Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 12 de marzo de 2022

RESEÑA: El palacio de hielo.

 EL PALACIO DE HIELO


Título: El palacio de hielo. 

Autor: Tarjei Vesaas (1897-1970) nació y creció a la orilla del lago Vinjevatn, en Noruega, rodeado de una idílica y solitaria naturaleza que influyó en toda su obra literaria. De carácter muy sensible, quedó marcado para siempre por la destrucción de la que fue testigo durante la Primer Guerra Mundial y la culpabilidad que sentía por haber decidido en su momento no hacerse cargo de la granja familiar. Entre sus estudios y el servicio militar encontró tiempo para seguir escribiendo novelas, poesía y teatro, y finalmente, en 1923, consiguió publicar Hijos de humanos, que le abrió definitivamente las puertas de su carrera literaria. Fue tres veces candidato al Nobel de Literatura y hoy es considerado uno de los mejores escritores noruegos del siglo XX. La literatura de Vesaas, con una aparente sencillez, rebosa simbolismo y poesía y conjuga a la perfección el paisaje noruego con la psicología de sus personajes. Es autor de novelas como El palacio de hielo (1963), Los pájaros (1957) y Los vientos (1953). 


Editorial: Trotalibros. 

Idioma original: noruego. 

Traductoras: Kristi Baggethun y Mª Asunción Lorenzo. 

Sinopsis: esta es la historia de dos niñas de once años que, aunque son muy diferentes, sienten una conexión muy especial desde el primer momento. Esta es la historia de una promesa y de un palacio de hielo con laberintos pasillos, inmensas salas y bosques encantados en su interior. Esa es la historia de Unn, que se adentra sola en el palacio de hielo y desaparece, y de Siss, que busca contra el tiempo y el olvido. 

Su lectura me ha parecido: envolvente, sutil, potente, con tintes mágicos, pausada pero no por ello aburrida, lírica, sobrecogedora... A veces tengo un sueño recurrente. Me veo a mi, quieta, abrigada hasta las cejas y en medio de un bosque nevado. El frío me paraliza. Muevo los dedos de las manos para que la sangre siga circulando, ya que en ese primer golpe de irrealidad, creo estar petrificada. El paisaje me es familiar. Siempre pienso que es el monte que rodea el pueblo de mi infancia, aquel por el que corrí y perturbé con gritos de júbilo mientras rodaba ladera abajo o al tiempo que las palmas de mis manos, enfundadas en unos llamativos guantes rojos, acariciaban el hielo convertido en un amorfo muñeco de nieve. Pero bien podría ser otro lugar, más lejano, Islandia tal vez. No es descabellado pensar que mis deseos viajeros se cuelen en mi subconsciente, como señal de que necesito salir de mi ciudad de sol y playa que, aunque la adoro, una siente que debe abandonarla al menos por unos días, semanas, meses si el dinero no fuera un problema. Comienza a nevar, los copos se posan en mis pestañas, creando una cortina de hielo entre molesta y hermosa. No estoy de foto, ni mucho menos, de hecho estoy deseando huir de allí. Adoro el frío, pero en mi recurrente ensoñación éste se convierte en mil agujas clavándose en mi blanca piel forrada de capas y más capas. Algo se mueve al fondo, no sé muy bien lo que puede ser, nunca he visto animales salvajes rondar entre los pinos de mi niñez, aunque las historias que se cuentan de generación en generación afirman todo lo contrario. Camino, por fin, en dirección hacia aquello misterioso, huidizo. Timidez embriagadora con aroma a tierra mojada que me empuja a averiguar su forma, esencia, carácter. Avanzo, temerosa, pero firme en mi inquietud. Me pierdo, el silbido del viento es relajante y las copas de los árboles, llenas, arden en deseos por descargar el exceso de nieve acumulada. Me fundo. No me importa. Creo estar a salvo, tranquila, como no lo he estado en mucho tiempo. Ya puede venir la ventisca del siglo y enterrarme bajo toneladas de pálido albor que a mi no me sacan de ese lugar, ni de ese letargo devenido en placer, aunque lo pesadillesco me agarrase con fuerza de los tobillos al principio de esta increíble historia. Lo confieso, las catedrales de hielo - o lo que es lo mismo, las novelas ambientadas en la estación más odiada - me han regalado grandes momentos lectores. Y es que son la ambientación perfecta, tanto si lo que pretendes es construir un relato costumbrista impregnado de gran amabilidad, como si lo que te calienta el alma es retorcer géneros para contar una historia de terror puro. O todo a la vez, ganando en empatía y complejidad narrativa. No, no estamos ante una novela que se caracterice precisamente por darte sustos de muerte, tampoco frente a una en la que lo enternecedor decaiga en cursilería melodramática. Aquí, el frío, viene por la ambientación, el carácter de sus habitantes y, sobre todo, por su peculiar geografía emocional encarnada en dos niñas que, sin duda, harán las delicias de toda aquella lectora o lector que sepa leer más allá de la sinopsis oficial. El palacio de hielo: la no tan gélida naturaleza del duelo. 


Desde la Noruega más misteriosa, rural y evocadora Tarjei Vesaas - recordemos, tres veces candidato al Nobel de Literatura y todo un referente en las letras escandinavas - nos trajo una historia de lo más interesante a nivel argumental y estilístico. La de dos niñas - Unn y Siss - que, sobre sus pequeños hombros, su autor descarga toda la trama y la emoción que ésta acumula en esas 198 páginas. De hecho son ellas, sus diferentes caracteres - una más popular y la otra más retraída - y el suceso que marca sus todavía cortas vidas son prácticamente la razón de ser de una obra, insisto, tan especial como los paisajes en los que Vesaas es capaz de introducirnos. Y es que la naturaleza, así como los cambios climatológicos que acompañan a las cuatro estaciones y sus consecuentes impactos sobre la misma, no solo vehiculan el devenir de los acontecimientos, también acompañan a la perfección las emociones que experimentan tanto los personajes como el propio lector al acercarse a ellas. En El palacio de hielo abundan las descripciones de dicho ecosistema cambiante, de ese lago cercano al pueblo - helado al principio de la novela que pronto amanecerá con una enorme capa de nieve, anunciando la llegada del crudo invierno - y, por supuesto, de esa cascada congelada y llena de estalactitas a la que el autor bautiza como el "palacio de hielo" (el otro gran personaje del libro) que, como si de una casa encantada gótica se tratase, hace las veces de morada del horror, así como de cofre donde guardar los secretos más inconfesables. La Premio Nobel de Literatura Doris Lessing se refirió precisamente a ese sigilo en su correspondiente reseña que escribió para The Independent en 1993, impresión para nada descabellada teniendo en cuenta la relación que ambas protagonistas establecen bajo los carámbanos de hielo. De unos comienzos algo accidentados en los que se establece una pequeña relación de poder en cuanto a la asunción de papeles (la líder y la sumisa) que puede recordarnos a las inmortales Lenú y Lila que tan bien Elena Ferrante retrató en La amiga estupenda, pasamos a algo más sutil, interesante y adulto como es la tristeza ante la pérdida. Porque, si algo es El palacio de hielo es una oda al duelo y al torrente de emociones que éste provoca, incluyendo ese pedregoso acantilado que hay que escalar hasta llegar a la cima de la recuperación, o de la aceptación, o del "convivir con ello". En este caso, para más fascinación, la poesía parece poseer la pluma de Vesaas, abordándolo desde la más pura de las elegancias, sin provocar la lágrima fácil, pero sí una sensación de amor por esa amistad y por Siss, sobre todo por Siss. La que permanece, la que espera, la que no ha desaparecido en el "palacio de hielo", la que no busca medio pueblo, la que, en última instancia, echa de menos a aquella tímida niña de once años llamada Unn por la que había comenzado a sentir atracción. Sin recrearse en lo morboso, Vesaas nos regala un relato atmosférico, cargado de afecto, ternura, ciertos toques de misterio y un halo de irrealidad constante - a veces parece que derive en una especie de cuento e hadas - que, aupado por una arquitectura agreste, unas protagonistas construidas desde el mimo más enternecedor y un palacio soñado para que, en la mente de cada lectora o lector, adquiera las formas que dicte su personal y desbordante imaginación. Y es que la literatura, en toda su grandeza, está no solo para trasladarnos a lugares inauditos, también para cultivar aquellos huertos que creíamos sembrados de conocimiento. 

El palacio de hielo: una historia de amor, amistad, vivencias traumáticas, caminos sombríos, nieve, paso del tiempo, heridas que sanan, infancia, aprendizaje... Larga vida a Tarjei Vesaas y a Trotalibros Editorial que, en tiempos de crisis y shocks mediáticos, consigue apaciguar nuestras volátiles curvas emocionales cargadas de sobreinformación, tragedias y demás sorpresas con clásicos a reivindicar. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La oscuridad a los lados del camino. No tiene ni forma ni nombre, pero el que anda por ahí nota que aparece, que le persigue y le hace sentir arroyos corriendo corriéndole por la espalda."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Trotalibros Editorial

jueves, 2 de julio de 2020

RESEÑA: Cuentos imprescindibles.

CUENTOS IMPRESCINDIBLES

Título: Cuentos imprescindibles. 

Autor: Egar Allan Poe (Boston 1809- Baltimore 1849) es una de las figuras clave de la literatura moderna. Tras el abandono de su padre y el fallecimiento prematuro de su madre, Edgar fue acogido por el matrimonio Allan, una familia rica de Richmond (Virginia). Tras estudiar en la universidad de Virginia, el autor se enroló una temporada en el ejército y posteriormente comenzó a escribir, por motivos económicos, relatos y crítica literaria en algunos periódicos locales de la época, llegando a ser reconocido en el ambiente como un autor de estilo caustico y elegante. El influjo de su obra se puede rastrear la raíz de muchos de los géneros actuales más populares, así como en numerosísimos autores posteriores, desde Charles Baudelaire a Julio Cortázar. Aunque es mayoritariamente conocido por su obra cuentística, Poe también escribió Narración de Arthur Gordon Pym y El cuervo y otros poemas. Adicto al alcohol, su cuerpo sin vida fue encontrado en una calle de Baltimore a la edad de cuarenta años. 

Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: inglés. 

Traductor: José Luis López Muñoz. 

Sinopsis: Los cuentos de Edgar Allan Poe fueron desde su publicación un hito y referente inexcusables en la literatura fantástica, de misterio y de terror. Este volumen reúne sus Cuentos imprescindibles, todos aquellos de los que se ha oído o se pude oír hablar alguna vez y que han ejercido unánime fascinación sobre generaciones de lectores. Desde El pozo y el péndulo a El corazón delator, desde La caída de la casa Usher a Bernice, se concentra en estas páginas, como en un hipnótico frasco robado del laboratorio de un viejo alquimista, la quintaescencia de su genio. 

Su lectura me ha parecido: apasionante, reflexiva, terrorífica, controlada, intensa, sugerente, genuina, gótica, misteriosa, fantástica, pesadillesca, universal, influyente, sensitiva, un torrente incesante de inspiración... Siempre me ha obsesionado la muerte de Edgar Allan Poe, incluso antes de estremecerme con ese corazón que late bajo el suelo de madera, de admirar el incendio de la mansión de los Usher o de, dicho de forma coloquial, flipar lo más grande con la resolución del caso del crimen de la calle Morgue. Si hasta la idea de escribir un relato sobre aquellos últimos momentos de vida antes de encontrarse cara a cara, como si de uno de sus protagonistas se tratara, con la parca todavía sigue rondándome insistentemente. No se si sería el mejor homenaje, pero al menos lograría una aproximación a la decadencia del genio, cuya oscuridad - hablar de luz sería totalmente ridículo - se iluminó en el momento en el que dejó de existir, en el instante en el que se supo que jamás volvería a atemorizarnos con su pluma gatuna o alada. Me lo imagino caminando a trompicones, vagando por los callejones de la vieja Baltimore, tal vez con una botella de absenta en la mano, escuchando a lo lejos el gentío de cualquier taberna de mala muerte. Se decía que días antes había tenido un encuentro fortuito con una antigua amante, que las deudas lo exprimían, que los acreedores lo perseguían, que los cuentos y poemas que escribía ya no le daban para pagar todo lo que debía, que alternaba episodios de felicidad absoluta con intentos de suicidio. Si hasta cuenta la leyenda más macabra y morbosa que el propio Poe le pidió a María Clemm - tía y suegra al mismo tiempo y único familiar con el que mantenía contacto - que muriese a su lado. Tras la alcoholizada odisea, Edgar Allan Poe fue hallado a la mañana siguiente - el 3 de octubre de 1949 - tirado en el suelo y vistiendo unas ropas que no eran suyas. ¿Ataque cardíaco? ¿Delirium tremens? ¿Epilepsia? ¿Sífilis? ¿Cólera? ¿Asesinato?... Nunca lo sabremos. Dicen los que lo encontraron que su estado rozaba el delirio, que estaba falto de ayuda y atención inmediata. La leyenda recogida especialmente por Julio Cortázar - sin duda, uno de sus más dignos sucesores - apunta a un Poe torturado, obsesionado con la figura de un tal Reynolds - ¿el personaje real que le había servido de inspiración para La narración de Arthur Gordon Pym o simplemente un ente ficticio producto de una quebrada creatividad? - al cual no dejaba de invocar constantemente. Al expirar, como bien señala Cortázar, pronunció las siguientes palabras: "¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!". Lo cual cuadraría bastante con la peculiar y trágica vida del propio autor. Aunque una servidora es menos épica al pensar que lo último que sus ojos vieron fue la silueta de un cuervo picoteándole la palma de la mano tras haber ejecutado un majestuoso vuelo. Sí, lo reconozco, soy más tenebrosa, siempre buscando resquicios en lo perturbador para confeccionar imágenes poéticas pero impactantes; y eso se lo debo al que considero uno de mis maestros en el complejo y gratificante arte de la escritura. Nunca estaré a su altura, eso lo sé, pero si algún día consigo llegar a transmitir las mismas sensaciones que sus relatos provocaron en mi durante mis años de universidad, entonces habrá merecido la pena pasar tanto miedo. Cuentos imprescindibles: maestro, inspiración, influencia y el causante del mayor grado de pesadillas de la era contemporánea. 


Si hablamos de los cuentos de Edgar Allan Poe es importante, en primer lugar, hablar aunque sea brevemente de algunos aspectos determinantes de su vida - y que sin duda vendrían a confeccionar una personalidad de lo más inquietante - así como de lo que le sirvió como inspiración para crear uno de los volúmenes de cuentos más famosos e importantes de la historia de la literatura. En primer lugar, ya lo he anticipado, la vida de Edgar Allan Poe ha venido marcada siempre por la tragedia y la polémica. Huérfano desde muy pequeño, enemistado con su padre adoptivo por culpa de su afición al juego, al alcohol y las deudas que desde la universidad comenzó a acumular, obsesionado con su madre y su supuesta vida desordenada, sus relaciones románticas poco fructíferas - o acababan como el rosario de la aurora o se le morían, como fue el caso de su última esposa, Virginia Clemm, con la que se casó en secreto cuando ella sólo tenía 13 años y el 26 -, la muerte de la propia Virginia de la cual no se recuperó, sus intentos desesperados por vivir de la escritura, la pobreza extrema, las dificultades para ver su trabajo remunerado, sus polémicas en la escena literaria de la época, el fracaso en su breve incursión en la política, el sueño frustrado de fundar su propia publicación, su intento de suicido ingiriendo grandes cantidades de láudano. Todo ello teniendo también en cuenta su propia muerte, de la cual he hablado en el primer párrafo, que sin duda le confiere ese toque tenebroso y misterioso del que tanto ha hecho gala en su literatura. Por otro lado, y en segundo lugar, no existe escritor sin influencias, sin lecturas, sin esos gustos lectores adquiridos desde bien temprano y que resultaron, en el caso de Poe, tremendamente determinantes. Se cuenta que su pasión por ambientar sus relatos en entornos de fuerte impronta gótica le vino de su corta estancia en un internado inglés, experiencia de la cual el escritor no guarda precisamente un buen recuerdo. Seguidamente, a una edad muy temprana comenzó a escuchar las truculentas historias de los esclavos negros que trabajaban en la plantación de la que era dueño su padre adoptivo. Cuerpos desmembrados, cementerios, fantasmas errantes y demás criaturas terribles poblaban aquella tradición oral de barracón que, en lugar de traumatizar al joven Poe, le causaron gran fascinación. Ya en su etapa estudiantil, el futuro escritor leyó todo lo que se le ponía ante los ojos, no le hacía ascos a nada. Sin embargo, si que sentía especial devoción por una serie de autores a la larga claves para su desarrollo en el terreno del relato. Para empezar, leyó con gran pasión a Bocaccio y Chaucer - sin duda, dos grandes nombres a tener en cuenta si lo que pretendes es dedicarte a escribir cuentos - así como todo lo que pudo de literatura gótica inglesa - especialmente a Horace Walpole, Anne Radcliffe y Mattew G. Lewis -. Lejos de quedarse ahí, el natural de Boston se adentró en otros autores como Daniel Defoe, Walter Scott o Washington Irving; así como en el estudio de los principales científicos de su tiempo como Laplace, Newton y Kepler. Pero si hubo un escritor por el que sentía especial devoción ese era Lord Byron, hasta el punto de tratar de imitar algunos de sus comportamientos más extravagantes durante su juventud. Dicho esto, si juntamos la desdichada - en cierto modo buscada - vida que tuvo, todas las influencias literarias de las que bebió y su talento a la hora de ponerse frente al papel, sinceramente, raro sería que el cuervo adoptivo de Virginia no hubiese escrito, no sólo unos cuentos que estilísticamente y temáticamente son en su mayoría perfectos, también todo ese icónico e influyente ideario que los envuelve. 


Partiendo de la base de que una servidora es muy fan de las ediciones en las que aparece Julio Cortázar citado como traductor, aún así debo reconocer las razones de Alianza Editorial sacando esta edición - en una colección cuyos tres volúmenes restantes versan sobre vampiros, algunos de los mejores textos de Lovecraf y los cuentos de terror de Dickens -. Y es que ha querido reunir los mejores cuentos de Edgar Allan Poe en un solo libro en un intento por no asustar al lector menos acostumbrado a leer clásicos. Sin embargo, en esta noble causa se han dejado unos cuantos textos que igual no hubiese estado mal incluirlos en el presente volumen tales como La carta robada, El misterio de Marie Rogêt o el escalofriante El demonio de la perversidad (que si no lo habéis leído ya estáis tardando). Dicho esto, toca hablar de los que sí que están, de los que el lector podrá disfrutar si lee esta edición. Y es que hay que ser sinceros, los que la editorial ha decidido incluir son prácticamente los más famosos y trascendentes, que obviamente coinciden con los mejores a nivel literario. El propio Julio Cortázar a la hora de traducir y ejercer como editor de los mismos decidió dividirlos en varios bloques en función de los temas que los engloban y que sirven como catalizadores para sus respectivas tramas. A saber: terror, sobrenaturales, metafísicos, analíticos, de anticipación y retrospección, de paisaje y grotescos o satíricos. Sin embargo, y en vistas de que la presente edición poco se amolda a lo que el Premio Nobel argentino estructuró en su día, he preferido ceñirme a una relación más amplia y generalista. La cual me permitirá abordar casi la totalidad de los relatos recogidos en el presente libro de la forma más resumida posible. Dentro de esta nueva ordenación iniciaremos nuestro viaje al origen del mal de la mano de el género de terror. Sin duda, el leitmotiv de toda antología que se reedite de Edgar Allan Poe. Porque si por algo es conocido este escritor es por conseguir que lectores de todas las generaciones pasen miedo, tengan pesadillas o al menos perturbarlos. Culpa de ello tiene su especial talento para la construcción de atmosferas impregnadas de un delicioso estilo gótico - llevado a su Norteamérica de mediados del siglo XIX - su deje poético y por supuesto, esos "punch" en la trama que conducen a algunos de sus relatos a coquetear con el gore o lo sobrenatural. Dentro de esta categoría encontraríamos El pozo y el péndulo - espeluznante  y sangrienta reflexión entorno a la desorientación y la desesperanza de alguien que sabe que va a morir - La caída de la casa Usher - súper actualizado a lo largo de la historia de la literatura y una alegoría al estigma de la enfermedad - El gato negro - el culpable de que a día de hoy todavía asociemos la mala suerte con los felinos de oscuro pelaje - Ligeia - una enorme elegía al duelo y las dificultades para superarlo - La máscara de la muerte roja - curiosamente de pertinente lectura en los pandémicos tiempos en los que nos hayamos - o Entierro prematuro - un título que en sí es un autentico spoiler y que relata precisamente la peor de nuestras pesadillas -. Pero si me lo permitís, dejadme que me deleite unas líneas con El corazón delator. Lo sé, suena muy típico, citado hasta la saciedad, incluso Los Simpsons lo han parodiado en un memorable capítulo. Aún así, a día de hoy todavía me recorre un escalofrío al rememorar aquel breve relato en el que el arrepentimiento y la culpa jamás estuvieron tan bien descritos. Y esa voz, esa primera persona, esa perturbadora personalidad... Una maravilla. 


No estaría siendo justa si me dejase por el camino el otro gran pilar que sustenta la producción cuentística de Edgar Allan Poe. Pues si se le daba de miedo - valga la redundancia - plantear poderosas reflexiones a través de gatos que traen desdicha, verdugos con terribles métodos de tortura o muertos que reviven en forma de fantasmas; también lo clavaba en sus relatos de corte más detectivesco. Tal era su habilidad que Arthur Connan Doyle a su lado era simplemente un aficionado. ¿Y cuáles son los cuentos de este estilo más famosos y que, por descontado, aparecen en la presente edición? Pues tenemos El escarabajo de oro - una historia de obsesiones y criptograma incluido con el que Poe ganó un concurso literario valorado en 100 dólares - y Los crímenes de la calle Morgue - considerado el primer cuento de detectives moderno en el que el detective Auguste Dupin se enfrenta a la resolución de un doble crimen brutal e inenarrable que desafía al raciocinio y a cualquier respuesta lógica -. Detengámonos, si me lo permitís, en este relato, uno de los más memorables del autor, en el que el misterio, la trama policial y esa resolución imprevisible y totalmente salvaje se juntan con el canon que servirá de inspiración para futuras novelas policíacas. Con Auguste Dupin Poe asienta las bases de, por ejemplo, el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle o el Hercules Poirot de Agatha Christie. Es decir, la creación de un detective ingenioso, carismático, inteligente, cuyo método de investigación parte de lo analítico y de buscar al culpable menos sospechoso a ojos del lector y que, por supuesto, siempre sale airoso de cada nueva investigación. Y remarco lo de cada nueva investigación porque la revolución que propició Poe en el género fue el hecho de que este detective pudiese resolver otros casos, dicho de otro modo, protagonizar otras historias. Siempre episódicas eso sí - con un final cerrado y sin posibilidad de desarrollar una subtrama, eso llegará más adelante - pero que en su momento supuso todo un cambio en el paradigma. Dicho de este modo, podría decirse que un norteamericano fue el padre de la novela detectivesca británica, la misma que durante años se ha considerado como la más clásica de todas las vertientes, por lo que muchas autoras y muchos autores cuya fama ha sido estratosférica en este género, le deben prácticamente todo al malogrado Poe. Es una pena que Alianza Editorial no incluyera más relatos de corte detectivesco en esta antología, ya que si una de las intenciones es iniciar a los lectores en la literatura de este autor, podrían haber diversificado más y haber incluido el mismo número de cuentos de terror y de misterio. Así la presentación sería más equilibrada y éste podría tener la libertad de decantarse, si por el Poe más policíaco o por el Poe más sobrenatural. Aunque si me preguntasen mi opinión, sin dudarlo, y a pesar de que amo Los crímenes de la calle Morgue, yo me quedo con su versión más oscura. Una vez vomitados datos biográficos, literarios, concernientes a la crítica literaria y de carácter más personal; creo que queda más que clara mi total admiración por su obra y reflexiones que se desprenden de su prosa extraordinariamente lírica. No me cabe la menor duda que Edgar Allan Poe seguirá creando legiones de lectores, así como de escritoras y escritores apasionados por nuestros mayores temores - H.P. Lovecraft, Robert Louis Stevenson, Charles Baudelaire, Ray Bradbury, Shirley Jackson, Jorge Luis Borges, Alfred Hitchcock, René Margritte, Stephen King, David Lynch, Horacio Quiroga o Marilyn Manson entre otros se han declarado admiradores y deudores de su literatura -. Desde escritores a pintores, pasando por filósofos, poetas, cineastas e incluso músicos. Todos se han visto empapados o influidos por su forma de sacar a la luz lo peor de la condición humana y lo cierto es que la cosa va para largo. A no ser que el coronavirus - y el terror que ha provocado a nivel mundial - inicien un nuevo ciclo en esta siniestra y siempre lúcida tradición literaria. El tiempo lo dirá. Mientras, Edgar Allan Poe seguirá ahí para estremecernos y abrirnos el camino. Aunque sea desde sus perturbada visión del mundo, vistiendo ropa vieja y con síntomas de haberse pasado tres pueblos con el láudano. 

Frases o párrafos favoritos:

"Mientras la contemplaba, la grieta se ensanchó muy deprisa - llegó el feroz soplo del remolino -, la esfera completa del satélite estalló de golpe ante mis ojos y mi cerebro se tambaleó al ver cómo los tremendos muros se desmoronaban - cómo se oía un largo grito tormentoso, semejante a la voz de mil aguas - y cómo el frío y profundo estanque a mis pies se cerraba, hosco y silencioso, sobre las ruinas de la Casa Usher."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Alianza Editorial

miércoles, 27 de mayo de 2020

RESEÑA: La falsa amante.

LA FALSA AMANTE

Título: La falsa amante. 

Autor: Honoré de Balzac (Tours 1799 - París 1850) fue uno de los principales representantes de la novela realista del siglo XIX. Trabajador infatigable (las cincuenta tazas de café que tomaba al día sin duda ayudaban), elaboró la obra monumental La comedia humana con un objetivo claro: describir la sociedad francesa de manera exhaustiva para "hacerle la competencia al registro civil". Durante un periodo de difíciles relaciones con Madame Hanska, Balzac escribió este alegato sobre la necesidad de una "falsa amante" para ocultar el amor verdadero. 


Editoral: Ediciones Invisibles. 

Idioma: francés. 

Traductor: José Ramón Monreal. 

Sinopsis: el matrimonio formado por Clémentine du Rouvre, una bella heredera parisina, y Adam Mitgislas, un noble tan feo como elegante, vive momentos de éxito y bienestar. Sin embargo, la buena administración del patrimonio conyugal se deben según descubre la esposa, al mejor amigo de su marido, Tadeusz Paz, un atractivo aristócrata polaco. El joven Tadeusz está enamorado secretamente de Clémentine, pero de ningún modo quisiera traicionar a su mejor amigo. Y como tampoco quiere herir los sentimientos de ella, decide inventarse una falsa amante para justificar su fingida indiferencia ante Clémentine. 

Su lectura me ha parecido: breve, apasionada, romántica, irónica, culta, cómica, crítica respecto a la decadencia de los ambientes aristocráticos, con una prosa que fluye a gran velocidad... Señoras y señores, en la siempre tradicional introducción antes de adentrarnos de lleno en la reseña en cuestión, hoy vengo a hablaros de los libros de bolsillo. Efectivamente, los que adquirimos los lectores cuando nos vemos apurados de pasta y que consiguen salvarnos cuando la inquietud lectora asoma tras las estanterías. Su historia es cuanto menos curiosa. La necesidad de publicar libros de estas características - más baratos y destinados a la culturización de las masas - ya existía en la antigua Roma con la aparición de los llamados pugiliares en forma de códice y que podían perfectamente sujetarse con la mano. Tras la invención de la Imprenta en el año 1450 se lanzó la primera colección de libros en pequeño formato pensada para su uso durante largos viajes. La idea fue del italiano Aldo Manucio y fue determinante para que en el siglo XVII una familia de impresores holandeses, los Elzebir, produjesen la primera colección de clásicos de la literatura asequibles para el gran público. A partir del XVIII el libro de bolsillo se convirtió en un producto asociado a la burguesía, sobre todo en países como Francia e Inglaterra, transformando, no sólo las relaciones sociales, sino que provocó la irrevocable transición de la lectura litúrgica - en voz alta y dirigida a un gran número de personas que simplemente escuchaban - a la lectura individualista - en solitario y de carácter introspectivo -. Esto favoreció el surgimiento de los primeros clubs de lectura y a los ilustrados, quienes vieron en este invento la posibilidad de extender sus ideas más allá de las cuatro paredes del salón donde tenían lugar las tertulias literarias. Por aquel entonces se popularizaron las novelas didácticas y los folletines de temática amorosa. Ya en el siglo XIX nos encontramos con los primeros Best Sellers cuya popularidad no entiende de clases sociales. Ejemplo de ello serían los famosos Penny Dreadfuls (historias de baja calidad literaria, normalmente policíacas o de terror que se centraban en lo escabroso y sangriento) los cuales vivieron su particular edad de oro en la Inglaterra victoriana. Sin embargo, la idea de libro de bolsillo tal y como hoy la conocemos se materializó en 1935 con la editorial inglesa Penguin Books - germen de Penguin Random House - conjugando calidad literaria con económicos precios. Pronto la editorial estadounidense Suscher sacó su particular packet book destinado a satisfacer las apetencias lectoras de sus soldados en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. En España no fue hasta 1939 cuando la editorial Espasa Calpe lanzó su primera colección de bolsillo bajo el nombre de "Colección Austral" - la cual se mantiene hasta nuestros días -. A estas alturas os estaréis preguntando qué hago hablándoos de los libros de bolsillo así tan arbitrariamente. La respuesta la encontraréis en la novela que hoy reseño - un clásico sin parangón - y en su formato tan asequible y tan pequeño que cabe, y nunca mejor dicho, hasta en el bolsillo del pantalón. Cortesía de Ediciones Invisibles y de su apuesta por sus "Pequeños placeres" que han llegado para quedarse. La falsa amante: una comedia de enredo francesa, polaca y con toques autobiográficos. 


Antes de ahondar y meternos de lleno en el cuento de Balzac, merece la pena ponernos un poco en contexto, y en concreto destinar unas pocas líneas a hablar de La Comedia Humana, ya que La falsa amante no se entiende sin el enorme proyecto literario que a su autor le tuvo tan ocupado. Ante la cantidad de deudas y problemas económicos que arrastraba, Honoré de Balzac - el gran maestro de las letras francesas - se comprometió ante sus editores a escribir un total de 137 novelas. De las cuales, solo pudo escribir 85 debido a su inesperada muerte en el año 1850. Afortunadamente, antes de su pronto fallecimiento, al autor le dio tiempo a ordenar, revisar y glosar algunos textos inacabados. Este ingente volumen de historias serían el germen de La Comedia Humana, las cuales comprendían en cronología desde la caída del Imperio Napoleónico (1814) con la correspondiente restauración de los Borbones a la llamada Monarquía de Julio (1830-1848) y la llegada de la dinastía Orleans. La finalidad del autor, además de plasmar una panorámica histórica digna de admiración, era elaborar un pormenorizado estudio de la sociedad francesa de su tiempo, desde los grandes acontecimientos hasta la vida de los más humildes, pasando por mil y un detalles sociales, políticos, económicos, culturales y hasta culinarios. Convirtiéndose de ese modo en un observador de la vida cuyos escritos, gracias a su estilo extremadamente realista, son clave no sólo para la investigación histórica del periodo que nos ocupa, sino que también supone un acercamiento inaudito hasta entonces desde el plano literario a la condición humana de principios y mediados del siglo XIX. En La Comedia Humana Balzac no distinguía de clases sociales: campesinos, aristócratas, burgueses, comerciantes, prostitutas, panaderos, floristas, médicos, abogados, maestros... Ya fueran más o menos ricos, más o menos estirados, más o menos atractivos. Todo el mundo era sujeto de interés y de creación literaria a sus ojos naturalistas. Ante la enorme cantidad de escritos, el propio Balzac no dudó en clasificarlos en tres categorías: Estudios morales, Estudios filosóficos y Estudios analíticos. Más que nada para hacer más accesibles sus textos a quienes quisieran ahondar en ellos. En el caso de La falsa amante, que vio la luz en 1841 en un periódico, pertenece a los Estudios morales - incluyéndose posteriormente y tras la muerte del autor, a su vez en una subcategoría titulada "Estudios de la vida privada" - siendo asignada el número 13 en la clasificación general de La Comedia Humana. También es importante señalar la muy posible carga autobiográfica que posee este pequeño texto, ya que como se desvela en su sinopsis, parece que Balzac lo escribió en un momento de grandes desavenencias con Madame Hanska, su amante y futura esposa. De nuevo, biografía y literatura al servicio de un lector que debe o bien asumir dicha historia o bien otorgarle un aura de leyenda al rededor de la figura de Balzac. Aunque os confieso que la disfrutaréis más si pensáis que dichas disputas amatorias fueron reales, sobre todo si os gusta el salseo tanto como a mi. 


Ambientada durante los años treinta del siglo XIX, con el telón de la Monarquía de Julio y con el regreso de los exiliados polacos a la capital francesa, La falsa amante cuenta en muy pocas páginas un triangulo amoroso de manual. El compuesto por el conde Adam Mitgislas - un joven feo perteneciente a una dinastía de rancio abolengo y muy aficionado al juego - Clémentine Rouvre - rica heredera y esposa de Adam - y Tadeusz Paz - el administrador del conde enamorado en secreto de Clémentine -. La trama arranca tarde, aunque es delicioso apreciar el detallismo con el que Balzac describe la decadencia de los salones aristocráticos parisinos, tanto que en ocasiones conseguía acariciar con la punta de los dedos el arcaico mobiliario de aquellos lugares o escuchar avivados debates entorno a la política y la economía francesa. No es hasta el regreso de Adam y Cleméntine del fastuoso viaje de novios - para eso vienen de familias de bien - cuando la historia cobra interés al hacer acto de presencia Tadeusz. Justo la pieza que faltaba para que el cuento no se cayese con todo el equipo en tan pocas páginas leídas. Tadeusz, y sus sentimientos ocultos hacia la joven condesa, no olvidemos, esposa de su amigo y principal cliente al que ha sacado de más de un apuro económico y cuya presencia había sido ocultada deliberadamente a Clémentine por parte de Adam, será la chispa que prenda la narración. Una llama que se avivará en el momento en el que Tadeusz finja tener una amante para jugar con los sentimientos de Clémentine a la vez que no levantar sospechas en el juerguista Adam. Haciéndola más interesante, amena y en ocasiones adictiva. Me sorprende usar la palabra "amena" asociada a Balzac, ya que en general Balzac era de todo menos ameno. Bien lo demuestran sus novelas más extensas, algo que por el contrario no sucede en sus obras más cortas. De hecho, personalmente me gusta más el Balzac breve, ya que en ellas parece crecer en ingenio y en la fina ironía que lo caracteriza. Su pluma culta, sublime se eleva hasta alcanzar un lenguaje digno de admirar y del que todas y todos deberíamos aprender, aunque sea para imaginarnos llegar algún día a estar a su altura literariamente hablando, algo a todas luces imposible. Con todo esto, lo que podría haber sido un folletín excesivamente azucarado en manos de un escritor mediocre, Balzac lo eleva a una categoría superior, donde la universalidad del amor es el eje central y en el que, más allá de ser una divertida comedia de enredo - con un exquisito toque glamouroso - de ella se desprenden críticas a los comportamientos de una aristocracia en horas bajas, la decadencia de los valores revolucionarios o la cultura del chismorreo que no distingue ni de personas ni de clases sociales. Por no hablar de sus constantes referencias a la Divina Comedia de Dante Alighieri, del que el propio Balzac era un grandísimo admirador, que riegan de principio a fin la novela. No es sin duda la mejor novela que he leído de él, pero sí una de las que más he disfrutado, sobre todo antes de que el mundo se paralizase a nuestro al rededor de la noche a la mañana. A partir de ahí, pocas veces me atreví con una novela de amor, no quería que sus personajes me recordasen lo mucho que echaba de menos a mi pareja. Hoy vuelvo a ellos, con cautela, sin hacerme muchas ilusiones, sin creérmelos demasiado, pero el hormigueo y el calor en el estómago asoman desde el umbral, esperando que les deje pasar con todas las precauciones del mundo. 

La falsa amante: una historia de amor, pasión, sentimientos ocultos, mentiras para aparentar, salones parisinos, música clásica, poderío... Una novela que convierte lo típico en algo más profundo e intelectual. 

Frases o párrafos favoritos: 

"El enamorado de Clémentine se encontraba como en el fondo de uno de los abismos descritos por Aliguieri."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Ediciones Invisibles

martes, 10 de marzo de 2020

RESEÑA: La tierra de poca lluvia.

LA TIERRA DE POCA LLUVIA

Título: La tierra de poca lluvia.

Autora: Mary Huner Austin (1868-1934) fue novelista, dramaturga, poeta y una pionera del movimiento feminista y de los derechos de las minorías indígenas de Norteamérica. Figura destacada de la literatura de su tiempo, entre sus amigos se contaron Ambrose Bierce, Jack London y Sinclair Lewis. Además de La tierra de poca lluvia, considerado un clásico en su género, escribió obras como The basket woman y The arrow maker, centradas en la vida de las tribus indias. Su libro Taos pueblo, que incluye fotografías de Ansel Adams y del que se lanzó una reducida tirada de poco más de cien copias, es hoy una apreciada rareza bibliográfica. La tierra de poca lluvia fue adaptada a la televisión en 1989, con Helen Hunt como protagonista. (Fuente: Hermida Editores).


Editorial: Hermida Editores.

Idioma: ingles.

Traductor: José Luis Piquero.

Sinopsis: la sensibilidad de Mary Hunter Austin ha sido comparada con la de Thoreau, Muir o Edward Abbey, quien prologa una de las ediciones americanas del libro. Su exquisito lenguaje da vida a una espiritualidad centrada en la tierra, siendo precursora en la opinión de que el paisaje es esencialmente femenino: fértil y generoso, seductor y hechicero. Las mujeres sobreviven en un territorio dominado por una naturaleza ingobernable. Austin nos describe a una mujer para la que es más fácil vivir sin marido que lo previsto por las convenciones sociales. Leyendas de minas de oro y otras como las del Hassaympa, que consigue que quien bebe de sus aguas vea los hechos bajo el prisma romántico, y del que la misma autora bebió en dos ocasiones. La enseñanza que podemos extraer del libro es que quien sea capaz de vivir en estos paisajes que parecen desolados descubre que las míseras preocupaciones del mundo civilizado no tienen importancia. 

Su lectura me ha parecido: profunda, bella, estilísticamente concreta, estética, única, íntima, observadora, ecologista, pionera, una joya dentro del "Natural Writing"... Existe en el mundo un lugar bautizado con el terrible nombre de el "Valle de la Muerte". Y a juzgar por las imágenes que aparecen en el buscador de Google, al instante comprendes por qué se llama así.  No, no es el lugar en el que habita Lucifer en persona - aunque bien podría - ni estamos ante una especie de volcán expulsando furiosa lava de su cráter. De hecho, según como se mire, se podría considerar una belleza a ojos del ser humano a pesar de su abrasador aspecto. Ubicado al sureste de California, el Valle de la Muerte tiene el dudoso honor de poseer dos de los desiertos - el de Mojave y el de Colorado - más áridos de los Estados Unidos, siendo su punto más alto el Telescope Peak ( a 3,366 metros). No muy lejos de allí fluye el río Amargosa, albergando una pequeña depresión llamada Badwater, que con 86 metros por debajo del nivel del mar se convierte en el punto más bajo de Norteamérica. Desde hace siglos sus tierras son el hogar de la tribu de nativos americanos Timbisha, cuyo nombre hace referencia al ocre rojo que se puede elaborar a partir de una arcilla muy abundante en el lugar. Actualmente algunas familias pertenecientes a esta tribu siguen viviendo allí, aunque desposeídas de su forma de vida tradicional. La historia del Valle de la Muerte es trágica, ya que en sus tierras perecieron muchos pioneros que, movidos por la famosa fiebre del oro, en su intento por incursionar en él. En 1850, y tras haber extraído tanto oro como plata, se descubrió el Bórax - imprescindible para la fabricación, décadas más tarde, de detergentes y pesticidas así como en la industria joyera - y desde entonces no se ha dejado de explotar la zona. Aunque hay informes que lo desmienten, se dice que el 10 de julio de 1913 con una temperatura de 134 grados se convirtió en el lugar más caliente de la tierra. Verdad o no, a día de hoy todavía no ha habido ningún lugar que haya sobrepasado dicha escalofriante marca, aunque tiempo al tiempo. Por otro lado, y no menos importante, el Valle de la Muerte ha sido escenario de numerosas películas y morada de La Familia Manson desde que en 1968 ocuparon dos ranchos abandonados en sus alrededores. Sin embargo, entre todo este anecdotario cabría mencionar a la escritora Mary Hunter Austin, cuyo libro tengo hoy el placer de reseñar, mira al valle desde una perspectiva naturalista, social y de género. Muy en consonancia con su actitud adelantada para su época y con la propia idiosincrasia del paisaje. La tierra de poca lluvia: un cielo inmenso sobre el "País de las Fronteras Perdidas".


Desde hace unos años lo que hoy conocemos como "Nature Writing" - o literatura sobre naturaleza - se ha convertido en un pilar fundamental de toda librería que se precie. Un género literario de origen puramente norteamericano (inspirado en las diferentes investigaciones de carácter antropológico y biológico que estaban teniendo lugar en Inglaterra) que desde mediados de siglo XVIII no ha dejado de dar a luz algunos de los textos más influyentes de los últimos tiempos. Toda una paradoja si tenemos en cuenta que actualmente Estados Unidos es uno de los países más contaminantes del mundo y cuyo presidente niega rotundamente la existencia del cambio climático. Incoherencias históricas a parte, lo que está claro es que la preocupación por el medio ambiente, así como la reflexión en torno a la búsqueda de sociedades utópicas en las que el ser humano convive con la naturaleza en plena harmonía, tuvieron gran repercusión, siendo el siglo XIX el momento en el que esta primera ola del "Nature Wtriting" traspasaría fronteras. Sin duda, el Walden de Henry David Thoreau fue y sigue siendo el libro más famoso de esta corriente literaria y durante años el modelo que autores y autoras tomaron como referente. En él, su autor narra los dos años, dos meses y dos días que vivió en una cabaña construida por él mismo y próxima al lago Walden - de ahí el título del libro - . Con esta existencia tan solitaria, sostenible y libre, Thoreau pretendió reflejar varias cosas: por un lado, demostrar que la vida en la naturaleza es la mejor para todo aquel que ansíe con liberarse de las cadenas de una sociedad industrial, y por el otro, concienciar de la importancia de los recursos naturales así como de su correcto aprovechamiento. Con Walden, Thoreau se adelantó un siglo a las primeras protestas ecologistas al calor del movimiento contrario a la Guerra de Vietnam y el movimiento Hippie. Quién le iba a decir que 161 años después una joven llamada Greta Thunberg asistiría a las cumbres climáticas para exigir a los líderes de las potencias mundiales medidas urgentes para combatir el cambio climático. Unas medidas que por supuesto, parten de Thoreau y de tantos otros autores que introdujeron por primera vez términos como reciclaje o economía colaborativa. Sin embargo, como siempre sucede, son pocas las autoras que nos han llegado del pasado que como Thoreau, Emerson y tantos otros se preocuparon por la sostenibilidad y de ofrecer una visión más o menos atractiva de la vida en el campo. Y de entre todas ellas, el caso de Mary Hunter Austin se revela como uno de los más particulares, no sólo por ensalzar la belleza de un lugar en el que muy pocos querrían vivir, también por hacerlo desde una mirada femenina y comprometida con los derechos tanto de las mujeres como de los nativos americanos.


Mary Huner Austin, además de codearse con escritores de la talla de H.G. Wells o Jack London entre otros, dedicó toda su vida al estudio de la vida de los nativos americanos en los distintos desiertos de California. Una pasión intelectual que le llevó a instalarse durante gran parte de su biografía en el ya citado Valle de la Muerte y que plasmó en distintas obras - las cuales esperemos que sean traducidas al español más pronto que tarde - entre las que sobresale La tierra de poca lluvia. Es en medio de la suave arena del desierto de Mojave, las montañas de roca rojiza, los vestigios de la ocupación por parte de los colonos y las distintas leyendas que sobrevuelan el lugar donde Austin sitúa al lector, haciéndole partícipe del paisaje y de su extrema climatología. Muchos han definido este libro como un acto de amor hacia la naturaleza y las distintas formas de acercarse a ella, y sinceramente, creo que en esta ocasión han dado en el clavo porque, más allá de un estilo que bascula entre lo pragmático y lo poético, Austin consigue que nada más finalizar su lectura nos entren ganas de comprar unos billetes y viajar a la California más desconocida. Esa en la que las mansiones, las hamburgueserías, los estudios de cine o las estrellas de un kilométrico paseo no tendrían cabida. Más bien estorbarían, viciarían, en definitiva, estropearían un lugar ya de por sí mágico sin necesidad de focos o efectos especiales. A través de los ojos de Austin observamos el sol posarse sobre las montañas (y esos tonos anaranjados y azulados que la tenue luz deja a su paso). Morimos de calor en pleno desierto mientras la arena se eleva sobre nuestros pies. Saludamos al viento - protagonista de estos textos - mientras sentimos su suave movimiento acariciando nuestras mejillas. Atisbamos, a lo lejos, una pequeña casa de madera en medio de la nada (seguramente levantada durante la fiebre del oro que consumió a más de un aventurero). Nos dejamos aconsejar y guiar por sus ancestrales habitantes de los cuales, esta vez sí, no podemos evitar fiarnos a pies juntillas. Aprendemos de su cultura, de sus oficios, de sus paseos, hasta de como se teje un cesto. Si hasta el tejón se convierte en uno más de la familia. Esta familia llamada biosfera. Sin embargo, no todo es bello en el gran desierto. En él también hay sombras, inconvenientes, piedras en el camino y, en ocasiones, un ambiente extraordinariamente sórdido. Consciente de sus conocimientos, Austin no pone éstos a disposición de la imaginación del lector, sino que en sus catorce píldoras literarias - en las que se alterna el relato y el ensayo - lo terrenal se antepone a lo sublime. La autora no se inventa un lugar, ni siquiera trata de hacerlo más atractivo de lo que en realidad es, simplemente pone las cartas sobre la mesa. Y aunque el poso de la leyenda nos nuble a veces el entendimiento, no debemos olvidar que es uno de los lugares más secos del planeta, y que por tanto, esos billetes debemos comprarlos con conocimiento. Tal y como dicta el sentido común, tal y como querría la propia Mary Hunter Austin.


Leyendo La tierra de poca lluvia no pude evitar acordarme del personaje de Ada McGrath - bellísimamente interpretado por Holly Hunter - en la película El Piano. En ella, el espectador es testigo de una serie de escenas exuberantes tanto por su hermosura como por el papel que juega la naturaleza autóctona en el significado intrínseco de la cinta. En ellas, vemos a Ada McGarth y a su hija Flora - a quien da vida Anna Paquin - como son llevadas en volandas por los marineros hasta llegar a la orilla de una remota playa de Nueva Zelanda. Una vez allí, ambas deben esperar a que un grupo de trabajadores del que será el futuro marido de Ada vayan en su ayuda, ya que la agreste orografía hace imposible el traslado de sus pertenecias. Haciendo uso de los hierros que abultan sus enormes faldas, consiguen construir un refugio en el que poder pasar la noche. No debemos olvidar que la película está ambientada en el siglo XIX, por lo que la moda de la mujer de dicha época era bastante llamativa y compleja. Si avanzamos en su visionado, observamos como los árboles en ocasiones actúan como protectores y obstáculos al mismo tiempo. Como la playa - y sobre todo el piano que en ella habita por culpa del marido de Ada - simboliza la libertad. Como las raíces dificultan sus pasos. Como las montañas ejercen un poder intimidatorio sobre sus nuevos huéspedes. Como el barro se aferra a los pies manchándolos e inmovilizando su huida cuando el peligro acecha tras el filo del hacha. Como los aborígenes neozelandeses - cuya presencia a lo largo de la película es notoria - son de los pocos que saben domar a la hostil flora y fauna. Y por supuesto, como la profundidad de sus aguas son capaces de llevarse consigo lo que más apreciamos, tanto si estamos de acuerdo como si no. Las cordilleras, los lagos, los bosques... Todo juega en contra de las mujeres. Al menos en lo que a convivencia con dicho paisaje se refiere, ya que hasta hace poco a nosotras no se nos solía educar para que las escalemos, los naveguemos o los atravesemos. Calladitas, modositas y serviles. Así de simple. Como Ada en El Piano. Un personaje que representa el lado más extremo de este opresor patriarcado (la pobre ni siquiera es capaz de articular palabra además de sufrir constantemente una doble represión: la artística y la sexual). De ahí que durante siglos fuesen pocas las que se atreviesen a subir las grandes montañas, recorrer las rutas más largas del mundo o que simplemente se asentasen en aquellos lugares impensables por estar desprovistos de las comodidades que ofrecen las pequeñas y grandes ciudades. A esas, muchos las tildaban de locas o simplemente eran consideradas hombres pues se lanzaban a la aventura en un mundo en el que eran una pequeña minoría. Por fortuna, las cosas han cambiado, hasta el punto de que ya no se nos hace raro encontrarnos mujeres en grupos senderistas o entrenando para subir al Everest. En ese sentido, por las pioneras y por las que vivieron al margen de los dictados de la sociedad machista de su tiempo en lugares impensables, debemos acercarnos a ellas, a figuras como la de Mary Huner Austin, cuyo ejemplo puede dar alas a futuras intelectuales, biólogas, aventureras, escritoras o simplemente amantes del maravilloso espectáculo que la naturaleza nos brinda todos los días del año. Y todo ello sin necesidad de tener una pantalla delante.

La tierra de poca lluvia: catorce historias de aprendizaje, feminismo, dificultades, acantilados, animales salvajes, aridez, etnología, orígenes, virtudes, peligros... Un libro que querrás llevarte a todas partes, hasta los lugares más impredecibles.

Frases o párrafos favoritos:

"Una tierra de ríos perdidos, con muy poco en ella que se pueda amar; pero una tierra a la que, una vez que se visita, hay que volver inevitablemente. Si no fuera así, poco habría que decir de ella".

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores

martes, 11 de febrero de 2020

RESEÑA: Al faro.

AL FARO
Título: La señora Dalloway.

Autora: Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas), el feminista (Una habitación propia), la biografía (Roger Fry) y sendos volúmenes de cuentos. También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semificticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luis López Muñoz.

Sinopsis: Virginia Woolf (1882-1941) encontró en la amalgama de sentimientos, pensamientos y emociones que es la subjetividad el material idóneo para alumbrar su obra literaria. Basada en los recuerdos infantiles de los veranos que la autora pasó en la costa de Cornualles y centrada en la figura de una mujer, la señora Ramsay, Al faro (1927) gira en torno al tema de la inexorabilidad del paso del tiempo y a la contraposición entre el orden y el caos. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: compleja, densísima, muy exigente, hermosa, carente de acción, desbordante de poesía, con ausencia de diálogos, en donde lo importante no es el qué sino el cómo, una de las novelas más brillantes de su autora... Además de la belleza agreste de Islandia, otro lugar que he descubierto recientemente navegando por el Google - el barco/avión para los pobres - han sido Las Hébridas, y en concreto, la conocida como Isla de Skye. Para situarnos un poco geográficamente en el mapa os comento que nos tenemos que situar en el noroeste de Escocia, en esa amalgama de islas que rara vez se les presta atención y que, sin embargo, han formado parte del paisaje natural de infinidad de series y películas. Un territorio mágico que posee la superficie más montañosa del país, incluyendo Cuillin - una espectacular y rocosa cordillera de origen volcánico - diversas penínsulas, así como pequeñas islas - Rona, Raasay, Scalplay y Soay - las cuales se sitúan a su alrededor. La Isla de Skye posee, además, un importante patrimonio histórico-artístico compuesto por castillos, antiguas mansiones y las pequeñas zonas habitadas (aunque sin duda Potree es la más pintoresca de todas), por no habar de sus yacimientos arqueológicos de la época mesolítica. La isla ha sido testigo de asentamientos de cazadores recolectores, de migraciones, de hambrunas y del nacimiento de clanes que habitaban en lugares como el Dungevan Castle o el Armadale Castle (este último morada del clan Donald, uno de los más poderosos durante el siglo XVIII). Por último, el lugar ha estado siempre unido a la mitología y a las historias ancestrales, lo cual ha servido de inspiración para dos creaciones literarias de desigual popularidad. La primera se trata de la canción tradicional The Skye Boat Song basada en la huida de Carlos Eduardo - jacobita y descendiente de la casa Estuardo -. La segunda, inspirada en los veranos de su infancia y haciendo referencia al famoso faro de Neist Point - construido en el año 1909 y situado en una imposible lengua de tierra que antaño se consideraba el fin del mundo - Virgninia Woolf escribió su novela más profunda, introspectiva y brillante. Digna de un Premio Nobel al cual, por supuesto, ni siquiera optó. Al faro: la introspección y el paso del tiempo como metáforas crepusculares.


   Leer a Virginia Woolf es un placer, un privilegio, pero también un reto. Ya no sólo por la trascendencia de su persona y biografía en la historia de la literatura universal, también por el hecho de que la mayoría de sus libros se mueven en unas cotas formales y de estilo extraordinariamente elevadas. Y por supuesto, sin olvidarnos del hecho de que en cada uno de ellos, la autora británica hace un despliegue de reflexiones y debates muy pertinentes en la época en la que vieron la luz. Unos más amoldados a las preocupaciones que ya manifestaban otras autoras o autores coetáneos y otros - sobre todo los que tienen más que ver con el feminismo, y más en concreto con la identidad sexual y de género - se adelantaron décadas y casi un siglo a los discursos y reivindicaciones ahora de tan candente actualidad. El mundo de principios del siglo XX era testigo del nacimiento, iniciación y consagración de una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. Sin embargo, y a pesar de que ya tenía en su haber novelas como Fin del viaje (1915) o La señora Dalloway (1927) - esta última un claro ejemplo de la construcción de personajes femeninos potentes así como de la aglutinación del debate entorno al cambio de era - a Woolf le faltaba ese libro que por fin la consagrase en el olimpo literario. El hito llegó tan sólo dos años después gracias al perfeccionamiento de su prosa ya impecable de por si y tras haber encontrado la inspiración que necesitaba en sus más felices recuerdos de la infancia. Esos en los que una niña llamada Virginia Stephen - apellido de soltera - correteaba por la playa de St Ives (Cornualles) y pasaba los veranos en Talland House junto a sus padres y hermanos con vistas a Porthminster, y sobre todo, al faro de Godrevy. De todo ese paisaje y de la tradición modernista de Proust y Joyce - del cual Woolf era una gran admiradora - caracterizada por relegar la trama de la novela a un segundo plano en favor de la belleza de la prosa se empapó y se puso a escribir, dando como resultado en mayo de 1927 la novela que le abriría, por fin, las puertas de la eternidad. Al faro - título explícito y metafórico al mismo tiempo - fue considerada por la crítica de su momento como una originalidad dentro del panorama literario de la época al usar recursos propios de la poesía nunca antes aplicados en el género novelístico. Dejando de este modo un abrumador poso de belleza estilística y un ancho margen para la introspección filosófica. Un año más tarde, Virginia Woolf iría un paso más allá con Orlando, su novela más original, experimental y extraordinariamente avanzada a su tiempo al plantear la transformación de un hombre a mujer a lo largo de varios siglos. Sin embargo, si hay una novela que marca un antes y un después en la carrera de Woolf y por extensión en la historia de la literatura esa es Al faro.


   No os voy a mentir, Al faro es hasta el momento la novela más difícil de Virginia Woolf. La más pesada, la más intimista y en ocasiones la más aburrida que he leído hasta la fecha. Y sin embargo, al mismo tiempo, cuando por fin - y recalco lo del "por fin" con cierto alivio - consigues llegar a la última página sientes algo parecido a cuando finalizas la lectura de Hamlet, Madame Bovary, La metamorfosis o el Infierno de la Divina Comedia por citar algunos ejemplos. Dicho de otra forma: da igual si lo que has leído lo has entendido o no, da lo mismo si ese camino recorrido ha resultado un suplicio, nada importa, porque acabas de dejar atrás una novela de las que hacen historia, de las que marcan época, y en este caso concreto, de las que por si fuera poco representan una doble revolución. La del estilo y la del feminismo, porque no debemos olvidar que Virginia Woolf fue una pionera en la reivindicación, a través de la literatura, de la identidad femenina, de su independencia económica y de su papel en el ámbito de la escritura. Se que hay obras que aunque consideradas clásicos, lamentablemente, no han sobrevivido al paso del tiempo. Ya sea por su farragoso estilo, por los desfasados debates que esta plantea o porque simplemente, en el mundo actual, no consigue encontrar su hueco. Sin embargo, en el caso de Al faro - por muy tortuosa que sea  - su influencia y vigencia no deja de sorprender a viejos y a nuevos lectores que se acercan por primera vez a ella. Adentrándonos en la crítica propiamente dicha, y tras la advertencia al inicio del presente párrafo, diremos que la quinta novela de Virginia Woolf cuenta los pensamientos y observaciones - que no historia - de la familia Ramsay en el intervalo de diez años separados en tres partes bien diferenciadas. Remarco lo de pensamientos y observaciones porque Al faro, como buena novela modernista, da prioridad al estilo que a la trama. De hecho, no podemos hablar de una novela plagada de acciones o de diálogos, al contrario, la poca preocupación por trazar una línea argumental más profunda y la ausencia de conversaciones entre los personajes hacen que en ocasiones el lector se pierda, se frustre o incluso que acabe abandonando la lectura. Por eso, y en contra de los "fastbooks" tan habituales en las librerías de hoy en día, la lectura de Al faro debe ser reposada, calmada, sin agobios, sin pretensiones de acabarla en el menor tiempo posible. Si por el contrario nos tomamos a Virginia Woolf como una autora de fácil digestión contribuiremos, desgraciadamente, a que su literatura se olvide o se convierta en la pesadilla de millones de lectores al rededor del mundo. Si no hemos entendido algo, no debe ser motivo para sulfurarnos, sino una oportunidad para regresar a esa página, a ese párrafo o a esa palabra y realizar una segunda lectura. Seguro que entonces aprenderemos algo nuevo, o no, pero nunca lo sabrás si no lo intentas.


   A pesar de esa intención por parte de la autora de hacernos más partícipes de la reflexión que de los avances de una trama casi inexistente, Woolf si que consigue introducirte en el contexto - principios de siglo XX - y en los pensamientos que definieron una época. La familia Ramsay, con sus tensiones familiares y la imagen del faro como promesa incumplida, representa la pérdida de la subjetividad, el problema de la percepción y un ejemplo de desintegración paulatina ya manifiesta en la primera parte de la novela y siendo más evidente a medida que avanzan los años. Además, el libro enfatiza hasta la saciedad en la importancia de las emociones infantiles, en esos primigenios sentimientos que nacen entre juegos y decepciones que las niñas y los niños no saben muy bien como encajarlas la primera vez que les asaltan. Tal vez uno de los temas que más le preocupan a la propia Woolf es precisamente ese, el de una mirada desposeída de crueldad y pensamientos malsanos envuelta en un paisaje - adoro sus poéticas descripciones sobre la Isla de Skye - idílico y en el que todavía queda hueco para la inocencia en un mundo a punto de venirse abajo. De ahí que, posteriormente, incida en esa transición, en ocasiones traumática, a la vida adulta. Ese ecosistema viciado en el que los sentimientos duelen tras una ardua batalla. Nadie te prepara para ello, no existe una asignatura en el colegio, surge solo, sin que nos demos cuenta, es innato. Aunque como todo haya veces en las que entra a la fuerza, sin previo aviso y sin que nosotras/os queramos. En ese sentido he creído atisbar algunos tintes autobiográficos más allá de sus baños en el mar Céltico. Como si pudiese observar, a lo lejos, esas imágenes que tanto la inspirarían, antesala, por supuesto, de sus primeras depresiones. Las mismas que años más tarde se agudizarían hasta acabar prematuramente con su vida bajo las aguas del río Ourse. Más allá de lo evidente, Al faro explora y se sumerge en el fondo de una sociedad - aunque lo más conveniente sería referirse al término "nación" - a punto de vivir la Primera Guerra Mundial, recordemos, uno de los episodios más impactantes y sangrientos donde la estupidez y la locura convergieron prolongándose en la cabeza de quienes la sufrieron. Aquí no hay soldados retornados, ni historias truculentas del campo de batalla, pero sí las consecuencias morales que para Reino Unido significó la contienda. Preludio, conflicto y esperanza. Así se podrían titular las tres partes de la novela. Una primera en la que se nos muestra el clima de tensión entre la señora y el Señor Ramsay, en la que más se observan las desigualdades de género y en la que Lily Briscoe - amiga de la familia - empieza a retratar a la señora Ramsay y a su hijo James en medio de inseguridades y un mar de dudas. Una segunda inundada por la oscuridad de la guerra, el destino trágico de algunos de sus personajes y la necesidad de otorgar un sentido al tiempo, a la ausencia y por supuesto a la muerte. Por último, en su tercera parte, y tras diez años después de los acontecimientos relatados en la primera parte, la familia visita por primera vez el faro - una década antes ese mismo deseo expresado por la señora Ramsay le es negado - al tiempo que Lily acaba su obra con más seguridad y confianza que al inicio. Al faro podría leerse como una reivindicación feminista o un retrato de una sociedad hoy inexistente, pero en mi opinión, pienso que por encima de todo ello, la novela de Woolf es una oda al paso del tiempo y al valor que cada uno y de forma subjetiva le damos a dichos acontecimientos que dejamos atrás. Un tiempo que se pone en marcha, que se acelera, que se paraliza con la guerra y que posteriormente vuelve a avanzar hacia el horizonte, hacia ese faro en medio de la nada, hacia esa promesa incumplida en un intento por retroceder y enmendar los errores.

Al faro: una historia de pensamientos, opiniones, quebrantos, paisajes de ensueño, guerra, reflexiones filosóficas, infancia, madurez, creatividad en tiempos de crisis... Una novela en la que las manecillas del reloj parecen jugar, a su antojo, con las emociones del lector.



Frases o párrafos favoritos:

"Comenzaba a sentir ese agobio que produce la repetición de una misma vida cuando ningún interés la encauza y ninguna esperanza la sostiene."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Reseña: María Estuardo.

MARÍA ESTUARDO

Título: María Estuardo.

Autor: Alexandre Dumas (1802-1870) fue uno de los autores más populares en la Francia del siglo XIX. Siguiendo los pasos de su padre, un general aristócrata, a los catorce años ingresó en la academia militar para después enrolarse en el ejercito. Polígrafo, viajero y vividor incombustible, cultivó diversos géneros, de la literatura fantástica y de terror a la novela histórica y de aventuras, pasando por los libros de viajes. Sus novelas más emblemáticas, El conde de Montecristo (1844) y Los tres mosqueteros (1846), aparecieron originalmente como folletines, y desde entonces no han dejado de entretener a generaciones sucesivas de lectores. Entre 1839 y 1841, Dumas publicó, en colaboración con otros autores, la serie de dieciocho volúmenes "Crímenes célebres", de la que forma parte María Estuardo. (Fuente: Editorial).


Editorial: Gatopardo.

Idioma: francés.

Traductora: Teresa Clavel.

Sinopsis: "Hay, entre los reyes, nombres predestinados al infortunio", se nos advierte al inicio de este libro. En la Escocia del siglo XVI, el máximo exponente de esta sentencia fue la reina María Estuardo, cuya trágica y novelesca vida inspiró a Alexandre Dumas para escribir esta biografía. Inteligente, culta y de una belleza hechizante, la joven María Estuardo se educó en la corte de Francia, donde se le auguraba un futuro brillante. Sin embargo, su vida fue un sinfín de calamidades desde su regreso a Escocia para hacerse cargo del trono hasta su prolongada caída en desgracia: abdicación, exilio, cautiverio y muerte por decapitación en el castillo de Fotheringhay, tras ser acusada de planear el asesinato de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra. Desde entonces, la figura de María Estuardo no ha dejado de ser objeto de interpretaciones ambivalentes: adúltera e instigadora de asesinatos, valiente defensora del catolicismo en un país desgarrado por las guerras de religión, víctima heroica de intrigas políticas y juegos de poder, mujer de pasiones turbulentas que no supo pacificar su propio reino.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, curiosa, estupendamente documentada, inminentemente novelesca, perfecta para acercarse por primera vez al personaje histórico, fundamental para quienes ya tengan un bagaje al respecto, muy de consumo rápido, en ocasiones hasta adictiva... La primera vez que supe de ella fue gracias a mi autodidacta formación en Historia Moderna a través de los dosieres de la Muy Historia - ojalá no desaparezcáis nunca - durante mis años de instituto. ¿La razón? Tuve un profesor que en lugar de avanzar con el temario se quedó obnubilado con los elementos de tortura de la inquisición medieval (hice un trabajo de uno en concreto al que apodaron "la pera" y desde entonces sigo espantándome como el primer día). La primera vez que la vi en pantalla grande fue en Elizabeth. La Edad de Oro. Fue muy fugaz, tanto que ni siquiera en ese momento me percaté de que era ella. De hecho, me es imposible recordar que actriz tuvo el honor de interpretarla, al menos durante unos minutos. La culpable de esta injusticia fue Cate Blanchet, que con su soberbia interpretación de Isabel I eclipsaba a cualquier otro personaje. Así que estaba totalmente justificado. La segunda vez fue en una clase de Historia Moderna Universal, asignatura que repetí aquel año y que me tocó recuperar en horario de tardes. No conseguí reconciliarme con la materia, ni con la época, pero sí apreciar una de las mejores interpretaciones que he visto hasta la fecha de la mano de la grandiosa Katherine Hepburn. La primera vez vi a una actriz interpretarla en la pequeña pantalla no hace mucho, en 2016, cuando en Televisión Española emitió los capítulos de una serie llamada "Reinas" producida por José Luis Moreno en la que contaban la rivalidad entre ella e Isabel I. Totalmente prescindible y mala hasta decir basta. Tengo pendiente ver la última adaptación cinematográfica en la que se baten en un duelo interpretativo Saroise Ronan y Margot Robbie. Aunque con todos mis respetos yo estaría en el bando de la que ha sido capaz de interpretar a Harley Quinn, darle una bofetada a Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street o dar vida a la polémica patinadora Tonya Harding - ¿y el Oscar pa cuando? -. Por último, la primera y por el momento única vez que la vi - sí, aunque fuera bajo un bellísimo sarcófago de piedra tallada y esculpida - fue durante mi último viaje a la capital británica en el que tuve el privilegio de visitar la Abadía de Westminster. Sin duda, fue uno de los momentos más emocionantes de dicho recorrido, además de los más irónicos. La justicia divina - o Jacobo I de Inglaterra - quiso que los huesos de su madre reposasen junto a los de su prima Isabel I, con la que estuvo en guerra y que finalmente resultó ser su verdugo, la que dio la orden de encerrarla y mandarla decapitar. Si eso no es mala leche o karma yo no sé lo que es. En definitiva, hoy me pongo mis mejores galas y activo mi faceta como historiadora para hablaros de un personaje apasionante, de esos que consiguen hacer que ames la historia. Pero también de un autor al cual he conseguido, por fin, perderle el miedo. María Estuardo: la biografía al servicio de lo novelístico y el "salseo" de la época.

   Sí, este es el primer libro que leo de Dumas. Sí, sé que es un delito no haberme adentrado en su literatura antes. Y cuando digo antes es cuando era adolescente. Creedme, no estoy diciendo ninguna locura, ya que con Alexandre Dumas se ha educado la generación de nuestros padres. Ellos querían formar parte de los tres mosqueteros o se pasaban horas y horas leyendo y siguiendo minuto a minuto la venganza de Edmundo Dantés. Como si de una serie de televisión se tratase. Sin embargo, cuando alcancé la edad de descubrirlo por vez primera, el volumen de sus páginas me disuadió, tanto que durante años lo evité, como la peste, como una peligrosa alergia. Menos mal que la historia en primer término y después esa maravillosa asignatura de Literatura Universal en Segundo de Bachiller me abrieron los ojos, consiguiendo que me reconciliase con eso que llaman "clásicos", los cuales, tiempo atrás, había huido despavorida. ¡Que estúpida fui! Si alguien, cuando tenía quince años, me hubiera dicho que las novelas de Alexandre Dumas duran un suspiro entre los dedos de las manos, si alguien me hubiera aconsejado leer sus libros porque, y es cierto, su endiablado ritmo te atrapa desde el minuto uno. Si alguien me hubiese despejado la cabeza de prejuicios y me hubiera insistido, probablemente hoy Alexandre Dumas sería uno de mis autores favoritos. No obstante, y haciendo honor al dicho "más vale tarde que nunca" me puse hace unos meses las pilas con el autor francés de la mano de su faceta menos conocida pero enormemente apasionante. La del Alexandre Dumas biógrafo. En concreto, del Alexandre Dumas biógrafo de grandes personajes de la historia como lo fue María Estuardo. Según he podido investigar, la novela que hoy reseño, forma parte de una colección de 18 volúmenes que, bajo el título "Crímenes celebres", pretendían contar la vida de, por un lado, los criminales más famosos de la historia, y por otro lado, la de aquellos hombres y mujeres que, por circunstancias excepcionales, acabaron sus días asesinados o ejecutados. Dicha antología se publicó entre 1839 y 1841 por la editorial parisina Rue Louis le Grand, siendo traducida al español en 1858. A pesar de que a día de hoy hay varios estudios que ponen en duda la autoría de Dumas respecto a algunos relatos - los cuales, al parecer, se fraguaron a base de colaboraciones que el propio autor francés no reconoció desde su privilegiada posición de editor - "Crímenes célebres" perseguía dos objetivos. El primero, a base de una exhaustiva documentación judicial y con un estilo sencillo, acercar las historias de estos personajes ligados al crimen o a la tragedia a los lectores menos académicos. Y el segundo, satisfacer las exigencias de un público cada vez más ávido de sucesos sangrientos y de villanos convertidos en héroes. Estamos en plena era del Penny Dreadful, y Alexandre Dumas quiso sumarse a la moda. No obstante, y a diferencia de los ecos del ficticio y gore Sweeney Tood cuya influencia cruzó el Canal de la Mancha, "Crímenes célebres" tienen un poso bibliográfico nada desdeñable, aunque su principal objetivo era lucrarse y saciar el ansia capitalista de la época.

   En ese sentido el volumen de María Estuardo podría encajar perfectamente en la segunda categoría de la colección, esa en la que Dumas quiso otorgar a los finales trágicos - y con litros de sangre - su especial protagonismo. Y, sinceramente, no podría haber elegido mejor personaje histórico. Como bien sabréis - y si no os lo cuento a continuación - María Estuardo (1542-1587) hija de Jacobo V de Escocia y María de Gisa, sucedió en el trono a su padres con a penas seis días de vida. Pasó parte de su infancia en Francia, donde se casó con Francisco II y esperó pacientemente a su mayoría de edad. Tras su breve experiencia como reina de Francia (ya que Francisco II murió de forma repentina), María regresó a Escocia y cuatro años más tarde se casó con su primo hermano Enrique Estuardo, unión de la que nacería su único hijo, el futuro Jacobo VI. En febrero de 1567, Enrique es asesinado en el jardín de su residencia. Todos pensaron que James Hepburn, primer Duque de las Islas Órcadas y cuarto Conde de Bothwell, había orquestado su muerte para poder casarse con María Estuardo. Algo que acabó sucediendo en 1567 tras ser absuelto de todos los cargos. Tras un levantamiento contra la pareja, María fue encarcelada en el castillo del lago Leven - espectacular por cierto - y durante su cautiverio fue forzada a abdicar en favor de su hijo, que por aquel entonces contaba con un año de edad. Tras un primer intento fallido de recuperar el trono, María huyó hacia el sur en busca de la protección de su prima, Isabel I de Inglaterra. Pero había un problema, y es que la última reina de la saga de los Tudor odiaba a María, ya no solo porque representaba un modelo más "femenino" de ejercer el trono, también porque numerosos católicos ingleses la consideraban la legítima soberana. Muchos de los cuales habían participado en el conocido como Levantamiento del Norte - no, no estaban los Stark ni Jon Snow - en el que un conjunto de nobles pretendieron derrocar a Isabel I para reemplazarla por María Estuardo. Ante dicha amenaza, Isabel no dudó en confinarla en varios castillos durante dieciocho años para, tras un juicio en el que se la declaró culpable de conspiración, mandarla decapitar en el castillo de Fotheringhay en 1587 a la edad de cuarenta y cuatro años. No sé vosotras y vosotros, pero en mi humilde opinión creo que, más allá de la cronología o los personajes reales, esta historia ha servido de base y de inspiración para novelas, películas, obras de teatro, óperas y series de televisión. Porque, ¿no es lo suficientemente atrayente una trama en la que se explore el odio encarnizado entre dos personas que además son familia? Y en la que además, se le añadan dosis de política e intrigas cortesanas. Si lo que queréis es eso, éste, la María Estuardo de Dumas, es sin duda vuestro libro.



   Tras haber leído esta biografía - novelada por supuesto - me quedan claras dos cosas. La primera, que Alexandre Dumas es el precursor de lo que hoy conocemos como Best Seller. De hecho, se podría decir que él mismo fue el autor de masas de la época. El Ken Follet del XIX. Escribía novelas, folletines, libros de viajes, ensayos o relatos de terror como churros. Y lo mejor de todo es que lo hacía bien. Si bien es cierto que una obra no puede gustar a todo el mundo por igual, lo cierto es que el talento de este escritor para crear historias o para, a partir de hechos reales, presentarte un libro de más de 200 páginas - como es el caso de María Estuardo - es por lo menos admirable. Centrándonos en esta novela en concreto, el estilo que Dumas emplea es endiabladamente adictivo, tanto que, tanto si conocíais o no la historia de esta desdichada reina, vais a alucinar con como está contada. Dumas es el maestro de lo trepidante, de convertir una novela histórica corriente y moliente en algo más cercano a la novela de misterio o al culebrón renacentista en esta ocasión. Pero también es hábil en el manejo del morbo, de la intriga, de toda esa clase de recursos literarios que mantienen al lector con la vista pegada, literalmente, sobre el papel. Sus personajes, a veces, parecen sacados de otras de sus novelas más que de la crónica histórica. Y eso puede enfadar a más de un historiador o historiadora purista, algo que en mi caso no ha conseguido para nada. Es más, ha conseguido que disfrutase como una niña con una historia real pero extremadamente novelesca. Si hasta había capítulos en los que aquello se acercaba más a las obras de William Shakespeare con unos personajes tan pasionales, tan malvados, tan héroes, tan trágicos, tan dramático todo, y ya de paso, con el umbral de la paciencia demasiado bajo. Y diréis que pierde la verosimilitud, y yo os digo que para nada, que eso no sucede, ni siquiera en los momentos en los que la trama se ve en peligro por culpa de las contradicciones de las fuentes consultadas. Dumas sale airoso del aprieto tirando de más documentación - porque eso sí, la novela está fuertemente sustentada - consiguiendo que pasemos por alto sus inclinaciones y preferencias respecto a los personajes. Disimulo 0 en cuanto a quienes le caían bien, mal o fatal. Y la segunda, pero no por ello menos importante, es la necesidad de seguir reivindicando el género biográfico para aproximarse a la historia. Los que acabamos estudiando una carrera en la que el pasado está siempre en nuestro presente sabemos muy bien en qué momento nos empezó a apasionar esto de acercarnos a épocas para estudiarlas o aprender de ellas. Y en muchos casos, las biografías - tanto noveladas como académica - se convierten en el primer contacto, destello, la chispa que activa la curiosidad por un mayor conocimiento. Creo que independientemente de si te encanta (hasta el punto de querer estudiar la carrera) como si eres una o un mero aficionado, las biografías son la perfecta iniciación en estas lides. Y más si lo haces de la mano de grades autoras como Dumas. Personalmente, y después de haber leído María Estuardo, estoy pensando muy seriamente en indagar en más obras que aborden dicho periodo, y también, por si fuera poco, atreverme con un Dumas más extenso y todavía más novelesco.

   María Estuardo: una historia de lacrimógenas tragedias, destierros insoportables, sangre, venganza. envidias cortesanas, intrigas, conspiraciones, palacios, duques, monarcas...Un retrato pasional y claroscuro de una mujer que vivió con la certeza de que podía reinar, aunque aquello le costase la cabeza.

Párrafos o frases favoritas:

   "Hay entre los reyes, nombres predestinados al infortunio: en Francia, ese nombre es Enrique. Enrique I fue envenenado, a Enrique II lo mataron en un torneo, a Enrique III y Enrique IV los asesinaron. En cuanto a Enrique V, cuyo pasado ha sido ya tan funesto, sólo Dios sabe lo que le reserva el futuro.
   En Escocia, ese nombre es Estuardo."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones