Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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domingo, 28 de marzo de 2021

RESEÑA: Hechizo total.

 HECHIZO TOTAL


Título: Hechizo total. 

Autor: Simon Hanselmann (Launceston, Australia, 1981) vive su infancia y adolescencia en la localidad con mayor índice de criminalidad de toda Australia. Su padre es un "motero" y su madre una adicta a la heroína que recurre a los pequeños hurtos y ayudas sociales para sacar adelante a su hijo. A los 8 años Hanselmann realiza ya sus primeros fanzines. En su adolescencia, el dibujante comienza a recibir terapia para tratar episodios de ansiedad y depresión, y poco después comienza a consumir alcohol y las drogas psicotrópicas en abundancia. En 2001 abandona el hogar materno y entre 2009 y 2011 se instala en Londres. Desde 2005 dibuja el drama adolescente parcialmente autobiográfico Girl Mountain, que en 2010 constaba ya de más de 200 páginas de las aproximadamente 1.000  de las que se compone el proyecto hasta la fecha inédito. En 2008 dibuja por primera vez, para una exposición, a una bruja y su gato, a quienes pronto se sumaría un búho. Megg, Mogg y Owl se convierten inmediatamente en el interés principal del autor. En 2012 crea un tumblr donde ofrece las historias de estos personajes al público, que rápidamente se convierten en un fenómeno viral. En 2013, año de su consagración como dibujante, pasó de ver publicados sus cómics en pequeñas tiradas y autoediciones a ser publicado por las grandes editoriales especializadas y a recibir algunos de los premios más prestigiosos del sector. Hanselmann es autor de los comics Hechizo total, Melancolía, Bahía de san Búho, El mal camino, Meg & Mogg y Hail Satan! (todos ellos de la serie Meg, Mogg y Owl) así como de la serie Truth Zone (en la que los personajes se dedican a destripar o loar la obra de otros autores de cómic) entre otros. 


Editorial: Fulgencio Pimentel. 

Idioma original: inglés. 

Traductores: César Sánchez y Alberto G. Marcos. 

Sinopsis: Hechizo total es la primera entrega de la serie en curso Megg, Mogg y Owl, una sitcom en forma de tebeo protagonizada por la bruja Megg, su gato Mogg y el búho Búho, sin olvidar personajes como el excesivo Werewolf Jones, el nigromante Mike y el monstruo asustaniños transexual Moco. A partir de aquí, la serie se centra en pequeños capítulos autoconclusivos en los que Simon Hanselmann va desarrollando una comedia generacional, luminosa y descreída a partes iguales, que irá convirtiéndose poco a poco en una fotografía apenas deformada del Zietgeist contemporáneo. Las tramas giran entorno a la vida cotidiana, repartida mayormente entre el sofá de la casa y los pasillos del centro comercial cercano. Una convivencia, la de esta serie de personajes imposibles, marcada por las bromas pesadas, el consumo indiscriminado de drogas y el visionado maratoniano de series de televisión, sus únicas vías de escape ante una realidad frustrante. Por las fisuras del humor a veces cafre y a veces sutil, ocasionalmente cruel de Hanselmann, se filtra una sensibilidad única que invita al lector a descodificar una soterrada clave de miedo, depresión, confusión y abulia. 

Su lectura me ha parecido: nihilista, hiriente, extrema, con personajes que parecen sacados de un mal sueño (o un mal viaje, depende de como se mire), lisérgica, cruel en sus derivas humorísticas, dolorosa y muy, pero que muy burra... Era el 31 de marzo de 2020. Ya llevábamos unos cuantos días confinados en nuestras casas. Aunque no los suficientes como para añorar la vida (a la que pronto le seguiría la llamada "nueva normalidad") que a día de hoy estamos deseando recuperar. Y eso que el 2019 no fue un gran año, más bien fue una bajona, aunque comparado con el 2020 hacemos bueno cualquiera de los que le antecedieron. Y cuando digo cualquiera es cualquiera. En esas estábamos, asistiendo a las terribles cifras de contagiados y muertos, aplaudiendo a las ocho de la tarde - a pesar del frío y la lluvia, resistimos, nunca mejor dicho - aprendiendo a hacer pan - o a requemar bizcochos en el horno - haciendo más deporte que nunca - había que estar preparados para cuando permitiesen salir para hacer footing, aunque el simple hecho de correr de tu casa al parque e traduzca en jadeos y falta de aire - subiendo videos al TickTock compulsivamente y engullendo una serie tras otra, como si de una bolsa de patatas fritas se tratara. Así nos encontrábamos la inmensa mayoría de habitantes del hemisferio norte, capitalista como los que más y atascados en la tóxica cultura del "yoismo". Aquella mañana de finales del infame marzo estaba tirada, con la regla, sin muchas ganas de hacer nada productivo. Me faltaba el tarro de Nutella, una cuchara y mi boca manchada del tan delicioso como indigesto manjar. Decadencia en estado puro. Pero no, en lugar de guarrear me dirigí a mi apreciada biblioteca y saqué de ella el cómic más, como ahora se dice mucho, "shockeante" que había leído en años. Toda la decostrucción, todos los autoaprendizajes, todo ese tiempo señalando lo que me parecía bien o mal, todo ese tiempo repensando conceptos dentro de la era de lo políticamente correcto se fueron literalmente por el agujero del váter. Me lo bebí en una tarde, en un par de horas, y aunque no me libró del amargo sabor del ibuprofeno - por supuesto, la bajona siguió intermitentemente más allá de dicha la menstruación - sí consiguió distraerme, aunque sólo fuese un rato, a base de sketches autoconclusivos de lo más bestias, sórdidos y, tras capas y capas de barbaridades a lo Jakass, profundamente tristes. Aunque los personajes, paradójicamente, parezcan sacados del Mago de Oz más oscuro o de una versión extremísima de Shrek. Hechizo total: la trasgresión corrosiva como terapia ante la depresión. 


Hoy, en este espacio de crítica y debate, me encuentro ante un acontecimiento realmente excepcional. No solo por el simple hecho de que este es el segundo cómic que reseño a lo largo de los años que llevo escribiendo en él - el primero fue un Mortadelo y Filemón bastante "polémico" alláh por los años de la Mari Castaña - también por encontrarme ante uno de los más famosos Enfants Terribles de la novela gráfica. Un dibujante australiano llamado Simon Hanselmann - cuya biografía está trágicamente atravesada por una infancia difícil, el padecimiento de ansiedad y depresión como consecuencia de ello así como su acercamiento a las drogas y el alcohol - que, en un intento por exorcizar los demonios interiores y aplacar los demoledores efectos de dichas enfermedades mentales comenzó a contar historias - inminentemente autobiográficas - a través de los personajes de la bruja Megg, el gato Mogg y el búho Búho sin autocensuras, contemplaciones y desde un estilo corrosivo hasta decir basta. La idea no es original, de hecho es bien sabido que los personajes de Megg, Mogg y Búho surgieron de la cabeza de Hellen Nicoll y de la pluma de Jan Pienkowski en forma de populares cómics infantiles. A partir de ellos, lo que hizo Hanselmann fue retorcerlos, darles volumen y dotarles de una perversa amoralidad, de un entorno sucio, claustrofóbico, propenso al hastío, a los pensamientos más locos que os podáis imaginar y a que los personajes se vean arrastrados a la autodestrucción. De esta forma tenemos a Megg - una bruja que se apunta a cualquier exceso para escapar a sus terroríficas tendencias depresivas - a Mogg - un gato fumeta y sibilino, él es el instigador de la mayor parte de las ideas descabelladas, cuya atracción sexual por Megg es notoria y explícita - y a Búho - el receptor de todas las desagradables "putadas" y de la bestialidad que el resto de personajes es capaz de ejercer -. Al rededor de ellos, otros personajes se elevan como auténticos roba escenas profesionales. El más importante, Werewolf Jones, un lobo que representa directamente lo que jamás de los jamases haría una persona si estuviese en su sano juicio. Su excesivo comportamiento (por no llamarlo barbaridades en toda regla) - que va desde meterse un electrodo por el recto a frotarse el escroto con un rallador de cocina, pasando por el intento de violación a Búho que luego resultaría ser una "broma" de cumpleaños - pone a prueba constantemente la tolerancia del lector. Hasta el punto de cuestionarte tus propios límites a la hora de leer - y de contemplar en este caso - según que escenas. Algo que, en la era de lo políticamente correcto, supone un contrapunto a tener en cuenta si lo que se pretende es iniciar un debate al respecto. Como habéis podido comprobar no es un cómic ni para todos los públicos ni para todos los gustos, buscando desde el ala más decadente del underground a ese lector leído - más allá de la novela gráfica - que no se escandalice ante viñetas en las que aparece zoofilia, consumo desenfrenado de estupefacientes, laceraciones, coprofagia, palabrotas, aberraciones sexuales y toda una serie de personajes miserables, en los límites de la sociedad pero que, al mismo tiempo, acabas siguiendo sus "andanzas" alucinógenas a la espera de la próxima burrada. Todo ello con un humor igual de hiriente ante el que, al igual que el comportamiento de Werewolf, no sabes como reaccionar. Muy a lo Shacha Baron Cohen en Borat. Dicho de otra forma, de nuevo, funambulismo sobre la delgada línea que separa la risa de la ofensa. 


Además de su estructura muy de Sitcom - como si a Los Simpson hubiesen amanecido en el universo de Irvine Welsh - con pequeñas historietas autoconclusivas, esas viñetas en las que la expresividad del dibujo hace innecesario el empleo de bocadillos o una álgida escalada de la incomodidad magnética, Hechizo total es, sobre todo, un grito, entre vómito, botellines de cerveza y porros de auxilio. Como ya he mencionado en el anterior párrafo, Simon Hanselmann proyecta gran parte de sus vivencias y su relación con la depresión - y las enfermedades mentales en general - sobre sus personajes, en especial sobre Megg. Resultan especialmente terroríficas las partes en las que Hanselmann baja a los infiernos de la dolencia para retratarnos, desde una expresividad inquietante, lo que Megg - claramente el alter ego del propio Hanselmann - siente. Las eternas noches en blanco, sin dormir, mirando el techo, con los ojos rojos, incapaces de cerrarse. Los momentos en los que Megg acude al alcohol o a las drogas como medio de evasión, pero entonces sus efectos se vuelven en su contra provocándole alucinaciones o un estado de depresión aún mayor. O mi favorito por su simbolismo, la ilustración que antecede al presente párrafo, en la que tres cabezas de tez pálida, cabello enmarañado y ojos inyectados en sangre vomita bilis negra sobre la habitación, la cama y la propia Megg que, como cabía de esperar, sigue mirando al techo. Sin duda estos retratos, con tono pesadillesco, a una enfermedad tan devastadora como es la depresión, y en general esa representación y visivilización de las enfermedades mentales a través del comic me parece de lo más acertado. Algo que se eleva a la categoría de necesario cuando, además, partimos de una inspiración autobiográfica. Y es que Hechizo total - primera parte de una saga de comics de la que nos deparan muchas más entregas - se erige como uno de esas novelas gráficas que mejor ha sabido captar los problemas de los jóvenes del siglo XXII. Una época en la que la desesperanza, el paro y la exigencia de más y más requisitos abocan a toda una generación a emplearse en trabajos precarios, a posponer los planes de vida, a presenciar como los sueños se hacen añicos ante sus ojos, a seguir buscando curro sin mucho éxito o, directamente, a marcharse fuera de las fronteras que les vieron nacer. Trayendo consigo unas consecuencias que, a nivel psicológico, agravan el problema más aún. El debate está sobre la mesa, aunque, como hemos podido comprobar en las últimas semanas - recordemos el desagradable comentario que un diputado de la bancada del PP soltó cuando Iñigo Errejón decidió usar su intervención en la sesión de control para hablar sobre las enfermedades mentales durante la crisis del Covid - todavía existe ciertos prejuicios totalmente inaceptables en los tiempos que corren. Cierto que Hechizo total es una representación bastante más desagradable y tremendamente perturbada del asunto, hasta el punto de que resulta irreal - más allá de que sus personajes sean las versiones sucias de los clásicos y entrañables personajes de cuento - pero, no es el esperpento, llevado a sus últimas consecuencias, uno de los mejores espejos donde deformar la realidad para así criticarla como es debido. 

Hechizo total: una historia de decadencia, borracheras, drogas, fiestas de la bajona, depresión, aberraciones, personajes extremos... Un cómic de los que hay que leer, hasta en tiempos de pandemia. 

Párrafos o frases favoritas: 

"Creo que el cerebro se me cae a pedazos". 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Fulgencio Pimentel

miércoles, 23 de octubre de 2019

RESEÑA: Historia de España contada a las niñas.

HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA A LAS NIÑAS

Título: Historia de España contada a las niñas.

Autora: María Bastarós (Zaragoza, 1987). Gestora cultural, historiadora del arte, conferenciante, escritora y fanzinera. Creadora de la plataforma cultural feminista QuiénCoñoEs, ha colaborado con medios como Diagonal o Tentaciones, centros como el CAAM de Las Palmas, el Muvim valenciano o la galería madrileña Nunca Nadie Nada No, y comisariado exposiciones como Muerte a los grandes relatos o Apropiacionismo, disidencia y sabotaje en la Sala Juana Francés de Zaragoza. Es coautora de Inclusive Love (Thyssen Bornemisza), primera visita guiada LGTBIQ a nivel nacional, y promotora de eventos literarios como Aullido, anti-jam poética. También es coautora del libro Herstory (Lumen) y editora de los fanzines Brochetas de cosas emocionantes y Napalm Springs (Ediciones Motocobra). (Fuente: Editorial). Su primera novela, Historia de España contada a las niñas, ha sido merecedora del Puchi Award 2018, el Premio Cálamo "Otra Mirada 2018" y el Premio de la Crítica Valenciana 2019.


Editorial: Fulgencio Pimentel.

Idioma: español.

Sinopsis: A caballo entre la crónica periodística, el panfleto, el drama campesino y la literatura de quiosco, Historia de España contada a las niñas se apropia de eventos y lugares de nuestra historia reciente y nos los devuelve en la forma de un rompecabezas corrosivo, polifónico y vibrante. Secuestros, Rohypnol, matriarcados, galeristas desnortados, comunidades online de adolescentes anoréxicas y apariciones ovni dan forma a una novela coral hecha de retazos, un relato despiadado que, pese a todo, destila un constante deseo de redención. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Fresca, contemporánea, rabiosamente actual, gamberra, sin pelos en la lengua, irónica, feminista, bizarra y sin embargo poética, lúcida y loca al mismo tiempo, dolorosa... Hace unas semanas, mientras daba uno de mis habituales paseos vespertinos, sentí la necesidad de parar en seco y quedarme un rato contemplando el sol ocultándose tras los edificios, los mismos que me han visto crecer y los que, desde su privilegiada altura, han sido testigos privilegiados de los cambios y de la revolución urbanística del lugar. Donde antes había huerta, ahora se levantan fincas de más de diez plantas. Donde antes los tomates crecían gracias a una humilde acequia, ahora pequeños huertos urbanos en medio de un parque de reciente inauguración pretenden homenajear ese pasado agrícola. Donde antes era un placer recorrer aquellos campos montada en bicicleta, ahora dichos caminos han sido sustituidos por aceras y solitarios aparcamientos en medio de descuidados descampados. Y por supuesto, donde antes estaba el Pozo de San José - edificado en los años 40 del pasado siglo - , ahora un campo de futbol ocupa su lugar. Así es mi barrio, el lugar en el que todavía vivo, en la periferia de una de las ciudades más importantes de España, un lugar olvidado durante décadas por parte de una administración más preocupada por los grandes eventos que por sus propios ciudadanos y que en los últimos años está viendo como su fisionomía está cambiando a una velocidad a la que los habitantes del lugar están poco acostumbrados. Sin embargo, durante aquel paseo, me di cuenta de que aquel barrio en el que siempre convivieron la tradición - ese resquicio de huerta tan típico de mi tierra - y edificios de los años 70 y 80 tenía su encanto. A pesar de su reciente transformación y a pesar de que, hace unos años, me parecía un lugar de lo más deprimente tanto estéticamente como socialmente. Hoy lo admiro en su desnudez, en su simpleza, en su idiosincrasia. Desde ese descampado en el que todavía brota alguna lechuga y apoyada en la pared de algún portal, lienzo de las representaciones artísticas más sinceras. Nunca antes los grafitis me parecieron tan hermosos. Es curioso como la belleza puede residir en los lugares menos comunes. Ya sea en pedanías aisladas a las afueras de las grandes urbes, en el seco paisaje que enmarca una carretera secundaria, en un polígono industrial al amanecer, en el interior de un antro con las luces de neón acariciando la piel de los frenéticos danzantes, en un pueblo fantasma perdido en la inmensidad de la España profunda o en los restaurantes de la costa alicantina que, anclados en la época del boom turístico de los años 60, se resisten a renovar su decoración y a retirar sus toldos comidos por el salitre. Esta particular geografía tan denostada por algunos puristas y cierta parte de la sociedad, sirve como escenario de las numerosas historias que  se narran en esta novela de título tan sugerente y llamativo. Historia de España contada a las niñas: larga vida al punk, al collage narrativo y a la nueva generación de autoras españolas.


   La primera vez que tuve noticias de Historia de España contada a las niñas pensé lo que muchas personas en su momento: "¡Que bien! ¡Por fin un libro que habla de la historia de nuestro país en clave de género y de modo didáctico para las futuras generaciones de niñas españolas!". La mandíbula se me desencajó - por perplejidad y por vergüenza - al comprobar, un tiempo después, lo equivocada que estaba al respecto. ¿Quién iba a imaginar que ese supuesto libro que englobaba una reivindicación feminista fuese, en realidad, uno de las novelas más desconcertantes, fascinantes y locas que he leído en años? Para empezar a hablar de este texto es absolutamente imprescindible empezar por su apartado estético y por lo que el lector encontrará a modo de preámbulo antes de sumergirse en la historia que su autora nos quiere contar. En primer lugar, su portada no puede ser más llamativa, con esas letras en mayúscula - que parece que te griten el título del libro - de color fucsia chillón (el más potente que había de toda la paleta), sobre una fotografía nocturna bastante perturbadora en la que vemos a dos chicos trasportando - y agarrado con rudimentarias cuerdas - sobre el techo de un coche rojo lo que parece un animal muerto. Si esto no es suficiente para convencernos de que no estamos ante un libro de historia que compraríamos a nuestras hijas, sobrinas o alumnas  yo ya no sé que pensar. Adentrándonos, a continuación en la contraportada, comprobamos como el tono nocturno de la instantánea escogida sigue predominando, a pesar vislumbrarse los primeros picos de sol tras una noche de fiesta. Pero la protagonista en esta ocasión es una chica joven, con los ojos entornados y piruleta en mano. ¿Estamos ante una reinterpretación del mito de Lolita? ¿O será algo muy distinto? El misterio sigue predominando, nos corroe, ya que la sinopsis tampoco nos revela mucho. Entonces ¿de qué diantres va esta novela? Intentamos desentrañar el misterio abriendo el libro por las primeras páginas cuando - ¡sorpresa! - nos topamos con una maravillosa anomalía, y es que Historia de España contada a las niñas incluye unas fotos preciosas de un pueblo nevado - que más tarde descubriremos que se trata de Beratón -  de lo que parece la entrada de la típica cafetería norteamericana de las películas, de un zorro sorprendido ante el flash de la cámara en medio de la oscuridad, de una chica que emerge de la naturaleza y de las sombras tras una larga noche de trabajo u ocio, de un bosque bastante tenebroso y de lo que, de nuevo, parece el pueblo de la primera instantánea pero desde otra perspectiva y con otra luz. Esto tampoco nos aclara nada, pero ya empieza a picarnos la curiosidad, así que vamos directos a la página de las citas (esa a la que muy pocos lectores presta atención pero que en la mayoría de casos nos ofrece las claves para entender la novela). Y es aquí, en este apartado, donde María Bastarós nos deja noqueados con dos extractos cuya relación entre sí no tiene, aparentemente, nada que ver. El primero de ellos, las terroríficas líneas de un sainete lírico de 1880, y el segundo, el estribillo de Brillo una conocida canción de Rosalía y J. Balvin que algunas gentes de mi generación hemos tarareado sin darnos cuenta. Estilo decimonónico y cultura millenial juntos en una misma página ¿hay algo más extraño y a la vez más cargado de mensaje de cara a la lectura del presente libro? Las buenas novelas no necesitan de impresionantes portadas para que sean un éxito, otra cosa es, como en este caso en cuestión, cuando la parte meramente estética actúa como un elemento más de la trama, a modo de performance, para abrochar el cinturón del lector y arrancar el coche que lo llevará a emprender el viaje literario de su vida ¡Y dios, que viaje!


   A partir de ese momento, las historias que sucederán ante nuestros ojos parecerán inconexas, que nada tienen que ver una con la otra. Seguramente los más puristas se tirarán de los pelos y exclamarán cosas como: "¡Nos han vendido la moto!" "¡Estafa editorial!". Paciencia, eso es justo lo que aconsejo, paciencia y sosiego, pues de nada sirve enervarse a la primera de cambio. A mi también me pasó, reconozco que me quedé bastante perpleja y que por ello me costó un poco pillarle el truco a este libro. Pero en esta vida hay que enfrentarse a nuevos retos y ser más abiertos en lo que a convenciones literarias se refiere. Hay que ciudarlas, sí, pero también mejorarlas, darles un empujón, una patada, airearlas un poco, para que respiren aire fresco de vez en cuando. En cuanto entiendes esto, ya no hay nada que te frene, ni siquiera la lectura de la ópera prima de una joven autora proveniente de la gestión cultural y el mundo del fanzine - tan en boga en los últimos años gracias al movimiento feminista - que consigue, con su debut literario, dejarnos con la boca abierta. Como si de un collage se tratara, superponiendo imágenes, personajes, textos, descripciones, paisajes y recuerdos; Bastarós nos expone, como si de una obra de arte se tratara, una cantidad enorme de historias las cuales acaban conectándose unas con otras para sorpresa del lector. Ya que, como he comentado al principio de este párrafo, éste no concibe esas conexiones a la primera de cambio sino que lo va descubriendo a medida que avanza en la lectura. Este trabajo entraña su dificultad, pues no es sencillo construir toda esta estructura coral tan bárbara y menos aún llevarla hasta el final sin dejar ningún cabo suelto. El talento de María Bastarós reside en el perfecto dominio de este ejercicio estructural - del cual sale indemne - pero también en entender la contemporaneidad, la actualidad, los comportamientos de la sociedad que la protagoniza y su funcionamiento. Se le ha criticado mucho la poca profundidad de la autora al abordar algunos temas de gran interés reduciéndolos a explicaciones que parecen sacadas de revistas, series o noticias en televisión. Y sí, puede que en eso esté de acuerdo, pero si lo miramos desde otra óptica, menos estricta, me parece muy inteligente haber optado por ese camino, ya que actualmente las personas consumimos dichos medios de comunicación y de ocio, y como tales, hay veces que les otorgamos más credibilidad que a las que proceden de otro tipo de fuentes más fiables. De este modo, Bastarós no hace sino describir una realidad, por desgracia, cada vez más imperante.

  En Historia de España contada a las niñas se cuentan, precisamente, muchas historias, acontecidas en escenarios inimaginables, con un trasfondo de realidad y otro tanto de delirante ficción.  Westerns rurales, un pueblo soriano - Beratón - en donde se establece un matriarcado (sin duda la historia más interesante), una cementera abandonada, el puticlub de extrarradio al que acuden políticos corruptos, un toro de Osborne - irónicamente - decapitado, un decadente bar de carretera, un lugar - Robledo de Chavela - de la sierra madrileña famoso por su base de seguimiento de satélites de la NASA, la jet set de Altea o sofisticadas galerías de arte. Ecos de sucesos ya pertenecientes a la memoria colectiva de este país como el de la violación de la Manada - de ahí su narración a través del WhatsApp - , el asesinato de las niñas de Alcasser, así como caso del el monstruo de Amstetten - que aunque no aconteciese en España, su impacto mediático fue brutal -. Aquelarres feministas inverosímiles, ovnis, teorías de la conspiración, partidos de izquierdas que siguen siendo machistas, capitalismo salvaje, fiestas populares donde todo está permitido, drogas, raves, homeopatía... Personajes memorables como Miguel - arrancando de las influencias de la comunidad de mujeres que gobiernan Beratón - o Miranda y Valeria - dos adolescentes que han crecido sin la presencia de hombres pero que al mismo tiempo no pueden evitar caer en las garras patriarcado -. Todas ellas relacionadas entre sí y atravesadas por las contradicciones, el género, el trauma y sobretodo los diversos modos de supervivencia. Se podría decir que la novela de María Bastarós habla de lo que no aparece, precisamente, en los libros de texto, de esa otra historia de España que tanto les gusta explotar morbosamente a través de los medios de comunicación pero que al mismo tiempo, paradójicamente, se censura, se ignora o se censura sin piedad. Esa otra historia de la violencia, de la violencia contra las mujeres, las mujeres españolas, a golpe de ironía, de rabia, de batería y de un estilo que, más que sumergirte, busca dar una bofetada y mantenerte despierto, alerta, atento al próximo asalto.


  Ayer a medio día el mundo literario comía con la noticia de que Cristina Morales había ganado el Premio Nacional de Narrativa gracias a su célebre novela Lectura fácil (que también resultó merecedora del Premio Herralde de Novela 2018). Un texto difícil en cuanto a su construcción, destructivo, radical, arriesgado, rabiosamente feminista, reflexivo, actual, políticamente incorrecto y de una originalidad pasmosa. Su autora, nacida en la década de los 80, es una de las componentes - por no decir su cabeza más visible - de la nueva generación de autoras que está empezando, desde sus respectivos ámbitos geográficos, laborales y creativos, a trasformar y revolucionar el panorama literario de este país con historias más pegadas a la calle, a las personas, a los artificios culturales del momento, a las nuevas corrientes de pensamiento y por supuesto, a las principales luchas sociales como el feminismo, el ecologismo o las del colectivo LGTBI+. Hay quienes las critican, quienes ven en ellas un mero producto al servicio del capitalismo, quienes se quejan de su escritura, de su estilo, de su arrogancia, de su posición privilegiada, por publicar en editoriales comerciales cuando deberían hacerlo en un sello independiente y a la inversa también, de no ser políticamente correctas - las y los mismos que las tachan de poco elegantes por incluir muchos tacos son, en ocasiones, las o los mismos que alaban las novelas de Bukowski - de pretender ir de escritoras cuando en realidad sus obras no están a la altura del canon, el maldito canon. Vivimos en un país donde nunca vas a gustar a todo el mundo, eso es así, y menos si eres una joven escritora, entonces los palos lloverán con más intensidad y desde todos los ángulos. Pero parte de la crítica, los lectores más jóvenes - millenials y no tan millenials - y los pocos premios literarios de calidad que aún conservamos en este país hablan por si solos. Sin ir más lejos, María Bastarós acaba de alzarse con el Premio de la Crítica Valenciana precisamente por esta novela, una novela en la que lo correcto y lo tradicional literariamente hablando brillan por su ausencia. Las cosas, cambian, evolucionan, y creo que ya es hora de empezar a escuchar a estas escritoras, pues a lo mejor ellas entienden mejor a la juventud de este país, a esas mujeres que están protagonizando la revolución feminista o simplemente sus principales preocupaciones respecto a los temas de más candente actualidad.

   Historia de España contada a las niñas: una historia de muchas historias, de secuestros, de creencias surrealistas, de sanaciones, de inverosimilitudes, de terror patriarcal, de despoblamiento, de paradojas, de matriarcados... La historia que debieron contarnos hace muchos años.

Frases o párrafos favoritos:

"Piensa en lo hermoso que puede ser el mundo, más allá de madrigueras y exilios voluntarios."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Fulgencio Pimentel

jueves, 7 de febrero de 2019

RESEÑA: Oh...

OH...

Título: Oh...

Autor: "Philippe Djian (París, 1949) es novelista, traductor, letrista, periodista y guionista de cine. Su carrera como escritor arranca en 1982, y aunque solo vende unos pocos cientos de ejemplares de sus primeras dos novelas, la crítica ya habla del "nacimiento de un mito". Es en 1985, con la publicación de su libro 37º2 le matin (que se adaptaría posteriormente al cine y conocemos en España como Betty Blue) cuando alcanza el reconocimiento del público internacional, llegando a publicarse en veinte países. En sus novelas se percibe una fuerte influencia de la tradición literaria norteamericana, y confiesa que sus libros no parten de un argumento determinado, sino que se desarrollan sobre la marcha a partir de la frase de arranque. Viajero impenitente, reside a lo largo de los años en Estados Unidos, Italia, Suiza y diversas localizaciones dentro de Francia. A partir de 1993, con su novela Sotos, inicia una relación con la editorial Gallimard que se mantiene hasta hoy en día y que lo convierte en una figura habitual en las mesas de los más vendidos en las librerías de su país. En 2012 su nombre vuelve a saltar a la palestra gracias a Oh…, que recibió el prestigioso Prix Interallié y que posteriormente Paul Verhoeven llevaría al cine con el título de Elle, con Isabelle Huppert como protagonista. Hasta la fecha, Djian ha publicado cerca de una treintena de novelas." (Fuente: Fulgencio Pimentel).


Editorial: Fulgencio Pimentel.

Idioma: francés.

Traductora: Regina López Muñoz.

Sinopsis: Oh… Relata treinta días en la vida de una mujer, Michèle, interpretada por Isabelle Huppert en la laureada película de Paul Verhoeven, Elle. Djian acepta el riesgo de entregar su thriller más incorrecto, anteponiendo la ironía desde el mismo título. Experto en microcosmos familiares, el escritor se pone por primera vez en la piel de una mujer, empresaria, divorciada de un fracasado, amante del marido de su mejor amiga, hija de un asesino y madre de un pusilánime. Sus relaciones con el género masculino no terminan ahí: acaban de violarla en su propia casa y esto provoca en ella sensaciones inesperadas. Asistimos así a la creación de un personaje que incita al juicio moral y al mismo tiempo se resiste a él. Oh…Constituye un tratado espeluznante y tragicómico acerca del lugar de hombre y mujer en sus relaciones mutuas, acerca del conflicto entre deseo y voluntad, del ejercicio del poder y, muy especialmente, de la libertad de elección. (Fuente: Fulgencio Pimentel).

Su lectura me ha parecido: estremecedora, directa a la yugular, impactante, brutal, gélida, con un humor negro que fluye sin altibajos, fuente de reflexiones, retadora, sin contemplaciones, visceral, una de las pocas que ha conseguido cabrearme, fascinarme, volarme la cabeza... En los últimos años, además de las modas literarias de turno, las y los lectores hemos sido testigos de la proliferación de una serie de libros muy necesarios y que sólo la era del #MeToo ha conseguido colocar en primera línea hasta llegar a copar los primeros puestos de las listas de ventas de medio mudo. Y no es para menos, cualquier texto que ahonde (ya sea desde el plano más intelectual o ficticio así como desde la experiencia vivida) en el tema de la violación debería merecer todo nuestro interés y no despertar ese morbo que durante tantos años se ha ido produciendo gracias, en parte, a la poca sensibilidad y concienciación de los medios de comunicación. En lo que a mi respecta, siempre me ha parecido un tema de una brutalidad supina, hasta el punto de que, cada vez que leo en algún libro, sea real o ficticia, la descripción de una violación se me remueve el estómago. Sin embargo, considero que  leyendo este tipo de historias, entre otros mecanismos de acción, es como la sociedad acaba reconociendo el problema, la motivación machista que siempre hay detrás y la necesidad de poner sobre la mesa las soluciones para que la violencia contra las mujeres quede por fin erradicada. La primera vez que leí una violación sobre el papel fue en Los pilares de la tierra (cuyo recuerdo aún permanece en mi memoria) y de ahí salté a otras novelas en las que la mirada patriarcal era realmente abrumadora en ese sentido. Años más tarde di con otros libros (memorias, ensayos y novelas) en los que asistí, con más angustia si cabe, a la mirada de la mujer, a su perspectiva, a sus pensamientos, a sus intentos por liberarse, a su terror ante los monstruos engendrados por un estado machista. Pero también, y esto me aportó mayor profundidad, a las consecuencias, al "después de", a la actitud de la mujer en cuestión, a sus mecanismos de asimilación, de defensa, a ese sentimiento de culpabilidad tan machacón como inconsciente, a los traumas, a la incomprensión de su entorno... En la novela que hoy tengo el placer de reseñar asistimos a la narración de los treinta días después de la violación de la protagonista. Treinta días en los que conoceremos a una mujer, Michèle, con sus luces y sus sombras. Oh... : pragmatismo, hipocresía y ¿feminismo?


La historia de como Oh... irrumpió en mi vida fue, sin yo saberlo, con su adaptación cinematográfica. El año en el que La la land dejaba sin palabras a medio mundo, una película francesa irrumpió con fuerza en el panorama cinematográfico internacional, hasta el punto de hacerse con algunos de los galardones más prestigiosos (incluyendo el premio César a la mejor película y el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa). Su actriz protagonista, la siempre perfecta Isabelle Huppert, se hartó de recoger aquel 2017 infinidad de premios (¡hasta un Globo de Oro!) por su fría y perturbadora interpretación en Elle. Quienes la hayáis visto entenderéis por qué la cinta de Paul Verhoeven (sí, el director de Instinto básico, Robocop o la malograda Show Girls) ha conseguido permanecer en la memoria, y es que su trama nada superficial y llena de momentos verdaderamente impactantes, enamoró y escandalizó a muchos espectadores y críticos. En mi caso, a pesar de no conseguir entender las razones de la protagonista, Elle me pareció fantástica, bien construida, perfectamente narrada y bueno, la interpretación de Isabelle Huppert (una de mis actrices francesas favoritas por cierto) es una lección, un ejemplo para cualquier mujer que desea dedicarse a la actuación, el alma de la película, por no decir que me era imposible ver a otra actriz dando vida a ese personaje tan complejo y con tantas aristas.  Tenía que ser ella, no había otra opción. Con algunas de las potentes imágenes que la cinta de Verhoeven vivas en la memoria, encendí una noche la tele y sintonicé la dos. Era martes, justo el día que emitían Página Dos, uno de los programas de divulgación literaria más interesantes y poco valorados de la televisión pública. Aquella noche entrevistaban a un tal Philipe Djian, quien había venido a España a presentar su novela Oh... (cuyo título me pareció entonces una tomadura de pelo y un enigma al mismo tiempo). A medida que la entrevista avanzaba, me percaté de que aquella trama era la misma que la de Elle, o al menos evidenciaba parecidos más que razonables. Sin embargo, en el momento en el que el presentador hizo alusión a Isabelle Huppert me quedé embobada frente al televisor. "¡Hay novela!" exclamé con gran emoción. "¡Hubo novela antes que película!". Tomé los datos que necesitaba y tecleé rápidamente el título en el móvil. Descubrí entonces que una editorial, para mi antes desconocida, llamada Fulgencio Pimentel la había editado y traducido al español. Una novela que, para mi sorpresa, fue escrita en el 2012, ¡cuánto ha llovido desde entonces! ¡Cuántas cosas han pasado relacionadas, lamentablemente, con agresiones sexuales a mujeres! Por todo ello, y sobre todo por comprobar las diferencias entre la cinta y su versión original en papel, conseguí hacerme con un ejemplar de Oh..., devorarlo a pasos agigantados, sufrir algún que otro dilema respecto a lo que considero feminista (de lo cual hablaremos largo y tendido en el último párrafo) y finalizarlo con la sensación de haber aprendido un poco más sobre ritmo, tensión y giros en la creación literaria.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, me gustaría comenzar lanzando una advertencia. Oh..., al igual que su correspondiente adaptación cinematográfica, no es un libro apto para todo tipo de lectores. Es más, creo que la novela de Djian es de esa clase de libros de cuya lectura nadie sale indemne. Siempre queda algún resquicio, algún recuerdo, recuerdos que evocas en tu memoria y que siempre tienen que ver con su magistral capacidad de angustiar hasta al más duro. Maestro en crear ambientes claustrofóbicos, Djian explora los límites de la falta de espacio vital más allá de lo estrictamente físico, elevándolos a un nivel superior, en donde nos topamos con un agobio más interno, invisible, psicológico. Un encierro brutal que todos experimentamos a medida que conocemos más y más a Michèle, la peculiar y completa protagonista de Oh... . Es imposible no hablar de la novela de Djian sin referirnos a ella, de hecho, al igual que pasa con la película, ella es el centro del libro y alrededor de la cual se articula el resto de personajes y la trama propiamente dicha. El lector no puede evitar sentir admiración ante una protagonista con tantos claros oscuros, con una complejidad brutal, con unas debilidades tan monstruosas que nos escandalizan pero al mismo tiempo, a medida que vamos leyendo, no podemos evitar percibirlas como verdaderamente humanas. Es inútil perder el tiempo hablando del resto de personajes que aparecen en la novela, pues quedan irremediablemente ensombrecidos ante el carisma, carácter y oscuridad de Michéle.  No me gustaría destriparos gran cosa sobre esta peculiar protagonista, pues sin duda es el gran factor sorpresa de la novela, el que el lector la descubra poco a poco, sin prisa, dejándose guiar para finalmente quedar atrapado en un juego de toma y daca entre la historia y quien tiene la oportunidad de leerla. Sólo comentaremos un par de cosas sobre el personaje, os prometo que mínimas, en el apartado más reflexivo. Por otro lado, otro de los aspectos clave del éxito de Oh... sobre todo entre el público reside en ese endiablado ritmo que Djian propone. Sin complacer a nadie y sin pensar en los rezagados, Djian coge al lector y le abre la puerta con una pasmosa tranquilidad. Ahora, lo que te encuentras tras ella es crudo, muy crudo. Intentas volver sobre tus pasos, cerrar la puerta y con él la tapa del presente libro, pero ya es demasiado tarde, Djian ha conseguido lo que pretendía, que aunque lo desees no puedas apartar la mirada de ese arañazo en el rostro de Michèle. El resto es puro thriller, tan literario como cinematográfico, por eso funcionó tan bien en la gran pantalla. Otro tema presente en Oh... es la violencia en todas sus facetas. Verbal, física, psicológica, directa, indirecta... Y lo mejor de todo, sin la necesidad de recrearse sobre ella, sin satisfacer las delicias de quienes buscan morbo en este libro. Todo es violencia, desde el ámbito laboral en la empresa que Michèle dirige (en donde la hostilidad esta presente) hasta la violación propiamente dicha, pasando por las relaciones con sus amigos, exmarido, hijo y vecinos. Muy destacable, también, es ese humor negro que subyace de la forma más inesperada, algo que por el contrario en la película queda en ocasiones algo forzado. En definitiva, y a riesgo de haberme quedado una reseña algo atropellada, me gustaría concluir diciendo en primer lugar, que Oh... merece más y más párrafos de disertación (algo que por desgracia me es imposible plasmarlos ahora mismo, ya que necesitan más tiempo de maduración y construcción de un discurso acorde con la novela) y en segundo lugar, que quienes les haya picado la curiosidad que se preparen, porque tras su lectura, es imposible no volver a ella una y otra vez. Aunque sea para maldecirlo o alabarlo.


Nunca me cansaré de decirlo. Michèle merece ya no un párrafo entero para ella sola, sino una tesis doctoral sobre el por qué Philipe Djian decidió crear un personaje como este, y lo que es más importante, para protagonizar la que es hasta la fecha su novela más conocida (más allá de la adaptación de Verhoeven). Y es que es a partir de su protagonista, pero sobre todo, de su actitud frente a la violación que ha sufrido lo que ha avivado la polémica, lo que ha provocado la ira y el aplauso, lo que ha conseguido dividir al movimiento feminista, lo que ha propiciado, como consecuencia, que Philipe Djian sea para unos un genio y para otros un machista. Os pongo en antecedentes. Michèle, tal y como pone en la sinopsis de la contraportada, es asaltada y violada en su propia casa. Durante los treinta siguientes días el lector asiste, por tanto, a su actitud frente a la violación, la cual es del todo chocante. No denuncia, no acude a la policía, habla de ello con total naturalidad, no lo esconde y sigue su vida como si nada al mismo tiempo que comienza a comprar todo un arsenal de armas y a dormir con un cuchillo en la mano por si el violador vuelve a atacarla de nuevo. Y la cosa, por supuesto, no queda ahí, ya que el autor pone en boca de Michèle frases como la siguiente:“He tenido peores experiencias con hombres que había escogido libremente”. Una confesión en cuya esencia parece subyacer una crítica al feminismo, justo lo que muchos lectores critican y por lo que su autor se ha llevado más de una dura reprimenda. Una vez puesto sobre la mesa el tema en cuestión toca reflexionar. No os lo voy a negar, cuando leí la frase me hirvió la sangre. Algo parecido me sucedió cuando vi la película, pues como he comentado en el primer párrafo, no entendía por qué Michèle no denunciaba la violación. Pero tras meditarlo mucho y observar las distintas opiniones al respecto, he llegado a la siguiente conclusión: la de que Philipe Djian no pretendía con Oh... lanzar un discurso político al mismo tiempo que plantea una paradoja que hace dudar hasta a la feminista más convencida. Empezando por ésta última la cuestión es bien sencilla. Por un lado, la actitud de Michèle nos puede resultar del todo reprochable, ya que si sufres una violación lo lógico es denunciar. Sin embargo, Michèle hace todo lo contrario, y lo más importante, ella decide no actuar de tal forma. Durante toda la novela, Michèle renuncia al calificativo de victima y a todo componente dramático para asumir con todas las consecuencias lo que le ha pasado. Afronta la situación con una naturalidad gélida. Remarquemos el "ella decide" porque, a pesar de todo, es una decisión que toma ella sola, sin coacción, sin consultarla con nadie, porque no quiere sentirse una víctima, porque su forma de ser la empuja a decantarse por esa opción. ¿Podríamos estar entonces ante un personaje feminista? Sí en ese sentido, su independencia lo evidencia, pero pronto volvemos a pensar en la no denuncia, lo cual nos hace dudar de nuevo de si "feminista" es el mejor calificativo para definir a Oh... . Una pescadilla que se muerde la cola y que pone de manifiesto la gran paradoja de la novela: que no es otra que las distintas formas de entender el feminismo. Por ello, desde mi humilde opinión, pienso que Oh... no persigue un discurso moralizante ni de denuncia de carácter político, sino contarte una historia, describirte una situación, narrarte la reacción de una mujer con unas características muy particulares ante su propia violación. Punto. No hay más. Un ejercicio de clase de escritura creativa de manual tipo: ¿qué pasaría con este personaje que has creado si le sucediese X situación? ¿Cómo actuaría? ¿Cómo sería su día a día desde entonces?... Eso si, gracias a Djian es posible que muchas lectoras y lectores se hayan visto en esa encrucijada, en ese debate interno respecto a sus ideas o en la certeza de que todos podemos convertirnos en monstruos de la noche a la mañana. Reacciones que muestran la complejidad de los términos y la amalgama de colores que existe entre el blanco y el negro. Oh... : una historia de aceptación, instintos perversos, gélidas relaciones familiares, violencia, tensión... Una novela que consigue desmontarnos en nuestro afán por ser fieles a nuestros ideales.

Frases o párrafos favoritos:

"Nos ofrecimos un espectáculo el uno al otro. Nos enseñamos nuestras peores caras, nos mostramos viles, mezquinos, odiosos, abyectos, perdidos, caprichosos según la situación y no ganamos nada -en todo caso perdimos autoestima, según él, y estoy de acuerdo. Dejar a alguien requiere más valentía de lo que mucha gente piensa -a menos que sea uno de esos zombies con el cerebro aplastado, uno de esos pobres espíritus que te encuentras a veces-. Cada mañana me despertaba y no me sentía capaz, y los últimos días me los pasaba llorando. Me hizo falta mucho tiempo. Tres días, tres largos días y tres largas noches para arrancarnos el uno del otro (...)."

Película/Canción: como he nombrado a lo largo de la reseña unas cuantas veces, Oh... se adaptó al cine bajo el título Elle. Dirigida por Paul Paul Verhoeven y protagonizada por una sobresaliente Isabelle Huppert, cosechó gran éxito de público y crítica. Os aconsejo que la veáis, aunque reitero lo perturbador de su trama. Preparaos para dos horas de incomodidad, verdad, impacto y dureza. En definitiva, toda una lección de cine.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Fulgencio Pimentel