Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 21 de marzo de 2017

RESEÑA: Las sillitas rojas.

LAS SILLITAS ROJAS

Título: Las sillitas rojas.

Autor: Edna O´Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por sus más relevantes autores contemporáneos. O´Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo, en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó con Las chicas del campo (1960), que le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. La chica de los ojos verdes y Chicas felizmente casadas, que pueden leerse sin conocer el libro anterior, amplían las aventuras de las dos protagonistas de aquella primera novela. Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esta obra, Edna O´Brien ha creado un corpus literario único: con novelas como A Pagan Place, el libro de relatos Saints and Sinners, una obra de teatro sobre Virginia Woolf y dos importantes biografías sobre James Joyce y Lord Byron respectivamente.


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: inglés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: una noche, en pleno invierno, un misterioso extranjero llega al pintoresco y monótono pueblo irlandés Cloonoila. Maduro, atractivo y carismático, el doctor Vladimir Dragan es tanto poeta como sanador; un "curandero" seductor y muy singular. Su presencia será recibida como una excitante novedad en el pueblo, y con su encanto, hechizará la vida de sus habitantes, sobretodo la de las mujeres. Desde su Irlanda natal, O´Brien recorre Europa para mostrarnos un portentoso viaje sobre el mal, la mentira, el dolor, y en última instancia, el poder redentor de los afectos, dibujado ante nosotros el retrato de un buen puñado de personajes fascinantes.

Su lectura me ha parecido: intensa, delicada, sutil, triste, reflexiva, audaz, compleja, impactante, necesaria...Como ya comenté en la reseña de Manual para mujeres de la limpieza, el 2016 fue un año en el que los acontecimientos se siguieron de una forma más vertiginosa si cabe, uno tras otro, como si no hubiese un mañana. De entre todos ellos, como cabía de esperar, hubo uno que logró quedarse en mi, forjando con el paso de los meses, una personalidad y una forma de pensar que hasta ese momento no había manifestado tan públicamente. Sabía que estaba ahí, y que tenía que salir, algo que finalmente sucedió gracias a la lectura de algunos libros, a unas clases en el máster y a un autodidáctico interés por seguir aprendiendo por mi cuenta sobre un tema que nos concierne a todos. A raíz de ese acercamiento a las teorías, las feministas por supuesto, yo misma me empujé a leer más libros escritos por mujeres. Novelas que, en su mayoría, abordan, con mayor o menor maestría, la condición de la mujer desde la mirada de un tiempo concreto del pasado. Me alegra observar como han habido cambios, mejoras, que la situación de la mujer es bastante distinta a como la pintan las escritoras del XVIII, XIX o principios del XX por ejemplo. Sin embargo, siento un escalofrío cuando percibo como ciertos comportamientos, estereotipos, tradiciones, vocabulario, frases o roles se siguen reproduciendo incluso en pleno siglo XXI. Por ello, además de concienciar y servir de altavoz de estas injusticias, es necesario leer a mujeres, leer sus novelas, atesorar su literatura, como también su crítica a la sociedad que les tocó vivir. El libro que hoy tengo el placer de reseñar, está escrito por una irlandesa nacida en los años 30 del pasado siglo XX, que estudió en contra de su voluntad una carrera a la que tradicionalmente se asocia con el género femenino y que en los años 60 derramó su crítica e imaginación sobre una serie de novelas que evidenciaban la complicada situación de la mujer en el mundo agrario. Hoy, tras ese éxito editorial, Edna O´Brien nos regala un nuevo libro, en clave femenina, en calve crítica, titulado Las sillitas rojas: tragedia, refugio y redención en un mismo texto.


La historia de como Las sillitas rojas llegó a mis manos tiene su origen en una mirada, en un simple movimiento, en un chispazo de desbordada curiosidad. Hace un tiempo que comencé a colaborar con la editorial Errata Naturae, cuyos libros habían logrado cautivarme enormemente, y tras la última reseña me dispuse a ojear las últimas novedades en su correspondiente página web. Acto seguido, se produjo una especie de revelación, un destello de alegría y curiosidad de apoderó de mi. Edna O´Brien, la gran dama de la narrativa irlandesa, había publicado nueva novela, cuya historia no podía ser más prometedora. Lo cierto es que, y esto tengo que decirlo, sinceramente no había escuchado hablar de O´Brien hasta que comencé a colaborar con Errata Naturae. No se si es porque Irlanda, ese país tan verde al norte de Europa, nos pilla demasiado lejos o porque sus novelas en su momento no tuvieron gran impacto en España. Pero la verdad es que desconocía por completo la producción literaria de esta escritora. Una vez ves el libro por primera vez, Las sillitas rojas en concreto, poblar durante algunas semanas las estanterías de las librerías más importantes de tu ciudad, te das cuenta de que no te encuentras ante una novelista de tres al cuarto, sino de una profesional dentro de este arte. La publicación de esta novela se celebró con gran entusiasmo, algo que, en cierto modo, me empujó a saber más sobre O´Brien y a buscar la sinopsis de sus otras novelas publicadas en la década de los 60. Después de esa pequeña búsqueda de información y una vez satisfecha mi curiosidad intelectual, sentí que Las sillitas rojas era el libro que tenía que leer. Al cabo de unas semanas el libro apareció en el buzón, perfectamente presentado y acompañado de una breve relación de críticas y biografía de la autora, la cual, ya conocía de antemano. Tardé un tiempo en leerlo, lo reconozco, pero cuando por fin abrí el libro por la primera página, supe que aquello se iba a convertir en una especie de iniciación, de principio, de comienzo. Ahora, pasado un tiempo, estoy deseando leer el resto de su interesante producción literaria.


Continuando con la crítica a la novela, comenzaremos diciendo que Las sillitas rojas presenta una lectura ligeramente densa, muy bien estructurada y realmente compleja. Edna O´Brien, y eso lo saben los que se han atrevido con alguna de sus novelas, tiene un estilo muy particular. Rico en matices y en técnicas narrativas, pero del que a la vez, subyace una crítica a la sociedad y ciertos temas de rabiosa actualidad que unas veces te los esperas y otras no. Con esto no quiero decir que Las sillitas rojas sea una novela predecible, sólo que se nota enseguida, nada más comenzar su lectura, cuáles van a ser en un principio los temas a criticar, aunque, como ya he apuntado, Edna O´Brien demuestra ser toda una caja de sorpresas. En cuanto a la historia, nos topamos con una narración dividida, cual obra de teatro, en tres actos perfectamente diferenciados entre si. Iniciando con un tono concreto y evolucionando a algo más íntimo y con cierto carácter redentor. Esto sin duda, facilita al lector a seguir una historia de gran complejidad y a mantenerlo hasta la última página, aunque, eso si, Las sillitas rojas no se define como trepidante, ni mucho menos. Por otro lado, y esto es tal vez lo más llamativo dentro de la novela, el factor sorpresa juega un papel fundamental. Esto se aprecia por un lado en la propia trama, cuyo inicio podría recordarnos un poco a aquellas novelas del siglo XIX muy críticas con la situación de la mujer en esas sociedades tan tradicionales, de hecho, la propia protagonista, Fidelma McBride, nos remite ligeramente a la inmortal Madame Bovary en ciertos momentos de la historia. Con esta premisa, es lógico que el lector piense que se encuentra ante una novela nostálgica del género, pero, sin embargo, esto cambia a medida que uno va avanzando en la lectura, descubriendo que lo que se mostraba al principio y esa idea preconcebida cambia de forma fulminante en el segundo y tercer acto. Por supuesto no voy a revelar los detalles, pero os anticipo que O´Brien logra quitarnos de la cabeza esos convencionalismos literarios a los que estamos tan acostumbrados. Seguidamente, la sorpresa narrativa también se percibe en los temas que la autora aborda, y de nuevo, esa primera impresión de que en Las sillitas rojas sólo hablará sobre los problemas de la mujer en el mundo rural queda completamente relegada, no a un segundo plano, pero casi. Que comiences siendo testigo de esa denuncia ya mencionada y que, de pronto, entren en juego temas como los horrores de la guerra o los traumas de ésta, no hace sino engrosar el mérito de esta novela, pero también, de esta autora. Finalmente, sólo me cabe reconocer el acierto en narrar esta historia en tercera persona, algo que, además de lo ya mencionado, le imprime un punto de misterio que el lector puede resolver a medida que avanza la trama.

En lo que respecta a la reflexión personal, es inevitable que, y más tratándose de esta novela, acabemos hablando de un tema fundamental, de esos incomodos, de los que actualmente parece que nadie quiere hablar ni ver. Hablamos, como no, de la guerra. Esa palabra cargada de connotaciones y significados que sobrevuela sobre este libro como un elemento punzante y que nunca desaparece, aunque muchos se empeñen en lo contrario. La guerra está muy presente en Las sillitas rojas, tanto que ya desde el comienzo mismo de la novela, la autora decide trasladarnos a un momento de conmemoración, de recuerdo, de memoria. El 6 de abril del año 2012, en una de las calles principales de Sarajevo, se colocaron 11.541 sillas rojas con el fin de conmemorar el vigésimo aniversario del inicio del famoso asedio a la ciudad por parte de las fuerzas serbobosnias, una por cada habitante asesinado durante los días que duró dicho acontecimiento. Esto quedó retratado para la posterioridad en los periódicos de todo el mundo, y que en el blog, he creído conveniente incluir en esta reseña. Ese inicio, esa instantánea simbólica, sirve a la autora como pretexto para ahondar en temas clásicamente relacionados con la guerra con una mirada tremendamente universal. Las guerras, queridos lectores, son atemporales. Da igual en el siglo en el que acontezcan o las armas que se empleen, lo que une a todas ellas son los motivos, los cuales, parecen repetirse, una y otra vez, a lo largo de la historia. Ya sea por intereses económicos, ya sea por un sentimiento imperialista, ya sea por cuestiones raciales, ya sea por la razón que sea, siempre desembocan en lo mismo y en las mismas consecuencias para quienes tienen la desgracia de ser testigos de ella. Quien ha vivido la guerra, vivirá con ella siempre, eso es cierto y nunca logra superarse del todo. En Las sillitas rojas nos topamos con un coro de supervivientes, que han tenido que empezar de cero en otro país, lejos de su verdadero hogar, algunos de ellos con dificultades añadidas. Y nos topamos, para más complejidad, en un contexto de globalización, donde gente de diferentes culturas se encuentra en un mismo lugar y en donde comparten sus dolorosas experiencias, dejando brotar la nostalgia o la solidaridad. Las sillitas rojas hace una clara referencia a la Guerra de Bosnia, pero también, en ese intento por universalizar las dimensiones de las palabras y lo que conllevan, nos habla del presente, de la Guerra de Siria, de los refugiados que cruzan el mar para huir del horror, dejando atrás su vida, desprendiéndose de sus raíces.  Es necesario leer sobre estos temas, y más aún, desde la perspectiva que sólo una autora como Edna O´Brien podía narrar. Las sillitas rojas: una historia de amor, lucha, traumas, recuerdos, compañerismo, luz, solidaridad, redención...Una novela rabiosamente actual que reflexiona, pero también, conciencia.

Frases o párrafos favoritos:

"- ¿Por qué tanta hostilidad?
 - Pues...así son las cosas por aquí...mentiras...hipocresía...amargura...no nos fiamos de los demás...nos deprimimos...le echamos la culpa al clima...reservamos paquetes turísticos o a destinos con buen tiempo...volvemos a casa...no es el clima...somos nosotros."

Película/Canción: todavía no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva, y aunque en el libro haya hueco para la esperanza, os adjunto la pieza que ha ido acompañándome a lo largo de la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

viernes, 10 de marzo de 2017

RESEÑA: Cegados

CEGADOS

Título: Cegados.

Autor: Fran Sánchez (Almería 1966) durante mucho tiempo ha trabajado en diversos cometidos y empresas. Residió siete años en Tenerife, aunque en la actualidad vive en Almería. Muy aficionado a las series de televisión, al cine y a la informática. Lector empedernido que se atreve con la novela y el relato.  Las antologías de relatos Y de repente...abrí los ojos y Descubriendo Historias I, además de Cegados son su carta de presentación a los lectores.

Editorial: Círculo Rojo.

Idioma: castellano.

Sinopsis: una gran catástrofe asola a la humanidad, una erupción solar deja repentinamente ciega a la mayoría de la población. Solo unos pocos escapan de la situación. Nuestra forma de vida y nuestras rutinas diarias desaparecen, todos estamos obligados al cambio Hay que elegir una postura moral y ética, mientras unos aprovechan su situación de superioridad para sus intereses personales, otros se vuelcan en la ayuda desinteresada a los demás. Entre éstos últimos un ciego de nacimiento, vendedor de cupones, resulta vital para adaptar y mejorar la vida de videntes e invidentes, junto a un vigilante de seguridad, héroe innato ¿Cuál sería tu opción? Si no te decides, simplemente cierra los ojos.

Su lectura me ha parecido: original, interesante, reflexivo a ratos, puntualmente lúcido, directo, demasiado ágil...Queridos lectores y lectoras, a nadie se nos escapa que actualmente la novela de ciencia ficción post apocalíptica está más de moda que nunca. Esto se puede deber a muchos factores, desde el auge de la posverdad en ámbitos tan importantes como la política o la economía, hasta el hecho de que las nuevas tecnologías han obligado a la humanidad a ir más rápido, vivir de forma frenética, hacia un futuro incierto pero lleno de problemas a los que tendremos que hacer frente. Ese futuro, desde el ámbito de la literatura, se ha imaginado de muchas formas, desde una situación post holocausto nuclear, pasando por la posibilidad de gobiernos autoritarios cuyas técnicas de control y represión nadie quiere sufrir. También existen, por descontado, autores y autoras que puestos a arriesgar, nos hablan de acontecimientos inmediatos, posibilidades terribles que condicionan la vida en el presente de forma absolutamente abrumadora. En este espacio hemos reseñado algunos libros que se ajustan a estos formatos o temáticas, tales como La carretera de Cormac McCarthy o El mecanoscrit del segon origen de Manuel de Pedrolo, lecturas imprescindibles para el amante del genero. La novela que hoy os presento tiene un poco de las dos sin llegar a superarlas en talento, no procede del ámbito del best seller, como tampoco a los de culto. Sin embargo, no podemos obviar su existencia y la sorprendente originalidad de su trama. Desde la pluma de un escritor español novel, nos adentramos en Cegados: luces y sombras en lo que pretende ser el inicio de una historia con muchas continuaciones.


La historia de como Cegados llegó a mis manos fue sencilla. Un día, mientras realizaba la rutinaria tarea de actualizar mi correo electrónico, me topo de pronto con un mensaje. Quien me escribía era Fran Sánchez, un escritor novel quien me presentaba su novela, titulada Cegados. Antes de continuar, he de confesar que hacía tiempo que no recibía un correo de estas características, es decir, ya había pasado unos meses desde que hiciese la última reseña de un autor/a novel. Y no por falta de ellos, pues lo cierto es que me llegaron algunos correos antes del de Fran, sin embargo, ninguno de ellos me presentaba una historia lo suficientemente atrayente como para que finalmente decidiese leerla, y posteriormente, reseñarla en mi espacio. Esta situación siguió así hasta que el menaje de Fran llegó casi como agua de mayo. Por fin algo en apariencia original y del que se podía extraer algo interesante. Invadida por el entusiasmo y tras leer una interesante sinopsis, decidí ponerme en contacto con él para comunicarle que iba a leer su libro. Esto fue lo que pasó, sin embargo, la lectura de Cegados se atrasó más de lo que hubiese querido. Problemas personales, falta de tiempo, urgencia de algunas reseñas para las editoriales... Todo ello provocó que el proceso de lectura de esta novela estuviese un poco lejos. Finalmente, y con la sensación de estar quedando fatal ante Fran, pude por fin ponerme delante del libro y comenzar a leerlo. Tras una lectura que me retuvo menos tiempo del que hubiese imaginado, llegué a la conclusión de que había por un lado merecido la pena, y por el otro, me invadió la sensación de que me hallaba ante una novela que pedía más, un capítulo más, unas páginas más...En definitiva, una necesaria continuación.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, comenzaremos por lo más evidente. Cegados presenta una lectura trepidante, ágil, rápida, demasiado rápida, veloz sería la palabra que más se le ajustaría. Yo no digo que no esté mal encontrarte con una lectura cuya lectura se te pase volando, es más, en ciertos momentos de la vida se agradece y se necesita de vez en cuando desconectar de libros densos y monótonos. Sin embargo, esa extraordinaria rapidez en el ritmo y en la narración en ocasiones pueden resultar un poco contraproducentes. No obstante, y esto hay que destacarlo, en 110 páginas el autor logra crear un clima, una situación y unos personajes que invitan a la inquietud y a una ligera meditación, acortada eso si, por el frenético ritmo de la novela. En lo que respecta a la historia, a su núcleo principal, he de reconocer que Cegados plantea una cosa a priori sencilla, pero que literariamente, da mucho juego. Soy muy fan de que los escritores y escritoras partan de acontecimientos inesperados y enormemente condicionantes, del "¿qué pasaría si...?" Esto obliga a que el lector estimule la imaginación y a que al finalizar su lectura, no pueda evitar hacerse preguntas. Con Cegados me pasó eso, aunque no con la misma intensidad que con otras novelas del género. Sin embargo, hay que reconocer que la premisa es absolutamente impactante, lo que da pie a que se lea con más interés. Seguidamente, en lo que respecta a los personajes, he encontrado que son bastante comunes, en el sentido de que te los puedes encontrar o cruzártelos por la calle sin ningún problema. Sin embargo, Fran Sánchez logra imprimirles un toque distintivo que los saca ligeramente del entorno anodino y los vuelve interesantes y literarios en cierto sentido. No serán personajes que pasen a la historia, pero la verdad es que probablemente, en cuanto los veamos evolucionar más, tal vez podamos conocerlos un poco más. Por último, sólo comentar que el final de Cegados es demasiado abierto, tanto que el lector se da cuenta al instante de que el autor tiene pensado escribir una segunda entrega. Eso se nota, pero, y esto es una cuestión puramente personal, y aunque caigo rendida ante este tipo de finales, no me ha acabado de gustar que estuviese tan, tan abierto. Por lo demás, y a modo de recapitulación, nos encontramos ante una novela de corte especulativo, con un tema realmente original pero que le falta un poco de rodaje y de experiencia. De todas formas se nota que hay un gran escritor detrás, así que tiempo al tiempo.


Adentrándonos en terreno más reflexivo, tratándose de esta novela, es inevitable, por no decir imposible, no mencionar y debatir entorno a el tema principal que se respira a lo largo de este libro. Cegados, indudablemente, es, como ya hemos comentado antes, una novela especulativa, y como tal, cuestiona a partir de un acontecimiento inesperado, que este caso es una erupción solar que produce ceguera a un alto porcentaje de la población, las diferentes manifestaciones del ser humano. En otras palabras, ahondar en los entresijos de la famosa condición humana. Esto, por descontado, no es para nada novedoso, muchos escritores abordaron este debate con anterioridad, sin ir más lejos, en Sin novedad en el frente, Erich Maria Remarque ya mostraba como el ser humano se muestra tal y como es frente a una situación tan traumática como puede ser el frente durante la I Guerra Mundial. Esto podría resumirse en "Si quieres conocer mejor a las personas, monta una guerra", una frase que no recuerdo exactamente donde la leí, pero que refleja muy bien la temática que Cegados, al igual que Sin novedad en el frente, comparten. Cuando uno se introduce en la lectura de un libro de estas características, es inevitable, por no decir imposible no ponerse en la piel de los protagonistas, observarlos desde una distancia prudencial, si, pero siendo testigo de como la miseria del ser humano aflora de entre los recovecos de las diferentes personalidades. Cada uno de nosotros reacciona diferente a una situación de este tipo, a unos les podrá la cobardía, a otros les infundirá valor, algunos dejarán al descubierto su faceta más rastrera, y por el contrario, habrá quien se muestre solidario y ayude desinteresadamente al que más lo necesita. Normal que tras cualquier conflicto o catástrofe, nada vuelve a ser como antes, las relaciones sociales cambian, pues, ya sabemos como es el vecino, la amiga, la compañera de trabajo, el hermano, el padre, la madre, la pareja...Ya sabemos como es en realidad y no en apariencia. En Cegados, esa sensación está presente, tanto, que incluso llegas a preguntarte cómo actuarías tu, lector, si de pronto, de la noche a la mañana, se produce una catástrofe de proporciones extremas. Es un terreno bastante explotado y que llega incluso a ser filosófico, sin embargo, no está de mas que de vez en cuando novelas como Cegados nos lo recuerden una vez más. Cegados: una historia de solidaridad, miedo, ayuda, compañerismo, historias personales, experiencia...Una novela que promete y de la que esperamos una más que merecida continuación.

Frases o párrafos favoritos:

"Roberto resultó ser presa fácil para la famélica jauría de perros ciegos que contaban con ventaja gracias a su desarrollado olfato y finísimo oído. El líder de la mandada le asestó un mordisco en el cuello, sus colmillos seccionaron la yugular y un caño de sangre a borbotones regó el lugar. La jauría babeaba ansiosa por darse un festín." 


Película/Canción: aquí os dejo con el booktrailer de Cegados:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 2 de marzo de 2017

JIMENA DE LA ALMENA EN TWITTER

Renovarse o morir. El blog literario Jimena de la Almena ya está en Twitter, una red social donde podéis informaros de todas las novedades que se publiquen en el blog, así como otras noticias de interés para los lectores empedernidos. El objetivo es ampliar horizontes y que las reseñas lleguen a más personas. La opinión y el debate están garantizados, así que no lo penséis más y seguir el siguiente enlace:


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martes, 28 de febrero de 2017

RESEÑA: Orgullo y prejuicio.

ORGULLO Y PREJUICIO

Título: Orgullo y prejuicio.

Autor: Jane Austen (1775-1817) era la hija menor de un pastor protestante que se ocupó personalmente de su educación. Llevó siempre una existencia apacible en diversos lugares del sur de Inglaterra y permaneció soltera. Siendo testigo de la época de la Regencia, empezó a escribir con tan solo 16 años, en una época en la que la que a la mujer se le asignaba un rol más tradicional y sujeto a las normas de una sociedad estrictamente patriarcal. Además de Orgullo y prejuicio, su novela más importante y famosa, también escribió Mansfield Park, Emma, Sensatez y sentimiento, La abadía de Northanger o Persuasión entre otras; además de escribir una abundante cantidad de diarios personales que retratan y reflejan la realidad de una época. Su obra es una fabrica de generar controversia, interpretaciones, alabanzas y lo que es más importante; una atracción especial hacia un público más amplio y menos especializado. Murió de tuberculosis a los 41 años dejando incompleta Los Watson, quien años después su sobrina, la también escritora Catherine Hubback, sería quien la finalizase.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luis López Muñoz.

Sinopsis: la aparición en Longbourn, un pueblo de la campiña inglesa, de Charles Bingley, joven, soltero y rico, despierta las ambiciones de las familias del vecindario, que lo consideran un excelente partido para sus hijas. Él y su amigo, Fitzwilliam Darcy, también adinerado, tendrán que luchar contra las intrigas con las que se tratará de poner trabas al amor que sienten por dos de las hermanas Bennet, pobres y modestas, antes de alcanzar un final feliz.

Su lectura me ha parecido: sorprendente, interesante, larga, pesada en algunos tramos, lúcida en otros, crítica, absolutamente profunda...Durante este mes de febrero que pronto llegará a su fin ocurrieron dos cosas importantes. La primera de ellas tenía más que ver con cuestiones puramente personales que afectaron a mi trabajo y a mi animo de forma importante. Inseguridad y pesimismo no son buenos para nadie. La segunda, que llegó en el momento más oportuno, fue el viaje con mi hermano a Londres, donde este año está estudiando. Fueron cinco días agotadores, cansados, pero muy productivos. Pude contemplar en primera persona esos lugares que tanto había visto por la televisión, respirar su aire, recorrer algunos de sus parques más importantes, comer en sus calles e incluso visitar algún museo. Todo eso hice, hubieron cosas que me decepcionaron un poco, nada en esta vida es perfecto, pero la sensación final fue bastante buena. Fue durante mi estancia en Twickenham y Richmond, dos enormes barrios próximos a la capital, donde se obró un poco el milagro. Estaba cansada y arrastraba horas de caminatas, pero aquel último día decidí calzarme las botas, abrocharme el abrigo y salir a andar. Necesitaba un momento para mi y aquella se presentó como la mejor oportunidad. Bordeando el Támesis pasé algunos puentes, crucé uno del siglo XIX, me detuve en el monumento a los caídos de la I Guerra Mundial en Richmond, hice fotos en el pintoresco embarcadero, atravesé un parque, seguí río abajo y de repente Ham House. Una imponente mansión del siglo XVII en medio de un singular paraje natural se alzaba ante mi. La verja estaba abierta y aunque había que pagar para entrar, yo me contentaba con quedarme ahí, quieta, contemplándola durante horas. Jamás había estado delante de una de estas casas, cansada de verlas en películas, aquel fue sin duda uno de los momentos más inesperados y enriquecedores del viaje. Enriquecedores por el simple hecho de que aquella mansión logró transportarme a un entorno en el que ya había estado gracias a la lectura de un libro. El recuerdo de Ham House ha permitido con creces que hoy esté de nuevo aquí, para hablaros de una novela inmortal, universal y atemporal como la que más.  Esas columnas, esas estatuas, esos parques, esos árboles...Todo me recordaba irremediablemente a Orgullo y prejuicio: osadía e inteligencia amparadas por el talento de una de las mejores.


La historia de como Orgullo y prejuicio pasó a engrosar los estantes de mi librería particular es relativamente reciente. No obstante, para ser más honestos, debería empezar por el principio de todo. Hace unos años, una servidora se consideraba una alérgica a las novelas románticas. Todo lo que rezumase felicidad irreal y edulcorada me producía urticaria. Mi visión negativa de este genero tenía que ver con la mala experiencia que había tenido con algunas novelas del estilo. Primero fue con las típicas novelas juveniles, entre las que se encontraba la saga Crepúsculo, que todas mis compañeras de clase leyeron y quedaron fascinadas por la trama. Yo también fui lectora de Crepúsculo, del primer libro para ser más exactos, cuya lectura que me bastó para alejarme a todo lo que oliese a cursilada. Años más tarde, encontrándome ya en la universidad, comencé a leer Cubres borrascosas, la famosísima novela de Emily Brontë. Hasta la fecha fue lo más parecido a la literatura de Jane Austen que leí y la verdad, lo dejé a mitad terminar. Sí, se que es imperdonable y que muchos os estaréis echando las manos a la cabeza, pero es cierto, no pude con Cumbres borrascosas. Tal vez me pillase en un mal momento, o lo más probable, que mi rechazo a la novela romántica todavía persistiese en mi interior. Todo eso cambió cuando una servidora comenzó a interesarse por el feminismo y su teoría. Entonces, en medio de ilustres nombres asociados al estudio de la mujer apareció el de Jane Austen. Sorprendida de mi, decidí hacer una búsqueda rápida por internet y leer resúmenes de su biografía. No me cabía en la cabeza que esta autora británica, autora de libros muy importantes pero que irremediablemente me recordaban a Cumbres borrascosas, tuviese algo que ver con la causa feminista de esa época. Y si, lo cierto es que si que tenía bastante que ver, no sólo su actitud como escritora en una época donde el machismo imperaba en la sociedad, sino que incluso hay quien ve en su literatura, tras una apariencia aparentemente conservadora, la novelización del pensamiento de la gran Mary Wollstonecraft. Tras aquella enriquecedora búsqueda, la curiosidad me atrapó por completo, empujándome a lo que hace unos años me parecía imposible. Gracias a la colaboración con el Grupo Anaya, logré hacerme con un ejemplar de Orgullo y prejuicio, su novela más famosa, e iniciar la que sería mi última lectura del pasado 2016. Desde ese instante, algo cambió, no es que me haya vuelto una adicta a las novelas de la genial autora británica, pero si que ha logrado reconciliarme con un tipo de literatura a la que, y nunca mejor dicho, le había achacado demasiados prejuicios.


Centrándonos en el tema que nos ocupa, diremos que Orgullo y prejuicio no presenta una lectura fácil, para nada. Quien piense que estamos ante una novela ágil y de rápido desarrollo se equivoca estrepitosamente. Orgullo y prejuicio es tal vez una de esas novelas densas y ligeramente descriptivas que quien no esté acostumbrado a leer este tipo de libros abandone antes de hora. Desde aquí, con toda la sinceridad del mundo, os pido que le deis una oportunidad. Puede que os resulten tediosas las continuas idas y venidas de las hermanas Bennet a Netherfield, a mi algunas me lo parecieron, he de reconocerlo. Pero hay que leer entre líneas para darse cuenta de que no estamos ante una novela vacía, ni mucho menos, por eso, Orgullo y prejuicio no merece leerse con actitud de best seller, sino con una posición más abierta, sólo así se aprecia el verdadero valor que esta novela posee. Al hilo de esta recomendación al lector, debemos comentar una serie de aspectos que a simple vista no se aprecian pero que contribuyen a engrandecer este libro y que justifican que haya pasado a la historia como uno de los grandes. En primer lugar, Orgullo y prejuicio es un excelente reflejo de la sociedad inglesa de finales del XVIII principios del XIX. Nos situamos en la época de La Regencia, en un momento en el que se divisan cambios en el horizonte, donde asistimos a los primeros coletazos de la Revolución Industrial que cambiará por completo el paisaje del país y donde el imperialismo británico comienza a asomarse tras la puerta. Pero también en la que el campo se resiste a dejarse vencer por los avances tecnológicos, donde la comunidad agraria muestra su cohesión, donde la sociedad sigue a pesar del modernismo que se avecina, anclada en los valores tradicionales de la familia o el matrimonio; siempre al amparo de un poder religioso vigilante y despiadado con quien se sale de la norma. En Orgullo y prejuicio todo eso está presente, y Jane Austen lo describe de forma objetiva y subjetiva al mismo tiempo. Siendo crítica cuando toca y simplemente descriptiva en cuestiones menores. En definitiva, un equilibrio sumamente brillante que nos introduce sin quererlo en la propia personalidad de la autora. En segundo lugar, lo que más me gustó de su lectura y que en muchos casos pasa totalmente desapercibido como es el fino y magistral uso de la ironía. A lo largo de la novela encontramos pasajes interminables, escenas que se prolongan páginas y páginas, pero en medio de todas ellas, de pronto, frases contundentes que desencadenan la perplejidad y la admiración del lector. Si uno las lee sin prestar atención puede perfectamente pensar que Jane Austen era una escritora extraordinariamente conservadora, pero por el contrario, si uno se preocupa por leer con más detenimiento, comprueba como frases tan impactantes como la que inicia esta novela, en realidad, esconden una ironía abrumadora, revelando una opinión al respecto de temas tan importantes en su literatura como el matrimonio, las relaciones amorosas o la situación de la mujer. ¿Conservadora entonces? Evidentemente, es hija de su tiempo, pero al contrario de lo que se espera de una mujer de la época, se atreve a ser crítica. Capitulo a parte merecen los inolvidables personajes principales de Orgullo y prejuicio, bien definidos y diferenciados entre si, entre los que obviamente destacan Elizabeth Bennet, llena de prejuicios, y el señor Darcy, impregnado de orgullo. Finalmente, en tercer lugar, si algo evidencia esta novela ese arrojo por intentar plasmar la situación de la mujer, describiéndola, criticando algunos aspectos, ensalzando a la mujer inteligente, girando entorno al tema del matrimonio, al que no criminaliza, pero si considera que no debe ser por conveniencia y que sentimientos como el amor o la compatibilidad deben ser prioritarios. Algo que en los tiempos que corren a quedado algo desfasado, pero que en su momento, significaron todo un avance.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, he de ser clara. Tratándose de Orgullo y prejuicio podría hablar sobre eso precisamente, de la tremenda reflexión que la autora plasma sobre el significado de estas dos palabras. Tema que fácilmente podría extrapolarse a la actualidad, pues existe mucho orgullo y prejuicio en este mundo. Sin embargo, y llevada por la curiosidad, voy a llevar la reflexión por otros derroteros igual de interesantes. Cuando uno termina de leer una novela como Orgullo y prejuicio no puede evitar primero sentirse orgulloso, pues no todo el mundo logra terminar un clásico de este calibre. Pero seguidamente, es inevitable preguntarse ¿por qué Jane Austen y sus novelas siguen conquistando a los lectores? Yo misma me hice esta pregunta, y lo cierto es que no tiene fácil respuesta. La realidad está ahí, Jane Austen, a pesar de que lleva muerta 200 años, es sinónimo no de éxito editorial, sino de nuevos lectores. Cada vez son más los lectores que sucumben a sus novelas, triunfando especialmente entre el público femenino, todo hay que decirlo. Pero no sólo eso, Jane Austen ha logrado algo de lo que muy pocos autores clásicos pueden presumir, llegar al público menos académico, al publico en general. Hoy en día si te tienes que leer un clásico, y esto es verídico, antes prefieres leer algo de Jane Austen a enfrentarte al Quijote o a La Divina Comedia por ejemplo. Esta adoración a Jane Austen puede deberse posiblemente al tipo de historias que narra, en las que el amor lo impregna todo. Hay que reconocerlo, en el caso de Orgullo y prejuicio, se te pone la piel literalmente de gallina cuando lees las escenas de amor y desamor, ya no porque estén muy bien escritas, sino porque rezuman sentimiento. Y no están para nada edulcoradas ni caen en la ñoñería tan habitual en los tiempos que corren. Pero lo cierto es que, y aquí ya me tengo que poner seria, no hay que caer en la trampa que muchas de estas novelas encierran. Hay que leerlas, por supuesto, y más si te trata de Jane Austen, pero no hay que creer en el romanticismo que las embriaga. En la vida real el amor es algo más que lo que en los libros se muestra. Vale que Jane Austen criticaba ciertas conductas, pero no hay que creer como verdadero el amor que transmiten las páginas de una novela de estas características. El público desea novelas románticas, eso es evidente, y puestos a elegir, es preferible leer a autoras como Jane Austen antes que adentrarte en el best seller romántico de turno. Y si además, las lees con atención y distancia, entonces Jane Austen se convertirá en algo más que una simple escritora de novela romántica. Y ya que estamos, puestos a pedir, animaría desde aquí a los hombres a que también leyesen a Jane Austen. Eso de que su lectura se enfoque hacia el público femenino tiene que cambiar, a estas alturas no podemos seguir con esas estúpidas diferencias entre literatura para hombres y literatura para mujeres. Así no se contribuye a una mayor igualdad, sino a la continuidad en los roles de género que ya criticaba la propia Jane Austen, a su manera, desde los siglos XVIII y XIX. Orgullo y prejuicio: una historia de amor, sentimiento, familia, tradición, clases sociales, bailes, matrimonio... Una novela que esconde más de lo que aparenta.

Frases o párrafos favoritos:

"Es una verdad universalmente aceptada que un soltero con posibles ha de buscar esposa. Por muy poco que se sepa de los gustos u opiniones de tal varón, cuando se incorpora a una comunidad, esa verdad tiene tanto arraigo en la mente de las familias circuncidantes que se le considera, por derecho, propiedad de una u otra de sus hijas."

Película/Canción: han sido numerosas las adaptaciones cinematográficas o televisivas, así como las películas inspiradas en Orgullo y prejuicio, que se han estrenado con mayor o menor éxito. Entre las series destaca la de 1995, la más fuel hasta la fecha, con el actor británico Colin Firth en el papel de Darcy. En cuanto a las películas destacan las de 1940, con Larwence Olivier como protagonista, y por supuesto, la de 2005 con una inolvidable Keira Knightley en el papel protagonista. Esta última película fue nominada a cuatro Oscars y lanzó a la fama a su director Joe Wright. En cuanto a otras cintas, encontramos películas como El diario de Bridget Jones o Orgullo prejuicio y zombies, inspiradas en la trama de la exitosa novela de Jane Austen. Aquí os dejo con la última adaptación cinematográfica que sin duda, mucha gente de mi generación recordará:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial


miércoles, 22 de febrero de 2017

RESEÑA: ¿Qué me quieres amor?

¿QUÉ ME QUIERES AMOR?

Título: ¿Qué me quieres amor?

Autor: Mauel Rivas (La Coruña 1957) fue Premio de la Crítica por el libro de relatos Un millón de vacas (1990), originalmente escrito en gallego, al igual que el resto de su producción literaria. Con posteridad publicó la novela Los comedores de patatas (1992). En su obra poética destacan Balada nas parais do oeste, Mohicana y Ningún cisne. En salvaje compañía (Alfaguara 1994) confirmó su extraordinaria capacidad para la fabulación, lo que le ha llevado a convergirse en uno de los escritores mas importantes del panorama actual de las letras españolas. Escribe habitualmente en el diario El País y dirige la revista crítica Luces de Galizia. Con ¿Qué me quieres amor? obtuvo el Torrente Ballester de 1995, y aunque ésta sea su obra más importante, Rivas también es autor de El lápiz del carpintero, Los libros arden mal o Voces bajas. Recientemente ha publicado El último día de Terranova, cuyo éxito de público y crítica es unánime.


Editorial: Alfaguara.

Idioma: castellano.

Sinopsis: la incomunicación personal en un mundo saturado de información y hechizado por una nueva cacharrería, el gran misterio de las relaciones humanas, es el hilo conductor de ¿Qué me quieres amor?, con el que Manuel Rivas obtuvo el Premio de Narrativa Torrente Ballester. Son relatos duros, algunos de una dureza extrema, encaramados al dolor y a la soledad, pero donde emergen la ternura y el humor como los mejores amuletos y reductos de la humanidad.

Su lectura me ha parecido: intensa, poderosa, sorprendente, dolorosa, sencilla, sensible, importante, grandiosa en su concepción, humilde a pesar de todo...Queridos lectores y lectoras, hoy, como lleva siendo costumbre desde hace cuatro años, me propongo presentaros la crítica de un libro con la mayor sencillez y profesionalidad posible. Sin embargo, en esta ocasión me veo en la obligación de hablar de cine. Si, de cine, ese séptimo arte que todos adoramos y que en los tiempos que corren es más necesario que nunca. Pero no voy a hablaros del cine en general, sino del cine que se hace en un país llamado España. Allí ocurre una cosa muy curiosa, pues, posee una industria llena de talento: guionistas, actores, actrices, fotógrafos, compositores, productores, directores, maquilladores, diseñadores de vestuario, expertos en montaje, en sonido, en efectos especiales, en asesoramiento histórico...Un talento que se refleja en muchas películas que salen a la luz a lo largo del año, pero que sin embargo, son muy pocos los que saben apreciarlo. He conocido, sobretodo durante mi etapa universitaria y actoral a mucha gente que no es que no le guste, sino que odia el cine español. La razón: "que si hay muchas escenas de sexo", "que si dicen muchos tacos", "que si las historias son absurdas"...En fin, para gustos los colores, eso esta claro. No obstante, hay que aprender a valorar lo que tenemos aquí, pero sobretodo, que una película española puede contar historias impresionantes que igualan a las que se puedan estar rodando en Estados Unidos por ejemplo, y que por supuesto, no merecen ese descredito que parece generalizarse a medida que pasan los años. Sin ir más lejos, una de las historias mas potentes, estremecedoras, tiernas y lacrimógenas que ha dado el celuloide español en los últimos años tomó como base uno de los relatos recopilados en el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Hay que amar al séptimo arte despojándonos de estereotipos, y saber, que la literatura, ha servido de inspiración para películas, algunas de ellas ya convertidas en clásicos universales. ¿Qué me quieres amor?: corazón, delicadeza, sencillez y crudeza reunidos en 16 relatos cortos.


La historia de como ¿Qué me quieres amor? llegó a mis manos y a mi vida tiene mucho que ver con la magia del cine. A muchos, sobretodo a los de generación, nos ha tocado ver en clase una película relacionada con algún apartado del temario de asignaturas como Historia, Lengua Castellana, Inglés o Filosofía entre otras. Una servidora, sin ir más lejos, se ha chupado en horas de clase cintas como Tiempos modernos, La Ola, Te doy mis ojos, La casa de Bernarda Alba, una película de los Hermanos Marx, muchísimas en versión original para aprender la lengua anglosajona y por supuesto, La lista de Schindler. Sin embargo, hay que ser sinceros, esas que he nombrado, son las más comunes, y que todos habremos visto entre las cuarto paredes del aula, el caso de La lista de Schindler es todo un clásico en este sentido. Pasado el tiempo y a medida que una se va culturalizando en el mundo del cine, se da cuenta que películas que ilustrarían alguna enseñanza adquirida en clase pasan totalmente desapercibidas. Este es por supuesto, el caso de La lengua de las mariposas, esa cinta española que todos hemos visto alguna vez en la televisión de pasada o inserta en algún monográfico sobre la II República o sobre los maestros de la II República. Puede que no sea la película más importante del género, pero, lo que si que posee es un claro mensaje nostálgico, de como la educación por aquellos tiempos distaba de la que tenemos hoy en día y de como los maestros de ese tiempo empleaban las técnicas de la Institución Libre de Enseñanza, obteniendo una educación más práctica y en permanente contacto con el conocimiento, que en ocasiones podía tocarse con los dedos. Y también, todo hay que decirlo, como todo ese logro y dedicación desapareció de un plumazo tras la Guerra Civil Española. En mi caso, vi La lengua de las mariposas hace unos cuantos años con gran interés, admiré todavía más el trabajo actoral de Fernando Fernán Gómez, cogí cariño a Moncho, casi lloré con ese trágico final y me pregunté por qué razón no se veían películas sobre la II República o la Guerra Civil en clase para que los alumnos la comprendieran mejor. Años más tarde entendí el absurdo por qué, es mejor y más conveniente conocer más a fondo el nazismo que nuestra propia historia. En cuanto a ¿Qué me quieres amor? apareció ante mi en uno de aquellos mercadillos de libros que desde hace un tiempo organiza la biblioteca de mi barrio. La portada, en la que aparecía La lechera de Vermeer, ya me cautivó de por si. Sin embargo, lo que no me esperaba era encontrarme La lengua de las mariposas en forma de relato. Eso sin duda, fue lo que en última instancia me empujó a adquirirlo y leerlo posteriormente. El resultado: un imprescindible en toda regla.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, debemos decir en primer lugar que ¿Qué me quieres amor? presenta una lectura ágil, dinámica y que, lo mejor de todo, deja espacio para la reflexión. Es muy curioso pues, cuando uno se topa con relatos de este estilo, que no son excesivamente largos, uno tiende a pensar que no va a encontrar ese margen de meditación. Sin embargo, y contra todo prejuicio, Manuel Rivas, con su especial habilidad para contar historias, logra, aunque la palabra más adecuada sería "obliga", al lector a detenerse ante lo que acaba de leer hace escasos minutos. Seguidamente, apreciamos como este volumen de relatos no responden a un orden determinado, ni por cronología o por aspectos más relacionados con la autobiografía del propio autor, no, el hilo conductor más bien se encuentra en la temática de los propios textos. Es la incomunicación, el misterio de las relaciones humanas, y muy especialmente, el humor y la ternura como reductos para combatir la soledad lo que de alguna manera engarza todos estos relatos cortos con precisión milimétrica, hasta el punto de que el lector tiene la sensación de estar ante un libro no sólo reflexivo, sino también de gran contenido social. Por otro lado, ¿Qué me quieres amor? está plagado de referencias al amor en todas sus vertientes y desde distintas épocas sociales, lo cual hace de este libro una lectura más interesante. Desde el amor adolescente, pasando por el amor a la naturaleza y finalizando por el amor a los ideales. Y afortunadamente, no se hace desde lo empalagoso, sino desde una mirada más contemporánea, más actual y más directa. Relacionado con ello, creo que es importante destacar que en ¿Qué me quieres amor? Manuel Rivas consigue tocar la fibra sensible del lector y en ocasiones ir incluso más allá, llegando a tocar con las palabras las vísceras de quienes leen cada uno de los relatos, unos con más intensidad que otros, pero que en resumidas cuentas, es necesario comentarlo. En este sentido, La lengua de las mariposas, puede que sea el relato que más se aproxima a esa sensación, a esa impresión de que algo ha cambiado en tu interior, capaz de remover las tripas y las conciencias de los lectores más impasibles. Por destacar otros relatos, me han gustado especialmente también los de Un saxo en la niebla o el de La lechera de Vermeer, en los que se ensalza el arte como vía de comprensión, de comunicación y de reconciliación entre las personas. Simplemente fascinantes. Para acabar, sólo apuntar que en ¿Qué me quieres amor? se empapa de una clara influencia proveniente de la cultura popular gallega. Si leemos un poco la biografía de Manuel Rivas y su propia producción literaria, apreciamos como las raíces y el lugar de nacimiento inspiran gran parte de su obra, algo que puede resultar para unos reduccionista, pero para otros una forma de homenajear o de lograr un estilo muy personal.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, he de confesaros que hasta hace unos días no sabía exactamente qué plasmar en este ya habitual cuarto párrafo. Son tantos los temas que aparecen en ¿Qué me quieres amor? que una servidora se vio un poco desbordada al respecto. Todo eso cambió hace unos días, cuando asistí a la primera clase de un curso de escritura creativa organizado por la universidad al que me he apuntado. En aquella primera clase, la profesora nos introdujo un poco en la historia del relato corto, en sus máximos exponentes y en las distintas formas de redacción y estilo. De aquella primera sesión extraje dos cosas importantes. La primera, que el relato corto es tal vez una de las cosas más difíciles de escribir y la segunda, la poca fama que ha tenido a lo largo del tiempo. Existen muchos escritores, muchos, algunos de ellos han pasado a la historia y serán para siempre recordados por sus novelas largas. Pero muy pocos saben que muchos de los escritores que hoy se sitúan en el olimpo de las letras fueron en su inicio escritores de cuentos y relatos cortos. Conrad, Fraubert, Melville, Cortázar...La lista es enorme. Sólo unos pocos, entre los que podemos encontrar a Poe, Borges o Kafka han pasado a la posteridad por su amplia producción de relatos cortos o novelas cortas. Dejando de lado los nombres y las celebridades literarias, para centrarnos en la reflexión que nos ocupa, sólo diré que basta con adentrarse en la lectura de un relato corto para poder comprobar la precisión y el estilo de un autor en cuestión. Creo que en ellos es donde de verdad el lector comprueba en primera persona el talento literario y los temas principales que el autor va a usar con más asiduidad. El relato corto es un texto construido al milímetro, con precisión, poniendo más atención tal vez tanto en la forma como en el contenido. Con esto no estoy quitando méritos a la novela, cuya elaboración es igual de compleja, sólo pretendo destacar y dar visibilidad a otras formas de hacer literatura que a veces pasan completamente desapercibidas. Hay que reivindicar el relato corto, ya sea a través de críticas literarias, de tertulias, de debates, de cursos especializados...Pero sobretodo leyéndolos, esa es la mejor forma de revitalizarlos y de que nunca desaparezcan del panorama literario, y ya de paso, de nuestras vidas. ¿Qué me quieres amor?: un compendio de historias de amor, tragedia, humor, ternura, inocencia, soledad, giros inesperados...Un canto a nosotros mismos desde el talento de uno de los escritores españoles más originales.

Párrafos o frases favoritas:

"Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en medio de la Alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: "¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!"".

Película/Canción: de todos es conocida la adaptación que en el año 1999 dirigió José Luis Cuerda. Compuesta por tres de los relatos que aparecen en ¿Qué me quieres amor? y con las brillantes interpretaciones de Fernando Fernán Gómez, Willy Toledo y el jovencísimo Manuel Lozano que logran ponerte la piel de gallina con discursos tan memorables como el que abajo os adjunto. Simplemente admirable:


¡Un saludo y a seguir leyendo!
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