Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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domingo, 23 de enero de 2022

RESEÑA: Ensayo y (error) Benidorm.

 ENSAYO Y ERROR BENIDORM


Título: Ensayo y error Benidorm. 

Autoras/es: Leo Bassi, Joaquín Rodríguez, María Teresa Campos, Iago Carro, Ana Fernández, Vicenta Orquín, Marta Sanz, Josa Ppiqueres, Carlos Ferrater, Felipe Hernández, Alberto del Castillo, Ion de Sosa, Alberto Alcaraz, los alumnos del CEIP Ausias March de Benidorm, Boris Strzelczyk, Javier Calderón, Kike García, Alejandro Guijarro, Christina Linares y Kike Parra. 

Editorial: Barrett

Idioma: español. 

Sinopsis: con un desarrollo urbanístico muy particular, eficiente y sostenible, Benidorm es conocida como la "Nueva York del Mediterráneo" por la cantidad de rascacielos que dibujan su silueta, y que tratan de alojar la ingente cantidad de turistas que todos los años la visitan. Al igual que su arquitectura, sus habitantes y sus costumbres culturales, económicas y sociales han evolucionado a pasos agigantados desde que a mediados del siglo XX el Boom turístico transformara Benidorm. Ensayo y (error) Benidorm es una reflexión sobre la ciudad de Benidorm que trata todos estos aspectos de una forma singular, desterrando el concepto de ciudad con un turismo rancio o anticuado o el arquetipo de destrucción costera. Aquí participan veinte profesionales de diferentes ámbitos, dando una visión heterogénea y multidisciplinar. La arquitectura (Carlos Ferrater) y el urbanismo (Iago Caro), el cine (Ion de Sosa), la música (Joaquín Rodríguez de Los Nikis) o la literatura (Marta Sanz y Kike Parra) entre otros. 

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, interesante, magnética, literaria, fotogénica, melómana, cinéfila, estética, divertida, desprejuiciada, inspiradora... Durante el proceso de reconexión con el presente libro - cuya lectura tuvo lugar en el primer tramo del segundo agosto pandémico que transcurrió tranquilamente entre procesiones a la playa, tardes de helados de frambuesa observando el ligero transitar de los retostados turistas y siestas al son de la telenovela de turno - revisité Nieva en Benidorm de Isabel Coixet. Cinta que, al contrario de lo que muchos críticos y espectadores opinaron al respecto, me parece soberbia en su baile de imágenes más propias de un sueño que de la propia realidad. En ella, un acertadísimo Timothy Spall dando vida a un insulso aunque entrañable Peter Riordan se adentra en la idiosincrasia de una ciudad que parece crecer hacia el cielo. Sus ojos se ciegan ante el primer rayo de sol nada más salir del aeropuerto, el cual no duda en fotografiar en cuanto llega a la lujosa habitación de un hermano que no da señales de vida situada en uno de los rascacielos más altos de la imponente urbe. Obsesionado con los fenómenos climatológicos - cliché británico donde los haya - toma instantáneas también del moteado cielo que protagoniza su primer día en un lugar en el que se siente perdido. Sus ojos son el vivo reflejo de la incredulidad, la sorpresa, pero también de ciertos prejuicios sobre Benidorm, destino favorito de los ingleses en el que, sin embargo, se siente como un pez fuera del agua. Encorvada, su figura resulta cómica a cada paso y descubrimiento que la ciudad levantina le brinda. Como cuando irrumpe en plena clase de baile de jubilados en medio del paseo marítimo, cuando prueba por vez primera el pulpo y las anchoas con tomate o, sobre todo, cuando deambula entre luces de neón, despedidas de solteras, flayers de clubs de strippers, camellos ofreciendo su mercancía - incluyendo, como es lógico, la viagra en su catálogo de ofertas lisérgicas - y compatriotas desfasando hasta límites que rozan el ridículo más espantoso mientras el Yes Sir, Can Boogie aporrea los tímpanos del pobre protagonista. Imitadores de Elvis, serpientes, tangas en forma de bogavante y espectáculos eróticos en los que se extraen perlas de la vagina. Todo tiene cabida en el espectáculo kitsch que es la noche en Benidorm. O más bien de ese Benidorm, de ese microcosmos particular que la directora nos ha querido mostrar. En el mar de rascacielos, nuestro Peter Riordan se percibe un intruso, una hormiga cuyas facciones transitan entre el estupor y la famosa cortesía británica en cuestión de segundos. Al final, Peter acabará aclimatándose al lugar de la mano de una serie de personajes que le mostrarán el Benidorm menos conocido, vacío, silencioso, rodeado de esqueletos de la fiebre inmobiliaria y de arquitectura ensoñadora (le perdonamos los planos de la Muralla Roja a pesar de encontrarse en Calpe). Plagado de historias, como la de la breve estancia de Sylvia Plath en la ciudad durante su luna de miel, que convergen con una serie de acontecimientos climáticos totalmente excepcionales en una ciudad donde el sol aplasta chiringuitos, balcones, hebillas de sandalias y la piel de los guiris. Esta es una mirada, una más, la cinematográfica, de las muchas que a lo largo de los últimos años se han vertido sobre la ciudad que más sentimientos encontrados provoca, y no solo a los que la visitan por vez primera, ya que con cada nueva estancia ésta se eleva, nunca mejor dicho, en un trencadís de formas, aristas y posibilidades. Benidorm no te lo acabas, bien lo demuestra la fascinación que sigue suscitando y las miradas que en este peculiar ensayo convergen, cual cóctel de exótico nombre servido con sombrillita y bengala en el mítico Café San Remo. Ensayo y error  Benidorm: fenómeno histórico, artístico y sociológico. 


Sin pretensiones más allá del disfrute lector y el descubrimiento de nuevas perspectivas multidisciplinares acerca de la ciudad mediterránea con más rascacielos, Ensayo y error Benidorm irrumpe en el panorama literario con gran acierto. No solo por esa inmejorable portada obra del fotógrafo británico Martin Parr - al que, por supuesto, se le dedica un interesante capítulo en el presente libro - con esa maravillosa señora de bañador morado metalizado, gorra verde, ojos cerrados y brazos extendidos a los lados recibiendo la inclemencia del Lorenzo más veraniego a la que inconsciente he acabado llamando Margaret o Concha (según como me pillase). También por esa colección de textos que ayudan al lector a ponerse en situación hasta acabar por quitarle capas y capas de prejuicios acumulados durante décadas respecto a la imagen preconcebida que todas y todos hemos atesorado cuando se habla de Benidorm. Salvo algunas defensas que se vierten al respecto, sobre todo las tocantes a la cuestión medioambiental con las que, particularmente, estoy más en desacuerdo - e ahí mi particular conflicto, otras personas lo tendrán con otros aspectos - lo cierto es que Ensayo y error  Benidorm contiene pequeñas piezas periodísticas, ensayísticas, testimoniales o de carácter más literario que bien podrían haber aparecido en alguno de los planos que Coixet le dedicó a la ciudad. Desde la historia del viaje en vespa que emprendió Pedro Zaragoza (alcalde de Benidorm) hacia Madrid en 1953 para convencer a Franco de que el bikini será la clave de un modelo turístico que perdura hasta nuestros días y no una prenda que merecía arder en el infierno a la del flotador gigante en forma de pato que Leo Bassi colocó en la playa que le valió a la ciudad y al propio cómico el ingreso en el Guiness de los Récords. Pasando por la del festival punk Funtastic Dracula que eligió la ciudad de Benidorm como sede en el año 2009 por sus discotecas en forma de platillos volantes, la del primer hotel construido en la ciudad - el Hotel Joya - regentado por un almadrabero y una ama de casa en los años 60, la de los inicios del famoso festival de la canción que descubrió a Raphael o a Julio Iglesias e incluso la del multitudinario funeral en el cementerio municipal a Manolo Escobar, quien llevaba años viviendo allí. 



Lugar en el que se rodaron películas como Sueñan los androides de Ion de Sosa y que despierta la creatividad de escritores como Marta Sanz, Kike Parra - sin lugar a dudas los textos que más me han gustado del libro - o Esther García Llovet con su más reciente novela Spanish Beauty rebosa en un imperfecto maridaje de hormigón, pubs donde se celebran las principales festividades británicas y agua marina. Pero Benidorm es mucho más que el turismo de cuño franquista que reza "sol y playa" que hemos acabado naturalizando, sobre todo los que como una servidora han nacido de cara al Mediterráneo y se han criado durante una parte del año entre asfalto o empedrado, tardes infinitas al sol, paellas domingueras - o arroces negros, a banda o del senyoret que están más ricos - salitre y pies sumergidos en la arena de la playa. Benidorm, ante todo, y parafraseando las palabras de Kike Parra, "es el Nueva York para quienes no han soñado nunca con ir a Nueva York". Un trozo de litoral con el que miles de familias que nunca habían visto el mar soñaban cada año en una época donde las necesidades apretaban y el consuelo se resumía en quince días tostados al sol alejados del ajetreo propio de la capital o de la en ocasiones insoportable monotonía de ese pueblo de lo que hoy conocemos como España vaciada. Epicentro de la felicidad de una incipiente clase media española que acabó convirtiendo a Benidorm en referente turístico a costa de la propia historia de un municipio en el que la pesca era, hasta ese momento, su único modo de vida. Para acabar, un testimonio, el de Martina Navarro, una niña del colegio público Ausias March que en 2008 contó que lo que más le gusta del lugar donde vive es la calle de su abuela. La razón: allí se puede pasear. Cuanta verdad resumida en tan pocas palabras. Y lo más importante, ¿variará el testimonio de las nuevas generaciones de benidormenses de aquí a unos años? Tal vez, como apunta otra alumna llamada Laura Monroy, tras la última revolución social en el año 2038 y, tras la sequía de 2020, los habitantes deberán ir rapados para mantener una máxima limpieza para evitar enfermedades. No lo sabremos, aunque lo de las pandemias mundiales y las mascarillas en un Benidorm totalmente irreconocible y solitario, como el semblante de Peter Riordan, ya forman parte de su paisaje. Pero eso ya es otra historia. 

Ensayo y error Benidorm: una historia de música, cine, literatura,  fotografía, arquitectura, gastronomía, sombrillas, tumbonas, hoteles, turistas, nativos... Una cápsula hortera elevada a lo cool. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Benidorm es la idea de una mente capitalista pensando en cómo tiene que ser el turismo y el ocio para la clase media y baja. Con el paso de los años, Benidorm se ha convertido en la ciudad que tiene ganas de ser Benidorm."

"Los primeros años nos establecemos en la parte alta, al lado de la escuela; con el tiempo vamos bajando hasta conseguir un apartamento frente al mar. Como si fuéramos turistas todo el año, sin formar nunca parte de la ciudad cerrada. Nos acompañan otros turistas perpetuos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Barrett



jueves, 7 de marzo de 2019

RESEÑA: No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación.

NO ES PARA TANTO

Título: No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación.

Editora: Roxane Gay (Nebraska, EEUU, 1974) Escritora feminista, profesora, editora y comentarista, Gay trabaja como profesora asociada de Inglés en la Universidad Purdue, escribe regularmente artículos para el New York Times, es fundadora de Tiny Hardcore Press, editora de ensayos para The Rumpus, y coeditora en PANK, organización sin ánimo de lucro de colectivos de artes literarias. Gran parte de su trabajo trata de analizar y deconstruir los temas feministas y raciales a través de la lente de sus experiencias personales con la raza, la identidad de género y la sexualidad. Es autora de la colección de cuentos Ayiti (2011), la novela An Untamed State (2014), la colección de ensayos Mala feminista (2014) y Hunger (2016). También editó el libro Girl Crush: Women’s Erotic Fantasies. Además de sus contribuciones regulares en Salon y el desaparecido HTMLGiant, sus escritos han aparecido en numerosos medios y publicaciones como Best American Mystery Stories 2014, Best American Short Stories 2012, Best Sex Writing 2012, A Public Space, Mc Sweeney’s, Tin House, Oxford American, American Short Fiction, West Branch, Virginia Quarterly Review, NOON, Bookforum, Time, Los Angeles Times, The Nation y el New York Times Book Review. (Fuente: Capitán Swing).


Testimonios: Aubrey Hirsch, Jill Cristman, Claire Schwartz, Lynn Melnick, Brandon Taylor, Emma Smith-Stevens, AJ McKenna, Lisa Mecham, Vanessa Mátir, Ally Sheedy, xTx, So Mayer, Nora Salem, Lyz Lenz, Amy Jo Burns, V. L. Sleek, Michelle Chen, Gabrielle Union, Liz Rosema, Antony Frame, Samhita Mukhopadhyay, Miriam Zolia Pérez, Zoë Medeiros, Sharisse Tracey, Stacey May Fowles, Elisabeth Fairfield Stokes, Meredith Talusan, Nicole Boyce y Elissa Bassist.

Editorial: Capitán Swing.

Idioma: inglés.

Traductora: Gemma Deza Guil.

Sinopsis: "En esta valiosa y reveladora antología, la escritora y crítica cultural Roxane Gay recoge piezas —algunas originales y otras ya publicadas— que abordan lo que significa vivir en un mundo donde las mujeres deben medir el acoso, la violencia y la agresión que enfrentan cotidianamente, y donde «de manera rutinaria, se las cuestiona, desacredita, denigra, mancilla, menosprecia, se las trata con condescendencia y se las usa para desahogarse, porque se mofan de ellas y les hacen luz de gas» por hablar de ello. La recopilación incluye ensayos de conocidas escritoras, artistas, intérpretes y críticas, como las actrices Ally Sheedy y Gabrielle Union, o las escritoras Amy Jo Burns, Lyz Lenz y Claire Schwartz. Abarcando una amplia gama de temas y experiencias, desde una exploración de la epidemia de violación integrada en la crisis de refugiados hasta relatos en primera persona de abuso sexual infantil, se trata de una colección profundamente honesta y personal, provocativa y desgarradoramente sincera, que refleja el mundo en el que vivimos y es al mismo tiempo una llamada a la acción para dejar de conformarnos con el «no es para tanto». Esta edición incluye un prólogo de Jana Leo, autora de Violación: Nueva York (2017)." (Fuente: Capitán Swing).

Su lectura me ha parecido: dolorosa, impactante, lacerante, dura, como consecuencia más reposada de lo habitual, diversa, rabiosamente actual, incómoda, absolutamente necesaria... Como ya he comentado en más de una ocasión, la primera vez que leí una escena de violación fue en Los pilares de la tierra de Ken Follett allá por el año 2011. En aquella novela de estratosférico número de páginas, una de las protagonistas, Aliena, era violada por William Hamleigh, obsesionado desde el principio de la novela con ella, aprovecha la toma del ficticio condado de Shering para llevar a cabo su venganza tras ser rechazado por ésta. Me impactó, hasta tal punto que todavía a día de hoy la sigo recordando en mi cabeza. Sin embargo, al igual que las diferentes relaciones sexuales (consentidas eso sí) que tienen lugar a lo largo de sus 1. 068 páginas obedecen a una mirada extraordinariamente patriarcal. Por aquellos mismos años me topé con otra violación descrita en otra novela, casualidad o no, de género histórico medieval. Pero a diferencia de la de Los pilares de la tierra, la de Ellen, protagonista de Forjada en cobre, está tratada desde una perspectiva diferente, más profunda, menos distante. ¿Tal vez el hecho de que Forjada en cobre lo escribiera una mujer, Katia Fox, y no un hombre sea el quid de la cuestión? Obviamente sí. Tras aquellas lecturas, otras escenas de violación pasearon ante mis ojos. Júpiter a Calisto, don Fernando a Dorotea, el Comendador a Laurencia, los Infantes de Carrión a las hijas del Cid,  Tarquinio a Lucrecia, Holofernes a Judith, Tereo a Filomela, Alec a Tess o Popeye a Temple Drake... Distintas épocas, distintos ámbitos sociales, distintas culturas, misma mirada; la del hombre. ¿Qué pasa con la mujer? ¿Qué no importa su experiencia si la violencia sexual se ejerce contra ella? ¿Nadie ha pensado que su perspectiva también cuenta? ¿Y los hombres? ¿Alguien me puede citar una novela en la que se aborde el tema de la violación en el que la víctima sea un hombre? ¿Tampoco han pensado que, y más con todo lo que estamos conociendo en los últimos tiempos, su testimonio puede ser valioso? El silencio el interlocutor es espectral, absoluto. Nadie quiere hablar. ¿Vergüenza? ¿Desconocimiento? ¿O las dos cosas al mismo tiempo? Lo que está claro es que el machismo no sólo agrede, viola o mata, sino que además silencia. Una realidad que, afortunadamente, antologías (tan valientes como urgentes) como de la que hoy os hablo pretenden revertir. No es para tanto: ¿O sí?


Cuando el volumen de No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación llegó a mis manos ya me había adentrado en otra de esas novelas polémicas (Oh... de Philipe Djian) cuyo poso de reflexión todavía perdura en mi memoria. Por primera vez una novela me había puesto contra la espada y la pared, obligándome a reflexionar entorno a si la actitud de la protagonista ante una violación era o no feminista. Lecturas de este tipo son las que me motivan como crítica literaria, pero también me sirvió para darme cuenta de la debilidad de nuestras convicciones en cuanto se nos presenta la tesitura de elegir entre blanco o negro. Sin pensar que en medio hay una infinita amalgama de tonalidades perfectamente compatibles. No obstante, en cuando tuve en mis manos el nuevo libro de Roxane Gay, esta vez como editora, tuve la sensación de haber esperado años a que llegase dicho momento, el momento de adentrarme, sin ficciones de ninguna clase, en las verdaderas consecuencias sociales, económicas y políticas de implica el concepto "violación" desde una perspectiva verídica, dolorosamente verídica. Como he comentado en más de una ocasión, aquí y en otros medios, hay ciertos temas a los que me cuesta aproximarme desde una mirada sosegada, en otras palabras, que no puedo evitar enfadarme, ponerme triste o que me duela el estómago cada vez que mis ojos se topan con ciertos temas. Uno de ellos, como no podía ser de otra forma, es la violación. Y a pesar de que No es para tanto era un libro que había implorado, desde el punto de vista tanto personal como intelectual, desde hacía mucho tiempo, no encontraba el momento de adentrarme en él sin caer en la descalificación y encontrarme al borde de la lágrima. Finalmente y aunque reconozco que postergué su lectura demasiado tiempo, he llegado a la conclusión de que ante libros como el que Roxane Gay (a quien había seguido la pista tras la publicación en España de Mala feminista) ha construido a base de voces, unas más conocidas que otras, es imposible dejar las emociones a un lado. Si su lectura te duele, si te hace agachar la cabeza, si provoca el llanto, si consigue que le dediques más tiempo, si sientes impotencia, si se te escapa algún taco lleno de rabia, si no se te va de la cabeza el último testimonio leído, si necesitas cerrar los ojos para asimilar lo que acabas de leer; entonces, ha merecido la pena el viaje, por muy duro que resulte. Porque hay que leer, aunque nos incomode, aunque sepamos que no vamos a salir indemnes, que es justo lo que sucede con No es para tanto. Tras leerlo, una ya no es la misma.


Tras un atípico segundo párrafo (pues no es para menos) pasamos al apartado más crítico, aunque en este caso, aviso, me es imposible redactar una reseña al uso, así como valorar la redacción de cada uno de los testimonios que se incluyen en esta antología. No es cuestión de moralidad ni una falta de empatía, algo de lo que por supuesto no careces una vez dejas atrás esta lectura, simplemente me parecería de mal gusto adentrarme en el estilo o en la forma de narrar estas experiencias tan traumáticas, pues en el fondo sentiría que no estoy haciendo lo correcto. Una vez expuesta esta pequeña aclaración, comenzaré diciendo que No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación es literalmente eso, aviso para navegantes, notas sobre la cultura de la violación. Pero, ¿qué es exactamente la cultura de la violación? Para quien no lo sepa, aunque a estas alturas dudo que falte alguien que no haya oído en su vida hablar de dicho término, es usado para describir una cultura en la cual la violación es un problema social y cultural al ser aceptada y normalizada debido a las actitudes sociales sobre el género, el sexo y la sexualidad. Utilizado por primera vez en los años 70, coincidiendo con la segunda ola feminista, se aplicó en su momento a la cultura norteamericana de su tiempo. Sin embargo, y con el paso del tiempo, dicho término ha acabado aplicándose a otros países en donde la violación es tolerada y por tanto no condenada. Una realidad que, por desgracia, se sigue dando, hasta en los países más desarrollados del mundo. Sería hipócrita pensar que sólo en los países tercermundistas tienen que hacer frente a este problema sabiendo que, sin ir más lejos, aquí en España hemos tenido el caso de "La Manada". Tan indignante como terriblemente mediático. La cultura de la violación se manifiesta fundamentalmente a través de la aceptación de las violaciones como un hecho cotidiano. Una vez sabemos esto, cualquiera que tenga dos dedos de frente podrá apreciar como ésta se reproduce por diversos canales: la pornografía, las series de televisión, los telediarios, las películas, la publicidad e incluso el propio lenguaje. Todo ello acaba por confeccionar, directa o indirectamente, modelos a imitar y que son considerados como buenos cuando en realidad conducen a la toxicidad y a construir los cimientos de una sociedad distorsionada, esterotipada e inexistente. Uno de los objetivos y la razón de ser del libro que hoy reseñamos, según Roxane Gay, es "educar a los potenciales agresores", y no puedo estar más de acuerdo. Con educación es como se combate la ignorancia, pero también la alienación. Cuanto más material, cuantas más opciones, cuanto mayor es el conocimiento, mayor es el espíritu crítico. Y ya si a eso le añadimos una educación en igualdad, en la que en vez de ocultar, sesgar o menospreciar, se enseñe a que las mujeres no son menos importantes que los hombres es posible que con el paso de los años la cultura de la violación acabe siendo cosa del pasado. Una vez dejas atrás el prólogo y la introducción, el lector se sumerge en la verdadera dureza, en esos desgarradores 29 testimonios de mujeres y dos hombres (pues también los hay). Algunas voces más conocidas que otras (entre las que encontramos actrices o escritoras por ejemplo), de diferentes procedencias, pero todas con un nexo común: el de haber sufrido la violación y sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. No voy a detenerme en cada uno de ellos, pues no querría que esta reseña se convirtiese en un pozo de fango y morbosidad, pero sí me gustaría detenerme en el hecho de que, a pesar de la transversalidad de sus testimonios (clase social, edad, raza, relación con su propio cuerpo, experiencias previas, identidad sexual, de género...), sí que encontramos presente en cada uno de ellos el efecto más inmediato de la cultura de la violación: el sentimiento de culpabilidad. Algo que, por otro lado, no ocurriría si desde los puestos de autoridad (policía, médicos, jueces...) o familiares (padre, madre, hermanos, amigos...) no se dijesen cosas del tipo: "es que vas provocando", "¿qué no cerraste bien las piernas?", "eso te pasa por salir a estas horas y sola". Con frases como estas, las cuales todas y todos hemos escuchado alguna vez decir, consiguen que la persona que ha sufrido una violación acabe sintiéndose culpable y que el que de verdad tiene la culpa, el violador, salga de rositas, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Esto evidencia dos cosas, la primera, que la sociedad ampara a los violadores, y la segunda, que la sociedad escupe sobre las víctimas. Así de sencillo, así de explícito. Por último, y no menos importante, en No es para tanto llama la atención, dentro de esa amalgama de testimonios, las diferentes formas de afrontar la violación. Mientras que por un lado unas voces se consideran víctimas, por el contrario, otras se consideran como supervivientes, negándose a definirse bajo el paraguas del victimismo. Aunque sin duda, el momento más tremendo para muchas de ellas es el de tomar conciencia de que la palabra que define lo que les ha sucedido es "violación". Es entonces cuando comienza la verdadera lucha por seguir viviendo siempre con el fantasma del trauma sobrevolando en su subconsciente. "No es para tanto" es seguramente otra de esas infames frases que jamás desearíamos oír asociadas a una agresión sexual, pero en este caso, creo que no había título mejor para la presente antología, pues sí señoros, sí es para tanto, ¡vamos que si lo es!


"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia." Estas palabras, o más bien este extracto, pertenece a una narración más larga en la que Pablo Neruda (sí, no me he confundido de nombre) detalla parte de sus peripecias cuando, en 1929, se encontraba como embajador en Colombo, capital de Sri Lanka. Una vez conocemos este vergonzoso episodio del autor chileno, descrito por cierto en sus memorias Confieso que he vivido, es difícil que volvamos a leer con la misma mirada su extensa y fantástica producción poética.  Sin embargo, y dejando de lado esta cuestión, detengamos por un momento en el tono de este fragmento, de esta confesión. Sobre todo en su tramo final, en cuando el poeta hace referencia a la reacción de la mujer mientras está siendo violada, porque sí, es una violación en toda regla. Él la compara con una estatua, y encima, por si fuera poco, se queja de que adquiriese dicha actitud fría. Si la mirada patriarcal no hubiese nublado la vista del poeta chileno, se habría percatado de que ella (de la cual nunca sabremos por desgracia su nombre) seguramente estuviese aterrada, muerta de miedo, deseando que aquello pasase lo más rápido posible para salir corriendo. Se sabe que aquella mujer era una limpiadora que acudía a diario a trabajar a la embajada y que probablemente fuese de clase baja. Y es que en esta historia la discriminación es doble, al ser mujer y con pocos recursos económicos, difícilmente pudo denunciar o tener la posibilidad de enfrentarse a su agresor. ¿Quién la creería? La respuesta, lamentablemente, muchas y muchos la conocemos. El año pasado, en pleno auge del #MeToo, la periodista y novelista Cristina Fallarás lanzó la iniciativa que, bajo el hastag #Cuéntalo, provocó que miles y miles de mujeres dejasen a un lado el "qué dirán" y el miedo para narrar sus traumáticas experiencias relacionadas con la violación, el abuso sexual y el acoso. La respuesta fue abrumadora, hasta el punto de que numerosos medios de comunicación no tardaron en hacerse eco de la noticia. Hasta la propia Fallarás agradeció la enorme acogida que tuvo aquel simple hastag, pero sobre todo, se enorgulleció de haber conseguido que bajo aquellas ocho palabras se aglutinasen tantas y tantas historias, algunas de ellas tan duras como inimaginables. Si algo nos enseña No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación es que, a pesar de haber alcanzado muchas metas, la sociedad todavía debe aprender en materia de igualdad para dejar atrás aberrantes actos, como la violación, y para construir los pilares de un mundo más justo. Tal vez las redes sociales no sean el mejor lugar para aprender, pero sí para generar conciencia y crear unas redes de sororidad que traspasen fronteras. Ojalá todas aquellas mujeres se sintiesen arropadas sabiendo que no estaban solas, ojalá todas las voces de la presente antología consigan vivir para ver a las futuras generaciones ejercer como ciudadanas y ciudadanos en plena igualdad, ojalá aquella limpiadora estuviese viva para contarlo, para denunciarlo, para gritar a los cuatro vientos que hasta los ídolos pueden ser auténticos monstruos. No es para tanto. Notas sobre la cultura de la violación: 29 testimonios de horror, desesperación, recuerdo, tristeza, superación, convivencia con el trauma, desahogo, reflexión, introspección, análisis... 29 historias para leer, releer, asimilar, llorar y recomendárselas a quienes todavía creen que las leyes contra la violencia de género deberían desaparecer.

Frases o párrafos favoritos:

"Miré hacia mi hija, que ahora estaba en los columpios y me di cuenta de que llevaba 30 años culpándome por algo que me sucedió cuando tenía solo seis”.

"“La única manera que yo veo efectiva de llevar a cabo esta educación es desmantelando la construcción que hace pasar el abuso sexual como acto sexual”.

"La violación si es para tanto porque es una estructura: no un exceso, ni una monstruosidad, sino la conclusión lógica del capitalismo heteropatriarcal, es el efecto de ese feo eufemismo polisilábico que designa al poder estatal”.

Película/Canción: existen, pocas por desgracia, algunas películas que han abordado el tema de la violación desde una perspectiva feminista. Sin embargo, ya que quedan menos de 24 horas para que la huelga feminista tenga lugar, ¿qué mejor forma de exigir respeto que cantando? Si es que Aretha Franklin era toda una genia.


¡Un saludo, a seguir leyendo y larga vida a la huelga feminista!

Cortesía de Capitán Swing

lunes, 25 de febrero de 2019

RESEÑA: Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca.

DETECTIVES VICTORIANAS
LAS PIONERAS DE LA NOVELA POLICÍACA

Título: Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca.

Editor: "Michael Sims (Crossville, Tennessee, 1958) es el responsable de las compilaciones The Annotated Archt and Mehitable y Arsene Lupin, Gentleman-Thief. Entre sus obras de no ficción destaca especialmente El ombligo de Adán. Historia natural y cultural del cuerpo humano. Además, ha publicado numerosos artículos en New Statesman, Orion o The Washington Post." (Fuente: Siruela).  


Autoras/es: W.S. Hayward, Andrew Forrester hijo, C.L. Pirkis, Mary E. Wilkins, Anna Katharine Green, George R. Sims, Gran Allen, M. McDonnell Bodkin, Richard Marsh y Hugh C. Weir.

Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Laura Salas Rodríguez.

Sinopsis: "en los últimos años de la era victoriana, la opinión pública británica estaba fascinada - ¡y preocupada! - por esa sospechosa figura conocida como la nueva mujer. Montaba en bicicleta, conducía esos peligrosos automóviles y no le gustaba en absoluto que le dijeran lo que tenía que hacer. También en la novela policíaca, estas mujeres rompían todas las reglas: en lugar de asistir a recepciones para tomar el té y conversar sobre las últimas tendencias en moda, estas detectives pioneras preferían perseguir a un sospechoso bajo la espesa niebla de Londres, tomar ellas mismas las huellas dactilares a un cadáver o, incluso, cometer algún delito menor para así resolver un caso especialmente difícil. Esta antología reúne por primera vez las más grandes luchadoras contra el crimen de la época - y también algunas selectas delincuentes -, como Loveday Brooke, Dorcas Dene o Lady Molly, predecesoras de las modernas damas del crimen. Relatos inteligentes y extremadamente divertidos, de mujeres que, por fortuna, se negaron a ocupar el estrecho lugar que la sociedad les tenía reservado." (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: interesante, bien pensada, misteriosa, con grandes dosis de ese humor inglés que tanto me gusta, trasgresora, bien estructurada, desgraciadamente descompensada... No hay época que más condicionó a nivel histórico la deriva de Reino Unido que la conocida como Era Victoriana, cuya influencia abarcó, cronológicamente hablando, todo el siglo XIX. A los datos me remito, pues fue durante ese siglo donde tuvieron lugar algunos de los acontecimientos más cruciales de la historia del país. Presidido por una reina, Victoria I, cuyo reinado duro 64 años (hasta hace poco el más largo de la historia de los monarcas británicos) quien sería testigo directo e indirecto al mismo tiempo de los cambios que estaban por venir desde alguna de las lujosas estancias del enorme Palacio de Buckingham. Cuando la joven Victoria accedió al trono, Inglaterra era mayoritariamente rural y a su muerte, a los 63 años, el país se encontraba altamente industrializado. Las humeantes chimeneas de las fábricas se convirtieron con el paso del tiempo en el paisaje habitual de muchas de las grandes ciudades británicas, incluyendo su capital. Ninguna urbe se salvó de la fiebre industrializadora, logrando cambiar el paisaje y la distribución de los barrios ya existentes, así como la aparición de otros nuevos, más alejados, más opulentos, a las afueras de las ciudades, reservados para los privilegiados, lejos de la suciedad, la contaminación y la delincuencia del centro de las ciudades (ahora convertidos en barrios mayoritariamente obreros). La transición, por supuesto, no fue suave: colapsos, destrucción de una parte del paisaje agrario (el ferrocarril), motines, revueltas en las ciudades, protestas en el campo, epidemias de tifus y cólera, problemas de desabastecimiento, contaminación de ríos, estigmatización de barrios hasta entonces bien considerados, brechas salariales, pobreza, trabajo infantil... Sin embargo, en lo que a cultura y ciencia se refiere, la era victoriana encumbró a personajes como Charles Dickens, Thomas Carlyle, Charles Barry, las hermanas Brontë, Charles Darwin, Walter Scott, George Elliot, Lewiss Carroll, H. G. Wells, Bram Stocker, Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Elizabeth Gaskell o Arthur Conan Doyle entre otros. Pero también, el periodo victoriano fue testigo de cambios sociales realmente beneficiosos para las mujeres tales como el derecho a la propiedad después del matrimonio, el divorcio y a pelear por la custodia de los hijos tras la separación. Sin embargo, si de algo fue testigo el siglo XIX británico, fue de las manifestaciones exigiendo el voto femenino así como del nacimiento de un nuevo concepto, el de la "nueva mujer". Es en este contexto de rápidos cambios y de convulsión social en el que debemos encuadrar los relatos que componen la siguiente antología. Detectives victorianas: la lucha contra el crimen tiene nombre de mujer.  


La historia de como Detectives victorianas llegó a mis manos es bien sencilla, aunque tiene su por qué, un por qué estrictamente relacionado con mi adolescencia, momento en el que descubrí la novela policíaca. Corría el año 2009 o 2010 cuando cayó en mis manos La princesa de hielo, de Camilla Läckberg. Aún sigo sin saber quién me habló por primera vez de la autora sueca, es una laguna que mi memoria no me permite rellenar con un rostro perfectamente construido. De todas formas, lo que si recuerdo, y con especial angustia por cierto, fue ese Primero de Bachillerato tan horrible como productivo en cierto sentido, algo que lejos de finalizar, aún se prolongaría un curso más, un segundo año en el que, esta vez de verdad, iba a experimentar el verdadero miedo. Pero volvamos a aquel primer año, el año del comienzo de la angustia, en el que necesitaba desesperadamente una distracción. Por aquel entonces ya estaba sumergida en el teatro y con unas expectativas muy prometedoras de cara a las futuras representaciones que nos iban a llevar por Marano sul Panaro (Bolonia) y Navalcarnero (Madrid). Sin embargo, por las noches, cuando todo el mundo deseaba reposar la cabeza sobre la almohada, mi fuero interno rugía, ansiaba una lectura de verdad, de las que me tuviera enganchada durante semanas, días, horas. Una novela que, por supuesto, no supusiese una decepción. Quien puso en mis manos el primer ejemplar de la saga de Fjällbacka no era consciente de lo que había hecho, de toda la felicidad que durante años (pues a partir de aquel título cayeron los cinco siguientes títulos de la saga) me habían proporcionado aquellos libros, y por supuesto, su correspondiente lectura. Tras aquel empacho nórdico, cuyas consecuencias fueron mi paulatino alejamiento de todo lo que me sonase a "novela negra del norte de Europa", me acerqué a Suiza. Había oído que un autor sorprendentemente joven de aquellas tierras lo estaba petando con una novela cuyo raruno título ya inspiraba cierta curiosidad. Como no, se trató de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Ese si que me tuvo hasta las tantas, devorando cada capítulo como si no hubiese un mañana. Me duele reconocerlo pero, el baño también se convirtió en mi lugar de lectura durante aquellas apasionantes semanas. Si alguien no puede evitar la tentación de llevarse un libro para leerlo mientras hace sus necesidades en el retrete, es que el libro en cuestión es bueno, muy bueno, excelente. Perdón por la grosería, pero, seguro que he dado en el clavo. Después de aquel segundo empacho salí un tanto esquilmada, fue tanta la novela negra (hasta retorne a las y los autores nórdicos de nuevo) que leí en tan poco tiempo que me juré "nunca más". Queridas y queridos lectores, un consejo: no juréis tan a la ligera porque luego pasa lo que pasa, que caemos en la tentación de nuevo. Está científicamente comprobado, y si no, ¿cómo explicas mi recaída? Sí, de mi recaída en la novela policíaca, pero esta vez de calidad, alejada del término "best beller" y que me ha permitido conocer a lo largo de estos últimos años a autoras y autores brillantes de cuya existencia desconocía. En otras palabras, los clásicos del género. Detectives victorianas formó parte de aquel nuevo acercamiento que, lejos de pasárseme, parece ir en un controlado ascenso. Una lectura que, lejos de disgustarme, me abrió las puertas de una potente y pertinente reflexión.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Detectives victorianas, por desgracia, presenta una lectura doblemente desigual. En primer lugar, por una obviedad, ya que como siempre sucede en toda antología hay distintos niveles, estilos, perspectivas y sobre todo tramas que hacen de unos relatos mejores que otros. Es de lógica aplastante. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, creo que estoy ante una de las antologías con mejor nivel literario, pues no ha habido ni un solo relato que no me haya horrorizado o parecido una tomadura de pelo. En segundo lugar, un clásico, de nuevo nos encontramos ante un volumen de relatos completamente descompensado en cuanto a igualdad, y no es la primera vez que la editorial Siruela incurre en el mismo error. No me tengo que ir muy atrás en su catálogo para encontrar otro ejemplo de como la desigualdad sigue imperando en las publicaciones de volúmenes de relatos (Historias de cine, publicada en el año 2017 y cuya reseña podéis encontrar si buceáis por estos lares es un ejemplo de desequilibrio y de falta de equidad). De los once relatos que componen el libro, cuatro están escritos por mujeres frente al resto escritos por hombres. ¿La única novedad? Que a Michael Sims, editor y encargado de escoger los textos de la presente edición, se le ocurrió incluir dos relatos escritos por Anna Katharine Green, una de las pioneras del género junto a C. L. Pirkis y Mary E. Wilkins, las cuales también aparecen en la antología. ¿Cuál es el problema entonces? La respuesta no puede ser más clara: equidad e igualdad significa que en una antología mixta deberían haber el mismo numero de relatos de mujeres que de hombres. Más que con la editorial (la cual no tiene la culpa de la escasa conciencia feminista de su escritor) deberíamos cargar las tintas contra Michael Sims, único responsable de que en su famosísima antología (sí, es un clásico dentro de los rescates editoriales) haya más autores que autoras. Y no me vale la excusa de que Green esté presente con dos relatos, el daño ya está hecho. Además, si la antología va sobre detectives victorianas, no habría sido más lógico prestar más atención a otras mujeres que escribían cuentos o novelas policíacas en dicha época. En fin. Una vez puestos los puntos sobre las íes, empecemos. Como ya hemos apuntado al principio de este párrafo, en Detectives victorianas hay mucha variedad dentro de un género tan aparentemente acotado como es el relato policíaco, y más estando ambientados en la época victoriana, época cumbre de este tipo de historias en parte gracias al incombustible Sherlock Holmes (creado por Athur Conan Doyle). Sin embargo, independientemente de que unos te gusten más que otros, observamos como, desde un orden cronológico bastante marcado (pues el primer relato que abre el libro es el más antiguo de los once) éstos recorren la evolución de la sociedad inglesa del XIX, así como todos los avances técnicos y cambios políticos e ideológicos que tuvieron lugar. Algo que, de cara a un lector muy predispuesto, abierto y con cierta pasión por la historia, le resultará una verdadera delicia. Siendo completamente sincera, para mi ha sido todo un descubrimiento toparme con estas historias, en especial con las de las ya mencionadas C. L. Pirkis, Mary E. Wilkins y Anna Katharine Green. El saber que en aquel vertiginoso siglo XIX existían mujeres que escribían sobre señoras de clase alta interesadas en esclarecer el último asesinato, robo o misterio acontecido en la siempre intrigante Londres no puede más que provocarme admiración. En cuanto a ellos, me quedo con "El arma desconocida" de Andrew Forrester Hijo (pseudónimo se cree que inspirado en los históricos hermanos Forrester, detectives todos) y con "Las muescas del bastón" de M. McDonnell Bodkin (quien coqueteó con la política logrando un escaño en el Parlamento y de quien el editor Michael Sims asegura "debía estar cansado"). Por último, felicitar a la editorial por la cuidada edición de este libro, empezando por su encuadernación y división de los relatos (con pequeñas biografías de las autoras y autores incluidas) y acabando por su espectacular portada, tan ilustrativa como poderosa en su mensaje.


Hemos hablado largo y tendido sobre el concepto de la "nueva mujer" en este espacio de debate y opinión. Mujeres adelantadas, que conducen automóviles, que tienen intereses intelectuales, que no se conforman con permanecer en casa al cuidado de los niños, algunas ni siquiera se plantean en tenerlos, autónomas, independientes, con opiniones propias y, por supuesto, que no dudan en subirse a una bicicleta y pedalear hasta llegar a su destino, fuese el que fuese. Nunca una portada, repito, ha contado tanto ni reflejado a la perfección lo que socialmente se asociaba con esa mujer que había venido para quedarse. Sin embargo, y aunque sé que este tema da para más de una reflexión al respecto, al reencontrarme con Detectives victorianas no he podido evitar preguntarme por las primeras, las de carne y hueso, las verdaderas pioneras en esto de investigar y combatir la delincuencia. Aquellas mujeres que se patearon las calles en busca de pruebas, indicios, testigos para zanjar sus casos sin resolver. En una pequeña investigación, descubro, para mi desgracia, que en Inglaterra, no se conocen muchos nombres de dichas mujeres, pero sí el hecho de que en 1908 la Revista Gedón recoge la noticia de la creciente incorporación de mujeres en la agencia de detectives londinense Simmond. Fuera de las fronteras británicas, las mujeres detectives y espías proliferaban. Sin ir más lejos, en Estados Unidos nos topamos con Kate Warne, la considerada como primera detective de la historia de E.E.U.U., así como otros nombres igual de ilustres como Belle Boyd (espía confederada durante la Guerra de Secesión) o Hattie Lauton (otra de las primeras detectives). Lamentablemente, en España, no conocemos el nombre de la primera mujer que combatió el crimen. De hecho, hago un llamamiento a todas y todos mis seguidores, si alguien sabe su nombre, por favor, que no se lo calle y lo escriba en los comentarios. De este modo, estaríais haciendo un gran favor a la sociedad visibilizando y rescatándola de ese olvido al que han condenado a un grueso numero de nuestras antepasadas, y de entre todas ellas, seguro que a muchas intrépidas investigadoras. Si hablamos de mujeres detectives, no podemos obviar a su antagonista, su motivación, su identidad a revelar, capturar, atrapar, enchironar. ¡Pero ojo! No todos fueron hombres, en el siglo XIX también fue testigo de las fechorías y atrocidades de mujeres cuyos nombres, esta vez sí, han conseguido pasar a la historia. Por centrarnos en la cronología que nos ocupa, es decir la era victoriana, la lista parece no acabar. Mary Ann Cotton (condenada a muerte por envenenar a su hijastro Charles Edward Cotton), Christiana Edmunds (a la que la prensa apodó como la "Asesina de la crema de chocolate) o Amelia Dyer (cuya crueldad quitando la vida a niños recién nacidos con su negocio de "baby-farming", niños no deseados a cambio de grandes sumas de dinero, no tenía límites). Pero si hubo una asesina icónica en la Inglaterra victoriana esa fue Mary Pearcey, quien el 24 de octubre de 1890 asesinó a la mujer de su amante y a su hija de pocos meses de vida. La brutalidad y el ensañamiento fueron tales que no pocos expertos señalaron la posibilidad de que en realidad Jack el Destripador fuese una mujer, y en concreto Mary Pearcy, a quien la horca puso fin a su vida con tan sólo 24 años de edad. Estas dos realidades, la de las mujeres detectives y la de las mujeres asesinas, nos viene a confirmar dos cosas. La primera, que la condición femenina no es un impedimento para que cualquier mujer con inquietudes y talento para resolver crímenes pueda llevar todo el peso de una investigación, e incluso llegar a lugares y ambientes a los que ningún hombre podría acceder sin levantar sospechas. Y la segunda, que las mujeres también pueden llegar a ser las criminales más despiadadas, sanguinarias y retorcidas de la historia. Detectives victorianas: historias de misterio, tensión, flema, humor británico, astutas investigadoras, perversas delincuentes... Una antología para leer, releer, revisar, tomar notas y guardarla como un tesoro.


Frases o párrafos favoritos:

"Al igual que Holmes, Dene es detective profesional y también una apasionada guardiana de las causas justas. Su mundo esta lleno de tragedias y desgracias, violencias alcoholizadas y traiciones familiares. En un relato, rescata a la primera esposa de un multimillonario, enjaulada y drogada, del escondite en el que muere lentamente envenenada. Aparte de ignorar la ley en ocasiones, Dene comete un solo crimen: llamar a su bulldog Toddlekins."

Película/Canción: a falta de una adaptación cinematográfica de alguno de los relatos nombrados a lo largo de esta reseña, he decidido adjuntar la pieza que me ha acompañado durante su redacción. No sé por qué, pero siempre me transporta a esta época y a su misterio.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

miércoles, 2 de mayo de 2018

RESEÑA: Historias de Cine.

HISTORIAS DE CINE

Título: Historias de Cine. Relatos que inspiraron grandes películas.

Autoras/es: Ryunosuke Akutagwa (1892-1927), Guy de Mupassant (1850-1893), Ueda Akinari (1734-1809), Stefan Zweig (1881-1942), Damon Runyon (1880-1946), Agatha Christie (1890-1976), Dorothy M. Johnson (1905-1984), Daphne du Maurier (1907-1989), Isak Dinesen (1885-1962), Fiodor Dostoievski (1821-1881) y James Joyce (1882-1941).

Editorial: Siruela.

Idioma: inglés, francés, japonés, ruso y alemán

Traductoras/es: Mauro Armiño, Iván Díaz Sancho, José Fernández, Bela Martinova, José Menéndez Manjón, Juan Antonio Molina Foix y Kazuya Sakai.

Sinopsis: el distinto poder evocador de las palabras y de las imágenes es lo que diferencia principalmente los discursos compositivos de la literatura y del cine. Aunque , por su naturaleza concreta, el séptimo arte es incapaz de servirse de la capacidad sugestiva de la escritura, la verdadera ficción cinematográfica siempre encuentra la manera de metamorfosearse y, mediante un lenguaje propio, erigirse como una creación totalmente nueva y autónoma, sin por ello renunciar al espíritu de la narración original. Esta exquisita antología recoge once relatos - precedidos por una breve introducción sobre su adaptación fílmica - de algunos de los escritores más destacados de la literatura universal, que además de poseer en sí mismos una calidad ejemplar, dieron lugar a indiscutibles obras maestras de la gran pantalla. (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: interesante, variada, un estímulo, completa, ambiciosa, inspiradora, curiosa, todo un tesoro...Queridas lectoras y queridos lectores, no hace mucho tiempo, creo recordar que durante el mes de febrero, os confesé que había logrado redactar la reseña más difícil hasta la fecha. Su lectura logró entusiasmarme hasta límites insospechados, pero en cuanto fui consciente que aquel libro tenía que pasar si o si por el filtro de la crítica, no pude evitar echarme las manos a la cabeza. Respiré hondo, muy hondo, tratando de mentalizarme y de hacerme a la idea de que tarde o temprano tenía que ponerme manos a la obra con su respectiva reseña. Costó, y mucho, de hecho en ocasiones llegué a pensar que no lo conseguiría. Pero el duro trabajo, como todo en esta vida, dio sus frutos, el más importante, el haber sido capaz de finalizar su redacción en tiempo récord. Después vinieron las alegrías indirectas y como consecuencia de aquel logro en forma de felicitaciones y comentarios de lo más cariñosos. ¿Su título? La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX. ¿Sus autoras? Un conglomerado de excelentes escritoras cuyos relatos habían conseguido hacerme reflexionar. ¿La editorial? La interesante, reivindicativa y de momento siempre acertada Dos Bigotes. ¿La edición? de Elena Fortún, quien además se encargó de su correspondiente traducción. Ese fue el libro que tantas alegrías me dio tras unas largas tardes de escritura, investigación y de romperme la cabeza. Hoy, unos meses más tarde, me encuentro ante un monstruo tan bello como terrible, en otras palabras, ante una reseña de esas mismas características. Difícil, abrumadora y de compleja redacción. Nadie dijo que esta profesión fuese fácil, y menos si entre tus manos sostienes un libro como el que hoy tengo el inmenso placer de reseñar. Sin embargo, el darlo a conocer compensa cualquier mal día y más si éste trata otra de mis grandes pasiones, esa que, al igual que la literatura, nos hace soñar, transportarnos a lugares imaginados, sufrir con el protagonista y reflexionar una vez finaliza, una vez la pantalla regresa al negro. Historias de cine: once relatos literarios, once adaptaciones cinematográficas que hicieron historia.


La historia de como este volumen de relatos llegó a mis manos tiene su por qué. A nadie que haya leído las últimas 243 reseñas literarias que he publicado en Jimena de la Almena le extrañará lo que estoy a punto de decir. Amo el cine. Es un hecho probado, contrastado y demostrado. Desde las primeras cintas de Disney que protagonizaron mi infancia (según mis padres no quería ver otra cosa que no fuese La Cenicienta) hasta lo último que haya podido ver esta semana (que en este caso fue la extraña pero interesante Suburbicon, de George Clonney) casi todos los géneros me gustan. Mi pasión por el cine llega hasta el punto de que, y todo gracias a Cinemanía y Fotogramas, sabía y sigo sabiendo algunos detalles de la historia del cine, ya sea español, americano, europeo...Dejando a un lado los típicos cotilleos tan predominantes en estas revistas, pues aunque son dos buenas lecturas éstas no consiguen escapar de ciertos chismes, lo cierto es que gracias a ellas conocí un poco mejor el trabajo que hay detrás de una película, los diferentes modos de abordar una crítica cinematográfica, los métodos interpretativos de las estrellas más importantes del cine mundial, las vidas de muchos directores que me siguen fascinando, el descubrimiento de algunas cineastas cuya trayectoria ha quedado enterrada por el machismo, no pocas técnicas de rodaje, el lado oscuro de la industria, la estética, los escenarios...Un aprendizaje autodidacta que me enriquecía intelectualmente y que me sirvió para contestar de forma acertada a alguna pregunta del Trivial Pursuit. Sin embargo, de todos aquellos aspectos, hubo siempre uno que me fascinó por encima de los demás: el guion. Supongo que el que haya pasado mucho tiempo encerrada en mi mundo, escribiendo e inventando historias contribuyó a que sintiese cierta atracción y curiosidad por la palabra cinematográfica, por esos párrafos, por esas frases memorables que los personajes recitan ante el espectador. "¡Pongo a dios por testigo que jamás pasaré hambre!", "Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia", "Siempre nos quedará París" o el épico "Yo soy tu padre" que constituye la mejor y más simple anagnórisis jamás escrita en la historia del cine tuvieron que salir de alguna mente privilegiada. Fue por este motivo, y otros que aquí no detallaré, el que me llevó a plantearme durante unos meses la posibilidad de ampliar mis estudios por esa vía, algo que finalmente se hizo realidad mediante un curso de Guion Cinematográfico en el que todavía me hallo inmersa. Y no, no es fácil, os lo aseguro. No tenía ni idea de lo mucho que hay que trabajar antes de escribir los diálogos escena por escena. Caracterización, escaleta, tratamiento, división del conocimiento, giros, tramas maestras, secuencias, contra plano...¡Una autentica locura! Afortunadamente, y gracias al estudio de la materia en la tranquilidad del hogar, todas esas palabras me resultan cada vez más familiares. Es durante esos meses de meditación antes de iniciarme en los secretos del guion cinematográfico cuando Historias de Cine, bellamente editado por Siruela, se presentó ante mis ojos como una revelación. Para seros sincera, no me apetecía por aquel entonces adentrarme en una lectura de esas características, en la que once relatos completamente diferentes desfilarían ante mis ojos, pero tenía la certeza de que en adelante iba a ir directamente a la estantería, lo cogería y lo devoraría en cuestión de semanas. Y así fue, tras hacerme con un ejemplar, dejé que éste reposase en la librería durante unos meses, hasta que, de pronto, un día me abalancé sobre él. Hoy, a pocos días de finalizar mi iniciación en el mundo del guion, estoy preparada para afrontar esta reseña con el conocimiento necesario de la materia, que no es otra que la magia y las trampas del cine.


Antes de adentrarnos en el apartado crítico de toda reseña he de comentar algo importante. Al tratarse de un libro compuesto por once relatos, cada uno de una autora/or diferente, escritos en épocas diferentes y adaptados cinematográficamente en diferentes contextos históricos intentaré ser lo más breve y profesional posible. En otras palabras, yendo al grano pero sin desatender algunas cuestiones que aparecen en los relatos que personalmente considero importantes. Una vez dicho esto, empecemos. En general, Historias e Cine se podría definir de dos formas: como un atrevimiento editorial o como una antología de coleccionista. Atrevimiento porque no todas las editoriales estarían dispuestas a publicar un libro de relatos de estas características pues, aunque el cine sigue moviendo a las masas y despertando el interés, lo cierto es que a la hora de la verdad desgraciadamente se tiende a no leer estas historias adaptadas porque el lector ya las ha visto en la gran o pequeña pantalla y considera que supondría una perdida de tiempo. Error. Por mucho que conozcas la película, la historia, el libro o relato que la ha inspirado puede deparar muchas sorpresas. Y antología de coleccionista porque, para los amantes del cine, el poseer un libro de estas características puede resultar fundamental para entender no solo el estilo de cada directora/or, también las piruetas y trampas que los guionistas utilizan a la hora de escribir un guion, en este caso adaptado. Hablando en términos más generales, diremos que Historias de Cine es un libro imprescindible pero en el que existe un desequilibrio. No todos los relatos son maravillosos, hay unos mejores que otros y en este caso, al tratarse de autores muy diferentes, la temática es totalmente dispar. Sin embargo, nos topamos ante una colección perfectamente ordenada, en base al año en el que se estrenaron las películas que adaptaron dichos cuentos, con una explicación al principio de cada nuevo relato con datos del contexto, los autores y directores de la cinta, y ante un prólogo realmente interesante escrito por J. A Foix. En él, Foix defiende el por qué de estos relatos y el mensaje que se quiere lanzar desde esta edición, que no es otro que el considerar al cine como un ente independiente a la literatura, aunque irremediablemente éstos estén unidos por las palabras. Un relato es un relato, y el cine es un arte diferente, y por tanto, cogerá entre sus manos dicho escrito y lo adaptará al estilo del guionista que lo adapta, que en muchos casos es el propio director, dándole su personalidad, su visión y opinión sobre la historia. Por eso no existe ninguna adaptación 100% fiel al libro, siempre habrá algo que lo diferencie más allá del recorte de capítulos. En lo que respecta a los relatos que aparecen en Historias de Cine he de confesar que no todos me han gustado, el de Tolstoi, que inspiro la película Una femme douce de Robert Bresson, se me ha hecho tremendamente pesado, a pesar de que la historia prometía. Al igual que Los muertos de Joyce, adaptada bajo el título Dublineses por John Huston. En cambio me ha deslumbrado el relato de Stefan Zweig, Miedo, con el que consigue que el lector experimente una sensación de desasosiego muy real. De hecho, tras leerlo, me queda la duda de saber como el director italiano Roberto Rosselini lo habrá adaptado siendo su filmografía tan particular y personalísima. También me ha entrado curiosidad de como Billy Wilder, el aclamado director de Con faldas y a lo loco y El apartamento (ésta última considerada como una de las películas más perfectas a nivel de guion y que se enseña en toda escuela de cine), se habrá enfrentado cinematográficamente a Agatha Christie, la gran dama del suspense británico. Pero si tengo que destacar algún relato serían en este caso tres: El hombre que mató a Liberty Valance, Los pájaros y Rashomon. El primero porque el relato constituye una mezcla perfecta entre el western más puro y el cine negro, y porque, en cuanto a autoría, fue toda una sorpresa. Recuerdo que cuando me pusieron esta película en clase, la cual me gustó bastante dentro de mi malograda opinión sobre el western, pensé que el guion lo había escrito un hombre. La sorpresa fue que, cuando inicié la lectura del relato, no solo descubrí que era una adaptación literaria, también que El hombre que mató a Liberty Valance lo había escrito una mujer, en concreto llamada Dorothy M. Johnson. Los prejuicios nos llevan a compensar que es imposible que una mujer pueda escribir una obra maestra del western, pero mira, esta edición ha conseguido replantearme el género y querer conocer mejor a esta autora norteamericana. El segundo relato, Los pájaros, es tal vez el más famoso e icónico de todos. Muchos somos los que hemos visto la película, y los que no tienen en su cabeza alguna escena de la película. Los pájaros, de Daphne du Maurier es tal vez el relato más próximo a la adaptación fiel, dirigida por un director, el legendario Alfred Hitchcock, que por el suspense de sus películas parecía destinado a adaptarla. Y aunque los críticos señalan que no es una de sus mejores películas, si que es cierto que logró plasmar el desasosiego, la angustia y el miedo del relato de Du Mauier sobre la pantalla y en el rostro de Tipi Hedren. Convirtiéndose, con el paso de los años, en una autentica obra de arte cinematográfica. Y por último, el tercer relato titulado Rashomon, y su continuación En la espesura del bosque, constituyen uno de los mayores hallazgos literarios. Los relatos, escritos por el japonés Ryunosuke Akutagwa, no son de los más brillantes a nivel de estilo, pero construyen la base perfecta para que, en la década de los 50, Akira Kurosawa encontrase la inspiración para rodar Rashomon, una de las películas más importantes del cine japonés y la primera que traspasó fronteras, llegando hasta el mismísimo Hollywood.  De hecho, creo que es la adaptación que más ganas tengo de ver tras leer este libro porque creo que Kurosawa engrandece los relatos y acentúa ese tremendo misterio que envuelve a la trama. Por último, antes de pasar a la reflexión final, me gustaría criticar el hecho de que en Historias de Cine aparezcan solo cuatro relatos escritos por mujeres frente a siete escritos por hombres. J. A. Molina Foix se excusa lamentando no haber podido incluir todas las historias que le hubiera gustado, pero creo que el haber añadido en esta antología tres relatos más con nombre de mujer no costaba nada. En estos temas no hay excusas que valgan.


Las historias surgen de lo más inverosímil. De un gesto, de una conversación, de una noticia que vemos por televisión, de una posición política, de una actitud concreta, de un sueño, de una pesadilla que nos ha asaltado en mitad de la noche, de nuestra percepción del mundo, de un cuadro colgado en la pared, de una fotografía olvidada en un cajón, de un llanto, de una palabra, de un gemido, de lo que amamos, de lo que detestamos, de una historia que leímos hace mucho tiempo, de una persona que nos inspira, de nuestros propios temores, de un animal, de un suceso traumático, de la soledad, de la certeza de que las cosas se pueden apreciar desde otro ángulo...Nada ni nadie está a salvo de protagonizar, en la mayoría de los casos inconscientemente, una historia. Pero si en la literatura, éstas historias se plasman en forma de palabras y en formatos en los que el lector tiene que hacer uso de su imaginación para componer en su cabeza la atmosfera y los personajes de la trama, en el cine es completamente diferente. En el conocido como séptimo arte, las historias cobran vida gracias a las acciones. Las y los guionistas escriben en base a lo que los personajes hacen o dejan de hacer. Da igual si éstos caminan, corren, tropiezan, lloran, ríen, tocan el piano, fuman, se baten en duelo, desmayan, mueren, matan, besan, pegan...Toda acción tiene su importancia, y con ellas los símbolos, Sin ambas características, el cine no sería cine. ¿Cómo sería el Padrino I si Don Vito Corleone no falleciese en un campo de naranjos ante la inocente mirada de su nieto? ¿Sería igual Psicosis sin la famosa escena de la ducha, o más importante aún, sin la maravillosa e inquietante escena de Janet Leigh conduciendo al principio del film? ¿Titanic seguiría siendo Titanic sin la escena del beso de los dos protagonistas encaramados en uno de los extremos del barco? ¿Tarantino hubiese sido recordado si hubiese decidido suprimir el baile entre Uma Thurman y John Travolta en Pulp Ficction? ¿Cuántos niños traumatizados se habría ahorrado Disney si la madre de Bambi no hubiese murerto al principio del film? ¿El mensaje feminista de Thelma y Louise habría desaparecido si Ridley Scott hubiese rodado un final alternativo? ¿Qué habría ocurrido si el cubo de sangre no hubiese caído sobre Carrie? ¿Cómo se las hubiese apañado Stanley Kubric sin la terrible mueca de locura de Jack Nicholson en El Resplandor? ¿Qué sería El silencio de los corderos sin las conversaciones entre Aníbal Lecter y Clarice? ¿Y Star Wars sin Darth Vader? El espectador, cuando se hace esas preguntas, comprende mejor el poder de las acciones en las películas, pues son ellas las que mueven todo: diálogos, escenarios, emociones, interpretaciones...Por eso, aunque la literatura y el cine son dos artes bien diferenciadas entre si, surgen ciertos puntos de contacto en los que pueden ambas disciplinas darse la mano. No es casualidad que muchos escritores hayan sido reclutados por directoras o directores para escribir guiones cinematográficos, como no lo es tampoco a la inversa, que los propios guionistas acaben sucumbiendo de vez en cuando ante el género novelístico, el ensayístico o el poético. Lo que está claro es que la literatura ha sustentado y sigue sustentando a la industria cinematográfica, no tenemos que olvidar que el 80% de los guiones son adaptaciones, y que el cine, ese maravilloso torrente de emociones, incorpora nuevas técnicas literarias y ofrece un punto de vista personal de la novela que todos creemos conocer. Historias de Cine: once relatos diferentes, potentes, intensos, cinematográficos, desiguales en calidad, interesantes...Once historias que el cine convirtió en iconos inmortales.

Frases o párrafos favoritos:

"Los pájaros habían estado más inquietos que nunca desde el final del año, la agitación era más apreciable porque los días eran apacibles. Mientras el tractor seguía su camino subiendo y bajando las colinas del oeste, la silueta del granjero perfilada en el asiento, el vehículo y el hombre encima se pedían de vista momentáneamente ocultos por una gran nube de pájaros que revoloteaban y chillaban. Eran muchos más de lo habitual; Nat estaba seguro de eso. En otoño siempre seguían al arado, pero en bandadas tan grandes como esas, no con tal clamor."

Película/Canción: es obvio, todos los relatos que aparecen en este libro han sido adaptados más pronto que tarde al cine. Sin embargo, y en lugar de adjuntar los once trialers de las once películas, he optado por, ya que hemos hablado de películas clásicas, finalizar con otro clásico, con la música del compositor de bandas sonoras Bernard Herman. Unas piezas entre las que, sorpresa, se encuentra la de la inquietante Psicosis.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela