Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

miércoles, 22 de febrero de 2017

RESEÑA: ¿Qué me quieres amor?

¿QUÉ ME QUIERES AMOR?

Título: ¿Qué me quieres amor?

Autor: Mauel Rivas (La Coruña 1957) fue Premio de la Crítica por el libro de relatos Un millón de vacas (1990), originalmente escrito en gallego, al igual que el resto de su producción literaria. Con posteridad publicó la novela Los comedores de patatas (1992). En su obra poética destacan Balada nas parais do oeste, Mohicana y Ningún cisne. En salvaje compañía (Alfaguara 1994) confirmó su extraordinaria capacidad para la fabulación, lo que le ha llevado a convergirse en uno de los escritores mas importantes del panorama actual de las letras españolas. Escribe habitualmente en el diario El País y dirige la revista crítica Luces de Galizia. Con ¿Qué me quieres amor? obtuvo el Torrente Ballester de 1995, y aunque ésta sea su obra más importante, Rivas también es autor de El lápiz del carpintero, Los libros arden mal o Voces bajas. Recientemente ha publicado El último día de Terranova, cuyo éxito de público y crítica es unánime.


Editorial: Alfaguara.

Idioma: castellano.

Sinopsis: la incomunicación personal en un mundo saturado de información y hechizado por una nueva cacharrería, el gran misterio de las relaciones humanas, es el hilo conductor de ¿Qué me quieres amor?, con el que Manuel Rivas obtuvo el Premio de Narrativa Torrente Ballester. Son relatos duros, algunos de una dureza extrema, encaramados al dolor y a la soledad, pero donde emergen la ternura y el humor como los mejores amuletos y reductos de la humanidad.

Su lectura me ha parecido: intensa, poderosa, sorprendente, dolorosa, sencilla, sensible, importante, grandiosa en su concepción, humilde a pesar de todo...Queridos lectores y lectoras, hoy, como lleva siendo costumbre desde hace cuatro años, me propongo presentaros la crítica de un libro con la mayor sencillez y profesionalidad posible. Sin embargo, en esta ocasión me veo en la obligación de hablar de cine. Si, de cine, ese séptimo arte que todos adoramos y que en los tiempos que corren es más necesario que nunca. Pero no voy a hablaros del cine en general, sino del cine que se hace en un país llamado España. Allí ocurre una cosa muy curiosa, pues, posee una industria llena de talento: guionistas, actores, actrices, fotógrafos, compositores, productores, directores, maquilladores, diseñadores de vestuario, expertos en montaje, en sonido, en efectos especiales, en asesoramiento histórico...Un talento que se refleja en muchas películas que salen a la luz a lo largo del año, pero que sin embargo, son muy pocos los que saben apreciarlo. He conocido, sobretodo durante mi etapa universitaria y actoral a mucha gente que no es que no le guste, sino que odia el cine español. La razón: "que si hay muchas escenas de sexo", "que si dicen muchos tacos", "que si las historias son absurdas"...En fin, para gustos los colores, eso esta claro. No obstante, hay que aprender a valorar lo que tenemos aquí, pero sobretodo, que una película española puede contar historias impresionantes que igualan a las que se puedan estar rodando en Estados Unidos por ejemplo, y que por supuesto, no merecen ese descredito que parece generalizarse a medida que pasan los años. Sin ir más lejos, una de las historias mas potentes, estremecedoras, tiernas y lacrimógenas que ha dado el celuloide español en los últimos años tomó como base uno de los relatos recopilados en el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Hay que amar al séptimo arte despojándonos de estereotipos, y saber, que la literatura, ha servido de inspiración para películas, algunas de ellas ya convertidas en clásicos universales. ¿Qué me quieres amor?: corazón, delicadeza, sencillez y crudeza reunidos en 16 relatos cortos.


La historia de como ¿Qué me quieres amor? llegó a mis manos y a mi vida tiene mucho que ver con la magia del cine. A muchos, sobretodo a los de generación, nos ha tocado ver en clase una película relacionada con algún apartado del temario de asignaturas como Historia, Lengua Castellana, Inglés o Filosofía entre otras. Una servidora, sin ir más lejos, se ha chupado en horas de clase cintas como Tiempos modernos, La Ola, Te doy mis ojos, La casa de Bernarda Alba, una película de los Hermanos Marx, muchísimas en versión original para aprender la lengua anglosajona y por supuesto, La lista de Schindler. Sin embargo, hay que ser sinceros, esas que he nombrado, son las más comunes, y que todos habremos visto entre las cuarto paredes del aula, el caso de La lista de Schindler es todo un clásico en este sentido. Pasado el tiempo y a medida que una se va culturalizando en el mundo del cine, se da cuenta que películas que ilustrarían alguna enseñanza adquirida en clase pasan totalmente desapercibidas. Este es por supuesto, el caso de La lengua de las mariposas, esa cinta española que todos hemos visto alguna vez en la televisión de pasada o inserta en algún monográfico sobre la II República o sobre los maestros de la II República. Puede que no sea la película más importante del género, pero, lo que si que posee es un claro mensaje nostálgico, de como la educación por aquellos tiempos distaba de la que tenemos hoy en día y de como los maestros de ese tiempo empleaban las técnicas de la Institución Libre de Enseñanza, obteniendo una educación más práctica y en permanente contacto con el conocimiento, que en ocasiones podía tocarse con los dedos. Y también, todo hay que decirlo, como todo ese logro y dedicación desapareció de un plumazo tras la Guerra Civil Española. En mi caso, vi La lengua de las mariposas hace unos cuantos años con gran interés, admiré todavía más el trabajo actoral de Fernando Fernán Gómez, cogí cariño a Moncho, casi lloré con ese trágico final y me pregunté por qué razón no se veían películas sobre la II República o la Guerra Civil en clase para que los alumnos la comprendieran mejor. Años más tarde entendí el absurdo por qué, es mejor y más conveniente conocer más a fondo el nazismo que nuestra propia historia. En cuanto a ¿Qué me quieres amor? apareció ante mi en uno de aquellos mercadillos de libros que desde hace un tiempo organiza la biblioteca de mi barrio. La portada, en la que aparecía La lechera de Vermeer, ya me cautivó de por si. Sin embargo, lo que no me esperaba era encontrarme La lengua de las mariposas en forma de relato. Eso sin duda, fue lo que en última instancia me empujó a adquirirlo y leerlo posteriormente. El resultado: un imprescindible en toda regla.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, debemos decir en primer lugar que ¿Qué me quieres amor? presenta una lectura ágil, dinámica y que, lo mejor de todo, deja espacio para la reflexión. Es muy curioso pues, cuando uno se topa con relatos de este estilo, que no son excesivamente largos, uno tiende a pensar que no va a encontrar ese margen de meditación. Sin embargo, y contra todo prejuicio, Manuel Rivas, con su especial habilidad para contar historias, logra, aunque la palabra más adecuada sería "obliga", al lector a detenerse ante lo que acaba de leer hace escasos minutos. Seguidamente, apreciamos como este volumen de relatos no responden a un orden determinado, ni por cronología o por aspectos más relacionados con la autobiografía del propio autor, no, el hilo conductor más bien se encuentra en la temática de los propios textos. Es la incomunicación, el misterio de las relaciones humanas, y muy especialmente, el humor y la ternura como reductos para combatir la soledad lo que de alguna manera engarza todos estos relatos cortos con precisión milimétrica, hasta el punto de que el lector tiene la sensación de estar ante un libro no sólo reflexivo, sino también de gran contenido social. Por otro lado, ¿Qué me quieres amor? está plagado de referencias al amor en todas sus vertientes y desde distintas épocas sociales, lo cual hace de este libro una lectura más interesante. Desde el amor adolescente, pasando por el amor a la naturaleza y finalizando por el amor a los ideales. Y afortunadamente, no se hace desde lo empalagoso, sino desde una mirada más contemporánea, más actual y más directa. Relacionado con ello, creo que es importante destacar que en ¿Qué me quieres amor? Manuel Rivas consigue tocar la fibra sensible del lector y en ocasiones ir incluso más allá, llegando a tocar con las palabras las vísceras de quienes leen cada uno de los relatos, unos con más intensidad que otros, pero que en resumidas cuentas, es necesario comentarlo. En este sentido, La lengua de las mariposas, puede que sea el relato que más se aproxima a esa sensación, a esa impresión de que algo ha cambiado en tu interior, capaz de remover las tripas y las conciencias de los lectores más impasibles. Por destacar otros relatos, me han gustado especialmente también los de Un saxo en la niebla o el de La lechera de Vermeer, en los que se ensalza el arte como vía de comprensión, de comunicación y de reconciliación entre las personas. Simplemente fascinantes. Para acabar, sólo apuntar que en ¿Qué me quieres amor? se empapa de una clara influencia proveniente de la cultura popular gallega. Si leemos un poco la biografía de Manuel Rivas y su propia producción literaria, apreciamos como las raíces y el lugar de nacimiento inspiran gran parte de su obra, algo que puede resultar para unos reduccionista, pero para otros una forma de homenajear o de lograr un estilo muy personal.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, he de confesaros que hasta hace unos días no sabía exactamente qué plasmar en este ya habitual cuarto párrafo. Son tantos los temas que aparecen en ¿Qué me quieres amor? que una servidora se vio un poco desbordada al respecto. Todo eso cambió hace unos días, cuando asistí a la primera clase de un curso de escritura creativa organizado por la universidad al que me he apuntado. En aquella primera clase, la profesora nos introdujo un poco en la historia del relato corto, en sus máximos exponentes y en las distintas formas de redacción y estilo. De aquella primera sesión extraje dos cosas importantes. La primera, que el relato corto es tal vez una de las cosas más difíciles de escribir y la segunda, la poca fama que ha tenido a lo largo del tiempo. Existen muchos escritores, muchos, algunos de ellos han pasado a la historia y serán para siempre recordados por sus novelas largas. Pero muy pocos saben que muchos de los escritores que hoy se sitúan en el olimpo de las letras fueron en su inicio escritores de cuentos y relatos cortos. Conrad, Fraubert, Melville, Cortázar...La lista es enorme. Sólo unos pocos, entre los que podemos encontrar a Poe, Borges o Kafka han pasado a la posteridad por su amplia producción de relatos cortos o novelas cortas. Dejando de lado los nombres y las celebridades literarias, para centrarnos en la reflexión que nos ocupa, sólo diré que basta con adentrarse en la lectura de un relato corto para poder comprobar la precisión y el estilo de un autor en cuestión. Creo que en ellos es donde de verdad el lector comprueba en primera persona el talento literario y los temas principales que el autor va a usar con más asiduidad. El relato corto es un texto construido al milímetro, con precisión, poniendo más atención tal vez tanto en la forma como en el contenido. Con esto no estoy quitando méritos a la novela, cuya elaboración es igual de compleja, sólo pretendo destacar y dar visibilidad a otras formas de hacer literatura que a veces pasan completamente desapercibidas. Hay que reivindicar el relato corto, ya sea a través de críticas literarias, de tertulias, de debates, de cursos especializados...Pero sobretodo leyéndolos, esa es la mejor forma de revitalizarlos y de que nunca desaparezcan del panorama literario, y ya de paso, de nuestras vidas. ¿Qué me quieres amor?: un compendio de historias de amor, tragedia, humor, ternura, inocencia, soledad, giros inesperados...Un canto a nosotros mismos desde el talento de uno de los escritores españoles más originales.

Párrafos o frases favoritas:

"Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en medio de la Alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: "¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!"".

Película/Canción: de todos es conocida la adaptación que en el año 1999 dirigió José Luis Cuerda. Compuesta por tres de los relatos que aparecen en ¿Qué me quieres amor? y con las brillantes interpretaciones de Fernando Fernán Gómez, Willy Toledo y el jovencísimo Manuel Lozano que logran ponerte la piel de gallina con discursos tan memorables como el que abajo os adjunto. Simplemente admirable:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

lunes, 6 de febrero de 2017

RESEÑA: La Venus de las pieles.

LA VENUS DE LAS PIELES

Título: La Venus de las pieles.

Autor: Leopold von Sacher-Masoch (Ucrania 1836 - Alemania 1895) nació en una familia de la alta aristocracia, por lo que gozó de una educación privilegiada. Estudió Historia y Matemáticas en la ciudad austríaca de Gratz y tras doctorarse en Historia ejerció como profesor en su ciudad natal, para posteriormente, dedicarse al periodismo y a la escritura. Fue muy polémico en su época por mostrar en sus escritos prácticas sexuales de sometimiento que vincularon para la posteridad su nombre al término "masoquismo". Además de La Venus de las pieles, su obra más famosa, es autor de Agua de juventud, La pescadora de almas o La mujer divorciada entre otras.

Editorial: Sexto Piso. 

Idioma: alemán.

Traductor: Elisa Martínez Salazar.

Sinopsis: la novela narra la relación entre Severin y Wanda, y como aquel, en busca de una rara y esquiva "supersensualidad", consigue convencer a su amada para que lo trate como un esclavo. Severin, entre la devoción y la penitencia, entre lo sacro y lo blasfemo, recorrerá de rodillas todos los trechos de este vía crucis del Eros. El servilismo, la crueldad y el fetichismo no serán sino los hitos que irán marcando su camino hacia una nueva voluptuosidad.

Su lectura me ha parecido: sensual, introspectiva, descriptiva, progresiva, reflexiva, libre, condensada, sugerente, un clásico...Queridos lectores y lectoras, hay nombres que quedan para siempre asociados a sus logros más importantes. Cristóbal Colón con el descubrimiento de América, Gutemberg con la invención de la imprenta o Florence Nightingale por la creación del primer modelo conceptual de enfermería. Otros, no tuvieron la misma suerte, y su nombre y apellidos forman parte de una lista negra donde se inscriben los acontecimientos más terribles. Este es el caso de Maria Antonieta y la Revolución Francesa, Adolf Hilter y el Nazismo o Francisco Franco y la Guerra Civil Española. Algunos, por otro lado, ven incluidas sus credenciales dentro de movimientos artísticos, incluso son considerados insignes representantes de ellos. Ejemplos hay de sobra, desde Zola y el Naturalismo hasta Picasso y el Cubismo. Incluso hay quien, y no son muchos los afortunados, que con el paso del tiempo, su propio nombre se ha usado para referirse a su mayor aportación a la sociedad. Louis Pasteur y "pasteurización" es el primero que se nos viene a la cabeza, pero existen muchos más, cuyos nombres u apellidos aparecen reflejados por citar un simple ejemplo, en la famosa tabla periódica que todos, alguna vez en nuestra vida, nos hemos tenido que aprender. Por último, y en relación al tema que nos ocupa, existen una serie de personajes no tan conocidos por desgracia, que han pasado a la historia gracias a un tipo de literatura muy concreto y con unas características muy específicas, y que además, han dejado su impronta morfológica en términos todavía tabú en muchas sociedades. El más famoso es sin duda alguna el Marqués de Sade, dando lugar al término "sadismo" gracias a su amplia producción literaria. Pero también, en el siglo XIX, existió un escritor muy particular, lleno de influencias y cuyo aristocrático apellido dio lugar a otra palabra muy estrechamente relacionada con la anterior. Su nombre, Leopold von Sacher-Masoch aparentemente no nos dice nada, sin embargo, cuando uno se adentra en su novela más famosa, uno entiende entonces por qué Masoch acabó dando lugar a "masoquismo". La Venus de las pieles: un tapiz de sensaciones, tejido por los placeres más oscuros y recónditos.


Aunque La Venus de las pieles llegó a mis manos gracias a una colaboración editorial, lo cierto es que ésta historia arranca desde el más absoluto de los desconocimientos. Jamás había escuchado hablar de esta novela, es más, ignoraba por completo su existencia. A este echo se le añadía una cuestión puramente personal, y es que el género erótico nunca ha sido uno de mis predilectos en cuanto a lecturas. He de reconocer que me inicié bastante tarde en él, en concreto cuando el mundo se vio sacudido por el fenómeno E.L James y sus Cincuenta sombras de Grey. Fueron unos años en los que literariamente no se hablaba de otra cosa y en los que las grandes editoriales de turno comenzaron a publicar novela erótica como si no hubiera un mañana. Si antes los vampiros habían sido los reyes indiscutibles del panorama editorial, ahora las más lujuriosas perversiones acaparaban todos los focos mediáticos. Una servidora, antes de que aconteciese todo ese tsunami mediático, lo más explícito que había leído hasta la fecha fueron algunas escenas de sexo que pude encontrar en algunos de los libros de Ken Follett, escenas que a pesar de su ligero grafismo, pasaban bastante desapercibidas entre las miles de páginas de género histórico que atesoraban sus novelas. Movida por la curiosidad, me leí la primera entrega de la trilogía de E.L James, sin embargo, aquello me defraudó tanto que durante mucho tiempo mostré mis reticencias con respecto a este género. Todo eso cambió cuando, y casi sin creérmelo, acabé leyendo dos títulos que cambiaron mi perspectiva sobre este tipo de literatura. El primero fue Historia O, cuya historia me sorprendió por su veracidad y agilidad narrativa, y el segundo, por supuesto, se trató de los Cuentos Eróticos del Divino Marqués. Este último en concreto me gustó de tal manera que fue, sin duda alguna, el que me encaminó hacia la lectura de una literatura erótica de calidad, sin edulcorantes, sin extraños recursos, simplemente con una calidad buena, y en algunos casos sobresaliente. Es en esta reconciliación con esa parte género donde descubro y me intereso por La Venus de las pieles, un texto que me llega, en esta ocasión, en forma de sugerente novela ilustrada y que acabó en uno de los estantes de mi librería particular con un sabor relativamente agridulce y satisfactorio a partes iguales.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La Venus de las pieles presenta una lectura descriptiva, no en exceso, pero que sin duda puede resultar a ratos densa y pesada. Quienes no estén habituados a la lectura de la literatura erótica más clásica, este libro les parecerá muy pesado, incluso es posible que algunos lo abandonéis antes de hora. Con forme avanzamos en su lectura observamos como, a pesar de proceder de una tradición literaria no muy lejana, Masoch deja espacio a la reflexión, una reflexión que parte no sólo desde la propia acción y de los personajes principales, también, desde un diálogo fluido que parece establecerse entre el lector y el autor, tan personal e íntima que en ocasiones puedas incluso sentir su aliento y la fuerza de su narración golpeándote por dentro. Es una sensación interesante, muy explotada, pero reseñable. Seguidamente, en La Venus de las pieles asistimos a una historia de perversión y de dominación de la mujer sobre el hombre en el plano puramente sexual. La mujer, Wanda, se convierte en la dueña, y el hombre, Severin, en el esclavo. Y como suele pasar, en esta novela nada es casual, ni mucho menos. Según diferentes estudios, Wanda procede de diferentes tradiciones lingüísticas que sitúan el nombre como significado de "insigne" o de "maravillosa", mientras que con Severin no hay que ser muy listo para no darse cuenta de las similitudes con la palabra "sirviente", "servicio" o "servil", lo que justifica en cierto modo la intención y a profundidad que Masoch quiso darle a La Venus de las pieles. Por otro lado, hay que aclarar que la situación, la trama, las características de los personajes, los diálogos e incluso la narración de Severin en primera persona que parece atender a dos conversaciones, la de Wanda y la del lector que es testigo de estas escenas, no son originales. Ya lo desarrolló en el pasado el Marqués de Sade, maestro del género y padre de muchos autores posteriores, entre los que Masoch podría incluirse perfectamente. Pero si algo diferencia al maestro del aprendiz es que el primero, impregnó de crítica social cada uno de sus escritos, el segundo, obvió en parte la crítica, dejándose llevar más por las pasiones y por la introspección en este tipo de relaciones. He ahí la originalidad, pero también, una oportunidad perdida que por ejemplo si que aprovechó Flaubert con Madame Bovary, y sin necesidad de acercarse al género erótico. Cambiando de tema y en relación con su posible interpretación, he leído por algún sitio que La Venus de las pieles rezuma de feminismo al presentar a la mujer como dominadora. Y si, es cierto, se puede extraer un punto reivindicativo, no mucho, pero una pizca si. Un ejemplo sería ese parlamento final del libro en el que se habla de igualdad entre hombres y mujeres, y de como estas lo lograrían a través del trabajo y la formación. Más que feminismo por la simple dominación de la mujer sobre el hombre, pienso que es más por las perlas ligeramente reivindicativas que puedes ir encontrando a lo largo de su lectura.  Por último, destacar el gran trabajo de edición, que en esta ocasión iba complementada con ilustraciones extravagantes, explícitas y originales al mismo tiempo, capaces de trasladarnos al mismísimo mural del placer y de los sentidos.


Finalizando la redacción de esta reseña con la tradicional y siempre necesaria reflexión personal, en esta ocasión, he dado luz verde a mi curiosidad siempre latente. Aprovechando que llevamos ya una serie de novelas eróticas reseñadas en este espacio de crítica y opinión, no he podido evitar formularme una pregunta que de seguro, todo lector se ha hecho en algún momento, y si no, debería. ¿Por qué leemos literatura erótica? ¿Por qué desde que aparecieron los primeros adscritos a este género el amante de la lectura ha acabado sucumbiendo de vez en cuando a historias donde el sexo es el principal tema? En mi más humilde opinión, existen dos posibilidades. La primera de ellas tiene que ver con la libertad, la cual poco a poco se ha ido extendiendo a todos los ámbitos de la sociedad, pero no en todos los países y de forma bastante desigual. En el caso de occidente, durante largos periodos históricos hemos vivido en la más absoluta de las ignorancias con respecto a algunos temas tan importantes como el de las relaciones sexuales, tema que a pesar de la extensión de la libertad, todavía sigue siendo un tabú en muchos lugares del mundo. Cuando apareció la primera literatura erótica sólo la leían los que tenían cultura y posibles, pero a escondidas siempre, pues no era un tema que despertase muchas simpatías en algunos sectores como el religioso o el político por citar algunos. A medida que fue pasando el tiempo, y en cuanto la libertad se hubo asentado en nuestras sociedades, la proliferación de este tipo de literatura y el interés por parte de los lectores fueron en aumento. Y cuando se metió la globalización y el capitalismo de por medio, la literatura erótica vivió su edad dorada en ventas pero oscura en calidad. La libertad, en resumen, permitió un acceso mayor a este tipo de libros, el cual, se ha ido incrementando con el paso del tiempo. En segundo lugar, la otra posibilidad tiene más que ver con el morbo. Si, el morbo, esa sensación que todos y todas hemos experimentado más de una vez y que, contrariamente a lo que se cree, produce después un pequeño sentimiento de culpa en algunas personas. El morbo está en nuestro día a día, en la televisión, en los periódicos, en las pequeñas historias cotidianas o en nuestras propias fantasías. Y como no, en la literatura también, y más concretamente, en las del género policíaco, biográfico o erótico. El ser humano siente la necesidad de satisfacer esa inquietud que a veces produce lo escabroso, las tragedias ajenas o los secretos ocultos con la lectura de novelas que los exploren con menor o mayor exactitud. Por estos dos factores creo sinceramente que leemos novela erótica en este caso, por reivindicar nuestra libertad tan duramente peleada y que hoy en día vuelve a cuestionarse, y también, por una atracción a veces inesperada hacia lo más oscuro de la condición humana. Todos somos personas, si, pero nos gustaría en ocasiones conocer qué hay detrás, en el ámbito privado: servidumbre, masoquismo, sadismo, fetichismo o tal vez nuestra Venus particular. La Venus de las pieles: una historia de supeditación, dominación, perversión, juegos, embustes, decepciones, pasión...Una novela que atraerá hasta el más puro de los lectores hacia las entrañas del placer.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien se deja azotar, merece que lo azoten."

Película/Canción: La Venus de las pieles ha servido de inspiración para la composición de canciones, operas y como base para alguna adaptación teatral. En el ámbito cinematográfico, encontramos una adaptación del año 2013, dirigida por el polémico director Roman Polansky y que pasó con buena nota por el Festival de Cannes:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Sexto Piso


miércoles, 1 de febrero de 2017

CUARTO ANIVERSARIO: Cuatro años de reseñas juntos

CUATRO AÑOS DE RESEÑAS JUNTOS

¡Buenos días lectores/as! Un año más, celebramos que Jimena de la Almena, este espacio de crítica, debate y opinión cumple cuatro años en activo, cuatro años superando metas, cuatro años reseñando juntos. Este ha sido sin duda un año de récord, nada menos que 60 reseñas, una cifra que ni en sueños pensaba alcanzar. Este gran incremento es debido, en parte, al aumento de las colaboraciones editoriales, a las que quiero dar desde aquí las gracias. Para mi es un privilegio poder acercarme a vuestras propuestas y mostrar mi opinión, es más, algunos de vuestros libros han pasado a engrosar mi lista de imprescindibles. Este ha sido el año de reseñas de libros tan dispares entre si como Un lugar llamado libertad, Cuentos de Navidad, La casa en los confines de la Tierra, La chica Danesa, Cuentos Eróticos, Manual para mujeres de la limpieza o Voces de Chernóbil entre otras. Al mismo tiempo, algunas reseñas históricas de este espacio han logrado colarse en el listado de las más leídas desde que este espacio comenzó su andadura, este es el caso de Del amor y otros demonios y Las edades de Lulú. Seguimos entrevistando a compañeros de la blogsfera, algo que está teniendo mucho éxito entre los seguidores, y continuamos lanzando preguntas de debate en la ya conocida sección El Rincón del Lector. Como novedad, y a la vez necesidad, desde Jimena de la Almena queremos reconocer y visibilizar el papel de la mujer como escritora, como parte de la historia y también como personaje dentro de la literatura. Por ello, este año dedicaremos gran parte de este espacio a reseñar libros escritos por mujeres o protagonizados por mujeres, libros que en su mayoría han caído en el olvido y que es de justicia recuperarlos. En relación con ello, y en colaboración con Alianza Editorial, reseñaremos durante este año los libros más conocidos de la escritora inglesa Jane Austen, aprovechando que se conmemora el 200 aniversario de su fallecimiento y de que fue una de las escritoras más importantes de todos los tiempos. Así mismo, y en relación con otro aniversario, tendremos un hueco para hablar de la Revolución Rusa, de la cual se cumplen 100 años, a través de reseñas de libros que aborden la temática. Estas son algunas de las propuestas que iremos realizando a lo largo del año, siempre desde la máxima profesionalidad y humildad. Finalmente, me gustaría dar las gracias a todos los lectores que, siendo seguidores o no, se pasan por este espacio. Sin vosotros, es imposible que blogs como éste puedan seguir creciendo. Antes de despedirme de todos vosotros hasta la próxima semana, me gustaría recordar todas las reseñas redactadas durante este cuarto año en activo, las cuales, podéis ver a continuación:









¡Un saludo, a seguir leyendo y gracias por estar ahí!

viernes, 27 de enero de 2017

RESEÑA: Departamento de especulaciones.

DEPARTAMENTO DE ESPECULACIONES

Título: Departamento de especulaciones.

Autor: Jenny Offill (1968) es autora de dos novelas, Last Things (1999) y Departamento de especulaciones (2014), finalista del premio Pen Faulkner y del premio Folio y que fue aplaudida como uno de los libros del año por publicaciones como The New Yorker, The New York Times o The Boston Globe. Es profesora de escritura en el Brooklyn College, la universidad de Queens y la universidad de Columbia.


Editorial: Libros del Asteroide.

Idioma: inglés.

Traductor: Eduardo Jordá.

Sinopsis: cuando se conocieron eran jóvenes y estaban llenos de esperanza. Aunque ambos vivían en Nueva York, solían enviarse cartas en las que imaginaban como sería su futuro. El remitente era siempre el mismo: "Departamento de especulaciones". Se casaron, tuvieron un hijo y sortearon como pudieron los obstáculos de la vida familiar. Pero imperceptiblemente algo ha ido cambiando. Han aparecido miedos y dudas que ponen en cuestión todo cuando tienen. En un intento de encontrar el punto en el que se equivocaron de rumbo, la esposa echa la vista atrás para tratar de adivinar qué se ha perdido y qué puede salvarse todavía.

Su lectura me ha parecido: breve, concisa, puntualmente original, nada novedosa, introspectiva, crítica, sobrevalorada y a la vez recomendable...Queridos lectores y lectoras, desde que el mundo de los libros, pero sobretodo, el de las editoriales, comenzó a ganar peso dentro del panorama social y cultural de cada país, siempre se ha tratado de promocionar las lecturas que año tras año se van publicando. La mayoría mueren a las dos semanas, otras resisten unos meses más y sólo muy pocas alcanzan la categoría de imperecederos, ya sea por su originalidad en cuanto a la historia que se narra o por la forma en la que está ese libro escrito. Luego, en los últimos años ha proliferado una cuarta categoría, los rescatados a través del cine, que en la mayoría de casos logran equipararse, aunque su interior no merezca la pena, a los que se calificaron como verdaderas obras de arte. Además de todo esto, también, y os lo digo por experiencia, encontramos lecturas que nos llaman la atención, no por su historia o por su supuesta calidad literaria, sino por todo el armatoste publicitario que las envuelve o por las críticas de grandes expertos que dan a ese libro una puntuación de 10. ¿No os ha pasado que cuando ojeáis en una librería veis que la mayoría de las novedades editoriales son calificadas como "la mejor novela del año", "el mayor descubrimiento de los últimos tiempos" o "la revelación del momento"? A mi, infinidad de ocasiones, y lo cierto es que la mayoría no alcanzan para nada ese estatus. La novela que hoy tengo el placer de reseñar pertenece a este último grupo, alabada por la crítica internacional, siendo incluso incluida en importantes listas de méritos literarios, pero que en mi más humilde opinión, no es para tanto. Aunque eso si, por otros aspectos que aquí comentaremos merece ser considerada. Departamento de especulaciones: las citas de grandes autores y el uso de la primera persona como pretexto para narrar una historia doméstica de encuentros y desencuentros.


La historia de como Departamento de especulaciones llegó a mis manos, y de paso, a mi adorada estantería tiene su aquel. Sin embargo, es conveniente, como en la mayoría de los casos, remontarse al verdadero principio. Desde hace unos meses, dentro del panorama editorial de este país, algunos lectores hemos ido apreciando como los libros que hoy en día se publican por parte de los grandes grupos, en su mayoría, no resultan tan satisfactorios. Reduciéndose a meros best sellers muy exitosos, de poco recorrido temporal y que dejan mucho que desear en cuanto a calidad literaria. Por ello, muchos, entre los que se encuentra una servidora, han agradecido infinitamente la aparición de las llamadas "editoriales independientes", las cuales, dan cuenta de auténticos y muy personales catálogos en los que sin duda, merece la pena adentrarse. Este es el caso de Libros del Asteroide, una editorial que además de publicar clásicos que nadie sabía de su existencia, decide lanzar y traducir al español algunos textos que están "pegando fuerte", por decirlo de alguna manera, en el panorama internacional, y que por supuesto, no se reducen a una literatura que no dice nada, sino que hace ganar más dinero a la editorial en concreto. De esta editorial, Libros del Asteroide, salió Departamento de especulaciones camino de las librerías de todo el país, y de aquellos abarrotados estantes, a mis inquietos ojos de lectora voraz e insatisfecha. El libro me atrajo desde el primer momento que lo vi, además, había leído alguna que otra crítica favorable al respecto, por lo que ya tenía unas expectativas lo suficientemente altas como para animarme algún día con su lectura. Meses más tarde, comencé a colaborar con Contexto Editores, el grupo que engloba a editoriales como Impedimenta, Nórdica, Sexto Piso, Periférica y por supuesto, Libros del Asteroide. A raíz de esto, y obviamente, Departamento de especulaciones se encontraba entre mis preferencias lectoras, así que no dudé en solicitarlo. No pasó mucho tiempo desde la entrega y el inicio de su correspondiente lectura, sin embargo, el resultado no fue el que me esperaba.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, comenzaremos diciendo, para dejarlo claro desde el principio,  que Departamento de especulaciones no cuenta ni dice nada nuevo. En esta novela nos adentramos en la vida, narrada en primera persona, de una pareja del siglo XXI, con sus problemas, dificultades, desencuentros, reencuentros, momentos de pasión, de discusión, de entendimiento, de incomprensión...Y en ella, Offill no introduce nada novedoso ni de lo que no se haya hablado hasta ahora en lo que respecta a la temática. Incluso, esa forma de narrar, desde la perspectiva de "la esposa", como si de un personaje moderno de García Lorca se tratase, cuyos deseos de convertirse en una "gigante del arte" y sus decepciones con la vida marital ya la hemos visto en infinidad de novelas publicadas con anterioridad. Todos esos conflictos me hacen pensar en Departamento de especulaciones como una novela que ahonda en los problemas de una pareja con la que el lector se puede identificar fácilmente, pues, no deja de ser una especie de descripción literaria de lo que sucede actualmente, en un mundo en el que es difícil pensar a largo plazo y en el que más que vivir, se sobrevive. Por esto que acabo de comentar, encuentro a la novela un tanto sobrevalorada, no obstante, existe un pequeño margen en el que podemos vislumbrar auténtica genialidad literaria, y que no es otro que la forma. Si Departamento de especulaciones no destaca especialmente por su historia, si que resulta interesante la forma en la que ésta está plasmada sobre el papel. Nada más abrir el libro, el lector se topa con capítulos cortos, espacios, párrafos escuetos que se asemejan a los pensamientos que a uno se le pueden pasar por la cabeza y que los suelta sin más, citas de grandes personajes de la historia que sirven como recurso literario, frases que se juntan sin espacios para crear sensación de agobio (el "muyasustada" de la página 22 no tiene desperdicio), preguntas retóricas, preguntas sin respuesta, el uso de la cursiva para expresar lo correcto...Ya lo han comentado otros antes que yo, pero me uno a la misma idea. Departamento de especulaciones se asemejaría más que a una novela "Pachwork" a un libro que trata de experimentar con el lenguaje, la forma y los dobles sentidos de las palabras. ¿Estamos ante un nuevo estilo comparable a otros como el expresionismo, el futurismo o el dadaísmo? ¿O tal vez ante una escritora con potencial y que puede sorprendernos aún más en un futuro esperemos no muy lejano? Historia ultra explotada y narración interesante, juntas pueden funcionar o quedarse en una mera descripción de "la nada". Cada lector es un mundo y Departamento de especulaciones se presta a ese peligro o arrojo, según con que ojos se mire.


Centrándonos en la reflexión y en el debate, siempre necesarios cuando se habla de lecturas, me gustaría ir en esta ocasión ir al grano, más que nada porque es un tema que urge y del que somos testigos sin darnos cuenta. Cuando terminé de leer Departamento de especulaciones, una pregunta, sólo una, asaltó mi mente: ¿El modelo tradicional de pareja está cambiando? Es obvio que si, desde tiempos inmemoriales el matrimonio ha significado la unión de dos personas. Estos se producían por muchos motivos: por equilibrio de poder, por derecho dinástico, por legitimidad, por reforzar la amistad entre dos familias, por salir de un atolladero económico, por tradición, por intereses políticos...Y ya en los últimos tiempos, como es lógico, por amor. Hace unos instantes, contemplaba con cierto interés una imagen del famoso cuadro de El matrimonio Arnolfini, del pintor Jan Van Eyk, cuyos protagonistas representan el ideal de pareja de por aquel entonces. Él altivo y con trabajo, ella apocada y cubierta de un revestimiento muy incómodo, dentro de lo que seguramente será la habitación de matrimonio, donde no pueden faltar el lujo, los muebles de primera calidad y hasta una mascota. Sin embargo, lo que llama la atención de todo esto es su actitud, cogiéndose de la mano, pero sobretodo, el estar ambos, juntos, bajo un mismo techo. Hasta hace unos años, la cosa era así. Obviamente la religión ya no está tan presente en el día a día y la gente ya no se casa tanto como antes, pero actualmente, la opción de la estabilidad en la pareja parece un sueño casi imposible. Con estabilidad no me estoy refiriendo a las relaciones de pareja, sino al poder vivir bajo un mismo techo, con un trabajo estable y con una economía que les permita subsistir adecuadamente. La crisis ha hecho y sigue haciendo mucho daño a todos esos jóvenes que ven su futuro hipotecado, obligados a no pensar a largo plazo, a vivir el día a día como si fuera una carrera de obstáculos. Con esto no estoy diciendo que la vida en pareja y el matrimonio sean el único futuro, ni mucho menos, sólo es un ejemplo más de lo que uno ya no se puede ni plantear si quiera. En Departamento de especulaciones no existe esa situación, pues, los protagonistas consiguen vivir juntos y hasta formar una familia. No obstante, los problemas a los que tienen que hacer frente han variado y se diferencian sustancialmente de los que había en otras épocas del pasado. Esta es la reflexión que me ha suscitado la lectura de este libro, una reflexión que veo reflejada en el mundo y en el momento que me ha tocado vivir, donde unas cosas han cambiado para bien y donde otras afectan de lleno a nuestro futuro y ambiciones particulares. En tiempos como los de hoy no se permite soñar, no sólo con lograr la estabilidad con o sin pareja, ese es sólo un ejemplo, también con alcanzar, con las alas cortadas, otras metas. Departamento de especulaciones: una historia de amor, desencuentros, maternidad, hastío, ambición, frustración, experimentación...Una historia que si hoy la difunta Betty Friedan leyese, la calificaría como la mística de la feminidad del siglo XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Pero ahora parece posible que la verdad acerca de envejecer sea que cada vez haya menos cosas de las que una pueda reírse, hasta que al final no quede nada en lo que estuviera convencida de que nunca iba a convertirse."

Película/Canción: como no hay adaptación a la vista prevista, he decidido adjuntaros un video donde la autora, Jenny Offill habla ante los lectores de Departamento de especulaciones. Incluso lee un fragmento del mismo.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide

lunes, 23 de enero de 2017

RESEÑA: Carol.

CAROL
Título: Carol.

Autor: Patricia Highsmith (1921-1995), una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemporánea. Son suyas novelas tan importantes y famosas como El talento de Mr. Ripley, La máscara de Ripley, El amigo americano, Crímenes imaginarios, El juego del escondite, Extraños en un tren, Tras los pasos de Ripley, Un juego para los vivos, Carol, El grito de la lechuza, Gente que llama a la puerta o Las dos caras de enero entre otros muchos. También es autora de libros de relatos como Sirenas en el campo de golf, Los cadáveres exquisitos o Crímenes bestiales; así como el ensayo Suspense.

Editorial: Anagrama.

Idioma: inglés.

Traductor: Isabel Nuñez y José Aguirre.

Sinopsis: Carol es una novela de amor entre dos mujeres. Comenzando con el encuentro entre Therese, una joven escenógrafa que trabaja accidentalmente como dependienta en una tienda de juguetes, y Carol, la elegante y sofisticada mujer, recientemente divorciada, que entra a comprar una muñeca para su hija y cambia para siempre el curso de la vida de la joven vendedora.

Su lectura me ha parecido: sutil, bella, intensa, reflexiva, ilustradora, fuerte, completa, introspectiva, necesaria...El año pasado, como ya he comentado en alguna que otra reseña anterior, vivimos en el panorama cinematográfico un acercamiento muy interesante a terrenos tan importantes como la búsqueda de la autenticidad, el ser tu mismo, la valentía de tomar decisiones o de simplemente amar, en unos contextos que todavía no estaban preparados para por ejemplo, ver a dos mujeres besarse o cantar a los cuatro vientos que te sientes mujer siendo un hombre. Y en lo que respecta al panorama literario, la cosa está incluso más viva que nunca. En los últimos años hemos sido testigos como las editoriales han ido poco a poco recuperando textos fundamentales en lo que hoy se llama "Literatura LGTB" y de como nuevas caras del panorama literario se han abierto paso a través de historias en las que se aborda la transexualidad, la homosexualidad, el pensamiento Queer y demás temas. Como ya dije en su momento, éste tipo de literatura ya existía, mucho antes de que a la gente le diera por interesarse por estas historias. Sin embargo, y a pesar de que desgraciadamente ha pasado por el filtro de la moda, lo cierto es que ha ayudado a acercar al gran público historias, reales o ficticias, que han pasado desapercibidas hasta ahora y que sin duda, todos debemos conocer. Si antes del verano hablábamos de la falta de visibilidad y de reconocimiento de los pioneros y pioneras en la lucha por los derechos de la comunidad LGTB con el ejemplo de Lili Elbe, tan bien descrito en La chica Danesa, en la reseña de hoy, nos adentramos en un terreno puramente novelístico. El libro del que os voy a hablar perteneció a esa serie de textos recuperados gracias a una adaptación cinematográfica que sin duda merece un lugar de honor en el panorama literario del siglo XX. Carol: cuando la delicadeza se funde con la realidad y las injusticias de una sociedad tradicional.


La historia de como Carol llegó a mis manos tiene dos partes. La primera surge a raíz de la apasionante carrera hacia los Oscars de la Académia que tuvo lugar el pasado 2016. Aquel fue el año en el que por primera vez en muchos años veíamos a dos películas, que abordaban temas tan importantes como actuales, tales como la transexualidad en tiempos de gran rechazo en Europa y las relaciones amorosas que trasgreden a lo que dicta una sociedad conservadora como la de los Estados Unidos de los años 50. Bajo los nombres de Carol y La chica Danesa nos trajeron historias intensas y necesarias para unos tiempos en los que parece que, en vez de avanzar, parece que retrocedemos. De La chica Danesa hablé largo y tendido en una reseña que podéis encontrar si buceáis un poco por este espacio, y aunque se que ya ha pasado un poco el fenómeno, siempre es necesario reivindicar la lectura de ciertos libros, y este sin duda, es el caso de Carol. Nunca había oído hablar del libro,  ni siquiera me sonaba el nombre Patricia Highsmith, y seguí en la más absoluta ignorancia hasta que tuve noticias de la famosa adaptación cinematográfica. Por aquel entonces ya, obviamente, sabía quien era Patricia Highsmith, una de las grandes damas del suspense con títulos famosísimos en su haber, pero que sin embargo, no había logrado hacerme el animo de leerlos. Y si a eso le sumamos que por aquel entonces, una servidora, se encontraba ahondado en uno de mis temas históricos fetiche, el de la situación de la mujer en los Estados Unidos de la década de los años 50-60. Pues así fue, entre lecturas de Betty Friedan y su Mística de la feminidad, me picó la curiosidad por leer Carol, y de posteriormente, si tenía suerte, ver la película. Es aquí donde tiene lugar la segunda parte, que sucedió un 11 de enero del año pasado, el día de mi cumpleaños, tarde en la que mi pareja, como regalo, me ofreció elegir dos lecturas en una de mis librerías favoritas. Y sinceramente, no lo dudé ni un instante. Ese día, El club de la Lucha de Palahniuk y Carol se incorporaron a los estantes de mi apreciada librería personal. Tardé un tiempo, por motivos académicos, en iniciar su lectura, pero cuando lo hice, supe casi al instante, que acababa de adentrarme en una de esas novelas que dejan una profunda e imborrable huella.


En lo que respecta a la crítica personal, comenzaremos diciendo que Carol presenta una lectura muy sorprendente. De buenas a primeras, personalmente me la esperaba ácida, contundente, muy crítica con el momento en el que fue escrita. No obstante, y para bien, me topé con algo diferente, un estilo embriagador, elegante, armonioso, muy fluido, delicado y hermoso. Algo que unido a la perfección de su calidad literaria hace de Carol una novela tan particular como perfecta. Eso no quita que esté exenta de crítica, la cual está presente de principio a fin, pero ésta se equilibra con la excepcional pluma de Highsmith. Ya lo dicen, compromiso y calidad nunca están reñidos, y Carol es el mejor ejemplo de ello. Seguidamente, es importante resaltar la trabajada construcción de sus personajes, sobretodo de los principales: Carol y Therese. Dos entornos, dos historias, dos pasados, dos ámbitos sociales, dos almas que buscan, dos caracteres, dos corazones...En definitiva, dos mujeres auténticas, que aman, como todo el mundo, más allá de los convencionalismos sociales, más allá de el por qué, y que juntas, sortearán lo que haga falta para lograr ser felices. Da igual cuanto de alta o molesta sea esa piedra, ellas son capaces de todo, incluso en los momentos más difíciles. Sobran las palabras, tanto Carol como Therese son lo mejor de la novela. La una por su inseguridad y timidez, la otra por su valentía y decisión. Ambos personajes se acompasan de un modo perfecto en la narración, fundiéndose, distanciándose, volviéndose a encontrar...Muy pocas veces he leído una novela en la que se narrase una historia de amor tan auténtica y exenta de tabúes, como debe ser, sin caer en lo empalagoso o en falsos idealismos. Es cierto que hay secundarios importantes, pero quedan eternamente ensombrecidos ante el poder de atracción que irradian Carol y Therese. En relación con ello, el contexto y el tiempo en el que la autora ha decidido ambientar la historia son absolutamente determinantes y juegan un papel crucial. Estados Unidos, años 50, una ciudad como Nueva York, auge de la clase media, conservadurismo, la edad dorada de la American way of life...Sin duda, el espacio perfecto para que apareciese una novela de este estilo, una época a la que la autora asiste en persona, aportando una mirada interesante y que destaca por su atrevimiento y su, hasta ese momento, valentía al narrar una historia de amor entre dos mujeres. El saber que Patricia Highsmith publicó esta novela bajo un pseudónimo y que en un principio se titulaba "El precio de la sal" ya nos da una idea del panorama social de por aquel entonces, aunque en su momento, afortunadamente, logró de un éxito sin precedentes. El contexto actúa como un personaje más que envuelve a Carol y Therese, asfixiándolas unas veces y lanzándolas a la libertad cuando éste les da un respiro. A modo de recopilación, concluiremos diciendo que Carol es una novela audaz, que aborda las relaciones de pareja tal y como son y que supone un punto de partida para una educación en valores tan necesarios como el respeto y el arrojo.


Finalizando con la tradición reflexión personal, he de confesaros, lectores y lectoras, que por un momento dudé. Debido a los recientes acontecimientos políticos que últimamente están sacudiendo el mundo, he estado a punto de variar en el tema a debatir y a abordar desde la máxima sinceridad y el máximo respeto. Sin embargo, hace tan sólo unas horas, y tras haberme despejado caminando al aire libre, he encontrado un punto de conexión que espero que satisfaga mis ganas de exponer mis opiniones. Etiquetas, el mundo está plagado de etiquetas, y no me refiero a las que podemos encontrar cuando compramos ropa nueva, sino a las que usamos para designar o hablar de comunidades, épocas históricas, formas de ejercer el poder, de controlar la economía, de formas de expresar una idea...En el mundo del arte es muy habitual encontrarnos con términos como impresionismo, cubismo, dadaísmo, romanticismo o realismo. Todos esos ismos engloban diferentes formas, técnicas o temas con los que se elaboró una pieza literaria o artística en un momento concreto del pasado. En lo que respecta a la historia también sucede, términos como Prehistoria o Edad Media abarcan etapas cronológicas, y dentro de ellas podemos incluso encontrar subdivisiones, en su mayoría, condicionadas por los avances políticos, económicos, sociales o culturales. Las etiquetas también se extienden a la política, últimamente se nos vendrá a la cabeza "populismo", pero socialismo, anarquismo, neoconservadurismo o liberalismo también lo son. Reconozco que las etiquetas son útiles a la hora de ampliar conocimientos y son unas excelentes herramientas de búsqueda, no obstante, cuando éstas traspasan y se introducen en el ámbito social, se convierten en envoltorios en los que metemos, a veces sin conocimiento, a muchas personas que forman parte de la sociedad. Si eres mujer y te gustan las mujeres eres lesbiana, si por el contrario te atraen los hombres eres eterosexual. Si un hombre se besa con otro, automáticamente eres gay, y si son mujeres, obviamente eterosexual. Y si te gustan los dos sexos, entonces eres bisexual. Por no hablar de los transexuales, terreno pantanoso para muchos ignorantes que designan con ese término sólo a los hombres que se visten de mujer, cuando es mucho más que eso. Vivimos en una sociedad en la que enseguida etiquetamos todo, y en la que pretendemos crear tendencia mundial con términos que lleven un significado detrás y que amparen con ellos, a muchas personas. Y también, por si ha pasado desapercibido, en la que en lo que respecta a las orientaciones sexuales también se ven sometidas a la dictadura de la etiqueta. Las personas somos eso, personas, con unas ideas, una personalidad y una vida sexual determinada. Y no por ello obligatoriamente nos debamos adscribir a una etiqueta bajo la que significarnos. Como bien refleja Carol, puedes ser una mujer y amar a otra sin considerarte lesbiana, simplemente un ser humano que se ha prendado de otro ser humano. Uno no se enamora de una persona por ser chico o chica, sino por cómo es esa persona y lo que nos aporta. En definitiva, las etiquetas como hemos visto, tienen su utilidad, pero hay que usarlas con conocimiento de causa, sin caer en las generalidades o en los estereotipos que éstas puedan englobar. Además de no ser tan cuadriculados, ser más abiertos, y más en los tiempos que corren, donde en vez de ir hacia adelante, no hacemos que retroceder a pasos agigantados.

Frases o párrafos favoritos:

"¿Era amor lo que sentía por Carol? Y que absurdo era que ni ella misma lo supiese. Había oído hablar de chicas que se enamoraban unas de las otras y sabía qué tipo de gente eran y el aspecto que tenían. Ni Carol ni ella eran así. Pero sus sentimientos hacia Carol coincidían con todas las descripciones."

Película/Canción: el año pasado se estrenó la adaptación cinematográfica de Carol, bajo la dirección de Todd Haynes y con las maravillosas interpretaciones de Cate Blanchet y Rooney Mara dando vida a Carol y Therese respectivamente. La película recibió el alago del público y de la crítica, pasando con éxito por festivales como el de Cannes y siendo nominada a algunos premios Oscar. Sin embargo, muchos, incluida una servidora, todavía no entendemos cómo no fue nominada en la categoría de mejor película y que además se fuese de vacío. Simplemente inexplicable.


¡Un saludo y a seguir leyendo!
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