Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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lunes, 6 de abril de 2020

RESEÑA: Hijas del norte.

HIJAS DEL NORTE

Título: Hijas del norte.

Autora: Sarah Hall, una de las mejores novelistas jóvenes del Reino Unido según la revista "Granta", ha ganado en dos ocasiones el Premio Portico, y también ha sido galardonada con el Premio Betty Trask, el Premio Commonwealth a la primera novela, el Premio BBC de relato, el Premio John Llewellyn Rhys o el Premio E. M. Forster entre otros. Es autora las novelas - traducidas al español todas ellas - La frontera del lobo, Madame Zero y la hermosa indiferencia e Hijas del norte. (Fuente: Editorial).


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Catalina Martínez Muñoz.

Sinopsis: El estado de la nación ha cambiado. Con la mayoría del país inundado, los recursos controlados por el gobierno, y guerras en curso en Sudamérica y en China, Inglaterra está irreconocible. En este mundo de precariedad y extenuante trabajo industrial, la Autoridad insiste en que todas las mujeres lleven dispositivos de contracepción. Hermana nos cuenta su historia desde su celda: cómo soñó con escapar a una comuna de mujeres que viven en Carhullan, una granja fortificada en las remotas colinas de Cumbria, y cómo esa huida no fue más que el inicio de su lucha. Un testimonio del triunfo del individuo en circunstancias extremas, y una novela de extraordinaria imaginación y complejidad emocional. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: pausada, explícita, implícitamente reflexiva, sugerente, imposible no asociarla con su referente literario, en ocasiones débil argumentalmente... En el año 1985 la editorial McClelland and Stewart publicó la que décadas más tarde se convertiría en la novela más influyente de los últimos años: El cuento de la criada de la escritora canadiense Margaret Atwood. Esta distopía protagonizada por Offred - una mujer considerada un objeto cuyo valor reside solamente en su capacidad para traer niños al mundo en una sociedad distópica extremadamente machista y de corte ultra religioso - y en la que la rebelión contra dicho sistema totalitario parte del uso de las principales y más obvias tesis del feminismo marcó un antes y un después en la evolución del género. Hasta ese momento ninguna autora o autor se había atrevido a denunciar las violaciones como arma contra las mujeres, evidenciar las desigualdades de género que todavía perviven en nuestra sociedad y hasta reflexionar entorno a lo escandaloso que supone la gestación subrogada (que en el caso de la novela adquiere tintes más bestias y moralmente reprochables) en una novela distópica. El cuento de la criada supuso el salto a la fama de la autora - sobre todo en el ámbito anglosajón - y el reconocimiento a través de los galardones más prestigiosos dentro del género de la ciencia ficción. Sin embargo, hasta el finales de la pasada década, la novela de Atwood era conocida sólo por las y los amantes más apasionados del género. Y no fue hasta 2017 cuando, gracias a la sobresaliente adaptación televisiva, el libro consiguió una popularidad de proporciones mundiales. De pronto todo el mundo se interesó por la novela, y como consecuencia, por el resto de la producción literaria de Atwood, un legado, por fortuna, muy extenso y variado. Este enorme éxito propició que el año pasado la autora viese publicada la esperada continuación - y digo esperada porque el final de El cuento de la criada dejó más incógnitas que respuestas - y que un aluvión de autoras y autores se lanzasen a escribir distopías con mensaje feminista como si no hubiera un mañana. Dando como resultado obras de notable calidad literaria y obras que, por el contrario, se quedaron simplemente en un intento de igualar en originalidad a la maestra que hoy es Margaret Atwood. A todas luces insuperable. Hoy el libro que tengo el placer de reseñar pertenece, no a esa oleada tras la repercusión de la serie de televisión, sino a una anterior, la que no tuvo esa referencia audiovisual y que en este caso concreto no consigue despegar del todo. Hijas del norte: intenso himno a la rebelión feminista 


Hijas del norte es una novela que vio la luz por primera vez en el año 2007. Tuvo su recorrido y popularidad en el ámbito anglosajón y, en base a lo que la historia nos narra, podríamos hablar de un libro profético en muchos sentidos. Aunque la influencia de El cuento de la criada sea clara y a pesar de que muchas de las cuestiones que aborda la novela de Hall ya fueron tratadas y criticadas por la propia Atwood. Sin embargo, cabría preguntarse por qué ahora y no en el momento en el que fue publicada no se tradujo a otros idiomas, entre ellos el español. Podemos argumentarlo recurriendo a motivos editoriales, pero también al hecho de que temas como el ecofeminismo, la discriminación de la mujer en los totalitarismos literarios de corte distópico o la propia respuesta de las mujeres oprimidas por medio del feminismo no estaban a la orden del día en nuestros debates más acuciantes. No fue hasta finales de la pasada década cuando por fin pudimos ver a los parlamentarios de nuestro país discutir entorno al feminismo, la desigualdad salarial, los micromachismos o la libertad sexual de las mujeres. A eso debemos añadirle la poca o nula importancia del feminismo o la perspectiva de género en los distintos ámbitos de la sociedad, incluyendo lo académico, médico, administrativo, judicial o militar por citar algunos ejemplos. Por no hablar que lo catalogado como feminista no conseguía hasta hace muy poco un lugar destacado en las librerías o bibliotecas públicas. Tuvo que llegar el #MeToo, el escandalo Weinstein, el juicio a la manada de San Fermín, las huelgas del 8 de Marzo y la presencia de miles de activistas al rededor del mundo con la posibilidad de poseer un altavoz desde el que hablar para que, de pronto, libros como El segundo sexo de Simone de Beauvoir o Política sexual de Kate Millett dejasen de coger polvo para ocupar un lugar destacado en las tiendas. Al calor de estos acontecimientos y movimientos, no es de extrañar que una novela como El cuento de la criada volviese a la primera línea después de tantos años, y lo más importante, a conquistar esta vez sí a millones de lectores al rededor del mundo. Por eso, y teniendo en cuenta el año de publicación de Hijas del norte, muy pocos lectores sosteníamos la idea de que fuera una novela del montón, de las que decidieron copiar descaradamente el estilo de Atwood, de las que se apuntaron a lo que tristemente acabó por convertirse en moda literaria. Al concebirse en un momento de cero debate al respecto, pensaba que estaba ante una buena historia. Y sí, es una buena historia, aunque con algunos peros. 


En un futuro más o menos cercano, Inglaterra se ha visto sacudida por una catástrofe medioambiental dejando a medio país bajo las aguas. La crisis alimentaria se dispara como consecuencia de las inundaciones y los más afortunados subsisten gracias a la ayuda humanitaria proveniente de Estados Unidos. En medio de este panorama, surge La Autoridad, un gobierno totalitario proveniente de las zonas habitables que impone un brutal control demográfico, en el que las libertades, y muy especialmente las de las mujeres, se verán duramente recortadas. Entre las polémicas y abusivas medidas: la implantación de un chip uterino de contracepción bajo pena de reeducación o en los casos más graves de arresto. En esta nueva realidad la explotación laboral se reviste de obligación social, la carestía y el racionamiento son el pan de cada día de sus habitantes, el consumo de electricidad o internet están restringidos, los medios de comunicación son controlados y extraordinariamente limitados por el estado, el toque de queda es de obligatorio cumplimiento y un halo de resignación impide las manifestaciones y antiguas reivindicaciones. Ese es el totalitarismo de Hijas del norte, régimen en el que sobrevive una mujer a la que llamamos Hermana, protagonista absoluta de la novela, y a través de su testimonio conoceremos su disconformidad, su espíritu rebelde, y por supuesto, su huida a unas remotas colinas de Cumbria - maravilloso paisaje por cierto - en busca de la comuna feminista y autosuficiente de Carhullan, cuya milicia lucha para derrocar el sistema impuesto por La Autoridad. Dictada en primera persona, Hijas del norte está estructurada en siete capítulos a modo de archivos penitenciarios, como si de un interrogatorio o una crónica de sucesos se tratase. Este modo de presentar la historia es bastante original y de algún modo práctico, ya que la autora puede centrarse en las partes que de verdad le interesan sin necesidad de dar muchas explicaciones al lector de por qué esto sí se aborda y esto no. Dicho esto, creo que es en este apego a la forma - la confesión - y ese constante distanciamiento al modelo que Atwood mostró en El cuento de la criada es tal vez lo que más flojea de esta novela. Mientras Atwood limitó la posibilidad de expresar la rebeldía de su protagonista partiendo de su fuero interno a través de sus emociones y pensamientos - lo que potencia enormemente la escalofriante denuncia - Hall convierte a Hermana y el resto de mujeres que aparecen en la novela son directamente guerreras. Esta falta de introspección psicológica en Hijas del norte no hace sino flaquear una trama a priori atractiva para el lector. Por no hablar de incoherencias como la de que La Autoridad permita la existencia de una comuna de mujeres llamada Carhullan en la que la clandestinidad brilla por su ausencia. O la excepcionalidad de que nos topemos con un gobierno totalitario que impida a las mujeres tener hijos cuando, en la realidad histórica, la mayoría de regímenes autoritarios - exceptuando el caso de la política del hijo único en la China comunista - tienden a promover una mayor natalidad. 



Su ritmo es endiablado a ratos, pausado y reflexivo cuando toca, tiende a una progresiva decadencia hacia el final de la novela. Pero eso no quita que estemos ante una novela en la que explícitamente el grito y llamada a la rebelión feminista por parte de una comuna ecofeminista - de hecho resaltaría este aspecto como uno de los más interesantes del libro - contra lo totalitario, en este caso contra  todo lo que representa La Autoridad, no sea meritoria y digna de mención. Aunque la novela decaiga, los aspectos inverosímiles de su trama y esa falta de acercamiento al lado menos emotivo de la protagonista. En definitiva, que en tiempos de coronavirus y obligado encierro, las novelas distópicas pueden abrirnos una puerta a la reflexión, independientemente de lo que como lectoras y lectores queramos asociar como buena o mala literatura. La novela de Hall, por ir cerrando mi extensa argumentación, se mueve entre el homenaje - que no copia - a una de las grandes y más influyentes novelas dentro del género (llegando a ser visionaria en algunos aspectos) y la pena por no haber conseguido esa redondez que la haría perfecta. Lo que pudo ser y no es. El quiero pero me quedo corta. Aún así, y por apuntar un dato positivo, creo que estamos ante el inicio de una prometedora carrera literaria en la que, si tuviera voz y voto en este asunto, le aconsejaría a la propia Hall que siga en esa búsqueda de su propia voz literaria. Que los referentes están muy bien, pero que al fin y al cabo el hallar la personalidad es casi lo más importante en literatura. Con lecturas, trabajo y esfuerzo se consigue. Si la autora se aplica esta máxima estoy convencida de que veremos una Sarah Hall más curtida y única. 

Hijas del Norte: una historia de injusticia, totalitarismos, comunas ecofeministas, naturaleza, reflexión, rebelión, confesión, opresión, libertad... La novela que, es posible, queráis leer durante estos días de obligatoria cuarentena. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Me llamo hermana. Ese es el nombre que me pusieron hace tres años. Es como me llaman las demás. Es como me llamo a mí misma. Antes de eso mi nombre no tenía importancia. No recuerdo que se usara. Ya no responderé a ese nombre ni me oiré decirlo en voz alta. No daré muestras de reconocerlo. No existe. Me llamaréis Hermana. Fui la última mujer que salió en busca de Carhullan."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 9 de abril de 2019

RESEÑA: La hermosa burócrata.

LA HERMOSA BURÓCRATA

Título: La hermosa burócrata.

Autora: Helen Phillips (Colorado, 1983) actualmente vive en Nueva York, donde imparte clases en el Brooklyn College. La hermosa burócrata la situó a la vanguardia de la nueva generación de jóvenes narradores que está revolucionando el panorama literario estadounidense. Ha publicado también las colecciones de relatos And Yet They Were Happy (2011) y Some Possible Solutions (2016). Su obra ha sido merecedora de numerosas distinciones. (Fuente: Siruela).



Editorial: Siruela:

Idioma: inglés.

Traductor: Daniel de la Rubia.

Sinopsis: Si las perspectivas laborales no hubieran sido tan sombrías durante ese húmedo verano, es probable que Josephine no hubiera aceptado el puesto de administrativa en un edificio sin ventanas situado en la periferia. Su tarea consiste, exclusivamente, en introducir interminables series numéricas en la enigmática Base de Datos. Pero a medida que pasan los días y los inescrutables impresos llenos de cifras se van acumulando, Josephine empieza a sentirse cada vez más amenazada por el inquietante entorno: el zumbido de la ventilación, el color rosáceo de las paredes, el eco en los largos pasillos... Cuando su marido desaparece de improviso y la verdad sobre la naturaleza de su empleo comienza a perfilarse, su creciente malestar se transforma, ahora sí, en absoluto temor. (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: extraña, misteriosa, con un arranque inolvidable, claustrofóbica, desconcertante, mejor no preguntar por su desenlace..."No es difícil acostumbrarse a todo, particularmente cuando se ve a los demás hacer lo mismo." Así se expresaba León Tolstoi en su famosísima y siempre reivindicada Anna Karenina. Y es que de un tiempo a esta parte, el ser humano ha sido consciente del poder alienador que las altas esferas ejercen sobre todas los aspectos, hasta del detalle más mínimo de nuestra cotidianeidad, pero también, de lo difícil que resulta desprenderse de él sin llevarse por delante gran parte de lo que, con esfuerzo, hemos conseguido construir. Algo que, con la gigantesca influencia de las nuevas tecnologías (en especial las que consiguen deprimirnos o activar nuestra euforia con tan sólo un "like"), es un esfuerzo cada vez más titánico. De ahí, en parte, la resignación, el "tragar con todo", la impotencia, el acostumbrarse a que las cosas son así y punto. Retomando las sabias palabras del escritor ruso, diremos que, a fin de cuentas, como el resto hace lo mismo, ¿yo por qué voy a ser menos? No vaya a ser que me meta en un problema y vea mi proyecto de vida truncado. Además, todo es aceptarlo y que el tiempo siga corriendo, rápido, veloz, sin sobresaltos, sin que se detenga con un golpe seco.  Esa filosofía del conformismo (esa palabra que en ocasiones tanto odio), explica gran parte de nuestros errores como sociedad, además de fomentar un pensamiento poco proclive a formular cualquier crítica. Sin embargo, cuando aplicamos esta misma filosofía al mundo del trabajo, entonces ésta saca sus fauces a relucir y las pasea para que todas y todos vean lo que les puede suceder si no cumplen con la política de la empresa. Y lo peor de todo es que, como dependemos de un salario a final de mes, acatamos todo lo que los echen con tal de aferrarnos a un empleo que, por muy horrible o mal pagado que esté, al fin y al cabo es trabajo. La precariedad, así como ese conformismo mal llevado, son los motivos que obligan a Josephine, protagonista de la novela que hoy reseñamos, a aceptar un puesto en el lugar menos inspirador y cerrado (literalmente) de cuantos la imaginación haya podido imaginar. La hermosa burócrata: una particular e indescriptible distopía sobre las consecuencias de la alienación.

     La historia de como La hermosa burócrata acabó en mis manos es bien sencilla y en línea con esa tradición literaria a la que, como lectora y fan absoluta, me he aferrado. Las distopías (subgénero dentro de la ciencia ficción) siempre me han entusiasmado, flipado y volado la cabeza con sus visiones de esos mundos futuros devastados y sujetos a regímenes totalitarios en los que nadie desearía vivir. Desde aquella primera y memorable lectura de 1984 de George Orwell, así como las posteriores de Un mundo feliz de Aldoux Huxley y Farenheit 451, no pude evitar caer rendida a sus pies. Me dieron tanto miedo su imaginación, me provocaron tantas reflexiones, en definitiva, me causaron tanta impresión que decidí, entre los años 2014 y 2015 poner punto y final a la carrera de Historia con un Trabajo Final de Grado relacionando dichas lecturas, entre otras, con su contexto, con la época en la que se habían escrito, que casualmente coincidía con el auge de los mayores regímenes totalitaristas de los que la humanidad ha sido testigo. ¿Serían una crítica a dichos sistemas políticos? ¿Y de estar en lo cierto, a cual lanzan sus puntiagudos dardos? ¿O más bien estamos no ante una feroz crítica, sino ante una descripción de algunos de ellos, ante su inspiración llevada a su máximo extremo? Todas esas preguntas, a las que más o menos conseguí encontrar respuesta, rondaban en mi cabeza cada vez que me adentraba, con gran entusiasmo, en el interior de una nueva distopía.

    Desde entonces, desde que descubrí a los que todo el mundo conoce como "padres" de la distopía del siglo XX, han sido muchas las que, con mayor o menor fortuna, han pasado por mis manos y por mis ojos. Sin embargo, cuando conseguí, tras años de espera y mucha paciencia (ya que por aquel entonces el libro estaba inexplicablemente descatalogado) meterme de lleno en la lectura de El cuento de la Criada, algo cambió en mi interior. Estaba leyendo una distopía, tenía muchas cosas en común con las escritas por los grandes del subgénero, sin embargo, el punto de vista era totalmente diferente. Aquella fue la primera vez que leí una distopía protagonizada por una mujer y narrada desde su punto de vista. Lejos de quedarse ahí el asunto, El cuento de la Criada también mostraba al lector una distopía horrible, para todos, pero especialmente para las mujeres (no hace falta que me explaye en los detalles ya que muchas y muchos habréis visto la serie, y si no la habéis visto, ya estáis tardando), las cuales son las principales víctimas de Gilead (Estados Unidos). Sin duda, la novela de Margaret Atwood marcó un antes y un después en mi incesante búsqueda de distopías literarias. Seguí leyendo a autores, pero mi interés hacia la mirada femenina aumentó considerablemente, sobre todo en los últimos años. De ahí que no me pudiera resistir a hacerme con un ejemplar de La hermosa burócrata. Una distopía que apuntaba maneras, cuya sinopsis había conseguido removerme por dentro y a la que se añadía una autora que, según la breve biografía de la solapa, estaba considerada como una de las mejores de su generación. Y sí, al principio fue bien, mejor que nunca. El problema llegó cuando, una vez me encaminaba a la recta final de su lectura, ésta acabó tornándose algo confusa.

   Si existiera un color para definir la lectura, así como la trama de la novela de Phillips, ese es el gris. Pero no en su versión marengo, tan sofisticada, sino en una gama más apagada y fría, como la rugosa pared de ese trozo de edificio mal derruido en medio de un descampado, como ese escalofrío que recorre nuestro cuerpo cuando colocamos un dedo sobre el cristal de la ventana en una tarde helada y lluviosa. Gris no significa simple, ni anodino, es la fusión del blanco y negro, el resultado de una simple mezcla que, si se aglutina, si se empasta, si se funde correctamente, puede deparar algo grandioso. Eso pensaba cuando me adentré en La hermosa burócrata, de hecho, esa sensación de estar ante algo verdaderamente potente y gris (muy gris) me mantuvo en vilo desde el mismo inicio de la novela. Tan memorable como estremecedor. Hacía tiempo que no leía algo tan seco, tan frío, tan directo y que al mismo tiempo me provocase infinidad de emociones.

   Su premisa, la de una mujer (Josephine Anne Newbury) que tras mucho tiempo en dique seco (es decir, en el paro), accede a un empleo de todo menos alentador, no puede ser más actual. Si lo miramos con los ojos de quienes llevamos años y años luchando entre la precariedad y el desempleo, es muy probable que muchas y muchos acabemos identificándonos con los problemas e impresiones de Josephine. Sin ir más lejos, el primer capítulo podría reflejar a la perfección ese grado de despersonalización (llevado por supuesto al extremo) al que últimamente se está encaminando el mundo laboral. Josephine entra a trabajar en un lugar sombrío, austero, sin ventanas. El lector desconoce por completo quien le entrevista, no sabe si es un hombre, una mujer o incluso un robot. Para Josephine, y por supuesto para el que acaba leyendo esta novela, siempre será "La Persona con Mal Aliento". Al no haber ventanas, no hay ventilación ni luz que entre desde el exterior, por tanto, la autora nos sumerge en un entorno altamente claustrofóbico con el fin de que nos creamos constreñidos entre techo y pared, entre silla y mesa, entre empleada y labor. Sabemos en qué consiste el nuevo trabajo de Josephine, el cual no puede ser más desalentador. Una tarea tan monótona como meter conceptos en una base de datos aburre a cualquiera, destruye, desquicia... Pero ella sigue ahí, porque la situación no es buena, porque necesita trabajar, porque tiene sueños, porque comparte su vida con alguien a quien ama.

   Sin embargo, el detonante surge cuando, de forma totalmente inesperada, su marido, el amor de su vida, desaparece sin dejar rastro. Es entonces cuando el lector se encamina a una narración basada en un supuesto (para nada novedoso en literatura pero claramente interesante en el caso de La hermosa burócrata). ¿Podrá Josephine seguir en ese trabajo tras el abandono de su pareja? ¿Podrá pasar por alto sus sospechas acerca de los elementos que constantemente introduce en la abominable máquina? ¿Mantendrá su actitud dócil y sumisa ante "La Persona con Mal Aliento"? A esas y a más preguntas pretende responder Phillips en esta novela. No obstante, y a pesar de ese brutal arranque y esa manida pero interesante propuesta (dentro de las distopías literarias todavía quedan muchos frentes abiertos), la trama parece enredarse, hasta el punto de meterse en un callejón sin salida, en un jardín del que es complicado salir indemne. Algo que, en prejuicio del lector, la autora arregla de una forma un tanto abrupta, creando la sensación en el lector de que acaba de asistir a un enredo mayor. Tan extraño, tan incongruente, tan "no lo he pillado pero seguro que tiene su significado". Y no lo dudo, pero en esta ocasión, la idea que tenía Phillips en la cabeza, que de seguro que era buena, no acaba de plasmarse perfectamente sobre el papel.

   A pesar de este ligero descalabro en cuanto a su final, en general me ha parecido una propuesta  muy interesante y digna de ser apreciada tanto por los lectores como por el mundo intelectual. Ya que no son pocas las reflexiones que su lectura plantea entorno a como, dentro del sistema capitalista, concebimos la acción de trabajar o el hecho de tener un trabajo. "Trabajo" en todas sus concepciones posibles. Pero también, y es ahí donde encuentro la mayor virtud de esta novela, en el hecho de que, a pesar de que desde la editorial nos la venden como una distopía, en realidad, el lector que se adentra en ella no percibe esa sensación. Es más, parece que esté hablando del momento actual, de la realidad más acuciante, de la vida de todas aquellas personas que, como ganado, se meten en los autobuses o el metro para dirigirse a sus respectivos empleos sin más motivación que la de la subsistencia económica. Sin importar cual de infelices son haciendo su trabajo o si éste resulta más esclavo de lo que aparenta. Tras leer La hermosa burócrata y recorrer junto a Josephine cada uno de los extractos de ese sistema en el que se ve imbuida, una no puede evitar preguntarse si estamos ante una fantasía novelada o ante nuestra propia rutina, ante nuestra propia hipocresía respecto al conformismo o simplemente ante el futuro, hasta donde estaríamos dispuestos a llegar si el capitalismo más salvaje acaba construyendo edificios sin ventanas, autómatas frente a ordenadores o máquinas cuyo último fin el trabajador desconoce por completo.  La hermosa burócrata: una historia de alienación, presión, jerarquía, expectativas, fracasos, inquietudes aplastadas, monotonía, locura, tecnología... ¿Trabajo al servicio de quién?

Frases o párrafos favoritos:

"Experimentó un timorato instante de miedo cuando empujó la robusta puerta. Pero cuando ésta ser abrió, no saltó ninguna alarma y se encontró con una escalera donde reinaba el silencio. Los escalones de cemento se perdían hacia arriba y hacia abajo, son que fuera posible ver dónde terminaban."

Cortesía de Siruela

jueves, 28 de diciembre de 2017

RESEÑA: El cuento de la criada.

EL CUENTO DE LA CRIADA


Título: El cuento de la criada.

Autor: Margaret Atwood (Ottawa 1939) es una de las escritoras canadienses de mayor renombre internacional. Autora prolífica, ha cultivado diversos géneros literarios y su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Entre sus novelas destacan, además de Alias Grace, El cuento de la criada, Por último, el corazón y Ojo de gato, finalistas del premio Booker, un galardón que obtuvo con El asesino ciego, su décima novela. Ha recibido así mismo el Governor General´s Award, la Orden de las Artes y las Letras, el Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Montale, el Premio Giller, el National Arts Club Literary Award, el Premio Internacional Franz Kafka, el Premio de la Paz del Gremio de Libreros Alemanes y desde hace unos años su nombre suena con fuerza entre los candidatos al premio Nobel de Literatura. Gracias a las adaptaciones televisivas de El cuento de la criada y Alias Grace, Margaret Atwood ha vuelto a posicionarse entre las autoras más vendidas a nivel mundial. (Fuente: Salamandra).



Editorial: Salamandra.

Idioma: inglés.

Traductor: Elsa Mateo Blanco.

Sinopsis: amparándose en la coartada del turismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder, y como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. En esta nueve República, la de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal y como imponen las normas establecidas por la dictadura puritana que gobierna el país. Si Defred se rebela - o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir - le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a las Colonias en las que sucumbirá a la producción de residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria y hasta sus relaciones sexuales. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo. (Fuente: Salamandra).

Su lectura me ha parecido: importante, trascendental, atemporal, bien escrita, dura, seca, crítica, con un mensaje rabiosamente feminista, escalofriante, perturbadora, terrorífica...Queridos lectores y lectoras, ya quedan pocos días para que comamos las 12 uvas y demos la bienvenida al 2018 por todo lo alto. Son fechas señaladas, que duda cabe, en las que se da rienda suelta a la nostalgia y en las que proliferan listas de "lo mejor de 2017" procedentes de cada disciplina científica, artística, humanística...Por ello y porque desde Jimena de la Almena no quería quedarme atrás y he decidido dejar lo mejor del año para el final. Y no, no es una reseña de Patria de Fernando Aramburu. Es cierto que en un principio esa era la idea, terminar este año de reseñas con una crítica al libro que más éxito editorial ha tenido en España. Pero tras meditarlo detenidamente, he optado, y creo que acertadamente, por reseñar el presente texto. Todos habéis oído hablar de él, muchos de vosotros habéis visto la serie y habréis alucinado con lo que se muestra y se narra. Todo eso lo se. Pero lo que muy poca gente sabe es que este libro, tan actual y cuya sinopsis podría encontrarse perfectamente en cualquier novela publicada este año, se escribió en los años ochenta. Si, en los ochenta ya se criticaban muchas cosas, entre ellas, la falta de libertad de la que hoy en día no disfrutan muchas mujeres de este mundo. Esto demuestra dos cosas: primero, que no hace falta que un libro se publique en 2017 para que se convierta en el libro del año, y segundo, que si no lo habéis hecho ya, espero que estas navidades vayáis alguna librería y adquiráis este libro. Regalarlo si queréis, afortunado será quien en su biblioteca tenga un ejemplar de El cuento de la criada: la perfecta y más terrorífica heredera de 1984.


