Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 24 de mayo de 2019

RESEÑA: El sabor de las penas.

EL SABOR DE LAS PENAS

Título: El sabor de las penas.

Autor: Jud Morgan, nació y se crió en Peterborough, en el este de Inglaterra. Ademas de El sabor de las penas, ha publicado cinco novelas más, aún no traducidas al español tales como The secret life of William Shakespeare, Indiscretion, The King´s touch o A Little Folly entre otras.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductora: María Corniero.

Sinopsis: Cumbres Borrascosas de Emily, Jane Eyre de Charlotte, Agnes Grey de Anne... Tres novelas inolvidables obra cada una de las hermanas Brontë que siguen emocionándonos y atrapándonos aún hoy. Pero ¿cómo pudieron ser la existencia, los sinsabores, los amores de las mujeres que idearon estas historias? Jude Morgan novela en El sabor de las penas la oscura existencia de las tres hermanas en la rectoría Haworth, regentada por su padre Patrick en los inhóspitos páramos de Yorkshire. Allí transucrren sus vidas, plagadas de penalidades, de las que escapan fantaseando con mundos imaginarios, mucho más atractivos que la realidad, y con la escritura. Y de estas páginas que crean con magnífica verosimilitud la historia y la época en que vivieron surge una novela intensa, teñida por las mismas emociones y desgarros que transmitieron sus obras.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, tremendamente irregular, con una narración algo confusa, excesivamente lúgubre, pesimista hasta decir basta, un trampolín para sumergirte en las fuentes históricas que importan... Aproximarse a la vida de un personaje histórico concreto desde la literatura o la investigación histórica siempre conlleva sus riesgos. Salvo que dicha figura ilustre, gracias a la correspondiente investigación previa, sea rescatada de debajo de la espesa y alérgica capa de polvo, y por tanto, una novedad ante los ojos de millones de lectores en todo el mundo; en el resto de casos no hay vuelta atrás, o lo tomas o lo dejas. Siempre habrá quien reconozca el trabajo de la o el biógrafo (hasta el punto de presentar el objeto de tus desvelos en universidades o centros de estudios especializados) o que, desde la pasión por el conocimiento, pueda aproximarse a un género tan poco dado a mover a las masas. Pero también, por supuesto, habrá quienes aporten argumentos de peso contrarios a la biografía en cuestión. Éstos provienen, sobre todo, o bien investigadores especializados en su figura, o directamente, si la mujer o el hombre de quien escribes tiene tirón, de un "fandom" realmente puesto en el tema. Todo tienes sus inconvenientes y hay que conocerlos si se ha tomado la decisión de aventurarse a escribir un proyecto literario de estas características. No obstante, también existe otra vía, igual de laboriosa pero en apariencia menos arriesgada: la de optar por una novela que narre la vida de X persona que existió de verdad. Pero claro, se puede hacer muy bien - son incontables los ejemplos - simplemente bien o regular. Por desgracia, el libro que hoy tengo entre mis manos de nuevo, encaja en la tercera categoría, no por ser un aburrimiento o por falta de documentación, sino por mostrar una visión demasiado oscura de la vida del trío de hermanas más famoso de la literatura. El sabor de las penas: la imperfecta novela sobre el legado de las hermanas Brontë.

   Cuando accedí a darle una oportunidad a El sabor de las penas a penas sabía en donde me estaba metiendo. De hecho, como ya he comentado en más de una ocasión - y seguiré repitiéndolo siempre que se presente la ocasión - no soy una entusiasta acérrima de las hermanas Brontë. Si acaso, sólo me quedo con Anne,  a mi juicio la más talentosa, avanzada para la época y más ninguneada por la crítica y por los especialistas. Agnes Grey no puede ser más interesante si la analizamos desde una perspectiva de género. De las otras dos, por descarte, me quedo con Charlotte, porque Jane Eyre está bastante bien escrita - a pesar de ese final que desmonta por completo cualquier teoría feminista que se haya podido formular entorno a ella - y porque nos presenta a una protagonista que o la odias o la amas. Por último, con Emily - paradójicamente la que mejor suerte ha corrido de las tres en cuanto a popularidad tras su muerte - tengo un problema serio, y es que Cumbres borrascosas es uno de esos clásicos que respetaré, sí, pero desde la distancia, desde la posición de alguien que no consiguió conectar con sus personajes, ni con la trama ni con ese melodrama tan telenovelesco. Sólo sus paisajes - y sobre todo ese espectacular inicio - se salvan por los pelos de la quema metafórica (no nos pongamos pirómanos ahora de repente). Aún así, y a pesar de esa agridulce relación entre el universo Brontë, tenía ganas de leer una novela sobre sus vidas. En esos momentos me pareció interesante observar como, en este caso Jude Morgan, se aproximaba a la obra de las ilustres hermanas no tanto desde una perspectiva puramente biográfica, sino más bien cercana a un medio menos farragoso de leer. No os imagináis lo aburridas que resultan en ocasiones leer algunas de estas vidas aparentemente apasionantes. Si algo me ha enseñado El sabor de las penas - tras su azarosa lectura - es que el estilo es vital, lo que mantiene en estos casos al lector enganchado a la página. De lo contrario, el libro se convierte en una sucesión de indigeribles capítulos que ponen en peligro esa mágica conexión tan básica en la literatura. El sabor de las penas resultó ser, por lo tanto, un quiero y no puedo. ¿Entretenido? Por supuesto, pero plagado de "peros".

   Como he comentado antes, no estamos ante una biografía, sino frente a una novela que pretende hacer las veces de puente entre la bibliografía especializada y la ficción más especulativa. De hecho, no pasa por alto las veces en las que Morgan no tiene más remedio que sucumbir a la invención en los episodios donde la oscuridad es más acuciante. Esto no es un delito, ni está mal visto por la comunidad literaria, por no hablar de que en el mundillo de la novela histórica es el pan nuestro de cada día. Sin embargo, esta pequeña licencia que todos asumimos como coherente puede volverse en contra del propio autor. Ya que al asumir la responsabilidad de rellenar de ficción los huecos carentes de información el autor aporta, sin querer, su visión personal sobre el tema, lo cual puede cambiar mucho la historia. Algo que si existe un club de fans potente puede crear opiniones enfrentadas, dado que no a todo el mundo le gusta leer una versión contraria a la suya. ¿Cuál es entonces la visión de Jude Morgan respecto a las Brontë? Pues tremendamente pesimista. Hasta el punto que resulta por momentos inverosímil. ¿De verdad no tuvieron un momento bonito en sus vidas? ¿De verdad su existencia fue una concatenación de desgracias, cada una más trágica que la anterior? Es cierto que ninguna de ellas lo tuvo fácil, y menos siendo mujeres en plena era victoriana, pero me cuesta creer que no existiesen pequeños rayos de sol entre tanta niebla. Y si a todo eso le añades una narración un tanto desconcertante en la que se cambia constantemente de tiempo verbal y en la que se echa de menos un peso contundente, algo que estilísticamente te ate a la historia, convierten en El sabor de las penas en una novela más sobre las hermanas Brontë. Pese a todo, el texto de Morgan es disfrutable, con un mínimo grado de entretenimiento y con una base lo suficientemente atrayente como para que el lector sienta al menos cierta curiosidad sobre la figura de las tres escritoras más allá de sus escritos. Como no, la base de Elisabeth Gaskell está ahí (amiga íntima de Charlotte y autora de una de las primeras biografías de la mayor del clan Brontë), pero cabría hacer una reflexión al respecto. Es verdad que el testimonio de Gaskell es de los más verídicos que existen, dado a su profunda amistad con la autora de Jane Eyre y por ser coetánea a la vida de al menos una de ellas. Sin embargo, ¿es suficiente? ¿Seguro que no hay más documentos que complementen la visión de Gaskell? Pues al fin y al cabo estamos ante una perspectiva más, una opinión que merece ser contrastada sin desestimar su valor tanto histórico como documental.

   ¿Sabremos alguna vez cómo fueron en realidad Charlotte, Emily y Emily Brontë? Probablemente nunca podamos ni siquiera aventurarlo. Tal vez la versión oficial, a la que se agarra Jud Morgan con todas sus fuerzas en El sabor de las penas, sea la más asentada y popular de todas. Esa que dice que Charlotte - insegura en cuanto a su aspecto físico pero valiente y decidida - era la que tenía más claro que quería ser escritora, que Emily - solitaria y de difícil carácter - a penas salió de Haworth y que Anne - la más mimada e influenciada por su tía - fue durante décadas la gran olvidada por la crítica literaria. Esa que, por extensión, nos asegura que Branwell - hermano díscolo y alcohólico con un futuro prometedor tirado por la borda - tuvo una vida aún más oscura que la de sus hermanas, o que Partick Brontë - el patriarca de la familia - mantenía  sus hijas recluidas en la rectoría pero con la libertad de poder leer cuanto quisieran de su espectacular librería. No obstante, también existen teorías - algunas de ellas muy locas - que hablan de incesto - entre Emily y Branwell - de homosexualidad - en el caso de Branwell - o incluso de celos entre hermanas - estudios apuntan a que la causa de que la obra de Anne Brontë haya tardado tanto en salir a la luz se debió al empeño de Charlotte por ocultarla, menospreciar su trabajo o incluso destruirla -. Entre realidad, ficción y especulaciones varias, lo que está claro es que independientemente de si amamos en su conjunto la prosa de dichas autoras o si por el contrario la aborrecemos, la cuestión es que no podemos pasar por alto su ejemplo. Tres mujeres, perdidas entre agrestes páramos y siendo constantemente juzgadas y controladas por el machismo de la época, fueron capaces de unir fuerzas para sacar adelante tres novelas que a la larga formarán parte de la literatura universal. Y todo ello, como he dicho, sin moverse a penas de Yorkshire y entre los muros de la rectoría de Haworth. Su legado literario sirve, sin duda, como ejemplo ya no sólo para todas aquellas niñas que sueñan con ser escritoras, también para hacernos ver a las mujeres que cualquier empresa es posible con esfuerzo, dedicación y muchas horas de trabajo. Paradójicamente, y aunque tuvieron que firmar bajo pseudónimo, Charlotte, Emily y Anne vivieron su anodina existencia ajenas al hecho de que media Inglaterra se estuviese preguntando, maravillada, quienes eran los hermanos Bell. Sólo Charlotte - durante un corto periodo de tiempo - disfrutó de las mieles del éxito mientras sus hermanas aguardaban a que la historia, por fin, las devolviese al lugar que les correspondía.

   El sabor de las penas: una historia de unión, sororidad femenina, reclusión, alcoholismo, rivalidades, mucha oscuridad... Una novela que te empuja a investigar el universo Brontë mas allá de lo que todo el mundo sabe.

Frases o párrafos favoritos:

   "- ¿Entonces no quieres que lo que escribes agrade a los lectores? ¿Qué efecto pretendes causarles?  
     Emily adopta su vieja pose de estar a la escucha y luego rompe a reír, como si una voz invisible le hubiera contado un chiste.
     - Pretendo enfurecerlos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 16 de mayo de 2017

RESEÑA: Agnes Grey

AGNES GREY

Título: Agnes Grey.

Autor: Anne Brontë (1820-1849) ensombrecida por sus hermanas mayores Charlotte y Emily, Anne Brontë ha sido, en la actualidad, estudiada y finalmente reconocida en el mundo académico, literario y editorial. Anne se formó como institutriz, única salida para las mujeres de la época que querían, o no tenían otro remedio que trabajar si conseguir un marido no era su objetivo. A los 19 años entró de institutriz con la familia Ingham en Blake Hall, pero se encontró con unos niños ingobernables y consentidos a los que no les permitían educar con la disciplina que precisaban. Debido a la insostenible situación, acabó marchándose por voluntad propia. Esta decepcionante experiencia le sirvió como base para escribir Agnes Grey. Además de esta novela, Anne Brontë también es autora de La inquilina de Wildfell Hall, un libro que a pesar de granjearse malas criticas en su momento, hoy en día es considerado como un texto avanzado a su tiempo tratando temas como la violencia de género. Murió prematuramente a los 29 años de tuberculosis.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Elizabeth Power.

Sinopsis: decidida a lograr su independencia económica y a ayudar en su casa, Agnes Grey, hija menor de una familia venida a pique, se coloca como institutriz en la casa de la familia Bloomfield. Su juventud e inexperiencia, así como la crueldad de los niños con quienes le toca lidiar y la frialdad de sus padres son una difícil piedra de toque. Pero su perseverancia la llevará a cambiar de casa en busca de mejores perspectivas. Con sus nuevos empleadores, los Murray, las condiciones tampoco son fáciles, pero Agnes, poco a poco, se abrirá camino...

Su lectura me ha parecido: breve, intensa, sorprendente, lenta, reveladora, interesante, psicológica, peculiarmente romántica, crítica, autobiográfica...A veces, queridos lectores y lectoras, juzgamos antes de hora, antes de tiempo, antes de sumergirnos en un determinado libro. Los lectores somos así, y los que nos dedicamos a la crítica literaria más todavía, llegando a ser demasiado inflexibles en algunos casos. Cuando una persona lee mucho no sólo adquiere importantes nociones de cultura y conocimiento, sino que a la fuerza, aprende a ser un poco más crítico y escéptico. Es tal la cantidad de libros que se publican y se reeditan al año que a la fuerza tienen que existir novelas realmente malas, eso es así y no me lo estoy inventando. No todo puede ser bueno, ni maravilloso, ni ser objeto de alabanzas. De ser así, la crítica literaria y el acto de leer serían un completo aburrimiento. Por este motivo, y suele ocurrir más de lo que pensamos, cuando tenemos la experiencia de una soporífera lectura, cualquiera que nos leamos posteriormente y que posea unas características similares a la que nos lo hizo pasar tan mal, siempre nos parecerá horrible. Pero señores, esto es un prejuicio, y como bien nos enseñó la gran Jane Austen, uno no debe guiarse por estas presuposiciones, en otras palabras, no hay que menospreciar sin saber. Al libro que hoy os presento y que tengo el placer de reseñar, le achaqué muchísimos prejuicios, todo porque su hermana, igual de famosa e inmortal, es autora de un libro cuya lectura me resultó insufrible. Hoy, tras haber superado esa opinión peyorativa y tras haberme adentrado en esta novela, puedo afirmar dos cosas. La primera, que se vive mejor sin esas manías y opiniones sin consistencia. Y la segunda, que no entiendo como esta novela, la novela de Anne, se ha considerado durante muchos años peor que las de sus hermanas Emily y Charlotte Brontë, si es bastante avanzada para su época. Agnes Grey: el oportuno debate y una reconciliación personal.


La historia de como esta novela acabó, para mi sorpresa, primero en mis manos y posteriormente completando un estante de mi adorada librería es bastante curiosa. Como ya he comentado en más de una ocasión, mi primer contacto con el universo Brontë fue hace algunos años, cuando le di una oportunidad a Cumbres borrascosas, escrita por Emily Brontë. Recuerdo que fue un verano y no se muy bien por qué acabé decantándome por esa lectura, pero lo cierto es que inicié su lectura nada más asentarnos en la casa del pueblo, aquella misma noche, a la luz tenue de la lamparita de noche. No obstante, y a pesar de que puse todo el empeño del mundo, aquel libro no logró cautivarme, es más, me pareció bastante aburrido, tirando a soporífero. Se que es un sacrilegio y que más de uno ya me habrá hecho la cruz, pero esta es la realidad, Cumbres borrascosas acabó por convertirse en la peor lectura de ese verano. A lo mejor mi opinión cambia de aquí a esta parte, pues, ha pasado mucho tiempo, pero de momento y no me apetece demasiado volverme a sumergir en sus páginas. A raíz de esta mala experiencia, una servidora huía de todo lo que tuviese que ver con las hermanas Brontë. No voy a negar que me parecía bastante curioso y sorprendente que en una misma familia tres hermanas se dedicasen a la escritura en una época en la que ser mujer no era fácil, y que encima, de forma un tanto desigual, las tres hayan pasado a la historia por novelas tan mundialmente conocidas por todos. Eso si me despertaba cierto interés, pero lo que respecta a su producción literaria, prefería pasar de largo, algo que a día de hoy considero, y mira como cambian las tornas, un tremendo error. Mi introducción en la teoría feminista y el creciente interés que últimamente he estado mostrando hacia la literatura escrita por mujeres, me llevaron a sopesar la posibilidad de enmendar mi error y de dar una segunda oportunidad al mundo Brontë. Pero ese primer paso no lo iba a dar con Cumbres borrascosas ni con Jane Eyre sino con Agnes Grey. Una novela más ligera en volumen de páginas, en apariencia más breve y que, por lo que he leído, fue menospreciada en su tiempo. Tardé, por cuestiones de trabajo, en ponerme con su lectura, y cuando lo hice, nadie me pudo detener.


En lo que respecta a la crítica literaria, comenzaremos diciendo que Agnes Grey presenta una lectura sosegada, pausada y ligeramente lenta. Este aspecto ya me lo esperaba, pues, aunque sea breve en el número de páginas, la novela no deja de pertenecer a la corriente realista típica de la literatura británica. No llega a ser un Dickens o una novela de inspiración rusa, las cuales suelen ser más duras de leer, pero tampoco es un libro que carezca de todas las características de la corriente. Hay descripciones, hay introspección y demás recursos que nos trasladan a esa época y a un modo de escribir que hoy, en la era de la inmediatez y la brevedad, nos parece demasiado anticuado pero no por ello interesante. En relación con el estilo empleado, nos topamos con una pluma muy fina, que la autora no duda en afilar a modo de cuchillo en los momentos más oportunos. Anne Brontë escribe, pero también hurga y pincha donde más duele, dejando en evidencia a una sociedad de apariencias, donde el simple hecho de ser mujer era sinónimo de dificultad e injusticia y en la que el conservadurismo impregnaba cada una de las acciones del día a día. Evidentemente no nos topamos con una crítica descarada, sino con algo más elegante, que contribuye a un mayor equilibrio en la trama. Por otro lado, el hecho de haber concentrado la historia en pocas páginas, unas 263 para ser exactos, da un impulso bastante notable a la novela. Nos encontramos en la época de las grandes obras literarias del XIX, las cuales, como es el caso de Charles Dickens, se componen de páginas y páginas de descripciones interminables. Ojo, no estoy diciendo con esto que sea un mal escritor, de eso no se le puede acusar, pero de explayarse de lo lindo llegando en algunos casos a las 1.000 páginas si. Al reducir el número de páginas, quiero pensar que intencionadamente, Anne Brontë logra acentuar más las emociones, logrando una intensidad realmente maravillosa y que nos hace rememorar novelas como Persuasión de Jane Austen. Libro en el que te sientes dentro de la trama y con el que logras sentir cosas, libro que quedará en la memoria. Seguidamente, no hay que pasar por alto el carácter autobiográfico que Agnes Grey atesora. Son muchos los estudios que señalan a Agnes Grey como el personaje bajo el que en realidad se esconde la propia Anne Brontë, pues, al igual que la protagonista de su novela, la pequeña de las Brontë ejerció como institutriz en casa de acaudaladas familias inglesas. A raíz de esto, una trama a priori típica, en la que la protagonista, infatigable institutriz, sentirá atracción por un hombre religioso, adquiere una dimensión mucho más interesante. Finalmente, si le tuviese que sacar una pega a esta novela sería en lo concerniente al final, un desenlace para mi gusto demasiado abrupto y atropellado. A pesar de ello, en su conjunto, podemos definir a Anges Grey como una novela de su tiempo, para su tiempo y con visión de futuro.


Todo buen libro deja tras de si una serie de impresiones y reflexiones ante las que el lector no puede permanecer impasible. Ese es uno de los papeles de la literatura: impactar, impresionar y de paso fomentar el debate dentro de la sociedad. Esto es así, ya pueden pasar los años sobre una determinada novela, que si es buena, seguirá hablando por si sola, aunque ésta tenga más de 200 años. Con Agnes Grey me ha pasado exactamente eso, el ser consciente de como a pesar de que hayan pasado exactamente 170 años, el debate, que en aquella época empieza a surgir, todavía a día de hoy, sigue estando muy presente. La independencia de la mujer es una reivindicación que siempre ha estado ahí, con mayor o con menor intensidad dependiendo de la etapa histórica, y desde ámbitos tan diferentes entre si como la política, la ciencia o la cultura. Fueron, mujeres en su amplia mayoría, las que a través de sus disciplinas denunciaron la situación de dominación y presión a las que se les sometía, el como por ser mujeres su máxima realización debía producirse en la reclusión del hogar y en el ejercicio de la maternidad. Muchas de ellas reivindicaron entonces el trabajo fuera de casa como vía de escape a esa injusticia ancestral, como una forma de libertad, como un camino en favor de la igualdad entre hombres y mujeres. En el caso de Anne Brontë, al igual que Agnes Grey, decide ponerse a trabajar para escapar de ese rol que la sociedad imponía a la mujer, que no era otro que el de ser madre, esposa y guardiana de sus propios dominios, los cuales, se reducían a las paredes de su "idílico" hogar. Además, para más simbolismo, Anne Brontë ejerce de institutriz, un oficio que por aquella época consistía en educar a los hijos y las hijas de familias adineradas. Educar, esa palabra tan importante y que tan poco importa en los tiempos que corren. Es cierto que la educación que recibían en esa época los niños y las niñas no es la de ahora y que la alargada sombra de la tradición planeaba sobre ésta, reproduciéndose una educación sesgada y que no era igual para ambos sexos. Pero esa defensa de la emancipación de la mujer está ahí, al igual que la palabra educación, con todas sus connotaciones. Actualmente, el debate sigue más vivo que nunca, ya no sólo por las trabas que las empresas ponen en lo que a conciliación familiar se refiere o porque el partido que ocupa el gobierno pasa olímpicamente de estas cuestiones. También porque sigue habiendo un problema muy gordo de educación en estos temas. A día de hoy todavía hay quienes opinan que la mujer está mejor en casa que fuera ejerciendo una profesión, que no merece ocupar cargos de dirección o que, por el hecho de ser mujer, perciba menos salario que el hombre. Las cosas no se cambian de la noche a la mañana, eso lo se, pero, en estas cuestiones, si se educa en igualdad desde la mismísima cuna, estaremos creando a corto plazo una sociedad libre de discriminación y de trogloditas que pretenden frenar lo que es un derecho. La concienciación es la semilla y educación es el camino para hacer de éste un mundo mejor, más justo, más igualitario y en donde la mujer pueda vivir sin la lacra del machismo. Agnes Grey: una historia de amor, superación, inquietud, impotencia, perseverancia, educación, humanidad...Una novela cuya vigencia promueve la reflexión y la reivindicación.

Frases o párrafos favoritos:

"Es tonto desear la belleza. Las personas sensatas nunca la desean para sí ni le dan importancia en los demás. Si la mente está bien cultivada y el corazón bien dispuesto, a nadie le importa el exterior."

Película/Canción: a la espera de que se produzca ese acontecimiento, os dejo con la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Bach es literatura para los oídos.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial