Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 16 de enero de 2018

RESEÑA: La serpiente de Essex.

LA SERPIENTE DE ESSEX

Título: La serpiente de Essex.

Autor: Sarah Perry (Essex 1979) es doctora en Escritura Creativa por la Royal Holloway de la Universidad de Londres, y ha sido escritora residente de la Gladstone´s Library y de la Ciudad de la Literatura en Praga. Su primera novela, After me comes the flood (2014), recibió numerosos premios, pero ha sido La serpiente de Essex, ganadora del British Book Award en 2016 y que se traducirá a más de quince idiomas, la que la ha situado como una de las jóvenes autoras británicas más destacadas de la actualidad.


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Carlos Jiménez Arribas.

Sinopsis: al enviudar, Cora Seaborne decide empezar una nueva vida con tanta tristeza como alivio: su matrimonio no era feliz y nunca encajó en el papel de esposa perfecta. Acompañada por su hijo, deja Londres para trasladarse a la campiña inglesa en busca del refugio que necesitan. Sin embargo, allí corren rumores que aseguran que la mítica serpiente de Essex, que en pasado se arrastraba por los pantanos reclamando vidas humanas, ha vuelto a la región. Cora, naturalista aficionada, está segura de que la bestia es en realidad una especie desconocida de ofidio, pero William Ransome, el vicario local vive convencido de que la criatura es el castigo por alejarse de la fe verdadera. Aunque diametralmente opuesta, la concepción del mundo de Cora y Will será, contra todo pronóstico, lo que haga confluir sus destinos.

Su lectura me ha parecido: interesante, muy original, algo densa en cuanto a su estilo, reveladora, misteriosa, científica, gótica...Queridos lectores y lectoras, ya es un hecho, la moda literaria del 2018 es lo gótico, y en especial, el gótico victoriano. Ya lo avanzaron algunos de los libros que más éxito en ventas han tenido durante las pasadas navidades y lo han confirmado tanto las más prestigiosas editoriales del país como las más independientes en los catálogos de este año. Los lectores no sólo asistiremos a la reedición de algunos de los clásicos del género, también a rescates editoriales, edición de libros recopilatorios, publicación de estudios históricos sobre la época, a la reedición de alguna biografía que otra e incluso a la presencia de auténticos revivals literarios, en donde escritores y escritoras actuales nos cuentan historias ficticias ambientadas en esa época, en la Inglaterra del XIX. Hay quien ha querido buscar el por qué de este resurgimiento en dos importantes aniversarios: por un lado el de los 200 años de la publicación del Frankenstein de Mary Shelley y por otro los 200 del nacimiento de una de las escritoras más ilustres que ha dado la literatura universal, Emily Brontë. Aunque ya se haya dicho prácticamente todo sobre la novela de Shelley y aunque la figura de la más famosa de las hermanas Brontë despierte admiración y críticas a partes iguales, lo que está claro es que ambas contribuyeron a asentar las bases de un estilo tan perturbador y hermoso que, como podemos comprobar, sigue despertando el interés de los lectores del siglo XXI. La novela que hoy tengo el placer de reseñar se publicó en 2016 y en España salió a la venta en el último trimestre del 2017, convirtiéndose por sus características en uno de esos textos premonitorios de lo que vendría tras las navidades. Un libro que, aunque de complicada lectura, logra captar la esencia del XIX británico en todos los sentidos. La serpiente de Essex: el bárbaro homenaje a toda una época.


La historia de como este libro llegó a mis manos y a mi estantería es bien sencilla. Aunque para ser sinceros, la verdad es que en un primer momento La serpiente de Essex no logró despertar tanta curiosidad. Cuando ojeé por encima el catalogo de novedades que traía la editorial Siruela para la recta final del año me pareció a simple vista un libro de contrastes. Por un lado, la edición es indiscutiblemente bonita, casi igualita a la edición británica de este mismo libro. De hecho, sólo por eso, el libro ya inspiraba cierta confianza, por lo que es probable que atrajera a muchos lectores. Pero por el otro, la sinopsis de la novela no acabó por convencerme del todo. Me encanta leer libros ambientados en el XIX, pero, la historia en si, tan concreta y a priori tan científica no logró cautivarme, por lo que lo dejé pasar por un tiempo. Sin embargo, y a medida que iban pasando los meses iba viendo como muchos críticos y blogers se habían puesto manos a la obra opinando sobre La serpiente de Essex. Fue entonces, y más bien por curiosidad, cuando me puse a leer algunas. Las había extensas, breves, concisas, incluso de las que me gustan a mi, esas que prestan atención a detalles más allá de la propia lectura de la novela en cuestión. Pero todas, absolutamente todas coincidían en una cosa: en la división de opiniones. Era tal la disparidad entre unos críticos y otros que me pareció algo realmente extraordinario. Los libros nunca son perfectos, eso es así, y cuando encuentras bastantes puntos de vista tan diferentes entre siempre he creído que es porque el libro merece la pena. Por ello, y aunque como os he contado antes en un principio La serpiente de Essex no me llamó lo suficiente la atención, acabé sucumbiendo a esa inquietud que de vez en cuando aparece cuando menos te imaginas. Gracias a Siruela logré hacerme con un ejemplar de La serpiente de Essex, y aunque reconozco que me hizo mucha ilusión ver aquella edición tan ciudada entre mis manos, tardé un tiempo en iniciar su lectura, y cuando lo hice, descubrí el por qué de tanta discusión y debate entorno a esta novela de Sarah Perry.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que el estilo de esta novela es tal vez lo que haya declinado la balanza hacia un lado o hacia otro, dependiendo de los gustos literarios del lector en concreto. Cuando he dicho antes que este 2018 nos encontraremos algunas novelas que homenajean al estilo gótico tan típico de principios del XIX que tuvo su propio desarrollo durante la llamada era victoriana me he quedado corta. La serpiente de Essex es no sólo un acercamiento temático y narrativo a esa época, sino una inmersión total. En otras palabras, cuando el lector se adentra en esta novela tiene la sensación de que no está leyendo el típico best seller de turno, sino algo extraño, anómalo, hasta exótico si me apuras. Estás leyendo a Dickens y a Bram Stoker al mismo tiempo. Ya lo rezaba la publicidad de esta novela diciendo que La serpiente de Essex podía ser la perfecta simbiosis entre los autores, aventurándose con la posibilidad de que si hubiesen querido, ambos habrían escrito esta novela. En La serpiente de Essex no hay un castillo en lo alto de una montaña, ni fantasmas, ni tenebrosos cementerios, pero si una criatura que siembra el terror y una exhaustiva descripción de la sociedad del XIX. Una novela muy del estilo de Stoker con toques dikensianos. Dejando a un lado esa estrategia de marketing, lo que está claro es que este libro, por ese estilo tan parecido a como se escribían las novelas en el XIX, es una rara avis dentro del mercado editorial. En un momento en el que lo fácil y rápido es lo que manda, La serpiente de Essex irrumpe con fuerza y encima con una notable acogida por parte de los lectores. Por tanto, lo que ha hecho Sarah Perry en esta novela es muy difícil, combinar investigación histórica con un cuidadísimo y victoriano estilo, algo que no debe pasar desapercibido en los tiempos que corren. Ahora, a la pregunta de si La serpiente de Essex me ha decepcionado como lectura, para nada, aunque tengo que reconocer que en ocasiones ese estilo tan bien cuidado se volvía en contra de la propia historia cuando la autora se pasa varias páginas de descripciones. Adoro leer buenas descripciones, pero en el momento en el que estas ejercen la función de "relleno", le hacen un flaco favor a lo que el escritor o escritora en cuestión nos quiere contar. En cuanto a la trama, lo cierto es que a pesar de que pueda parecer tediosa a primera vista, lo cierto es que al final resulta ser uno de los aspectos atractivos de la novela. Perry convierte temas tan poco atractivos como puede ser la investigación científica, en concreto la biología y la paleontología, a finales del siglo XIX en Inglaterra o el eterno debate entre ciencia y religión en oro puro en manos del lector, aunque ya os digo que algunas partes de la novela esta potencia se pierde, resultando una lectura irregular en ese sentido. Entre las cosas que más me han gustado de La serpiente de Essex es el personaje de Cora Seaborne, tan maravilloso como odioso, tan fuerte, tan independiente, tan profundo, tan incansable, tan inteligente, tan sincero...Con este personaje Perry ha hecho un gran trabajo, tanto se me acaban los adjetivos para referirme a su arrolladora personalidad. Por lo contrario, el personaje de William Ransome me parece de lo más insípido. Sin duda es una oportunidad desperdiciada por la autora, pues, los personajes que están tan cerca de las creencias religiosas literariamente dan mucho juego y en La serpiente de Essex no lo ha sabido hilvanar correctamente. Finalmente, destacar dos cosas. En primer lugar, el formidable trabajo de documentación e investigación que hay detrás de esta novela y la posterior capacidad de la autora para recrear atmósferas del pasado tan envolventes como misteriosas, todo muy típico y habitual, como no podía ser de otra forma, de la literatura gótica del XIX. Y en segundo lugar, a través de esta novela, la autora lanza un mensaje muy claro contra la ignorancia y la superstición que, amparadas por la iglesia, se han seguido y se siguen produciendo en muchos lugares del mundo.


La serpiente de Essex, además de abordar temas como el eterno enfrentamiento entre razón y fe o los numerosos avances científicos que se están produciendo a velocidad de vértigo, también ensalza la figura de las mujeres dentro de este ámbito. Todos conocemos a Charles Darwin, naturalista inglés que, además de emprender uno de los viajes más apasionantes e importantes para la investigación científica a bordo del Beagle, escribió El origen de las especies. Un libro cuya importancia es capital, incluso a día de hoy, pues en él Darwin aborda teorías sobre la transmutación de las especies, la selección natural y por supuesto las ideas evolucionistas. Estas últimas, sin duda fueron las que más controversia suscitaron, sobre todo en los ámbitos eclesiásticos, tanto que se catalogó a El origen de las especies como libro prohibido. Incluso a día de hoy, en algunos estados de Estados Unidos por ejemplo, está prohibido la lectura en los colegios del libro de Darwin y en España, sin ir más lejos, sucede tres cuartos de lo mismo en los colegios religiosos. Para la iglesia el que alguien demostrase científicamente que el hombre no lo creó Dios sino que viene del mono desmontaría ese particular "monopolio" de la fe que durante siglos han defendido e impuesto socialmente. En fin, todos conocemos a Darwin y su importante aportación a la historia, pero, ¿alguien conoce a Maria Sibylla Merian? Nadie ¿verdad? Lo suponía. Mucho antes de que Charles Dawin escribiese El origen de las especies, en 1647 nacía en la capital holandesa una mujer que acabaría convirtiéndose en la madre de la etnomología moderna, es decir, la ciencia que estudia los insectos. Gracias a sus escritos, acompañados por excepcionales y muy detallados dibujos que ella misma realizaba, se atrevió a hablar de la metamorfosis. En aquella época se creía que los insectos eran el resultado de una "generación espontánea en el lodo en putrefacción" una idea que se remonta a Aristóteles y que había llevado a la iglesia a referirse a los insectos como "bestias del Diablo". Merian demostró a los 28 años con su libro La oruga, la maravillosa transformación y extraña alimentación floral que los insectos no venían del lodo, sino que se reproducen y experimentan un desarrollo desde su nacimiento hasta la edad adulta, una transformación llamada metamorfosis que en insectos como la oruga es bastante espectacular. Al describir y dibujar cada una de las fases por las que el insecto pasaba, desde el nacimiento, pasando por el capullo y su conversión en una efímera mariposa, Merian asentaba las bases de un estudio pionero. Fue una de las primeras mujeres en, al igual que Darwin, formar parte de expediciones científicas a Surinam, América del Sur, en donde descubrió, clasificó y dibujó una serie de insectos y plantas hasta entonces desconocidas. Su clasificación de las mariposas nocturnas y diurnas (mariposas-capillas y mariposas-lechuzas) sigue en vigor hoy en día, al igual que la palabra alemana "Vogelspinne" (araña pájaro) está inspirada en uno de sus grabados. Maria Sibylla Merian fue madre de las pintoras Johanna Helena Herolt y Dorothea Maria Graff, las cuales continuaron su camino pero evidentemente influenciadas por el trabajo de su madre. El ejemplo de Maria Sibylla Merian nos tiene que hacer pensar y ser conscientes de que a lo largo de la historia muchas mujeres han dedicado parte o su vida entera a estos estudios y que lamentablemente, en la actualidad, muy pocas son reconocidas. Como Cora Seaborne, protagonista de La serpiente de Essex, hubo mujeres naturalistas, mujeres biólogas, mujeres que atraídas por el amor a la naturaleza hicieron grandes descubrimientos, mujeres que por la cuenta que nos traen, merecen ser recordadas, homenajeadas, rescatadas del olvido al que por machismo fueron condenadas. La serpiente de Essex: una historia de perseverancia, valentía, ignorancia, religión, ciencia, paisajes cenagosos, debates...Una oda al siglo XIX desde las primeras décadas del XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Se guarecían entre los restos de un clíper que había embarrancado allí hacía una semana, y lo habían reducido a cuatro palos negros clavados en la arena que parecían el costillar de algún mastodonte ahogado, y los turistas lo llamaban Leviathan."

Película/Canción: como no existen noticias de una posible adaptación literaria a la vista, os adjunto la pieza que me ha ido acompañando durante la redacción de esta reseña. Totalmente inspiradora:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

viernes, 12 de enero de 2018

RESEÑA: Kes.

KES

Título: Kes.

Autor: Barry Hines (1939-2016) nació en Hoyland Common, cerca de Barnsley, en el sur de Yorkshire. De familia minera, asistió a la escuela primaria de Ecclesfield, y pronto destacó como excelente jugador de fútbol e incluso llego a estar seleccionado para el equipo que representaba a Inglaterra en su categoría. Tras abandonar la escuela con apenas el certificado de escolaridad, consiguió un trabajo como aprendiz de topógrafo minero en Rockinham Colliery. Un compañero al que se encontró por casualidad en la mina le recriminó que hubiera tirado la toalla, así que volvió al colegio y aprobó sus exámenes con las mejores calificaciones, tras lo cual, se matriculó en Magisterio. Durante los siguientes años trabajó como profesor de Educación Física en varios institutos, y empezó a escribir en los ratos libres, en la biblioteca, cuando acababa la jornada laboral. Pronto se convertiría en escritor al tiempo completo. Comenzó su andadura en 1965 como guionista de obras radiofónicas, y publicó su primera novela, The Blinder, en 1966. Sin embargo, la fama le llegaría con su novela Kes en 1968, que sería adaptada a la pantalla y dirigida por Ken Loach en 1969. Hines colaboró en el guion de esta película y trabajó mano a mano con Loach en dos ocasiones más, adaptando sus novelas The Gamekeeper (1975) y Looks and Smiles (1981), que fue premiada en Cannes. Hines fue galardonado en 2010 con un doctorado honorífico en literatura por la Universidad de Sheffield. A menudo se le considera parte de la brillante generación de escritores del norte de Inglaterra que incluye a Alan Sillitoe, John Braine o Keith Waterhouse, aunque Hines tuviera diez años menos que la mayoría de ellos. Aquejado desde 2007 de la enfermedad de Alzheimer, pasó los últimos años de su vida en la ciudad donde creció, de la que, como declaró en alguna ocasión, "parecía como si no se hubiera marchado".


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Diego Uribe-Holguín.

Sinopsis: Billy Casper lleva una existencia llena de privaciones. Vive en una casa obrera en una ciudad minera del sur de Yorkshire con su medio hermano, Jud, un borracho brutal y violento, y con su madre, que cambia constantemente de novio y que carece del más mínimo sentimiento maternal. En cuanto a su padre, se largó hace tiempo. Peleado con la pandilla con la que solía pasar el rato, Billy incluso carece de amigos. No se le da bien la escuela y casi todos sus maestros lo han dejado por imposible. Carne de reformatorio, todo indica que acabará trabajando en la mina, junto a su hermano. Sin embargo, tiene algo que le hace diferente: un halcón. Billy se identifica con la fuerza silenciosa de esa ave rapaz, la entrena desde hace tiempo y extrae de ella la confianza, el amor y la pasión que a él le faltan. El halcón se convierte en la luz que da brillo a sus días, aunque todos opinen que se apagará pronto.

Su lectura me ha parecido: triste, emocionante, crítica con la época en la que se ambienta, sinestésica, entrañable, dura, ecologista, imperecedera...Queridos lectores y lectoras, todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos sentido solos. Una sensación que en ocasiones es necesaria, si lo que necesitamos es descansar de una etapa de mucho estrés, pero que por el contrario, puede resultar fatal para quien no esté acostumbrado a ella. Las mujeres y los hombres somos sociales por naturaleza, y por eso, cuando la soledad inunda nuestro día a día, inconscientemente nos aferramos a algo. No hace falta que sea a una persona en concreto, puede que también encontremos esa forma de dar esquinazo a la tan temida soledad practicando alguna afición de forma casi obsesiva, marcándonos objetivos a realizar, volcando nuestro tiempo libre en el mantenimiento de nuestras respectivas redes sociales...Ya podemos estar más solos que la una o rodeados constantemente de gente, que la soledad actúa poniendo todas sus cartas sobre la mesa. En el caso de la extraordinaria novela que hoy tengo el placer de reseñar, nos narra la historia de un niño, Billy Casper, quien para combatir esa soledad tan tremenda y la falta de autoestima que esta le produce, se vuelca en el cuidado de una mascota muy especial, un majestuoso halcón cuyo nombre da título a este libro. Un libro que, como muchos otros, acaba por suscitar al lector reflexiones más allá de las más evidentes, las cuales, teniendo en cuenta el contexto histórico, son del todo pertinentes. Kes: un niño, un halcón y una lucha constante por escapar de un impuesto destino.


La historia de como Kes llegó a mis manos y a mi adorada estantería es bien sencilla. Tiene su origen, como no podía ser de otra manera, en el cine. La primera vez que vi Billy Elliot era una cría, pero recuerdo que me impactó en su momento, sobre todo por la historia de aquel niño bailarín que tiene que luchar contra los prejuicios y una situación social precaria para lograr alcanzar su sueño. También, ya siendo adolescente, vi la magnífica Full Monty. Una ciudad industrial, unos protagonistas en paro, la desilusión ante la falta de perspectivas laborales y una idea: formar un grupo de baile erótico masculino. Al compás del Hot Stuff de Donna Summer, aquellos hombres lograban no sólo ganar dinero, también sortear, una vez más, los prejuicios a ritmo de striptease. Ambas diferentes en cuanto a personajes, pero muy parecidas al mismo tiempo. Barrios extremadamente empobrecidos como consecuencia de la desindustrialización, pueblos mineros, pocas oportunidades, entornos familiares humildes y en algunos casos sin a penas estudios, la amenaza del desempleo y una desesperada huida hacia adelante por parte de los protagonistas, que, casualidades de la vida, resulta ser lo mismo, el baile. Ambas son películas que todos hemos visto, aunque sea de pasada en televisión, y que en mi caso, más Billy Elliot que Full Monty por cuestiones obvias, me han marcado de manera especial, cuando años más tarde, tras un enésimo visionado, encontré todos esos puntos en común. Esa última mirada, influenciada claro está por las clases en la facultad, me sirvió para entender y comprender que el cine, al igual que la literatura, podía servir como documento para analizar el pasado, y en este caso, un pasado más reciente.  Ambas películas dormitaron en mi cabeza durante mucho tiempo, hasta que de pronto, y por casualidad, me topé con un libro titulado Kes. Estaba por aquel entonces expuesto en un lugar preferente, pues, hacía poco que la editorial Impedimenta lo había sacado a la venta. La expresión triste del niño de la portada, el halcón, la brevedad en cuanto a páginas pero sobre todo su sinopsis me transportaron a aquellas películas tan míticas y que con tanto cariño recordaba. Y no se por qué, en ese primer vistazo, creí ver a Billy Elliot en el rostro de aquel niño ojeroso de la portada. En ese momento lo tuve claro, si tanto me había gustado conocer esa visión de la Inglaterra obrera de los 70 y 80, literariamente también podía resultar interesante. A un mes de que finalizase el año, logré hacerme con un ejemplar gracias a Impedimenta y comencé su lectura de inmediato. Kes me atrapó tanto que cuando llegué a la última página tuve la sensación de que acababa de leer un clásico tan intenso como poco convencional.


En lo que respecta ala reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Kes presenta una lectura amena, sencilla pero no exenta de elementos que logran rozar el corazón de los lectores. Con unas descripciones mínimamente necesarias y no demasiado extensas, Hines consigue captar la atención del lector y transportarlo a aquella Inglaterra de los años 60, una Inglaterra que nada tiene que ver con los selectos ambientes que tantas y tantas veces hemos visto plasmados en los libros. Ayuda enormemente que Hines haya usado de forma bastante peculiar la sinestesia para que el lector no se sienta mero espectador  lejano de lo que se narra, sino que acabe convirtiéndose en testigo directo de las desventuras de Billy Casper. Gracias a ello podemos oler la hierba del campo, sentir la suciedad de una ciudad minera, los olores corporales y hasta ese viento soplar a nuestro alrededor. A Hines no le interesa lo que pueda resultar sensiblemente agradable para el lector, más bien todo lo contrario, que huela, escuche, toque, mire y saboree todo eso que no nos gusta y que en ocasiones damos de lado. Centrándonos en la historia, ésta no puede ser más triste. Un niño llamado Billy Casper vive en un hogar desestructurado con una madre despreocupada y su hermanastro Jud, un ser violento y en permanente estado de embriaguez que no duda en aprovechar cualquier oportunidad para ganar un poco de dinero extra, aunque esto implique hacer daño a los que viven contigo bajo un mismo techo. A Billy no se le da bien la escuela, sus profesores lo califican como un "caso perdido" y se siente tremendamente solo. Enemistado con su pandilla de siempre y al no percibir amor o aprecio ni en casa ni en la escuela, pasa gran parte de su tiempo en el campo, entreteniéndose con los elementos que la naturaleza puede ofrecer. Es así como un día, de la noche a la mañana, su vida cobra un nuevo sentido al hacerse con un pequeño halcón al que llama Kes. A partir de ahí Billy lo cuida y lo adiestra con tesón, llegándose a convertir en su mejor amigo, en el único capaz de levantarle el ánimo en los momentos difíciles. Esta es la sinopsis a grandes rasgos de Kes, sin embargo, y aunque en un primer momento ese contacto con la novela puede resultar bastante chocante y deprimente al tratarse de un dramón en toda regla, a medida que avanzamos en su lectura, descubrimos como Kes pasa de la desesperanza a un ligero optimismo mil veces tirado por tierra. Tan pronto como Billy Casper es feliz, alguien le arrebata de un plumazo esa felicidad, que en esta novela, se corresponde con su desestructurada familia. Hay esperanza entre la oscuridad, ese parece ser el mensaje del propio Barry Hines en Kes, aunque ésta cueste horrores conseguirla. En cuanto a personajes, evidentemente, Billy Casper es tal vez el más icónico, cuya construcción me atrevería a decir que ha inspirado a más de un personaje en el ámbito cinematográfico. Un personaje que experimenta una evolución enorme al pasar de un niño deprimido y abocado a un futuro que él no desea a un niño con inquietudes e intereses, aunque éstos tengan solo que ver con el arte de la cetrería o la alimentación de halcones. Contestón, de aguda inteligencia, con una mirada tan experimentada como inocente, Billy parece casi un adulto en un cuerpo de niño, un adulto al que todavía le queda por madurar y que encuentra su apoyo en el halcón Kes. Por otro lado, no debemos pasar por alto el personaje del amable Señor Farthing, ese profesor que todos querríamos tener y que en el caso de la novela es el único que ve en Billy potencial y no carne de reformatorio. En último lugar, cabe resaltar ese amor a la naturaleza que se respira en cada página de la novela. A pesar de encontrarnos en un pueblo realmente castigado por la explotación minera, el campo, el bosque, los árboles o los animales juegan un papel fundamental en la trama, al igual que el propio Kes, que no sólo ayuda a Billy a soñar con una vida mejor sino que en él se concentra la representación de lo bueno que nos puede deparar la naturaleza si no la maltratamos. Por eso, es lógico que Kes se incluya por méritos propios en la categoría de "literatura ecologista".


Kes, tanto la novela como su posterior e inmediata adaptación cinematográfica, cronológicamente pertenecen al fenómeno de los Swinging Sixties. Un movimiento cultural que tuvo lugar en el Londres de la década de los 60. Con antecedentes en los años 50 e inspirado en gran medida por el impacto de Mayo del 68, los Swinging Sixties se caracterizaron por un cambio de mentalidad en donde se hacía hincapié en lo moderno y lo nuevo y en donde el optimismo y un cierto tipo de hedonismo convivieron entre la juventud de ese momento. De este movimiento cultural nacieron grandes iconos como la famosa minifalda, inventada por la diseñadora Mary Quant, el pop-art y la música de los Beatles, los Rolling Stones, The Who, Jimmy Hendrix o Pink Floyd hacía de banda sonora a aquella revolución cultural. En el ámbito cinematográfico convergieron las cintas que ensalzaban el espíritu de los Swinging Sixties con un cine menos colorido y que con el tiempo se convertiría en uno de los más importantes de Reino Unido. El llamado Free Cinema Británico se caracterizaba por contar historias de carácter social y en el que se tocaron temas nunca antes abordados por el cine británico, tales como el inconformismo social, la crítica a la burguesía y al inmovilismo. Por primera vez los obreros eran los protagonistas de las películas, al igual que los actores y actrices que les daban vida provenían de ambientes muy humildes, este es el caso de Albert Finney, héroe cinematográfico de la clase obrera o el gran Michael Caine, procedente de uno de los barrios más empobrecidos de Londres y que acabaría conquistando Hollywood y dos premios Oscar en los años 80 y 90. Pero aquel movimiento cultural, ese intento por acercar la realidad de ese momento al público convivía con una sociedad británica de carácter férreamente elitista. En el primer capítulo de la segunda temporada de la serie The Crown, asistimos a una escena en la que el Primer Ministro de por aquel entonces, Anthony Eden, se dirige a una multitud de estudiantes pertenecientes al selecto colegio de Eton, del que Eden es exalumno, con las siguientes palabras: "el Primer Ministro de este país debe salir de Eton". Dicha frase, producto de una ficción televisiva, resultaría meramente anecdótica de no ser porque algo de razón lleva, teniendo en cuenta que uno de los problemas mas acuciantes en materia social que tiene Reino Unido es precisamente ese, el elitismo y la falta de oportunidades para quienes no hayan estudiado en ciertos centros educativos o no provengan de familias de bien. Tanto es así que hace unos años, el responsable de Cultura en el Shadow Cabinet laborista, Chris Bryant, levantó un debate público en el parlamento al afirmar que la cultura británica estaba dominada por artistas procedentes de las clases altas. No hace falta irse muy atrás en el tiempo para comprobar como ya no Primeros Ministros, como es el caso de David Cameron, sino que también actores de talla mundial, uno de ellos con Oscar, como Hugh Laurie, Benedict Cumberbath, Tom Hiddleston o Eddie Redmayne fueron alumnos de los más selectos colegios del país. El Doctor House, el Doctor Strange, Loki y Newt Scamander provienen de ambientes elitistas, tan elitistas que, como el caso de Redmayne, se codeó con la realeza compartiendo pupitre con el mismísimo Príncipe Guillermo. No pretendo ni mucho menos desacreditar el trabajo de estos cuatro actores, que de hecho es bastante bueno, pero si evidenciar una situación que en Kes se crítica duramente. Mientras unos por su privilegiada posición social tienen más facilidades para acceder a ciertos trabajos en las órbitas más altas, en el mundo de Billy Casper es muy difícil prosperar y salir de ese ambiente. Por eso decimos que, además de haberse convertido en un clásico tan amargo como esperanzador, Kes resume un sentimiento, una opinión, una idea: que en Inglaterra, en lo social, todavía tiene mucho trabajo por delante, incluso en pleno siglo XXI. Kes: una historia de amor, superación, miseria, comprensión, aprendizaje, valentía, naturaleza, falta de oportunidades, esperanza...Una historia que bien podría ser la del propio Barry Hines.

Frases o párrafos favoritos:

"Es feroz y es salvaje y no le importa nadie, ni siquiera yo...Y por eso es genial. (...) Pueden quedarse con sus conejos y sus gatos y sus periquitos parlanchines...Para mí no son nada comparados con ella."

Película/Canción: en el año 1969 el director de cine británico Ken Loach, uno de los mayores exponentes de la herencia del Free Cinema Británico, dirigió la primera y única adaptación de Kes. Considerada con el tiempo como una de las películas británicas más importantes de todos los tiempos.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 9 de enero de 2018

RESEÑA: Una mujer en Berlín.

UNA MUJER EN BERLÍN

Título: Una mujer en Berlín.

Autor: Marta Hillers (Krefeld, Imperio Alemán, 1911 - Basilea, Suiza, 2001) fue una periodista alemana y autora del libro autobiográfico Una mujer en Berlín, su diario desde el 20 de abril al 22 de junio de 1945 en Berlín (durante la Batalla de Berlín). Fue publicado de manera anónima para proteger su identidad ya que el libro narra su experiencia como víctima de las violaciones durante la ocupación del Ejército Rojo. Tras un largo proceso de investigación y de trabajos comparativos por parte de Walter Kempowski, fue finalmente el historiador británico Anthony Beevor quien confirmó la autoría del libro.

Editorial: Anagrama.

Idioma: alemán.

Traductor: Jorge Seca.

Sinopsis: en este documento único no se ilustra lo singular sino lo que les tocó vivir a millones de mujeres durante la Batalla de Berlín: primero la supervivencia entre escombros, sin agua, sin gas, sin electricidad, acuciadas por el hambre, el miedo y el asco, y posteriormente, tras la batalla, por la venganza de los vencedores. No hay rastro aquí de aquella autocompasión que padecieron los alemanes tras ser derrotados.  Con el prólogo de Hans Magnus Enzensberger y un epílogo de Kurt W. Marek, crítico y periodista al que la autora confió el manuscrito, Anagrama publica un texto capital para conocer lo que sucedió en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Su lectura me ha parecido: a veces, queridos lectores y lectoras, una se siente incapaz de describir lo que de verdad opino acerca del libro que hoy reseño. Os diría que es dolorosamente desgarradora, que su rotunda sinceridad abruma y que un escalofrío recorre tu cuerpo de arriba a abajo cada vez que posas la mirada sobre el papel. Os diría que es valiente, contundente, 0 condescendencia, tremendo, con un punto terriblemente sinestesico, arrollador, perturbador, devastador. Os diría que pertenece a esa clase de libros difíciles de olvidar, cuyo recuerdo se te incrusta en el cerebro para siempre, como un continuo aviso, un desesperado mensaje, un sonoro toque de atención tan necesario como atemporal. Una sacudida brutal capaz de mover los cimientos más solidos que todo lector construye a través de todos los libros que uno va leyendo a lo largo de su existencia. Como habéis podido comprobar, a veces es difícil escoger los adjetivos adecuados para describir una experiencia lectora, y más si se trata del libro que hoy vuelvo a tener entre mis manos. Una sola palabra no basta para contar una historia, ni para describir con pelos y señales lo que sucedió durante aquellos días en los que los cimientos de la capital del Tercer Reich comenzaban a desquebrajarse. Una palabra no es lo que se merecen sus habitantes, en especial las mujeres, absolutas protagonistas de este imprescindible relato. Una mujer en Berlín: la supervivencia entre destrucción y las terribles represalias de los vencedores.


Una mujer en Berlín forma parte de mis recuerdos más recientes y resume, en parte, una de las cuestiones que durante un tiempo ocupó mi interés intelectual, que no es otro que el de la lectura de testimonios procedentes del pasado. Fue en tercero de carrera cuando experimenté ese primer y verdadero contacto con este tipo de fuentes. Durante mi etapa en el instituto, y siempre por voluntad propia, me había hartado de leer libros de un corte similar al famosísimo Diario de Anna Frank, pero en cuando comencé a leer aquellos textos, el mundo pareció abrirse ante mis curiosos ojos. Esta primera experiencia me ayudó a introducirme en su lectura, pero no fue hasta el Máster cuando entonces tuve el privilegio de leer más testimonios, analizarlos como es debido, investigar a través de estas fuentes e incluso asistir a una conferencia sin precedentes en la facultad, en la que pude escuchar el relato de Sigfried Meir, superviviente de Auschwitz y Mauthausen. Sin embargo, aún se me quedaban cortos dichos conocimientos adquiridos, por lo que empecé a buscar por mi cuenta otros diarios, escritos y demás libros que pudiesen mostrarme otra cara de la Segunda Guerra Mundial. Fue de este modo como di con Una mujer en Berlín, mientras buscaba, distraída, algún libro para poder leer aquel caluroso verano de 2016. Uno de los profesores del Máster, cuya presencia lograba imponer a más de uno, fue el que nos habló de dicho libro, sin embargo, y siempre por culpa del tiempo, no pudimos entrar en su lectura y análisis. Desde entonces, desde aquella clase, no pude dejar de pensar en Una mujer en Berlín. Algo me decía que aquel era el libro que tanto buscaba y que anímicamente estaba preparada para leer, por lo que en cuando lo vi, allí, reposando sobre uno de los enormes estantes de la Biblioteca de Humanidades, no lo dudé ni un segundo. Junto con La Pimpinela Escarlata se convirtió en la lectura más importante de aquel verano, tanto que, como ya he comentado en el primer párrafo, su recuerdo lo llevo grabado a fuego en mi memoria. Hacía mucho tiempo que un libro no lograba superar mis expectativas ni ofrecerme las respuestas que necesitaba, y éste en concreto me hablaba de lo que verdad andaba buscando, es decir, de esas voces situadas en los márgenes de la historia, de esos protagonistas que durante años habían sido silenciados, ignorados y olvidados por historiadores y la sociedad en general. Hoy, dos años después y tras haberme nutrido de otras lecturas similares, os puedo asegurar que ninguna ha logrado superar el estilo y la dureza de Una mujer en Berlín.


En lo que respecta a su lectura, comenzaremos diciendo que Una mujer en Berlín presenta una lectura con diferentes caras. Por un lado, para quienes estén interesados en el tema, se toparan con un libro que rebosa las expectativas y todo lo que hayáis podido escuchar acerca de él. Y por otro, para quienes no estén acostumbrados a leer este tipo de libros, el impacto tal vez sea mayor. Eso si, lo que está claro es que este texto en su conjunto se compone de varios elementos esenciales. El primero de ellos, una observación desmedidamente despiadada. Sin tapujos, sin artificios, sin tratar de esconder los detalles más duros, la autora nos narra lo sucedido durante aquellos tres meses en los que Berlín se caía a pedazos y en los que las tropas rusas arrasaron con todo, sin importar el daño que podían causar. Y para ello, no hay mejor arma que la franqueza, que conduce irremediablemente a la verdad, por muy terrible que al lector le parezca. La autora no se deja nada en el tintero, absolutamente nada, lo que nos da una idea de que la finalidad de Una mujer en Berlín va más allá de la de proporcionar un simple testimonio. El segundo, la impactante serenidad. Sus ojos observan sin filtro su alrededor, un paisaje nada halagüeño en donde la supervivencia entre el caos y la destrucción propias de una guerra se apodera de los habitantes de la capital alemana. Pero ese es el día a día, desde hace un tiempo, y la autora, aunque en el fondo desea que la contienda finalice, vive su realidad con una serenidad curtida a base de la experiencia que ofrece la crudeza de una guerra. Todos los personajes, reales todos ellos, que aparecen en el libro conviven con el miedo y la incertidumbre, tanto es así que estas emociones acaban por volverse cotidianas. Las circunstancias les han obligado a naturalizar todo eso, algo que el lector no puede evitar observar con pasmo, para después darse cuenta de que en las mismas circunstancias, probablemente actuaríamos del mismo modo. El tercero, ese humor macabro que no hace sino envolver a Una mujer en Berlín de una escalofriante bruma. Introducir el humor en un libro de este tipo siempre es arriesgado, se corre el peligro de caer en la frivolidad o en el chiste de peor gusto. Sin embargo, es precisamente el pertinente uso del humor, un humor sin condescendencias y tan frío como el hielo, lo que hace que el lector acabe cautivado. Su autora logra prender una leve chispa en los momentos adecuados, que en ocasiones, suelen ser los que el lector menos se espera. Dicen que hay que tomarse las cosas con humor, pero cuando hay una guerra de por medio, éste acaba apareciendo en medio de bunkers atestados de gente, en plazas convertidas en auténticos campos de batalla e incluso en esos momentos en los que es mejor cerrar los ojos y no moverse. Lo dicho, humor oscuro para tiempos aún más oscuros. Y por último, en cuarto lugar, una reflexión clara e insobornable: la de que ningún bando es bueno. Ni el de los alemanes ni el de los rusos, todos cometen las mismas atrocidades cuando la guerra lo inunda todo. Y aunque Una mujer en Berlín se centra en narrar las barbaridades cometidas por el ejército soviético en un terrible sentimiento revanchista y vengativo, la autora deja bien claro que ante una situación así, las personas se muestran tal y como son, y en algunos casos, pueden parecerse al mismísimo demonio. Finalmente, y a modo de recapitulación, os diré que Una mujer en Berlín, aunque no sea una novela, aunque esté estructurada a modo de diario personal y a pesar de todo lo que he comentado, lo cual, puede echar para atrás a más de uno por su dureza, os aseguro que merece la pena leerlo. Su lectura logra removerte el estómago, pero también la conciencia, y eso es lo más importante.


Nadie que haya leído Una mujer en Berlín puede negar que éste es un libro único, no sólo por la forma en la que su autora narra lo sucedido, también por esa valentía al atreverse a hablar de las grandes olvidadas de los conflictos bélicos: las mujeres. El machismo impregna cualquier guerra, hasta el punto de llevar dichas actitudes normalizadas por la sociedad del momento al extremo más despiadado y terrible. Y dentro de todas las atrocidades que se cometen contra las mujeres en contexto de guerra, las violaciones están a la orden del día. En Una mujer en Berlín, la autora describe con pelos y señales como los soldados soviéticos, ávidos de venganza, asaltaban a las mujeres alemanas para violarlas salvajemente. Incluso a lo largo del libro, la propia autora es víctima de acoso sexual y de intentos de violación. En aquella época, la violación suponía condenar a la mujer moral y socialmente para el resto de su vida. La perdida de confianza por parte de la sociedad, la dificultad de encontrar un trabajo digno, la demonización de la persona o, en el caso de que fruto de la violación naciese un bebé, te colgasen el San Benito de "madre soltera", algo que no estaba bien visto a mediados del siglo XX y que todavía sigue suscitando habladurías en pleno XXI. El lector eso lo sabe de sobra, pero en cuanto, tras leer Una mujer en Berlín, comprueba como, sin necesidad de montar una guerra, se siguen produciendo violaciones, incluso en el primer mundo, a dos manzanas de su casa, su rostro palidece al instante. La idea de asociar a la mujer con un objeto y la conocida como "cultura de la violación" hacen posible que se produzcan casos como el de La Manada y tantos otros no tan mediáticos. Hace unas horas la presentadora, actriz y activista por los derechos sociales Oprah Winfrey pronunció uno de esos discursos para la historia, en donde enarbolaba el famoso "Time´s Up" y la verdad, como mujer y persona que soy, no puedo dejar pasar la oportunidad de reclamar mayor igualdad y menos impunidad. Ninguna mujer debería ser agredida sexualmente ni ser discriminada por su condición femenina, y para ello, para lograr un mundo más igualitario, la educación en fundamental, la única vía para lograr que la situación cambie. Lecturas como Una mujer en Berlín pueden ayudar a los historiadores a comprender mejor esa parte de la historia que, por desgracia, ha permanecido durante mucho tiempo en los márgenes o directamente olvidada. Las mujeres en la historia son importantes, algo que ya nos debería haber quedado claro desde hace mucho tiempo. Pero también, Una mujer en Berlín puede leerse en las escuelas, en la asignatura de Historia, ya no sólo para conocer la historia desde una perspectiva nueva, también para que las futuras generaciones, tanto la de las mujeres, pero especialmente la de los hombres, sepan que meter mano a una mujer sin su consentimiento o piropearla por la calle es acoso sexual. En guerra las violaciones se cuentan por millones, pero en tiempos de paz, éstas se convierten en invisibles para la sociedad. Una mujer en Berlín: una historia de terror, hambre, combates, disturbios, acoso, discriminación, violación...El más valiente testimonio de denuncia  frente a la cara más despiadada del poder patriarcal.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien quiera enterarse de lo que en realidad ocurrió en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, tendrá que preguntarle a las mujeres. Y es que, entre las ruinas, los hombres demostraron ser el "sexo débil"."

Película/Canción: en el año 2008 se estrenó la primera adaptación cinematográfica de este libro. Bajo el título Anonyma, dirigida por Max Färberböck y protagonizada por la actriz alemana Nina Hoss.  


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 4 de enero de 2018

RESEÑA: La guerra de los mundos.

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

Título: La guerra de los mundos.

Autor: H.G Wells (1866-1946) nació en Bromley, Reino Unido. Una beca le permitió estudiar en la Normal School of Science de Londres. Trabajó como aprendiz, contable, tutor y periodista hasta 1895, año en el que se dedicó por completo a escribir y en el que publicó su primera novela, La máquina del tiempo, en la que ya aparecía la explosiva mezcla de ciencia, política y aventura que haría de sus libros un éxito. Desde 1895 hasta su muerte, Wells escribió más de ochenta libros, entre los que destacan todas aquellas obras que contribuyeron a crear un género, la ciencia-ficción: El hombre invisible, La guerra de los mundosLas cosas del futuro, todas ellas llevadas al cine en varias ocasiones. Además de estas novelas, Wells escribió Kipps o La historia de Mr Polly, profundos relatos de su época; y novelas sociales como Tono Bungay o Mr Britling va hasta el fondo. Tras la Primera Guerra Mundial publicó un ensayo histórico que se haría muy popular en Reino Unido, El esquema de la historia.


Editorial: Debolsillo.

Idioma: inglés.

Traductor: Julio Vacareza.

Sinopsis: publicada en 1898, narra por primera vez en la historia de la literatura un tema que será recurrente desde entonces y originará todo un subgénero dentro de la ciencia ficción: la invasión hostil de la Terra por extraterrestres procedentes de Marte, recibidos por una humanidad ingenua que tendrá que organizarse para impedir una destrucción masiva del planeta. A través de esta novela en la que las descripciones científicas, las premoniciones sobre el futuro de la tecnología y los entresijos de la política ocupan un lugar central, G. H. Wells nos habla sobre la vanidad y seguridad ficticia de una humanidad autosatisfecha, y los peligros que acechan a su supervivencia.

Su lectura me ha parecido: entretenida, rápida, ágil, con descripciones muy completas, apocalíptica, tremendamente lúcida, más profunda de lo que aparenta...Queridos lectores y lectoras, ya es un hecho, acabamos de superar los primeros días del 2018. Un año que de seguro vendrá cargado de no pocos acontecimientos relevantes. Lo que si sabemos es que este 2018 tendrá lugar la confluencia de varios aniversarios de índole histórica. El más destacado, los 50 años de las manifestaciones de Mayo del 68 en París, sin olvidarnos del centenario del final de la Primera Guerra Mundial, el centenario del fusilamiento de la familia Romanov en Rusia o el bicentenario del acta de Independencia de Chile. En otros ámbitos, sabemos que en el 2018 se celebrará el Mundial de Fútbol en Rusia, que Bulgaria asumirá la presidencia del Consejo de la UE o que varios países, entre los que se encuentran Finlandia, Brasil, Rusia o Costa Rica, celebrarán elecciones. Dentro de lo cultural, además de los muchos estrenos que la factoría Marvel ha anunciado, este es el año de Emily Brontë, y por extensión, también el de sus hermanas Charlotte y Anne, sin olvidarnos de que en 2018 también se cumplen doscientos años de la publicación de uno de los grandes libros de la literatura universal, el Frankenstein de Mary Shelley. En lo astronómico, habrán dos eclipses lunares, varias súper lunas y el planeta Marte hará su máxima aproximación a la Tierra el 27 de julio. Parece una casualidad, pero si tenemos en cuenta el libro que hoy reseñaremos, lo de la aproximación de Marte al planeta Tierra resulta una broma de mal gusto. Que no cunda el pánico, seguro que nuestros respectivos gobiernos están lo suficientemente preparados para una invasión alienígena, o tal vez ni hayan pensado en eso, por lo que estaríamos desprovistos de toda protección si algún día la Tierra es arrasada por un objeto volador no identificado. No es mi intención amargaros este inicio de año, pero desde Jimena de la Almena me gustaría hablar sobre la ineficacia política, de las consecuencias de los avances tecnológicos y especular sobre como será nuestro futro más inmediato. Temas de gran interés y que sobresalen en la lectura de La guerra de los mundos: libro fundacional de inquietante reflexión.


La historia de como La guerra de los mundos llegó a mis manos y a mi adorada estantería es bien sencilla. Si bien es cierto que no me había adentrado en un primer momento en su lectura, conocía algunos aspectos de la novela. Sabía que se trataba de un libro en el que se narraba una mortífera y catastrófica invasión alienígena, pero desconocía por completo otros temas que en ella se abordaban, por lo que durante mucho tiempo, y de forma errónea, creí que La guerra de los mundos era una historia plana sin más misterios. Pasado un tiempo vi su enésima adaptación, la que hasta el momento es la última que se ha filmado, la de Steven Spielberg, protagonizada por un siempre heróico Tom Cruise. Recuerdo que me impactó en su momento, una mega invasión alienígena vista en la gran pantalla siempre logra captar la atención del público, incluso del más escéptico. Sin embargo, el paso del tiempo puso a aquella superproducción en su lugar, es decir, en uno en el que pocos se acuerdan de ella. Al menos, y lo digo desde la máxima sinceridad, ese fue mi caso. No me creía todo aquello, a pesar de los efectos especiales y la interpretación de un Tom Cruise más cercano a Misión Imposible que a otra de sus películas. Ni me hizo reflexionar ni consiguió que me plantease leer el libro, haciéndole de este modo un flaco favor al escritor, un tal H.G. Wells. Años más tarde, y ya inmersa en los preparativos de la exposición del Trabajo Final de Grado, comprendí que había sido una estúpida. Por razones evidentes, La guerra de los mundos no podía formar parte de mi investigación, pero comprendí que aquel escritor, H.G. Wells había revolucionado lo que hoy conocemos como ciencia-ficción al escribir la primera novela en la que aparecen extraterrestres. Y eso, para una entusiasta de la historia y la literatura, no podía pasar desapercibido por mucho más tiempo. No adquirí un ejemplar de La guerra de los mundos hasta muchos años más tarde en un mercadillo de libros a 1€ situado en el Mercado Central de Valencia, y no fue hasta que mi padre me dio ese último empujón al recomendarme fervientemente su lectura, cuando al fin logré sumergirme entre sus páginas. El resultado, mejor del esperado.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos diciendo que La guerra de los mundos presenta una lectura muy rápida, trepidante, de una agilidad pasmosa. Pero al mismo tiempo, la novela está muy bien sustentada mediante descripciones de índole científica muy claras y para nada tediosas, lo suficientemente instructivas para que el lector se quede con la información y pasase sin problemas de una página a otra. Esta claro que detrás de este equilibrio entre un ritmo y conocimiento se esconde una intención muy clara: que el que se adentre en La guerra de los mundos disfrute aprendiendo, o lo que es lo mismo, que siga atento a los sucesos de la novela al mismo tiempo que reflexiona sobre temas nunca antes planteados desde esa perspectiva. A esto hay que añadirle, para dar más emoción a la trama, una narración en una primera persona muy particular, la de alguien que es testigo de toda esa catástrofe, la de alguien que no esconde su temor, la que, a pesar de todo, no duda en contarnos fielmente lo que sucede. Tal vez por ello tuvo tanto éxito la famosa lectura radiofónica de Orson Wells, la cual, logró atemorizar a todo un país. Tal vez el que la gente creyese que se estaba produciendo una invasión extraterrestre, además de por el sobresaliente talento de Wells, fuese por la honestidad del texto, por esa verdad, por esa constante reflexión sobre la vulnerabilidad del ser humano. En La guerra de los mundos, H.G Wells demuestra ser un maestro de la creación de atmósferas, y en este caso, de una atmósfera realmente negativa y devastadora. De su cabeza surgen enormes máquinas procedentes del espacio exterior, las cuales avanzan sin pausa atravesando pequeñas poblaciones hasta llegar a la ciudad, dejando tras de si un reguero de muerte y destrucción absolutamente traumáticas. Ante un acontecimiento así es muy interesante como H.G. Wells logra captar los diferentes y muy variados comportamientos del ser humano, aunque una cosa esta clara, ninguno de ellos estaba preparado para algo semejante, por lo que muchos no dudan en compararlo con el Apocalipsis bíblico. De hecho, mientras lees la novela no dejas de pensar precisamente eso, que estamos ante un fin del mundo literario de consecuencias similares a las de La Biblia, pero en donde la tecnología y los elementos sociales juegan un papel fundamental. En este sentido, Wells no duda en acercar al gran público descripciones científicas y plantear preguntas bastante lúcidas para la época: ¿Hay vida más allá de la Tierra? ¿Y si la hay, cómo son dichas criaturas? ¿Qué aspecto tienen? ¿Cómo se organizan? ¿Cuál es su intención? Y la más importante ¿Cómo nos afectaría en el caso de que quisieran atacar nuestro planeta? Es cierto que en Frankenstein, Mary Shelley ya habló del impacto y las posibles consecuencias a largo plazo de los avances científicos y tecnológicos, pero Wells da un paso adelante décadas más tarde, al cuestionar esa política supuestamente protectora y que tiene toda la tecnología a su alcance para, se supone, defender a los seres humanos. Wells especula sobre lo desconocido y critica lo conocido, augurando un futuro bastante negro en lo que a descubrimientos tecnológicos o científicos se refiere, y la verdad, hoy, en pleno 2018, podemos asegurar que universos llamados Instagram o Twitter no son tan idílicos como aparentan. Por último, una aclaración. Mucha gente piensa que La guerra de los mundos transcurre en Estados Unidos debido a las múltiples adaptaciones cinematográficas que se han hecho al respecto, pero en realidad, la novela transcurre en Londres y sus alrededores. Fue bastante impactante observar como lugares como Isleworth, Richmond o Twikenham (barrios de lo que se conoce como "El Gran Londres") formaban parte de la novela. Lugares en los que casualmente estuve el año pasado y en los que, al contrario que la novela de H.G Wells, se respiraba tranquilidad.  


Como acabamos de comprobar, son muchos los temas que H.G. Wells aborda en La guerra de los mundos. Pero de entre todos ellos, hay uno que sobresale por encima de todos, provocando que el lector sienta una especie de ligero desasosiego y que, una vez finalizada su lectura, observe a su alrededor a través de una mirada crítica. ¿Estamos de verdad protegidos? Esa es la gran pregunta que se repite a lo largo de la novela y que resulta tan inquietante. En el siglo XIX, época en la que Wells escribió La guerra de los mundos, hacerse esa pregunta es adelantarse dos siglos a una realidad, la del presente, la del siglo XXI, en la que se ha demostrado que esa supuesta "seguridad" es más frágil de lo que nos quieren hacer creer. Entre finales del XIX y las primeras décadas del XXI, la ciencia y la tecnología han avanzado a paso de gigante, haciendo que ésta esté cada vez más presente en nuestro día a día, consiguiendo que los seres humanos ya no concibamos nuestra vida sin toda esa tecnología que nos facilita las cosas. También, desde el ámbito de la política, y amparándose en esos beneficiosos artilugios, se ha vendido la idea de que gracias a ellos, el mundo es cada vez más seguro. Algo que sucedía tanto en la época de Wells como en la actualidad, aunque con evidentes diferencias. No es lo mismo la tecnología de finales del XIX, la cual empezaba a despegar, que la del XXI, la cual, parece imparable, capaz de sobrepasar cualquier límite. Pero en realidad, y esto en parte lo demuestra La guerra de los mundos, toda esa supuesta protección por parte del estado y del sistema salta por los aires ante una amenaza nunca antes planteada, como puede ser la de una invasión alienígena. Es entonces cuando ni la política ni toda esa tecnología pueden dar respuesta y abandonan a los ciudadanos a su suerte, a merced de un fenómeno peligroso y de proporciones desconocidas. El abismo al que empujan a las personas es tal que tienen que ser los propios seres humanos los que se organicen e intenten ejercer esa labor de protección que el estado no ha sido capaz de ofrecer. En la actualidad muy pocos piensan en que una nave alienígena sembrará el caos y el terror sobre el planeta Tierra, pero no es descabellado pensar que toda esa tecnología, la cual usamos a diario, se convierta en nuestro peor enemigo. No hace falta extraterrestres para que se produzca una hecatombe mundial, una simple tormenta solar bastaría para que las ciudades se colapsasen y los ciudadanos se convirtieran en auténticos zombis, en busca de electricidad, de wifi, de cualquier artilugio que les permita estar conectados. La adicción a las nuevas tecnologías provocaría autenticas luchas por la supervivencia, incluso horrendas muertes, a lo The Walking Dead y un estado de anarquía total. Lecturas como La guerra de los mundos nos hablan de eso precisamente, de como desde el poder se nos tranquiliza vendiéndonos la idea de un mundo muy seguro, pero la realidad es que con solo pulsar el botón adecuado, con un simple ataque informático, el mundo que conocemos podría en cuestión de segundos, dejar de ser el que era. La guerra de los mundos: una historia de supervivencia, negligencia política, abismo, alienígenas, poderosas armas de destrucción, valentía, incertidumbre, terror...Una lucha constante por sobrevivir frente a una megalómana adversidad.

Frases o párrafos favoritos:

"En los últimos años del siglo XIX nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y se multiplican en una gota de agua."

Película/Canción: la novela ha sido muchas veces adaptada al cine, de entre todas ellas destacan las de 1953 de Byron Haskin y la de 2005 de Steven Spielberg. Sin embargo, nos tenemos que quedar con esa irrepetible adaptación radiofónica que Orson Wells realizó en 1938 creando una gran alarma social en Estados Unidos. Aquí os dejo algunos fragmentos de esta magistral interpretación.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 28 de diciembre de 2017

RESEÑA: El cuento de la criada.

EL CUENTO DE LA CRIADA


Título: El cuento de la criada.

Autor: Margaret Atwood (Ottawa 1939) es una de las escritoras canadienses de mayor renombre internacional. Autora prolífica, ha cultivado diversos géneros literarios y su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Entre sus novelas destacan, además de Alias Grace, El cuento de la criada, Por último, el corazón y Ojo de gato, finalistas del premio Booker, un galardón que obtuvo con El asesino ciego, su décima novela. Ha recibido así mismo el Governor General´s Award, la Orden de las Artes y las Letras, el Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Montale, el Premio Giller, el National Arts Club Literary Award, el Premio Internacional Franz Kafka, el Premio de la Paz del Gremio de Libreros Alemanes y desde hace unos años su nombre suena con fuerza entre los candidatos al premio Nobel de Literatura. Gracias a las adaptaciones televisivas de El cuento de la criada y Alias Grace, Margaret Atwood ha vuelto a posicionarse entre las autoras más vendidas a nivel mundial.



Editorial: Salamandra.

Idioma: inglés.

Traductor: Elsa Mateo Blanco.

Sinopsis: amparándose en la coartada del turismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder, y como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. En esta nueve República, la de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal y como imponen las normas establecidas por la dictadura puritana que gobierna el país. Si Defred se rebela - o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir - le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a las Colonias en las que sucumbirá a la producción de residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria y hasta sus relaciones sexuales. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.

Su lectura me ha parecido: importante, trascendental, atemporal, bien escrita, dura, seca, crítica, con un mensaje rabiosamente feminista, escalofriante, perturbadora, terrorífica...Queridos lectores y lectoras, ya quedan pocos días para que comamos las 12 uvas y demos la bienvenida al 2018 por todo lo alto. Son fechas señaladas, que duda cabe, en las que se da rienda suelta a la nostalgia y en las que proliferan listas de "lo mejor de 2017" procedentes de cada disciplina científica, artística, humanística...Por ello y porque desde Jimena de la Almena no quería quedarme atrás y he decidido dejar lo mejor del año para el final. Y no, no es una reseña de Patria de Fernando Aramburu. Es cierto que en un principio esa era la idea, terminar este año de reseñas con una crítica al libro que más éxito editorial ha tenido en España. Pero tras meditarlo detenidamente, he optado, y creo que acertadamente, por reseñar el presente texto. Todos habéis oído hablar de él, muchos de vosotros habéis visto la serie y habréis alucinado con lo que se muestra y se narra. Todo eso lo se. Pero lo que muy poca gente sabe es que este libro, tan actual y cuya sinopsis podría encontrarse perfectamente en cualquier novela publicada este año, se escribió en los años ochenta. Si, en los ochenta ya se criticaban muchas cosas, entre ellas, la falta de libertad de la que hoy en día no disfrutan muchas mujeres de este mundo. Esto demuestra dos cosas: primero, que no hace falta que un libro se publique en 2017 para que se convierta en el libro del año, y segundo, que si no lo habéis hecho ya, espero que estas navidades vayáis alguna librería y adquiráis este libro. Regalarlo si queréis, afortunado será quien en su biblioteca tenga un ejemplar de El cuento de la criada: la perfecta y más terrorífica heredera de 1984.


La historia de como este libro llegó a mis manos es bien sencilla. Sin embargo, debemos remontarnos a mis años de estudiante universitaria. Como muchos ya sabréis, una servidora realizó el conocido como Trabajo Final de Grado sobre el totalitarismo a través de una serie de novelas distópicas. Libros como Un mundo feliz, 1984, Farenheit 451 y La naranja mecánica fueron los seleccionados y a los que sometí un intenso análisis para demostrar como el totalitarismo adquiría formas similares y diferentes al mismo tiempo entre unas novelas y otras. Fue durante ese proceso de documentación e investigación cuando descubrí a Margaret Atwood y El cuento de la criada. La verdad es que tras leer la sinopsis el libro me cautivó de inmediato. Es más, si lo usaba para mi trabajo podía darle una perspectiva de género tan necesaria como interesante para el estudio del tema. Sin embargo, y por falta de tiempo y espacio, El cuento de la criada se tuvo que quedar fuera de mi Trabajo Final de Grado. Eso unido al hecho de que me había resultado misión imposible encontrar un ejemplar, hicieron que la lectura de la novela de Margaret Atwood quedase apartada. Durante los años posteriores, y aunque no lo había leído, no me cansé de hablar de este libro y de recomendar su lectura. Me arriesgaba mucho, pero, mi intuición me decía que aquella novela no era el best seller de turno, sino algo más grande e inquietante. Pasado un tiempo y ya imbuidos en la era Netflix o HBO, se estrenó una serie que adaptaba de forma bastante fiel el libro de Margaret Atwood. En ese momento, casi por inercia, supe que algo estaba cambiando en el panorama cultural, y no solo desde el ámbito seriefilo. Al poco conseguí, gracias a un golpe de suerte, poder adentrarme en El cuento de la criada. Su lectura duró en mis manos unos días, los suficientes como para que pudiese asimilar la historia y todo lo que esta transmitía en cada capítulo. Tras finalizarla pude por fin disfrutar de la serie protagonizada por Elizabeth Moss, la inolvidable Peggy Olson de Mad Men, y comprobar como en ocasiones la ficción, en el caso de El cuento de la criada, podría superar a la realidad.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha comenzaremos diciendo que El cuento de la criada presenta una lectura amena, rápida, adictiva, pero no por ello ausente de contenido. Como ya he dicho en el párrafo anterior, este no es un libro cualquiera, pues ha sentado un precedente muy importante en la literatura distópica que se publicó posteriormente. Para empezar, y aunque en estilo recuerda mucho al 1984 de George Orwell, esa narración en primera persona, ese tono tan dolorosamente nostálgico y esa constante reflexión interna por parte de la narradora consigue que el lector empatice de inmediato con Defred y el resto de mujeres cuya vida se ha visto truncada a medida que se sucedían los acontecimientos en la nueva república, la de Gilead. Y por otro lado, el que sea una mujer la protagonista de esta historia hace que la novela adquiera una dimensión nunca antes vista. En las más famosas distopías literarias siempre es un hombre el que disiente de las normas del sistema, el que experimenta una revolución interior, el que en ocasiones lidera la resistencia o el que incluso logra cambiar las cosas. La mujer en estas novelas siempre aparece como elemento secundario, dejándole todo el protagonista al hombre. En El cuento de la criada, Defred se alza como voz de esa terrible experiencia vivida, pero también, como esa luz tan necesaria en un mundo de oscuridad, una luz que no logra apagarse. Margaret Atwood eleva su fortaleza e inteligencia a la misma altura de los hombres, a pesar de que su situación como mujer en Gilead esté por los suelos y sujeta a la férrea normativa moral del país.



Centrándonos en la historia que se nos narra tenemos que comentar que esta no puede ser más terrorífica: un futuro inmediato, en donde tras un asalto al congreso por parte de unos terroristas se establece un gobierno teocrático basado en el puritanismo y en una interpretación extrema del Antiguo Testamento. Una sociedad en la que los derechos de las mujeres no existen y su actividad es controlada al milímetro. En este país las mujeres, además de verse privadas de sus libertades, son distribuidas en tres grupos: las esposas, las Criadas y las Marthas (amas de casa). De los tres, la función de las Criadas, compuesto por mujeres fértiles secuestradas, es la reproducción. Las Criadas son sometidas de forma violenta a una serie de humillantes actos que tienen que acatar, tales como ser las que provean de hijos a las familias de los oligarcas, sufrir cada mes la violación para poder quedar embarazadas, perder su identidad propia, ser testigo de las ejecuciones e incluso formar parte de ellas como obligados verdugos. Las que se revelan, las que no pueden tener hijos y las llamadas "intelectuales" son apartadas inmediatamente de la sociedad y mandadas a las Colonias, un lugar en donde sobrevivir es imposible. June, ahora Defred, pierde su trabajo, a su pareja, a su hija pequeña, a su mejor amiga, pero también su dignidad como ser humano, siendo tratada como una perpetua menor de edad y un objeto enfundado en un traje simbólicamente rojo. Además del de Defred, cuya construcción psicológica no puede ser más perfecta, nos encontramos con otros personajes igual de trascendentales. De entre todos ellos, yo destacaría el de Serena Joy y el de Tía Lidia. El primero por representar lo opuesto a Defred: sumisión, resignación, pero también autoridad. Al ser la esposa del comandante con mayor rango del sistema, se erige en su posición privilegiada. Sin embargo, en la novela también se muestra como al ejercer ese papel la propia Serena experimenta momentos de debilidad, sintiendo que, al igual que las Criadas, está viviendo una existencia que nunca se imaginó protagonizar, todo ello a pesar de sus fuertes y fanáticas convicciones religiosas. Y el segundo, el de Tía Lidia, no puede ser más malvado. Violencia, sadismo, mano de hierro, poder...Todos estos calificativos y más describirían perfectamente su carácter. Tía Lidia es una de las guardianas del conocido como Centro Rojo, un lugar donde preparan a las mujeres fértiles para convertirse en Criadas, un recinto donde la rebeldía se castiga con extrema violencia y en donde Tía Lidia ejerce un papel que oscila entre el de la madre protectora y el de la torturadora más peligrosa. El resto de personajes, tan inolvidables como escalofriantes, conforman esta atemporal historia. Por último, no podemos dejar pasar ese final tan atípico que desmonta los esquemas del lector más tradicional. Evidentemente no voy a desvelaros que es lo que sucede, pero si compartir con vosotros que éste es totalmente imprevisible y tan extraño que algunos críticos se han atrevido a opinar que Margaret Atwood ha dejado la novela inconclusa. Ni final abierto ni cerrado, simplemente ha hecho algo nunca antes visto y que sorprende por su brusquedad tal vez intencionada. Cierto o no lo que está claro es que el final de El cuento de la criada disgusta y fascina a partes iguales.


Muchos medios de comunicación de todo el mundo coinciden en definir al año 2017 como el año del feminismo, y la verdad razón no les falta. Por primera vez en muchos años, y gracias en parte a las Redes Sociales, el problema de la desigualdad entre hombres y mujeres se ha convertido, por fin, en un tema de debate y discusión, llegando incluso al ámbito político. Conceptos como "micromachismo", "machirulo", "sociedad patriarcal" o "cultura de la violación" han tenido cabida en los medios de comunicación y en las discusiones académicas más importantes. Además, las campañas de visivilización de problemas tan grabes como la violación, el acoso sexual, la violencia machista o la discriminación en ámbitos como el laboral o el familiar han obtenido una impresionante acogida a nivel global. Algunas, como la del #MeToo (yo también) han logrado una repercusión planetaria sin precedentes. En un año en el que como mujeres hemos sido más conscientes de las injusticias cometidas contra nuestro sexo, en el que hemos aprendido a cuestionar los estereotipos de género y en el que hemos desarrollado una mirada más crítica hacia ciertos productos de consumo de masas; hay todavía quienes pretenden vivir como hace 50 años, por lo que no dudan en insultar y amenazar de muerte a quienes se posicionan en favor de una igualdad real entre mujeres y hombres. Por eso y para combatir toda esa injusticia vertida sobre el sexo femenino durante siglos, es importante el feminismo. En El cuento de la criada se reflexiona sobre muchos temas, algunos tan actuales que asustan, pero de lo que podemos estar seguros es que Margaret Atwood defiende la urgencia de una ideología feminista en cada página de la novela. La moraleja viene a ser la siguiente: sin feminismo, las mujeres pueden correr la misma suerte que Defred, sin feminismo, la sociedad patriarcal puede volverse tan fanática como la de la República de Gilead, sin feminismo, en última instancia, como mujeres perdemos todo, absolutamente todo, incluso la capacidad de decidir sobre nuestro propio destino. No debemos pasar por alto que en muchos países, algunos de gran peso e influencia, la mujer es tratada como un objeto, e incluso como en El cuento de la criada, es controlada hasta su forma de vestir, por no hablar de las relaciones sexuales o su opción sexual. Como tampoco olvidar que en los países más desarrollados del mundo la mujer esta viendo como sus derechos retroceden a paso de gigante, con la amenaza permanente de que la cosa puede ir a peor. El debate de la legalización de la gestación subrogada en España o el recorte de ayudas a la violencia doméstica en Rusia son ejemplos de como de mal está la situación. Por ello deberíamos hacer más caso a Margaret Atwood y defender nuestros derechos como mujeres, pues, si no hacemos nada, harán con nuestras vidas lo que quieran. El cuento de la criada: una historia de terror, reflexión, feminismo, realidad, ficción, lucha, rebeldía, amor...Un cuento que esperemos, por la cuenta que nos trae, que siga siendo eso, un cuento.

Frases o párrafos favoritos:

"La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación."

Película/Canción: en 1990 se estrenó la primera adaptación cinematográfica de la novela de Margaret Atwood, con las interpretaciones de Natasha Richardson, Faye Dunaway y Robert Duvall. Pero ha sido en el 2017 cuando se estrenó su adaptación más exitosa. Esta vez en formato televisivo y con las interpretaciones de Elizabeth Moss, Joseph Fiennes, Yvone Strahovski, Alexis Bledel, Ann Dow y Shamira Wiley entre otros. La serie ha sido premiada en los Emmy de este año en categorías tan importantes como Mejor serie Dramática, Mejor actriz protagonista, Mejor actriz secundaria y Mejor guion adaptado. En los próximos Globos de Oro compite en las categorías de Mejor Serie Dramática, Mejor actriz protagonista en una serie de televisión y Mejor actriz secundaria en una serie de televisión.


¡Un saludo, a seguir leyendo y feliz año nuevo!
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