Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 27 de mayo de 2022

RESEÑA: Azucre.

 AZUCRE


Título: Azucre. 

Autora: Bibiana Candia (A Coruña, 1977) es escritora. Ha publicado los poemarios La rueda del hámster y Las trapecistas no tenemos novio, el libro de relatos El pie de Kafka y el artefacto narrativo Fe de erratas. Colabora de manera regular con Jot Down, Letras Libres y The Objective. Azucre es su primera novela y ha sido merecedora del Nollegiu de novela y del Premio de las Librerías de Navarra como uno de los mejores libros de 2021. 




Editorial: Pepitas de Calabazas. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Galicia 1853. El invierno más lluvioso de la historia ha destrozado las cosechas y una epidemia de cólera empieza a hacer estragos entre la población. Orestes, el Tísico, el Rañeta y Trasdelrío, el Comido, Tomás el de Coruña y muchos otros rapaces que anhelan un futuro mejor para ellos y sus familias deciden deciden abandonar sus hogares y partir rumbo a Cuba para ganarse la vida en las plantaciones de caña de azúcar. Pero ese viaje les tiene reservado un calvario que sus cándidas mentes jamás habrían sido capaces de imaginar. Azucre es el relato novelado de la auténtica historia de mil setecientos jóvenes que viajaron a Cuba para trabajar y terminaron vendidos como esclavos por obra de Urbano Feijóo de Sotomayor, un gallego afincado en la isla que, aprovechando la situación de necesidad de sus compatriotas, promovió una campaña de colonización blanca y sustitución de la mano de obra llevada desde África. 

Su lectura me ha parecido: interesante, atípica, condensada, construida a base de impactos, muy visual, lírica, potente, pesadillesca en sus mejores momentos, plural en sus voces narrativas, epopéyica... Mi primer contacto con la historia - disciplina intelectual con la que algunas/os en este país tienen una relación más que problemática - fue, como a muchas y muchos de los que nos apasiona, a través de aquellos primeros ejemplares de la Muy Historia que cada mes devoraba como si de un bocadillo de atún con queso se tratara. Recuerdo el primero, dedicado a los (y las) malos malísimos de la historia. Ejemplar que aún, a día de hoy, guardo como oro en paño - no como aquel dedicado a la historia de la piratería que, misteriosamente, desapareció un verano en el pueblo - y que supuso entonces todo un shock para mi inquieta mente abierta a toda clase de información y aprendizajes. A lo que unos veían como una chorrada o una pérdida de tiempo, yo lo encontraba fascinante, entretenido y una buena forma de pasar el rato cuando el tedio aplanaba los días. Aquel primer contacto me llevó por senderos amazónicos, por una selva llena de criaturas - las y los susodichos personajes malvados del pasado - cuya fascinación se instaló en mi de inmediato. Fue en esas páginas donde descubrí figuras como las de Erzsébet Báthory - "La Condesa Sangrienta" para el común de los mortales - Josef Menguele, Calígula, Irma Grese, Mao Tse Tung, Guy de Rais, Iósif Stalin, Nerón, Pol Pot, Jorge Videla, Adolf Hitler, Leopoldo I de Bélgica y un larguísimo etcétera compuesto por dictadores, generales, reyes, lugartenientes fanáticos, médicos de dudosa ética, aristócratas, empresarios, matrimonios aparentemente "ideales" y anónimos que de pronto se revelan como el "carnicero de" o la "asesina de". Estoy convencida de que ahí empezó mi interés por leer sobre el mal, tratando de buscar la respuesta al porqué de dichos actos a todas luces totalmente condenables, de ahí mi fascinación por esos personajes - en el terreno de la ficción pero que bien podrían haber existido en la vida real - tan amorales y cuyo acercamiento supone un enorme desafío para la o el lector. Por eso cuando me topé, gracias a Bibiana Candia, con Urbano Feijóo de Sotomayor algo en mi cabeza hizo "clic", reconectándome directamente con aquellas perversas figuras que tanto me habían impresionado de adolescente. A pesar de que su presencia es más figurada que física, como esa inquietante mano que mece la cuna (o la política), lo cierto es que bien podría formar parte de una nueva lista, más patria, cercana, en la que figure como uno de los culpables de condenar a la esclavitud a casi 1.500 gallegos tras prometerles una vida mejor en la próspera Cuba de mediados de siglo XIX. Azucre: la terrorífica travesía hacia un aciago y vil destino. 


