Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 2 de abril de 2022

RESEÑA: Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos.

 ÉRASE OTRA VEZ

CUENTOS DE HADAS CONTEMPORÁNEOS


Título: Érase otra vez. Cuentos de hadas contemporáneos. 

Autora: Ana Llurba (Córdoba, Argentina, 1980). Ha publicado Este es el momento exacto en el que el tiempo empieza a correr (I Premio de poesía joven Antonio Colinas, 2015), La puerta del cielo (2018, novela), Constelaciones familiares (2020, cuentos) y Hemoderivadas (2022, novela). Licenciada en Letras Modernas por la UNC, Argentina, ha cursado el máster en la Teoría literaria y otro en Edición por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente trabaja en el sector editorial, escribe para varios medios, coordina talleres de lectura y escritura, y vive enfrente de una estación de servicio en un barrio algo desangelado al noreste de Berlín. 


Editorial: WunderKammer. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Pocas expresiones tienen el poder performativo de "Érase una vez...". Como una invocación mágica, esta frase inaugural nos invita a adentrarnos a los horizontes narrativos tan arquetípicos y previsibles, de los cuentos de hadas. Huérfanas maltratadas por madrastras y hermanastras. Princesas narcolépticas abusadas por sus príncipes. Seres anfibios que renuncian a sus dones naturales por amor. Hadas celosas que castigan con sus hechizos a reinos enteros. Princesas acosadas sexualmente por sus propios padres. Niñas que mueren de frío, mutiladas o devoradas por elegir el "camino equivocado". Estos son algunos de los temas de las versiones originales de los cuentos clásicos que han sido revisados a lo largo del siglo XX. En este ensayo, Ana Llurba traza un itinerario por las relecturas que se han realizado en la literatura, el arte y el cine, para abrir nuevas expectativas y proyecciones de futuro; algo más que finales alternativos para viejos comienzos. 

Su lectura me ha parecido: ameno, sencillo, crítico, con un palpable carácter divulgativo, reflexivo, bibliográficamente sólido - aunque con estos chaiers es inevitable pedir un poquito más - feminista, abierto en cuanto a sus horizontes intelectuales... No sé si lo he contado alguna vez - y si no es así, ojo, estamos ante la mayor primicia de este espacio de debate y opinión - pero el "nick name" o "pseudónimo blogger" que adopté durante una buena parte de mis inicios en este inestable, precario y noble terreno que es la crítica literaria se lo debo única y exclusivamente a Andrés Barba. Autor madrileño nacido en 1975 y que tiene en su haber novelas como Las manos pequeñas - de lo más deliciosamente perturbador que he leído en mucho tiempo - o República luminosa - al que le quiero hincar el ojo más pronto que tarde - ya me cautivó muchísimo antes de la existencia de este espacio. De hecho, se podría decir que sin ese personaje que inventó en aquel maravilloso cuento infantil titulado Historia de nadas, probablemente habría tirado por otros más convencionales, menos llamativos, más recurrentes tal vez. Pero no tan originales y con esa rima como lo es "Jimena de la Almena". Parece mentira pero, en su momento, fue uno de aquellos personajes de cuento con el que no esperabas toparte en un formato así. Una princesa, eso estaba claro, a la que, a pesar de encontrarnos en un rol bastante cuestionable en un primer momento - pasivo y a la espera de ese príncipe azul que la rescatara de la almena en la que vivía recluida - se nos revela como una niña que no quiere ser ni princesa ni llegar a reinar en algún momento. A ella lo que de verdad le pirraba era el futbol, jugar a la pelota, correr, meter un gol y celebrarlo como toca: recorriendo el campo de banda a banda en una nube de jolgorio. Cierto es que, aunque los estereotipos de amor romántico tóxicos se mantenían, no podía parar de pensar en el futbol como elemento disruptivo y a la vez de una interesante modernidad que tan bien acoplaba a la historia. De nuevo, valores y contravalores. Tenemos por un lado la perpetuidad del mito del caballero andante cuya única misión es liberar de las garras - en este caso de las de unos padres excesivamente estrictos - a su amada, al tiempo que aportamos un gesto que hoy podríamos definir como feminista al otorgar a la coprotagonista de unos gustos, hasta ahora, relacionados con un ámbito extraordinariamente masculinizado. Como veis, y aunque no pueda evitar en sonreír cada vez que recuerdo las imágenes y sensaciones que me provocó la lectura de dicho cuento en mi transición a la adolescencia, hasta en los relatos más contemporáneos o cercanos a nuestro tiempo - quiero pensar que más inclusivo, antirracista, antifascista y feminista - contienen trazas que nos obligan como lectores a replantearnos la sociedad en la que vivimos y, sobre todo, qué mensajes se han ido inculcando generación tras generación a través de inocentes niñas que caminan por el bosque, cestita en mano o de mujeres que solo se despiertan con el roce de los labios del hijo pródigo, aka el príncipe azul de turno. Érase otra vez: una nueva, y más terrorífica, vuelta de tuerca a los cuentos que te contaban cuando eras pequeña/o. 


A pesar de que, lo he comentado en más de una ocasión, la colección cahiers que con tanto mimo y criterio edita la editorial WunderKammer - si no la conocéis ya estás tardando en googlear y alucinar con su catálogo - busca iniciarnos más que instruirnos. Lo cierto es que con este cahier en particular (al que le siguieron otros igual de sugestivos como el de Esther Peñas y Juan Vico) una servidora ha visto recompensado su fanatismo lector en lo que a las revisitaciones realistas, sugestivas y con ese toque perturbador de los relatos de hadas infantiles se refiere. Ana Llurba - editora, redactora y autora de novelas que coquetean con lo fantástico y que Aristas Martínez ha editado para nuestro goce y disfrute - no ha sido ni la primera ni la única. De hecho, si hay una autora a la que debemos pleitesía y que merece ser nombrada en este preciso instante esa es Angela Carter quien, mucho antes de que Llurba y tantas otras escritoras reflexionaran o adaptaran cuentos clásicos a la más rabiosa de las actualidades, ya estremeció con su volumen de relatos La cámara sangrienta. En él, la autora inglesa revitalizó cuentos como La bella y la bestia, El gato con botas o La reina de las nieves otorgándoles una estética gótica y un mensaje más feministas tomando como inspiración el psicoanálisis y la obra del Marqués de Sade. Aunque tanto Angela Carter como otras diosas del Olimpo de la literatura de terror - la coetánea Shirley Jackson y otras más recientes de la talla de Mariana Enríquez, Giovanna Rivero o Carmen María Machado - aparezcan citadas en el presente ensayo, particularmente me ha interesado más el tema principal al rededor del que Llurba articula el breve ensayo. Y es que, como bien señala: a pesar de que estas historias mágicas y plagadas de fantasía provienen en su origen de fuentes anónimas, la versión que nos ha llegado a nuestros días ha sido la reescrita por una pluma masculina. Si recordamos las palabras de Virginia Woolf en las que opinaba aquello de que "tras un anónimo siempre se escondía el nombre de una mujer" contrasta enormemente con lo que autores como los famosos hermanos Grimm los cuales, en palabras de Angela Carter pretendieron establecer una cultura unitaria para el pueblo alemán a través de una reescritura de aquellos cuentos, muy influenciados por su formación como anticuarios medievalistas y por una misoginia estructural. Llurba rastrea aquellos primeras actualizaciones - en las que por supuesto la mujer sale siempre mal parada - el cambio cultural que se produce al irrumpir el concepto de "infancia" y su deriva literaria y cinematográfica posterior. Prestando enorme atención tanto a aquellas destrucciones interesadas del relato - ejemplificadas en el caso de la factoría Disney y en la consecuente edulcoración de dichos textos que distaban mucho de los entretenimientos versallescos de la época de Perrault - así como a las nuevas perspectivas que, como consecuencia de la cuarta ola feminista, han acabado por inundar nuestro imaginario popular. Desde la moderna bella durmiente de Ottessa Moshfegh en Mi año de descanso y relajación a las sirenas nada angelicales y hartas de ser explotadas sexualmente en un club de alterne de la película The Lure de la cineasta Angineszka Smocynska, pasando por esa caperucita roja sometida por una jauría de lobos - y lobas, no se nos olvide - bajo el paraguas de una distopía llamada Gilead que tan bien contó Margaret Atwood en los años 80 y que ha encontrado su hueco en la cultura pop del siglo XXI. Como ya he esgrimido, aunque los cahiers funcionen como productos literarios para abrir boca, Ana Llurba no solo me ha hecho salivar, sino que además a reafirmado mi interés por lo truculento, lo sórdido, lo desestabilizador. También en el ámbito más intelectual. Abriendo mentes y posibilidades para nuevas interpretaciones y futuras relecturas más allá de las que ahora mismo están teniendo lugar. Así que basta de elitismos absurdos. Que la literatura, hasta ahora, aparentemente más infantilizada - a conciencia - también nos puede enseñar historia, sociología, psicología. Que los cuentos nunca fueron amables. Que hasta hace cuatro días (hasta finales del siglo XIX concretamente) los hijos se tenían para suceder, ascender o trabajar.. Que la "infancia", como la "maternidad", no existía y, por tanto, era un mundo más peligroso, hostil, violento. Y más si eras una niña perdida en medio de un bosque, obligada a desempeñar trabajos adultos (incluso aquellos más sórdidos) o con un matrimonio acordado desde la cuna. Que no, que los padres no eran tan cariñosos, ni las madres tan amorosas. No, Disney no existía en la Edad Media, y la vida era más terrorífica. Aunque visto lo visto, en algunas cosas tampoco hemos cambiado mucho. 

Érase otra vez: un ensayo sobre arte, cine, literatura, vampiros, brujas, sirenas, princesas insumisas, barbas azules, terror, perversas moralejas, nuevos horizontes... Un libro que se atreve a mirar al pasado y al presente a través de la reescritura de su cultura literaria. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Érase otra vez, no para volver a contar lo mismo, sino para atisbar nuevos horizontes y nuevas mitologías más inclusivas y, ojalá, más emancipadoras."

Frases o párrafos favoritos: 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de WunderKammer

jueves, 4 de marzo de 2021

RESEÑA: Relatos completos.

 RELATOS COMPLETOS


Título: Relatos completos. 

Autora: Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas), el feminista (Una habitación propia), la biografía (Roger Fry) y sendos volúmenes de cuentos. También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semi ficticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma original: inglés. 

Traductora: Catalina Martínez Muñoz. 

Sinopsis: Consagrada y conocida sobre todo por novelas como La señora Dalloway - llevada al cine como Las horas - o el reivindicativo texto Una habitación propia, Virginia Woolf cultivó también el campo del relato breve a lo largo de toda su vida. En ellos se pueden adivinar temas, personajes y recursos que más tarde desarrollaría en sus novelas. La presente edición de sus Relatos completos incluye tanto los publicados en vida de la autora, como los póstumos e inéditos. 

Su lectura me ha parecido: evolutiva, personal, intimista, clásica al principio, experimental a medida que su escritura se vuelve cada vez más madura, conectada con su presente, renovadora... La primera vez que me adentré, después de superar ese respeto casi irracional hacia su literatura por miedo a que me resultase inaccesible mirase por donde se mirase, en el universo de Virginia Woolf fue a través de su ensayo más mítico: Una habitación propia. Recuerdo la residencia, el congreso, el paseo por la playa alicantina del Postiguet, el arroz negro, hasta el color de las sábanas de aquella habitación en la que, sin imaginármelo si quiera, acababa de dar por iniciada una deliciosa obsesión bibliófila. Una habitación propia resultó ser la mejor puerta de entrada a seguir devorando cada libro que veía firmado por ella. Todavía resuena en mi cabeza aquella reflexión entorno a la imaginaria hermana de William Shakespeare, cuyas actitudes para la escritura eran igual de fascinantes que las de su hermano y de cómo era su vida al haber nacido mujer y no hombre. Seguidamente, y en un contexto menos agradable, irrumpieron La señora Dalloway y Orlando. Dos novelones que me dejaron varias semanas sin aliento. El primero por su amarga historia principal, el exhaustivo retrato psicológico de sus personajes - en especial su inolvidable protagonista - así como ese precoz retrato de la Inglaterra post bélica. El segundo - mi favorito - por su deslumbrante planteamiento, su complejidad, su revolucionaria concepción del tiempo narrativo, su conocimiento de la historia, sus pioneras reflexiones entorno a lo que hoy llamamos Teoría Queer - como las que competen al género fluido o lo que significa ser hombre o mujer - así como el hecho de que simplemente fuera capaz de plasmarlo sobre el papel. Ese, sin duda, es uno de sus mayores logros.  Por último, y no menos importante, leí Al faro. Su novela más ambiciosa, extraña, lírica, terriblemente melancólica, en la que el tempo narrativo se diluía en la espuma marina, creando una sensación de ensoñación perpetua. Sin duda, uno de los mayores saltos cualitativos que yo haya visto en literatura, según los expertos, a la altura del Ulisses de James Joyce o La montaña mágica de Thomas Man. Pero cuando crees que Virginia Woolf no puede superarse más, o al menos ofrecer una versión de sí misma como autora diferente a lo acostumbrado, entonces llegan los cuentos. Sí, el formato que, según mi humilde opinión, determina la verdadera maestría de la escritora o escritor de turno. Pues, no hay nada más difícil en literatura que saber condensar una historia de gran envergadura temática en unas pocas páginas. Al principio no los valoré como se merecían, creyendo que en ellos no encontraría a la Virginia Woolf que tanto me había gustado en Orlando o Al faro por citar dos de sus más sobresalientes trabajos. Sin embargo, éstos se revolvieron y me soltaron una merecidísima bofetada en toda la cara. Había cometido el error de subestimar a Woolf, hasta el punto de creer que sería un conjunto de obras menores. Me equivoqué. Y en esta reseña, a modo de redención, espero convenceros a todas y a todos para que, al menos, os dejéis llevar por la sutileza, la irrealidad o el realismo de algunos de sus más destacadas piezas cortas. Relatos completos: el inesperado festín literario. 



Como en todo libro de relatos, no podemos hablar de una absoluta perfección técnica ni estilística - y eso que Virginia Woolf es una de esas autoras perfecta en prácticamente todos los sentidos, o al menos de las que más se acerca a dicha idea sujeta al parecer personal de cada lector - de hecho, una de las cosas que más me ha gustado de la presente colección es precisamente eso, la imperfección. Porque vale que existen muchas y muchos escritores sobresalientes, tanto que a veces da mucha rabia o envidia (sana, por supuesto). Pero todas y todos son humanos, y es curioso ver que, salvo contadas ocasiones, muchas y muchos en sus inicios se adhieren a unas formas más cercanas a la tradición, a la paleta de temas abordados siempre desde el mismo punto de vista, a la construcción canónica, en definitiva, a unas normas encorsetadas que, en el cuento, abundan en demasía al tiempo de que se suele usar como campo de pruebas para conseguir el ansiado estilo propio. Uno de los ejemplos más citados tal vez sea el del poeta alicantino Miguel Hernández, cuyas primeras obras se acercaban a modelos más cercanos a Góngora o Garcilaso de la Vega - hasta el punto de imitar su métrica y parte del lenguaje empleado por los insignes literatos - pero que, a medida que vamos avanzando en el tiempo, su poesía acabó por desembocar en algo más directo, social, personal, alejado de las florituras barrocas y, por supuesto, empujado por el contexto que estaba teniendo lugar. Leyéndolo a veces me lo imaginaba concentrado, con puño firme y derramando alguna que otra lagrima de rabia mientras escribía poemas como Sentado sobre los muertos, Tristes guerras o El rayo que no cesa por citar algunos de los más importantes. Con Virginia Woolf pasa exactamente lo mismo. A pesar de que actualmente la consideramos como una de las más importantes renovadoras de la literatura, en su caso, de la evolución de las formas victorianas a otras más moderas, casi experimentales, en las que jugó con el tempo narrativo, con la psicología de los personajes, y casi lo más importante, todo ello con la mujer como protagonista absoluta. Pensad que gran parte de la producción novelística y ensayística actual, y con actual me refiero a la escrita por mujeres y englobada en esta nueva ola del feminismo, debe del legado de Virginia Woolf como si de una milagrosa fuente se tratara. En sus relatos apreciamos esa evolución lógica, desde sus primigenios textos hasta los escritos pocas semanas antes de su suicidio. De relatos con temas y estructuras propias de la literatura inglesa de finales del XIX y cuyo planteamiento, nudo y desenlace están perfectamente claros, a cuentos más breves, con temáticas más modernas, puntos de vista algo más elaborados y que no tienen porqué amoldarse a los cánones imperantes. Un ejemplo son los microrrelatos - me ha sorprendido saber que Woolf también era una maestra en estas lides - así como los textos fragmentarios, donde el lector deberá decidir si está ante un final abierto o una inconclusión no siempre satisfactoria. En ese sentido, que desde la editorial se haya apostado por una línea cronológica a la hora de estructurar los presentes relatos (incluyendo los inéditos) es del todo acertada, no sólo por el aprendizaje que se lleva el propio lector, también por la necesidad de presentar una faceta más de esta insigne escritora. Capaz de describirte un paseo por Kew Gardens o las profundidades de un balneario muy particular. 


Por destacar algunos de sus relatos, tal vez me quedaría con los siguientes. Kew Gardens - titulado así por estar ambientado en el precioso jardín botánico de la capital inglesa - nos sumerge en una historia de transitares, conversaciones, paseos, debates de gente anónima. Todo ello narrado desde la perspectiva de un caracol y su lento caminar. Por otro lado, tenemos Una casa encantada donde, al contrario que Kew Gardens, la autora nos posiciona desde uno de los narradores más típicos pero fascinantes de la literatura universal como es el fantasma - aunque en el presente cuento hablamos de dos en concreto - los cuales empiezan a divagar sobre el mundo material y el calor de las cosas mientras prosiguen en su diario transitar a través de las estancias de una mansión. Aunque para historias que trascienden a la anécdota tenemos La marca en la pared, un relato que, partiendo de precisamente eso, una mancha en la pared, la autora despliega un monólogo interior de tal calibre que a medida que éste avanza ya poco le importa al lector lo que ha provocado dicho discurso. Como buena escritora que era, a Virginia Woolf le encantaba homenajear, o simplemente hacer pequeños guiños a otras novelas, la mayoría clásicos de la literatura universal. Algo que en Phillis y Rosamond - relato que abre la presente antología - es realmente descarado ya que, a poco que la o el lector más versado se adentre en él verá como las referencias a Orgullo y prejuicio de Jane Austen son más que notables. Además de ofrecer un retrato del círculo de Bloomsbury - en el que la propia Woolf y otros intelectuales frecuentaban con asiduidad, en todo su esplendor. Así mismo, encontramos para nuestra sorpresa un relato titulado La señora Dalloway en Bom Street. El cual sirvió para la propia Woolf como campo de pruebas, como base para su una de sus más célebres novelas. Aquí podemos apreciar ese incipiente monologo interior que tanto perfeccionaría hasta llegar a cotas pocas veces alcanzadas y que tan famosa haría al personaje de la señora Dalloway. Por último, mi favorito, El balneario, el último que publicó antes de su prematura muerte. Un relato en el que todo parece irreal, en donde el olor a pescado se incrusta en las fosas nasales, en el que la espuma de mar cubre diademas y guirnaldas, donde todo parece sumergido, en las profundidades, como una ciudad nueva, una Atlantis moderna. Aquí Virginia Woolf demuestra que lo irreal puede convertirse en lo más verosímil. En fechas tan próximas al 8M es importante reivindicar nuestros referentes, aquellos que nos inspiran diariamente o los que directamente querríamos imitar. De ahí que sea importante citar a Virginia Woolf como una de las pioneras del feminismo, de la literatura firmada por mujeres y, no está de más añadirlo, por la revolucionaria técnica  estilística y temática que nos legó a las futuras escritoras. También, faltaría más, en el terreno más breve. 

Relatos completos: cuentos de lo imposible, lo abstracto, lo íntimo, lo cotidiano, lo mundano, lo trascendente, lo político, lo introspectivo... Un viaje a través de su obra, preocupaciones e imaginación. 

Frases o párrafos favoritos: 

"De noche la ciudad se vuelve etérea. Un blanco resplandor ilumina el horizonte. Hay aros y diademas en las calles. La ciudad queda sumergida bajo el agua; y sólo se distingue su esqueleto de bombillas de colores."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

miércoles, 27 de enero de 2021

RESEÑA: El Diablo sabe mi nombre.

 EL DIABLO SABE MI NOMBRE


Título: El Diablo sabe mi nombre. 

Autora: Jacinta Escudos (El Salvador, 1961). Escribe novela, cuento, crónica y ensayo. Se alzó ganadora del los X Juegos Florales de El Salvador 2001, rama cuento, con el libro Crónicas para sentimentales, y del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo (2003) con su novela A-B-Sudario. Sus textos se han traducido al inglés, alemán y francés. Aparece en numerosas antologías de América Latina, Estados Unidos y Europa. Ha vivido en Alemania, Costa Rica y Nicaragua. Desde 2010 vive de nuevo en El Salvador, donde imparte talleres literarios. Desde hace once años escribe su columna quincenal "Gabinete Galigari" en el periódico La Prensa Gráfica. Así mismo, se puede acceder a dichas columnas y otros trabajos de la autora a través de su página web jescudos.com. 


Editorial: Consonni. 

Idioma: castellano. 

Sinopsis: Estos cuentos crean un universo propio donde todo está permitido: transformaciones, realidades paralelas, desdoblamientos, antropofagia, mutaciones. Los cuentos que conforman El Diablo sabe mi nombre son muy distintos entre sí, pero tienen dos aspectos en común. Por un lado, la transgresión, el deseo de traspasar una frontera, normalmente imposible, ya sea la frontera entre el sexo masculino y el femenino, entre seres humanos y animales, entre la locura y la cordura o entre la vida y la muerte. Por otro lado, lo onírico. De los 14 relatos, más de la mitad fueron sueños que la autora tuvo y que transformó en cuentos sin pretender hacer una lectura racional de los mismos, dejando hablar a la oscuridad y explorando aquellas zonas profundas que no comprendemos plenamente. Su carácter fantástico los hilvana como libro. A pesar de encontrar en este volumen un profundo disgusto por el ser humano que destruye el medio ambiente y, sobre todo, una notoria rebeldía contra los roles impuestos a hombres y mujeres, los cuentos presentan en la gran mayoría de los casos a personajes que hacen algo para cambiar su suerte. 

Su lectura me ha parecido: directa, certera, breve, envolvente, fantástica, oscura, bella en sus devaneos oníricos, natural, terrorífica por momentos... Cuando pensamos en literatura latinoamericana la primera palabra que se nos viene a la cabeza es "boom". Y no es para menos ya que, olvidándose casi siempre de unos antecedentes muy interesantes en los siglos XVII y XIX, en la mayoría de veces nombres como los de Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Juan Rulfo, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa o Juan Carlos Onetti se acumulan en los discursos, estudios, tesis doctorales, coloquios y demás soportes etéreos o físicos. No obstante, y a pesar de que a día de hoy muchos de ellos siguen siendo figuras inamovibles dentro del canon, los lectores, así como la intelectualidad, está asistiendo a la irrupción, como si de un terremoto se tratase, de toda una serie de escritoras (en su más amplia mayoría) que están reformulando o directamente transformando de arriba abajo el panorama literario de algunos de los países sudamericanos con mayor tradición en estas lides. En ese sentido, asistimos a dos fenómenos: el de la reivindicación y puesta en valor - sobre todo de las coetáneas al "boom" como Elena Garro, Rosario Ferrer o Gabriela Mistral entre otras - y el de la aparición de toda una generación de autoras que, haciendo suyos géneros literarios hasta ese momento muy europeos o norteamericanos - especialmente el terror y la fantasía - y adaptándolos a la realidad político-social de sus respectivos países, han conseguido cimentar voces propias muy personales y extraordinariamente potentes. En los últimos años nombres como los de Mariana Enríquez (Argentina), Fernanda Melchor (México), Mónica Ojeda (Ecuador), Fernanda Trías (Uruguay), Gabriela Weiner (Perú) o la reciente merecedora del Premio Alfaguara de Novela Pilar Quintana (Colombia) no dejan de regalarnos grandes obras para leer, reflexionar y en algunos casos elevarlas a los altares de la literatura actual. No obstante, de nuevo, los grandes nombres eclipsan otros. Igual no de la misma envergadura mediática y de éxito editorial pero cuyas manos han escrito pequeñas gemas a tener en cuenta, sobre todo en este mundo cambiante y sumido en el poder devorador del capitalismo más atroz. Jacinta Escudos, procedente de uno de los países considerados "periféricos" en lo que a las letras se refiere - El Salvador - es el ejemplo perfecto de que a veces, si se quiere conocer el fenómeno en su máxima expresión, hay que alejarse un poco de Argentina, México o Colombia para adentrarse en literaturas que, si bien son menos conocidas, sus hitos están a la altura del Gótico andino de Mónica Ojeda, del terror subyugante de Mariana Enríquez o la descarnada crítica social de Fernanda Melchor. El diablo sabe mi nombre: la fantasía onírica hecha relato. 


Según el escritor Philip K. Dick la diferencia entre un relato corto y una novela reside en la capacidad de la escritora o escritor para la síntesis. Si bien en una novela, policíaca por ejemplo, ahondaría en la figura del criminal (desde una profunda perspectiva psicológica), así como en procurar la sucesión de una serie de elementos que obliguen al lector a empatizar con el protagonista, en el relato simplemente se abordaría el crimen, sin mucha recreación y con un desenlace capaz de descolocar la mente de quien se adentre en él. El golpe, en resumidas cuentas, debe ser rápido, seco y certero. Después ya es tarea de la autora o autor de turno el proveer de una personalidad propia tanto en estilo como en desenlace. Los hay, en esto del arduo arte de escribir finales, que acaban abruptamente, que hilvanan las costuras a la perfección, que por el contrario dejan la puerta abierta a que el lector piense lo que quiera y hasta los que, simplemente, concluyen cuando la acción principal y no da más de si. Poner punto y final a un relato no es tarea fácil, y menos aún cuando éste casi no llega a las tres páginas. Todo tiene que estar muy medido, constreñido, usar las palabras adecuadas para que todo quede patas arriba en unas pocas frases. De ahí que, a pesar de encontrarnos ante unos relatos con cierta tendencia a la recreación y a la abstracción, los de Jacinta Escudos sorprenden por sus desenlaces que, a pesar de cerrarse como un candado, dejan en el lector un necesario poso de reflexión. El Diablo sabe mi nombre se compone de catorce relatos, todos ellos de extraordinaria brevedad, que pivotan al rededor de dos sugerentes temas: la necesidad de transformación en un ente diferente, ya sea ser humano o animal, y el reino del subconsciente. En primer lugar, el deseo por parte de Escudos de traspasar la frontera de lo imposible es patente. De hecho, a medida que me acostumbraba y me empapaba de su forma de narrar, tenía la sensación de que la naturalidad se imponía sobre lo inenarrable. Y es que Escudos, como buena escritora de género fantástico, consigue que te creas y asimiles la metamorfosis más loca o un acto de antropofagia - fuera de los códigos del presente género, totalmente aberrante -  con sorprendente normalidad. Y es que en el mundo de lo inexplicable todo tiene cabida. En el que una persona pueda encontrarse con su propio cadáver en (Muerto al lado de mí mismo), en el que desde una mirada simbolista la posesión sexual se alcance literalmente a bocados (Fetiche de un naufragio) o en el que la tensión entre un gato y su ama, con su correspondiente intercambio de roles, provoque una transformación humano-felina (El placer). Respecto al catálogo de animales, el bestiario es inmenso: monos, insectos, caballos... Mis favoritos, los que tienen un cocodrilo y unas serpientes como protagonistas. El primero, por esa la mutación de niña/mujer en cocodrilo y su mutilación como metáfora de la necesidad de revelarse contra los poderes ancestrales y las tradiciones más arraigadas. Y el segundo, por una Medusa alejada de cualquier estereotipo grotesco, patriarcal o desquiciante, enfrentada a la persona que vive en su interior y al dolor al que le somete la Gorgona. Una mujer al fin y al cabo que se lamenta por su aciago destino mientras, las serpientes, no dejan de crecer en su cabellera. 


Sin duda uno de los aspectos que más llaman la atención del presente volumen de relatos, además del uso de los sueños como material y base de muchas de las historias que puedes encontrar en su interior, es la abrumadora presencia del amor físico, el erotismo y la sensualidad en cada uno de ellos. Hacía tiempo que no me topaba con una lectura tan sensitiva, tan corporal, tan de piel con piel. De esas que no buscan, dicho vulgarmente, "ponerte cachonda/o", sino retorcer el imaginario existente para presentarte algo nuevo. A ratos perturbadora, oscura, hasta rozar el terror. Pero hermosa en su conjunto. Aquí no sólo encontramos relatos cuyo eje gira entorno a la consumación del acto sexual - como Memoria de Siam o el cuento que da nombre al libro - también al rededor del propio goce, ya sea desde un estado original o a través de una mágica transformación - como es el caso de Cabeza de serpientes -. Hasta un acto tan risible como el masticar comida, en el imaginario literario de Jacinta Escudos, puede esconder lascivia y grandes dosis de placer. En contraposición a esta ensoñación algo pesadillesca - pensaba constantemente en los personajes de El jardín de las delicias del Bosco a la hora de ponerles cuerpo y rostro a los personajes que desfilaban ante mis ojos - a lo largo de su lectura sobrevuela un halo de pesimismo. Y es que, además de hacernos viajar a rincones inexplorados de nuestra imaginación a través de lo inexplicable, Escudos ha querido transmitirnos sus preocupaciones respecto lo peor que anida en el ser humano y su injusta relación con el medio ambiente. Aquí las mujeres se revelan contra lo que se espera de ellas. Y lo hacen a través de la metamorfosis, de su evolución a otro ente diferente al concebido en su origen. Ya sea hombre, pájaro, gato o cocodrilo; cualquier futuro es mejor que el de ser mujer. Sobre todo por el sometimiento, el silencio que se impone sobre sus cuerdas vocales o el riesgo a castración - física o espiritual - por medio de una ablación sexual concreta o la prohibición de hacer palpable su sexualidad al considerarlo un acto provocativo o directamente brujería. La preocupación es evidente, más allá de la simbología atribuida y del carácter misantrópico que algunos han querido ver. De ahí la importancia del formato - relato corto en este caso - para transmitir las inquietudes que a la autora en este caso no dejan de golpear en su cabeza. Inquietudes vertidas con un lirismo contenido que abstrae, absorbe, embriaga. Como ese perfume sin estrenar. Como ese pastel de la infancia. Como esa película que no queremos que acabe por miedo a despertar en un mundo donde lo tangible, lo audible o lo visible duele. 

El Diablo sabe mi nombre: catorce relatos de fantasía, terror, erotismo, mitología, mujeres con cuerpo de animal, animales con cuerpo de hombres, estómagos insaciables, imaginación, sueños... La literatura, una vez más, libre de encorsetamientos y asfixias. 

Frases o párrafos favoritos: 

    "Yo nací para ser serpiente. 
     El cabello, mi voz, el filo de mis ojos. Todo lo indicaba.
    Y entonces me deformé. Salió un cuerpo femenino que nada me agradaba, que en todo me estorbaba, que no daba más que problemas. 
    El cabello quedó. El cabello. Y tal fue la fuerza de mis pensamientos, tan cerca de mi alma, mi cerebro, que los cabellos fueron lo que yo no pude. 
    Fueron serpientes."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Consonni

sábado, 21 de marzo de 2020

RESEÑA: Las Furias.

LAS FURIAS

Título: Las furias.

Autora: Katie Lowe, se graduó en la Universidad de Birming­ham. Es licenciada en Lengua y Literatura Inglesa y tiene un máster en Literatura y Vanguardia. Las Furias, traducida a varios idiomas, es su primera y aclamada novela. (Fuente: Editorial).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Virginia Maza.

Sinopsis: En 1998, una chica de dieciséis años —vestida de blanco y meciéndose en un columpio— aparece muerta en el elitista colegio femenino Elm Hollow, emplazado en una pequeña localidad costera con un tenebroso pasado vinculado a los procesos por brujería del siglo XVII.  Un año antes, tras la muerte de su padre y su hermana en un trágico accidente, Violet comienza sus estudios en la prestigiosa institución, donde enseguida se siente fascinada por tres de sus compañeras y por su carismática y misteriosa profesora de arte, quien la invita a formar parte de un selecto y secreto grupo de clases sobre mitología. Muy pronto, la figura de las furias, divinidades romanas de la venganza, empieza a ejercer tal magnetismo sobre las adolescentes que estas se ven arrastradas sin control hacia su lado más oscuro. ¿Hasta dónde llegarán para protegerse mutuamente... o para destruirse? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, con una aproximación inminentemente juvenil, tenebrosa, terrorífica por momentos, perversa, atractiva, poco profunda, con un mensaje feminista que resuena con fuerza... Las Furias - o Erinias en la mitología griega - son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. Según Hesíodo (uno de los grandes poetas de la antigua Grecia) son hijas de la sangre derramada por el pene de Urano sobre Gea cuando su hijo Crono lo castró, siendo por tanto divinidades ctónicas, es decir, dioses o espíritus procedentes del inframundo en oposición a las divinidades telúricas (más celestes). Al contrario que Hesíodo, que no fijó un número concreto de Furias, Virgilio - otro de los grandes escritores de la era clásica - determinó la existencia de tres, las cuales respondían a los nombres de Alecto ("la implacable"), Megera ("la celosa") y Tisífone ("la vengadora del asesino"). La primera castiga los delitos morales, la segunda los de infidelidad y la tercera los de sangre. Su representación ha variado a lo largo de la historia, sin embargo, la gran mayoría de escritores y artistas pictóricos coinciden en pintarlas como seres vengadores con serpientes enroscadas en sus cabellos, portando látigos y antorchas y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas. También que se decía que tenían grandes alas de murciélago o que hasta el cuerpo de perro. Fuerzas primitivas a los dioses del Olimpo, las Furias moraban por Érebo (o el Tártaro según otras leyendas) y solo regresaban a la tierra para castigar a los criminales vivos. En obras como la Ilíada, Homero les otorgó un poder ilimitado, es decir, que podían perseguir al criminal en cuestión más allá de su propia muerte, extendiéndose al inframundo, donde eran sometidos a las torturas más terribles e inimaginables hasta hacerles perder la cabeza (de ahí que su nombre latino, "Furias", derive precisamente de "furor" como sinónimo de "locura"). El criminal podía escapar del tormento sólo si encontraba a alguien que purificases sus crímenes. Las Furias tuvieron su protagonismo en la obra de Esquilo Las Euménides en donde éstas persiguen a Orestes por haber matado a su propia madre en venganza por el asesinato de su padre Agamenón. Se cuenta que durante su primera representación provocó el terror en los espectadores al situar a las Erinias o Furias en el coro. Las Furias aparecen en el sexto círculo del infierno de la Divina Comedia, visitan al Fausto de Goethe, se convierten en moscas en una novela de Sartre, son el terror de Morfeo en una historieta del comic The Sandman de Neil Gaiman e incluso hacen acto de presencia en un capítulo de la popular serie de los 90 Xena la Princesa Guerrera. Dentro de la literatura más actual encontramos un interesante, y muy juvenil ejemplo de actualización de estas criaturas mitológicas en el libro que hoy reseño para todas y todos vosotros. La Furias: la ira de las brujas en tiempos del Me Too.


La novela juvenil está viviendo desde finales de los años 90 hasta nuestros días su particular era de oro. Y aunque todavía la critica más arcaica sigue considerando a este género - caracterizado por mantenerse a modo de transición entre la literatura infantil y la de adultos - algo menor en comparación con otros géneros, lo cierto es que lo juvenil está más en boga que nunca. Hasta el punto de que podemos encontrar lectores de prácticamente todas las edades que son amantes o usuarios asiduos de sus formas de narrar. J.K. Rowlling fue la que abrió la veda en ese sentido consiguiendo, no solo que un niño y posteriormente adolescente llamado Harry Potter se haya convertido con el tiempo en uno de los personajes más famosos de la literatura, también reconfigurando los códigos de escritura del género juvenil para siempre. Tras ella vinieron muchas y muchos más que, con mayor o menor fortuna, han logrado que sus libros hayan alcanzado la categoría de "culto" o pertenecientes a la cultura popular de masas. Mención a parte merece la gran aceptación que tiene lo juvenil en España, siendo con diferencia el género que más se lee entre los adolescentes y no tan adolescentes. En nuestro país fue sin duda Laura Gallego la que resucitó de alguna manera una tradición antes cultivada por autoras como Ana Maria Matute, Carmen Martín Gaite o Elena Fortún entre otras y otros. Una tradición que actualmente sigue en auge gracias a escritoras como Victoria Álvarez, Beatriz Esteban o el tándem que forman Iria G. Parente y Selene M. Petalos escribiendo a dos manos. Desde tiempos de J. R. Tolkien se ha asociado la literatura juvenil - o Young Adult - con los recursos propios de la fantasía. Dragones, hadas, elfos, gigantes, árboles parlantes, magos. Hasta el punto de que muchos siguen sosteniendo que la literatura juvenil va implícita la fantasía. Sí, es cierto que una gran parte de lo que se publica de este género se sitúa en estos códigos, sin embargo, a lo largo de estos últimos años hemos sido testigos de la evolución que ha experimentado. Un cambio en lo transversal, en la utilización de otros géneros literarios para contar historias dentro del marco de lo juvenil. Hoy en día podemos aproximarnos a una librería y adquirir novela juvenil de temática social, de ciencia ficción, histórica, romántica o incluso próxima a los códigos del terror. Es precisamente en este último, en el que es capaz de hacernos temblar de miedo, donde debemos situar la novela que Katie Lowe ha escrito desde una ambientación y puntos de vista totalmente juveniles - y seriéfilos si me lo permitís - con una clara intencionalidad feminista. Aspectos de los cuales hablaremos con más detenimiento en los siguientes párrafo.


Cuando tuve por primera vez el presente libro entre mis manos, a su autora me la presentaron como la sucesora de Shirley Jackson. Sí, la misma que nos metió el miedo en el cuerpo con novelas como Siempre hemos vivido en el castillo, La Lotería o La Maldición de Hill House. Sí, es una exitosa y novedosa serie de Netflix, pero también una de las mejores novelas de terror del pasado siglo XX. De hecho, sin la existencia y el talento literario de Jackson, es muy posible que un tal Stephen King no hubiese desarrollado toda su cosmogonía terrorífica y por supuesto no se habría convertido en el referente mundial que es hoy. Era lógico que con dicha carta de presentación desconfiase en un primer momento, ya que los ejercicios pretenciosos no hacen sino alejarme de dicha lectura. Perola presencia de brujas, el que estuviese ambientado en un internado con oscuros orígenes, y lo más importante, el que llevase por título Las Furias me convencieron de que era un libro al que debía aproximarme, aunque sólo fuera por amarlo o repudiarlo una vez finalizada su lectura. Tras formar parte de ese selecto grupo de libros que escogí para finalizar el pasado año 2019, mi parecer no se decantó hacia el calificativo de "maravilla absoluta" ni al de "fracaso estrepitoso". Simplemente se mantuvo en una especie de punto medio, aunque con una serie de aspectos que inclinaron ligeramente la balanza hacia la satisfacción. Para empezar, y como ya he avanzado en el anterior párrafo, Las Furias es una novela perteneciente al género juvenil, cosa que por cierto desconocía por completo cuando inicié su lectura allá por el mes de diciembre. Este hecho me sorprendió de buenas a primeras, pero posteriormente decidí tomarlo como un regalo, como un reencuentro con mis orígenes lectores más añorados. Su prosa sencilla, su adictivo ritmo, su habilidad para esconder el misterio, su poca profundidad narrativa - que no reflexiva - la ambientación. así como esa potencia visual en lugar de ahuyentarme me engancharon. Tal vez en el fondo estaba deseando leer literatura juvenil, aunque no lo manifestase en voz alta y aunque su aproximación al terror me hiciese olvidar de que el público al que va dirigido fundamentalmente es el adolescente. En Las Furias Violet, una joven de 16 años que no consigue superar las secuelas de un accidente, entra a formar parte del prestigioso instituto femenino Elm Hollow. Un internado fundado en el siglo XVII y cuya historia está ligada a los procesos por brujería que tuvieron lugar en aquella época. Es allí entre un decano experto en brujería, un grupo de misteriosas chicas y una profesora, Anabelle, que organiza clases de mitología clásica para un selecto grupo de alumnas donde Violet deberá moverse y adaptarse. A toda esta nueva cotidianeidad se le añadirá el conocimiento de crímenes acontecidos tiempo atrás en las inmediaciones del lugar y el descubrimiento de "las Furias" como entres oscuros a los que se puede invocar para atormentar a quien te ha hecho daño. Dicho esto, está claro que Hogwarts ha dejado de ser el colegio más peligroso de la ficción en comparación con Elm Hollow.


Las influencias aquí son muy claras. En el plano literario está claro que Katie Lowe bebe de la influencia de Shirley Jackson, sobre todo en lo que a preocupaciones y temáticas se refiere. Sin embargo, ni Jackson ni Lowe comparten una cosa fundamental como es la coetaneidad. Mientras la primera desarrolló su carrera literaria a principios y mediados del siglo XX, la segunda es una autora de pleno siglo XXI. Algo capital para apreciar, por supuesto, el diferente trato y perspectiva a los temas que las unen como maestra y alumna. Mientras la primera usa lo sobrenatural de una forma más sutil para evidenciar que la cara abominable de la condición humana, en la segunda el elemento terrorífico es ultra explícito, hasta el punto de que vemos y sentimos el poder de las brujas o "Furias" en este caso. Por otro lado, y aquí es una opinión puramente personal, mientras leía la presente novela no paraba de encontrar conexiones con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Egenides. La forma con la que se inicia el libro, el tono de las jóvenes, así como su cohesión casi mística me han recordado enormemente a las hermanas Lisbon, cuyo poder de atracción y de misterio era bastante similar. Por ir finiquitando este apartado de influencias, os adjuntaré una más, la que más me gusta y más gracia me hace. Y es que Las Furias de Katie Lowe recuerda muchísimo al planteamiento y el estilo de la serie American Horror Story, y en concreto a su tercera temporada - la más celebrada e icónica de todas - titulada Coven. En ella, los espectadores asistimos a una historia desarrollada en un colegio femenino de brujería  en crisis ante la posible extinción de las descendientes de Salem y todos los tejemanejes al rededor de sus alumnas, profesoras y demás personajes foráneos a la institución. Una vez expuesto el argumento y tras haber leído Las Furias no podemos hablar de descarada copia pero sí de una especie de homenaje, aunque con la ausencia de una Madison Montgomery o una Fiona Goode. Para ponerle punto y final me gustaría hablar, aunque sea brevemente, del núcleo de la novela, el sol sobre el que pivotan el resto de planetas, la verdadera razón de ser y el motivo que empujó a Lowe a escribir esta novela resucitando a las Furias, figuras mitológicas por cierto poco reivindicadas en la literatura. Cuando me he referido antes a este libro como una historia de brujas en tiempos del Me Too lo he hecho con toda la certeza del mundo, ya que por un lado la autora ha querido en primera instancia construir una historia donde el feminismo y la sororidad fuesen los temas subyacentes entre lenguaje teen y lo terrorífico, y por otro lado, usar la figura de las Furias para evidenciar el poder de las mujeres para luchar contra las injusticias. En la novela Violet, Robin, Grace y Alex las invocan contra los hombres. Hombres que las agreden, las insultan, las acosan y las violan. Ellas se erigen entonces como herederas de una sabiduría ancestral, transmitida de generación en generación a través de las tragedias, los procesos de brujería y el arte. Por eso las mujeres, ante cualquier retroceso de derechos que nos afecte, nos sentiremos más próximas ellas, a nuestras antepasadas quemadas en la hoguera, arrojadas a acantilados o a esas Furias que persiguen la justicia a través de manifestaciones, motines, barricadas y demás actos revolucionarios. Lowe nos ha dado la clave, seamos Furias, señalemos la injusticia, acabemos con el patriarcado, sin esperar a que nadie lo haga por nosotras.

Las Furias: una historia de brujería, invocaciones, asesinatos, adolescentes misteriosas, mitología, justicia, feminismo, unión... Si estos días de encierro necesitáis una novela de abstracción total, esta es la que necesitáis.

Frases o párrafos favoritos:

"Les enseñaré todo lo que sé y todo lo que mis predecesoras han sabido: la fuerza de las mujeres llevadas por la ira, los destinos que tenemos reservados y las furias que poseemos. Les ayudaré a desplegar las alar y a sacarles los ojos a los que nos miren; les enseñaré a quemar con fuego justo y a purificar el mundo a través del conocimiento. Les hablaré de belleza, venganza, locura y muerte, y si lo calcinan todo y vuelven a empezar, cuanto más, mejor."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Siruela

martes, 10 de diciembre de 2019

RESEÑA: La juguetería mágica.

LA JUGUETERÍA MÁGICA

Título: La juguetería mágica.

Autora: Angela Carter (Eastbourne 1940-Londres 1992). A causa de la guerra, fue evacuada cuando a penas era un bebe junto con su abuela a Yorkshire, donde sufrió de anorexia durante la mayor parte de sus años de adolescencia. Empezó a trabajar como periodista en Croydon Courier siguiendo los pasos de su padre y se graduó en Literatura Inglesa por la Universidad de Bristol. En 1960 se casó con Paul Carter. Tras nueve años de matrimonio, después de ganar el Premio Somerset Maugham con su novela Varias percepciones (con la que aprendió lo que era ser mujer y se radicalizó), abandonó a su esposo y se fue a Tokio, donde vivió durante dos años. Su experiencia japonesa sería inmortalizada en 1974 en Fuegos de artificio: nueve relatos profanos, así como en su novela El doctor Hoffman y las infernales máquinas de deseo, que publicaría en 1972. A la vuelta de Japón, pasó unos años enseñando en varias universidades de Europa, Australia y Estados Unidos. En 1977 se casó con Mark Pearce, con el que tuvo su único hijo. Carter es autora de varias novelas, entre las que destacan La juguetería mágica, Héroes y villanos, La pasión de la nueva Eva o Noche en el circo, por la que recibió el James Tait Black Memorial Prize. Así como de algunos notables volúmenes de relatos como La cámara sangrienta o En compañía de lobos. Entre 1990 y 1992 recopiló para la editorial Virago una colección de relatos tradicionales protagonizados por mujeres que, bajo el título Cuentos de Hadas de Angela Carter, se convirtió en uno de los más duraderos longsellers de la editorial. Falleció en 1992 en Londres a la edad de 51 años sin llegar a completar su último proyecto literario, la continuación de Jane Eyre. Hoy en día su nombre se incluye entre los escritores británicos más importantes posteriores a 1945.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Carlos Peralta.

Sinopsis: Una noche, Melanie camina por el jardín con el vestido de boda de su madre y, a la mañana siguiente, todo su mundo se ha hecho añicos. Así de simple, así de inconcebible. Melanie y sus dos hermanos pequeños se verán obligados a mudarse a Londres, a casa de tío Philip, un huraño y genial fabricante de juguetes que vive con su esposa Margaret –una mujer «frágil como una flor prensada», muda desde el día de su boda– y los dos extravagantes hermanos de ésta. Tras una infancia idílica en la casa familiar, Melanie se ve ahora confinada en un entorno opresivo y delirante, lleno de artilugios y mecanismos creados por su tío, inquietante personaje acostumbrado a tratar a las personas como si fueran otros de sus títeres. La atmósfera gótica, la prosa exquisita y los guiños traviesos e iconoclastas que han convertido a Carter en una de las autoras británicas más reconocidas del siglo xx hacen de La juguetería mágica un clásico imprescindible sobre el rito de paso de la adolescencia a la madurez, el despertar a la sexualidad y la rebeldía femenina, que generación tras generación es redescubierto por lectores en todo el mundo.

Su lectura me ha parecido:

   Misteriosa, oscura, retorcida, drástica, sórdida, opresiva, malévola, en la que asistimos al vital aprendizaje de su protagonista, digno ejemplo de como se pueden trasgredir las normas y los tabúes desde la literatura de terror... Cuando Angela Carter llegó a mi estantería - y por consiguiente a mi vida - me hallaba en una incesante búsqueda de literatura escrita por mujeres, especialmente de autoras que, tanto en el pasado como la actualidad, se atrevieron a sumergirse en el género más interesante y odiado a partes iguales por el gran público: el terror. Sea porque se nos han inculcado desde bien pequeños algunos de los miedos más universales que existen (y otros más particulares a consecuencia de vivencias personales) o porque simplemente, y de una forma completamente irracional, tendemos a desprestigiar lo que no se adscribe al canon literario tradicional, considerando a la literatura de miedo como un género menor, de masas, de frikis, de gente que no está bien de la cabeza, que no aporta nada al lector. Tanto es así que hasta hace unos años sinceramente creía que Stephen King - a quien llevo admirando desde aquel agosto de mi adolescencia en el que me leí Misery - era el único autor que escribía terror a juzgar por su indudable presencia en los estantes de cualquier librería del mundo, dejando al resto ya no en un segundo, sino en un tercer o cuarto plano. Está claro que voy a seguir leyendo al señor King, sólo por haber sido capaz de crear un microcosmos y una mitología terrorífica al rededor de Maine (su lugar de nacimiento) y de reflejar o en ocasiones anticipar los principales terrores de la sociedad del siglo XXI, pero es importante no negar la existencia de otros escritores y otras escritoras que se pusieron manos a la obra con el género otorgándole mayor originalidad desde nuevos puntos de vista o rescatando tópicos del género para darles una vuelta de tuerca. Cuando Angela Carter llegó a mis manos fue por colaboración editorial, como tantas otras veces, pero fue ella - y no las hermanas Brontë - la que me hizo amar el terror gótico. Y aunque a mi queridísimo Henry James le debo el descubrimiento, fue esta autora inglesa la que me llevó por terrenos inexplorados a través de sus perturbadores y sangrientos cuentos hacia reflexiones tan actuales al rededor de temas como el feminismo, el racismo o la violencia de género. Hoy vuelvo a ella, con la misma ilusión del primer día pero con la sensación de haber subido un peldaño más en mi inconcluso viaje de descubrimiento y aprendizaje. La juguetería mágica: la madurez y el despertar sexual entre títeres, violencia y personajes sin voz.


   Acostumbrada a hacernos pasar miedo desde el relato - tanto corto como largo - Angela Carter también cultivó el género novelístico con gran intensidad. Ejemplo de ello fue la publicación en 1967 - coincidiendo de pleno con la segunda ola feminista y a las puertas de Mayo del 68 y del inicio de la contracultura -  de La juguetería mágica. Una novela cuya historia, en apariencia, no nos es desconocida, ya que a lo largo de la historia de la literatura han sido muchas las autoras y los autores que la han reproducido. Melanie - absoluta e icónica protagonista del libro - descubre, como revelan las magistrales primeras líneas, que era de carne y hueso. En este punto - permítame el atrevimiento - es imprescindible señalar, aunque sea brevemente, la importancia de los inicios de cualquier texto literario. El arranque debe ser, a mi juicio, sugerente, o cuanto menos impactante, contundente o que nos ofrezca pistas de cual va a ser el tema al rededor del que va a girar la novela. Y en este caso, Angela Carter opta por presentarnos, de la manera más simple, evocadora y hasta definitoria al personaje de Melanie. En otras palabras, que Carter ya te está diciendo que Melanie es la inocencia en estado puro, que es un alma limpia, que hasta ese momento probablemente haya vivido entre algodones y rodeada de amor. Si hasta la escena en la que el lector la observa paseando por el jardín con el vestido de novia de su madre puesto ya nos hace un guiño, no sólo a la célebre novela de Willkie Collins, también a un aura fantasmagórica que nos anticipará lo que está a punto de ocurrir a continuación. Que poco me desvié y que gran evolución la que esta joven acaba experimentando en el momento en el que su existencia se trunca, cuando se ve de la noche a la mañana sin padres y de camino a Londres junto a sus hermanos para instalarse en casa de sus tíos. Rodeada de muñecas, marionetas y artilugios de toda clase, Melanie tendrá que convivir con su tío Philip - un desagradable y abominable fabricante de juguetes - su mujer Margaret - muda y atemorizada por culpa de su marido - y Finn y Francie - los extravagantes e inquietantes hermanos de Margaret -. De una idílica infancia caminando sobre nubes de algodón de azúcar, Melanie y sus hermanos entrarán de lleno en la asfixia de una tienda plagada de ojos sin vida e inquilinos a los que ésta se les escapa por momentos. Tanto Jonathon (aficionado a las maquetas de los barcos) y Victoria (el personaje más entrañable de la novela) se adaptarán rápidamente a la nueva situación. Sin embargo, Melanie no conseguirá ver aquel lugar como su nuevo hogar, a pesar de la complicidad que nace entre Margaret y ella, a pesar del apoyo de Finn - claramente enamorado de ella - y a pesar de las palabras de Francie - cuya voz está a punto de apagarse - logran convencerla de lo contrario. Tío Philip es un tirano que trata a todos como si fueran títeres a su servicio , y eso no la hará cambiar de opinión.



   Además de un claro homenaje a los mejores relatos góticos, La juguetería mágica es una novela de iniciación, de aprendizaje, de superación, del paso de una adolescencia edulcorada a una temprana y brutal madurez en medio de una cotidianeidad que la protagonista, en un principio, se niega a aceptar. La novela en sí tiene un ritmo muy lento, ya que la autora ha considerado fundamental introducir poco a poco al lector en la dinámica en la que se va a mover en las próximas 241 páginas. Y aunque si bien es cierto que al común de los mortales puede que les aburra esta estrategia (ya que hay capítulos en los que sientes que no pasa absolutamente nada) los amantes del terror lo verán como un ejercicio magistral de ambientación y de inmersión. Una técnica muy usada por este tipo de literatura es el conseguir que quien se adentre en sus páginas se empape lo máximo posible de la historia, hasta llegar a empatizar con algunos de los personajes. De este modo el golpe - porque siempre hay un golpe - puede ser demoledor, algo que la novela de miedo busca constantemente. Está en su esencia, en su razón de ser. Por otro lado, tal vez lo más interesante de La juguetería mágica es las pequeñas, pero necesarias, perlas reflexivas que Angela Carter va dejando por el camino. Unas capsulas que, al abrirlas, el lector se topa con importantes críticas feministas hacia el patriarcado de la época, y por extensión, al que ha tenido lugar a lo largo de todas las épocas de la historia. A través de los pequeños gestos cotidianos, del día a día, somos conscientes de como hasta en el más mínimo detalle se puede apreciar la violencia y la desigualdad entre hombres y mujeres. En ese sentido, me resulta especialmente importante a la par que simbólico el personaje de Margaret. Desde el punto de vista de la crítica feminista, Margaret evidencia las consecuencias más extremas de la cultura patriarcal, así como el silencio al que se somete diariamente a las mujeres. Su repentina mudez - porque antes tuvo voz - se debe única y exclusivamente al temor que siente hacia el despreciable Philip, el cual lleva desde el mismo momento de su boda machacándola y haciéndole sentir cada vez más pequeña. Desde la trilogía Claus y Lucas no había encontrado a un personaje que me repugnase e interesase al mismo tiempo desde el punto de vista literario, y el tío Philip, la viva representación del mal en esta novela, se ha acercado bastante, aunque sin llegar a superarla, a esa terrible abuela de la que tantas veces os he hablado. En medio de este lugar de ensueño - ¿a quién no le gustaban las jugueterías de pequeño? - y paradójicamente también de maldad - los juguetes como representación de la inacción y el silencio velado - Melanie es el personaje feminista que con opiniones y sobre todo con voz propia tratará de escapar de ese infierno y de enfrentarse a su tío. Pero para ello deberá despojarse de todo comportamiento infantil y valorar su autoestima tras un proceso de autodescubrimiento, a nivel tanto sexual como personal. En estas últimas líneas, y tras haber leído concienzudamente la presente reseña, debemos preguntarnos si Angela Carter - quien nunca ocultó su feminismo - ha querido representar en esta novela la metáfora de la liberación de la mujer tomando a Melanie como referencia en contraposición con la sórdida tienda de juguetes. Si la respuesta es afirmativa, entonces mi tesis de que la literatura de terror es una de las mejores vías de denuncia y crítica social de su tiempo - en este caso, a la de mediados de siglo XX - queda completamente demostrada. Ahora sólo queda que la mujer o la niña que se adentre en La juguetería mágica - título que por supuesto lleva al engaño - y se vea reflejada tanto en Melanie como en Margaret, sea capaz de abrir la puerta y escapar de ese infierno en forma de casa de muñecas, marioneta o peluche de opaca mirada.

  La juguetería mágica: una historia de miedos, cambios radicales, adaptación, rebeldía, autoaprendizaje, madurez, teatros del horror, lucha feminista... Un tesoro más en esta ardua labor de recuperación y puesta en valor de una de las grandes maestras del terror gótico.

Frases o párrafos favoritos:

"Desnuda de una manera nueva y definitiva, como si se hubiese despojado también de la piel y no llevara nada fuera de la desnudez esencial del esqueleto. La carne de sus dedos casi la sorprendía; hasta podría haberse quitado las manos como guantes, quedándose sólo con los huesos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso Editorial

sábado, 2 de noviembre de 2019

RESEÑA: Lena y Karl.

LENA Y KARL

Título: Lena y Karl.

Autora: Mo Daviau nació en Fresno, California, y se graduó en el Smith College y en el Programa de Escritura Helen Zell de la Universidad de Michigan. Mo viajaría en el tiempo para ver el concierto de R.E.M. en Atenas en 1980, o aquella actuación en 1969 en la que Tina Turner y Janis Joplin cantaron juntas en el Madison Square Garden como invitadas a un concierto de los Rolling Stones. Lena y Karl es su primera novela. (Fuente: Editorial).


Editorial: Blackie Books.

Idioma: inglés.

Traductor: Carles Andreu.

Sinopsis: Los mejores años de Karl parecen lejos. En su día tocó con una banda de culto de indie-rock, pero hoy ve pasar la vida desde sus cuarenta años y desde detrás de la barra de su pub. Cuando
descubre un agujero de gusano en el armario de su habitación que le permite viajar en el tiempo, de repente ni la edad ni el tiempo importan. Decide, con un amigo, montar el negocio definitivo: los clientes podrán viajar al pasado para ver su concierto favorito. Hasta que un día, Karl envía por error a su amigo al año 980 en lugar de a 1980… y no puede traerlo de vuelta. Para rescatarlo, Karl contacta con Lena, una astrofísica que siempre viste camisetas de grupos. Con ella volverá a los mejores conciertos de su vida, y descubrirá que por mucho que cambie el pasado, y aunque lo ponga patas arriba, su futuro parece empeñado en acercarle a Lena. ¿Pueden todos tus yos pasados confabular para reunirte con tu alma gemela? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Fresca, verosímil, chispeante en su primera parte, menos convincente en la segunda, con una pareja protagónica inolvidable, loca, divertida, rockera, sorprendente, de lo más original que he leído este año... Todos amamos la música. Todos. Absolutamente todos. Y quien diga lo contrario es que no es de este mundo o, haciendo alusión a la novela que hoy reseño, ha aparecido en este mundo a través de un agujero de gusano desde un planeta de una galaxia muy lejana. Ésta, de una forma u otra, siempre ha estado ahí. En la televisión, en la radio, en internet, en el cine, en el móvil, en el ya desaparecido mp3, en los vinilos o en los reivindicados casetes. Mientras compramos, viajamos en coche, duchamos, hacemos la cama, cocinamos, practicamos deporte,  salimos de fiesta, de compras o de escapada de fin de semana. En la parada, asiento, andén, silla, portal, banco o cualquier sala de espera del mundo. Conformando, en definitiva, la banda sonora de nuestra propia existencia, de nuestro humilde paso por la historia de la humanidad. Desde esa cancioncilla infantil que a todos nos han cantado para que nos durmamos, hasta esa pieza que no consigues quitarte de la cabeza por más que lo intentes. Pasando por esos acordes que han marcado tu adolescencia, tu juventud, tu madurez, tu vejez. Esos mismos que no dudas en reproducir una y otra vez en soledad, en compañía, en confianza. Esos que, al fin y al cabo, regulan tus estados de animo, capaces de hacerte sentir eufórica y al minuto conseguir que derrames una lágrima de tristeza. La música es poder, es vida, es eso que nos hace únicos entre la multitud gracias a la cantidad de géneros existentes. Entre los cuales, sin embargo y a mi juicio, uno de ellos sobresale por encima del resto. Ese que con tan solo escuchar los primeros acordes de una guitarra eléctrica conocemos a la perfección y al que inevitablemente acompañamos con un improvisado bailoteo de pies, manos y de cabeza, sobre todo de cabeza. Un género con subgéneros que se consuela en su glorioso pasado de los años 60, 70, 80 y 90 - siendo la tercera de ellas su época de más esplendor y mayores excesos - y que mira al futuro con preocupación pero también con cierto optimismo dado la cantidad de gente que sigue vibrando con sus éxitos y con la certeza de que algunos de ellos se han convertido en auténticos himnos universales y generacionales. Estamos hablando, por supuesto, del Rock, cuya idiosincrasia también puede verse reflejada a través de la literatura con novelas como Lena y Karl: el viaje en el tiempo de nuestros sueños.



   La literatura de género - en este caso desde el plano de la Ciencia Ficción - nunca dejará de sorprenderme. Como tampoco el hecho de que aparezcan de vez en cuando voces y plumas capaces de darle una vuelta de tuerca más a los clichés. Una de ellas, la de la norteamericana Mo Daviau, no sólo ha conseguido - ojo, en su primera novela - otorgar de una originalidad pasmosa a la típica pero apasionante historia de viajes en el tiempo, sino que además ha logrado compaginarlo con otra de sus grandes pasiones: la música, y en concreto, la música rock. De esta impensable mezcla da como resultado la novela que muchas y muchos lectores exigentes y aficionados a este tipo de literatura estábamos esperando con ansia. Esa en la que se demostrase que todavía a día de hoy no existen límites espacio-temporales para regalar al lector grandes y memorables tramas. Pero, ¿qué cuenta Lena y Karl? Pues simplemente la historia de Karl, exintegrante de un grupo de rock alternativo - The Axis - cuyos mejores días han pasado a mejor vida y que ahoga sus penas y su nostalgia regentando un bar de poca monta en Chicago hasta que un día, por casualidad, descubre la existencia de un agujero de gusano en el armario de su cuarto que le traslada a los mejores conciertos de la historia del rocka los que le hubiera gustado asistir. Ante tal descubrimiento, su amigo Wayne - un genio de la informática y melómano empedernido - diseña un programa para poder elegir la fecha y el lugar al que ir. De este modo, ambos montan un negocio clandestino de viajes en el tiempo perfecto para amantes de la música. La cosa parece ir viento en popa hasta que Wayne, consciente del poder del agujero de gusano para alterar el curso de la historia, decide trasladarse al Manhattan de 1980 para evitar el asesinato de John Lennon (el mítico cantante de The Beatles). Un error al introducir la fecha hace que Wayne no viaje a 1980, sino al 890, una época en la que Manhattan era bosque y los nativos americanos vivían en paz. Para traerlo de vuelta busca desesperadamente en internet a alguien que le pueda ayudar. Así es como acaba dando con la otra pata de esta historia, con Lena, una profesora de física enamorada de la música y fan del grupo al que pertenecía Karl. La química entre ellos es evidente, no tardarán en enamorarse, pero sus propios prejuicios y la dificultad de traer de vuelta a Wayne serán algunas de las dificultades a las que tendrán que enfrentarse en esta aventura. ¿Es o no es una locura de premisa?


   El atractivo de esta historia es más que evidente, ya no sólo por la fantasía que ya de por sí está servida, también por otros detalles que contribuyen - de desigual modo por desgracia - a dotar esta novela del calificativo de "inolvidable". La primera parte entra como un tiro en los ojos del lector, el cual, asiste perplejo y maravillado a la marcianada que supone encontrarte de la noche a la mañana un agujero de gusano en el interior de un armario. Y encima que esto le suceda al tío más triste - al menos al principio - del que yo tenga memoria en lo que a personajes literarios se refiere. Narnia queda a la altura del betún en comparación con lo que Woodstok, Live Aid , la primera edición del Rock in Río o el concierto de la azotea protagonizado por los Beatles pueden ofrecer. Y si a eso le sumas un secundario más friki que cualquiera de los protagonistas masculinos de The Big Bang Theory desde el punto de vista de la historia del rock - Wayne - y una protagonista - Lena - inteligente, ingeniosa, feminista y con gran sentido del humor; el cóctel es explosivo. Especialmente delirante es el momento en el que se comete el fallo que hace que Wayne acabe en el 980, al igual que las conversaciones entre Lena y Karl - las cuales parecen más propias de adolescentes y que destilan un amor odio que nunca llega a concretarse del todo -. Por no hablar de Meredith (exnovia de Karl) la anarquista, okupa y dispuesta a liarse a puñetazos con cualquiera que osase molestarla que pasa a ser la típica mujer felizmente casada y con hijos. O Gupta, el estúpido casero de Karl, el cual oculta su homosexualidad tras una fachada de machista y que sólo tras conocer a su ídolo musical - Freddy Mercury - consigue aceptar. El impacto y la chispa se mantienen más o menos hasta pasada la mitad de su lectura, a partir de ahí la cosa parece decaer - con una trama que parece avanzar a trompicones - pero que afortunadamente sigue manteniendo ese humor tan descacharrante del principio. Esta es a pesar de todo, en su conjunto, una narración ágil, que juega hábilmente con los tiempos cronológicos y que consigue que el lector vea normal lo que en realidad no es normal. Que el caos sea cotidiano y que la tranquilidad no sea del todo satisfactoria.


   Juegos espacio-temporales, manipulación del pasado, condicionamiento del futuro que está por llegar... Son muchos los temas de reflexión que de buenas a primeras suscita Lena y Karl, pero que sin embargo, consiguen articularse en dos líneas de debate muy interesantes. La primera de ellas tiene que ver con el peso que tiene la ciencia en la presente novela. Para entender esta historia de viajes en el tiempo no hay que tener, por supuesto, un doctorado en física teórica o haber estudiado a fondo a científicos como Carl Sagan - cuyas teorías se nombran en la presente novela - o los estudios sobre  los agujeros negros del ya fallecido Stephen Hawking. De hecho, más que la ciencia en si - aunque constantemente presente desde un punto de vista didáctico - lo importante, a parte de la verosimilitud dentro de la trama, son los diferentes dilemas morales que provoca la existencia de un agujero de gusano. En el libro los protagonistas, conscientes de que el saberlo controlar es cuanto menos comparable a ser Dios en la tierra, no dudan en usarlo con fines nobles, pero también perversos, los cuales acaban afectando al futuro, y por consiguiente, a sus propias vidas, generando infinidad de existencias paralelas que acaban por complicarlo todo. Al mismo tiempo, y en relación con lo anterior, también asistimos a la que tal vez sea la mayor paradoja de la novela. Y es que en ocasiones un viaje en el tiempo nos puede hacer conscientes de lo bien que se está sin tantas preocupaciones, sin tecnología de última generación y sin bienes materiales de alguna clase. El ejemplo de esto o encontramos en Wayne, quien por accidente viaja al 890. Al principio cree volverse loco y le implora a su amigo que haga lo posible para traerlo de vuelta. Pero a medida que conoce el terreno y empieza a entablar amistad con los nativos americanos, al final, la vida en el 890 no le parece tan horrible. Por otro lado, la segunda de ellas, tiene que ver con la música, con la historia del rock y su extraordinaria labor divulgativa. Lena y Karl está plagado de clases magistrales de subgéneros musicales del rock, de amplificadores, de descripciones de conciertos del pasado especialmente memorables y de infinidad de anécdotas sobre cantantes y bandas tan jugosas como sorprendentes en algunos casos. Incluso ésta parece generar debates entre lo que se considera o no rock, llegando a reflejar algunos piques que sólo los entendidos en el tema sabrán identificar. Con todo esto no quiero decir que esta novela no sea apta para todos los gustos y niveles dentro del mundo del rock, para nada, de hecho ese carácter didáctico ofrece la posibilidad al lector de aprender a la vez que disfruta de una historia de ciencia ficción. En definitiva, podríamos definir a Lena y Karl como el viaje en el tiempo perfecto pero que, dependiendo de quien esté al mando, podrá llegar a desquiciarte o a hacerte vivir una de las mejores experiencias de tu vida. Porque no hay nada mejor que ver a tu grupo de música favorito - independientemente del género, de si están vivos o si el grupo se ha disuelto - sobre un escenario y vibrar con cada una de sus canciones. Por último añadir que espero, más pronto que tarde, poder verla adaptada a la gran pantalla, pues la potencia de sus imágenes así como la historia que narra tienen el potencial suficiente como para tener éxito. Y si en la futura cinta Bill Murray hace un cameo, entonces sí voy, de cabeza, a verla.

Lena y Karl: una historia de amor, viajes en el tiempo, locura, música, dolorosa nostalgia, recuerdos imborrables, vidas paralelas, humor... La novela que, seas de los Rolling, de Iron Maiden o de Janis Joplin no debes perderte.

Frases o párrafos favoritos:

"Arrastrándome por el suelo de mi armario, aparté un montón de ropa sucia y revistas viejas, y de pronto, me vi cayendo con los pies por delante a través de un agujero en el suelo. Cayendo y muerto de frío. Lo primero que pensé fue que me lo tenía merecido por haber mezclado Bourbon con medicamentos contra el resfriado, pero entonces caí con un golpe sordo encima de una tarima de madera que me resultaba familiar. Había aterrizado en el Empty Bottle, un club de rock que hay cerca de mi bar. Junto a la puerta un montón de ejemplares del Chicago Reader de hacía varios meses. Entonces miré por la ventana y vi los árboles desnudos y los coches empolvados de nieve.

Cuando el grupo subió al escenario, me di cuenta de que ya había estado en ese concierto tres meses antes, en febrero. Una panda de adolescentes sin talento, que tocaban versiones de Liz Pahir como si no significaran nada, empezaron a afinar sus guitarras; me recordaron mogollón a lo gilipollas y engreídos que éramos mis amigos y yo a principios de los noventa."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Blackie Books