Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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lunes, 5 de octubre de 2020

RESEÑA: Helena de Esparta.

 HELENA DE ESPARTA


Título: Helena de Troya. 

Autora: Loreta Minutilli (Bari, 1995) es licenciada en física y está haciendo un doctorado en astrofísica en Bolonia. Helena de Esparta, su primera novela, es una versión contemporánea de la Ilíada, narrada a través de la voz y experiencias de la propia Helena desde el interior de las murallas de Troya. La autora ha logrado habitar con inteligencia y delicadeza la piel de una figura mitológica que durante siglos ha sido desdeñada como voluble y portadora de desgracias. En su lugar, relata una historia de anulación femenina y de búsqueda de la libertad que le confiere por fin una dimensión humana al personaje. 


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: Italiano. 

Traductor: Ramón Buenaventura. 

Sinopsis: A Helena de Troya nadie le ha pedido nunca que cuente su versión de la historia. Es esta. Cuando Helena vuelve a Esparta tras el famoso asedio de Troya, Menelao le pregunta por qué decidió desencadenar una guerra. La respuesta de Helena es sencilla: era el único modo de demostrar su existencia, de ser escuchada en un mundo dominado por los hombres. "Cuenta pues", le responde Menelao. Y Helena comienza su relato. 

Su lectura me ha parecido: amena, sencilla, desmitificadora, humana, real, biográfica, feminista, contundente en su argumentación, una perfecta introducción a la cultura clásica desde una perspectiva de género... Cuando iba al instituto mi asignatura favorita era la de Historia. "¡Menuda novedad!" exclamaréis algunos ya que, como he contado en más de una ocasión, tiempo después acabé estudiando dicha carrera. Cuatro años de mi vida en los que me di cuenta que para ser historiadora tienes que saber un poco de todo (incluyendo botánica, economía, sociología, cine, nutrición, medicina y tener un poco de maña para sacar los nódulos de una punta Gravetiense entre otras muchas cosas), tratar de mantener la mente lo más abierta y objetiva posible (hasta cuando te toca analizar un artículo del Fuero de los Trabajadores) y, sobre todo, saber valorar si te compensa gastarte tus cuartos en el libro del profesor de turno (aunque te jure y perjure que es vital su lectura si tu objetivo es aprobar la asignatura). Pero bueno, hoy no os vengo a hablar de mi etapa universitaria, sino de la escolar, la del instituto, tan determinante como conflictiva. Jamás tuve dudas acerca de mis predilecciones académicas - y cuando digo jamás es jamás - de hecho era una especie de rara avis entre mis compañeros, inmersos en un mar de dudas y sin saber muy bien qué hacer con su vida. Historia se me daba bien, era una de las pocas asignaturas con las que disfrutaba de verdad, la única en la que era la mejor de la clase (por encima de los catalogados como empollones) y en la que, a pesar de que la profesora no era la alegría de la huerta que digamos, conseguía aprovecharlas más allá de las cuatro paredes del aula. Siendo así mi pasión por la materia, a día de hoy todavía me sorprendo de mi falta de miras y del nulo espíritu crítico que mostré por aquel entonces ante el escandalo que supone la ausencia de mujeres importantes en un temario como el de historia. Y las pocas que se nombraban, muy de vez en cuando, tendían a presentar biografías muy escuetas o adheridas a las corrientes historiográficas más rancias. 


Hasta no hace mucho como alumna asumí que, por citar el ejemplo más sangrante, Isabel II - reina de España entre 1833 y 1868 - fue una monarca incompetente, fácilmente manipulable y adúltera, sobre todo adúltera. Sí, nos teníamos que aprender de cabo a rabo las características de su reinado, pero de ella, como personaje histórico, se me quedó eso. Años más tarde descubrí la necesaria y siempre estimulante perspectiva de género. Una aproximación intelectual e interdisciplinar que cambió mi forma de observar la historia, de vivir el presente y de paso deconstruir aquellos discursos machistas que durante siglos han sido plenamente aceptados. Ahora sé que Isabel II tenía las ideas claras, que se dejaba aconsejar por quien ella quería y que se negaba a asumir el papel de ángel del hogar dentro de la corte. Nunca quiso parecerse a Victoria de Inglaterra (el modelo de reina-madre por excelencia) como tampoco dejarse ningunear por quien no comulgaba con sus ideas, por lo que no dudó en ejercer su libertad, incluso en el terreno amatorio. Está claro que su reinado lo que se dice bueno no fue, de ahí las numerosas críticas que condujeron a su abdicación y exilio en 1868 con la Gloriosa, pero una cosa es eso y otra muy distinta es que los libros de texto reproduzcan una y otra vez la versión de los opositores, configurando una imagen de Isabel II simplista e injusta. Quiero pensar que las cosas están cambiando, que en los libros de historia la presencia de mujeres es cada vez más abundante. Pero si no es así, si todavía seguimos con los parámetros de siempre, libros como el que hoy os descubro pueden servirnos de inspiración para el urgente cambio de paradigma. Helena de Esparta: cuando las mujeres toman la palabra. 


Las únicas imágenes de Elena de Esparta - que no de Troya - que me vienen a la cabeza, aunque procedan de diferentes disciplinas, están cortadas por el mismo patrón. La primera de ellas, la Helena de la película Troya (2004). Todo un espectáculo de batallas y efectos especiales con poco rigor histórico al servicio del lucimiento de su estrella: un Brad Pitt acertado en los combates cuerpo a cuerpo dando vida a uno de los Aquiles más abruptos y amorales de la historia del cine. Una cinta en la que Diane Kruger - la actriz del momento - daba vida a Helena, una Helena enamorada de Paris - un insípido Orlando Bloom - y cuyo romance viven en secreto. Al enterarse Menelao - marido de Helena y rey espartano - decide conquistar Troya como venganza a la infidelidad con ayuda de su hermano Agamenón y, por supuesto, de Aquiles. El protagonismo de Helena se diluye a medida que avanza la trama, como ya hemos dicho, la supuesta historia de amor y la personalidad de ella no son el reclamo, sino el lucimiento del actor norteamericano. Ni si quiera el desastroso final - traicionando vilmente el texto de Homero - en el que Helena y Paris huyan juntos tras el asedio final nos impide apartar la mirada de la melena rubia de Aquiles, o de Brad Pitt, que en esta ocasión viene a ser lo mismo. La segunda de ellas, no es que nos topemos con una Helena con poco peso en la historia, sino que en esta ocasión directamente ausente. Todos conocemos a grandes rasgos el Juicio de Paris - aunque cabría profundizar en él para entender los entresijos del origen del conflicto armado - así como sus diferentes representaciones pictóricas a lo largo de la historia. Mi favorita no sorprende, es la que pintó Rubens en 1648, esa en la que vemos unos cuerpos femeninos alejados de toda idealización - con controversia añadida ya que no está claro que en la leyenda original dijese expresamente que las tres diosas se desnudaran ante Paris para mostrarle su belleza física - y en la que podemos apreciar un interesante estudio del paisaje que rodea la acción. Pero, como ya he dicho antes, ni rastro de Helena. Es la gran ausente dentro dentro del cuadro, del juicio y de un asunto que le afectará de lleno. ¿No tendría entonces derecho a estar presente? Menos mal que existen escritoras como la italiana Loreta Minutilli para restaurar, humanizar, y sobre todo, dar voz a un personaje al que nadie le ha pedido que relatase su versión de los hechos acaecidos. 


A lo Gorgias en Elogio a Helena - el primer texto de la literatura universal que se atrevió a defender su inocencia - pero bajo el prisma y las gafas moradas del siglo XXI, Minutilli construye un breve relato partiendo de una invitación, la de Menlao a Helena, para que cuente su historia, su punto de vista respecto a lo acaecido tiempo atrás. Desde ese preciso instante, los lectores somos conscientes del poder inabarcable del patriarcado, capaz de otorgar permiso o no a una mujer para que ésta simplemente hable o exprese su opinión. Helena aprovecha entonces para mostrar, tanto a Menelao como al propio espectador que asiste a esta conversación, la verdad de los hechos, su verdad, destruyendo ideas preconcebidas, mitos surgidos al rededor de su figura y, por supuesto, los motivos que la llevaron a ser pieza clave en el estallido de la Guerra de Troya. Siguiendo un eje cronológico perfectamente estructurado dentro de la novela, el lector descubrirá en esta reescritura de la famosa fábula mitológica las vivencias de una mujer amante de su tierra - recordemos que era espartana, no troyana - inteligente, curiosa y que sueña con instruirse en las disciplinas para ella prohibidas. Presa de su extraordinaria belleza, Helena será objeto de vejaciones, mercadeos entre reyes como si de una bonita tinaja de vino se tratase y hasta de violaciones. Resultan especialmente impactantes las páginas que la autora dedica al mal llamado "rapto de Helena" por parte de Teseo y Pirítoo. A ese "rapto" a partir de ahora deberíamos añadirles las palabras "violación" y "humillación", ya que tras llevársela en contra de su voluntad mientras bailaba en el santuario de Artemisa de Ortia, Pirítoo y Teseo, en un espeluznante cara o cruz, se echaron a suertes la violación de Helena, siendo este segundo el que acabó quebrando el alma de la joven. Las rimas con los tiempos que corren - y con las numerosas manadas que siguen impunemente campando a sus anchas - son escalofriantes pero absolutamente necesarias. Asombra la capacidad de Minulilli para imbuir al lector en la historia, así como su basto conocimiento sobre la figura de Helena de Esparta y su constante insistencia en destacar aspectos que jamás nos habíamos planteado entorno a su personalidad, ideas políticas o aspectos más privados como su condición sexual. Para la autora, Helena se sabe atractiva, ama su cuerpo, pero prefiere disfrutarlo ella misma, sin a penas compartirlo y menos con un hombre (de hecho el contacto carnal con el sexo opuesto la repele). De ahí que se sugiera la posibilidad de que se sintiese más atraída intelectual y sexualmente por las mujeres. Helena quiere escucharlas, aprender de ellas, adorarlas y al mismo tiempo sentirse admirada. No es de extrañar que acabe reflexionando, urdiendo tramas y acabando en los brazos de Paris - al que por cierto no ama y aquí pintan como un inútil -  con el único propósito de participar en la vida política, conversar, tomar decisiones y salir de la jaula de oro para poder, por ejemplo, pasear por la calle. La vanidad es su mayor defecto, y Minutilli, lejos de idealizar a su protagonista hasta la extenuación, la acepta con sus pros y sus contras, con sus traumas y sus fortalezas, logrando así un retrato más creíble que el que Homero ofreció en La Ilíada. Por último, antes de acabar, me gustaría rescatar las palabras de Chimamanda Ngozi Adichie en su famoso librito El problema de la historia única: "Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han usado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla." Con este discurso, Chimamanda resume a la perfección la esencia de la novela de Loreta Minutilli, la de proponer una nueva mirada descontaminada de la escritura patriarcal, lejos de considerarse como la mala del cuento y mostrando a una mujer ambiciosa, dolida pero capaz de sobreponerse a las adversidades, con mil y un contradicciones cuyo deseo era ocupar el lugar que durante siglos ha pertenecido a los hombres. Y para eso, como en cualquier lucha, el primer paso es desobedecer. 

Helena de Esparta: una historia de lucha personal, política, intrigas, feminismo, sororidad, adversidades, violación, injusticias históricas... El relato mitológico más famoso de la historia como jamás te lo habían contado. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Quería hacerlo sin pedirte permiso. Quería sentir a otro hombre dentro de mí y descubrir si era culpa tuya el hecho de que no lograse experimentar el menor placer en la cama, y no es así. Quería sentir remordimiento, angustia, miedo, soledad, quería estar desorientada, sentirme perdida, estudiar lenguas, costumbres, personas, pensar en un modo de sobrevivir sola. Quería esperar y temblar y beberme cada momento de mi vida de modo caótico y desordenado, y no había otro modo de hacerlo, ¿comprendes?"

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

sábado, 21 de marzo de 2020

RESEÑA: Las Furias.

LAS FURIAS

Título: Las furias.

Autora: Katie Lowe, se graduó en la Universidad de Birming­ham. Es licenciada en Lengua y Literatura Inglesa y tiene un máster en Literatura y Vanguardia. Las Furias, traducida a varios idiomas, es su primera y aclamada novela. (Fuente: Editorial).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Virginia Maza.

Sinopsis: En 1998, una chica de dieciséis años —vestida de blanco y meciéndose en un columpio— aparece muerta en el elitista colegio femenino Elm Hollow, emplazado en una pequeña localidad costera con un tenebroso pasado vinculado a los procesos por brujería del siglo XVII.  Un año antes, tras la muerte de su padre y su hermana en un trágico accidente, Violet comienza sus estudios en la prestigiosa institución, donde enseguida se siente fascinada por tres de sus compañeras y por su carismática y misteriosa profesora de arte, quien la invita a formar parte de un selecto y secreto grupo de clases sobre mitología. Muy pronto, la figura de las furias, divinidades romanas de la venganza, empieza a ejercer tal magnetismo sobre las adolescentes que estas se ven arrastradas sin control hacia su lado más oscuro. ¿Hasta dónde llegarán para protegerse mutuamente... o para destruirse? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, con una aproximación inminentemente juvenil, tenebrosa, terrorífica por momentos, perversa, atractiva, poco profunda, con un mensaje feminista que resuena con fuerza... Las Furias - o Erinias en la mitología griega - son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. Según Hesíodo (uno de los grandes poetas de la antigua Grecia) son hijas de la sangre derramada por el pene de Urano sobre Gea cuando su hijo Crono lo castró, siendo por tanto divinidades ctónicas, es decir, dioses o espíritus procedentes del inframundo en oposición a las divinidades telúricas (más celestes). Al contrario que Hesíodo, que no fijó un número concreto de Furias, Virgilio - otro de los grandes escritores de la era clásica - determinó la existencia de tres, las cuales respondían a los nombres de Alecto ("la implacable"), Megera ("la celosa") y Tisífone ("la vengadora del asesino"). La primera castiga los delitos morales, la segunda los de infidelidad y la tercera los de sangre. Su representación ha variado a lo largo de la historia, sin embargo, la gran mayoría de escritores y artistas pictóricos coinciden en pintarlas como seres vengadores con serpientes enroscadas en sus cabellos, portando látigos y antorchas y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas. También que se decía que tenían grandes alas de murciélago o que hasta el cuerpo de perro. Fuerzas primitivas a los dioses del Olimpo, las Furias moraban por Érebo (o el Tártaro según otras leyendas) y solo regresaban a la tierra para castigar a los criminales vivos. En obras como la Ilíada, Homero les otorgó un poder ilimitado, es decir, que podían perseguir al criminal en cuestión más allá de su propia muerte, extendiéndose al inframundo, donde eran sometidos a las torturas más terribles e inimaginables hasta hacerles perder la cabeza (de ahí que su nombre latino, "Furias", derive precisamente de "furor" como sinónimo de "locura"). El criminal podía escapar del tormento sólo si encontraba a alguien que purificases sus crímenes. Las Furias tuvieron su protagonismo en la obra de Esquilo Las Euménides en donde éstas persiguen a Orestes por haber matado a su propia madre en venganza por el asesinato de su padre Agamenón. Se cuenta que durante su primera representación provocó el terror en los espectadores al situar a las Erinias o Furias en el coro. Las Furias aparecen en el sexto círculo del infierno de la Divina Comedia, visitan al Fausto de Goethe, se convierten en moscas en una novela de Sartre, son el terror de Morfeo en una historieta del comic The Sandman de Neil Gaiman e incluso hacen acto de presencia en un capítulo de la popular serie de los 90 Xena la Princesa Guerrera. Dentro de la literatura más actual encontramos un interesante, y muy juvenil ejemplo de actualización de estas criaturas mitológicas en el libro que hoy reseño para todas y todos vosotros. La Furias: la ira de las brujas en tiempos del Me Too.


La novela juvenil está viviendo desde finales de los años 90 hasta nuestros días su particular era de oro. Y aunque todavía la critica más arcaica sigue considerando a este género - caracterizado por mantenerse a modo de transición entre la literatura infantil y la de adultos - algo menor en comparación con otros géneros, lo cierto es que lo juvenil está más en boga que nunca. Hasta el punto de que podemos encontrar lectores de prácticamente todas las edades que son amantes o usuarios asiduos de sus formas de narrar. J.K. Rowlling fue la que abrió la veda en ese sentido consiguiendo, no solo que un niño y posteriormente adolescente llamado Harry Potter se haya convertido con el tiempo en uno de los personajes más famosos de la literatura, también reconfigurando los códigos de escritura del género juvenil para siempre. Tras ella vinieron muchas y muchos más que, con mayor o menor fortuna, han logrado que sus libros hayan alcanzado la categoría de "culto" o pertenecientes a la cultura popular de masas. Mención a parte merece la gran aceptación que tiene lo juvenil en España, siendo con diferencia el género que más se lee entre los adolescentes y no tan adolescentes. En nuestro país fue sin duda Laura Gallego la que resucitó de alguna manera una tradición antes cultivada por autoras como Ana Maria Matute, Carmen Martín Gaite o Elena Fortún entre otras y otros. Una tradición que actualmente sigue en auge gracias a escritoras como Victoria Álvarez, Beatriz Esteban o el tándem que forman Iria G. Parente y Selene M. Petalos escribiendo a dos manos. Desde tiempos de J. R. Tolkien se ha asociado la literatura juvenil - o Young Adult - con los recursos propios de la fantasía. Dragones, hadas, elfos, gigantes, árboles parlantes, magos. Hasta el punto de que muchos siguen sosteniendo que la literatura juvenil va implícita la fantasía. Sí, es cierto que una gran parte de lo que se publica de este género se sitúa en estos códigos, sin embargo, a lo largo de estos últimos años hemos sido testigos de la evolución que ha experimentado. Un cambio en lo transversal, en la utilización de otros géneros literarios para contar historias dentro del marco de lo juvenil. Hoy en día podemos aproximarnos a una librería y adquirir novela juvenil de temática social, de ciencia ficción, histórica, romántica o incluso próxima a los códigos del terror. Es precisamente en este último, en el que es capaz de hacernos temblar de miedo, donde debemos situar la novela que Katie Lowe ha escrito desde una ambientación y puntos de vista totalmente juveniles - y seriéfilos si me lo permitís - con una clara intencionalidad feminista. Aspectos de los cuales hablaremos con más detenimiento en los siguientes párrafo.


Cuando tuve por primera vez el presente libro entre mis manos, a su autora me la presentaron como la sucesora de Shirley Jackson. Sí, la misma que nos metió el miedo en el cuerpo con novelas como Siempre hemos vivido en el castillo, La Lotería o La Maldición de Hill House. Sí, es una exitosa y novedosa serie de Netflix, pero también una de las mejores novelas de terror del pasado siglo XX. De hecho, sin la existencia y el talento literario de Jackson, es muy posible que un tal Stephen King no hubiese desarrollado toda su cosmogonía terrorífica y por supuesto no se habría convertido en el referente mundial que es hoy. Era lógico que con dicha carta de presentación desconfiase en un primer momento, ya que los ejercicios pretenciosos no hacen sino alejarme de dicha lectura. Perola presencia de brujas, el que estuviese ambientado en un internado con oscuros orígenes, y lo más importante, el que llevase por título Las Furias me convencieron de que era un libro al que debía aproximarme, aunque sólo fuera por amarlo o repudiarlo una vez finalizada su lectura. Tras formar parte de ese selecto grupo de libros que escogí para finalizar el pasado año 2019, mi parecer no se decantó hacia el calificativo de "maravilla absoluta" ni al de "fracaso estrepitoso". Simplemente se mantuvo en una especie de punto medio, aunque con una serie de aspectos que inclinaron ligeramente la balanza hacia la satisfacción. Para empezar, y como ya he avanzado en el anterior párrafo, Las Furias es una novela perteneciente al género juvenil, cosa que por cierto desconocía por completo cuando inicié su lectura allá por el mes de diciembre. Este hecho me sorprendió de buenas a primeras, pero posteriormente decidí tomarlo como un regalo, como un reencuentro con mis orígenes lectores más añorados. Su prosa sencilla, su adictivo ritmo, su habilidad para esconder el misterio, su poca profundidad narrativa - que no reflexiva - la ambientación. así como esa potencia visual en lugar de ahuyentarme me engancharon. Tal vez en el fondo estaba deseando leer literatura juvenil, aunque no lo manifestase en voz alta y aunque su aproximación al terror me hiciese olvidar de que el público al que va dirigido fundamentalmente es el adolescente. En Las Furias Violet, una joven de 16 años que no consigue superar las secuelas de un accidente, entra a formar parte del prestigioso instituto femenino Elm Hollow. Un internado fundado en el siglo XVII y cuya historia está ligada a los procesos por brujería que tuvieron lugar en aquella época. Es allí entre un decano experto en brujería, un grupo de misteriosas chicas y una profesora, Anabelle, que organiza clases de mitología clásica para un selecto grupo de alumnas donde Violet deberá moverse y adaptarse. A toda esta nueva cotidianeidad se le añadirá el conocimiento de crímenes acontecidos tiempo atrás en las inmediaciones del lugar y el descubrimiento de "las Furias" como entres oscuros a los que se puede invocar para atormentar a quien te ha hecho daño. Dicho esto, está claro que Hogwarts ha dejado de ser el colegio más peligroso de la ficción en comparación con Elm Hollow.


Las influencias aquí son muy claras. En el plano literario está claro que Katie Lowe bebe de la influencia de Shirley Jackson, sobre todo en lo que a preocupaciones y temáticas se refiere. Sin embargo, ni Jackson ni Lowe comparten una cosa fundamental como es la coetaneidad. Mientras la primera desarrolló su carrera literaria a principios y mediados del siglo XX, la segunda es una autora de pleno siglo XXI. Algo capital para apreciar, por supuesto, el diferente trato y perspectiva a los temas que las unen como maestra y alumna. Mientras la primera usa lo sobrenatural de una forma más sutil para evidenciar que la cara abominable de la condición humana, en la segunda el elemento terrorífico es ultra explícito, hasta el punto de que vemos y sentimos el poder de las brujas o "Furias" en este caso. Por otro lado, y aquí es una opinión puramente personal, mientras leía la presente novela no paraba de encontrar conexiones con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Egenides. La forma con la que se inicia el libro, el tono de las jóvenes, así como su cohesión casi mística me han recordado enormemente a las hermanas Lisbon, cuyo poder de atracción y de misterio era bastante similar. Por ir finiquitando este apartado de influencias, os adjuntaré una más, la que más me gusta y más gracia me hace. Y es que Las Furias de Katie Lowe recuerda muchísimo al planteamiento y el estilo de la serie American Horror Story, y en concreto a su tercera temporada - la más celebrada e icónica de todas - titulada Coven. En ella, los espectadores asistimos a una historia desarrollada en un colegio femenino de brujería  en crisis ante la posible extinción de las descendientes de Salem y todos los tejemanejes al rededor de sus alumnas, profesoras y demás personajes foráneos a la institución. Una vez expuesto el argumento y tras haber leído Las Furias no podemos hablar de descarada copia pero sí de una especie de homenaje, aunque con la ausencia de una Madison Montgomery o una Fiona Goode. Para ponerle punto y final me gustaría hablar, aunque sea brevemente, del núcleo de la novela, el sol sobre el que pivotan el resto de planetas, la verdadera razón de ser y el motivo que empujó a Lowe a escribir esta novela resucitando a las Furias, figuras mitológicas por cierto poco reivindicadas en la literatura. Cuando me he referido antes a este libro como una historia de brujas en tiempos del Me Too lo he hecho con toda la certeza del mundo, ya que por un lado la autora ha querido en primera instancia construir una historia donde el feminismo y la sororidad fuesen los temas subyacentes entre lenguaje teen y lo terrorífico, y por otro lado, usar la figura de las Furias para evidenciar el poder de las mujeres para luchar contra las injusticias. En la novela Violet, Robin, Grace y Alex las invocan contra los hombres. Hombres que las agreden, las insultan, las acosan y las violan. Ellas se erigen entonces como herederas de una sabiduría ancestral, transmitida de generación en generación a través de las tragedias, los procesos de brujería y el arte. Por eso las mujeres, ante cualquier retroceso de derechos que nos afecte, nos sentiremos más próximas ellas, a nuestras antepasadas quemadas en la hoguera, arrojadas a acantilados o a esas Furias que persiguen la justicia a través de manifestaciones, motines, barricadas y demás actos revolucionarios. Lowe nos ha dado la clave, seamos Furias, señalemos la injusticia, acabemos con el patriarcado, sin esperar a que nadie lo haga por nosotras.

Las Furias: una historia de brujería, invocaciones, asesinatos, adolescentes misteriosas, mitología, justicia, feminismo, unión... Si estos días de encierro necesitáis una novela de abstracción total, esta es la que necesitáis.

Frases o párrafos favoritos:

"Les enseñaré todo lo que sé y todo lo que mis predecesoras han sabido: la fuerza de las mujeres llevadas por la ira, los destinos que tenemos reservados y las furias que poseemos. Les ayudaré a desplegar las alar y a sacarles los ojos a los que nos miren; les enseñaré a quemar con fuego justo y a purificar el mundo a través del conocimiento. Les hablaré de belleza, venganza, locura y muerte, y si lo calcinan todo y vuelven a empezar, cuanto más, mejor."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Siruela

sábado, 5 de octubre de 2019

Reseña: Circe.

CIRCE


Título: Circe.

Autora: Madeline Miller (Boston, Massachusetts, 1978) estudió en la universidad de Brown, donde se licenció en filología clásica. Desde hace diez años enseña latín, griego, y la obra de Shakespeare a estudiantes de Bachillerato. También ha estudiado dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático de Yale, centrándose en la adaptación de textos clásicos. Actualmente vive en Filadelfia (Pensilvania). Su primera novela es La canción de Aquiles. Con Circe, su segunda obra, entró en la lista de libros más vendidos del New York Times nada más ser publicada y ganó el Premio Goodreads 2018 a mejor novela de fantasía. 


Editorial: AdN Novelas. 

Idioma: inglés. 

Traductor: Celia Recarey Redondo.

Sinopsis: en el palacio de Helios, dios del sol y el más poderoso de los titanes, nace una niña. Pero Circe es una niña rara: carece de los poderes de su padre y de la agresiva capacidad de seducción de su madre. Cuando acude al mundo de los mortales en busca de compañía, descubre que sí posee un poder, el poder de la brujería, con el que puede transformar a sus rivales en monstruos y amenazar a los mismísimos dioses. Temeroso, Zeus la destierra a una isla desierta, donde Circe perfecciona sus oscuras artes, doma bestias salvajes y se va topando con numerosas figuras célebres de la mitología griega: desde el Minotauro a Dédalo y su desventurado hijo Ícaro, la asesina Medea y, por supuesto, el astuto Odiseo. Pero también acecha el peligro, y Circe, sin saberlo, la ira tanto de los humanos como de los dioses, por lo que acaba teniendo que enfrentarse con uno de los olímpicos más importantes y vengativos. Para proteger aquello que ama, Circe deberá hacer acopio de todas sus fuerzas y decidir, de una vez por todas, si pertenece al mundo en el que ha nacido o al mundo mortal que ha llegado a amar.

Su lectura me ha parecido: 

   Densa, irregular, más bibliográfica que novelística, estupendamente documentada, con abrumadores toques feministas, demasiado ambiciosa tal vez... Uno de los libros que me hizo amar la historia - además de el Diario de Anna Frank y Los pilares de la tierra - fue un breve volumen sobre mitología. Recuerdo que por aquel entonces - a una edad a la que normalmente se repudiaba eso de leer - era uno de mis imprescindibles, tanto que hasta lo usaba para la realización de algunos trabajos del colegio y el instituto. Plagado de imágenes, dibujos y anexos explicativos, aquel tesoro me permitió conocer esas historias sobre titanes destructores, valkirias cabalgando a lomos de majestuosos caballos, héroes que se movían como peces en el agua entre el mundo de los dioses y el de los mortales, asombrosas trasformaciones de humanos en animales u plantas o legendarias epopeyas con su correspondiente moraleja. En un momento en el que debería haber pasado de los libros aprendí, sin ser consciente, los mitos más importantes, sobre los cuales, se asientan gran parte de las sociedades actuales. Porque sí, la tecnología ha invadido nuestras vidas, pero os aseguro que estamos rodeados y supeditados a la influencia de ciertos relatos irracionales que hemos acabado dando por buenos. Pero regresando a aquella imagen a la que suelo acudir en momentos de oscuridad y de pesimismo, lo que de verdad me interesaba por aquel entonces era el cuento, porque sí, la historia de como París acabó entregándole la manzana dorada a Helena de Troya me pareció fascinante. A ojos de una niña todo es más impresionable. Sin embargo, con el tiempo - y por supuesto con más formación y un espíritu crítico más desarrollado - fui consciente ya no sólo de la influencia de estas historias en la sociedad de su momento (la cual se ha extendido por supuesto a la actualidad), también de la sangrante misoginia imperante en dichos relatos. Por eso, cuando tuve noticias de la publicación de la novela de Madeline Miller - precedida de un aluvión de halagos procedentes del otro lado del charco - en España, traté de hacerme con un ejemplar lo más pronto que pude. Estaba muy emocionada, estaba convencida de que me iba a sumergir en la reinterpretación desde una perspectiva de género de uno de los personajes mitológicos menos conocidos y a la vez más importantes. Sin embargo, y a pesar de que la idea de leerlo durante unas vacaciones de Semana Santa en Tarragona me pareció perfecta, me topé con una lectura de contrastes y alguna que otra decepción. Circe: la puesta en valor de la hechicera más despiadada de la Odisea.



   Desde una narración en primera persona y sin perder nunca de vista la versión de la protagonista, la novela nos narra la historia de Circe - sin duda, uno de los personajes más infames de la mitología clásica - hija de Helios (titán y personificación del Sol) y la oceánide Perseis. Desde bien pequeña no parece destacar demasiado, ni siquiera ha heredado los poderes de sus progenitores. Sin embargo, eso cambia en el momento en el que su verdadero don se revela - el de la brujería - un don que atemoriza al propio Zeus que decide expulsarla del Olimpo y desterrarla a la isla desierta de Eea. Allí perfeccionará su poder al mismo tiempo que llegan a sus dominios algunos de los héroes o divinidades más importantes, siendo la fortuita irrupción de Odiseo - Ulises para que nos entendamos - la que marcará un antes y un después en su vida. Ante esta bárbara sinopsis de lo que no hay que calificar a Madeline Miller es de ser una cobarde, todo lo contrario, habría que felicitarla por haberse atrevido a escribir y a poner en valor a Circe. Castigada por la misoginia tan presente en las leyendas mitológicas y posteriormente reducida a una mera hechicera que convertía a los humanos en cerdos - justo lo que hizo con parte de la tripulación de Odiseo tras un fastuoso banquete -. Pero Circe era mucho más y eso en la presente novela queda más que demostrado. No obstante, lejos de ser un libro perfecto, Circe presenta algunos aspectos que han acabado por declinar la balanza hacia una posición no tan enaltecedora y halagadora. En primer lugar, al tratarse de una historia donde la mitología está tan presente, una espera toparse con una historia donde lo trepidante esté a la orden del día. Sin embargo, esto no es así, dado que la autora ha optado más por una narración más sosegada y más pegada a la bibliografía que por una mas cercana al género de aventuras. Por mi parte - y aunque como historiadora agradezco ese esfuerzo por parte de la autora - creo que se ha perdido la oportunidad de hacer un bonito homenaje a esas historias y a ese estilo tan propio de las leyendas mitológicas. En segundo lugar no existe una regularidad en Circe, hasta podría definirse como una novela de extremos - o te entusiasma o te aburre - por suerte en mi caso me he quedado en una posición intermedia que, eso sí, no me ha resultado para nada cómoda. De escenas donde se podía extraer algo de interés pasamos, en pocas páginas, a otras que se convierten en una mera sucesión de personajes (el Minotauro, Dédalo e Ícaro, Medea y el propio Odiseo). Siguiendo con esto último, me impresionó ver como el episodio cumbre de la historia de Circe - ese tan famoso y memorable que aparece en La Odisea - quedaba bastante desaprovechado. Esta claro que la intención de la autora es otra, pero podría haberle dado más juego a ese encuentro entre ambos personajes. ¿Obra irregular? ¿Novela fallida? ¿O tal vez demasiado ambiciosa? Sí y no al mismo tiempo. Lo que si que podríamos decir, para terminar con este apartado, es que, por un lado, Circe se sale con la suya tirando de documentación, el amplio conocimiento de la autora respecto al tema y la mirada feminista con la que ha decidido construir a su protagonista. Pero por otro lado, tengo la sensación de que le ha faltado más consistencia, un ritmo más estable y posiblemente - por parte de su autora - replantearse mejor la historia. Aún así estoy convencida de que estamos ante una escritora con una arrolladora personalidad literaria en proceso de desarrollo y de la que en un futuro esperaremos grandes cosas.



Circe no es una reinterpretación del mito - y quien lo siga pensando está muy equivocada/o - sino, como he comentado en el primer párrafo, una necesaria puesta en valor. Si antes hemos destacado los aspectos a mejorar, ahora es el turno de reivindicar las virtudes de esta novela, entre las cuales se encuentra precisamente esa mirada violeta que sobrevuela todo el relato. En Circe nos topamos con muchísimo machismo, con sangrante misoginia y con escenas en las que se discrimina a la mujer inmediatamente. Hay quien se sorprende de la poca sororidad existente entre las deidades femeninas, algo que no fue en mi caso, dado que conocía la mayoría de los mitos griegos y sabía lo que me iba a encontrar. Los hechos, inventados o no, son los que son y es muy difícil poder cambiarlos de golpe y porrazo. Sin embargo, lo que como autoras y autores podemos hacer es cambiar la percepción con la que se accede a esos relatos, en otras palabras, la mirada con la que los leemos. Una mirada más crítica, más curiosa, más abierta y por supuesto más feminista. Si lo ponemos en práctica es posible que dentro de un tiempo consigamos cambiar la versión del relato, el cual seguirá siempre ahí, pero al que se le añadirá una interpretación diferente. La mitología griega está plagada de mujeres sometidas al control patriarcal. Desde Pandora, a la que la curiosidad la llevó a ser considerada por los hombres como la culpable de los males y enfermedades que azotan el mundo de los mortales, hasta Helena de Troya, cuya "vanidad" inició la guerra de Troya, pasando por las distintas amantes de Zeus a las cuales raptó y violó usando sus poderes para transformarse por ejemplo en animales. Por eso y sin perder de vista la importancia que aún siguen teniendo los mitos en la actualidad - los cuales han ido evolucionando con el paso de los siglos - debemos, desde la educación, incentivar a las nuevas generaciones a que no vean las cosas como blancas o negras, sino a que sepan apreciar los contrastes y los distintos matices en esos relatos que, inconscientemente, todos hemos dado por válidos. Sin espíritu crítico las sociedades no avanzan, y sin una perspectiva de género la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres tampoco. No se trata de censurar - eso nunca - sino de hacer ver lo injusta que ha sido la historia y entender la oportunidad que todas y todos tenemos para conseguir cambiar las cosas. Los relatos están ahí, son los que son, pero admitir que a Europa la violó Zeus transformado en toro o que Circe - como demuestra Madeline Miller - era algo más que una hechicera perversa ya son grandes logros. Circe: una historia de dioses, mortales, dilemas, poderes, desigualdades, magia... La novela que nos acompañará, a juzgar por las últimas noticias procedentes de HBO, durante mucho tiempo.

Frases o párrafos favoritos: 

"En pocos días mi vida había dado un vuelco. De nuevo me había convertido en una niña, esperando que mi padre condujera su carro, mientras mi madre pasaba el día en holganza en las riberas de Océano. Me echaba en los salones vacíos, con la garganta arañada por la soledad, y, cuando no podía soportarla más, huía a los días con Eetes en mi playa desierta. Allí encontraba las piedras que habían tocado los dedos de mi hermano. Caminaba por las arenas que habían hollado sus pies. Era evidente que no podía quedarse: era un hijo divino de Helios, brillante y esplendoroso, con voz propia, listo y con esperanzas de llegar a ser rey. ¿Y yo?"

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de AdN Novelas