Algo se mueve dentro del terreno de la novela histórica cuando textos como los de Dacia Maraini - veterana escritora italiana que consiguió plasmar las emociones de un mundo, por aquel entonces, con las cicatrices del confinamiento a través de una trama epistolar ambientada en la Sicilia del siglo XVIII - o de Maggie O´Farrell - cuyo Hamnet es una magistral carta de amor y reivindicación a aquellas mujeres que se han perdido entre los pliegues de la historia - tienen una repercusión tan positiva. El género está cambiando, evolucionando, sin olvidar la épica o el clasicismo formal en algunos casos, pero con un ojo puesto en el mundo que envuelve la escritura de estas piezas literarias. Prueba de ello es precisamente la primera novela - tras un intenso camino dentro del terreno de la lírica - de la escritora gallega Bibiana Candia y su Azucre. Un libro que, en comparación con los best sellers históricos al uso los cuales, por otro lado, siguen copando las listas de los más vendidos, destaca precisamente por esa notable diferenciación. Lejos queda Azucre de, por ejemplo, aquellas novelas que se mueven en la horquilla de las quinientas y mil páginas que nos siguen entregando una serie de autores cada dos o tres años. De hecho, además de su breve extensión, la novela de Candia sorprende desde la primera página, cuando la lectora o el lector se se adentra en ella descubre una presentación más sencilla, espaciada y con capítulos que, en ocasiones, no llegan a llenar la página entera. Aunque más que capítulos, habría que hablar más bien de impresiones, flashes visuales sobre los que su autora se apoya para tejer lo que quiere contar. Del mismo modo, el lirismo del que se enriquece - fruto de, como ya he comentado, sus inicios en la poesía - dista mucho de esos textos tan extensos como farragosos que a veces inundan la mesa de novedades de histórica. No por contenido (que nunca está de más) sino por no saber encauzarlos para resultar, ya no digo digeribles, al menos llamativos para el público. Más que una novela histórica al uso, Azucre resulta una rara avis dentro del género, ya que se mueve en dos terrenos, hasta ahora, muy diferentes. Por un lado, el rigor que exige cualquier libro que se aproxime a un hecho concreto del pasado y, por otro, el estilo que bien podría emplearse para elaborar prosa poética, así como un formato que destila profesionalidad y delicadeza. En cuanto a ese acontecimiento histórico que se narra en Azucre, lo cierto es que es la segunda y gran baza con la que juega ya que, al tratarse de un episodio relativamente desconocido - o al menos para una gran parte de las y los lectores - el reclamo es aún mayor. Gracias a esa poesía y una contención narrativa inusual, Candia sabe ahondar en la coralidad del relato para meternos de lleno en un viaje tan esperanzador - los rapaces lo emprenden motivados por alcanzar una vida mejor - como terrible - tanto en las condiciones de las naves donde viajan, como en su desolador destino una vez pisan tierras cubanas -. Mezclando lo mítico con lo terrenal, las leyendas con la aspereza, los amuletos con las cañas de azúcar o la humedad de los tablones de madera en constante contacto con el agua marina, Candia nos habla de estos antepasados gallegos a los que un político-empresario engañó vilmente en favor de unas ideas racistas. Pero también parece estar refiriéndose a aquellos otros jóvenes, los del siglo XXI, que cruzan el Mediterráneo en condiciones pésimas si no los ha engullido el mar, depositando su cuerpo en el extenso camposanto de algas, peces y tumbas arenosas. Cuesta comprender como, a pesar de la distancia histórica, todavía existen injusticias que, lejos de ponerles fin, se repiten una y otra vez ante nuestros ojos, los cuales han acabado asumiendo, casi sin darnos cuenta, pestilentes discursos de elitismo cultural eurocentristas. De esta tangible realidad nos habla Candia, aunque la trama transcurra a mediados en 1853, justo lo que, a mi juicio, debería hacer toda buena novela histórica que se precie. Por muy voluminosa o alternativa que sea. Tender puentes entre pasado y presente para hablarnos de como la capa del poder pervierte a quien la lleva puesta, así como de los que son expulsados o no son dignos de la protección que ofrece su aterciopelado manto. 

Azucre: una historia de deseos, compañerismo, peligrosidad, fe, paganismo, crueldad, fascinación, dureza, esclavitud, silencio... Al rescate de aquellos hechos vergonzosos de nuestro pasado a golpe de imagen y poesía. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La locomotora es una bestia dormida que resopla, grande como seis bueyes, brillante y cubierta de humo como una olla puesta al fuego. La impresión de La Habana aún no se ha desprendido de los rostros y ya están frente a un monstruo de hierro que jadea como un toro manso. Al hombre de la compañía, que de este lado viste de blanco impecable y tiene aspecto de alimentarse regularmente, lo acompañan dos mulatos jóvenes que no hablan, pero caminan justo detrás de él. Por edad podrían ser los rapaces; sin embargo, se miran como sabiendo bien si son de la misma especie. Los guían como un rebaño manso. Vamos, muchachos, no se me queden atrás, que el ferrocarril les espera, aún tienen por delante un camino de varias leguas hasta que lleguen a sus destinos.
    Desde La Habana hasta los ingenios, el camino de hierro ahorra tiempo, carros y animales de carga. Nunca más llegamos, no era suficiente cruzar el océano, aún no llegamos. Nos han dado la bienvenida, pero aún no es aquí; aún hay que entrar más en la tierra, más lejos aún. ¿Seguirá existiendo el mundo que dejamos atrás? Nunca más llegaremos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pepitas de Calabaza

miércoles, 20 de octubre de 2021

RESEÑA: Primavera sombría.

 PRIMAVERA SOMBRÍA


Título: Primavera sombría.

Autora: Unica Zürn (Berlín, 1916 - París, 1970) fue una escritora y pintora alemana, destacada representante de la poesía anagramática y del dibujo automático, y célebre por sus colaboraciones con el pintor y escultor Hans Bellmer, del que fue compañera sentimental hasta 1953. Admirada por grandes artistas del surrealismo como Henri Michaux, Adré Breton, Man Ray, Hans Arp, Marcel Duchamp o Maz Ernst, en 1960 ingresó en un centro psiquiátrico tras sufrir un episodio psicótico, el desencadenante de un largo calvario que culminaría con su suicidio en 1970. Además de Primavera sombría, entre sus obras literarias destacan El hombre jazmín, El trapecio del destino y otros cuentos y Las trompetas de Jericó


Editorial: Pepitas de Calabaza. 

Idioma original: alemán. 

Traductora: Alba Lacaba Herrero. 

Sinopsis: En el que probablemente sea uno de sus textos más célebres, Primavera sombría, la autora alemana Unica Zürn plasma las emociones encontradas que acechan a una niña en el despertar de la vida. Una atmósfera familiar de violencia y sensualidad, que a un tiempo adora y repudia, prende en ella un imaginario erótico del placer en el dolor por el que finalmente se abisma. Apegos morbosos, juegos provocativos y ensoñaciones delirantes pueblan el turbulento universo de la protagonista de estas páginas, evocación de la propia infancia de Zürn, que acabó por quitarse la vida arrojándose al vacío desde el balcón de su cada en París a los cincuenta y cuatro años. Un relato hermosamente estremecedor, despojado de cualquier sentimentalismo y juicio moral, de una de las autoras más interesantes e injustamente olvidadas de la vanguardia europea. 

Su lectura me ha parecido: emocionante, verdadera, perturbadora, intensa, sobrecogedora, justa y necesariamente breve, un triple salto mortal sin red a la que el lector pueda agarrarse, de quitarse el sombrero, o la gorra, o lo que sea... Los que llevéis por aquí el mismo tiempo que yo - nueve años ya, ¡madre del amor hermoso! - sabréis la cantidad de autoras y autores, con sus correspondientes historias, que han pasado por este espacio, por lo visto, tan longevo. Hay veces que, como todo, olvido, y eso que me considero una persona con agudísima memoria. Sin embargo, han sido tantas y tantos los nombres - algunos rimbombantes otros no tanto - que a una se le han acabado escapando de ese abstracto espacio llamado memoria, o memoria lectora, como queráis llamarlo. Nada me ha intimidado, ni siquiera cuando, muy a mi pesar, me ha tocado resaltar aquellos aspectos que no me han acabado de funcionar en el escrito en cuestión, a veces con consecuencias algo desagradables o sepulcrales silencios. En todo este recorrido, como ya he dicho, he leído de todo y de casi todo. O casi todas, dado que de un tiempo a esta parte las autoras han copado gran parte del espacio de mi mesita de noche, y por consiguiente, del que le dedico en este lugar donde procuro que la literatura, la crítica y el debate se estrechen la mano. Aún así, hacía tiempo que una escritora no me abrumaba tanto, hasta el punto de sentir una especie de respeto eterno desde que la descubriera hace unos meses mientras el cielo de mi ciudad se preparaba para el chaparrón del siglo. En aquella primavera más sombría - dadas las excepcionales circunstancias en las que desde marzo de 2020 nos hayamos - que la que Unica Zürn (así se llama la escritora que a día de hoy me sigue poniendo los vellos de punta) describe en su relato. Escrito que inaugura el principio de una obsesión literaria, de infinita admiración, de respeto absoluto - y esperemos que inquebrantable - hacia una escritura extremadamente intimista, cierto halo poético y capaz de construir unas imágenes tan explícitas emocionalmente como tangibles a pesar, en mi caso, de no haberlas vivido en mi niñez. Su calidad de artista polifacética avala este talento, incomprensiblemente sepultado por el machismo existente en el mundo del arte - y la literatura - y el tabú entorno de una enfermedad mental mal tratada que la condujo tristemente a la tumba demasiado pronto. Hoy regresamos a los nubarrones, a los estómagos encogidos, a esa calma antes de la inclemente cascada, a la violencia silenciada, a esos pétalos marchitos picoteados por las gotas de lluvia. En definitiva, a esa Primavera sombría: el lado más tétrico e incómodo de la infancia. 


Más conocida - insisto, de manera injusta - por ser la musa y amante de Hans Bellmer (escritor y fotógrafo adscrito a la corriente surrealista famoso por sus retratos de carácter erótico) lo cierto es que, antes de modelar para Bellmer y conocer a la flor y nata e la intelectualidad y el mundo artístico del momento, Zürn escribió la mayoría de sus textos por pura supervivencia. En una Alemania recién salida de la Segunda Guerra mundial, tras un divorcio en el que había perdido la custodia de sus hijos y en una situación de absoluta vulnerabilidad económica, Zürn se ganó la vida escribiendo cuentos para periódicos, radios - llegando incluso a venderlos ella misma en la calle - mientras trabajaba en el cabaret y club de jazz Die Badewanne - lugar, por cierto, en el que se reunían los artistas más importantes de Berlín -. De nuevo, asistimos a un caso que, si lo miramos con la perspectiva actual, no dista mucho de la presente generación de autoras y autores españoles en los que, o bien la precariedad es el leitmotiv de sus creaciones literarias, o bien se han visto obligadas/os a producir literatura, en ocasiones en contra de sus ideas o posicionamientos de cualquier tipo, para poder subsistir. Sin embargo, lo más sorprendente es que, al contrario de lo que cabría esperar - rapidez, tramas que se resuelven con facilidad, personajes poco dibujados, poca precisión, ausencia de un estilo narrativo propio - en Zürn encontramos una voz poderosa y muy personal. Capaz de crear una sensación de indefensión al lector frente al texto. En el primer párrafo comparé su lectura con un salto de fe, al abismo y sin  nada que pudiese salvarte de él. Un cuento con el que te aferras con fuerza a sus palabras, aunque éstas estén recién salidas de una virulenta hoguera. Relato que, aunque breve, no le sobra ni una coma. Justo en su medida y que, a pesar de leerse de una sentada, el poso que su lectura te deja dura más allá de la tortuosa experiencia. Porque sí, Zürn no es complaciente y sus fluidas descripciones se incrustan, como un parásito, en el hueco de la memoria. Incluso cuando lo que acabas de leer sea incómodo, oscuro, un desgañitado grito desde la garganta de la propia autora.


Porque, efectivamente, Primavera sombría es, en su génesis, una autobiografía novelada, o si lo preferís, ficción con toques de realidad. Un texto aparentemente fácil en sus primeras páginas - algo que acaba dándose la vuelta para tornarse cuanto menos perturbador - no se donde Zürn te plasma el descubrimiento del género, de su cuerpo, del sexo, de sus propias obsesiones, de la vida de su alter ego, de esa niña a la que vemos crecer de los diez a los doce años, de la ausencia del padre, de los amantes de la madre, de ese hermano del que es mejor no hablar y, sobre todo, de sus intentos por intentar entender cuando nadie se digna a explicarle nada. Incompleta desde el primer momento, y en un clima de soledad extrema, la niña comienza a buscar aquello que la complemente encontrándola, finalmente, en una especie de experimentación sexual que alimenta unas incipientes fantasías masoquistas. Obviamente, esta valiente decisión a nivel novelístico no deja de resultar una crítica tanto a la teoría freudiana, así como la visión masculina del erotismo, mayoritaria en su época y de la que por ejemplo el ya citado Hans Bellmer hacía gala en sus composiciones artísticas. No obstante, esto se vuelve más trasgresor en el momento en el que nuestra protagonista se enamora de alguien fuera de su núcleo familiar, de un hombre más mayor ante el que, en lugar de comportarse como una ninfa precoz, se acomoda en el platonismo, siendo dicha pureza en su enamoramiento su fuente vital. Su final, tan impactante como demoledor, es tristemente premonitorio. Perfecto en cuanto a su ejecución y que, por supuesto, escandalizará a quienes, despistados por su enigmático título, se adentran en él buscando sencillez, ligereza o esa sensación de supuesta paz enmascarada bajo la pésima etiqueta de "libros para no pensar". Zürn impresiona, abruma, sobrecoge a cada página, a cada párrafo, a cada reflexión que el lector pueda hacer posteriormente. Cada día que pasa esta pequeña pero inquietante historia crece más y más, como esas películas que pasadas un tiempo no dejan de producir mil y un inquietudes y debates a pesar de haberse estrenado hace 20, 50 o 100 años. Ojalá poder absorber cada uno de sus pedacitos, retener sus enseñanzas, no solo porque Unica Zürn se haya convertido, de forma totalmente inesperada, en una de mis autoras favoritas - incluso un referente literario a seguir - también por la responsabilidad que con ello contraigo. La de que no caiga, inexorablemente, en un segundo y tal vez más largo olvido.

Primavera sombría: una historia de dolor, sexualidad, soledad, inocencia perdida, desazón, autodescubrimiento... El inicio de una, esperemos, grandísima admiración. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Sufre en silencio, perdida en ensoñaciones masoquistas en las que no caben pensamientos de venganza ni desquite. El dolor y el sufrimiento le causan placer. 

La vida, sin la desgracia, es insoportable.

Para poder soportar la vida,  no tiene más que refugiarse con todo su afán en la fantasía."


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pepitas de Calabaza

lunes, 14 de diciembre de 2020

RESEÑA: Kuessipan.

 KUESSIPAN


Título: Kuessipan. 

Autora: Joan Fontaine (Uashat, Canadá, 1987) es una escritora canadiense perteneciente a la nación algoquiana innu. Nacida en la reserva de Uashat, con siete años se trasladó junto a su madre a la ciudad de Quebec, donde terminó su formación, realizó estudios universitarios de creación literaria y actualmente vive junto con su hijo. Ha publicado dos novelas: Kuessipan, que tuvo un gran impacto, con una mención al Premio de los Cinco Continentes de Francofonía, y Manikanetish, inspirada en sus alumnos adolescentes de la reserva de Uashat. Es coodirectora de la antología literaria de las Primeras Naciones Tracer un chemin: Meshkanatsheu. Fue una de las "mujeres del año" de la edición quebequesa de Elle y "revelación del año" de la revista especializada Les Libraires. 


Editorial: Pepitas de Calabaza. 

Idioma original: francés. 

Traductora: Lucia Lucuix

Sinopsis: Kuessipan evoca la vida cotidiana en la reserva innu de Uashat. Con una escritura altamente poética, luminosa, de una sensibilidad muy femenina y con un componente reivindicativo exento de cualquier tipo de cólera, Naomi Fontaine habla de lugares, de rostros conocidos y amados. De cazadores nómadas. De pescadores nostálgicos. De vidas al rededor de una bahía que refleja las cosas de la tierra. De liebres. Del pan tradicional. De rituales. De tambores de piel de caribú. De niños que crecen. De ancianos que se reúnen para recordar el pasado. De salmones. De abetos. De barreras invisibles e invisibles. De placeres efímeros. Del alcohol que todo lo mata. De viajes en tren. Y, sobre todo, de la certeza de que la vida es un conjunto de piezas que hay que ensamblar para que surja la magia. 

Su lectura me ha parecido: cruda, intensa, de lectura pausada, fragmentaria, dura en su desnudez, bella en sus vaivenes poéticos, ligeramente reivindicativa, como congelada en el tiempo... Este año, más que nunca, las ganas de marcharme a un lugar solitario han aumentado. Un sitio en el que el bosque quedase a pocos kilómetros. En donde los frondosos senderos se abrieran ante mí como mágicos pasillos sacados del cuento más hermoso. Donde el agua formara un espejo cuando el invierno azotase con toda su rabia. Donde las hojas cristalizasen, las piedras temblaran y las chimeneas humearan. Un lugar donde la tierra creciera, dejando al descubierto una paleta de colores que los urbanitas desconocen por completo. Con esos tonos anaranjados, verdes, ocres y violetas cuando la primavera decide abrir la puerta. A veces me despierto con la humedad del campo pegada a la nariz en una de las muchas alucinaciones somnolientas, esas que no consigues probar su veracidad o falsedad, esas que tanto deseas en el fondo pero que se escapan, como dientes de león, entre tus manos. Sorbes el café, frente a ti, la ventana te ofrece un campo de hormigón armado. Pero tú ansías ver un manto mojado, la lluvia resbalarse por entre las hojas y los atisbos de una incipiente niebla. Un fantasmagórico paisaje que, en lugar de atemorizarte, inunda de regocijo una tarde de escritura altamente productiva. Mi Cumbres borrascosas ideal, sin Heathcliff y sin todo el melodrama, sería algo parecido a las Highlands escocesas o las Hébridas. Esas islas en el fin del mundo, aisladas de cualquier peligro, problema, temor. Con el faro que tan bien describió Virginia Woof en una de sus más logradas novelas como guía y las rocas de Storr arañando el grisáceo cielo. Así son los sueños, bonitos, perfectos, idealizados hasta la extenuación. A la hora de cogerlos de la mano, bajarlos a la tierra, sumergirlos en las aguas del barreño y observar la aplastante soledad que te rodea, de pronto ya no ves con malos ojos las vistas al patio interior o al descampado inundado tras la tromba de agua. Nada como un buen baño de realidad para entender que los lugares más fríos, remotos y con tradiciones aún entroncadas con un pasado tan remoto como las leyendas que pueblan su imaginario no están exentos de su lado menos atractivo y áspero. El turismo y el capitalismo nos han educado así y tal vez, sobre todo en los tiempos que corren, ya va siendo hora de volver a atrás y deshacer lo aprendido para ofrecer una perspectiva más realista y, por supuesto, con el conocimiento de la realidad y del día a día de quienes habitan dichas zonas. En esta reseña no os voy a hablar ni de las Orcadas, ni de la isla de Skye, sino de algo menos conocido: la reserva de Uashat. Un pedacito de tierra canadiense donde cazadores nómadas e instrumentos antiquísimos conviven con una cotidianeidad bañada por el poco reconocimiento, la nieve, la depresión y los sueños de quienes sólo desean prosperar fuera de sus invisibles muros. Kuessipan: una canción helada, un testimonio ardiente. 


Al asomarse por vez primera a esta novela fragmentaria - de una libertad estructural alucinante y que ya va siendo habitual en la literatura en general - una tiene la sensación de estar viviendo un autentico privilegio al alcance de muy pocos. Es como si la propia Naomi Fontaine - autora del libro - no pusiera resistencias a la llegada de inquietos lectores al lugar de donde proceden sus más profundas raíces, pero con una importante advertencia previa. Para que éste sea consciente de que lo que está a punto de leer no es la imagen más idílica ni de la nieve, ni del frío, y por supuesto, ajena a cualquier tipo de blanqueamiento de la situación de su comunidad dentro del grandísimo país como es Canadá. Sin embargo, lo que te encuentras nada más lees la primera página es poesía, denuncia también, pero sobre todo poesía, encerrada en un témpano de hielo, pero lírica al fin y al cabo. Su estructura en pequeños párrafos (algunos de ellos no llegan a ocupar la página entera) narrándote en cada uno de ellos la cotidianeidad o pequeñas historias ambientadas en Uashat - reserva innu situada en Quebec y a la cual pertenece la escritora - ayuda a que los recursos propios del verso fluyan de manera ágil a ojos del lector. Sintiéndose, por un lado, abrumado ante las emociones que Fontaine es capaz de transmitir a través de un magistral talento para la ambientación y la condensación de lo mejor y lo peor del alma humana, y por otro tristeza, impotencia, una pelota de lana en el estómago. En Kuessipan, Fontaine no busca la lágrima fácil - aunque algunos de sus relatos bien podrían merecerlas - sino una emoción en pequeñito, íntima, pero cuyo carácter trascendental acaba provocando un torrente de sensaciones gratificantes en el lector. La dualidad modernidad-tradición están muy presentes en la novela, hasta el punto de que considero que ese y no otro es el verdadero vehículo del texto, lo que lo engrandece, en otras palabras, su razón de ser. Rimando, de este modo, con una de las corrientes literarias de más actualidad. En los últimos años ha acontecido una especie de boom de lo que se conoce como "literatura rural" o "ruralismo literario". Movimiento literario que, aunque por desgracia ha acabado derivando en una moda que no ha hecho sino banalizar o tirar por tierra la grandeza estilística de los primeros libros, ha conseguido revitalizar temas que creíamos arcaicos o superados como la vida en el pueblo, el trabajo en el campo, la idea de ruralidad, lo determinante de los orígenes, el éxodo (esta vez a la inversa, de las ciudades al campo), las relaciones intergeneracionales (en especial con los abuelos) y evidentemente la reivindicación de estos lugares no sin su correspondiente baño de realidad y crítica a las costumbres más intolerables. En otras palabras, y por poner como referencia a nuestro país: los Delibes de la generación Millenial. Respecto a Naomi Fontaine, si bien por edad correspondería de pleno con esta nueva ornada, en cuanto a estilo se aleja del costumbrismo casi cañí - al que aquí le hemos puesto un altar desde el punto de vista tanto literario como cinematográfico - para ahondar en la introspección, en la fragilidad y en lo inquebrantable, como ese hielo que no parece derretirse, como esos tambores de caribú, como esas leyendas que sobreviven al paso de los siglos, como esos ancianos que, nostálgicos de tiempos pasados, se niegan a abandonar las costumbres de su pueblo, las cuales la metrópoli trató en su momento de arrebatarles. En Kuessipan los niños maduran demasiado pronto, las adolescentes se quedan embarazadas antes de la mayoría de edad, los cazadores aún son nómadas, los árboles parecen conversar con los humanos, la depresión inunda la mente de quienes no soportan vivir allí y la soledad se torna en la compañía más desasosegante. Como veis, nada que ver con lo nuestro, con ese carácter extrovertido, el color o el sello "typical spanish" pero, al mismo tiempo, entroncados en lo que no se ve o no queremos ver. 


Lejos de una mirada autocompasiva o extremadamente beligerante, Naomi Fontaine - a pesar de ser ella misma una escritora indígena nativa de la reserva de Uashat - ha decidido enfocar su Kuessipan hacia, en primer lugar, la desmitificación de la vida en lugares como el que la vio nacer, mostrando su realidad desde la más absoluta franqueza (no exenta de una exquisita poesía, como ya hemos comentado), y en segundo lugar, homenajear todo aquello que hace único a Uashat. Su texto parece congelado en el tiempo, tanto en su brevedad como en su intencionalidad expositiva, en unos recuerdos de niña y adolescente, en historias verídicas o procedentes de la imaginación cuyo deshielo sólo compete al lector de turno. Para ella, el legado de su pueblo es universal: desde las manos hundidas en la masa de pan hasta los secretos que esconde la bahía, pasando por los muchos rituales o el pequeño riachuelo congelado por el frío. A su vez, Kuessipan se alza como una novela altamente política, en su implícita crítica, no tanto al colonialismo o a la pérdida de la identidad, como a esos hombres y mujeres perdidos, habitantes de un mundo cada vez más cambiante, rápido, globalizado que busca la renovación constante antes que la pausa. Una disociación que se critica a través de la inexistencia o fracaso del Mito del Buen Salvaje. De este modo Naomi Fontaine ofrece una panorámica en la que asistimos a una idea caduca del romanticismo nómada frente a una supervivencia cada vez más desesperada. Como si estos hombres y mujeres viviesen en una capsula temporal y al mismo tiempo en una realidad que les impide día a día ejercer sus trabajos - por muy rudimentarios, duros o desfasados en tecnología que sean - o incluso manifestar su identidad cultural. No debemos olvidar que los Innus fueron los primeros pobladores de Canadá y que de un tiempo a esta parte, son los principales afectados laboralmente, políticamente, económicamente y hasta psicológicamente de las consecuencias adversas de la reubicación. Porque todo sea dicho, a los Innus, al igual que tantas y tantas tribus indias de Norteamérica, fueron invadidos por los colonos - en este caso Franceses - en algunos casos masacrados y posteriormente expulsados de sus tierras ancestrales para vivir en reservas alejadas de sus lugares de origen. De hecho, dadas estas circunstancias, no me extraña que en muchos de estos lugares la depresión y el alcoholismo estén casi a la orden del día. Al mismo tiempo que existe esta frustración como comunidad, también podemos observar como los problemas de la globalización afectan más si cabe a su forma de vida, como el paulatino declive de la pesca y la caza tal y como las habían ejercido tradicionalmente, así como los efectos de la contaminación y un exacerbado ocio hacia el nido, sobre todo por parte de los más jóvenes o de los que quieren escapar de ese microcosmos antes de darse a la bebida para evadirse de su desgracia. Sin embargo, en todo paisaje helado el sol acaba saliendo, aunque sea tras los blancos tejados, rebotando en los lagos, entrando por puertas y ventanas. En definitiva, que la ternura se antepone a la dureza de la vida, o eso es lo que Naomi Fontaine quiere que extraigamos de Kuessipan. No es un mensaje extraído del último best seller de autoayuda, tampoco una frase motivadora con la que podemos toparnos en redes sociales. Simplemente es una pequeña esperanza, un reconocimiento un bello optimismo que el observador - o lector - más inteligente podrá hallar en el lugar más deprimente. En el invierno más crudo, asfixiante, expectante al surgimiento de una nueva primavera. 

Kuessipan: una historia de identidad, tradición, cazadores, ancianos contadores de historias, botellines de cerveza, existencias desorientadas, paso del tiempo, amistades, maternidades, cabañas en medio del hielo... Un libro para masticarlo, digerirlo, pensarlo y repensarlo. 

Frases o párrafos favoritos: 

    "Los recalcitrantes se cierran en banda, se enfrentan a la autoridad. Su combate: criar a la carne, educarla para que se conviertan en hombres, en mujeres, en una nación que se les parezca, que no dominará, que subsistirá, que vivirá. 
    El anciano de piel blanca se ha vestido con sus plumas y sus ropas de colores. Se ha puesto sus mocasines. lo que hace de él un indio. Pipa en mano, irá a parlamentar con el jefe del Estado." 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pepitas de Calabaza