Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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miércoles, 9 de octubre de 2019

Reseña: Chica de campo.

CHICA DE CAMPO
MEMORIAS

Título: Chica de campo. Memorias. 

Autora: Edna O´Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por los más prestigiosos autores contemporáneos. O´Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó con Las chicas de campo (1960), que le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas que pueden leerse sin conocer el libro anterior, amplían las aventuras de las dos protagonistas de quella primera novela. Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esa primera obra, Edna O´Brien ha creado un corpus literario único, con novelas como Un lugar pagano y Las sillitas rojas. (Fuente: Editorial).


Editorial: Errata Naturae. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Regina López Muñoz. 

Sinopsis: toda la lucidez y la audacia de Edna O´Brien están presentes en sus deslumbrantes memorias. Esta "chica de campo" - nacida en 1930 en las profundidades de la Irlanda rural - dibuja ante nosotros el retrato de una mujer libre, de una creadora ferozmente apegada a su independencia. La primera novela de Edna O´Brien, Las chicas de campo, se publicó en 1960 y escandalizó tanto a la gente de su pueblo que el libro fue quemado en público en la plaza mayor. Hay en estas páginas mucho de acción y de reflexión, y una personalidad singularísima: conventos de monjas, fugas, divorcios, maternidad... Incluso locas fiestas en el Londres de lo años sesenta y encuentros con gigantes de Hollywood. Y también de manera central, amor. Mucho amor: feliz en alguna ocasión y, sobre todo, no correspondido. Chica de campo nos lleva a los prados irlandeses a Jackie Onassis, de los brazos de Robert Mitchum a Hillary Clintos, de sus pasos por Nueva York nevado a sus extraños encuentros en Paría con Samuel Beckett o Margueritte Duras, pasando por un sinfín de personajes míticos. Una narración embriagadora, mucho más apasionante que cualquier novela. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Interesante, absorbente, cargada de pasión, de superación, de honestidad, de amor por el oficio, apasionante... La escritora irlandesa Edna O´Brien llegó a mi vida como un torbellino. Reconozco que me pilló desprevenida, tanto que, al desconocer tanto su figura como su producción literaria en su totalidad, la sacudida no pudo ser más fuerte. En el primero de sus libros que leí - Las sillitas rojas - O´Brien me tendió la mano con una amabilidad pasmosa. Yo me dejé llevar y cogida fuertemente de su brazo nos vimos arrastradas por la fuerza del aire. En dicho remolino conseguí distinguir a una autora de una fuerza narrativa muy singular, con una personalidad propia y capaz de provocar reflexiones tan importantes como atemporales. Una vez finalicé aquel primer viaje, y a pesar de que posteriormente me enteré de que aquella no era su mejor obra - de lo cual estoy en parte de acuerdo - quise seguir descubriéndola. En esas estaba cuando, unos años más tarde, un segundo y más potente tornado irrumpió ante mis ojos. Su nombre, esta vez, era Un lugar pagano. Recuerdo la impaciencia con la que agarré su mano. Estaba deseando conocer una versión distinta de O´Brien, esa que los más puristas de la obra de la autora irlandesa consideran como la verdadera esencia de O´Brien, esa anclada a la tierra, al pueblo, a la hostil infancia protagonizada por prados verdes y una familia no del todo comprensiva. En definitiva, a ese retrato tan embaucador como desalentador de la Irlanda de principios de siglo XX. Su asfixiante microcosmos me recordó una vez más que, algunas las autoras y autores, toman prestados de su selectiva memoria recuerdos, vivencias, emociones, sensaciones experimentadas en el pasado para después plasmarlas sobre las blancas hojas de papel o expresarlas por boca de esa o ese protagonista ficticio. Edna O´Brien llegó a mi vida como un torbellino, como un huracán capaz de poner patas arriba mi biblioteca personal para hacerse un hueco al lado, nada mas y nada menos, que de Joyce Carol Oates, sin duda otra de las grandes. Hace tiempo que no regreso a ella - en concreto desde que leí la presente autobiografía que hoy tengo el placer de reseñar - y ni siquiera he sido capaz de acercarme a famosísima trilogía Las chicas de campo. He necesitado mi tiempo, mis jornadas de reflexión, de  mis tardes para ordenar pensamientos y redactar estas líneas concienzudamente. ¿Vértigo? Bastante, pero por Edna y su torbellino merece la pena. Chica de campo: la humildad y el respeto hacia su profesión y hacia sus propios recuerdos.


   Tal y como Edna relata en su autobiografía, nació en la profunda Irlanda, y como tal, estaba destinada a ser una chica de aldea. De esas que permanece anclada a las raíces de la tradición, preocupada por el qué dirán y que moriría en el mismo lugar que la vio nacer. Para O´Brien, Tuamgraney se convirtió en el cerrado microcosmos que la marcó de por vida y que posteriormente, aún habiendo abandonado definitivamente su país de origen, la siguió acompañando tanto literariamente como personalmente. Las novelas de O´Brien no podrían entenderse sin esa infancia rural marcada por un padre terco - y con constantes recaídas en el alcohol - una madre con la que encontraba cierta tranquilidad ante la intermitente ausencia de la figura paterna - y una férrea educación religiosa de la que siempre quiso escapar. Violencia silenciada, tardes monótonas, paseos por el campo y la imposición patriarcal de unos estudios - los de farmacia - para los que O´Brien no estaba destinada. Ese fue el caldo de cultivo de su gran debut literario en los años 60 - Las chicas de campo - el cual ella misma confiesa escribió en tan sólo tres semanas. Esta proeza no sólo supuso su peculiar salto de altura dentro del mundo de las letras irlandesas, también que los habitantes de Tuamgraney quemaran ejemplares de Las chicas de campo en la plaza mayor. En otras palabras, su inesperado éxito propició halagos y la cólera de su comunidad.

   Sin embargo, antes de comenzar su carrera literaria, la figura de Ernest Gébler - su marido - fue una especie de punto de inflexión en su vida. Divorciado, con un hijo, la familia de Edna O´Brien no lo veía con buenos ojos, aún así se casaron, se mudaron a Inglaterra y tuvieron dos hijos. El matrimonio duró tan sólo diez años, diez años marcados por la maternidad, el deterioro de la idea del "amor romántico" y los celos de su marido por su inesperado éxito profesional. En sus memorias, O´Brien relata su complicado proceso de divorcio, los problemas con la custodia de los hijos y sus reflexiones entorno a lo que dicha traumática experiencia le aportó a nivel literario - reflejado décadas después, por ejemplo, en Las sillitas rojas - como personal al despertar en ella la necesidad de abordar en sus obras la experiencia femenina entorno a temas como la amistad, el amor, la desigualdad  de género o la crianza de los hijos. Memorables fueron también, por otro lado, sus fiestas enmarcadas en el Londres de los años 60. Su residencia en la capital británica se convirtió en un hervidero de ideas gracias a la presencia de lo más granado de la élite cultural del momento. Unas fiestas en las que, como no, la propia O´Brien se dio de bruces con la hipocresía, las puñaladas por la espalda entre escritores y el consumo de LSD. Sin embargo, no todo fueron desgracias en la vida social e intelectual de la autora irlandesa. En Chica de campo ahonda en algunas de sus amistades mas duraderas, como la que mantuvo con el fallecido escritor norteamericano Philip Roth - cuya relación destilaba respeto y admiración mutua - en anécdotas la mar de curiosas - como la vez que compartió mesa con Jack Nicholson y Hillary Clinton - y en sus encuentros fugaces con personalidades de la talla de Paul McCartney, Jane Fonda, Marlon Brando o Judy Garland. Lejos de darse aires de superioridad, O´Brien trata de desmitificar el glamour para otorgarle la naturalidad que se merece. Porque por muy estrellas que sean, al fin y al cabo, son personas, de carne y hueso y con las que podemos tener en común infinidad de hobbies y opiniones.


   A todas y a todos nos cuesta ser sinceros con nosotros mismos y auto evaluarnos desde la sinceridad más descarnada. Esta frase que parece sacada de cualquier charla sobre empleabilidad - lo cual es cierto - o de alguna conferencia-tertulia automotivacional tan en boga en los tiempos que corren. Pero, la verdad es que es completamente cierto, y más cuando lo trasportamos del ámbito psicológico al literario. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en la literatura de terror. ¿Por qué hay tan poca? ¿Por qué no es un género de masas? ¿Por qué está tan desprestigiado por el público más generalista? ¿Por qué no tiene el mismo prestigio que por ejemplo la novela histórica? ¿Por qué existe una baja tasa de escritoras/es que se dedica de pleno a desarrollar su carrera literaria entorno al terror? La respuesta parece compleja, pero en realidad no lo es, ya que sólo tenemos que observar lo mucho que nos cuesta admitir nuestras debilidades, fobias o miedos. Las buenas novelas y relatos de terror, por mucho que algunas y algunos digan lo contrario, se escriben desde las entrañas y desde los pequeños o grandes temores que la autora o autor en cuestión posee en su interior. Cuanto más verdadero, más sincero, más real es ese miedo, más verosímil y mayor capacidad de empatía se conseguirá por parte del lector. Lo mismo sucede con otro de los géneros más interesantes y al mismo tiempo más infravalorados del mercado editorial: las autobiografías. Si una biografía ya resulta de por si interesante - aunque en los últimos tiempos ha proliferado, por desgracia, una infame corriente en busca del morbo o los detalles menos importantes  de dichos textos - una autobiografía lo es todavía mas, ya que es el propio escritor (en este caso escritora) la que se desnuda personal, emocionalmente y profesionalmente ante el lector. Cosa que no siempre es cómoda y que, como sucede con la literatura de terror, resulta una tarea compleja. No todo el mundo es capaz de contar su vida en un puñado de páginas, y menos cuando eso implica hablar de los aspectos que te han hecho llegar hasta el punto vital en el que te encuentras, aspectos que, en algunas ocasiones, forman parte de traumas o episodios de los que se ha tratado de huir u olvidar por el motivo que sea. De ahí que las autobiografías posean un carácter emocional bastante catártico que, de cara a la investigación más intelectual, también pueden resultar de gran utilidad. La autobiografía es el espejo, más o menos sincero, de ese ídolo al que tanto amamos, de esa personalidad que nos atrae por cualquier circunstancia, de ese personaje detestable en muchos aspectos pero que, sin embargo, no podemos despegar los ojos de las hojas en las que plasma sus anécdotas. Todo eso y más es una autobiografía, que en el caso de Edna O´Brien - una de las autoras irlandesas más importantes a nivel internacional - nos regala con una pasmosa honestidad un pedazo de si misma. El resto de piezas debemos buscarlas entre Irlanda, Inglaterra y en los corazones de algunos de los que la conocieron y siguen siendo sus compañeros de tertulias u confesiones más allá de lo puramente literario. Dicho esto, y a pocas horas de que se conceda el doble Premio Nobel de Literatura - además de Margaret Atwood o Joyce Carol Oates - no estaría mal que Irlanda recibiese, gracias a O´Brien un reconocimiento literario tan prestigioso. Desde 1995 ninguna autora o autor irlandés se ha alzado con dicho galardón. Puestos a soñar, ¿por qué no un Nobel para Edna O´Brien?

  Chica de campo: una autobiografía sincera, verdadera, rural, cosmopolita, muy pegada a la realidad, con un principio, un nudo y un desenlace todavía abierto... Un libro en el que queda muy claro que Edna O´Brien siempre será una "chica de campo."

Frases o párrafos favoritos:

"Aquel día de agosto de mi septuagésimo octavo año de vida me senté para empezar las memorias que me había jurado no escribir jamás."

"Como escritora se me consideraba lasciva e irracional, con una gama de temas estrecha y obsesiva, una mera mezcolanza de tópicos destinada a los extranjeros. Según las críticas, no era capaz de poner ninguna experiencia en perspectiva; la misma historia se repetía hasta la saciedad. Una periodista inglesa, de evidente ascendencia irlandesa, juzgaba mi prosa de "asfixiante", y, con la sensibilidad de una chismosa provinciana, afirmó que había hecho bien en irme de Irlanda."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

viernes, 23 de febrero de 2018

RESEÑA: Un lugar pagano.

UN LUGAR PAGANO

Título: Un lugar pagano.

Autor: Edna O´Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por sus más relevantes autores contemporáneos. O´Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo, en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó con Las chicas del campo (1960), que le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. La chica de los ojos verdes y Chicas felizmente casadas, que pueden leerse sin conocer el libro anterior, amplían las aventuras de las dos protagonistas de aquella primera novela. Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esta obra, Edna O´Brien ha creado un corpus literario único: con novelas como A Pagan Place, el libro de relatos Saints and Sinners, una obra de teatro sobre Virginia Woolf y dos importantes biografías sobre James Joyce y Lord Byron respectivamente. (Fuente: Errata Naturae).


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: inglés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: una joven recuerda su difícil, y a la vez fascinante, niñez en la Irlanda rural de los años treinta y cuarenta: los rituales de la vida en el pueblo, las personas que conoció y amó, la encantadora belleza del paisaje. Pero también recuerda qué la llevó a abandonar su hogar para siempre, aquel instante exacto: el indecible misterio de su familia. En esta extraordinaria novela autobiográfica, Edna O´Brien nos habla acerca de la sexualidad y la muerte, la familia y la iniciación a la vida. (Fuente: Errata Naturae).

Su lectura me ha parecido: dura, fascinante, costumbrista, trasgresora, poética, perturbadora, hostil, intensa...Cuando el lector piensa en literatura irlandesa, inmediatamente se le vienen a la cabeza varios nombres: Oscar Wilde, Jonathan Swift, Bram Stoker y el todopoderoso James Joyce. El primero de ellos, aunque muchos crean erróneamente que es inglés, debe su fama a grandes obras como El retrato de Dorian Gray o su extensa epístola De profundis entre otras y a su condición de homosexual, la cual le trajo a lo largo de su vida más de un problema. El segundo, recordado por todos por Los viajes de Gulliver, obra que eclipsó a una extensa producción literaria entre la que podemos encontrar desde tratados políticos a mordaces sátiras. El tercero, al igual que Wilde y Swift, y aunque escribiese quince novelas más, Drácula sepultó a todas ellas y devoró el resto de facetas que Bram Stoker había demostrado como novelista. Tal fue el éxito de Drácula que minó el impacto  del Carmillla de Joseph Sheridan le Fanu, Irlandés también, publicada años antes que el pelotazo de Bram Stoker. Y el cuarto ¿Qué decir del cuarto? Es tal la leyenda negra que pesa sobre sus libros, en especial sobre su Ulises, que muchos lectores a lo largo de la historia se lo han pensado dos veces antes de atreverse con su descomunal lectura. Detalles como que en sus páginas se encuentra el monologo interior más pesado y famoso de la literatura universal, la existencia de un alto porcentaje de lectores que han dejado a medias su lectura o que varios expertos literarios han dictado sentencia afirmando que Ulises se ha quedado anticuado para los parámetros en cuanto a literatura en el siglo XXI han conseguido disuadir y temer a Joyce. Sin embargo, y a pesar de esa mala fama que acompaña a sus novelas, Dublín se ha rendido ante su talento recordándolo en cada plaza, en cada esquina, erigiendo estatuas de sus personajes o colocando placas con pasajes de algunas de sus obras clave. Algo tenía que hacer la ciudad de Dublín, pues gracias a Joyce, ésta es conocida mundialmente como ciudad literaria. Tras estos nombres de hombre, de pronto, una servidora se topa con la primera mujer de la lista. Su nombre, Edna O´Brien, natural de Tuamgraney y que tras una larga carrera literaria, hace unas semanas, le han concedido el PEN /Nabokov for International Literature, uno de los premios literarios más prestigiosos a nivel internacional. Hoy, en Jimena de la Almena, volvemos a Irlanda reseñando uno de sus libros más conocidos y hasta entonces inédito en España. Un lugar pagano: belleza y hostilidad juntas de la mano.


La historia de como este libro llegó a mis manos, y de paso, a mi adorada estantería es bien sencilla. Aunque para hacerlo bien y no pasar directamente al final de este relato, debemos comenzar por el momento en el que descubrí a Edna O´Brien. El año pasado, tras haberme estremecido con la lectura de Vivir, de Anise Postel-Vinay en colaboración con Laure Alder, y tras haber redactado y publicado su correspondiente reseña, llegó el momento que todo crítico literario espera, el momento de elegir que nueva lectura ocupará las próximas noches de lectura. En aquel momento, no se exactamente por qué, una servidora se decantó por un libro que en aquellos momentos se estaba promocionando bastante, uno titulado Las sillitas rojas, escrito por una tal Edna O´Brien. La biografía de la autora y la sinopsis de la novela fueron suficientes para convencerme, por lo que más pronto que tarde, pude hacerme con uno de aquellos ejemplares. Como ya comenté en su momento, jamás había oído hablar de esta escritora irlandesa, como tampoco de su producción literaria, la cual al parecer es bastante extensa. De entre todos sus libros publicados había ido a parar con uno de los últimos que había escrito, y aunque al parecer las críticas fueron bastante dispares, lo cierto es que Las sillitas rojas me gustó bastante. Fue interesante adentrarme en el tema de la guerra de las guerras yugoslavas, y el tratamiento de la palabra guerra en general, desde una perspectiva bastante inusual, lo cual me dejó impactada además de hechizada. Tras aquella lectura me hice la promesa de que leería más libros de Edna O´Brien, sobre todo los que se corresponden a su periodo irlandés, los cuales, según los lectores, eran los mejores de la autora. Sin embargo, lo que pasa siempre, las necesidades lectoras van cambiando en función de múltiples causas, por lo que durante un tiempo ese interés por los libros de Edna O´Brien quedó en un segundo plano. La cosa siguió así hasta que, en septiembre del año pasado, Errata Naturae anunció la publicación de Un lugar pagano, una de las novelas más importantes de O´Brien. En cuanto conocí la noticia a través de las redes sociales los ojos me hicieron chiribitas, además, como resistirse a esa edición tan cuidada, con una portada tan idílica como misteriosa. Por ello, en cuanto tuve la oportunidad, conseguí hacerme con uno de aquellos bellos ejemplares para leerlo de inmediato. Cuando por fin finalicé la lectura de su última página comprendí por qué los lectores decían que Las sillitas rojas era su peor novela y por qué la etapa irlandesa es la mejor de todas.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Un lugar pagano presenta una lectura amena, extraordinariamente psicológica e intimista. Pero sin duda, lo que más llama la atención cuando uno se adentra en sus páginas es esa extraordinaria narración en segunda persona con la que la autora nos muestra, a fin de cuentas, la vida en la Irlanda rural de los años 30 y 40 del siglo XX. Un lugar pagano no nos parecería ni psicológica ni intimista hasta el extremo sin el uso de una segunda persona muy particular, la de alguien que conoce perfectamente a la protagonista, su entorno, los personajes que la rodean y las costumbres del lugar. En un curso de escritura creativa que realicé el año pasado la profesora comentó la complejidad del uso de la segunda persona a la hora de construir un relato, y razón no le faltaba. Sin embargo y en vistas que Edna O´Brien la ha usado, y sin perder la tensión narrativa, para escribir nada más y nada menos que 251 páginas, no descarto en tener este libro como referente en un futuro no muy lejano en cuestiones de escritura. ¿A quién se dirige ese narrador en tono maternalista? ¿Quién es ese tú? No sabemos su nombre, pero si sabemos que se trata de una niña primero y joven después, atrapada en las costumbres de una aldea perdida en la inmensidad de la Irlanda rural, cuyos actos y educación se rigen por la fuerte presencia de la religión en la sociedad y por el qué dirán y que sufre en carne propia el estancamiento social al que se ve abocada sin remedio. No se nos presenta a una niña especialmente infeliz, todo lo contrario, pues durante la infancia se deja llevar por la dinámica del pueblo y por las enseñanzas de la iglesia, las cuales, rigen con firmeza las vidas de sus habitantes. Sin embargo, y a medida que nos vamos acercando a la adolescencia, aquella niña comienza a cuestionar lo asimilado desde su nacimiento y a querer escapar de todo aquel encorsetamiento social, alejarse de su hogar, vivir nuevas experiencias que en su aldea se considerarían inmorales. Estamos, por tanto, ante una novela de aprendizaje constante, de evolución, de un viaje hacia las profundidades del ser humano desde todos sus prismas. Como de lo estrictamente correcto pasamos al surgimiento de temas como el deseo sexual, tan presente en la novela, al que Edna O´Brien lo ensalza como un símbolo de libertad y liberación femenina frente a esa sociedad aparentemente castrada. Es lógico que el lector que haya leído algo más de Edna O´Brien se aventure a pensar que Un lugar pagano tiene toques autobiográficos, y no iría tan mal desencaminado al parecer. No hay más que detenerse en la breve biografía de la solapa para comprender como O´Brien ha sabido convertir sus experiencias personales más íntimas en la inspiración para sus libros, algo que, a todos los efectos, garantiza morbo pero también un toque personal indudable. En Un lugar pagano, O´Brien construye la novela a través de imágenes que se suceden a lo largo de la novela, las cuales ilustran la vida en la aldea, sus vecinos, sus casas, la iglesia...Pero también la paradoja que sobrevuela el libro: como el entorno más bello, que de hecho así será, puede ser también el más hostil. Como esos paisajes verdes que tanto caracterizan a Irlanda se convierten de pronto en la cárcel más insoportable. A esto último en particular ayuda la esplendida construcción de los personajes que, aunque arquetipos de la novela irlandesa de aquellos años (una madre ama de casa conciliadora, un juez de paz alcohólico como padre, una hermana con deseos de conocer la ciudad, la inflexible maestra o el cura hipócrita y de oscura personalidad), despliegan ante el lector un abanico de posibilidades infinitas. Por último señalar, sin hacer spoiler alguno, que el final de Un lugar pagano se intuye desde el principio, pero Edna O´Brien consigue que éste adquiera un matiz cuanto menos sorprendente.


Como es lógico, una servidora no puede dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre un tema importante y que en cierto modo nos concierne a todos. En Un lugar pagano Edna O´Brien nos adentra en un ecosistema muy particular: el de la Irlanda rural de los años 30. Pequeños núcleos de población que sobresalen entre infinitas praderas y frondosos bosques en los que la tradición y la religión imponen su ley, y en aquellos tiempos más férrea si cabe. Todos o al menos la mayoría de los lectores ha leído o conoce Las cenizas de Angela, las memorias noveladas de Frank McCourt que se adaptarían a la gran pantalla en el año 1999, por lo que podemos hacernos una idea de cual era la situación en la que muchos irlandeses se encontraban por aquel entonces. Dicha miseria y apego a la religión adquirían una dimensión más acentuada en el campo, en donde además, la tradición impone comportamientos adecuados y comportamientos inadecuados que afectan a todos sus habitantes. Una realidad de la que no escapaba ninguna población pequeña, ni siquiera en los países de al rededor, sin ir más lejos, en España la cosa no era tan distinta a la realidad de la Irlanda de principios de siglo XX. Sin embargo, en lo que a comportamientos se refiere, existía y sigue existiendo una diferencia abrumadora, y es que las mujeres, en estos temas, siempre han sido las peor paradas. Un lugar pagano lo refleja perfectamente, mientras los hombres, a pesar de que debían obedecer la palabra de dios, gozaban de una mayor libertad (trabajando más al aire libre, la posibilidad de aspirar a trabajos más allá del agrícola, un mayor número de espacios de sociabilidad o el desempeño de cargos en asociaciones culturales o sindicatos entre otras actividades) las mujeres estaban obligadas a una mayor reclusión en el hogar (cuidado de hijos y casa), a que sus espacios de sociabilidad fuesen muy limitados y a que, en el caso de que trabajasen fuera de casa, no les pagasen o que su sueldo fuese mísero. A eso no ayudaba el hecho de que, en ciertos lugares, las propias fiestas patronales implicase una cosificación de la figura femenina (no debemos de olvidar la puja de mujeres que ha decidido recuperar el pueblo granadino de Lecrín o el "no pasa nada, estamos en fiestas" que resta importancia a comportamientos machistas durante los días grandes). Por no hablar de las pocas posibilidades de prosperar para una mujer si ésta vive en el campo, acatando una serie de normas que impone la tradición, sin la opción, en muchos casos, de aspirar a algo más o al menos de poder rebelarse contra lo establecido. Y pobre de la que no comulgue con todo eso, pues, el castigo y escarnio público es mayor que si lo hace un hombre. Todo eso unido a la influencia de la religión convierten a estos lugares en cerrados microcosmos donde la hipocresía y la falta de libertad campan a sus anchas. Afortunadamente en la actualidad son muchos los pueblos que se están abriendo al mundo y que poco a poco se van desprendiendo de esos comportamientos y tradiciones machistas. Sin embargo, todavía hay lugares que se resisten al cambio y en donde los roles de género todavía siguen siendo similares a los de los años 30. Si algo enseña Un lugar pagano es que lugares como el que nos muestra en la novela, esa aldea perdida de la Irlanda profunda, existen, y más cerca de lo que nos podemos imaginar. Un lugar pagano: una historia de normas, religión, naturaleza, campo, pobreza, prejuicios, ansias de libertad, despertar sexual, represión...Un relato tan bucólico como perturbador.

Frases o párrafos favoritos:

"Dejaste de tomar dulces. Te impusiste tareas, penitencias. Cuando sentías el impulso de hablar te mordías la lengua. Hacías siempre lo contrario de lo que querías hacer. Observabas al carnicero trocear, hasta que el hacha penetraba en la grasa y el hombre asestaba los golpes últimos y fundamentales, observabas los moscardones, observabas todo aquello que aborrecías. Hervías cabezas de cordero para los puerros. Sus ojos te devolvían la mirada cuando tapabas la cazuela. Cuando decidiste asistir a un baile tus padres pensaron que te había poseído un diablillo, pero el verdadero motivo es que tendrías que hacer cabriolas y dejarte abrazar por hombres que te repugnaban."

Película/Canción: aunque no existen noticias de una posible adaptación cinematográfica, aunque debería hacerse más pronto que tarde, os adjunto esta pieza de baile irlandesa que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

martes, 21 de marzo de 2017

RESEÑA: Las sillitas rojas.

LAS SILLITAS ROJAS

Título: Las sillitas rojas.

Autor: Edna O´Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por sus más relevantes autores contemporáneos. O´Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo, en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó con Las chicas del campo (1960), que le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. La chica de los ojos verdes y Chicas felizmente casadas, que pueden leerse sin conocer el libro anterior, amplían las aventuras de las dos protagonistas de aquella primera novela. Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esta obra, Edna O´Brien ha creado un corpus literario único: con novelas como A Pagan Place, el libro de relatos Saints and Sinners, una obra de teatro sobre Virginia Woolf y dos importantes biografías sobre James Joyce y Lord Byron respectivamente.


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: inglés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: una noche, en pleno invierno, un misterioso extranjero llega al pintoresco y monótono pueblo irlandés Cloonoila. Maduro, atractivo y carismático, el doctor Vladimir Dragan es tanto poeta como sanador; un "curandero" seductor y muy singular. Su presencia será recibida como una excitante novedad en el pueblo, y con su encanto, hechizará la vida de sus habitantes, sobretodo la de las mujeres. Desde su Irlanda natal, O´Brien recorre Europa para mostrarnos un portentoso viaje sobre el mal, la mentira, el dolor, y en última instancia, el poder redentor de los afectos, dibujado ante nosotros el retrato de un buen puñado de personajes fascinantes.

Su lectura me ha parecido: intensa, delicada, sutil, triste, reflexiva, audaz, compleja, impactante, necesaria...Como ya comenté en la reseña de Manual para mujeres de la limpieza, el 2016 fue un año en el que los acontecimientos se siguieron de una forma más vertiginosa si cabe, uno tras otro, como si no hubiese un mañana. De entre todos ellos, como cabía de esperar, hubo uno que logró quedarse en mi, forjando con el paso de los meses, una personalidad y una forma de pensar que hasta ese momento no había manifestado tan públicamente. Sabía que estaba ahí, y que tenía que salir, algo que finalmente sucedió gracias a la lectura de algunos libros, a unas clases en el máster y a un autodidáctico interés por seguir aprendiendo por mi cuenta sobre un tema que nos concierne a todos. A raíz de ese acercamiento a las teorías, las feministas por supuesto, yo misma me empujé a leer más libros escritos por mujeres. Novelas que, en su mayoría, abordan, con mayor o menor maestría, la condición de la mujer desde la mirada de un tiempo concreto del pasado. Me alegra observar como han habido cambios, mejoras, que la situación de la mujer es bastante distinta a como la pintan las escritoras del XVIII, XIX o principios del XX por ejemplo. Sin embargo, siento un escalofrío cuando percibo como ciertos comportamientos, estereotipos, tradiciones, vocabulario, frases o roles se siguen reproduciendo incluso en pleno siglo XXI. Por ello, además de concienciar y servir de altavoz de estas injusticias, es necesario leer a mujeres, leer sus novelas, atesorar su literatura, como también su crítica a la sociedad que les tocó vivir. El libro que hoy tengo el placer de reseñar, está escrito por una irlandesa nacida en los años 30 del pasado siglo XX, que estudió en contra de su voluntad una carrera a la que tradicionalmente se asocia con el género femenino y que en los años 60 derramó su crítica e imaginación sobre una serie de novelas que evidenciaban la complicada situación de la mujer en el mundo agrario. Hoy, tras ese éxito editorial, Edna O´Brien nos regala un nuevo libro, en clave femenina, en calve crítica, titulado Las sillitas rojas: tragedia, refugio y redención en un mismo texto.


La historia de como Las sillitas rojas llegó a mis manos tiene su origen en una mirada, en un simple movimiento, en un chispazo de desbordada curiosidad. Hace un tiempo que comencé a colaborar con la editorial Errata Naturae, cuyos libros habían logrado cautivarme enormemente, y tras la última reseña me dispuse a ojear las últimas novedades en su correspondiente página web. Acto seguido, se produjo una especie de revelación, un destello de alegría y curiosidad de apoderó de mi. Edna O´Brien, la gran dama de la narrativa irlandesa, había publicado nueva novela, cuya historia no podía ser más prometedora. Lo cierto es que, y esto tengo que decirlo, sinceramente no había escuchado hablar de O´Brien hasta que comencé a colaborar con Errata Naturae. No se si es porque Irlanda, ese país tan verde al norte de Europa, nos pilla demasiado lejos o porque sus novelas en su momento no tuvieron gran impacto en España. Pero la verdad es que desconocía por completo la producción literaria de esta escritora. Una vez ves el libro por primera vez, Las sillitas rojas en concreto, poblar durante algunas semanas las estanterías de las librerías más importantes de tu ciudad, te das cuenta de que no te encuentras ante una novelista de tres al cuarto, sino de una profesional dentro de este arte. La publicación de esta novela se celebró con gran entusiasmo, algo que, en cierto modo, me empujó a saber más sobre O´Brien y a buscar la sinopsis de sus otras novelas publicadas en la década de los 60. Después de esa pequeña búsqueda de información y una vez satisfecha mi curiosidad intelectual, sentí que Las sillitas rojas era el libro que tenía que leer. Al cabo de unas semanas el libro apareció en el buzón, perfectamente presentado y acompañado de una breve relación de críticas y biografía de la autora, la cual, ya conocía de antemano. Tardé un tiempo en leerlo, lo reconozco, pero cuando por fin abrí el libro por la primera página, supe que aquello se iba a convertir en una especie de iniciación, de principio, de comienzo. Ahora, pasado un tiempo, estoy deseando leer el resto de su interesante producción literaria.


Continuando con la crítica a la novela, comenzaremos diciendo que Las sillitas rojas presenta una lectura ligeramente densa, muy bien estructurada y realmente compleja. Edna O´Brien, y eso lo saben los que se han atrevido con alguna de sus novelas, tiene un estilo muy particular. Rico en matices y en técnicas narrativas, pero del que a la vez, subyace una crítica a la sociedad y ciertos temas de rabiosa actualidad que unas veces te los esperas y otras no. Con esto no quiero decir que Las sillitas rojas sea una novela predecible, sólo que se nota enseguida, nada más comenzar su lectura, cuáles van a ser en un principio los temas a criticar, aunque, como ya he apuntado, Edna O´Brien demuestra ser toda una caja de sorpresas. En cuanto a la historia, nos topamos con una narración dividida, cual obra de teatro, en tres actos perfectamente diferenciados entre si. Iniciando con un tono concreto y evolucionando a algo más íntimo y con cierto carácter redentor. Esto sin duda, facilita al lector a seguir una historia de gran complejidad y a mantenerlo hasta la última página, aunque, eso si, Las sillitas rojas no se define como trepidante, ni mucho menos. Por otro lado, y esto es tal vez lo más llamativo dentro de la novela, el factor sorpresa juega un papel fundamental. Esto se aprecia por un lado en la propia trama, cuyo inicio podría recordarnos un poco a aquellas novelas del siglo XIX muy críticas con la situación de la mujer en esas sociedades tan tradicionales, de hecho, la propia protagonista, Fidelma McBride, nos remite ligeramente a la inmortal Madame Bovary en ciertos momentos de la historia. Con esta premisa, es lógico que el lector piense que se encuentra ante una novela nostálgica del género, pero, sin embargo, esto cambia a medida que uno va avanzando en la lectura, descubriendo que lo que se mostraba al principio y esa idea preconcebida cambia de forma fulminante en el segundo y tercer acto. Por supuesto no voy a revelar los detalles, pero os anticipo que O´Brien logra quitarnos de la cabeza esos convencionalismos literarios a los que estamos tan acostumbrados. Seguidamente, la sorpresa narrativa también se percibe en los temas que la autora aborda, y de nuevo, esa primera impresión de que en Las sillitas rojas sólo hablará sobre los problemas de la mujer en el mundo rural queda completamente relegada, no a un segundo plano, pero casi. Que comiences siendo testigo de esa denuncia ya mencionada y que, de pronto, entren en juego temas como los horrores de la guerra o los traumas de ésta, no hace sino engrosar el mérito de esta novela, pero también, de esta autora. Finalmente, sólo me cabe reconocer el acierto en narrar esta historia en tercera persona, algo que, además de lo ya mencionado, le imprime un punto de misterio que el lector puede resolver a medida que avanza la trama.

En lo que respecta a la reflexión personal, es inevitable que, y más tratándose de esta novela, acabemos hablando de un tema fundamental, de esos incomodos, de los que actualmente parece que nadie quiere hablar ni ver. Hablamos, como no, de la guerra. Esa palabra cargada de connotaciones y significados que sobrevuela sobre este libro como un elemento punzante y que nunca desaparece, aunque muchos se empeñen en lo contrario. La guerra está muy presente en Las sillitas rojas, tanto que ya desde el comienzo mismo de la novela, la autora decide trasladarnos a un momento de conmemoración, de recuerdo, de memoria. El 6 de abril del año 2012, en una de las calles principales de Sarajevo, se colocaron 11.541 sillas rojas con el fin de conmemorar el vigésimo aniversario del inicio del famoso asedio a la ciudad por parte de las fuerzas serbobosnias, una por cada habitante asesinado durante los días que duró dicho acontecimiento. Esto quedó retratado para la posterioridad en los periódicos de todo el mundo, y que en el blog, he creído conveniente incluir en esta reseña. Ese inicio, esa instantánea simbólica, sirve a la autora como pretexto para ahondar en temas clásicamente relacionados con la guerra con una mirada tremendamente universal. Las guerras, queridos lectores, son atemporales. Da igual en el siglo en el que acontezcan o las armas que se empleen, lo que une a todas ellas son los motivos, los cuales, parecen repetirse, una y otra vez, a lo largo de la historia. Ya sea por intereses económicos, ya sea por un sentimiento imperialista, ya sea por cuestiones raciales, ya sea por la razón que sea, siempre desembocan en lo mismo y en las mismas consecuencias para quienes tienen la desgracia de ser testigos de ella. Quien ha vivido la guerra, vivirá con ella siempre, eso es cierto y nunca logra superarse del todo. En Las sillitas rojas nos topamos con un coro de supervivientes, que han tenido que empezar de cero en otro país, lejos de su verdadero hogar, algunos de ellos con dificultades añadidas. Y nos topamos, para más complejidad, en un contexto de globalización, donde gente de diferentes culturas se encuentra en un mismo lugar y en donde comparten sus dolorosas experiencias, dejando brotar la nostalgia o la solidaridad. Las sillitas rojas hace una clara referencia a la Guerra de Bosnia, pero también, en ese intento por universalizar las dimensiones de las palabras y lo que conllevan, nos habla del presente, de la Guerra de Siria, de los refugiados que cruzan el mar para huir del horror, dejando atrás su vida, desprendiéndose de sus raíces.  Es necesario leer sobre estos temas, y más aún, desde la perspectiva que sólo una autora como Edna O´Brien podía narrar. Las sillitas rojas: una historia de amor, lucha, traumas, recuerdos, compañerismo, luz, solidaridad, redención...Una novela rabiosamente actual que reflexiona, pero también, conciencia.

Frases o párrafos favoritos:

"- ¿Por qué tanta hostilidad?
 - Pues...así son las cosas por aquí...mentiras...hipocresía...amargura...no nos fiamos de los demás...nos deprimimos...le echamos la culpa al clima...reservamos paquetes turísticos o a destinos con buen tiempo...volvemos a casa...no es el clima...somos nosotros."

Película/Canción: todavía no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva, y aunque en el libro haya hueco para la esperanza, os adjunto la pieza que ha ido acompañándome a lo largo de la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae