Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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jueves, 11 de junio de 2020

RESEÑA: Mi hermana, asesina en serie.

MI HERMANA, ASESINA EN SERIE

Título: Mi hermana, asesina en serie. 

Autora: Oyinkan Braithwaite (Lagos, Nigeria 1988) nacida en una de las ciudades portuarias más importantes de Nigeria, pronto se trasladó a Gran Bretaña para estudiar en las universidades de Kingston y Surrey, donde se formó en Escritura Creativa y Derecho. Trabajó durante un tiempo en el sector editorial y en el periodismo, y publicó primer libro de relatos, The Driver (2010. Mi hermana, asesina en serie (2018) es su primera novela, siendo merecedora del Premio Anthony a mejor debut, quedando en segundo lugar en la categoría "Thriller" de los Choice Awards 2019 de Goodreads y se encontraba entre los seleccionados al Premio The Best 2019 en la librería La Central en la categoría de Literatura en castellano. En 2012 regresó a Nigeria, donde sigue residiendo en la actualidad. 



Editorial: Alpha Decay. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Montse Meneses Vilar. 

Sinopsis: Ayoola tiene un serio problema con sus novios: cuando se cansa de ellos, cuando le decepcionan, o a veces sin motivo aparente, los mata. Ya lleva tres, lo cual la convierte, en cierta manera, en una asesina en serie. La única que lo sabe es su hermana Korede, que movida por un amor fraternal cara vez más en el alambre, ha ayudado a Ayoola a eliminar pistas, cubrir sus pasos y, en definitiva, evitar que se descubra que aquellas misteriosas desapariciones de hombres jóvenes que se están produciendo en Lagos llevan su marca letal. Por si la situación no fuera suficientemente complicada, Korede contempla horrorizada cómo su hermana empieza a salir con el hombre de sus sueños - el médico del hospital en el que trabaja como enfermera -, por lo que deberá replantearse su rol de cómplice, si no quiere que este triangulo amoroso termine en un baño de sangre. 

Su lectura me ha parecido: adictiva, trepidante, rápida, original hasta decir basta, con unos personajes femeninos muy potentes, con un humor negro absolutamente delicioso, oportunamente deslocalizada a nivel espacial, inquietante, fascinante, un cambio entre tanto thriller corriente y moliente... Como ya he dicho en más de una ocasión, no soy una persona a la que le atraigan - al menos por ahora - las historias encerradas dentro de lo estrictamente policial/thriller. Si bien éste último si que me interesa desde un punto de vista didáctico - no sabéis lo mucho que aprendes del thriller a la hora de confeccionar la psicología de los personajes negativos o de saber estructurar una trama para que jamás pierda el interés - desde hace unos años lo policial no me interesa para nada. Os hablo desde la experiencia, desde mi primer flechazo con esta explosiva unión en plena adolescencia gracias a las cotidianas y frías novelas de Camilla Läckberg, pasando por ese subidón que me produjo leer por primera vez a Joel Dicker y descubrir que había vida más allá de los crímenes acontecidos en tierras nórdicas. Luego regresé a los helados paisajes de Noruega y Suecia especialmente. Después me alejé, rápidamente, tomé un tren para no volver a esas manidas formas y personajes arquetípicos para centrarme en otro tipo de literatura. Quería sacar temporalmente de mi cabeza el mal sabor de boca que me dejaron aquellas últimas lecturas de las cuales, sinceramente, no guardo un buen recuerdo. Años más tarde, el regreso se produjo a lo grande de la mano de un francés, de Emmanuel Cárrere, uno de esos autores que todo el mundo dice que debes leer. Una servidora, desconfiada por naturaleza, no se fiaba de todas esas buenas palabras y halagos que rozaban la exageración. Pero ¿qué queréis que os diga? El señor Carrére y su adversario - el A sangre fría francés - me demostraron como a veces, y sólo a veces, la masa anónima tiene razón. Aquí no había una investigación policial al uso, ni un detective chapado a la antigua, ni una escritura con homenajes a las grandes novelas policíacas inglesas (las únicas que de vez en cuando tolero y consiguen sacarme alguna sonrisa); aquí Carrére enfrentaba al lector contra Jean-Claude Romand, un asesino real cuyo crimen a día de hoy - y por mucho que el autor desgranase las causas - seguimos sin comprender. Tras él vino la novela que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, un libro de trama social con cuerpo de thriller, algo gore, que engancha desde el minuto uno y que se acabó convirtiendo en mi segunda mejor lectura del pasado 2019. Año en el que vivíamos completamente ajenos al terremoto que acaecería justo al inicio de una nueva década. Mi hermana, asesina en serie: la influencia de la violencia patriarcal en la Nigeria de principios de siglo XXI. 


