Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 17 de enero de 2020

RESEÑA: Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío.

SIEMPRE LA MISMA NIEVE, Y SIEMPRE EL MISMO TÍO

Título: Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío.

Autora: Herta Müller (Nitzkydorf 1953), descendiente de suabos emigrados a Rumanía, es uno de los valores más sólidos de la literatura rumana en lengua alemana. Estudió Filología Germánica y Románica en la Universidad de Timisoara y se vio obligada a salir de su país por su relevante papel en defensa de los derechos de la minoría alemana. Desde 1987 vive en Berlín. Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009, ha sido galardonada también con los premios Aspekte (1984), Ricarda Huch (1987), Roswitha von Gandersheim (1990), Franz Kafka (1999) y Würth (2006), entre otros. En 2015 le concedieron el Premio Heinrich-Böll. Es autora de El hombre es un gran faisán del mundo, En tierras bajas, La piel de zorro, Todo lo que tengo lo llevo conmigo, Hoy hubiera preferido no encontrarme a mi misma, El rey se inclina y mata, La bestia del corazón, Hambre y seda, En la trampa y Mi patria era una semilla de manzana. (Fuente: Editorial).


Editorial: Siruela.

Idioma: alemán.

Traductora: Isabel Díaz Adánez

Sinopsis: El discurso de agradecimiento que dio Herta Müller al recibir el Premio Nobel de 2009 comienza así: «La peripecia de una niña que cuida vacas en un valle hasta llegar aquí, hasta el Ayuntamiento de Estocolmo, es muy extraña». No hay textos que expliquen mejor que sus ensayos ese camino desde la aldea rumana hasta el mundo de la gran literatura. La obra de Herta Müller es una construcción rica y compleja que se nutre de sus experiencias, y como tal refleja la profunda sensibilidad de una autora que se ha posicionado con firmeza para defender sus ideales más allá de la esfera política, como una forma de concebir el mundo. En los textos que componen este libro habla de su niñez y de su juventud, relata la persecución que sufrió por parte de los servicios secretos, reflexiona sobre cuestiones de su propia escritura y comenta las lecturas de autores clave para ella por su faceta literaria o política. Una obra imprescindible y muy personal de una de las autoras más lúcidas e importantes de nuestros días. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: sorprendente, muy interesante, en donde los elementos autobiográficos se filtran a través de formas pertenecientes a la ficción, lírica, sencilla, un descubrimiento, capital para conocer en profundidad la obra y la biografía de la Premio Nobel de Literatura... Cuando el lector se aproxima a una obra en concreto lo hace movida o movido por mil y un intereses. Es posible que haya dado con ese libro por recomendación de una persona cercana, por el boca a boca de las redes sociales - tan habitual en los tiempos que corren - o simplemente por el mero capricho de disfrutar de un buen texto. Los hay que leen obligados, cansados, por compromiso; pero también por afición, pasión o un particular interés intelectual. También existen los que, selectivamente, eligen sus lecturas en función de los gustos o apetencias que en ese momento saben que deben satisfacer, como quien come porque tiene el estómago vacío. Pueden guiarse a partir de los géneros en los que se sienten como peces en el agua, por esa autora o autor que les mantuvo en vilo hasta las tantas de la madrugada, por el interesante tema que dicho libro aborda críticamente o con precisión, o simplemente porque quieren matar el aburrimiento con una historia que no les haga pensar mucho; por lo que en este caso no todos las novelas o ensayos valen. Y por último, están los que siempre van más allá de las palabras escritas, los que se quedan horas y horas reflexionando sobre lo que acaban de leer, los que leen con un ojo siempre puesto en cuestiones como el contexto histórico, la vida de la escritora/or de turno o la visión que ésta o éste tiene sobre determinados debates y como éstos pueden o no encajar en el mundo que nos rodea. Oscilando entre categorías se halla una servidora. Hay momentos en los que, por A o por B, me apetece adentrarme en historias que abordan temas muy determinados, como de pronto me apetece algo más ligerito en épocas en las que siento que la cabeza me va a explotar. Sin embargo, siempre acabo haciéndome muchas preguntas, demasiadas tal vez, pero ninguna con menos valiosa que la anterior. ¿Qué habrá pensado al escribir esto? ¿En qué lugar suele trabajar? ¿Acompañará sus quebraderos de cabeza con un música de fondo? ¿Con una taza de café tal vez?¿O con algo más fuerte? ¿Cómo se le ocurrió eso? ¿Cuántas veces habrá sufrido el síndrome de la importora/or? ¿Lo habrá soñado? ¿Lo habrá escuchado furtivamente mientras caminaba por la calle o en el transporte público? ¿Cuánto tiempo le llevo la investigación?... Y lo más importante: ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿En qué medida su vida ha marcado su literatura? Para estos y otros interrogantes del estilo tenemos libros como el que hoy tengo el placer de reseñar. Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío: la escritora tras el Premio Nobel de Literatura 2009.


   Lo reconozco. El título de este libro no puede ser más llamativo. Aún recuerdo la cara de prima que se me quedó la primera vez que vi este libro en una librería. No sabía qué pensar. ¿Era una broma o simplemente la autora tiene un don maravilloso para ponerle nombre a sus criaturas literarias? En cuanto pude, por fin, dedicarle tiempo y días a su lectura descubrí que así también se titula uno de los numerosos textos que componen el volumen, un escrito que, si bien es brillante, resume a la perfección su razón de ser en el panorama literario actual. Autora de importantes novelas, articulista, conferenciante y reconocida con algunos de los premios más importantes - incluyendo el Nobel - Herta Müller es una de las quince mujeres en recibir el máximo galardón de las letras a nivel internacional. Sin embargo, y antes de adentrarnos en la crítica propiamente dicha, debemos en primer lugar ahondar brevemente en la biografía de dicha escritora. Herta Müller nace en el año 1953 en Nitzkydorf, un pequeño pueblo situado al suroeste de Rumanía. Descendiente de inmigrantes suabos, Müller pertenecía a la minoría alemana asentada en la región desde hacía varios siglos. Nieta de un granjero cuyas tierras fueron expropiadas por el régimen comunista e hija de una madre deportada a la Unión Soviética en 1945 donde pasó cinco años en un campo de trabajo y de un padre camionero y exmiembro de las SS que curaba su cargo de conciencia aferrado a una botella de alcohol, Herta creció rodeada de silencios y numerosos tabúes entorno al pasado de su familia. Ya en la universidad, y tras haber aprendido rumano en la escuela, Müller acudía asiduamente a las reuniones de un grupo de escritores rumano-alemanes. Tiempo después, dichos encuentros acabaron conformando lo que se conoce como el círculo literario "Adam Müller-Guttembrunn" en el que Müller era la única mujer. Tras negarse a colaborar con el servicio secreto de la dictadura, Herta fue despedida de la fabrica en la que trabajaba como traductora técnica. Es entonces cuando las amenazas y los interrogatorios de la Securitate se sucedieron. Hasta tal punto llegó la situación que Müller tomó la decisión de exiliarse a Alemania Occidental junto a su marido y su madre. Una vez allí no cesó en su empeño por denunciar las atrocidades que el régimen de Cartaescu estaba cometiendo contra sus ciudadanos, una lucha que se prolongó más allá de la caída del muro de Berlín o la desmantelación de la URSS. En lo que a su carrera literaria se refiere, aunque desde bien pequeña manifestó un especial interés por las lenguas y la escritura, no fue hasta que comenzó a trabajar en la fábrica técnica de Tehnometal cuando empezó a escribir las primeras líneas de una extensa carrera literaria. En cuanto al tema principal de su obra, como no podía ser de otra forma, es la dictadura rumana y las terribles consecuencias en la población civil. La infancia, el desarraigo, el mundo rural, la pobreza, la segunda guerra mundial, la intolerancia, la corrupción o la inmigración son otras de las preocupaciones de Müller como autora. Debido a su activismo contra Cartaescu, y sobre todo a partir de la publicación de Tango opresivo en los años ochenta, se le prohibió publicar en Rumanía a pesar de que sus libros cosechaban gran éxito de público y crítica fuera de sus fronteras. Huelga decir que hasta que el régimen comunista rumano cayó, sus libros estuvieron prohibidos y censurados y que la concesión del Premio Nobel de Literatura en el 2009 provocó que millones de lectores al rededor del mundo se interesasen en aquel oscuro periodo de la historia.


   Una vez investigas un poco sobre su peculiar e interesante vida no puedes evitar a continuación querer conocer a esta autora más en profundidad a través de las diversas novelas que ha publicado. Y eso es precisamente lo que Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío provoca en el lector, la necesidad de seguir leyendo más y más. Tal vez, al no haber leído nada de Herta Müller antes de dar con el presente libro, la inquietud haya alcanzado unos niveles muy altos. Sin embargo, para quienes hayan ahondado en su producción literaria con anterioridad, este libro podrá aportar una mirada más amplia y complementaria. Desde un estilo depurado, sencillo y sin ocultar un lirismo que se podría considerar como su sello de identidad como escritora, Müller va desgranando algunos aspectos de su biografía a través de breves ensayos y artículos que podrían perfectamente pasar por relatos dada la implicación literaria de éstos. En ocasiones ni cuenta te das de que lo novelístico - en cuanto a las formas - invade lo real. Su sincera y osada pluma recorre el pasado nazi del patriarca de la familia, la traumática experiencia de su madre en un campo de trabajo, sus enriquecedoras reuniones en círculos intelectuales, el terror con el que tuvo que convivir al ser consciente de que la inteligencia rumana estaba tras sus pasos, sus dudas y opiniones acerca del noble arte de la escritura, su vida en Berlín, su mirada desde el exilio o algunos episodios concretos de su infancia. En ese sentido, resultan especialmente interesantes textos como "Cada palabra sabe del círculo vicioso" - el primero con el que el lector se topa nada más abrir el libro - o "Mucho cuerpo para tan poco motor" - testimonio único de la complicada relación con su padre -. Sin olvidarnos de sus constantes referencias a los autores que inspiran su obra tales como el filósofo rumano Cioran - exiliado en Francia - el poeta Oskar Pastor - constantemente idolatrado por Müller - o Theodor Kramer - autor judío muy poco conocido por el gran público - entre otros. Y por si fuera poco, Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío contiene tanto el discurso que la autora pronunció durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel y las palabras que posteriormente dedicó durante la tradicional cena de los premiados. Ambos testimonios de incalculable valor tanto literario como histórico. Al igual que le sucedió a autores como Jorge Semprún (deportado al campo de concentración de Buchenwald y autor de, entre otros libros, El largo viaje), Primo Levy (también cautivo en el campo de concentración nazi de Monowice y cuyas experiencias plasmó sus memorias Si esto es un hombre y La tregua) o Aleksandr Solzhenitsyn (que tras pasar por varios campos de trabajo de la URSS escribió el voluminoso Archipiélago Gulag), la obra de Herta Müller podría ser apreciada y doblemente valorada. En primer lugar, desde lo puramente literario, y en segundo lugar desde su poderoso carácter testimonial acerca del horror del régimen comunista de Nicolae Ceaușescu en Rumanía. Dicho esto, y por ir concluyendo la presente reseña, podríamos definir a Müller, no sólo como una gran escritora, también como uno de esos personajes inquebrantables, que supo y sigue defendiendo sus ideas contrarias al poder hasta las últimas consecuencias y un ejemplo de la independencia del pensamiento intelectual frente a lo establecido. No sé si a vosotros os habrán entrado ganas de leer El hombre es un gran faisán del mundo o En tierras bajas - dos de sus más aclamadas novelas - tras haber leído esta crítica. Pero en lo que a mi respecta estoy deseando acercarme a la biblioteca de mi barrio para ver que libros tienen de ella. Si lecturas como esta incitan a la incontinencia intelectual, entonces es que Herta Müller ha conseguido su objetivo.

Siempre la misma nieve, y siempre el mismo tío: una historia de denuncia, de injusticia, de desigualdad, de confesiones personales, de discursos institucionales, de prestigio, de exilio, de terror, de literatura... Un libro que, tras su lectura, querréis volver a él.

Frases o párrafos favoritos:

"¿Llevas un pañuelo?, me preguntaba mi madre todas las mañanas en la puerta de casa, antes de salir a la calle. Yo no llevaba. Y, como no llevaba, tenía que volver a mi cuarto a coger un pañuelo. No lo llevaba ningún día, porque cada mañana esperaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre, por la mañana, me cuidaba. En las horas que seguían y para el resto de cosas del día ya tenía que arreglár­melas sola. La pregunta "¿Llevas un pañuelo?" era una mues­tra indirecta de cariño. Una muestra directa habría resultado embarazosa —eso no es cosa de campesinos—. El amor se disfrazaba de pregunta. Solo así se podía expresar en tono seco, como una orden, como cualquier instrucción sobre el trabajo. En tono hosco, incluso subrayaba la ternura. Todas las mañanas me encontraba delante de la puerta: una vez sin pañuelo y la segunda con pañuelo. Y entonces ya sí salía a la calle, como si llevando el pañuelo también se viniera mi madre conmigo."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Ediciones Siruela

martes, 2 de abril de 2019

RESEÑA: Historias reales.

HISTORIAS REALES

Título: Historias reales.

Autora: Helen Garner (Geelong, Australia, 1942) allí creció hasta ingresar en la Universidad de Melbourne. Dio clases en diferentes institutos, pero en 1972 fue despedida por responder a las preguntas de sus alumnos sobre sexo. Garner comenzó entonces a trabajar como periodista. Es autora de una amplia producción literaria tanto de ficción como de no ficción. Su primera novela, Monkey Grip (1977), ganó el National Book Council de Australia y fue adaptada al cine en 1982. Desde entonces, Garner ha publicado varias novelas, cuentos cortos, ensayos y reportajes. La habitación de invitados (2008) es su último título de ficción y uno de sus libros más reconocidos. Entre sus obras de no ficción destacan The First Stone (1995), un controvertido reportaje sobre un caso de abuso sexual en la Universidad de Melbourne; Historias reales (1996; Libros del Asteroide, 2018) y La casa de los lamentos (2014). En 2006 Helen Garner recibió el primer Melbourne Prize for Literature en reconocimiento a su carrera. (Fuente: Libros del Asteroide).


Editorial: Libros del Asteroide.

Idioma: inglés.

Traductora: Cruz Rodríguez Juiz.

Sinopsis: Helen Garner visita un depósito de cadáveres y se va de crucero en un barco ruso; la despiden de un colegio por hablar de sexo con sus alumnos; asiste a un parto y a una boda; escribe sobre cumplir los cincuenta, sobre su familia y sobre el revuelo causado por uno de sus libros. Garner vive y observa, y luego lo cuenta con inteligencia y compasión. Sus piezas de no ficción, escritas originalmente para prensa, abarcan los más diversos temas: «siempre vendrá una idea a salvarme justo cuando esté a punto de sentarme ante el abismo de comenzar una novela». En todas ellas encontramos aquello que solo la auténtica literatura es capaz de darnos: trozos de vida. Helen Garner es una de las más importantes escritoras australianas contemporáneas; Historias reales reúne sus principales piezas de no ficción, reportajes y artículos seleccionados por la propia autora entre los más destacados de su dilatada carrera. (sinopsis editorial).

Su lectura me ha parecido: amena, vocacional, con personalidad, veraz, sincera, en ocasiones autobiográfica, perfecta para una desconexión temporal de todo lo que huela a ficción inverosímil... Es un hecho, en Jimena de la Almena llevamos una racha importante de autoras australianas cuyos libros han sido reseñados en este espacio de crítica y opinión a lo largo del pasado mes de marzo. La casualidad, de nuevo, ha querido que mis investigaciones semanales se dirijan a uno de los países más remotos y fascinantes de la tierra, cuya historia no hace sino sorprenderme a cada nuevo dato que descubro. Sin embargo, y en un último intento por toparme con algo excepcional, decidí indagar en su literatura, faceta poco conocida de un lugar en el que las playas paradisíacas y el agreste paisaje conviven de una forma casi mágica. Cual fue mi sorpresa que, tras mirar en la Wikipedia (página a la que siempre acudo en primer lugar para extraer fuentes primarias sin mayores dificultades, sí, las que aparecen citadas y en ocasiones con enlaces justo debajo de la información), pude comprobar que en ésta sólo se nombraba a una mujer, Anna Maria Bunn, autora de The Guardian: a tale, considerada por muchos como la primera novela escrita y publicada por una mujer australiana. ¿El resto? Todo hombres, incluyendo su único Premio Nobel de literatura, concedido a Patrick White en el año 1973. A continuación tecleé el nombre de "Anna Maria Bunn" en Google. La respuesta que me dio el buscador me hirvió la sangre pues, no sólo me topé con una página de Wikipedia en inglés dedicada solo y exclusivamente a ella (repito, tuve que teclear su nombre, no seguir un enlace desde "Literatura de Australia"), sino que además, otros nombres de australianas ilustres del mundo de las letras se sucedieron ante mis ojos. Rosa Campbell Praed, Matilda Jane Evans, Louisa Lawson, Ethel Pedley, Louise Mack, Mary Gaunt, Louisa Atkinson, Jennings Carmichael y por supuesto Barbara Baynton (considerada por muchos críticos como la gran innovadora y renovadora dentro del panorama literario australiano y cuya obra más importante reseñamos la semana pasada). La cuestión entonces es bien sencilla. Me parece estupendo que tengan, la inmensa mayoría de ellas, página propia en el mayor portal de búsqueda de información, pero, ¿no sería lógico que también estuviesen presentes, junto con sus colegas masculinos, en "Literatura en Australia"? En vistas de esta tremenda injusticia y en relación con la reseña que nos ocupa, me gustaría recalcar que, si no es por estas pioneras, muchas escritoras australianas que lo están dando todo hoy en día y cuyas novelas han llegado por fortuna a nuestras estanterías, no existirían. Como tampoco existirían mujeres que, como Helen Garner, persiguen la verdad a golpe de pluma y buen periodismo. Historias reales: la tranquilidad de lo verídico.


La historia de como el libro de Helen Garner llegó a mis manos surgió debido a una imperiosa necesidad, a una urgencia lectora, a una desesperada búsqueda de lecturas enmarcadas dentro de la no ficción. De toda la vida, y esto la gente que me conoce lo podrá afirmar, me he sentido atraída por la ficción. Al principio desde todas sus ramas (incluyendo la más abstracta y fantástica), para ir con el paso del tiempo especializándome (hubo una época que sólo leía historias con marcado tinte social) y finalmente volver a abrirme a aquellos géneros a los que un día les cerré la puerta (incluyendo al terror y a la ciencia ficción de corte distópico, hoy por hoy, dos de mis géneros literarios favoritos). Con la conocida como "no ficción" reconozco, me costó más hacerme a ella, y eso que estudié Historia, una de esas carreras en las que tienes la obligación de leer, sí o sí, muchos ensayos. Durante los años que duró mi experiencia universitaria alterné la ficción con la no ficción siempre que pude. De hecho, hubo épocas en las que me agobiaba tanto que, como si de una medicina se tratase, necesitaba reencontrarme, aunque fuera con unas pocas líneas, con algo inventado, imaginado, salido de la mente de la autora/or y que aunque su inspiración fuese, yo que sé, la vida de una familia de clase burguesa durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, me hiciera pensar en ese periodo desde otra perspectiva. Desde la de querer estar ahí y desde la de "me tengo que estudiar este mismo tema para los exámenes de junio". Casualmente, por esa época me dio por leer el Hobbit (toda una proeza teniendo en cuenta lo relativamente negada que he sido para la literatura fantástica). Ironías del destino, una vez acabada la carrera fue cuando me picó el gusanillo por la no ficción y los ensayos de corte histórico (y si abordaban los sujetos de estudio desde una perspectiva de género mucho mejor), así como algunas fuentes históricas que durante la carrera ni se me hubiera pasado por la cabeza adentrarme en ellas. Suspenso en coherencia amigas y amigos. De entre todos aquellos libros que pasaron por mis manos, si hubo uno en concreto que provocase que, muchos años después, tenga las Historias reales de Helen Garner entre mis manos, ese es Voces de Chernóbil, de la periodista, escritora y Premio Nobel de Literatura Alexandra Alexiévich. Era periodismo, sí, pero desde una mirada descontaminada, veraz, directa, impactante, con la intención de hacer reflexionar al lector, en donde no existe lugar para la indiferencia. Y lo más importante, elaborado a partir de testimonios que, desde una precisión que sonrojaría a más de uno que se considera "historiador", son tratados como lo que son, testimonios de un hecho, sin censura, bien escogidos, bien presentados, tal cual fueron confesados a la propia Alexiévich. Expuestos al lector, quien en última instancia es el que debe opinar sobre ellos desde una mirada critica y conocedora de los hechos. Aquel libro me dejó tan impactada que, no sólo acabé leyendo más libros de Alexiévich, sino que busqué insistentemente otros ensayos o crónicas periodísticas similares. Fue durante esa exhaustiva odisea cuando, de pronto, Helen Garner se alzó ante mis ojos como una oportunidad de seguir ampliando mis miras en un momento de ligero desencanto con la ficción (los finales inverosímiles de mis últimas lecturas tuvieron la culpa). Gracias a Libros del Asteroide pude hacerme con un ejemplar, llevármelo de viaje a Soria, leerlo entre migas y torreznos y ponerle punto y final una ve regresé a casa con la convicción de que existe el buen periodismo.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que son dos las palabras que mejor definen lo que el lector se va encontrar una vez inicie la lectura de Historias reales: relato y verdad. En primer lugar, y a pesar de que el libro de Garner se compone de una serie de artículos periodísticos publicados en diferentes medios de comunicación, su presentación es puramente literaria, muy cercana precisamente al cuento o a la narración breve. Agrupados bajo cuatro títulos muy peculiares (El señor Tiarapu, Canta por la cena, La chaqueta violeta y De crucero) que a su vez actúan como una especie de capítulos, cualquiera pensaría que está ante un libro de relatos que ante una serie de pequeñas crónicas periodísticas. Además de la disposición de estos textos, ese carácter literario también se traslada a la forma que tiene Garner de abordar las noticias, casi siempre partiendo de anécdotas personales, acontecimientos que le han marcado significativamente o simplemente a colación de una noticia en particular y con una versatilidad que la pone a la altura de las y los grandes cronistas. A la vez que vas dejando atrás cada una de sus páginas, el lector tiene la sensación de que no está leyendo un artículo de opinión novelizado, sino una historia con recursos literarios al uso y todo. Me llama especialmente la atención que además de "rigurosa" y "precisa" una de las citas que acompaña la presente edición de Libros del Asteroide la califique su prosa como "seca" (la del Wall Street Journal), algo que particularmente no entiendo. Pues, bajo mi punto de vista, siempre sujeto a cualquier debate o discrepancia, creo que "seca" no es el mejor adjetivo para definir su prosa. Seco, creo, es cuando en un texto sueltas las frases no con la intención de producir belleza o harmonía, sino para crear más tensión para que la relación con el lector sea algo más distante. Sin embargo, en Historias reales se aprecia más una calidez y un claro intento de no alejar tanto éste de lo que se está leyendo. Y eso, queridísima Garner, se agradece. En segundo lugar, lo que diferencia este libro de muchos otros de su estilo es la potente verdad que emanan cada una de sus historias, cumpliendo de este modo una de las máximas del periodismo. Vivimos tiempos donde la llamada "máquina del fango" está a pleno rendimiento, y no solo en el terreno de las fake news. Un fenómeno que no hace más que viciar el ambiente y, como consecuencia, permitir la caída de la credibilidad en los medios de comunicación por parte de la sociedad. Por eso, que el lector habitual de ensayos o crónicas periodísticas se encuentre con un libro como Historias reales permite una vía por la que poder respirar aire puro, sin contaminación, sin peligro a caer en sensacionalismos o mentiras para favorecer a los intereses del poder. Podría, en el caso de los artículos, detenerme en cada uno de ellos. Decir que en el titulado ¿Por qué sólo le duele a las mujeres? aborda con un ligero toque de humor la falta de educación sexual femenina en los colegios e institutos, que en Un álbum de recortes sienta a sus cuatro hermanas a hablar sobre los trapos sucios de su propia familia, que en Canta por la cena aborda su curiosa experiencia en su primer festival literario al que asistió como escritora o que en Matar a Daniel trata de esclarecer los porqués de un terrible asesinato (sin duda, el texto más impactante). Podría pasear, lentamente, y hablaros de cada uno de ellos. Sin embargo, una de las virtudes de este texto en concreto y en general del buen libro de crónicas periodísticas es que no te lo cuenten demasiado. Saber lo justo y necesario. Así cuando te haces el animo y lo tomas entre tus manos mientras te acomodas en la cama a la luz de la lamparita, el primer contacto puede ser más intenso, y por tanto, menos prejuicioso.


En los últimos años los lectores hemos apreciado como cada vez más y más estanterías se llenan de textos calificados con el término anglosajón "non fiction". Esto no es una novedad, ya que a lo largo de la historia de la literatura, las modas han ido yendo y viniendo, y la apuesta por los ensayos de toda la vida, al igual que sucedía con otra clase de libros, irrumpía en el panorama editorial con una fuerza descomunal para, al cabo de unos meses, evaporarse de los escaparates de la librerías más importantes del mundo. Sin embargo, y a diferencia de otras ocasiones, la venta de ensayos se ha disparado, forzando la aparición de una lista paralela a la que todas y todos conocemos, esa que enumera de mayor a menor los libros más vendidos en el terreno de la ficción. Ahora, los lectores de todo el globo pueden consultar que libro de "non fiction" o "no ficción" es el que más gente se lleva a sus casas. Lo cual es un gran paso. No obstante, dentro de esta tendencia cada vez más ascendente (la cual podría explicarse debido al contexto en el que estamos inmersos, donde la televisión comienza a verse como un medio contaminado por los intereses políticos y económicos de quienes de verdad gobiernan sobre nuestras vidas), hay un subgénero que está tomando la delantera, el llamado y conocido como "true crime". Tan desarrollado por algunas series norteamericanas de corte policíaco, ahora parece trasladarse al papel para seguir ganando legiones y legiones de fieles seguidores. Pero, ¿en qué consiste entonces el "true crime"? Muy sencillo, consiste en la elaboración de un ensayo periodístico a partir de un suceso que, por A o por B, ha conmocionado o conmocionó en su momento a la sociedad de un determinado país. Y tal y como revela el propio nombre de este popular subgénero, este suceso debe haber sucedido de verdad, de lo contrario, estaríamos ante una novela de misterio policíaca de toda la vida. Aunque durante la época victoriana algunos autores coquetearon con él (base más o menos verídica para luego dar rienda suelta a su imaginación y siempre influenciados por el sensacionalismo de los Penny Dreadfuls), no fue hasta mediados de siglo XX cuando nos topamos con el que probablemente sea el "true crime" más famoso de la literatura. Por supuesto, estamos hablando de A sangre fría escrita por Thruman Capote en 1965. La historia de aquel injustificable y sangriento asesinato a una familia en el tranquilo pueblo de Holcomb (Kansas) sacudió la opinión pública, lanzó una feroz crítica contra el sistema judicial estadounidense y dio una lección de talento periodístico a toda la profesión. Opiniones contrastadas antes que morbo. Literatura antes que amarillismo. Testimonio antes que prejuzgar. Creó escuela, eso no cabe duda, Muchos de las y los periodistas que le sucedieron trataron de ponerse a su altura, algunos con gran éxito (el caso de Gay Talese, Thomas Wolffe o la ya mencionada Premio Nobel Svetlana Alexiévich) y desde sus distintas sensibilidades periodísticas. Sin embargo, la falta de nombres femeninos dentro de este popular subgénero dentro de la crónica periodística no dejaba de ser escandalosa hasta hace unos años. Tuvieron que llegar entonces periodistas como Helen Garner, entre otras, para que el mundo supiera que las mujeres también escribían sobre sucesos. Aunque en Historias reales apreciamos más facetas de su autora, Garner es una consumada autora de "true crime" que, lejos de convertirse en superventas, consiguen hacer reflexionar al lector sobre cuestiones verdaderamente incómodas. El periodismo es una valiosa fuente primaria, y Garner lo sabe, por eso sus escritos, pegados a la realidad más palpable, nos enternecen, nos indignan,  nos escuecen, nos duelen y por último nos estremecen. Historias reales: veintiocho crónicas cotidianas, extraordinarias, escalofriantes, reflexivas... Al fin y al cabo, veintiocho historias verídicas.

Frases o párrafos favoritos:

"Es de esos desconocidos que ves a veces en un lugar público con algo en su forma de comportarse que te dan ganas de abordarlos para decirles “Cuénteme la historia de su vida, por favor. Cuénteme todo lo que usted sabe y yo no”

Película/Canción: como no podía ser de otra manera, en esta ocasión, dejadme que os adjunte esta pieza tan divertida y original de Leroy Anderson. En mi cabeza siempre la he asociado con alguna escena en blanco y negro protagonizada por una intrépida o intrépido periodista.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide