Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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domingo, 23 de enero de 2022

RESEÑA: Ensayo y (error) Benidorm.

 ENSAYO Y ERROR BENIDORM


Título: Ensayo y error Benidorm. 

Autoras/es: Leo Bassi, Joaquín Rodríguez, María Teresa Campos, Iago Carro, Ana Fernández, Vicenta Orquín, Marta Sanz, Josa Ppiqueres, Carlos Ferrater, Felipe Hernández, Alberto del Castillo, Ion de Sosa, Alberto Alcaraz, los alumnos del CEIP Ausias March de Benidorm, Boris Strzelczyk, Javier Calderón, Kike García, Alejandro Guijarro, Christina Linares y Kike Parra. 

Editorial: Barrett

Idioma: español. 

Sinopsis: con un desarrollo urbanístico muy particular, eficiente y sostenible, Benidorm es conocida como la "Nueva York del Mediterráneo" por la cantidad de rascacielos que dibujan su silueta, y que tratan de alojar la ingente cantidad de turistas que todos los años la visitan. Al igual que su arquitectura, sus habitantes y sus costumbres culturales, económicas y sociales han evolucionado a pasos agigantados desde que a mediados del siglo XX el Boom turístico transformara Benidorm. Ensayo y (error) Benidorm es una reflexión sobre la ciudad de Benidorm que trata todos estos aspectos de una forma singular, desterrando el concepto de ciudad con un turismo rancio o anticuado o el arquetipo de destrucción costera. Aquí participan veinte profesionales de diferentes ámbitos, dando una visión heterogénea y multidisciplinar. La arquitectura (Carlos Ferrater) y el urbanismo (Iago Caro), el cine (Ion de Sosa), la música (Joaquín Rodríguez de Los Nikis) o la literatura (Marta Sanz y Kike Parra) entre otros. 

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, interesante, magnética, literaria, fotogénica, melómana, cinéfila, estética, divertida, desprejuiciada, inspiradora... Durante el proceso de reconexión con el presente libro - cuya lectura tuvo lugar en el primer tramo del segundo agosto pandémico que transcurrió tranquilamente entre procesiones a la playa, tardes de helados de frambuesa observando el ligero transitar de los retostados turistas y siestas al son de la telenovela de turno - revisité Nieva en Benidorm de Isabel Coixet. Cinta que, al contrario de lo que muchos críticos y espectadores opinaron al respecto, me parece soberbia en su baile de imágenes más propias de un sueño que de la propia realidad. En ella, un acertadísimo Timothy Spall dando vida a un insulso aunque entrañable Peter Riordan se adentra en la idiosincrasia de una ciudad que parece crecer hacia el cielo. Sus ojos se ciegan ante el primer rayo de sol nada más salir del aeropuerto, el cual no duda en fotografiar en cuanto llega a la lujosa habitación de un hermano que no da señales de vida situada en uno de los rascacielos más altos de la imponente urbe. Obsesionado con los fenómenos climatológicos - cliché británico donde los haya - toma instantáneas también del moteado cielo que protagoniza su primer día en un lugar en el que se siente perdido. Sus ojos son el vivo reflejo de la incredulidad, la sorpresa, pero también de ciertos prejuicios sobre Benidorm, destino favorito de los ingleses en el que, sin embargo, se siente como un pez fuera del agua. Encorvada, su figura resulta cómica a cada paso y descubrimiento que la ciudad levantina le brinda. Como cuando irrumpe en plena clase de baile de jubilados en medio del paseo marítimo, cuando prueba por vez primera el pulpo y las anchoas con tomate o, sobre todo, cuando deambula entre luces de neón, despedidas de solteras, flayers de clubs de strippers, camellos ofreciendo su mercancía - incluyendo, como es lógico, la viagra en su catálogo de ofertas lisérgicas - y compatriotas desfasando hasta límites que rozan el ridículo más espantoso mientras el Yes Sir, Can Boogie aporrea los tímpanos del pobre protagonista. Imitadores de Elvis, serpientes, tangas en forma de bogavante y espectáculos eróticos en los que se extraen perlas de la vagina. Todo tiene cabida en el espectáculo kitsch que es la noche en Benidorm. O más bien de ese Benidorm, de ese microcosmos particular que la directora nos ha querido mostrar. En el mar de rascacielos, nuestro Peter Riordan se percibe un intruso, una hormiga cuyas facciones transitan entre el estupor y la famosa cortesía británica en cuestión de segundos. Al final, Peter acabará aclimatándose al lugar de la mano de una serie de personajes que le mostrarán el Benidorm menos conocido, vacío, silencioso, rodeado de esqueletos de la fiebre inmobiliaria y de arquitectura ensoñadora (le perdonamos los planos de la Muralla Roja a pesar de encontrarse en Calpe). Plagado de historias, como la de la breve estancia de Sylvia Plath en la ciudad durante su luna de miel, que convergen con una serie de acontecimientos climáticos totalmente excepcionales en una ciudad donde el sol aplasta chiringuitos, balcones, hebillas de sandalias y la piel de los guiris. Esta es una mirada, una más, la cinematográfica, de las muchas que a lo largo de los últimos años se han vertido sobre la ciudad que más sentimientos encontrados provoca, y no solo a los que la visitan por vez primera, ya que con cada nueva estancia ésta se eleva, nunca mejor dicho, en un trencadís de formas, aristas y posibilidades. Benidorm no te lo acabas, bien lo demuestra la fascinación que sigue suscitando y las miradas que en este peculiar ensayo convergen, cual cóctel de exótico nombre servido con sombrillita y bengala en el mítico Café San Remo. Ensayo y error  Benidorm: fenómeno histórico, artístico y sociológico. 


Sin pretensiones más allá del disfrute lector y el descubrimiento de nuevas perspectivas multidisciplinares acerca de la ciudad mediterránea con más rascacielos, Ensayo y error Benidorm irrumpe en el panorama literario con gran acierto. No solo por esa inmejorable portada obra del fotógrafo británico Martin Parr - al que, por supuesto, se le dedica un interesante capítulo en el presente libro - con esa maravillosa señora de bañador morado metalizado, gorra verde, ojos cerrados y brazos extendidos a los lados recibiendo la inclemencia del Lorenzo más veraniego a la que inconsciente he acabado llamando Margaret o Concha (según como me pillase). También por esa colección de textos que ayudan al lector a ponerse en situación hasta acabar por quitarle capas y capas de prejuicios acumulados durante décadas respecto a la imagen preconcebida que todas y todos hemos atesorado cuando se habla de Benidorm. Salvo algunas defensas que se vierten al respecto, sobre todo las tocantes a la cuestión medioambiental con las que, particularmente, estoy más en desacuerdo - e ahí mi particular conflicto, otras personas lo tendrán con otros aspectos - lo cierto es que Ensayo y error  Benidorm contiene pequeñas piezas periodísticas, ensayísticas, testimoniales o de carácter más literario que bien podrían haber aparecido en alguno de los planos que Coixet le dedicó a la ciudad. Desde la historia del viaje en vespa que emprendió Pedro Zaragoza (alcalde de Benidorm) hacia Madrid en 1953 para convencer a Franco de que el bikini será la clave de un modelo turístico que perdura hasta nuestros días y no una prenda que merecía arder en el infierno a la del flotador gigante en forma de pato que Leo Bassi colocó en la playa que le valió a la ciudad y al propio cómico el ingreso en el Guiness de los Récords. Pasando por la del festival punk Funtastic Dracula que eligió la ciudad de Benidorm como sede en el año 2009 por sus discotecas en forma de platillos volantes, la del primer hotel construido en la ciudad - el Hotel Joya - regentado por un almadrabero y una ama de casa en los años 60, la de los inicios del famoso festival de la canción que descubrió a Raphael o a Julio Iglesias e incluso la del multitudinario funeral en el cementerio municipal a Manolo Escobar, quien llevaba años viviendo allí. 



Lugar en el que se rodaron películas como Sueñan los androides de Ion de Sosa y que despierta la creatividad de escritores como Marta Sanz, Kike Parra - sin lugar a dudas los textos que más me han gustado del libro - o Esther García Llovet con su más reciente novela Spanish Beauty rebosa en un imperfecto maridaje de hormigón, pubs donde se celebran las principales festividades británicas y agua marina. Pero Benidorm es mucho más que el turismo de cuño franquista que reza "sol y playa" que hemos acabado naturalizando, sobre todo los que como una servidora han nacido de cara al Mediterráneo y se han criado durante una parte del año entre asfalto o empedrado, tardes infinitas al sol, paellas domingueras - o arroces negros, a banda o del senyoret que están más ricos - salitre y pies sumergidos en la arena de la playa. Benidorm, ante todo, y parafraseando las palabras de Kike Parra, "es el Nueva York para quienes no han soñado nunca con ir a Nueva York". Un trozo de litoral con el que miles de familias que nunca habían visto el mar soñaban cada año en una época donde las necesidades apretaban y el consuelo se resumía en quince días tostados al sol alejados del ajetreo propio de la capital o de la en ocasiones insoportable monotonía de ese pueblo de lo que hoy conocemos como España vaciada. Epicentro de la felicidad de una incipiente clase media española que acabó convirtiendo a Benidorm en referente turístico a costa de la propia historia de un municipio en el que la pesca era, hasta ese momento, su único modo de vida. Para acabar, un testimonio, el de Martina Navarro, una niña del colegio público Ausias March que en 2008 contó que lo que más le gusta del lugar donde vive es la calle de su abuela. La razón: allí se puede pasear. Cuanta verdad resumida en tan pocas palabras. Y lo más importante, ¿variará el testimonio de las nuevas generaciones de benidormenses de aquí a unos años? Tal vez, como apunta otra alumna llamada Laura Monroy, tras la última revolución social en el año 2038 y, tras la sequía de 2020, los habitantes deberán ir rapados para mantener una máxima limpieza para evitar enfermedades. No lo sabremos, aunque lo de las pandemias mundiales y las mascarillas en un Benidorm totalmente irreconocible y solitario, como el semblante de Peter Riordan, ya forman parte de su paisaje. Pero eso ya es otra historia. 

Ensayo y error Benidorm: una historia de música, cine, literatura,  fotografía, arquitectura, gastronomía, sombrillas, tumbonas, hoteles, turistas, nativos... Una cápsula hortera elevada a lo cool. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Benidorm es la idea de una mente capitalista pensando en cómo tiene que ser el turismo y el ocio para la clase media y baja. Con el paso de los años, Benidorm se ha convertido en la ciudad que tiene ganas de ser Benidorm."

"Los primeros años nos establecemos en la parte alta, al lado de la escuela; con el tiempo vamos bajando hasta conseguir un apartamento frente al mar. Como si fuéramos turistas todo el año, sin formar nunca parte de la ciudad cerrada. Nos acompañan otros turistas perpetuos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Barrett



lunes, 6 de febrero de 2017

RESEÑA: La Venus de las pieles.

LA VENUS DE LAS PIELES

Título: La Venus de las pieles.

Autor: Leopold von Sacher-Masoch (Ucrania 1836 - Alemania 1895) nació en una familia de la alta aristocracia, por lo que gozó de una educación privilegiada. Estudió Historia y Matemáticas en la ciudad austríaca de Gratz y tras doctorarse en Historia ejerció como profesor en su ciudad natal, para posteriormente, dedicarse al periodismo y a la escritura. Fue muy polémico en su época por mostrar en sus escritos prácticas sexuales de sometimiento que vincularon para la posteridad su nombre al término "masoquismo". Además de La Venus de las pieles, su obra más famosa, es autor de Agua de juventud, La pescadora de almas o La mujer divorciada entre otras.

Editorial: Sexto Piso. 

Idioma: alemán.

Traductor: Elisa Martínez Salazar.

Sinopsis: la novela narra la relación entre Severin y Wanda, y como aquel, en busca de una rara y esquiva "supersensualidad", consigue convencer a su amada para que lo trate como un esclavo. Severin, entre la devoción y la penitencia, entre lo sacro y lo blasfemo, recorrerá de rodillas todos los trechos de este vía crucis del Eros. El servilismo, la crueldad y el fetichismo no serán sino los hitos que irán marcando su camino hacia una nueva voluptuosidad.

Su lectura me ha parecido: sensual, introspectiva, descriptiva, progresiva, reflexiva, libre, condensada, sugerente, un clásico...Queridos lectores y lectoras, hay nombres que quedan para siempre asociados a sus logros más importantes. Cristóbal Colón con el descubrimiento de América, Gutemberg con la invención de la imprenta o Florence Nightingale por la creación del primer modelo conceptual de enfermería. Otros, no tuvieron la misma suerte, y su nombre y apellidos forman parte de una lista negra donde se inscriben los acontecimientos más terribles. Este es el caso de Maria Antonieta y la Revolución Francesa, Adolf Hilter y el Nazismo o Francisco Franco y la Guerra Civil Española. Algunos, por otro lado, ven incluidas sus credenciales dentro de movimientos artísticos, incluso son considerados insignes representantes de ellos. Ejemplos hay de sobra, desde Zola y el Naturalismo hasta Picasso y el Cubismo. Incluso hay quien, y no son muchos los afortunados, que con el paso del tiempo, su propio nombre se ha usado para referirse a su mayor aportación a la sociedad. Louis Pasteur y "pasteurización" es el primero que se nos viene a la cabeza, pero existen muchos más, cuyos nombres u apellidos aparecen reflejados por citar un simple ejemplo, en la famosa tabla periódica que todos, alguna vez en nuestra vida, nos hemos tenido que aprender. Por último, y en relación al tema que nos ocupa, existen una serie de personajes no tan conocidos por desgracia, que han pasado a la historia gracias a un tipo de literatura muy concreto y con unas características muy específicas, y que además, han dejado su impronta morfológica en términos todavía tabú en muchas sociedades. El más famoso es sin duda alguna el Marqués de Sade, dando lugar al término "sadismo" gracias a su amplia producción literaria. Pero también, en el siglo XIX, existió un escritor muy particular, lleno de influencias y cuyo aristocrático apellido dio lugar a otra palabra muy estrechamente relacionada con la anterior. Su nombre, Leopold von Sacher-Masoch aparentemente no nos dice nada, sin embargo, cuando uno se adentra en su novela más famosa, uno entiende entonces por qué Masoch acabó dando lugar a "masoquismo". La Venus de las pieles: un tapiz de sensaciones, tejido por los placeres más oscuros y recónditos.


Aunque La Venus de las pieles llegó a mis manos gracias a una colaboración editorial, lo cierto es que ésta historia arranca desde el más absoluto de los desconocimientos. Jamás había escuchado hablar de esta novela, es más, ignoraba por completo su existencia. A este echo se le añadía una cuestión puramente personal, y es que el género erótico nunca ha sido uno de mis predilectos en cuanto a lecturas. He de reconocer que me inicié bastante tarde en él, en concreto cuando el mundo se vio sacudido por el fenómeno E.L James y sus Cincuenta sombras de Grey. Fueron unos años en los que literariamente no se hablaba de otra cosa y en los que las grandes editoriales de turno comenzaron a publicar novela erótica como si no hubiera un mañana. Si antes los vampiros habían sido los reyes indiscutibles del panorama editorial, ahora las más lujuriosas perversiones acaparaban todos los focos mediáticos. Una servidora, antes de que aconteciese todo ese tsunami mediático, lo más explícito que había leído hasta la fecha fueron algunas escenas de sexo que pude encontrar en algunos de los libros de Ken Follett, escenas que a pesar de su ligero grafismo, pasaban bastante desapercibidas entre las miles de páginas de género histórico que atesoraban sus novelas. Movida por la curiosidad, me leí la primera entrega de la trilogía de E.L James, sin embargo, aquello me defraudó tanto que durante mucho tiempo mostré mis reticencias con respecto a este género. Todo eso cambió cuando, y casi sin creérmelo, acabé leyendo dos títulos que cambiaron mi perspectiva sobre este tipo de literatura. El primero fue Historia O, cuya historia me sorprendió por su veracidad y agilidad narrativa, y el segundo, por supuesto, se trató de los Cuentos Eróticos del Divino Marqués. Este último en concreto me gustó de tal manera que fue, sin duda alguna, el que me encaminó hacia la lectura de una literatura erótica de calidad, sin edulcorantes, sin extraños recursos, simplemente con una calidad buena, y en algunos casos sobresaliente. Es en esta reconciliación con esa parte género donde descubro y me intereso por La Venus de las pieles, un texto que me llega, en esta ocasión, en forma de sugerente novela ilustrada y que acabó en uno de los estantes de mi librería particular con un sabor relativamente agridulce y satisfactorio a partes iguales.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La Venus de las pieles presenta una lectura descriptiva, no en exceso, pero que sin duda puede resultar a ratos densa y pesada. Quienes no estén habituados a la lectura de la literatura erótica más clásica, este libro les parecerá muy pesado, incluso es posible que algunos lo abandonéis antes de hora. Con forme avanzamos en su lectura observamos como, a pesar de proceder de una tradición literaria no muy lejana, Masoch deja espacio a la reflexión, una reflexión que parte no sólo desde la propia acción y de los personajes principales, también, desde un diálogo fluido que parece establecerse entre el lector y el autor, tan personal e íntima que en ocasiones puedas incluso sentir su aliento y la fuerza de su narración golpeándote por dentro. Es una sensación interesante, muy explotada, pero reseñable. Seguidamente, en La Venus de las pieles asistimos a una historia de perversión y de dominación de la mujer sobre el hombre en el plano puramente sexual. La mujer, Wanda, se convierte en la dueña, y el hombre, Severin, en el esclavo. Y como suele pasar, en esta novela nada es casual, ni mucho menos. Según diferentes estudios, Wanda procede de diferentes tradiciones lingüísticas que sitúan el nombre como significado de "insigne" o de "maravillosa", mientras que con Severin no hay que ser muy listo para no darse cuenta de las similitudes con la palabra "sirviente", "servicio" o "servil", lo que justifica en cierto modo la intención y a profundidad que Masoch quiso darle a La Venus de las pieles. Por otro lado, hay que aclarar que la situación, la trama, las características de los personajes, los diálogos e incluso la narración de Severin en primera persona que parece atender a dos conversaciones, la de Wanda y la del lector que es testigo de estas escenas, no son originales. Ya lo desarrolló en el pasado el Marqués de Sade, maestro del género y padre de muchos autores posteriores, entre los que Masoch podría incluirse perfectamente. Pero si algo diferencia al maestro del aprendiz es que el primero, impregnó de crítica social cada uno de sus escritos, el segundo, obvió en parte la crítica, dejándose llevar más por las pasiones y por la introspección en este tipo de relaciones. He ahí la originalidad, pero también, una oportunidad perdida que por ejemplo si que aprovechó Flaubert con Madame Bovary, y sin necesidad de acercarse al género erótico. Cambiando de tema y en relación con su posible interpretación, he leído por algún sitio que La Venus de las pieles rezuma de feminismo al presentar a la mujer como dominadora. Y si, es cierto, se puede extraer un punto reivindicativo, no mucho, pero una pizca si. Un ejemplo sería ese parlamento final del libro en el que se habla de igualdad entre hombres y mujeres, y de como estas lo lograrían a través del trabajo y la formación. Más que feminismo por la simple dominación de la mujer sobre el hombre, pienso que es más por las perlas ligeramente reivindicativas que puedes ir encontrando a lo largo de su lectura.  Por último, destacar el gran trabajo de edición, que en esta ocasión iba complementada con ilustraciones extravagantes, explícitas y originales al mismo tiempo, capaces de trasladarnos al mismísimo mural del placer y de los sentidos.


Finalizando la redacción de esta reseña con la tradicional y siempre necesaria reflexión personal, en esta ocasión, he dado luz verde a mi curiosidad siempre latente. Aprovechando que llevamos ya una serie de novelas eróticas reseñadas en este espacio de crítica y opinión, no he podido evitar formularme una pregunta que de seguro, todo lector se ha hecho en algún momento, y si no, debería. ¿Por qué leemos literatura erótica? ¿Por qué desde que aparecieron los primeros adscritos a este género el amante de la lectura ha acabado sucumbiendo de vez en cuando a historias donde el sexo es el principal tema? En mi más humilde opinión, existen dos posibilidades. La primera de ellas tiene que ver con la libertad, la cual poco a poco se ha ido extendiendo a todos los ámbitos de la sociedad, pero no en todos los países y de forma bastante desigual. En el caso de occidente, durante largos periodos históricos hemos vivido en la más absoluta de las ignorancias con respecto a algunos temas tan importantes como el de las relaciones sexuales, tema que a pesar de la extensión de la libertad, todavía sigue siendo un tabú en muchos lugares del mundo. Cuando apareció la primera literatura erótica sólo la leían los que tenían cultura y posibles, pero a escondidas siempre, pues no era un tema que despertase muchas simpatías en algunos sectores como el religioso o el político por citar algunos. A medida que fue pasando el tiempo, y en cuanto la libertad se hubo asentado en nuestras sociedades, la proliferación de este tipo de literatura y el interés por parte de los lectores fueron en aumento. Y cuando se metió la globalización y el capitalismo de por medio, la literatura erótica vivió su edad dorada en ventas pero oscura en calidad. La libertad, en resumen, permitió un acceso mayor a este tipo de libros, el cual, se ha ido incrementando con el paso del tiempo. En segundo lugar, la otra posibilidad tiene más que ver con el morbo. Si, el morbo, esa sensación que todos y todas hemos experimentado más de una vez y que, contrariamente a lo que se cree, produce después un pequeño sentimiento de culpa en algunas personas. El morbo está en nuestro día a día, en la televisión, en los periódicos, en las pequeñas historias cotidianas o en nuestras propias fantasías. Y como no, en la literatura también, y más concretamente, en las del género policíaco, biográfico o erótico. El ser humano siente la necesidad de satisfacer esa inquietud que a veces produce lo escabroso, las tragedias ajenas o los secretos ocultos con la lectura de novelas que los exploren con menor o mayor exactitud. Por estos dos factores creo sinceramente que leemos novela erótica en este caso, por reivindicar nuestra libertad tan duramente peleada y que hoy en día vuelve a cuestionarse, y también, por una atracción a veces inesperada hacia lo más oscuro de la condición humana. Todos somos personas, si, pero nos gustaría en ocasiones conocer qué hay detrás, en el ámbito privado: servidumbre, masoquismo, sadismo, fetichismo o tal vez nuestra Venus particular. La Venus de las pieles: una historia de supeditación, dominación, perversión, juegos, embustes, decepciones, pasión...Una novela que atraerá hasta el más puro de los lectores hacia las entrañas del placer.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien se deja azotar, merece que lo azoten."

Película/Canción: La Venus de las pieles ha servido de inspiración para la composición de canciones, operas y como base para alguna adaptación teatral. En el ámbito cinematográfico, encontramos una adaptación del año 2013, dirigida por el polémico director Roman Polansky y que pasó con buena nota por el Festival de Cannes:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Sexto Piso


domingo, 14 de abril de 2013

RESEÑA: El Espejo Negro

 
 
EL ESPEJO NEGRO
 
 
Título: El Espejo Negro.
 
 
Autor: Alfonso Domingo (Turégano, Segovia, 1955) ha trabajado en prensa escrita, radio y televisión. Periodista especializado en información internacional y reportero de guerra, también es autor de doce series documentales: en total más de cien trabajos documentales, algunos doblemente galardonados. Especialista en la Guerra Civil Española y la postguerra, ha publicado ensayos de historia oral como El Canto del Buho o Retaguardia, así como novela biográfica como El ángel rojo. Su primera novela, La Madre de la Voz en el Oído ganó el premio de la Feria del Libro de Madrid , con El Espejo Negro obtuvo el Premio del Ateneo de Sevilla.
 
 
 
Editorial: Algaida.
 
 
Idioma: Español.
 
 
Sinópsis: Jerónimo Díaz, un joven pintor anarquista exiliado al final de la Guerra Civil, recibe el encargo de copiar un enigmático cuadro de El Bosco, Jonás y la Ballena, una obra que aparece y reaparece misteriosamente a lo largo de la historia y que el Rey Felipe II tratará de adquirir en el siglo XVI. Su trabajo se verá interrumpido por la invasión alemana y Jerónimo acabará, como miles de compatriotas, en un campo de concentración nazi...Más de sesenta años después, Javier Carreño, un especialista en la obra de El Bosco, es designado comisario de una magna exposición que se celebrará en el Museo del Prado. Pero cuando conoce a Jerónimo Díaz, lo que en un principio era un trabajo metódico se convierte en la gran aventura de su vida.


Su lectura me ha parecido: entretenida, trépidante, de aventuras, suspense...Sin embargo, pienso que no será un libro que trascienda mucho con el paso de los años, aunque he de confesar, que con él he descubierto más cosas de uno de los pintores más importantes y a su vez más enigmáticos de finales de la Edad Media- principios de la Edad Moderna. Ese artista no es otro que El Bosco, un hombre adelantado a su tiempo y que sin quererlo, asentó las bases del futuro surrealismo que tanto explotarían artistas como Salvador Dalí.
 
 
 
Para seguir con la reseña, comentaré en primer lugar que este libro fue un regalo de noche buena, y que yo, previamente, lo había visto expuesto en multiples librerías del centro de mi ciudad. Una de esas tardes, paseando entre estanterías pobladas de historias, divisé este libro en cuestión. Leí la sinópsis, lo ojé por encima y observando la inquietante portada que convinaba un detalle del Jardín de Las Delicias con la tenebrosa presencia de la entrada a un campo de concentración nazi, decidí leermelo, sobretodo por pura y absoluta curiosidad. Recuerdo que me lo empezé a leer el día de navidad y que lo acabé la noche del 10 de enero, y la verdad, ha historia principal en si no me llegó a trasmitir mucho, recordándome en todo momento al Código Da Vinci o a Ángeles y Demonios. No había manera, por mucho que me esforzase en encontrar algo atractivo a esta historia de espionaje y ladrones de arte, siempre volvía a la misma conclusión. Si algo se salva de la narración es la incursión del personaje de Jerónimo Díaz, el pintor anarquista que se ve envuelto en una trampa y en un misterio del que no puede escapar. Quizás es el único personaje de la novela que valga la pena señalar según mi punto de vista.
 
 
 
Sin embargo, no son todo malas críticas las que le puedo hacer a este libro, pues, en el interior de sus blancas paginas, el autor, muy ineligente, ha incluido pasajes (ficticios o tal vez no) de la vida de Hieronymus Bosch, autentico nombre de El Bosco. El pintor nació probablemente alrededor de 1450 en Bolduque, una ciudad en el sur de lo que hoy son los Países Bajos, por entonces en posesión del duque de Borgoña. Nada se sabe de la primera formación artística, pero se puede suponer que aprendió en el taller familiar  dedicado a la pintura al fresco, a dorar esculturas de madera y a la producción de objetos liturgicos, trabajando especialmente para la catedral de su ciudad. Se casó con Aleyt van der Mervenne, hija del rico burgués, que aportó como dote algunos terrenos lo que le facilitó el ascenso social hacia la alta burguesía urbana, se dice que de joven padeció una terrible enfermedad que le dejó estéril y que en sus delirios vio criaturas y monstruos que después los utilizaría como inspiración para toda su proyección artística....Podría seguir contando vida, obra  y milagros de este excepcional pintor, no obstante prefiero que seais vosotros, lectores, los que queráis saber más de él, que os pique la curiosidad por conocer su obra más a fondo y descubrir que misterios encierran por ejemplo: El Carro de Heno, El Juicio Final, La Nave de los Locos o mi favorito El Jardín de las Delicias.


 
 
Para terminar, diré que esta novela, a pesar de las pegas que he puesto, refleja muy bien el valor de una obra de arte y del mundo de la pintura en general, pero sobretodo, el mundo que mueve el conocimiento de un pintor o de una obra en concreto. El Espejo Negro, una novela de aventuras, intriga y arte que nos adentra en el poco conocido mundo de El Bosco, pero que pienso que no pasará a la historia como una de las mejores novelas del autor.
 
 
Frases o párrafos favoritos:
 
"El espejo, suficientemente cerca de la cara como para ocultar la habitación, el mundo, las luces."
 
"Todo en el fondo, no era más que un carro de heno."
 
"Veo la ballena de Jonás, muerte que engulle, pero que contiene la promesa de la resurrección, de la vuelta al mundo".
 
Lo mejor: sin duda, los pasajes de la vida de El Bosco, así como la interesante reflexión que el autor hace sobre el arte.
 
Lo peor: una trama demasiado explotada y aburrida según mi opinión.
 
 
Película o Canción: centrándome de nuevo en la prolífera obra de El Bosco, he elegido una pieza de sobra conocida que convina el halo de misterio e intriga que rodea su vida, así como la sensación que sus obras producen en mi. Escuchadla, a lo mejor os sucede también lo mismo.
 
 
 
¡Un saludo y buena semana!