Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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miércoles, 11 de noviembre de 2020

RESEÑA: Dicen.

 DICEN 


Título: Dicen. 

Autora: Susana Sánchez Arins (Villagarcía de Arousa, Galicia, 1974). A pesar de haber nacido en un pueblo costero, la autora creció en O Foxo, una aldea que en 2018 contaba con tan sólo seis habitantes. Estudió Filologías Hispánica y Portuguesa en la USC y obtuvo el DEA en Literatura Comparada. En 2008 ganó el XXI Premio Nacional de Poesía Xosé María Pérez Parallé con la obra (de) construçom (Espiral Maior, 2009). Le siguieron los poemarios Aquiltadas (Estaleiro Editora) y A novia e o navio (Através Editora) en 2012. En 2015 publicó Seique (Através Editora) y en 2018 la plaquette poética Carne da minha carne (Editora Apario) y el libro de relatos Tu cantas e eu conto (Através Editora). La editorial Deconatus ha traducido y editado recientemente su obra Seique (Dicen) al español. 


Editorial: Deconatus. 

Idioma Original: Gallego. 

Traductor: Susana Sánchez Arins. 

Sinopsis: Dicen es una historia familiar real atravesada por la represión franquista. Cuenta aquello que no está registrado en actas notariales, ni en periódicos, ni en libros, ni en archivos provinciales. Cuenta el día a día de un silencio que se hizo largo, muy largo, y que nos ha condicionado hasta ahora. Dicen cuenta hechos reales en una red de voces acalladas durante generaciones. Dicen no está escrito desde la reflexión política, sino desde la justicia poética. Justicia poética es recordar a aquellos que tuvieron que construir una vida en medio de una situación inhumana y borraron su paso por la vida, los represores. Susana Sánchez Arins ha creado una narradora perspicaz, transparente y honesta que surge de la necesidad de redimir ese silencio. Y así nace un libro de secuencias que es novela, poema, ensayo y ninguna de esas formas a la vez. Dicen es la memoria histórica que necesitamos para entender los silencios que nos han configurado de manera inconsciente. 

Su lectura me ha parecido: cruda, poética, metafórica, experimental, breve, sincera, con un punto de fragilidad estremecedor, realista, cercana, fragmentaria y, sobre todo, muy necesaria... De entre la nebulosa en la que nos vemos inmersos como sociedad desde el mes de marzo - donde la crisis del coronavirus en España ocupa un lugar primordial en cualquier telediario que se precie - aparecen, muy de vez en cuando, pequeñas noticias que nos retrotraen a un pasado cercano, a ese que vivíamos con intensidad, apelotonados, de botellón, dándolo todo en la pista de baile, viajando como locos. Cuando las sonrisas aún no pertenecían al terreno de la intuición o los abrazos al de la prohibición. Notas de prensa que nos recuerdan que en este país, antes de que "el bicho" lo inundara todo, existían otros problemas, algunos tan transcendentales que hasta entroncan con nuestro pasado, el más oscuro, el mismo que se pretende restaurar, como si de una obra de arte dañada por años de maltrato se tratase, desde la memoria y el respeto. Ese que actualmente sigue siendo objeto de debate, estudio y de, por desgracia, furibundas detracciones que contribuyen a acelerar una inusitada escalada de la intolerancia, la violencia, la ignorancia y la injusticia. La Covid-19 ha dejado espacio para que la noticia sobre del posible riesgo a expolio del Pazo de Meirás por parte de la familia Franco - según las últimas informaciones se ha confirmado la contratación de medio centenar de camiones por parte de los nietos del dictador para llevar a cabo la "mudanza" - tuviese su minuto, literalmente, de protagonismo en los informativos del día 9 de noviembre. Y aunque la polémica viene de lejos, no fue hasta dicha fecha cuando supimos de la intención del estado de solicitar una orden judicial para poder entrar en el Pazo, analizar su estado y proceder a un minucioso inventario de todos los bienes patrimoniales y artísticos que se hayan en su interior para evitar, de este modo, la extracción de los más valiosos. De entre los muchos objetos susceptibles de sufrir un segundo expolio se encuentran la biblioteca de Emilia Pardo Bazán - quien lo mandó construir y donde escribió algunas de sus obras más importantes - pergaminos medievales, cuadros de Álvarez Sotomayor y Zuloaga y, por supuesto, las famosas estatuas de Isaac y Abraham del Maestro Mateo procedentes del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. Este caso, el de los litigios entre el gobierno y la familia Franco por la propiedad del Pazo de Meirás no deja de ser un ejemplo mas, la punta del iceberg bajo la que encontramos todo un legado de apropiaciones, compras fraudulentas, expropiaciones, encarcelamientos, sometimientos y asesinatos que caracterizaron lo que hoy conocemos como Franquismo. De lo particular - una aldea gallega a día de hoy prácticamente desaparecida - a lo general - una cruenta guerra civil y casi cuarenta años de dictadura - pasando por el relato de una generación marcada por dichos acontecimientos. De todo eso habla la novela de Seique, novela de Susana Sánchez Arins que la editorial Deconatus ha traducido y editado bajo el título de Dicen: memoria histórica a golpe de modernidad y estremecimiento.  


Tanto la Guerra Civil como la Dictadura Franquista han tenido su particular apogeo literario, sobre todo en los años 90 y a lo largo de lo que llevamos de siglo XXI. Dulce Chacón, Javier Cercas, Alberto Méndez Bora, Manuel Rivas, Julio Llamazares o Almudena Grandes son algunas de las autoras y autores que han basado parte de su producción literaria en este importante acontecimiento. Sin olvidar, por supuesto, a los clásicos patrios como Camilo José Cela, Ana María Matute, Ramón J. Sender, Manuel Chaves Nogales, Carmen Martín-Gaite, Arturo Barea, Elena Fortún o Josep Pla entre otros. Por no hablar, y ya con esto cierro la extensa lista, de dos ilustres escritores extranjeros que combatieron en la contienda y dieron buena cuenta de ello en textos como Campanas a media noche - de Ernest Hemingway - y Homenaje a Cataluña - de George Orwell -. La cantidad es enorme, tanto que en ocasiones pienso que, en lo que a ficción se refiere, se debería crear en las librerías una sección específica que aglutine todas las novelas ambientadas en la Batalla del Ebro, en la de Teruel, en la Desbandá de Málaga o en los bombardeos de la ciudad de Valencia, por citar algunos ejemplos. Hay que decir que no todas ellas gozan del ni del mismo prestigio ni de una calidad literaria que quite el hipo, por no decir que la inmensa mayoría se amolda a los cánones típicos del best seller español. Llegando por este motivo a cometerse verdaderas injusticias. Los ejemplos tal vez más sangrantes sean los de Alberto Méndez Bora y Elena Fortún. La segunda, por fortuna, está viviendo una reivindicación y una reedición de sus novelas infantiles y juveniles - la saga protagonizada por Celia, su heroína más famosa, es una descarnada crítica al modelo de niña y de mujer que el Franquismo acabó instaurando - y el primero es que directamente casi ni se menciona en los libros de texto cuando su colección de cuentos Los girasoles ciegos es, a mi juicio, lo mejor que se ha escrito al respecto. Dentro de este conglomerado de escritoras/es y de libros publicados, Susana Sánchez Arins vendría a representar un cambio, al menos en las formas, a la hora de presentar una historia ambientada en la Guerra Civil. Una modernidad que va más allá de su estilo descarnado y poético - su biografía literaria ya nos da pistas de lo importante que es para ella esto último - y que ahonda en las nuevas formas de conectar con el lector actual. Arins lleva hasta el extremo la idea de fragmentación, hasta el punto de prescindir de las mayúsculas al principio de cada párrafo, de cada frase antecedida por un punto. Como si quisiera trasladar al papel un testimonio captado por una grabadora. En el que la persona en cuestión habla, discurre, como un torrente, sin importar la ortografía, sólo el mensaje y la historia que nos está contando. De este modo, la forma prevalece sobre cualquier formalismo y el mensaje acaba recibiéndose con más impacto. Al principio, no lo voy a negar, choca, como cuando te adentras en las primeras páginas de Panza de burro - donde el habla canaria, los anglicismos mal pronunciados o lo quinqui impregnan el léxico de la novela - pero a medida que vas cogiendo el punto al texto y, sobre todo, si la novela es buena, la forma acaba en este caso ocupando un segundo plano en favor de lo que Arins nos quiere narrar. Que no es otra cosa que lo que ya sabemos y hemos leído pero a través de un canal muy distinto a lo que, desde nuestro sillón del conformismo, estamos acostumbrados como lectores. 


Como ya he comentado antes, la novela fragmentaria - creo que este es la mejor forma de referirse a ella - de Susana Sánchez Arins se contextualiza en dos acontecimientos clave en la historia más reciente de nuestro país: La Guerra Civil y la Postguerra. Sin olvidarnos de los constantes ecos, aquí es imposible hablar de flashbacks, a la vida y la sociedad anteriores al alzamiento pertenecientes al periodo de la Segunda República. A diferencia de muchas escritoras y escritores citados arriba, Arins ambienta parte de su novela en Portarís, una aldea muy concreta de la provincia de Pontevedra y de la que a día de hoy no constan datos demográficos desde el año 2016, por lo que es muy probable que se encuentre abandonada. Esta elección no es baladí, ya que el devenir de este pequeño núcleo de población se convierte en la metáfora perfecta para criticar la amnesia social frente a los crímenes del franquismo. En otras palabras, en esta novela la despoblación transcurre en paralelo al silencio y a la desmemoria forzosa de una época y de unas ideas. Situación que, como consecuencia, trae consigo un doloroso desconocimiento acerca de unos hechos acaecidos tiempo atrás, así como la desaparición de lo que un día fue Portarís. Además, lejos de quedarse en un retrato superficial, la autora hunde sus manos en el barro y en la memoria familiar para contar la historia de su tío abuelo Manuel García Sampayo, falangista, con un currículum sanguinario silenciado durante generaciones por la familia y que dio rienda suelta a su odio contra el que no pensara como él a sabiendas de saberse vencedor, y por tanto, parte de los que escriben la historia. De este modo, el "tío abuelo Manuel" se convirtió en uno de los represores más temidos de las Rías Baixas. Al retratar su figura y terrible legado, a pesar del mutismo familiar y las informaciones contradictorias que la autora encontraba en la ardua tarea de sacar a la luz todas y cada una de sus fechorías, lo que pretende Arins es superar no sólo el trauma colectivo, también el privado, el que ha acompañado a sus propios antepasados. Hablar de lo sucedido y de las salvajes represalias llevadas a cabo por dicho pariente para aliviar, cicatrizar, curar. Porque de nada sirve caminar hacia adelante si el pasado sigue pesando, como una losa, sobre los hombros de quien lo soporta. A colación con lo mencionado, la escritora aprovecha para resaltar el importante papel que juega la historia oral tanto en su labor de documentación como en la propia memoria de la Guerra Civil y la posterior represión. En especial el de las mujeres, las de su familia, las del pueblo, las de toda Galicia, las de toda España al fin y al cabo. Pues fueron ellas las que desde la sombra difundían las historias que posteriormente acababan contándose de generación en generación, convirtiéndose en las portadoras de lo sucedido. Arins recopila toda clase de testimonios: susurrados, en voz baja, enojados, plagados de significativos silencios, breves, largos, cascadas que descienden de nuevo tras una larga sequía. Todo ello para demostrar que, lo que ocurre de puertas para dentro, también puede convertirse en un sujeto político. Como historiadora sé que la oralidad no lo es todo en cualquier artículo, trabajo o libro sobre el tema. De hecho, siempre hay que apoyarlo con otro tipo de fuentes, las cuales no acaban restando importancia al relato, todo lo contrario, lo apoyan y refuerzan, si es que ese es nuestro objetivo intelectual como investigadoras/es. Sin embargo, en Dicen tienen su sentido, más allá de lo histórico si su intencionalidad oscila más hacia lo literario que a lo ensayístico aunque, eso sí, siempre bajo el paraguas del contexto. Por último, y no menos importante, señalar que esta novela está originariamente escrita en gallego, por lo que es palpable, a pesar de la traducción, un localismo y carácter particulares que contribuyen a una mayor diversidad dentro de un panorama literario con tendencia a lo convencional y a escribir las mismas historias de siempre. 

Dicen: una historia de memoria histórica, salvajismo, ruralidad, recuerdos fragmentarios, voces del pasado, atrevimiento estilístico... Una maravillosa rara avis entre tanta repetición. 

Frases o párrafos: 

"mi padre nació en 1949, al año de abolirse el estado de guerra. mi madre vino al mundo en 1952 y aún los maquis andaban por el monte, la guerra se aparecía remota, pero estaba ahí. y ahí continúa."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Deconatus

domingo, 12 de abril de 2020

RESEÑA: Mujeres en lucha.

MUJERES EN LUCHA 


Título: Mujeres en lucha. 

Autora: Isabella Lorusso nació en Ostuni, Apulia, en 1967, y terminó sus estudios en Bolonia con una tesis sobre la guerra civil española. Se trasladó a Perú donde enseñó italiano en las universidades de Lima, Cuzco y Tumbes. Actualmente vive en Inglaterra. Ha publicado La maga, Senza pelle y T/3. Storia di un femminicidio y, en España, Un día sin ti, Potosí: historia de un viaje en el sur del mundo y Voces del POUM. (Fuente: Editorial). 


Editorial: Altamarea. 

Idioma: italiano. 

Prólogo: Beatriz Gimeno. 

Epílogo: Dolors Marín. 

Sinopsis: Mujeres en lucha es un libro coral, un conjunto de entrevistas realizadas a mujeres españolas que participaron en la guerra civil. Algunas tomaron las armas y combatieron en el frente, otras militaron en el POUM, en Mujeres Libres o en diferentes grupos anarquistas. Todas lucharon contra el franquismo y por la emancipación de la mujer, y juntas lograron avances sociales tan significativos como el aborto libre y gratuito. Emprendieron toda una revolución, y para ello no solo tuvieron que enfrentarse al fascismo, sino también, a veces, a sus propios compañeros. Sus sobrecogedoras memorias nos invitan a reflexionar acerca de una lucha que pertenece a otro tiempo y que, sin embargo, se revela aún hoy actual y necesaria. Sus voces, que poseen la fuerza y la inmediatez propias del testimonio directo, presentan sin tapujos la complejidad de una época cuyas contradicciones casi nunca afloran en el discurso historiográfico oficial. Sus punzantes recuerdos arrojan una nueva luz sobre acontecimientos tan cruciales como las Jornadas de Mayo de 1937 o el asesinato de Andreu Nin, y ahondan en los orígenes del movimiento feminista en España. Gracias al trabajo de Isabella Lorusso, este extraordinario mensaje de rebelión y justicia queda al resguardo de la voracidad del olvido y se reaviva para las nuevas generaciones de mujeres en lucha.

Su lectura me ha parecido: valiosa, completa, un documento histórico al que debemos acudir en masa a consultar, completa, veraz, impactante, rebosante de sabiduría, imprescindible... La primera vez que me acerqué a un texto cuya importancia trascendía a lo puramente literario fue gracias a la lectura del Diario de Anna Frank. Por aquel entonces tendría entre catorce o quince años y quedé completamente ensimismada, perturbada, maravillada y horrorizada. Todo eso al mismo tiempo. Ese fue sin duda el libro que me impulsó, como quien se tira de cabeza a la piscina, a investigar por mi cuenta y a leer sobre historia. Primero, como no podía ser de otra forma, me obsesioné con el tema del holocausto, de ahí pasé al nazismo y de ahí a la complejidad de la Segunda Guerra Mundial en un momento en el que en el instituto todavía no nos habían hablado de ello. En segundo de bachiller me topé con otro título fundamental y que acabó reafirmándome en la valiente - o kamikaze según algunos - decisión de estudiar la carrera de Historia. Esta vez fue una novela titulada Los pilares de la tierra. Evidentemente no estaba ante un documento histórico como tal - aunque años más tarde lo usaría para evidenciar la visión que desde el siglo XXI se tiene de la Edad Media - pero a partir de su lectura me sumergí en un montón de historias - algunas más memorables que otras - y sobre todo en el homenaje que su autor, Ken Follett, hizo a la arquitectura gótica y a los constructores que la ensalzaron a través de catedrales (edificios góticos por excelencia). Esta historia de amor, luchas de poder, guerras civiles y venganzas personales en la Inglaterra del siglo XII al amparo de la construcción de una catedral ficticia me alucinó y me hizo más llevaderos los días de estudio y nervios. Un año después, entendí el poder de la literatura para adentrarse en un tema del pasado a través de la lectura de Los Miserables. Me costó, sí, pero gracias a ese libro - hoy prestado y ausente de mi apreciada librería - pude comprender por fin como lo ficticio puede ayudar a investigar el pasado o a meterte de lleno en el pensamiento del autor que lo escribió, en este caso a mediados de siglo XIX. Además de que la relación entre Jan Valjan y el inspector Javert es una de las más completas de la literatura universal. Tuve que esperar a cuarto de carrera para encontrar la última pata que sostendría mis valores como historiadora y lectora empedernida. Ese pilar se llamaba "perspectiva de género", algo con lo que ya me había topado sin darme cuenta - recordemos la lectura de Anna Frank - pero que hasta ese momento no supe ponerle nombre. Tuvo que ser Betty Friedan y su Mística de la feminidad la que me dio la bofetada de realidad que necesitaba para comprender que la historia había sido contada y construida por los mismos, por los ganadores primero, y en segunda instancia y más importante, los hombres. Desde entonces devoré cada ensayo donde se resaltase o relatase la historia de las mujeres, tradicionalmente ninguneada, ridiculizada u olvidada. Uno de esos libros fue el que hoy recupero de mi estantería para hablaros de uno de los episodios más interesantes, y a menudo poco tenido en cuenta, dentro de la Guerra Civil Española. Mujeres en lucha: la doble revolución de las mujeres republicanas. 


Tal y como se desprende en la lectura de este libro, hubo un tiempo no tan lejano en el que los bailes - una de las formas de distracción más populares de la época - se convertían en cantera de futuros y futuras sindicalistas. Remarco esta distinción de género porque, aunque hayan pasado a la historia muchos nombres de hombre en este ámbito, también existieron mujeres que guiadas por sus convicciones políticas y su espíritu rebelde e inconformista no dudaron en afiliarse a los sindicatos o partidos políticos de izquierdas más potentes y multitudinarios del momento. Unas fueron a parar, entre otros, al POUM (Partido Obrero de la Unificación Marxista) - fundado en 1935 y contrario al comunismo estalinista - o a Mujeres Libres - organización femenina dentro del anarcosindicalismo español fundada en abril de 1936 como respuesta al machismo imperante de sus compañeros de lucha dentro del ámbito anarquista -. Y es en este punto donde me gustaría detenerme unos segundos para resaltar, creo yo, la mayor virtud del trabajo de la investigadora Isabella Lorusso en el presente libro: el de dejar clara la doble lucha que estas mujeres llevaron acabo, además de la impresionante recopilación de testimonios que abalan dicha tesis. Lorusso recorrió cientos de kilómetros para dar con las voces de esas mujeres que mejor podían ilustrarle la época y el tema que le inquietaba intelectualmente para, esta vez sí, escribir el libro que le hubiese gustado leer en su época más militante dentro del movimiento feminista italiano. Su pasión por la historia del POUM la llevó a rascar en la historia, encontrando las vivencias de estas mujeres republicanas que habían participado de los acontecimientos desde la primera fila de batalla o desde posiciones más políticas. Marxistas, comunistas, anarquistas, milicianas... Su procedencia era lo de menos, para Lorusso, lo importante era lo que podían aportar a través de su experiencia y vivencias, las cuales habían permanecido ocultas demasiado tiempo. Sí, la historia olvida a los perdedores, los sepulta bajo toneladas de tierra hasta ahogarlos - perfecta metáfora de lo que aquí sucedió una vez finalizó la Guerra Civil hasta llegar a nuestros días - la historia es doblemente injusta con aquellas que fueron injustamente apartadas dentro del mismo bando derrotado, las que por el hecho de ser mujer no fueron reconocidas de igual modo que a sus camaradas hombres. Ni siquiera cuando militaban juntos, ni siquiera cuando pronunciaban discursos ante un pueblo ávido de sus ideas, y por supuesto, ni siquiera cuando en la guerra empuñaban el mismo fusil contra los fascistas. 

De este modo, conocemos historias como la de Pepita Carpena (1919-2005) obrera de una fábrica textil desde los doce años que se inició en política de la mano de la CNT para posteriormente unirse a Mujeres Libres en el momento de mayores turbulencias sociales. Ella, como tantas otras, vivió el golpe de estado, la Guerra Civil, la posterior dictadura y por supuesto el exilio. Su testimonio rinde cuenta no sólo de su lucha constante fuera y dentro de casa, también del machismo imperante dentro de las propias filas. De hecho, señala como el momento más duro de su experiencia como militante el hecho de enfrentarse a ellos, los cuales no entendían del todo el papel de Mujeres Libres dentro del movimiento anarcosindicalista. A veces, incluso, lo confundían con libertinaje. Jamás volvió a España. En esa misma línea el testimonio de Teresa Carbó ( 1908-2010) arroja una pequeña pero importante reflexión: la de la normalización de la invisibilidad. Si no se habla de tu labor, si no se reconoce tu trabajo, si no se valora tu papel en la historia; normal que muchas de estas mujeres acabasen quitando importancia a hazañas o experiencias dignas de señalar. Así le ocurrió a Carbó, quien en un primero momento declinó la entrevista pero que más tarde accedió a ella al darse cuenta de que su testimonio podía aportar luz sobre la presencia de las mujeres en la Guerra Civil al ser ella la última persona que vio con vida  a Andreu Nin - fundador del Partido Obrero de Unificación Marxista - tras haber desaparecido durante los hechos de Mayo de 1937. Su condición de enfermera dentro del conocido como Socorro Rojo dedicado a ayudar a heridos y presos le permitió ser testigo de los que probablemente serían los últimos momentos de Nin con vida. Ya en el exilio, Carbó siguió ejerciendo la enfermería a la vez que colaboraba con la resistencia Francesa. Tras una vida de peregrinaje y huida por varios países de Sudamérica, volvió a España tras la muerte de Franco. En el presente volumen también encontramos testimonios como el de Dolores Jiménez Álvarez, más conocida como Blanca Navarro, (1918-2012) militante anarquista y miliciana que luchó en la famosa Columna Durruti asistiendo a la dura retirada del frente de Aragón permaneciendo en el frente a pesar de la prohibición por parte del gobierno central de que las mujeres combatiesen en la guerra, el de Manola Rodríguez (1917-2009) perteneciente a las Juventudes Comunistas que participó activamente en la defensa de Madrid donde conoció al que sería su futuro marido - su testimonio es importante para entender las relaciones sexuales y amorosas en el frente - o el de María Manonells i Riera ( 1913-2003) sindicalista del POUM y articulista; su testimonio fue determinante para el director de cine británico Ken Loach que a partir de sus palabras construyó los personajes femeninos de la película Tierra y libertad. Todos ellos, como acabamos de comprobar, marcados por una juventud en sindicatos o partidos de izquierdas, una guerra en las que estuvieron en el frente o en la retaguardia, el exilio a un país desconocido en el que sin embargo arrimaron el hombro en su lucha contra el Nazismo y por supuesto la vuelta o no retorno a la patria. 


Hace unos años mi madre me contó una historia que hoy, más que nunca, vuelve irremediablemente a mi memoria. Un día me habló del abuelo de una de sus mejores amigas. De izquierdas, culto y gran lector cuyos valores eran bastante progresistas. La abuela, en cambio, era una mujer que no sabía ni leer ni escribir. Curioso contraste para un matrimonio en el que uno de los dos miembros gozaba de unas ideas aprendidas a través de los libros y el otro ni siquiera era capaz de entenderlas ante la falta de un aprendizaje vital durante la infancia. Dicha carencia llamó la atención de la amiga de mi madre, la cual acabó reprochando a su abuelo su pasotismo al respecto. ¿Por qué no le has enseñado a la abuela a leer? le preguntó un día. Desconozco cual fue la respuesta, pero ya me puedo imaginar que ésta habría revelado la verdadera naturaleza de la situación. De puertas para afuera todo eran consignas de revolución, propuestas para conseguir la tan ansiada justicia social, proclamas por un estado más igualitario y libre. De puertas para adentro nada cambiaba, todo seguía siendo igual, bajo una justicia patriarcal que no hacía sino ahogar a las mujeres entre crianza y tareas del hogar. Seguro que ni se le ocurrió la posibilidad de enseñarle a leer y escribir, o simplemente consideraba que no le hacía falta a juzgar por sus actividades que ella ejercía en el hogar. Muchos de estos hombres que lucharon por cambiar este país a golpe de discurso o con metralleta en mano sostenían, erróneamente, que una vez se alcanzasen los objetivos deseados, la situación de sus compañeras cambiará, beneficiándose de los mismos derechos. Sin embargo, lo que desconocían o no querían admitir, era el hecho de que para que un cambio social se produzca hace falta lucha, tomar las calles, hacerse visibles y perseverar. Sobre todo perseverar. Y si las mujeres no participaban de dichos actos, difícilmente podrán alcanzar objetivos que las equiparen a la misma altura que los hombres. Sin el clamor por los derechos destinados a las preocupaciones de un colectivo en concreto, el de las mujeres, jamás podrán ser libres. Pero claro, eso entonces era considerado libertinaje, cosa de chicas o cuestiones que a nosotros como hombres no nos interesan para nada. En aquella historia que un día mi madre me contó echo en falta implicación, empatía y reconocimiento. Por el contrario, lo que veo es machismo, injusticia y superioridad patriarcal. Y la moraleja es bastante cruda, la que evidencia como, independientemente de la ideología política, hubo un tiempo en el que los hombres, quienes tenían el altavoz para hacer llegar sus ideas a más gente, prefirieron acogerse a la máxima del absolutismo - "cambiar para que nada cambie" - en vez de aprovechar su visibilidad para hacer más visibles a sus compañeras y apoyarlas en su respectiva lucha. Los tiempos cambian, aunque todavía queda el resquicio de quienes aspiran a recortar los derechos de las mujeres hasta retrotraernos a una España neofranquista. De ahí que el libro de Isabella Lorusso se presente como una urgente lectura de cara a combatir las falsedades de una ultraderecha intolerante y que odia profundamente a las mujeres. 

Mujeres en lucha: una radiografía del patriarcado, la valentía, el feminismo, la Guerra Civil, el exilio, los ideales políticos, las desigualdades internas, sindicatos, la retaguardia, el frente, el olvido... Un texto contra la desmemoria y los que pretenden convencernos de que aquello jamás existió. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Ponían a los hombres ante una contradicción cotidiana, porque ellos mismos hablaban de cómo cambiar el mundo y luego volvían a casa y el mundo que hubieran podido cambiar no lo cambiaban"

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Altamarea 

viernes, 26 de abril de 2019

RESEÑA: Haz memoria.

HAZ MEMORIA

Título: Haz memoria.

Autora: Gema Nieto (Madrid, 1981) es licenciada en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura - Literatura Comparada por la Universidad Complutense. Actualmente trabaja en el mundo de la edición y colabora con revistas como Pikara Magazine, Qué leer y Culturamas, escribiendo artículos sobre libros, cómics y videojuegos. Su primera novela, La permanencia, fue publicada por Caballo de Troya en 2016. (Fuente:Editorial).


Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: español.

Sinopsis: sus protagonistas (en su mayoría mujeres) caminan por el hilo temporal que une el presente con nuestro pasado más trágico, trascendiendo el plano concreto, de personajes particulares, a uno más amplio, universal, en el que la autora reflexiona sobre esa memoria histórica, pero también íntima, tan necesaria. El relato narra la evolución de las distintas generaciones de una familia a consecuencia de su educación y sus diferentes caracteres e identidades, en un ambiente opresivo con reminiscencias lorquianas sobre el que se ciernen en todo momento los peligros del fanatismo, el miedo y la ignorancia, la persecución a minorías, la necesidad de libertad, la inutilidad de intentar controlar pasiones y deseos, las consecuencias de decisiones equivocadas… Y sobre todo, la reivindicación de la memoria, porque sin memoria no hay cimientos que posibiliten ninguna construcción, tanto a nivel personal como histórico. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Trágica, potente, lírica, reflexiva, con un poso autobiográfico en lo que a la historia se refiere, con frases para enmarcar en (nunca mejor dicho) nuestra memoria, feroz, extraordinariamente atemporal... El pasado lunes, como todas y todos sabemos, se celebró el primero de los dos grandes debates previos a la cita de la ciudadanía con las urnas el próximo domingo 28 de abril. No exento de polémica (la cual ha sido portada en periódicos, protagonista de más de un mitin electoralista y tema principal de discusiones entre tertulianos de distinto signo en televisión y radio), los espectadores asistimos a un espectáculo sin precedentes. Y digo espectáculo porque, seamos sinceras y sinceros, las propuestas políticas brillaron (a excepción de un Pablo Iglesias en estado de gracia) en favor de las descalificaciones, las numerosas interrupciones, las mentiras y el show más mediático. No voy a detenerme en analizar los aciertos y los errores de dicho debate, pero sí, permitirme que me aproxime a lo más sonado, mediático y cuya repercusión tuvo su respuesta (tirando siempre de humor) en las redes sociales para destacar el olvido más sangrante. Sí señor Rivera, sí hubo silencio, sobre todo en lo que a cultura se refiere (a la cual no dedicaron ni un minuto de vuestro valiosísimo tiempo), pero sobre todo, yo escuché otra clase de silencio, más doloroso, más vergonzoso, más inaceptable. Un silencio tan espectral que asusta, especialmente a quienes llevan años sumidos en él sin conseguir más que desprecio y promesas insuficientes a partes iguales. Me refiero, por supuesto, al silencio de la memoria, de la memoria histórica, ese tema tan importante para la construcción de una democracia sana y al que parece tener alergia gran parte de la clase política de este país. El silencio sigue por desgracia muy presente, a pesar de las condenas internacionales o los intentos desde las asociaciones por exigir justicia, reconocimiento y búsqueda de sus seres queridos. Afortunadamente, existen voces, más de las que podamos imaginar, que no dudan en poner su imaginación, su propia experiencia familiar y su pluma al servicio de la sociedad. Esa sociedad ignorada, maltratada, olvidada. Voces como la de la joven escritora madrileña Gema Nieto, ejemplo de que la juventud, al contrario de lo que nos quieren hacer creer, no está dormida. Haz memoria: cuando el silencio se convierte en un personaje más.

   Lo normal cuando asistes como alumna a las primeras clases de primero de historia es que el profesor te introduzca, de la forma más atractiva, amena e interesante posible, en el mundo de la historiografía. Ese espeso bosque de imponentes y altas copas en el que es muy fácil perderse para siempre si no conoces a la perfección el ascendente camino hacia su siempre abierta salida. En constante renovación, lo primero que la amante o el amante de la historia debe saber es algo que parece muy lógico pero que, sin embargo, tendemos a olvidar con facilidad. Y es que, a lo largo de la historia, los que la han contado, redactado o impartido pertenecen a una época diferente del pasado, y por tanto, no hay un único e inquebrantable relato de la misma. Por ejemplo, no es lo mismo aproximarse a los testimonios de los cronistas medievales (cuya verosimilitud se entremezcla con propaganda en favor de las virtudes del rey o reina de turno) que adentrarse de lleno en la visión de la Edad Media desde la historiografía marxista (algo que los Monty Python satirizaron a la perfección en una de las escenas más logradas de Los caballeros de la mesa cuadrada). Sin embargo, si algo es común en los inicios de esta asignatura es la aproximación a los clásicos, a los historiadores (y utilizo el pronombre masculino plural dado que, por desgracia, son pocas las historiadoras que se estudian en las universidades en relación a este tema) que comenzaron a escribir los acontecimientos coetáneos a su propia existencia. Tanto Heródoto como Tucídides escribieron durante la época antigua innumerables textos sobre la historia de sus respectivas civilizaciones, lo que permitió a la larga tomarlos como autenticas joyas repletas de información para esclarecer algunos aspectos del pasado más lejano todavía ensombrecidos por la falta de datos. Sin embargo, y dado el tema que nos ocupa al respecto, me siento en la necesidad de reivindicar a otro de los grandes, a Cicerón, cuya Guerra de las Galias sigue siendo uno de los textos más citados por historiadoras e historiadores y cuya complejidad nos daba más de un quebradero de cabeza a los estudiantes de Latín de Segundo de Bachiller. Además de su amplia producción literaria, Cicerón dedica mucho espacio a la memoria, tan importante para la historia, con frases verdaderamente antológicas. Cicerón decía que la vida de los muertos está en la memoria de los vivos, palabras que tras leer a Gema Nieto y enfrascarse en la psicología de la Rusa - esa matriarca implacable - adquieren un sentido más devastador.

   Hablar de Haz memoria es hablar de una saga familiar. Un tipo de narración tan antiguo como explotado por infinidad de autores desde todos los géneros posibles. Desde la historia de la saga de los Buendía a lo largo de siete generaciones en la siempre inmortal Cien años de soledad hasta la de los Trask y los Hamilton comprendida entre la Guerra de Secesión y la Primera Guerra Mundial en Al este del Edén, pasado por la de los Cazalet ambientada en los años de la Segunda Guerra Mundial. No hay lector que se resista, por muy sibarita que sea, a una novela en la que la familia en relación a su contexto sea el principal eje argumental. Algo que Haz memoria cumple con creces al dotar de personalidad a cada uno de sus miembros. La contundencia con la que Nieto construye a cada uno de ellos es impecable, tanto que hasta da miedo, sobre todo en el caso de algunos de ellos.  Empezando por la Rusa - sin duda el mejor personaje de toda la novela - y a la que es mejor que el lector conozca sin demasiada información previa y continuando con su hija menor, el perfecto antagonista - vivaz, luchadora, valiente - quien llevará consigo la responsabilidad de actuar como nexo entre dos generaciones. Porque de memoria va la cosa, de memoria olvidada, de una familia atravesada por la brutalidad de la guerra, de la impunidad de los culpables, de la vergüenza de los vencidos, de la impotencia de quienes se ven con las manos atadas, de quienes durante años han callado, pero sobre todo, de las consecuencias de vivir más de cuarenta con el peso del miedo y la injusticia. Memoria contra el olvido, pero sobre todo, contra el silencio - ese invisible y aterrador tercer personaje que nunca consigue abrir la puerta y marcharse para siempre - cuya presencia condiciona la vida de las diferentes generaciones de esta familia. Hablar de Haz memoria, también es referirnos a la madurez narrativa que posee la autora, de sus frases inolvidables - algunas de ellas para enmarcarlas y colocarlas en el lugar más visible de nuestra biblioteca mental - de esas clarísimas referencias a las grandes escritoras españolas de mediados de la postguerra - Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet y Ana María Matute -, de ese uso adecuado de la biografía - en este caso de los recuerdos familiares - para adaptarlos al lenguaje literario, de esa inmersión en el contexto sin necesidad de detenerse y describir en los acontecimientos históricos, de esa intimidad que consigue estremecer y que el lector quiera traspasar el papel para poder llorar junto a sus personajes, de ese duelo eterno y doloroso, de esa necesidad de servicio público, de estar ofreciendo una ofrenda en forma de novela, de compensar, de querer darles voz a quienes nunca han podido hablar. Para acabar, hablar de Haz memoria es hablar de feminismo, pero también de sororidad, palabra que se toca, se observa y se respira en cada página de esta novela. Una red de apoyo entre mujeres que permite, ya no sólo paliar los dolores de quienes han sufrido los estragos de la contienda, también extender una red entorno a un relato común, único, narrado en voz femenina y al que hasta ahora muy pocos (incluyendo la historiografía) se habían dignado escuchar.

   Seguro que muchas de vosotras y vosotros habréis soltado un bufido o un suspiro de hartazgo al comprobar que estamos ante - parafraseando a Isaac Rosa - "otro maldito libro sobre la Guerra Civil". Y la verdad, no lo entiendo. Sé que no es un sentimiento generalizado, pero no es la primera vez que me encuentro con que este tema en concreto despierta ya no sólo aburrimiento, sino algo más peligroso, indiferencia. En los institutos el tema se aborda desde dos realidades. La primera, desde la de la distancia, es decir, sin implicarse más de lo necesario en explicar algunos conceptos o acontecimientos de ésta que merecerían un pertinente debate. Y la segunda, desde las prisas, desde la mentalidad de fin de curso, pues normalmente la Guerra Civil suele ser uno de los últimos temas que se dan en la asignatura de Historia, lo cual provoca que los alumnos disminuyan su capacidad retentiva concentrando sus pensamientos en el sol, la playa o la fiesta. Esto si se tiene suerte, porque en la mayoría de los casos la Guerra Civil Española ni siquiera llega a darse. Por otro lado, tampoco hacemos nada en algunos casos por escuchar a nuestros mayores, simplemente escuchar. Ni os imagináis la de historias que nos perdemos por no prestarles la atención suficiente, por pasar de sus sermones durante las comidas de los domingos, por menospreciar y referirnos a ellas como "batallitas" de la abuela o el abuelo. En la novela, la nieta de la Rusa - último eslabón de esta saga marcada por la tragedia y los secretos -, que de niña pasó un año de su infancia en la casa familiar tras la inesperada muerte de su madre, regresa años más tarde para recoger unos papeles antes de sus dos tías ancianas mueran en una residencia. Es entonces cuando - en un intento por reconstruir su verdadera identidad - decide indagar en ese árbol genealógico, en sus propias raíces para descubrir - aunque duela - que había tras aquellos eternos silencios. Consecuencia de heridas sin sanar, sin cicatrizar, todavía abiertas, demasiado abiertas. Sí, estamos ante otro libro sobre la Guerra Civil, pero que sin embargo, va más allá al plantearnos una poderosa y más que pertinente reflexión sobre la memoria histórica y su verdadero estado de salud dentro del contexto democrático actual. Concluyendo - a juzgar por las palabras de Nieto - en un diagnóstico del todo preocupante. La memoria en este país está alterada, viciada, enferma y en algunas épocas casi desahuciada. Por eso, y porque voces como la de Nieto nos lo recuerda, el próximo domingo debemos votar, sí, votar, en masa, con conciencia, habiendo leído los programas, con determinación, pero sobre todo con memoria. Esa memoria contra la que nos han anestesiado, haciendo posible que los fantasmas del pasado más oscuro de este país vuelvan a merodear a nuestro alrededor con la misma fiereza que sus antepasados franquistas.

Haz memoria: una historia de desarraigo, secretos familiares, matriarcados, relatos colectivos, traumas de guerra, injusticia, sepultura, castigo, valentía, determinación, sororidad... La oportunidad para acercarse a las abuelas y los abuelos y preguntarles sobre su pasado antes de que sea demasiado tarde.

Frases o párrafos favoritos:

"Cuántas vidas injustamente robadas, cuánta felicidad entregada al olvido y al silencio, y qué imposible frenarlas pese a todo".

Cortesía de Dos Bigotes

viernes, 22 de diciembre de 2017

RESEÑA: Poesía esencial.

POESÍA ESENCIAL

Título: Poesía esencial.

Autor: Miguel Hernández (1910-1942) nació en Orihuela en el seno de una familia humilde. Desde una formación prácticamente autodidacta, y en diez años escasos, logró resumir las estéticas de su época en una poesía entusiasta y bella, combativa y humanista. Tras dejar el pastoreo de su tierra natal y otros modestos oficios, se trasladó a Madrid en busca de trabajo. Allí entabló relación con Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y José María Cossío, entre otros escritores. Durante la Guerra Civil de 1936-1939 combatió en las filas de la república en distintos frentes y viajó a un famoso congreso de teatro celebrado en Moscú. Poeta-escritor, poeta-culterano, poeta- social, poeta-soldado, poeta-prisionero, su vida cruzó por zonas de dramática sombra, convirtiendo buena parte de sus escritos en grave testimonio de nuestro tiempo. Tras una condena a muerte conmutada, murió enfermo, en la cárcel de Alicante en 1942. (Fuente: Alianza Editorial).


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: castellano.

Sinopsis: la obra de Miguel de Hernández viene a ser ejemplo y síntesis de la historia de la poesía española en su período más fecundo del siglo XX. Las distintas tendencias de la lírica de los años treinta fueron cultivadas por este poeta que no dejó nunca de imprimir su huella personal, con metáfora relampagueante, hiriente y luminosa. El gran interés que sigue despertando la poesía de Miguel Hernández justifica la edición de su Poesía esencial, una antología preparada por Jorge Urrutia, catedrático de literatura por la Universidad Carlos III de Madrid. Un volumen que se convirtió en un libro mítico durante la Transición y que Alianza Editorial ha vuelto a publicar en una edición cuidada a la altura del 75 aniversario de la muerte del poeta del pueblo. (Fuente. Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: intensa, atemporal, sobresaliente, directa, social, sin barroquismos, absolutamente necesaria...Queridos lectores y lectoras, la presión casi puede conmigo. No es que haya estado especialmente atareada estas últimas semanas, y aunque un tremendo constipado haya ralentizado la actividad en el blog, tengo que confesaros que por fin he sabido lo que es enfrentarse a un verdadero reto. Ya se que a lo largo de estos últimos años han desfilado por Jimena de la Almena novelas escritas por ilustres escritores y escritoras, cuya fama ha perdurado a lo largo del tiempo hasta tornarse finalmente en universal. Pero creerme cuando os digo que, en el caso del libro que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, la redacción ha sido especialmente dura. Por un lado, lo más evidente, por primera vez nos enfrentamos a un libro de poesía, por lo que el trabajo de documentación y de lectura ha sido especialmente abundante. Por no hablar de que, al ser esta la primera vez, no tenía muy claro por que cauces debía discurrir la crítica literaria de un libro como este. Son tantos los temas que surgen al respecto que cuesta darles un sentido y un orden dentro del caos.Y por otro lado, la importancia de su autor. Todavía se me pone la piel de gallina al recordar la potencia de algunos de sus versos, pero sobre todo, no puedo obviar la rabia que sentí, siento y sentiré al respecto y aún más tras leer este volumen. Los motivos son obvios, es triste que una voz tan viva como la de Miguel Hernández se apagase tan pronto y de forma tan injusta. Por todo ello, no podía permanecer al margen, como si han permanecido innumerables instituciones, las cuales no se han dignado a homenajear al poeta alicantino este año en el que se cumplía el 75 aniversario de su muerte. En Jimena de la Almena, y desde el respeto más absoluto, iniciamos una nueva andadura reseñando por primera vez un libro de poesía, y lo hacemos a lo grande, a la altura de uno de los poetas más lúcidos y tristemente ninguneados de la historia de la literatura española. Poesía esencial: una estremecedora, valiente y atemporal denuncia social.


La historia de como este poemario llegó a mis manos y a mi vida es bien sencilla. Sin embargo, y para hacerle verdadera justicia a su autor, debemos comenzar por el verdadero principio, que no es otro que el día en el que descubrí la historia de Miguel Hernández. Fue en el instituto, y a decir verdad, tampoco es que el profesor nos ofreciese todos los detalles. Estábamos prácticamente a punto de acabar el curso, y como suele pasar en este país, hay ciertos temas que se quedan en el tintero y que no llegan a explicarse correctamente en clase. Y en el caso de la asignatura de Lengua Castellana no es ninguna excepción. A partir de ahí y gracias al interés que había suscitado aquella breve explicación, empecé en mi casa a mirar por internet y a buscar cosas relacionadas con Miguel Hernández. El resultado de todo aquello ya os lo podéis imaginar. Me entusiasmó saber que el poeta alicantino, de formación prácticamente autodidacta, había sido miembro de la generación del 27, pero una profunda tristeza me invadió cuando supe que Miguel Hernández había muerto en la Cárcel de Alicante, privado de su libertad simplemente por haber combatido en el bando Republicano y por mantenerse fiel a sus ideas. Fue entonces cuando la impotencia se apoderó de mi cuando entonces, como quien no quiere la cosa, fui consciente de que su figura, al igual que la de muchos otros coetáneos, había sido escondida, ocultada e injustamente ignorada por todos, y no solo por cierto sector de la clase política. Años más tarde, mientras cursaba tercero de carrera, Miguel Hernández volvió a aparecer ante mis ojos, esta vez como testimonio, pues, sus poemas fundamentalmente podían, según me explicaron en clase, contextualizarnos y darnos una idea de cual era el ambiente en el que se movía el autor alicantino, en plena Guerra Civil y sin perder nunca esa critica social. Pero lo cierto es que en aquel momento, supongo que por temas relacionados con otras asignaturas, no pude dedicarle a Miguel Hernández un poco de mi tiempo, ni siquiera para leer alguno de esos poemas tan famosos. Menos mal que, al cabo de un tiempo, y gracias a un enorme sentimiento de culpa, acabé por adentrarme de lleno en su lírica. Gracias a Alianza Editorial, pude hacerme con un ejemplar muy especial que bajo el título Poesía esencial, aglutina cuidadosamente alguno de los poemarios más importantes del autor. Solo gracias a esta aproximación tan directa pude entender como Miguel Hernández sigue despertando admiración entre los lectores asiduos o no de poesía, así como, por desgracia, el rechazo de cierto sector rancio dentro de la sociedad española. Ha pasado mucho tiempo desde aquel primer contacto con Miguel Hernández, cierto, pero ha sido la lectura de sus poemas lo que me ha permitido conocer mejor al autor y al contexto que le toco desafortunadamente vivir.


Antes de adentrarnos en la crítica propiamente dicha, me gustaría comentar que al ser este el primer libro de carácter poético que reseñamos en el blog y tratándose de quien es su autor, he optado por realizar una reseña más ceñida al contenido de los poemas y a la biografía de Miguel Hernández. Seguramente esta no sea la mejor forma de reseñar un volumen de poesía, pero a fin de cuentas, creo que la magia de la poesía reside en lo que logra transmitir y menos en las normas de creación de ésta. Una vez dicho esto, comencemos por decir que esta recopilación de poemas del gran Miguel Hernández presenta una lectura amena, sosegada, pero capaz de ponerte los pelos de punta en cada verso, llegando sentir verdadera impotencia en ocasiones y tranquilidad en otras. En lo que respecta a la lectura, he de recomendaros algo, nunca leáis un libro de poesía como si se tratase de una novela. De hecho, si lo leéis de esa forma corréis el riesgo de que el libro acabe de nuevo en la estantería y no reposando sobre la mesita de noche. La poesía, al menos desde mi experiencia, es mejor leerla poco a poco, sin prisa, y si es alternando su lectura con otro libro, mejor que mejor. En mi caso, lo que hacía era tenerla siempre a mano mientras leía otros libros, novelas en concreto, y cuando me apetecía, adentrarme en él, leía los poemas que quisiera, pararme, entender lo que el poeta acaba de decir y cerrar el libro hasta la próxima vez. No intentéis leeros un libro como Poesía esencial rápidamente y de golpe, pues, no se os quedará nada, ni siquiera el recuerdo de su lectura. Centrándonos en la obra que contiene este volumen hay que comentar que en Poesía esencial no encontramos toda la producción lírica de Miguel Hernández, sino la que probablemente sea la más importante a nivel popular, la que todo el mundo recuerda y que coincide, sin lugar a dudas, con la que provoca mayor controversia y admiración al mismo tiempo. En él no encontraréis ni sus primeros poemas de inspiración barroca ni el famoso Perito en Lunas, pero si los poemarios El rayo que no cesa, Viento del pueblo, El hombre acecha, Cancionero y romancero de ausencias y lo que es más interesante, algunos poemas sueltos no incluidos en estos poemarios que cronológicamente se enmarcan entre 1935-1936 y 1936-1939. Esta decisión de escoger estos poemarios y dejar fuera los de su primera etapa es obviamente deliberada y la respuesta la encontraremos, si hemos estado atentos, en la sinopsis del libro, algo de lo que ya hablaremos largo y tendido en el apartado reflexivo. En cuanto a los poemas en si, el lector se topará con una amplitud de temas tan universales como particulares, surgidos de la urgencia del contexto en el que Miguel Hernández los creó. El amor, la tristeza, la muerte, la pobreza o la injusticia adquieren un matiz nuevo al convergerse a la perfección con una durísima, y nada complaciente critica social hacia la realidad de su tiempo. En sus poemas, Miguel Hernández se atrevió a criticar la explotación infantil, la pobreza en el campo, la falta de confianza en la juventud o las condiciones del proletariado. E incluso en sus últimos años, mientras permanecía preso, tuvo el empuje de hablar de las duras condiciones de los presos políticos en las cácreles franquistas. Así mismo, también tuvo palabras para Ramón Sijé, Pablo Neruda, la Pasionaria, Raúl González Tuñón, Vicente Aleixandre e incluso para el mismísimo Benito Mussolini, al cual destina sus versos más duros. Tampoco se olvida de la Guerra Civil Española, como tampoco de los que participaron en ella defendiendo a la República, incluyendo a las Brigadas Internacionales. Y como no podía ser de otra forma, su esposa Josefina Manrresa y su hijo, tan presentes en el póstumo Cancionero y romancero de ausencias,  ocupan buena parte de ese último aliento de vida y de esperanza. Hablar de la poesía de Miguel Hernández es hablar de un contexto histórico concreto de la historia de España, de hecho, es posible rastrear ciertos muchos sociales, culturales e ideológicos de aquel país dividido, pues además queda espacio en sus versos para el debate de las dos Españas, que lo caracterizaron. Estos poemas describen un periodo histórico, pero también, justifican que a Miguel Hernández se convirtiese en el poeta del pueblo, pues, sin más pretensiones que las de denunciar la situación por la que su país, su adorado país al fin y al cabo, estaba pasando, hizo llegar sus sencillos versos a todo el mundo, incluso a los más humildes. Por todo ello, y aunque se que me he quedado corta a la hora de exponer algunos de los aspectos más reseñables de Poesía esencial, podemos considerar este libro como un inquebrantable testimonio proveniente de uno de los episodios más  traumáticos de nuestra historia, pero también, un ejemplo de lo poco que hemos cambiado en cuestiones muy concretas.


Obviamente y como no podía ser de otra manera, en este último párrafo no puedo dejar pasar la oportunidad de plasmar una de las inquietudes que ha estado rondándome por la cabeza desde que finalicé la lectura de este libro. Como ya he comentado en líneas anteriores, la importancia de este libro no sólo radica en la figura de su autor, Miguel Hernández, también en un pequeño detalle que aparece mencionado en la sinopsis de la contraportada. En ella se nos dice que esta antología fue elaborada por Jorge Urrutia, Catedrático de Literatura de la Universidad Carlos III, y Leopoldo de Luís, poeta, crítico y amigo personal de Miguel Hernández. Y que bajo el título Obra poética completa, se convirtió en un libro mítico durante la Transición. Hoy, 2017, Alianza lo reedita bajo otro título, Poesía esencial, con la participación de nuevo de Jorge Urrutia, coincidiendo con el 75 aniversario de la muerte del poeta. ¿Casualidad? Evidentemente no, de ahí que una servidora piense que incluso la selección de poemas que contiene la antología no ha sido producto del azar. En tiempos de la Transición se comenzaron a reeditar muchos de aquellos libros que durante la dictadura franquista habían sido prohibidos, algo de lo que la obra poética de Miguel Hernández no se libró. Por ello y porque el contexto social urgía de esa recuperación, la edición de la Obra poética completa llevada a cabo por Jorge Urrutia y Leopoldo de Luís tuvo su espacio y un público que no dudó en responder leyendo aquellos poemas considerados tan peligrosos por los franquistas y tan revolucionarios por esa nueva generación que podría las bases de la democracia en España. Por ello es lógico que aquel volumen se convirtiese en un libro mítico de aquellos tiempos, que de alguna forma se rendía el homenaje, póstumo por desgracia, a un poeta cuya memoria y trayectoria había sido enterrada y durante cuarenta años olvidada por muchos. Sin embargo, el panorama cambia cuando retornamos al presente, al año 2017, a un convulso 2017 en donde institucionalmente nadie se ha acordado de Miguel Hernández. Solo en Orihuela, pueblo natal de Miguel Hernández, el actual gobierno de la Generalitat Valenciana y en algunos centros culturales, especialmente en las bibliotecas públicas, repartidas a lo largo del territorio español, se han producido los homenajes pertinentes. Pero a nivel nacional, el gobierno ha permanecido en silencio, un silencio sepulcral que evidencia dos cosas: una, que no le importa la cultura,  y dos, que en los tiempos que sigue siendo incómodo hablar de Miguel Hernández. ¿La razón? Que al igual que García Lorca, Miguel Hernández fue víctima de una guerra cruenta y de la posterior política franquista que lo condenó casi al olvido. Además, por si la cosa no fuera más grabe, el mensaje de Miguel Hernández rezuma actualidad, versos que se escribieron en los años 30 bien podrían referirse a cuestiones que suceden hoy en día, sobre todo en el ámbito político, cuando el poeta alicantino hablaba de ese otro "choque de trenes". Parece ser que para el gobierno homenajear su figura es abrir viejas heridas, triste pero cierto. Prefieren seguir haciéndose los tontos a escuchar esos versos cargados de verdad y lucidez. No les gusta que les lleven la contraria y menos que alguien, desde el pasado, les diga que están equivocados. En Poesía esencial, Miguel Hernández nos narra su vida y sus ideas a través del bello arte de la poesía, un legado que debería reivindicarse siempre, aunque exista quien pretenda boicotearlo con el arma más mortífera de todas, el silencio. Poesía esencial: delicadeza, contundencia, claridad, rabia, impotencia, pasión, sinceridad...Lectura obligatoria tanto en lo académico como en lo cotidiano.

Versos favoritos:

"Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes."

"Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie."

Película/Canción: aunque se debería poner remedio inmediatamente esta injusticia con una película sobre la figura de Miguel Hernández, hoy nos despedimos, como no podía ser de otra manera con el gran Joan Manuel Serrat y su interpretación musicalizada del inmortal poema "Nanas de la cebolla".


¡Un saludo, a seguir leyendo y felices fiestas!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 7 de noviembre de 2017

RESEÑA: La buena letra

LA BUENA LETRA

Título: La buena letra.

Autor: Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna 1949-2015) estudió Historia Moderna y Contemporánea en Madrid. En 1969 se trasladó a París y años más tarde trabajaría como profesor de Español en Marruecos. A su vuelta a España trabajó como crítico literario y gastronómico en la revista Sobremesa y en El País. Chirbes es autor de ensayos como El viajero sedentario, El novelista perplejo, Mediterráneos y Por cuenta propia y de novelas como Mimoun, En la lucha final, La buena letra o Los disparos del cazador. Sin embargo, no fue hasta el año 2000, con la publicación de La larga marcha, cuando comenzó a posicionarse como uno de los mejores escritores contemporáneos españoles. A La larga marcha se le unirían una segunda parte, La caída de Madrid, y una tercera, Los viejos amigos. Tras ellas llegarían otros éxitos literarios como Crematorio, En la orilla y París-Austerlitz, publicada póstumamente. Chirbes tiene en su haber reconocimientos como varios premios de la Crítica Valenciana, el Librería Cálamo, el Dulce Chacón, el Francisco Umbral el ICON de Pensamiento y el alemán SWR-Bestenliste. (Fuente: Anagrama).


Editorial: Anagrama.

Idioma: castellano.

Sinopsis: Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. Sus palabras se convierten, por tanto, en duro legado para una nueva generación que quiere levantarse de la inocencia. (Fuente. Anagrama).

Su lectura me ha parecido: intensa, dramática, sencilla, bien escrita, rápida, durísima en su contenido, con una potente carga emotiva...Queridos lectores y lectoras, como bien sabréis en este espacio de crítica y opinión hemos reseñado toda clase de novelas, muchas de ellas escritas por autores provenientes de lugares muy recónditos del globo terráqueo. Aunque la mayor parte de los escritores que han desfilado por Jimena de la Almena en su mayoría son españoles, ingleses, franceses o estadounidenses; también hemos reseñado libros procedentes de plumas bielorrusas, finlandesas, japonesas o incluso norcoreanas. Sin embargo, y aunque reconozco que como lectora e historiadora, siento especial predilección por la literatura anglosajona, si que es cierto que debemos prestar atención, aunque sea de vez en cuando, a lo que se cuece cerca de nosotros, en nuestra propia ciudad. Ya no me refiero solo a que nos adentremos en la literatura española en general, sino en la producción de los autores que nacieron en nuestra comunidad autónoma correspondiente. En mi caso, tengo que ser sincera, no he sido una lectora muy asidua de escritores y escritores nacidos o residentes en la Comunidad Valenciana. Conozco a Miguel Hernández, a Max Aub, a Santiago Posteguillo y a Vicente Blasco Ibáñez; pero hasta hace unos meses que me atreví con el poeta del pueblo, no he sido de las que se ha interesado con estos y otros autores valencianos, castellonenses o alicantinos. La reseña del libro que hoy publico pretende enmendar ese error, pues, para mi sorpresa, su autor, nacido en Tavernes de la Valldigna en 1949, me ha descubierto un estilo peculiar y que se puede hacer literatura sin ser pretencioso. La buena letra: el polvo de lo que fuimos, la base de lo que somos.


La historia de como este breve texto llegó a mis manos es sencilla. Pero para contarla como corresponde, debemos remontarnos a cuando una servidora se encontraba estudiando el máster de especialización en Historia Contemporánea. Durante una clase referente a la época franquista, la postguerra y la transición, el profesor nos recomendó un libro que debíamos leer si estábamos interesados en este último tema. Reconozco que cuando alguien, sea desde el ámbito que sea, decide compartir una recomendación literaria, soy de las que abre las orejas lo máximo posible, y si ésta proviene de personas bastante instruidas, mi atención aumenta. El profesor nos habló de una novela cuyo título ya podía sugerir muchas cosas: La caída de Madrid, escrito por Rafael Chirbes. En aquellos instantes me sentí bastante ignorante, jamás había oído hablar de ese libro como tampoco de su autor. No obstante, y a medida que iban pasando los meses, la curiosidad fue en aumento, tanto que busqué aquel texto por todos lados, hasta encontrarlo en la biblioteca de la facultad, de donde podía llevármelo prestado. Sin embargo, una crítica que había leído días antes me disuadió de leerlo de buenas a primeras. En ella, se apuntaban datos como que su lectura era extraordinariamente densa y que abordaba temas muy complejos que no quedaban bien planteados en la novela. Me moría de ganas por leerlo, pero finalmente decidí posponer su lectura para más adelante. Aquel fue mi último contacto con Chirbes y su producción literaria hasta que de pronto, saltó en los medios de comunicación la noticia de su muerte y de la publicación de una obra que había finalizado meses antes del fallecimiento. Fue entonces cuando comprendí que Rafael Chirbes no había sido un escritor cualquiera y que no había pasado desapercibido para el público. Es más, Chirbes resultó ser uno de esos autores cuyo tirón e interés sigue intacto, incluso años después de su fallecimiento en su pueblo natal. Aún así, yo seguía sin atreverme con La caída de Madrid y durante un tiempo estuve buscando esa lectura que pudiese servirme de iniciación en su literatura. Fue así como di con La buena letra, un texto que se ajustaba perfectamente a lo que yo andaba buscando: no muy extenso, con un número de páginas muy asumible y con una historia que ya de por si invitaba a la lectura. A través de un préstamo bibliotecario logré hacerme con un ejemplar y devorarlo en cuestión de días. Y aunque al principio tenía mis dudas, La buena letra acabó por lanzarme de lleno a buscar otras novelas del autor y a que en próximas fechas inicie la lectura de La caída de Madrid.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La buena letra presenta una lectura rápida, amena e intensa al mismo tiempo, tanto que consigue que te sitúes al lado de los personajes, tanto que puedas incluso rozar su hombro. En este sentido tres factores juegan una importancia trascendental y que contribuyen a que la sensación de que se te desboque el corazón sea más aguda. En primer lugar, la sinestesia. No es muy habitual por desgracia encontrar lecturas donde al autor se le de bien meter, que no trasladar, al lector en la historia, en una época determinada del tiempo o como testigo de una escena, y mucho menos, que sepa transmitirte los olores, el tacto o el sabor de ciertos alimentos, objetos, espacios, entes vivos...Pues bien, eureka, Chirbes resulta ser uno de los afortunados en estas lides. No es que sea el mejor de todos, pero el que posea la capacidad de lograr que el lector huela el olor de las patatas hervidas, que sienta el tacto del lomo de una rata o que se estremezca con el sabor de las lágrimas no tiene precio, y el lector más exigente lo agradece. Además del manejo de la sinestesia, en segundo lugar, la novela no conseguiría esa relación tan íntima con el lector de no ser por la breve extensión de sus capítulos, compuestos básicamente por dos o tres páginas como mucho. Este estilo sólo lo había visto anteriormente en la aclamada Patria de Aramburu, y de hecho, los críticos aluden a este hecho como uno de los motivos por los que la novela del escritor vasco había tenido tanto éxito. Una fórmula perfecta pero que no sirve para todas las novelas. Cuanto más intensas son las emociones, cuanto mayor es la capacidad sinestesia, cuanto mayor es la implicación del lector en la historia, mejor funcionará y el equilibrio entre sentimiento y brevedad será más perfecto si cabe. En tercer lugar, y por si fuera poco, a Chirbes se le ocurre transmitirnos la historia desde una primera persona más desgarradora de lo habitual, cuya sinceridad nos abruma y atormenta. Una voz, femenina para más inri, que a la vez que narra suplica al interlocutor, su propio hijo, y al lector al mismo tiempo. Sinestesia bien empleada más capítulos cortos, más primera persona, igual a una experiencia lectora con mayúsculas. Seguidamente, una advertencia. Si estáis pensando leer esta novela esperando recibir a cambio algo bonito os equivocáis de pleno. En La buena letra, lo que ocurre es de todo menos hermoso. Es más, nunca antes una portada estuvo tan en consonancia con su contenido. Gris sería el color predominante y miseria el actor principal de la trama. La suciedad, el miedo, el hambre, la tristeza y la incertidumbre los secundarios, y la esperanza, porque para ella también hay hueco, como la revelación dentro de esta historia. Chirbes nos sumerge hasta el fondo de las emociones con una novela ambientada, como no podía ser de otra forma, en los años más duros de la postguerra y del franquismo. En esta historia nadie se salva de la desdicha, y aunque la guerra parece haberlo destruido todo, incluyendo los lazos familiares, existe un atisbo de optimismo, de arrimar el hombro, de seguir adelante, sin olvidar que viven bajo una tremenda represión. Muchos diréis que estamos ante una historia más sobre las consecuencias de la Guerra Civil Española, pero os equivocáis, pues La buena letra no pretende banalizar o desvirtuar el tema. Sino que, desde una perspectiva cuanto menos arriesgada, intenta ofrecer al lector verdad, pero también emociones contundentes que sientan como un puñetazo en el estómago. Y todo ello desde la humildad más absoluta, sin pretensiones de ningún tipo, sin querer aspirar a algo que no merece. Finalmente, me parece reseñable comentar que gracias a esa narración femenina podemos apreciar como era para estas la vida durante esa época. Aunque sinceramente, para conocer la situación de la mujer en franquismo, debemos remitirnos a otras autoras sobre todo, si que tengo que reconocer un trabajo extraordinario por tratar de captar los matices de una voz tan universal como la de Ana, representante de un tipo de mujer que le tocó soportar y sobrevivir.


Aunque la lectura de La buena letra haya suscitado en mi multitud de preguntas y debates, tales como la situación de los presos franquistas, la de la mujer o incluso se podría abordar el tema de la memoria histórica, lo cierto es que en esta ocasión mi reflexión discurrirá por otros derroteros. En la contraportada de la presente edición, se apunta que La buena letra se podría considerar deudora de la concepción balzaquiana según la cual la novela es la historia privada de las naciones, y la verdad es que razón no le falta. El género novelístico, en su concepción más tradicional, supone un modo de transmisión de ideas, pensamientos, pero también de la realidad de su tiempo o incluso de como se observa al pasado desde un determinado momento de la historia. En ellas, el autor puede plasmar sus mayores inquietudes, hasta las más íntimas, dejando la puerta abierta a muchas interpretaciones. Las novelas, en su mayoría, siempre se han analizado desde el campo de la filología, la psicología o incluso desde la filosofía, pero también, y os lo digo por experiencia, también pueden resultar útiles para comprender nuestra historia. Al fin y al cabo, las novelas no dejan de ser un canal de comunicación donde se representa una sensibilidad muy determinada y en la que podemos apreciar el ámbito privado, la vida de esos personajes que componen esa masa social que pocas veces se les presta atención y que también es importante para comprender la historia. La historia no sólo se escribió a base de grandes nombres, también gracias a sociedades enteras con actores anónimos pero igual de importantes y trascendentales. Sin embargo, y una vez entendida dicha concepción típica de las novelas de Balzac, es necesario darle otra dimensión a dicho planteamiento. Si la novela es la historia privada de las naciones, la novela también puede ser la historia de como estas naciones saben adaptarse, a pesar de las dificultades, a las circunstancias, a los nuevos tiempos, a tremendos cambios que afectan todos los ámbitos de la vida. Cada caso es diferente al anterior, eso lo sabemos, y la forma de enfrentarse a ello cambia a medida que avanzamos en el tiempo. En el caso de La buena letra, Chirbes nos ofrece uno de esos ejemplos de cambio traumático y de adaptación social forzado. Y aunque su mirada sea la de alguien que no ha vivido en primera persona todo aquel proceso, hay que tener en cuenta que esta novela se publicó en el año 2002 en plena época del conocido como "boom de la memoria", Chirbes refleja a la perfección esa mentalidad de superación y de seguir adelante a pesar de que las circunstancias no lo facilitan ese proceso, pues a los considerados "vencidos" se les hacía la vida imposible desde todos los ámbitos de la sociedad y desde las instituciones. La buena letra es el ejemplo perfecto de como una sociedad puede levantarse sobre las cenizas de la generación anterior. Bajo el sufrimiento y la desesperanza, el mecanismo de engranaje de la historia da paso a las nuevas generaciones, marcadas por lo sucedido pero abiertas al futuro que se abre ante ellos. No se olvida, pero si se sobrevive, aunque algunos pretendan convencernos de que debemos avanzar sin echar la vista atrás. La buena letra: una historia de valentía, miseria, postguerra, tensiones familiares, injusticia, supervivencia, rabia, impotencia...Una novela sobre los hombres y mujeres más valientes: nuestros bisabuelos.

Frases o párrafos favoritos:

"Al día siguiente me enteré que había muerto una de las niñas que vivían en la casa. <<Enterraron un pedazo de palo seco y retorcido>>, oí decir, y esa imagen - la de un palo seco y retorcido - y la ausencia fueron para mi, desde entonces, la imagen de la muerte.

Película/Canción: a la espera que algún director/a se anime a adaptar esta novela, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Simplemente sublime.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

miércoles, 22 de febrero de 2017

RESEÑA: ¿Qué me quieres amor?

¿QUÉ ME QUIERES AMOR?

Título: ¿Qué me quieres amor?

Autor: Mauel Rivas (La Coruña 1957) fue Premio de la Crítica por el libro de relatos Un millón de vacas (1990), originalmente escrito en gallego, al igual que el resto de su producción literaria. Con posteridad publicó la novela Los comedores de patatas (1992). En su obra poética destacan Balada nas parais do oeste, Mohicana y Ningún cisne. En salvaje compañía (Alfaguara 1994) confirmó su extraordinaria capacidad para la fabulación, lo que le ha llevado a convergirse en uno de los escritores mas importantes del panorama actual de las letras españolas. Escribe habitualmente en el diario El País y dirige la revista crítica Luces de Galizia. Con ¿Qué me quieres amor? obtuvo el Torrente Ballester de 1995, y aunque ésta sea su obra más importante, Rivas también es autor de El lápiz del carpintero, Los libros arden mal o Voces bajas. Recientemente ha publicado El último día de Terranova, cuyo éxito de público y crítica es unánime.


Editorial: Alfaguara.

Idioma: castellano.

Sinopsis: la incomunicación personal en un mundo saturado de información y hechizado por una nueva cacharrería, el gran misterio de las relaciones humanas, es el hilo conductor de ¿Qué me quieres amor?, con el que Manuel Rivas obtuvo el Premio de Narrativa Torrente Ballester. Son relatos duros, algunos de una dureza extrema, encaramados al dolor y a la soledad, pero donde emergen la ternura y el humor como los mejores amuletos y reductos de la humanidad.

Su lectura me ha parecido: intensa, poderosa, sorprendente, dolorosa, sencilla, sensible, importante, grandiosa en su concepción, humilde a pesar de todo...Queridos lectores y lectoras, hoy, como lleva siendo costumbre desde hace cuatro años, me propongo presentaros la crítica de un libro con la mayor sencillez y profesionalidad posible. Sin embargo, en esta ocasión me veo en la obligación de hablar de cine. Si, de cine, ese séptimo arte que todos adoramos y que en los tiempos que corren es más necesario que nunca. Pero no voy a hablaros del cine en general, sino del cine que se hace en un país llamado España. Allí ocurre una cosa muy curiosa, pues, posee una industria llena de talento: guionistas, actores, actrices, fotógrafos, compositores, productores, directores, maquilladores, diseñadores de vestuario, expertos en montaje, en sonido, en efectos especiales, en asesoramiento histórico...Un talento que se refleja en muchas películas que salen a la luz a lo largo del año, pero que sin embargo, son muy pocos los que saben apreciarlo. He conocido, sobretodo durante mi etapa universitaria y actoral a mucha gente que no es que no le guste, sino que odia el cine español. La razón: "que si hay muchas escenas de sexo", "que si dicen muchos tacos", "que si las historias son absurdas"...En fin, para gustos los colores, eso esta claro. No obstante, hay que aprender a valorar lo que tenemos aquí, pero sobretodo, que una película española puede contar historias impresionantes que igualan a las que se puedan estar rodando en Estados Unidos por ejemplo, y que por supuesto, no merecen ese descredito que parece generalizarse a medida que pasan los años. Sin ir más lejos, una de las historias mas potentes, estremecedoras, tiernas y lacrimógenas que ha dado el celuloide español en los últimos años tomó como base uno de los relatos recopilados en el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Hay que amar al séptimo arte despojándonos de estereotipos, y saber, que la literatura, ha servido de inspiración para películas, algunas de ellas ya convertidas en clásicos universales. ¿Qué me quieres amor?: corazón, delicadeza, sencillez y crudeza reunidos en 16 relatos cortos.


La historia de como ¿Qué me quieres amor? llegó a mis manos y a mi vida tiene mucho que ver con la magia del cine. A muchos, sobretodo a los de generación, nos ha tocado ver en clase una película relacionada con algún apartado del temario de asignaturas como Historia, Lengua Castellana, Inglés o Filosofía entre otras. Una servidora, sin ir más lejos, se ha chupado en horas de clase cintas como Tiempos modernos, La Ola, Te doy mis ojos, La casa de Bernarda Alba, una película de los Hermanos Marx, muchísimas en versión original para aprender la lengua anglosajona y por supuesto, La lista de Schindler. Sin embargo, hay que ser sinceros, esas que he nombrado, son las más comunes, y que todos habremos visto entre las cuarto paredes del aula, el caso de La lista de Schindler es todo un clásico en este sentido. Pasado el tiempo y a medida que una se va culturalizando en el mundo del cine, se da cuenta que películas que ilustrarían alguna enseñanza adquirida en clase pasan totalmente desapercibidas. Este es por supuesto, el caso de La lengua de las mariposas, esa cinta española que todos hemos visto alguna vez en la televisión de pasada o inserta en algún monográfico sobre la II República o sobre los maestros de la II República. Puede que no sea la película más importante del género, pero, lo que si que posee es un claro mensaje nostálgico, de como la educación por aquellos tiempos distaba de la que tenemos hoy en día y de como los maestros de ese tiempo empleaban las técnicas de la Institución Libre de Enseñanza, obteniendo una educación más práctica y en permanente contacto con el conocimiento, que en ocasiones podía tocarse con los dedos. Y también, todo hay que decirlo, como todo ese logro y dedicación desapareció de un plumazo tras la Guerra Civil Española. En mi caso, vi La lengua de las mariposas hace unos cuantos años con gran interés, admiré todavía más el trabajo actoral de Fernando Fernán Gómez, cogí cariño a Moncho, casi lloré con ese trágico final y me pregunté por qué razón no se veían películas sobre la II República o la Guerra Civil en clase para que los alumnos la comprendieran mejor. Años más tarde entendí el absurdo por qué, es mejor y más conveniente conocer más a fondo el nazismo que nuestra propia historia. En cuanto a ¿Qué me quieres amor? apareció ante mi en uno de aquellos mercadillos de libros que desde hace un tiempo organiza la biblioteca de mi barrio. La portada, en la que aparecía La lechera de Vermeer, ya me cautivó de por si. Sin embargo, lo que no me esperaba era encontrarme La lengua de las mariposas en forma de relato. Eso sin duda, fue lo que en última instancia me empujó a adquirirlo y leerlo posteriormente. El resultado: un imprescindible en toda regla.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, debemos decir en primer lugar que ¿Qué me quieres amor? presenta una lectura ágil, dinámica y que, lo mejor de todo, deja espacio para la reflexión. Es muy curioso pues, cuando uno se topa con relatos de este estilo, que no son excesivamente largos, uno tiende a pensar que no va a encontrar ese margen de meditación. Sin embargo, y contra todo prejuicio, Manuel Rivas, con su especial habilidad para contar historias, logra, aunque la palabra más adecuada sería "obliga", al lector a detenerse ante lo que acaba de leer hace escasos minutos. Seguidamente, apreciamos como este volumen de relatos no responden a un orden determinado, ni por cronología o por aspectos más relacionados con la autobiografía del propio autor, no, el hilo conductor más bien se encuentra en la temática de los propios textos. Es la incomunicación, el misterio de las relaciones humanas, y muy especialmente, el humor y la ternura como reductos para combatir la soledad lo que de alguna manera engarza todos estos relatos cortos con precisión milimétrica, hasta el punto de que el lector tiene la sensación de estar ante un libro no sólo reflexivo, sino también de gran contenido social. Por otro lado, ¿Qué me quieres amor? está plagado de referencias al amor en todas sus vertientes y desde distintas épocas sociales, lo cual hace de este libro una lectura más interesante. Desde el amor adolescente, pasando por el amor a la naturaleza y finalizando por el amor a los ideales. Y afortunadamente, no se hace desde lo empalagoso, sino desde una mirada más contemporánea, más actual y más directa. Relacionado con ello, creo que es importante destacar que en ¿Qué me quieres amor? Manuel Rivas consigue tocar la fibra sensible del lector y en ocasiones ir incluso más allá, llegando a tocar con las palabras las vísceras de quienes leen cada uno de los relatos, unos con más intensidad que otros, pero que en resumidas cuentas, es necesario comentarlo. En este sentido, La lengua de las mariposas, puede que sea el relato que más se aproxima a esa sensación, a esa impresión de que algo ha cambiado en tu interior, capaz de remover las tripas y las conciencias de los lectores más impasibles. Por destacar otros relatos, me han gustado especialmente también los de Un saxo en la niebla o el de La lechera de Vermeer, en los que se ensalza el arte como vía de comprensión, de comunicación y de reconciliación entre las personas. Simplemente fascinantes. Para acabar, sólo apuntar que en ¿Qué me quieres amor? se empapa de una clara influencia proveniente de la cultura popular gallega. Si leemos un poco la biografía de Manuel Rivas y su propia producción literaria, apreciamos como las raíces y el lugar de nacimiento inspiran gran parte de su obra, algo que puede resultar para unos reduccionista, pero para otros una forma de homenajear o de lograr un estilo muy personal.


En lo que respecta a la crítica puramente personal, he de confesaros que hasta hace unos días no sabía exactamente qué plasmar en este ya habitual cuarto párrafo. Son tantos los temas que aparecen en ¿Qué me quieres amor? que una servidora se vio un poco desbordada al respecto. Todo eso cambió hace unos días, cuando asistí a la primera clase de un curso de escritura creativa organizado por la universidad al que me he apuntado. En aquella primera clase, la profesora nos introdujo un poco en la historia del relato corto, en sus máximos exponentes y en las distintas formas de redacción y estilo. De aquella primera sesión extraje dos cosas importantes. La primera, que el relato corto es tal vez una de las cosas más difíciles de escribir y la segunda, la poca fama que ha tenido a lo largo del tiempo. Existen muchos escritores, muchos, algunos de ellos han pasado a la historia y serán para siempre recordados por sus novelas largas. Pero muy pocos saben que muchos de los escritores que hoy se sitúan en el olimpo de las letras fueron en su inicio escritores de cuentos y relatos cortos. Conrad, Fraubert, Melville, Cortázar...La lista es enorme. Sólo unos pocos, entre los que podemos encontrar a Poe, Borges o Kafka han pasado a la posteridad por su amplia producción de relatos cortos o novelas cortas. Dejando de lado los nombres y las celebridades literarias, para centrarnos en la reflexión que nos ocupa, sólo diré que basta con adentrarse en la lectura de un relato corto para poder comprobar la precisión y el estilo de un autor en cuestión. Creo que en ellos es donde de verdad el lector comprueba en primera persona el talento literario y los temas principales que el autor va a usar con más asiduidad. El relato corto es un texto construido al milímetro, con precisión, poniendo más atención tal vez tanto en la forma como en el contenido. Con esto no estoy quitando méritos a la novela, cuya elaboración es igual de compleja, sólo pretendo destacar y dar visibilidad a otras formas de hacer literatura que a veces pasan completamente desapercibidas. Hay que reivindicar el relato corto, ya sea a través de críticas literarias, de tertulias, de debates, de cursos especializados...Pero sobretodo leyéndolos, esa es la mejor forma de revitalizarlos y de que nunca desaparezcan del panorama literario, y ya de paso, de nuestras vidas. ¿Qué me quieres amor?: un compendio de historias de amor, tragedia, humor, ternura, inocencia, soledad, giros inesperados...Un canto a nosotros mismos desde el talento de uno de los escritores españoles más originales.

Párrafos o frases favoritas:

"Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en medio de la Alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: "¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!"".

Película/Canción: de todos es conocida la adaptación que en el año 1999 dirigió José Luis Cuerda. Compuesta por tres de los relatos que aparecen en ¿Qué me quieres amor? y con las brillantes interpretaciones de Fernando Fernán Gómez, Willy Toledo y el jovencísimo Manuel Lozano que logran ponerte la piel de gallina con discursos tan memorables como el que abajo os adjunto. Simplemente admirable:


¡Un saludo y a seguir leyendo!