La novela de Oyinkan Braithwaite - una escritora nigeriana de treinta y dos años - ha caído como una bomba dentro de la industria editorial. Y es que, a mi juicio, son varios los motivos por los que todo el mundo debería leerla, más allá de su calidad narrativa, de su ritmo endiablado o de sus casi icónicos personajes. En primer lugar, lo que llama la atención es que, ya de entrada, por fin abrimos horizontes geográficos. Me explico. El lector amante del policiaco o el thriller ha crecido al amparo de los clásicos - como sucede en otros géneros literarios - y sobre todo gracias a unas y unos autores cuya mayoría proceden del ámbito europeo y sobre todo norteamericano. Y claro está, las tramas y las formas son muy británicas, francesas, suecas, alemanas, españolas, italianas o americanas por citar algunos ejemplos de países en los que estos géneros tienen mucho tirón; hasta el punto de haber creado escuela propia. Pero ¿qué pasa con los japoneses? ¿Y los chinos? ¿Y los argentinos? ¿Y los argelinos? ¿Y los sudafricanos? ¿Y los tailandeses? ¿Y los iraníes?... ¿Qué pasa? ¿Que en esos países no hay buenas y buenos escritores de novela negra? ¿O es que nuestro eurocentrismo crónico nos impide concebirlo en nuestra cabeza plagada de enseñanzas que no exploran más allá de los Urales o de nuestro adorado Mediterráneo? ¿Qué nos impide adentrarnos en ellos? 

Hasta hace unos años era impensable encontrar literatura actual escrita por autoras y autores situados geográficamente fuera de lo estrictamente norteamericano o europeo (exceptuando a movimientos como el "realismo mágico" procedente de Sudamérica o a autores como Murakami, Kahdara, Mishima, Pamuk, Mernisi, Cohelo entre otros muchos). Por fortuna, es cada vez más habitual toparse con estantes o escaparates en los que podemos encontrar no sólo una inmensa variedad de convergencias entre géneros literarios, sino que además éstos están escritos por gentes procedentes de todos los países del globo terráqueo. El ejemplo más claro es el del libro que hoy ocupa toda nuestra atención. Mi hermana, asesina en serie es un thriller, con toques policiales - sin que ésta tenga una presencia abrumadora en la trama - ambientado en Lagos y escrito por una autora nacida en dicha ciudad. Dicho así parece que carezca de importancia, pero a nivel canon es importante, ya que el lector va a tener el privilegio de salirse de las encorsetadas formas a las que está habituado para adentrarse en algo distinto y en una ambientación realmente original. Imagino que para Braithwaite escribir una novela ambientada en su Nigeria natal es lo más normal del mundo - como Carmen Martín-Gaite respecto a Madrid o Paul Auster respecto a Nueva York - y eso no debería sorprendernos. Sin embargo, como hemos estado tan parapetados dentro de una concha, alejados de otras realidades literarias, pues en cierto modo veo hasta lógica tanta fascinación. Lejos de quedarse en las meras descripciones de una de las ciudades más bulliciosas y populares en de Nigeria, Braithwaite lo adereza con toques de contexto histórico. El de una ciudad a principios de siglo XXI, una urbe tan dinámica como peligrosa enmarcada en una coyuntura de cambios económicos y demográficos que, por supuesto, reflejarán el problema de desigualdad y la problemática convivencia de la tradición y la modernidad existente en la actual sociedad africana. No es Londres, ni Estocolmo, ni París, ni un pequeño pueblo perdido en el Medio Oeste americano; pero Lagos y su geografía urbana son igual de atractivas y fascinantes. 


A esta amplitud de miras desde un punto de vista literario se le suma una trama que significa un soplo de aire fresco - por no decir "huracán" - en un género como el thriller. Para empezar, la propia estructura de la novela y el estilo que la autora emplea son muy acertados. A partir de una prosa rápida, pero no exenta de profundidad narrativa, en la que no se anda por las ramas y no se recrea en nimiedades que no vienen al cuento (como esas odiosas e innecesarias descripciones que a veces inundan páginas y páginas de novela sin ningún sentido más allá de complacer la vanidad del propio autor) y potenciando aquellos momentos o escenas que de verdad lo merecen - y que en muchas ocasiones esconden una reflexión muy pertinente entorno al patriarcado o las relaciones fraternales -. Todo ello aglutinado en capítulos extraordinariamente cortos, no sólo consigue que el lector se lea el libro de una sentada, sino que tenga la sensación de haber asistido a una clase magistral respecto a la cómo se escribe una buena novela de suspense con grandes dosis de crítica social y desde una perspectiva marcadamente feminista. Otro de los grandes aciertos del libro, por no decir el mayor, es la construcción de sus dos protagonistas femeninas. Por un lado tenemos a Ayoola - guapa, seductora, que parece no tener más ambición que el divertirse y trabajar ocasionalmente en su marca de ropa - y por el otro tenemos a Korede - una pulcra enfermera acostumbrada al trabajo duro, a las ordenes y a vivir a la sombra de su hermana Ayoola -. Mientras la primera ha sido toda su vida una insubordinada y rebelde, la segunda ha asumido una responsabilidad y un saber estar casi perfectos, como si quisiera compensar la actitud de su hermana, como si esto le hiciera, en cierto modo, mejor persona. Sin embargo, Ayoola tiene un defecto de los gordos, y es que tiene un serio problema con sus novios, a los cuales asesina cuando se cansa de ellos, la decepcionan o a veces sin motivo aparente. Cada vez que esto sucede, Ayoola siempre recurre a Korede para que la ayude a limpiar la escena del crimen y a deshacerse de los cadáveres aprovechándose de sus conocimientos en desinfección e higiene. Ante esta situación, la lealtad de Korede hacia su hermana siempre se mantiene en la cuerda floja - de hecho, llega a desconfiar de la versión que Ayoola le da de los hechos, sosteniendo la posibilidad de que el asesinato fuese algo consciente y premeditado y no un simple arrebato como Ayoola asegura - pero el amor que, a pesar de todo, le profesa y un irremediable sentimiento de protección son más fuertes y acaba por no delatarla a la policía. Dos caras de una misma moneda pero concebidas en la mente de su autora como el Ying y el Yang, la noche y el día, el calor y el frío. Dos polos opuestos que, irremediablemente, acaban necesitándose. Cada nuevo asesinato fortuito es una gota más que llena el vaso, quebrando un poco más la paciencia de Korede. La cosa se complica cuando, de la noche a la mañana Tade, el médico del que Korede está secretamente enamorada, comienza a interesarse sentimentalmente por Ayoola. Es a partir de ese momento cuando Korede ve su mundo tambalearse bajo sus pies. Por un lado no quiere hacer daño a su hermana apartándola de Tade, pero por otro lado no quiere que el amor de su vida acabe muerto sobre un charco de sangre. Sin duda, una trama que, partiendo de lo manido, su autora consigue retorcerlo hasta convertirlo en algo nuevo e inquietantemente atractivo para quien se adentre en ella. Con un humor negrísimo - muy similar al de la fantástica serie Killing Eve - escenas rozando lo gore y los continuos giros de la trama, convierten a Mi hermana, asesina en serie en una novela a tener en cuenta si como escritora/or pretendes adentrarte en el tortuoso y apasionante mundo del thriller sin caer en los estereotipos de turno. Y si tu ambición en la vida no es llegar a publicar una novela, Mi hermana, asesina en serie te entretendrá a lo grande durante unas cuantas semanas.  


Una vez abordado aspectos más centrados en el estilo y la trama, toca en última instancia referirse a lo más importante y crucial para entender la grandeza de este thriller racializado. Y es que de su lectura se desprenden acertadísimas y muy oportunas reflexiones entorno a los grandes temas que hoy preocupan a la sociedad contemporánea. Por un lado, la crítica feminista y la construcción de personajes femeninos fuertes pero no infalibles. Una de las grandes virtudes de esta novela es precisamente el haber conseguido crear de la nada a Korede y Ayoola. Dos mujeres, hermanas, unidas por la violencia patriarcal que vehicula prácticamente toda la novela y que marca sus distintas personalidades. Capaces de subvertir y pervertir, en última instancia, con los dos principales roles de género que se asocian tradicionalmente a las mujeres. Mientras Korede representa a ese modelo de mujer buena, amable y extremadamente paciente, Ayoola encarnaría el ideal de mujer bella capaz de encandilar fácilmente a los hombres. Mientras la primera lleva por bandera el esfuerzo, la resignación, el control y el respeto por las normas, la segunda es anárquica, visceral, irresponsable y libre. Si bien la primera su papel de matriarca tradicional la lleva a convertirse en cómplice de asesinato, el poder de seducción de la segunda va acompañado de una navaja con la que arrebata la vida de aquellos hombres que se sienten poderosos en su privilegiada posición dentro del patriarcado, ya sea por temor o crueldad. Roles que, como bien podremos comprobar, y a pesar de ser en teoría asumidos, nunca serán del todo perfectos para los ojos de la gente. Y es que a las mujeres siempre se nos ha criticado por todo. Si estás gorda, adelgaza. Si estas delgada, come más. Si no te apetece tener relaciones sexuales, es sinónimo de estrecha. O si por el contrario eres tú la que toma la iniciativa, entonces eres una puta. Ejemplos, miles de millones, tantos que nos faltarían hojas para poder apuntarlos todos. Otra de los aspectos que Mi hermana, asesina en serie pretende demostrar es una obviedad que, hasta en los tiempos que corren, deberíamos saber ya, sobre todo en lo que respecta a la causa feminista. La unión hace la fuerza, tan simple como eso, y si hay desunión, pues difícilmente se podrá llevar cualquier empresa a buen puerto. La unión que existe entre Ayoola y Korede va más allá de la fraternal, sus experiencias convergen en el trauma compartido, en el odio a la figura de su padre, cuyos ataques y vicios marcaron la infancia de ambas. Un hombre que no dudaba en mostrar su fuerza y cuya navaja, que acabará empuñando Ayoola, acabará en el pescuezo de quienes como él ejercen la violencia más cruel contra las mujeres, independientemente de si son unas completas desconocidas o sus propias hijas. A lo largo de la historia los hombres siempre han querido sepáranos, generar discordia entre grupos de mujeres, alentando la falsa creencia de que "nos pones verdes entre nosotras" o "criticamos a la que no está". ¿Por qué? ¿Qué necesidad? ¿Por qué no abogar por una convivencia, incluso con el sexo masculino, más sana y sin atisbos de toxicidad? La novela de Braithwaite es un claro ejemplo de reflexión entorno a ello. Y por último, ya para acabar, en tiempos del Black Lives Matter, creo que es un buen momento, no sólo para visibilizar el racismo que sigue teniendo lugar en Estados Unidos - y ya de paso en el resto del mundo - también para reivindicar y visibilizar lo máximo que podamos todas esas obras, independientemente del género al que se adscriban, escritas por autoras y autores negros. Le haremos un gran favor a la humanidad, a la sociedad y por supuesto a nosotras/os mismos. 

Mi hermana, asesina en serie: una historia de perversión, sangre, feminismo, asesinatos, dos hermanas tan opuestas como unidas entre sí, amor no correspondido, violencia patriarcal, reversión... Una novela que devoraréis de principio a fin. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Ayoola me convoca con estas palabras: Korede, lo he matado. Yo esperaba no volver a oírlas nunca más."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alpha Decay 

viernes, 6 de julio de 2018

RESEÑA: Quédate conmigo.

QUÉDATE CONMIGO

Título: Quédate conmigo.

Autora: Ayòbámi Adébáyò (Lagos, Nigeria, 1988). Sus historias han aparecido en diversas revistas y antologías literarias, y han sido muy elogiadas por el jurado de Commonwealth Short Story Prize en 2009. Tras cursar un máster en Literatura inglesa en la Universidad de Obafemi Awolowo, Adébáyò realizó otro de Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia, donde recibió una beca de Escritura Creativa. También ha obtenido otras becas de investigación y ha sido residente en Ledig House, el Sinthain Cultural Centre, Hedgebrook, la Ox-Bow School of Art, Ebedi Hill y el Sienna Art Institute. Quédate conmigo es su primera novela. (Fuente: Gatopardo).


Editorial: Gatopardo.

Idioma: inglés.

Traductora: Irene Oliva Luque.

Sinopsis: Yejide espera un milagro: un hijo. Es lo único que quiere su marido, lo único que quiere su suegra, y ella lo ha probado todo: duros peregrinajes, consultas médicas, plegarias a Dios. Pero cuando sus familiares se empeñan en buscar una nueva esposa, cruzan el límite de lo que Yejide es capaz de soportar. Y se verá abocada a los celos, la traición y la desesperación. (Fuente: Gatopardo).

Su lectura me ha parecido: intensa, compleja, estremecedora, durísima, de las que dejan huella, exquisita, grandiosa, elegante, deliciosa... Hace unos días, mientras meditaba cual sería el libro que protagonizaría la próxima reseña en este blog, me di una vuelta por el índice de contenidos que podéis encontrar en Jimena de la Almena si deslizáis hacia abajo el ratón. Leí cada uno de los apartados, algo que no hacía desde el momento en el que comencé a despreocuparme de los números y las visitas, y me topé con algunos datos curiosos. ¿Es posible que de las 257 reseñas que llevo publicadas, unas 68 sean de libros escritos por autoras o autores ingleses? Sí, es posible, ya que mi idilio con la literatura de dicho país parece ser eterno. Le sigue de cerca Estados Unidos con 56 reseñas y en tercera posición España con 48 (algo a lo que tendré que poner remedio más pronto que tarde). Bastante más alejados están Francia con 19 y Alemania con 10, pero a grandes rasgos estos serían los cinco países cuya literatura he reseñado más, al menos si nos ceñimos a los datos numéricos. Sin embargo, dentro de todo ese índice compuesto de periodos históricos, nombres de autoras/es, corrientes literarias, temas y editoriales; hay representados una serie de países cuyo número de reseñas es bastante inferior. Entre ellos se encuentra Irlanda con 6 reseñas (este ha sido sin duda el país que más he descubierto este año literariamente hablando gracias especialmente a Edna O´Brien), Italia con 5 (increíble pero cierto), Australia con 5 (cortesía de Kate Morton), Chile con 3 (bendita Isabel Allende) Suecia con 5 (alabada sea Camilla Läckberg y todas las escritoras/es de novela negra de este país), Austria con 3, Dinamarca con 2 y Grecia también con 2. Y un escalón más abajo, una tímida representación países como Brasil, China, Corea del Norte, Estonia, Finlandia, Hungría, Islandia, Portugal, República Checa, India, Suiza, Turquía y Vietnam. Cada uno con un solo libro reseñado. Este repaso general, además de demostrar que soy una lectora bastante ecléctica aunque con claras preferencias, me ha hecho reflexionar acerca de la cantidad de literatura que existe y que nos queda por descubrir. Es cierto que, como acabo de demostrar, en cuanto a gustos literarios la influencia anglosajona pesa mucho, y la americana ya ni os cuento, pero ahí están otras autoras/es procedentes de los países más remotos que nos podamos imaginar, deseosos de que su obra sea conocida por el gran público. El libro que hoy tengo el placer de reseñar está escrito por una novelista cuyo país de procedencia inaugura nueva pestaña en el índice, y con él, la irrupción de un continente, el africano, el cual está demostrando en los últimos años que esta plagado de talento literario. Quédate conmigo: la maternidad como motor de una historia tan dolorosa como hermosa.


La historia de como Quédate conmigo (sí, yo también pensé en Pastora Soler la primera vez que leí el título de este libro) llegó a ocupar un privilegiado lugar en mi adorada estantería es bien sencillo. Pero estaría siendo injusta con todos vosotros si no relatase esta breve explicación de los hechos desde el verdadero principio, que no es otro que desde ese desconocimiento absoluto por la literatura procedente de África. Todo sistema capitalista que se precie, en especial los más invasivos y devastadores, se encargan siempre de repetirte hasta la saciedad que lo que éstos ofrecen es lo mejor y que por tanto es digno de ser consumido salvajemente. Y por el contrario, lo que consideran perjudicial o una posible amenaza al "chiringuito" que tienen montado, no dudan en despreciarlo y realizar un lavado de cerebro a todos nosotros, con el objetivo de crearnos una opinión desfavorable o indiferente sobre X cuestión, producto, cultura, etc. Eso es justo lo que ocurre cuando escuchamos hablar de África. Muchos no dudan en evocar las imágenes del Rey León, fragmentos sueltos de algún documental de naturaleza, la icónica danza de los masáis que se uso para un conocido anuncio, los simpáticos y marchosos lémures de Madagascar o el famoso vuelo en avioneta de Memorias de África. Pero más allá de lo que el mundo audiovisual nos haya podido transmitir, lo cierto es que cuando escuchamos "África" la palabra que se nos viene a la cabeza de inmediato es "hambre"a la que se le suman otras tantas como "pobreza", "muerte", "desnutrición", "guerra" "inmigración" o "enfermedad". Agoreras palabras que consiguen crear una imagen que, si bien es cierta por desgracia, no define en su totalidad al territorio africano dejando a un lado ese poso cultural tan importante que éste posée a lo largo y ancho del continente. África no está muy presente en los telediarios, y cuando lo hace es por una mala noticia (atentados terroristas, golpes de estado, hambrunas, rebrote de enfermedades mortales, catástrofes naturales, inmigración ilegal...) pero no porque uno de sus hijas o hijos naturales, por ejemplo, haya alcanzado un notable logro en cualquier campo del conocimiento o a nivel profesional. Afortunadamente, aunque a cuenta gotas, los lectores occidentales estamos poco a poco conociendo más este continente tan fascinante más allá de los problemas y los tópicos con los que se suele asociar a través de una serie de singulares autores. Desde el candidato al Premio Nobel como el keniata Nügï wa Thiong´o hasta la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (cuyas novelas y ensayos feministas han conseguido colarse entre los más leídos a nivel global), pasando por Yaa Gyasi, Nuruddin Farah o Nii Ayikwei Parkes entre otros. Nadie duda que la literatura africana, por un motivo u otro, ha comenzado a conquistar las ventas y los halagos de la crítica más exigente, y una servidora no pensaba quedarse atrás. Aunque he de confesar que me inicié en la literatura procedente de este continente con los Ted Talks feministas de Chimamanda Ngozi Adichie, no ha sido hasta Quédate conmigo, la novela que hoy reseñamos, cuando de verdad he podido degustar las migas de una literatura tan autóctona y especial como es la africana. En cuanto lo vi por vez primera a través de las redes sociales, supe que el libro de Ayòbámi Adébáyò tenía que ser mío. Un amor a primera vista que parece prolongarse en el tiempo y en mi memoria.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Quédate conmigo presenta una de esas lecturas que no quieres que acaben nunca. Sabemos que ningún libro es infalible, ni absolutamente perfecto, pero existen unos pocos que consiguen aproximarse, tanto que hasta parecen rozarla con sus palabras. En el caso de esta novela, Ayòbámi Adébáyò logra una cosa muy difícil: contar una historia tan dura como la vida misma, o más incluso, y al mismo tiempo atrapar al lector en ella sin que éste alce la mirada del papel, sin que dude, sin que pestañeé, fascinado por como la cuenta. En Quédate conmigo ese experimento consistente en filtrar la crudeza de la trama a través de un estilo depurado, sugestivo y hasta colorido si se me permite el atrevimiento, da como resultado una doble fórmula: la de un inmediato éxito editorial y la que convierte a esta novela en un recuerdo imborrable en el lector que se atreve con su lectura. Adébáyò construye una historia que ya nos la han contado muchas veces, sobre todo desde el plano más occidental. Que levante la mano quien no haya leído un libro en el que la protagonista no puede quedarse embarazada y tiene que asistir a los problemas o a las consecuencias de su sino. Sin embargo, al ambientarse en Nigeria, y encima en el contexto de las revoluciones sociales a las que el país asistió durante la década de los 80 del pasado siglo, ésta adquiere una dimensión totalmente nueva y novedosa a ojos del lector. A grandes rasgos, Quédate conmigo narra la historia de Yejide, una mujer movida por un único objetivo: ser madre. Sin embargo, no consigue quedarse embarazada, situación que aviva las presiones desde su entorno más cercano, empezando por las de su marido Akin y finalizando por las de su suegra Moomi, la cual amenaza con buscarle a su hijo una nueva esposa (algo que finalmente lleva a cabo), y que llevará a la protagonista a iniciar un desesperado periplo con el único fin de mantener intacta la vida que tenía. El amor está presente a lo largo de esta novela, pero no es un amor romántico al uso, sino llevado al extremo, hasta el punto de que éste acaba por materializarse en un hilo, tan fino que en cualquier momento puede romperse, y con él, todo lo construido a lo largo de los años. De esta forma tan metafórica, Adébáyò nos habla de la fragilidad de las relaciones de pareja, así como de los sacrificios que se hacen (en este caso de forma evidentemente desigual) para que la convivencia siga siendo tan armoniosa como al principio. Una historia la de Quédate conmigo que nos ofrece unas pocas pinceladas del marco espacial y cronológico en el que ésta se desarrolla. No muchas, pero si las suficientes como para que el lector se sitúe en medio de un país que oscila entre lo político-social (el clima de tensión y violencia se palpa en el ambiente y en el carácter de los propios personajes) y el misticismo de las creencias ancestrales tan arraigadas en los comportamientos humanos. En medio de ese caos en el que parece que ha caído el país, Yejide peregrina hacia una montaña en busca de los milagros de un supuesto profeta. Un contraste que acentúa aún más esa dualidad entre lo ancestral y anacrónico y la realidad más acuciante. Mención a parte merecen los personajes de esta novela, en especial el Yejide de la protagonista absoluta. Su complejidad, su determinación, sus momentos de flaqueza, pero sobre todo su fuerza, la cual saca de donde no hay, hacen que este personaje se quede en la retina del lector. Si bien es cierto que a medida que nos acercamos al final parece decaer en intensidad, no podemos quitarle el merito a Adébáyò, capaz de cargar sobre los hombros de su protagonista femenina todo el peso de la historia sin ningún remordimiento. Akin, el marido de Yejide, también es importante para esta historia, pues si en Quédate conmigo conocemos la historia desde la perspectiva de ella, la introducción de un personaje como el de Akin nos sirve como contrapunto y como excusa para contar la historia desde la otra mirada, es decir, desde la mirada masculina. La cual por supuesto, no tiene nada que ver con la femenina, ni en tratamiento ni en protagonismo. Es interesante conocer su versión, como él vive el hecho de que su mujer no pueda tener hijos, pero éstas escenas son escasas en comparación con las que vive Yejide. Creo que en este sentido Adébáyò podría haber equilibrado mejor las dos narraciones para que éstas no quedasen totalmente descompensadas. Y por último, si ha habido un personaje que he odiado con todas mis fuerzas ese es el de Moomi, la madre de Akin y por tanto suegra de Yejide. Una mujer que representa ese mundo tradicional y a la vez caduco tan presente en la novela y que no hace más que machacar a su nuera para que le de un nieto. Sin duda un personaje tan odioso como atemporal. Nadie a estas alturas de la reseña duda que, además de todo lo mencionado, el poder cautivador de Quédate conmigo reside en su exotismo. El lector occidental, raramente acostumbrado a consumir literatura que traspase las fronteras de lo convencional, encontrará en esta novela la puerta de acceso a un universo literario nuevo, tan fascinante como demoledor, pero que es necesario conocer.


Salta a la vista que Quédate conmigo parece erigirse como un tratado novelado sobre la maternidad en todas sus facetas. Pero también de un enorme tabú, tan antiguo y tan trascendental que éste ha llegado hasta nuestros tiempos. Que no es otro que el de la infertilidad, en concreto de la infertilidad masculina. Desde que el mundo es mundo siempre se ha culpado a la mujer de la imposibilidad de tener hijos, lo cual ha comportado como consecuencia duros castigos o sambenitos que provocan gran estigma social. Y esto es así porque a la mujer siempre se le ha asociado con esa capacidad biológica, sin tener en cuenta que en el proceso el hombre juega un papel fundamental. Sin los espermatozoides la vida no nace dentro de la mujer, eso es de cajón, de primero de educación sexual y de clase de biología. Sin embargo, la sociedad patriarcal salvaguarda el honor de los hombres, pues se da por hecho que los hombres no son infértiles por naturaleza. Todas y todos estamos cansados de ver, ya sea a través de los libros de texto o en algunos casos en vivo y en directo, cuerpos de hombres desnudos. Es una constante: desde las esculturas clásicas de las antiguas Grecia y Roma, hasta los cuadros más modernos, pasando por todas esas corrientes pictóricas y escultóricas del Renacimiento, el Barroco, el Neoclasicismo o el Romanticismo entre otras. En cada una de estas etapas históricas, la figura masculina se nos presenta erguida, fuerte, musculosa, en actitud defensiva o realizando algún movimiento concreto (siempre relacionado con actividades tan fuertes e impactantes visualmente como el combate, el ejercicio físico o la toma de decisiones trascendentales). Unos cuerpos perfectos en los que los miembros viriles están presentes y a la vista de todo el mundo. Aunque curiosamente es cierto que a lo largo de la historia éstos se han visto censurados. Ejemplo de ello son las famosas hojas de parra colocadas con posterioridad sobre algunas esculturas clásicas o la censura de la que hizo gala Pío IV al ordenar al pintor Danielle di Volterra vestir los desnudos de la Capilla Sixtina, los cuales en su mayoría son masculinos. Por no hablar de que, en el año 2012, una televisión china pixeló los genitales del David de Miguel Ángel durante un reportaje. Aunque más reciente es el hecho de que en muy pocos productos audiovisuales (cine y televisión principalmente) aparezcan desnudos integrales masculinos. Creo recordar que en Juego de Tronos aparece alguno, al igual que en las series Roma, Deadwood o en la reciente The Leftovers. Y en cuanto al cine la cosa no es muy habitual. Uno de los más recordados es el de Michael Fassbander en Shame, pero también lo son los de actores como Viggo Mortensen, Vicent Cassel, Ewan McGregor o Daniel Craige. Sin embargo, en cuanto a desnudos masculinos en el cine o en televisión siempre nos muestran el plano trasero, por lo que es muy difícil que el espectador pueda ver el pene del actor en concreto. ¿A qué se debe todo esto? Muy fácil, a que todavía persiste en el mundo del arte y en el plano social-cultural la idea de que la debilidad del hombre reside en el pene. En otras palabras, a que su supuesta "masculinidad" y "fertilidad" están en juego en función del tamaño de su miembro. Se que suena demasiado chabacano, brusco incluso, pero es así. Hasta en la actualidad muchos chicos se obsesionan con el tamaño de su pene, midiéndoselo y comparándolo con el de los demás en los vestuarios o en la privacidad del hogar (y esto es completamente verídico). Una obsesión que acaba por convertirse en una cuestión de honor, algo que podemos apreciar en el mundo del cine. ¿Alguien ha pensado alguna vez que hubiese sido de Arnold Schwarzenegger si en algún momento de su carrera cinematográfica se hubiese prestado a un desnudo frontal? Nunca lo sabremos, pues el derecho a preservar esa posible "mancha" en su anatomía, y por tanto su "hombría", está asegurado. De estar en lo cierto, automáticamente su imagen de tipo duro, hipermusculoso y agresivo (no muy lejano a la masculinidad de las esculturas clásicas). Ese hombre que el patriarcado quiere venderte como modelo a seguir a través del consumo de masas se iría al traste. Sin embargo, con las mujeres no pasa eso. Las mujeres en las películas se desnudan, incluso frontalmente, dejando al descubierto sus órganos sexuales. Pero la diferencia radica en que, en el mundo de la ficción, las mujeres sufrimos más el sexo o los desnudos gratuitos. En parte gracias a que nuestro cuerpo ha sido tomado en el mundo del arte como un bello objeto, dejando a un lado claro está, todo debate intelectual entorno a él. Un cuerpo al servicio de los hombres, los cuales están llamados a otros quehaceres de mayor altura. Un cuerpo que es usado hasta la saciedad y cuya única función es la de tener hijos. Un cuerpo, como sucede en Quédate conmigo, sujeto al escarnio público y a las presiones de la sociedad. Un cuerpo cuyo honor y derecho a ser respetado no alcanza al del de los hombres. Un cuerpo diferente al del sexo masculino y cuya evolución en el imaginario artístico, literario y social parece no sufrir cambio alguno con el paso de los siglos. Dejando patente, una vez más, lo mucho que nos queda por avanzar. Quédate conmigo: una historia de amor descomunal, infertilidad, roles de género, tradiciones anacrónicas, maternidad, tensiones sociales...Una novela necesaria para los tiempos que corren.

Párrafos o frases favoritas:

"Ya entonces intuía que habían venido en son de guerra. Los veía a través de las hojas de cristal en la puerta. Oía su cháchara. No parecieron percatarse de que llevaba casi un minuto entero de pie al otro lado de la puerta. Quería dejarlos plantarlos allí fuera, subir las escaleras y volver a acostarme. Tal vez se derritiesen en charcos de fango marrón si se quedaban al solo el tiempo suficiente."

Película/Canción: como no existe una posible adaptación audiovisual a la vista, he optado por adjuntaros una pieza de BSO preciosa, una de mis favoritas. La película para que fue compuesta no tiene nada que ver con Quédate conmigo, sin embargo, sus notas no pudieron evitar evocarme algunos pasajes del libro, en los que la alegría y el drama se funden en un mismo color.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones