Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 20 de noviembre de 2018

RESEÑA: Hombres.

HOMBRES
Título: Hombres.

Autora:
Angelika Schrobsdroff (Friburgo 1927). Emigró a Sofía en 1939 con su madre y regresó a Alemania en 1947. Se casó con el cineasta Claude Lanzmann, director de Shoah, en 1971, con quien se mudó a Isrrael en 1983, tras más de una década entre París y Munich. Hoy en día, convertida en una autora mítica, sobretodo gracias a Tú no eres como otras Madres (libro que se ha convertido en todo un éxito de ventas en Alemania y que se ha traducido a lenguas como el inglés, el francés o el castellano entre otras), Schrobsdroff vive en Berlín. Es autora de diez novelas y dos libros de cuentos que han marcado la narrativa alemana de la segunda mitad del siglo XX, como Hombres (su primera novela: el escándalo que produjo su publicación la hizo inmediatamente conocida), Die Reise nach Sofía (publicada con un prólogo de Simone de Beauvoir), Die kurze Stunde zwischen Tag und Nacht o Jerusalem war immer eine schwere Adresse. 


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: alemán.

Traductor: Joaquín de Aguilera Gamoneda.

Sinopsis: la autora narra en Hombres la educación sentimental de una hermosa joven que alcanza su madurez entregada ala furia de vivir, sobrevivir y revivir. Eveline Clausen, la turbadora protagonista de esta novela, es hija de padre alemán y madre judía, y su infancia se desarrolla en pleno ascenso del nazismo. No es sólo un personaje "construido" con partes de la vida de la propia autora y de otras mujeres a las que conoció en su juventud, sino toda una figura de carne y hueso. Una verdadera mujer que pierde su candidez, su inocencia, y se lanza a vivir ávida e intensamente, sin ninguna preocupación moral, para ahuyentar todos esos miedos que la acechan desde muy niña. Los hombres, los distintos hombres que pasan por su vida (este libro es un perfecto estudio de los muchos tipos de ellos), son tan sólo el medio para evadirse de la dura realidad, de la persecución y el hambre. Estos hombres, que siempre ocupan una posición de poder (y lo ejercen), van convirtiéndose, gradualmente, en el único universo de Eveline; les pide amor, pasión y las posibilidad de huir (de su madre, de sus propios deseos, tristezas y necesidades), aunque casi todos ellos, víctimas también del egocentrismo de la joven, le resultan decepcionantes.

Su lectura me ha parecido: amena, fresca, embriagadora, interesante en su contenido, algo extensa para mi gusto, incapaz de superar a su novela más célebre... La vida es un misterio. Una frase tan manida como real. Objeto de campañas de marketing, publicidad así como de una suerte de lema (no sé hasta que punto motivador) impreso en tazas, libretas y demás artilugios que cualquiera puede adquirir en un Alehop o en la página de Mister Wonderfull. Si nos atenemos, sólo y exclusivamente, al ámbito literario, comprobamos casi al instante como esas cuatro palabras se transforman, caen bajo el poder de algún hechizo y nos devuelven un prisma, una cara, uno de esos tótems inmortales que la literatura y sus discípulos van a seguir explotando hasta el fin del mundo. Para cualquier escritora/or la vida, o en otras palabras, las experiencias que cada uno atesora en sus recuerdos, conforma el principal elemento de inspiración para cualquier texto, ya sea novela, ensayo o teatro y abarcando todos los subgéneros posibles. Al basarse en ella, o inspirarse que no es lo mismo, la autora/or camina por un hilo de alambre que separa dos realidades posibles. Arriba, la gloria, el reconocimiento, el que el público vea más allá de las notas autobiográficas. Abajo, el morbo, que por un lado beneficia en cuanto ventas, pero que sin duda acaba condenando a quien escribe a un sambenito perpetuo a cada paso que da en el mundo del libro. No es este el caso de la novela que hoy tengo el placer de reseñar y presentaros, cuya composición no deja lugar a dudas, al igual que su intención, ajena a toda provocación (a pesar de que en su momento parece ser que su publicación supuso un escándalo en Alemania) y a cualquier atisbo de duda. Eso si, hay que reconocer que para Angelika Schrobsdroff su propio y peculiar árbol genealógico le ha servido para asentar una robusta carrera literaria. Empezando por su madre (a quién conocimos en su novela más aclamada) acabando por su padre y en medio, los múltiples recuerdos que desde niña ha ido guardando pacientemente hasta poder plasmarlos (en parte seguramente) en esta novela. Hombres: un tratado sobre el amor, el desamor, el engaño, los deseos y las relaciones íntimas en tiempos realmente revueltos.


La historia de como Hombres llegó a mis manos es bien sencilla, de hecho, llegó acompañado de las memorias de Edna O´Brien, una de mis autoras favoritas. Pero mentiría si no dijera que la última novela traducida y publicada (que no escrita) de Angelika Schrobsdroff no hubiese tenido cabida en mi universo lector de no haber sido por su madre. ¿Madre? ¿Qué madre? Los que estéis más puestos en las novedades editoriales habréis captado la ironía de la frase, porque es gracias a la madre que la parió (a Angelika Schrobsdroff claro), una mujer llamada Else Krischner, por quien hoy muchos lectores hemos querido adentrarnos en Hombres. Y es que Else no es otra que la protagonista de Tú no eres como otras madres. Un libro bárbaro, aclamado por el público y la crítica, cuya publicación supuso un punto de inflexión en los géneros que la prensa usó para definirla y catalogarla. ¿Era una novela? Sí. ¿Una biografía? Absolutamente. ¿Una autobiografía? Por supuesto. ¿Unas memorias con aires a tiempos pasados? También. Fueron muchos los factores (entre los que destacaría el estilo de Schrobsdroff, la ausencia de capítulos y la construcción de esa icónica protagonista) que hicieron de Tú no eres como otras madres el libro del año, y por extensión de la década. Fuimos muchos los lectores que caímos rendidos ante Else Krischner y Angelika Schrobsdroff, conscientes de que estábamos inmersos en una historia tan universal como única. Schrobsdroff había hecho de su propia madre un monumento, un manual, un tratado de la primera mitad del siglo XX desde una impecable perspectiva de género. Con ese recuerdo todavía palpitante en mi memoria, y en cuanto tuve noticia de que Errata Naturae y Periférica iban a unir de nuevo sus fuerzas para sacar adelante la edición de una nueva novela de Schrobsdroff, esperé ansiosa el momento en el que se conocieran más detalles. El día llegó más pronto que tarde, Hombres era su título y el diseño de su portada no podía ser más evocador (tanto que en ocasiones recordaba al que se empleó en Tú no eres como otras madres). Indagando un poco sobre él descubrí para mi asombro que no estábamos ante la nueva y esperada novela de Schrobsdroff, sino frente a una obra anterior, en concreto su primera novela. A pesar de que un cierto escepticismo empezó a nublar mi entendimiento, decidí finalmente darle una oportunidad. Estaba escrito por Schrobsdroff, autora de Tú no eres como otras madres, ¿qué podía salir mal? El resultado de su lectura, tras unos largos y pesados meses de mayo, me dejó con muchas preguntas, algo en teoría bueno, pero también con la sensación de haber leído una obra menor, igualmente ambiciosa, pero sin estar a la altura de la eclosión tanto estilística como emocional que supuso escribir sobre su madre.
  

Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Hombres presenta una lectura sencilla, entretenida, ligera, en la que su autora trata siempre de mantener una relación amigable con el lector. La idea de que la lectura ágil resta valor literario a una obra determinada es completamente falsa, al menos en esta novela no se cumple, ya que cada capítulo da paso a momentos de lucidez narrativa que si bien no son barrocos, si que consiguen que el lector permanezca pegado al papel, capítulo a capítulo, párrafo tras párrafo. No hace falta escribir como si estuviéramos en el XIX para que un libro sea considerado literatura de altura. Cada época histórica tiene sus modas y sus códigos, y como siempre, a veces es mejor la sencillez que cientos y cientos de páginas plagadas de tecnicismos. En Hombres nos topamos con una Schrobsdroff generosa, más abierta, que ha sido capaz de desnudarse biográfica y emocionalmente ante los lectores de medio mundo, por lo que la prosa por momentos parece adquirir un tono más vitalista y menos cronológico (tan importante en Tú no eres como otras madres). Se nota que esta novela, su primera novela, la escribió con una libertad pasmosa y que abruma a medida que el lector va dejando atrás un capítulo tras otro. Hombres no es más que la historia sentimental (y no sólo sentimental) de la propia autora. Sus idas y venidas, sus múltiples relaciones amorosas, sus escarceos, sus noches de fiesta y glamour, sus estancias en villas de lujo, sus desgarradores paseos por las calles arrasadas por la guerra, sus peleas, sus inseguridades, su complicada relación con su madre, sus deseos de evadirse de la desgracia, su egocentrismo crónico y sus decepciones entre otras muchas historias. A priori y tras haber leído la sinopsis, el lector espera toparse con una novela de aprendizaje de manual. Pero Schrobsdroff es más astuta (literariamente hablando) como para dejarse llevar por lo convencional, por una trama universal que en antaño ya había sido explotada por numerosos autores. Hombres presenta a una protagonista muy poco convencional, alejada de esa imagen de mujer apocada, tímida y estudiosa que acaba aprendiendo de la vida. Eveline Clausen (protagonista y alter ego de la autora) es diferente. Sus numerosas caras sorprenden al lector, dejando claro que Eveline es una joven con ideas muy claras, decidida e independiente a la hora de opinar o de tomar sus propias decisiones. Ante esta protagonista, es inevitable no preguntarse ¿qué hace de Hombres una novela de aprendizaje si su protagonista parece saber como funciona el mundo y la vida? Schrobsdroff responde a esa pregunta por medio de los errores que comete Eveline, consecuencia de su forma de ser y de su intento por desprenderse de sus propios fantasmas. El ser humano, por muy espabilado que sea, no es perfecto y Eveline aprenderá esa lección a base de golpes y más golpes. Una vez dicho esto, sólo me queda por apuntar dos cuestiones para mi importantes. La primera de ellas tiene que ver con la propia recepción de Hombres en el momento de su publicación en la Alemania (recordemos que partida en dos) de los años sesenta. Sinceramente, al principio no entendía el por qué de la polémica, no encontraba explicación alguna. Sin embargo y tras analizarlo detenidamente, es posible que la sociedad alemana no estuviese todavía preparada para que una mujer les hablase de su historial amoroso de forma tan transparente, y más allá de eso, que a los propios alemanes les costase todavía recordar los desastres de la II Guerra Mundial y en particular del Nazismo. Algo que aparece constantemente descrito en el libro y que supone uno de los numerosos fantasmas de los que la protagonista parece huir. ¿No les ocurriría lo mismo a los alemanes en aquellos años? ¿Es entonces Eveline Clausen la viva imagen de un pueblo recuperándose poco a poco de sus heridas más profundas? ¿O por el contrario el recuerdo de lo que aún muchos quieren olvidar? La segunda cuestión a tratar es más personal, pues, y a pesar de que Hombres es una novela que como lectora he disfrutado, siento que le falta algo, no sé, llámalo madurez, recorrido o una buena idea. Pero lo que está claro es que la sombra de Tú no eres como otras madres es alargada, demasiado alargada. Hay que tener en cuenta que Hombres es su primera novela, por lo que, aunque podamos atisbar el estilo que empleará en su obra más importante, no está a la altura de la novela que le ha hecho mundialmente famosa. Eso si, Hombres constituye la continuación perfecta de Tú no eres como otras madres, una suerte de segunda parte menos talentosa pero igual de disfrutable.


En el apartado más reflexivo, he querido dejar para el final el propio eje de la novela, el motor al rededor del que giran todas las tramas y subtramas. Pues al fin y al cabo es el tema más importante y que más reflexiones me ha suscitado tras su lectura. Como ya hemos comentado a lo largo de la reseña, Hombres es algo más que una novela de carácter autobiográfico donde la autora habla de cada una de las relaciones amorosas que ha tenido a lo largo de los años. Hombres es también un tratado, sí, lo he dicho bien, una especie de estudio (novelado eso si y con abundancia de diálogos) de los diferentes tipos de hombres que existían a mediados de siglo XX. Sus comportamientos, sus palabras, sus pensamientos, sus ideologías, sus profesiones, sus formas de ver el mundo y a las propias mujeres, sus miedos, sus inseguridades, sus constantes contradicciones...Un análisis psicológico tan exhaustivo e interesante que, no sé hasta que punto intencionadamente, busca mostrar toda esa paleta de gamas, texturas y colores al lector. ¿El motivo? ¿Tal vez para que nos demos cuenta de lo poco que hemos cambiado en cuanto a roles de género se refiere? ¿O para apreciar los diferentes modelos de masculinidad? Ambas respuestas cobran sentido y lógica una vez te adentras en la lectura de esta novela. El repertorio es tan brillante como perturbador. Desde el primer amor, al marido buenazo, pasando por la imponente figura paterna, la de sus propios hermanos varones y el hombre tóxico, manipulador y vago que la hiere especialmente con más dureza. Todos y cada uno de ellos están perfectamente caracterizados, de hecho, da la sensación de que Schrobsdroff ha llevado consigo una suerte de diario íntimo durante los años en los que mantuvo todas aquellas relaciones. Cada detalle, cada aspecto, cada palabra...Todo esta plasmado en Hombres, hasta el punto de que cada capítulo lleva por título frases tan evidentes como: "El capitán de corbeta", "Los hermanos", "El seductor", "El esposo" y así hasta un total de ocho capítulos. En ocasiones la historia provee al lector de libros únicos, que nos hablan del pasado con total sinceridad, sin censuras, y por supuesto, sin esconder los tabúes del momento. Es precisamente en esto último donde reside la grandeza de este libro, pues hasta nos relata las secuelas que dichas relaciones, amatorias o no, han dejado tanto en su cabeza como en su propio cuerpo. A decir verdad, si algo evidencia Hombres es lo que ya apuntábamos al principio de este párrafo, el hecho de que la masculinidad (así como los diferentes modelos de hombre) sigue siendo la misma que a mediados de los años cincuenta del pasado siglo. Si bien se ha avanzado, pues hoy en día existen muchos hombres que abanderan la causa feminista y practican dicho feminismo en su día a día, todavía existen hombres que se niegan a bajarse de su pedestal de macho alfa. Hombres que se niegan a aceptar sus errores, que no lloran, que no soportan que una mujer les supere intelectualmente, en definitiva, que no dudan en usar todas y cada una de las herramientas que la estructura patriarcal les proporciona para ejercer su poder. Ante esta cruda realidad, es importante, y lo repetiré las veces que haga falta, en lo que al mundo del libro se refiere, que las editoriales sigan apostando por textos de este tipo. Que aunque no denuncian la situación de forma explicitica, si que muestran los horrores de una relación donde los roles de género se mantienen inquebrantables y en las que exista un cambio, un "romper con lo establecido". O al menos una protagonista tan imperfecta como Evelina Clausen. Y si el libro en cuestión está ambientado en el pasado, mejor, no hay nada mejor que aprender de nuestros propios errores para poder enmendarlos en la actualidad. Hombres: una historia de amor, celos, independencia, manipulación, traumas, diversión, egoísmo, huida hacia adelante... Una novela que nos descubre a una Angelika Schrobsdroff más joven, más vitalista, más entregada al peso de sus propios recuerdos.

Frases o párrafos favoritos:

       "—Seguro que tienes muchas amigas —continuó. Yo ya conocía esta frase y la odiaba. Todas las personas mayores se creen obligadas a utilizarla en sus conversaciones con las chicas jóvenes.

       —No —respondí—. No tengo ninguna amiga."

Película/Canción: a la espera de que alguien de la industria cinematográfica aprecie el potencial que tiene la literatura de Angelika Schrobsdroff para ser llevada a la gran pantalla de la forma más fiel posible, os adjunto una pieza procedente de uno de los grandes musicales del celuloide. No sé si es la mejor canción, pero me ha acompañado a lo largo de la redacción de la presente reseña y creo que posee un cierto regusto a aquella época, a aquellos oscuros años, a la lúgubre y animada noche berlinesa.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

viernes, 9 de noviembre de 2018

RESEÑA: La cámara diabólica

LA CÁMARA DIABÓLICA

Título: La cámara diabólica.

Autor: Ernest William Hornung (Middlesbrough, Inglaterra, 1866 - San Juan de la Luz, Francia, 1921). Aquejado de asma desde la infancia, a los diecisiete años zarpó rumbo a Australia donde pasaría dos años por motivos de salud, experiencia que inspiró el ambiente de muchas de sus novelas. En 1893 contrajo matrimonio con Constance Aimée Monica Doyle, hermana del creador de Sherlock Holmes. Es conocido principalmente por los personajes de A. J. Raffles, un ladrón de guante blanco del Londres victoriano, y su compañero Bunny Manders, inspirados en parte por los célebres Watson y Holmes y en parte por Oscar Wilde y lord Alfred Douglas. La neumonía fue la causa de su fallecimiento a los cincuenta y cinco años.


Editorial: Defausta.

Idioma: inglés.

Traductora: Susana Prieto Mori.

Sinopsis: Pocket Upton, estudiante en un internado inglés, soñador, asmático y fascinado por las historias de crímenes y aventuras recibe permiso para pasar el día en Londres, ocasión que aprovecha para comprar un revólver en una casa de empeños. Pero las cosas no salen como él espera y pierde el último tren de regreso al internado. Sin saber a dónde ir, decide pasar la noche a la intemperie. El ruido de un disparo lo despierta de madrugada: está caminando dormido, con el revólver en la mano y un cadáver en el suelo junto a él un misterioso extranjero que se ofrece a ayudarlo. Pocket, asustado, lo sigue a ciegas hasta su casa, donde descubrirá que no todo es como se lo han hecho creer y tendrá que desentrañar el misterio de la cámara diabólica.

Su lectura me ha parecido: misteriosa, tediosa en su inicio, trepidante en su final, típica, con un protagonista zoquete, un espeluznante secundario, un habilidoso inspector, muy de su época...La historia de la literatura no para de darnos sorpresas. Tan agradables como chocantes. Ejemplo de ello lo encontramos en el autor del libro que hoy reseñamos. Nadie lo predijo, de hecho, es posible que esta casualidad, fruto de los azares del amor y del destino, nunca hubiese tenido lugar. Pero la cuestión es que sucedió. Ernest William Hornung, así se llamaba el autor en cuestión,  pasó de ser un completo desconocido a convertirse en el cuñado (sí, habéis leído bien) de no un escritor cualquiera, sino de uno de los más grandes del siglo XIX y cuya influencia en la novela policíaca fue determinante, hasta el punto de traspasar los límites de lo literario y trascender a la cultura popular. Estamos hablando, como no, del gran Arthur Conan Doyle, padre de Sherlock Holmes y el Doctor Watson, el detective y el médico más famosos de la literatura universal. Dejando a un lado la vertiente chistosa que siempre despierta la figura del "cuñado" en nuestra sociedad, lo cierto es que, una vez el lector conoce esta anécdota no puede evitar especular al respecto. Porque, y esto ha quedado bastante claro en la sinopsis de la presente novela, a Hornung también le dio por escribir novela policíaca, en donde el misterio y lo esotérico estaban muy presentes. Fórmula que, por otro lado, también empleó Doyle para sus escritos, en especial si Sherlock Holmes y el Doctor Watson los protagonizaban. ¿La relación entre cuñados sería modélica tal y como parece confirmar la cita de Arthur Conan Doyle que encontramos en la contraportada? ¿Escribirían juntos? ¿Compartirían sus avances e ideas? ¿Tendrían piques entre ellos? ¿O por el contrario existía una rivalidad? ¿Celos de Hornung hacia Doyle? De momento, y aunque está claro que ahí hay un buen material para una futura película, no podemos hacer más que suposiciones y adentrarnos en la literatura de ambos. Yo ya lo he hecho y el resultado podéis comprobarlo a continuación, en los siguientes párrafos. La cámara diabólica: misterio, investigación y "espíritus" en el Londres victoriano.


Nadie duda que el policíaco es uno de los géneros más apreciados por los lectores, el que más se consume, de los más amados, el que más adeptos tiene, el que más engancha. Cuando sale a la venta una nueva novela de este tipo, ésta suele convertirse, en la mayoría de los casos, automáticamente en un best seller mundial. Además de lo nombrado, el policíaco es el rey de las continuaciones. Pocos son los libros adscritos a este género que no se hayan convertido en una saga, o que al menos, no hayan disfrutado de una segunda parte, una segunda parte que no consigue estar a la altura del libro que dio comienzo el fenómeno. Sin embargo, y tras haber sido testigos de varias modas literarias al respecto (la nórdica, la francesa, la americana y hasta la española), parece que ha llegado el momento que muchos lectores de buena novela negra (y recalco lo de buena) estábamos esperando. No ha sido de golpe, como sucede habitualmente, sino que de forma sigilosa los lectores hemos empezado a ver como las editoriales y las propias librerías colocaban frente a nuestras narices a las madres y a los padres del género policial. Nuevas ediciones de Agatha Christie se alzaban majestuosas en los escaparates, las portadas de las aventuras de Sherlock Holmes atraían todas las miradas, y por si fuera poco, entre tanto nombre conocido, aparecieron novelas cuyas autoras u autores desconocíamos entre el público de este país. En pocas palabras, la novela policíaca inglesa, la más famosa y clásica de la literatura, estaba de vuelta y con grandes sorpresas bajo el brazo. Con esto no quiero decir que las novelas policíacas que se publican actualmente sean todas un bodrio, faltaría más, de hecho, podría citaros algunas impresionantes y que hace un tiempo reseñé en este mismo espacio. No obstante, pienso que, aunque sea de vez en cuando, debemos mirar hacia atrás, redescubrir el género, ir a sus orígenes. Todo eso para entender el contexto en el que surgieron las primeras obras y algo sobre la vida de quienes las escribieron. Para empezar Athur Conan Doyle es una buena opción, aunque personalmente me atrevería, y lo digo por experiencia, con alguna autora o autor que no estuviera tan bien colocado en el olimpo de los grandes. A veces resulta más interesante si cabe, pues no te enfrentas a él con la misma intención que si lo hicieras con los Diez negritos de Agatha Christie por ejemplo. Eso mismo busqué cuando, por casualidad, me topé con La cámara diabólica. Andaba bastante saturada de novela policíaca actual, y necesitaba desesperadamente sumergirme en un clásico del génro, a ser posible del XIX y de cuya escritora/or nada supiese. Fue entonces cuando una reseña en el fantástico blog Las Inquilinas de Netherfield me descubrió a E.W Hornung y su interesante novela. Su trama (de misterio con aparentes toques de humor), los elementos fantasmagóricos  y por supuesto, el hecho de que fuese pariente de Arthur Conan Doyle consiguieron que sucumbiese y acabase con un ejemplar entre mis manos. ¿El resultado? Mejor de lo que esperaba a pesar de su tedioso inicio.  


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La cámara diabólica presenta una lectura ligeramente desigual a lo largo de las dos partes (al menos a mi juicio) que componen la novela. Que el principio de un libro, sea cual sea el género literario, genere pesadez y una sensación de aburrimiento en el lector es lo peor que puede pasar. Esto sucede en la novela de Hornung, justo en el momento clave, en el que se debe presentar a los personajes principales y en el que se debe situar la trama. Si no llega a ser por el personaje de Pocket (cuya construcción me genera sentimientos enfrentados) la novela se habría venido abajo en las primeras diez hojas. Menos mal que el resto de personajes y la segunda parte (o trama según como queramos llamarlo) consigue levantar, afortunadamente, una historia abocada al fracaso. En resumidas cuentas, podríamos decir que La cámara diabólica va de menos a más, de un tropiezo casi suicida a una pasmosa agilidad que consigue reconducir al lector hacia un final bien resuelto y sin fisuras. A grandes rasgos, la novela de Hornung se compone de varios personajes, tan peculiares y diferentes entre si que, en otro contexto, pensaríamos que estamos ante una comedia de corte británico. En primer lugar tenemos a Pocket Upton, un fantasioso, vago, con tendencia a perder el tiempo de la forma más absurda posible y asmático estudiante que acude desde el internado donde estudia (¿Eton tal vez?) a la capital británica para ser tratado de su problema respiratorio. Siendo totalmente sincera, y a pesar de que me he reído bastante con este personaje, sobre todo en la primera parte de la novela, Pocket me resulta un personaje de lo más insoportable. Es tan ridículo, tan estúpido, con tan pocas luces que resulta totalmente inverosímil. Vale que al cabo de unas cuantas páginas deja de ser tan imbécil, aún así no me vais a hacer cambiar de opinión. Por no hurgar más en la herida, concluiremos diciendo que, y aunque es el toque humorístico de la novela, Pocket es un "imbécil concienzudo" tal y como reza el primer capítulo de la novela. Menos mal que, y para regocijo del lector, irrumpe Baumgartner, un siniestro médico alemán que acoge primero a Pocket en su casa tras el incidente en Hyde Park (porque si, Pocket se verá envuelto en un suceso en el que el sonambulismo y un disparo se entremezclan y del que Baumgartner dice ser el único testigo) para luego manipularlo y aterrorizarlo aprovechando la influenciable personalidad del joven. Sinceramente, en mi cabeza Baumgartner era una mezcla de Míster Jeckyll y Nosferatu, y aunque sea un personaje plano más, por lo menos resulta atractivo para el lector. El acierto de Hornung en este sentido viene con la construcción del detective Thrush, pero sobre todo, con la relación que éste mantiene con la familia del desaparecido, constituyendo esto último los pasajes más interesantes de la novela. En La cámara diabólica hay de todo: misterio, espiritismo, ligeros toques de terror, investigación, una ambientación de ensueño, crimen, fantasmas y hasta un interesante debate entorno a la consciencia y el sueño muy freudiano. Sin embargo, y esto no suele pasar casi nunca, la novela de Hornung tiene los mejores títulos de capítulos que he visto en mucho tiempo. Divertidos, irónicos, explícitos en algunos casos, cuya lectura puede incurrir en un serio riesgo de spoiler para el lector. Con todos estos elementos es imposible no definir a esta novela, a modo de conclusión, como un producto de su tiempo, plagada de clichés que, aunque a mi me pareció una lectura desigual, de seguro hará las delicias de quienes no se conforman con la novela policíaca actual.


Por último, para este cuarto párrafo dedicado al debate y a la reflexión, he querido guardarme el verdadero eje de la novela, lo más importante, más allá de la trama y de sus personajes. El verdadero secreto del libro está, aunque no lo parezca, en su propio título. Cuando el lector lo lee, lo obvio es pensar que en algún momento de su lectura se topará con la susodicha "cámara diabólica". Y a partir de ahí, bienvenidas son las teorías al respecto, cada una más extraordinaria que la anterior: exorcismo, el mal, lo terrenal, ¿un cuarto de tortura de inspiración medieval tal vez? ¿O simplemente el lugar de reunión de una secta satánica o de un grupo de aristócratas aficionados a las sesiones de espiritismo? Siento defraudar a quien haya pensado en cualquiera de esas posibilidades, pues, erramos al creer que se refiere a algo tan simple como un cuarto y las acciones, de tinte diabólico claro, que en él se producen. La cámara diabólica, queridas y queridos, a la que se hace alusión en la novela es una cámara fotográfica. ¡Como lo oís! Resulta que hace alusión a una cámara, cuyo nombre técnico es estereoscópica, cuyo efecto es similar, a muchos años luz por supuesto, al 3D de hoy en día. Y si a eso le añadimos el hecho de que en aquella época, y no sólo en la Inglaterra victoriana, existía una especie de fascinación entorno a la muerte, el uso de este tipo de cámara resulta más perturbador si cabe. Según parece, existían personas que aseguraban poder captar, metafóricamente claro, el alma de las personas una en el momento en el que éstas fallecían. En las fotografías aparece como una especie de nube blanca saliendo del cuerpo del futuro cadáver, un efecto perturbador pero que, entre otros motivos, también se puede deber a una mala fijación del objetivo a la hora de realizar la instantánea. Sin embargo, y a pesar de que lo de la cámara diabólica responde una vez más a esa fascinación que durante el siglo XIX se dio entorno a la muerte, ¿no me digáis que no resulta interesante? Hasta marciano diría yo. Pero no os imagináis la cara que se me quedó cuando, indagando un poco en el tema, descubrí que existe una disciplina que estudia precisamente este tipo de fotografía, la llamada fotografía psíquica, un campo de investigación que ha llegado hasta nuestros días y que se extiende a ámbitos no sólo de la historia del arte, también de la psicología o la geriatría. Incluso parece ser que aún a día de hoy existen académicos que defienden este tipo de fotografía, dándole credibilidad a las teorías del XIX, asegurando que es posible captar la vida humana en el momento en el que ésta sale del cuerpo. Todo esto, la cámara diabólica y su posterior influencia en el ámbito académico, no hace sino suscitarme algunas reflexiones. La más importante, el hecho de que el ser humano teme y a la vez siente fascinación por lo inalcanzable, por lo imposible, por lo que nunca llegaremos a constatar o a dar por bueno. Y la muerte, en ese sentido, se erige como la reina en esta materia. Las personas tememos a la muerte, pero al mismo tiempo, deseamos desentrañar sus misterios. Una paradoja digna de estudio, sea cual sea el campo, y de la que es importante ser consciente, sobre todo para saber de donde venimos y a donde vamos como sociedad cada vez más conectada pero con un poso de superstición todavía difícil de solventar. La cámara diabólica: una historia de misterio, investigación, perspicacia, personajes excesivamente marcados, niebla, pesquisas policiales...Una novela victoriana más, un tapiz de las creencias, mitos y miedos de la sociedad británica del XIX.

Frases o párrafos favoritos:

(...) no hay dinero ni poder en la tierra que pueda invocar o conjurar a nuestra voluntad el espíritu de lo que en su día fue una persona."

Película/Canción: en esta ocasión y a falta de una adaptación cinematográfica o televisiva, os adjunto una pieza musical de Jenkins. Además de escucharla obsesivamente durante los días posteriores al descubrimiento, creo que es bastante idónea y capta la esencia de una novela como La cámara diabólica.

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Defausta Editorial

miércoles, 31 de octubre de 2018

RESEÑA: Cárcel y Estrofas del éter.

CÁRCEL Y ESTROFAS DEL ÉTER


Título: Cárcel y Estrofas del éter.

Autora: Emmy Hennings (Flensburgo 1885-Sorengo-Lugano 1948), escritora y actriz alemana, es conocida por formar parte del germen del movimiento DADÁ al poner en marcha el Cabaret Voltaire en Zúrich en 1916, junto a su pareja sentimental, Hugo Ball. Sin embargo, Hennings ya tenía una prolongada carrera artística en el seno de la cultura expresionista alemana, como actriz y cantante de cabarets, y con poesía publicada desde 1913 en libros y revistas. Además, le acompañaba una biografía bastante turbulenta que incluía la adicción a las drogas, la prostitución y episodios carcelarios que relataría en su primera novela, Cárcel (1919). Tras la peripecia dadaísta, de la que ella y Ball reniegan muy pronto, ambos deciden llevar una vida ascética en el cantón suizo de Tesino, desde donde no dejó de publicar de forma continuada - y en el olvido - novelas, poemarios, relatos y libros biográficos.




Editorial: El Paseo.

Idioma: alemán.

Traductor: Fernando González Viñas.

Sinopsis: aquí se reúnen, por primera vez en nuestro idioma, sus creaciones más célebres: su novela Cárcel (1919), donde relató su estancia en presidio, con un estilo totalmente desacostumbrado en su época y ciertas formas desapasionadas que prefiguran la narración existencialista; y la antología de su primera poesía, titulada Estrofas del éter, que añade a su primer poemario publicado, La última alegría (1913), piezas aparecidas en las revistas expresionistas y dadaístas entre 1915 y 1916, y en cuyo conjunto resulta un pionero canto a la vida en el límite.

Su lectura me ha parecido: desprejuiciada, libre, directa, descarnada, muy crítica, intensa, con inesperados toques de humor, un milagro...Queridas lectoras y lectores, la historia nunca dejará de sorprenderme para bien pero también para mal, no hay término medio. Cuando te repiten constantemente, por citar un ejemplo, que en el año 1962 le concedieron el Premio Nobel de Medicina a James Watson, Maurice Wilkins y a Francis Crick por descubrir la estructura molecular del ADN en el año 1953 te lo crees. Lo pone en los libros de texto, la profesora o el profesor de turno lo menciona en clase, ¿existen motivos para desconfiar de dicha información? Ninguno aparentemente. No obstante, en cuanto haces un poco de trabajo de campo, en otras palabras, en cuanto tecleas la palabra ADN en Google, y buscas donde nadie buscaría, te topas con un nombre de mujer: Rosalind Franklin. Una científica británica, apasionada de la química y por desgracia, la gran olvidada en toda esta historia. Franklin trabajó y formó parte del equipo que realizó tan importante descubrimiento, además de averiguar la estructura de los virus tras horas y horas pegada al microscopio. Sin embargo, las actitudes machistas de sus compañeros de laboratorio (y el mundo de la ciencia en general) y una temprana muerte a los treinta y siente años (provocada sin duda por las prolongadas exposiciones a la radiación durante sus experimentos) le privaron del reconocimiento que merecía. El de Rosalind Franklin es un ejemplo, sí, pero no el único. No os imagináis la cara que se me quedó cuando descubrí que uno de los fundadores del movimiento Dadaísta (uno de los más extravagantes e influyentes de la historia a nivel cultural) fue una mujer llamada Emmy Hennings, cuya biografía no puede ser más apasionante y turbulenta a partes iguales. Esta claro que existe un complot patriarcal para que estos nombres no resuenen en los ecos de la historia. Por fortuna, somos muchas las personas que deseamos conocerlas y parece que las editoriales pequeñas son de nuevo las que primero responden a nuestra insistente llamada. Cárcel y Estrofas del éter: lo mejor que he leído en este 2018.

La historia de como este libro llegó a mis manos se podría resumir en la siguiente frase: "tenía hambre de autoras nuevas y desconocidas." Pero seamos sinceras, si lo dejase ahí la reseña perdería toda su gracia. Si de algo estoy orgullosa es de poderos contar, hasta donde me alcanza la memoria por supuesto, los pormenores de mi relación con el texto literario en cuestión, desde el momento en el que mis ojos se posan por vez primera en su portada hasta el día en el que, tras haber puesto punto y final a su lectura, me enorgullezco o me arrepiento de haberme adentrado en él. Así que, lectoras y lectores que visitáis este cibernético portal dedicado a los libros, permitidme esta pequeña licencia.  Regresando al tema que nos ocupa, Emmy Hennings y todo su ingenio y creatividad aparecieron por sorpresa en mi vida en un momento de crisis. No de índole personal, ni profesional, sino lectoril, en otras palabras, que estaba bastante saturada de leer obras consideradas clásicos de la literatura universal. Nunca os miento, y menos en este espacio, pero no puedo negar que a veces es necesario desconectar de ellos por unas semanas. Apoyo y defiendo firmemente la lectura de los clásicos, de hecho, si son clásicos será por algo, por lo que su lectura al menos esta a priori justificada. Pero también recomiendo, aunque suene un poco basto, que los mandéis "a tomar por saco" de vez en cuando. Siempre podréis acudir de nuevo a ellos y os aseguro que nadie os mirará mal si decís que todavía no os habéis leído El Quijote o La Divina Comedia antes de los treinta años. Pues bien, una servidora se encontraba ante un panorama desolador, tremendo, en el que nunca antes me había hallado. De hecho, casi tomo la drástica decisión de no leer en una buena temporada (lo que a libros se refiere claro; la Muy Historia, Fotogramas y los prospectos de los medicamentos no entran dentro de esa categoría). Por ello, cuando Emmy Hennings (porque fue ella, sólo ella) entró primero por mis ojos para después propagarse directa al resto de sentidos, la sensación que experimenté fue similar a la de beber agua cuando estás al borde de la deshidratación. Es exagerado, lo se, y no me arrepiento de hacer esta comparación porque, de verdad, así fue como ocurrió. Me motivó, como he dicho al principio, el hecho de que buscase desesperadamente escritoras desconocidas o semidesconocidas para el público en general, pero también esa desconexión de la complejidad y estilo retórico de otras obras. El aire comenzó a soplar de nuevo, colándose en mi cuarto, moviendo la cortina, inundando de frescura la estancia, una frescura llamada Emmy y apellidada Hennings. Y dicho esto, ya que estamos, me gustaría dar un abrazo, aunque sea virtual a El Paseo, editorial responsable de haber apostado por esta autora. Gracias, muchas gracias, habéis hecho un gran favor a los lectores españoles traduciendo y publicando esta maravilla.

En lo que a la reseña se refiere, comenzaremos apuntando que la editorial, muy acertadamente, nos trae dos propuestas, dos textos, dos creaciones literarias estructuralmente muy diferentes entre si (una es una novela y la otra un conjunto de poemas) pero que en esencia reflejan a la perfección tanto el estilo como la personalidad de su autora. En esta crítica abordaremos ambas facetas, desde la profesionalidad, pero también desde la brevedad, aunque ya advierto que en lo que a Emmy Hennings se refiere hay mucho que decir. Lo primero que el lector ve nada más tomar este libro entre sus manos es su extraña portada. Oscura, con una gama cromática nada atractiva, incluso da la sensación de que estuviese cubierto por una ligera capa de polvo. ¿Metáfora acaso del olvido al que se ha condenado a su autora? Pronto descubrimos que la mujer que aparece en el centro es precisamente Emmy Hennings, ataviada con un vestuario que nos recuerda a tiempos pasados y con una pose nada natural, lo que nos hace suponer que ésta instantánea fue tomada a propósito o durante alguna representación dadaísta. No lo sabemos. Sin embargo,sin darnos cuenta, ésta nos ha metido de lleno en lo que encontraremos en su interior, que no es otra cosa que Cárcel y Estrofas del éter. En primer lugar, centrándonos en Cárcel, una especie de novela corta que en cuanto a extensión se ajusta perfectamente a los cánones de la época pero de cuyo contenido no podemos decir lo mismo. Hennings no se anda con rodeos y enseguida, desde la primera línea, mete al lector en la historia. Lo que no consiguieron otros escritores en obras más importantes y que han pasado a la historia de la literatura, Hennings lo consigue fácilmente. A partir de ahí, el lector se adentrará en un viaje lúgubre en el que será testigo directo de una experiencia terriblemente verídica narrada desde un momento cronológico no muy alejado de los años en los que ésta aconteció. ¿Es una crónica? No, mejor aún, es una autobiografía novelada. Las autobiografías, en su inmensa mayoría, suelen ser bastante pesadas, hasta el punto de que como no estés interesado de verdad en ese personaje concreto que narra su historia, es fácil que acabes abandonando su lectura y no regreses a ella nunca más por el trauma que ésta te ha dejado. Los detalles morbosos, tales como los líos románticos o los secretos inconfesables, a veces no son suficiente. Sin embargo, al ser una autobiografía novelada, nos encontramos con una narración mucho más ágil, que entra mejor por los ojos del lector y que, en este caso específicamente, su estilo entre amargo, expresionista (tan típico de la época) y con inesperados toques de humor hacen de éste un libro para el recuerdo y digno de recomendación. Cárcel narra la experiencia carcelaria que sufrió la autora durante dos meses por haber robado cuatro perras a un cliente mientras ejercía la prostitución. Porque sí, estamos ante una mujer que fue prostituta, cabaretera, morfinómana, actriz, cantante y poeta en tiempos de caos que supo rodearse de algunos de los grandes artistas del momento. Una influencia que resultaría determinante en su vida y que acabó sacando lo mejor de ella, artísticamente hablando. Además de evidenciar un estilo literario tan estridente como el mundo que la rodeaba, Cárcel es en última instancia una denuncia al sistema penitenciario, policial y judicial de la época. Algo que no debería sorprendernos a priori, son muchos los escritores que han bebido de su experiencia en prisión para criticarlo a través de novelas o ensayos, pero que, no obstante, llama la atención. La mirada no es la misma, y eso debería servir de aliciente para que los lectores se interesasen por este libro. En segundo lugar, este volumen contiene, a parte de una selección de fotografías cuya función es puramente didáctica, una selección de poemas que bajo el título Estrofas del éter, cobran mayor interés. Ya he contado en más de una ocasión que la poesía no había sido uno de mis géneros predilectos de lectura, y sigue estando ahí, relegada a un segundo plano. Pero permitirme que en esta ocasión me salga de mi zona de confort y os recomiende leer la poesía de Emmy Hennings. No hay humor dentro de lo trágico, como si ocurre con Cárcel, pero si desolación, tristeza, desamparo, vacío, soledad y sobre todo adicción, mucha adicción. Creo que no he leído algo tan próximo a la dependencia en mi vida. Hennings te agarra, te sacude, te remueve el estómago con sus palabras, con esos deseos de consumir morfina, con esa oscuridad que se cierne sobre ella cada vez que finaliza una función en el cabaret. Si en Cárcel vemos a la Emmy más literaria y lúcida (a pesar de las circunstancias en la celda) aquí contemplamos a la Emmy desgarrada, cuyo único consuelo es sucumbir a las drogas para conseguir olvidar su complicada existencia. De nuevo autobiográfica, y una vez más, sobresaliente.


"Siempre hemos sentido lo mismo, sólo que lo vemos desde un punto de vista diferente." Estas palabras pertenecen al cantante, músico, compositor y polémico Premio Nobel de Literatura norteamericano Bob Dylan. Una frase que caería en saco roto de no ser porque tiene toda la razón del mundo. Los seres humanos tenemos los mismos sentimientos, que podría equivaler también a nuestra capacidad de reacción ante una situación determinada, pero la diferencia radica en que no todos somos iguales ni todos observamos igual. Si algo me ha enseñado la carrera de historia es la diferencia que hay a la hora de relatar experiencias personales, cuyos testimonios son en ocasiones la base de artículos, libros o estudios académicos muy importantes. Trabajos en donde el historiador busca, encuentra, escucha, los coteja con la información existente, los encuadra en el contexto y finalmente, si es conveniente, los incluye en dicho escrito para su futura publicación. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué saco a relucir este tema? ¿Qué tiene que ver con Emmy Hennings y su producción literaria? La respuesta a todas esas preguntas es muy simple: la historia de las mujeres, y su experiencia personal, ha sido ignorada durante años por los historiadores. Antes, la historia la contaban los protagonistas, en donde, y esto es cierto, encontramos a más de una mujer (monarcas, guerreras, nobles...). Luego, con la llegada de los estudios postcoloniales, comenzó a existir una preocupación por lo anónimo, por la sociedad en general, por aquellas personas que desde los márgenes de la historia nos podían relatar su opinión acerca de un tema concreto del pasado. Y centrándonos en el tema que nos ocupa, el tema de las cárceles a lo largo de la historia ha suscitado gran interés desde este punto de vista. Sin embargo, hasta hace cuatro días, el historiador había centrado sus escritos desde una perspectiva completamente masculina. Esta bien que la sociedad conozca como era el día a día en las cárceles de hombres a principios de siglo XX en Alemania por ejemplo, pero, ¿y las mujeres? ¿Qué ha sido de ellas? ¿Acaso no eran encarceladas igual que los hombres? Pero claro, su historia no era tan interesante, ¿Qué podían aportar que los testimonios de ex presidiarios no aportasen? Fácil: otra mirada, otra visión, o como dice Dylan, otro punto de vista. Porque la verdad sea dicha, el trato a las mujeres en las instituciones penitenciarias era terrible, si, pero la forma de ejercer la violencia o el temor era diferente a la ejercida contra los hombres. Incluso en la vida cotidiana en la cárcel la diferencia entre sexos, en lo que a trato se refiere, era distinta. Emmy Hennings ofrece mil y un ejemplos al lector de lo que sucedía dentro de la cárcel, de como eran tratadas las mujeres y de como hacían para sobrevivir entre rejas. Este es un ejemplo, pero lo que quiero decir con todo esto es que hay que escuchar a las mujeres. No podemos, como historiadores que somos, ignorar la historia de la mitad de la humanidad. Está en nuestras manos darles voz y difusión, para que como Emmy Hennings no desaparezcan. Pero también es trabajo del lector, porque, ¿de qué sirve el trabajo empleado si luego quien recibe esa información la tira a la basura? Hay que ser más conscientes del mundo en el que vivimos, y de que la voz de una mujer tiene el mismo valor que la de un hombre. Solo de esta forma entenderemos nuestra propia historia y esa violencia especifica durante años ejercida contra el sexo femenino. Cárcel y Estrofas del éter: unos textos sinceros, vanguardistas, terribles, lúcidos, que golpean al lector... La excusa para descubrir a la olvidada dama del Dadaísmo.

Frases o párrafos favoritos:

“En el patio de la prisión preventiva vi la sonriente superioridad de los rostros de las mujeres y muchachas que hacen la calle; de las muchachas que vencen y son suficientemente gallardas como para declararse vencidas. Tamaña amabilidad parece ser peligrosa, pues se la encierra entre sólidos muros”.

Película/Canción: a falta de encontrar algún video más o menos bueno sobre Emmy Hennings, os adjunto el enlace de una película dadá. Cercano a las performances de hoy en día, el movimiento Dadaísta sirvió de trampolín para que muchas mujeres desarrollasen sus respectivas facetas artísticas dentro de los terrenos de la pintura, la música, el cine, la literatura o el teatro. Por desgracia, muchos de sus nombres nos son hoy completamente desconocidos.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de El paseo editorial

viernes, 26 de octubre de 2018

RESEÑA: De la mujer. Selección de obras.

DE LA MUJER.
SELECCIÓN DE OBRAS

Título: De la mujer.

Autora: Concepción Arenal (Ferrol 1820-Vigo 1893). Tras la muerte de su madre quedó como heredera de los bienes familiares, a la edad de 21 años, lo que le permitió retomar la aspiración de completar su formación intelectual (anhelo no comprendido hasta ese momento por la familia). Para ello ingresó como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid vestida de hombre. Después de descubrirse su engaño, el rector hubo de admitir a Arenal a pesar de esta, de manera magistral, un examen de ingreso. Tras una excelente trayectoria literaria y toda una vida dedicada a la ayuda de los desfavorecidos y a mejorar su situación (participó en proyectos de construcción de casas baratas para obreros, fue visitadora de prisiones de mujeres...) falleció en la ciudad de Vigo a los 73 años de edad. Como escritora es reconocida por sus obras de carácter social: la denuncia de las condiciones de las cárceles (Estudios penitenciarios), la mendicidad (La beneficencia, la filantropía y la caridad) o la situación de los obreros (La cuestión social. Cartas a un obrero y a un señor). Sus escritos por la defensa de los derechos de la mujer, recogido en esta obra, son los que han hecho ser considerada una de las pioneras en el movimiento feminista en España junto con Emilia Pardo Bazán.


Editorial: Triskel Ediciones.

Idioma: castellano.

Sinopsis: esta obra compila, por primera vez, los escritos feministas más importantes de Concepción Arenal, autora considerada una de las pioneras del movimiento por la defensa de los derechos de la mujer en España. Los tres textos que componen la selección son: La mujer del porvenir, donde Arenal combate intelectualmente las presuntas limitaciones genéticas de la mujer y su futuro en la sociedad; La mujer en su casa, en el que analiza y supera los planteamientos de la obra anterior, así como os problemas a los que bene hacer frente la mujer de la época para alcanzar la dignidad social y política; por último, en La educación de la mujer, la autora detalla la que considera la gran condición para que la mujer logre su objetivo de igualdad de derechos, la educación.

Su lectura me ha parecido: en dos palabras: absolutamente necesaria. Sin más adjetivos, ni calificativos, ni demás descripciones. Tan simple, tan conciso, tan preciso. Queridas lectoras y lectores, es un hecho, el feminismo ha venido para quedarse. Y no sólo lo digo yo, sino los medios de comunicación, las redes sociales, la industria editorial, el ámbito de la educación, el de la empresa, el del sector primario, el secundario y por supuesto el terciario. Incluso la propia calle, donde al fin y al cabo se fraguan muchos de los cambios sociales, lo sabe. Al principio, como es normal, no puedes evitar sentir cierta euforia interna, por fin ha pasado y lo que llevas tanto tiempo defendiendo, manifestando y pensando parece materializarse en algo más grande e importante. Os aseguro que el comprobar, sobre todo a través de los principales canales de información, que no eres la única y que existen otras personas que comparten tu misma visión sobre el tema reconforta. A eso y a esa red de solidaridad, compañerismo y ayuda entre mujeres se le conoce con el nombre de "sororidad", algo que ha hecho posible que a día de hoy podamos hablar del resurgir del movimiento feminista, no solo en España, también a nivel global. Entonces, cuando todo parecía ir encaminado en la buena dirección, irrumpe la fuerza del capitalismo, ahogando los discursos y convirtiendo las históricas reivindicaciones en "moda". Ejemplos los podemos encontrar a todas horas. Desde las camisetas con mensajes explícitamente feministas (fabricadas casualmente por los mismos que no respetan los derechos de las mujeres que las confeccionan en los países tercermundistas donde tienen instaladas sus fábricas), hasta ciertos rostros conocidos definiéndose de repente como feministas (cuando hasta ese momento habían tratado de esquivar el término), pasando por esa sorprendente preocupación por parte de las corporaciones más importantes del país, algunas de ellas propietarias de las cadenas privadas de mayor audiencia que no dudan en sumarse a la causa (sin hacer autocrítica y reproduciendo sin roles sangrantemente machistas). Afortunadamente, y aunque dentro del mundo de la literatura hay títulos que dejan mucho que desear, parece que algunas editoriales, sobre todo las más humildes (siempre las más humildes)  parece que han sabido captar el mensaje. Ejemplo de ello ha sido la enorme cantidad de reediciones de clásicos feministas que actualmente encontramos en nuestra librería cercana. Ya sea novela u ensayo, todos parecen tener una nueva oportunidad, o la primera por desgracia para de la mayoría de ellos, de trasladar al lector de a pie mensajes cuya vigencia sigue intacta al paso del tiempo. Uno de ellos, el que hoy vuelvo a tener entre mis manos, me habló de educación, de valores, de derechos, de dignidad...Pero también me descubrió a una de las grandes pioneras cuyo estilo, por culpa del patriarcado, no había degustado hasta ahora. De la mujer: el feminismo según Concepción Arenal.


La historia de como esta colección de textos fue a parar a mi cada vez más abarrotada estantería (sí, el fantasma de la segunda fila ha vuelto) es larga, por lo que es posible que a lo largo de este párrafo desconectéis y paséis al siguiente o simplemente dejéis de leer esta reseña. Pero ¿sabéis que os digo? que no me importa, porque esta también es la historia de una injusticia que debe ser relatada. Una injusticia cuyo nombre no es otro que invisibilización. Desde bien pequeña he sentido como míos personajes femeninos sacados de la factoría Disney. La Bella Durmiente, Bella, Jasmin, Ariel...Aunque mi favorita, según me han contado mis padres, era la Cenicienta. Esa chica de desgraciada existencia a la que un apuesto príncipe rescata y la convierte en su esposa. Muchas niñas, hoy mujeres, de mi generación hemos crecido con esos referentes, hasta el punto de que llegamos a creernos que lo mejor que nos podía pasar era tener "novio" o algo parecido a ello. De hecho, cuando una de la clase decía tener novio (que casi siempre resultaba ser un compañero de clase) enseguida se convertía en la más popular y en la más envidiada al mismo tiempo. ¡Que tiempos aquellos! ¡Que inocentes éramos! En lugar de meternos por los ojos otros referentes, en lugar de explicarnos que las princesas de Disney respondían a un modelo de mujer caduco y alejado de la realidad, nos dejaron estar, libres, pero con el deseo de que un príncipe azul nos defendiese o suspirase por nuestros huesos. Llegó la Secundaria, otros personajes femeninos del ámbito cinematográfico habían irrumpido con fuerza, pero de nuevo la falta de referentes hacía que cayésemos una y otra vez en comportamientos machistas. En los temarios de las asignaturas todos eran tíos. Los teoremas, las formulas matemáticas, los descubrimientos científicos, las guerras, las conquistas, los reinos, las teorías filosóficas, las pinturas, las novelas, los poemas, las obras de teatro, las hazañas deportivas...Todo lo habían hecho los tíos. De vez en cuando, y cuando menos te lo esperabas, los profesores pronunciaban nombres como los de Isabel la Católica, Marie Curie, Emilia Pardo Bazán, Mercé Rodoreda, Isabel II o Victoria I de Inglaterra. Pero eso era la anécdota, el resto, tíos y más tíos. Y lo peor de todo es que en aquellos momentos ni lo pensabas, ni te cuestionabas el por qué las mujeres no tenían tanta presencia en los libros de texto, el por qué no habían mujeres filósofas o artistas por ejemplo. Hubiese estado bien que alguien hubiese levantado la mano para quejarse al respecto, pero en lugar de eso, nuestra cabeza estaba a otras cosas, como por ejemplo en acudir a clase lo más monas posible y en los cotilleos de índole sentimental. Yo reconozco haber sido en la secundaria un verso libre, no especialmente sobresaliente en los estudios (aunque si trabajadora), curiosa, que no escondía mis gustos  y que se negaba a reírle las gracias al o la popular de turno. Algo que me acarreó algún que otro problema pero que sin duda me preparó para lo que vendría después: la dureza de los estudios universitarios. Fue finalmente ahí, mientras estudiaba tercero de Historia, cuando entablé mi primer contacto con Concepción Arenal. Fue breve, demasiado breve, pero intenso, tan intenso que desde entonces me juré que en algún momento me detendría largo y tendido en el pensamiento de la escritora gallega. Durante esa etapa, la más rica intelectualmente hablando de mi vida, descubrí el feminismo, biografías de mujeres de las que jamás había oído nombrar y una perspectiva, la de género, en cuyos parámetros me muevo siempre a la hora de escribir un artículo o de abordar una reseña. Ese día llegó, gracias a la editorial Triskel, y en cuanto el tiempo me lo permitió, pude por fin cumplir la promesa de deleitarme con sus escritos compilados bajo el título De la mujer. Cuando finalicé su lectura, y en lugar de dejarlo en la estantería hasta nuevo aviso, éste reposó en mi mesa de trabajo durante semanas. Acababa de leer a una de las grandes, a una mujer formidable cuya labor tendría que haber servido de inspiración para todas nosotras, a esa intelectual bárbara, adelantada a su tiempo, en definitiva a ese modelo de mujer al que habría que homenajear y seguir.


Centrándonos, ahora si, en la reseña propiamente dicha, comenzaré por apuntar una cuestión que me parece importante. En lo que a ensayos se refiere no hay una fórmula infalible. Los hay extraordinariamente entretenidos y ágiles, que se leen del tirón, consiguiendo que la información que éste quiere transmitir llegue a buen puerto. Pero también los hay que son todo lo contrario: pesados, densos, cuya lectura exige una mayor implicación del lector en todos los sentidos. En el caso del que hoy reseñamos, De la mujer, pertenece sin duda a este segundo. Pero ojo, que su lectura abrume no significa que sea malo, al contrario, y más tratándose de este libro, deberíamos de estar todo el mundo dando las gracias a Concepción Arenal. ¿Por qué? Pues porque que un texto así, en el que se habla de asuntos tan importantes como la condición femenina, merece leerse, releerse y tenerlo siempre a mano. Y en el caso de que alguien quiera abandonar su lectura, no hay problema, los ensayos no son como las novelas, de hecho, la forma de leerlos y de aproximarse a su contenido es completamente diferente. Así que mi consejo es, primero, que nadie se lea un ensayo pensando que es una novela, y segundo, que si lo abandonas no pasa absolutamente nada. Ahí radica la belleza del ensayo, que puedes volver a él y consultar de nuevo, dejarlo estar de nuevo y no perderte nada. Una vez hecha esta pequeña aclaración, y a parte de la complejidad de su estilo (no debemos olvidar que Concepción Arenal fue una mujer que vivió en el siglo XIX), es importante comentar que este libro no responde a una obra concreta, sino a varios textos recopilados, ordenados y expuestos a modo de homenaje y reconocimiento. En este punto deberíamos destacar la impagable labor de documentación y de edición llevada a cabo por la Editorial Triskel, pero también su valentía, pues aunque es probable que la idea de este libro surgiese a raíz del contexto en el que aún seguimos inmersos, el publicar a Concepción Arenal no deja de ser por ello menos meritorio. El libro como tal se divide en tres bloques temáticos perfectamente diferenciados (La mujer y el porvenir, La mujer de su casaLa educación de la mujer) con la intención de ofrecer al lector un amplio espectro desde el que poder abordar la cuestión principal, que no es otra que la situación de la mujer en la España de mediados y finales del siglo XIX. Por no extenderme más de lo necesario, pues son muchos los temas que se tratan en el libro, sólo me centraré en los que a mi juicio considero interesantes. En primer lugar, Arenal aporta un concepto a mi juicio interesante, el de la "socialización". Y recalco lo de interesante porque, aplicado a cuestiones de género, era bastante novedoso en la época. Según Arenal, la preparación de la mujer para estar en casa anula lo social, pero al mismo tiempo, a ésta se le exige que participe y se mueva en lo externo, en lo puramente social, pero entonces, si la mujer en cuestión sabe moverse como pez por el agua en estos ámbitos entonces es recriminada. Encontramos por tanto una paradoja: privamos a las mujeres de lo social al mismo tiempo que demonizamos a las que lo ejercen. Sin duda una contradicción más que se suma a la larga lista de incongruencias producidas por la cultura patriarcal. En segundo lugar, la o el que se adentre en De la mujer comprobará la admiración que Arenal siente respecto a los movimientos sufragistas, en especial por el estadounidense. Es la época, en 1848 había tenido lugar la Declaración de Seneca Falls y el libro de Mary Wollstonecraft (Vindicación de los derechos de la mujer) comenzaba a servir de inspiración a los primeros movimientos feministas anglosajones. Por tanto, ¿es posible que Arenal fuese una de las intelectuales que introdujo la idea de sufragismo en España? La respuesta es sí. Sin embargo, Arenal, en tercer y último lugar, hace un llamamiento a la calma, a ir con cautela, a no anticiparse. La lucha por los derechos de las mujeres es necesaria, eso lo repite constantemente, pero apunta a que los objetivos deben alcanzarse poco a poco y solo tras haber recibido una educación en igualdad. De hecho, hay un momento del libro en el que parece dudar respecto a otorgarle el voto a las mujeres (pues según ella se le estaría dando a los maridos) para después rectificar y referirse a él como un elemento empoderador para éstas. Ideas, reflexiones, opiniones, conciencia feminista...Todo eso se respira en De la mujer. Capítulos en los que, aunque me he dejado muchos temas en el tintero, encontraréis una mirada singular y avanzada a su tiempo.


Madrid, año 1841, un alumno al que nadie ha visto antes se incorpora a las clases en la Facultad de Derecho de Madrid. Es atento, silencioso, disciplinado, apunta todo cuando puede sin entretenerse con las bromas de los compañeros. Su aspecto también resulta peculiar (pelo corto, capa y sombrero de copa) para los estándares de la moda de entonces. Todos creen que es un excéntrico, que quiere llamar la atención, que es rico, seguramente hijo de algún terrateniente de provincias. Pero entonces, un día se descubre que aquel señor tan extravagante es en realidad una mujer, una mujer llamada Concepción Arenal. Como ella, muchas mujeres durante el siglo XIX se vieron obligadas a vestir de hombres para poder asistir a la Universidad en España, cuya entrada al sexo femenino estaba completamente vetada. Tras el escandalo que supuso la revelación de su verdadera identidad, Arenal fue sometida a un examen para demostrar sus conocimientos de Derecho. El resultado de la prueba fue tan excelente que el rector se vio obligado a readmitirla, esta vez, sin necesidad de ningún disfraz. Sin embargo, y a pesar de que Arenal atesoró un conocimiento fundamental en su futura carrera intelectual, tuvo que aprender en el marco de una comunidad educativa que se negaba a enseñar a las mujeres. No pudo matricularse, tuvo que asistir de oyente y no realizó más exámenes, por lo que jamás recibió título universitario alguno. Además, tampoco se le permitió interactuar con el resto de compañeros de clase. Cada mañana, el bedel de la universidad la recogía en la puerta de la facultad y la conducía a una habitación preparada para ello. Una vez allí, el profesor la recogía, la conducía al aula, la sentaba en una zona apartada, y al concluir, la devolvía a dicha habitación, donde Arenal esperaba al siguiente profesor de la siguiente clase. Y así cuatro años, hasta 1845, año en el que finalizó su último curso de Derecho. Hoy en día, en muchos países del mundo las mujeres hemos conseguido vencer esa prohibición, superando incluso en número de matriculas a los hombres en lo que a estudios universitarios se refiere. Cada vez hay más mujeres en las aulas, es un hecho. Sin embargo, todavía existen ciertas profesiones, sobre todo en el ámbito científico y tecnológico, en donde el número de mujeres es menor respecto al de los hombres. Algo que no ocurre por ejemplo en las carreras de letras, donde está demostrado que hay más mujeres tomando apuntes en sus aulas que hombres. Pero tampoco debemos olvidarnos de que, en otras partes del globo, las niñas no pueden ir a clase, ya sea por falta de dinero o por cuestiones culturales, siempre relacionadas con los roles de género. Sin ir más lejos, hay países en los que las mujeres todavía tienen prohibido el acceso a cualquier tipo de educación, desde la primaria y ya no digamos los estudios superiores. A pesar de ello, en el mundo occidental tenemos el tema de la educación como algo normalizado, habitual, que forma parte de nuestro día a día y por supuesto, en la que las mujeres están incluidas, tanto como docentes como alumnas. Por eso, y haciendo honor al ejemplo de Concepción Arenal, no debemos olvidar de donde venimos, que nuestro camino hacia la conquista de un derecho tan fundamental como es el de la educación estuvo lleno de piedras, curvas y grietas. Y por supuesto, una vez tengamos esa conciencia histórica, usarla para poder mejorar el mundo, para ayudar a todas esas niñas y mujeres privadas de educación, para denunciar la situación, en definitiva, para clamar, gritando si hace falta, que las mujeres no somos menos que los hombres y que por tanto, ya que hemos estudiado en igualdad de condiciones, merecemos las mismas oportunidades laborales que nuestros iguales. La educación lo es todo, ya lo decía Concepción Arenal en pleno siglo XIX, unas reflexiones que bien podrían aplicarse a nuestros días, tan convulsos pero gloriosos para la lucha feminista. De la mujer: un texto valiente, complejo, breve, acertado, reflexivo...Un libro escrito por y para las mujeres de entonces y las de ahora.

Frases o párrafos favoritos:

"Así, pues, el régimen actual, debilitando a la mujer física, intelectualmente y moralmente, la hace más desgraciada y menos útil a la sociedad y a la familia, y es con frecuencia una víctima que, en vez de redimir, contribuye a inmolar a los que la sacrifican."

Película/Canción: en el año 2012 se estrenó en Televisión Española la película La visitadora de cárceles. Una cinta para televisión en la que se narra la impagable labor de Concepción Arenal en las cárceles de mujeres, dignificando a las presas y mejorando las instalaciones de estos lugares.  Sin duda, uno de los episodios biográficos más interesantes de su vida. Tanto la ambientación como la dirección no tienen precio, al igual que la maravillosa interpretación de Blanca Portillo como Arenal. De hecho, ya que estamos y teniendo en cuenta los tiempos que corren, la cadena pública debería reponerla de nuevo. No es una exigencia, es una necesidad.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Triskel Ediciones

lunes, 8 de octubre de 2018

RESEÑA: Tiempo de espera. Crónicas de los Cazalet.

TIEMPO DE ESPERA
CRÓNICAS DE LOS CAZALET.

Título: El tiempo de espera. Crónicas de los Cazalet.

Autor: Elizabeth Jane Howard (Londres 1923 - Suffolk 2014) escribió quince novelas que recibieron una extraordinaria acogida del público y crítica. Los cinco volúmenes de Crónica de los Cazalet, convertidos ya en un hito inexcusable dentro de las letras inglesas, fueron adaptados con gran éxito a la radio y la televisión por la BBC. La publicación del primer volumen de la saga, Los años ligeros, puso la piedra de toque de lo que se convertiría en un inmediato clásico contemporáneo y en la novela-río más importante escrita en Gran Bretaña desde Una danza para la música del tiempo, de Anthony Powell. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Cecilia Montolío.

Sinopsis: estamos en 1939, Hitler acaba de invadir Polonia y los primeros nubarrones de la guerra van ensombreciendo la vida de los Cazalet: en su residencia de Sussex hay que cegar la luz de las ventanas, la escasez de alimentos empieza a hacerse notar y las exigencias del esfuerzo bélico obligan a los miembros de la familia a enfrentar complicadas decisiones. Algunos hombres - los ancianos, los lisiados - tienen que resignarse a ver como los demás son llamados a luchar por su país; otros, en cambio, solo querrían regresar intactos a casa tras el infierno de Dunquerque. Pero son las mujeres quienes, en suelo inglés, ocupan en realidad la escena con una fuerza y un estoicismo sin fisuras durante los primeros compases de la contienda. Y los más jóvenes, vitalistas y ocupados en conquistar esa libertad de acción que confunden con ser adulto, olvidan demasiado deprisa que, de haber un paraíso, se encuentra en los años que ellos, y todo el continente europeo, están dejando atrás definitivamente.

Su lectura me ha parecido: interesante, amena, entretenida, ligeramente más oscura que su anterior entrega, más feminista, con ritmo, inconfundiblemente british...Pocas veces sucede en el mundo de la cultura, y en este caso en el del cine, que en un mismo año se estrenen dos películas que, desde dos perspectivas muy diferentes entre si, narren el mismo acontecimiento histórico. Por un lado, Dunquerke, dirigida por el popular director británico Christopher Nolan y estrenada en el verano de 2017.  Un film que narra, desde la perspectiva de los soldados, aviadores y civiles lo acontecido durante la batalla y la  traumática evacuación de las tropas inglesas en la playa de esta localidad al norte de Francia. Y por otro lado, la no menos magnífica El instante más oscuro, del también británico Joe Wright, cuya trama gira entorno al personaje del primer ministro británico Winston Churchill durante los días en los que el acontecimiento tuvo lugar  y las decisiones políticas al respecto. Dos películas, dos directores, dos miradas alejadas (una en el campo de batalla y la otra al otro lado del Canal de la Mancha) que se complementan a la perfección y que enriquecen, audiovisualmente hablando, la aproximación a un episodio histórico como lo fue lo acontecido en Dunquerke entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940. Es más, estoy convencida de que sin estas películas, muchos seguirían sin saber lo que sucedió y sin que les sonase siquiera. Respecto a esta coincidencia temática, existen mil y un teorías. Hay quien opina que es pura casualidad, otros se decantan por pensar que la batalla acontecida durante la II Guerra Mundial merecía ser abordada cinematográficamente (aunque su aniversario no coincidiese con una fecha tan redonda) y los más originales han querido ver en ambas películas una feroz crítica al Brexit. Sea como fuese, lo que está claro es que la II Guerra Mundial, en especial desde la perspectiva británica, está volviendo con fuerza al panorama cultural, algo de lo que no se libra el mundo del libro. Ejemplo de ello es, por supuesto, la traducción por primera vez al español de LA SAGA (así en mayúsculas) inglesa por excelencia que narró el devenir del Reino Unido durante esos años, unos años marcados por una guerra que cambió para siempre a sus habitantes. Tras la ligereza de esos años previos a la contienda ahora, Elisabeth Jane Howard nos presenta Tiempo de espera: tiempo de no retorno.


La historia de como este volumen llegó a mis manos es muy fácil, de hecho, lo recuerdo prácticamente como si hubiese sucedido ayer. Sin embargo, Tiempo de espera no reposaría sobre uno de los estantes de mi librería de no  haber sido por su primera entrega, Los años ligeros. Jamás había oído hablar de la saga, y mucho menos de su autora, Elisabeth Jane Howard, hasta que un día, por casualidades de la vida, me topé con dicho libro en una concurrida librería de mi ciudad. Su portada, su autora, su sinopsis, esa aura tan british que desprende la novela y que en el fondo tanto me gusta. Sin pensármelo dos veces decidí hacerme con un ejemplar y gracias a Siruela, éste me llegó en el momento más oportuno. Durante aquel verano, el de 2017, Los años ligeros fue una de mis lecturas escogidas, y sin duda, una de las más recordadas posteriormente. En pocas palabras, estaba deseando continuar con la saga (la cual se compone de cinco libros en total) y aunque sabía que la editorial tenía pensado continuar publicandola y traduciendola, los meses se me hacían eternos, esperando noticias al respecto. Fue entonces cuando, sin pensarlo siquiera, pues como es normal, con el tiempo mis ansias de segunda parte se fueron diluyendo poco a poco, conocí la gran noticia. Siruela sacaría en marzo de 2018 Tiempo de espera, continuación de Los años ligeros. Las alegría y las ganas de tenerlo entre mis manos se apoderaron por unos segundos de mi. Además, tanto el diseño de portada (muy parecido con el que apostaron en Los años ligeros) en el que aparece una panorámica de lo que parece ser la playa de Brighton en todo su explendor, así como el volumen de la novela (ligeramente más extensa), convirtieron a éste en uno de mis libros más esperados. Lo sorprendente de esta historia fue que, de nuevo por sorpresa, Tiempo de espera llegó al buzón sin previo aviso, dentro de un paquete, sin haberlo solicitado previamente (algo que no suele suceder muy a menudo) y en perfectas condiciones. Desde entonces y hasta el momento de su correspondiente lectura veraniega estuvo esperando pacientemente a ser elegido, a convertirse en mi nuevo compañero de aventuras y desventuras, según el cristal con el que se mire. Actualmente, y tras este nuevo reencuentro entre novela y lectora, cruzo los dedos para poder viajar de nuevo a la Inglaterra de los años 40 de la mano de Confusión, tercer volumen de la saga que Siruela publicará próximamente.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Tiempo de espera presenta una lectura ligera y relajada. En cuanto el lector se sumerge en ella, es inevitable no sentirse invadido por el aroma del mar de Sussex y por ese sofisticado sello británico que a tantos fans cautiva, incluida a una servidora. Sin embargo, algo ha cambiado de un tiempo a esta parte. El mar de Sussex, cuyas olas llegan hasta la mismísima y pintoresca Brighton, está más embravecido de lo habitual, y ese ambiente inocente y chic de la primera entrega parece desaparecer paulatinamente. Los nubarrones llegan a Inglaterra y a la vida de la familia Cazalet, de cuyas aventuras y desventuras pudimos ser testigos en Los años ligeros. Si la primera entrega finalizaba con el discurso de Chamberlain de 1938 tras la conferencia de Múnich y con esa calma tensa ante lo que pudiera suceder, Tiempo de espera arranca un año más tarde y de la forma más contundente posible, con la invasión de Polonia por parte de los Nazis. De nada sirve recrearse en el verano pasado, cuyo recuerdo perdura a lo largo de esta segunda parte como símbolo de lo añorado pero también de lo que nunca volverá. Poco importan las fiestas, las meriendas en el campo, los baños en la playa, los largos paseos, las travesuras infantiles...En definitiva, los años previos al desastre al que pronto se vería abocado el país. Esas potentes primeras quince páginas marcan de alguna manera un punto de inflexión en la saga, tornándose ligeramente más oscura en comparación con la anterior. Si bien es cierto que Howard no deja ni un momento de lado ese toque que hace de esta novela más británica que la reina Isabel II, la autora parece querer alejarse de lo que ya sabíamos y continuar hacia adelante, al compás del devenir de los acontecimientos históricos. En Los años ligeros conocimos a todos sus personajes, de hecho, podríamos afirmar que el primer volumen de la saga podría constituir un esquema en si mismo. Un retablo de relaciones amorosas, filiales y familiares perfecto para poner al lector en situación. Al contrario que Tiempo de espera, que actuaría como vehículo para el verdadero desarrollo de los Cazalet. Nuevo contexto, nueva situación, nuevas ideas...Las cuales impactan en la vida de todos ellos y a las que tendrán que hacer frente en mayor o menor medida. Esta claro que la guerra es el tema al rededor del que gira toda la trama de la novela, aunque sería injusto negar la importancia de las diferencias generacionales, más visibles que nunca a medida que se acerca el conflicto. Los mayores desearían arrimar el hombro por su país aún sabiendo que dicha tarea no les corresponde y los más jóvenes se dividen entre los que están dispuestos a arriesgar su vida en suelo francés y los que por el contrario abogan por el pacifismo evitando a toda costa ser reclutados. Y a diferencia de la anterior novela, es en esta donde las mujeres por fin ejercen el peso que les corresponde. Aprovechando la coyuntura histórica, Howard decide proveer a sus personajes femeninos de esa iniciativa y ese empuje poco vistos en Los años ligeros. La guerra fuerza a ello, a que sus verdaderos caracteres, sueños y ambiciones salgan a la luz. Es entonces cuando ellas, sin pensarlo, los toman entre sus manos, con la certeza de no soltarlos nunca. A pesar de este giro en la construcción de los personajes, seguimos leyendo descripciones de la vida cotidiana de la época, detalles meramente anecdóticos (pero con su buena dosis de crítica) encuadrados dentro de la mejor novela costumbrista, en este caso, ambientada en los años cuarenta del siglo XX. Las batallas importan, pero éstas se diluyen, dejando que todo el protagonismo recaiga en cada uno de sus personajes. Lo coral abruma, al igual que la insana sensación de incertidumbre ante lo que pueda suceder en el próximo capítulo, y una vez finalizada su lectura, en el siguiente volumen.


El año que curse el tercer año de la carrera asistí a una de las conferencias más esperadas, la del escritor castellonense Santiago Posteguillo, famoso por sus novelas históricas ambientadas en la Antigua Roma. No tenía pensado ir, ni siquiera sabía que ésta iba a tener lugar, pero una compañera me puso al día y decidí cambiar mis planes de aquella tarde para poder acudir a la sonada charla. A grandes rasgos, y desde la máxima de las humildades y un humor un tanto peculiar, Posteguillo nos habló de la importancia del proceso de documentación a la hora de enfrentarse a una novela y no morir en el intento. La sala estaba abarrotada de alumnos en su mayoría, aunque en las últimas filas pude divisar los rostros de algunas profesoras y profesores de departamentos tan cercanos entre si como Prehistoria y Arqueología. A excepción de una profesora de Contemporánea que acudió a titulo personal, sin duda motivada por las novelas de Posteguillo, ni rastro de otros docentes de los departamentos de Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea. Al contemplar tan desolador panorama entendí inmediatamente por qué no habían acudido a la conferencia, y es que según parece, las novelas históricas no están bien vistas entre el ambiente académico, y mucho menos en una facultad como la de historia. Yo, que durante todo ese tiempo me habían repetido una y otra vez que la novela histórica no era la mejor lectura para entender un tema concreto de la historia, me revelé contra un criterio que creía injustificado. A veces pienso que los profesores nos decían eso porque nos creían ignorantes, incapaces de discernir entre lo verídico y la mentira, cuando lo cierto es que del instituto y de casa en algunos casos accedemos con una base de conocimientos bastante aceptable. Claro que ni Los Pilares de la Tierra es la panacea del arte gótico, ni las novelas de Posteguillo la biblia sobre la vida cotidiana en Cartago o una de las últimas de Ildefonso Falcones un tratado sobre la situación de los gitanos en la Sevilla del siglo XVIII. Pero, queridas lectoras y lectores, éstas y otras muchas lecturas de estas características constituyen la razón por la que muchos estudiantes de Segundo de Bachillerato deciden estudiar Historia. Es obvio que no son el vivo reflejo de la época en la que estas novelas se ambientan, de lo contrario, sus escritoras y escritores no se habrían forrado. Como también puedo comprar el argumento de que las relaciones entre los personajes son propias del siglo XXI (aún me acuerdo de las apasionadas y explícitas escenas de sexo de Los Pilares de la Tierra o ese lenguaje poco barroco de aquella novela que leí sobre la princesa de Éboli allá por los años de la picor). Pero no me negarás que, como novelas que son, merecen toda la atención por parte de las y los intelectuales de la historia. Las novelas históricas no reflejarán la realidad del Siglo I Antes de Cristo, del 1492 o de 1812; pero si representan el pensamiento del XXI. Solo hay que detenerse en los pequeños detalles, al por qué de la ambientación escogida, al por qué de esos personajes, al por qué del tratamiento de por citar un ejemplo, las huelgas, el nacionalismo o la corrupción. ¿Alguien se ha preguntado por qué en las novelas históricas, en su mayoría, abunda la presencia de mujeres empoderadas? Los puristas te dirán que es un error, que la autora o autor está incurriendo en un anacronismo tan grande como una falla. ¿Y no será que existe una preocupación por el tema? ¿Y si la respuesta se encuentra a nuestro alrededor? ¿Y si estamos siendo un tanto tiquismiquis con este tema cuando deberíamos lanzarnos a estudiar cómo se percibe X época de la historia desde la mirada del siglo XXI? Novelas como la que hoy reseñamos nos entretienen, pero también nos meten de lleno en la historia, llenando de curiosidad a sus lectores, lectores que, puede que en un futuro no tan lejano, quieran saber más y seguir cultivando su saber en una carrera como la de Historia o desde otras disciplinas. Por ello, os insto a que no dejéis de leer novelas históricas. ¿Y si alguien os disuade en vuestro empeño? No os preocupéis, aún queda esperanza entre las generaciones más jóvenes. O si la paciencia no es vuestro fuerte, podéis soltarle toda esta parrafada. Tiempo de espera: una historia de incertidumbre, despedidas, cambios, solidaridad, renovación, lucha...Una novela que no os podéis perder.

Frases o párrafos favoritos:

"Alguien había apagado la radio y, a pesar de que el salón estaba lleno de gente, reinaba un silencio absoluto, un silencio en el que Polly sentía, y casi oía, los latidos de su corazón. Mientras nadie hablase, mientras nadie se moviese, la paz no habría llegado aún a su fin..."

Película/Canción: el 22 de Junio del año 2001 la BBC estrenó el primer episodio de la adaptación de la saga escrita por Elisabeth Jane Howard. Aquí os adjunto los primeros segundos de éste, con la intención de que, tras leeros los libros, le deis una oportunidad a la serie.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela
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