instructivo. No sólo el lector se puede hacer una idea de quién era Margaret Cavendish, sino que además, te introduce en el contexto de la época, en las convulsiones políticas y en el ambiente filosófico y cultural del momento. Haciendo especial hincapié en lo que respecta a la ciencia de aquel siglo. Este es sin duda, uno de esos prólogos que hay que leer obligatoriamente antes de adentrarse en el libro, en este caso, en Un Mundo Resplandeciente. En lo que respecta al texto, lo cierto es que me impactó toparme de buenas a primeras con un texto más filosófico que novelístico, es más, lo agradecí enormemente. Mediante una narración que podría acercarse a las novelas de aventuras, Cavendish nos sumerge en un viaje hacia un mundo inventado, único, al principio extraño, luego exótico, en el que a medida que vamos avanzando en su lectura, nos sentimos cada vez más cómodos. Un mundo en el que los habitantes tienen cabeza de animal y en donde cada especie se ocupa de una tarea, de una pieza dentro del engranaje que hace funcionar ese insólito lugar. A partir de ahí, la sabiduría y el ingenio de la autora brotan poco a poco. En El Mundo Resplandeciente, Cavendish diserta sobre las teorías científicas de corte cartesiano, cuestiona algunos experimentos llevados a cabo en la Royal Society, se habla sobre el Leviatán de Hobbes, de las teorías del estado de todos contra todos, se observa el cielo con curiosidad, buscando en los astros las respuestas a las incógnitas más comunes de los astrónomos de la época. También se aborda la influencia de la luna en ciertos fenómenos naturales, hay constantes referencias a grandes obras de la literatura universal, se intuye la existencia de la piedra filosofal, se cita a Platón y comprende la importancia de la retórica en el ámbito político. Cada uno de los habitantes de ese lugar, del Mundo Resplandeciente, le aporta un conocimiento nuevo, despertando en la protagonista una inquietud intelectual, por la que llega incluso a cuestionar lo establecido y a formular sus propias teorías y opiniones. Todo ese saber nuevo lo llevará consigo para poder ayudar al rey de su país, que en este caso se intuye que es Carlos II de Inglaterra, a vencer a sus enemigos políticos, que obviamente son Oliver Cromwell y la República. En relación con esto último,  un aspecto que me ha llamado la atención para bien es que sean mujeres las protagonistas del libro, algo que de seguro no era lo normal en este tipo de libros. Tanto la Emperatriz como la Duquesa, que claramente son Maria Enriqueta de Francia y la propia Margaret Cavendish, son las que visitan el Mundo Resplandeciente y las que obtienen finalmente las herramientas necesarias para poder socorrer al rey. Esto denota no sólo una novedad, sino también una clara intención de dignificar y empoderar a la figura de la mujer, saltándose de golpe y porrazo todos los convencionalismos. Y si a eso le añades ciertos coqueteos con el travestismo y el lesbianismo, no me extrañaría nada que en aquella época maldijeran a este libro y a la pobre Cavendish, quien no tenía la culpa de mirar más allá, de ser una adelantada a su tiempo. En resumidas cuentas, y a pesar de que todo lo que he contado sobre historia, ciencia y filosofía pueda disuadir al lector más convencional, os animo a salir de la zona de confort y a darle una oportunidad a El Mundo Resplandeciente, merece la pena.

Como cabría de esperar, y si no sería mal asunto, El Mundo Resplandeciente ha logrado despertar más de una reflexión pertinente, y más en los tiempos que corren, en los que saberes como la historia o la filosofía están cada vez más denostados y desprestigiados. Por ello, y en relación con este libro, he decidido decantarme por el tema más abrumador de todos. Además de un relato fantástico, El Mundo Resplandeciente es en el fondo es la construcción de un lugar idílico, en otras palabras, la definición de una utopía. El término utopía viene de lejos, de muy lejos, los antiguos griegos ya hablaban de sociedades ideales e inexistentes que podrían llevarse a cabo según una serie de criterios sujetos a la personalidad de quien los formula. Existen utopías muy famosas, como la República de Platón, la religiosa de San Agustín de Hipona, la de Tomás Moro o el llamado socialismo utópico. Algunas de ellas incluso llegaron a ponerse en práctica de la mano de Charles Fourier y Robert Owen mediante la construcción de Falansterios en el caso del primero y la comunidad de Nueva Armonía en el caso del segundo. Ambas sin llegar a prosperar. El marxismo y el anarquismo, como ideologías, también tienen una base utópica, al igual que el ecologismo, cuya construcción utópica se plasma en el libro Ecotopía. Dejando a un lado la historia, la utopía propiamente dicha viene a ser un lugar ideal, maravilloso, inexistente y que sirve para criticar o escapar de las garras del sistema dominador. Para cada uno de nosotros, la utopía puede ser muy diferente, nuestro paraíso no es el mismo en todas las personas que conforman la sociedad, incluso habrá alguien para quien la utopía se identifique con actividades delictivas y otras del todo condenables. Pero lo cierto es que, todos y cada uno de nosotros, tiene una idea más o menos clara de cual sería su lugar ideal, su panacea, ese territorio inventado en el que refugiarse cuando estalla la tormenta. En él podemos encontrar lo que nos hace feliz, lo que puede aliviarnos, calmar nuestras heridas, lo que permita abrigarnos, correr, gritar, ser libres, lejos de las ataduras del día a día y de las presiones que el sistema ejerce sin piedad sobre nosotros. La utopía, nuestra utopía, propia, personal, intransferible, única, reconfortante, envolvente y cuyo camino solemos recorrer. En ese sentido, no estaban locos los primeros en hablar de ella, pues a juzgar los resultados, parece que lo utópico, lo deseable, está más interiorizado en nuestra forma de ser de lo que nos imaginábamos. Por eso, es interesante acercarse a este tipo de libros, como El Mundo Resplandeciente, en donde Cavendish invita al lector a sumergirse en su particular utopía, animándonos a conocer sus entresijos y a percibir la dura crítica a las espesas sombras del siglo XVII. El Mundo Resplandeciente: una historia de aprendizaje, cuestionamiento, intelectualidad, ciencia, filosofía, política, hombres-animales fantásticos... El gran descubrimiento literario del año.

Frases o párrafos favoritos:

"Aunque no pueda ser Enrique V, ni Carlos II, me esfuerzo por ser Margaret I. Y, aunque ni tengo poder ni ocasión para conquistar el mundo como lo hicieron Alejandro y César, y tampoco puedo ser dueña de uno, pues ni la Fortuna ni el Destino me lo darían, he creado un mundo por mí misma, por lo que nadie, podrá culparme, al tener cada cual el poder de hacer lo que desee."

Película/Canción:  sinceramente, veo bastante complicado llevar a cabo una adaptación de este libro, es más, dudo que se haga. Por lo que os invito a escuchar la pieza de Handel que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Breve pero sugerente.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Ediciones Siruela

martes, 6 de junio de 2017

RESEÑA: Mónechka.

MÓNECHKA

Título: Mónechka.

Autor: Marina Palei (Leningrado 1955) es una destacada escritora y periodista. Su estilo extravagante y ecléctico que combina elementos modernos y posmodernos, le ha valido el respeto de la crítica así como del amor y la fidelidad de los lectores. Tras graduarse en Medicina y ejercer la profesión durante unos años, Palei empezó a involucrarse en círculos teatrales y a escribir poesía. Poco después comienza a estudiar en el Instituto de Literatura Maksim Gorki, del que se graduaría en 1991. Marina Palei experimenta desde entonces con todos los géneros literarios. Entre sus obras destacan: Mónechka (La Cabiria de Leningrado), El coro, Lunch Klemens, Zhora Zhirniago y Tributo a la Salamandra.


Editorial: Automática.

Idioma: ruso.

Traductor: Marta Sánchez-Nieves.

Sinopsis: desde la adolescencia, Mónechka siempre mostró un inigualable talento para disfrutar de los placeres mundanos; esa precoz habilidad, que alcanzaba las más altas cotas en su relación con los hombres, marco desde el principio el rumbo de su existencia. Monka se arrojó a la vida a pecho descubierto, y esta la acogió en un torbellino de excesos y pasiones que la llevarían a transitar por igual las sendas de la felicidad y el dolor.

Su lectura me ha parecido: intensa, barroca, breve, apasionada, reflexiva, a ratos algo pesada, distinta...Queridos lectores y lectoras, como muy bien sabréis, la literatura rusa es de las más importantes de la historia. Algunos de autores, en su mayoría hombres por desgracia, pueden presumir de tener un cómodo sillón en el Olimpo de los grandes de la literatura universal. Tolstoi, Dostoievsky, Gogol, Pushkin...Todos podemos recordar sus nombres o mencionar alguna de sus obras más importantes. Para seros sincera, aunque esto ya lo he comentado en más de una ocasión, mi relación con la literatura rusa no ha sido muy buena que digamos. Mi primera incursión en los clásicos procedentes de este extenso país fue con la inmensa Guerra y Paz, y lo hice durante un verano a una edad bastante temprana. Tal vez por eso mi impresión no fuese del todo justa con la novela en cuestión, sin embargo, aquella lectura me hizo de alguna manera huir de todo lo que tuviese que ver con Rusia y realismo. Ni Crimen y castigo, ni Los hermanos Karamazov, ni Anna Karenina, no he leído ninguno. Se que es un sacrilegio, sobretodo por Anna Karenina, una novela que parece que muchos se han leído, pero esa experiencia con la monumental novela de Tolstoi me alejó de esa literatura y de ese estilo narrativo. Lo encontraba pesado, lento, interminable y eso que tengo un máster en leer libros del periodo realista. No obstante y tras haber leído el libro que hoy tengo el placer de reseñar, siento que empiezo a sentir el gusto por lo que está viendo la luz en lo que respecta a la narrativa rusa actual. No se cuanto tiempo mantendré esa barrera entre el realismo ruso y yo, pero lo que si que esta claro es que Marina Palei acaba de entrar por la puerta grande. Mónechka: sexo, literatura rusa y feminismo en estado puro.


La historia de como Mónechka llegó a mis manos es bien sencilla. Todo empezó por un correo electrónico. Un simple correo electrónico en la bandeja de entrada, cuyo autor era Automática Editorial. En él, me ponían al corriente de una de sus novedades, el libro en concreto se titulaba El abuelo y estaba escrito por Aleksandr Chudakov. No era la primera vez que recibía por parte de pequeñas editoriales este tipo de correos, de hecho, suelo pasarlos por alto si lo que me ofrecen no satisface mis apetencias lectoras. Sin embargo, con Automática pasó lo contrario, no sólo logró captar mi atención sino que consiguió que me invadiera la curiosidad por conocer que más títulos había publicado. Aquel día me pasee unos minutos por su página web y me sorprendí al comprobar que Automática Editorial estaba especializada en autores rusos en su mayoría. Los que hayáis leído la introducción comprenderéis que al principio tomé ese dato con cierto escepticismo, sin embargo, y tras ojear en el catalogo algunos de sus títulos, comprendí que esta editorial iba más allá de los clásicos y que ofertaba libros de tirada y temática más actual, además de algún texto que abordaba crítica a la Unión Soviética. Todo esto en su conjunto me convenció y a los pocos días inicié colaboración con ellos, no obstante, no me decanté por El abuelo, la novedad que en el correo me ofrecían, sino por otro de sus títulos, uno que me pareció enormemente enigmático: Mónechka. Recuerdo que la portada me impactó. Sobre un blanco impoluto, una figura lánguida y de luto surge imponente, con actitud fría y sujetando un cigarrillo con firmeza. Lo cierto es que la mujer que ilustra la cubierta guarda un parecido razonable con Scarlett Johanson, tal vez, si se diese el caso y se estuviese barajando la posibilidad de adatar al cine esta novela, la actriz norteamericana podría por su magnetismo encarnar perfectamente el papel protagonista. El libro llegó a mi buzón antes de lo esperado, sin embargo, no fue hasta unos meses más tarde cuando por fin pude ponerme en serio con su correspondiente lectura. El resultado: mejor de lo que me esperaba.


Centrándonos en la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Mónechka presenta una lectura precisa, medida al milímetro, extraordinariamente breve pero con un estilo demasiado barroco para mi gusto. Es de agradecer que en medio de todo lo que se está publicando hoy en día, donde lo sencillo y lo rápido de leer prima sobre cualquier otra cosa, de repente el lector más inconformista se tope con libros como este, donde se aprecia personalidad en quien lo escribe y en la forma en la que se plasman las ideas sobre el papel. Sin embargo, he de confesar que en el caso de Mónechka he echado mucho en falta que la autora vaya directa al grano y no que se entretenga en descripciones que, aunque importantes, están sobrecargadas de adjetivos. Esta muy bien conocer la personalidad del personaje y el entorno que lo rodea, pero con más sutileza. Seguidamente, y tras haber comentado ese punto negativo, tengo que reconocer que Mónechka resulta un relato, más que una novela debido a su extraordinaria brevedad, donde convergen varios aspectos a destacar. El primero de ellos tiene que ver con el uso de una narración para nada tradicional. No te esperas, de buenas a primeras, que quien narre esta historia sea una persona cercana a la protagonista, en este caso su prima, que la conoce pero que, debido a su posición, no es capaz de desvelarnos ciertos aspectos, como sus pensamientos por ejemplo. Es una mirada subjetiva, desde la confianza de un familiar, desde unos ojos que no juzgan y que observan la vida de una persona a la que aprecia enormemente. En segundo lugar, si por algo destaca este libro es por la perfecta caracterización del personaje de Mónechka, diminutivo de Raimonda. Palei logra en muy pocas páginas que el lector se haga una idea muy concreta de como es Mónecka, consiguiendo que éste se convierta en uno de esos personajes difíciles de olvidar. Mónechka es un espíritu libre, cuya personalidad está por encima de los convencionalismos sociales. Es una mujer que quiere divertirse, volar, disfrutar de la vida, exprimirla al máximo. A Mónechka le gustan los hombres, hasta el punto de que en el libro se le califica a esta pasión como "perdición", sus relaciones con ellos no son siempre fáciles, disfruta de su compañía, del sexo y sufre las consecuencias del mal de amores, pero ella se levanta, es fuerte y sigue adelante, reivindicando su propia identidad e independencia. En el relato asistimos al crecimiento de este personaje, desde su infancia hasta la madurez, siendo testigos de como esquiva las convenciones sociales, soportando incluso los episodios de violencia familiar que sufre por su individualidad y su negativa a acatar la tradición, lo que confiere a Mónechka una dimensión necesariamente feminista en los tiempos que corren. En tercer y último lugar, el libro está plagado de referencias constantes a la literatura rusa, unas veces para justificar y otras para describir, pero siempre está ahí. Si usted, querido lector o lectora, es un apasionado de los novelistas rusos, Mónechka es su lectura.


En lo que respecta a la tradicional reflexión que siempre procuro extraer de cada lectura que pasa por mis manos, esta vez, no he tenido que devanarme mucho los sesos. No quiero decir que Mónechka sea una lectura carente de ideas sujetas a debate por parte del lector, más bien que de su lectura se desprende una sola y poderosa reflexión que a continuación me dispongo a exponer. Este relato va de una niña rebelde, de una joven independiente y de una mujer que tiene muy claro las cosas. Y lo más importante de todo, una mujer que disfruta al máximo de placeres como el sexo sin pudor alguno, sin una carga llamada "tradición" a sus espaldas. Hoy en día las mujeres somos más libres y hemos alcanzado derechos que se nos han negado a lo largo de la historia. Sin embargo, hay cosas que parece que no cambian, o más bien, lo correcto sería decir que cuesta que cambien. A la mujer todavía se le sigue tratando como un trozo de carne al que se le puede hacer de todo, incluso violar. En ciertas culturas, la mujer, durante el acto sexual, no puede sentir placer, sólo el hombre tiene derecho a disfrutar del sexo en toda su plenitud. Incluso hasta hace bien poco, el que una mujer se situase sobre el hombre a horcajadas, era síntoma de pérdida de virilidad y de poder en el ámbito privado y familiar. Hoy en día a la mujer le siguen llamando "puta" o "zorra", ya no sólo por haber tenido muchas parejas, sino que parece haberse extendido a la cotidianeidad, más de una vez he escuchado a alguna chica referirse a otra con esa palabra, incluso con tono desenfadado, como si "puta" sustituyese a tu propio nombre ¿No nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado? También, la mujer tiene todavía, en los tiempos que corren, cuidarse mucho de escoger el vestuario apropiado, pues, puedes pasar de fresca a frígida en cuestión de segundos. Tampoco podemos caminar solas por una calle desierta, ya sea a plena luz del día o a las 3 de la madrugada, sin que sintamos ese miedo innato que ya parece natural. Y por no hablar de la regla, una cuestión que sigue siendo un tabú, sobretodo para los hombres. En lugar de interesarse, no quieren saber nada, ni oír hablar de ella, usando como único y patético argumento la ya desgastada y casposa frase: "eso es cosa de mujeres". Si, es cierto, es cosa de mujeres, la regla solamente la tenemos nosotras, pero, no por ello merece apartarse de las conversaciones, ignorarla o simplemente referirse a ella con eufemismos. En fin, si por algo he soltado esta parrafada tan necesaria, es porque Mónechka nos habla de todo eso, de como la mujer, por ser simplemente mujer, no puede disfrutar con libertad y menos en cuestiones relacionadas con el sexo. Mónechka pasa de todas las habladurías y poco le importa el que dirán persigue sus deseos para lograr el éxtasis definitivo y ¡Eureka! No recibe castigo por parte de su autora, ni existe una voluntad moralizante. Mónechka vive la vida, siendo persona pero también siendo mujer. Mónechka: una historia de amor, pasión, libertad, prohibiciones, sexo, muerte, abismo, luz, renacer... Un autentico soplo de aire fresco.

Frases o párrafos favoritos:

"Me arrastré hasta casa. Me tumbé, me quedé tumbada. No sabía como defenderme de la muerte."

Película/Canción: aunque sin duda éste sería un buen momento para plantearse una posible adaptación cinematográfica sobretodo, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. Una canción que siempre me ha puesto los pelos de punta.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Automática Editorial

martes, 30 de mayo de 2017

RESEÑA: El lector.

EL LECTOR

Título: El lector.

Autor: Bernhard Schlink (Bielefeld 1944) ejerce de juez y vive entre Bornn y Berlín. Su novela El lector fue saludada como un gran acontecimiento literario y ha obtenido numerosos galardones: el premio Hans Fallada de la ciudad de Neumuenster, el premio Welt, el premio italiano Grinzane Cavour, el premio francés Laure Bataillon y el premio Ehrengabe de la Düsseldorf Heinrich Heine Society. También es autor del extraordinario libro de relatos Amores en fuga y de otras novelas como El regreso, La justicia de Selb, El engaño de Sleb, El fin de Sleb y El fin de semana. Recientemente ha publicado Mujer bajando una escalera.


Editorial: Anagrama.

Idioma: alemán.

Traductor: Joan Parra Contreras.

Sinopsis: Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a cada del colegio empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michel que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstoi, Dickens...El ritual se repite varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro. Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de crímenes de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quien en realidad es la mujer a la que amó.

Su lectura me ha parecido: inteligente, segura, intensa, importante, honesta, absolutamente necesaria...Las ideas, queridos lectores y lectoras, nacen de la mente del escritor en el momento más inesperado. No obstante, y esto lo sostengo concienzudamente, las ideas vienen por algo. Si bien existen las que irrumpen en nuestro pensamiento sin ninguna lógica aparente, también las hay que explotan gracias a unas circunstancias que la propician. Una idea puede surgir gracias a nuestros recuerdos como seres humanos, por una experiencia que nos haya marcado para bien o para mal o simplemente por la urgencia de nuestras apetencias anímicas. Sin embargo, existe una circunstancia clave, decisiva en cierto sentido, por la cual la imaginación del escritor experimenta una revelación casi mística: el tiempo histórico. Si, esa realidad que envuelve al escritor/a y en la que transcurre su existencia, se puede convertir en una auténtica fuente de temas literarios. La política, la economía, la sociedad, la filosofía, la cultura...Todo ello es susceptible de ser usado en pos de la elaboración de una obra literaria. En cada país es diferente, y aunque todos tengan en sus annales oscuros episodios, en unos es más fácil hablar sobre determinados asuntos del pasado y en otros, por desgracia, resulta imposible, un tabú o tener problemas con la justicia. La novela que hoy tengo el placer de reseñar mira al pasado directamente, sin titubeos, reflexiona sobre él y lo somete a un dilema del que sale como resultado El lector: sexo, libros y un ejercicio ejemplar de memoria.


La historia de como El lector llegó a mis manos es bastante curiosa. Hace algunos años, sinceramente no logro acordarme de cuantos son, vi una película que me pareció buena en ese momento. Su título, El lector, y sus protagonistas, unos inmensos Ralph Fiennes y Kate Winslet. Recuerdo que ambos me sorprendieron, ni él era el odioso nazi de La lista de Schindler y ella ya no era la inmortal Rose de Titanic, de hecho, la actriz se llevó el Oscar de aquel año por dar vida al personaje de Hanna en esta película. Años más tarde y con el recuerdo bastante difuminado de aquel film, apareció ante mis ojos un libro con el mismo título: El lector. Fue en un mes de abril, en un mercadillo de libros a 1 euro que aquel año organizó la biblioteca de mi barrio. Lo tomé entre mis manos, su grosor me sorprendió, pues, era más breve de lo que imaginaba y tras comprobar que aquel era el libro que había inspirado la película no lo dudé ni un segundo. Desde entonces, El lector formó parte de mi adorada y querida estantería, aunque lo cierto es que hasta el año pasado concretamente, no me animé a leerlo. Tuvo que ser una asignatura del Master, un profesor y un trabajo obligatorio los que me dieron el último empujoncito, los que propiciaron que durante los últimos meses del curso sostuviese entre mis manos aquel libro. Lo leí despacio, con cautela, fijándome en todos y cada uno detalles que iban apareciendo. La verdad, tengo que decirlo, así es como deberían leerse los libros, pues se disfruta más y observas más detenidamente ciertos aspectos que si realizas una lectura rápida y apresurada. Descubrí de este modo como, por ejemplo, el libro escondía más cosas que la película no mostraba, seguramente por la diferencia de formato. Además, me llevé una lección muy importante con respecto a un tema de gran actualidad, controvertido, pero del que es necesario hablar. Finalmente, dicho trabajo no salió como yo esperaba, pero como resultado, me llevé una experiencia muy enriquecedora gracias a este libro. Una lectura que desde el día que finalicé su lectura, acabó engrosando la extensa lista de mis inmortales, mis preferidos, mis imprescindibles.


Centrándonos en la crítica literaria propiamente dicha, comenzaremos diciendo que El lector presenta una lectura ágil, dinámica y bastante ligera. No obstante, os aconsejo que no seáis tan impacientes con ella y que probéis a realizar otro tipo de seguimiento, uno más lento, pausado, atento a los detalles que vayan apareciendo. Se aprende más y captas mejor el mensaje que el autor pretende transmitir. Seguidamente, hay que decir que El lector, para seros sinceros, es una auténtica genialidad. La base es buena, el desarrollo no podía ser mejor, el conflicto afecta incluso al lector y los personajes son inmejorables. Pero esto no significa que la historia carezca de complejidad, no, en tan sólo 203 páginas Schlink logra aglutinar la intensidad suficiente como para lograr conmover al lector. Ya se sabe que cuanto más breve en páginas es un libro, mayor es la acentuación de las emociones, por lo que el lector disfruta de una experiencia más intensa. La historia es bien sencilla: chico conoce a chica, la diferencia de edad entre ambos es importante, pero ellos se enredan en una tórrida relación en la que, antes de amarse, ella le pide que le lea libros. Luego, pasado un tiempo, ella desaparece sin dejar rastro. Hasta ahí todo correcto y típico. Pero, pasados siete años ambos se vuelven a reencontrar, él como estudiante de derecho y ella como acusada por crímenes horrendos durante el periodo nazi. Y es aquí, en este punto, donde la trama da un giro de 180 grados, pues, el protagonista se debate entre los buenos recuerdos que guarda de aquella relación y la sed de justicia de un país que ansía con superar el nazismo por la vía más justa. Este intenso dilema, el autor, no sólo lo vive el protagonista, sino que logra trasladarlo al propio lector, haciéndole la siguiente pregunta: ¿Y tú qué harías? Consiguiendo de este modo que el lector se ponga en el lugar de Michel y en la piel de quien se encuentra con un conflicto de estas características. Amor o justicia, cariño o venganza, y entre ambas, la reflexión. Se nota en este sentido que el autor, Bernhard Schlink proviene del ámbito judicial. Su experiencia como juez y el conocimiento del derecho le han servido de apoyo para dar más empaque a la novela. Por otro lado, y en lo que respecta a los personajes, me ha gustado mucho la construcción del personaje de Hanna en particular. Su lado frío, su faceta apasionada, su halo de misterio y su terrible pasado, conforman una psicología muy interesante y que impacta en el lector. Es bueno toparse de vez en cuando con personajes femeninos tan bien descritos y armados. También me ha gustado el papel que en El lector juegan los libros y la acción de leer. No obstante, en este punto debo detenerme, pues, si siguiese escribiendo más, correría el riesgo de hacer un spoiler tremendo. Así que si lo queréis descubrir, atreveros con su lectura. Por último, sólo me queda apuntar un aspecto que me ha llamado positivamente la atención, y es que toparme a lo largo de la lectura con párrafos reflexivos donde se exponen temas relacionados con la historia, la percepción del nazismo desde la perspectiva que da el tiempo y los años transcurridos, que en este caso son más bien pocos y de los procesos de memoria, recuerdo y transición que Alemania tuvo que llevar a cabo para superar la losa del nazismo.


Este último párrafo, como ya es habitual, me gustaría destinarlo a plantear una sola reflexión. Es pertinente, os lo aseguro, y teniendo en cuenta los temas que en El lector se abordan, me sentía en la obligación de hablar sobre el siguiente asunto. En El lector hay un juicio, cuya estructura y mecanismo se describen perfectamente, en el que se juzga a varias mujeres por crímenes perpetrados durante el nazismo. Crímenes brutales que merecen que se les aplique la justicia correspondiente dado la gravedad y el contexto en el que fueron llevados a cabo. Pues bien, esa actitud dista mucho de la de otros países como España. Si, España. Por mucho que algunos intenten negar lo contrario, España todavía no ha rendido cuentas con su historia más reciente, con una de sus etapas más oscuras de su historia. La Guerra Civil y el Franquismo todavía no se han superado y eso es porque cuando se tenía que hacer, durante la transición, y muy especialmente con el primer gobierno del PSOE en democracia, no se hizo correctamente. Eso de hacer borrón y cuenta nueva está muy bien para ciertas circunstancias de la vida, pero cuando se trata de nuestra propia historia, esa no es la solución. Resultado de ese desastre de Transición que muchos la tienen en un pedestal es de lo más desolador. Ningún acto cargo franquista ha sido juzgado, los torturadores del franquismo campan a sus anchas por las calles, los muertos del bando republicano, el vencido, siguen sin ser desenterrados de las cunetas y los descendientes de Franco todavía disfrutan de privilegios y de la posesión de tierras e inmuebles, algunos de ellos de gran valor histórico. Sigue habiendo reticencias a cambiar calles con nombres de personajes vinculados al régimen de Franco, en su mayoría concedidas por haber delatado o asesinado a personas pertenecientes al bando contrario. Asociaciones afines a la ideología franquista siguen recibiendo subvenciones del gobierno, no hay condena para quien exhiba símbolos de esta índole, como tampoco la hay para quien insulta o desprecia en medios de comunicación a las victimas de la guerra civil que lo único que quieren es encontrar a sus familiares. "No hay que remover el pasado, de lo contrario, abres viejas heridas" dice el partido que ahora está en el gobierno, un partido cuyos orígenes y primeros integrantes pertenecen a esa élite franquista que nunca debió existir. Y lo más escandaloso de todo, a día de hoy, sigue Franco enterrado en el Valle de los Caídos, convirtiéndose en un lugar de peregrinación para todos aquellos que creen en aquellas ideas reaccionarias. ¡Y ojo!, si se te ocurre hacer una broma, escribir un tweet o criticar algo relacionado con el franquismo, puedes acabar en la cárcel. Así es España, así es mi país por desgracia. En este sentido, El lector nos habla de memoria y de justicia, de condenar en este caso el nazismo y lograr unas políticas de memoria ejemplares, entre las cuales, destaca la de dejar en pie los numerosos campos de concentración para reconvertirlos en lugares para la memoria, para que todos conozcamos los horrores y las violaciones de los derechos humanos que se cometieron allí y para recordarnos que aquello no debe volver a pasar. Al paso que vamos, yo no se si alguna vez veré como sacan los restos de Franco y de Primo de Rivera del Valle de los Caídos o como éste lugar acaba convirtiéndose en un lugar de recuerdo y memoria de las atrocidades cometidas por el Franquismo, despojándose de ese elemento de culto y religiosidad que impide avanzar. En otras palabras, aprender de países como Alemania, que aunque no fue un tránsito perfecto, el resultado es mucho mejor que lo que idealizada Transición Española realizó.  Espero que las futuras generaciones sepan lo que pasó, sean conscientes del problema que tiene este país con su pasado y que consigan realizar una verdadera y definitiva transición. El lector: una historia de amor, sexo, lectura, justicia, nazismo, horror, piedad, debilidad, debate...Una novela de obligadísima lectura.

Frases o párrafos favoritos:

"Queríamos abrir las ventanas, que entrase el aire, que el viento levantara por fin el polvo que la sociedad había dejado acumularse sobre los horrores del pasado. Nuestra misión era crear un ambiente donde se pudiera respirar y ver con claridad."

Película/Canción: en el año 2008 se estrenó la versión cinematográfica, dirigida por Stephen Daldry y con las interpretaciones de Ralph Fiennes, David Kross y Kate Winslet. La película logró críticas favorables y optó a 5 premios Oscar, incluyendo mejor película. Finalmente, de todos ellos, solamente Kate Winslet logró alzarse con el premio a mejor actriz protagonista.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 23 de mayo de 2017

RESEÑA: J

J

Título: J.

Autor: Howard Jacobson (Manchester 1942) estudió en Cambridge y fue profesor en Inglaterra y Australia. Además de haber escrito un buen número de novelas y ensayos, es columnista en The Independent y autor de diversos documentales para la televisión. En 2010, resultó ganador del Man Booker Prize, el galardón literario más importante de Reino Unido, por su novela The Finkler Question y en 2014 fue finalista con J. Jacobson es conocido por retratar de una forma cómica los estereotipos de la sociedad inglesa y la realidad de lo que significa ser judío.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Antonio Rivero Travillo.

Sinopsis: en un futuro tan próximo que no parece sino una deformación de los principales rasgos de nuestro presente y nuestro estilo de vida; en un mundo en el que un velo de olvido, negación y recelo ha caído sobre el pasado (marcado por una catástrofe desconocida e innominada, tabú, a la que la gente se refiere con el eufemismo conjurador de "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ"); en una sociedad en la que la normalidad es una disimulada tiranía resultado de blandas imposiciones, que una proliferación del gusto por lo mismo y de una lenta abolición de las diferencias, un hombre y una mujer, para quienes sus respectivos pasados son extraños y desmemoriados, se conocen y se enamoran. Y con ese amor empieza o acaba todo. Pero ¿realmente ha sido un encuentro fruto del azar? Lo que sigue es un camino lleno de ternura, incertidumbre, melancolía, paranoia y terror. Un viaje a la raíz del desamparo.

Su lectura me ha parecido: interesante, reflexiva, excesivamente descriptiva para mi gusto, evocadora, a ratos delicada, inquietante la mayor parte del tiempo...La normalidad, eso que está presente en nuestro día a día. Eso que adquiere diferentes formas, que muchos ansían, que pelean, que persiguen, como único y más preciado objeto. Esa normalidad que nos acompaña, que nos envuelve, un espacio en el que nos movemos continuamente y al ritmo que nosotros, como seres humanos, preferimos. Una palabra con infinidad de colores, texturas, matices, en cuyos recovecos nos refugiamos cuando parece oscurecerse, pero del que no dudamos salir al mínimo síntoma de mejora. La normalidad, para bien o para mal, es nuestro pan de cada día, una normalidad construida con nuestras propias manos en base a un modelo de sociedad, a unas costumbres, a un entorno que no nos es indiferente y que actúa directamente sobre nuestra personalidad. El problema viene cuando esa normalidad se torna incómoda, cuando nuestros actos son estrictamente medidos, cuando uno mismo se auto reprime, tanto que es incapaz de expresar lo que de verdad opina o siente con total libertad. Y lo peor de todo sucede en el momento en el que, además de todo lo mencionado, uno no deba mentar el pasado, pues, el velo del olvido ha caído sobre él, ocultando cada detalle bajo espesos y oscuros pliegues. Esta sensación, queridos lectores y lectoras, no describe un mundo post apocalíptico, no, esto ocurre en muchos países del siglo XXI. Países entre los que incluyo a España, pues de eso de echar al olvido, por desgracia, sabemos demasiado. Esa calma insana, esa cotidianeidad sometida, en otras palabras, esa normalidad falsa se respira en la novela que hoy tengo el placer de reseñar, al igual que en el cuadro que inspira su portada, en clara alusión a uno de los grandes de la historia del arte y de la pintura. Un particular jardín de las delicias donde hay felicidad, amor y fantasía, pero también cadáveres sosteniéndola. J: la deformación más escalofriante de nuestro mundo.


La historia de como J llegó a mis manos y ya de paso a formar parte de mi apreciada y venerada estantería es bien sencilla. Como bien sabéis, siento debilidad por las novelas distópicas, es decir, las que son capaces de introducirnos en un futuro pos apocalíptico y en las que podemos observar como los autores y autoras, con mayor o menor maestría, critican su tiempo a través de profundas reflexiones que impactan en el lector de forma realmente asombrosa. A mi personalmente, ese tipo de literatura, si está bien escrita y armada, me encanta, me entusiasma, hasta el punto de que hace unos años usé esa base para la realización de mi trabajo final de carrera. Una labor de la que me siento especialmente orgullosa y de la que os he hablando aquí en más de una ocasión. A raíz de esta pasión por este particular sub género literario, comencé a estar más atenta a los libros que presentaban las mencionadas características, para mi siempre sería un placer adentrarme en ellos. No obstante, ya no me conformaba con los clásicos del género, ni con esas joyas ocultas, lo que de verdad mi fuero interno deseaba era una novela, de este estilo, pero más actual, que plantease problemas actuales, en otras palabras, que se atreviera a criticar de esta forma los problemas de hoy en día, los gobiernos, el salvaje capitalismo, la crónica brecha social, las nuevas tecnologías...Todo eso y más. Se que era mucho pedir, y que en el actual mercado editorial parece no existir margen para el riesgo, pero necesitaba ver ante mis ojos una novela cuya distopía nos reflejase aspectos de lo que hoy somos y de lo que podríamos llegar a ser si continuamos por este camino. Y entonces, un buen día, me topé con J. La verdad es que a simple vista, el titulo no me acabó de convencer, no era el más atractivo del mundo que digamos. Sin embargo, y tras leer detenidamente la sinopsis de la contraportada, intuí que J escondía más, que no era una simple letra del abecedario ni la que podemos encontrar formando palabras típicas de nuestro idioma. No. J encerraba más cosas, y lo más importante, que todas ellas tendrían que ver y mucho con la visión de un tiempo, no muy lejano al actual, en el que las cosas han cambiado. Esa premisa fue la que en cierta medida me empujó a hacerme, cuando tuve la oportunidad, con un ejemplar gracias a Sexto Piso. ¿El resultado final de esa incesante búsqueda? En el siguiente párrafo.


En lo que respecta a la critica propiamente dicha, me gustaría comenzar aclarando que ha sido sumamente complicado redactar y estructurar esta reseña. J es uno de esos libros que, además de suscitar infinidad de debates y reflexiones, resulta complicado enfrentarse a él en calidad de crítico. El libro no intimida para nada, es su complejidad y características las que, como bien expondremos a continuación, han hecho de la redacción de esta reseña una ardua y difícil tarea. En primer lugar, hay que aclarar que no nos encontramos ante una distopía al uso, en donde se viola la intimidad con el espionaje masivo, en donde hay un líder todopoderoso o en donde el personaje principal es el que revela contra el sistema. J se encuentra en las antípodas de todo eso, no tenemos un universo perfectamente descrito, no sabemos donde se sitúa la trama, en que año nos encontramos ni cuales son las características. El autor no lo menciona en ningún momento, por lo que el lector es el que tiene que usar la imaginación para confeccionar ese entorno. Puede ser un recurso en apariencia novedoso, pero lo cierto es que ya aparece en otras obras literarias, como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, una novela en la que tampoco se describe nada del entorno y que son más bien diálogos. Eso si, en ausencia de descripción paisajística y del entorno, si la encontramos en lo que respecta a las emociones, los sentimientos y los pensamientos de los personajes. A mi esto último me pareció muy interesante, pero a ratos se me hacían eternos, haciendo que la lectura no fuese todo lo ligera que yo esperaba. Como recurso esta muy bien, pero si se sabe emplear. En segundo lugar, como toda buena novela, esta compuesta de una serie de personajes que contribuyen a dar cuerpo y personalidad a la novela, y en este caso, los personajes no podían ser más particulares. Un hombre llamado Kevern y una mujer llamada Ailinn, ambos con muchos problemas y manías propias, algunas de ellas bastante extrañas. Ambos parecen no pegar en absoluto, sin embargo, esa lucha interna contra sus propios demonios los une, hasta el punto de lograr conmover en cierta medida al lector. Y es aquí donde entra ese toque de delicadeza, la encontramos a ratos, pero cuando estamos ante ella, la narración adquiere un equilibrio necesario en una trama donde la incógnita es la clave. En tercer y último lugar, J es una novela donde se plantean muchos interrogantes, algunos de carácter filosófico y otros muy comunes, a los que en más de una ocasión hemos tenido que hacerles frente. Eso si, no todos ellos son resueltos a lo largo del libro, sino que se quedan en el aire, sin respuesta, a la merced de la opinión del lector. Un lector que, a pesar de todo parece demasiado extraño e intrigante, si ejercita el músculo de la imaginación, disfrutara de su lectura.


Para finalizar la redacción de esta reseña y como ya siendo tradición en este espacio de cultura y debate, me dispongo ha dejar constancia de mi reflexión personal, algo que como era de esperar, no me ha resultado nada fácil. J es un libro complejo, tan complejo que era inevitable que una servidora necesitase unos días para pensar detenidamente. Al final, y sobretodo, teniendo en cuenta el panorama actual, me he decantado por plasmar una cuestión muy importante en mi más humilde opinión. La novela, J, esta distopía tan diferente al legado de Orwell, se articula entorno a una frase, aunque para ser más correctos, deberíamos referirnos a ello como eufemismo. Todos los personajes se refieren a "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ" y la repiten, como un mantra, para referirse a algo que no sabemos muy bien qué fue, pero que si uno se adentra en J, entenderá que no fue una cuestión superflua. "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ" afectó enormemente a ese mundo que el autor crea, hasta el punto de que no se habla de ello si no es con esos términos. Algo muy gordo debió suceder para que acabase desembocando en un mundo donde no se puede hablar del pasado y en donde la normalidad es una disimulada tiranía diaria. Algo muy peligroso e inesperado que nosotros, nuestro mundo, tiene las mismas posibilidades de sufrir. Puede que una afirmación de estas características haya sonado un poco alocada, fantasiosa y seguramente muchos de vosotros penséis que me haya vuelto fan de las teorías conspirativas. No, en absoluto, si lo meditáis detenidamente, veréis que algo de razón hay en esas palabras, pues, nuestro mundo, ese mundo que entre todos hemos contribuido a construir, se asienta sobre unos pilares frágiles, tan frágiles que cualquier cosa podría hacerlos tambalear. Hace unas semanas, el planeta asistió estremecido al mayor ataque informático que se recuerda, los informativos comunicaban con urgencia la noticia y fuimos muchos los que, invadidos por la paranoia y el miedo, apagamos nuestros ordenadores por temor a que nos convirtiéramos en victimas de dichos piratas cibernéticos. El mundo se paralizó, contuvo la respiración y vio como esos pilares de los que os había hablado antes, se tambaleaban violentamente. Hoy en día todo esta en internet, todo, nuestro historial médico, nuestro trabajo, nuestra vida, todo esta informatizado. Pensad por un momento, si todo eso, de la noche a la mañana, desaparece sin más, las consecuencias serían bestiales, y debido al elevado grado de dependencia que tenemos con lo tecnológico, el caos y la violencia correrían a sus anchas por las calles. Y todo por un simple click y una pantalla en oscuridad perpetua. Con este ejemplo quiero demostraros, queridos lectores y lectoras, que no estamos protegidos ante cualquier imprevisto y que ahora, más que nunca, el mundo puede cambiar en cuestión de segundos, y que podríamos acuñar perfectamente nuestro propio "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ". Ojalá no vivamos nunca para ser testigos de algo así, lo deseo de verdad, pero hay que ser conscientes de la fragilidad del mundo y de como nuestras acciones pueden condicionar la vida de las futuras generaciones. Lecturas como J nos hacen pensar, pero también observar como el muro que separa la tranquilidad del abismo es muy endeble. J: una historia de amor, calma chicha, manías, pasado olvidado, intranquilidad...Una novela que ofrece las clave de nuestros errores.

Frases o párrafos favoritos:

"No hace falta tener los ojos abiertos para ver las cosas."

Película/Canción: aunque opino que un texto así probablemente funcionaría en formato cinematográfico, y hasta que eso ocurra, aquí os dejo la pieza que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. ¡Disfrutarla!


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Narrativa Sexto Piso
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