Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 17 de septiembre de 2021

RESEÑA: Eisejuaz.

 EISEJUAZ


Título: Eisejuaz. 

Autora: Sara Gallardo (Buenos Aires 1931-1988) publicó las novelas Enero (1958), Pantalones azules ( 1963), Los galgos, los galgos (1968, ganadora del Premio Municipal), Eisejuaz (1971) y La rosa en el viento (1979). Escribió también literatura para niños y un libro de relatos, El país del humo (1977). Además de como narradora, Gallardo destacó como periodista, y durante años colaboró, entre otras, con la revista Confirmado, así como en el diario La Nación. Los artículos publicados en estos medios aparecen compilados en Macaneos. Las columnas de Confirmado (2016) y Los oficios (2018). 


Editorial: Malas Tierras. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Eisejuaz es una novela escrita en estado de gracia, Sara Gallardo se instala en las fisuras del lenguaje para crear Eisejuaz, uno de los personajes más enigmáticos e inolvidables de la literatura latinoamericana: un indio mataco que escucha la voz de Dios en una lagartija y que renuncia a todo para seguir un llamado de consecuencias desastrosas para su comunidad. Es una novela fronteriza en más de un sentido: se sumerge en el paisaje del norte argentino y en el mundo indígena arrasado por el extravictimismo, y evade los lugares comunes del regionalismo a través de la creación de una lengua fascinante y llena de alteraciones gramaticales. Eisejuaz "barbariza" el cristianismo con su cosmovisión indígena en la que Dios tiene rostro animal; su yo es curiosamente descentrado y está compuesto por muchos otros, pues "un animal demasiado solitario se come a sí mismo". Gallardo se inspiró en un viaje a Salta en 1967, al que partió buscando historias para su comuna en un seminario. En un hotel de Embarcación - a un costado del río Bermejo - conoció al cacique wichí Lisandro Vega, con quien pasó horas conversando y que le sirvió de modelo para Eisejuaz

Su lectura me ha parecido: arriesgada, subyugante, compleja, sombría, con un lenguaje propio, no apta para lectores poco experimentados, alegórica, única... Cuando leí, allá por el añorado (hasta la extenuación) 2019, Enero de Sara Gallardo no sabía lo que me podía encontrar en su interior. Accedí a su lectura como quien deambula por un rincón nuevo de la ciudad. Ese callejón en pleno barrio del Carmen - lo siento, últimamente estoy en modo chovinista con mi terreta - por el que jamás has caminado, a pesar de haber pateado en exceso justo la paralela. Más concurrida, más luminosa, más excesiva. Esa vía peatonal en la que sobresalen sillas de madera colocadas en círculo, geranios entre los barrotes, grafitis camuflados en la pared del fondo, azulejos en los balcones, bicicletas apoyadas en las fachadas, sábanas al vuelo y alguna canción de reguetón chungo que, sin embargo, acompaña perfectamente la soledad del lugar. Curiosa estampa la de aquellos rituales - con los que, por desgracia, ya es difícil toparse en una ciudad como Valencia - que nos sumergen en tiempos pasados. Sacándonos, por unos instantes, de nuestra área de confort, o mejor dicho, de nuestra parcelita en la que nos hemos o nos han acostumbrado a vivir. Con Enero me topé con una escritura poderosa, íntima, con su grado de complejidad, pero excepcional. Me expulsó, literalmente, de esa fortaleza que había construido con literatura costumbrista (española y norteamericana especialmente) con su dosis de suciedad y descarnada critica social, con aquellas autoras francesas que forman parte de mi corpus escritoril, autobiografía, autoficción, parte de la ciencia ficción distópica que tanto amo, cuentos y sí, autoras latinoamericanas que en nada se parecían a Gallardo. De hecho creo, sinceramente, que aquellas que había leído anteriormente, con gran pasión, no le llegaban ni a la suela del zapato. Y siguen sin sobrepasarla. De ahí mi inmensa alegría cuando, hace unas semanas, fui testigo de la unánime decisión de las integrantes de "Exceso de bondad" (llámese club de lectura o conclave de mujeres inteligentes y talentosas) en el que salió Los galgos, los galgos como la novela a leer y comentar en nuestro próximo aquelarre lector. Y no me extraña. La editorial Malas Tierras ha tirado la casa y el chalet por la ventana en la necesaria reedición de este clásico, demasiado escondido por desgracia, de las letras argentinas. Sin duda será un reencuentro muy deseado al que llego con la ventaja de haber saboreado su literatura, en pequeñas porciones, pero igual de apasionantes a pesar de su particularidad. Los días pasan, ya queda menos para tenerlo entre mis manos pero, mientras tanto, deleitémonos con otro de sus libros, otro impecable rescate literario al que, solo las y los más valientes, pueden acercarse. Eisejuaz: un viacrucis religioso entre las escarpadas montañas y la miseria de las comunidades indígenas. 



Nacida en Buenos Aires en el año 1931, y como ya dije en su momento, Sara Gallardo representa una de las plumas más interesantes y hasta hace bien poco escondidas del panorama literario latinoamericano. Si bien es cierto que sus columnas en revistas y periódicos tan populares en Argentina tales como La Nación o Primera Plana entre otras publicaciones le granjearon enorme popularidad entre los años 60 y 70, éstas acabaron por impregnarla de una imagen de frivolidad - debido a los temas que abordaba en ellas - que impidió degustar su enorme talento literario en toda su dimensión. Viajera incansable, cronista de aquello que no siempre aparece en las portadas y autora de sendas obras a reivindicar, murió a finales de los años 80 de un ataque de asma en la ciudad que la vio nacer y crecer en su talento tanto periodístico como literario. La justicia, finalmente, la aupó al lugar que debería haberle correspondido, junto a aquellos señores que inspiraron a lo que posteriormente se acabaría conociendo como "Boom latinoamericano" gracias a esa reivindicación (ojo, de la generación millenial) algo tardía en este nuevo siglo. Fue en uno de sus incontables viajes cuando, estando en la provincia argentina de Salta (al norte del país) en 1967, se topó con Lisandro Vega. Un terrateniente de la etnia wichí - asentados en el país andino desde la Guerra del Chaco que enfrentó a Paraguay con Bolivia - con el que habló durante días. De aquellos encuentros y charlas surgió la que probablemente sea - a falta de leer Los galgos, los galgos - Eisejuaz, su novela más extrema. No en cuanto a contenido, pero sí en lo que a la forma en la que se articula la historia que encierra sus 199 páginas. Desde un extraño monólogo que parece sacado del propio subconsciente, Gallardo teje la historia de Lisandro Vega - también conocido como Eisejuaz o Ése También. Un "mataco" originario del norte argentino que cree haber sido bendecido por el Señor para cumplir una misión. De hecho, éste se le aparece en varias ocasiones, siendo la primera, en la que Dios hace acto de presencia mientras friega los platos en el hotel donde trabaja, la que acaba por desencadenar su perturbadora obsesión. Será su encuentro con Paqui, un indio moribundo al que le salva la vida y sus posteriores cuidados, lo que le hará transitar a través del desierto en un grotesco como patético viacrucis entre el fanatismo y la cordura, las raíces y las hachas que las arrancaron, las cordilleras y la miseria. Porque sí, Eisejuaz habla de colisiones, de derrotas, de pasados gloriosos que se dan de bruces con la pobreza y la explotación a la que los indígenas se ven sometidos por parte de los terratenientes. De paisajes caducos en medio del polvo. Todo ello, llevado, a una suerte de éxtasis religioso amargo. 


Lejos de quedarse ahí, Sara Gallardo saca la artillería pesada para contarnos la historia de Eisejuaz. Munición, pistolas, rifles en forma de un armazón literario que te deja sin aliento. De ahí mi advertencia, la de no adentrarse en ella a menos que lleves un tiempo acumulando lecturas, muy especialmente si estas están escritas por autoras u autores latinoamericanos en las que el lenguaje lo sea todo, o al menos el eje sobre el que pivota la novela. Eisejuaz atrapa, engulle, pero también abruma. Todo ello gracias a el uso magistral de los registros y, sobre todo, un excelente equilibrio entre la parquedad llevada al extremo - diálogos, silencios que cortan la respiración, elipsis dignas de aplauso - y la impulsividad de la palabra hablada. Sin olvidarnos de una buscada alteración gramatical, desconcertante en ocasiones, difícil de seguir si no se va preparado para su lectura, pero cautivadora en el momento en el que decides subirte al carro. Solo entonces puedes apreciar la grandeza de Gallardo y su don para atraparnos en su particular universo literario. Cuesta encontrar sucesores contemporáneos a su escritura - tal vez el surgimiento de la literatura periférica en nuestro país de la mano de una generación de autoras y autores nacidos en los 90 en la que, salvando cualquier complejo, se han atrevido a experimentar con el lenguaje, costumbres y acentos de sus lugares de procedencia más allá del centralismo o eje Madrid/Barcelona - aunque sí un referente, coetáneo, el de Juan Rulfo, quien ya jugó con los límites de este en sus famosísimos textos Pedro Páramo o El llanero en llamas. Su perversión de la palabra, así como de la mente de nuestro protagonista quien, sucumbido al fanatismo religioso y a una terquedad casi psicótica embebida de una quimera totalmente desfasada, no hace sino mostrarnos una atmósfera indígena rebosante de toda clase de imaginería. Plantas, animales, caminos, rocas, arroyos... Todos ellos a las ordenes de un catolicismo impuesto que, a medida que vas embadurnándote de ocres y grumos terrosos, al final no sabes qué es lo mejor. Si la religión ancestral anterior a la conquista o la que trajimos los españoles e impusimos sin respetar su opinión. Su voluntad, la de hacer el bien, acaba paradójicamente llevándose por delante a los suyos, así como sus actos, los cuales conducen a desgracias ajenas y propias. En conclusión, podríamos alabar a Eisejuaz por su valentía lingüística, por su atrevimiento casi suicida o por ese escalofriante fresco sobre la realidad wichí. Pero, y por encima de todo, por su explícita crítica a lo sumo, a lo exagerado, a lo que excede el límite. En definitiva a aquellos individuos que, creyéndose tocados por el dedo de su dios particular, se creen con el derecho a liderar inverosímiles quimeras sin medir el alcance de las consecuencias y en tiempos donde la razón ha soterrado, en parte, toda clase de superstición. 

Eisejuaz: una historia de llamadas divinas, inconsciencia, pobreza, sabiduría indígena, religión, intolerancia, muerte, patetismo, profundos cimientos... Todo un reto que merece la pena emprender. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Dejé de trabajar. Y me había hecho una casa de para colorada bien atrás de las vías del tren. Y volví a pescar, a hacer changas, preparándome. Y pasé dos años preparándome, hablando con el Señor, esperando el día escrito por él, la llegada de aquel que me anunciaron, ése a quien debía entregar las manos. Y comiendo, durmiendo, pasé cada día, así como la raza de los hombres los pasa en esta tierra, que es esperando."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Malas Tierras

miércoles, 6 de noviembre de 2019

RESEÑA: Enero.

ENERO

Título: Enero.

Autora: Sara Gallardo (Buenos Aires 1931-1988) publicó las novelas Enero (1958), Pantalones azules ( 1963), Los galgos, los galgos (1968, ganadora del Premio Municipal), Eisejuaz (1971) y La rosa en el viento (1979). Escribió también literatura para niños y un libro de relatos, El país del humo (1977). Además de como narradora, Gallardo destacó como periodista, y durante años colaboró, entre otras, con la revista Confirmado, así como en el diario La Nación. Los artículos publicados en estos medios aparecen compilados en Macaneos. Las columnas de Confirmado (2016) y Los oficios (2018). (Fuente: Editorial).


Editorial: Malas Tierras.

Idioma: castellano.

Sinopsis: Los días se suceden con aparente calma en una estancia del campo argentino. En torno a la mesa, la familia de Nefer, protagonista adolescente de Enero, conversa sobre la hacienda y la feria bovina, pero Nefer no escucha; presa de la angustia y ajena a lo que la rodea, guarda un secreto que, como un hongo negro y creciente, la consume: tras ser violada por un trabajador local, ha quedado embarazada. Pronto llegará la cosecha, y para entonces ya nada tendrá remedio. ¿Qué puede hacer una chica sola, en el campo, para no tener ese hijo que nacerá en invierno? ¿Y si galopa? ¿Y si reza? ¿Sucederá así un milagro? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Breve, aterradora, de una compleja sencillez, atemporal, con un vocabulario acertado pero dificultoso, crítico, social, brutal, una joya que debería haberse publicado en España hace mucho tiempo... Una vez, y por casualidad, escuché la triste e injusta historia de la hermana de una de mis tatarabuelas. Una joven, cuyo nombre no consigo recordar, que se quedó embarazada del señorito de la casa donde trabajaba formando parte del servicio doméstico y que murió a consecuencia de un aborto. La inexactitud y la bruma parecen envolver dicho episodio familiar. Ya que no es algo de lo que se hable mucho, incluso a veces dudo de si aquello ocurrió de verdad o si es producto de la confusión entre otras tantas anécdotas de mis antepasados. Sin embargo, la cuestión es que, independientemente de la credibilidad que subjetivamente le otorguemos, ha conseguido que me planteé la siguiente pregunta. ¿Por qué un hecho de estas características aparece como una nebulosa que emborrona la memoria de quien la trasmite o directamente desaparece de los recovecos de ésta? La respuesta la encontramos, como no podía ser de otra manera, en los mecanismos de defensa de psique que las personas usamos cuando se menciona lo innombrable, o dicho de otra manera, ese acontecimiento que por la razón que sea no queremos rememorar. La tradición y las convenciones morales o religiosas suelen estar detrás, pues, quien se quedaba embarazada fuera del matrimonio era, en muchos casos, rechazada, condenada por la sociedad y hasta repudiada del hogar familiar. Y si llegaba, como en el caso de mi antepasada, a abortar, entonces quedaba marcada de por vida. No obstante, lo que de verdad deberíamos preguntarnos, lo que más nos debería preocupar, es sin duda las circunstancias que envolvieron los hechos. Cabe la posibilidad de que desease de verdad acostarse con el señorito, pero ¿acaso alguien ha pensado que también podría haberse tratado de una violación? ¿Y la decisión de abortar? ¿La obligaron? ¿Se lo aconsejaron? ¿O simplemente fue ella, en soledad, la que tomó la decisión? ¿Fue espontaneo? ¿Provocado? ¿Y si fue esto último? ¿En qué condiciones lo habría llevado a cabo? ¿La ayudó alguien? ¿Alguna persona de confianza? ¿Un completo desconocido? ¿Tendría conocimientos sobre la materia? ¿Formaría parte de una red clandestina?... No sé si alguien de mi entorno más cercano se ha hecho todas estas preguntas, pero de lo que sí estoy segura es que, como no se hable de ello, ésta y otras historias similares no conseguirán despegarse de esa niebla, corriendo el riesgo de esfumarse para siempre. No pude evitar acordarme de esta historia, y menos conseguir despegarla de mis pensamientos a medida que conocía a Nefer que, al igual que mi antepasada, simplemente quería abortar. Enero: una lucha personal, un clamor mundial, un derecho universal.


   La primera vez que tuve noticias de este libro estaba atravesando una etapa en la que la literatura latinoamericana brillaba por su ausencia tanto en mis lecturas habituales como en mi ya abarrotada estantería. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, y sin apenas darme cuenta, autoras como Samantha Schweblin, Ariana Harwicz, Alejandra Costamagna o la recientemente galardonada con el Herralde de Novela Mariana Enriquez desfilaron ante mis ojos con novelas o libros de relatos tan originales como sugestivos. Ahora mismo, si me preguntasen, estaría abierta a leerme, por fin (secreto inconfesable) Cien años de soledad, Pedro Páramo o a adentrarme en la poesía de escritoras como Elena Garro, Gabriela Mistral o Alejandra Pizarnik. Y todo eso gracias a Enero, de Sara Gallardo, una de tantas literatas que, por desgracia, conocemos poco o nada en nuestro país. Los días que dediqué a leer este relato mientras pasaba mis vacaciones estivales en el pueblo, un lugar en el que inevitablemente estás en permanente contacto con la naturaleza, contribuyeron a que la experiencia lectora fuese tal vez más inmersiva, más especial y por supuesto, más dura. A grandes rasgos, Enero cuenta la historia de Nefer - aunque lo más correcto sería decir que la autora nos hace partícipes y privilegiados testigos de su existencia - una chica de dieciséis años que acaba de descubrir que está embarazada, y que ese embarazo ha sido fruto de una violación perpetuada por un trabajador de la zona. En tan sólo siete páginas, Gallardo consigue, no sólo mostrarnos esas dos realidades paralelas que tienen lugar en una misma escena - la de la familia de Nefer preocupada por la feria bovina y la de la propia Nefer que sólo piensa en la desgracia que le acaba de caer encima - también que el lector sienta unas ganas tremendas de abrazarla. En las siguientes - hasta llegar al total y escaso total de ciento seis - asistimos sin remedio a todos los pensamientos que se pasan por la cabeza de la protagonista. Desde la inquietud de no saber qué hacer, hasta la angustia por tener que ocultar y llevar el embarazo en secreto, pasando por sus propias obsesiones - como el deseo de que el Negro fuese el padre del bebé - o la certeza de que, si no hace algo pronto, la criatura nacerá con el frío del invierno (de ahí el título del cuento). Si lo cuenta, sabe que entonces ella perderá la voz y serán otros los que tomarán decisiones por ella - serán los patrones, ni siquiera su propia familia podrá intervenir - por lo que la muerte, como última y desesperada opción, parece sobrevolar también los pensamientos de Nefer. Nadie parece entenderla, ayudarla ni ser capaz de ponerse en su piel en la Argentina rural de los años cincuenta, un entorno hostil que no hace más que rechazarla y ponerle las cosas más difíciles. El lector seguirá los pasos de Nefer a través de un estilo poéticos, simbólico, por momentos claustrofóbico y plagado de jerga propia del campesinado argentino - de ahí que en ocasiones la lectura me haya resultado por momentos difícil - en su odisea por escapar del destino que por ser mujer joven, pobre y embarazada fuera del matrimonio le espera. Se hace corto, sí, pero el cuento que Sara Gallardo nos lega a la sociedad consigue su doble objetivo: que amplíes horizontes narrativos a través de un costumbrismo literario al que poco a poco nos estamos acostumbrando los lectores más voraces y que, por supuesto, acabes siendo consciente de que la trama de Enero, desgraciadamente, sigue más vigente que nunca.


   Una de las lecciones más importantes de mi etapa universitaria y que de vez en cuando me repito, como un mantra, cada vez que me enfrento a cualquier reseña literaria me la dio Isabel Burdiel, profesora y catedrática de Historia - experta en el siglo XIX español y muy especialmente en la figura de Isabel II -  y tutora de mis respectivos TFG y TFM. Ante la tarea de, en ambos trabajos, enfrentarme a textos literarios para analizarlos desde una perspectiva histórica - la del siglo XX en concreto - a partir de un tema en concreto (el totalitarismo de los regímenes políticos y económicos en el primero de ellos y la islamofobia en Francia en el segundo de ellos), Burdiel señaló, ante mi insistencia de abusar de la palabra "reflejar", que estaba errando en mi planteamiento. Lo correcto era referirse a estos documentos como una "representación" y no como un "reflejo" del momento que están narrando en ese momento. Y tenía razón, ya que las novelas describen desde un indiscutible y subjetivo punto de vista lo que la autora o el autor observa a su alrededor y no colocan la realidad ante un espejo para que de como resultado una fotografía lo más exacta posible. La literatura siempre se ha movido por inquietudes personales, posicionamientos políticos, historias trasmitidas de generación en generación, preocupaciones intelectuales, sociales, económicas... En definitiva, que ninguna novela, obra de teatro, ensayo o poema nace desde la objetividad ni de la neutralidad. Por eso Sara Gallardo escribió este libro - a los veintisiete años de edad - porque el tema del aborto en el momento en el que la autora empezó a plasmar la historia de Nefer hasta el año de su publicación - 1958 - era todavía un tema tabú, del que nadie se atrevía a hablar en voz alta y que se ocultaba por ser considerado una atrocidad por numerosos sectores de la sociedad argentina. Hoy, sesenta y un años después, miles de mujeres de todo el país salen a las calles reclamando la legalización del aborto, la seguridad de su práctica - higiénicamente y judicialmente - y la posibilidad de que éste sea gratuito - ya que siempre son las mujeres más desfavorecidas de la sociedad las que tienen más difícil la posibilidad de llevarlo a cabo -. Sus protestas se han oído en medio mundo y el verde, el color con el que las manifestantes han asociado con esta lucha, ha teñido numerosas muestras de solidaridad de colectivos feministas fuera de sus fronteras. Sin embargo, el 9 de agosto de 2018, el Senado argentino volvió a dar la espalda a las mujeres al decir "no" al aborto - 38 noes frente a 31 síes - en una votación histórica dejando al país con la existente ley (que data de 1921) en la que las mujeres sólo pueden abortar en caso de violación o si supone un riesgo para la vida de la madre. Sin duda, un golpe muy duro para toda aquella marea verde que, concentrada frente al edificio del Senado y bajo la incesante lluvia que calló durante toda la jornada, esperaban ese ansiado cambio en la ley. Si nos atenemos a lo que Sara Gallardo expresa en el presente relato, mi parecer es el lógico, el de perseverar en la lucha, en seguir movilizando a la gente y en conseguir mayor repercusión internacional. Porque no queremos a más chicas que se vean en la misma situación que Nefer, sino una sociedad amparada por una ley adaptada a los nuevos tiempos y a la perspectiva de género, tan importante como necesaria.

Enero: una historia de desesperanza, incomprensión, dolor, amargura, invisibilidad, injusticia, presión, hostilidad, crítica... Un cuento cuya lectura se hace más necesaria que nunca.

Frases o párrafos favoritos:

"Porque los días están amadrinados, llega uno y sabemos que el otro viene, y también el otro, y el otro más, y hay que aguantarse, porque el hombre es un pobrecito que no puede levantar el cuchillo y decir: no quiero más días, sin decir: no quiero más hombre y arreglar tal vez las cosas metiéndose el cuchillo en la barriga. Porque los días son como una tropa sin fin pasando una tanquera."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Malas Tierras