Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 12 de marzo de 2022

RESEÑA: El palacio de hielo.

 EL PALACIO DE HIELO


Título: El palacio de hielo. 

Autor: Tarjei Vesaas (1897-1970) nació y creció a la orilla del lago Vinjevatn, en Noruega, rodeado de una idílica y solitaria naturaleza que influyó en toda su obra literaria. De carácter muy sensible, quedó marcado para siempre por la destrucción de la que fue testigo durante la Primer Guerra Mundial y la culpabilidad que sentía por haber decidido en su momento no hacerse cargo de la granja familiar. Entre sus estudios y el servicio militar encontró tiempo para seguir escribiendo novelas, poesía y teatro, y finalmente, en 1923, consiguió publicar Hijos de humanos, que le abrió definitivamente las puertas de su carrera literaria. Fue tres veces candidato al Nobel de Literatura y hoy es considerado uno de los mejores escritores noruegos del siglo XX. La literatura de Vesaas, con una aparente sencillez, rebosa simbolismo y poesía y conjuga a la perfección el paisaje noruego con la psicología de sus personajes. Es autor de novelas como El palacio de hielo (1963), Los pájaros (1957) y Los vientos (1953). 


Editorial: Trotalibros. 

Idioma original: noruego. 

Traductoras: Kristi Baggethun y Mª Asunción Lorenzo. 

Sinopsis: esta es la historia de dos niñas de once años que, aunque son muy diferentes, sienten una conexión muy especial desde el primer momento. Esta es la historia de una promesa y de un palacio de hielo con laberintos pasillos, inmensas salas y bosques encantados en su interior. Esa es la historia de Unn, que se adentra sola en el palacio de hielo y desaparece, y de Siss, que busca contra el tiempo y el olvido. 

Su lectura me ha parecido: envolvente, sutil, potente, con tintes mágicos, pausada pero no por ello aburrida, lírica, sobrecogedora... A veces tengo un sueño recurrente. Me veo a mi, quieta, abrigada hasta las cejas y en medio de un bosque nevado. El frío me paraliza. Muevo los dedos de las manos para que la sangre siga circulando, ya que en ese primer golpe de irrealidad, creo estar petrificada. El paisaje me es familiar. Siempre pienso que es el monte que rodea el pueblo de mi infancia, aquel por el que corrí y perturbé con gritos de júbilo mientras rodaba ladera abajo o al tiempo que las palmas de mis manos, enfundadas en unos llamativos guantes rojos, acariciaban el hielo convertido en un amorfo muñeco de nieve. Pero bien podría ser otro lugar, más lejano, Islandia tal vez. No es descabellado pensar que mis deseos viajeros se cuelen en mi subconsciente, como señal de que necesito salir de mi ciudad de sol y playa que, aunque la adoro, una siente que debe abandonarla al menos por unos días, semanas, meses si el dinero no fuera un problema. Comienza a nevar, los copos se posan en mis pestañas, creando una cortina de hielo entre molesta y hermosa. No estoy de foto, ni mucho menos, de hecho estoy deseando huir de allí. Adoro el frío, pero en mi recurrente ensoñación éste se convierte en mil agujas clavándose en mi blanca piel forrada de capas y más capas. Algo se mueve al fondo, no sé muy bien lo que puede ser, nunca he visto animales salvajes rondar entre los pinos de mi niñez, aunque las historias que se cuentan de generación en generación afirman todo lo contrario. Camino, por fin, en dirección hacia aquello misterioso, huidizo. Timidez embriagadora con aroma a tierra mojada que me empuja a averiguar su forma, esencia, carácter. Avanzo, temerosa, pero firme en mi inquietud. Me pierdo, el silbido del viento es relajante y las copas de los árboles, llenas, arden en deseos por descargar el exceso de nieve acumulada. Me fundo. No me importa. Creo estar a salvo, tranquila, como no lo he estado en mucho tiempo. Ya puede venir la ventisca del siglo y enterrarme bajo toneladas de pálido albor que a mi no me sacan de ese lugar, ni de ese letargo devenido en placer, aunque lo pesadillesco me agarrase con fuerza de los tobillos al principio de esta increíble historia. Lo confieso, las catedrales de hielo - o lo que es lo mismo, las novelas ambientadas en la estación más odiada - me han regalado grandes momentos lectores. Y es que son la ambientación perfecta, tanto si lo que pretendes es construir un relato costumbrista impregnado de gran amabilidad, como si lo que te calienta el alma es retorcer géneros para contar una historia de terror puro. O todo a la vez, ganando en empatía y complejidad narrativa. No, no estamos ante una novela que se caracterice precisamente por darte sustos de muerte, tampoco frente a una en la que lo enternecedor decaiga en cursilería melodramática. Aquí, el frío, viene por la ambientación, el carácter de sus habitantes y, sobre todo, por su peculiar geografía emocional encarnada en dos niñas que, sin duda, harán las delicias de toda aquella lectora o lector que sepa leer más allá de la sinopsis oficial. El palacio de hielo: la no tan gélida naturaleza del duelo. 


Desde la Noruega más misteriosa, rural y evocadora Tarjei Vesaas - recordemos, tres veces candidato al Nobel de Literatura y todo un referente en las letras escandinavas - nos trajo una historia de lo más interesante a nivel argumental y estilístico. La de dos niñas - Unn y Siss - que, sobre sus pequeños hombros, su autor descarga toda la trama y la emoción que ésta acumula en esas 198 páginas. De hecho son ellas, sus diferentes caracteres - una más popular y la otra más retraída - y el suceso que marca sus todavía cortas vidas son prácticamente la razón de ser de una obra, insisto, tan especial como los paisajes en los que Vesaas es capaz de introducirnos. Y es que la naturaleza, así como los cambios climatológicos que acompañan a las cuatro estaciones y sus consecuentes impactos sobre la misma, no solo vehiculan el devenir de los acontecimientos, también acompañan a la perfección las emociones que experimentan tanto los personajes como el propio lector al acercarse a ellas. En El palacio de hielo abundan las descripciones de dicho ecosistema cambiante, de ese lago cercano al pueblo - helado al principio de la novela que pronto amanecerá con una enorme capa de nieve, anunciando la llegada del crudo invierno - y, por supuesto, de esa cascada congelada y llena de estalactitas a la que el autor bautiza como el "palacio de hielo" (el otro gran personaje del libro) que, como si de una casa encantada gótica se tratase, hace las veces de morada del horror, así como de cofre donde guardar los secretos más inconfesables. La Premio Nobel de Literatura Doris Lessing se refirió precisamente a ese sigilo en su correspondiente reseña que escribió para The Independent en 1993, impresión para nada descabellada teniendo en cuenta la relación que ambas protagonistas establecen bajo los carámbanos de hielo. De unos comienzos algo accidentados en los que se establece una pequeña relación de poder en cuanto a la asunción de papeles (la líder y la sumisa) que puede recordarnos a las inmortales Lenú y Lila que tan bien Elena Ferrante retrató en La amiga estupenda, pasamos a algo más sutil, interesante y adulto como es la tristeza ante la pérdida. Porque, si algo es El palacio de hielo es una oda al duelo y al torrente de emociones que éste provoca, incluyendo ese pedregoso acantilado que hay que escalar hasta llegar a la cima de la recuperación, o de la aceptación, o del "convivir con ello". En este caso, para más fascinación, la poesía parece poseer la pluma de Vesaas, abordándolo desde la más pura de las elegancias, sin provocar la lágrima fácil, pero sí una sensación de amor por esa amistad y por Siss, sobre todo por Siss. La que permanece, la que espera, la que no ha desaparecido en el "palacio de hielo", la que no busca medio pueblo, la que, en última instancia, echa de menos a aquella tímida niña de once años llamada Unn por la que había comenzado a sentir atracción. Sin recrearse en lo morboso, Vesaas nos regala un relato atmosférico, cargado de afecto, ternura, ciertos toques de misterio y un halo de irrealidad constante - a veces parece que derive en una especie de cuento e hadas - que, aupado por una arquitectura agreste, unas protagonistas construidas desde el mimo más enternecedor y un palacio soñado para que, en la mente de cada lectora o lector, adquiera las formas que dicte su personal y desbordante imaginación. Y es que la literatura, en toda su grandeza, está no solo para trasladarnos a lugares inauditos, también para cultivar aquellos huertos que creíamos sembrados de conocimiento. 

El palacio de hielo: una historia de amor, amistad, vivencias traumáticas, caminos sombríos, nieve, paso del tiempo, heridas que sanan, infancia, aprendizaje... Larga vida a Tarjei Vesaas y a Trotalibros Editorial que, en tiempos de crisis y shocks mediáticos, consigue apaciguar nuestras volátiles curvas emocionales cargadas de sobreinformación, tragedias y demás sorpresas con clásicos a reivindicar. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La oscuridad a los lados del camino. No tiene ni forma ni nombre, pero el que anda por ahí nota que aparece, que le persigue y le hace sentir arroyos corriendo corriéndole por la espalda."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Trotalibros Editorial

martes, 9 de julio de 2019

RESEÑA: Mujeres de los fiordos.

MUJERES DE LOS FIORDOS

Título: Mujeres de los fiordos.

Autoras: Trude Marstein (Tønsberg, 1973) Karin Fossum (Sandefjord, 1954) Inger Haldis Halvari (Tana, 1952) Hanne Ørstavik (Tana, 1969) Beate Grimsrud (Bærum, 1963) Merethe Lindstrøm (Bergen, 1963) Gro Dahle (Oslo, 1962) Karin Sveen (Hamar, 1948) Laila Stien (Nordland, 1946) Herbjørg Wassmo (Vesterålen, 1942) Bjørg Vik (Oslo, 1935-2018).



Editorial: Nórdica.

Idioma: noruego.

Traductoras/es: Cristina Gómez-Baggethun, Juan Gutiérrez-Maupomé, Gabriela Macchi, Anne-Lise Cloetta, Mª Josep Udina, Pablo Osorio, Carmen Freixanet, Kristi Baggethum, Ulrikke Kase Evensen, Mario Puertas, Inés Armestro, Lorena Catalina López,

Sinopsis: esta antología recopila relatos de once escritoras noruegas contemporáneas, de entre 35 y 85 años, pertenecientes a generaciones y credos literarios muy diversos, pero en las que encontraremos rasgos comunes. Como casi siempre en la literatura, también en estos relatos el tema recurrente son las relaciones humanas. Por lo general, melancolía y realismo aparecen como dos caras de la misma moneda. Los personajes de estos relatos son hombres y mujeres de carne y hueso, con sus anhelos y sus traumas, sus ilusiones y sus decepciones, en una terca búsqueda de algo que proporcione sentido. Cada relato está traducido por un traductor diferente, que, pensamos, proporciona una riqueza especial a la antología: once escritoras y once traductores, entre los cuales hay tanto latinoamericanos como españoles, hecho que se refleja también en el lenguaje final de los relatos, en los que se ha querido respetar las diferencias y la riqueza de esta lengua que hablamos tantos pueblos distintos.

Su lectura me ha parecido:

   Interesante, amena, con unos relatos muy diferentes entre sí y al mismo tiempo con un mensaje que emerge poderosamente de sus páginas, cálidos y gélidos, contemporáneos, sociales, muy necesarios... Al igual que hice en la pasada reseña, en esta ocasión he vuelto a tirar de archivo para revisar a cuantas autoras u autores del país del salmón y los fríos paisajes invernales había dedicado un espacio destacado. Y de nuevo, la sorpresa no pudo ser más mayúscula ya que la búsqueda me ha devuelto tan sólo tres nombres. Imperdonable, os lo digo de verdad. Sin embargo, y a diferencia de lo que sucedía con las escritoras y escritores alemanes, en esta ocasión si que hay más presencia de mujeres - dos frente a uno - además de poder apreciarse la relación personal que he mantenido - literariamente claro - respecto a la literatura procedente de dichas tierras. Como ya comenté en más de una ocasión, la novela policíaca escandinava fue una especie de iniciación para mi, al igual que lo fue para millones de lectores en todo el mundo que hace unos años, de pronto, supimos poner a Noruega y Suecia en el mapa gracias a sus historias en las que un crimen atroz y unas narraciones trepidantes consiguieron mantener en vilo a muchas y muchos que deslizábamos los ojos sobre el papel. De hecho, no es de extrañar que la primera reseña de una novela escrita por un autor - que no autora - procedente del norte de Europa fuese de este género (Viajo sola de Samuel Bjork). Desde esa primera entrada ha llovido bastante, tanto que no fue hasta el 92 de agosto de 2016 cuando nos topamos con una maravilla de libro (Nada crece a la luz de la luna de Torbog Nedreaas) de un género y un estilo completamente diferentes a la anterior. Por no hablar de la tercera en discordia (Historia de las abejas de Maja Lunde) cuya lectura deberíamos reivindicar a día de hoy por su mensaje ecologista. Esta última la publiqué en enero de 2017 y hoy, julio de 2019 regreso después de mucho tiempo a tierras noruegas para hablar del noble arte de escribir relatos con una perspectiva de género y para presentaros una antología que hará las delicias de quienes en pleno verano, busquen lecturas más refrescantes. Mujeres de los fiordos: diez escritoras al servicio de la creación literaria y la construcción de un nuevo modelo de mujer.

   No será ni la primera ni la última reseña que haga de una antología, por eso, y antes de empezar a meternos de lleno en lo importante, cabe recordar que, debido a la cantidad de relatos que ésta en concreto presenta, es posible que no me centre en los pormenores de cada uno de ellos, como también cabe la posibilidad de que alguno se quede sin nombrar. Mi reseña será, por tanto, lo más amplia posible. Dicho esto, comenzaremos apuntando que el volumen de relatos Mujeres de los fiordos - de nuevo reeditado por Nórdica para gusto y disfrute de los lectores más sibaritas - presenta una lectura desigual (algo completamente habitual en este tipo de libros), pero que sin embargo mantiene un ritmo y una constancia dignas de mención. Es posible que todos los cuentos lo componen no sean de tu agrado - ya te digo yo que es así - pero es innegable el trabajo de edición que existe detrás de él, pocas veces reconocido y que en esta ocasión merece un aplauso. Tras un pertinente prólogo a cargo de Cristina Gómez-Baggrthun - traductora precisamente del primer relato de esta antología - Mujeres de los fiordos nos sumerge en la gélida cotidianeidad de un país en el que a pesar de los fríos paisajes, de la anodina vida de sus habitantes y de las incomodidades que - llevados siempre por los prejuicios - creemos que sufren como consecuencia de vivir en un lugar como Noruega. A pesar de todo eso, una llama surge, un candor se apodera de la escena embriagando a personajes y lectores. Al final va a resultar que las y los noruegos no son tan inquebrantables o duros como un témpano de hielo.

   Los relatos que se encuentran dentro de Mujeres de los fiordos presentan diversas particularidades. La primera es su desigual extensión - hay relatos que sobrepasan las 30 páginas mientras que hay otros que no llegan ni a las 3 -. La segunda tiene que ver con la uniformidad en cuanto a estilos empleados y géneros en los que se decide insertar el escrito, los cuales se enmarcarían dentro de la temática puramente social y contemporánea. La tercera, y tal vez la más interesante desde el punto de vista literario, es la brecha de edad. En esta antología encontramos autoras que abarcan los 35 a los 85 años de edad. Esto hace que las diferencias entre las más jóvenes y las más ancianas se ensanche de una manera abismal, llegando incluso a sostener opiniones totalmente enfrentadas entre ellas sobre ciertos temas abordados en los relatos. No obstante y a pesar de ese muro aparentemente infranqueable, lo cierto es que cada cuento - y por supuesto cada autora - encuentra un lugar para darse la mano, un nexo de unión que acerca a las generaciones más apegadas a nuestro contexto, así como a las que conservan en su memoria los recuerdos de una vida y un tiempo de los que, aunque no volverán, siempre puede aprender. La sencillez de su prosa las reconcilia, pero también los temas que se abordan - aunque desde distintas miradas - contribuyen a sostener esta alianza. Bajo el paraguas de las relaciones humanas - una constante en esta antología - se articulan situaciones que dan lugar a reflexiones de poderoso calado social como el sexo, las relaciones familiares, la importancia de la infancia o los episodios fugaces a los que asistimos sin darnos cuenta. En general, como ya he comentado anteriormente, existe una cierta línea de estilo muy marcada por la sencillez, lo directo y la objetividad. Si bien es cierto que en algunos de ellos sus autoras se han esmerado más y han tratado de innovar coqueteando con lo poético y experimental pero sin llegar a ser demasiado arriesgados. Como conclusión a este párrafo podríamos decir que, y citando las palabras de Cristina Gómez-Baggrthun en el correspondiente prólogo: "(...) probablemente lo que haga grande a una literatura sea su capacidad para trascender lo local y los corazones de personas de muy diversos orígenes." Dicho de otra forma, la literatura es capaz de traspasar fronteras - y no sólo físicas - para hacernos conscientes de la universalidad de las tramas, simple reflejo en ocasiones de la vida real.

   Lo privado es político, bien lo demuestra esta antología al confeccionar entre todos una especie de nueva mujer que resurge entre principios de siglo XX y finales de éste. A lo que también - y muy necesariamente - deberíamos añadir algo más, y es que el lenguaje también puede hacer que nos preguntemos sobre el porqué del significado y el peso de las palabras. Y en ese sentido, la traducción juega un papel fundamental. La profesión del la o el traductor ha ido ganando importancia a lo largo de los últimos años, prueba de ello es el aumento de demanda de este tipo de profesionales, y no siempre en relación con el mundo puramente editorial. No obstante, son muy pocas las veces que se les reconoce su trabajo, de hecho, sus nombres pasan la mayoría de las veces desapercibidos a ojos del lector y de los críticos literarios. Sin ir más lejos, hace relativamente poco que el famoso - y poco valorado - programa Página Dos decidió incluir los nombres de las y los traductores de los libros que se hacen mención en dicho espacio televisivo. Por no hablar, como ya va siendo habitual, de la invisibilidad de su trabajo, condenados a un trabajo en régimen de autónomo, y por tanto, casi desconocido para la gran mayoría de la población. En la presente antología, y como reza la correspondiente contraportada, se hace especial hincapié en el hecho de que cada relato ha sido traducido por una traductora o traductor diferente, entre los cuales encontramos tanto españoles como latinoamericanos. Esta circunstancia no sólo hace que este volumen destaque de entre tantos libros de relatos similares, sino que además consigue llenar de riqueza lingüística al lector que se adentra en él. El respeto a la riqueza del español es tan abrumador que sin pretenderlo da toda una lección a todos aquellos que no creen en la variedad de lenguas, acentos, y por consiguiente, culturas propias de cada pueblo. Los relatos acontecen en Noruega, que en nuestro idioma - y sabiendo esta decisión editorial - nos llegan de una forma más especial, más abierta, más rica y por supuesto, menos intolerante. Mujeres de los fiordos: diez historias de amor, relaciones sexuales, infancia, amistad, relaciones paterno-filiales, encuentros fortuitos en discotecas, poesía, sencillez, cierta vanguardia... Diez cuentos para enamorarse de un país y de sus autoras.

Frases o párrafos favoritos:

"Pero no tuvo tiempo de esperar. Antes de que mis miembros hubiesen podido acompañarlo por las empinadas cuestas del amor, él había llegado y se había apagado, y yo, mi laguna, no llegué a sentirme suavemente agarrada en tu profundidad."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Nórdica Libros

martes, 17 de enero de 2017

RESEÑA: Historia de las abejas.

HISTORIA DE LAS ABEJAS

Título: Historia de las abejas.

Autor: Maja Lunde (Oslo, 1975) es escritora y guionista, conocida por su trabajo para algunas de las series más populares de la televisión noruega. Ha publicado tres libros infantiles y una obra juvenil, Battle. En 2015 triunfa con su primera novela para adultos, Historia de las abejas, ganadora del Norwegian Booksellers´Prize 2015, convirtiéndose en la primera escritora noruega debutante en recibir este prestigioso galardón. La novela será publicada en dieciséis países.


Editorial: Siruela.

Idioma: noruego.

Traductor: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.

Sinopsis: en la Inglaterra de 1852, William, un naturalista y comerciante de semillas que no pasa por su mejor momento, lucha por desarrollar un tipo de colmena totalmente nuevo que les valdrá a él y a sus hijos fama y respeto. George es un apicultor de los Estados Unidos que en 2007 pone todas sus esperanzas en que su hijo universitario continúe con el sacrificado negocio familiar. En la China del año 2098, donde las abejas han desaparecido y con ellas el mundo tal y como se conocía, Tao se dedica a la polinización manual, con el deseo de dar a su hijo una vida mejor que la suya.

Su lectura me ha parecido: intensa, poderosa, interesante, ágil, original, bien estructurada, crítica, muy reflexiva, que invita a la concienciación...Unos días antes de que me pusiera frente al ordenador para redactar esta reseña, estuve viendo, por vez tercera o cuarta la película Avatar. Era un domingo por la tarde, sin ganas de hacer nada, y puestos a elegir, opté por pasar un rato viendo una de esas películas que hacen historia de alguna forma u otra. En su momento, Avatar supuso un gran acontecimiento cinematográfico y toda una revolución en el cine de por aquel entonces. No sólo por la técnica empleada, por los espectaculares gráficos o por sus históricas nominaciones a los Oscar de aquel año; Avatar logró captar la atención del espectador también con un sub tema que, parece pasar desapercibido, pero que está presente en todo el metraje. Avatar es un canto a la naturaleza, al anti imperialismo, a la preservación del medio ambiente, y por extensión, a las demandas ecológicas. Fue una de las primeras películas mediáticas que introdujo uno de los mayores problemas y debates de por aquel entonces y del que todavía se sigue hablando a día de hoy. Luego, el tema del ecologismo, apareció en algunas novelas, aunque la tradición arrancase de mucho más lejos, pero fue en el siglo XXI cuando este tipo de libros de ficción ecologista empezaron a lograr adeptos y obtener algún que otro reconocimiento. La novela que hoy tengo el placer de reseñaros podría insertarse dentro de este grupo, en el que se usa la ficción para concienciar de la urgencia del problema y en el que unos insectos tan molestos como cruciales toman el protagonismo que se merecen. Historia de las abejas: homenaje y tragedia descritos en una atemporal lectura.


Historia de las abejas llegó a mis manos gracias a la Editorial Siruela, sin embargo, Historia de las abejas logró ocupar un estante privilegiado en mi biblioteca particular debido a una curiosidad, a un interés que a medida que pasaban los años iba en aumento. Una servidora es una apasionada de la naturaleza, soy de las que le encanta pasear por el campo, realizar alguna ruta senderista, comer, merendar o almorzar en la naturaleza y de las que se queda embobada con algún entorno que me parezca sumamente espectacular. Sin embargo, tengo un pequeño problema, y es que tengo miedo a las alturas, por lo que esto me ha limitado un poco a la hora de subir a ciertos lugares. Ese miedo no me viene de lejos, pero sin duda, es realmente perjudicial si lo que pretendes es pasar un buen rato y disfrutar de una actividad. En mi pueblo, el lugar en el que veraneo desde que tengo uso de razón, me inculcó ese amor por el paisaje y por el bosque, sin duda, uno de mis entornos favoritos, un lugar en el que perderse y que resulta inspirador, sobretodo para una escritora en potencia. Desde que era bien pequeña me inventaba historias, y me metía en ellas como uno más, un personaje más de mis aventuras particulares. En esta sociedad en la que no se valoran otras virtudes que se salgan de la norma se vería extraño, pero lo cierto es que fue en ese entorno donde empecé a desarrollar mi imaginación, algo que recordaré con ternura siempre. El caso es que, con el tiempo, me empezó a interesar bastante las novelas en las que el paisaje tuviese muchísima presencia, y de hecho, durante una etapa relativamente corta me dio por leer libros de ese estilo. No obstante, y a medida que crecían mis exigencias como lectora, busqué otro tipo de historias, en las que por supuesto el paisaje actuase como un personaje más. Fueron muchos los intentos y los libros decepcionantes hasta llegar a Historia de las abejas, cuya sinopsis leí con gran interés. Creía estar ante un buen libro, que a lo mejor no llegaba al sobresaliente, pero que de seguro no estaría vacía de contenido. La novela llegó a los pocos días a mi casa, y aunque tardé en adentrarme en sus páginas, el resultado fue bastante sorprendente e inquietante.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Historia de las abejas presenta una lectura ágil, ligera, pero sosegada al mismo tiempo. Se nota a la legua que la intención de la autora es la de concienciar, por lo que de nada le sirve sucumbir a un estilo demasiado recargado ni demasiado simplón. Pretende, en resumidas cuentas, ir al grano pero con el máximo de información posible. Seguidamente, la estructura de la novela me parece la más idónea para narrar una historia así. Tres historias diferentes, tres tiempos cronológicos distintos (1852, 2007 y el 2098), tres lugares diferentes (Inglaterra, Estados Unidos y China)...Pero todas ellas con el mismo nexo en común: las abejas. Sin duda, el personaje más importante de toda la novela. Pocas veces he leído un libro en el que un animal, en este caso un insecto, cobre el protagonismo y el abrumador simbolismo que en el libro de Maja Lunde. En esta novela, la autora no sólo nos describe la vida y el funcionamiento de estos pequeños seres, también nos describe su importancia en cada una de sus páginas, dejando claro de una vez por todas lo importantes que son para la supervivencia de la raza humana y del ecosistema en general. Por otro lado, en Historia de las abejas se abordan temas tan diversos y tan urgentes como la dedicación, el tesón, el amor por el trabajo, el sacrificio, la familia, la estabilidad económica, la esperanza...Pero si hay uno que destaca especialmente ese es la agricultura, ya no la apicultura en concreto, sino también lo que la envuelve, que no es otra cosa que el duro trabajo en el campo. En el siglo XIX vemos como a pesar de que ésta es necesaria para el sustento de un país como Inglaterra, la industrialización empieza a comer terreno a la actividad agraria. En el 2007 observamos ya ese desequilibrio, pero además, la falta de preocupación por parte de las nuevas generaciones por todo lo que tenga que ver con el trabajo en el campo o con animales, lo que provoca que cada vez menos gente se dedique a ello. Como de alguna forma se rompe la cadena y muchos trabajos, que pasaban de generación en generación, acaban sucumbiendo al poder de otros empleos o de la tecnología. Y por último, en un pasado muy lejano, contemplamos atónitos las consecuencias de haber explotado salvajemente los recursos, de haberlos maltratado, hasta el punto de llegar a extinguirse las propias abejas, mostrándonos una forma de vida que nadie querría experimentar. Eso queda claro nada más te adentras en el primer capítulo del libro. Finalmente, y por recapitular, concluiremos diciendo que en este libro prima más el contenido que la forma. Algo que dependiendo de los casos es muy necesario, y en concreto, si nos referimos a Historia de las abejas, está plenamente justificado.


Llegados a este punto, queridos lectores y lectoras, una servidora se siente en la necesidad de hablar sobre un tema del que todo el mundo ha oído hablar y del que habéis participado activamente, aunque fuese en una simple conversación familiar o con amigos. Desde hace algunos años, tanto los medios de comunicación como los científicos especializados vienen alertando de una peligrosa amenaza, cuya sombra poco a poco se va cerniendo sobre nosotros mismos. Lo llaman, y lo siguen llamando, Cambio Climático, y no son simples palabras que las juntas sin más, sino que ambas llevan consigo muchas implicaciones a las que todos y todas debemos prestar atención. Hablan de una progresiva desertización, de la desaparición de especies vitales para la raza humana, de inviernos más fríos, de veranos más cálidos, de un vertiginoso aumento del nivel del mar, del deshielo del ártico, de aumento de las catástrofes naturales... Y lo peor de todo, además de que es cierto, parece que el ser humano parece pasar olímpicamente de estos temas. Es difícil escapar al sistema, no lo niego, al fin y al cabo, estamos todos y cada uno de nosotros atrapados por él, en esa telaraña de despropósitos que o bien no nos cuentan o lo sabemos pero no hacemos nada por remediarlo. Supongo que esta es otra de las consecuencias de la alienación a la que nos tienen sometidos los que más mandan en el mundo, por encima de los respectivos presidentes y por encima de cualquier organismo internacional. Hay quién no quiere verlo, y también, quien pretende desacreditarlo, algunos ya se han posicionado y ven una mentira el cambio climático, una estafa para implantar el ecologismo a todos los niveles. En Historia de las abejas se avista el problema, se debate y después, cuando es demasiado tarde, se tiene que vivir con ello, con la impotencia de no haber sabido gestionar mejor el problema, con la sensación de que parte de nosotros se ha muerto en el camino, en un camino que desgraciadamente ya no tiene retorno. Nunca en este espacio de crítica y opinión hemos abordado el tema del cambio climático, algo que de verdad me sorprende, pues, debería hablarse más de ello para concienciar y desmentir bulos que algunos multimillonarios pretenden difundir en favor de sus intereses, en beneficio de un egoísmo que a la larga puede matar. Yo no se si llegaré a ver las consecuencias de nuestros desorbitados actos, pero de lo que estoy segura es que no me gustaría vivir en un mundo como el que plantea la autora en el 2098, un futuro desolador, donde la oscuridad no deja espacio para la luz del sol y en el que sólo hay lágrimas de profundo arrepentimiento. Historia de las abejas: una historia de amor, naturaleza, sacrificio, renuncia, impotencia, sueños, ilusiones, desazón, esperanza...Una novela cuya moraleja debe hacernos reflexionar.

Frases o párrafos favoritos:

"Evité mirar el reloj. Sabía que no servía de nada. Lo único cierto era que con cada flor que rozaba con el cepillo, la tarde estaba un poco más cerca. Y también es la única hora que disfrutaba cada día con mi hijo. Esa hora era todo lo que teníamos, y en esa hora, yo a lo mejor podía aportarle algo diferente. Sembrar una semilla que le proporcionara esa posibilidad que yo nunca había tenido."

Película/Canción: existen muchas películas y documentales que abordan el tema del cambio climático, pero sin duda, la mejor de todas es Una verdad incómoda. Un documental producido por Al Gore y que en su momento logró gran impacto mediático. Hoy por hoy es uno de los mejores documentales sobre el tema.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Siruela

lunes, 29 de agosto de 2016

RESEÑA: Nada crece a la luz de la Luna.

NADA CRECE A LA LUZ DE LA LUNA


Título: Nada crece a la luz de la Luna.

Autor: Torborg Nedreaas (1906-1987) feminista y comunista, fue llamada a menudo "la Simone de Beauvoir noruega", aunque es una novelista de mayor altura literaria, sin duda. Ante todo es una narradora aclamada por la crítica y por la profundidad y la finura de sus análisis psicológicos y por la gran calidad de su escritura, muy poética y de potentes imágenes, muy cercana a las emociones y a los pensamientos de los individuos. Fue profesora de música, debutó en 1945 con un libro de relatos breves, pero saltó a la fama dos años después con Nada crece a la luz de la Luna. En 1950 obtuvo el Premio de la Crítica de su país y en 1964 el Premio Dobloug. 


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: noruego.

Traductor: Mariano González Campo.

Sinopsis: esta fascinante novela comienza de un modo tan sugerente como misterioso: en la estación de tren de una gran ciudad, un paseante, casi un voyeur, descubre a una mujer todavía joven que deambula solitaria ya de noche. La mujer sigue al hombre hasta la casa de éste, y allí le ofrece su cuerpo o su historia, como en los cuentos del lejano Oriente. El hombre elige conocer la vida de la mujer. Así, a lo largo de una noche sabremos quién fue ella, quién fue aquel profesor y amante al que veneró de jovencita, cuáles fueron sus deseos y sus esperanzas, sus ansias y sus frustraciones, cuál fue su amor tormentoso y clandestino. Café, alcohol, cigarrillos, los ruidos de la noche, unos pasos en el piso de arriba, un portazo que se oye en la casa de algún vecino, un tranvía que frena al final de la calle...son elementos que se acompasan con la voz desconocida.

Su lectura me ha parecido: penetrante, interesante, hipnótica, elegante, sutil, poética, desgarradora, muy feminista, tremenda, abrumadora, tremendamente necesaria... Actualmente, y como todos bien sabréis, vivimos en un mundo en el que el consumo es lo primero. Hace unos días tuve esta misma conversación con unos amigos, en los que se planteaba como la literatura ha perdido precisamente eso, literatura, para dar paso a un estilo facilón, de lectura rápida y que responda a las necesidades del público, o lo que es lo mismo, los clientes en potencia. Estamos tan imbuidos en una sociedad tan capitalista, tan sometida a los dictados del poder y que avanza cada vez más rápido que muchas veces no nos damos cuenta de que existe, en el terreno cultural, otro tipo de literatura totalmente recomendable y de imprescindible lectura. Algunas editoriales, como la que ha decidido traducir y editar el libro que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, se han puesto las pilas, por llamarlo de alguna forma, en sacar a la luz verdaderas joyas de la literatura totalmente desconocidas para el público actual. El diseño de sus portadas es tal vez lo que más llame la atención de estas ediciones, sin embargo, el verdadero tesoro es lo que aguardan en su interior, resultando ser en la mayoría de veces sorprendente a la par que revelador. Algo así, aunque por otros cauces, me sucedió con el libro que toca reseñar, tal fue el impacto que este libro causó en mi como lectora y persona que al finalizar su lectura no pude evitar preguntarme ¿Cómo es posible que no haya leído este libro antes? ¿Dónde estabas Torborg Nedreaas? La respuesta a dichas cuestiones la conocía bien, Torborg Nedreaas estaba sepultada, ahogándose bajo el peso de los best sellers y el desconocimiento del gran público que no busca, aunque sea de vez en cuando, ejercitar el pensamiento con lecturas como Nada crece a la luz de la Luna: intensidad, denuncia y  elegancia en estado puro.


La historia de como Nada crece a la luz de la Luna llegó a mis manos es del todo sencilla. Como muchos sabréis, hace unos meses comencé a colaborar con la editorial Errata Naturae, lo cual me hizo especial ilusión, pues la editorial rescata obras poco conocidas, haciendo de este modo las delicias de los lectores. El caso es que como inicio a la colaboración, les pedí dos libros, uno fue Tú no eres como otras Madres de Angelika Schrobsdroff, del que di cuenta de él en su correspondiente reseña, y el otro fue Nada crece a la luz de la Luna de Torborg Nedreaas. La verdad es que en un primer momento sólo iba a pedir el primero de ellos, pues había causado tanto revuelo editorial y su historia era tan interesante que sería de tontos desaprovechar la oportunidad. No obstante, mis ojos se toparon en el catálogo con Nada crece a la luz de la Luna casi por casualidad, y sinceramente, no pude resistir la tentación de informarme sobre dicha lectura. Reconozco que la portada, tan misteriosa y gélida al mismo tiempo llamó poderosamente mi atención, pero al sumergirme en su breve sinopsis quedé de inmediato atrapada por un tipo de historia nueva y en la que no había tenido el privilegio de adentrarme. Por aquel entonces, algunas de mis investigaciones históricas dentro del máster giraban entorno al género y su representación, por lo que era lógico que acabase sucumbiendo y pidiéndole a la editorial un ejemplar. Tardé, por motivos de agenda universitaria, en adentrarme en su lectura, pero cuando por fin lo hice, una sensación de satisfacción y de comprensión.


En lo que respecta al apartado crítico dentro de la reseña, en primer lugar diremos que Nada crece a la luz de la Luna presenta una lectura ágil, amena pero llena de profunda belleza. La novela está impregnada de un marcado estilo que podría calificarse como sutil, directo, sin llegar a la brusquedad e impregnado de una elegancia que se encuentra en muy pocas novelas, llegando incluso a elevarse a un estilo altamente poético. Nedreaas nos cuenta una historia terrible, realmente terrible, pero en la que la belleza y la sensibilidad narrativas juegan un papel muy importante, prácticamente crucial. Seguidamente, encontramos una interesante y muy detallada construcción psicológica de los personajes, fríos, atormentados, incapaces de avanzar, anclados en un momento exacto. No obstante, uno de ellos, la joven protagonista, uno de los más complejos e interesantes, logra descargarse y vaciar su interior de esa historia que ha ido acumulando toda su vida como una pesada losa, aunque fuese delante de un completo desconocido. En ese sentido se produce un elemento de inflexión narrativa ya desde el mismo comienzo de la novela que da para más de una reflexión, pues mientras sus recuerdos y las personas que formaban parte de ellos se quedaban ancladas en el mismo lugar, es decir, en el pasado, ella ha logrado avanzar rememorando y no echando al olvido. Un ejercicio realmente terapéutico pero inevitablemente cargado de simbolismo y literatura. Por otro lado, es abrumador no reconocer una serie de influencias narrativas dentro de Nada crece a la luz de la Luna. Esto no quiere decir que la autora haya copiado a otros autores, sino que ha adaptado los mismos temas al tiempo que le tocó vivir. Es imposible no concebir a la protagonista como una Sehrezade contemporánea que narra su historia ante el completo desconocido, y por otro lado, en lo que respecta al contenido de ésta, una servidora vio de nuevo, pero en un contexto y un lugar completamente diferentes, a una Tess d´Uberfield condicionada por los prejuicios sociales del mundo rural, señalada y sujeta al escrutinio popular. Para finalizar, apuntaremos que Nada crece a la luz de la Luna, como ya he nombrado en la introducción, es una lectura profundamente feminista, aspecto en el que ahondaremos en el siguiente párrafo.


En lo que respecta a la reflexión personal, he de confesaros que aunque su lectura de lugar a mil y un debates enriquecedores, existe uno que está por encima de todos, el cual, es de necesario tratamiento en este espacio de literatura, crítica y opinión. Como he repetido en muchas ocasiones a lo largo de esta reseña, Nada crece bajo la luz de la Luna resulta una lectura imprescindible dentro de la llamada literatura feminista, y es que a lo largo de la novela aparecen muchos elementos que lo revelan. El libro es una clara denuncia a la terrible represión en el entorno rural, pues es en estos lugares donde las tradiciones más ancestrales perduran y donde las mujeres ven como consecuencia sus libertades recortadas. En él, también se habla de la institución eclesiástica en particular como baluarte de toda esa tradición impuesta ininterrumpidamente desde el principio de los tiempos y como garantes de su debido cumplimiento, y como todo el mundo sabemos, la iglesia peca de hipocresía, algo que se refleja muy visiblemente en la novela. También, Nada crece a la luz de la Luna se tratan temas como el aborto, representado como un derecho con consecuencias irreversibles para la mujer, y un exhaustivo análisis de la soledad y el sentimiento de desamparo al que las mujeres se ven sometidas cuando la sociedad las discrimina o peor aún, las ahoga. Pero tampoco debemos olvidarnos que en las grandes ciudades las mujeres no se libran, ni en esa época ni en la actual si apuramos, de ciertos tipos de machismo y de discriminación tan implantados y asumidos por la sociedad que muchas veces pasan desapercibidos y desgraciadamente naturalizados. Por ello, en un mundo en el que terriblemente el sistema se ha apoderado del feminismo para convertirlo en moda, despojándole de contenido, libros como Nada crece a la luz de la Luna son necesarios, sobretodo para entender el feminismo en todas sus manifestaciones y desde un estilo que, aunque embellecida, no oculta su sincero y explícito compromiso. El simple hecho que sea una mujer la narradora y el hombre el receptor, el que escucha, ya supone un desafío no sólo a los estándares de literatura universal, sino al orden y a los roles tradicionales, pues, todo el mundo desea ser escuchado, también las mujeres. Nada crece a la luz de la Luna: una historia de pasado, desahogo, confidencias, intimidad, tristeza, reivindicación, desesperanza, valentía...Un libro de recomendadísima lectura, y de necesario reconocimiento.

Párrafos o frases favoritas: 

"¿Sabes que me dijo un hombre una vez?(...)Me dijo: "Nada crece a la luz de la luna". Bueno, me desespero terriblemente porque no consigo expresar lo que quiero que entiendas ahora...Tenemos miedo a que nos de directamente la ardiente luz del sol. Anhelamos el sol, pero nos sentimos más seguros bajo la luz de la luna. Lo entiendes, ¿verdad? En fin, tal vez lo entiendas cuando esta noche haya acabado."

Película/Canción: de momento no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica, aunque sinceramente, sería un gran acierto que las hubiera. De todas formas os adjunto una pieza clásica que le va como anillo al dedo, por su delicadeza y sensibilidad, a la lectura de este libro:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

lunes, 25 de abril de 2016

RESEÑA: Viajo Sola.

VIAJO SOLA


Título: Viajo Sola. 

Autor: Samuel Bjork, (Trondheim, Noruega 1969) es el seudónimo del noruego Frode Sander Oien. Es novelista, autor de obras de teatro, cantante, ha expuesto en varias galerias de arte y a traducido a Shakespeare. Hasta el momento ha publicado dos novelas: Pepsi Love (2001) y Speed for Breakfast (2009). Vive y trabaja en Oslo. Esta es su tercera novela, éxito de ventas en varios países donde ya se ha publicado.


Editorial: Suma de Letras.

Idioma: noruego.

Traductor: Martin Simonson.

Sinopsis: un hombre sale a pasear con su perro para recuperarse de la resaca y de su cargo de conciencia. De repente el perro sale corriendo entre los árboles. Allí el hombre descubre a una niña que cuelga de un árbol, balanceándose sobre el suelo. Con una mochila escolar en la espalda y un cartel alrededor del cuello que dice: "Viajo sola". El inspector de policía Holger Munch se encarga del caso y no tarda en darse cuenta de que va a necesitar la ayuda de su excolega Mia Krüger. Sin embargo, Mia, que siempre había sido una chica sana, ahora parece estar enferma, realmente enferma. Holger Munch acude a su casa para pedirle que vuelve al servicio activo. No tienen ni la más remota idea de lo que les espera.

Su lectura me ha parecido: intensa, brutal, oscura, penetrante, adictiva, persistente, constante, creciente, abrumadora, chocante, bien estructurada...Queridos lectores y lectoras, como muchos de los que os pasáis muy a menudo por este espacio sabréis, una servidora, desde hace unos años, es una gran aficionada a la novela policíaca, o al género negro como ahora se le etiqueta. Me inicié con las novelas de Camilla Läckberg, y de ahí di el salto a otros autores como Agatha Christie o Petros Markáris entre otros. Sin embargo, os confesaré que desde el último libro de Camilla Läckberg que me leí hace unos cuantos meses, no me he atrevido de nuevo a leer una novela policíaca, negra o como quiera etiquetársele, que provenga de la tradición escandinava o del norte de Europa. Esto, tiene una explicación muy fácil y precisa, pues, bajo mi más sincera opinión, creo que el boom que en su momento produjeron estas novelas en el pasado literario más reciente se está desinflando poco a poco, dando paso a una novela policíaca más social, más mediterránea y con menos escenas "gores" por decirlo de alguna forma. De hecho, el libro que hoy os presento, aunque de seguro que la gran mayoría lo habrá leído o al menos visto en las librerías, a mi parecer, representa a una nueva generación de autores nórdicos cuyo estilo es similar al de sus predecesores pero en el que ya empieza a verse esa decadencia yéndose a la trama más morbosa, y hacer de ella, una historia excesivamente impactante. Sin más preámbulos, os presento a Viajo Sola: el thriller llevado ligeramente al extremo.

La historia de como Viajo Sola acabó ocupando el primer estante de la estimada biblioteca particular es realmente sencilla. Este ejemplar que hoy tengo de nuevo a mi lado mientras redacto estas líneas me lo regalaron en un cumpleaños si no recuerdo mal, o fue tal vez por mi santo, no me acuerdo, el caso es que junto con Alicia en el País de las Marvillas de Carroll y Las Uvas de la Ira de Steinbeck éste libro estaba entre los presentes. Sin embargo, antes de que ésto aconteciese, una servidora ya le había echado el ojo en más de una ocasión cuando salió a la venta en España el año pasado. Recuerdo que su inquietante y explicita portada presidía los escaparates más importantes y visibles de las mejores librerías de la ciudad, y que, como era de esperar, se convirtió en todo un fenómeno editorial, copando reseñas procedentes de otros blogs y siendo el protagonista absoluto de concursos multitudinarios que por aquel entonces se celebraron. No obstante, y contra todo pronóstico, tardé un tiempo en atreverme a leer el libro, había leído tantas criticas buenas y el respeto que me producía y me sigue produciendo la portada contribuyeron a que las expectativas con respecto a su lectura fueran muy altas, tal vez demasiado. Cuando por fin inicié su lectura, pero sobretodo, cuando a los pocos días finalicé su lectura estuve segura de dos cosas: la primera, que Viajo Sola había resultado ser la novela adictiva que me esperaba, sin embargo, la segunda fue que las tremendas expectativas que me creé se vinieron paulatinamente abajo en cuanto comprobé que me hallaba ante una lectura excesiva, lo que justificaba esa adicción que te acompaña de principio a fin.

Centrándonos en este punto en abordar la crítica a la novela, comenzaremos diciendo que Viajo Sola presenta un estilo ágil, trepidante, rápido, el cual te lleva a veces casi al límite, haciendo que, de esta forma su lectura enganche, hasta tal punto de que no puedas despegar los ojos de sus páginas. Este es un mérito enorme y hay que reconocérselo, Viajo Sola me tuvo en vilo durante el tiempo que duró su lectura, algo que tratándose de una novela de estas características era de esperar. sin embargo, al terminarlo me di cuenta que ésto se debía, entre otras cosas, a que la trama giraba entorno a lo morboso de las investigaciones policiales, no sólo en lo que respecta al crimen en si (el cual ya es bastante fuerte), sino también al respectivo pasado de los protagonistas principales, de Holger y de Mia. El excesivo recreamiento del crimen perpetrado a una pobre menor y esa obsesiva necesidad de desentrañar el por que de la situación que viven los personajes, hacía atrayente la lectura, sin embargo, al finalizar su lectura te percatas que no ha habido belleza en su literatura, sino que el tono seco, directo y evocador en lo terrible pisaban el acelerador con fuerza, por lo que la rapidez de una lectura vacía se hacía inevitable No nos encontramos por otro lado, ante una novela sutil, para nada, sino que ésta, acompañada de los giros inesperados que siempre son habituales, se mueve entre el vaivén de una trama clasicamente nórdica en sus formas y notablemente impactante en cuanto a presentación del conflicto. Sin embargo, conforme alcanzas la mitad más o menos del libro, ésta última va adquiriendo cada vez más peso, hasta convertirse, a medida que se va descubriendo el pastel, en algo oscuro, perverso, truculento, que llega hasta resultar ligeramente gore. En resumidas cuentas, pasa de la clásica novela nórdica a un abrupto, narcótico y demasiado precipitado desenlace. Con todo esto no quiero decir que no sea una buena novela, en conjunto, el libro es bueno, no obstante, ese cambio de ritmo y el oscurantismo excesivo de la trama juegan en ocasiones una mala pasada, corriendo el riesgo de convertirse en una novela de exagerado y rebuscado argumento. Seguidamente, y he aquí algo positivo, me resultó muy buena la habilidad con la que Bjork describe los paisajes del mal, esos escenarios en los que parecen suceder cosas extrañas, incluso estando los propios policías involucrados en ellos, de hecho, es un poco como el paisaje no sólo de la Noruega natal del autor, también de todo ese norte Europeo, cuyos parajes producen admiración a la vez que escalofríos. En resumidas cuentas, Viajo Sola se ha convertido como era de esperar en una de esas lecturas que recuerdas de vez en cuando con un ligero escalofrío, lo cual es un buen síntoma, sin embargo, considero que existen, sobretodo en la tradición nórdica, mejores novelas negras.


En este último párrafo, destinado a la crítica y la reflexión, creo en esta ocasión, lectores y lectoras, sobretodo teniendo en cuenta que hoy reseñamos Viajo Sola, que nos paremos a pensar en una cuestión en la que muy pocoas veces le damos importancia y que trasciende o no, depende del caso, de la propia trama narrativa. Por primera vez en la historia de este espacio, mi reflexión no parte ni de la historia, ni de los personajes, ni de la psicología, ni siquiera de los dilemas morales o los grandes temas de la literatura, no, en esta ocasión, dejarme, amigos y amigas, que hablemos de portadas. Si, de portadas, habéis leído bien, esa cara A del libro, que sirve como carta de presentación y cuya principal función es atraer nuestra mirada para finalmente lograr (apoyándose a su vez en una buena sinopsis) que lo adquiramos en cualquier librería o biblioteca del mundo. Muchas veces, paseando entre los blogs de literatura, veo como algunos de ellos, dedican entradas especiales a este tema, resaltando esas portadas que más les han llamado la atención por X motivo o las peores, dando sus razones de porque son o no son una buena portada. Si queréis saber mi opinión, os diré que en este aspecto soy bastante práctica, además, apelo a la experiencia, y es que, una buena portada es el márqueting perfecto para que no sólo se compre un libro, sino para que también se recuerde. ¿Quién no recuerda las portadas de la saga Harry Potter, las de los Juegos del Hambre, las de Divergente o aquella de Crepúsculo de la manzana sostenida entre dos pálidas manos? En el terreno de la novela juvenil es mucho más fácil, pero en el terreno de los clásicos también sucede, por ejemplo, con títulos tan icónicos como Lolita, La Metamorfosis, Frankenstein o El Quijote. Las hay más elaboradas, más sutiles, más conceptuales, más abstractas, más explícitas, más naturales, más oscuras, más brillantes más irreverentes, más polémicas, e incluso las hay que, como es el caso de Viajo Sola, no sólo te produce escalofrío observarla, sino que además no te libras de un tremendo spoiler. En definitiva, una portada es a fin de cuentas, un ejercicio de sugestión intenso, elaborado por el ilustrador/a cuyo trabajo muy pocas veces es reconocido a pesar de la gran importancia que juega en la cadena que une a las editoriales con el lector. Viajo Sola: una historia de terror, investigación, crimen, pasado, heridas, paisajes nórdicos, drogas, acción, morbo...Una historia que recomiendo, aún así, a todos los amantes del género.

Frases o párrafos favoritos: 

"Las pastillas que se había tomado la noche anterior todavía estaban haciendo efecto. Creaban adicción, ralentizaban el raciocinio, anestesiaban los sentidos. "No se deben tomar con alcohol". ¿A quién le importaba? En todo caso,sólo faltaban doce días para morir. Las cruces del el calendario en en la cocina lo mostraban: quedaban doce cuadrados sin tachar. "Doce días. El 18 de abril."

Película/Canción: a la espera de que se adapte a la gran o pequeña pantalla Viajo Sola, os dejo con una pieza que podría casar muy bien con la trama de la novela:


¡Un saludo y a seguir leyendo!