Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 7 de mayo de 2022

RESEÑA: Ayer

 AYER


Título: Ayer. 

Autora: Agota Kristof ((Csikvánd, Hungría, 1935 - Neuchâtel, Suiza, 2011). Por motivos políticos tuvo que exiliarse de su país para, en 1956, instalarse en Suiza. Tras cinco años trabajando en una fábrica de relojes, Kristof decidió aprender francés, lengua en la que escribió en 1986 su primera novela, El gran cuaderno, primera pieza de la trilogía protagonizada por Claus y Lucas, a la que seguirían La prueba (1988) y La tercera mentira (1992). Ha escrito otras obras de teatro y de narrativa, entre las que se encuentra el relato autobiográfico La analfabeta (2004), en el que Kristof recoge una breve parte de su intensa vida. Sin embargo, la trilogía de Claus y Lucas se sigue considerando su obra maestra, por la que recibió importantes galardones como el Alberto Moravia en Italia, el Gottfried Keller y el Friedrich Schiller en Suiza y el premio austriaco de Literatura Europea.


Editorial: Libros del Asteroide. 

Idioma: francés. 

Traductor: Ana Herrera. 

Sinopsis: Sándor Lester, exiliado en una fría ciudad europea, lleva una vida solitaria y monótona. Inmerso en una rutina alienante en la fábrica de relojes en la que trabaja, pasa sus ratos libres escribiendo, frecuentando a gente en su misma situación o en compañía de Yolande, una mujer a la que no ama. Un día conoce a Line, una nueva empleada de la fábrica que procede del mismo país. Aunque está casada y tiene una hija de corta edad, Sándor se enamorará de la recién llegada y entre los dos surgirá un vínculo tan íntimo y esencial como doloroso y destructivo. 

Su lectura me ha parecido: breve, precisa, desasosegante, sin artificios, al hueso, tristísima, lírica, tosca, sombría, melancólica, impactante... La primera vez que leí a Agota Kristof me adentraba en la milla de oro de mi ciudad. Amparada en el nombre de un poético autor, sus portales no eran de otro mundo, ni sus balcones, ni siquiera los seguratas-porteros que las custodiaban. No como sus tiendas de decoración minimalista y letreros tan estilosos como relevadores en cuanto a su caché o valor de mercado. Esas cuyos escaparates parecen gritarte lo mucho que molan, lo caras que son y que jamás podrás si quiera poner un pie en ellas. Cruzar la barrera que separa a quienes frecuentan los alrededores del Mercado de Colón y los que nos tiramos a las rebajas de cualquiera de las tiendas que riegan la calle Colón pertenecientes al imperio Inditex. Emma Stone o Alicia Vikander te saludan, pretenden calar entre el populacho, venderte la idea de que, aunque no te puedas permitir un bolso de Louis Vuitton o una escultura de Lladró, siempre quedará la ilusión, el deseo, la fascinación por aquello que jamás podrás poseer. Una frialdad calculada escondida tras los ojos verdes de la primera y los almendra de la segunda. Entre clase y clase de un curso del paro que estaba realizando en unas oficinas situadas al principio de aquella calle y tras una rápida pero embelesada contemplación a la explosión de Rococó que representa el Palacio del Marqués de Dos Aguas, se me ocurrió empezar la lectura que llevaba tiempo postergando, sin saber muy bien porqué. Quedé tan atrapada por aquellas primeras descripciones de los horrores más perturbadores, terroríficos y escatológicos incluso de la guerra que estaba teniendo lugar en las páginas y en la película que estaba construyendo en mi imaginación que casi llego tarde a la explicación sobre el la comunicación en Facebook. Recuerdo que durante las horas que sucedieron a aquella lectura no pude pensar en otra cosa que no fuese en esa abuela rolliza, malvada y guarra - de no lavarse en un mes, entiéndase - y en lo mucho que, a pesar de detestarla a rabiar, me estaba fascinado como personaje. En mi memoria resurgió Annie Wilkies, protagonista de Misery, psicópata de la página en blanco, sádica pesadilla nocturna a la que mi yo adolescente había aupado al Olimpo de la creación literaria. Flechazos que, tanto en un caso como en el otro, he conseguido mantener intactos y firmes, defendiéndolos hasta la saciedad allá por donde voy. Continué en los días posteriores, la pasión fue en aumento, a pesar de haber dejado atrás esa burrada llamada El gran cuaderno. Cada una de las tres entregas de la trilogía me despertaba sentimientos bien diferentes, pero todos convergentes en la figura de su autora, de quien los había plasmado sobre el papel, de una mujer llamada Agota Kristof que, para mi sorpresa, escribió aquello en una lengua que no era la suya, sino en una que le vino de improviso, sin desearlo y a la que se tuvo que acostumbrar si quería prosperar allí donde la habían acogido en calidad de refugiada política. Entonces pensé que el descubrirla frente a uno de los edificios más bellos de la ciudad resultaba irónico, ahora siento que Agota se ha convertido en una autora de mi canon personal, tan imprescindible como rica en su forma de aproximarse a lo molesto, visceral, crudo. En otras palabras, aquello que no queremos ver. Luego amplías, lees otros títulos, te empapas de ellos sabiendo que, aunque no estén a la altura de la obra cumbre, Agota jamás defrauda. Ayer: el dolor del exilio, del pasado y de la creatividad ahogada en el trabajo mecánico. 


La desolación que una siente una vez pone punto y final a la lectura de esta pequeña novela debería ser una advertencia, sobre todo si la o el lector que se aventura a adentrarse en ella lo hace desde un ímpetu descontrolado. De todas formas, no hay nada mejor que iniciarse en la prosa de Agota que por este pequeño y amargo bombón de licor. Tan amargo que una servidora se estremece con tan solo recordarlo. Y es que la historia de Sándor Lester - magnífica elección del nombre en un claro homenaje al también expatriado Sándor Marai - actúa como vehículo narrativo así como catalizador de todas las emociones que su autora decide transmitir a través de él. Sosteniendo todo el peso de una trama que, a pesar de su aparente sencillez, esconde matices dignos de mención. Sándor es uno de los personajes más tristes de la literatura, al menos de la literatura a la que una ha accedido por el momento. Un rostro compungido, ausente, que se deja llevar por la inercia de un trabajo mecanizado y tremendamente alienante - esa gris fábrica de relojes - atormentado por un pasado que trata de dejar atrás y cuya única vida social fuera del trabajo la componen Yolande - una mujer con la que se acuesta pero no ama - y los exiliados del bar que, como el propio Sándor, no consiguen adaptarse al país que, por diversas circunstancias, han tenido que huir. Un hombre de imperturbable rostro, a lo Buster Keaton sin gracia, con frustrados sueños de grandeza literaria, ya sea por su falta de disciplina o por su falta de talento, ahí el lector es el que debe opinar. Imágenes que compone en su cabeza, sobre el papel o en la cárcel de tinta negra de la que jamás logran salir. La llegada de Line, una mujer casada y madre de una hija procedente del lugar en el que nació Sándor, pondrá patas arriba la anodina existencia del protagonista. Introduciendo a la o el lector en un juego literario en el que la ambigüedad jugará un papel fundamental. Una relación platónica en la que nos moveremos entre la cruda realidad y los deseos del propio protagonista, creando una tensa incertidumbre entre lo que es real y no, entre lo que está pasando y lo a Sándor le gustaría que pasase. Lo poético y onírico, a su vez, se cuelan en la narración de Kristof, otorgando al relato un toque más extraño y bello en una trama ya de por si oscura, convirtiéndose en el contrapunto necesario para sostenerla. Su parquedad narrativa - frases cortas, desnudas, carentes retórica banal, capaces de helar la sangre - así como ese toque siempre autobiográfico - la autora también trabajó en una fábrica de relojes - contribuyen, por otro lado, a ensombrecer más la narración. Y es que aunque ese punto lírico se cuele entre diálogos y descripciones, es importante mantener el sello de identidad, esa marcada personalidad que siempre ha caracterizado a Kristof tanto en su vertiente más larga - Klaus y Lucas - como en su faceta más sintética - Ayer -. Y aunque posea ciertos giros que te cambian de golpe y porrazo la percepción que tienes (y sientes) hacia los personajes, lo cierto que para una servidora esta nouvelle no se puede ni siquiera comparar con aquella magnífica trilogía que tanto me marcó, de hecho, por muy bien escrita que esté, no está ni siquiera a su altura. Sin embargo, esta lectura no solo me ha hecho admirarla más, también explorar otros campos temáticos al rededor de los que articular una trama, tales como la alienación que provoca el trabajo mecanizado - y su consecuente sometimiento psicológico - además del naufragio de las ideas literarias, de esos pequeños rayos de esperanza en unas circunstancias en las que ni el propio contexto ni el propio protagonista que las alumbra tienen cabida. Agota se condensa, se encoge, se atenúa; pero incluso achicándose escribe las mejores historias. Aunque tras su lectura te entren ganas de meterte en la cama, taparte con una manta y derramar alguna lágrima, como Sándor, en la más absoluta soledad. 

Ayer: una historia de decepciones, huida, asfixia, lírica lóbrega, frialdad, abatimiento, autoengaño, perturbación, destierro... La perfecta entrada al universo literario de Agota Kristof. 

Frases o párrafos favoritos: 

"En la cabeza todo se desarrolla con dificultad. Pero, en cuanto se escribe, los pensamientos se transforman, se deforman y todo se vuelve falso. A causa de las palabras."

"El tiempo se desgarra. ¿Dónde encontrar los descampados de la infancia? ¿Los soles elípticos paralizados en el espacio negro? ¿Dónde encontrar el camino volcado hacia el vacío? Las estaciones han perdido su significado. Mañana, ayer, ¿qué significan esas palabras? Solo existe el presente. En un momento dado, nieva. En otro, llueve. Luego hace sol, viento. Todo eso es ahora. No ha sido, no será. Es. Siempre. Todo a la vez. Ya que las cosas viven en mí y no en el tiempo. Y en mí, todo es presente."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide

miércoles, 31 de octubre de 2018

RESEÑA: Cárcel y Estrofas del éter.

CÁRCEL Y ESTROFAS DEL ÉTER


Título: Cárcel y Estrofas del éter.

Autora: Emmy Hennings (Flensburgo 1885-Sorengo-Lugano 1948), escritora y actriz alemana, es conocida por formar parte del germen del movimiento DADÁ al poner en marcha el Cabaret Voltaire en Zúrich en 1916, junto a su pareja sentimental, Hugo Ball. Sin embargo, Hennings ya tenía una prolongada carrera artística en el seno de la cultura expresionista alemana, como actriz y cantante de cabarets, y con poesía publicada desde 1913 en libros y revistas. Además, le acompañaba una biografía bastante turbulenta que incluía la adicción a las drogas, la prostitución y episodios carcelarios que relataría en su primera novela, Cárcel (1919). Tras la peripecia dadaísta, de la que ella y Ball reniegan muy pronto, ambos deciden llevar una vida ascética en el cantón suizo de Tesino, desde donde no dejó de publicar de forma continuada - y en el olvido - novelas, poemarios, relatos y libros biográficos." (Fuente: El Paseo Editorial).




Editorial: El Paseo.

Idioma: alemán.

Traductor: Fernando González Viñas.

Sinopsis: "aquí se reúnen, por primera vez en nuestro idioma, sus creaciones más célebres: su novela Cárcel (1919), donde relató su estancia en presidio, con un estilo totalmente desacostumbrado en su época y ciertas formas desapasionadas que prefiguran la narración existencialista; y la antología de su primera poesía, titulada Estrofas del éter, que añade a su primer poemario publicado, La última alegría (1913), piezas aparecidas en las revistas expresionistas y dadaístas entre 1915 y 1916, y en cuyo conjunto resulta un pionero canto a la vida en el límite." (Fuente: El Paseo Editorial).

Su lectura me ha parecido: desprejuiciada, libre, directa, descarnada, muy crítica, intensa, con inesperados toques de humor, un milagro...Queridas lectoras y lectores, la historia nunca dejará de sorprenderme para bien pero también para mal, no hay término medio. Cuando te repiten constantemente, por citar un ejemplo, que en el año 1962 le concedieron el Premio Nobel de Medicina a James Watson, Maurice Wilkins y a Francis Crick por descubrir la estructura molecular del ADN en el año 1953 te lo crees. Lo pone en los libros de texto, la profesora o el profesor de turno lo menciona en clase, ¿existen motivos para desconfiar de dicha información? Ninguno aparentemente. No obstante, en cuanto haces un poco de trabajo de campo, en otras palabras, en cuanto tecleas la palabra ADN en Google, y buscas donde nadie buscaría, te topas con un nombre de mujer: Rosalind Franklin. Una científica británica, apasionada de la química y por desgracia, la gran olvidada en toda esta historia. Franklin trabajó y formó parte del equipo que realizó tan importante descubrimiento, además de averiguar la estructura de los virus tras horas y horas pegada al microscopio. Sin embargo, las actitudes machistas de sus compañeros de laboratorio (y el mundo de la ciencia en general) y una temprana muerte a los treinta y siente años (provocada sin duda por las prolongadas exposiciones a la radiación durante sus experimentos) le privaron del reconocimiento que merecía. El de Rosalind Franklin es un ejemplo, sí, pero no el único. No os imagináis la cara que se me quedó cuando descubrí que uno de los fundadores del movimiento Dadaísta (uno de los más extravagantes e influyentes de la historia a nivel cultural) fue una mujer llamada Emmy Hennings, cuya biografía no puede ser más apasionante y turbulenta a partes iguales. Esta claro que existe un complot patriarcal para que estos nombres no resuenen en los ecos de la historia. Por fortuna, somos muchas las personas que deseamos conocerlas y parece que las editoriales pequeñas son de nuevo las que primero responden a nuestra insistente llamada. Cárcel y Estrofas del éter: lo mejor que he leído en este 2018.

La historia de como este libro llegó a mis manos se podría resumir en la siguiente frase: "tenía hambre de autoras nuevas y desconocidas." Pero seamos sinceras, si lo dejase ahí la reseña perdería toda su gracia. Si de algo estoy orgullosa es de poderos contar, hasta donde me alcanza la memoria por supuesto, los pormenores de mi relación con el texto literario en cuestión, desde el momento en el que mis ojos se posan por vez primera en su portada hasta el día en el que, tras haber puesto punto y final a su lectura, me enorgullezco o me arrepiento de haberme adentrado en él. Así que, lectoras y lectores que visitáis este cibernético portal dedicado a los libros, permitidme esta pequeña licencia.  Regresando al tema que nos ocupa, Emmy Hennings y todo su ingenio y creatividad aparecieron por sorpresa en mi vida en un momento de crisis. No de índole personal, ni profesional, sino lectoril, en otras palabras, que estaba bastante saturada de leer obras consideradas clásicos de la literatura universal. Nunca os miento, y menos en este espacio, pero no puedo negar que a veces es necesario desconectar de ellos por unas semanas. Apoyo y defiendo firmemente la lectura de los clásicos, de hecho, si son clásicos será por algo, por lo que su lectura al menos esta a priori justificada. Pero también recomiendo, aunque suene un poco basto, que los mandéis "a tomar por saco" de vez en cuando. Siempre podréis acudir de nuevo a ellos y os aseguro que nadie os mirará mal si decís que todavía no os habéis leído El Quijote o La Divina Comedia antes de los treinta años. Pues bien, una servidora se encontraba ante un panorama desolador, tremendo, en el que nunca antes me había hallado. De hecho, casi tomo la drástica decisión de no leer en una buena temporada (lo que a libros se refiere claro; la Muy Historia, Fotogramas y los prospectos de los medicamentos no entran dentro de esa categoría). Por ello, cuando Emmy Hennings (porque fue ella, sólo ella) entró primero por mis ojos para después propagarse directa al resto de sentidos, la sensación que experimenté fue similar a la de beber agua cuando estás al borde de la deshidratación. Es exagerado, lo se, y no me arrepiento de hacer esta comparación porque, de verdad, así fue como ocurrió. Me motivó, como he dicho al principio, el hecho de que buscase desesperadamente escritoras desconocidas o semidesconocidas para el público en general, pero también esa desconexión de la complejidad y estilo retórico de otras obras. El aire comenzó a soplar de nuevo, colándose en mi cuarto, moviendo la cortina, inundando de frescura la estancia, una frescura llamada Emmy y apellidada Hennings. Y dicho esto, ya que estamos, me gustaría dar un abrazo, aunque sea virtual a El Paseo, editorial responsable de haber apostado por esta autora. Gracias, muchas gracias, habéis hecho un gran favor a los lectores españoles traduciendo y publicando esta maravilla.

En lo que a la reseña se refiere, comenzaremos apuntando que la editorial, muy acertadamente, nos trae dos propuestas, dos textos, dos creaciones literarias estructuralmente muy diferentes entre si (una es una novela y la otra un conjunto de poemas) pero que en esencia reflejan a la perfección tanto el estilo como la personalidad de su autora. En esta crítica abordaremos ambas facetas, desde la profesionalidad, pero también desde la brevedad, aunque ya advierto que en lo que a Emmy Hennings se refiere hay mucho que decir. Lo primero que el lector ve nada más tomar este libro entre sus manos es su extraña portada. Oscura, con una gama cromática nada atractiva, incluso da la sensación de que estuviese cubierto por una ligera capa de polvo. ¿Metáfora acaso del olvido al que se ha condenado a su autora? Pronto descubrimos que la mujer que aparece en el centro es precisamente Emmy Hennings, ataviada con un vestuario que nos recuerda a tiempos pasados y con una pose nada natural, lo que nos hace suponer que ésta instantánea fue tomada a propósito o durante alguna representación dadaísta. No lo sabemos. Sin embargo,sin darnos cuenta, ésta nos ha metido de lleno en lo que encontraremos en su interior, que no es otra cosa que Cárcel y Estrofas del éter. En primer lugar, centrándonos en Cárcel, una especie de novela corta que en cuanto a extensión se ajusta perfectamente a los cánones de la época pero de cuyo contenido no podemos decir lo mismo. Hennings no se anda con rodeos y enseguida, desde la primera línea, mete al lector en la historia. Lo que no consiguieron otros escritores en obras más importantes y que han pasado a la historia de la literatura, Hennings lo consigue fácilmente. A partir de ahí, el lector se adentrará en un viaje lúgubre en el que será testigo directo de una experiencia terriblemente verídica narrada desde un momento cronológico no muy alejado de los años en los que ésta aconteció. ¿Es una crónica? No, mejor aún, es una autobiografía novelada. Las autobiografías, en su inmensa mayoría, suelen ser bastante pesadas, hasta el punto de que como no estés interesado de verdad en ese personaje concreto que narra su historia, es fácil que acabes abandonando su lectura y no regreses a ella nunca más por el trauma que ésta te ha dejado. Los detalles morbosos, tales como los líos románticos o los secretos inconfesables, a veces no son suficiente. Sin embargo, al ser una autobiografía novelada, nos encontramos con una narración mucho más ágil, que entra mejor por los ojos del lector y que, en este caso específicamente, su estilo entre amargo, expresionista (tan típico de la época) y con inesperados toques de humor hacen de éste un libro para el recuerdo y digno de recomendación. Cárcel narra la experiencia carcelaria que sufrió la autora durante dos meses por haber robado cuatro perras a un cliente mientras ejercía la prostitución. Porque sí, estamos ante una mujer que fue prostituta, cabaretera, morfinómana, actriz, cantante y poeta en tiempos de caos que supo rodearse de algunos de los grandes artistas del momento. Una influencia que resultaría determinante en su vida y que acabó sacando lo mejor de ella, artísticamente hablando. Además de evidenciar un estilo literario tan estridente como el mundo que la rodeaba, Cárcel es en última instancia una denuncia al sistema penitenciario, policial y judicial de la época. Algo que no debería sorprendernos a priori, son muchos los escritores que han bebido de su experiencia en prisión para criticarlo a través de novelas o ensayos, pero que, no obstante, llama la atención. La mirada no es la misma, y eso debería servir de aliciente para que los lectores se interesasen por este libro. En segundo lugar, este volumen contiene, a parte de una selección de fotografías cuya función es puramente didáctica, una selección de poemas que bajo el título Estrofas del éter, cobran mayor interés. Ya he contado en más de una ocasión que la poesía no había sido uno de mis géneros predilectos de lectura, y sigue estando ahí, relegada a un segundo plano. Pero permitirme que en esta ocasión me salga de mi zona de confort y os recomiende leer la poesía de Emmy Hennings. No hay humor dentro de lo trágico, como si ocurre con Cárcel, pero si desolación, tristeza, desamparo, vacío, soledad y sobre todo adicción, mucha adicción. Creo que no he leído algo tan próximo a la dependencia en mi vida. Hennings te agarra, te sacude, te remueve el estómago con sus palabras, con esos deseos de consumir morfina, con esa oscuridad que se cierne sobre ella cada vez que finaliza una función en el cabaret. Si en Cárcel vemos a la Emmy más literaria y lúcida (a pesar de las circunstancias en la celda) aquí contemplamos a la Emmy desgarrada, cuyo único consuelo es sucumbir a las drogas para conseguir olvidar su complicada existencia. De nuevo autobiográfica, y una vez más, sobresaliente.


"Siempre hemos sentido lo mismo, sólo que lo vemos desde un punto de vista diferente." Estas palabras pertenecen al cantante, músico, compositor y polémico Premio Nobel de Literatura norteamericano Bob Dylan. Una frase que caería en saco roto de no ser porque tiene toda la razón del mundo. Los seres humanos tenemos los mismos sentimientos, que podría equivaler también a nuestra capacidad de reacción ante una situación determinada, pero la diferencia radica en que no todos somos iguales ni todos observamos igual. Si algo me ha enseñado la carrera de historia es la diferencia que hay a la hora de relatar experiencias personales, cuyos testimonios son en ocasiones la base de artículos, libros o estudios académicos muy importantes. Trabajos en donde el historiador busca, encuentra, escucha, los coteja con la información existente, los encuadra en el contexto y finalmente, si es conveniente, los incluye en dicho escrito para su futura publicación. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué saco a relucir este tema? ¿Qué tiene que ver con Emmy Hennings y su producción literaria? La respuesta a todas esas preguntas es muy simple: la historia de las mujeres, y su experiencia personal, ha sido ignorada durante años por los historiadores. Antes, la historia la contaban los protagonistas, en donde, y esto es cierto, encontramos a más de una mujer (monarcas, guerreras, nobles...). Luego, con la llegada de los estudios postcoloniales, comenzó a existir una preocupación por lo anónimo, por la sociedad en general, por aquellas personas que desde los márgenes de la historia nos podían relatar su opinión acerca de un tema concreto del pasado. Y centrándonos en el tema que nos ocupa, el tema de las cárceles a lo largo de la historia ha suscitado gran interés desde este punto de vista. Sin embargo, hasta hace cuatro días, el historiador había centrado sus escritos desde una perspectiva completamente masculina. Esta bien que la sociedad conozca como era el día a día en las cárceles de hombres a principios de siglo XX en Alemania por ejemplo, pero, ¿y las mujeres? ¿Qué ha sido de ellas? ¿Acaso no eran encarceladas igual que los hombres? Pero claro, su historia no era tan interesante, ¿Qué podían aportar que los testimonios de ex presidiarios no aportasen? Fácil: otra mirada, otra visión, o como dice Dylan, otro punto de vista. Porque la verdad sea dicha, el trato a las mujeres en las instituciones penitenciarias era terrible, si, pero la forma de ejercer la violencia o el temor era diferente a la ejercida contra los hombres. Incluso en la vida cotidiana en la cárcel la diferencia entre sexos, en lo que a trato se refiere, era distinta. Emmy Hennings ofrece mil y un ejemplos al lector de lo que sucedía dentro de la cárcel, de como eran tratadas las mujeres y de como hacían para sobrevivir entre rejas. Este es un ejemplo, pero lo que quiero decir con todo esto es que hay que escuchar a las mujeres. No podemos, como historiadores que somos, ignorar la historia de la mitad de la humanidad. Está en nuestras manos darles voz y difusión, para que como Emmy Hennings no desaparezcan. Pero también es trabajo del lector, porque, ¿de qué sirve el trabajo empleado si luego quien recibe esa información la tira a la basura? Hay que ser más conscientes del mundo en el que vivimos, y de que la voz de una mujer tiene el mismo valor que la de un hombre. Solo de esta forma entenderemos nuestra propia historia y esa violencia especifica durante años ejercida contra el sexo femenino. Cárcel y Estrofas del éter: unos textos sinceros, vanguardistas, terribles, lúcidos, que golpean al lector... La excusa para descubrir a la olvidada dama del Dadaísmo.

Frases o párrafos favoritos:

“En el patio de la prisión preventiva vi la sonriente superioridad de los rostros de las mujeres y muchachas que hacen la calle; de las muchachas que vencen y son suficientemente gallardas como para declararse vencidas. Tamaña amabilidad parece ser peligrosa, pues se la encierra entre sólidos muros”.

Película/Canción: a falta de encontrar algún video más o menos bueno sobre Emmy Hennings, os adjunto el enlace de una película dadá. Cercano a las performances de hoy en día, el movimiento Dadaísta sirvió de trampolín para que muchas mujeres desarrollasen sus respectivas facetas artísticas dentro de los terrenos de la pintura, la música, el cine, la literatura o el teatro. Por desgracia, muchos de sus nombres nos son hoy completamente desconocidos.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de El paseo editorial

jueves, 18 de septiembre de 2014

RESEÑA: La verdad sobre el caso Harry Quebert

LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT

 
Título: La verdad sobre el caso Harry Quebert.
 
Autor: Joël Dicker (Suiza 1985). Su primera novela Los últimos días de nuestros padres, que Alfaguara publicará en 2014, está basada en la desconocida historia de una unidad de inteligencia británica encargada de entrenar a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y resultó ganadora en 2010 del Premio de los Escritores Ginebrinos. Su segunda novela, La verdad sobre el caso Harry Quebert (2012), descrita como un cruce entre Larsson, Nabokov y Philip Roth, ha recibido el favor del público y de la crítica más exigente, y ha sido galardonada con el Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa, Su traducción a treinta y tres idiomas la conforma como el nuevo fenómeno literario global.
 
 
Editorial: Alfaguara.
 
Idioma: francés.
 
Traductor: Juan Carlos Durán Romero.
 
Sinopsis: Quién mató a Nola Kellergan es la gran incógnita a desvelar en este thriller incomparable cuya experiencia de lectura escapa a cualquier tentativa de descripción. Intentémoslo: una gran novela policíaca y romántica a tres tiempos (1975, 1998 y 2008) acerca del asesinato en la pequeña ciudad de Aurora, New Hampshire, de una joven de quince años. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor, Harry Quebert, autor de una aclamada novela, y descubre que éste tuvo una relación secreta con Nola Kellergan. Poco después, Harry es arrestado, acusado de asesinato, al encontrarse el cadáver de Nola enterrado en su jardín. Marcus comienza a investigar y a escribir un libro sobre el caso. Mientras intenta demostrar la inocencia de Harry, una trama de secretos sale a la luz. La verdad sólo llega al final de un largo, intrincado y apasionante recorrido.
 
Su lectura me ha parecido: maravillosamente perfecta, como esas historias de amor que duran para toda la vida, convirtiéndose de ese modo en eternas e inquebrantables. Queridos lectores y lectoras, en muy pocas ocasiones leeréis las palabras con las que he iniciado esta reseña, a las que por cierto, añadiría que nos encontramos ante una obra maestra, ante un libro que va más allá del best seller corriente y moliente, que demuestra que es algo más que una simple novela de misterio con tintes policíacos, una historia que no tiene desperdicio, que directamente engulle al lector, una trama tensa y concienzudamente estructurada, una narración original a la par que ambiciosa, un libro que obliga al lector a no despegar los ojos de las páginas, que sorprende con giros, giros y más giros, todos inesperados. El deleite para todo aquel que quiera o que entre sus ambiciones esté la de ser escritor, debe adentrarse. Para quién busque emoción, intriga, acción novelística y mucho, mucho, mucho secreto oculto; esta es su novela. Chicos, antes de continuar con la reseña os diré que muy pocas veces tenemos el privilegio de toparnos con libros así y que relatos como este demuestran que hay oro puro entre tanto best seller comercial. Amigos y amigas, con todos ustedes: La verdad sobre el caso Harry Quebert, la gran revelación en el mundo de la narrativa.
 
 
Mi historia con este libro siguió una línea muy curiosa  y que, la verdad, podría haber sido menos enredada si hubiese mostrado muchísimo interés por leer esta novela. Veréis queridos lectores y lectoras, yo ya había visto La verdad sobre el caso Harry Quebert en las librerías más importantes de mi ciudad, y por supuesto, también conocía las buenas y grandilocuentes críticas. Sin embargo, no fue hasta que se lo vi leer a un buen amigo de la facultad, el pasado curso, en un intermedio entre clase y clase. Recuerdo que aquel día charlamos animadamente del libro en cuestión, y como era previsible, me recomendó su lectura. A los pocos días y sucumbiendo a la tentación, cogí prestado el libro de la biblioteca de mi barrio, sin embargo, algunas lecturas y los trabajos de la facultad absorbieron todo mi tiempo, y sin darme cuenta, me percaté que ya quedaba un día para devolverlo, y que sólo había alcanzado a leer las tres primeras páginas de la novela, las cuales, no lograron impacto alguno en mi, pues mi cabeza estaba sumida en preocupaciones mayores. Al día siguiente inicié mi habitual camino hacia la biblioteca, para devolver el libro, sin imaginarme, ni por asomo, que La verdad sobre el caso Harry Quebert volvería a mis manos más pronto que tarde, envuelto en papel de regalo, en plenas navidades. No obstante, y aunque la novela ya formaba parte de la particular biblioteca que tengo en casa, tardé un tiempo en atreverme con su lectura, de hecho, mi madre saboreó su lectura antes de que yo pudiese por fin, hacerme el ánimo, y adentrarme en sus páginas. Fue una de las lecturas de este verano, y aunque os confieso que acogí su lectura con un ligero escepticismo, pues cuando un libro recibe tantas críticas positivas sólo puede significar o bien que es excelente o bien que es rematadamente malo; tuve que comerme mis propios prejuicios de golpe. Su lectura me absorbió, literalmente, aprovechando cada hueco que tenía para continuar y seguir la historia. Ese libro me tenía enganchada y al terminarlo a los pocos días, entendí entonces aquellas buenas y grandilocuentes criticas, pues, todas ellas clamaban una gran verdad.
 
 
Centrándonos ahora en relatar aquellos aspectos que, favorablemente, más me han llamado la atención, os diré ya de primeras que son bastantes. Sin embargo y para no enrollarme tanto, me limitaré a nombrar los más significativos, según mi opinión. En primer lugar, La verdad sobre el caso Harry Quebert es una novela realmente inteligente, cuando digo que es inteligente es porque desde el minuto uno ya te pone en una situación límite, y que irremediablemente, te aboca a no soltar el libro por nada del mundo. Que el lector sepa que Harry Quebert es ya sospechoso de haber asesinado a Nola Kellergan, ya es señal de que la trama va a ser trepidante, con lo que enganchas al lector inmediatamente a su lectura. En segundo lugar, La verdad sobre el caso Harry Quebert, como ya he nombrado al principio de la reseña, tiene giros, giros y giros, y más giros....¡Os lo aseguro! Ésta es la novela de género policíaco en la que más veces he cambiado de asesino. A cada paso que Marcus Goldman da hacia la verdad, y conforme se van esclareciendo más misterios, el supuesto asesino cambia de rostro, convirtiendo así, prácticamente, a casi todos los personajes de la novela en sospechosos de haber asesinado a Nola. Eso, sinceramente, es fantástico, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con una novela, y la verdad, se agradece y mucho. En tercer lugar, el entorno en el que Dicker ha decidido ambientar la novela es el idóneo: Aurora, esa pequeña localidad inventada en la que todos se conocen y en la que un suceso tan escabroso, como el asesinato de una adolescente, suponga una alteración en el día a día, infundiendo un sentimiento de temor y de sospecha entre sus habitantes. Ese recurso, amigos y amigas, es muy habitual encontrarlo en infinidad de novelas del género, sin embargo, y teniendo en cuenta los positivos aspectos nombrados al principio de esta redacción, este pequeño detalle nada original quede relegado, afortunadamente, a un segundo plano. En cuarto y último lugar, La verdad sobre el caso Harry Quebert, es algo más que un best seller de moda, pues, aunque toda la narración gire en torno a la muerte de Nola Kellergan, la novela tampoco deja de ser una especie de camino a seguir para llegar a convertirse en un gran escritor. Los principales protagonistas de esta historia son escritores, uno mentor y el otro aprendiz, lo que resulta bastante interesante. Harry Quebert enseña a Marcus Goldman a alcanzar esa perfección e inmortalidad como escritor, lo que no deja de ser un poco ambicioso a la par que pretencioso. Sin embargo, lo realmente interesante es como el propio Joel Dicker, a través de esos consejos de Harry Quebert, que se encuentran al inicio de cada capítulo, instruye al lector también para lograr el sueño dorado de cualquier escritor, dando a entender que cualquiera puede alcanzar lo que se proponga. Sin duda, otro ejemplo de la genialidad de este joven escritor y que esconde esta excepcional novela.

 
Durante el proceso de documentación para la redacción de esta reseña, me topé con una de las pocas críticas peyorativas referentes a la lectura de La verdad sobre el caso Harry Quebert, en la que se criticaba duramente al escritor por haberse dejado influenciar tanto por autores como Nabokov, Larsson o Philip Roth. Como lectora tengo que decir que si, es cierto, quién haya leído esta novela se habrá dado cuenta que el estilo narrativo puede recordarnos al de Philip Roth, que la intriga y la absorbente trama puede recordarnos a alguno de los más famosos libros de Larsson y como no, el recurso de la obsesión, la tensión sexual y el amor imposible entre Nola y Harry Quebert nos remite inmediatamente a la novela más recordada de Nabokov, convirtiendo a Nola Kellergan en una "inocente" e "ingenua" Lolita. Es verdad, que existen estas influencias, si, pero cabe recordar que eso ha existido siempre, y probablemente seguirá existiendo. Ejemplos de ello los podemos encontrar a lo largo de la historia de la literatura: los antiguos romanos escribieron sus propias obras teatrales, todas ellas influenciadas por las piezas teatrales griegas, los renacentistas y algunos poetas del barroco tomaron a los clásicos antiguos como referente, los románticos a los trovadores y narradores medievales  como principal fuente de inspiración.....Y así podemos encontrar muchísimos casos, incluso de escritores que en sus novelas, evocan estilos tan dispares que van desde la prosa dikensiana hasta las alocadas e interesantes reflexiones de generación beat. Desde aquí digo que, el hecho de haberse inspirado en la narrativa de otros autores no es malo, al contrario, eso es síntoma de haber realizado un exhaustivo trabajo de documentación previo, lo que denota una magistral preparación por parte del autor. Eso si, lo que no está bien, es tratar de emular a los clásicos desarrollando tramas novelísticas calcadas a la que el clásico en cuestión muestra, a eso, señoras y señores, no se le llama originalidad ni genialidad, no, a eso, se le llama copiar. Por todo ello, en resumen, discrepo de esa crítica que se le ha hecho a La verdad sobre el caso Harry Quebert, pues hasta los más grandes de la literatura universal se han dejado seducir por los clásicos y por los autores insignes, anteriores a su tiempo y portadores de novelas que, afortunadamente, seguirán inspirando a las futuras generaciones. La verdad sobre el caso Harry Quebert: una historia de intriga, pasión, secretos, peligros, sospechas, miedos, mentiras.... Una joya que sin duda, permanecerá en el corazón de los lectores de por vida.
 
Párrafos o frases favoritas:
 
"Le decía que escribir es como boxear, pero también es como correr. Por eso me paso el día mandándole a la calle: si tiene fuerza moral para realizar carreras largas, bajo la lluvia, con frío, si tiene la fuerza de terminar, de poner en ello toda su fortaleza, todo su corazón, y llegar hasta el final, entonces será capaz de escribir. No deje nunca que lo invada el cansancio ni el miedo. Al contrario, utilícelos para avanzar".
 
Película/Canción: aunque todavía es muy reciente el impacto de la novela en el panorama literario internacional, hay quienes ya desean una futura adaptación cinematográfica de esta novela, entre ellos una servidora. Eso si, sería partidaria de una adaptación, bien echa, fiel y en la que no se saltasen ni un sólo capítulo. Hasta que eso ocurra, aquí os traigo una pequeña entrevista en la que el autor, Joel Dicker, nos desvela algunas curiosidades sobre la novela que lo ha catapultado a la fama y al reconocimiento internacional.
 
 
¡Un saludo y a seguir leyendo!