Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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martes, 3 de noviembre de 2020

RESEÑA: La condesa sangrienta.

LA CONDESA SANGRIENTA

Título: La condesa sangrienta. 

Autora: Valentine Penrose (Mont-de-Marsan, Francia 1898- Chiddingly, Inglaterra 1978) hija de coronel, en 1925 contrae matrimonio con el fotógrafo, poeta y pintor inglés Roland Penrose, quien la introduce en el movimiento surrealista en Inglaterra. Ambos frecuentarán a los surrealistas parisienses como Paul Éluard, Max Ernst o Joan Miró. Sus primeros poemas aparecen publicados en 1926 en la revista Cuadernos del Sur. En 1936, atraída por la filosofía hinduista abandona a su marido para vivir en Ashram con la pintora Alice Rahon Paleen. A su regreso a Europa y tras la Segunda Guerra Mundial Penrose vivirá en Inglaterra y pasará largas estancias en Cataluña y Canarias. Además de su pequeña aparición en la película surrealista La edad de oro de Luis Buñuel, Penrose es conocida sobre todo por su producción poética, literaria y ensayística. En 1962 publica La condesa sangrienta, uno de sus textos más famosos, y que inspirará a la poeta argentina Alejandra Pizarnik para escribir su obra más importante. Así mismo, Penrose se interesó por otros personajes igual de inquietantes como Giles de Rais. 


Editorial: Wunderkammer. 

Idioma: francés. 

Traductor: María Teresa Gallego y María Isabel Reverte. 

Sinopsis: Esta es la historia real de Erzsébet Báthory, una condesa húngara del siglo XVI que fue apodada "la condesa sangrienta" o también "la alimaña". Mujer fascinante y de belleza magnética, su fijación por la juventud, la brujería y un sadismo fuera de toda medida la llevaron a convertirse en una de las mayores asesinas de la historia: más de seiscientas doncellas murieron torturadas y desangradas en sótanos de su castillo en Csejthe. Cuatro siglos después, la gran poeta surrealista Valentine Penrose sucumbió al hechizo de la Condesa y reconstruyó su vida en forma de novela, con un minuciosidad y un lirismo fuera de lo común. Por encima de todo enjuiciamiento, la autora logra transmitirnos con libertad y viveza las profundidades de un personaje maldito que ha trascendido la crónica negra para convertirse en mito. Quizá porque, tal y como afirma Penrose en el texto: "No nos fascina lo agradable, nos fascina lo insondable."

Su lectura me ha parecido: poética, terrorífica, adictiva, absorbente, fascinante, reflexiva, oscura, sangrienta, perversa, con una protagonista que trasciende lo histórico, magnética, con un interesante punto esotérico, intelectual, elegante, vampírica, el sueño de toda y todo escritor fascinado con las tinieblas del alma humana... Mi primer contacto con la historia fue a través de la divulgación. Esta revelación no es nueva - más de una vez lo he comentado en este espacio de crítica y debate - y además, no debería suscitar ningún tipo de controversia o escandalo, a pesar de que, en terrenos más academicistas escuchar hablar de una aproximación a la materia para todos los públicos parece dar alergia. Más allá de consideraciones puramente personales (potenciar el lado más divulgativo de la historia no denigra dicho saber sino que puede convertirse en el medio perfecto para captar futuros expertos en la materia) lo cierto es que fue una revista de dicho cariz la que me descubrió por vez primera la cara más siniestra del alma humana. Mi primer ejemplar de la Muy Historia - en cuyas páginas me sigo sumergiendo a día de hoy maravillada por su capacidad de conectar al lector con un contenido de lo más completo y accesible - versaba sobre los malos de la historia. Un paraguas temático bajo el que se resguardaban las figuras que a todas y a todos se nos vienen a la cabeza (Mussolini, Hitler, Stalin, Mao, Leopoldo de Bélgica, Franco y un larguísimo etcétera) así como otros personajes menos conocidos pero igualmente perturbadores por sus acciones moralmente reprochables. Recuerdo tres de aquellas personalidades con especial nitidez. La primera fue Giles de Rais, noble francés del siglo XV que luchó en la Guerra de los Cien Años. La leyenda, que no las fuentes históricas, aseguran que estaba secretamente enamorado de Juana de Arco, de hecho fue un supuesto rechazo por parte de la Doncella de Orleans lo que hizo que Gilles se recluyera en su castillo de Tiffauges y comenzara a secuestrar a niños para, tras violarlos, asesinarlos a sangre fría. No es de extrañar que siglos después de su muerte en la horca el escritor Charles Perrault se inspirara en él para escribir Barba Azul, uno de los relatos más vivos en el debate intelectual gracias a la siempre necesaria perspectiva de género. La segunda fue Ranavalona I, reina de Madagascar durante los años 1828 y 1861 y apodada la "Calígula femenina". Acusada de haber asesinado al menos 150 mil personas, Ranavalona se reveló como una gran estratega, con un amplio círculo de espías e implacable con los cristianos, así como con la etnia malgache (mayoritaria en la isla). A pesar de haber llevado su defensa de las tradiciones y creencias religiosas de su isla hasta las últimas consecuencias - sus enemigos perecían en ríos llenos de cocodrilos - Ranavalona murió en su cama, en paz, sin una sentencia que la condenase por sus crímenes. Sin embargo, fue Erzsébet Báthory la que consiguió que durante un tiempo me obsesionara su figura, apariencia, trascendencia histórica, contexto y, por supuesto, los asesinatos que cometió con la ayuda de una serie de personajes más oscuros todavía y los distintos elementos mágicos que rodearon dichos sucesos. De ahí que, en cuanto tuve noticias de la publicación de este texto, me adentrara en el bosque y en las mazmorras de Csejthe para conocerla mejor a través de una de las voces más poéticas que he leído últimamente. La condesa sangrienta: lo macabro hecho poesía. 


No hay cosa que más miedo me de - a parte de las alturas - que encontrarme con una araña reptando por cualquier superficie. Ya sea en medio del campo, sobre la antigua chimenea de la casa del pueblo, entre las sábanas, e incluso saliendo de detrás de una estantería llena de libros. Hace poco me topé con dos de ellas, justo en el portal de mi casa, en una esquina, mecidas en su invisible tela de araña. Me observaban quietas, pacientes, esperando el momento oportuno para descender y aflorar mis terrores más primitivos. Por eso, no es de extrañar que al principio recelase de la portada del presente libro editado por la magnífica editorial Wunderkammer. Grande, negra, espeluznante y además peluda. Mi peor pesadilla vamos. Sin embargo, y una vez superado el hecho de que dicho arácnido jamás saltaría del papel a mi cara, me adentré con verdadera devoción a su lectura. Al fin y al cabo me considero una entusiasta de la leyenda negra de la condesa. Tras haberme empapado de documentación de mayor o menor grado intelectual acerca del personaje histórico, así como de los sangrientos hechos que envolvieron su vida, el texto de Valentine Penrose vino a arrojar luz sobre una perspectiva nueva. Lejos de aclarar algunas lagunas de la historia que se cuenta a partir de la información existente, lo que hace Penrose es directamente ofrecer una aproximación inminentemente literaria. Al principio no conseguía encajarla en ningún género en concreto. ¿Es novela? ¿Es ensayo? ¿Es biografía? Finalmente y tras meditarlo mucho, creo que la respuesta no reside en la categorización ni en las etiquetas, sino en la capacidad de su autora para la hibridación del texto. Literatura que navega entre varios mares por los que siente predilección pero, al mismo tiempo, sigue su propio camino, sin decantarse por alguno de ellos, creando una deliciosa ambigüedad en la que el lector se empapará lejos de cualquier barrera que impida una mayor comprensión de la obra. La poesía inunda el relato desde el principio, otorgando mayor belleza y lirismo a una historia tenebrosa y sanguinolenta. Intuía que Penrose, al pertenecer al movimiento surrealista inglés y, sobre todo, al tener una interesante obra poética en su haber, podía conducir la historia por dichos derroteros. Lo que no me esperaba es que ésta se convirtiese en una impresionante masterclass de escritura creativa. Hasta el punto de haberse convertido en una de mis lecturas de cabecera en lo que a creación literaria se refiere. Es tal la sensibilidad que Penrose imprime en el texto, combinándolo con esa siniestralidad y los distintos elementos fantásticos (brujas, magia negra, vampirismo, rituales, leyendas de la Hungría medieval...), que el resultado entre realidad y esoterismo - del que su autora es una experta - resulta tan inquietante como hermoso. Y todo esto sin descuidar la bibliografía, los documentos y toda clase de información que su autora ha recabado para la redacción del presente libro. Reconozco que su lectura es abrumadora, repleta de información y de un tono tan perturbador que a veces necesitaba descansar y reflexionar para regresar a esa Erzsébet Báthory tan "penrosiana". Una condesa que, a ojos de la autora, es un personaje que camina, sigilosamente, pero firme, impulsiva, dejando tras de sí el intenso carmín de doncellas previamente torturadas. Penrose no emite juicios de valor, ni siquiera se cuestiona la veracidad o no de los hechos, simplemente actúa como espectadora y documentalista, introduciendo al lector en el contexto de la Hungría feudal al tiempo que describe la última y sádica ocurrencia de la condesa sangrienta. 


Antes de marcharme hasta la próxima reseña me gustaría plantear un debate entorno a la siguiente pregunta: ¿fueron ciertos los crímenes de los que se le hicieron responsable a Erzsébet Báthory? Aunque para hilar aún más fino el asunto, el interrogante sería ¿existieron de verdad o fue un complot de los nobles húngaros de su tiempo para apartarla del poder a la muerte de su marido? Si tenemos en cuenta los sucesivos artículos - tanto históricos, artísticos, políticos así como médicos - lo cierto es que muchos coinciden en señalar su inquietante personalidad deriva de una serie de factores plausibles pero no exentos de un cierto halo literario. El primero de ellos es la endogamia, muy habitual en las monarquías o en los linajes aristocráticos - no debemos olvidar que los padres de Erzsébet eran primos - lo que nos conduce al siguiente punto a tener en cuenta, sus supuestos problemas mentales y la epilepsia. Si bien es cierto que las prácticas endogámicas podían ser determinantes en el padecimiento de enfermedades, ataques de ira, apariencia raquítica (ejemplo de ello es sin duda Carlos II de España) respecto a Báthory no existen pruebas claras de ningún trastorno congénito por culpa de la unión de sus padres más allá de la leyenda negra vertida sobre su figura. Y aunque, casualidades de la vida, es descendiente directa del famoso Vlad Tepes - recordemos, Príncipe de Valaquia cuya crueldad inspiró a Bram Stocker para escribir Drácula - no podemos afirmar con rotundidad que Erzsébet hubiese heredado, como si de una maldición se tratara, la maldad de su antepasado. Lo que si parecen confirmar es que sí sufría de epilepsia (enfermedad que, por supuesto, no estaba ni tratada ni estudiada en el siglo XVI) al tiempo que era testigo, desde bien pequeña, de las numerosas torturas que sus padres ejercían contra sus criados. Tal vez fue eso y no una supuesta enfermedad mental lo que acabó forjando un cruel carácter y una inaudita insensibilidad respecto a la violencia. Hecho que no hizo sino acrecentarse en el momento en el que la casaron a los doce años con Frenec Nádasdy - primo también y apodado el Caballero Negro de Hungría por su afición a empalar enemigos en tiempos de guerra -. Ambos eran muy distintos, ella más instruida para la época y él un orgulloso analfabeto - pero compartían su afición por elaborar métodos de tortura cada vez más sofisticados y sanguinarios con los que castigar a sus criadas. Fue la súbita muerte de Frenec en pleno campo de batalla lo que provocó, según los expertos, el enriquecimiento por un lado y declive psicológico por otro de la propia Báthory. Es ahí donde entra lo que Valentine Penrose cuenta en su libro. Esa terrorífica reclusión, prácticas de brujería, sadismo, secuestros, doncellas de hierro, baños de sangre y todo eso con ayuda de Ficzkó - su más estrecho colaborador y que en el libro da mucho miedo - y de las brujas Dorotea, Helena y Prioska y Katryna. Cinco personajes cada cual más perturbador cuyas vidas acabaron en la picota o en la hoguera tras el juicio Bitcse (en el que se juzgó los crímenes tanto de la condesa como de los secuaces anteriormente nombrados). Pero, en toda esta historia falta comentar el papel que tuvieron los nobles de su tiempo que, al ver como Erzsébet Báthory se convertía a la muerte de su esposo en la señora feudal con más poder de toda Transilvania, no dudaron en instigar todo tipo de rebeldías y complots contra ella, aunque también hay que decir que Báthory no se quedaba atrás en la política de intrigas y espionaje. Las aspiraciones de la nobleza se vieron recompensadas en dicho juicio y, aunque por aquellos tiempos una ley impedía que una aristócrata fuese procesada, Erzsébet fue recluida en su castillo de Csejthe hasta que cuatro años después un guarda la encontró tirada, boca abajo y con el corazón tan frio como el hielo. Tras su muerte y los problemas que supuso su entierro - a día de hoy no se sabe a ciencia cierta donde descansan sus huesos - se prohibió hablar de ella en todo el país y se sellaron sus documentos durante más de un siglo. Verídico o no, lo cierto es que, de descubrirse la falsedad de las acusaciones - lo cual es muy poco probable que suceda - afirmaríamos con rotundidad que el mito surgido a posteriori se habría creado sobre las cenizas de una falsedad demasiado horrible para ser cierta pero igualmente atractiva desde el punto de vista de la creación literaria o artística. ¿Cuál es mi opinión? Que siga la investigación, que se encuentren los famosos diarios perdidos de la condesa (si es que alguna vez existieron) y, por supuesto, que se haga desde una perspectiva de género. Mientras tanto, nos quedará el terror, la leyenda y textos como el de Penrose, capaces de arrancarnos un escalofrío mientras observamos la copa rebosante de sangre a punto de ser ingerida. 

La condesa sangrienta: una historia de terror, cuchillos, mazmorras, doncellas enterradas en el huerto, traición, conspiraciones, brujas, leyendas medievales, ríos de sangre, deseos sexuales reprimidos, alienación, chantaje, belleza, poesía... El desconocido clásico del terror que ha vuelto para quedarse. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Un día trajeron desde muy lejos, desde una aldea situada más allá de Eger, cercana a los Grandes Cárpatos, donde moran los vampiros, donde las brujas pueblan las nubes, y a veces de cisnes, el cielo, a una muchacha de cuya belleza había trascendido la fama. Los juegos de espejos informaron, de castillo en castillo, de que se iba acercando. El viaje duró un mes: y, mientras otras estaban esperando desde hacía mucho su turno en los subterráneos de Csejthe, a ella la sacrificaron la misma noche que llegó."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de WunderKammer

sábado, 9 de mayo de 2020

RESEÑA: Damas asesinas.

DAMAS ASESINAS

Título: Damas asesinas. 

Autora: Tori Telfer. Es una escritora y periodista norteamericana. Sus artículos han aparecido en medios como The Believer, Vice, Rolling Stone y The Atlantic. Ha trabajado en una revista infantil como lectora en pruebas y editora académica. Actualmente vive en Nueva York con su marido. Damas asesinas es su primer libro. (Fuente: Editorial). 


Editorial: Impedimenta. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Alicia Frieyro Gutiérrez. 

Sinopsis: Al hablar sobre los criminales más letales de la historia, siempre pensamos en Jack el destripador, Ted Bundy o John Wayne Gacy. De hecho, en 1998, el FBI afirmó que las asesinas en serie "no existían". Pero ¿qué hay de la infame condesa Erzsébet Bathory - apodada "la Condesa Sangrienta" -, de Mary Ann Cotton - virtuosa del "arsénico sin compasión" -, de Darya Nikolayevna Saltykova - la "Torturadora Rusa" -, de Nannie Doss - "la Abuelita Risueña" -, de Alice Kyteler - "la Hechicera de Kilkenny" - o de Kate Bender - "la Bella Rebanadora de Pescuezos" -? Ingenioso y provisto de un enfoque que arrincona las explicaciones fáciles ("lo hizo por amor", "es un asunto hormonal", "un hombre malvado le obligó a hacerlo") y los tópicos machistas ("era una femme fatale o una bruja"), este esclarecedor estudio glosa las actividades agresivas y predatorias que de las mujeres más letales nos han legado para la posteridad. (Fuente: Editorial). 

Su lectura me ha parecido: oscura, interesante, feminista en cuanto a su perspectiva, muy completa, terrorífica, fascinante, impactante, el ensayo que todo amante de la literatura de miedo debe tener o al menos echarle un largo vistazo... Anoche por fin terminé de ver la que sin duda se ha convertido en la serie de mi cuarentena, y recalco lo de "mi cuarentena" porque ésta no ha sido igual para todo el mundo, a saber Mindhunter. Dos temporadas, 16 capítulos en total, con una interesante primera temporada, con una segunda aún mejor, en la que los últimos capítulos de ésta podrían haber constituido el guion de una película independiente de la trama central, en la que la caza al autor de los asesinatos de Atlanta de finales de los 70 se convierte en una reflexión entorno al racismo, la opinión pública, la lentitud burocracia, la política y la doble vara de medir en lo que a investigación criminal se refiere. En definitiva, sin ser una de esas series que más me ha marcado en la vida, no dudo en recomendarla por sus interpretaciones, su libreto y su inquietante trama. En Mindhuner el espectador sigue las vidas y avatares de los agentes del FBI Holden Ford, Bill Tench y la doctora Wendy Carr en sus investigaciones y entrevistas a asesinos en serie en prisión para poder anticiparse y resolver casos en curso. Ed Kemper, Richard Speck, David Berkowitz, Denis Rader y hasta Charles Manson - sin duda uno de los momentos interpretativos más escalofriantes y esperados de la serie - son algunas de las macabras y sangrientas personalidades que desfilan en la pequeña pantalla para provocar que el espectador, a pesar de las barbaridades cometidas, acabe asustado, sintiendo un escalofrío o en última instancia acabar empatizando de alguna manera con ellos. Excepto Manson, el resto se insertan en la categoría de asesinos en serie, siendo en este sentido, los más letales de Estados Unidos, que es donde se desarrolla la ficción de David Fincher. A colación de esto, y lejos de cualquier imaginario seriefilo, cabe rescatar una frase de otro agente del FBI llamado Roy Hazelwood en la que en 1998 afirmaba que "las asesinas en serie no existen". La rotundidad de sus palabras nunca dejará de sorprenderme, y más aún tras haber leído el libro que hoy tengo el placer de reseñar. Tal vez por eso en Mindhunter los protagonistas no entrevisten a ninguna mujer. Tal vez por eso hemos tardado siglos en conocer los nombres de muchas de ellas. Tal vez por eso, y por prejuicios machistas, se nos han ocultado sus identidades. Esta claro que este no es un tema agradable, de hecho la lectura de este ensayos se hace por momentos dura, pero hasta las asesinas en serie sufrieron del imaginario heteropatriarcal. Afortunadamente, ahí está Tori Telfer para hablar de ellas y ofrecer una visión completamente alejada de las versiones oficiales. Damas asesinas: una restauración de la igualdad en el mundo del crimen. 


En primer lugar, y antes de adentrarnos en el perfil de estas asesinas en serie, es importante detenerse unas líneas para dejar claras las intenciones de Tori Telfer, la autora de este monumental, terrorífico y entretenido ensayo. La idea que sobrevuela cada página es clara: Telfer quiere rescatar la figura de estas mujeres y dotarles de una perspectiva de género a mi juicio valiente y necesaria en los tiempos que corren y aunque sus actos fueron moralmente probables. Lejos de buscar la empatía o compasión del lector, Telfer te las muestra tal y como fueron a partir de una bibliografía perfectamente citada. Documentación para cimentar y dar pie, en este caso, a una argumentación feminista de la misma. Los más cortos de miras creerán que de buenas a primeras la autora quiere mitificar a estas mujeres para hacerlas adalides del feminismo contemporáneo de la era Me Too cuando, en realidad, Telfer busca rescatar sus nombres, presentarlos al lector y ofrecerles una perspectiva de género a la hora de responder la eterna pregunta de: "por qué lo hicieron". Tal y como podemos comprobar en la contraportada, cuando pensamos en asesinos en serie inmediatamente se nos vienen a la cabeza personajes como "Jack el Destripador", el "Carnicero de Berlín" o tantos otros ya mencionados en el primer párrafo. Sin embargo, fijaos en el detalle de que, inconscientemente, obviamos el género femenino al referirnos a estos sujetos. Como si diéramos por hecho de que, como bien dijo  Roy Hazelwood, las asesinas en serie no existen. Si bien es cierto que en cuanto a porcentaje están muy por debajo de los hombres - a lo largo de la historia se han contabilizado 150 asesinas en serie censadas en estudios serios frente a un millar largo de asesinos varones - eso no es excusa para pasar por alto su existencia. Por no hablar de la manida y falseada creencia de que las mujeres son incapaces de cometer ciertos delitos de sangre, y mucho menos llegar a dejar tras de sí regueros de cadáveres. En general, desde una perspectiva machista, siempre se han considerado más proclives a cometer este tipo de barbaridades el sexo masculino, ya que son más calculadores, meticulosos, agresivos, fríos y poseen la fuerza bruta suficiente como para llevar el asesinato a cabo. Por el contrario, las mujeres somos el ángel del hogar, las nacidas para cuidar y ser cuidadas, las que no podemos valernos por nosotras mismas, las menos beligerantes, las más pasionales... ¿Quién pensaría por aquel entonces que una chica pudiese igualar o superar en crueldad a cualquier hombre? Nótese el tono irónico de la pregunta. De el mismo modo que en el caso de que la policía se topara con una de estas asesinas en serie, los argumentos siempre se reducen a tópicos machistas como "lo hizo por amor", "es un asunto hormonal", "estaba con la regla", "un hombre malvado la obligó a hacerlo", "era una femme fatale" o "era una bruja". Sin elevarlas a los altares ni convertirlas en iconos, Tori Telfer las despoja del argumentario patriarcal que dudaba de su feminidad, que las convertía en seres sin criterio, incapaces de mostrar frialdad, sin una capacidad planificadora o que las creía poseídas por el diablo para contar su historia y demostrar sus motivaciones especificas más allá de cualquier estereotipo. 


Tras el extenso prólogo, la primera gran dama del crimen que inicia lo que sería el contenido principal del libro no es otra que Erzsébet Báthory, más conocida como "La Condesa Sangienta". Sin duda, este personaje tenía que estar sí o sí en un libro de estas características, por no hablar que, en comparación con las otras asesinas en serie que desfilan a lo largo de sus 394 páginas, es la más mediática de todas. Considerada como la criminal con más víctimas a sus espaldas de la historia - 650 en total aunque hay estudios que engrosan aún más la cifra - protagonizó en pleno siglo XVI uno de los episodios más sangrientos que se recuerden en tierras húngaras. Descendiente de Vlad Tepes (recordemos, el príncipe de Valaquia que su sangrienta forma de torturar a sus enemigos inspiró a Bram Stoker para escribir Drácula) y obsesionada con la belleza, no dudaba en infligir a sus doncellas y criados las torturas más despiadadas. Desde cortarles los dedos, quemarlas/os vivos, hasta obligarles a practicar canibalismo o encerrarlos en "La Doncella" un instrumento originario de la inquisición que consistía en una especie de armario con afilados pinchos en su interior. Todo ello auspiciado y teniendo como testigos a Majorova - una bruja que habitaba en el bosque colindante al castillo - y a sus secuaces. Pero sin duda, lo que pasó a la posteridad relacionado con estos brutales acontecimientos era la afición de Báthory de bañarse en la sangre de sus criadas o beberla ante la creencia de que así conseguiría esquivar a la vejez. Hecho que, como bien sugiere el ensayo, muy pocos consideran verídico. Desde entonces, la fascinación entorno a este personaje no ha hecho más que aumentar, llegando a erotizarse o a servir de inspiración para la construcción de personajes femeninos en el terror. Incluso existen investigaciones históricas que apuntan a la teoría de la conspiración, es decir, que esta leyenda negra fuese en realidad un complot de los nobles húngaros para quitarse de en medio a una condesa que, por aquella época se erigía como la más poderosa e influyente del lugar. Verídica o no, lo cierto es que Erzsébet Báthory ha sido una de las pocas asesinas del libro que ha conseguido pasar a la historia. Por otro lado, la segunda asesina en serie más conocida del libro es la inglesa Mary Ann Cotton cuya tortuosa vida inspiró al mismísimo Frank Capra para filmar una de sus mejores películas. Esta virtuosa del arsénico se cargó en el siglo XIX a tres de sus cuatro maridos y tal vez a once de sus trece hijos con esta sustancia letal treinta años antes de que Jack el Destripador sembrase el terror en Whitechapel. En plena Inglaterra victoriana, insalubre y con una alta tasa de mortalidad infantil, Cotton consiguió pasar durante años desapercibida gracias a que la pandemia del tifus - sí, no la del Coronavirus - azotaba gravemente a los barrios humildes de la ciudad y pudo hacer pasar sus muertes por víctimas de la citada enfermedad. Por supuesto, la ciencia forense todavía no estaba al nivel de la de ahora. Finalmente fue detenida y ejecutada en el año 1873 pero sólo por la muerte de uno de sus hijos. 



Además de estas conocidas asesinas en serie, el libro repasa otras criminales menos conocidas pero con perfiles igual de inquietantes e interesantes para quien busque en este libro una lectura más instructiva. Por citar algunas de ellas, Damas asesinas cuenta la historia de la Marquesa de Brinvillers que a mediados del siglo XVIII comenzó a asesinar a sus amantes cuando se cansaba de ellos, la de Anna Marie Hann que tiene el dudoso honor de ser la primera mujer en ser sentenciada en Estados Unidos a la silla eléctrica por haber envenenado a cinco personas a principios de siglo XX o la de la rusa Darya Nicolayevna Saltycova que bajo el mandato de Catalina la Grande asesinó a 38 sirvientes de las maneras más terribles que una o uno se pudiera imaginar. Sin embargo, si me tengo que quedar con un caso en concreto, más allá de mi fascinación por el personaje de Erzsébet Báthory, sinceramente me quedo con el de los "Ángeles de la Muerte" de Nagyrev. A mi juicio el episodio más escalofriante y perturbador de los que Tori Telfer habla en su libro. En este caso se cuenta la historia de como, de la noche a la mañana, las mujeres de una pequeña aldea húngara comenzaron a asesinar a los hombres de dicho lugar. Las motivaciones eran tan variopintas como especialmente inquietantes. Al principio muchas de ellas comenzaron a envenenar a sus parejas que, traumatizadas de lo vivido en la Primera Guerra Mundial, volvían con graves problemas psicológicos y con una ira desmedida que no dudaban en manifestar a través de la violencia de género. Más adelante, los motivos se volvieron cada vez más específicos. Librarse de un matrimonio forzoso, de un padre moribundo, de un niño no deseado, de una boca que alimentar, de un marido alcohólico, de un depredador sexual... En total en aquel lugar conocido hoy en día como el "distrito del crimen" se cometieron entre 45 y 50 asesinatos a mediados de la década de los 20 del pasado siglo. Una de aquellas mujeres se llamaba Zsuzsanna Fazekas a la que no le temblaba la mano a la hora de prescribir el asesinato a sus desesperadas clientas repartiendo veneno como si de un remedio a las migrañas se tratara. A veces incluso era ella misma la que se encargaba de los asesinatos en el caso de que alguna clienta tuviese reparos en llevarlo a cabo. Ante la ausencia de médico y al ser partera de profesión, Zsuzsanna ostentaba un gran poder en la comunidad, hasta el punto que su autoridad e inteligencia intimidaban a los habitantes. Tras una década sin que nadie dijese nada, ya que tenían a todo el pueblo atemorizado, finalmente se detuvo a 34 de aquellas mujeres, siendo finalmente condenadas a muerte dos de ellas. Este caso en concreto no sólo ha conseguido prender una pequeña chispa en mi cabeza para escribir algo inspirado en estos sucesos, también me ha hecho reflexionar entorno a las motivaciones del crimen las cuales, a pesar de ser inmorales, no he podido evitar comprenderlas hasta cierto punto. Dicho esto, sólo me queda lanzar la reflexión que ha protagonizado estos días de encierro entorno a la literatura de terror, y es que en tiempos como en los que nos ha tocado vivir, en los que parece que vivamos en una novela distópica en la que el miedo determina cada uno de nuestros actos, las historias de horror se han convertido en una especie de bálsamo. Como si nos aliviara saber que existe alguien que, aunque sea en el campo de la ficción, lo está pasando peor. Es posible que nos consuele el hecho de la existencia de asesinas en serie que cometieron atrocidades en el pasado, atrocidades que se nos antojan lejanas e imposibles de cometer en los tiempos que corren. ¿De verdad estamos seguras/os de ello? ¿Quién nos asegura que entre nosotros no esté la próxima Erzsébet Báthory? ¿Podemos afirmarlo categóricamente? ¿O las piernas nos comienzan a temblar cuando pensamos en dicha posibilidad? E ahí la esencia del terror y la universalidad de sus temas. 

Damas asesinas: catorce historias de terror, avaricia, poder, supervivencia, machismo, sangre, torturas, infancias rotas, espeluznante sororidad, controversia... Un ensayo para los amantes del género que prefieren cavar y llegar a las profundidades de la perversión humana desde una perspectiva feminista. 

Frases o párrafos favoritos: 

"A las mujeres únicamente se las considera capaces de cometer homicidios de tipo expresivo impulsivo - el asesinato como resultado de una acción en defensa propia, un arrebato de furia, un trastorno hormonal, un ataque de histeria -, no de llevar a cabo homicidios de tipo instrumental-cognitivo, que son premeditados, planificados y se ejecutan a sangre fría."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Impedimenta 

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Reseña: María Estuardo.

MARÍA ESTUARDO

Título: María Estuardo.

Autor: Alexandre Dumas (1802-1870) fue uno de los autores más populares en la Francia del siglo XIX. Siguiendo los pasos de su padre, un general aristócrata, a los catorce años ingresó en la academia militar para después enrolarse en el ejercito. Polígrafo, viajero y vividor incombustible, cultivó diversos géneros, de la literatura fantástica y de terror a la novela histórica y de aventuras, pasando por los libros de viajes. Sus novelas más emblemáticas, El conde de Montecristo (1844) y Los tres mosqueteros (1846), aparecieron originalmente como folletines, y desde entonces no han dejado de entretener a generaciones sucesivas de lectores. Entre 1839 y 1841, Dumas publicó, en colaboración con otros autores, la serie de dieciocho volúmenes "Crímenes célebres", de la que forma parte María Estuardo. (Fuente: Editorial).


Editorial: Gatopardo.

Idioma: francés.

Traductora: Teresa Clavel.

Sinopsis: "Hay, entre los reyes, nombres predestinados al infortunio", se nos advierte al inicio de este libro. En la Escocia del siglo XVI, el máximo exponente de esta sentencia fue la reina María Estuardo, cuya trágica y novelesca vida inspiró a Alexandre Dumas para escribir esta biografía. Inteligente, culta y de una belleza hechizante, la joven María Estuardo se educó en la corte de Francia, donde se le auguraba un futuro brillante. Sin embargo, su vida fue un sinfín de calamidades desde su regreso a Escocia para hacerse cargo del trono hasta su prolongada caída en desgracia: abdicación, exilio, cautiverio y muerte por decapitación en el castillo de Fotheringhay, tras ser acusada de planear el asesinato de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra. Desde entonces, la figura de María Estuardo no ha dejado de ser objeto de interpretaciones ambivalentes: adúltera e instigadora de asesinatos, valiente defensora del catolicismo en un país desgarrado por las guerras de religión, víctima heroica de intrigas políticas y juegos de poder, mujer de pasiones turbulentas que no supo pacificar su propio reino.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, curiosa, estupendamente documentada, inminentemente novelesca, perfecta para acercarse por primera vez al personaje histórico, fundamental para quienes ya tengan un bagaje al respecto, muy de consumo rápido, en ocasiones hasta adictiva... La primera vez que supe de ella fue gracias a mi autodidacta formación en Historia Moderna a través de los dosieres de la Muy Historia - ojalá no desaparezcáis nunca - durante mis años de instituto. ¿La razón? Tuve un profesor que en lugar de avanzar con el temario se quedó obnubilado con los elementos de tortura de la inquisición medieval (hice un trabajo de uno en concreto al que apodaron "la pera" y desde entonces sigo espantándome como el primer día). La primera vez que la vi en pantalla grande fue en Elizabeth. La Edad de Oro. Fue muy fugaz, tanto que ni siquiera en ese momento me percaté de que era ella. De hecho, me es imposible recordar que actriz tuvo el honor de interpretarla, al menos durante unos minutos. La culpable de esta injusticia fue Cate Blanchet, que con su soberbia interpretación de Isabel I eclipsaba a cualquier otro personaje. Así que estaba totalmente justificado. La segunda vez fue en una clase de Historia Moderna Universal, asignatura que repetí aquel año y que me tocó recuperar en horario de tardes. No conseguí reconciliarme con la materia, ni con la época, pero sí apreciar una de las mejores interpretaciones que he visto hasta la fecha de la mano de la grandiosa Katherine Hepburn. La primera vez vi a una actriz interpretarla en la pequeña pantalla no hace mucho, en 2016, cuando en Televisión Española emitió los capítulos de una serie llamada "Reinas" producida por José Luis Moreno en la que contaban la rivalidad entre ella e Isabel I. Totalmente prescindible y mala hasta decir basta. Tengo pendiente ver la última adaptación cinematográfica en la que se baten en un duelo interpretativo Saroise Ronan y Margot Robbie. Aunque con todos mis respetos yo estaría en el bando de la que ha sido capaz de interpretar a Harley Quinn, darle una bofetada a Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street o dar vida a la polémica patinadora Tonya Harding - ¿y el Oscar pa cuando? -. Por último, la primera y por el momento única vez que la vi - sí, aunque fuera bajo un bellísimo sarcófago de piedra tallada y esculpida - fue durante mi último viaje a la capital británica en el que tuve el privilegio de visitar la Abadía de Westminster. Sin duda, fue uno de los momentos más emocionantes de dicho recorrido, además de los más irónicos. La justicia divina - o Jacobo I de Inglaterra - quiso que los huesos de su madre reposasen junto a los de su prima Isabel I, con la que estuvo en guerra y que finalmente resultó ser su verdugo, la que dio la orden de encerrarla y mandarla decapitar. Si eso no es mala leche o karma yo no sé lo que es. En definitiva, hoy me pongo mis mejores galas y activo mi faceta como historiadora para hablaros de un personaje apasionante, de esos que consiguen hacer que ames la historia. Pero también de un autor al cual he conseguido, por fin, perderle el miedo. María Estuardo: la biografía al servicio de lo novelístico y el "salseo" de la época.

   Sí, este es el primer libro que leo de Dumas. Sí, sé que es un delito no haberme adentrado en su literatura antes. Y cuando digo antes es cuando era adolescente. Creedme, no estoy diciendo ninguna locura, ya que con Alexandre Dumas se ha educado la generación de nuestros padres. Ellos querían formar parte de los tres mosqueteros o se pasaban horas y horas leyendo y siguiendo minuto a minuto la venganza de Edmundo Dantés. Como si de una serie de televisión se tratase. Sin embargo, cuando alcancé la edad de descubrirlo por vez primera, el volumen de sus páginas me disuadió, tanto que durante años lo evité, como la peste, como una peligrosa alergia. Menos mal que la historia en primer término y después esa maravillosa asignatura de Literatura Universal en Segundo de Bachiller me abrieron los ojos, consiguiendo que me reconciliase con eso que llaman "clásicos", los cuales, tiempo atrás, había huido despavorida. ¡Que estúpida fui! Si alguien, cuando tenía quince años, me hubiera dicho que las novelas de Alexandre Dumas duran un suspiro entre los dedos de las manos, si alguien me hubiera aconsejado leer sus libros porque, y es cierto, su endiablado ritmo te atrapa desde el minuto uno. Si alguien me hubiese despejado la cabeza de prejuicios y me hubiera insistido, probablemente hoy Alexandre Dumas sería uno de mis autores favoritos. No obstante, y haciendo honor al dicho "más vale tarde que nunca" me puse hace unos meses las pilas con el autor francés de la mano de su faceta menos conocida pero enormemente apasionante. La del Alexandre Dumas biógrafo. En concreto, del Alexandre Dumas biógrafo de grandes personajes de la historia como lo fue María Estuardo. Según he podido investigar, la novela que hoy reseño, forma parte de una colección de 18 volúmenes que, bajo el título "Crímenes celebres", pretendían contar la vida de, por un lado, los criminales más famosos de la historia, y por otro lado, la de aquellos hombres y mujeres que, por circunstancias excepcionales, acabaron sus días asesinados o ejecutados. Dicha antología se publicó entre 1839 y 1841 por la editorial parisina Rue Louis le Grand, siendo traducida al español en 1858. A pesar de que a día de hoy hay varios estudios que ponen en duda la autoría de Dumas respecto a algunos relatos - los cuales, al parecer, se fraguaron a base de colaboraciones que el propio autor francés no reconoció desde su privilegiada posición de editor - "Crímenes célebres" perseguía dos objetivos. El primero, a base de una exhaustiva documentación judicial y con un estilo sencillo, acercar las historias de estos personajes ligados al crimen o a la tragedia a los lectores menos académicos. Y el segundo, satisfacer las exigencias de un público cada vez más ávido de sucesos sangrientos y de villanos convertidos en héroes. Estamos en plena era del Penny Dreadful, y Alexandre Dumas quiso sumarse a la moda. No obstante, y a diferencia de los ecos del ficticio y gore Sweeney Tood cuya influencia cruzó el Canal de la Mancha, "Crímenes célebres" tienen un poso bibliográfico nada desdeñable, aunque su principal objetivo era lucrarse y saciar el ansia capitalista de la época.

   En ese sentido el volumen de María Estuardo podría encajar perfectamente en la segunda categoría de la colección, esa en la que Dumas quiso otorgar a los finales trágicos - y con litros de sangre - su especial protagonismo. Y, sinceramente, no podría haber elegido mejor personaje histórico. Como bien sabréis - y si no os lo cuento a continuación - María Estuardo (1542-1587) hija de Jacobo V de Escocia y María de Gisa, sucedió en el trono a su padres con a penas seis días de vida. Pasó parte de su infancia en Francia, donde se casó con Francisco II y esperó pacientemente a su mayoría de edad. Tras su breve experiencia como reina de Francia (ya que Francisco II murió de forma repentina), María regresó a Escocia y cuatro años más tarde se casó con su primo hermano Enrique Estuardo, unión de la que nacería su único hijo, el futuro Jacobo VI. En febrero de 1567, Enrique es asesinado en el jardín de su residencia. Todos pensaron que James Hepburn, primer Duque de las Islas Órcadas y cuarto Conde de Bothwell, había orquestado su muerte para poder casarse con María Estuardo. Algo que acabó sucediendo en 1567 tras ser absuelto de todos los cargos. Tras un levantamiento contra la pareja, María fue encarcelada en el castillo del lago Leven - espectacular por cierto - y durante su cautiverio fue forzada a abdicar en favor de su hijo, que por aquel entonces contaba con un año de edad. Tras un primer intento fallido de recuperar el trono, María huyó hacia el sur en busca de la protección de su prima, Isabel I de Inglaterra. Pero había un problema, y es que la última reina de la saga de los Tudor odiaba a María, ya no solo porque representaba un modelo más "femenino" de ejercer el trono, también porque numerosos católicos ingleses la consideraban la legítima soberana. Muchos de los cuales habían participado en el conocido como Levantamiento del Norte - no, no estaban los Stark ni Jon Snow - en el que un conjunto de nobles pretendieron derrocar a Isabel I para reemplazarla por María Estuardo. Ante dicha amenaza, Isabel no dudó en confinarla en varios castillos durante dieciocho años para, tras un juicio en el que se la declaró culpable de conspiración, mandarla decapitar en el castillo de Fotheringhay en 1587 a la edad de cuarenta y cuatro años. No sé vosotras y vosotros, pero en mi humilde opinión creo que, más allá de la cronología o los personajes reales, esta historia ha servido de base y de inspiración para novelas, películas, obras de teatro, óperas y series de televisión. Porque, ¿no es lo suficientemente atrayente una trama en la que se explore el odio encarnizado entre dos personas que además son familia? Y en la que además, se le añadan dosis de política e intrigas cortesanas. Si lo que queréis es eso, éste, la María Estuardo de Dumas, es sin duda vuestro libro.



   Tras haber leído esta biografía - novelada por supuesto - me quedan claras dos cosas. La primera, que Alexandre Dumas es el precursor de lo que hoy conocemos como Best Seller. De hecho, se podría decir que él mismo fue el autor de masas de la época. El Ken Follet del XIX. Escribía novelas, folletines, libros de viajes, ensayos o relatos de terror como churros. Y lo mejor de todo es que lo hacía bien. Si bien es cierto que una obra no puede gustar a todo el mundo por igual, lo cierto es que el talento de este escritor para crear historias o para, a partir de hechos reales, presentarte un libro de más de 200 páginas - como es el caso de María Estuardo - es por lo menos admirable. Centrándonos en esta novela en concreto, el estilo que Dumas emplea es endiabladamente adictivo, tanto que, tanto si conocíais o no la historia de esta desdichada reina, vais a alucinar con como está contada. Dumas es el maestro de lo trepidante, de convertir una novela histórica corriente y moliente en algo más cercano a la novela de misterio o al culebrón renacentista en esta ocasión. Pero también es hábil en el manejo del morbo, de la intriga, de toda esa clase de recursos literarios que mantienen al lector con la vista pegada, literalmente, sobre el papel. Sus personajes, a veces, parecen sacados de otras de sus novelas más que de la crónica histórica. Y eso puede enfadar a más de un historiador o historiadora purista, algo que en mi caso no ha conseguido para nada. Es más, ha conseguido que disfrutase como una niña con una historia real pero extremadamente novelesca. Si hasta había capítulos en los que aquello se acercaba más a las obras de William Shakespeare con unos personajes tan pasionales, tan malvados, tan héroes, tan trágicos, tan dramático todo, y ya de paso, con el umbral de la paciencia demasiado bajo. Y diréis que pierde la verosimilitud, y yo os digo que para nada, que eso no sucede, ni siquiera en los momentos en los que la trama se ve en peligro por culpa de las contradicciones de las fuentes consultadas. Dumas sale airoso del aprieto tirando de más documentación - porque eso sí, la novela está fuertemente sustentada - consiguiendo que pasemos por alto sus inclinaciones y preferencias respecto a los personajes. Disimulo 0 en cuanto a quienes le caían bien, mal o fatal. Y la segunda, pero no por ello menos importante, es la necesidad de seguir reivindicando el género biográfico para aproximarse a la historia. Los que acabamos estudiando una carrera en la que el pasado está siempre en nuestro presente sabemos muy bien en qué momento nos empezó a apasionar esto de acercarnos a épocas para estudiarlas o aprender de ellas. Y en muchos casos, las biografías - tanto noveladas como académica - se convierten en el primer contacto, destello, la chispa que activa la curiosidad por un mayor conocimiento. Creo que independientemente de si te encanta (hasta el punto de querer estudiar la carrera) como si eres una o un mero aficionado, las biografías son la perfecta iniciación en estas lides. Y más si lo haces de la mano de grades autoras como Dumas. Personalmente, y después de haber leído María Estuardo, estoy pensando muy seriamente en indagar en más obras que aborden dicho periodo, y también, por si fuera poco, atreverme con un Dumas más extenso y todavía más novelesco.

