Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

viernes, 17 de julio de 2020

RESEÑA: Tierra de mujeres.

TIERRA DE MUJERES

Título: Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural. 

Autora: María Sánchez (Córdoba, 1989). Es veterinaria de campo y colabora habitualmente en medios escribiendo sobre literatura, feminismo, ganadería extensiva y cultura y medio rural. Coordina el proyecto Las entrañas del texto, desde el que invita a reflexionar sobre el proceso de creación, y Almáciga, un pequeño vivero de palabras del medio rural de las diferentes lenguas de nuestro territorio. También es responsable de la sección Notas de campo en Carne Cruda Radio, un diario sonoro desde los márgenes centrado en historias, personas y animales que habitan nuestro medio rural. Sus poemas han sido traducidos al francés, al portugués y al inglés. Es autora del poemario Cuaderno de Campo (La Bella Varsovia, 2017). 


Editorial: Seix Barral. 

Idioma: español. 

Sinopsis: María Sánchez es la primera mujer de su familia en dedicarse a un oficio desempeñado tradicionalmente por hombres. Su día a día como veterinaria de campo pasa por recorrer España en una furgoneta y vencer la desconfianza en un entorno masculino como es el rural. En este personalísimo ensayo, la escritora se propone servir de altavoz y dar espacio a todas las mujeres silenciadas en el campo, que tuvieron que renunciar a una educación y a su independencia para trabajar la tierra y cuidar de los suyos. A partir de historias familiares de la autora y de reflexiones sobre ciencia y literatura fruto de sus lecturas, Tierra de mujeres viene a llenar un vacío en el debate actual sobre el feminismo y la situación de la España rural, sin olvidar algunos conflictos que la asolan, como la despoblación y el olvido de los pueblos, la explotación de los recursos naturales o las condiciones laborales. Hija y nieta de veterinarios, heredera de los valores de una familia vinculada desde hace años al campo y a los animales, María Sánchez nos alerta del peligro de perder un patrimonio transmitido de generación en generación y nos ofrece estas páginas una visión realista de la vida rural, muy alejada de postales bucólicas y visiones nostálgicas. 

Su lectura me ha parecido: amena, sencilla, rápida, lírica, con reflexiones que escapan a lo común, potente en su discurso, autobiográfica en su totalidad, exenta de bucolismo, realista, muy necesaria ahora y siempre... Aunque nací en la que es considerada, según el número de personas que habitan en ella, la tercera ciudad más poblada de España, mi infancia, y sobre todo mis veranos, no se entenderían sin el pueblo. No lo elegí yo, ni mis padres, simplemente dio la casualidad de que mi abuela paterna nació en uno - situado en el Bajo Aragón y a pocos kilómetros de la frontera con Guadalajara - pequeño, de muchas cuestas y en una casa que antaño perteneció a sus padres y sus abuelos. Pasar unas semanas en aquel lugar era como viajar en el tiempo, a un lugar de calles empedradas, paredes de cal, rejas de hierro y una iglesia que, desde la mirada de mi yo de siete años, se asemejaba más a un castillo. Con su torre, su robustez, su tosquedad, levantada sobre una roca, elevada, altiva, observando por encima del hombro toda aquella hilera de tejas rojizas. Ir al pueblo significaba no pasar calor por las noches - ahora con el cambio climático el recuerdo de aquel cine de verano nocturno viendo Las Crónicas de Narnia en chaquetón en pleno agosto se me antoja un espejismo - leer a la fresca, redescubrir todos los rincones de la casa, asomarse por el ventanuco que conecta la sala de estar con la habitación de mis abuelos, bajar a la plaza, pasear hacia la fuente más cercana, comer una paella en el monte, inventarme juegos en la orilla del río, imaginar que detrás de los pinos se esconde una criatura invisible pero malvada - todavía esa obsesión literaria me persigue - atiborrarse a pipas - cuanto más saladas, mejor - degustar las almojábanas con una onza de chocolate almendrado en su interior, recoger espliego, descojonarse de las y los cotillas de turno - siempre al acecho behind the muro - visitar Teruel o algún pueblo de alrededor, convivir con la posibilidad de encontrarte con una vaca o un rebaño de cabras cerca de donde estás merendando, subir, bajar y en última instancia, respirar la pureza de ese aire que, en las grandes urbes, acaba totalmente viciado. Siendo adulta mi mirada ha cambiado, bastante diría yo, pero me niego a desechar de mi memoria aquellos recuerdos de infancia, en los que me sentía especial por pasar parte de agosto en un pueblo, mi pueblo, mientras muchos compañeros de clase ni siquiera tenían uno o directamente eran empaquetados y enviados al apartamento en la playa. A estos últimos les tenía un pelín de envidia, lo reconozco, pero aprendí a asociar mis veranos con dichas estancias. Aunque el mar estuviese a kilómetros de la cuesta de Santa Lucía. En mis recuerdos también están ellas: amigas, vecinas, conocidas, primas y hermanas de mi abuela. Los rostros de algunas de ellas se han ido diluyendo con el paso del tiempo, sin embargo, otros permanecen, inalterables, alojados en algún rincón de mi cerebro. Mujeres de campo a las que pocas veces se me ocurrió preguntar sobre su día a día, sus gustos, sus opiniones sobre cuestiones trascendentales, su niñez, esos sueños que alguna vez tuvieron y de los que todo el mundo desconoce, su visión del mundo rural... En definitiva, sobre su vida y su relato, siempre en los márgenes y que hoy, una autora española de la que todas y todos debemos estar muy pendiente, rescata para situarlos en primera fila, en el centro del debate entorno a la España rural. Tierra de mujeres: un bello homenaje a las olvidadas entre rebaños, bancales y cazuelas de barro. 


Lo primero que pensé nada más finalizar la lectura de Tierra de mujeres fue que por fortuna, en España, habíamos tenido grandes obras que nos han acercado al campo desde múltiples perspectivas. Desde una más amable y un tanto idealizada, hasta la más cruenta y hostil de todas, pasando por aquellas en las que abundan los topicazos más hirientes. Como veis, para gustos los colores. Sin embargo, en cuanto me puse a recordar los nombres de sus autores me venían a la cabeza precisamente eso, nombres de autores, en especial Miguel Delibes - a quien le debo respeto eterno por el escalofrío que recorrió mi cuerpo cuando leí Los santos inocentes  - y las pocas autoras que lograba recordar eran extranjeras prácticamente en su totalidad. Sobre todo estadounidenses, como ya comenté en una reseña anterior, cuna del Nature Writing. Sin embargo, y precisamente gracias al auge de este género de gran impronta ecologista, muchas y muchos de nosotros hemos comprobado la cantidad de escritoras y escritores que se han lanzado de lleno a la aventura de escribir y reflexionar sobre la naturaleza, la importancia de preservarla y los usos responsables que debemos hacer de ella. Lejos de ser un género muy asentado en España - aunque ya podemos leer algún nombre en español encabezando el título de un libro adscrito al mismo - lo cierto es que aquí nos ha ido más la novela, el cuento y esas historias de la España interior con un inquebrantable toque costumbrista, a partir del cual ha acabado oscilando al policiaco, al terror, a lo juvenil, a lo social o a maneras más propias del western. De ahí que me impactase en su momento toparme con un ensayo como el de María Sánchez en el que, no sólo se aleja de las formas tradicionales del Nature Writing para hablarnos de algo novedoso si tenemos en cuenta todo lo publicado y escrito acerca del campo español, también el hecho de que la autoría fuese femenina acrecentaron mi interés por esta lectura. Algo me decía que aquel breve ensayo iba a ser importante, que me iba a gustar, que iba a suscitar unas cuantas reflexiones, que estas pulularían por mi cabeza durante meses y que, por supuesto, conseguiría removerme por dentro, sentir nostalgia, revivir, en última instancia, todos aquellos recuerdos de la infancia ya expuestos en el primer párrafo. Se que desde el discurso de alguien procedente de lo urbano suena un tanto vacío, frívolo si lo preferís, y es cierto, yo no sería la más indicada para hablaros de la vida en un pueblo más allá de una experiencia año tras año vivida cuando llega el mes de agosto. Mi visión es la de quien lo vive un rato, tres semanas, un mes como mucho. De quien observa y se impregna. Pero para cuando ha conseguido habituarse, enseguida se tiene que marchar. Uno de mis deseos escritoriles más ambiciosos es llegar a escribir una novela de temática inminentemente rural. Si hasta tengo la idea, un resumen de la trama y los personajes. No obstante, le falta maduración, experiencia, verdad y por supuesto más trabajo de documentación y lectura. En ese sentido, de cara al futuro proyecto novelístico, María Sánchez tiene mucho que enseñarme. 


Estructurado en dos partes, María Sánchez nos toma de la mano y nos conduce a través de la historia de las mujeres que trabajaron y trabajan la tierra cuyo relato, como ya he comentado antes, nunca había sido tenido en cuenta hasta ahora. De ahí la importancia, a mi parecer, del texto que hoy reseño. Al restituir y ponerles voz a todas aquellas pastoras, agricultoras, ganaderas y - en la mayoría de los casos - obreras del hogar el resultado no deja de ser revolucionario. Si cambias el paradigma, el canon, o lo que es lo mismo, el discurso dominante (siempre masculinizado) abres indirectamente un camino para que, futuras generaciones de escritoras, especialmente vinculadas al mundo rural, se atrevan a imaginar historias con personajes femeninos alejados de la concepción tradicionalista o caricaturesca. Además, María Sánchez ha conseguido que se hable de ellas, incluso en los medios de comunicación, desde una perspectiva poderosamente feminista, dirigiendo nuestras miradas hacia el campo, esa España que muchos creen poblada de paletos y personajes pintorescos, esos pueblos en los que las mujeres llevan años luchando por sus derechos en un entorno, recordemos, dominado mayoritariamente por los hombres. Cuando pensamos en la figura del pastor pensamos en eso, en un pastor, pero no en una pastora. Parece que en nuestro imaginario colectivo el que una mujer sepa dirigir y controlar un rebaño de cabras no es concebible. Lo mismo sucede en otros ámbitos. Todos son agricultores, esquiladores, ganaderos, queseros, pescadores en el caso de que el pueblo esté cerca del mar o veterinarios de campo - profesión que ejerce la propia autora - entre otros muchos oficios relacionados. Desde una prosa que sorprende por su sencillez  María asienta las bases de lo que podríamos denominar como feminismo rural, el cual siempre ha estado presente en las reivindicaciones y manifestaciones del Día de la Mujer Trabajadora pero que, en las huelgas de 2018 y 2019 respectivamente ha conseguido por fin visibilizarse. Precisamente de eso trata la primera parte del ensayo, de activar la voz de las mujeres que viven en el campo, y no sólo a aquellas que profesionalmente trabajan en negocios, cooperativas, como autónomas o son dueñas de empresas del ámbito. También a aquellas que han cocinado, limpiado, cuidado de sus hijos, en definitiva, dedicadas a las tareas domesticas que, aún así, cuando sacaban tiempo (por decirlo de alguna manera) no dudaban en ayudar al marido en las tareas agrícolas sin recibir nada a cambio. Sin duda, una reivindicación brutal para esas heroínas invisibilizadas que podemos reconocer en nuestras madres y abuelas. 



Por otro lado, en su segunda parte, Sánchez muestra a través de anécdotas personales y familiares la verdadera realidad de vivir en un pueblo. Haciendo homenaje a las tres generaciones de mujeres importantes para ella - la de su tatarabuela, la de su abuela y la de su madre - desde una mirada entre nostálgica y llena de agradecimiento. A ellas, tal y como escribe en el presente ensayo, les debe mil y un enseñanzas, y de entre todas la más importante: sacar a la luz sus historias para convertirlas en modelos inspiracionales. Por otro lado, María Sánchez - una apasionada de la biología - no deja de exponer sus conocimientos acerca de la fauna y la flora que envolvieron su infancia y de las que bebe todos los días a la hora de desempeñar su trabajo como veterinaria de campo. Su visión de éste no es condescendiente, ni está maquillada, al contrario, la autora la muestra tal y como es, sin paños calientes, destacando la belleza del entorno y las virtudes que puede tener, pero sin esconder las desventajas que a su juicio son las causantes de las dos percepciones de la vida rural: o la extremadamente negativa o la extremadamente idílica. Para lograr un equilibrio, Sánchez apuesta por un trasvase de conocimientos entre el campo y la ciudad. Que el campo adopte algunas de las características de la visión urbanita (conexión a internet, fortalecimiento de las actividades culturales, mejora de comunicaciones...) y que la ciudad, en un acto recíproco, abra sus puertas a nuevas formas de consumo y trasporte más sostenibles y que impliquen un mayor acercamiento a la naturaleza. De esta forma se abriría la veda para acabar con los estereotipos y las concepciones simplistas que tanto daño han hecho a ambos entornos. Y lo mejor de todo es que este discurso tan oportuno y novedoso llega con gran facilidad al lector, sin una pizca de superioridad intelectual, como si con su escritura la autora se aplicase la máxima de "cuanta más gente lo lea mejor". De hecho, hay que reconocer ese acertado toque lírico - no debemos olvidar que María Sánchez cultiva con bastante destreza el campo de la poesía - que de alguna manera acompaña a la perfección su discurso. Reconozco que este aspecto, al principio, fue uno de los que más me chirrió, ya que de buenas a primeras me esperaba una lectura más profunda, con más datos, más voluminosa incluso. Pero tras cerrar la última página llegué a la conclusión de que a veces, un lenguaje sencillo consigue ampliar miras, y más cuando la intencionalidad del ensayo es precisamente la de concienciar a un mayor número de personas, visibilizar una injusticia o reivindicar una forma de mirar al mundo muy particular. Y en ese sentido, a pesar de no toparme con ese texto sesudo que había concebido en mi cabeza, creo que el objetivo se ha conseguido con creces. Por ir poniéndole punto y final a la redacción de la presente reseña, recapitularemos diciendo que Tierra de mujeres es una mezcla entre manifiesto que rompe el espejo de lo preconcebido respecto a lo rural y una profunda reflexión entorno al carácter paternalista, machista y clasista de las ciudades respecto al campo. Además de conseguir que como lectores nos cuestionemos la voz que siempre ha predominado en el mundo rural. Es cierto, Delibes fue un apasionado de la forma de vida de la España interior y uno de los que mejor supo describirla a través de sus novelas. Sin embargo la mirada de Delibes no ahonda en la vida de esa mujer que cuida a sus hijos por la mañana y por la tarde ayuda a su marido con las cabras, en la de esa niña a la que sacaron a los nueve años del colegio para ayudar a sus padres en el huerto o en la de esa anciana que toma la fresca en la puerta de su casa y que ha sido testigo de la evolución de los acontecimientos y de la historia de su pequeña aldea a punto de desaparecer. Ahora, gracias a María Sánchez, existe un aliciente muy poderoso para empuñar el lápiz y contar, por fin, su historia. 

Tierra de mujeres: un libro de descubrimiento, belleza, visibilidad, autenticidad, reconocimiento, recuerdos, experiencias adquiridas, amor por la naturaleza... Un canto reivindicativo al trabajo de la mujer rural. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Es obvio que el papel de la mujer en el medio rural es fundamental y que no es posible un territorio sin una política agraria que tenga en cuenta la perspectiva de género. Que la lucha de las mujeres ha permitido recuperar su espacio y levantar la voz sin miedo. Porque está unidas, porque se reconocen y pelean juntas por sus derechos, caminan hacia la igualdad. ¿Pero qué ocurre con las mujeres que siguen a la sombra?"

¡Un saludo, a seguir leyendo y feliz verano!

jueves, 2 de julio de 2020

RESEÑA: Cuentos imprescindibles.

CUENTOS IMPRESCINDIBLES

Título: Cuentos imprescindibles. 

Autor: Egar Allan Poe (Boston 1809- Baltimore 1849) es una de las figuras clave de la literatura moderna. Tras el abandono de su padre y el fallecimiento prematuro de su madre, Edgar fue acogido por el matrimonio Allan, una familia rica de Richmond (Virginia). Tras estudiar en la universidad de Virginia, el autor se enroló una temporada en el ejército y posteriormente comenzó a escribir, por motivos económicos, relatos y crítica literaria en algunos periódicos locales de la época, llegando a ser reconocido en el ambiente como un autor de estilo caustico y elegante. El influjo de su obra se puede rastrear la raíz de muchos de los géneros actuales más populares, así como en numerosísimos autores posteriores, desde Charles Baudelaire a Julio Cortázar. Aunque es mayoritariamente conocido por su obra cuentística, Poe también escribió Narración de Arthur Gordon Pym y El cuervo y otros poemas. Adicto al alcohol, su cuerpo sin vida fue encontrado en una calle de Baltimore a la edad de cuarenta años. 

Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: inglés. 

Traductor: José Luis López Muñoz. 

Sinopsis: Los cuentos de Edgar Allan Poe fueron desde su publicación un hito y referente inexcusables en la literatura fantástica, de misterio y de terror. Este volumen reúne sus Cuentos imprescindibles, todos aquellos de los que se ha oído o se pude oír hablar alguna vez y que han ejercido unánime fascinación sobre generaciones de lectores. Desde El pozo y el péndulo a El corazón delator, desde La caída de la casa Usher a Bernice, se concentra en estas páginas, como en un hipnótico frasco robado del laboratorio de un viejo alquimista, la quintaescencia de su genio. 

Su lectura me ha parecido: apasionante, reflexiva, terrorífica, controlada, intensa, sugerente, genuina, gótica, misteriosa, fantástica, pesadillesca, universal, influyente, sensitiva, un torrente incesante de inspiración... Siempre me ha obsesionado la muerte de Edgar Allan Poe, incluso antes de estremecerme con ese corazón que late bajo el suelo de madera, de admirar el incendio de la mansión de los Usher o de, dicho de forma coloquial, flipar lo más grande con la resolución del caso del crimen de la calle Morgue. Si hasta la idea de escribir un relato sobre aquellos últimos momentos de vida antes de encontrarse cara a cara, como si de uno de sus protagonistas se tratara, con la parca todavía sigue rondándome insistentemente. No se si sería el mejor homenaje, pero al menos lograría una aproximación a la decadencia del genio, cuya oscuridad - hablar de luz sería totalmente ridículo - se iluminó en el momento en el que dejó de existir, en el instante en el que se supo que jamás volvería a atemorizarnos con su pluma gatuna o alada. Me lo imagino caminando a trompicones, vagando por los callejones de la vieja Baltimore, tal vez con una botella de absenta en la mano, escuchando a lo lejos el gentío de cualquier taberna de mala muerte. Se decía que días antes había tenido un encuentro fortuito con una antigua amante, que las deudas lo exprimían, que los acreedores lo perseguían, que los cuentos y poemas que escribía ya no le daban para pagar todo lo que debía, que alternaba episodios de felicidad absoluta con intentos de suicidio. Si hasta cuenta la leyenda más macabra y morbosa que el propio Poe le pidió a María Clemm - tía y suegra al mismo tiempo y único familiar con el que mantenía contacto - que muriese a su lado. Tras la alcoholizada odisea, Edgar Allan Poe fue hallado a la mañana siguiente - el 3 de octubre de 1949 - tirado en el suelo y vistiendo unas ropas que no eran suyas. ¿Ataque cardíaco? ¿Delirium tremens? ¿Epilepsia? ¿Sífilis? ¿Cólera? ¿Asesinato?... Nunca lo sabremos. Dicen los que lo encontraron que su estado rozaba el delirio, que estaba falto de ayuda y atención inmediata. La leyenda recogida especialmente por Julio Cortázar - sin duda, uno de sus más dignos sucesores - apunta a un Poe torturado, obsesionado con la figura de un tal Reynolds - ¿el personaje real que le había servido de inspiración para La narración de Arthur Gordon Pym o simplemente un ente ficticio producto de una quebrada creatividad? - al cual no dejaba de invocar constantemente. Al expirar, como bien señala Cortázar, pronunció las siguientes palabras: "¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!". Lo cual cuadraría bastante con la peculiar y trágica vida del propio autor. Aunque una servidora es menos épica al pensar que lo último que sus ojos vieron fue la silueta de un cuervo picoteándole la palma de la mano tras haber ejecutado un majestuoso vuelo. Sí, lo reconozco, soy más tenebrosa, siempre buscando resquicios en lo perturbador para confeccionar imágenes poéticas pero impactantes; y eso se lo debo al que considero uno de mis maestros en el complejo y gratificante arte de la escritura. Nunca estaré a su altura, eso lo sé, pero si algún día consigo llegar a transmitir las mismas sensaciones que sus relatos provocaron en mi durante mis años de universidad, entonces habrá merecido la pena pasar tanto miedo. Cuentos imprescindibles: maestro, inspiración, influencia y el causante del mayor grado de pesadillas de la era contemporánea. 


Si hablamos de los cuentos de Edgar Allan Poe es importante, en primer lugar, hablar aunque sea brevemente de algunos aspectos determinantes de su vida - y que sin duda vendrían a confeccionar una personalidad de lo más inquietante - así como de lo que le sirvió como inspiración para crear uno de los volúmenes de cuentos más famosos e importantes de la historia de la literatura. En primer lugar, ya lo he anticipado, la vida de Edgar Allan Poe ha venido marcada siempre por la tragedia y la polémica. Huérfano desde muy pequeño, enemistado con su padre adoptivo por culpa de su afición al juego, al alcohol y las deudas que desde la universidad comenzó a acumular, obsesionado con su madre y su supuesta vida desordenada, sus relaciones románticas poco fructíferas - o acababan como el rosario de la aurora o se le morían, como fue el caso de su última esposa, Virginia Clemm, con la que se casó en secreto cuando ella sólo tenía 13 años y el 26 -, la muerte de la propia Virginia de la cual no se recuperó, sus intentos desesperados por vivir de la escritura, la pobreza extrema, las dificultades para ver su trabajo remunerado, sus polémicas en la escena literaria de la época, el fracaso en su breve incursión en la política, el sueño frustrado de fundar su propia publicación, su intento de suicido ingiriendo grandes cantidades de láudano. Todo ello teniendo también en cuenta su propia muerte, de la cual he hablado en el primer párrafo, que sin duda le confiere ese toque tenebroso y misterioso del que tanto ha hecho gala en su literatura. Por otro lado, y en segundo lugar, no existe escritor sin influencias, sin lecturas, sin esos gustos lectores adquiridos desde bien temprano y que resultaron, en el caso de Poe, tremendamente determinantes. Se cuenta que su pasión por ambientar sus relatos en entornos de fuerte impronta gótica le vino de su corta estancia en un internado inglés, experiencia de la cual el escritor no guarda precisamente un buen recuerdo. Seguidamente, a una edad muy temprana comenzó a escuchar las truculentas historias de los esclavos negros que trabajaban en la plantación de la que era dueño su padre adoptivo. Cuerpos desmembrados, cementerios, fantasmas errantes y demás criaturas terribles poblaban aquella tradición oral de barracón que, en lugar de traumatizar al joven Poe, le causaron gran fascinación. Ya en su etapa estudiantil, el futuro escritor leyó todo lo que se le ponía ante los ojos, no le hacía ascos a nada. Sin embargo, si que sentía especial devoción por una serie de autores a la larga claves para su desarrollo en el terreno del relato. Para empezar, leyó con gran pasión a Bocaccio y Chaucer - sin duda, dos grandes nombres a tener en cuenta si lo que pretendes es dedicarte a escribir cuentos - así como todo lo que pudo de literatura gótica inglesa - especialmente a Horace Walpole, Anne Radcliffe y Mattew G. Lewis -. Lejos de quedarse ahí, el natural de Boston se adentró en otros autores como Daniel Defoe, Walter Scott o Washington Irving; así como en el estudio de los principales científicos de su tiempo como Laplace, Newton y Kepler. Pero si hubo un escritor por el que sentía especial devoción ese era Lord Byron, hasta el punto de tratar de imitar algunos de sus comportamientos más extravagantes durante su juventud. Dicho esto, si juntamos la desdichada - en cierto modo buscada - vida que tuvo, todas las influencias literarias de las que bebió y su talento a la hora de ponerse frente al papel, sinceramente, raro sería que el cuervo adoptivo de Virginia no hubiese escrito, no sólo unos cuentos que estilísticamente y temáticamente son en su mayoría perfectos, también todo ese icónico e influyente ideario que los envuelve. 


Partiendo de la base de que una servidora es muy fan de las ediciones en las que aparece Julio Cortázar citado como traductor, aún así debo reconocer las razones de Alianza Editorial sacando esta edición - en una colección cuyos tres volúmenes restantes versan sobre vampiros, algunos de los mejores textos de Lovecraf y los cuentos de terror de Dickens -. Y es que ha querido reunir los mejores cuentos de Edgar Allan Poe en un solo libro en un intento por no asustar al lector menos acostumbrado a leer clásicos. Sin embargo, en esta noble causa se han dejado unos cuantos textos que igual no hubiese estado mal incluirlos en el presente volumen tales como La carta robada, El misterio de Marie Rogêt o el escalofriante El demonio de la perversidad (que si no lo habéis leído ya estáis tardando). Dicho esto, toca hablar de los que sí que están, de los que el lector podrá disfrutar si lee esta edición. Y es que hay que ser sinceros, los que la editorial ha decidido incluir son prácticamente los más famosos y trascendentes, que obviamente coinciden con los mejores a nivel literario. El propio Julio Cortázar a la hora de traducir y ejercer como editor de los mismos decidió dividirlos en varios bloques en función de los temas que los engloban y que sirven como catalizadores para sus respectivas tramas. A saber: terror, sobrenaturales, metafísicos, analíticos, de anticipación y retrospección, de paisaje y grotescos o satíricos. Sin embargo, y en vistas de que la presente edición poco se amolda a lo que el Premio Nobel argentino estructuró en su día, he preferido ceñirme a una relación más amplia y generalista. La cual me permitirá abordar casi la totalidad de los relatos recogidos en el presente libro de la forma más resumida posible. Dentro de esta nueva ordenación iniciaremos nuestro viaje al origen del mal de la mano de el género de terror. Sin duda, el leitmotiv de toda antología que se reedite de Edgar Allan Poe. Porque si por algo es conocido este escritor es por conseguir que lectores de todas las generaciones pasen miedo, tengan pesadillas o al menos perturbarlos. Culpa de ello tiene su especial talento para la construcción de atmosferas impregnadas de un delicioso estilo gótico - llevado a su Norteamérica de mediados del siglo XIX - su deje poético y por supuesto, esos "punch" en la trama que conducen a algunos de sus relatos a coquetear con el gore o lo sobrenatural. Dentro de esta categoría encontraríamos El pozo y el péndulo - espeluznante  y sangrienta reflexión entorno a la desorientación y la desesperanza de alguien que sabe que va a morir - La caída de la casa Usher - súper actualizado a lo largo de la historia de la literatura y una alegoría al estigma de la enfermedad - El gato negro - el culpable de que a día de hoy todavía asociemos la mala suerte con los felinos de oscuro pelaje - Ligeia - una enorme elegía al duelo y las dificultades para superarlo - La máscara de la muerte roja - curiosamente de pertinente lectura en los pandémicos tiempos en los que nos hayamos - o Entierro prematuro - un título que en sí es un autentico spoiler y que relata precisamente la peor de nuestras pesadillas -. Pero si me lo permitís, dejadme que me deleite unas líneas con El corazón delator. Lo sé, suena muy típico, citado hasta la saciedad, incluso Los Simpsons lo han parodiado en un memorable capítulo. Aún así, a día de hoy todavía me recorre un escalofrío al rememorar aquel breve relato en el que el arrepentimiento y la culpa jamás estuvieron tan bien descritos. Y esa voz, esa primera persona, esa perturbadora personalidad... Una maravilla. 


No estaría siendo justa si me dejase por el camino el otro gran pilar que sustenta la producción cuentística de Edgar Allan Poe. Pues si se le daba de miedo - valga la redundancia - plantear poderosas reflexiones a través de gatos que traen desdicha, verdugos con terribles métodos de tortura o muertos que reviven en forma de fantasmas; también lo clavaba en sus relatos de corte más detectivesco. Tal era su habilidad que Arthur Connan Doyle a su lado era simplemente un aficionado. ¿Y cuáles son los cuentos de este estilo más famosos y que, por descontado, aparecen en la presente edición? Pues tenemos El escarabajo de oro - una historia de obsesiones y criptograma incluido con el que Poe ganó un concurso literario valorado en 100 dólares - y Los crímenes de la calle Morgue - considerado el primer cuento de detectives moderno en el que el detective Auguste Dupin se enfrenta a la resolución de un doble crimen brutal e inenarrable que desafía al raciocinio y a cualquier respuesta lógica -. Detengámonos, si me lo permitís, en este relato, uno de los más memorables del autor, en el que el misterio, la trama policial y esa resolución imprevisible y totalmente salvaje se juntan con el canon que servirá de inspiración para futuras novelas policíacas. Con Auguste Dupin Poe asienta las bases de, por ejemplo, el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle o el Hercules Poirot de Agatha Christie. Es decir, la creación de un detective ingenioso, carismático, inteligente, cuyo método de investigación parte de lo analítico y de buscar al culpable menos sospechoso a ojos del lector y que, por supuesto, siempre sale airoso de cada nueva investigación. Y remarco lo de cada nueva investigación porque la revolución que propició Poe en el género fue el hecho de que este detective pudiese resolver otros casos, dicho de otro modo, protagonizar otras historias. Siempre episódicas eso sí - con un final cerrado y sin posibilidad de desarrollar una subtrama, eso llegará más adelante - pero que en su momento supuso todo un cambio en el paradigma. Dicho de este modo, podría decirse que un norteamericano fue el padre de la novela detectivesca británica, la misma que durante años se ha considerado como la más clásica de todas las vertientes, por lo que muchas autoras y muchos autores cuya fama ha sido estratosférica en este género, le deben prácticamente todo al malogrado Poe. Es una pena que Alianza Editorial no incluyera más relatos de corte detectivesco en esta antología, ya que si una de las intenciones es iniciar a los lectores en la literatura de este autor, podrían haber diversificado más y haber incluido el mismo número de cuentos de terror y de misterio. Así la presentación sería más equilibrada y éste podría tener la libertad de decantarse, si por el Poe más policíaco o por el Poe más sobrenatural. Aunque si me preguntasen mi opinión, sin dudarlo, y a pesar de que amo Los crímenes de la calle Morgue, yo me quedo con su versión más oscura. Una vez vomitados datos biográficos, literarios, concernientes a la crítica literaria y de carácter más personal; creo que queda más que clara mi total admiración por su obra y reflexiones que se desprenden de su prosa extraordinariamente lírica. No me cabe la menor duda que Edgar Allan Poe seguirá creando legiones de lectores, así como de escritoras y escritores apasionados por nuestros mayores temores - H.P. Lovecraft, Robert Louis Stevenson, Charles Baudelaire, Ray Bradbury, Shirley Jackson, Jorge Luis Borges, Alfred Hitchcock, René Margritte, Stephen King, David Lynch, Horacio Quiroga o Marilyn Manson entre otros se han declarado admiradores y deudores de su literatura -. Desde escritores a pintores, pasando por filósofos, poetas, cineastas e incluso músicos. Todos se han visto empapados o influidos por su forma de sacar a la luz lo peor de la condición humana y lo cierto es que la cosa va para largo. A no ser que el coronavirus - y el terror que ha provocado a nivel mundial - inicien un nuevo ciclo en esta siniestra y siempre lúcida tradición literaria. El tiempo lo dirá. Mientras, Edgar Allan Poe seguirá ahí para estremecernos y abrirnos el camino. Aunque sea desde sus perturbada visión del mundo, vistiendo ropa vieja y con síntomas de haberse pasado tres pueblos con el láudano. 

Frases o párrafos favoritos:

"Mientras la contemplaba, la grieta se ensanchó muy deprisa - llegó el feroz soplo del remolino -, la esfera completa del satélite estalló de golpe ante mis ojos y mi cerebro se tambaleó al ver cómo los tremendos muros se desmoronaban - cómo se oía un largo grito tormentoso, semejante a la voz de mil aguas - y cómo el frío y profundo estanque a mis pies se cerraba, hosco y silencioso, sobre las ruinas de la Casa Usher."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Alianza Editorial

viernes, 26 de junio de 2020

RESEÑA: Mujer al borde del tiempo.

MUJER AL BORDE DEL TIEMPO

Título: Mujer al borde del tiempo. 

Autora: Marge Piercy (Detroit, Michigan, 1936) es autora de dieciocho colecciones de poesía, una biografía, diecisiete novelas, un libro de cuentos, una colección de ensayos y una obra de teatro. Su trabajo ha sido traducido a diecinueve idiomas y ha recibido numerosas distinciones, incluyendo el prestigioso premio de poesía Golden Rose y el premio de ciencia ficción Arthur C. Clarke. Piercy es activista social, voz clave del movimiento New Left de los sesenta y los setenta, y miembro de la organización no gubernamental Women´s Institute for Fredoom on the Press desde 1977. Vive en Cape Cod con su marido, el novelista Ira Wood. 


Editorial: Consonni. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Helen Torres. 

Sinopsis: Una mujer chicana, Connie Ramos, ha sido encarcelada injustamente en una institución mental de Nueva York. Las autoridades la consideran un peligro para sí misma y para los demás, e incluso su familia ha dejado de apoyarla. Pero Connie tiene un secreto, una forma de escapar de los confines de su celda: ella puede ver el futuro. Esta novela es una trasformadora visión de dos futuros... y de como uno u otro pueden llegar a hacerse realidad. Por un lado, un tiempo de equidad sexual y racial, de dignidad medioambiental, un tiempo en el que es posible alcanzar una realización personal sin precedentes, donde todo el mundo participa por sorteo del gobierno y la educación es comunitaria. Por otro, Connie también es testigo de otra posibilidad con un resultado muy distinto: una sociedad de explotación grotesca, en donde la que las fronteras entre personas y mercancías han sido definitivamente borradas.

Su lectura me ha parecido: extensa, reflexiva, inmersiva, rabiosamente actual a pesar de haberse escrito en los años 70, audaz, feminista, crítica con el capitalismo occidental, escrita desde las trincheras para imaginar posibles mundos utópicos... En la década de los 60 del pasado siglo se inició lo que se conoce como Segunda ola del feminismo, la cual viviría su etapa de mayor esplendor en los años 70 hasta acabar en los años 80. A pesar de que las teorizantes no consiguen ponerse de acuerdo - hay quien sitúa esta segunda juventud del movimiento a finales de los años 40 y quien por el contrario la fija en los años 60 coincidiendo con la publicación de La mística de la feminidad de Betty Friedan - lo cierto es que las reivindicaciones no son las mismas que las de las mujeres que participaron, allá por el siglo XIX y principios del XX, en la primera ola y por supuesto el epicentro del movimiento se traslada. Para empezar, si antes estudiamos un feminismo cuya voz se escucha sobre todo desde Europa, en esta ocasión, el terremoto tendrá lugar en Estados Unidos, país desde el cual saldrán todas las teorías e ideas que influirán a posteriori más allá de sus fronteras físicas. Aunque la publicación de El segundo sexo de Simone de Beauvoir (texto clave para el pensamiento feminista) es un autentico hito, lo cierto es que no fue hasta La mística de la feminidad de Betty Friedan (menos filosófico, más práctico, más accesible para el gran público, más crítico con los medios de masas de la época) cuando el feminismo da un vuelco y más tras conocerse los resultados de una investigación en la que se evidenciaba la discriminación de la mujer norteamericana en todos los aspectos de la vida. La nueva agenda será en relación a los derechos reproductivos - aborto, uso de anticonceptivos - y la igualdad salarial respecto a los hombres entre otros muchos temas. Además, por primera vez en la historia el movimiento feminista vivirá un intenso debate entorno a la inclusión de las mujeres lesbianas dentro del mismo. Debate a día de hoy a todas luces ya superado que, sin embargo, en su momento creó una gran división dentro de las filas, llegando a tener líderes del mismo como Betty Friedan posicionándose en contra (recordemos el famoso "efecto lavanda" con el que ella misma argumentaba el dejarlas fuera de las reivindicaciones propias del feminismo). Por aquel entonces también existían debates entorno a la interseccionalidad del movimiento respecto a otros colectivos, alguno de los cuales, a día de hoy, todavía hay quien cuestiona su pertenencia al mismo (como el caso de las mujeres trans, tema de reciente actualidad y que ha cobrado dimensiones mundiales gracias a un tránsfobo tweet de la escritora J.K. Rowlling). Polémicas a parte, lo que está claro es que esta nueva y más avanzada lucha feminista tuvo sus protagonistas más visibles en el ámbito político, pero también en el literario. Siendo este ámbito uno de los más desconocidos para el gran público. Espero que esta reseña, visto el panorama, sirva para reivindicar a una de sus representantes más interesantes y talentosas como lo fue Marge Piercy. Mujer al borde del tiempo: ¿hacia dónde queremos ir?


Sin duda, Marge Piercy es una de las grandes escritoras unidas a este feminismo de segunda ola - adorada, por cierto, por la gran Gloria Steinem - fue también toda una pionera en el género de la ciencia ficción y el fantástico. Llegando a engrosar una enorme cantidad de títulos de ambos géneros en su haber, siendo Mujer al borde del tiempo su novela más memorable y recordada por generaciones de lectoras y lectores en el ámbito anglosajón. Cuesta entender como un libro casi coetáneo en el tiempo a Los Desposeídos de Ursula K. Le Guin - la autora que abrió camino en esto de que una mujer pudiese escribir sobre viajes espaciales o planetas inexplorados, aunque tuviese que soportar durante toda su carrera el machismo y desprecio de sus colegas varones - y que fue fundamental para la educación literaria de Margaret Atwood - autora de El cuento de la criada - no tuviese tanto recorrido fuera de la cultura inglesa y norteamericana. Tal vez, una de las razones fuese el desprestigio que durante décadas sufrió la ciencia ficción dentro de los círculos literarios más conservadores, ya que el imaginarse futuros apocalípticos o los conflictos dentro de una nave que viaja por una ficticia galaxia al parecer no se consideraban "alta literatura" al gustarle tanto a las masas. Puede ser que, el hecho de que fuese una mujer su autora, y además feminista, disuadiese a los editores a la hora de atreverse a encargar su correspondiente traducción, de publicarlo y exhibirlo en los escaparates de las mejores librerías. Aunque, sin duda, y a pesar que comparto las tres causas mencionadas, también es cierto que la sociedad no estaba aún preparada para leer un texto de estas características. Un libro en el que, por ejemplo, reflexiona entorno al género no binario y la posibilidad de que se normalice y que la gente se defina de este modo sin temor a discriminación, burlas o violencia. Una novela en la que, entre otras muchas cosas, la protagonista no responde ni a los cánones de belleza establecidos, ni a un estatus económico boyante, ni siquiera es una estadounidense blanca, y por tanto, privilegiada en muchos aspectos. Se llama Connie Ramos, es chicana - término con el que se refieren a los estadounidenses de ascendencia mexicana - es pobre y gorda. Tres características - física, económica y racial - que de seguro por aquel entonces molestarían a más de una o uno. Ya que hasta hace cuatro días no se concedía la ficción sin que la o el protagonista se adecuase al modelo heteropatriacal racista, sexista y homófobo. En resumidas cuentas, estaríamos hablando de un personaje bastante avanzado a su tiempo, y justo en unos años en los que la palabra "inclusión" en literatura era más propio, precisamente, de las utopías que del mundo real. Sin duda, en ese sentido, Connie Ramos nació en la ficción para inspirarnos y guiarnos a todas y a todos. 


En Mujer al borde del tiempo Connie Ramos ha sido encarcelada injustamente en una institución mental de Nueva York. Aunque su historial delictivo es largo, así como sus antecedentes de violencia psicótica, en esta ocasión, Ramos no merecía dicha condena. La autoridades no dudan en considerarla un peligro para los demás y para sí misma, hasta el punto de que, ni siquiera su propia familia, ha dejado de apoyarla. Sin embargo, Connie logrará mantener un pequeño contacto con el exterior gracias a la irrupción de Luciente, una persona procedente del futuro que la ayudará y acompañará en su largo periplo hasta lograr la libertad. Su día a día en el psiquiátrico le sirve a la autora para criticar, precisamente, las jerarquías existentes actualmente en la sociedad y su relación con el poder o la autoridad. Además de denunciar la histórica y terrorífica violencia que en dichas instituciones se ha practicado prácticamente al amparo de un todavía vergonzoso desconocimiento de las enfermedades mentales, de unas máximas erróneas asumidas tanto por los facultativos como por parte de las familias de los internos y por supuesto de los abusos perpetrados para "curar" o más bien neutralizar al paciente. En los tiempos que corren, con todo el conocimiento que tenemos al respecto de las enfermedades mentales, así como una cada vez mayor concienciación, hacen que asistamos a la novela de Piercy con bastante miedo, llegando en ocasiones a horrorizarnos del desdén y superioridad con la que los médicos tratan a las y los internos en dicha institución mental. Esa claustrofóbica casi lobotomizada atmósfera contrasta enormemente con lo que Luciente le muestra a Connie Ramos, con esa futurista aldea llamada Mattapoisett que encarna la mejor de las utopías posibles. Gracias a una conexión mental con esa extraña criatura del futuro, Connie consigue apreciar como en Mattapoisett no existen las clases sociales, y por tanto, la certeza de la inexistencia de "jefes" y "explotados". Para lograr este justo equilibrio, en Mattapoisett los cargos públicos son rotativos, de esta forma, todo el mundo puede tener acceso a la vida política, y por tanto, conseguir un modelo extraordinariamente participativo. En la idílica aldea se cuida de la comunidad del mismo modo que se cuida a la naturaleza, considerando a todo individuo como alguien imprescindible, a no ser que su voluntad sea renegar de ella, atacar el bien común o la integridad de cualquier persona. Por supuesto, no existe la propiedad privada, como tampoco el apego por lo material. Seguidamente, encontramos una educación comunitaria, un lugar en el que es posible alcanzar la realización personal plena, en el que no existe  ni discriminación por sexo gracias a la abolición del género - de hecho, el género no binario está completamente normalizado en Mattapoisett - ni por razas tras haber mezclado los genes de toda la población manteniendo identidades culturales separadas, ni por supuesto, por un mayor o menor poder adquisitivo por lo ya mencionado anteriormente. Sin embargo, al mismo tiempo Connie observará, tras haber desarrollado con el tiempo su capacidad de vinculación a Luciente, otro futuro que dista mucho de parecerse al de Mattapoisett. Una distopía en la que un pequeño porcentaje de la población (los más adinerados) vive más de treinta años, en la que una explotación de proporciones salvajes se cierne sobre los pobres, en la que las mujeres particularmente sufrirán la violencia más atroz, en donde la esclavitud vuelve a ser legal y en la que las fronteras entre personas y mercancías han desaparecido. Un futuro dantesco al que parecen abocados si se llevan a cabo unos experimentos que unos científicos quieren llevar a cabo usando como ratas de laboratorio a las y los propios internos del psiquiátrico. El destino está en manos de Connie. ¿Dejará que los mad doctors se salgan con la suya o por el contrario se resistirá para que la humanidad aspire a una sociedad rural-futurista como la de Mattapoisett? La respuesta la obtendréis tras leer casi 500 páginas de pura ciencia ficción feminista. 


Sin duda, uno de los aspectos que he aplaudido a rabiar ha sido la brillante construcción de su personaje principal. Consuelo Camacho Ramos - así se llama de verdad - más allá de su complejidad psicológica dentro de la historia que plantea Piercy, es toda una declaración de intenciones si pensamos en como ha estado y sigue estando el mundo actualmente. En una sociedad en la que las distintas comunidades tradicionalmente discriminadas por el sistema, de pronto, que una mujer hispana o chicana sea la protagonista de una novela de ciencia ficción pura es ya de entrada toda una revolución, pues se carga a martillazos los pilares del canon oficial que ha prevalecido en este género durante décadas. Lejos de quedarse ahí, Piercy la dota de dos pluses de vulnerabilidad y que molestan enormemente al capitalismo más salvaje - es gorda y pobre - dejando claro no sólo la diversidad social, también el hecho de que las personas expulsadas de sus encorsetadas formas pueden viajar en el tiempo, tomar decisiones importantes para el futuro de la humanidad y en última instancia salvar al mundo. De hecho, a lo largo del libro el lector acompañará a Connie en una especie de viaje Inter temporal, que no iniciático, hacia la aceptación de sus virtudes y defectos. Ella que viene de la oscuridad y de un estrato social en el que el sexismo, el racismo, la gordofobia o la aporofobia son el pan de cada día poco a poco verá recuperada su autoestima, logrando en ese tiempo ser mejor persona que quienes la internaron injustamente. Connie Ramos sería, dicho de forma burda, todo lo que Trump desprecia, pero que con su presencia y potencia como personaje conseguiría dejarlo a la altura del betún. Por otro lado, además de la influencia de la segunda ola feminista que ya he comentado al principio de la presente reseña, me quedo también con la importante reflexión que pivota a lo largo de toda la novela que, aunque densa en su extensión, todas y todos deberíamos leer. Y es que una vez más la ciencia ficción - tan menospreciada por la alta literatura - nos da la lección que ahora en pleno siglo XXI, y sobre todo, en medio de la que ya podríamos considerar como la pandemia más importante de los últimos tiempos, la sociedad necesita. Si algo demuestra Mujer al borde del tiempo es que todas y todos importamos, y lo que es más importante, tenemos más poder del que creemos para poder cambiar las cosas. Pensamos que somos el último eslabón de una cadena de montaje dentro de una enorme máquina que, como la maravillosa Metrópolis, parece engullir a individuos sin piedad alguna. Que somos como Chaplin en Tiempos modernos, atornillando una pieza como autómatas impotentes que ven como el mundo avanza en una dirección que nos sentimos incapaces de corregir. Pero lo cierto es que con nuestras decisiones y una mayor o menor participación en la sociedad podemos cambiar las cosas, hacerlas avanzar, retroceder, virar el rumbo, dejarlo tal y como está o incluso cambiar la mentalidad de comunidades enteras. Votar en unas elecciones es tal vez el ejemplo más fácil que se me ocurre, pero también existe el activismo, la escritura, el arte, la enseñanza o simplemente el manifestar nuestro punto de vista, aunque sea en un grupo reducido de personas. Nunca se sabe cuando se podrá prender la mecha. Eso sí, una advertencia, la novela lo dice bien claro: siempre habrán personas que querrán cambiar las cosas para bien y las que, por el contrario, preferirán escoger un camino cuyas consecuencias serán nefastas. Ahí es donde entra, sin duda, el espíritu crítico y los intereses personales de cada una y uno. Nosotros decidimos, como Connie Ramos, que no se nos olvide. 

Mujer al borde del tiempo: una historia de amistad, futuros alternativos, utopías, distopías, intereses ocultos, conquista de la autoestima, feminismo de los 70... Una novela que nos interpela directamente obligándonos a escoger qué futuro queremos para las generaciones venideras. 

Frases o párrafos favoritos: 

"El objetivo de crear futuros es hacer que la gente pueda imaginar qué quiere y qué no quiere que pase, y quizás hacer algo al respecto."

¡Un saludo, ánimo y a seguir leyendo!

Cortesía de Consonni

jueves, 18 de junio de 2020

RESEÑA: La casa intacta.

LA CASA INTACTA

Título: La casa intacta. 

Autor: Willem Frederik Hermans (1921-1995) fue un prolífico y versátil escritor holandés. Escribió ensayos, estudios científicos, poesía, cuentos y novelas; de ellas cabe destacar El cuarto oscuro de Damocles (1958) y No dormir nunca más (1966). En los años setenta tuvo un papel relevante en el desenmascaramiento de Friedrich Weinreb, que se había lucrado vendiendo falsas rutas de huida a judíos durante la Segunda Guerra Mundial. En 1977, Hermans obtuvo el Premio de Literatura Holandesa, el galardón literario más prestigioso de los Países Bajos. Junto con Harry Mulisch y Gerard Reve, está considerado uno de los tres grandes (De Grote Drie) escritores de la literatura holandesa de posguerra. 


Editorial: Gatopardo. 

Idioma: holandés. 

Traductora: Catalina Ginard Féron. 

Sinopsis: Europa del Este, 1944. Un soldado holandés que lucha con un grupo de partisanos se refugia en una casa abandonada de aspecto señorial durante un cese de hostilidades. La casa está casi intacta por los estragos de la batalla, y el partisano se instala en ella como si la guerra no hubiese tenido lugar: se baña, se viste con ropa que encuentra en el armario, come restos de comida. Cuando las fuerzas alemanas recuperan la plaza y unos soldados nazis llaman a la puerta, él decide hacerse pasar por el propietario de la casa. Pero ¿cómo se las arreglará para mantener el engaño?

Su lectura me ha parecido: breve, sutil, en ocasiones explícita, pesadillesco, original en cuanto a su premisa, contundente, perversa, antipatriótica, antibelicista, universal... Durante la cuarentena huía, como quien escapa de un animal peligroso, de cualquier referencia literaria al interior, al hogar, a las pesadas cuatro paredes de mi cuarto. De ahí que, salvo alguna excepción, la mayoría de las lecturas que me han acompañado en el confinamiento han sido historias que acontecían fuera, más allá de los muros de la gran ciudad, en la Galicia rural, en la Italia bañada por el sol de una tarde de verano, en la California más chiflada que os podáis imaginar, en la gira de un grupo de rock inventado de los años 70, en algún lugar perdido del atlántico tras sufrir un accidente de avión durante la Segunda Guerra Mundial y hasta en un bibliobús que tenía a la mismísima Isabel II de Inglaterra entre sus usuarios más ilustres. Por supuesto, también me he mecido al son de la espiral autodestructiva de los personajes del cómic Hechizo Total, entretenido yendo de un lado a otro de la enorme casa de muñecas ideada por Patricia Esteban Erlés, llorado acompañada de Delphine de Vigan y su Nadie se opone a la noche - sin duda, el mejor libro de todos los que me leí durante el encierro - o partiéndome de risa con la inoperancia de los personajes de Documento 1 - en última instancia, los más apegados a la realidad y a la precariedad crónica de la sociedad actual -. Todos ellos libros en los que el factor introspectivo (y por tanto de reclusión) era imprescindible para poderlos apreciar en todo su esplendor. Sin embargo, siempre trataba de viajar, aunque fuese a través de mi imaginación, a todos aquellos lugares que, por el momento, son imposibles de visitar. Me angustiaba la idea de no volver a pisar la calle en mucho tiempo. Dicho así suena un tanto exagerado, pero sed conscientes de la incertidumbre, el alarmismo y la dramática situación que estaba teniendo lugar en los meses de marzo y abril. Unos hechos a los que estábamos obligados a hacer frente, sin anestesia alguna, sin que nadie nos hubiera preparado o mentalizado para ello. En mi caso, la medicina la encontré en parte en esas lecturas que me permitieron llenar un poco de aire los pulmones y despejar la cabeza de esos pensamientos trágicos que de vez en cuando me asaltaban por la noche o me producían dolor de barriga. Ahora que la desescalada es un hecho - y ya veremos si no nos tendremos que arrepentir de nuestra rapidez a la hora de gestionarla - he creído conveniente redactar y publicar la reseña del siguiente cuento. Un relato de interior, pero también de exteriores. Una narración que oscila entre el oasis en medio del caos y el horror de una guerra que se antoja la más sangrienta de la historia. La casa intacta: el retrato más macabro, helado y despiadado del sinsentido de la guerra.


Antes de adentrarnos en la reseña propiamente dicha, cabe presentar un poco a su autor Willem Frederik Hermans. Nacido en Ámsterdam en el año 1921, es uno de los escritores holandeses más importantes de los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Con inquietudes científicas desde niño, Hermans trató de subsistir con la escritura en los duros años de la reconstrucción, algo que le obligó a desempeñar otros trabajos para poder mantenerse en una Holanda con las heridas de la guerra todavía abiertas. Sin haber participado en ella, su producción literaria está enormemente marcada por ésta. Además, por si fuera poco, Hermans se erigió en la década de los 70 como uno de los responsables a la hora de desenmascarar a Friedrich Weinreb. En este punto, permitidme que me detenga, ya que creo que es muy importante que sepáis un poco de esta historia - ya no sólo como curiosidad histórica, también porque, de cara a la novela que hoy reseñamos, lo encuentro bastante oportuno -. Veréis, el tal Friedrich Weinreb fue un economista y escritor judío que, durante los años de la ocupación nazi en Holanda, se dedicó a vender rutas seguras para los judíos que deseaban escapar del país. Las gente, desesperada, no dudaba en desembolsar grandes sumas de dinero con tal de escapar del horror y de una muerte segura en los campos de concentración. Sin embargo, la  ruta supuestamente segura fue en realidad una trampa para que los judíos cayesen en la trampa y acabasen arrestados por los nazis. Cuando fue descubierto en 1944, dejó su casa y se escondió en el pequeño pueblo de Ede. Tras la liberación y una vez capturado por los aliados, fue encarcelado tres años acusado de fraude y colaboracionismo. Pero no fue hasta 1969 cuando, a raíz de unas memorias publicadas ese mismo año, en las que afirmaba su intención de brindar a aquellos judíos esperanza de supervivencia, además de la creencia de que los Países Bajos iban a ser liberados antes de que los nazis ordenaran la deportación. El debate sobre su culpabilidad o inocencia se extendió durante décadas, llegando a su punto más álgido y acalorado en la década de los 70. Fueron muchos los intelectuales que se mojaron y dieron su opinión al respecto, entre ellos el propio Hermans, que lo señaló como culpable de la muerte de aquellas gentes. Años más tarde, y en un intento de poner fin al debate, el gobierno pidió al Instituto de los Países Bajos para la Documentación de la Guerra que investigase el asunto. Finalmente en 1976, y tras haber realizado un trabajo de documentación, cotejo y entrevistas a los pocos supervivientes que quedaban de los hechos, se presentó un informe en el que se señalaba la falsedad del testimonio que Weinreb plasma en sus memorias, señalando su intencionalidad estafadora y ascendiendo a 70 el número de victimas que la famosa "ruta". Esta pequeña pincelada de historia, que a priori parece no venir a cuento más allá de la opinión del propio autor al respecto, va más allá de lo meramente anecdótico. Ya que me permite a mi como crítica literaria enmarcaros no sólo en la época - asumo que todos la domináis más o menos - también en ese retrato de la maldad en estado puro. Una maldad que, en tiempos de guerra, se expone de la forma más explícita, naciendo del interior de personas que jamás imaginarías, mostrando que no existen límites en cuanto a crueldad humana se refiere. Weinreb supo ocultarla de la forma más retorcida y sibilina, una liga a la que los personajes de La casa intacta jamás podrían aspirar. 



Ambientada en un lugar desconocido de la Europa del este y en pleno apogeo de las hostilidades entre ambos bandos, asistimos a la historia de un soldado holandés - cuyo nombre jamás sabremos - que, en medio de un cese de disparos, decide separarse de sus compañeros partisanos y refugiarse en una casa abandonada y de aspecto señorial. La sorpresa es mayúscula cuando descubre que dicha mansión a penas se ha visto afectada por las bombas o los disparos de metralla, si hasta sigue emanando agua caliente. Una vez en su interior, el soldado se queda a vivir en ella, disfrutando de los objetos y comodidades de sus estancias, así como de las comida que los anteriores dueños no pudieron llevarse a la boca. La situación se le antoja idílica en medio del caos bélico, una especie de oasis en medio del bravo océano. Pero llegan los Nazis, recuperan la plaza y llaman a la puerta del caserón. A partir de ese momento, el soldado deberá fingir ser entonces el propietario de dicho lugar para evitar una muerte segura. Con esta premisa tan atractiva, Hermans ya consiguió que una servidora se interesase por esta novela corta - por no hablar de relato - y eso que, como ya he comentado en más de una ocasión, hacía años que no me adentraba en una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Mi aproximación a ella había sido desde una perspectiva más ensayística, memorialística, más pegada a los hechos que a la ficción que esta puede inspirar en cualquier pluma más o menos talentosa. Una vez vencido el escepticismo, La casa intacta duró pocos días en mi mesita de noche. Lo devoré. Con ansia. Con entusiasmo. Su brevedad fue determinante, pero también la forma con la que Hermans consigue que el lector no despegue los ojos del papel. A pesar de buscar siempre lo lírico en una narración, en esta ocasión adoré la hosquedad de su estilo, sin duda a corde con el contexto y la historia que se narra. Lejos de resultarme molesta, esa sequedad me impactó, me subyugó, hasta el punto de querer atesorar todos aquellos recursos, como si de una clase de escritura creativa se tratara. La casa intacta se adhiere perfectamente a la tesis de que, si quieres contar una historia en la que suceden cosas abominables, las palabras y el tono deben ir en consonancia si lo que se pretende es dejar huella en la memoria del lector. Así que gracias Hermans, gracias por esta lección de estilo. 


Dicho esto, y al hilo de lo ya expuesto, cabe rescatar el término "universo sádico" al que el escritor Cees Nooteboom hace referencia en el epílogo de la presente edición. Y es que en el relato de Hermans la violencia se presenta en toda su crudeza, explícita por momentos, incómoda de leer y que actúa como vehículo natural a lo largo de toda la narración. El lector se enfrenta a escenas inenarrables, atroces, pero todas ellas justificadas de cara a la intención por parte del autor en denunciar el sinsentido de la violencia. Algo que se acentúa si tenemos en cuenta el pensamiento nihilista de su protagonista - sólo ansía sobrevivir a cualquier precio - y la incursión de otros personajes que, independientemente de su posicionamiento ideológico u político, son capaces de cometer las mayores barbaridades en pos de una causa o un ideal en muchos casos maniqueo. Un acercamiento arriesgado pero efectivo que en los tiempos que corren nunca viene mal tener presente, sobre todo si de lo que se trata es de mandar un mensaje en favor de la no violencia cuando, a la vista está, todavía quedan resquicios de intolerancia y de agresiones movidas por el racismo, la xenofobia o la homofobia. Aunque Hermans lo capitalice en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, la denuncia traspasa los límites temporales, alcanzando un estatus universal. Por otro lado, y ya para acabar, señalar la importancia de la casa, y sus características propias, dentro de la historia. Como si se tratara de un personaje más - el más importante diría yo - la mansión en la que el soldado se queda a vivir actúa como refugio más o menos habitable (hay que tener en cuenta que está teniendo lugar una sangrienta batalla y que haya sobrevivido de la forma en la que Hermans nos la describe es por lo menos increíble dentro de la verosimilitud que como lector quieras otorgarle a la novela) frente al terror que se vive a fuera. Al mismo tiempo, cada estancia actúa como un espacio propio, que en ocasiones parece condicionar al protagonista, incitándole a realizar ciertos comportamientos o a la toma de determinadas decisiones. Cuando los nazis irrumpen en sus dominios, la casa dejará de proteger al partisano, mostrando su cara más hostil, dejándole vendido y solo ante el peligro de que descubran su verdadera identidad. Este recurso no es nuevo, de hecho, son muchas las autoras y autores que, desde géneros muy dispares, han concebido novelas o relatos en los que su presencia es absolutamente imprescindible. Julio Cortázar, Edgar Allan Poe, Isabel Allende, Martine Desjardins, Daphne Du Maurier, Shirley Jackson, Adelaida García Morales... La lista es interminable. Nadie puede negar el tirón y las posibilidades de introspección y reflexión que tienen las casas - mansiones, pisos pequeños, apartamentos en la playa, casas perdidas en el monte, adosados - dentro de la literatura. Por lo que no es de extrañar que en los próximos meses, por culpa de la crisis del coronavirus, los lectores asistamos a una avalancha de novelas en las que las estructuras físicas como psicológicas de lo que comúnmente llamamos "hogar" sean elementos protagónicos. Tal vez se cree un nuevo género, una nueva generación que explore la intimidad y lo privado en tiempos de incertidumbre y enfermedad. Conociendo el estilo y una vez leído el relato de Hermans, estoy convencida de que todavía quedan otros puntos de vista que abordar desde lo clásico, aunque dicha mirada parta del interior, de unos ojos que observan el exterior con miedo, sintiendo el peso del techo sobre sus hombros, consolándose de que, al menos, se encuentra a salvo. Al menos de momento.

La casa intacta: una historia de terror, guerra, violencia gratuita, protección, lujos inesperados, ambigüedad, antipatriotismo, egoísmo, supervivencia... Un libro que, en tiempos de desescalada, tal vez nos atrevamos, esta vez sí, a leer.

Frases o párrafos favoritos: 

"Era como si todo este tiempo ella hubiese representado un papel y sólo ahora se mostrara tal y como había sido siempre en realidad: una cueva ventosa, llena de escombros e inmundicia."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

jueves, 11 de junio de 2020

RESEÑA: Mi hermana, asesina en serie.

MI HERMANA, ASESINA EN SERIE

Título: Mi hermana, asesina en serie. 

Autora: Oyinkan Braithwaite (Lagos, Nigeria 1988) nacida en una de las ciudades portuarias más importantes de Nigeria, pronto se trasladó a Gran Bretaña para estudiar en las universidades de Kingston y Surrey, donde se formó en Escritura Creativa y Derecho. Trabajó durante un tiempo en el sector editorial y en el periodismo, y publicó primer libro de relatos, The Driver (2010. Mi hermana, asesina en serie (2018) es su primera novela, siendo merecedora del Premio Anthony a mejor debut, quedando en segundo lugar en la categoría "Thriller" de los Choice Awards 2019 de Goodreads y se encontraba entre los seleccionados al Premio The Best 2019 en la librería La Central en la categoría de Literatura en castellano. En 2012 regresó a Nigeria, donde sigue residiendo en la actualidad. 



Editorial: Alpha Decay. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Montse Meneses Vilar. 

Sinopsis: Ayoola tiene un serio problema con sus novios: cuando se cansa de ellos, cuando le decepcionan, o a veces sin motivo aparente, los mata. Ya lleva tres, lo cual la convierte, en cierta manera, en una asesina en serie. La única que lo sabe es su hermana Korede, que movida por un amor fraternal cara vez más en el alambre, ha ayudado a Ayoola a eliminar pistas, cubrir sus pasos y, en definitiva, evitar que se descubra que aquellas misteriosas desapariciones de hombres jóvenes que se están produciendo en Lagos llevan su marca letal. Por si la situación no fuera suficientemente complicada, Korede contempla horrorizada cómo su hermana empieza a salir con el hombre de sus sueños - el médico del hospital en el que trabaja como enfermera -, por lo que deberá replantearse su rol de cómplice, si no quiere que este triangulo amoroso termine en un baño de sangre. 

Su lectura me ha parecido: adictiva, trepidante, rápida, original hasta decir basta, con unos personajes femeninos muy potentes, con un humor negro absolutamente delicioso, oportunamente deslocalizada a nivel espacial, inquietante, fascinante, un cambio entre tanto thriller corriente y moliente... Como ya he dicho en más de una ocasión, no soy una persona a la que le atraigan - al menos por ahora - las historias encerradas dentro de lo estrictamente policial/thriller. Si bien éste último si que me interesa desde un punto de vista didáctico - no sabéis lo mucho que aprendes del thriller a la hora de confeccionar la psicología de los personajes negativos o de saber estructurar una trama para que jamás pierda el interés - desde hace unos años lo policial no me interesa para nada. Os hablo desde la experiencia, desde mi primer flechazo con esta explosiva unión en plena adolescencia gracias a las cotidianas y frías novelas de Camilla Läckberg, pasando por ese subidón que me produjo leer por primera vez a Joel Dicker y descubrir que había vida más allá de los crímenes acontecidos en tierras nórdicas. Luego regresé a los helados paisajes de Noruega y Suecia especialmente. Después me alejé, rápidamente, tomé un tren para no volver a esas manidas formas y personajes arquetípicos para centrarme en otro tipo de literatura. Quería sacar temporalmente de mi cabeza el mal sabor de boca que me dejaron aquellas últimas lecturas de las cuales, sinceramente, no guardo un buen recuerdo. Años más tarde, el regreso se produjo a lo grande de la mano de un francés, de Emmanuel Cárrere, uno de esos autores que todo el mundo dice que debes leer. Una servidora, desconfiada por naturaleza, no se fiaba de todas esas buenas palabras y halagos que rozaban la exageración. Pero ¿qué queréis que os diga? El señor Carrére y su adversario - el A sangre fría francés - me demostraron como a veces, y sólo a veces, la masa anónima tiene razón. Aquí no había una investigación policial al uso, ni un detective chapado a la antigua, ni una escritura con homenajes a las grandes novelas policíacas inglesas (las únicas que de vez en cuando tolero y consiguen sacarme alguna sonrisa); aquí Carrére enfrentaba al lector contra Jean-Claude Romand, un asesino real cuyo crimen a día de hoy - y por mucho que el autor desgranase las causas - seguimos sin comprender. Tras él vino la novela que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, un libro de trama social con cuerpo de thriller, algo gore, que engancha desde el minuto uno y que se acabó convirtiendo en mi segunda mejor lectura del pasado 2019. Año en el que vivíamos completamente ajenos al terremoto que acaecería justo al inicio de una nueva década. Mi hermana, asesina en serie: la influencia de la violencia patriarcal en la Nigeria de principios de siglo XXI. 


La novela de Oyinkan Braithwaite - una escritora nigeriana de treinta y dos años - ha caído como una bomba dentro de la industria editorial. Y es que, a mi juicio, son varios los motivos por los que todo el mundo debería leerla, más allá de su calidad narrativa, de su ritmo endiablado o de sus casi icónicos personajes. En primer lugar, lo que llama la atención es que, ya de entrada, por fin abrimos horizontes geográficos. Me explico. El lector amante del policiaco o el thriller ha crecido al amparo de los clásicos - como sucede en otros géneros literarios - y sobre todo gracias a unas y unos autores cuya mayoría proceden del ámbito europeo y sobre todo norteamericano. Y claro está, las tramas y las formas son muy británicas, francesas, suecas, alemanas, españolas, italianas o americanas por citar algunos ejemplos de países en los que estos géneros tienen mucho tirón; hasta el punto de haber creado escuela propia. Pero ¿qué pasa con los japoneses? ¿Y los chinos? ¿Y los argentinos? ¿Y los argelinos? ¿Y los sudafricanos? ¿Y los tailandeses? ¿Y los iraníes?... ¿Qué pasa? ¿Que en esos países no hay buenas y buenos escritores de novela negra? ¿O es que nuestro eurocentrismo crónico nos impide concebirlo en nuestra cabeza plagada de enseñanzas que no exploran más allá de los Urales o de nuestro adorado Mediterráneo? ¿Qué nos impide adentrarnos en ellos? 

Hasta hace unos años era impensable encontrar literatura actual escrita por autoras y autores situados geográficamente fuera de lo estrictamente norteamericano o europeo (exceptuando a movimientos como el "realismo mágico" procedente de Sudamérica o a autores como Murakami, Kahdara, Mishima, Pamuk, Mernisi, Cohelo entre otros muchos). Por fortuna, es cada vez más habitual toparse con estantes o escaparates en los que podemos encontrar no sólo una inmensa variedad de convergencias entre géneros literarios, sino que además éstos están escritos por gentes procedentes de todos los países del globo terráqueo. El ejemplo más claro es el del libro que hoy ocupa toda nuestra atención. Mi hermana, asesina en serie es un thriller, con toques policiales - sin que ésta tenga una presencia abrumadora en la trama - ambientado en Lagos y escrito por una autora nacida en dicha ciudad. Dicho así parece que carezca de importancia, pero a nivel canon es importante, ya que el lector va a tener el privilegio de salirse de las encorsetadas formas a las que está habituado para adentrarse en algo distinto y en una ambientación realmente original. Imagino que para Braithwaite escribir una novela ambientada en su Nigeria natal es lo más normal del mundo - como Carmen Martín-Gaite respecto a Madrid o Paul Auster respecto a Nueva York - y eso no debería sorprendernos. Sin embargo, como hemos estado tan parapetados dentro de una concha, alejados de otras realidades literarias, pues en cierto modo veo hasta lógica tanta fascinación. Lejos de quedarse en las meras descripciones de una de las ciudades más bulliciosas y populares en de Nigeria, Braithwaite lo adereza con toques de contexto histórico. El de una ciudad a principios de siglo XXI, una urbe tan dinámica como peligrosa enmarcada en una coyuntura de cambios económicos y demográficos que, por supuesto, reflejarán el problema de desigualdad y la problemática convivencia de la tradición y la modernidad existente en la actual sociedad africana. No es Londres, ni Estocolmo, ni París, ni un pequeño pueblo perdido en el Medio Oeste americano; pero Lagos y su geografía urbana son igual de atractivas y fascinantes. 


A esta amplitud de miras desde un punto de vista literario se le suma una trama que significa un soplo de aire fresco - por no decir "huracán" - en un género como el thriller. Para empezar, la propia estructura de la novela y el estilo que la autora emplea son muy acertados. A partir de una prosa rápida, pero no exenta de profundidad narrativa, en la que no se anda por las ramas y no se recrea en nimiedades que no vienen al cuento (como esas odiosas e innecesarias descripciones que a veces inundan páginas y páginas de novela sin ningún sentido más allá de complacer la vanidad del propio autor) y potenciando aquellos momentos o escenas que de verdad lo merecen - y que en muchas ocasiones esconden una reflexión muy pertinente entorno al patriarcado o las relaciones fraternales -. Todo ello aglutinado en capítulos extraordinariamente cortos, no sólo consigue que el lector se lea el libro de una sentada, sino que tenga la sensación de haber asistido a una clase magistral respecto a la cómo se escribe una buena novela de suspense con grandes dosis de crítica social y desde una perspectiva marcadamente feminista. Otro de los grandes aciertos del libro, por no decir el mayor, es la construcción de sus dos protagonistas femeninas. Por un lado tenemos a Ayoola - guapa, seductora, que parece no tener más ambición que el divertirse y trabajar ocasionalmente en su marca de ropa - y por el otro tenemos a Korede - una pulcra enfermera acostumbrada al trabajo duro, a las ordenes y a vivir a la sombra de su hermana Ayoola -. Mientras la primera ha sido toda su vida una insubordinada y rebelde, la segunda ha asumido una responsabilidad y un saber estar casi perfectos, como si quisiera compensar la actitud de su hermana, como si esto le hiciera, en cierto modo, mejor persona. Sin embargo, Ayoola tiene un defecto de los gordos, y es que tiene un serio problema con sus novios, a los cuales asesina cuando se cansa de ellos, la decepcionan o a veces sin motivo aparente. Cada vez que esto sucede, Ayoola siempre recurre a Korede para que la ayude a limpiar la escena del crimen y a deshacerse de los cadáveres aprovechándose de sus conocimientos en desinfección e higiene. Ante esta situación, la lealtad de Korede hacia su hermana siempre se mantiene en la cuerda floja - de hecho, llega a desconfiar de la versión que Ayoola le da de los hechos, sosteniendo la posibilidad de que el asesinato fuese algo consciente y premeditado y no un simple arrebato como Ayoola asegura - pero el amor que, a pesar de todo, le profesa y un irremediable sentimiento de protección son más fuertes y acaba por no delatarla a la policía. Dos caras de una misma moneda pero concebidas en la mente de su autora como el Ying y el Yang, la noche y el día, el calor y el frío. Dos polos opuestos que, irremediablemente, acaban necesitándose. Cada nuevo asesinato fortuito es una gota más que llena el vaso, quebrando un poco más la paciencia de Korede. La cosa se complica cuando, de la noche a la mañana Tade, el médico del que Korede está secretamente enamorada, comienza a interesarse sentimentalmente por Ayoola. Es a partir de ese momento cuando Korede ve su mundo tambalearse bajo sus pies. Por un lado no quiere hacer daño a su hermana apartándola de Tade, pero por otro lado no quiere que el amor de su vida acabe muerto sobre un charco de sangre. Sin duda, una trama que, partiendo de lo manido, su autora consigue retorcerlo hasta convertirlo en algo nuevo e inquietantemente atractivo para quien se adentre en ella. Con un humor negrísimo - muy similar al de la fantástica serie Killing Eve - escenas rozando lo gore y los continuos giros de la trama, convierten a Mi hermana, asesina en serie en una novela a tener en cuenta si como escritora/or pretendes adentrarte en el tortuoso y apasionante mundo del thriller sin caer en los estereotipos de turno. Y si tu ambición en la vida no es llegar a publicar una novela, Mi hermana, asesina en serie te entretendrá a lo grande durante unas cuantas semanas.  


Una vez abordado aspectos más centrados en el estilo y la trama, toca en última instancia referirse a lo más importante y crucial para entender la grandeza de este thriller racializado. Y es que de su lectura se desprenden acertadísimas y muy oportunas reflexiones entorno a los grandes temas que hoy preocupan a la sociedad contemporánea. Por un lado, la crítica feminista y la construcción de personajes femeninos fuertes pero no infalibles. Una de las grandes virtudes de esta novela es precisamente el haber conseguido crear de la nada a Korede y Ayoola. Dos mujeres, hermanas, unidas por la violencia patriarcal que vehicula prácticamente toda la novela y que marca sus distintas personalidades. Capaces de subvertir y pervertir, en última instancia, con los dos principales roles de género que se asocian tradicionalmente a las mujeres. Mientras Korede representa a ese modelo de mujer buena, amable y extremadamente paciente, Ayoola encarnaría el ideal de mujer bella capaz de encandilar fácilmente a los hombres. Mientras la primera lleva por bandera el esfuerzo, la resignación, el control y el respeto por las normas, la segunda es anárquica, visceral, irresponsable y libre. Si bien la primera su papel de matriarca tradicional la lleva a convertirse en cómplice de asesinato, el poder de seducción de la segunda va acompañado de una navaja con la que arrebata la vida de aquellos hombres que se sienten poderosos en su privilegiada posición dentro del patriarcado, ya sea por temor o crueldad. Roles que, como bien podremos comprobar, y a pesar de ser en teoría asumidos, nunca serán del todo perfectos para los ojos de la gente. Y es que a las mujeres siempre se nos ha criticado por todo. Si estás gorda, adelgaza. Si estas delgada, come más. Si no te apetece tener relaciones sexuales, es sinónimo de estrecha. O si por el contrario eres tú la que toma la iniciativa, entonces eres una puta. Ejemplos, miles de millones, tantos que nos faltarían hojas para poder apuntarlos todos. Otra de los aspectos que Mi hermana, asesina en serie pretende demostrar es una obviedad que, hasta en los tiempos que corren, deberíamos saber ya, sobre todo en lo que respecta a la causa feminista. La unión hace la fuerza, tan simple como eso, y si hay desunión, pues difícilmente se podrá llevar cualquier empresa a buen puerto. La unión que existe entre Ayoola y Korede va más allá de la fraternal, sus experiencias convergen en el trauma compartido, en el odio a la figura de su padre, cuyos ataques y vicios marcaron la infancia de ambas. Un hombre que no dudaba en mostrar su fuerza y cuya navaja, que acabará empuñando Ayoola, acabará en el pescuezo de quienes como él ejercen la violencia más cruel contra las mujeres, independientemente de si son unas completas desconocidas o sus propias hijas. A lo largo de la historia los hombres siempre han querido sepáranos, generar discordia entre grupos de mujeres, alentando la falsa creencia de que "nos pones verdes entre nosotras" o "criticamos a la que no está". ¿Por qué? ¿Qué necesidad? ¿Por qué no abogar por una convivencia, incluso con el sexo masculino, más sana y sin atisbos de toxicidad? La novela de Braithwaite es un claro ejemplo de reflexión entorno a ello. Y por último, ya para acabar, en tiempos del Black Lives Matter, creo que es un buen momento, no sólo para visibilizar el racismo que sigue teniendo lugar en Estados Unidos - y ya de paso en el resto del mundo - también para reivindicar y visibilizar lo máximo que podamos todas esas obras, independientemente del género al que se adscriban, escritas por autoras y autores negros. Le haremos un gran favor a la humanidad, a la sociedad y por supuesto a nosotras/os mismos. 

Mi hermana, asesina en serie: una historia de perversión, sangre, feminismo, asesinatos, dos hermanas tan opuestas como unidas entre sí, amor no correspondido, violencia patriarcal, reversión... Una novela que devoraréis de principio a fin. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Ayoola me convoca con estas palabras: Korede, lo he matado. Yo esperaba no volver a oírlas nunca más."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alpha Decay