Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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martes, 4 de mayo de 2021

RESEÑA: Anónimas. La escritura silenciosa de las mujeres.

 ANÓNIMAS

LA ESCRITURA SILENCIOSA DE LAS MUJERES


Título: Anónimas. La escritura silenciosa de las mujeres. 

Autora: Raquel Presumido (Oviedo, 1992). Estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos y el Máster de Guion del Sindicato de Guionistas en la Universidad Carlos III de Madrid. Trabajó como becaria en productoras televisivas y teatrales durante algún tiempo, compaginándolo con su formación en escritura de ficción en escuelas como Hotel Kafka o Fuentetaja. En 2016, La Casa del Lector otorgó el primer premio a su relato Amantes insomnes en el certamen Cuentos Sonoros. Aficionada al mundo de los fanzines políticos, debutó en 2018 con la autopublicación de su ensayo Sabrina, cosas de brujas, un análisis feminista del guion de la serie adolescente de los noventa. Actualmente oposita a profesora de Lengua y Literatura e imparte talleres de escritura que giran entorno a la ficción escrita por mujeres. 


Editorial: Antipersona. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Sentados juntos a la máquina de escribir, las mujeres han redactado documentos, mecanografiado contratos y escrito cartas para sus jefes. También han aguantado las bromas, los comentarios y el acoso sexual de compañeros y superiores. Convertidas en mito erótico y blanco de chistes, las secretarias escribían en silencio documentos que firmaban sus jefes. Pero eso no sucedía solo en el interior de las oficinas. Las mujeres de los genios de la literatura hacían de secretarias, traductoras, correctoras y agentes mientras se ocupaban de la casa y los niños y a veces incluso trabajaban fuera para sostener económicamente a la familia. Su rastro se perdía en la historia mientras ellos recibían premios y reconocimiento. Otras mujeres, unas pocas, consiguieron publicar enfrentándose a los prejuicios y a las dificultades. A veces no pudieron firmar sus obras, en otras ocasiones lo hicieron con nombre masculino. Este libro traza la genealogía de esa escritura silenciosa de las mujeres para que no la olvidemos y para que no dejemos que continúe pasando.  

Su lectura me ha parecido: breve, ágil, muy accesible, iniciática, con capítulos a destacar (aunque en general todos son necesarios e interesantes), urgente, feminista, capaz de empujar a la o el lector a investigar por su cuenta... Cuando terminé de leer este cortísimo ensayo - demasiado tal vez - fueron dos los personajes (uno seriéfilo y otro cinéfilo) que se me vinieron a la cabeza. El primero fue el de Peggy Olson entrando por primera vez en las oficinas de Sterling Cooper. Aquella mujer de ojos claros, melena oscura, callada, de apariencia tímida, remilgada, vestida con tonos pastel, recorriendo las estancias de la agencia de publicidad. Entraba como secretaria, una de las profesiones más feminizadas, erotizadas, ridiculizadas y menospreciadas del mercado laboral de los años 60 - algo que se extiende en parte hasta nuestros días - . En un lugar en el que los puestos de gran responsabilidad eran copados por hombretones trajeados que se robaban las ideas para grandes campañas o anuncios con sesudas reflexiones y bebiendo más de lo que su hígado podía soportar. Y en un país, los Estados Unidos, que comenzaba a despertar del sueño del American Way of Life a golpe de contracultura y feminismo de segunda ola. Peggy Olson - interpretada por Elizabeth Moss - entró como mera secretaria ante los ojos de los espectadores, a la sombra de su jefe, del protagonista, el totémico Don Drapper (encarnación del macho alfa en decadencia de mediados de siglo XX) pero saldrá, tras siete gloriosas temporadas, como una de las mejores publicistas de la empresa, además de en una de las abanderadas del feminismo liberal - blanco y de clase media por supuesto - de su tiempo, y por extensión, un icono audiovisual para los tiempos actuales. El vivo retrato de algunos de los derechos que Betty Friedan, Gloria Steinem o Bella Abzug entre otras condensado en su personalidad inteligente, despierta y leal. Demostrando que sus ideas eran igual de buenas que las de cualquier otro compañero, que esa "cesta de besos" podía ser una gran campaña. El segundo, fue el de Joan Castelman. Pelo blanco, ojos azules y rostro casi hierático. La impecable representación del terrible dicho "la gran mujer detrás del gran hombre". Un hombre, su marido, al que van a otorgar el Premio Nobel de Literatura, de ahí el viaje a Estocolmo y todas las entrevistas concertadas en la capital escandinava. Joan lo acompaña con resignación, a cada acto, a cada tertulia, a cada cena previa a la ceremonia con embajadores y demás autoridades, harta de la condescendencia con la que la tratan - a pesar de tener estudios - y de la invisibilidad a la que le ha condenado su propio esposo. Pero todo tiene un límite y Joan explota revelando al espectador el secreto que ha estado guardando durante años, el de que ella es, en realidad, es el verdadero coloso literario, la autora de la novela que lo hizo merecedor de dicho reconocimiento mundial. Amarga película que, no solo nos ofrece una de las mejores interpretaciones de Glenn Close, sino que además resulta una reflexión entorno al rol de la mujer del supuesto genio, del artista, del brillante escritor que el patriarcado ha contribuido a moldear. A Peggy Olson y a Joan Castelman les separan décadas, épocas, empleos y circunstancias personales. Pero aunque son dos mujeres procedentes del mundo de la ficción, su inspiración puede rastrearse en el de otras mujeres reales a las que la escritora Raquel Presumido ha querido reivindicar desde lo puramente divulgativo. Anónimas: de secretarias, mujeres de, autoras amordazadas y de como el patriarcado convirtió su talento en invisibilidad. 


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos, en primer lugar, resaltando la extraordinaria brevedad del presente ensayo. No es de extrañar si tenemos en cuenta que Antipersona - la editorial valenciana que lo ha publicado - siempre se ha caracterizado por hacer llegar a los lectores textos, en su mayoría de no ficción, de una extensión bastante asequible sobre temas que - antes sobre todo - no habríamos encontrado en editoriales más generalistas. Desde un libro sobre la evolución de lo que significa "salir de fiesta" a lo largo de la historia hasta una novela sobre el caso Alcasser y el trauma que causó en la psique colectiva de los años 90, pasando por mujeres barbudas y su representación en el cine, las experiencias de varias voces influyentes del colectivo trans en España, el diario de un oficial al mando del IRA durante su estancia en la cárcel, un fresco sobre señoras victorianas cleptómanas y el nacimiento de los grandes almacenes en Europa o un ensayo sobre la Yakuza entre otros. El texto de Raquel Presumido ha encontrado hogar en una editorial que, como acabamos de comprobar, ostenta una de las líneas editoriales más eclécticas del panorama literario. Rellenando algunos huecos del conocimiento que habían quedado desclasados o directamente ignorados por el gran público desde una intención inminentemente divulgativa. El libro de Pesumido, en comparación con algunos títulos del catálogo, es tal vez el que más se adecúe a la urgencia intelectual del momento, a la necesidad de contar la historia desde otra perspectiva, la de las mujeres, las grandes olvidadas, a las que desde no hace mucho, y por fin, parece que se les empieza a escuchar de nuevo. Tras el montaje teatralizado de la portada  - donde vemos a un jefe demasiado "pachorro" y a una secretaria con la sonrisa demasiado amplia, casi forzada - y tras un impecable prólogo de Silvia Nanclares encontramos una escritura pulida, solida, perfectamente apoyada en una bibliografía que se recoge al final del libro y a la que la autora no duda en recurrir cuando es necesario para su argumentación. Con una clara pretensión divulgativa, la autora invita a que el lector, a posteriori, reflexione, desarrolle mirada y pensamiento crítico, buscando por su cuenta otras lecturas más especializadas, más densas si lo prefiere, relacionadas con los distintos temas que se abordan. Algo que nunca está de más. Dicho esto, y volviendo a la cuestión de la brevedad, es cierto que hay capítulos magníficos donde Presumido construye un discurso y ofrece datos, pequeñas biografías de personajes femeninos invisibilizados y desconocidos para el gran público, citas, títulos de películas, apoyo fotográfico... Pero me ha faltado cierta profundidad en algunos capítulos, como en el de "Personajes femeninos en series y cine", donde me he quedado con ganas de más y es que, en comparación con otros, este apartado se queda un poco corto. 


Sin embargo, y a pesar de lo comentado en el anterior párrafo, Anónimas no deja de ser un ensayo importante dentro del maremágnum de libros feministas que han visto la luz en los últimos años. No solo por su acercamiento al lector, sin planteamientos extraordinariamente complejos y yendo directamente al fondo de la cuestión a tratar, sino por su despliegue de planteamientos y personajes que deberían tener su hueco en la historia de la literatura pero que, por el hecho de ser mujer, o bien nunca lo han recibido o si lo han hecho ha sido demasiado tarde - o lo que es lo mismo, una vez muertas -. Mujeres a la sombra de los grandes. Casadas con quienes, en muchas ocasiones, han impedido que éstas se desarrollasen como autoras de renombre pese a tener el talento suficiente como para lograrlo. Como Zenobia Camprubí - perteneciente a las Sin Sombrero, poeta, autora de una de las colecciones de diarios fundamentales para conocer el contexto de principios de siglo XX pero que, por desgracia, es más conocida por se la mujer de Juan Ramón Jiménez - Vera Slónim - quien tuvo que abandonar sus aspiraciones literarias para leer, traducir, corregir, mecanografiar, asesorar jurídicamente, hacer labores bibliográficas, chófer y hasta cazar mariposas para que su marido, Vladimir Nabokov, pudiese dedicarse solo a escribir - o Sofía Behrs - quien incluso sufrió el plagio de una de sus novelas por parte de su marido, el intocable Lev Tólstoi, quedando reflejada en el imprescindible Guerra y Paz -. Obligadas a firmar sus obras con pseudónimo masculino o siglas - "James Tiptree Jr." era Alice Sheldon, "Currer Bell" Emily Brontë, "A.M" Louisa May Alcott, "George Sand" Aurore Dupin, "Víctor Catalá" Catalina Albert, "George Elliot" Mary Ann Evans o tras "J.K. Rowling" se escondía en realidad Joanne Rowling -. Amordazadas a la retórica patriarcal - escritoras como Phillis Wheatley, María Lejárraga, Colette, Violette Leduc, Sylvia Plath o Lucia Berlin vieron como sus obras eran firmadas por sus esposos o bien murieron antes de recibir el reconocimiento que merecían -. O simplemente inexistentes para el mundo - como es el caso de Bette Nesmith, la secretaria que en los años 50 inventó el Típex cansada de empezar de nuevo cada vez que cometía un error mientras escribía a máquina -. Imprescindible es el capítulo reservado, precisamente, al de las secretarias. Profesión feminizada donde las haya y donde se evidencia, de nuevo, otro tipo de escritura invisible, la de aquellas mujeres que redactaban informes, contratos, cartas y demás escritos en nombre del jefe de turno. Por no hablar de su conversión en falso mito erótico por parte del cine, la prensa y la publicidad. Pasando a ser el flanco de burlas, comentarios machistas, acosos y abusos sexuales de toda clase. Dos escrituras silenciosas: la de las escritoras que luchan por hacerse un hueco en una disciplina intelectual que las desprecia y la de las secretarias que pelean por ser valoradas y reconocidas en un mercado laboral inminentemente masculino. Las primeras, en algunos casos, acaban sin quererlo convirtiéndose en las segundas, y viceversa, de secretarias en escritoras, con mejor o peor suerte, redactando sus propios textos para darlos a conocer al mundo. Interesantes paradojas y lúcidas reflexiones finales - la prevalencia de los casposos prejuicios respecto a las escritoras en tiempos donde se publican más libros firmados por mujeres que nunca - las que se dan en este ensayo que, esperemos, no sea el último de Raquel Presumido. 

Anónimas: un ensayo sobre injusticia, invisibilidad, secretarias que tratan de escapar al estereotipo erótico, escritoras engullidas por el genio, escritoras que no publicaron, escritoras que lo hicieron bajo otro nombre, escritoras cuidadoras, escritoras olvidadas... Una conciso estudio feminista que aboga por una educación en igualdad y en el conocimiento de todas y cada una de ellas. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Por mucho que la crítica literaria y el periodismo más tradicional se empeñen en decir que son buenos tiempos para las mujeres en la literatura, afirmando poco menos que nuestro modesto éxito es fruto de una necesidad de cumplir una cuota de diversidad por parte de las editoriales, en realidad es una moda temporal y las autoras salen a cuentagotas. Además, el público que consume ficción escrita por mujeres está formado, en su mayoría, por otras mujeres. Los prejuicios acerca de autoras no han cambiado tanto, a la vista está que, cuando una mujer escribe un libro, los medios se centran exclusivamente en el hecho de que sea una mujer y hacen aburridas y simplistas comparaciones con otras escritoras que nada tienen que ver con ellas."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Antipersona

sábado, 6 de junio de 2020

RESEÑA: El salvaje interior y la mujer barbuda.

EL SALVAJE INTERIOR Y LA MUJER BARBUDA

Título: El salvaje interior y la mujer barbuda. 

Autora: Pilar Pedraza (Toledo, 1951) es escritora y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, donde ejerció como docente e investigadora hasta 2011, cuando comenzó a dedicarse por completo a la escritura. Su obra comprende tanto la narrativa como el ensayo, habiendo publicado novelas como La pequeña pasión (1990), El amante germano (2017), Pánikas (2018), antologías como Arcano 13 (2000) o Mistyc Topaz (2016) y estudios sobre cine y género como Máquinas de amar (2018) o Jean Cocteau (2016). 


Editorial: Antipersona. 

Idioma: español. 

Sinopsis: a finales de siglo XIX, los teatros de las grandes capitales europeas y los circos que recorrían las provincias acogieron uno de los espectáculos más sobrecogedores y sorprendentes que se habían visto nunca. Cada noche el público asistía a una función asombrosa que incluía mujeres barbudas, hermanos siameses, hombres de fuerza extraordinaria y seres con cuerpos extraños y deformes. Sin embargo, en realidad los espectáculos de prodigios y monstruos no eran tan novedosos. La utilización de personas aquejadas de deformidades y enfermedades desconocidas para la diversión del público y las élites se remontaba a mucho antes, con los bufones que los nobles y reyes tenían en las cortes. Con ellos, y con las historias de los niños criados en los bosques y las leyendas de hombres que vivían al margen de la civilización, la cultura europea había creado la figura del salvaje interior, del diferente al que se podía humillar y perseguir porque se situaba fuera de los límites de lo humano. Una construcción del otro que servirá después para justificar el saqueo y el genocidio de la población de las colonias, pero también el maltrato y la explotación de todo aquel que desafiaba el orden social con su aspecto o su comportamiento. 

Su lectura me ha parecido: amena, instructiva, original, literaria, cinematográfica, interesante, atractiva, filosófica, poderosamente reflexiva, actual, trasgresora desde el punto de vista de la investigación histórica, absolutamente necesaria en los oscuros tiempos que corren... "¡Odio la literatura española!" es sin duda la exclamación que más he escuchado desde que hace unos años tuve la loca y genial idea de abrir este blog, la cual se ha ido amplificando con los años y a medida que iba metiendo la cabeza en las distintas y más populosas redes sociales. ¿Literatura inglesa? Excelente, ¿Literatura francesa? Maravillosa, ¿Literatura norteamericana? Imprescindible, ¿Literatura rusa? Universal, ¿Literatura italiana? Bellísima, ¿Literatura latinoamericana? En un imparable ascenso... Pero, cuando preguntas o haces mención a lo de aquí, la gente de pronto parece llevarse las manos a la cabeza, lanzando toda clase de improperios que por supuesto no voy a reproducir en este espacio. En parte los entiendo perfectamente. No hay más que observar el panorama y las mentes que la protagonizan. Desde escritores - en masculino por supuesto - que parecen erigirse como élites del pensamiento contemporáneo y del manejo correcto del español desde su correspondiente sillón en la RAE cuyo sesgo ideológico dista mucho de ir al compás de las reivindicaciones políticas y sociales actuales (Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y compañía) hasta toda una serie de autoras/es que, por tener un millón de seguidores en Instagram, las editoriales no dudan en ponerles un contrato editorial sobre la mesa, aunque no tengan inquietudes literarias, aunque no hayan escrito en su vida, aunque sea, en ocasiones, a costa de un precario Ghost Writer. Poderoso caballero es Don Dinero. Pasando por toda una serie de literatos que, salvando algunas honrosas excepciones, son máquinas de Best Sellers de pobre literatura y simplonas tramas. Son los que suelen escribir un libro al año, los que generan la cola más larga en Sant Jordi, los que entrevistan en televisión, los garantes de unas editoriales ávidas de dinero y lectores a los que, poco a poco, se les va educando en el consumo rápido y en la superficialidad. Dicho esto, y aprovechando la reseña de este impresionante librito - cuanto contenido en tan pocas páginas - me gustaría reivindicar la figura de Pilar Pedraza. Toledana de nacimiento y valenciana de adopción, Pedraza es una de las autoras españolas más originales y sorprendentes del panorama literario español, además de erigirse como una de las pioneras de la literatura de terror en nuestro país. De la quinta de Rosa Montero - ambas nacieron el mismo año - y nueve años mayor que Almudena Grandes, no se entiende la poca repercusión de su obra más allá de los círculos de la literatura de género. Una producción caracterizada por sus ambientaciones inquietantes, la presencia de lo sobrenatural, pertinentes reflexiones entorno a la identidad de género o la sexualidad y, en la mayoría de sus obras, la influencia de la cultura clásica y los mitos que de ella bebemos la sociedad actual desde tiempos ancestrales. Entusiasta y amable en el trato cercano - tuve el placer de hablar un rato con ella durante una presentación - ha confesado en más de una ocasión que cada libro que escribe supone una especie de "tesis doctoral", algo que en el caso del libro que hoy reseño se nota, a pesar de su extraordinaria sintetización, donde hace un ejercicio de investigación histórico-fílmico-literaria digno de ser reconocido. El salvaje interior y la mujer barbuda: la reivindicación y dignificación del universo "freak" con la mirada puesta en el turbulento presente. 


Compuesto por dos ensayos independientes pero complementarios entre sí - El salvaje interior en el imaginario europeo y La mujer pilosa: entre la enfermedad y el espectáculo - con su correspondiente archivo fotográfico y apartado bibliográfico (lo cual se agradece) Pilar Pedraza construye un libro de gran importancia de cara a futuras investigaciones en disciplinas tan variadas como la historia, la historia del arte, el cine, la filosofía, antropología o la literatura. Si la aproximación a los llamados "márgenes" es una tendencia en alza dentro del estudio intelectual de un tiempo a esta parte, el texto de Pedraza los supera y baja más abajo, hasta toparse con toda una serie de actores históricos injustamente olvidados y a los que, todavía a día de hoy por desgracia, muchos miran con espanto o repulsión. Su peculiar interés por adentrarse en rincones poco explorados por las ramas del conocimiento anteriormente mencionadas supone un impulso enorme de cara a la ampliación de perspectivas merecedoras de ser estudiadas y tenidas en cuenta dentro de los ámbitos universitarios, además de una inspiración para futuras investigadoras e investigadores con inquietudes más allá de lo convencional y los grandes temas. De carácter inminente divulgativo, aunque como ya he comentado con la intencionalidad de servir de referente y de abrir el camino hacia la redacción de otros libros similares, Pilar Pedraza guía al lector a través de la historia de niños salvajes, enanos, "hombres lobo" y mujeres pilosas (a las que prácticamente dedica por entero uno de los ensayos) entre otras mujeres y hombres que, por sus enfermedades o físicos fuera del canon establecido, fueron marginados, repudiados, maltratados o sirviendo como entretenimiento para las más altas élites a lo largo de los siglos. Todo ello en base a una documentación en la que podemos encontrar desde referencias a clásicos de la literatura universal (como Los viajes de Gulliver, Drácula, Robinson Crusoe, Frankenstein o la obra filosófica de Montaigne y Rousseau) a referencias históricas en relación al tema (como la presencia de enanos en las cortes europeas desde la Edad Media, la celebración de la Krypteia o la eugenesia practicadas en Esparta). Pasando por algunos de los más significativos ejemplos dentro de la historia del arte (Velázquez es tal vez el mejor ejemplo pero no el único) y por la cantidad de menciones a películas (Häxan, La mujer pantera, La isla de las almas perdidas, El Hombre Elefante, El planeta de los simios, La parada de los monstruos, El malvado Zaroff, Se acabó el espectáculo...). La lista en éste último es sin duda impresionante, tanto es así que su lectura se ha complementado con una pequeña lista donde iba apuntando cada uno de los títulos fílmicos. A ver si consigo poco a poco verlos todos. 


En el primero de los dos ensayos distingue una evolución en la percepción de lo que la sociedad consideraba como "salvaje". Como bien expone, desde siempre ha existido una abrumadora fascinación por el "salvaje europeo". El habitualmente velludo hombre que habita en los bosque, silvestre, caníbal, uno más entre la fauna animal, capaz de mutar en criaturas fantásticas, así como mostrar signos de divinidad o bestialidad. Una figura representada ya en el arte grecorromano cuya existencia complicaba la antropología cristiana durante la Edad Media ante la imposibilidad de concebir la presencia de alguien a caballo entre los dos mundos, entre el de los hombres y el de Dios. El renacimiento lo degradó al último escalón, por debajo del hombre civilizado, coincidiendo con su mayor y más visible presencia en espectáculos bufonescos en las cortes reales más prestigiosas del mundo occidental. Siglos más tarde, una serie de novelistas y filósofos comenzaron a atribuir virtudes frente a los vicios de la sociedad aunque siempre con polémica, ya que existía en el pensamiento europeo una tensión entre la visión positiva y la más negativa. Desde autores como Daniel Dafoe quien propuso en su Robinson Crusoe la posibilidad de que cualquier ser humano, involuntariamente, puede llegar a experimentar con lo salvaje y acabar conviviendo perfectamente en esa realidad, a literatos como Jonathan Swift, cuya percepción negativa del hombre salvaje se ve perfectamente reflejada en la repulsión que experimenta Gulliver respecto a los yahoos (estúpidos, sucios y dotados de un lenguaje a penas entendible). Pero no fue hasta Jean Jaques Rousseau cuando, desde una perspectiva filosófico-didáctica, atribuyó al "salvaje" cualidades positivas. Lejos de los estereotipos y viviendo en un estado anterior a la civilización, es alto, fuerte y de complexión atlética. Erigiéndose no como un asilvestrado, sino como una abstracción, un símbolo de lo que en su día fuimos como sociedad y que poco a poco hemos ido dejando atrás. Lo presenta con ventajas morales, ya que al no estar viciado por la codicia, la envidia o el afán de poder lo hace mejor que muchos ciudadanos de las grandes urbes. Eso sí, jamás será un referente moral, para Rousseau, es simplemente bondadoso. Ya en pleno siglo XIX, la revolución psicológica y antropológica trajo consigo un cambio significativo. Lejos de asociar el "salvaje" como un hombre primitivo y en contacto con la naturaleza, aparece el término que da precisamente nombre al primer ensayo, el de el "salvaje interior". Si antes el "salvaje" vivía en el bosque y alejado de la civilización, ahora se presenta la hipótesis de que todas y todos podemos tener un salvaje dentro, o lo que es lo mismo, que cualquiera de nosotros puede llegar a experimentar pulsiones que despierten el monstruo en el corremos el riesgo de convertirnos. La novela que mejor lo ejemplificó esto fue El extraño caso del Doctor Jekill y Mister Hyde de Robert Louis Stevenson al reflejar las dos personalidades totalmente opuestas que puede albergar una persona. Una teoría que, con ciertos matices, se ha ido manteniendo hasta nuestros días dando el salto de los libros a la pantalla en cintas como Psicosis o M. El vampiro de Dusseldorf


Una vez tenemos clara la teoría respecto al "salvaje" - muy al grano y sin irse por las ramas - Pedraza, ahora sí, en su segundo ensayo, se explaya contándonos la historia de los conocidos como "freaks", y muy especialmente de las mujeres barbudas o pilosas (ambos términos aparecen en el libro) a las cuales dedica prácticamente las mejores páginas del ensayo. Ellas son la razón de ser de este libro, cuyas vidas - desgraciadas en muchos casos - la autora desgrana con un estilo atractivo y atrayente para el lector. Para empezar, al igual que muchos de los considerados "freaks", deja clara su condición de enfermos. Como ya hemos comentado, desde la edad media han ido asociados al mundo del espectáculo, del circo, del burlesque, del entretenimiento y, por supuesto, objeto de burla, fascinación y repulsión por parte de quienes asistían a dichos espectáculos. Entre finales del siglo XIX y principios del XX las conocidas como "paradas de los monstruos" o "circos de los horrores" itinerantes eran muy habituales y populares. El morbo y un terrible sentimiento de superioridad respecto a los integrantes de dichas caravanas se convertían en las principales motivaciones de dichos espectadores, además de que el simple hecho de contemplar, por ejemplo, a la "oruga humana" ya era toda una experiencia de la que posteriormente se vanagloriaban. Dicho esto, lo que el público desconocía es que la "oruga humana" en realidad es un hombre o una mujer que padece el síndrome de tetraamelia - enfermedad congénita rara caracterizada por la presencia de malformaciones múltiples destacando la ausencia de cuatro extremidades -. Así como "la mujer ave" - llamada así debido al Síndrome de Seckel consistente en una microcefalia y maxilar interior reducido entre otras muchas anomalías producidas por un crecimiento retrasado del feto en el útero de la madre -. Lo mismo sucede con las mujeres pilosas, las cuales padecen Hirsutismo que consiste en el crecimiento del vello terminal en la mujer, o dicho de otro modo, la aparición de pelo siguiendo el patrón masculino de distribución en zonas andrógeno-dependientes (barbilla, cuello, areolas mamarias, tórax, muslos, espalda y las zonas inmediatamente superiores e inferiores al ombligo). La enfermedad los marca desde la cuna, condenándolos en muchos casos a una vida como simples atracciones de feria capaces de despertar admiración, miedo o repulsión por parte de quienes los observan desde sus cómodas butacas. Lejos de seguir con esta arcaica perspectiva, Pedraza los dignifica cediéndoles todo el protagonismo de su ensayo, además de abordar su existencia desde una perspectiva tremendamente humana, todo lo contrario que las gentes de su tiempos, los cuales se referían a ellos como "monstruos o "salvajes". En este segundo ensayo conocemos la historia de Antonieta Gosalvus - hija de un hirsuto perteneciente a la corte Francesa del siglo XVI - Barbara Urselin - exhibida durante años bajo el nombre de la "Mujer Cubierta" en la Alemania del siglo XVII - Julia Pastrana - mejicana nacida en el siglo XIX, conocida como "La mujer más fea del mundo" y de desdichada vida como artista de circo, su cuerpo fue momificado y exhibido durante décadas en numerosas exposiciones - Clementine Delait - francesa y protagonista de la portada del presente libro, llegó a dar clases de Arte y Cultura popular en la Universidad de Los Ángeles - y de Jennifer Miller - nacida en 1961 y fundadora del vanguardista Circus Amok de temática explícitamente queer, bailarina, activista y azote de las políticas de Bush - entre otras muchas. Dentro de un contexto - el actual - en el que por desgracia se escuchan demasiadas barbaridades y cada vez más comentarios o manifestaciones cargadas de intolerancia contra lo que a día de hoy se considera como "diferente", creo que no está de más la presencia de un ensayo de estas características al alcance de todo el mundo. Así no sólo despertaremos inquietudes intelectuales o educaremos en valores positivos, sino que además podremos ampliar nuestro conocimiento respecto a los grandes olvidados de la historia y del propio sistema. Los que son sistemáticamente apartados u ocultados simplemente por padecer una enfermedad rara o no amoldarse físicamente a los modelos de hombre y mujer tradicionales. Si hasta hay quien monta en cólera cada vez que ve la axila de una mujer sin depilar. Como si de una atrocidad se tratase, como si la presencia de pelo fuese algo perjudicial para la vista. Y eso que no son mujeres hirsutas, porque de padecer dicha enfermedad, seguro que la ira de "foro coches" sería todavía más furibunda. Como veis, la sociedad está cada vez más enferma de intolerancia, por lo que el libro de Pilar Pedraza se antoja más imprescindible que nunca. 

El salvaje interior y la mujer barbuda: una historia de "salvajes", mujeres pilosas, bufones, cortes europeas, circos de los horrores, museos de la vergüenza, visibilidad, reivindicación, filosofía, literatura, cine, pintura... ¿Qué hacéis que no lo habéis leído todavía?

Frases o párrafos favoritos: 

"El cuerpo es un territorio de opresiones. Las mujeres sufren por tener que plegarse a una imagen, y para ellas una barba es inconcebible. Una mujer no lleva barba. Ante todo, tiene que ser femenina. Yo he tenido miedo a esos clichés. Legitimar la diferencia es legitimar los sufrimientos. Seré, pues, una mujer barbuda, sin que eso sea diferente."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Antipersona