Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

RESEÑA: La librería.

LA LIBRERÍA

Título: La librería.

Autor: Penelope Fitzgrald (1916-2000) de soltera Knox, era hija del editor de Punch, Edmund Knox y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, el criptógrafo Willy Knox y del estudioso de la Biblia Wildfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelista Edward Brune-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes dentro de la nueva narrativa inglesa. Con La librería, publicada en 1978, fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva. Siguieron Human Voices y At Freddie´s. En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Inocencia, desarrollada en la Italia de los años 50 y que narra la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El inicio de la primavera, que tiene lugar en el Moscú de 1913. Siguieron La puerta de los ángeles y La flor azul, esta última centrada en la vida del poeta alemán Novalis.


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductor: Ana Bustelo.

Sinopsis: Florence Green vive en un pueblo costero de Suffolk que en 1959 se caracteriza justamente por "lo que no tiene". Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita, de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

Su lectura me ha parecido: intensa, pequeña, bella, rebosante de pertinentes reflexiones, fuertemente autobiográfica, optimista y pesimista a partes iguales...Seguramente acierto cuando digo que todos los que nos dedicamos directa o indirectamente al mundo de los libros hemos soñado con tener nuestra propia librería. Un espacio único que reflejara nuestra personalidad como lectores y en el que, además de la venta de libros, pudiésemos destinarlo a otras actividades igual de interesantes como presentaciones, talleres, conferencias, clubs de lectura o semanas temáticas. Y es que el poder que tienen las librerías, ya sean grandes empresas o pequeñas librerías de barrio, radica en que en ellas, al igual que las bibliotecas, actúan como una puerta de acceso a la cultura. En las librerías podemos toparnos tanto con las últimas novedades editoriales como con aquellos libros que por derecho propio se han convertido en grandes clásicos de la literatura. Incluso las hay que en sus escaparates exponen libros raros o de cuya existencia creíamos extinguida. En definitiva, constituyen lugares de confluencia de ideas, debates y demás conversaciones surgidas al calor de un buen libro. Sin embargo, a veces se nos olvida que tras los mostradores, los infatigables trabajadores o dueños en el caso de las más humildes hacen lo posible para mantener dichos espacios, resistiendo con ejemplaridad y tesón, incluso ante las peores adversidades. Pues bien, el libro que hoy tengo el placer de reseñar va precisamente de eso, de como a veces hay que luchar contra viento y marea para poder llevar a cabo un sueño, y más si éste se compone de estantes rebosantes de saber. Todo un homenaje a los libreros/as y a ese microcosmos que los libros son capaces de crear. La librería: una bella reflexión sobre el amor hacia los libros, un vil retrato de la miseria del ser humano. 


La historia de como La librería llegó a mis manos viene de lejos, es más, esta novela de Penelope Fitzgerald tiene el privilegio de haber sido uno de los pocos libros que me he leído dos veces. Lo confieso, no soy de las que suele releer novelas enteras. Si bien alguna vez me sorprendido leyendo determinados párrafos o capítulos de esos textos que a mi juicio me parecen memorables, lo que es leer de cabo a rabo de nuevo un libro sólo esta a la altura de muy pocos. La primera vez que vi un ejemplar de La librería fue hace mucho tiempo, ni siquiera me acuerdo cuanto hace de aquello, pero de lo que estoy segura es que aquella edición más modesta de Impedimenta había logrado cautivarme. Sin embargo, cosas que pasan, a pesar de que su sinopsis me pareció de lo más atrayente, lo dejé pasar sin más. Menos mal que años más tarde, antes de iniciar unas memorables y calurosas vacaciones de verano, volví a toparme con él. Esta vez fue en una biblioteca céntrica de mi ciudad, tan abarrotada de libros como de personas aquella tarde de julio. Al contemplar de nuevo su portada, decidí que no podía perder la oportunidad de leer un libro por el que había sentido una conexión especial. Mi intuición me decía que aquella iba a ser una lectura memorable, de las que andaba buscando con gran urgencia y que, si lo desechaba, me iba a arrepentir muchísimo. Siguiendo ese impulso, decidí convertir a La librería en una de mis lecturas de aquel verano que para mi se presentaba diferente anímicamente. Durante aquellos días de descanso y excursiones al campo, La librería acompañó cada uno de mis movimientos, consiguiendo que me evadiese de todo y de todos por unos minutos. Sinceramente, necesitaba desconectar, y una lectura como la de Fitzgerald lo logró. Cuando llegó septiembre, un ligero sentimiento de pena me corroía, no quería separarme de un libro que se había convertido casi sin preverlo en uno de mis favoritos. Supongo que esto sucede muy a menudo, sobre todo si el lector sabe apreciar el valor de un buen libro. A regañadientes acudí a la biblioteca a devolver aquel viejo ejemplar, y aunque sabía que era algo que debía hacer, confiaba en volver a tenerlo entre mis manos más pronto que tarde. Fue entonces cuando, tan sólo un año después de haberme empapado de la lectura de La librería, supe que la directora española Isabel Coixet preparaba una película basada en dicho libro, y meses más tarde, justo cuando los fans comenzábamos a conocer más noticias de la adaptación, Impedimenta lanza una nueva edición. Misma portada, mismo texto, pero con un interesante postfacio y en tapa dura. Evidentemente no pude resistirme y al poco tiempo conseguí hacerme con un ejemplar que no dudé en releer. El resultado: el reencontrarme con personajes inolvidables y darme cuenta que se me habían pasado muchas cosas por alto durante aquella primera lectura.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha comenzaremos diciendo que La librería presenta una lectura sosegada, íntima, muy alejada de las características del típico best seller pero que, inexplicablemente, se tiende a leerse como tal. No obstante, quienes estéis interesados en leer este libro, que sepáis que cuanto menos lo devoréis mejor. Lecturas como esta merecen disfrutarse en calma con una templanza adecuadas, si no, corréis el riesgo de que se pierda la magia y esa conexión tan especial que se establece entre el libro y el lector. En relación con esto, es cierto que durante su lectura hay momentos en los que parece que el libro decae en cuanto a intensidad, pero creerme que éstos se pueden contar con los dedos de la mano y que quedan finalmente difuminados cuando el lector se percata de la complejidad argumental de la novela. Por otro lado, La librería narra una historia inventada pero con un claro componente autobiográfico. Si leemos con detenimiento el postfacio de esta nueva edición, ilustrado por cierto,  descubrimos que Penelope Fitzgerald tiene muchos puntos de conexión con Florence Green, la protagonista del libro. Ambas son amantes de la lectura y de los libros, ambas son recientemente viudas y las dos comparten ese deseo de lograr un objetivo concreto que, en el fondo, no es otro que tratar de superar esa perdida tan grande. En ese sentido, la presencia de la librería y de sus habitantes dormitando sobre las numerosas estanterías juega un papel crucial en la vida de la protagonista, pues, son sus verdaderos compañeros de viaje y vida, los que la sostienen en los buenos momentos y la consuelan cuando se tuercen los planes. Hablar de La librería también es hablar de una novela cuya estructura e historia embauca desde la primera página. Florence Green, viuda y recién llegada a un pueblo llamado Hardborough, decide adquirir una vivienda y montar en ella una librería, la primera que se inaugura en el lugar. Hecho que suscita interés y suspicacia a partes iguales. Unos lo verán como una forma para satisfacer intereses culturales e intelectuales y otros como una provocación y una soberana perdida de tiempo. Tal es así que Florence se ve como su sueño puede irse a pique por culpa de la opinión de las personas más influyentes del pueblo. Encontrará aliados, si, pero no los suficientes. Y cuando, a pesar de todo, decide apostar fuerte por uno de los lanzamientos más polémicos de la historia de la literatura, vendiendo y exponiendo en su escaparate la Lolita de Nabokov, entonces el pueblo entero se le echa encima. Modernidad frente a tradición, emprendimiento ante inmovilismo. Esta misma historia, aunque con diferentes personajes y tema, es muy parecida a la que se narra en la popular Chocolat de Joanne Harris. Pero hay que decir que La librería se escribió mucho antes que Chocolat, así que es muy probable que esta última beba en gran medida de la novela de Fitzgerald. Además de que ambos estilos no se asemejan en nada, siendo el de Chocolat más surrealista y el de La librería más realista. Finalmente, debemos comentar lo evidente. Además de haber pasado a la historia como un homenaje a las librerías y a quienes las regentan, en ella también se rinde tributo a sus clientes, ya sean niños o adultos, pues en sus manos está el futuro de esos lugares y de mantener viva su magia.


Tratándose de La librería, un libro más complejo de lo que aparenta, no podía dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre uno de esos temas tan espinosos como interesantes a nivel psicológico y social. Los cambios, todo el mundo lo sabe, pueden ser para bien o para mal. Un cambio a tiempo puede librarnos de más de un quebradero de cabeza o servirnos para dejar atrás una serie de circunstancias que nos resultaban tremendamente insoportables. Pero un cambio también, en ocasiones y no siempre, puede llevarnos a nosotros como persona a caer en abismos, algunos insalvables, otros menos perjudiciales, pero igualmente traumáticos. Este antagonismo entre cambio y permanencia se ha trasladado a muchos aspectos de la vida cotidiana, dando incluso el salto a lo mediático e institucional. Uno de los más clásicos y repetidos a lo largo de la historia es el que enfrenta a tradición con modernidad. Desde pequeños actos cotidianos hasta jugar un papel clave en el devenir histórico de algunos países, como el ejemplo del mito de las "Dos Españas" tan abordado por intelectuales como el filosofo Ortega y Gasset y el poeta Antonio Machado entre otros. Evidentemente, no se puede comparar este largo debate con lo que se narra en La librería, sin embargo, en su génesis, si que se pueden encontrar puntos de conexión, pues, al fin y al cabo, la historia que se narra es una historia de contrapesos, de lucha por unos valores morales anclados en la tradición frente a una amenaza que persigue desestabilizar socialmente. En este sentido, la librería simbolizaría ese intento por ampliar los horizontes de la gente del lugar, una forma de progreso al fin y al cabo, y el pueblo, dominado por una serie de personalidades con dinero e influencia, lo que pone trabas al cambio de la forma más sutil pero vil posible. No obstante, para más frivolidad, lo que esta en peligro no es el bienestar de la gente del pueblo, sino esos invisibles asientos desde los que la oligarquía más rancia se sienta a contemplar sus dominios. Sus largos tentáculos de poder están en peligro por culpa de un cambio que trae saber y menos ignorancia a los habitantes de Hardborough, por lo que su trono sustentado por la ignorancia de la gente más humilde, puede desmoronarse en cuestión de días. Por eso, y esto sucede en cualquier ámbito social, cuando los garantes de la tradición ven su poder peligrar, no dudan en atacar de la forma más despiadada posible, llegando incluso a usar métodos que entrarían en contradicción con los valores que supuestamente defienden. Ese y no es otro es el motivo por el que se desprecia a quienes pretenden aportar un poco de luz entre tanta oscuridad, como Florence Green, cuyo crimen es montar una librería en un pueblo que la rechaza de pleno. No todos los cambios son buenos, pero los que pretenden como objetivo llenar un lugar de sabiduría y cultura jamás pueden ser malos. La librería: una historia de superación, lucha personal, influencia, poder, libertad, acoso, solidaridad...Una hermosa carta de amor a los libros y a lo que representan.

Párrafos o frases favoritas:

"En Hardborough, en 1959, uno no podía tomarse una ración de Fish and Chips, ni había tintorería. ni siquiera cine, excepto un sábado por la noche cada dos. En cierto modo, se sentía la necesidad de todas esas cosas, pero a nadie se le había ocurrido - y desde luego, nadie pensó que la señora Florence Green se le hubiera ocurrido tampoco - abrir una librería en el pueblo.

Película/Canción: hace unas semanas se estrenó la primera adaptación de esta novela al cine. Dirigida por Isabel Coixet y con las interpretaciones de Emily Mortimer, Patricia Clarkson y Bill Nighy. Aunque con un final más optimista que el del libro, las primeras criticas han sido bastante positivas en lo referente a la película. Aquí os dejo el precioso tráiler:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 14 de noviembre de 2017

RESEÑA: Agua salada.

AGUA SALADA

Título: Agua salada.

Autor: Charles Simmons (1924) ha sido comparado a menudo con J.D Salinger. Fue editor y crítico de la prestigiosa New York Times Review Books y escribió su primera novela, Powdered Eggs, en 1964, por la que recibió el Premio William Faulkner. Ha escrito muy poco, y Agua salada es su primera novela traducida al castellano. Una novela que ha recibido elogios en cada país que se ha publicado.

Editorial: Errata Naturae.

Idioma: inglés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: Agua salada es una revisión contemporánea de una novela corta de Turguénev Primer amor, pero ambientada en un paisaje estival de agua, cielo y arena bellísimos. En ella, con momentos tan poderosos como los de cierto Nabokov o el Saliger más celebrado, se relata de manera apasionante los trascendentales "sucesos amorosos" que cambian a una familia para siempre. En una remota isla de la costa atlántica, en un lugar idílico que siempre ha sido fundamental en las vidas de todos ellos, el quinceañero Michael y sus padres inician sus habituales apacibles vacaciones...Hasta que la aparición del amor y las pasiones, tanto las juveniles como adultas, quiebra esa calma intocada hasta entonces.

Su lectura me ha parecido: intensa, rápida, ligera, de una belleza exquisita, cálida y fría al mismo tiempo, húmeda, con claros ecos a Nabokov y a Salinger, envolvente...Queridos lectores y lectoras, con el libro que hoy tengo el privilegio de reseñar me ha pasado una cosa muy curiosa. Además de toparme con una de las lecturas que más me ha enganchado en mucho tiempo, hasta el punto de sentir la necesidad de llevármelo a cualquier parte para así poder leer en los huecos que lograba arañar al día, he sido capaz de transportarme. Se que parece una tontería, pero, lo cierto es que ha sido la primera vez en años que he soñado con un libro, en concreto con este libro. Su historia, sus personajes, sus paisajes, su arena blanca, sus aguas tan cristalinas como peligrosas...Todo ello se iba configurando en mi inconsciente, no como una obsesión, sino como una obra de teatro, cuya representación estaba contemplando en primera fila. Tanto las acciones como los diálogos fluían de forma natural, y aunque no logré atesorar todos y cada uno de ellos, aquellos hombres y mujeres reproducían los que se me habían quedado gravados, los más impactantes, los más chocantes. Como esa gloriosa frase que da inicio a la novela: "En verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó". ¿Significan algo estos sueños? ¿Un simple recuerdo tal vez? ¿O simplemente una señal para que, cuando llegue el momento, regrese a sus páginas con urgencia? Mientras tanto y a la espera de que esa chispa logre prender el fuego de mi imaginación, os presento Agua salada: mar, playa y el torbellino del primer amor.


La historia de como Agua salada llegó a mis manos es bien sencilla, sin embargo, he de confesar que esta también es la historia del final de una etapa. Como muchos bien sabréis, hace unos meses que di por finalizados mis estudios de master, con un resultado más o menos satisfactorio, pero logre acabarlos, que es lo importante. Sin embargo, y aunque en estas circunstancias debería estar más feliz que unas pascuas, lo cierto es que el miedo, la intranquilidad, la inseguridad se apoderaron de mi. Por desgracia, las carreras de humanidades no están bien valoradas en este país, de hecho, nos podríamos considerar los profesionales con más estómago y paciencia para aguantar según que comentarios y actitudes. Cada vez que alguien desprestigia o comete atropellos intelectuales relacionados con carreras humanísticas, un historiador, un filólogo o un filósofo muere. Y si no están bien consideradas en nuestra sociedad, es evidente que eso por desgracia se traduce en una pobre concreción en cuanto a salidas laborales. Se podría decir que, en el caso de los historiadores, podríamos hacer muchas más cosas de las que la gente se imagina, incluso, si nos dejasen, formar parte de las altas instancias del poder asesorando, por ejemplo, al gobierno de un país, en los ministerios varios o incluso en órganos de más alto nivel como la OTAN o la Unión Europea. Es tal la transversalidad de nuestra profesión que ni siquiera los propios historiadores conocemos nuestras competencias como profesionales y que vayan más allá de ser profesor de secundaria o de universidad. Pues bien, lo cierto es que me encontraba en ese grupo, en ese pozo inmenso en el que te sueltan una vez acabas la carrera, sin saber por donde tirar. En un mar de inseguridades en el que ahogas tus lágrimas pensando si hiciste bien en estudiar una carrera como Historia o lamentándote de ver como las oportunidades escasean. Pero como todo en esta vida, nosotros mismos logramos construirnos nuestra tabla de salvación, que no logra evadirnos de la realidad, pero si ayudarnos a sobrellevarla. En ese sentido, Agua salada no pudo llegar en mejor momento. Justo cuando peor estaba de ánimos, apareció Charles Simmons y logró levantar un espíritu que creía por momentos débil. Lo cierto es que de buenas a primeras tenía muchas expectativas puestas en él, había leído críticas, por lo que venía preparada para recibir cualquier cosa, incluso una lectura que estuviese por debajo de lo previsto. Sin embargo, Agua salada acabó convirtiéndose en algo importante, proporcionándome ese remanso de tranquilidad y ligera distancia que necesitaba y en una lectura que recomiendo allá donde voy.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Agua salada presenta una lectura ágil, rápida y tremendamente adictiva. La edición ayuda mucho, pero he de reconocer, como lectora, me ha enganchado no sólo la historia que se narra, también esas influencias literarias tan claras y por supuesto, el ambiente en el que se desarrolla la novela, tan idílico como cruel. Aunque, y esto es un secreto a voces, todo lo que esté ambientado en la época del American way of life me fascina, algo que jugó un papel determinante durante el proceso de lectura. Comenzando por lo más evidente, hay que decir que Agua salada coquetea con la novela puramente romántica, que no empalagosa, y con el drama más clásico. Pero no hay que ser muy espabilado como para no darse cuenta de que estamos ante una novela de iniciación, del paso de la adolescencia a la madurez, aunque en este caso concreto no podríamos decir que es la enésima novela que aborda este tema, pues, y esto es lo que la hace especial, lo presenta desde un punto de vista bello y terrible al mismo tiempo. Como veis, Agua salada es una novela de contrastes y en la que el autor pretende que éstos sean más marcados si cabe. Y como en toda novela de contrastes, sus personajes, también se rigen por un patrón compuesto de dos caras: la que muestras en público y la que permanece escondida esperando el momento oportuno. Tanto el personaje del padre, al que no pude evitar imaginarme con el físico y las formas del actor John Hamm en Mad Men, como el de Zina Mertz, una revisión de la Lolita de Nabokov, son de los más interesantes en ese sentido. Oscilando entre la amabilidad y lo perverso al igual que el bamboleo de un velero surcando las tranquilas aguas. Michael, personaje principal, es tal vez el más plano al principio de la historia, pero a medida que avanza la trama, descubrimos como la madurez que va adquiriendo poco a poco le hace ver cosas que antes, por su ignorancia juvenil, no lograba apreciar con claridad. En Agua salada, Michael, o Mischa, se embarca en un viaje que lo llevará a darse de bruces con una realidad que no comprende y que trastoca su vida para siempre. El resto de personajes, la madre de Michael, la de Zina y el resto de invitados que se suceden a lo largo de las vacaciones estivales, configuran el coro de voces perfecto sobre el que los personajes principales pueden proyectar sus intenciones, ambiciones, deseos e inseguridades varias. Por otro lado, de contrastes también se compone el paisaje en el que se ambienta Agua salada. Isla privada, vistas al mar, sol, tardes de descanso en el porche, baños en la orilla, paseos en el Angela, fiestas hasta el amanecer...¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir este tipo de vacaciones? Sin embargo, tal y como demuestra la pluma de Simmons, hasta el lugar más idílico puede resultar el más terrible. Bone Point se convierte en un ecosistema propio, de exuberante belleza, apetecible y del que todos querríamos disfrutar, pero también, Bone Point esconde rocas puntiagudas, endiabladas olas y zonas donde es imposible hacer pie sin sumergirse por completo. Por último, una aclaración. Aunque la novela nos hace un señor spoiler con la lapidaria y magistral frase que da comienzo el libro, "En verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó", no desesperéis. Darle una oportunidad a Agua salada es dársela a una historia que merece la pena leer.


En su génesis, Agua salada también es la revisión de Primer amor de Turguénev. Un clásico de la literatura rusa que explora los recovecos de uno de los temas más universales de la literatura universal: el amor. Pero no un amor cualquiera, sino el primero, el que marca un antes y un después en nuestra vida y en nuestro devenir en el futuro. Es un hecho, nadie olvida ese primer amor. Y quien diga lo contrario es que o bien nunca lo ha experimentado, cosa improbable, o es que miente descaradamente. Todos recordamos, aunque nos cueste admitirlo, lo que sentimos la primera vez que vimos a esa persona, el lugar, la hora exacta, lo que más o menos llevaba puesto, el color de su cabello, el tono de sus ojos o la modulación de su voz. Como y con que intención se dirigió por primera vez a ti. Más tarde se nos vienen imágenes, rodadas a cámara lenta. Éstas han estado siempre ahí, guardadas en el fondo del cajón de los recuerdos, hasta que un día, sin saber por qué deciden abandonar su lugar habitual para colarse entre nuestros pensamientos más inmediatos. Impulsos eléctricos que nos sacuden sin venir a cuento y que, depende de la situación, pueden hacernos sonreír, enfurecer o incluso inducir al llanto. Una mirada, un encuentro fortuito, una conversación intrascendental, un intento por sentir más cerca su presencia, una puñalada en el estómago cuando descubres que nunca será para ti. Es tal el cambio que ese primer amor produce en ti que no puedes evitar pensar en otra cosa. Tu mundo cambia, hasta el punto de que las cosas que antes no te importaban, ahora son tu máxima prioridad. Este se vuelve más insignificante en ocasiones, intrascendental,  pues, sólo tienes pensamientos para ese ser amado. Sientes escalofríos, descargas eléctricas, sacudidas violentas cada vez que alguien pronuncia su su nombre. Y un placentero dolor de barriga te acompaña allá donde vas, porque su rostro y su voz están en tu cabeza constantemente. Y por supuesto, todo hay que decirlo, las frías duchas de verano o los momentos de intimidad en soledad nunca volverán a ser iguales. Deseas abalanzarte a sus labios, pero no puedes, la arrolladora fuerza de ese primer amor te inunda de una natural timidez, por lo que no puedes evitar esconderte y balbucear algo con lógica. Algunos de estos primeros amores han terminado con final feliz, incluso formando familias numerosas, pero en otras ocasiones, ese primer amor nunca es correspondido, por lo que esa sensación agridulce acompañará cada uno de nuestros pasos hasta el final. Y aunque éste quede poco a poco difuminado con el paso del tiempo, inevitablemente ese poderoso recuerdo resurgirá y volverá con fuerza. En Agua salada todos podemos sentirnos identificados con su protagonista, con Michael, pues todos hemos sentido en nuestro interior el abrumador poder del primer amor, un amor que, al contrario de lo que muchos dicen, es difícil matarlo, ahogarlo, extinguirlo. Agua salada: una historia de iniciación, calor, secretos, atardeceres, mentiras, paseos por la playa, sentimientos a flor de piel...Una novela que, sin cursilería, es capaz de hablar del amor más puro e irracional.

Frases o párrafos favoritos:

"Padre y yo nos quedamos un rato tirados en la arena, exhaustos. Los perros nos olisqueaban para ver si seguíamos vivos. Madre me cogió de la mano. Estaba furiosa con padre. Las inquilinas, que acababan de instalarse en la casa de invitados, nos hicieron compañía. La señora Mertz tenía la edad de mamá. Su hija, Zina, hasta vista del revés era guapa. Tenía el pelo y los ojos marrones, la piel un poco menos tostada y los labios púrpura. Parecían esculpidos. No paraba de acariciar y abrazar a su perro, como si el peligro lo hubiese corrido el animal y no nosotros. Luego me rozó la mejilla, por pura curiosidad, me pareció. Me enamoré de Zina del revés.

Película/Canción: a la espera de que ambas cosas sucedan, aunque Agua salada se prestaría mejor para lo primero que para lo segundo, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Simplemente evocadora.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae


viernes, 10 de noviembre de 2017

RESEÑA: La ciudad de las damas.

LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Título: La ciudad de las damas.

Autor: Cristina de Pizán (Venecia 1364-1430) hija del astrólogo de Carlos V de Francia, puede ser considerada como el primer autor profesional de la literatura francesa. Casada a los quince años, madre de tres hijos y pronto viuda, supo aprovechar la educación recibida de su padre para denunciar la misoginia, tan corriente en su época sobre todo en los ambientes clericales. Su obra más importante es La ciudad de las damas, escrito en 1405, se ha convertido con el tiempo en un clásico del feminismo.

Editorial: Siruela.

Idioma: francés.

Traductor: Marie-José Lemarchand.

Sinopsis: considerado como una clara anticipación al feminismo moderno, corona una obra que cultiva la poesía, la historia y los temas moralizantes . La argumentación sorprende por su modernidad, abordando temas como la violación, la igualdad de sexos, el acceso de las mujeres al conocimiento, etc. que convierten a este libro en una obra capital para la historia de las mujeres y para el pensamiento occidental en el alba de los tiempos modernos.

Su lectura me ha parecido: fascinante, algo lenta, interesante, muy adelantada a su tiempo, contundente, universal...En ocasiones, queridos lectores y lectoras, se obra el milagro, y nunca mejor dicho. Cuando crees que lo has visto todo, que ya nada puede sorprenderte. Cuando piensas que en determinadas épocas de la historia no existe un atisbo de luz, alguien que se atreva a criticar algunas cuestiones intolerables  que en ese tiempo se ven como algo normal. Cuando sostienes ciertas visiones bastante estereotipadas de los hombres y mujeres de la Edad Media por ejemplo, creyendo que se pasan la vida guerreando, amando apasionadamente o midiendo su fuerza en torneos varios. Cuando crees que no vas a toparte con un libro que merezca la pena en mucho tiempo llega Cristina de Pizán y pega un puñetazo en la mesa, rompiendo toda convención, porque no nos engañemos, toda norma tiene su excepción, como el texto que hoy tengo el placer de reseñar. Con él iniciamos una nueva etapa en Jimena de la Almena, en la que trataremos de ir publicando críticas de otro tipo de literatura más relacionada con el ensayo feminista y filosófico, el género biográfico e incluso la poesía desfilarán en los próximos meses por este espacio. Y como no podía ser de otra manera, hoy comenzamos esta andadura con un clásico en toda regla y que sinceramente, todos y todas deberíamos tener en nuestra biblioteca particular. La ciudad de las damas: feminismo, denuncia y espiritualidad en pleno siglo XV.


La historia de como La ciudad de las damas llegó a mis manos y a mi apreciada librería viene de lejos, concretamente desde la primera vez que escuché hablar de él durante una clase de Literatura Universal. Año 2011, segundo de bachillerato, ninguno de los que por aquel entonces estábamos muy por la labor de entretenernos con cuestiones que no fuesen a salir en el examen de selectividad. Sin embargo, en aquellas clases de Literatura Universal, muchos encontrábamos una especie de refugio, un oasis, un espacio en el que poder debatir y en donde la teoría se transformaba rápidamente en práctica, sin resultar tediosa. Y aunque si que es cierto que machacábamos más ciertos libros y autores, siempre había espacio para hablar de otros temas y otros escritores/as que merecían la misma atención que los que iban a salir en la prueba. Fue así como, gracias a una de esas clases, conocimos brevemente la obra de Cristina de Pizán. Sin embargo, y aunque ese primer contacto fue casi explosivo, mi cabeza estaba puesta en escritores como Kafka, Flaubert, Sófocles o Shakespeare. Autores que a buen seguro iban a caer en la temida selectividad. No fue hasta mis años de estudiante universitaria cuando de pronto, durante una exposición oral, se pronunció de nuevo su nombre. Lo mismo que me sucedió con la Carmilla de Joseph Sheridan le Fanu unas semanas antes, Cristina de Pizán y su libro La ciudad de las damas fue la protagonista absoluta de dicha intervención. Desde entonces, la curiosidad no dejó de rumiar en mi interior, y aunque tuve en más de una ocasión un ejemplar de La ciudad de las damas delante de mis ojos, algo acababa por disuadirme. También es cierto que durante el tiempo en el que estuve cursando el máster de especialización sólo tenía ganas de leer libros finos, sencillos y que no me hicieran pensar mucho. Hoy, tras unos duros meses y con la cabeza un poco más despejada, puedo decir que aquella actitud fue un autentico error. ¿Cómo pude haber estado tanto tiempo privada de una lectura como La ciudad de las damas? Menos mal que el tiempo todo lo cura y en cuanto pude, gracias a la editorial Siruela, logré hacerme con un ejemplar y poner remedio a aquella tremenda injusticia.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La ciudad de las damas presenta una lectura lenta, a ratos densa pero en conjunto muy instructiva e interesante. Tenemos que tener en cuenta que al no estar ante una novela el lector adopta otra forma de acercarse a su contenido. En constancia puede ser similar al de la novela, pues si el texto es lo suficientemente interesante y atrayente, te enganchará igual. No obstante, y ahí es donde creo que radica la diferencia, cuando el lector se adentra en un libro de estas características no puede evitar fijarse más en los contenidos, es más, y os lo digo por experiencia, es prácticamente una obligatoriedad detenerse, reflexionar, volver a leer. Incluso una lectura como La ciudad de las damas puede empujarte a que te pases una tarde buscando en internet las vidas de las mujeres que van desfilando por sus páginas. Siempre se ha dicho que los buenos libros dan alas al conocimiento y a la curiosidad, pues en el caso de La ciudad de las damas el vuelo ha sido memorable en ese sentido. En lo que respecta a su contenido, Cristina de Pizán nos plantea, a partir de lo que parece una anécdota personal toda una reflexión cuya envergadura nos parece inabarcable. Cuando Cristina descubre que en todos los textos publicados que lee se presenta a la mujer de forma altamente peyorativa, tres Damas (Razón, Derechura y Justicia) se presentan ante ella. Estas tres damas no solo aportarán consuelo a Cristina, también le ofrecerán las bases y cimientos sobre los que poder construir una Ciudad de Damas. De esta forma, las tres damas irán narrando a la protagonista la historia de mujeres que comprenden los ámbitos de la mitología y la ficción. Cierto que la primera parte en la que se muestra el verdadero pensamiento de Cristina de Pizán es la más interesante, pues, el que una dama del XV critique esa representación femenina tan asentada en la Edad Media, sobre todo si nos centramos en el ámbito eclesiástico. No obstante, para mi fue más importante intelectualmente toparme con una amplísima relación de nombres de mujeres ilustres que, inventadas o no, han sido importantes para la historia. En La ciudad de las damas encontramos diosas romanas, diosas griegas, hijas de jefes de clanes, guerreras que lideraron ejércitos, esposas de emperadores, escritoras, poetisas, políticas, científicas varias y como no podía ser de otra forma, las santas también forman parte de este largo listado. Además de acercarte, muy brevemente hay que decirlo, a la vida de esas mujeres, la autora juega al despiste con el lector, invitándole a averiguar cuales existieron de verdad y cuales simplemente son producto de leyendas o de la religión. Por otro lado, es evidente que por esas características nos encontramos ante un libro precursor y extraordinariamente adelantado a su tiempo. Temas como la falta de presencia femenina en los ámbitos eclesiásticos, la dificultad del acceso de la mujer a la educación, de como ésta no es igual para mujeres que para hombres o cuestiones como la violación o el estereotipo de las relaciones cortesanas son algunos de los que se tratan con mayor o menor intensidad en el libro. No hay duda, La ciudad de las damas es un rara avis dentro de la literatura de su época, y con el tiempo, ha acabado formando parte de ese selecto grupo de clásicos que configuraron el feminismo. Pero no nos engañemos, Cristina de Pizán fue una mujer adelantada a su tiempo, pero no tanto como para considerarlo un libro definitivo. Todo evoluciona, y el feminismo en su concepción más intelectual también, y a esa evolución es evidente que debemos incluir el presente libro, aunque posteriormente otros muchos lo hayan superado en contenido aunque muy pocos en calidad. A pasos se construye y se avanza en la historia, y el que una mujer del siglo XV sienta repulsión por la literatura misógina de su tiempo e indignación por la dificultad de las mujeres para poder acceder a la misma educación que la de los hombres ya es una zancada, y de las grandes.


Para poner punto final a la reseña de La ciudad de las damas es inevitable que no nos detengamos, al menos unos instantes, en realizar una reflexión cuanto menos pertinente. En el libro, Cristina de Pizán nos habla de una ciudad, de un ente físico y de carácter urbano, con sus cayes, plazas, edificios institucionales y demás servicios básicos. Un lugar que, como característica principal, está construido por tres pilares fundamentales, justo los que dan nombre y sentido a las tres damas del texto: Razón, Derechura y Justicia. Pero también, y esto si que es importante, esos sustentos llamados Razón, Derechura y Justicia son aplicados para que las mujeres que habiten entre sus muros lo hagan bajo el correspondiente amparo, lejos de misoginia, estereotipos y en donde éstas puedan acceder sin problemas a la educación. Parece una idea formidable, cuanto menos ambiciosa para la época, pero necesaria si lo que se pretende mejorar la situación de las mujeres. Sin embargo, y para nuestra desgracia, ese proyecto está lejos de ponerse en marcha sobretodo en algunas sociedades que habitan nuestro planeta. Todavía a día de hoy, existen lugares donde las mujeres no pueden ni soñar con vivir en una ciudad como esa, donde sean respetadas y valoradas al igual que los hombres. Incluso en los países más desarrollados venimos padeciendo lacras cada vez más sangrantes y que evidencian un claro síntoma: que la sociedad patriarcal se resiste a desaparecer. Hay quienes todavía no soportan que una mujer sea superior intelectualmente, que pueda tomar sus propias decisiones, que tenga derecho a vivir una vida plena en todos los aspectos o que simplemente escapen de ese rol que tradicionalmente se les ha impuesto. Muestra de ello, como consecuencia de esa mentalidad machista, es el elevado número de víctimas por violencia de género en un país como España. Sin ir más lejos, hace unos días la sociedad asistió conmocionada a un nuevo episodio de brutalidad, a plena luz del día y ante la puerta de un colegio, en el alicantino pueblo de Elda. Episodios como estos no deberían suceder nunca, ni en privado ni en público, y para lograr paliar este problema es importante educar en igualdad, en derechos y en visibilidad. La educación es la única arma contra la barbarie y la desigualdad, al menos así lo creía Cristina de Pizán allá por el año 1405. Por eso se cuestiona las visiones que los hombres dan de la mujer en tiempos de gran misoginia, por eso extiende ante el lector una serie de mujeres en las que poder verse reflejadas o a las que poder imitar, por eso insta a las mujeres a coger libros, de cualquier índole, a leerlos y a ser críticas, a decir lo que piensan de verdad y no perpetuar esa visión tan sangrante para la condición femenina. Entre 1405 y 2017 han pasado muchas cosas y se ha avanzado mucho, pero el camino todavía es largo y hay que lograr recorrerlo en su totalidad si de verdad queremos cambiar como sociedad. La ciudad de las damas: una muestra de inteligencia, valentía, instrucción, inspiración, espíritu crítico...El libro que todos deberíamos tener en nuestra estantería.

Frases o párrafos favoritos:

"Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos."

Película/Canción: aunque alguien debería ponerse manos a la obra con un Biopic sobre la figura de Cristina de Pizán, y mientras dura la espera, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Un autentico viaje en el tiempo.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Ediciones Siruela

martes, 7 de noviembre de 2017

RESEÑA: La buena letra

LA BUENA LETRA

Título: La buena letra.

Autor: Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna 1949-2015) estudió Historia Moderna y Contemporánea en Madrid. En 1969 se trasladó a París y años más tarde trabajaría como profesor de Español en Marruecos. A su vuelta a España trabajó como crítico literario y gastronómico en la revista Sobremesa y en El País. Chirbes es autor de ensayos como El viajero sedentario, El novelista perplejo, Mediterráneos y Por cuenta propia y de novelas como Mimoun, En la lucha final, La buena letra o Los disparos del cazador. Sin embargo, no fue hasta el año 2000, con la publicación de La larga marcha, cuando comenzó a posicionarse como uno de los mejores escritores contemporáneos españoles. A La larga marcha se le unirían una segunda parte, La caída de Madrid, y una tercera, Los viejos amigos. Tras ellas llegarían otros éxitos literarios como Crematorio, En la orilla y París-Austerlitz, publicada póstumamente. Chirbes tiene en su haber reconocimientos como varios premios de la Crítica Valenciana, el Librería Cálamo, el Dulce Chacón, el Francisco Umbral el ICON de Pensamiento y el alemán SWR-Bestenliste.


Editorial: Anagrama.

Idioma: castellano.

Sinopsis: Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. Sus palabras se convierten, por tanto, en duro legado para una nueva generación que quiere levantarse de la inocencia.

Su lectura me ha parecido: intensa, dramática, sencilla, bien escrita, rápida, durísima en su contenido, con una potente carga emotiva...Queridos lectores y lectoras, como bien sabréis en este espacio de crítica y opinión hemos reseñado toda clase de novelas, muchas de ellas escritas por autores provenientes de lugares muy recónditos del globo terráqueo. Aunque la mayor parte de los escritores que han desfilado por Jimena de la Almena en su mayoría son españoles, ingleses, franceses o estadounidenses; también hemos reseñado libros procedentes de plumas bielorrusas, finlandesas, japonesas o incluso norcoreanas. Sin embargo, y aunque reconozco que como lectora e historiadora, siento especial predilección por la literatura anglosajona, si que es cierto que debemos prestar atención, aunque sea de vez en cuando, a lo que se cuece cerca de nosotros, en nuestra propia ciudad. Ya no me refiero solo a que nos adentremos en la literatura española en general, sino en la producción de los autores que nacieron en nuestra comunidad autónoma correspondiente. En mi caso, tengo que ser sincera, no he sido una lectora muy asidua de escritores y escritores nacidos o residentes en la Comunidad Valenciana. Conozco a Miguel Hernández, a Max Aub, a Santiago Posteguillo y a Vicente Blasco Ibáñez; pero hasta hace unos meses que me atreví con el poeta del pueblo, no he sido de las que se ha interesado con estos y otros autores valencianos, castellonenses o alicantinos. La reseña del libro que hoy publico pretende enmendar ese error, pues, para mi sorpresa, su autor, nacido en Tavernes de la Valldigna en 1949, me ha descubierto un estilo peculiar y que se puede hacer literatura sin ser pretencioso. La buena letra: el polvo de lo que fuimos, la base de lo que somos.


La historia de como este breve texto llegó a mis manos es sencilla. Pero para contarla como corresponde, debemos remontarnos a cuando una servidora se encontraba estudiando el máster de especialización en Historia Contemporánea. Durante una clase referente a la época franquista, la postguerra y la transición, el profesor nos recomendó un libro que debíamos leer si estábamos interesados en este último tema. Reconozco que cuando alguien, sea desde el ámbito que sea, decide compartir una recomendación literaria, soy de las que abre las orejas lo máximo posible, y si ésta proviene de personas bastante instruidas, mi atención aumenta. El profesor nos habló de una novela cuyo título ya podía sugerir muchas cosas: La caída de Madrid, escrito por Rafael Chirbes. En aquellos instantes me sentí bastante ignorante, jamás había oído hablar de ese libro como tampoco de su autor. No obstante, y a medida que iban pasando los meses, la curiosidad fue en aumento, tanto que busqué aquel texto por todos lados, hasta encontrarlo en la biblioteca de la facultad, de donde podía llevármelo prestado. Sin embargo, una crítica que había leído días antes me disuadió de leerlo de buenas a primeras. En ella, se apuntaban datos como que su lectura era extraordinariamente densa y que abordaba temas muy complejos que no quedaban bien planteados en la novela. Me moría de ganas por leerlo, pero finalmente decidí posponer su lectura para más adelante. Aquel fue mi último contacto con Chirbes y su producción literaria hasta que de pronto, saltó en los medios de comunicación la noticia de su muerte y de la publicación de una obra que había finalizado meses antes del fallecimiento. Fue entonces cuando comprendí que Rafael Chirbes no había sido un escritor cualquiera y que no había pasado desapercibido para el público. Es más, Chirbes resultó ser uno de esos autores cuyo tirón e interés sigue intacto, incluso años después de su fallecimiento en su pueblo natal. Aún así, yo seguía sin atreverme con La caída de Madrid y durante un tiempo estuve buscando esa lectura que pudiese servirme de iniciación en su literatura. Fue así como di con La buena letra, un texto que se ajustaba perfectamente a lo que yo andaba buscando: no muy extenso, con un número de páginas muy asumible y con una historia que ya de por si invitaba a la lectura. A través de un préstamo bibliotecario logré hacerme con un ejemplar y devorarlo en cuestión de días. Y aunque al principio tenía mis dudas, La buena letra acabó por lanzarme de lleno a buscar otras novelas del autor y a que en próximas fechas inicie la lectura de La caída de Madrid.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La buena letra presenta una lectura rápida, amena e intensa al mismo tiempo, tanto que consigue que te sitúes al lado de los personajes, tanto que puedas incluso rozar su hombro. En este sentido tres factores juegan una importancia trascendental y que contribuyen a que la sensación de que se te desboque el corazón sea más aguda. En primer lugar, la sinestesia. No es muy habitual por desgracia encontrar lecturas donde al autor se le de bien meter, que no trasladar, al lector en la historia, en una época determinada del tiempo o como testigo de una escena, y mucho menos, que sepa transmitirte los olores, el tacto o el sabor de ciertos alimentos, objetos, espacios, entes vivos...Pues bien, eureka, Chirbes resulta ser uno de los afortunados en estas lides. No es que sea el mejor de todos, pero el que posea la capacidad de lograr que el lector huela el olor de las patatas hervidas, que sienta el tacto del lomo de una rata o que se estremezca con el sabor de las lágrimas no tiene precio, y el lector más exigente lo agradece. Además del manejo de la sinestesia, en segundo lugar, la novela no conseguiría esa relación tan íntima con el lector de no ser por la breve extensión de sus capítulos, compuestos básicamente por dos o tres páginas como mucho. Este estilo sólo lo había visto anteriormente en la aclamada Patria de Aramburu, y de hecho, los críticos aluden a este hecho como uno de los motivos por los que la novela del escritor vasco había tenido tanto éxito. Una fórmula perfecta pero que no sirve para todas las novelas. Cuanto más intensas son las emociones, cuanto mayor es la capacidad sinestesia, cuanto mayor es la implicación del lector en la historia, mejor funcionará y el equilibrio entre sentimiento y brevedad será más perfecto si cabe. En tercer lugar, y por si fuera poco, a Chirbes se le ocurre transmitirnos la historia desde una primera persona más desgarradora de lo habitual, cuya sinceridad nos abruma y atormenta. Una voz, femenina para más inri, que a la vez que narra suplica al interlocutor, su propio hijo, y al lector al mismo tiempo. Sinestesia bien empleada más capítulos cortos, más primera persona, igual a una experiencia lectora con mayúsculas. Seguidamente, una advertencia. Si estáis pensando leer esta novela esperando recibir a cambio algo bonito os equivocáis de pleno. En La buena letra, lo que ocurre es de todo menos hermoso. Es más, nunca antes una portada estuvo tan en consonancia con su contenido. Gris sería el color predominante y miseria el actor principal de la trama. La suciedad, el miedo, el hambre, la tristeza y la incertidumbre los secundarios, y la esperanza, porque para ella también hay hueco, como la revelación dentro de esta historia. Chirbes nos sumerge hasta el fondo de las emociones con una novela ambientada, como no podía ser de otra forma, en los años más duros de la postguerra y del franquismo. En esta historia nadie se salva de la desdicha, y aunque la guerra parece haberlo destruido todo, incluyendo los lazos familiares, existe un atisbo de optimismo, de arrimar el hombro, de seguir adelante, sin olvidar que viven bajo una tremenda represión. Muchos diréis que estamos ante una historia más sobre las consecuencias de la Guerra Civil Española, pero os equivocáis, pues La buena letra no pretende banalizar o desvirtuar el tema. Sino que, desde una perspectiva cuanto menos arriesgada, intenta ofrecer al lector verdad, pero también emociones contundentes que sientan como un puñetazo en el estómago. Y todo ello desde la humildad más absoluta, sin pretensiones de ningún tipo, sin querer aspirar a algo que no merece. Finalmente, me parece reseñable comentar que gracias a esa narración femenina podemos apreciar como era para estas la vida durante esa época. Aunque sinceramente, para conocer la situación de la mujer en franquismo, debemos remitirnos a otras autoras sobre todo, si que tengo que reconocer un trabajo extraordinario por tratar de captar los matices de una voz tan universal como la de Ana, representante de un tipo de mujer que le tocó soportar y sobrevivir.


Aunque la lectura de La buena letra haya suscitado en mi multitud de preguntas y debates, tales como la situación de los presos franquistas, la de la mujer o incluso se podría abordar el tema de la memoria histórica, lo cierto es que en esta ocasión mi reflexión discurrirá por otros derroteros. En la contraportada de la presente edición, se apunta que La buena letra se podría considerar deudora de la concepción balzaquiana según la cual la novela es la historia privada de las naciones, y la verdad es que razón no le falta. El género novelístico, en su concepción más tradicional, supone un modo de transmisión de ideas, pensamientos, pero también de la realidad de su tiempo o incluso de como se observa al pasado desde un determinado momento de la historia. En ellas, el autor puede plasmar sus mayores inquietudes, hasta las más íntimas, dejando la puerta abierta a muchas interpretaciones. Las novelas, en su mayoría, siempre se han analizado desde el campo de la filología, la psicología o incluso desde la filosofía, pero también, y os lo digo por experiencia, también pueden resultar útiles para comprender nuestra historia. Al fin y al cabo, las novelas no dejan de ser un canal de comunicación donde se representa una sensibilidad muy determinada y en la que podemos apreciar el ámbito privado, la vida de esos personajes que componen esa masa social que pocas veces se les presta atención y que también es importante para comprender la historia. La historia no sólo se escribió a base de grandes nombres, también gracias a sociedades enteras con actores anónimos pero igual de importantes y trascendentales. Sin embargo, y una vez entendida dicha concepción típica de las novelas de Balzac, es necesario darle otra dimensión a dicho planteamiento. Si la novela es la historia privada de las naciones, la novela también puede ser la historia de como estas naciones saben adaptarse, a pesar de las dificultades, a las circunstancias, a los nuevos tiempos, a tremendos cambios que afectan todos los ámbitos de la vida. Cada caso es diferente al anterior, eso lo sabemos, y la forma de enfrentarse a ello cambia a medida que avanzamos en el tiempo. En el caso de La buena letra, Chirbes nos ofrece uno de esos ejemplos de cambio traumático y de adaptación social forzado. Y aunque su mirada sea la de alguien que no ha vivido en primera persona todo aquel proceso, hay que tener en cuenta que esta novela se publicó en el año 2002 en plena época del conocido como "boom de la memoria", Chirbes refleja a la perfección esa mentalidad de superación y de seguir adelante a pesar de que las circunstancias no lo facilitan ese proceso, pues a los considerados "vencidos" se les hacía la vida imposible desde todos los ámbitos de la sociedad y desde las instituciones. La buena letra es el ejemplo perfecto de como una sociedad puede levantarse sobre las cenizas de la generación anterior. Bajo el sufrimiento y la desesperanza, el mecanismo de engranaje de la historia da paso a las nuevas generaciones, marcadas por lo sucedido pero abiertas al futuro que se abre ante ellos. No se olvida, pero si se sobrevive, aunque algunos pretendan convencernos de que debemos avanzar sin echar la vista atrás. La buena letra: una historia de valentía, miseria, postguerra, tensiones familiares, injusticia, supervivencia, rabia, impotencia...Una novela sobre los hombres y mujeres más valientes: nuestros bisabuelos.

Frases o párrafos favoritos:

"Al día siguiente me enteré que había muerto una de las niñas que vivían en la casa. <<Enterraron un pedazo de palo seco y retorcido>>, oí decir, y esa imagen - la de un palo seco y retorcido - y la ausencia fueron para mi, desde entonces, la imagen de la muerte.

Película/Canción: a la espera que algún director/a se anime a adaptar esta novela, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Simplemente sublime.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 31 de octubre de 2017

RESEÑA: Sweeney Todd. El collar de perlas

SWEENEY TODD
EL COLLAR DE PERLAS

Título: Sweeney Tood. El collar de perlas.

Autor: James Malcom Rymer (1814-1884) en colaboración con Thomas Peckett Prest (1910-1859¿?). El primero de ellos fue un escritor inglés del siglo XIX que escribía principalmente penny dreadfuls, historias de terror escabrosas y sensacionalistas que se vendían por entregas en la Inglaterra de mediados de siglo XIX por un penique. No hay mucha información sobre él. De ascendencia escocesa pero nacido en Londres en 1814, se cree que era un ingeniero civil y editor de Queen´s Magazine. Entre 1842 y 1867 escribió 15 novelas, incluyendo bestsellers como Ada, la traicionada, Varney, el vampiro y El collar de perlas, éstos dos últimos en colaboración con Thomas Peckett Prest. Se cree que este último nació en 1810 y murió en 1859. Fue un hack writer, es decir, un escritor de bajo estatus, capaz de producir textos rápidamente. Fue también periodista y músico.

Editorial: La Biblioteca de Carfax.

Idioma: inglés.

Traductor: Alberto Chessa.

Sinopsis: el sanguinario barbero de la calle Fleet hace su debut literario en esta novela, publicada por entregas entre noviembre de 1846 y marzo de 1847. La influencia literaria de este personaje ha sido amplia, y gracias al musical del compositor Stephen Sondheim en 1979, pasó a formar parte de la cultura popular moderna. La historia ha sido llevada al cine en múltiples ocasiones, la más reciente, basada en el mencionado musical de Broadway, fue la adaptación de Tim Burton en 2007, con Johnny Deep encarnando al despiadado barbero.

Su lectura me ha parecido: interesante, dinámica, rápida, irremediablemente icónica, muy sangrienta, a la altura de mis expectativas...Queridos lectores y lectoras, si algunos habéis leído las reseñas de lo que llevamos de año sabréis que una servidora visitó la capital británica en febrero. Y aunque acabé agotada de tanto trajín y visita a monumentos, más tarde reconocí que aquel viaje acabó aportándome conocimiento y mucho más de lo que hubiese imaginado. Un autentico punto de inflexión en mi relación con la historia y ciertos ámbitos culturales. Pues bien, en Londres existe una calle muy especial llamada Fleet. Su historia, como la de este tipo de lugares, está cargada de acontecimientos. Su nombre proviene del río Fleet y se extiende paralela al Támesis en la orilla izquierda. Históricamente constituye uno de los principales ejes de unión entre La City y Westminster. Sede de la prensa británica hasta 1980, la calle Fleet fue residencia de caballeros templarios y sus bajos acogieron a las primeras imprentas de la ciudad, dando lugar a la publicación en 1702 del Daily Courant, el primer periódico diario de la capital. Cerca de ella se encuentran edificios tan importantes jurídicamente como son las Cortes Reales de Justicia o el conocido como Old Bailey, el Tribunal Penal Central. Durante muchos años, Feelt Street fue famosa por sus cafés donde se reunía la élite política y literaria de la ciudad y quedó parcialmente arrasada tras el famoso incendio de 1666 que destruyó gran parte de la ciudad. Pero también, la calle Feelt es conocida sobre todo por uno de sus inquilinos literarios más celebres. Despiadado y sangriento, este inmortal personaje no dudaba en rebanar pescuezos tras el mostrador de la que es ya la barbería más famosa de la literatura en busca de venganza. Sweeney Todd. El collar de perlas: un best seller de su tiempo, un clásico recuperado en el presente.


La historia de como este libro llegó a mis manos y a mi estantería ocurrió por sorpresa. Como todos mis compañeros de generación, mi primera aproximación al personaje y a la historia de Sweeney Todd fue gracias a la película de Tim Burton. No fui de las que tuvo el privilegio de verla en el cine, pero si de poder disfrutarla unos meses más tarde desde el sofá del salón. Dicha cinta la recuerdo con bastante aprecio, incluso la primera vez que la vi sentí cierto miedo. Armado con su cuchilla y mostrando tal destreza degollando a la gente, normal que le cogiese un poco de miedo al pobre Johnny Deep encarnando dicho personaje. Aquella fue una película interesante en la carrera del director, muy de su estilo y que estuvo incluso nominada en los Premios Oscar de aquel año en algunas de las categorías más importantes. Un tiempo más tarde supe que aquella película se basó en una obra de teatro de Broadway tan aclamada como polémica por su puesta en escena no apta para todos los públicos. En mis años de actriz amateur tuve un pequeño acercamiento a esta obra por cuestiones de metodología. Tenía que interpretar a Madre Ubú en Ubú Rey y uno de los personajes que se acercaba ligeramente en su esencia era del de Mrs Lovett, la partener de Sweeney Todd en el musical y que tan bien encarnó Helena Bonham Carter en la gran pantalla. Tras aquello no volví a interesarme por Sweeney Todd hasta hace unos meses, cuando por casualidad, descubrí que aquel personaje cinematográfico y teatral era en su origen un personaje también literario. Fue gracias a una reseña como conocí a sus autores, James Malcom Pymer y Thomas Peckett Prest, de los que por cierto me ha sido imposible encontrar imagen en internet, y de como este personaje formó parte de un exitoso penny dreaful. Rastreé un poco en la red hasta dar con La Biblioteca de Carfax, una humilde editorial especializada en literatura de terror. Esto unido a mi reciente acercamiento a este tipo de literatura en el terreno de la escritura fueron suficientes como para que acabase entablando colaboración con La Biblioteca de Carfax y haciéndome, unas semanas después, con un ejemplar de Sweeney Todd. El collar de perlas. El resultado de su lectura no pudo ser más sorprendente e interesante al mismo tiempo


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos por recalcar una cuestión. En lo que respecta a su lectura, "sorpresa" es tal vez la palabra que más se puede ajustar a mi experiencia con Sweeney Todd. El collar de perlas. Sorpresa en el sentido de que me encontré con un libro muy trepidante y fácil de leer. Las hojas volaban, una detrás de otra, a una velocidad sorprendentemente rápida, como si los autores no quisiesen que el lector se entretuviese demasiado. Cuesta creer que viniendo este texto del XIX se lea con una facilidad pasmosa, teniendo en este sentido más aspectos en común con los best sellers actuales que con la literatura que se producía en su tiempo. No obstante, es en el término best seller donde encontramos el encanto y el por qué de su éxito en el XIX. En relación con esto último, la otra palabra que define perfectamente a la novela es "aprendizaje", pues, pocas veces llegan a nosotros libros con los que puedes aprender ciertas curiosidades que la literatura ofrece. Si habéis leído las biografías que ofrece la editorial de los autores, veréis como Sweeney Todd. El collar de perlas lo presentan como uno de los más exitosos penny dreafuls. Pero, ¿qué es exactamente un penny dreadful? Además de dar nombre a una de las series más exitosas de los últimos tiempos, el penny dreadful fue un género literario muy popular durante la Inglaterra del siglo XIX. Sus características estilísticas son muy simples: rápidos de leer, con tramas bastante simples y en los que abunda lo escabroso y lo sangriento. "Cuanta más sangre mejor" ese parecía ser la regla que seguían este tipo de escritores.  El misterio que provoca un crimen atroz es el eje de la trama, y el hecho de que estas historias se vendiesen por entregas, aumentaba la ansiedad de los lectores aficionados al genero. Una sensación que solamente se puede comparar con el boom de las series de televisión actuales. Los periódicos en los que se publicaban estos libros organizaban autenticas campañas de publicidad para captar más lectores por un lado y por otro, irritar con la espera a quienes llevan tiempo esperando la siguiente entrega. Puro marketing atemporal. También cabe comentar que a los escritores de los penny dreadfuls se les exigía ser creativos, pero también rápidos con la escritura y en la confección de tramas. Algunos de ellos llegaron a hacerse de oro, como es el caso de James Malcom Rymer, de cuya pluma salieron los más famosos y exitosos. Tras esta breve explicación de la historia de los penny dreadfuls, comprendemos mejor por qué el libro que hoy reseñamos se ajusta a la perfección a esas máximas. Veloz, ligero, con una trama fácil, protagonizado por un asesino con una metodología bastante original, con unos secundarios muy fugaces y que en tan sólo 358 páginas te haces una idea de que la intención principal es la de entretener al lector. Este no es un libro que implique reflexiones filosóficas o antropológicas aparentemente, aunque podrían perfectamente rastrearse,  sin embargo, no podemos desprestigiar su valor por considerarse "lectura rápida" de la época. En lo que respecta a los personajes esta claro que Sweeney Todd es el más importante de todos. Este despiadado barbero se presenta en un principio como alguien al que, movido por la venganza, trata de hacer justicia. No obstante, y a medida que vamos avanzando en su lectura, somos testigos de como se corrompe, hasta el punto de llegar a matar por puro placer, cayendo irremediablemente en una espiral de locura refinada no exenta de estereotipo. Para mi, Sweeney Todd es un personaje que empieza muy bien la novela pero que la finaliza de la forma más apoteósica y sangrienta posible. Un autentico festival de sangre que no resulta real para los ojos del lector del siglo XX, tal vez por eso, su personaje y la historia funcionasen tan bien sobre las tablas. Con esto no estoy diciendo que Sweeney Todd no sea un gran personaje literario, precisamente ese halo siniestro y el exceso son los que lo han hecho inmortal. Por otro lado, los personajes secundarios, aparecen y desaparecen sin ton ni son. Y algunos que creías que iban a ser importantes, de pronto, se esfuman sin un por qué. Lo mismo sucede con algunas subtramas, las cuales, se quedan descolgadas o sin finalizar. Esto puede deberse al frenético trabajo del escritor en cuestión, que como ya hemos comentado, debía ser de todo menos relajado. Sin embargo, esto no lo libra de esta pequeña crítica. En resumen, Sweeney Todd. El collar de perlas se presenta como una novela de su tiempo, con algunos errores de trama, pero del que podemos aprender muchas cosas.


Lógicamente, y sabiendo que día es hoy, muchos esperabais una reflexión final relacionada con la festividad de Halloween o con la importancia del miedo en nuestro día a día. Sin embargo, siento decepcionaros, pero en esta ocasión la propia novela reseñada me ha llevado por otros derroteros más interesantes pero que, para que la decepción no sea mayúscula, tienen un poco que ver con el miedo. Como ya he comentado anteriormente, los penny dreadfuls fueron tal vez los mayores éxitos editoriales del XIX en Inglaterra, que no de la crítica especializada. Sus tramas tan truculentas convivían con otro tipo de literatura más del gusto de la élite intelectual. Fueron los tiempos del realismo inglés, del que Charles Dickens se alzaba como su máximo exponente. Y aunque en sus novelas se visibilizaran las duras condiciones de la clase obrera británica, su estilo era mucho más denso, descriptivo, refinado. Literatura de alto voltaje perfecta para la nueva burguesía que estaba surgiendo al calor de la revolución industrial o para quienes, críticos con ella, pretendían cambiar las cosas. Sin embargo, la lectura de los penny dredfuls, aunque había excepciones, era más común entre la masa más popular de la sociedad del momento, incluso es muy probable que muchos aprendiesen a leer gracias a este tipo de historias, tan sencillas como atrayentes. El morbo que provocaban sus tramas hizo que se extendiese este tipo de historias entre un sector de la población no especialmente boyante económicamente. Una vez tenemos clara estas dos corrientes literarias predominantes en la Inglaterra del XIX, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que existía una clara intención de separar a la élite del pueblo. La élite debía formarse intelectualmente, y que mejor que con libros más complejos y escritos por gente de su mismo círculo social. A los demás, al pueblo, interesaba mantenerlos en la ignorancia, con historias menos densas y en las que no se hable de política o cuestiones que tengan que ver con las ideas. Y lo peor de todo es que, además de ignorantes, los querían temerosos, de ahí que estas novelas estuviesen plagadas de asesinos en serie. No debemos olvidar que en los barrios de clase obrera la delincuencia y el crimen eran el pan de cada día. En el siglo de Jack el Destripador, el que situasen estas historias a un criminal sanguinario en lugares tan comunes como panaderías, callejones, burdeles, fábricas o barberías lo hacía más real si cabe. Callados, ignorantes, sumisos y con miedo. Así es como desde el poder se quería que fuese la masa, y que mejor mecanismo de reproducción del poder que la prensa escrita y el mundo editorial, ya que el analfabetismo poco a poco iba desapareciendo de la sociedad. Algo que, si os dais cuenta, sigue pasando en la actualidad, y eso si que da verdadero miedo. La desinformación, la manipulación, el poder de las grandes empresas, la confección de estereotipos sociales...¿Hemos hecho un viaje al pasado? No. En realidad, ni siquiera hemos despegado los pies del suelo. Sweeney Todd. El collar de perlas: una historia de venganza, sangre, crimen, miseria, clases sociales, intereses oscuros...Un libro con el que no pegaréis ojo esta noche.

Frases o párrafos favoritos:

"Antes de que la calle Fleet hubiera alcanzado la importancia que tiene hoy, cuando Jorge III era joven y las dos figuras golpeaban los carillones de la vieja iglesia de san Dunstan lucían en todo su esplendor, poniendo en un aprieto la tarea de los chicos de los recados, a la vez que dejaban boquiabiertas a las gentes del lugar, había cerca del recinto sagrado una pequeña barbería regentada por un hombre llamado Sweeney Todd."

Película/Canción: inevitablemente debemos finalizar con una de las piezas musicales de la última adaptación cinematográfica del personaje de Sweeney Todd. Estrenada en el 2007 y con Johnny Deep, Helena Boham Carter y el fallecido Alan Rickman en el reparto, Tim Burton adaptó el famoso musical a la gran pantalla logrando gran éxito de publico.


¡Un saludo y a seguir leyendo!


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