La historia de como este libro llegó a mis manos es bien sencilla. Sin embargo, debemos remontarnos a mis años de estudiante universitaria. Como muchos ya sabréis, una servidora realizó el conocido como Trabajo Final de Grado sobre el totalitarismo a través de una serie de novelas distópicas. Libros como Un mundo feliz, 1984, Farenheit 451 y La naranja mecánica fueron los seleccionados y a los que sometí un intenso análisis para demostrar como el totalitarismo adquiría formas similares y diferentes al mismo tiempo entre unas novelas y otras. Fue durante ese proceso de documentación e investigación cuando descubrí a Margaret Atwood y El cuento de la criada. La verdad es que tras leer la sinopsis el libro me cautivó de inmediato. Es más, si lo usaba para mi trabajo podía darle una perspectiva de género tan necesaria como interesante para el estudio del tema. Sin embargo, y por falta de tiempo y espacio, El cuento de la criada se tuvo que quedar fuera de mi Trabajo Final de Grado. Eso unido al hecho de que me había resultado misión imposible encontrar un ejemplar, hicieron que la lectura de la novela de Margaret Atwood quedase apartada. Durante los años posteriores, y aunque no lo había leído, no me cansé de hablar de este libro y de recomendar su lectura. Me arriesgaba mucho, pero, mi intuición me decía que aquella novela no era el best seller de turno, sino algo más grande e inquietante. Pasado un tiempo y ya imbuidos en la era Netflix o HBO, se estrenó una serie que adaptaba de forma bastante fiel el libro de Margaret Atwood. En ese momento, casi por inercia, supe que algo estaba cambiando en el panorama cultural, y no solo desde el ámbito seriefilo. Al poco conseguí, gracias a un golpe de suerte, poder adentrarme en El cuento de la criada. Su lectura duró en mis manos unos días, los suficientes como para que pudiese asimilar la historia y todo lo que esta transmitía en cada capítulo. Tras finalizarla pude por fin disfrutar de la serie protagonizada por Elizabeth Moss, la inolvidable Peggy Olson de Mad Men, y comprobar como en ocasiones la ficción, en el caso de El cuento de la criada, podría superar a la realidad.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha comenzaremos diciendo que El cuento de la criada presenta una lectura amena, rápida, adictiva, pero no por ello ausente de contenido. Como ya he dicho en el párrafo anterior, este no es un libro cualquiera, pues ha sentado un precedente muy importante en la literatura distópica que se publicó posteriormente. Para empezar, y aunque en estilo recuerda mucho al 1984 de George Orwell, esa narración en primera persona, ese tono tan dolorosamente nostálgico y esa constante reflexión interna por parte de la narradora consigue que el lector empatice de inmediato con Defred y el resto de mujeres cuya vida se ha visto truncada a medida que se sucedían los acontecimientos en la nueva república, la de Gilead. Y por otro lado, el que sea una mujer la protagonista de esta historia hace que la novela adquiera una dimensión nunca antes vista. En las más famosas distopías literarias siempre es un hombre el que disiente de las normas del sistema, el que experimenta una revolución interior, el que en ocasiones lidera la resistencia o el que incluso logra cambiar las cosas. La mujer en estas novelas siempre aparece como elemento secundario, dejándole todo el protagonista al hombre. En El cuento de la criada, Defred se alza como voz de esa terrible experiencia vivida, pero también, como esa luz tan necesaria en un mundo de oscuridad, una luz que no logra apagarse. Margaret Atwood eleva su fortaleza e inteligencia a la misma altura de los hombres, a pesar de que su situación como mujer en Gilead esté por los suelos y sujeta a la férrea normativa moral del país.



Centrándonos en la historia que se nos narra tenemos que comentar que esta no puede ser más terrorífica: un futuro inmediato, en donde tras un asalto al congreso por parte de unos terroristas se establece un gobierno teocrático basado en el puritanismo y en una interpretación extrema del Antiguo Testamento. Una sociedad en la que los derechos de las mujeres no existen y su actividad es controlada al milímetro. En este país las mujeres, además de verse privadas de sus libertades, son distribuidas en tres grupos: las esposas, las Criadas y las Marthas (amas de casa). De los tres, la función de las Criadas, compuesto por mujeres fértiles secuestradas, es la reproducción. Las Criadas son sometidas de forma violenta a una serie de humillantes actos que tienen que acatar, tales como ser las que provean de hijos a las familias de los oligarcas, sufrir cada mes la violación para poder quedar embarazadas, perder su identidad propia, ser testigo de las ejecuciones e incluso formar parte de ellas como obligados verdugos. Las que se revelan, las que no pueden tener hijos y las llamadas "intelectuales" son apartadas inmediatamente de la sociedad y mandadas a las Colonias, un lugar en donde sobrevivir es imposible. June, ahora Defred, pierde su trabajo, a su pareja, a su hija pequeña, a su mejor amiga, pero también su dignidad como ser humano, siendo tratada como una perpetua menor de edad y un objeto enfundado en un traje simbólicamente rojo. Además del de Defred, cuya construcción psicológica no puede ser más perfecta, nos encontramos con otros personajes igual de trascendentales. De entre todos ellos, yo destacaría el de Serena Joy y el de Tía Lidia. El primero por representar lo opuesto a Defred: sumisión, resignación, pero también autoridad. Al ser la esposa del comandante con mayor rango del sistema, se erige en su posición privilegiada. Sin embargo, en la novela también se muestra como al ejercer ese papel la propia Serena experimenta momentos de debilidad, sintiendo que, al igual que las Criadas, está viviendo una existencia que nunca se imaginó protagonizar, todo ello a pesar de sus fuertes y fanáticas convicciones religiosas. Y el segundo, el de Tía Lidia, no puede ser más malvado. Violencia, sadismo, mano de hierro, poder...Todos estos calificativos y más describirían perfectamente su carácter. Tía Lidia es una de las guardianas del conocido como Centro Rojo, un lugar donde preparan a las mujeres fértiles para convertirse en Criadas, un recinto donde la rebeldía se castiga con extrema violencia y en donde Tía Lidia ejerce un papel que oscila entre el de la madre protectora y el de la torturadora más peligrosa. El resto de personajes, tan inolvidables como escalofriantes, conforman esta atemporal historia. Por último, no podemos dejar pasar ese final tan atípico que desmonta los esquemas del lector más tradicional. Evidentemente no voy a desvelaros que es lo que sucede, pero si compartir con vosotros que éste es totalmente imprevisible y tan extraño que algunos críticos se han atrevido a opinar que Margaret Atwood ha dejado la novela inconclusa. Ni final abierto ni cerrado, simplemente ha hecho algo nunca antes visto y que sorprende por su brusquedad tal vez intencionada. Cierto o no lo que está claro es que el final de El cuento de la criada disgusta y fascina a partes iguales.


Muchos medios de comunicación de todo el mundo coinciden en definir al año 2017 como el año del feminismo, y la verdad razón no les falta. Por primera vez en muchos años, y gracias en parte a las Redes Sociales, el problema de la desigualdad entre hombres y mujeres se ha convertido, por fin, en un tema de debate y discusión, llegando incluso al ámbito político. Conceptos como "micromachismo", "machirulo", "sociedad patriarcal" o "cultura de la violación" han tenido cabida en los medios de comunicación y en las discusiones académicas más importantes. Además, las campañas de visivilización de problemas tan grabes como la violación, el acoso sexual, la violencia machista o la discriminación en ámbitos como el laboral o el familiar han obtenido una impresionante acogida a nivel global. Algunas, como la del #MeToo (yo también) han logrado una repercusión planetaria sin precedentes. En un año en el que como mujeres hemos sido más conscientes de las injusticias cometidas contra nuestro sexo, en el que hemos aprendido a cuestionar los estereotipos de género y en el que hemos desarrollado una mirada más crítica hacia ciertos productos de consumo de masas; hay todavía quienes pretenden vivir como hace 50 años, por lo que no dudan en insultar y amenazar de muerte a quienes se posicionan en favor de una igualdad real entre mujeres y hombres. Por eso y para combatir toda esa injusticia vertida sobre el sexo femenino durante siglos, es importante el feminismo. En El cuento de la criada se reflexiona sobre muchos temas, algunos tan actuales que asustan, pero de lo que podemos estar seguros es que Margaret Atwood defiende la urgencia de una ideología feminista en cada página de la novela. La moraleja viene a ser la siguiente: sin feminismo, las mujeres pueden correr la misma suerte que Defred, sin feminismo, la sociedad patriarcal puede volverse tan fanática como la de la República de Gilead, sin feminismo, en última instancia, como mujeres perdemos todo, absolutamente todo, incluso la capacidad de decidir sobre nuestro propio destino. No debemos pasar por alto que en muchos países, algunos de gran peso e influencia, la mujer es tratada como un objeto, e incluso como en El cuento de la criada, es controlada hasta su forma de vestir, por no hablar de las relaciones sexuales o su opción sexual. Como tampoco olvidar que en los países más desarrollados del mundo la mujer esta viendo como sus derechos retroceden a paso de gigante, con la amenaza permanente de que la cosa puede ir a peor. El debate de la legalización de la gestación subrogada en España o el recorte de ayudas a la violencia doméstica en Rusia son ejemplos de como de mal está la situación. Por ello deberíamos hacer más caso a Margaret Atwood y defender nuestros derechos como mujeres, pues, si no hacemos nada, harán con nuestras vidas lo que quieran. El cuento de la criada: una historia de terror, reflexión, feminismo, realidad, ficción, lucha, rebeldía, amor...Un cuento que esperemos, por la cuenta que nos trae, que siga siendo eso, un cuento.

Frases o párrafos favoritos:

"La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación."

Película/Canción: en 1990 se estrenó la primera adaptación cinematográfica de la novela de Margaret Atwood, con las interpretaciones de Natasha Richardson, Faye Dunaway y Robert Duvall. Pero ha sido en el 2017 cuando se estrenó su adaptación más exitosa. Esta vez en formato televisivo y con las interpretaciones de Elizabeth Moss, Joseph Fiennes, Yvone Strahovski, Alexis Bledel, Ann Dow y Shamira Wiley entre otros. La serie ha sido premiada en los Emmy de este año en categorías tan importantes como Mejor serie Dramática, Mejor actriz protagonista, Mejor actriz secundaria y Mejor guion adaptado. En los próximos Globos de Oro compite en las categorías de Mejor Serie Dramática, Mejor actriz protagonista en una serie de televisión y Mejor actriz secundaria en una serie de televisión.


¡Un saludo, a seguir leyendo y feliz año nuevo!

martes, 23 de mayo de 2017

RESEÑA: J

J

Título: J.

Autor: Howard Jacobson (Manchester 1942) estudió en Cambridge y fue profesor en Inglaterra y Australia. Además de haber escrito un buen número de novelas y ensayos, es columnista en The Independent y autor de diversos documentales para la televisión. En 2010, resultó ganador del Man Booker Prize, el galardón literario más importante de Reino Unido, por su novela The Finkler Question y en 2014 fue finalista con J. Jacobson es conocido por retratar de una forma cómica los estereotipos de la sociedad inglesa y la realidad de lo que significa ser judío.


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Antonio Rivero Travillo.

Sinopsis: en un futuro tan próximo que no parece sino una deformación de los principales rasgos de nuestro presente y nuestro estilo de vida; en un mundo en el que un velo de olvido, negación y recelo ha caído sobre el pasado (marcado por una catástrofe desconocida e innominada, tabú, a la que la gente se refiere con el eufemismo conjurador de "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ"); en una sociedad en la que la normalidad es una disimulada tiranía resultado de blandas imposiciones, que una proliferación del gusto por lo mismo y de una lenta abolición de las diferencias, un hombre y una mujer, para quienes sus respectivos pasados son extraños y desmemoriados, se conocen y se enamoran. Y con ese amor empieza o acaba todo. Pero ¿realmente ha sido un encuentro fruto del azar? Lo que sigue es un camino lleno de ternura, incertidumbre, melancolía, paranoia y terror. Un viaje a la raíz del desamparo.

Su lectura me ha parecido: interesante, reflexiva, excesivamente descriptiva para mi gusto, evocadora, a ratos delicada, inquietante la mayor parte del tiempo...La normalidad, eso que está presente en nuestro día a día. Eso que adquiere diferentes formas, que muchos ansían, que pelean, que persiguen, como único y más preciado objeto. Esa normalidad que nos acompaña, que nos envuelve, un espacio en el que nos movemos continuamente y al ritmo que nosotros, como seres humanos, preferimos. Una palabra con infinidad de colores, texturas, matices, en cuyos recovecos nos refugiamos cuando parece oscurecerse, pero del que no dudamos salir al mínimo síntoma de mejora. La normalidad, para bien o para mal, es nuestro pan de cada día, una normalidad construida con nuestras propias manos en base a un modelo de sociedad, a unas costumbres, a un entorno que no nos es indiferente y que actúa directamente sobre nuestra personalidad. El problema viene cuando esa normalidad se torna incómoda, cuando nuestros actos son estrictamente medidos, cuando uno mismo se auto reprime, tanto que es incapaz de expresar lo que de verdad opina o siente con total libertad. Y lo peor de todo sucede en el momento en el que, además de todo lo mencionado, uno no deba mentar el pasado, pues, el velo del olvido ha caído sobre él, ocultando cada detalle bajo espesos y oscuros pliegues. Esta sensación, queridos lectores y lectoras, no describe un mundo post apocalíptico, no, esto ocurre en muchos países del siglo XXI. Países entre los que incluyo a España, pues de eso de echar al olvido, por desgracia, sabemos demasiado. Esa calma insana, esa cotidianeidad sometida, en otras palabras, esa normalidad falsa se respira en la novela que hoy tengo el placer de reseñar, al igual que en el cuadro que inspira su portada, en clara alusión a uno de los grandes de la historia del arte y de la pintura. Un particular jardín de las delicias donde hay felicidad, amor y fantasía, pero también cadáveres sosteniéndola. J: la deformación más escalofriante de nuestro mundo.


La historia de como J llegó a mis manos y ya de paso a formar parte de mi apreciada y venerada estantería es bien sencilla. Como bien sabéis, siento debilidad por las novelas distópicas, es decir, las que son capaces de introducirnos en un futuro pos apocalíptico y en las que podemos observar como los autores y autoras, con mayor o menor maestría, critican su tiempo a través de profundas reflexiones que impactan en el lector de forma realmente asombrosa. A mi personalmente, ese tipo de literatura, si está bien escrita y armada, me encanta, me entusiasma, hasta el punto de que hace unos años usé esa base para la realización de mi trabajo final de carrera. Una labor de la que me siento especialmente orgullosa y de la que os he hablando aquí en más de una ocasión. A raíz de esta pasión por este particular sub género literario, comencé a estar más atenta a los libros que presentaban las mencionadas características, para mi siempre sería un placer adentrarme en ellos. No obstante, ya no me conformaba con los clásicos del género, ni con esas joyas ocultas, lo que de verdad mi fuero interno deseaba era una novela, de este estilo, pero más actual, que plantease problemas actuales, en otras palabras, que se atreviera a criticar de esta forma los problemas de hoy en día, los gobiernos, el salvaje capitalismo, la crónica brecha social, las nuevas tecnologías...Todo eso y más. Se que era mucho pedir, y que en el actual mercado editorial parece no existir margen para el riesgo, pero necesitaba ver ante mis ojos una novela cuya distopía nos reflejase aspectos de lo que hoy somos y de lo que podríamos llegar a ser si continuamos por este camino. Y entonces, un buen día, me topé con J. La verdad es que a simple vista, el titulo no me acabó de convencer, no era el más atractivo del mundo que digamos. Sin embargo, y tras leer detenidamente la sinopsis de la contraportada, intuí que J escondía más, que no era una simple letra del abecedario ni la que podemos encontrar formando palabras típicas de nuestro idioma. No. J encerraba más cosas, y lo más importante, que todas ellas tendrían que ver y mucho con la visión de un tiempo, no muy lejano al actual, en el que las cosas han cambiado. Esa premisa fue la que en cierta medida me empujó a hacerme, cuando tuve la oportunidad, con un ejemplar gracias a Sexto Piso. ¿El resultado final de esa incesante búsqueda? En el siguiente párrafo.


En lo que respecta a la critica propiamente dicha, me gustaría comenzar aclarando que ha sido sumamente complicado redactar y estructurar esta reseña. J es uno de esos libros que, además de suscitar infinidad de debates y reflexiones, resulta complicado enfrentarse a él en calidad de crítico. El libro no intimida para nada, es su complejidad y características las que, como bien expondremos a continuación, han hecho de la redacción de esta reseña una ardua y difícil tarea. En primer lugar, hay que aclarar que no nos encontramos ante una distopía al uso, en donde se viola la intimidad con el espionaje masivo, en donde hay un líder todopoderoso o en donde el personaje principal es el que revela contra el sistema. J se encuentra en las antípodas de todo eso, no tenemos un universo perfectamente descrito, no sabemos donde se sitúa la trama, en que año nos encontramos ni cuales son las características. El autor no lo menciona en ningún momento, por lo que el lector es el que tiene que usar la imaginación para confeccionar ese entorno. Puede ser un recurso en apariencia novedoso, pero lo cierto es que ya aparece en otras obras literarias, como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, una novela en la que tampoco se describe nada del entorno y que son más bien diálogos. Eso si, en ausencia de descripción paisajística y del entorno, si la encontramos en lo que respecta a las emociones, los sentimientos y los pensamientos de los personajes. A mi esto último me pareció muy interesante, pero a ratos se me hacían eternos, haciendo que la lectura no fuese todo lo ligera que yo esperaba. Como recurso esta muy bien, pero si se sabe emplear. En segundo lugar, como toda buena novela, esta compuesta de una serie de personajes que contribuyen a dar cuerpo y personalidad a la novela, y en este caso, los personajes no podían ser más particulares. Un hombre llamado Kevern y una mujer llamada Ailinn, ambos con muchos problemas y manías propias, algunas de ellas bastante extrañas. Ambos parecen no pegar en absoluto, sin embargo, esa lucha interna contra sus propios demonios los une, hasta el punto de lograr conmover en cierta medida al lector. Y es aquí donde entra ese toque de delicadeza, la encontramos a ratos, pero cuando estamos ante ella, la narración adquiere un equilibrio necesario en una trama donde la incógnita es la clave. En tercer y último lugar, J es una novela donde se plantean muchos interrogantes, algunos de carácter filosófico y otros muy comunes, a los que en más de una ocasión hemos tenido que hacerles frente. Eso si, no todos ellos son resueltos a lo largo del libro, sino que se quedan en el aire, sin respuesta, a la merced de la opinión del lector. Un lector que, a pesar de todo parece demasiado extraño e intrigante, si ejercita el músculo de la imaginación, disfrutara de su lectura.


Para finalizar la redacción de esta reseña y como ya siendo tradición en este espacio de cultura y debate, me dispongo ha dejar constancia de mi reflexión personal, algo que como era de esperar, no me ha resultado nada fácil. J es un libro complejo, tan complejo que era inevitable que una servidora necesitase unos días para pensar detenidamente. Al final, y sobretodo, teniendo en cuenta el panorama actual, me he decantado por plasmar una cuestión muy importante en mi más humilde opinión. La novela, J, esta distopía tan diferente al legado de Orwell, se articula entorno a una frase, aunque para ser más correctos, deberíamos referirnos a ello como eufemismo. Todos los personajes se refieren a "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ" y la repiten, como un mantra, para referirse a algo que no sabemos muy bien qué fue, pero que si uno se adentra en J, entenderá que no fue una cuestión superflua. "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ" afectó enormemente a ese mundo que el autor crea, hasta el punto de que no se habla de ello si no es con esos términos. Algo muy gordo debió suceder para que acabase desembocando en un mundo donde no se puede hablar del pasado y en donde la normalidad es una disimulada tiranía diaria. Algo muy peligroso e inesperado que nosotros, nuestro mundo, tiene las mismas posibilidades de sufrir. Puede que una afirmación de estas características haya sonado un poco alocada, fantasiosa y seguramente muchos de vosotros penséis que me haya vuelto fan de las teorías conspirativas. No, en absoluto, si lo meditáis detenidamente, veréis que algo de razón hay en esas palabras, pues, nuestro mundo, ese mundo que entre todos hemos contribuido a construir, se asienta sobre unos pilares frágiles, tan frágiles que cualquier cosa podría hacerlos tambalear. Hace unas semanas, el planeta asistió estremecido al mayor ataque informático que se recuerda, los informativos comunicaban con urgencia la noticia y fuimos muchos los que, invadidos por la paranoia y el miedo, apagamos nuestros ordenadores por temor a que nos convirtiéramos en victimas de dichos piratas cibernéticos. El mundo se paralizó, contuvo la respiración y vio como esos pilares de los que os había hablado antes, se tambaleaban violentamente. Hoy en día todo esta en internet, todo, nuestro historial médico, nuestro trabajo, nuestra vida, todo esta informatizado. Pensad por un momento, si todo eso, de la noche a la mañana, desaparece sin más, las consecuencias serían bestiales, y debido al elevado grado de dependencia que tenemos con lo tecnológico, el caos y la violencia correrían a sus anchas por las calles. Y todo por un simple click y una pantalla en oscuridad perpetua. Con este ejemplo quiero demostraros, queridos lectores y lectoras, que no estamos protegidos ante cualquier imprevisto y que ahora, más que nunca, el mundo puede cambiar en cuestión de segundos, y que podríamos acuñar perfectamente nuestro propio "LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ". Ojalá no vivamos nunca para ser testigos de algo así, lo deseo de verdad, pero hay que ser conscientes de la fragilidad del mundo y de como nuestras acciones pueden condicionar la vida de las futuras generaciones. Lecturas como J nos hacen pensar, pero también observar como el muro que separa la tranquilidad del abismo es muy endeble. J: una historia de amor, calma chicha, manías, pasado olvidado, intranquilidad...Una novela que ofrece las clave de nuestros errores.

Frases o párrafos favoritos:

"No hace falta tener los ojos abiertos para ver las cosas."

Película/Canción: aunque opino que un texto así probablemente funcionaría en formato cinematográfico, y hasta que eso ocurra, aquí os dejo la pieza que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. ¡Disfrutarla!


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Narrativa Sexto Piso

martes, 28 de marzo de 2017

RESEÑA: Nosotros.

NOSOTROS

Título: Nosotros.

Autor: Evgueni Zamiatin (1884-1937) estudió ingeniería naval en el Instituto Politécnico de San Petersburgo. Arrestado durante la Revolución de 1905, consiguió volver clandestinamente a San Petersburgo hasta que se instaló en Finlandia, donde concluyó sus estudios. Al regresar a Rusia, fue arrestado de nuevo, por lo que tuvo que exiliarse en 1911, siendo amnistiado en 1913. Durante la Primera Guerra Mundial, publicó En el quinto infierno, una novela antibelicista que pronto fue censurada por las autoridades zaristas. Desilusionado con la Revolución de 1917, a la que prestó su apoyo al principio, publicó los relatos Los insulares y El pescador de hombres. Pero sería su obra maestra, la distopía Nosotros (1921) por la que saltaría a la fama cuando, tras ser prohibida por las autoridades soviéticas, se publicó primero en Reino Unido, en 1924 - si bien de forma incompleta - y tres años después en Praga. El reconocimiento mundial llegó con la publicación de la obra en París en 1929, recibiendo sendos elogios de escritores como Huxley o Orwell, autores que han debido posteriormente del estilo de esta novela. Zamiatin trató de exiliarse en varias ocasiones, escapando tanto de la censura como de las estrecheces económicas. Después de conseguir el permiso necesario, alegando motivos de salud, al fin en 1932 pudo emigrar, tras una breve estancia en Praga, a París, donde falleció en 1937.


Editorial: Hermida Editores.

Idioma: ruso.

Traductor: Alejandro Ariel González.

Sinopsis: en esta sociedad del futuro los sueños constituyen una grave enfermedad psíquica, la libertad sexual es vista como un acto practicado por las bestias salvajes y la libertad personal está estrechamente vinculada al crimen. Ahora los antiguos humanos que viven en libertad está separados por un intenso muro de la ciudad de cristal, donde viven los protagonistas de la novela despojados de su humanidad, de su "yo", convertidos en números: el "nosotros". Esta nueva sociedad está bajo el control del Bienhechor; en ella rigen normas que tienden a hacer divino lo lógico, donde sólo lo racional es bello y las pasiones están reguladas aritméticamente. Los hombres se han situado a la altura de Dios, han vencido al demonio, y son sometidos a una operación quirúrgica por la que se extirpa la imaginación y la fantasía, lo que traerá consecuencias irreversibles.

Su lectura me ha parecido: interesante, penetrante, a ratos denso, crítico, controvertido, inteligente, pionero, absolutamente imprescindible...Como muchos sabréis, en el blog hemos reseñado numerosos títulos, la mayoría considerados por todos clásicos irremplazables, cuya temática y estilo se podrían describir como "distopías". Seguramente todos conoceréis más o menos algunas de las características fundamentales de este género novelístico, las hemos explicado detalladamente en otras reseñas. No obstante, me gustaría permitirme la licencia de, antes de adentrarnos en la crítica que nos ocupa, sincerarme, confesaros por qué siento especial debilidad por este tipo de libros. Además de escribir reseñas de libros, una servidora también es historiadora. Una profesión de vital importancia para la sociedad y que muchos, por desgracia, no les importa o directamente la maltratan con intrusismo o con afirmaciones sin fundamento alguno. La historia está dividida en periodos, edades, fases....Entre las cuales, se encuentra la Contemporánea, de la que actualmente una servidora se está especializando en profundidad. Durante la carrera mantienes contacto con infinidad de fuentes. Desde manuales hasta restos arqueológicos, pasando por otros como cartas, diarios, informes, testimonios orales o libros de cuentas entre otros muchos. De entre todos ellos, la novela, si, la novela, resulta una herramienta imprescindible para observar el pasado desde una perspectiva, claro está, totalmente subjetiva. Una novela puede describirnos un comportamiento social, una creencia religiosa, las tradiciones de un país concreto o las diferentes ideologías imperantes en el momento en el que se escribe el texto. Y en este sentido, las novelas distópicas, resultan vitales para comprender un contexto histórico, el de la primera mitad del siglo XX, y la durísima crítica a los regímenes totalitarios que proliferan. Por eso me gusta tanto el género distópico, por eso novelas como la que hoy tengo el placer de reseñar son títulos indispensables en mi librería particular. Libros entre los que se encuentra, como no podía ser de otra manera, Nosotros: la peculiaridad y la base de una larga tradición literaria.


La historia de como Nosotros llegó a mis oídos antes que a mis manos, tiene su origen en mi etapa estudiantil, en el último curso de la carrera. Por aquel entonces, como ya he contado en más de una ocasión, me encontraba buscando tema primero y posteriormente realizando el obligatorio TFG, que en mi caso fue sobre la crítica a los totalitarismos del siglo XX a través de la novela distópica. Durante ese arduo proceso de documentación y de búsqueda de fuentes e información, Nosotros apareció ante mis ojos de forma abrumadora. Era una novela distópica, del siglo XX y se ajustaba a los requisitos que yo estaba buscando. Sin embargo, y por cuestiones de espacio, dejé a un lado el estudio, y por consiguiente, la lectura de este libro, para centrarme en otros más conocidos dentro del género. El resultado no pudo ser más satisfactorio, y la sensación de haber realizado un buen trabajo estaba ahí, no obstante, sentía que no le había dado la oportunidad que tal vez se merecía a Nosotros. Esa espinita siguió clavada, haciéndose cada vez más profunda, pues Nosotros volvía a aparecer de vez en cuando, descubriendo así, datos que desconocía por completo del libro y que me hacían de alguna manera sentir más culpable por no haberlo incluido en el TFG. Todo eso cambió el verano pasado, cuando de pronto, Nosotros formaba parte de las novedades que Hermida Editores sacaría en próximas fechas. Los ojos se quedaron fijos en aquella portada perfectamente diseñada y una sonrisa de júbilo impregnó mi rostro. Aquella había sido una señal, sin duda, al menos así lo interpreté en su momento. Tanto es así que incluso escribí a la editorial agradeciendo a quien hubiese tenido la idea de reeditar Nosotros, y encima, que lo hicieran desde la máxima fidelidad al estilo del autor. Me emocionó en definitiva. Cuando por fin pude pedirles el libro, sentí un hormigueo recorrerme el estómago. Ese libro había generado tantas expectativas y curiosidad en mi que no pude evitar impresionarme cuando el cartero lo depositó en el buzón. Tardé unos meses en iniciar su lectura, cosas que pasan, sin embargo, y a pesar de que no resultó una lectura tan completa como esperaba, si que la considero imprescindible y valiosa por lo que significó en su momento y las reflexiones que aún  de hoy se pueden extraer de sus páginas.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Nosotros presenta una lectura apabullante, extremadamente profunda, envolvente y a ratos un tanto pesada. Esto es debido a dos características importantes de la novela, y que en cierto modo, define un poco el estilo de Zamiatin. El autor, en primer lugar, no nos describe al milímetro el sistema político que sustenta la totalidad de la novela, sino que en su lugar, prefiere ahondar y explayarse en la evolución de sus personajes, de sus pensamientos, de su actitud frente al entorno en el que les ha tocado vivir. En este sentido, Nosotros podría también definirse como una novela extraordinariamente psicológica, en la que el escritor logra meterse en la mente de sus protagonistas, desmenuzando cada aspecto con la máxima precisión. En segundo lugar, el uso de la primera persona, en este caso a modo de diario personal, favorece esa sensación de introspección y de mayor cercanía al personaje, a la mente de D-503, empatizando hasta el punto de que llegamos a sentir verdadero agobio. Estos son recursos muy usados e interesantes a mi juicio, sin embargo, si que es cierto que en ciertas partes del libro logran que la lectura resulte ligeramente tediosa. Seguidamente, nos encontramos ante una historia que ya conocemos a la perfección y que muestra un modelo reproducido posteriormente: ciudad, protegida en este caso por una cúpula de cristal y acero y en donde la vida transcurre dentro de unos parámetros de control, dominación y sometimiento atroces. Todo ello bajo el mando de el llamado Bienhechor, que vela por la seguridad y porque el orden establecido no se vea perturbado ni cuestionado. Aquí también hay un protagonista, D-503, cuya forma de rebelión y disidencia es enamorarse de I-303 en un mundo en el que el individualismo y la libertad no están muy bien vistos. Me ha gustado el planteamiento de la historia y el trato a los personajes, sin embargo, encuentro una ligera falta de carácter y de carisma. Son importantes, y sus acciones curciales en la trama, pero les falta un pequeño empuje que si tenían por ejemplo el Winston de 1984 o el Guy Montag de Farenheit 451. Finalmente, sólo me queda referirme a lo más importante de todo. Ausencia de la privacidad, predominio de la tecnología, criminalización de los sentimientos, despersonalización, extirpación de la fantasía, el líder supremo...¿Nos suena verdad? Dejando fuera de esta lista a El talón de hierro de Jack London por ser anterior a Nosotros, a todos se nos vienen a la cabeza títulos posteriores como Un mundo feliz, Farenheit 451, La naranja mecánica, Cuento de una criada o Los juegos del Hambre y como no, la omnipresente e inquebrantable 1984. Y todos conocemos más o menos las historias que se narran, que no son sino herencia de Nosotros. Más que una novela más del género, creo que Zamiatin, sin quererlo, asentó las bases de un tipo de literatura que futuros genios imitarían cada uno a su estilo. De ahí la importancia de esta novela, revolucionaria y precursora de lo que estaba por venir.


Adentrándonos en la pertinente reflexión personal, y digo pertinente porque, dado que nos encontramos ante Nosotros, son muchas las que se pueden extraer de un libro como este. Podría hablar de la falta de libertad, del término "distopía" o de su extraordinaria atemporalidad. Todos esos temas son enormemente interesantes, creerme, y podríamos estar aquí días enteros hablando sobre ello. No obstante, hoy me apetece hablaros de algo muy importante, relacionado esta vez con el mundo de la literatura y que sigue generando debate. Han existido a lo largo de la historia lo que podíamos llamar como libros molestos. Si, lecturas que cuando vieron la luz por primera vez o incluso posteriormente, generaron, además de éxito y expectación, una clara oposición de ciertos sectores de la sociedad. Libros que en muchos casos han llegado hasta nuestros días convertidos en auténticos clásicos. La mayoría han perdido esa parte de polémica que los encumbró, pero otros, aún siguen catalogándose como molestos o directamente prohibidos en algunos países o comunidades. El origen de las especies de Charles Darwin sea tal vez el ejemplo más paradigmático y más conocido, pero el género novelístico tampoco se libró del juicio social. El diario de Anna Frank fue prohibido en algunas escuelas americanas por su supuesto contenido sexual y los efectos depresivos que su lectura podía tener sobre los alumnos. El código da Vinci fue catalogado directamente de blasfemia y pasó a engrosar la lista de libros prohibidos por el Vaticano. Se dice que Calígula, en uno de sus arrebatos de locura, trató de borrar de la faz de la tierra la Odisea de Homero, por considerar que ésta estaba plagada de ideas griegas que hablaban de libertad. Los viajes de Gulliver por abordar temas tan candentes en su época como la corrupción política o la anti-colonización, obligando a Jonathan Swift sin otra salida que publicar la novela de forma anónima. El Decamerón de Boccacio por contener escenas subiditas de tono y demasiado sensuales a ojos de la todopoderosa iglesia. Algo parecido le sucedió a Flaubert con Madame Bovary, cuando la protagonista de su novela incurre en la infidelidad amorosa y en su pleno disfrute a lo largo del libro. Matar a un ruiseñor de la norteamericana Harper Lee por mostrar lo que en EEUU se sabía pero de lo que era incómodo hablar, el racismo y la doble vara de medir de la justicia de su tiempo. Si hasta El Quijote fue censurado durante una larga temporada por el franquismo aludiendo a determinados aspectos inmorales que el clásico contenía. Las hay también absurdas, como la prohibición de Alicia en el País de las Maravillas en China por situar a los animales a la misma altura que los seres humanos o el caso de Charlie y la Fábrica de Chocolate, porque según el estado de Colorado, ofrece una filosofía de vida demasiado pobre. Estos son algunos ejemplos, entre los cuales se encuentra obviamente 1984 y el Nosotros de Zamiatin, éste último en concreto fue prohibida por las autoridades soviéticas por criticar a través de una distopía, al propio régimen comunista. Con esta breve exposición de los casos me gustaría lanzar un mensaje, sobretodo a todos aquellos que estén pensando en ser escritores en el día de mañana. Escribid libros molestos, escribidlos, no os releguéis ante las modas o el poder del sistema. Son esos libros los que logran causar impacto, remover conciencias, incitar al escepticismo y al debate. Las lecturas vacías de contenido no aportan nada, las que se cuestionan el mundo actual, las que logran pegarte una bofetada, las que consiguen que te explote la cabeza son las que merecen de verdad la pena. Esos son los que se recuerdan y los que, aunque pasen los siglos, mantienen inquebrantablemente el mensaje. Nosotros: una historia de terror, control, abuso de poder, insumisión, amor, libertad, lucha...Una novela que retrata, de forma espeluznante y terrorífica, el mundo en el que no querríamos vivir.

Frases o párrafos favoritos:

"Incluso la menor insinuación de que pudiera tener fantasía más o menos viva le ofendía enormemente. Tal vez una semana atrás yo también me habría sentido ofendido, pero la cosa es distinta, pues sé que tengo fantasía y que estoy soñando. Y sé también que no quiero curarme."

Película/Canción: a falta de una adaptación cinematográfica, que espero no tarde mucho en llegar, os dejo con la pieza de Hans Zimmer que me ha ido acompañando durante la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores

miércoles, 4 de enero de 2017

RESEÑA: La Naranja Mecánica.

LA NARANJA MECÁNICA


Título: La Naranja Mecánica.

Autor: Anthony Burgess (1917-1993) desarrolló una intensa carrera como educador en Gran Bretaña y Malasia entre 1946 y 1960. Desarrolló su actividad creativa tanto en el campo de la literatura como en el de la música, alcanzando justa fama como compositor. Escribió música de cámara y algunas obras para orquesta, y publicó entre otros libros un ensayo sobre Joyce, una panorámica de la ficción contemporánea y varias novelas: Enderby por dentro, Nothing Like the Sun, The Waiting Seed, Trémula intención y Poderes terrenales. La mayor parte de su obra literaria se sitúa fuera del campo de la ciencia ficción y de la literatura fantástica, pero su novela más conocida, La Naranja Mecánica, se inscribe precisamente en este género.

Editorial: Booket.

Idioma: inglés.

Traductor: Aníbal Leal y Ana Quijada (introducción y capítulo 21).

Sinopsis: publicada en 1962, sitúa la acción en el futuro cercano de la década de 1970. En ella se narra la historia de cuatro adolescentes o nadsats, tal como se llaman en la jerga creada por el autor. El protagonista, Alex, y sus amigos, o drugos, viven en un mundo de crueldad y destrucción. Tras la brutal violación de la mujer de un escritor, Alex es detenido y llevado a un centro de rehabilitación, donde será elegido para participar en un novedoso y drástico experimento que pretende que aborrezca la violencia. Una vez reinsertado en la sociedad, el tratamiento tendrá consecuencias impredecibles.

Su lectura me ha parecido: interesante, desconcertante, algo tediosa, muy reflexiva, violenta, impactante, original, inteligente...Como muchos de vosotros sabréis, una servidora se considera una fan absoluta de las novelas distópicas. Tanto es así que en este espacio dedicado a la crítica y al debate he dedicado sendas reseñas a los maestros del género, a saber Orwell, Huxley y Bradbury. Sus atmósferas hostiles, en las que un régimen totalitario controla, vigila, somete y obliga a sus ciudadanos a comportarse de una determinada manera me han parecido desde siempre harto reflexivas e importantes para entender el pensamiento, y ya de paso, la historia del propio siglo XX. Mi pasión por este género me ha llevado a descubrir a otros interesantes autores, entre los que se encuentra el de este libro que hoy reseño ante vosotros. Un libro que, sinceramente, no alcanza la calidad literaria de los autores nombrados anteriormente, pero que sin embargo, su originalidad y debate constante obliga al lector a plantearse muy seriamente algunas cuestiones que, incluso a día de hoy, siguen sucediendo para nuestra desgracia. Un libro en el que el lenguaje es casi más importante que la forma. Un libro que, aunque muchos opinen lo contrario, no puede superar a su extraordinaria y mítica adaptación cinematográfica. En definitiva, como primera reseña del año, he considerado oportuno rescatar la figura y la obra de un autor británico del que en 2017 se cumplen 100 años de su nacimiento. A lo largo de su vida publicó algunos títulos, pero sin lugar a dudas, Anthony Burgess será eternamente recodado por La Naranja Mecánica: lo explícito, la violencia y a reflexión puestas en bandeja.



La historia de como llegó este libro a mis manos, y de como posteriormente, pasó a formar parte de mi librería particular tiene su recorrido particular. Me encontraba haciendo el TFG mientras cursaba mi último curso de la carrera de Historia, y como muchos muy bien sabréis, decidí realizarlo sobre el Totalitarismo visto desde las novelas Distópicas del siglo XX. Para ello, reuní en mi poder libros tan clásicos y tal leídos como Un mundo feliz, 1984 o Farenheit 451. Esos tres iban a ser en un principio los libros en los que iba a basar mi investigación, y de los cuales, extraería conocimientos y saciaría en parte mi curiosidad con respecto a este tema tan fascinante. Cuando acabé con los análisis a las obras mencionadas, y siendo consciente de que me sobraba tiempo y espacio para poder pulirlo y rematarlo, decidí introducir La Naranja Mecánica al trabajo. Lo cierto es que, tras haberme leído una versión bastante vieja que saqué prestada de la biblioteca de mi barrio, pero sobretodo, tras conocer el potencial que esta atesoraba con respecto al tema de las distopías y el totalitarismo, no podía pasar la oportunidad de analizarlo y sacar las conclusiones pertinentes. La verdad es que fue harto complejo, pues no había mucho escrito al respecto, y La Naranja Mecánica se diferenciaba en gran medida de sus antecesores. Durante ese mes que duró ese último empuje a mi investigación, adquirí una edición mucho más nueva y sentí la necesidad de volvérmelo a releer, con fines académicos pero también desde la mirada del lector que disfruta de una buena novela. Al final, y aunque la novela en si resultó no ser lo que esperaba, completó la redacción y presentación de un TFG por el que saqué un 9 como nota final. Tras dicha experiencia y viéndolo desde la perspectiva que da el tiempo, la verdad es que hice un buen trabajo, sin embargo, siempre se me quedó la espinita de entrar más profundamente en el libro, pues, desde mi punto de vista, su lectura encierra más aspectos de los que aparenta. Finalmente, y como todo el que se considere cinéfilo, pude ver la versión de Kubrick, la cual, se convirtió al instante en uno de mis títulos imprescindibles.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, La Naranja Mecánica presenta una lectura densa, compleja y altamente explícita. Algo que, sinceramente, no me esperaba en absoluto. Supongo que esta especie de choque entre el lector y el libro se produce muy a menudo, y más tratándose de La Naranja Mecánica. Aunque no la hayamos visto, todo el mundo conoce la adaptación de Kubrick, es más, creo que la película se ha convertido en un mito absoluto y en un ejemplo que todo aspirante a director tiene que ver al menos una vez en la vida. Todos conocemos el personaje de Alex, su atuendo, su lenguaje, su sádica y brutal forma de ejercer la violencia, su fanatismo por Beethoven. Y si hacemos un esfuerzo, podemos incluso acordarnos de la famosa escena de la violación, cuya improvisación y libertad de los actores ha suscitado más de alguna leyenda o bulo en el mundo cinéfilo. Dejando a un lado la adaptación cinematográfica, aunque inevitablemente es imposible hacerlo del todo, antes de adentrarme en la novela, pensé que ésta iba a recordarme a la película, y que cuyo ritmo iba a ser igual de frenético y de apabullante. Sin embargo, me topé con una lectura que resultó ser todo lo contrario. Lo explícito estaba ahí, eso es innegable, pero acompañado de una lentitud bastante insospechada que hizo que en más de una ocasión estuviese tentada de abandonar su lectura a mitad. Por otro lado, hemos hablado de complejidad, y si, La Naranja Mecánica, a pesar de todo, posee un elemento que hace que se equilibre la balanza de una forma extraordinaria, y ese elemento es todo el universo que Burgess crea y diseña con una precisión milimétrica. Un espacio en el que encontramos a un Londres sumido en un régimen totalitario de tintes distópicos, pero del que no se sabe mucho hasta que entran en acción los Drugos, y muy en especial Alex DeLarge, a quien acompañaremos a lo largo del libro en sus acciones violentas, en su encarcelamiento, en su transformación durante el experimento y en su inquietante final. Este personaje, sin lugar a dudas, es el más interesante y mejor construido de la novela, si en 1984 o Un mundo feliz por ejemplo encontramos a un héroe que se revela contra el sistema establecido, en La Naranja Mecánica Alex representa el antihéroe por excelencia, es decir, un personaje imperfecto y en este caso abominable, que acaba indirectamente y sin percatarse de ello, haciendo una crítica a un sistema que pretende una terrible alienación. Por otro lado, el libro posee, para más inri, su propio lenguaje inventado, inspirado ligeramente en el ruso. Guba, filosa, drugo, cheloveco, lubilubar, moloco, polear, ubivar o nadsat son algunos de los términos cuyo significado se encuentra, dependiendo de las ediciones, en un anexo al final del libro. Este aspecto le da más profundidad de la que ya muestra con atmósferas lúgubres y las críticas explicitas al modelo totalitario. Finalmente, y a modo de resumen, concluiremos diciendo que La Naranja Mecánica posee un campo de reflexión amplio en el que se abordan temas como la violencia, la alienación, la reinserción, la amistad, la presión social, las obsesiones o las distintas caras del mal.


En este cuarto párrafo, donde ahondamos en la reflexión y en el debate, es imposible no hablar sobre la violencia, uno de esos temas universales y tremendos que la humanidad ejerce en muchas ocasiones y sin pararse a pensar en las consecuencias. La Naranja Mecánica es clara en ese sentido, las escenas de peleas, agresiones o violaciones se suceden sin filtro y sin edulcorante alguno, y seguramente, en esa forma tan descriptiva, y en el propio experimento al que someten a Alex (consistente en reproducir ante sus ojos escenas de gran contenido violento), está el sentido del libro. La Naranja Mecánica se escribió en los años 60, en plena época de la contracultura estadounidense y donde la Guerra de Vietnam comenzaba a hacer estragos en el ejercito americano. Aunque el mundo había pasado ya por otras terribles y sangrientas guerras, la de Vietnam fue la primera que se siguió minuto a minuto por las televisiones, mostrando el horror y los crímenes de una guerra absurda donde Estados Unidos no pintaba nada. Fue tal la conmoción de aquellas imágenes que era lógico que surgiesen movimientos contrarios a la guerra y un sentimiento de rechazo hacia las instituciones de una época caracterizada por lo que se llamó La Guerra Fría. Desde entonces, muchos conflictos han pasado ante nuestros ojos: Afganistán, Ruanda, Serbia, Irak y ahora Siria. Pero desde aquellos años 60 hasta nuestros días, occidente parece haber desarrollado una especie de peligrosa indiferencia hacia lo que sucede más allá de las fronteras europeas o norteamericanas. Podemos estar viendo las imágenes de un bombardeo en Siria donde mueren civiles, entre ellos muchos niños, y quedarnos tan panchos frente al televisor. Sin embargo, por el contrario, se nos pone la piel de gallina y nos entra miedo cuando rememoramos el 11 S, el 11 M, 7 J o vemos las imágenes de los atentados del Charlie Hebdo en París o el de Niza el pasado verano. Esto nos tiene que hacer pensar muy seriamente lectores y lectoras, pues, al fin y al cabo, nos encontramos insertados y devorados por un sistema despiadado que pretende controlar la opinión pública a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Tal vez, con este afán de pretender aborrecer o ver normal la violencia en, por ejemplo, oriente medio, se quiere promover algo más perverso, cuyas consecuencias ya estamos observando con el auge de la ultraderecha en Europa y con la elección de Trump en EEUU. A lo mejor Burgess no andaba tan desencaminado, y el exceso de violencia gratuita, provoca una alienación sumisa y peligrosa. La Naranja Mecánica: una historia de sumisión, control, violencia, amistad, traición, reinserción, manipulación... Un libro mítico y que todos deberíamos leer.

Frases o párrafos favoritos:

"La iniciativa la lleva los que saben esperar."

Película/Canción: en el año 1971 se estrenaba una de las películas más polémicas, imitadas y adoradas de todos los tiempos. Una cinta que pasará a la historia por el sello indiscutible de Stanley Kubrick, por su famosa banda sonora y por la magistral interpretación de Malcom McDowell dando vida a Alex DeLarge. La película no se estrenó en todos los países y fue nominada a los Oscars en categorías tan importantes como Mejor película o Mejor director, yéndose de absoluto e incomprensible vacío.


¡Un saludo y a seguir leyendo!