Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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jueves, 6 de septiembre de 2018

RESEÑA: Una habitación propia.

UNA HABITACIÓN PROPIA

Título: Una habitación propia.

Autora: "Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas) y la biografía (Roger Fry). También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semificticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte (suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio), el poeta T. S. Eliot escribió que se habían dado en su vida y obra unas características tan singulares e inéditas dentro del mundo anglosajón que difícilmente se repetirían. Una opinión que la posterior publicación de sus diarios, cartas y varias biografías han confirmado. Su ensayo feminista, Una habitación propia, es uno de los más aclamados e influyentes desde el momento de su publicación." (Fuente: Austral).


Editorial: Austral.

Idioma: inglés.

Traductor: Laura Pujol.

Sinopsis: "en 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer en la novela en las universidades femeninas de Newnham College y Griton College, ambas pertenecientes a la prestigiosa universidad de Cambridge en Reino Unido. Lejos de cualquier dogmatismo o presunción, planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular." (Fuente: Austral).

Su lectura me ha parecido: breve, concisa, bien estructurada, interesante, amena, de veloz lectura, absolutamente imprescindible en los tiempos que corren...Queridas lectoras y lectores, os voy a ser sincera, hasta hace unas semanas no tenía ni idea de como empezar esta reseña. No es que una servidora estuviese atravesando por una crisis de inspiración, no, esas me las conozco perfectamente. El motivo residía en una falta de entusiasmo y de negatividad, sin duda consecuencia de la situación por la que muchos jóvenes de mi generación estamos pasando, que no es otra que la falta de oportunidades laborales. La verdad sea dicha, a pesar de las colaboraciones con editoriales y con medios de comunicación digitales en los que podéis leer algunos de mis artículos publicados, yo no cobro, no me pagan por reseñar X libro o escribir un breve texto sobre la vida de mujeres olvidadas por la historia. Amo mi trabajo, porque aunque no esté remunerado es trabajo, y muy duro por cierto, no os podéis imaginar lo que significan para mi vuestros comentarios e vuestro interés por lo que realizo en este espacio y fuera de él. Hay días en los que he estado a punto de tirar la toalla, dejar de escribir (pues también escribo mis propios textos literarios) y dedicarme a algo más productivo. Eternas jornadas, como las vividas durante las pasadas vacaciones veraniegas, que me han servido para reflexionar, poner en orden mis pensamientos y conseguir plasmar algo sobre el papel. Pero que no han evitado, una vez más, momentos de bajón y de no querer levantarte de la cama. En esas estaba, mientras observaba esta misma pantalla en blanco, cuando un recuerdo asaltó mi cabeza sin previo aviso. Me vi a mi misma, exultante, en una de las oscuras salas de la National Portait Gallery, lugar que visité durante mi última estancia en Londres, contemplando el retrato de Virginia Woolf. Era justo ese, el que he adjuntado en la presente reseña, más pequeño de lo que me imaginaba e impregnado de un tono sepia, síntoma sin duda del paso del tiempo. Una fotografía así no se olvida fácilmente, como tampoco lo que sentí al contemplarla en vivo y en directo. Al recordar todo aquello me dije a mi misma, frente a esta misma entrada, que tenía que escribirla. Por la gran Virginia Woolf, por todo su legado y sobre todo por mi misma. Si algo me ha enseñado el feminismo es a no rendirme a pesar de las adversidades, teorías y mensajes he atesorado gracias a libros como el que hoy tengo el placer de reseñar. Una habitación propia: una demanda convertida en clásico universal.


La historia de como Una habitación propia llegó a mis manos es bien sencilla, de hecho podría empezar por relataros lo que sentó una vez lo deposité, con orgullo, en el último estante de mi apreciada librería. Pero como suele decirse, toda historia tiene un principio, y éste amigas y amigos, no es el verdadero inicio. Antes de entrar en la universidad no había oído hablar de Virginia Woolf, lo se, increíble pero cierto. Ni sabía quien era, ni me había interesado por su producción literaria, y lo peor de todo es que nadie, absolutamente nadie, me incentivó a descubrirla en todas sus facetas. Si bien es cierto que sabía de la existencia de un libro suyo, en concreto el de Las olas, pues éste llevaba años recogiendo polvo en una de las estanterías de mi casa, pero jamás de los jamases me hubiese atrevido a adentrarme en él de no ser por mi paso por la universidad. Con esto no quiero decir que antes de ingresar en tal alta institución no conociese a grandes personajes femeninos de la historia. De hecho, gracias a ellas (y a la lectura de algunas novelas y revistas) tomé la decisión de estudiar dicha carrera y o otra, a pesar de todas las críticas, consejos, y menosprecios hacia una labor más amplia y enriquecedora de lo que la gente se piensa. Fue en sus aulas, durante aquellas tardes en la biblioteca, en medio de discusiones académicas en las que, en más de una ocasión, conseguíamos remover conciencias donde aprendí de verdad lo que era la historia, la mentira, la verdad, las mil y un caras de un mismo acontecimiento, las miradas con las que se puede observar una imagen o leer un texto, el peso de las consecuencias o su trascendencia en la actualidad más acuciante. Todo eso fue lo que aprendí, pero también a que, a pesar del paso de los siglos, todavía existen ciertos ámbitos de la historia inexplicablemente marginados y que durante muchos años nadie se ha atrevido a tocar. Un sucio desván en el que podemos encontrar, entre otros muchos grupos relegados, a las mujeres. ¿De verdad a nadie vio interesante estudiarlas, conocer su historia a lo largo de los milenios, comprobar sus avances y retrocesos? ¿Cómo es posible que la historia de quienes constituyen la mitad de la humanidad no interesase, a nivel académico, del mismo modo o más que la de la otra mitad? Fue en ese proceso de aprendizaje, y en cierto modo sin despegarme de lo autodidacta, cuando di de nuevo con Virginia Woolf y Una habitación propia. Su nombre estaba por todas partes, incluso citado a pie de página en libros que, a priori, nada tenían que ver con la época en la que vivió su autora. En cuanto supe de que iba el ensayo, en cuanto fui consciente de su atemporal mensaje y en cuanto vi su breve extensión no quise dejar pasar la oportunidad de acercarme a él y profundizar en su lectura. Sin embargo, no fue hasta las pasadas Navidades cuando mis padres me lo regalaron, junto con otros tres magníficos libros, y encima en la edición de Austral Singular, justo la que yo quería. La emoción se mezcló con la gratitud, pues sentía que en mis manos tenía una autentico clásico inquebrantable al paso del tiempo. Marzo fue el mes escogido para leerlo, y el lugar, la ciudad de Alicante. Fue un viaje exprés pero muy intenso y en el que no pude tener mejor compañero, literario como no, a mi lado durante aquellos días.


Para empezar diremos que Una habitación propia presenta una lectura rápida, ágil, pero no por ello carente de contenido y profundidad. El de Virginia Woolf es un libro que dura pocos días en tus manos, u horas en el caso de que se tope con un lector ávido o con mucho tiempo libre. He de confesaros que al principio, durante los días previos a su lectura, este ensayo me despertaba mucha curiosidad, pero también un gran respeto. Siempre había leído, incluso oído decir, que los libros de Virginia Woolf son extraordinariamente densos, pesados y que muchos eran los que dejaban a medias la lectura de ciertos textos muy concretos. Por eso, y porque por naturaleza soy una persona que tiende a ponerse en lo peor, leí la primera página de Una habitación propia con cierto recelo, pero una vez superada ésta, las demás se sucedieron una tras otra ante mi atónita mirada. La velocidad a la que leí ese libro me sorprendió, tanto que desde entonces, siempre que la oportunidad se me presenta, procuro ampliar mi humilde biblioteca con más y más libros de la señora Woolf. Pero ¿de qué va Una habitación propia? ¿Qué tiene que me ha enganchado tanto? ¿Esta justificado que se haya convertido en un clásico inmortal del movimiento feminista? Para empezar, Una habitación propia no es más que una colección de conferencias que la autora redactó, desarrolló y expuso en varias universidades femeninas de la Universidad de Cambridge en el año 1928. Unas conferencias que versaron sobre un tema tan simple como la relación entre la mujer y la creación literaria y de cómo éstas, las escritoras, sufrían discriminación por su condición femenina en un mundo, el literario, dominado mayoritariamente por los hombres.  Esto puede parecer algo normal, de hecho en la actualidad son muchas las universidades que acogen este tipo de discursos en congresos académicos. Pero pensad por un momento, lectoras y lectores, en lo que significaba en ese momento pronunciar una serie de conferencias sobre este tema. Recordemos que estamos en la Inglaterra de 1928, en un contexto post bélico y en el que hacía exactamente diez años que las mujeres podían votar. Unos años en los que, a pesar de que se hubiese alcanzado una de las reivindicaciones más importantes del movimiento feminista, aún quedaba mucho camino por recorrer, un camino al que Virginia Woolf no dudó en sumarse. Muestra de ello es el contenido de Una habitación propia, tan necesario en ese momento como en los tiempos que corren. Sin ahondar más de lo necesario, pues de lo contrario esta entrada sería extensísima, podemos comentar que este ensayo se agrupa en varios bloques temáticos muy diferentes entre si y separados mediante capítulos. De este modo, el lector salta de uno a otro sin problema, y lo más importante, sin desconectar del hilo conductor, que no es otro que evidenciar como las mujeres, por el hecho de ser mujer, lo han tenido y siguen teniéndolo difícil para conseguir una carrera de éxito en el mundo de la literatura. En primer lugar, Woolf se adentra en el problema del acceso de las mujeres a la educación, pero sobre todo, a la independencia económica. Woolf observa como éstas son apartadas de la idea de escribir por culpa de su pobreza financiera. A no ser que fueras hija de nobles o burgueses con ideas progresistas, era realmente complicado que una mujer pudiese tener una habitación propia para desarrollar sus propias inquietudes literarias. Por otro lado, la idea del ángel del hogar todavía imperaba en aquellos años, es decir, la idea de que las mujeres solo tenían cabida en el ámbito doméstico, sin posibilidades de trabajar fuera del hogar, ganarse un sueldo por ellas mismas o emprender. En segundo lugar, y para explicar los diferentes destinos entre una mujer y un hombre con los mismos intereses intelectuales se inventa un personaje, el de Judith Shakespeare, hermana ficticia de William Shakespeare. Este es sin duda uno de los pasajes más interesantes, pues a través de un ejemplo nacido de lo puramente especulativo, del "¿qué pasaría si...?", observamos como, mientras William Shakespeare consigue cumplir sus expectativas, Judith Shakespeare no logra desarrollar sus capacidades privada de una falta de oportunidad por el simple hecho de ser mujer. En tercer lugar, Woolf disecciona una por una las carreras literarias y la situación económica y social de las grandes novelistas británicas desde el siglo XVI hasta finales de siglo XIX. Jane Austen y las hermanas Brontë están presentes, pero también otras menos conocidas como Margaret Cavendish o Aphra Behn entre otras. Y por si fuera poco, en cuarto y último lugar, Woolf parece proporcionar en Una habitación propia, las claves para escribir sobre lesbianismo sin caer en lo que ella llama "juicios de obscenidad". En otras palabras, una guía escritoril, o un manual de conferenciante, para poder sortear a la censura sin dejar de hablar o escribir sobre las relaciones románticas o sexuales entre dos mujeres. Todos estos breves capítulos, en definitiva, tienen el objetivo de interrogar al lector, hacerle pensar, que se sienta obligado a reflexionar sobre las injusticias que durante años ha soportado la mujer con inquietudes literarias. Woolf plantea debate, pero también la necesidad de reparar la memoria y devolver el respeto a las literatas del pasado, para que así, las escritoras del futuro, puedan desarrollar sus carreras en igualdad respecto a los hombres. Con una habitación propia y dinero se solucionaría parte del problema, pero para que éste desaparezca, hace falta menos invisibilidad y que su trabajo sea reconocido. Con estas premisas, no me quiero imaginar las preguntas que las alumnas le formularían a Woolf tras las conferencias. ¡Quien tuviese una máquina del tiempo para viajar al pasado!


Para finalizar esta primera reseña de la temporada, he decidido adquirir un tono autobiográfico y contaros, a grandes rasgos, mi relación con los cuartos u espacios propios que he tenido desde que tengo memoria hasta la actualidad más inmediata. Desde donde me alcanza la memoria, he practicado y disfrutado de algunas disciplinas artísticas. No se me daba mal la música tanto en el colegio como en el instituto (hubo un tiempo que quise apuntarme a aprender solfeo), he bailado sobre escenarios (me costaba lo mío), he tomado clases de arte dramático (hasta el punto de que durante un tiempo la consideré como una posible salida laboral), me encanta dibujar (tengo cuadros al oleo colgados en casa) y he coqueteado con el canto (aunque la experiencia no fue del todo satisfactoria). Pero sin duda, lo que me ha marcado en muchos aspectos de mi vida ha sido y es la escritura. Desde pequeña me ha encantado escribir, inventarme historias, personajes, mundos en los que éstos podían vivir o protagonizar sus aventuras. Una pasión que sin duda nació de la lectura, primero de aquellos cómics de Disney o de Asterix y Obelix para luego ir evolucionando a los cuentos infantiles, la novela juvenil, los clásicos, la novela más comercial y el ensayo. Al principio, no era consciente de lo importante que era tener tu propio espacio, pues me ponía a escribir en cualquier parte, incluso en el campo. Lo maravilloso de aquellos primeros años era que me daba igual el dónde, sólo me importaba escribir y punto. Luego, conforme fui cumpliendo años, aparecieron los primeros diarios, los cuales rellenaba de pensamientos, ideas para futuras historias y algunas cuestiones personales que no dudaba en vomitarlas sobre el papel a modo de terapia. Por aquel entonces ya había ganado mi primer concurso de relatos con un texto sobre el horror del Holocausto (a mis quince años ¡ojo!) un acontecimiento inesperado que se convirtió en un aliciente para no abandonar la escritura. Más adelante, y entre las cuatro paredes de mi habitación, escribía textos cada vez más largos pero fáciles de leer. Y aunque no acabé ninguno, pues el fantasma de la inseguridad siempre acaba venciendo, recuerdo aquellos años, los que abarcaron mis últimos años de instituto, como los más felices en cuanto a creatividad. Estaba sola, en mi propio cuarto, rodeada de papeles, libros de texto y novelas. Incluso la cama en ocasiones se convirtió en una especie de refugio en donde podía meditar cuando me encontraba falta de inspiración. Fueron tiempos gloriosos, tan gloriosos como inocentes. Con el paso del tiempo, y como es normal, la exigencia en los estudios se impuso a la escritura, y las horas de estudio fueron arañando segundos a las sesiones de escritura. Hasta el punto de que dejé de escribir textos de gran envergadura. Cuando el horrible segundo de bachillerato finalizó tomé la decisión de publicar por capítulos aquella historia que estaba escribiendo en este mismo blog (pues Jimena de la Almena tiene más historia de lo que os pensáis). Esa decisión tan simple, y que a la larga resultó tan trascendental, la tomé en mi cuarto propio, y con ayuda de una buena amiga, conseguí sacarlo adelante. Después, ya encontrándome en la Universidad, las cosas cambiaron drásticamente al perder mi cuarto propio. Había que hacerlo, era una cuestión necesaria, mi abuelo no podía estar solo en su casa, así que lo acepté y reconvertimos la habitación en un dormitorio con dos camas en las que dormiríamos mi hermano y yo. Fueron años duros, en los que tuvimos que acostumbrarnos a un tipo de convivencia nunca antes experimentada y en el que mi lugar de trabajo, al igual que el de mi hermano, se redujo a una pequeña mesa en el despacho de mi madre. Ya no estaba sola, con mis cosas y mis manías, y eso al principio me desquiciaba, pero aprendí a asumirlo y con el tiempo acabé asumiéndolo como parte de mi rutina. Cuando mi abuelo finalmente falleció, decidimos que el cuarto vacío se iba a emplear como estudio, pero una vez más, me encontraba compartiendo espacio. Aún así me vino bien, pues poco a poco pude retomar mi pasión literaria, aunque con ciertas dificultades. Actualmente, y por cuestiones puramente climatológicas, escribo estas líneas desde una pequeña mesa situada en la habitación de mis padres, con la ventana abierta y un pequeño ventilador apuntando mi cara. No es el mejor sitio del mundo, pues me siento una intrusa, pero en él he estado escribiendo los últimos meses. Mi situación no es la misma que a la de aquella productiva adolescencia. Hoy por hoy no me siento capaz de escribir un texto superior a las cincuenta hojas, la inseguridad me acecha detrás de la puerta, he recuperado la costumbre de escribir en un diario, tengo trabajo pero no es remunerado, me angustia pensar que a mi edad vivo todavía con mis padres, a veces me echo a llorar sin motivo alguno, me bloqueo, me aterra pensar en el futuro pues tiendo a verlo negro, hay días que siento que estoy perdiendo el tiempo, que debería dejar de soñar, que tendría que ser como los demás, que no consigo concentrarme...No se si todo eso se agrupa bajo una misma palabra o si simplemente estoy tirando piedras sobre mi propio tejado, lo que sé es que lo que estoy haciendo aquí, en Jimena de la Almena me gusta, y que con cuarto propio o sin él, estoy consiguiendo muchas cosas, aunque a veces sienta que éstas sucumben a la invisibilidad y a los prejuicios de quienes no lo consideran un trabajo. Ensayos como el de Virginia Woolf me salvan de caer en la oscuridad, personalmente me ofrecen esperanza. Si sigo escribiendo, si sigo tocando a puertas, si sigo adelante con mis inquietudes, es posible que consiga mi cuarto propio en el que poder sentirme segura y realizada para desarrollar tramas, personajes, artículos...¿Conferencias o discursos quizá? Una habitación propia: un texto reivindicativo, lúcido, contundente, inteligente, plagado de reflexión...El ensayo feminista que no debe faltar en nuestras vidas.

Frases o párrafos favoritos:

"Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción."

Película/Canción: el año pasado se estrenó en España la adaptación teatral de el famoso ensayo de Virginia Woolf de la mano de María Ruiz en la dirección y con la interpretación de Clara Sanchís, la cual le ha reportado infinidad de halagos, reconocimientos e importantes premios teatrales. Aquí os adjunto un fragmento de la citada obra durante una representación.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

sábado, 10 de diciembre de 2016

RESEÑA: El príncipe destronado.

EL PRÍNCIPE DESTRONADO


Título: El príncipe destronado. 

Autor: Miguel Delibes (Valladolid 1920-2010) se dio a conocer como novelista con La sombra del ciprés es alargada, Premio Nadal 1947. Entre su vasta obra narrativa destacan Mi idolatrado hijo Sisí, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario, Las guerras de nuestros antepasados, El disputado voto del señor Cayo, Los santos inocentes, Señora de rojo sobre fondo gris o El hereje. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura (1955), el Premio de la Crítica (1962), Premio Nacional de las Letras (1991) y el Premio Cervantes de Literatura (1993). Desde 1973 fue miembro de la Real Academia Española y uno de los eternos candidatos al Nobel de Literatura. 


Editorial: Austral. 

Idioma: castellano. 

Sinopsis: es la historia de un niño, Quico, que va a cumplir cuatro años. A Quico le pasa algo importante: le ha nacido una hermana, Cris, que lo ha relegado a un segundo plano. Ahora ya no es el rey de la casa; ahora es el príncipe destronado. A lo largo de un día, desde que se levanta dando gritos hasta que cae rendido por la noche, asistimos a sus andanzas, vislumbramos sus secretos y conocemos sus angustias. Detrás del niño tan admirablemente recreado, vemos un mundo familiar, otros hermanos, el padre y la madre, las criadas, la ciudad, el mundo. 

Su lectura me ha parecido: detallista, asombrosa, analista, descriptiva, psicológica, esclarecedora, humana, inteligente, original...Queridos lectores y lectoras, si algo me han enseñado estos años que llevo pegada a los libros es que hay que aprender a separar. Muchos, y yo se que alguno me dirá que no está de acuerdo, somos los que hemos tenido nuestros más y nuestros menos con un autor/a en concreto. Ya sea por motivos ideológicos, por su forma de ser, por su manera de reflexionar sobre ciertos temas de actualidad...Sea lo que sea, lo que está claro es que, y os lo digo con total sinceridad, es mejor aprender a diferenciar entre la persona y el supuesto talento, en este caso literario, que pueda poseer una persona en concreto. Tirándome un poco a la piscina os confesaré que hubo un tiempo en el que no leí ninguna obra de Mihura por ser el autor afín al franquismo, como tampoco de otros autores como Mario Vargas Llosa, Carmen Posadas, Arturo Pérez-Reverte por otros motivos que aquí no voy a detallar. Sin embargo, lo cierto es que cuando superas estos prejuicios puedes entonces valorar mejor la calidad literaria del autor que está detrás de ese libro en concreto. Con el tiempo acabé leyendo una obra de teatro de Mihura, he conseguido que me pique la curiosidad por leer a Vargas Llosa y de los otros dos aún me costará un tiempo, pero no tardaré en adentrarme en alguno de sus libros. ésto es así: una cosa es la persona y su forma de ser y otra es su mayor o peor habilidad para la escritura o otras artes. Una cosa es como pueda pensar y otra la calidad de su trabajo. El autor del libro que hoy tengo el placer de reseñar estuvo durante algún tiempo en esa particular lista negra, pero que con el tiempo, paradojas de la vida, ha logrado convertirse en uno de mis autores españoles favoritos. El príncipe destronado: una crónica de la infancia con más sustancia de lo que aparenta.


La historia de como este libro llegó a mi adorada y apreciada estantería sucedió hace un tiempo, sin embargo, es necesario empezar como siempre por el verdadero principio. La primera vez que escuché hablar de Miguel Delibes fue en el instituto, obviamente en las clases de Lengua Castellana, donde además de su obra, se comentaron detalles autobiográficos del autor. Fue en aquellas clases donde nos explicaron que Delibes había participado en la Guerra Civil y que se había alistado voluntariamente al bando nacional. Desde ese instante prácticamente, el escritor vallisoletano se me atragantó y por ese detalle puramente autobiográfico me negué en rotundo durante unos años a leer algo de este autor. En fin, cosas que pasan cuando una es demasiado joven y se atreve a juzgar y a opinar antes de haber leído algo del autor en concreto. Pasados unos años, y tras el fallecimiento del autor en 2010, mi conducta férrea se fue ablandando y poco a poco fui conociendo mejor la obra de Miguel Delibes: su temática, forma, personajes, estilo narrativo...A medida que emprendía esta pequeña investigación era cada vez más consciente de que me encontraba ante un escritor de perfil conservador y crítico a su manera, y al que se le sumaba el hecho de poseer una excelente prosa, digna de un eterno candidato al Nobel de Literatura. Desde ese momento y paulatinamente, mi biblioteca se ha ido llenando de libros de Delibes, entre los que se encuentra, como no, El príncipe destronado, que si no recuerdo mal, fue el segundo libro que adquirí tras El Camino, que ese si, fue un regalo. Comencé la lectura de El príncipe destronado a principios del mes de septiembre de este año, en medio de una ola de calor y encontrándome en una situación realmente anómala en mi casa. Y pensándolo bien, visto desde la distancia que ofrece la experiencia, resultó ser un momento irónico pero adecuado desde la más absoluta de las casualidades.


Centrándonos en el apartado más crítico, comenzaremos apuntando que El príncipe destronado presenta una lectura sencilla, ágil, llena de belleza narrativa y descriptiva sin llegar al hastío. Si la producción literaria de Camilo José Cela tiende a ser tosca y brusca en algunas ocasiones, con Delibes nos encontramos con una sorprendente delicadeza, tanto en lo referente a la construcción de los personajes como en el cuerpo narrativo. Sus descripciones de paisajes, entornos, las distintas psicologías, pero sobretodo, de situaciones concretas, son realmente admirables y que he observado en muy pocos escritores. Seguidamente, en El príncipe destronado nos topamos con una tremenda originalidad y maestría, pues, no es fácil situar una acción que acontezca en un sólo día, en 24 horas y en un espacio tan cerrado como puede ser una vivienda familiar. Para llevarlo a cabo, Delibes logra un equilibro entre un semi claustrofóbico escenario y momentos de apertura en los que se sale de ese lugar, lo que le confiere una dimensión mucho menos reduccionista. Por otro lado, la importancia de los personajes en esta novela es capital, vital diría, concentrándo toda la acción dramática y cómica en un niño de tan sólo cuatro años de edad, otro reto al que el autor se enfrenta y que resuelve a la perfección. Delibes logra que el autor se meta de lleno en la mente de Quico, de este pequeño revoltoso y activo que ve como empieza a perder el protagonismo y el cariño de sus padres en favor de Cris, su hermana recién nacida. Al rededor suyo, convergen las vidas del resto de miembros de la família: hermanos y hermanas mayores, la esposa cansada, el marido autoritario, las criadas solícitas y llenas de simbolismo o el pediatra de sorprendente actitud entre otros. Mención a parte merecen los celos, el gran tema de la novela y que Delibes retrata de una forma muy gráfica, sobrecogedora y realista. La inocencia y la perversión se entremezclan de una forma magistral e inquietante al mismo tiempo en la mente de Quico, logrando que en más de una ocasión tengamos la sensación de que algo terrible va a suceder, o lo que es aún más sorprendente, que logremos vernos reflejados en las rabietas, pataletas, gritos y trastadas del pobre Quico; cuyos sentimientos hacia su hermana, a pesar de todo, son los más normales del mundo a esas edades. Finalmente, sólo cabe comentar que a pesar de que en apariencia pueda parecer una historia que se resume en el sentimiento de envidia, la novela se compone de un universo propio donde el contexto, también, juega un papel clave en la comprensión y narración.


En lo que respecta a la opinión puramente personal, como no podía ser de otra forma, me gustaría ir más allá de la interpretación que tradicionalmente se ha echo de esta novela. Como bien sabréis, y en el tercer párrafo lo dejo clarísimo, el tema principal de El príncipe destronado son los celos infantiles, el sentimiento de envidia y todo lo que ello provoca. Sin embargo, sosteniendo este gran tema, encontramos todo un un microcosmos propio, compuesto de una cronología que determina de principio a fin el comportamiento de todos y cada uno de los personajes. El autor lo deja bien claro, nos encontramos en la España de 1963, años de crecimiento económico bajo la dictadura franquista. Son numerosos los elementos que delatan esta época, tales como el rol patriarcal, la sumisión femenina, la importancia de la familia, los tebeos del "Capitán Trueno", la presencia de criadas en una familia de cierto nivel económico, las historias de los antepasados, la presencia de la religión en la vida diaria, los discos de vinilo...No obstante, si hay algo que destaca por encima de todos los temas es la notable presencia del debate de las "dos españas": la tradicional y anclada en las costumbres y la que intenta desesperadamente avanzar y desprenderse de la primera. Este debate estuvo en boga durante la II República y vivió su momento más terrible y sangriento durante la Guerra Civil. Y es durante los últimos años del franquismo, cuando, tras años de represión y de ocultación, aparecen las más famosas disidencias al régimen. En El príncipe destronado se hacen constantes referencias a ese debate, al de la España dividida en un tiempo en el que se instaba a las nuevas generaciones a superar y olvidar el pasado para construir un futuro mejor. Este pensamiento se materializó, como todos muy bien sabemos, en la Transición y en la constitución de 1978, que esta semana cumplió nada más y nada menos que 38 años. A pesar del tiempo transcurrido y de que la sociedad no sea la misma, lo cierto es que el debate todavía no ha desaparecido y esas "dos españas" todavía siguen muy vivas. Delibes, en la que es sin duda, una de sus obras más logradas, no critica ese enfrentamiento explícitamente, sino que lo describe, lo rodea, mostrando al lector una realidad vigente, que nos hace reafirmarnos, una vez más, en la idea de que la Transición, esa "bendita" Transición, no fue tan modélica como nos la quisieron vender. El príncipe destronado: una historia de celos, amor maternal, férreo control patriarcal, reflexiones, dudas, diabluras, imaginación, diversión, perversión...La historia de todos nosotros, de los niños de antes y de los de ahora.

Frases o párrafos favoritos: 

"La Domi relajó su expresión y en sus ojos brilló una chispa de ternura:
-A saber qué tendrá la mano de una madre - dijo.
Mamá adoptó un gesto duro para replicar.
-Lo malo es luego - dijo -, el día que falta Mamá o se dan cuenta de que Mamá siente los mismos temores que sienten ellos. Y lo peor es que eso ya no tiene remedio."

Película/Canción: a todos los aficionados al cine y que conozcan un poco la historia del cine español, les vendrá a la mente la única adaptación que, bajo la dirección de Antonio Merceo y el nombre de La guerra de papa, se estrenó en 1977. Con las impresionantes interpretaciones de actores de la talla de Verónica Forqué, Héctor Alterio, Teresa Gimpera y sobretodo del pequeño Lolo García la película ha logrado convertirse con el tiempo en un auténtico clásico del cine de este país. Aquí os dejo un trozo de la película:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 14 de enero de 2016

RESEÑA: Crónica del Rey Pasmado.

CRÓNICA DEL REY PASMADO

Título: Crónica del Rey Pasmado. 

Autor: Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), se licenció en Ciencias Históricas en la Universidad de Santiago. Catedrático de Lengua y Literatura desde 1940, ejerce hasta 1947, fecha en la que se traslada a Madrid, donde vive hasta 1962. Durante esos años ejerce el periodismo y publica varios libros de estudios literarios. En 1957 se publica El señor llega, primer volumen de Los Gozos y las Sombras, trilogía que se hizo famosa por una serie televisiva. En 1966 se traslada a los Estados Unidos, donde permanece siete años como profesor universitario. Entre sus restantes obras destacan: La saga/fuga de J.B., La Isla de los Jacintos cortados, Don Juan, Fragmentos de Apocalipsis, Crónica del Rey Pasmado y Las Obras recobradas. Es Premio Cervantes de Literatura en 1985 y con Philomeno, a mi pesar obtuvo el Premio Planeta en el año 1988. 


Editorial: Austral.

Idioma: castellano.

Sinopsis: en la última novela de Gonzalo Torrente Ballester, el autor recrea una divertidisima estampa histórica llena de gracia picaresca y humor socarrón, de la antigua corte española. Siglos atrás, un rey tiene un súbito antojo, consecuencia de una enigmática salida nocturna acompañado de un no menos enigmático personaje, lo que provoca gran revuelo en la corte y largas enconadas discusiones entre frailes, moralistas e inquisidores: quiere ver desnuda a su esposa, la reina, pretensión inaudita de la que se hace eco regocijado el mentidero de la villa y corte de Madrid y que da mucho que hablar a los súbditos de su Majestad. Todo un santo tribunal, comprendido de sabios varones, intervendrá para intentar hallar una solución al conflicto que plantea esta extravagante petición del monarca.

Su lectura me ha parecido: divertida, pícara, entretenida, ágil, sencilla, animada, estupenda, reflexiva, enloquecedora, inteligente... Hace un tiempo, cuando todavía aún formaba parte del maravilloso equipo de la revista de mundo bloger EmBLOGrium, escribí un artículo sobre la ovela histórica, desde su nacimiento hasta su evolución hasta nuestros días. En dicho artículo que con gran estima todavía recuerdo, hablaba de la importancia de este género literario, no sólo para incentivar la curiosidad por descubrir nuestro pasado y despertar la pasión por la historia, también del hecho de que este tipo de novela tenga la capacidad de trasladarnos, como dirían los románticos, a lugares y a épocas alejadas en nuestro tiempo, distanciándonos de esta manera del presente, de los problemas y de las preocupaciones. Sin embargo, y esto os lo digo por experiencia, a los historiadores, por no decir a muy pocos historiadores, les entusiasma la novela histórica, Recuerdo una conferencia del escritor de novela histórica Santiago Posteguillo a la que asistí, cuyo título era "¿Cómo escribir una novela histórica sin morir en el intento?" a la que precisamente, no acudió ningún profesor del área de Historia Antigua, ni si quiera fueron los encargados de organizarla, sino que corrió a cargo del departamento de Arqueología. También recuerdo una vez, en clase de Introducción a la Historia en primero de carrera que el profesor, a raíz de una pregunta, se refirió al hecho de que no debíamos fiarnos de las novelas históricas para entender el pasado, y poniendo de ejemplo a Los Pilares de la Tierra, señaló que sus personajes están físicamente en el siglo XII pero que hablan y actúan como personas del XXI. Estoy de acuerdo con que no debemos buscar en las novelas históricas las respuestas a hechos del pasado, eso es de cajón, pero ojo, pienso que si hablan desde el XXI pueden ser objeto de investigación no con miras de investigar el pasado, sino para comprender el presente, y novelas como la que hoy tengo el placer de reseñar, podría constituir un claro ejemplo, que además, recomiendo a todos historiadores o no, que se adentren en ella, que lean Crónica del Rey Pasmado: la interdisciplinariedad al servicio de la buena literatura.


Crónica del Rey Pasmado fue una de mis lecturas del pasado verano, concretamente de las últimas semanas del mes de Agosto. Durante ese tiempo iba a asistir a un curso de agilidad oral en lengua inglesa en Madrid, y como iba a estar una semana, decidí llevarme consigo una lectura para que me acompañase durante todo el tiempo que estuviese allí. Reconozco que me guié más por el hecho de que fuera una lectura nada voluminosa en cuanto a hojas, necesitaba después de una anterior lectura bastante pesada, otra que en apariencia fuese más ligera. Al final, y casi por descarte, opté por Crónica del Rey Pasmado, un libro que no llega a las 300 páginas y que pensé que aliviaría mis noches o los momentos en los que me sentía separada de los míos. Al llegar a la capital, y una vez me instalé en la habitación de la residencia, aquella noche, comencé a leer el libro. Reconozco que al principio me costó un poco engancharme, no obstante, a las cinco páginas ya estaba sumergida en la lectura, como si bucease en un mar de belleza y de tranquilidad. Durante aquella semana que estuve en Madrid, su lectura me acompañaba cada noche, incluso en algún momento del día o de la tarde, haciéndome reír a carcajadas, apaciguando mis largas noches en aquella incómoda cama. Además, estando donde estaba, me parecía incluso adecuada su lectura, sobre todo cuando salíamos de excursión a visitar los monumentos, no podía evitar rememorar algún pasaje de la novela. El resultado: una gran novela en un entorno de lo más privilegiado, imprescindible.


En lo que respecta a la novela y su crítica, empezaré diciendo que Crónica del Rey Pasmado es una novela muy ágil, como ya he comentado antes, no llega a las 300 páginas, y eso añadido a una lectura entretenida y que se recrea lo justo y necesario, lo convierte en un libro que cualquiera puede leer sin miedo a aburrirse en el camino. Tenemos que destacar, seguidamente, la calidad en el lenguaje empleado. Este punto tan fundamental para que una novela adquiera ese toque especial lamentablemente no lo tienen todas las novelas de este género, sin embargo, y tratándose de Torrente Ballester, uno de los grandes escritores de la última mitad del siglo XX en España, era lógico encontrarnos con una novela como Crónica del Rey Pasmado, en la que apreciamos toda una serie de matices en el lenguaje, diferenciando entre el lenguaje del pueblo y el de la corte, que dan color a una novela ya de por si excepcional. Por otro lado, una servidora cree importante hablar sobre la construcción de los personajes de esta novela, el cual se convierte en uno de los pilares fundamentales de la narración de la trama. Encontramos una autentica paleta de personajes variopintos, algunos que existieron, otros que pudieron existir y otros totalmente inventados por el autor que conforman una estructura bien diseñada, pero a los que el autor, como no podía ser de otra forma, les da un toque de picardía y de humor que pocas veces hemos visto en este género. De este modo encontramos a un preocupado valido del rey, a un astuto jesuita, a una sensual cortesana o a la abadesa con actitudes sorprendentes. Finalmente, cabe decir que Crónica del Rey Pasmado, al igual que otras grandes novelas se mueve en el campo de la interdisciplinariedad, pues, conjuga los elementos más característicos de la novela de humor en una trama de corte histórico y regio, por lo que se produce un choque interesante a la vez que divertido que provoca en el lector sorpresa a la vez de generar infinidad de carcajadas.


Como broche final a esta reseña tan especial, en este último apartado, destinado a la reflexión y a la opinión, he decidido, tras una larga y ardua deliberación, hablaros sobre un tema antiguo, histórico, anacrónico en apariencia para nuestro tiempo, pero que no obstante, también podemos encontrar, en nuestro día a día. Me refiero, lectores y lectoras a la corte, aunque precisamente me refiero más a la cultura de corte. Como todo el mundo sabe, sobretodo por el cine y la literatura, que los reyes se rodean de un grupo de confianza amplio, una corte servil al monarca pero en la que existen como no, rivalidades, intereses, aspiraciones...En definitiva, deseos de prosperar y de escalar socialmente dentro de ese selecto grupo. Hoy en día, es lógico que dicha cultura de corte ha desaparecido en su forma física, es decir, ha desaparecido esa concentración del grupo en donde el rey asentaba su residencia. No obstante, y ahí viene la paradoja, algunos aspectos de esa cultura cortesana perviven hasta nuestros días, difuminadas pero asentadas, resumidas o representadas en actos, de los cuales, apenas somos conscientes. Este es por ejemplo el caso de los partidos políticos, en los cuales, hay un líder que manda y controla, una élite-directiva del partido, los cuales giran entorno a el presidente, y es ahí donde se urden las intrigas, las discrepancias y las luchas por el poder, y por último las bases, es decir, el extracto de la sociedad que no participa de la élite directiva pero que simpatiza de alguna manera con la ideología del partido en cuestión, las cuales, en muchas ocasiones no son escuchadas por el líder, por lo que se convertirían en ese pueblo, en esos súbditos a los que el rey prestaba atención cuando más le convenía o cuando no tenía más remedio. Este es un ejemplo, pero dentro de él, podríamos decir que se han constituido diferentes cortes, pequeñas cortes al rededor de esta cuestión, pues, no sólo los partidos políticos presentan esas formas, también los distintos parlamentos municipales, autonómicos, provinciales....En definitiva, lo que pensamos que está superado o que nos suena a antiguo, incluso anacrónico, todavía persiste en nuestra sociedad y seguirá estando por mucho tiempo. Crónica del Rey Pasmado: una historia de enredos, intereses, intrigas palaciegas, misterio, cortesanos... Una novela que recomiendo a todos los amantes de la historia, y de la literatura por supuesto.

Palabras o frases favoritas:

"La señal ineludible de que se ha alcanzado la debida madurez es la comprensión de que siempre habrá injusticias violentas."

Película/Canción: en el año 1991 se estrenó la película basada en la gran novela de Torrente Ballester, cinta que tiene el privilegio de encontrarse entre las películas más nominadas en los Premios Goya (un total de 15 candidaturas). Interpretada por Gabino Diego, Anne Roussel, Juan Diego, Javier Gurruchaga, Fernando Fernán Gómez y María Barranco ha logrado convertirse con el tiempo en un clasico del cine español.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

sábado, 11 de julio de 2015

RESEÑA: Nada.

NADA


Título: Nada.

Autor: Carmen Laforet (1921-2004), estudia filosofía en Barcelona y derecho en la Universidad Central de Madrid, pero abandonó ambas carreras a los venitún años para casarse con el periodista y critico literario Manuel Cerezales, con quien tendría cinco hijos. En 1944 publicó Nada, novela con la que ganó la primera edición del Premio Nadal de la editorial Destino. Esta novela fue un éxito de crítica y de público, catapultando a una joven Laforet a la fama literaria. En 1950 publicó La isla de los Demonios, en 1955 La Mujer Nueva y en 1963 La Insolación, primer volumen de la trilogía Tres pasos fuera del Tiempo, los cuales, no llegó a publicar. Laforet también es autora de relatos cortos, artículos, ensayos y de un libro de viajes. Murió de Alzheimer en Madrid en el año 2004. 

Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: castellano.

Sinopsis: Laforet nos narra los avatares de Andrea, una muchacha que llega a Barcelona y se introduce en el seno de una respetable familia de la burguesía catalana. Esta resulta ser un pozo de relaciones tormentosas, desencantos y bajas pasiones que da sentido al título "Nada": la vaciedad de la vida tras las apariencias y la decepción de las expectativas expresadas con una inusual frescura y capacidad de crear atmósferas en una obra que marcó la literatura española de su tiempo. 

Su lectura me ha parecido: intensa, maravillosa, interesante, adictiva, irrepetible, completa, atrayente, excepcional, imprescindible... Durante estos últimos meses, una servidora, se los ha pasado de forma excitante pero agobiada, treméndamente agobiada a la vez. Entre unas cosas y otras y si le sumamos lo que supone hallarse en el último curso de carrera, con todo un horizonte de posibilidades ante ti, pero en el que vislumbras un futuro muy incierto por la coyuntura económica en la que nos encontramos, resulta muy difícil ser positiva. No obstante, y para mi alivio, algunas lecturas que he tenido el placer de leer recientemente, muy recientemente, han logrado que me recomponga moralmente. Reconozco que todavía no estoy al 100% de mis fuerzas y aún me encuentro en la recta final de ese largo y arduo proceso de cerrar una importante etapa de mi vida, pero tengo que decir que sin el apoyo de los míos y sin esas aliviadoras y sanadoras lecturas, una servidora no habría tenido la capacidad de escribir esta reseña. Una de esas reconfortantes lecturas, o en este caso sería más bien ligera reelectura, es la del libro que hoy tengo el inmenso placer de reseñar. Hacía un tiempo que llevaba dándole vueltas a cuál era el momento perfecto para publicar la reseña de esta novela tan imprescindible, pero nunca veía el momento apropiado. Hoy, 11 de julio de 2015, creo que ha llegado el momento de que vea la luz, no solo por lo que esta lectura ha significado para mi, también porque creo que, sinceramente, el libro que hoy reseñamos, merece ser conocido y leído por todos vosotros. Hoy, y sin enrollarme más de lo necesario, os presento Nada: la maestría y la valentía echas novela.


La historia de como Nada de Carmen Laforet llegó a mis manos fue fruto de las casualidades y de una incontrolable curiosidad. A finales de agosto del año pasado, principios de septiembre, no recuerdo muy bien cuando sucedió, quedé con mis compañeros y amigos de la facultad para comer en un italiano en el centro de la ciudad. Ese día, uno de mis amigos, cuando ya dimos por finalizada la comida y cada uno se fue hacia su casa, me comentó que tenía ganas de leerse Nada de Carmen Laforet, porque le parecía interesante ya que se sabe muy poco sobre la autora. En ese momento, comprendí que aquello no había sido una simple casualidad, sino una advertencia de que no debía postergar la lectura de dicho libro por más tiempo. Desde que yo recuerde, Nada ha estado en mi cabeza como uno de esos libros que te lo han nombrado de pasada en las clases de lengua al hablar de la literatura de la posguerra y en el que no se han detenido más de lo estrictamente necesario, lo cual es una pena y un tremendo error, y desde hace unos meses, Nada estaba entre mis posibles y más deseadas lecturas. Había algo que me atraía y que me decía que ese libro debía leerlo costase lo que costase. Durante un tiempo lo buscaba en las estanterías de las librerías a las que frecuento ir, pero la cosa no pasaba de ahí, hasta que por casualidades de la vida, ese libro quiso aparecer ante mi, como un apetecible caramelo, en una de las pobladas estanterías de la biblioteca de mi barrio. La edición era antigua y las páginas, tintadas de un amarillo viejo y hermoso, pero aquello no logró disuadirme y por fin, me llevé el libro prestado a casa. Meses más tarde, como ya os he contado al principio de esta reseña, volví a perderme entre sus páginas, y para mi fascinación, me encontré no sólo a mi misma, también las mismas sensaciones y experiencias que sentí la primera vez, cuando esas ansias por descubrir, eran inmensamente fuertes.


Centrándonos en este tercer párrafo a la tarea que nos ocupa, comenzaré diciendo que Nada es un libro cuya lectura es completamente ágil y rápida, algo que sorprende teniendo en cuenta el elaborado y ligeramente descriptivo estilo de algunos escritores coetáneos a la autora como Camilo José Cela o Miguel Delibes. Sin embargo, si que he logrado encontrar ese punto que hace a Nada formar parte de esa serie de libros, de esa generación de escritores que en aquella época se atrevieron a escribir, ese aspecto es la dureza y la contundencia de la forma, es decir, Carmen Laforet no se recrea más de lo necesario en describir la ciudad de Barcelona o las estancias de las habitaciones que conforman la famosa casa, al contrario, describe, pero solo lo estrictamente necesario para darle mayor protagonismo a la acción y a los personajes de la novela, algo que el lector agradece cuando lleva unas cuantas páginas leídas. Por otro lado, Laforet crea una interesante y excelente a nivel literario dimensión oscura, pequeña, agobiante, cuasi claustrófobica, representada por esa casa de los horrores en la que Andrea se ve obligada a vivir para poder estudiar en Barcelona. Un tremendismo que crea como consecuencia una intensa lucha interior, ese deseo de querer escapar pero no poder llevar sus deseos a cabo. Seguidamente, no puedo pasar por alto no hablar del personaje de Andrea, sin duda el alma de la novela y el que logra que el lector no pueda despegar los ojos de sus páginas. Es uno de los personajes más complejos y más interesantes de todos los libros que he leído hasta el momento, sintiéndome en ocasiones identificada, facilitando de este modo que pudiese empatizar con ella en muchos sentidos, compartiendo sus sufrimientos, su angustia y sus ganas de vivir la vida. Por último, quiero destacar el trasfondo profundamente reflexivo que envuelve esta novela. Como en muchos libros a lo largo de la historia de la literatura, vemos como el debate entre el bien y el mal se repite constantemente. En Nada, la lucha sería más bien entre lo correcto o moral y lo incorrecto  o inmoral, algo que en la época en la que Nada vio la luz, durante los años más oscuros del Franquismo, estaba totalmente implantado en la sociedad. Un conflicto clásico donde los haya pero con una resolución totalmente sorprendente y que evidencia un claro punto de inflexión en una sociedad sometida y que había aprendido, a fuerza de represión, lo que estaba bien y lo que estaba mal.


Tras la crítica de todo libro, llega la reflexión por parte del lector, y de Nada tengo que deciros que ha supuesto todo un torrente de interesantes interpretaciones, no solo a nivel de estudios o de expertos que se ocupan de la materia, también por parte de los lectores. No obstante, y en lugar de ocuparme en por qué "Nada" y por qué no otro título o en la simboligía de cada uno de los personajes, creo más conveniente, y sobretodo para la sociedad en la que vivimos, que la reflexión discurra por otro cauce mucho más apropiado, urgente e importante, como es la mujer durante el Franquismo. Como la mayoría sabéis, y si no ya os estáis informando, la mujer durante la dictadura estuvo muy reprimida socialmente, a la merced del marido y cuya única preocupación debía ser el cuidado de la casa, el tener cuanto más hijos mejor y en satisfacer las necesidades y deseos del esposo de turno. Ésta debía atender a un canon de comportamiento que la dictadura establecía y debía evitar todo aquello que sonase a escándalo o que pudiese dar lugar a habladurías como estudiar en la universidad o inmiscuirse en ámbitos reservados a los hombres como la política, los negocios o los círculos intelectuales, entre los cuales, el mundo de la literatura y la escritura no era ninguna excepción. Por todo ello, resulta sorprendente que durante aquellos años, en los que la represión era más dura, una joven Carmen Laforet se alzase con el primer Premio Nadal de la historia con Nada, cuya protagonista representa las ansias de ser feliz y escapar de un ambiente sórdido en el que nadie parece preocuparse por ella y en el que pasa incluso hambre. La historia de una universitaria que ansía con ver mundo, hacer amigos, parecerse a ellos y conocer el sabor de la aceptación y de la amistad. Fueron muy pocas mujeres las que como Andrea, protagonista de Nada, trataron de aspirar a algo más en lugar de quedarse en el sitio que Franco quería que estuviesen, Carmen Laforet fue una de ellas, aunque desgraciadamente, el machismo de una época y las rencillas con los compañeros de profesión fueron condenándola poco a poco al olvido o a la anécdota en algunos libros de texto. Por todo ello, pienso que Andrea en cierto modo no sólo es Carmen Laforet sino todas las mujeres que en algún momento de nuestra vida hemos querido llegar lejos y tratar de cumplir nuestras expectativas, nuestros sueños. Desde aquí animo a todas las mujeres que sientan lo mismo que Andrea que no paren, que luchen y que no dejen que Nada os detenga. Nada: una historia de insatisfacción, sueños, pasiones terrenales, prohibiciones, vida, libertad...Una novela que gracias al despiste de la censura, ha llegado hasta nuestros días como un tesoro a preservar.

Frases o párrafos favoritos:

"Quizás me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos. Estoy segura que mi madre y mis hermanos tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, que saben en todo momento lo que quieren, que les parece bien...Y que han sufrido muy poca angustia ante ningún echo."

Película/Canción: existe una primera y única adaptación del año 1947 la cual se puede encontrar entera en el YouTube, sin embargo, en esta ocasión he decidido adjuntaros un pequeño corto de los muchos que he encontrado navegando por la red y que me ha parecido muy rompedor. Espero algún día que algún director/a se anime a adaptar de nuevo la novela.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 31 de octubre de 2013

RESEÑA: Hamlet.

HAMLET

 
Título: Hamlet.
 
Autor: William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Reino Unido 1564-1616) fue un dramaturgo, poeta y actor inglés; considerado el autor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. Conocido en el mundo entero, Shakespeare es uno de los escritores más prolíficos de la historia de la literatura con 10 tragedias, 12 comedias, 11 dramas históricos y cientos de sonetos recopilados bajo los títulos de Sonetos y Venus y Adonis. Sin embargo, Sahkespeare es mundialmente conocido sobretodo por sus más famosas y eternas obras de teatro, tales como Romeo y Julieta, Sueño de una Noche de Verano, El Rey Lear, El Mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas Nueces, Otelo, Macbeth, Julio César, Enrique IV, La fierecilla domada, Las alegres comadres de Windsor.... Hamlet es su obra de teatro más conocida y de la que más se ha representado desde la fecha de su estreno.
 
Editorial: Austral, aunque también lo podéis encontrar en Alianza Editorial y en ediciones especiales o de lujo.

Idioma: inglés.

Traductor: Ángel Luís Pujante.

Sinopsis: Hamlet, la obra más conocida de Shakespeare, es en realidad una pieza llena de lagunas e indefiniciones. Una obra enigmática y misteriosa, en la que cada personaje es un artista de la simulación. El propio Hamlet es un ser en continua transformación. En él caben la ceremoniosidad, la cortesía y la reflexión, junto a la pasión, la burla, el enigma o la posibilidad de la locura. En el castillo de Elsenor, en un ambiente que emana corrupción y desconfianza, claustrofóbico y hostil, se alternan escenas solemnes y reveses irónicos, al tiempo que se agita una corte de personajes cuyo sentido último será llevar a Hamlet a vencer su tensión interna y cumplir la venganza por la muerte de su padre.

Su lectura me ha parecido: pocos calificativos desfavorables merece esta obra de teatro, y en mi caso ninguno prácticamente. Siendo conscientes de la época en la que fue escrita y teniendo presente que ha perdurado a lo largo de los siglos intacta, viva, entera, inmortal...La humanidad debería de estar eternamente agradecida a un actor y dramaturgo llamado William Shakespeare, gracias a este personaje, tenemos el privilegio de leer, gozar, admirar, opinar, sentir, interpretar, participar y hasta ser testigos de una de las obras de teatro más importantes de todos los tiempos. Con todos ustedes, subimos el rojo telón para representaros Hamlet, la inmortal obra que todo el mundo debería conocer.
 
Aunque los que me conocen saben que el teatro es una de mis pasiones más importantes, he de confesar que di con este libro y con esta obra a partir de una lectura obligatoria en Segundo de Bachillerato. Recuerdo que lo adquirí en una librería cercana al instituto y que comenzamos a darlo en clase en los meses de enero-febrero-marzo si no me falla la memoria. Había oído hablar de la obra, la conocía más o menos y me sabía de memoria una de las frases por la que es universalmente conocida esta obra de teatro, sin embargo, las clases de literatura universal me impulsaron a conocer y a interesarme muchísimo por ella, despertando una curiosidad que ansiaba ser saciada. Me acuerdo que la leímos en clase y que disfrutamos mucho con esa lectura conjunta, en la que cada vez uno hacía de un personaje. Recuerdo con especial cariño una vez en la que a un compañero de clase le tocó leer los parlamentos de Ofelia, y lo hizo imitando una voz femenina, lo que provocó que las risas inundasen el aula por unos minutos. Aquella lectura conjunta fue de gran ayuda, fue una manera de iniciarnos a apreciar la dramaturgia de Shakespeare y los secretos que se esconden tras ese principe de Dinamarca llamado Hamlet. Desde entonces la obra me ha acompañado a lo largo de estos años, como escritora, espectadora, pero sobretodo como actriz; teniéndola como un referente prácticamente inamovible dentro el género. En el mes de Junio tuve el placer de asistir a una representación de la obra, interpretada excepcionalmente por unos amigos y compañeros de teatro. Era tal la fuerza de la dramaturgia y de la obra en si que había veces que sentía como si formase parte de la historia, como si los personajes me confiaran sus secretos, como si pudiese saborear la magia de las palabras...En definitiva, una delicia para los cinco sentidos.
 
 
En su momento y en su época, Hamlet fue una obra totalmente revolucionaria. No es una obra original, ya que Shakespeare se inspiró en el Ur-Hamlet, una leyenda nórdica medieval, pero a la que le dió en su particular versión, un tratamiento y una profundidad nueva y universal. La importancia de su conocimiento del corazón humano le permitió pulsar variadas cuerdas de la emoción y conectar con el público sensiblemente, en todos los tiempos y lugares. En esta obra teatral se asiste también al quebramiento de las unidades de "espacio y tiempo", es decir que rompe con la convención de que la trama suceda en un sólo lugar y en un mismo tiempo cornológico. A lo largo de la obra percibimos así diversos escenarios y una ámplia sucesión de días, meses y años. En cuanto a personajes no puedo continuar sin hablar del gran protagonista de la trama, Hamlet, príncipe de Dinamarca. Representa sin duda la figura del vengador, un guerrero vehmente, alocado, hábil y calculador. Encarna la mayor contradicción, es decir, él impulsa la venganza a la vez que la reflexión sobre ella lo cohíbe, hasta tal punto que cae en manos de la duda, lo que le hace retrasar el momento de ejecutar la ansiada venganza. Es egocéntrico, busca individualizarse, nisiquiera la actitud sumisa de Ofelia y el amor que le profesa no logran ablandarle, provocando el orígen de la locura de ésta. Su demora en vengarse es lo que fundamenta el drama y lo que hace que la obra cobre interés en el espectador, además de una actitud casi detectivesca que nos conduce a través de la trama hasta dar con el culpable de los hechos.
 


 
Dentro de la obra de teatro sobresalen otros personajes increíbles, como es el caso de Ofelia, esa alegre, feliz, ilusionada y enamorada doncella de la corte cuya evolución psicológica a lo largo de la obra es notable. A raíz del desengaño amoroso de Hamlet, su vitalidad se invierte en tristeza, desesperación, locura; un trastorno que tendrá trágicas consecuencias para ella. Un personaje verdaderamente completo y que sinceramente algún día me gustaría representar. Me fascino también la comicidad y escrúpulos de Polonio, la valentía y el orgullo de Laertes, la conformidad de Gertrudis, la fidelidad de Horacio, la ambición del rey Claudio y el punto de humor que el bufón Orsic le da al dramón más importante de todos los tiempos. Todo eso y más pertenece a la mágia de representar, de hacer teatro, de apreciar todos los detalles y de tener el privilegio de meterte en cada uno de ellos, viviendo otras vidas disfrutando de ello plenamente. Ahi reside la gran mágia del teatro. Esa última fue una de las cosas que me fascinó del teatro y que me animó, hace cinco años, a sumergirme en él como actriz y que acabó forjándome como curiosa y crítica expectadora. Una afición y amor del que espero disfrutar por mucho tiempo y en la que espero toparme con esta obra tan descomunal y auténtica. Hamlet, una historia de amor, ambición, sed de poder, infidelidad, tragedia, angustia, temor, dolor y mucha venganza, con un sangriento final y con la que siempre es una delicia empaparse, aunque sea como espectador.
 
Frases o párrafos favoritos:
 
"Algo podrido hay en Dinamarca"
 
"Ser o no ser, ésa es la cuestión: si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro. Morir; dormir, nada más. Y si duermo terminarán las angustias y los mil ataques naturales herencia de la carne, sería una conclusión seriamente deseable."

Película/Canción: esta obra universal ha sido traducida a muchas lenguas y se sigue representando en teatros de todo el mundo. A raíz del éxito y la mágia de las obras de Shakespeare, se fundaron muchas compañías y escuelas de teatro en las que se representaban las obras del autor. La más importante hasta la fecha es la Royal Shakespeare Company, dirigida actualmente por Michael Boyd y por la que han pasado las más importantes figuras del cine británico. Aquí en España se ha adaptado en más de una veintena de ocasiones, incluso para una versión televisiva para el programa Estudio 1 de la TVE, con las interpretación de Emilio Gutierrez Caba (Gran Reserva) en el papel de Hamlet. Seguidamente, en una de las últimas temporadas de Los Simpsons parodiaron la trama de Hamlet en un capítulo especial de literatura. Por último en el ámbito cinematográfico existen muchas adaptaciones desde una de las primeras interpretada por el actor británico Laurence Oliver (El Príncipe y la Corista) en 1948, pasando por una versión interpretada por Mel Gibson, hasta acabar con una de sus más magníficas y famosas adaptaciones con Kenneth Branagh (Mi Semana con Marilyn) a la cabeza, acompañado de las interpretaciones de Kate Winslet (Titanic) y Robin Williams (El Club de los Poetas muertos) entre otras. Aquí os dejo con la que tal vez es su escena más famosa:
 

¡Un saludo y feliz puente!