   María Estuardo: una historia de lacrimógenas tragedias, destierros insoportables, sangre, venganza. envidias cortesanas, intrigas, conspiraciones, palacios, duques, monarcas...Un retrato pasional y claroscuro de una mujer que vivió con la certeza de que podía reinar, aunque aquello le costase la cabeza.

Párrafos o frases favoritas:

   "Hay entre los reyes, nombres predestinados al infortunio: en Francia, ese nombre es Enrique. Enrique I fue envenenado, a Enrique II lo mataron en un torneo, a Enrique III y Enrique IV los asesinaron. En cuanto a Enrique V, cuyo pasado ha sido ya tan funesto, sólo Dios sabe lo que le reserva el futuro.
   En Escocia, ese nombre es Estuardo."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

martes, 25 de junio de 2019

RESEÑA: Orlando

ORLANDO

Título: Orlando.

Autora: Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas) y la biografía (Roger Fry). También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semificticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte (suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio), el poeta T. S. Eliot escribió que se habían dado en su vida y obra unas características tan singulares e inéditas dentro del mundo anglosajón que difícilmente se repetirían. Una opinión que la posterior publicación de sus diarios, cartas y varias biografías han confirmado. Su ensayo feminista, Una habitación propia, es uno de los más aclamados e influyentes desde el momento de su publicación.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductora: María Luisa Balseiro.

Sinopsis: desde su nacimiento en la Inglaterra isabelina como varón, Orlando va atravesando épocas y geografías hasta los mismos años en que la autora escribe, en un continuo viaje vital que incluye asimismo la transformación de varón a mujer. Llevado en volandas como en un sueño, el lector vive a través de su peculiar protagonista muchas vidas, muchas aventuras, al tiempo que asiste a una de las más sugerentes exploraciones de la identidad sexual plasmadas nunca en la ficción.

Su lectura me ha parecido:

   Revolucionaria, adelantada a su tiempo, menos densa de lo que me esperaba, totalmente atemporal, transgresora, divertida en ocasiones, cuyas reflexiones están más de actualidad que nunca... Cada vez que alguien pronuncia el nombre de Virginia seguido del apellido Woolf es como si un rayo impactase contra el suelo, como si hubiese pasado un ángel, como si la piedra más pesada hubiese sido colocada sobre los hombros de los presentes. Sí, la escritora británica tiene fama de dura y de poseer una de las plumas más originales a la vez que más complejas de la literatura universal. De hecho, es por eso, junto a un supino desconocimiento de su obra por parte de las generaciones más jóvenes - ¡maldito sistema educativo! - lo que ha provocado que generaciones y generaciones hayan pasado por este mundo sin haberse adentrado en algunos de sus títulos más emblemáticos. Y lo más preocupante, que generaciones y generaciones de mujeres hayan pasado de largo frente a libros como Una habitación propia o La señora Dalloway, ignorando los poderosos mensajes feministas que esperaban ser leídos y sacados del ostracismo que provoca cualquier estantería de cualquier librería. Afortunadamente, una nueva corriente - la cual está en constante transformación y redefinición - parece haber espoleado a las mujeres y hombres que están destinados a dirigir el futuro de la humanidad para que devorasen insaciables a Virginia Woolf y el contenido de sus novelas. De un tiempo a esta parte, la autora británica vive una especie de segunda vida gracias al movimiento feminista, el cual no ha dudado en ensalzar su figura como una deidad inquebrantable e intocable. Un legado, el de su contundente producción literaria, que no hace sino recordarnos como el poder de las palabras es capaz de perdurar en  el tiempo y volcar sobre la sociedad, y justo en el momento más urgente, toda una serie de ideas a las cuales deberíamos prestar más atención. Virginia Woolf nunca dejará de sorprendernos, y más con libros como el que hoy tengo el privilegio de reseñar. Orlando: una biografía andrógina.

   Me costó adentrarme en la literatura de Virginia Woolf. Sí, y lo digo con toda la sinceridad del mundo. Porque me he dado cuenta de que a pesar de que sabía de la existencia de al menos un libro escrito por esta autora - una añeja edición de Las olas que todavía aguarda su turno en la estantería del comedor - nadie, absolutamente nadie me incentivó a leerlo. Esto no es ni resentimiento ni un ejercicio de autoflagelación por mi parte, simplemente expongo una situación, la de que, a pesar de que en casa la lectura estaba y sigue estando a la orden del día, me faltó una piza de apoyo externo, un empujón por parte del temario o de alguna o algún profesor para que acabase decidiéndome por dicha lectura. Si al menos Virginia Woolf - con lo que fue ella - hubiese aparecido en alguna de las páginas de mi libro de texto de lengua, de historia o incluso de filosofía; tal vez en algún momento de mi adolescencia me hubiese adentrado en él, por muy difícil que fuera su lectura y aunque no hubiese entendido a la primera lo que la novela quería transmitir. Eso se cura con curiosidad y ganas de seguir aprendiendo. Sin embargo, si en los institutos prima el memorizar y el no ahondar en el porqué de las cosas, es muy difícil que una alumna o alumno genere inquietudes más allá de aspirar al aprobado. Y si a eso le añades la poca o nula visibilidad a las mujeres en los temarios de primaria, secundaria y bachillerato; la situación es todavía peor. De lo que no se habla es porque automáticamente no existe, o lo que es lo mismo, si Virginia Woolf no aparece en el lugar que le corresponde como escritora feminista, entonces es que no fue para tanto, no fue tan importante. Tuvo que pasar un tiempo para que me diese cuenta de lo que me había perdido por el camino y de lo mucho que queda todavía por hacer en materia de igualdad en todos los ámbitos, incluyendo el de la investigación en historia. Poco a poco vamos desenterrando mujeres ilustres sepultadas bajo el polvo del patriarcado y también devolviéndolas al lugar que les corresponde por derecho y justicia dentro de su correspondiente cronología. Gracias a esto si todavía no me he leído Las olas no es porque desconozca a Virginia Woolf, sino porque prefiero adentrarme en otras novelas antes, novelas como Orlando. Sin duda, todo un descubrimiento.

   Antes de que el lector se adentre en la lectura de esta original biografía éste se topa con una dedicatoria muy reveladora. Pocas veces suelo hacer caso a las frases que la autora o autor de turno dedica en agradecimiento a una o a un grupo de personas, así como las citas colocadas a una página de dar comienzo la novela. No obstante, en esta ocasión no pude evitar sonreír al leer el nombre de la afortunada. Virginia Woolf dedicó Orlando en 1928 a Vita Sackville-West - aristócrata, escritora, poeta, diseñadora de jardines y amante de la propia Virginia - ya que se había inspirado en ella a la hora de escribirla. Vita Sackville-West se había casado con Harold Nicolson, con quien mantendría una relación abierta, cosa muy común en los grupos artísticos e intelectuales del  Grupo de Bloomsbury - al que Virginia Woolf pertenecía - pero mal visto para el resto de la sociedad de la época, una sociedad a punto de abandonar el canon victoriano para abrazar la modernidad del nuevo siglo. Tal vez fuese la libertad con la que Sackville-West vivía su vida lo que acabó por prender la mecha ya no sólo de la pasión - tuvieron una relación durante unos años - también de la pluma de Woolf, dando lugar a una de las obras más singulares y avanzadas de su tiempo. Más allá de la confirmación de este romance, Orlando es un documento de grandísimo valor dada su calidad literaria, la excepcionalidad de su trama y sobre todo el mensaje que con ella Woolf pretendía lanzar al mundo. La novela de Woolf narra la vida de Orlando, un joven noble y con gran afición a la literatura que vive en plena edad dorada del periodo Isabelino y al que acompañaremos en su viaje físico, sentimental y corporal a lo largo de varios periodos de la historia. Tras un largo sueño durante el periodo de la Restauración, Orlando se despierta siendo mujer gracias a la intervención de tres espíritus (Nuestra Señora de la Pureza, Nuestra Señora de la Castidad y Nuestra Señora de la Modestia). Curiosamente, tres espíritus que simbolizan el canon social al que la mujer debía adscribirse en esa época. Es a partir de ese momento cuando Orlando, ahora desde el sexo femenino, vivirá la condición femenina desde sus propias carnes, incluyendo el desprecio que los ilustrados del XVIII o la misma sociedad de la Inglaterra Victoriana del XIX.

   Irónica, satírica, Orlando parece a priori una crítica a la férrea separación de las etapas históricas, dado que a lo largo de la novela los cambios fluyen sin importar límites temporales o espaciales, y por supuesto, una exhaustiva novela histórica. Sin embargo, algo subyace entre líneas, algo que tiene mucho que ver con la exquisita ambigüedad con la que Woolf dota al personaje de Orlando. Su aspecto andrógino en lugar de despistar refuerza la trama, así como el valor intelectual de la novela en su conjunto y el nivel de trasgresión. Recordemos que estamos ante una historia en la que un hombre se convierte tras un largo sueño en una mujer, pero también podríamos hablar de fluidez sexual, ya que en ocasiones - y hay unas cuantas - el lector tendrá dudas respecto al sexo del o la protagonista. De este modo podríamos hablar de Orlando como el primer personaje transexual famoso de la historia de la ficción y casualmente, el que le reportó más popularidad a su autora. Un personaje que, como hemos comentado en el anterior párrafo, saboreará las mieles de una época en la que si eres hombre puedes conseguir lo que te propongas - como escribir obras teatrales a lo Shakespeare o ser el favorito de la reina Isabel I - y que, por el contrario, sufrirá la discriminación, la injusticia y el descrédito de intelectuales y empresarios fabriles por el simple hecho de ser mujer. Las obligaciones de un sexo a otro distan tanto la una de la otra, que a pesar de la evolución histórica de la novela - 300 años -, el lector asiste a una verdad como una catedral: la de que por mucho que pase el tiempo, hay cosas que no cambian, que siguen igual. Los avances científicos siguen imparables, la moda evoluciona, el comercio se moderniza, al igual que la política, la cultura, las ideas o la concepción de Estado. No obstante, Woolf tiene razón, el machismo y el ninguneo al considerado "sexo débil" sigue y sigue, por los siglos de los siglos, intacto, inamovible, sin que a nadie se le ocurra simplemente deshacerse de él.

   Además de concienciarnos de la latencia del machismo en nuestra sociedad - tan presente en nuestros días como en la época Georgiana - y lejos de quedarse completamente satisfecha, Woolf regala al lector una última reflexión más poderosa que la anterior, más importante, más revolucionaria. Sí, sabemos que Orlando cambia de sexo - de hombre a mujer - con todo lo que eso implica - de hombre de éxito a mujer discriminada por la sociedad -. Sin embargo, en ningún momento apreciamos como Orlando cambia de carácter, de actitud o de opinión. En otras palabras, Orlando sigue siendo la misma persona desde que nace en el siglo XVI hasta que la vemos por última vez a principios de siglo XX. Lo cual demostraría que el cambio de sexo sólo implica el cambio de género, y es el género - que tradicionalmente ha explicado las características asignadas a tanto a hombres como a mujeres - lo que de verdad cae como una losa sobre Orlando. No es la biología, sino los roles los que permiten que el protagonista viva toda clase de privilegios - incluso sexuales - al principio de la novela y lo que penaliza a la protagonista al final de ésta. ¿Se adelantó Virginia Woolf con esta novela a la segunda ola feminista de los 60-70? ¿Estamos ante uno de esos pequeños milagros que de vez en cuando contribuyen a llenar de prestigio a la literatura? ¿Quiso entonces Woolf exponer lo que Kate Millet diría a mediados de siglo XX? ¿Lo de que el género, independientemente del sexo, es una cuestión social? Las respuestas a estas preguntas parecen contestarse solas o a medida que nos adentramos en este portento de novela. Orlando es feminismo, fantasía, un libro que maravillará a las y los historiadores, la perfecta lectura para iniciarse con Woolf, pero sobre todo, es revolución y la confirmación de la existencia de mentes tan prodigiosas y visionarias como la de aquella mujer nacida en Kensington, criada en el círculo prerrafaelita, cuya madurez intelectual alcanzó en el número 64 de Gordon Square del barrio de Bloomsbury y que puso fin a su vida bajo las aguas del río Ouse.

Orlando: una historia de evolución, discriminación, privilegios, machismo, periodos históricos, ambigüedad, cambios, roles de género, valentía, entereza... El ejemplo en el que todas y todos los aspirantes a escritores deberíamos fijarnos.  

Párrafos o frases favoritas:

"Armados como ellos están con toda clase de armas, mientras que a nosotras nos impiden conocer el alfabeto."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 20 de marzo de 2018

RESEÑA: Por qué este mundo. Una biografia de Clarice Lispector.

POR QUÉ ESTE MUNDO
UNA BIOGRAFÍA DE CLARICE LISPECTOR

Título: Por qué de este mundo. Una biografía de Clarice Lispector.

Autor: Benjamin Moser (Huston, Texas, 1976) es escritor, crítico literario y traductor. Recibió el Premio Itamaraty de Diplomacia Cultural del Gobierno brasileño por su trabajo en pro de la divulgación de la obra de Clarice Lispector. Es columnista en el The New York Times Book Review y en 2018 publicará una biografía autorizada de Susan Sontag. (Fuente: Siruela).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Cristina Sánchez-Andrade.

Sinopsis: en esta biografía, que es ya un libro de referencia en todo en mundo, Benjamin Moser desentraña los mitos que rodean a una de las más extraordinarias figuras de la literatura contemporánea y nos muestra como Clarice Lispector transformó su lucha personal como mujer en una obra de resonancia social. (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: densa, penetrante, sorprendente, completa, para nada pretenciosa, fascinante, exótica, un verdadero descubrimiento personal...Según el poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson, a un hombre se le conoce por los libros que lee, y sinceramente no puedo estar más de acuerdo. No obstante, al bueno de Emerson se le olvidó añadir, además del hecho de que las mujeres también formamos parte del publico lector, que los libros también pueden reflejar la biografía de cada persona. Comenzando los cuentos infantiles que a todos nos han leído de niños, pasando por la novela juvenil más adictiva en la que todos nos hemos adentrado, hasta llegar a lecturas más maduras entre las que pueden encontrarse algunos clásicos de la literatura universal. Cada lector es un mundo, un universo, una constelación plagada de pequeñas estrellas que se iluminan en función de los descubrimientos que el lector realiza a lo largo de su vida. Una montaña rusa llena de cambios, curvas peligrosas, vértigo y finales siempre imprevistos. Un viaje de huida hacia adelante o de retorno al origen, a lo que nos forjó como lectores empedernidos. El libro que hoy tengo el placer de reseñar surge de una de esas vueltas que da el destino, de las sorpresas que a veces la vida te regala de forma inesperada, de una curiosidad frente a lo desconocido, de una vuelta a mis orígenes como lectora y de una terrible necesidad por cambiar, adentrarme en territorio virgen y descubrir, poco a poco, su secreto mejor guardado. Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector: un puzzle biográfico sobre una de las escritoras más fascinantes de la literatura brasileña.


La historia de como este imponente volumen llegó a mis manos es bastante larga de contar, por lo que intentaré resumirla en el mínimo de líneas posible. No se si lo he comentado alguna vez en el blog pero durante el tercer curso de la ESO, pero sobre todo mientras me hallaba inmersa en la vorágine de ese cuarto de la ESO tan inolvidable en todos los aspectos, a una servidora le dio por leer e investigar sobre temas relacionados con la historia. El temario que nos ofrecían en dicha asignatura estaba bien, pero siempre creí que había tenido ciertas carencias al respecto. Una de ellas fue por ejemplo el hecho de que toda la edad moderna nos la saltásemos en tercero en favor de Geografía y pasásemos directamente a dar en cuarto toda la historia contemporánea universal. Saber colocar en un mapa los nombres de los ríos de la Peninsula Ibérica es necesario, pero también lo es conocer lo que pasó entre 1492 y 1789, porque sin esa información mal vamos. Gracias a esa metedura de pata del sistema educativo español y a mi "estimado" profesor de Historia de por aquel entonces como poco a poco comencé a aprender por mi cuenta los hechos más importantes que caracterizaron a la edad moderna. Primero a través de revistas como mi adorada Muy Historia para luego completarla con libros y lo que encontraba por internet o la maravillosa Encarta 2000. Uno de aquellos libros que me leí fue Los Borgia, de Mario Puzo, un autor que vio sucumbida toda su producción literaria con el estreno de la gloriosa y mítica adaptación de una de sus novelas: El Padrino. Los Borgia es con total certeza la primera biografía que leí y la verdad, a pesar de que su lectura me pareció densa en su momento, no guardo un mal recuerdo de ella y me sirvió para conocer mejor la época renacentista a través de esta familia tan peculiar como poderosa. En los años siguientes mi relación con el género biográfico fue inexistente, ni siquiera cursando la carrera de Historia me dio por leer alguna biografía, lo que muchos interpretarían como un autentico delito. Un tiempo más tarde, concretamente durante los últimos meses del año pasado, una biografía apareció ante mi como por arte de magia. Y esa biografía no era otra que la que hoy reseño, Por qué este mundo. Una biografía escrita por Benjamin Moser y que aborda la figura de Clarice Lispector, una escritora hasta entonces para mi totalmente desconocida. Unas semanas más tarde descubrí que dicho libro lo había editado Siruela, editorial con la que colaboro asiduamente. Pero no sólo eso, también que dicha editorial había editado y traducido gran parte de su producción literaria, confeccionando con el tiempo una autentica biblioteca dedicada exclusivamente a ella. Como en aquel momento no estaba muy por la labor de adentrarme en alguna de sus novelas, decidí conocer a Clarice Lispector a través de la biografía de Moser. El libro me llegó a las pocas semanas, pero debido a su gordura, el cartero tuvo que subir personalmente a subírmelo a casa. Fue una lectura a la que le dediqué bastante tiempo y muchas noches antes de sucumbir al sueño, pero si alguien me pregunta, siempre diré que el esfuerzo mereció la pena.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaré ofreciéndoos a vosotros, lectores, un consejo. Si alguna vez en vuestra vida os apetece adentraros el género biográfico no lo hagáis por las bravas y esperando que su lectura se parezca a la de los best sellers. Si bien es cierto que algunas biografías han alcanzado la categoría de superventas, esto no significa que sean lecturas amenas, todo lo contrario. A una biografía hay que dedicarle tiempo, dedicación y ser muy pacientes. A lo mejor esto disuade a más de uno y se lo piensa dos veces antes de leer la vida y milagros de un personaje histórico, pero creerme que una vez finalicéis su lectura, la sensación que se os queda es nueva, muy distinta a cuando ponéis punto y final a una buena novela, definitivamente muy recomendable. Y si a esa lectura biográfica la acompañáis de una libreta en la que poder apuntar lo que os parece interesante, mejor que mejor. Pues de esta forma, con libreta y bolígrafo en mano, me adentré en su lectura, una lectura que ha cubierto mis altas expectativas. En primer lugar, en cuanto a la lectura y el estilo, no os voy a engañar. Por qué este mundo resulta una lectura densa, muy densa, y debe serlo porque, de lo contrario, estaríamos ante un libro con fallos y en el que seguramente han obviado partes de la biografía. Una densidad que es compensada, por un lado con el sistema de citas empleado y que podemos encontrar fraccionado por capítulos al final del libro, y por otro con un estilo que combina la exhaustividad de la información y un cierto deje novelesco. Ambos se equilibran durante toda la lectura, consiguiendo que el lector quede satisfecho por los datos y que al mismo tiempo se enganche a la historia real de Clarice Lispector. En segundo lugar, y desde la opinión de quien no ha leído de momento nada sobre la autora brasileña, me ha parecido una figura muy interesante y digna de descubrir en los próximos meses. Sin embargo, a la pregunta si es mejor leer Por qué este mundo antes o después de conocer otros de sus libros no tengo respuesta. En mi caso, esta biografía me ha servido para descubrirla sobre todo, pero si que es cierto que quien sea fan de la literatura de Clarice Lispector, la disfrutará de otra forma. En lo referente a la biografía de Clarice, lo cierto es que, dejando de lado la técnica empleada, Moser me ha descubierto a una escritora singular: nacida en Chechelnik (Ucrania) en 1920, hija de padres judíos testigos de la invasión de su país tras la Revolución Rusa (la madre fue incluso violada), emigrante con un año de edad a Brasil en 1921, escritora precoz (con 23 años publicó su primera novela), licenciada en Derecho, casada con un Diplomático del que años después se divorciaría, madre, incansable, talentosa, lectora voraz, inteligente, de fuerte carácter, orgullosa, refugiada en si misma en sus últimos años de vida...Todo eso y más compone el retrato de la Clarice Lispector de Benjamin Moser. Un retrato que huye de las leyendas y mitos que rodean su vida y que nos habla de una mujer con sus virtudes y defectos, pero sobre todo, de una mujer que puso a Brasil en el panorama literario internacional. Una perspectiva que, sobre todo en los tiempos que corren, se agradece. Podría extenderme más líneas hablando de los pormenores de esta biografía, pero si lo hiciera, creo que desmerecería la calidad del trabajo de Moser y vosotros como lectores perderíais la oportunidad de adentraros en este libro.


En vistas de que Por qué este mundo es una novela biográfica, una servidora no puede evitar, en estas últimas líneas, reflexionar sobre este versátil género literario. Como todos sabemos, la biografía es una forma más de escribir una historia y presentarla a los lectores, la diferencia crucial es que dicha historia es verídica. El autor o autora debe justificarlo mediante la exposición de datos y la aportación de un listado bibliográfico al principio, al final o por medio de citas al pie de página para que el lector, una vez finalizada su lectura, pueda optar por consultarlo y adentrarse en cada una de las fuentes. Al igual que el ensayo puro y duro, la biografía suele ser uno de los géneros más áridos e interesantes al mismo tiempo. La línea que separa el tedio del entretenimiento la fija el escritor o escritora en concreto, aunque siempre habrán personajes históricos con más tirón que otros en función del momento en el que se escribe o las demandas de los lectores potenciales. Pero como todo en el mundo de la literatura, el género biográfico, por muy poco atrayente que en un primer momento pueda parecer, ha sido objeto de usos específicos más allá del entretenimiento o la lectura placentera. El género biográfico ha sufrido los intereses de una parte de la historia, así como la manipulación de ésta en ciertos momentos cruciales. La biografía ha servido para contar mentiras, vender humo, engrandecer a un personaje histórico concreto con fines de todo tipo: políticos, sociales, económicos, estratégicos, culturales...Hitler, Franco, Stalin, Mussolini...Todos los grandes dictadores cuentan con una biografía no del todo verídica, en donde sus figuras se elevan por encima del resto de los mortales obviando algunos datos vergonzantes o oscuros de sus perspectivas vidas. Lo mismo pasaba con los reyes de la Edad Media. Sus cronistas particulares acompañaban a los monarcas a todas partes y redactaban sobre el papel sus hazañas más insignes. Sin embargo, muchos de estos relatos incluían elementos extraordinariamente fantásticos: mezclas entre mitología y realidad, religión y verdad o pequeñas mentiras piadosas sobre el verdadero carácter del monarca en cuestión. Algo que indudablemente resta credibilidad, quedándose estas narraciones para la posteridad no por su testimonio verídico, sino como textos literarios que incluso se enseñan en los institutos en asignaturas como lengua castellana o valenciana entre otras. También ocurría lo contrario, la aparición de biografías desautorizadas en las que en su mayoría el objetivo es destrozar y hundir la reputación de una personalidad histórica. Algo que incluso a día de hoy sigue sucediendo con, por ejemplo, nuestros políticos más mediáticos. En lo que respecta a Por qué este mundo, la cosa está bastante clara. La pequeña edad de oro que vive el género biográfico en los estudios de historia, el auge de la auto ficción en novela y el contexto de reivindicaciones feministas a nivel global han permitido en gran medida que hoy podamos disfrutar de Por qué de este mundo. Muchas editoriales están haciendo un esfuerzo por acercar al público los libros de autoras poco conocidas o que no han tenido en su momento la repercusión internacional que merecían. Y si podemos conocer sus libros ¿por qué no sus vidas? En ese sentido, Por qué este mundo es un buen ejemplo de lo que se esta comenzando a mover en el sector editorial, pues, para comprender una novela en su conjunto a veces viene muy bien conocer a su autora, y no solo desde el plano sensacionalista o estrictamente personal. Se necesitan más biografías de mujeres, mujeres como Clarice Lispector, en las que el cotilleo queda relegado a un segundo plano en favor de su talento, comparado en muchas ocasiones al gran Borges. Eso es lo que verdaderamente importa, lo que debería inspirar, lo que debería servir de referente para las futuras generaciones de mujeres. Por qué este mundo: una historia de exilio, precocidad, errores, aciertos, éxito, fracaso, talento, viajes al extranjero, literatura, amor, pérdida...Un imán para el lector más exigente.

Frases o párrafos favoritos:

"Clarice nunca volvió a Egipto. Pero muchos años después se acordó de su breve visita turística cuando, en las "arenas desérticas", le sostuvo la mirada nada menos que a la propia Esfinge. "No la descifré" escribió la orgullosa y bella Clarice. "Pero ella tampoco me descifró a mi".

Película/Canción: ante una falta de películas sobre la figura de Clarice Lispector, he optado por adjuntar una pieza imprescindible, de sobra conocida y que inmediatamente os trasportará al exótico Brasil.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela