Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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jueves, 10 de septiembre de 2020

RESEÑA: Sobre los huesos de los muertos.

 SOBRE LOS HUESOS DE LOS MUERTOS


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Título: Sobre los huesos de los muertos. 

Autora: Olga Tokarczuk (Sulechów, Polonia, 1966) una de las mejores y más celebradas escritoras polacas actuales, ha recibido múltiples premios, como el Brueckepreis, el Nike (el más prestigioso de los que se conceden en su país), la Medalla de Plata Gloria Artis y el premio de la Ministra de Cultura y Patrimonio Nacional a su excelencia literaria. En una trayectoria ascendente culminada con la concesión del Premio Nobel de Literatura 2018. Autora de ocho novelas y tres libros de relatos. Entre sus textos más importantes encontramos Los errantes (2008), Un lugar llamado antaño (1996), La muñeca y la perla (2000), Relatos bizarros (2018) o Sobre los huesos de los muertos (2009).



Editorial: Siruela. 

Idioma: polaco. 

Traductor: Abel Murcia. 

Sinopsis: Janina Duszejko es una ingeniera de caminos retirada que enseña inglés en la escuela rural de Kotlina Klodzka, una región montañosa de suroeste de Polonia. Cuando la rutina del pueblo se ve sacudida por una serie de asesinatos que tienen como víctimas a varios cazadores furtivos, Janina, apasionada de la astrología, defensora a ultranza de los animales y obsesionada por la obra del poeta William Blake, intentará resolver por su cuenta los misteriosos crímenes. Bajo la forma de una novela policíaca y con un original subtexto ecologista, Tokarzuk retrata soberbiamente la sociedad local, cuestionando sin ambages tanto la falta de respeto por la naturaleza como el radicalismo ambientalista, en una de las obras más poderosas y originales de la literatura europea actual. 

Su lectura me ha parecido: interesante, descompensada en lo narrativo, repleta de mensajes trascendentes, con un impecable cuerpo de thriller policial, ecologista, con una narradora soberbia, variopinta... Leer a una o un premio nobel abruma, impone, hasta el punto sentir cierta presión. Y no es para menos. De cara a la sociedad, y a los círculos de lectores con cierto nivel cultural e intelectual, que la varita mágica del jurado del famoso galardón sueco rocíe a cierta figura del ámbito literario con su polvo mágico la convierte, casi de inmediato, en un ídolo, en una suerte de santa o santo dentro de un retablo al que ir a rezar. A partir de ese momento, todo el mundo se arrodilla y no duda en rendirle pleitesía, por los siglos de los siglos amén. Algunas de las más icónicas figuras del santoral llevan años siendo veneradas, por lo que resulta hasta lógico la falta de detractores - por los motivos que sean - u opiniones discordantes dentro del respeto y la crítica. Es como si ser Premio Nobel de Literatura llevase aparejado calificativos del estilo "el mejor escritor del mundo", "la mejor escritora de todos los tiempos", "la pluma más bella de la historia" o "imposible que no te guste". Pobre, entonces, de la o del que se manifieste en contra de alguno de estos ilustres personajes. Las airadas reacciones a dicha tropelía no se hacen de esperar, y os lo digo por experiencia. 


Actualmente, sin ir más lejos, estoy adentrándome en uno de los libros más importantes y amados de la literatura universal como es Cien años de soledad, escrita en el año 1967 por el escritor colombiano Gabriel García Márquez, uno de los más indiscutibles premios nobeles de literatura. Querido y ensalzado por millones de lectores al rededor del mundo, mi experiencia con él ha transitado entre los extremos. De lecturas más irregulares como Del amor y otros demonios - al que con el tiempo acabé cogiendo algo de cariño - y maravillas narrativas como El amor en los tiempos del cólera - para mi, de momento, su mejor novela -. Ahora que por fin me he dignado a leer su obra magna, siento cierta presión en cada página, en cada capítulo. Es un texto tan icónico, tan celebrado, tan trascendente a nivel historia "la literatura en castellano", tan recomendado por generaciones de lectores, tan citado, tan influente en la pluma de otras y otros escritores que ya me fastidiaría que no me acabase de gustar. Porque las personas somos así, ya seamos eclécticos o monolíticos a la hora de construir nuestro panteón de divinidades del mundo de los libros, no tienen porque gustarnos todos y cada uno de las o los galardonados con el Premio Nobel en su categoría más famosa y mediática. De todas formas no os asustéis que, aunque estoy teniendo algunos problemas para quedarme con todos los nombres de la novela de Gabo - son muchos y para colmo casi todos se llaman igual - la cosa de momento va bien. Mirando cada dos por tres los esquemas elaborados por el puño y letra de mi madre hace unos cuantos años, pero bien. Dicho esto, esta "chapa" respecto al mayor premio de las letras, gratuita a todas luces, me viene bien para introduciros en la reseña de una novela cuya autora ha sido una de sus más recientes merecedoras. Olga Tokarczuk - nacida en Polonia en el año 1966 - fue junto a Peter Handke - peor recibido por los fanáticos del premio si lo comparamos con Tokarczuk - los protagonistas de aquella atípica ceremonia. Aquella tradicional rueda de prensa en la que, por primera vez en la historia, se anunciaban dos ganadores, todo ello debido al escandalo de abuso sexual acaecido entre los miembros del jurado en la edición maldita del 2018, de ahí que quedase desierto. Justicia o un intento por lavar la cara de una prestigiosa institución, lo cierto es que quise conocer a Tokarczuk, su universo literario y esa aproximación a la, para mi entonces desconocida, Polonia rural. El resultado de este acercamiento habla por si solo, en los siguientes párrafos y un poco, a modo de spoiler, en mi sincera introducción. Sobre los huesos de los muertos: un thriller policial, un mensaje ecologista y una compleja narradora. 


Antes de que del boom Tokarczuk aterrizase en nuestro país, hasta el momento sólo se habían traducido dos novelas de la autora al español: Un lugar llamado antaño - la que es considerada su obra más importante, recientemente reeditada por Anagrama - y Sobre los huesos de los muertos - escrita en 2009 y editada por Siruela en el año 2016 -. Un fenómeno muy similar al que acaeció en el 2015 cuando la periodista y escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich fue merecedora del premio, momento en el que sólo su Voces de Chernóbil había llegado a nuestras librerías, y todo sea dicho, de forma muy discreta. En este caso no estamos en el terreno de la crónica periodística de alto voltaje de la que Aleksiévich es una gran experta, sino que con Tokarczuk nos adentramos directamente en un ambiente más ortodoxo, como es la novela, pero que si nos atenemos a la mezcla de géneros descubrimos el talento de su autora para innovar dentro de lo trillado, de lo repetido, de lo manoseado por cientos y cientos de plumas a lo largo de la historia. Parece existir un consenso entre la crítica al respecto, ya que son muchos los que han usado casi las mismas palabras para referirse a Sobre los huesos de los muertos: "una original historia policial con un trasfondo ecologista". Definición que en parte subscribo letra a letra, pues condensa en definitiva lo que la autora polaca ha querido contarnos y lanzarnos, como un dardo, al cerebro. Pero hay que bucear, pues hablar de la novela de Tokarczuk es ir más allá de las frases lapidarias, al menos en el caso que nos ocupa. Sobre los huesos de los muertos, tal y como nos revela la sinopsis, nos presenta a Janina Duszejko, una ingeniera de caminos retirada que ejerce como profesora de inglés en un pequeño pueblo de Kotlina Klodzka - situado en una región montañosa con un grave problema de despoblación -. A pesar de sus evidentes problemas de salud, Janina conserva la inquietud y el empuje necesarios para inmiscuirse en la investigación de unos crímenes que están azotando la región. Cazadores furtivos asesinados, todos ellos con antecedentes de violencia contra animales, mismo modus operandi por parte del supuesto asesino... Todo esto provocará que el extravagante carácter de ésta se desate revelándonos una de las narradoras más ambiguas de la literatura. De ideas peculiares, Janina no es un personaje que pueda caer bien al lector, lo cual no deja de ser un riesgo por parte de la autora. Sin embargo, resulta fascinante el modo en el que Tokarczuk te mete en la mente de esta mujer, una señora de pocos amigos, cuyos métodos de enseñanza son muy suyos, que en su tiempo libre se dedica a redactar cartas astrales y a traducir poemas de William Blake. Maniática, retorcida, algo intransigente, siempre se sale con la suya, lo que lleva a mucha gente del lugar a tildarla de loca, pero que, en realidad, no deja de ser un lúcido reflejo de la complejidades de todo ser humano. A medio camino entre la seguridad que podemos desprender con nuestros argumentos y el desconcierto que estos puedan provocar en algunas personas. En realidad, reformulando un poco la definición citada anteriormente, podríamos hablar de Sobre los huesos de los muertos - impresionante título por cierto - como la historia de Janina Duszejko con un trasfondo policial. Porque a fin de cuentas llega un punto que los crímenes quedan como algo muy secundario en comparación al protagonismo que Tokarczuk le da a su imperfecta heroína. Y es tal vez este el punto problemático que veo y que ha acabado por decantar mi crítica hacia una posición menos favorable a pesar de sus múltiples virtudes, ya que encuentro una falta de equilibrios al respecto. No es que la historia de Janina sobresalga sutilmente, es que directamente acaba devorando a la otra trama, y eso no deja de resultarme un poco peyorativo de cara al conjunto de la novela. Ahora bien, que vivan las y los narradores poco fiables, sobre todo si se trazan con mano maestra. 



Si algo debemos destacar, a pesar de su tremenda descompensación y ese excesivo estiramiento en lo que a la trama se refiere, es la autenticidad que desprende el personaje de Janine Duszejko y la potencia con la que sus opiniones e interpretaciones del mundo que la rodea nos llegan a nosotros como lectores. Unas ideas que la propia Janine defiende con fuerza, a pesar de los desencuentros, los chismorreos o los motes que se granjea en la pequeña comunidad. Janine interpreta todo lo que la rodea a través de los movimientos astrales, lo cual no deja de ser ciertamente paradójico (una ingeniera de caminos que cree en la falibilidad de la alineación de los planetas o en el zodiaco) y que sin duda potencia la singularidad del personaje. Ella, profunda amante de la naturaleza, rechaza el dominio que el ser humano ejerce sobre la naturaleza, y es en los astros donde encuentra los argumentos que refuerzan su creencia en la ignorancia de las personas en cuanto a la creación del universo y su funcionamiento, y en última instancia, de la vida. Lo cual les incapacitaría de esa autoridad para regirlo a su antojo y capricho. Sus tesis sostienen el peso del ecologismo en esta novela, aunque sea a partir de la lectura de cartas astrales, aún conociendo las peculiaridades de Janine, aún a riesgo de tildarla de "hippy" o "tarada". Y es que más allá del mensaje ecologista, a todas luces necesario, que se contrapone de forma inteligente a las aficiones de los cazadores que acaban asesinados, creo que la mirada y la intención de Olga Tokarczuk observa un infinito más retorcido, planteando una serie de preguntas. ¿De verdad estamos ante un simple thriller policial? Para nada, de hecho, todas y todos los amantes del policiaco al estilo Lorenzo Silva, Dolores Redondo o Juan Gómez Jurado - dicho de otra forma, lectores en general poco exigentes - Tokarczuk les va a parecer pesada y hasta aburrida. Es lo que tiene el bajar a las profundidades y no quedarse en la superficie y en las tramas facilonas. ¿Estamos ante una novela ecologista? Pues sí y no, creo que es más que un texto que enfatiza pero en el que me da la sensación de que la autora, muy acertada en ese sentido, parece situarse en un punto intermedio. Sembrando un poco de duda sobre el discurso de Janine - sin duda, el aspecto más notable de la novela - y alejándonos de los planteamientos salvajes de los cazadores. Al final el lector, por lo menos en mi caso, acaba renegando de los cazadores y abrazando escéptico algunos de los planteamientos de Janine. Tan coherentes como inviables en su radicalidad. Y por último, y la más importante, ¿es Sobre los huesos de los muertos acaso una novela sobre los límites de la locura o las ideas preconcebidas de una sociedad que rechaza al diferente? A mi juicio creo que por ahí van los tiros, aunque el mensaje ecologista lo impregne todo y el thriller quede más o menos desdibujado. Creo que al construir un personaje como Janine Tokarczuk nos sacude y nos saca de nuestra zona de confort obligándonos a seguir los pasos de una mujer a la que reprocharíamos algunas de sus pasiones - sobre todo lo que concierne a lo esotérico - pero que no deja de ser una especie de faro en un lugar donde las apariencias lo son todo. De ahí que aplauda la valentía de su autora en visibilizar la imperfección de los personajes femeninos en la literatura desde una radicalidad digna de todo elogio. No es la primera, tampoco la única, pero sí la siguiente, y tras ella muchas más. Lo importante es abrir la veda. 

Sobre los huesos de los muertos: una historia de ermitaños, aislamiento, investigaciones criminales, pasión por la naturaleza, astrología, poesía, invisibilidad, ambigüedades... Una novela que me invita, aunque con ciertas reservas, a seguir descubriendo a su autora y su peculiar visión de la Polonia rural. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Crecí en una época maravillosa que por desgracia ya es historia. Una época en la que había una gran disposición a los cambios y existía una capacidad de concebir visiones revolucionarias. Hoy ya nadie tiene el valor de imaginar nada nuevo. Se habla sin cesar de cómo son las cosas y se retoman ideas antiguas. La realidad ha envejecido, se ha anquilosado porque está sometida a las mismas leyes que todo organismo viviente: también envejece. Sus más minúsculos componentes, los significados, sufren el mismo tipo de apoptosis que las células del cuerpo. La apoptosis es la muerte natural provocada por el cansancio y el agotamiento de la materia. En griego, la palabra significa "caída de pétalos". Al mundo se le han caído los pétalos.

Pero pronto debe llegar algo nuevo. Siempre ha sido así, ¿no es divertida la paradoja."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

jueves, 11 de junio de 2020

RESEÑA: Mi hermana, asesina en serie.

MI HERMANA, ASESINA EN SERIE

Título: Mi hermana, asesina en serie. 

Autora: Oyinkan Braithwaite (Lagos, Nigeria 1988) nacida en una de las ciudades portuarias más importantes de Nigeria, pronto se trasladó a Gran Bretaña para estudiar en las universidades de Kingston y Surrey, donde se formó en Escritura Creativa y Derecho. Trabajó durante un tiempo en el sector editorial y en el periodismo, y publicó primer libro de relatos, The Driver (2010. Mi hermana, asesina en serie (2018) es su primera novela, siendo merecedora del Premio Anthony a mejor debut, quedando en segundo lugar en la categoría "Thriller" de los Choice Awards 2019 de Goodreads y se encontraba entre los seleccionados al Premio The Best 2019 en la librería La Central en la categoría de Literatura en castellano. En 2012 regresó a Nigeria, donde sigue residiendo en la actualidad. 



Editorial: Alpha Decay. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Montse Meneses Vilar. 

Sinopsis: Ayoola tiene un serio problema con sus novios: cuando se cansa de ellos, cuando le decepcionan, o a veces sin motivo aparente, los mata. Ya lleva tres, lo cual la convierte, en cierta manera, en una asesina en serie. La única que lo sabe es su hermana Korede, que movida por un amor fraternal cara vez más en el alambre, ha ayudado a Ayoola a eliminar pistas, cubrir sus pasos y, en definitiva, evitar que se descubra que aquellas misteriosas desapariciones de hombres jóvenes que se están produciendo en Lagos llevan su marca letal. Por si la situación no fuera suficientemente complicada, Korede contempla horrorizada cómo su hermana empieza a salir con el hombre de sus sueños - el médico del hospital en el que trabaja como enfermera -, por lo que deberá replantearse su rol de cómplice, si no quiere que este triangulo amoroso termine en un baño de sangre. 

Su lectura me ha parecido: adictiva, trepidante, rápida, original hasta decir basta, con unos personajes femeninos muy potentes, con un humor negro absolutamente delicioso, oportunamente deslocalizada a nivel espacial, inquietante, fascinante, un cambio entre tanto thriller corriente y moliente... Como ya he dicho en más de una ocasión, no soy una persona a la que le atraigan - al menos por ahora - las historias encerradas dentro de lo estrictamente policial/thriller. Si bien éste último si que me interesa desde un punto de vista didáctico - no sabéis lo mucho que aprendes del thriller a la hora de confeccionar la psicología de los personajes negativos o de saber estructurar una trama para que jamás pierda el interés - desde hace unos años lo policial no me interesa para nada. Os hablo desde la experiencia, desde mi primer flechazo con esta explosiva unión en plena adolescencia gracias a las cotidianas y frías novelas de Camilla Läckberg, pasando por ese subidón que me produjo leer por primera vez a Joel Dicker y descubrir que había vida más allá de los crímenes acontecidos en tierras nórdicas. Luego regresé a los helados paisajes de Noruega y Suecia especialmente. Después me alejé, rápidamente, tomé un tren para no volver a esas manidas formas y personajes arquetípicos para centrarme en otro tipo de literatura. Quería sacar temporalmente de mi cabeza el mal sabor de boca que me dejaron aquellas últimas lecturas de las cuales, sinceramente, no guardo un buen recuerdo. Años más tarde, el regreso se produjo a lo grande de la mano de un francés, de Emmanuel Cárrere, uno de esos autores que todo el mundo dice que debes leer. Una servidora, desconfiada por naturaleza, no se fiaba de todas esas buenas palabras y halagos que rozaban la exageración. Pero ¿qué queréis que os diga? El señor Carrére y su adversario - el A sangre fría francés - me demostraron como a veces, y sólo a veces, la masa anónima tiene razón. Aquí no había una investigación policial al uso, ni un detective chapado a la antigua, ni una escritura con homenajes a las grandes novelas policíacas inglesas (las únicas que de vez en cuando tolero y consiguen sacarme alguna sonrisa); aquí Carrére enfrentaba al lector contra Jean-Claude Romand, un asesino real cuyo crimen a día de hoy - y por mucho que el autor desgranase las causas - seguimos sin comprender. Tras él vino la novela que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, un libro de trama social con cuerpo de thriller, algo gore, que engancha desde el minuto uno y que se acabó convirtiendo en mi segunda mejor lectura del pasado 2019. Año en el que vivíamos completamente ajenos al terremoto que acaecería justo al inicio de una nueva década. Mi hermana, asesina en serie: la influencia de la violencia patriarcal en la Nigeria de principios de siglo XXI. 


La novela de Oyinkan Braithwaite - una escritora nigeriana de treinta y dos años - ha caído como una bomba dentro de la industria editorial. Y es que, a mi juicio, son varios los motivos por los que todo el mundo debería leerla, más allá de su calidad narrativa, de su ritmo endiablado o de sus casi icónicos personajes. En primer lugar, lo que llama la atención es que, ya de entrada, por fin abrimos horizontes geográficos. Me explico. El lector amante del policiaco o el thriller ha crecido al amparo de los clásicos - como sucede en otros géneros literarios - y sobre todo gracias a unas y unos autores cuya mayoría proceden del ámbito europeo y sobre todo norteamericano. Y claro está, las tramas y las formas son muy británicas, francesas, suecas, alemanas, españolas, italianas o americanas por citar algunos ejemplos de países en los que estos géneros tienen mucho tirón; hasta el punto de haber creado escuela propia. Pero ¿qué pasa con los japoneses? ¿Y los chinos? ¿Y los argentinos? ¿Y los argelinos? ¿Y los sudafricanos? ¿Y los tailandeses? ¿Y los iraníes?... ¿Qué pasa? ¿Que en esos países no hay buenas y buenos escritores de novela negra? ¿O es que nuestro eurocentrismo crónico nos impide concebirlo en nuestra cabeza plagada de enseñanzas que no exploran más allá de los Urales o de nuestro adorado Mediterráneo? ¿Qué nos impide adentrarnos en ellos? 

Hasta hace unos años era impensable encontrar literatura actual escrita por autoras y autores situados geográficamente fuera de lo estrictamente norteamericano o europeo (exceptuando a movimientos como el "realismo mágico" procedente de Sudamérica o a autores como Murakami, Kahdara, Mishima, Pamuk, Mernisi, Cohelo entre otros muchos). Por fortuna, es cada vez más habitual toparse con estantes o escaparates en los que podemos encontrar no sólo una inmensa variedad de convergencias entre géneros literarios, sino que además éstos están escritos por gentes procedentes de todos los países del globo terráqueo. El ejemplo más claro es el del libro que hoy ocupa toda nuestra atención. Mi hermana, asesina en serie es un thriller, con toques policiales - sin que ésta tenga una presencia abrumadora en la trama - ambientado en Lagos y escrito por una autora nacida en dicha ciudad. Dicho así parece que carezca de importancia, pero a nivel canon es importante, ya que el lector va a tener el privilegio de salirse de las encorsetadas formas a las que está habituado para adentrarse en algo distinto y en una ambientación realmente original. Imagino que para Braithwaite escribir una novela ambientada en su Nigeria natal es lo más normal del mundo - como Carmen Martín-Gaite respecto a Madrid o Paul Auster respecto a Nueva York - y eso no debería sorprendernos. Sin embargo, como hemos estado tan parapetados dentro de una concha, alejados de otras realidades literarias, pues en cierto modo veo hasta lógica tanta fascinación. Lejos de quedarse en las meras descripciones de una de las ciudades más bulliciosas y populares en de Nigeria, Braithwaite lo adereza con toques de contexto histórico. El de una ciudad a principios de siglo XXI, una urbe tan dinámica como peligrosa enmarcada en una coyuntura de cambios económicos y demográficos que, por supuesto, reflejarán el problema de desigualdad y la problemática convivencia de la tradición y la modernidad existente en la actual sociedad africana. No es Londres, ni Estocolmo, ni París, ni un pequeño pueblo perdido en el Medio Oeste americano; pero Lagos y su geografía urbana son igual de atractivas y fascinantes. 


A esta amplitud de miras desde un punto de vista literario se le suma una trama que significa un soplo de aire fresco - por no decir "huracán" - en un género como el thriller. Para empezar, la propia estructura de la novela y el estilo que la autora emplea son muy acertados. A partir de una prosa rápida, pero no exenta de profundidad narrativa, en la que no se anda por las ramas y no se recrea en nimiedades que no vienen al cuento (como esas odiosas e innecesarias descripciones que a veces inundan páginas y páginas de novela sin ningún sentido más allá de complacer la vanidad del propio autor) y potenciando aquellos momentos o escenas que de verdad lo merecen - y que en muchas ocasiones esconden una reflexión muy pertinente entorno al patriarcado o las relaciones fraternales -. Todo ello aglutinado en capítulos extraordinariamente cortos, no sólo consigue que el lector se lea el libro de una sentada, sino que tenga la sensación de haber asistido a una clase magistral respecto a la cómo se escribe una buena novela de suspense con grandes dosis de crítica social y desde una perspectiva marcadamente feminista. Otro de los grandes aciertos del libro, por no decir el mayor, es la construcción de sus dos protagonistas femeninas. Por un lado tenemos a Ayoola - guapa, seductora, que parece no tener más ambición que el divertirse y trabajar ocasionalmente en su marca de ropa - y por el otro tenemos a Korede - una pulcra enfermera acostumbrada al trabajo duro, a las ordenes y a vivir a la sombra de su hermana Ayoola -. Mientras la primera ha sido toda su vida una insubordinada y rebelde, la segunda ha asumido una responsabilidad y un saber estar casi perfectos, como si quisiera compensar la actitud de su hermana, como si esto le hiciera, en cierto modo, mejor persona. Sin embargo, Ayoola tiene un defecto de los gordos, y es que tiene un serio problema con sus novios, a los cuales asesina cuando se cansa de ellos, la decepcionan o a veces sin motivo aparente. Cada vez que esto sucede, Ayoola siempre recurre a Korede para que la ayude a limpiar la escena del crimen y a deshacerse de los cadáveres aprovechándose de sus conocimientos en desinfección e higiene. Ante esta situación, la lealtad de Korede hacia su hermana siempre se mantiene en la cuerda floja - de hecho, llega a desconfiar de la versión que Ayoola le da de los hechos, sosteniendo la posibilidad de que el asesinato fuese algo consciente y premeditado y no un simple arrebato como Ayoola asegura - pero el amor que, a pesar de todo, le profesa y un irremediable sentimiento de protección son más fuertes y acaba por no delatarla a la policía. Dos caras de una misma moneda pero concebidas en la mente de su autora como el Ying y el Yang, la noche y el día, el calor y el frío. Dos polos opuestos que, irremediablemente, acaban necesitándose. Cada nuevo asesinato fortuito es una gota más que llena el vaso, quebrando un poco más la paciencia de Korede. La cosa se complica cuando, de la noche a la mañana Tade, el médico del que Korede está secretamente enamorada, comienza a interesarse sentimentalmente por Ayoola. Es a partir de ese momento cuando Korede ve su mundo tambalearse bajo sus pies. Por un lado no quiere hacer daño a su hermana apartándola de Tade, pero por otro lado no quiere que el amor de su vida acabe muerto sobre un charco de sangre. Sin duda, una trama que, partiendo de lo manido, su autora consigue retorcerlo hasta convertirlo en algo nuevo e inquietantemente atractivo para quien se adentre en ella. Con un humor negrísimo - muy similar al de la fantástica serie Killing Eve - escenas rozando lo gore y los continuos giros de la trama, convierten a Mi hermana, asesina en serie en una novela a tener en cuenta si como escritora/or pretendes adentrarte en el tortuoso y apasionante mundo del thriller sin caer en los estereotipos de turno. Y si tu ambición en la vida no es llegar a publicar una novela, Mi hermana, asesina en serie te entretendrá a lo grande durante unas cuantas semanas.  


Una vez abordado aspectos más centrados en el estilo y la trama, toca en última instancia referirse a lo más importante y crucial para entender la grandeza de este thriller racializado. Y es que de su lectura se desprenden acertadísimas y muy oportunas reflexiones entorno a los grandes temas que hoy preocupan a la sociedad contemporánea. Por un lado, la crítica feminista y la construcción de personajes femeninos fuertes pero no infalibles. Una de las grandes virtudes de esta novela es precisamente el haber conseguido crear de la nada a Korede y Ayoola. Dos mujeres, hermanas, unidas por la violencia patriarcal que vehicula prácticamente toda la novela y que marca sus distintas personalidades. Capaces de subvertir y pervertir, en última instancia, con los dos principales roles de género que se asocian tradicionalmente a las mujeres. Mientras Korede representa a ese modelo de mujer buena, amable y extremadamente paciente, Ayoola encarnaría el ideal de mujer bella capaz de encandilar fácilmente a los hombres. Mientras la primera lleva por bandera el esfuerzo, la resignación, el control y el respeto por las normas, la segunda es anárquica, visceral, irresponsable y libre. Si bien la primera su papel de matriarca tradicional la lleva a convertirse en cómplice de asesinato, el poder de seducción de la segunda va acompañado de una navaja con la que arrebata la vida de aquellos hombres que se sienten poderosos en su privilegiada posición dentro del patriarcado, ya sea por temor o crueldad. Roles que, como bien podremos comprobar, y a pesar de ser en teoría asumidos, nunca serán del todo perfectos para los ojos de la gente. Y es que a las mujeres siempre se nos ha criticado por todo. Si estás gorda, adelgaza. Si estas delgada, come más. Si no te apetece tener relaciones sexuales, es sinónimo de estrecha. O si por el contrario eres tú la que toma la iniciativa, entonces eres una puta. Ejemplos, miles de millones, tantos que nos faltarían hojas para poder apuntarlos todos. Otra de los aspectos que Mi hermana, asesina en serie pretende demostrar es una obviedad que, hasta en los tiempos que corren, deberíamos saber ya, sobre todo en lo que respecta a la causa feminista. La unión hace la fuerza, tan simple como eso, y si hay desunión, pues difícilmente se podrá llevar cualquier empresa a buen puerto. La unión que existe entre Ayoola y Korede va más allá de la fraternal, sus experiencias convergen en el trauma compartido, en el odio a la figura de su padre, cuyos ataques y vicios marcaron la infancia de ambas. Un hombre que no dudaba en mostrar su fuerza y cuya navaja, que acabará empuñando Ayoola, acabará en el pescuezo de quienes como él ejercen la violencia más cruel contra las mujeres, independientemente de si son unas completas desconocidas o sus propias hijas. A lo largo de la historia los hombres siempre han querido sepáranos, generar discordia entre grupos de mujeres, alentando la falsa creencia de que "nos pones verdes entre nosotras" o "criticamos a la que no está". ¿Por qué? ¿Qué necesidad? ¿Por qué no abogar por una convivencia, incluso con el sexo masculino, más sana y sin atisbos de toxicidad? La novela de Braithwaite es un claro ejemplo de reflexión entorno a ello. Y por último, ya para acabar, en tiempos del Black Lives Matter, creo que es un buen momento, no sólo para visibilizar el racismo que sigue teniendo lugar en Estados Unidos - y ya de paso en el resto del mundo - también para reivindicar y visibilizar lo máximo que podamos todas esas obras, independientemente del género al que se adscriban, escritas por autoras y autores negros. Le haremos un gran favor a la humanidad, a la sociedad y por supuesto a nosotras/os mismos. 

Mi hermana, asesina en serie: una historia de perversión, sangre, feminismo, asesinatos, dos hermanas tan opuestas como unidas entre sí, amor no correspondido, violencia patriarcal, reversión... Una novela que devoraréis de principio a fin. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Ayoola me convoca con estas palabras: Korede, lo he matado. Yo esperaba no volver a oírlas nunca más."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alpha Decay 

martes, 2 de abril de 2019

RESEÑA: Historias reales.

HISTORIAS REALES

Título: Historias reales.

Autora: Helen Garner (Geelong, Australia, 1942) allí creció hasta ingresar en la Universidad de Melbourne. Dio clases en diferentes institutos, pero en 1972 fue despedida por responder a las preguntas de sus alumnos sobre sexo. Garner comenzó entonces a trabajar como periodista. Es autora de una amplia producción literaria tanto de ficción como de no ficción. Su primera novela, Monkey Grip (1977), ganó el National Book Council de Australia y fue adaptada al cine en 1982. Desde entonces, Garner ha publicado varias novelas, cuentos cortos, ensayos y reportajes. La habitación de invitados (2008) es su último título de ficción y uno de sus libros más reconocidos. Entre sus obras de no ficción destacan The First Stone (1995), un controvertido reportaje sobre un caso de abuso sexual en la Universidad de Melbourne; Historias reales (1996; Libros del Asteroide, 2018) y La casa de los lamentos (2014). En 2006 Helen Garner recibió el primer Melbourne Prize for Literature en reconocimiento a su carrera. (Fuente: Libros del Asteroide).


Editorial: Libros del Asteroide.

Idioma: inglés.

Traductora: Cruz Rodríguez Juiz.

Sinopsis: Helen Garner visita un depósito de cadáveres y se va de crucero en un barco ruso; la despiden de un colegio por hablar de sexo con sus alumnos; asiste a un parto y a una boda; escribe sobre cumplir los cincuenta, sobre su familia y sobre el revuelo causado por uno de sus libros. Garner vive y observa, y luego lo cuenta con inteligencia y compasión. Sus piezas de no ficción, escritas originalmente para prensa, abarcan los más diversos temas: «siempre vendrá una idea a salvarme justo cuando esté a punto de sentarme ante el abismo de comenzar una novela». En todas ellas encontramos aquello que solo la auténtica literatura es capaz de darnos: trozos de vida. Helen Garner es una de las más importantes escritoras australianas contemporáneas; Historias reales reúne sus principales piezas de no ficción, reportajes y artículos seleccionados por la propia autora entre los más destacados de su dilatada carrera. (sinopsis editorial).

Su lectura me ha parecido: amena, vocacional, con personalidad, veraz, sincera, en ocasiones autobiográfica, perfecta para una desconexión temporal de todo lo que huela a ficción inverosímil... Es un hecho, en Jimena de la Almena llevamos una racha importante de autoras australianas cuyos libros han sido reseñados en este espacio de crítica y opinión a lo largo del pasado mes de marzo. La casualidad, de nuevo, ha querido que mis investigaciones semanales se dirijan a uno de los países más remotos y fascinantes de la tierra, cuya historia no hace sino sorprenderme a cada nuevo dato que descubro. Sin embargo, y en un último intento por toparme con algo excepcional, decidí indagar en su literatura, faceta poco conocida de un lugar en el que las playas paradisíacas y el agreste paisaje conviven de una forma casi mágica. Cual fue mi sorpresa que, tras mirar en la Wikipedia (página a la que siempre acudo en primer lugar para extraer fuentes primarias sin mayores dificultades, sí, las que aparecen citadas y en ocasiones con enlaces justo debajo de la información), pude comprobar que en ésta sólo se nombraba a una mujer, Anna Maria Bunn, autora de The Guardian: a tale, considerada por muchos como la primera novela escrita y publicada por una mujer australiana. ¿El resto? Todo hombres, incluyendo su único Premio Nobel de literatura, concedido a Patrick White en el año 1973. A continuación tecleé el nombre de "Anna Maria Bunn" en Google. La respuesta que me dio el buscador me hirvió la sangre pues, no sólo me topé con una página de Wikipedia en inglés dedicada solo y exclusivamente a ella (repito, tuve que teclear su nombre, no seguir un enlace desde "Literatura de Australia"), sino que además, otros nombres de australianas ilustres del mundo de las letras se sucedieron ante mis ojos. Rosa Campbell Praed, Matilda Jane Evans, Louisa Lawson, Ethel Pedley, Louise Mack, Mary Gaunt, Louisa Atkinson, Jennings Carmichael y por supuesto Barbara Baynton (considerada por muchos críticos como la gran innovadora y renovadora dentro del panorama literario australiano y cuya obra más importante reseñamos la semana pasada). La cuestión entonces es bien sencilla. Me parece estupendo que tengan, la inmensa mayoría de ellas, página propia en el mayor portal de búsqueda de información, pero, ¿no sería lógico que también estuviesen presentes, junto con sus colegas masculinos, en "Literatura en Australia"? En vistas de esta tremenda injusticia y en relación con la reseña que nos ocupa, me gustaría recalcar que, si no es por estas pioneras, muchas escritoras australianas que lo están dando todo hoy en día y cuyas novelas han llegado por fortuna a nuestras estanterías, no existirían. Como tampoco existirían mujeres que, como Helen Garner, persiguen la verdad a golpe de pluma y buen periodismo. Historias reales: la tranquilidad de lo verídico.


La historia de como el libro de Helen Garner llegó a mis manos surgió debido a una imperiosa necesidad, a una urgencia lectora, a una desesperada búsqueda de lecturas enmarcadas dentro de la no ficción. De toda la vida, y esto la gente que me conoce lo podrá afirmar, me he sentido atraída por la ficción. Al principio desde todas sus ramas (incluyendo la más abstracta y fantástica), para ir con el paso del tiempo especializándome (hubo una época que sólo leía historias con marcado tinte social) y finalmente volver a abrirme a aquellos géneros a los que un día les cerré la puerta (incluyendo al terror y a la ciencia ficción de corte distópico, hoy por hoy, dos de mis géneros literarios favoritos). Con la conocida como "no ficción" reconozco, me costó más hacerme a ella, y eso que estudié Historia, una de esas carreras en las que tienes la obligación de leer, sí o sí, muchos ensayos. Durante los años que duró mi experiencia universitaria alterné la ficción con la no ficción siempre que pude. De hecho, hubo épocas en las que me agobiaba tanto que, como si de una medicina se tratase, necesitaba reencontrarme, aunque fuera con unas pocas líneas, con algo inventado, imaginado, salido de la mente de la autora/or y que aunque su inspiración fuese, yo que sé, la vida de una familia de clase burguesa durante el contexto de la Primera Guerra Mundial, me hiciera pensar en ese periodo desde otra perspectiva. Desde la de querer estar ahí y desde la de "me tengo que estudiar este mismo tema para los exámenes de junio". Casualmente, por esa época me dio por leer el Hobbit (toda una proeza teniendo en cuenta lo relativamente negada que he sido para la literatura fantástica). Ironías del destino, una vez acabada la carrera fue cuando me picó el gusanillo por la no ficción y los ensayos de corte histórico (y si abordaban los sujetos de estudio desde una perspectiva de género mucho mejor), así como algunas fuentes históricas que durante la carrera ni se me hubiera pasado por la cabeza adentrarme en ellas. Suspenso en coherencia amigas y amigos. De entre todos aquellos libros que pasaron por mis manos, si hubo uno en concreto que provocase que, muchos años después, tenga las Historias reales de Helen Garner entre mis manos, ese es Voces de Chernóbil, de la periodista, escritora y Premio Nobel de Literatura Alexandra Alexiévich. Era periodismo, sí, pero desde una mirada descontaminada, veraz, directa, impactante, con la intención de hacer reflexionar al lector, en donde no existe lugar para la indiferencia. Y lo más importante, elaborado a partir de testimonios que, desde una precisión que sonrojaría a más de uno que se considera "historiador", son tratados como lo que son, testimonios de un hecho, sin censura, bien escogidos, bien presentados, tal cual fueron confesados a la propia Alexiévich. Expuestos al lector, quien en última instancia es el que debe opinar sobre ellos desde una mirada critica y conocedora de los hechos. Aquel libro me dejó tan impactada que, no sólo acabé leyendo más libros de Alexiévich, sino que busqué insistentemente otros ensayos o crónicas periodísticas similares. Fue durante esa exhaustiva odisea cuando, de pronto, Helen Garner se alzó ante mis ojos como una oportunidad de seguir ampliando mis miras en un momento de ligero desencanto con la ficción (los finales inverosímiles de mis últimas lecturas tuvieron la culpa). Gracias a Libros del Asteroide pude hacerme con un ejemplar, llevármelo de viaje a Soria, leerlo entre migas y torreznos y ponerle punto y final una ve regresé a casa con la convicción de que existe el buen periodismo.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que son dos las palabras que mejor definen lo que el lector se va encontrar una vez inicie la lectura de Historias reales: relato y verdad. En primer lugar, y a pesar de que el libro de Garner se compone de una serie de artículos periodísticos publicados en diferentes medios de comunicación, su presentación es puramente literaria, muy cercana precisamente al cuento o a la narración breve. Agrupados bajo cuatro títulos muy peculiares (El señor Tiarapu, Canta por la cena, La chaqueta violeta y De crucero) que a su vez actúan como una especie de capítulos, cualquiera pensaría que está ante un libro de relatos que ante una serie de pequeñas crónicas periodísticas. Además de la disposición de estos textos, ese carácter literario también se traslada a la forma que tiene Garner de abordar las noticias, casi siempre partiendo de anécdotas personales, acontecimientos que le han marcado significativamente o simplemente a colación de una noticia en particular y con una versatilidad que la pone a la altura de las y los grandes cronistas. A la vez que vas dejando atrás cada una de sus páginas, el lector tiene la sensación de que no está leyendo un artículo de opinión novelizado, sino una historia con recursos literarios al uso y todo. Me llama especialmente la atención que además de "rigurosa" y "precisa" una de las citas que acompaña la presente edición de Libros del Asteroide la califique su prosa como "seca" (la del Wall Street Journal), algo que particularmente no entiendo. Pues, bajo mi punto de vista, siempre sujeto a cualquier debate o discrepancia, creo que "seca" no es el mejor adjetivo para definir su prosa. Seco, creo, es cuando en un texto sueltas las frases no con la intención de producir belleza o harmonía, sino para crear más tensión para que la relación con el lector sea algo más distante. Sin embargo, en Historias reales se aprecia más una calidez y un claro intento de no alejar tanto éste de lo que se está leyendo. Y eso, queridísima Garner, se agradece. En segundo lugar, lo que diferencia este libro de muchos otros de su estilo es la potente verdad que emanan cada una de sus historias, cumpliendo de este modo una de las máximas del periodismo. Vivimos tiempos donde la llamada "máquina del fango" está a pleno rendimiento, y no solo en el terreno de las fake news. Un fenómeno que no hace más que viciar el ambiente y, como consecuencia, permitir la caída de la credibilidad en los medios de comunicación por parte de la sociedad. Por eso, que el lector habitual de ensayos o crónicas periodísticas se encuentre con un libro como Historias reales permite una vía por la que poder respirar aire puro, sin contaminación, sin peligro a caer en sensacionalismos o mentiras para favorecer a los intereses del poder. Podría, en el caso de los artículos, detenerme en cada uno de ellos. Decir que en el titulado ¿Por qué sólo le duele a las mujeres? aborda con un ligero toque de humor la falta de educación sexual femenina en los colegios e institutos, que en Un álbum de recortes sienta a sus cuatro hermanas a hablar sobre los trapos sucios de su propia familia, que en Canta por la cena aborda su curiosa experiencia en su primer festival literario al que asistió como escritora o que en Matar a Daniel trata de esclarecer los porqués de un terrible asesinato (sin duda, el texto más impactante). Podría pasear, lentamente, y hablaros de cada uno de ellos. Sin embargo, una de las virtudes de este texto en concreto y en general del buen libro de crónicas periodísticas es que no te lo cuenten demasiado. Saber lo justo y necesario. Así cuando te haces el animo y lo tomas entre tus manos mientras te acomodas en la cama a la luz de la lamparita, el primer contacto puede ser más intenso, y por tanto, menos prejuicioso.


En los últimos años los lectores hemos apreciado como cada vez más y más estanterías se llenan de textos calificados con el término anglosajón "non fiction". Esto no es una novedad, ya que a lo largo de la historia de la literatura, las modas han ido yendo y viniendo, y la apuesta por los ensayos de toda la vida, al igual que sucedía con otra clase de libros, irrumpía en el panorama editorial con una fuerza descomunal para, al cabo de unos meses, evaporarse de los escaparates de la librerías más importantes del mundo. Sin embargo, y a diferencia de otras ocasiones, la venta de ensayos se ha disparado, forzando la aparición de una lista paralela a la que todas y todos conocemos, esa que enumera de mayor a menor los libros más vendidos en el terreno de la ficción. Ahora, los lectores de todo el globo pueden consultar que libro de "non fiction" o "no ficción" es el que más gente se lleva a sus casas. Lo cual es un gran paso. No obstante, dentro de esta tendencia cada vez más ascendente (la cual podría explicarse debido al contexto en el que estamos inmersos, donde la televisión comienza a verse como un medio contaminado por los intereses políticos y económicos de quienes de verdad gobiernan sobre nuestras vidas), hay un subgénero que está tomando la delantera, el llamado y conocido como "true crime". Tan desarrollado por algunas series norteamericanas de corte policíaco, ahora parece trasladarse al papel para seguir ganando legiones y legiones de fieles seguidores. Pero, ¿en qué consiste entonces el "true crime"? Muy sencillo, consiste en la elaboración de un ensayo periodístico a partir de un suceso que, por A o por B, ha conmocionado o conmocionó en su momento a la sociedad de un determinado país. Y tal y como revela el propio nombre de este popular subgénero, este suceso debe haber sucedido de verdad, de lo contrario, estaríamos ante una novela de misterio policíaca de toda la vida. Aunque durante la época victoriana algunos autores coquetearon con él (base más o menos verídica para luego dar rienda suelta a su imaginación y siempre influenciados por el sensacionalismo de los Penny Dreadfuls), no fue hasta mediados de siglo XX cuando nos topamos con el que probablemente sea el "true crime" más famoso de la literatura. Por supuesto, estamos hablando de A sangre fría escrita por Thruman Capote en 1965. La historia de aquel injustificable y sangriento asesinato a una familia en el tranquilo pueblo de Holcomb (Kansas) sacudió la opinión pública, lanzó una feroz crítica contra el sistema judicial estadounidense y dio una lección de talento periodístico a toda la profesión. Opiniones contrastadas antes que morbo. Literatura antes que amarillismo. Testimonio antes que prejuzgar. Creó escuela, eso no cabe duda, Muchos de las y los periodistas que le sucedieron trataron de ponerse a su altura, algunos con gran éxito (el caso de Gay Talese, Thomas Wolffe o la ya mencionada Premio Nobel Svetlana Alexiévich) y desde sus distintas sensibilidades periodísticas. Sin embargo, la falta de nombres femeninos dentro de este popular subgénero dentro de la crónica periodística no dejaba de ser escandalosa hasta hace unos años. Tuvieron que llegar entonces periodistas como Helen Garner, entre otras, para que el mundo supiera que las mujeres también escribían sobre sucesos. Aunque en Historias reales apreciamos más facetas de su autora, Garner es una consumada autora de "true crime" que, lejos de convertirse en superventas, consiguen hacer reflexionar al lector sobre cuestiones verdaderamente incómodas. El periodismo es una valiosa fuente primaria, y Garner lo sabe, por eso sus escritos, pegados a la realidad más palpable, nos enternecen, nos indignan,  nos escuecen, nos duelen y por último nos estremecen. Historias reales: veintiocho crónicas cotidianas, extraordinarias, escalofriantes, reflexivas... Al fin y al cabo, veintiocho historias verídicas.

Frases o párrafos favoritos:

"Es de esos desconocidos que ves a veces en un lugar público con algo en su forma de comportarse que te dan ganas de abordarlos para decirles “Cuénteme la historia de su vida, por favor. Cuénteme todo lo que usted sabe y yo no”

Película/Canción: como no podía ser de otra manera, en esta ocasión, dejadme que os adjunte esta pieza tan divertida y original de Leroy Anderson. En mi cabeza siempre la he asociado con alguna escena en blanco y negro protagonizada por una intrépida o intrépido periodista.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide

lunes, 25 de febrero de 2019

RESEÑA: Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca.

DETECTIVES VICTORIANAS
LAS PIONERAS DE LA NOVELA POLICÍACA

Título: Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca.

Editor: "Michael Sims (Crossville, Tennessee, 1958) es el responsable de las compilaciones The Annotated Archt and Mehitable y Arsene Lupin, Gentleman-Thief. Entre sus obras de no ficción destaca especialmente El ombligo de Adán. Historia natural y cultural del cuerpo humano. Además, ha publicado numerosos artículos en New Statesman, Orion o The Washington Post." (Fuente: Siruela).  


Autoras/es: W.S. Hayward, Andrew Forrester hijo, C.L. Pirkis, Mary E. Wilkins, Anna Katharine Green, George R. Sims, Gran Allen, M. McDonnell Bodkin, Richard Marsh y Hugh C. Weir.

Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Laura Salas Rodríguez.

Sinopsis: "en los últimos años de la era victoriana, la opinión pública británica estaba fascinada - ¡y preocupada! - por esa sospechosa figura conocida como la nueva mujer. Montaba en bicicleta, conducía esos peligrosos automóviles y no le gustaba en absoluto que le dijeran lo que tenía que hacer. También en la novela policíaca, estas mujeres rompían todas las reglas: en lugar de asistir a recepciones para tomar el té y conversar sobre las últimas tendencias en moda, estas detectives pioneras preferían perseguir a un sospechoso bajo la espesa niebla de Londres, tomar ellas mismas las huellas dactilares a un cadáver o, incluso, cometer algún delito menor para así resolver un caso especialmente difícil. Esta antología reúne por primera vez las más grandes luchadoras contra el crimen de la época - y también algunas selectas delincuentes -, como Loveday Brooke, Dorcas Dene o Lady Molly, predecesoras de las modernas damas del crimen. Relatos inteligentes y extremadamente divertidos, de mujeres que, por fortuna, se negaron a ocupar el estrecho lugar que la sociedad les tenía reservado." (Fuente: Siruela).

Su lectura me ha parecido: interesante, bien pensada, misteriosa, con grandes dosis de ese humor inglés que tanto me gusta, trasgresora, bien estructurada, desgraciadamente descompensada... No hay época que más condicionó a nivel histórico la deriva de Reino Unido que la conocida como Era Victoriana, cuya influencia abarcó, cronológicamente hablando, todo el siglo XIX. A los datos me remito, pues fue durante ese siglo donde tuvieron lugar algunos de los acontecimientos más cruciales de la historia del país. Presidido por una reina, Victoria I, cuyo reinado duro 64 años (hasta hace poco el más largo de la historia de los monarcas británicos) quien sería testigo directo e indirecto al mismo tiempo de los cambios que estaban por venir desde alguna de las lujosas estancias del enorme Palacio de Buckingham. Cuando la joven Victoria accedió al trono, Inglaterra era mayoritariamente rural y a su muerte, a los 63 años, el país se encontraba altamente industrializado. Las humeantes chimeneas de las fábricas se convirtieron con el paso del tiempo en el paisaje habitual de muchas de las grandes ciudades británicas, incluyendo su capital. Ninguna urbe se salvó de la fiebre industrializadora, logrando cambiar el paisaje y la distribución de los barrios ya existentes, así como la aparición de otros nuevos, más alejados, más opulentos, a las afueras de las ciudades, reservados para los privilegiados, lejos de la suciedad, la contaminación y la delincuencia del centro de las ciudades (ahora convertidos en barrios mayoritariamente obreros). La transición, por supuesto, no fue suave: colapsos, destrucción de una parte del paisaje agrario (el ferrocarril), motines, revueltas en las ciudades, protestas en el campo, epidemias de tifus y cólera, problemas de desabastecimiento, contaminación de ríos, estigmatización de barrios hasta entonces bien considerados, brechas salariales, pobreza, trabajo infantil... Sin embargo, en lo que a cultura y ciencia se refiere, la era victoriana encumbró a personajes como Charles Dickens, Thomas Carlyle, Charles Barry, las hermanas Brontë, Charles Darwin, Walter Scott, George Elliot, Lewiss Carroll, H. G. Wells, Bram Stocker, Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Elizabeth Gaskell o Arthur Conan Doyle entre otros. Pero también, el periodo victoriano fue testigo de cambios sociales realmente beneficiosos para las mujeres tales como el derecho a la propiedad después del matrimonio, el divorcio y a pelear por la custodia de los hijos tras la separación. Sin embargo, si de algo fue testigo el siglo XIX británico, fue de las manifestaciones exigiendo el voto femenino así como del nacimiento de un nuevo concepto, el de la "nueva mujer". Es en este contexto de rápidos cambios y de convulsión social en el que debemos encuadrar los relatos que componen la siguiente antología. Detectives victorianas: la lucha contra el crimen tiene nombre de mujer.  


La historia de como Detectives victorianas llegó a mis manos es bien sencilla, aunque tiene su por qué, un por qué estrictamente relacionado con mi adolescencia, momento en el que descubrí la novela policíaca. Corría el año 2009 o 2010 cuando cayó en mis manos La princesa de hielo, de Camilla Läckberg. Aún sigo sin saber quién me habló por primera vez de la autora sueca, es una laguna que mi memoria no me permite rellenar con un rostro perfectamente construido. De todas formas, lo que si recuerdo, y con especial angustia por cierto, fue ese Primero de Bachillerato tan horrible como productivo en cierto sentido, algo que lejos de finalizar, aún se prolongaría un curso más, un segundo año en el que, esta vez de verdad, iba a experimentar el verdadero miedo. Pero volvamos a aquel primer año, el año del comienzo de la angustia, en el que necesitaba desesperadamente una distracción. Por aquel entonces ya estaba sumergida en el teatro y con unas expectativas muy prometedoras de cara a las futuras representaciones que nos iban a llevar por Marano sul Panaro (Bolonia) y Navalcarnero (Madrid). Sin embargo, por las noches, cuando todo el mundo deseaba reposar la cabeza sobre la almohada, mi fuero interno rugía, ansiaba una lectura de verdad, de las que me tuviera enganchada durante semanas, días, horas. Una novela que, por supuesto, no supusiese una decepción. Quien puso en mis manos el primer ejemplar de la saga de Fjällbacka no era consciente de lo que había hecho, de toda la felicidad que durante años (pues a partir de aquel título cayeron los cinco siguientes títulos de la saga) me habían proporcionado aquellos libros, y por supuesto, su correspondiente lectura. Tras aquel empacho nórdico, cuyas consecuencias fueron mi paulatino alejamiento de todo lo que me sonase a "novela negra del norte de Europa", me acerqué a Suiza. Había oído que un autor sorprendentemente joven de aquellas tierras lo estaba petando con una novela cuyo raruno título ya inspiraba cierta curiosidad. Como no, se trató de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Ese si que me tuvo hasta las tantas, devorando cada capítulo como si no hubiese un mañana. Me duele reconocerlo pero, el baño también se convirtió en mi lugar de lectura durante aquellas apasionantes semanas. Si alguien no puede evitar la tentación de llevarse un libro para leerlo mientras hace sus necesidades en el retrete, es que el libro en cuestión es bueno, muy bueno, excelente. Perdón por la grosería, pero, seguro que he dado en el clavo. Después de aquel segundo empacho salí un tanto esquilmada, fue tanta la novela negra (hasta retorne a las y los autores nórdicos de nuevo) que leí en tan poco tiempo que me juré "nunca más". Queridas y queridos lectores, un consejo: no juréis tan a la ligera porque luego pasa lo que pasa, que caemos en la tentación de nuevo. Está científicamente comprobado, y si no, ¿cómo explicas mi recaída? Sí, de mi recaída en la novela policíaca, pero esta vez de calidad, alejada del término "best beller" y que me ha permitido conocer a lo largo de estos últimos años a autoras y autores brillantes de cuya existencia desconocía. En otras palabras, los clásicos del género. Detectives victorianas formó parte de aquel nuevo acercamiento que, lejos de pasárseme, parece ir en un controlado ascenso. Una lectura que, lejos de disgustarme, me abrió las puertas de una potente y pertinente reflexión.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Detectives victorianas, por desgracia, presenta una lectura doblemente desigual. En primer lugar, por una obviedad, ya que como siempre sucede en toda antología hay distintos niveles, estilos, perspectivas y sobre todo tramas que hacen de unos relatos mejores que otros. Es de lógica aplastante. Sin embargo, y a pesar de esta realidad, creo que estoy ante una de las antologías con mejor nivel literario, pues no ha habido ni un solo relato que no me haya horrorizado o parecido una tomadura de pelo. En segundo lugar, un clásico, de nuevo nos encontramos ante un volumen de relatos completamente descompensado en cuanto a igualdad, y no es la primera vez que la editorial Siruela incurre en el mismo error. No me tengo que ir muy atrás en su catálogo para encontrar otro ejemplo de como la desigualdad sigue imperando en las publicaciones de volúmenes de relatos (Historias de cine, publicada en el año 2017 y cuya reseña podéis encontrar si buceáis por estos lares es un ejemplo de desequilibrio y de falta de equidad). De los once relatos que componen el libro, cuatro están escritos por mujeres frente al resto escritos por hombres. ¿La única novedad? Que a Michael Sims, editor y encargado de escoger los textos de la presente edición, se le ocurrió incluir dos relatos escritos por Anna Katharine Green, una de las pioneras del género junto a C. L. Pirkis y Mary E. Wilkins, las cuales también aparecen en la antología. ¿Cuál es el problema entonces? La respuesta no puede ser más clara: equidad e igualdad significa que en una antología mixta deberían haber el mismo numero de relatos de mujeres que de hombres. Más que con la editorial (la cual no tiene la culpa de la escasa conciencia feminista de su escritor) deberíamos cargar las tintas contra Michael Sims, único responsable de que en su famosísima antología (sí, es un clásico dentro de los rescates editoriales) haya más autores que autoras. Y no me vale la excusa de que Green esté presente con dos relatos, el daño ya está hecho. Además, si la antología va sobre detectives victorianas, no habría sido más lógico prestar más atención a otras mujeres que escribían cuentos o novelas policíacas en dicha época. En fin. Una vez puestos los puntos sobre las íes, empecemos. Como ya hemos apuntado al principio de este párrafo, en Detectives victorianas hay mucha variedad dentro de un género tan aparentemente acotado como es el relato policíaco, y más estando ambientados en la época victoriana, época cumbre de este tipo de historias en parte gracias al incombustible Sherlock Holmes (creado por Athur Conan Doyle). Sin embargo, independientemente de que unos te gusten más que otros, observamos como, desde un orden cronológico bastante marcado (pues el primer relato que abre el libro es el más antiguo de los once) éstos recorren la evolución de la sociedad inglesa del XIX, así como todos los avances técnicos y cambios políticos e ideológicos que tuvieron lugar. Algo que, de cara a un lector muy predispuesto, abierto y con cierta pasión por la historia, le resultará una verdadera delicia. Siendo completamente sincera, para mi ha sido todo un descubrimiento toparme con estas historias, en especial con las de las ya mencionadas C. L. Pirkis, Mary E. Wilkins y Anna Katharine Green. El saber que en aquel vertiginoso siglo XIX existían mujeres que escribían sobre señoras de clase alta interesadas en esclarecer el último asesinato, robo o misterio acontecido en la siempre intrigante Londres no puede más que provocarme admiración. En cuanto a ellos, me quedo con "El arma desconocida" de Andrew Forrester Hijo (pseudónimo se cree que inspirado en los históricos hermanos Forrester, detectives todos) y con "Las muescas del bastón" de M. McDonnell Bodkin (quien coqueteó con la política logrando un escaño en el Parlamento y de quien el editor Michael Sims asegura "debía estar cansado"). Por último, felicitar a la editorial por la cuidada edición de este libro, empezando por su encuadernación y división de los relatos (con pequeñas biografías de las autoras y autores incluidas) y acabando por su espectacular portada, tan ilustrativa como poderosa en su mensaje.


Hemos hablado largo y tendido sobre el concepto de la "nueva mujer" en este espacio de debate y opinión. Mujeres adelantadas, que conducen automóviles, que tienen intereses intelectuales, que no se conforman con permanecer en casa al cuidado de los niños, algunas ni siquiera se plantean en tenerlos, autónomas, independientes, con opiniones propias y, por supuesto, que no dudan en subirse a una bicicleta y pedalear hasta llegar a su destino, fuese el que fuese. Nunca una portada, repito, ha contado tanto ni reflejado a la perfección lo que socialmente se asociaba con esa mujer que había venido para quedarse. Sin embargo, y aunque sé que este tema da para más de una reflexión al respecto, al reencontrarme con Detectives victorianas no he podido evitar preguntarme por las primeras, las de carne y hueso, las verdaderas pioneras en esto de investigar y combatir la delincuencia. Aquellas mujeres que se patearon las calles en busca de pruebas, indicios, testigos para zanjar sus casos sin resolver. En una pequeña investigación, descubro, para mi desgracia, que en Inglaterra, no se conocen muchos nombres de dichas mujeres, pero sí el hecho de que en 1908 la Revista Gedón recoge la noticia de la creciente incorporación de mujeres en la agencia de detectives londinense Simmond. Fuera de las fronteras británicas, las mujeres detectives y espías proliferaban. Sin ir más lejos, en Estados Unidos nos topamos con Kate Warne, la considerada como primera detective de la historia de E.E.U.U., así como otros nombres igual de ilustres como Belle Boyd (espía confederada durante la Guerra de Secesión) o Hattie Lauton (otra de las primeras detectives). Lamentablemente, en España, no conocemos el nombre de la primera mujer que combatió el crimen. De hecho, hago un llamamiento a todas y todos mis seguidores, si alguien sabe su nombre, por favor, que no se lo calle y lo escriba en los comentarios. De este modo, estaríais haciendo un gran favor a la sociedad visibilizando y rescatándola de ese olvido al que han condenado a un grueso numero de nuestras antepasadas, y de entre todas ellas, seguro que a muchas intrépidas investigadoras. Si hablamos de mujeres detectives, no podemos obviar a su antagonista, su motivación, su identidad a revelar, capturar, atrapar, enchironar. ¡Pero ojo! No todos fueron hombres, en el siglo XIX también fue testigo de las fechorías y atrocidades de mujeres cuyos nombres, esta vez sí, han conseguido pasar a la historia. Por centrarnos en la cronología que nos ocupa, es decir la era victoriana, la lista parece no acabar. Mary Ann Cotton (condenada a muerte por envenenar a su hijastro Charles Edward Cotton), Christiana Edmunds (a la que la prensa apodó como la "Asesina de la crema de chocolate) o Amelia Dyer (cuya crueldad quitando la vida a niños recién nacidos con su negocio de "baby-farming", niños no deseados a cambio de grandes sumas de dinero, no tenía límites). Pero si hubo una asesina icónica en la Inglaterra victoriana esa fue Mary Pearcey, quien el 24 de octubre de 1890 asesinó a la mujer de su amante y a su hija de pocos meses de vida. La brutalidad y el ensañamiento fueron tales que no pocos expertos señalaron la posibilidad de que en realidad Jack el Destripador fuese una mujer, y en concreto Mary Pearcy, a quien la horca puso fin a su vida con tan sólo 24 años de edad. Estas dos realidades, la de las mujeres detectives y la de las mujeres asesinas, nos viene a confirmar dos cosas. La primera, que la condición femenina no es un impedimento para que cualquier mujer con inquietudes y talento para resolver crímenes pueda llevar todo el peso de una investigación, e incluso llegar a lugares y ambientes a los que ningún hombre podría acceder sin levantar sospechas. Y la segunda, que las mujeres también pueden llegar a ser las criminales más despiadadas, sanguinarias y retorcidas de la historia. Detectives victorianas: historias de misterio, tensión, flema, humor británico, astutas investigadoras, perversas delincuentes... Una antología para leer, releer, revisar, tomar notas y guardarla como un tesoro.


Frases o párrafos favoritos:

"Al igual que Holmes, Dene es detective profesional y también una apasionada guardiana de las causas justas. Su mundo esta lleno de tragedias y desgracias, violencias alcoholizadas y traiciones familiares. En un relato, rescata a la primera esposa de un multimillonario, enjaulada y drogada, del escondite en el que muere lentamente envenenada. Aparte de ignorar la ley en ocasiones, Dene comete un solo crimen: llamar a su bulldog Toddlekins."

Película/Canción: a falta de una adaptación cinematográfica de alguno de los relatos nombrados a lo largo de esta reseña, he decidido adjuntar la pieza que me ha acompañado durante su redacción. No sé por qué, pero siempre me transporta a esta época y a su misterio.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

lunes, 7 de enero de 2019

RESEÑA: Fariña.

FARIÑA

Título: Fariña.

Autor: "Nacho Carretero (A Coruña, 1981). Empezó en redacciones y después huyó para ser freelance. Ha publicado en todo medio escrito que se le ponía a tiro, desde Jot Down al XL Semanal pasando por Gatopardo o El Mundo. Escribió sobre el genocidio de Ruanda, sobre el ébola en África, sobre Siria, sobre su tía Chus y hasta sobre su amado Deportivo de La Coruña. Actualmente es reportero en El País.  Contar la historia del narcotráfico gallego era un sueño periodístico enquistado en su cerebro desde que era un neno." (Fuente: Libros del K.O.) 


Editorial: Libros del KO.

Idioma: español.

Sinopsis: "nunca Galicia comercializó un producto con tanto éxito. Aunque ahora parezca una pesadilla lejana, en los años 90 el 80 por ciento de la cocaína desembarcaba en Europa por las costas gallegas. Aparte de su privilegiada posición geográfica, Galicia disponía de todos los ingredientes necesarios para convertirse en una «nueva Sicilia»: atraso económico, una centenaria tradición de contrabando por tierra, mar y ría, y un clima de admiración y tolerancia hacia una cultura delictiva heredada de la época de los «inofensivos» y «benefactores» capos del tabaco. Los clanes, poderosos y herméticos, crecieron en un clima de impunidad afianzada gracias a la desidia (cuando no complicidad) de la clase política y de las fuerzas de seguridad. A través de testimonios directos de capos, pilotos de planeadoras, arrepentidos, jueces, policías, periodistas y madres de toxicómanos, Nacho Carretero retrata con minuciosidad un paisaje criminal con frecuencia infravalorado. En el imaginario popular, ese costumbrismo kitsch de capos con zuecos y relojes de oro ha oscurecido el potencial destructivo de un fenómeno que arrasó el tejido social, económico y político de Galicia. Fariña incluye, además, un repaso inédito por los clanes que siguen operando hoy en día. Porque en contra de la creencia mediática y popular —tal y como demuestra este libro—, el narcotráfico sigue vivo en Galicia." (Fuente: Libros del K.O.).

Su lectura me ha parecido: apasionante, reveladora, trepidante, bien construida, sorprendente, cuyo final deja un poso de impotencia, irónicamente adictiva... Lo siento. Así de claro lo digo, siento haber creado tantas expectativas a lo largo de las últimas semanas de 2018, pero el trabajo de la crítica literaria tiene sus riesgos, como que tu opinión discierna del resto, como que ésta no sea del agrado de la autora/or, como que dediques más espacio a una serie de libros en concreto y recibir críticas por ello o que no llegues a tiempo para redactar la reseña del libro del año; que es justo lo que sucedió. La vida, como suele decirse, ha conseguido que mire el lado bueno de cada tropiezo. Y pensándolo detenidamente, he llegado la conclusión de que no hemos cambiado mucho de un tiempo a esta parte, algo que, por otro lado, hace de este día el momento más idóneo para la publicación de la presente reseña. Hace poco decíamos adiós a un 2018 cargadito de acontecimientos históricos. Algunos, como la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, la llegada de la ultraderecha al gobierno de Italia o la irrupción de Vox en las elecciones andaluzas, dan bastante miedito. Otros, como la exitosa moción de censura contra Mariano Rajoy, y consecuencia de ello, el inicio del mandato de Pedro Sánchez como presidente del gobierno de España, los veíamos imposibles. Y algunos de los más sonados en lo que a social se refiere, como la multitudinaria huelga de 24 horas que millones de mujeres secundaron a lo largo y ancho del mundo el día 8 de marzo, nos hacen pensar que no todo esta perdido y que todavía queda esperanza. Sin embargo, a lo largo del 2018 la actualidad nos dejó algunas perlitas que bien merecerían un punto y a parte en nuestro particular y breve resumen del año. Tan espeluznantes, tan increíbles, tan vergonzosas, tan anacrónicas... Parecen sacadas de la mente de Huxley, Orwell o Bradbury, pero no, fueron tan reales que muchos casi se cayeron de culo al conocerlas a través de los telediarios de todo el país. Noticias que, por desgracia, no nos son tan ajenas, que por coyuntura histórica conocemos perfectamente y que por desgracia padecimos durante gran parte de nuestra historia más reciente. Una de aquellas perlitas, o lo que es lo mismo, uno de aquellos atropellos a la libertad de expresión lo sufrió en sus propias carnes Nacho Carretero y el personal de la humilde y por aquel entonces poco conocida editorial Libros del KO cuando la mañana del 20 de febrero de 2018 se despertaron con la noticia de que el libro que hoy tengo el honor de reseñar había sido secuestrado, y por tanto, quedaba totalmente prohibida su impresión y comercialización de nuevos ejemplares del mismo en todo el territorio español. Lo malo: pérdidas millonarias que casi acaban con la editorial. Lo bueno: la inmediata elevación a los altares. Fariña: cuando el polvo blanco cubrió las costas, las casas y la memoria de los gallegos.


La historia de como Fariña llegó a mis manos no tiene desperdicio. Antes del escandalo en el que se vio envuelto el libro y su autor, a penas había oído hablar de él. Una breve reseña en medios de comunicación, alguna entrevista Nacho Carretero y un programa de Página Dos en el que se citó a dicho libro como ejemplo de ensayo periodístico actual. Hasta ahí todo lo que sabía de Fariña. Y hubiese seguido así de no haber sido por la decisión de una juez de Alejandra Pontana, cuya decisión de acordar el secuestro cautelar del libro de Carretero a raíz de una denuncia del ex alcalde de O Grove (Pontevedra) al autor y a la editorial por una supuesta vulneración de su derecho al honor. Una decisión totalmente desproporcionada, lamentable, injustificable y que suponía un fragrante atentado contra la libertad de expresión. A partir de ese momento, todo el mundo puso el ojo, el interés y su dinero sobre un texto cuya trayectoria había pasado casi desapercibida en el panorama editorial español. Si algo les gusta a las cadenas de televisión, en especial a las privadas, es la polémica, pero sobre todo el morbo que suscitan, que traducido al lenguaje televisivo se materializaría en una audiencia de proporciones estratosféricas. Mensajes de apoyo en redes sociales, debates entorno al tema con afines y detractores en horario de máxima audiencia, entrevistas a los protagonistas (incluyendo al demandante), librerías que no dudaron en manifestar su rechazo al secuestro colocando los volúmenes de Fariña en sus escaparates, campañas de crowfunding para ayudar económicamente a la editorial a hacer frente a la demanda, la velocidad a la que se vendieron los últimos ejemplares, los desorbitados precios que se ofrecían en Wallapop (se llegó a especular con que se habían vendido libros por valor de 500 o 1.000 euros al conocerse su prohibición), la proliferación de copias pirata de descarga gratuita en la red... Si la intención del ex alcalde de O Grove era la de que su nombre no se viese relacionado con el narcotráfico gallego, la magnitud de la noticia acabó devolviéndole una bofetada, pues el fenómeno Fariña no hizo más que crecer a partir del secuestro. Después, como bien sabréis, vino la serie que, casualidades de la vida, llevaba desde hacía tiempo guardada en un cajón de Atresmedia esperando su turno. Poco les faltó a las jefazas y jefazos del grupo audiovisual para sacarlo, quitarle el polvo y dar el visto bueno a su emisión. Y para colmo, la serie resultó ser una de las mejores del panorama televisivo español. Distinta, valiente, frenética, honesta, con un reparto 100% gallego, con unas interpretaciones que quitan el hipo (Javier Rey aún sigue recogiendo premios por su papel de Sito Miñanco) y en la que (¡oh cielos!) los espectadores escuchábamos más de dos palabras en gallego seguidas y a sus actores y actrices hablar el español con acento de su tierra. Nunca antes expresiones como "cara de cona", "parvo", "fillo de puta" o por supuesto "manda carallo" tuvieron tanta aceptación. Finalmente, en junio del pasado año se levantó el secuestro, algo que provocó, por un lado, que la editorial (sumida en una pesadilla económica y psicológica desde entonces) volviese a editarlo, y por otro, que las librerías se hinchasen a vender ejemplares a lo loco. Fue durante esa fiebre post secuestro, en la que la gente hacia acopio de dinero para adquirirlo, cuando una servidora se vio arrastrada por ella. La curiosidad me pudo, lo reconozco, pero a día de hoy no me arrepiento de haber comprado el libro de Nacho Carretero en formato digital. Aún a riesgo de que las expectativas quedasen finalmente frustradas por culpa de la publicidad que se le dio a la novela. De esta historia cabe extraer dos reflexiones. La primera, que la libertad de expresión en España está más cuestionada que nunca. Y la segunda, que lo prohibido, lo polémico o lo escandaloso atrae hasta al lector más inesperado.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Fariña presenta una lectura rápida, ágil, que parece desaparecer en manos del lector y  que consigue (tirando de ironía) "enganchar" desde la primera página. Reconozco, como he comentado al principio de esta reseña, que me sentí atraída por esta lectura tras el secuestro. De hecho, a medida que iba adentrándome en sus páginas, estaba deseando toparme con el nombre del ex alcalde de O Grove, José Alfredo Bea Gondar, finalmente el leer su nombre sobre el papel  poco me importó, pues todo lo que había leído antes de llegar a ese momento me dejó completamente impresionada. La relación entre el lector y el libro de Nacho Carretero es muy curiosa pues, a pesar de encontrarnos ante un ensayo, periodístico para ser más exactos, la sensación que su lectura transmite es la misma que la de estar sumergidos en una novela. Hasta los adjetivos que he empleado para describirla son los mismos que utilizaría ante cualquier ficción de calidad. Pero no, por desgracia, Carretero no nos está contando una historia inventada a pesar de mantener un pulso digno de aprendizaje. He ahí una de las virtudes de Fariña, por no decir la más llamativa junto con su contenido, tan revelador, tan bien abordado y documentado, tan perturbador... Antes de adentrarnos en su contenido, es importante señalar la presentación de los capítulos que componen el libro. Especial mención merecen los primeros, empleados por el autor única y exclusivamente para poner al lector en situación, en contexto y en los que se nos cuentan los orígenes del verdadero germen del narcotráfico gallego, lo que propicia los hechos que después continuaremos leyendo en  Fariña, que no es otro que la cultura del contrabando. No me esperaba toparme de buenas a primeras con un capítulo en el que Carretero se remontase tan atrás en el tiempo, a esos primeros naufragios documentados de la Edad Media hasta el siglo XIX, pasando por los que encallaron en sus costas durante la Edad Moderna. Fue interesante descubrir que los habitantes de los pueblos costeros ya hacían acopio de las mercancías de dichos barcos naufragados, en su mayoría ingleses. Y de todas aquellas historias, la de la leche condensada fue sin duda la más memorable y divertida. Tras estos breves capítulos, el autor entra de lleno en los orígenes del contrabando: el estraperlo. Comida, electrodomésticos, metales, armas, medicinas y hasta inmigrantes cruzaban la frontera hispano-lusa tanto por mar como por tierra. El estraperlo gallego vivió su máximo apogeo durante la dictadura Franquista, en especial durante los primeros años de la postguerra. La penicilina entonces se convierte en el bien más preciado. Pero no es hasta los años 50 cuando el estraperlo evoluciona al contrabando gracias a materiales como el cobre, la chatarra y en especial el tabaco, convirtiéndose con el tiempo en el producto estrella. Los contrabandistas, como bien cuenta Carretero, gozaron de gran simpatía entre la población, pues se les consideraban ejemplo de valentía. Se jugaban la vida cada vez que salían a descargar cajetillas de tabaco de las lanchas. Tanto es así que los niños los veían como referentes, hasta el punto de querer trabajar en ello de mayores. Todo este clima de aceptación, la tradición previa, la complicidad de la Guardia Civil (políticos, empresarios...) y la irrupción de una nueva y suculenta mercancía (el hachís y la cocaína)  fue el caldo de cultivo para que en Galicia viviese una de sus décadas más oscuras. A partir de ahí, el estilo se vuelve más duro, contundente, pues si en los primeros capítulos había lugar para la ironía y la chanza, a pesar de la seriedad de su texto, es en los capítulos siguientes donde de verdad el lector va a conocer la realidad del narcotráfico gallego en todo su esplendor. Desde capítulos dedicados a sus principales protagonistas (Sito Miñanco, Laureano Oubina, el clan de los Charlines con Manuel Charlín primero y su hija Pilar Charlín después a la cabeza y Vicente Otero entre otros), sus actuaciones, redes, capítulos dedicados a la narcopolítica y a la narcojusticia (los más escalofriantes de todo el libro), así como los entresijos de la investigación policial y la Operación Nécora. Aunque sin duda son especialmente emotivos e interesantes los que dedica a los grandes olvidados de toda esta historia como Carmen Avendaño, la cabeza más visible de la lucha contra el narcotráfico, y tantas y tantas personas que sufrieron sus consecuencias y exigieron justicia a los capos. Es un libro incómodo, no voy a negarlo, de hecho, sale todo el mundo, y cuando digo todo el mundo es todo el mundo, incluyendo varios presidentes de la Xunta (sí Feijoo, tú y el yate, por supuesto que sales), empresarios varios, altos mandos de la Guardia Civil e incluso un ex presidente del Gobierno (M. Rajoy, al que no dudaron en darle la patada desde su tierra por negarse a convivir con los contrabandistas). Para finalizar este apartado más crítico, me limitaré solamente a decir que, de no haber sido por el bombo mediático, es muy probable que no hubiese leído Fariña. Sin embargo, esta lectura en concreto (a pesar de no ser el primer ensayo periodístico que leo) me ha introducido en un tema, el narcotráfico, que ha despertado mi interés. Es posible que tras Fariña caigan en mis manos otros libros de un estilo parecido, como los de Roberto Saviano. De hecho, y corregirme si me equivoco, probablemente Carretero le deba mucho a Saviano, y no sólo en lo que a su trepidante estilo se refiere. No sé si Fariña pasará a la historia, lo que si sé es que se hablará mucho de este libro, para bien o para mal, durante unos cuantos años.


Este 2019 está a punto de conmemorarse un terrible aniversario, un acontecimiento con el que muchos, por desgracia, amanecimos. Una de esas noticias que nunca desearías escuchar, y menos en un país donde se supone que la libertad de expresión goza de buena salud, o eso es lo que creíamos. Ya se nos había olvidado el vergonzoso incidente con los titiriteros cuando de pronto la historia comenzó a repetirse, materializada en las ya conocidas "24 horas más oscuras". La mañana del 20 de febrero de 2018, el mismo día que se conoció la noticia del secuestro de Fariña, el Tribunal supremo ratificó la sentencia a tres años y medio de cárcel que previamente había impuesto la Audiencia Nacional al rapero Valtonyc. Sus delitos: el enaltecimiento del terrorismo e injurias en la corona presentes en sus versos de rap. Al caer la noche le llegó el turno a Nacho Carretero y su Fariña. Pero lejos de finalizar, la actualidad más acuciante nos tenía preparado un último acto en forma de censura artística. A la mañana siguiente, el artista Santiago Sierra era testigo de como la organización de ARCO (la exposición más importante de arte contemporáneo y abstracto de España) retiraba su obra Presos Políticos en la España Contemporánea (en la que aparecían pixelados los rostros de Oriol Junqueras, Jordi Cuixart y los de los jóvenes de Altsasu entre otros) de las paredes a instancias de IFEMA. La verdad cabrea, y a juzgar por las citadas y desproporcionadas decisiones que se tomaron al respecto, también es motivo de prohibición, ocultación... En definitiva, de censura. ¿Cómo es posible que un ensayo, una canción o una obra artística sean ofensivas? ¿No lleva la humanidad asistiendo a ataques contra la libertad de expresión desde que el mundo es mundo? ¿Por qué nos escandalizamos? ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué es lo que en los últimos años ha provocado infinidad de denuncias surrealistas que, bajo el paraguas del "delito de odio", han conseguido sentar en los tribunales a cantantes, tuiteros, actores, escritores, grupos artísticos feministas o a cofradías de fiestas patronales? Lejos de entrar en polémicas, aunque sé que acabaré pronunciándome al respecto a lo largo de este párrafo, sólo me limitaré a, en el caso de Fariña, resumirlo en una frase: que aburrido sería el mundo sin la polémica o lo que la gente cree por polémica. Ojo ante la volatilidad de interpretaciones y subjetividad que encierra dicha palabra. Lo que a uno le puede parecer polémico, otro lo puede ver como lo más normal del mundo o extraer una reflexión, pues lo polémico muchas veces suscita urgentes debates. Aunque, si volvemos a Fariña, "polémico" no es el adjetivo que mejor le definiría, sino "reveladora", pues independientemente de que te guste o no su estilo, Carretero nos revela una realidad, la de la Galicia de los años 80 y 90 del pasado siglo, la de una Galicia que a punto estuvo de ser engullida por el narcotráfico, una Galicia dividida entre los que se lucraban del negocio y los que, hartos de ver a sus hijos morir, protestaron frente a sus grandes mansiones. Una Galicia que, con el beneplácito de sus gobernantes, casi se convierte en la Sicilia del Atlántico. Una Galicia que creemos conocer pero que en realidad se aleja de su estereotipo más reproducido. Una Galicia a la que aún le quedan muchos años de desintoxicación. A veces es necesaria la irrupción de este tipo de libros (ensayos periodísticos ajenos al sensacionalismo) para conocer una realidad. Choca que lo diga alguien que siempre ha abogado por los manuales y lecturas especializadas de historia (y a la que por cierto le molesta ver como periodistas escriben libros académicos de historia), pero en esta ocasión, como en tantas otras, la crónica periodística puede ayudar a la historiadora/or a aproximarse a una realidad y sobre todo a un lenguaje, a unas costumbres y lo más importante, la mirada con la que se cuentan X hechos. A sangre fría de Thruman Capote se ha convertido en una fuente imprescindible para muchos historiadores, ¿por qué no iba a engrosar Fariña esa exclusiva lista en la que, por supuesto, no todos son bienvenidos? Por todo ello, y por el bien de todas las profesiones relacionadas con lo literario, intelectual o artístico, pido a  particulares anónimos y a asociaciones varias (cuyos nombres son de sobra conocidos) que por favor nos dejen en paz. La verdad (expresada por medio de cualquier disciplina) escuece, emociona, remueve estómagos, provoca solidaridad, empatía, asco, impotencia, ganas de cambiar las cosas... ¿De verdad nos quieren privar de todo eso? Fariña: una historia de avaricia, pobreza, complicidad, desfachatez, corrupción, muerte... La ventana a la que muchos no querrían asomarse.

Frases o párrafos favoritos:

"La joya de la corona era el cabo Finisterra, fin de la Tierra para los romanos, embarcadero de Caronte para los griegos, kilómetro cero del Camino de Santiago para los cristianos y un precioso cabo colgando al Atlántico para el visitante común. También un excelente y escarpado escenario para descargar fardos."

Película/Canción: el año pasado se estrenó la adaptación televisiva del ensayo de Nacho Carretero con las interpretaciones de Tristán Ulloa, Javier Rey, Antonio Durán "Morris", Carlos Blanco, Isabel Naveira, Tamar Novas y Marta Larralde entre otros. Con la crítica y el público en el bolsillo, no ha dejado de recibir reconocimientos y prestigiosos premios. Entre ellos, el Ondas 2018 a la mejor serie y los premios Iris 2018 a la mejor ficción, mejor actor protagonista, mejor dirección y mejor guión. Actualmente cosecha tres nominaciones a los Premios Feroz. Aquí os adjunto la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña, banda sonora por supuesto de la serie.



¡Un saludo y a seguir leyendo!