Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 19 de febrero de 2022

RESEÑA: Cielos de Córdoba.

CIELOS DE CÓRDOBA


Título: Cielos de Córdoba. 

Autor: Federico Falco (General Cabrera, Argentina 1977). Considerado uno de los escritores con más talento de su generación, sus cuentos han sido celebrados unánimemente por la crítica e incluidos en numerosas antologías. Ha publicado los libros de cuentos 222 patitos, 00 (ambos en 2004), La hora de los monos (2010) y Un cementerio perfecto (2016). También es autor del poemario Made in China (2008), la obra de teatro Diosa de Barrio (2010) y la novela breve Cielos de Córdoba (2011; Las afueras 2020). En 2010 fue seleccionado por la revista Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español. Actualmente reside en Buenos Aires, donde coordina talleres de escritura y codirige el proyecto editorial Cuentos de María Susana. En 2020 su novela Los llanos fue finalista del Premio Herralde de novela. 

Editorial: Las Afueras. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Cielos de Córdoba es una novela de iniciación, la de Tino, un preadolescente solitario con una madre gravemente enferma internada en un hospital y un padre obsesionado por los ovnis que regenta un museo dedicado a la ufología. Entre esas figuras ausentes se mueve el protagonista de esta historia, obligado por la vida a madurar y  asumir responsabilidades antes de tiempo, mientras trata de lidiar con el caos y las pulsiones del deseo propias de su edad. 

Su lectura me ha parecido: fluida, breve, curiosa, triste, minimalista, lírica, pequeña, sutil, delicada, sin artificios que entorpezcan, casi silenciosa... Desde pequeña me apasiona observar el cielo, sobre todo de día, ese gran azul infinito que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. Testigo privilegiado de lo mejor, pero también de lo peor. Obligado a observar besos, abrazos, caricias, cualquier expresión de cariño, felicidad, solidaridad, empatía o amor. Así como a contemplar, sin posibilidad de apartar los ojos, de los actos más terribles que el ser humano pude perpetrar. Yo lo miro, pasiva y activamente, tratando o bien de relajarme o bien de buscar aquello que lo haga especial, prestando mucha atención a los marcos que lo recortan. Cúpulas, terrazas, barandillas, antenas parabólicas, balcones copas de los árboles, montañas, pináculos, agujas góticas, torres, campanarios, formas vanguardistas, un avión que de pronto cruza de lado a lado, una anárquica bandada de estorninos, otra no tan amable que sobrevuela en círculos, nubes amorfas, chorros de estelas químicas dibujando sobre la pizarra azul toda clase de rectas, círculos y figuras que se escapan a lo geométrico. Mi favorito, últimamente el de mi ciudad, tan brillante, epatante, insolente y soberbio que da envidia solo mirarlo. Alzar la mirada al cielo también tiene cierto poder terapéutico, sobre todo cuando lo terrenal, lo que te ancla a la cruda y a veces odiosa realidad te supera. Buscando entre los pliegues de los gigantes blancos ese clic, ese botón que lleva escrita la palabra "evasión" en mayúsculas que todas y todos hemos necesitado pulsar alguna vez en nuestra vida. Pero también hay quien eleva sus fanales, fijando las pupilas en ese efecto óptico o fenómeno extraño que ha percibido de pura casualidad. Con la esperanza de confirmar la existencia de vida extraterrestre, de platillos volantes - o de lo que sea - sobrevolando nuestro planeta, de seres que poco tienen que ver con los que el cine o la televisión ha conseguido incrustar en la cultura popular. Además de una afición o de una rama más dentro de la investigación científica - totalmente respetable por cierto - también podría ser vista como una forma más de evasión, de no pensar, de soltar el nudo, observar los problemas desde una mirada de pájaro, astronauta o marciano sacado del imaginario de Bradbury. De todo esto y más habla la novelita - corta en extensión, grande en su retrato de una cotidianeidad quebrada - que hoy tengo el placer de reseñar. Cielos de Córdoba: un coming of age entre visitas al hospital y ufología. 


Desde una prosa sencilla, íntima y sin muchos sobresaltos Federico Falco - nombre a tener en cuenta dentro de la nueva ola de autoras y autores argentinos que han venido, parafraseando al Señor de los anillos, para dominarnos a todos - nos presenta una novela de iniciación clásica con toques realmente peculiares. Y es que Tino, el protagonista de esta historia, es un preadolescente atrapado en una realidad muy complicada. Por un lado tenemos a su madre, enferma, internada en un hospital a la espera de una mejoría que parece no llegar nunca. Y por otro el padre, aficionado - o más bien obsesionado - a la ufología y quien ha convertido su casa en un museo dedicado a su pasión. Tino transita entre el hospital, los platillos volantes, el instituto y las pequeñas aventuras en las que se ve involucrado en su obligado salto a la madurez. A pesar de su carácter solitario y la serenidad adulta con la que enfrenta cada jornada, fruto sin duda de la delicada situación familiar que atraviesa, Tino se hará amigo de Omar, el chico más popular de la clase. Con él vivirá una suerte de iniciación en temas como la amistad o el sexo en los que Tino, hasta ese momento, desconoce completamente. En el retrato de esta particular relación, Falco parece crecerse, no en elocuencia o en grandes parrafadas que te dejan los ojos secos, más bien todo lo contrario, abrazando un estilo que celebra lo ajustado y simple. De hecho, a Cielos de Córdoba - precioso título en su metáfora evasiva - no le sobra ni le falta ni una sola palabra, ni una coma, ni un punto. Porque con Falco, nos queda claro, que menos siempre es más, algo que en un panorama literario trufado de discursos pretenciosos y grandilocuentes es más que necesario. La humildad como bandera y la intimidad bien entendida - pequeñas historias donde los sentimentalismos y el regodeo en la desgracia quedan relegados a los márgenes del relato - como bastón de mando. Por supuesto, una nouvelle de estas características es imposible sostenerse sin grandes dosis de realismo, de esos pequeños detalles que contribuyen, desde el candor costumbrista, a que el lector no suelte de mano al personaje principal, algo en lo que Falco parece moverse como pez en el agua. Por citar algunos, me quedaría con los tristes y surrealistas momentos que "comparte" con el padre - esa inolvidable escena cocinando huevos fritos - a pesar de que éste permanezca en un constante segundo plano o con su divertida amistad con la anciana Alcira - el otro gran personaje del libro -. Y así, entre tareas del hogar y la abstracción (o creencia) de que tarde o temprano los ovnis harán acto de presencia, Falco teje un micromundo plagado de personajes atrapados en sus propias incertidumbres e incomunicación de la que, para sorpresa del lector, sobresale un protagonista capaz de canalizar el peso del texto a través de sus fugas inquietas. Lo que le hace vivir  y experimentar toda clase de peripecias en un momento de fragilidad familiar. No será la lectura más trascendental del mundo para una servidora, pero sí el ejemplo perfecto de que no hacen falta fuegos artificiales cuando tienes Córdoba, el cielo y la contagiosa curiosidad de un joven aprendiendo, lo mejor que puede, a transitar por las circunstancias que le ha tocado vivir. 

Cielos de Córdoba: una historia de aprendizaje, madurez, amargura, humor, ligero optimismo, amistad, abstracción, enfermedad, naves espaciales, caramelos, libros... La naturalidad de asumir los cambios, las adversidades y lo nuevo que está por llegar.  

Frases o párrafos favoritos: 

"Con los brazos bien abiertos, bien extendidos y los ojos cerrados, Tino escuchaba el sonar submarino de la correntada. El sol le doraba la cara y el río lo mecía. Cruzó las ollas. En las orillas había muchos chicos que hacían ruido y un quiosco de lata donde vendían bebidas y ponían música a todo volumen. Seguramente Omar estaba entre ellos y lo miraba pasar."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Las Afueras

sábado, 21 de marzo de 2020

RESEÑA: Las Furias.

LAS FURIAS

Título: Las furias.

Autora: Katie Lowe, se graduó en la Universidad de Birming­ham. Es licenciada en Lengua y Literatura Inglesa y tiene un máster en Literatura y Vanguardia. Las Furias, traducida a varios idiomas, es su primera y aclamada novela. (Fuente: Editorial).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductora: Virginia Maza.

Sinopsis: En 1998, una chica de dieciséis años —vestida de blanco y meciéndose en un columpio— aparece muerta en el elitista colegio femenino Elm Hollow, emplazado en una pequeña localidad costera con un tenebroso pasado vinculado a los procesos por brujería del siglo XVII.  Un año antes, tras la muerte de su padre y su hermana en un trágico accidente, Violet comienza sus estudios en la prestigiosa institución, donde enseguida se siente fascinada por tres de sus compañeras y por su carismática y misteriosa profesora de arte, quien la invita a formar parte de un selecto y secreto grupo de clases sobre mitología. Muy pronto, la figura de las furias, divinidades romanas de la venganza, empieza a ejercer tal magnetismo sobre las adolescentes que estas se ven arrastradas sin control hacia su lado más oscuro. ¿Hasta dónde llegarán para protegerse mutuamente... o para destruirse? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: entretenida, amena, con una aproximación inminentemente juvenil, tenebrosa, terrorífica por momentos, perversa, atractiva, poco profunda, con un mensaje feminista que resuena con fuerza... Las Furias - o Erinias en la mitología griega - son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. Según Hesíodo (uno de los grandes poetas de la antigua Grecia) son hijas de la sangre derramada por el pene de Urano sobre Gea cuando su hijo Crono lo castró, siendo por tanto divinidades ctónicas, es decir, dioses o espíritus procedentes del inframundo en oposición a las divinidades telúricas (más celestes). Al contrario que Hesíodo, que no fijó un número concreto de Furias, Virgilio - otro de los grandes escritores de la era clásica - determinó la existencia de tres, las cuales respondían a los nombres de Alecto ("la implacable"), Megera ("la celosa") y Tisífone ("la vengadora del asesino"). La primera castiga los delitos morales, la segunda los de infidelidad y la tercera los de sangre. Su representación ha variado a lo largo de la historia, sin embargo, la gran mayoría de escritores y artistas pictóricos coinciden en pintarlas como seres vengadores con serpientes enroscadas en sus cabellos, portando látigos y antorchas y con sangre manando de sus ojos en lugar de lágrimas. También que se decía que tenían grandes alas de murciélago o que hasta el cuerpo de perro. Fuerzas primitivas a los dioses del Olimpo, las Furias moraban por Érebo (o el Tártaro según otras leyendas) y solo regresaban a la tierra para castigar a los criminales vivos. En obras como la Ilíada, Homero les otorgó un poder ilimitado, es decir, que podían perseguir al criminal en cuestión más allá de su propia muerte, extendiéndose al inframundo, donde eran sometidos a las torturas más terribles e inimaginables hasta hacerles perder la cabeza (de ahí que su nombre latino, "Furias", derive precisamente de "furor" como sinónimo de "locura"). El criminal podía escapar del tormento sólo si encontraba a alguien que purificases sus crímenes. Las Furias tuvieron su protagonismo en la obra de Esquilo Las Euménides en donde éstas persiguen a Orestes por haber matado a su propia madre en venganza por el asesinato de su padre Agamenón. Se cuenta que durante su primera representación provocó el terror en los espectadores al situar a las Erinias o Furias en el coro. Las Furias aparecen en el sexto círculo del infierno de la Divina Comedia, visitan al Fausto de Goethe, se convierten en moscas en una novela de Sartre, son el terror de Morfeo en una historieta del comic The Sandman de Neil Gaiman e incluso hacen acto de presencia en un capítulo de la popular serie de los 90 Xena la Princesa Guerrera. Dentro de la literatura más actual encontramos un interesante, y muy juvenil ejemplo de actualización de estas criaturas mitológicas en el libro que hoy reseño para todas y todos vosotros. La Furias: la ira de las brujas en tiempos del Me Too.


La novela juvenil está viviendo desde finales de los años 90 hasta nuestros días su particular era de oro. Y aunque todavía la critica más arcaica sigue considerando a este género - caracterizado por mantenerse a modo de transición entre la literatura infantil y la de adultos - algo menor en comparación con otros géneros, lo cierto es que lo juvenil está más en boga que nunca. Hasta el punto de que podemos encontrar lectores de prácticamente todas las edades que son amantes o usuarios asiduos de sus formas de narrar. J.K. Rowlling fue la que abrió la veda en ese sentido consiguiendo, no solo que un niño y posteriormente adolescente llamado Harry Potter se haya convertido con el tiempo en uno de los personajes más famosos de la literatura, también reconfigurando los códigos de escritura del género juvenil para siempre. Tras ella vinieron muchas y muchos más que, con mayor o menor fortuna, han logrado que sus libros hayan alcanzado la categoría de "culto" o pertenecientes a la cultura popular de masas. Mención a parte merece la gran aceptación que tiene lo juvenil en España, siendo con diferencia el género que más se lee entre los adolescentes y no tan adolescentes. En nuestro país fue sin duda Laura Gallego la que resucitó de alguna manera una tradición antes cultivada por autoras como Ana Maria Matute, Carmen Martín Gaite o Elena Fortún entre otras y otros. Una tradición que actualmente sigue en auge gracias a escritoras como Victoria Álvarez, Beatriz Esteban o el tándem que forman Iria G. Parente y Selene M. Petalos escribiendo a dos manos. Desde tiempos de J. R. Tolkien se ha asociado la literatura juvenil - o Young Adult - con los recursos propios de la fantasía. Dragones, hadas, elfos, gigantes, árboles parlantes, magos. Hasta el punto de que muchos siguen sosteniendo que la literatura juvenil va implícita la fantasía. Sí, es cierto que una gran parte de lo que se publica de este género se sitúa en estos códigos, sin embargo, a lo largo de estos últimos años hemos sido testigos de la evolución que ha experimentado. Un cambio en lo transversal, en la utilización de otros géneros literarios para contar historias dentro del marco de lo juvenil. Hoy en día podemos aproximarnos a una librería y adquirir novela juvenil de temática social, de ciencia ficción, histórica, romántica o incluso próxima a los códigos del terror. Es precisamente en este último, en el que es capaz de hacernos temblar de miedo, donde debemos situar la novela que Katie Lowe ha escrito desde una ambientación y puntos de vista totalmente juveniles - y seriéfilos si me lo permitís - con una clara intencionalidad feminista. Aspectos de los cuales hablaremos con más detenimiento en los siguientes párrafo.


Cuando tuve por primera vez el presente libro entre mis manos, a su autora me la presentaron como la sucesora de Shirley Jackson. Sí, la misma que nos metió el miedo en el cuerpo con novelas como Siempre hemos vivido en el castillo, La Lotería o La Maldición de Hill House. Sí, es una exitosa y novedosa serie de Netflix, pero también una de las mejores novelas de terror del pasado siglo XX. De hecho, sin la existencia y el talento literario de Jackson, es muy posible que un tal Stephen King no hubiese desarrollado toda su cosmogonía terrorífica y por supuesto no se habría convertido en el referente mundial que es hoy. Era lógico que con dicha carta de presentación desconfiase en un primer momento, ya que los ejercicios pretenciosos no hacen sino alejarme de dicha lectura. Perola presencia de brujas, el que estuviese ambientado en un internado con oscuros orígenes, y lo más importante, el que llevase por título Las Furias me convencieron de que era un libro al que debía aproximarme, aunque sólo fuera por amarlo o repudiarlo una vez finalizada su lectura. Tras formar parte de ese selecto grupo de libros que escogí para finalizar el pasado año 2019, mi parecer no se decantó hacia el calificativo de "maravilla absoluta" ni al de "fracaso estrepitoso". Simplemente se mantuvo en una especie de punto medio, aunque con una serie de aspectos que inclinaron ligeramente la balanza hacia la satisfacción. Para empezar, y como ya he avanzado en el anterior párrafo, Las Furias es una novela perteneciente al género juvenil, cosa que por cierto desconocía por completo cuando inicié su lectura allá por el mes de diciembre. Este hecho me sorprendió de buenas a primeras, pero posteriormente decidí tomarlo como un regalo, como un reencuentro con mis orígenes lectores más añorados. Su prosa sencilla, su adictivo ritmo, su habilidad para esconder el misterio, su poca profundidad narrativa - que no reflexiva - la ambientación. así como esa potencia visual en lugar de ahuyentarme me engancharon. Tal vez en el fondo estaba deseando leer literatura juvenil, aunque no lo manifestase en voz alta y aunque su aproximación al terror me hiciese olvidar de que el público al que va dirigido fundamentalmente es el adolescente. En Las Furias Violet, una joven de 16 años que no consigue superar las secuelas de un accidente, entra a formar parte del prestigioso instituto femenino Elm Hollow. Un internado fundado en el siglo XVII y cuya historia está ligada a los procesos por brujería que tuvieron lugar en aquella época. Es allí entre un decano experto en brujería, un grupo de misteriosas chicas y una profesora, Anabelle, que organiza clases de mitología clásica para un selecto grupo de alumnas donde Violet deberá moverse y adaptarse. A toda esta nueva cotidianeidad se le añadirá el conocimiento de crímenes acontecidos tiempo atrás en las inmediaciones del lugar y el descubrimiento de "las Furias" como entres oscuros a los que se puede invocar para atormentar a quien te ha hecho daño. Dicho esto, está claro que Hogwarts ha dejado de ser el colegio más peligroso de la ficción en comparación con Elm Hollow.


Las influencias aquí son muy claras. En el plano literario está claro que Katie Lowe bebe de la influencia de Shirley Jackson, sobre todo en lo que a preocupaciones y temáticas se refiere. Sin embargo, ni Jackson ni Lowe comparten una cosa fundamental como es la coetaneidad. Mientras la primera desarrolló su carrera literaria a principios y mediados del siglo XX, la segunda es una autora de pleno siglo XXI. Algo capital para apreciar, por supuesto, el diferente trato y perspectiva a los temas que las unen como maestra y alumna. Mientras la primera usa lo sobrenatural de una forma más sutil para evidenciar que la cara abominable de la condición humana, en la segunda el elemento terrorífico es ultra explícito, hasta el punto de que vemos y sentimos el poder de las brujas o "Furias" en este caso. Por otro lado, y aquí es una opinión puramente personal, mientras leía la presente novela no paraba de encontrar conexiones con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Egenides. La forma con la que se inicia el libro, el tono de las jóvenes, así como su cohesión casi mística me han recordado enormemente a las hermanas Lisbon, cuyo poder de atracción y de misterio era bastante similar. Por ir finiquitando este apartado de influencias, os adjuntaré una más, la que más me gusta y más gracia me hace. Y es que Las Furias de Katie Lowe recuerda muchísimo al planteamiento y el estilo de la serie American Horror Story, y en concreto a su tercera temporada - la más celebrada e icónica de todas - titulada Coven. En ella, los espectadores asistimos a una historia desarrollada en un colegio femenino de brujería  en crisis ante la posible extinción de las descendientes de Salem y todos los tejemanejes al rededor de sus alumnas, profesoras y demás personajes foráneos a la institución. Una vez expuesto el argumento y tras haber leído Las Furias no podemos hablar de descarada copia pero sí de una especie de homenaje, aunque con la ausencia de una Madison Montgomery o una Fiona Goode. Para ponerle punto y final me gustaría hablar, aunque sea brevemente, del núcleo de la novela, el sol sobre el que pivotan el resto de planetas, la verdadera razón de ser y el motivo que empujó a Lowe a escribir esta novela resucitando a las Furias, figuras mitológicas por cierto poco reivindicadas en la literatura. Cuando me he referido antes a este libro como una historia de brujas en tiempos del Me Too lo he hecho con toda la certeza del mundo, ya que por un lado la autora ha querido en primera instancia construir una historia donde el feminismo y la sororidad fuesen los temas subyacentes entre lenguaje teen y lo terrorífico, y por otro lado, usar la figura de las Furias para evidenciar el poder de las mujeres para luchar contra las injusticias. En la novela Violet, Robin, Grace y Alex las invocan contra los hombres. Hombres que las agreden, las insultan, las acosan y las violan. Ellas se erigen entonces como herederas de una sabiduría ancestral, transmitida de generación en generación a través de las tragedias, los procesos de brujería y el arte. Por eso las mujeres, ante cualquier retroceso de derechos que nos afecte, nos sentiremos más próximas ellas, a nuestras antepasadas quemadas en la hoguera, arrojadas a acantilados o a esas Furias que persiguen la justicia a través de manifestaciones, motines, barricadas y demás actos revolucionarios. Lowe nos ha dado la clave, seamos Furias, señalemos la injusticia, acabemos con el patriarcado, sin esperar a que nadie lo haga por nosotras.

Las Furias: una historia de brujería, invocaciones, asesinatos, adolescentes misteriosas, mitología, justicia, feminismo, unión... Si estos días de encierro necesitáis una novela de abstracción total, esta es la que necesitáis.

Frases o párrafos favoritos:

"Les enseñaré todo lo que sé y todo lo que mis predecesoras han sabido: la fuerza de las mujeres llevadas por la ira, los destinos que tenemos reservados y las furias que poseemos. Les ayudaré a desplegar las alar y a sacarles los ojos a los que nos miren; les enseñaré a quemar con fuego justo y a purificar el mundo a través del conocimiento. Les hablaré de belleza, venganza, locura y muerte, y si lo calcinan todo y vuelven a empezar, cuanto más, mejor."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Siruela

viernes, 22 de marzo de 2019

RESEÑA: Mary Poppins y Vuelve Mary Poppins.

MARY POPPINS
VUELVE MARY POPPINS

Título: Mary Poppins y Vuelve Mary Poppins.

Autora: "P. L. Travers, preudónimo de Helen Lyndon Goff (1899-1996) nació en Australia, si bien en 1925 se trasladó a Inglaterra, donde adaptó su nuevo nombre y residió el resto de su vida. Admiradora de James M. Barrie - creador de Peter Pan -, fue una mujer de fuerte personalidad y temperamento independiente cuyo carácter vivo y curioso la llevó a viajar por buena parte del mundo. Además de ser la creadora de Mary Poppins, la niñera más famosa de la literatura, también fue actriz de teatro, periodista y autora de poemas que vieron la luz en revistas como The Bulletin o Traid. Así mismo, Travers participó en la famosa adaptación musical de Disney en calidad de asesora de producción." (Fuente: Alianza Editorial).


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Borja María Bercero.

Sinopsis: "popularizados en todo el mundo por la versión cinematográfica que de ellas hiciera en 1964 Walt Disney, las aventuras de Mary Poppins son un clásico de la literatura infantil y juvenil. Con todo, a través de la singular institutriz, P.L. Travers dio vida a un personaje a caballo entre el hada buena de cuya protección y virtudes todos hemos deseado gozar, en nuestra fantasía, alguna vez, y un espíritu más misterioso que, por sus poderes, parece estar arraigado en el sustrato mismo de la Naturaleza. El presente volumen reúne las dos primeras novelas de la serie - Mary Poppins y Vuelve Mary Poppins - junto con las ilustraciones que para la primera edición de la obra hizo Mary Shepard." (Fuente: Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: mágica, original, bien estructurada en cuanto a su primera parte, algo más caótica en cuanto a la segunda, interesante, a ratos tierna, extraordinariamente diferente... ¿Quién todavía tiene vivo en su memoria el recuerdo de una mujer sobrevolando con un paraguas y un bolso de flores sobre el oscuro cielo de Londres? ¿Quién no ha deseado, en esos días de viento intenso, poder volar sobre las nubes? ¿Quién no ha buscado por los tejados a los saltimbanquis deshollinadores? ¿Quién no ha soñado con meterse, de un salto, en el interior de un dibujo pintado a tiza sobre el sucio suelo? ¿Quién no se ha sorprendido tarareando o directamente cantando alguna de sus pegadizas canciones? ¿Quién no es capaz de soltar de carrerilla "supercalifragilísticoespialidoso" sin fallar ni una sola palabra? ¿Quién no ha sentido rabia cuando el Señor Banks le obliga a su hijo, Michael Banks, a depositar un penique en el banco en lugar de dárselo a la mujer de las palomas? ¿Quién no se acuerda de la mujer de las palomas? ¿Quién no sabe que con un poco de azúcar la vida se ve de otra manera? ¿Quién no querría pasarse los días levitando como el Tío Albert? ¿Quién no habría deseado observar desde el catalejo del Almirante Boom la Calle del Cerezo? ¿Quién no se ha partido de risa con los momentos delirantes protagonizados por las criadas Ellen la Sra Brill? ¿Quién no ha sentido una punzada en el corazón con la escena de las cometas, justo en la que el inquebrantable Señor Banks, tan adulto y responsable, vuelve a ser niño por unos instantes? ¿Quién no ha sentido ternura por Jane y Michael Banks, especialmente cuando detallan a sus padres, punto por punto, las razones por las que deberían contratar una niñera? ¿Quién no ha querido ser alguna vez Bert? ¿Quién no se ha visto contagiada/do por su perenne vitalidad y sentido del humor? ¿Quién no ha deseado tener el poder de ordenar su cuarto con sólo chasquear los dedos? ¿Quién no ha deseado subir las escaleras sentado en la barandilla? Y la gran cuestión: que levante la mano quien haya visto esta película de la factoría Disney como mínimo unas diez veces, la mayoría de ellas durante la infancia. Si es que somos animales de costumbres, y con lo que nos gusta todavía más. Ahora bien, ¿qué pasaría si os dijera que la niñera más famosa de la literatura no es, sobre el papel, como vosotros os la imaginabais? ¿Y si Julia Andrews estaba interpretando una versión más edulcorada de ésta? ¿Y si el libro no se corresponde al 100% con nuestros recuerdos cinéfilos? Esta claro que no se puede tener todo en esta vida, y menos en lo que a nuestros tótems infantiles se refiere, pues corres el riesgo de decepcionarte o de ver, a partir del momento en el que descubres su verdadera esencia, ese personaje o esa película con otros ojos. Y esto último es justo lo que, a mi particularmente, me ha sucedido con ella, con la gran Mary Poppins. Una niñera mágica, sí, pero de su tiempo.


La primera vez que vi la película de Mary Poppins quedé completamente fascinada. Era incapaz de apartar la mirada del televisor. Recuerdo con especial cariño las escenas en las que las personas de carne y hueso interactuaban con auténticos dibujos animados o la de los deshollinadores saltando de tejado en tejado en un frenético y divertido baile. Para mi, una de las más memorables del film. Adoraba a Mary Poppins, pero creo que en su momento empatizaba más con Bert (¡grandioso Dick van Dick!), que era todo alegría, diversión, optimismo y jolgorio; el contrapunto perfecto en una historia en la que Julie Andrews, Mary Poppins, representaba una felicidad más contenida con un toque de responsabilidad debido a su trabajo. Alucinaba con las caras de sorpresa de Jane y Michael Banks, los niños a los que Poppins cuida (¡abrían tanto la boca!), me reía con las criadas (tan serias y a la vez tan desternillantes), con ese hilarante Tío Albert (todo un señor personaje), con  el Almirante Boom (cuyos cañonazos provocaban más de un terremoto en el número 17 de la Calle del Cerezo) y con la decrepitud de los banqueros (uno de ellos, el dueño del banco, era incapaz de tenerse en pie sin ayuda). Por no hablar del Señor Banks (el personaje que más odiaba de pequeña) y la Señora Banks (¡que era sufragista y yo sin saberlo a mis cinco años de edad!) cuyo papel en la película es meramente anecdótico. En definitiva, creo que todas y todos, o al menos una gran parte de mi generación, ha crecido con los clásicos infantiles de Disney, entre los que no podía faltar las aventuras de la niñera inglesa. De un tiempo a esta parte, y tras dedicarle un necesario visionado una vez tuve la madurez suficiente como para darme cuenta de que el Señor Banks es un personaje más profundo de lo que parece y de la escandalosa crítica a la figura de la sufragista personificada en la Señora Banks (sus movimientos mientras canta "Socia Sufragista" así como su actitud cómica y despreocupada respecto a sus hijos configuran una imagen peyorativa y ridícula de uno de los mayores movimientos sociales de la historia), he llegado a la conclusión de que Mary Poppins es una de las películas que más ha marcado mi infancia. Todavía a día de hoy me sorprendo canturreando o tarareando alguna de sus pegadizas y maravillosas canciones. Sin embargo, muy pocos de los que disfrutamos de ella, sabíamos que se trataba de una adaptación, y que por tanto, existía no sólo un libro, sino ocho en total. Toda una saga dedicada a aquella niñera que volaba y hablaba con los animales. A pesar de ello, nunca sentí la necesidad de aproximarme a ella a través de los libros de P. L. Travers (de nuevo, una autora condenada a esconderse tras un pseudónimo y unas siglas para poder publicar). Tenía a Mary Poppins en un pedestal y temía que los libros pudieran producir grietas en él. Pero entonces llegaron las navidades de 2018, y con ellas, una nueva película de la niñera mágica (película que por cierto aún no he visto). Algo que desde Alianza Editorial no quisieron dejar escapar, por lo que acabaron, coincidiendo con su estreno, reeditando y publicando un volumen con las dos primeras entregas de la saga: Mary Poppins y Vuelve Mary Poppins (con las ilustraciones originales incluidas). Y en ese momento, como muchos ya habréis adivinado, no pude resistirme. Una vez en mis manos y en mi estantería, esperé al mejor momento para acercarme a él, justo después de una de esas lecturas que te rompen por dentro. Tardé más de lo que habría imaginado en leerlo, de hecho, lo dejé reposar entre parte y parte. Obteniendo como resultado, no sólo una experiencia más sosegada, sino una perspectiva más amplia y analítica sobre este clásico de la literatura juvenil.


Antes de adentrarme en la reseña propiamente dicha, me gustaría hacer una advertencia. Quien piense que el libro es igual que la película esta muy equivocada/do. No hay ni una sola adaptación cinematográfica fiel al producto original en el que ésta se inspira. Ni una. ¿Por qué? Muy fácil, porque el lenguaje literario y el cinematográfico son muy diferentes a pesar de sus puntos en común. Una película puede captar a la perfección el paisaje, la intención de la autora/or, el mensaje que el libro quiere transmitir, la psicología de los personajes e incluso saber reproducir con gran exactitud pasajes que podemos leer sobre el papel. Sin embargo, la mirada de la directora/or, así como la limitación del tiempo (¿os imagináis, por ejemplo, una adaptación cinematográfica de Los Pilares de la tierra fiel al libro? No, ¿verdad? Yo tampoco, y ya me cuesta creer que Rydley Scott lo consiguiese condensar en una miniserie de ocho episodios) son dos de los aspectos que provocan que una adaptación cinematográfica nunca sea a gusto de todos. Este es el caso de Mary Poppins, aunque para ser más sincera, la versión de Robert Stevenson dista mucho del libro, pero muchísimo. La verdad es que nunca he sido de las que ahonda en las diferencias entre X libro y la película, en el caso de que ésta exista por supuesto. Sin embargo, y teniendo en cuenta su magnitud (pues creo que estamos ante uno de los muchos ejemplos de cintas que devoran al libro) no lo puedo prometer. Para empezar, en cuanto a su lectura, diremos que ésta se hace amena, entretenida, aunque contiene una cierta dificultad. Y es aquí, en este punto precisamente, donde reside una de las mayores críticas que se le puede hacer a la novela de Travers. Tanto Mary Poppins como Vuelve Mary Poppins no son novelas al uso, sino un conjunto de pequeños relatos que la autora ha decidido juntar para construir lo que hoy podemos leer y tener en nuestras estanterías. De hecho, da la sensación de que éstos fueron escritos por separado, e incluso me atrevería a decir que en diferentes momentos. ¿Entonces es un libro de cuentos? No, pues a pesar de su independencia (pues Travers nos narra pequeñas aventuras que Mary Poppins vive sola,  junto a los hijos de los Banks o acompañada de otros personajes, cada cual más loca, surrealista y divertida) hay un hilo que los guía, lo que permite que evolucione al calificativo de novela, dotándola además de una coherencia argumental a pesar de esa explosión de fantasía. Esto es lo que sucede en Mary Poppins y que personalmente echo en falta en Vuelve Mary Poppins, en donde ese hilo, ese conducto, ese nexo es más invisible, y por tanto, las historias que se narran son un tanto inconexas. Si Mary Poppins es el orden dentro del caos, Vuelve Mary Poppins es la anarquía sin un sentido claro. En cuanto a lo que se nos narra, especialmente la primera parte, difiere bastante de la adaptación cinematográfica. Si bien hay escenas memorables que en aparecen en la novela (como la visita al Tío Albert o la importancia de la mujer de las palomas, aquí de los pájaros), la mayoría de historias se pasaron por alto. No obstante, si hay un detalle en particular que yo destacaría al respecto es la diferencia entre la Mary Poppins de Travers y la Mary Poppins de Julie Andrews (o de Disney). En el libro, Travers crea una protagonista menos entrañable, más seca, antipática y hasta estricta. En otras palabras, más pegada a la realidad de su época, en la que las institutrices inglesas respondían a esos estereotipos. De hecho, sólo hay un momento en todo el libro en el que creo que podríamos encontrar a esa Mary Poppins que tanto adoramos, y es en la escena en la que se encuentra con Bert. Ahí podemos casi observar un atisbo de sonrisa. Sin embargo, la riqueza de esta lectura reside en otros detalles que en la película pasaron completamente por alto, como son, por ejemplo, el origen de los poderes de la protagonista y la explicación a su forma de ser. Y la respuesta no puede ser más nostálgica y hermosa. ¿Es mejor el libro que la película entonces? No sabría que deciros. Personalmente ha supuesto una especie de shock, pero la novela no es ni mejor ni peor, es simplemente diferente, ni más ni menos. Creo que, en este caso en particular, se debería dar una oportunidad a su lectura, ya que son muchos los aspectos desconocidos para el gran público que merecerían conocerse respecto del personaje de Mary Poppins. Y por favor, olvidaos de la versión de Disney cuando lo leáis. Sé que es difícil, que el "supercalifragilísticoespialidoso" es un recuerdo muy poderoso, pero intentadlo, sólo así podréis disfrutar de esta lectura. Seguid mi consejo, por vosotros y por la verdadera Mary Poppins.


Es posible que La Cenicienta sea, con total seguridad, la película que mas veces he visto durante mi infancia, y curiosamente, de la que guardo menos recuerdos (salvo, obviamente, ese inolvidable "Bibidi, Babidi Bum que aún sigo tarareando a mis 26 años de edad). Aunque para películas imprescindibles, Lo que el viento se llevó, ese interminable pero maravilloso clasicazo del siglo XX que, habiéndolo visto muy pocas veces, consigo evocar en mi memoria sin demasiada dificultad. Como podéis comprobar, todas y todos tenemos productos culturales idealizados. Ya sea porque nos han acompañado durante la infancia, o porque han irrumpido en un momento clave de nuestras vidas. Sea como sea, el caso es que al nombrarlo, releerlo o visionarlo de nuevo, consiguen transportarnos directamente a esos instantes que, por un motivo u otro, quedan alojados en la memoria para siempre. Sin embargo, y pasado un tiempo, cuando la madurez llama a la puerta para asentarse en el sofá de la vida, la mirada que tenemos sobre dichos productos culturales puede cambiar o incluso mostrarse reticente a dichos cambios. Nadie ha dicho que fuera fácil asumir que, por ejemplo, la Cenicienta no tuviese más ambiciones que las de casarse para poder salir del infierno en el que su madrastra le tenía sumida. O que Bella, tan lectora e inteligente, acabase casándose con su captor. O que películas como Forest Gump o la saga Rambo fuesen una visión simplona y patriótica respectivamente de la Guerra de Vietnam. O que Grease, sí, esa película que muchas y muchos tenemos entre nuestras imprescindibles, tenga uno de los finales más machistas de la historia. O que El Rey León, además de ser una adaptación del inolvidable Hamlet de William Shakespeare, contuviese una escena (la de Scar con las hienas desfilando) cuya semejanza con algunas partes de El triunfo de la Voluntad de Leni Reifenstahl sea tan clamorosa. ¿Y qué me decís de Harry Potter? Esa saga de libros y de películas que ha marcado a toda una generación repleta de lagunas argumentales por culpa de una autora a la que no le importa saltarse el canon cada dos por tres en favor de la trama (algo que, en Animales fantásticos, adquiere proporciones realmente grotescas y escandalosas). ¿Y qué pensáis de mi idolatrada Lo que el viento se llevó? Repleta de racismo y clasismo. Esos mismos sentimientos encontrados los experimentarían, muy probablemente, los fans de Woody Allen (tras conocer su polémica vida películas como Annie Hall no se vuelven a ver de la misma forma), los de Shakespeare in love (cuyo productor no es otro que el malogrado Harvey Wenstein) o los del cantante Michael Jackson (a quien el controvertido documental Living in Neverland está perjudicando económicamente aún después de muerto). Son muy pocas y pocos los que aún les cuesta creer que, en el mundo de la literatura, Pablo Neruda violase a una camarera de piso, que Cortázar ocultase el talento literario de Aurora Bernárdez (la que fuese su compañera sentimental durante gran parte de su vida) o que Lewis Carroll tuviese una obsesión con Alice Liddell, la niña que inspiró Alicia en el país de las maravillas. Esos son sólo ejemplos ilustrativos de nuestros constantes debates internos respecto a algunos libros o películas que, con el paso del tiempo, no han conseguido sobrevivir a la crítica, totalmente justificada en muchos casos, que lanzamos desde el siglo XXI. Lejos de prohibir su lectura o visionado, lo que deberíamos hacer es aceptar que, nuestros héroes pueden ocultar un monstruoso secreto, que esa película que creíamos tan perfecta a lo mejor es más machista de lo que parece o que ese libro tan inolvidable tal vez contenga cantidades ingentes de racismo. La mirada crítica es importante, así como su aplicación. Si lo analizamos fríamente, la saga de Mary Poppins no deja de ser una reproducción de los roles de género tradicionales y, en su versión cinematográfica, una crítica encubierta al sufragismo. Pero... ¿Quién le dice que no a una tarde de palomitas a su lado? De nuevo, la contradicción humana está servida. Mary Poppins y Vuelve Mary Poppins: una historia de fantasía, infancia, locura, mundos mágicos, disciplina, imaginación, ternura... Una maravillosa locura literaria.

Frases o párrafos favoritos:

"Zarandeada y doblada por la fuerza del viento, la figura levantó el pasador de la verja, y entonces los niños vieron que se trataba de una mujer, que iba sujetándose el sombrero con una mano y agarrando una bolsa con la otra. Mientras la observaban, Jane y Michael vieron ocurrir algo verdaderamente chocante. En cuanto aquella figura estuvo dentro del jardín, el viento pareció levantarla por el aire y lanzarla contra la puerta de la casa. Era como si después de haberla arrojado a la verja, hubiera esperado a que la abriera para cogerla de nuevo en volandas y lanzarla, bolsa incluida, contra la puerta. Los niños, que no perdían detalle, oyeron un tremendo estruendo y, mientras la mujer aterrizaba, la casa se estremeció.

Película/Canción: hemos hablado de ella durante toda la reseña, así que la adaptación musical de 1964 por parte de la factoría Disney es posiblemente la más importante e influyente de todas las que se han hecho. Protagonizada por Julie Andrews (quien se llevó por esta película el Oscar a Mejor Actriz Protagonista) y Dick van Dick; la cinta no fue fácil de rodar, en parte debido a las continuas desavenencias entre P.L. Travers y el propio Walt Disney. Tal fue el enfado de ésta al comprobar que la película no reflejaba la verdadera esencia de su personaje que desautorizó la posibilidad de rodar una segunda parte. Además de la versión de 1964, la novela de Travers ha tenido otras adaptaciones (dos de ellas soviéticas), algunas para televisión y recientemente se ha estrenado la segunda parte (Vuelve Mary Poppins). Sin embargo, y a pesar de que ésta última está de moda, permitirme que me recree en aquella primera adaptación, la del "supercalifragilísticoespialidoso", la que nos enamoró tan sólo con un poco de azúcar.


Y aunque me es complicado escoger una sola canción de entre todas las que se cantan en la película, he decidido adjuntaros una de las menos conocidas y que a mi en particular me gusta bastante. A veces lo pequeño, lo que pasa desapercibido, lo que la gente suele ignorar, puede convertirse en algo grandioso.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 12 de septiembre de 2017

RESEÑA: Jardín de Invierno.

JARDÍN DE INVIERNO

Título: Jardín de Invierno.

Autor: Valerie Fritsch (1989) creció entre Graz y Carinthia, en Austria. Tras graduarse en 2007, completó sus estudios en fotografía y ha trabajado desde entonces como fotógrafa. Ha publicado en numerosas revistas literarias, participando en antologías, y sus textos han sido leídos en la radio. Además, ha participado en la escritura de guiones de teatro y de cine. Su primera novela Die VerkörperungEN se publicó en 2012. En 2015 ganó el Premio de Literatura Peter Rosegger por su segunda novela, Jardín de Invierno. (Fuente: Alianza Editorial).




Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: austríaco.

Traductor: Eduardo Gil Bera.

Sinopsis: Anton Invierno ha crecido en un idílico jardín con su numerosa familia, y su abuela es el epicentro de su mundo. En el horizonte se vislumbran la ciudad y el mar pero son mundos muy distantes, ignotos, universos paralelos. Todo es posible en la infancia, y en aquel jardín, hasta que Anton abandona el paraíso y se dirige a la ciudad, donde se dedica a criar aves, atrincherado en una azotea desde donde contempla el mundo. El apocalipsis parece inminente, y los suicidios están a la orden del día. Entonces, en medio del reino del caos y de la muerte, conoce a Frederike, y ella le sigue sin mediar palabra. Semanas antes de que el mundo se acabe, ellos se enamoran perdidamente por primera vez. (Fuente: Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: bucólica, descriptiva, bien escrita, demasiado etérea para mi gusto, bella, valiente...Queridos lectores y lectoras, como todos bien sabréis, el relato corto, el microrelato y la novela corta están más de moda que nunca. No obstante, y esto lo afirmo desde la propia experiencia personal, pienso que éste fenómeno trasciende a lo que "se lleva", que va más allá de un estilo imperante, y que son los propios escritores, sobre todo los más jóvenes, los que toman la iniciativa. Las redes sociales, el WhatsApp, Internet...Todo eso ha cambiado nuestras vidas de arriba abajo, pero, si por algo se define nuestro tiempo es por la inmediatez, una inmediatez que gracias a estas nuevas tecnologías, exigimos en todos los ámbitos de nuestro día a día. Por eso, en el terreno de la escritura, son muchos los escritores, tanto los conocidos como los que vienen pisando fuerte, los que han sabido adaptarse a esta nueva realidad, más rápida, en donde deseamos tenerlo todo al momento. Gracias a esto,  las narraciones cortas viven hoy su momento dorado. Cuanto más rápido y sencillo sea lo que leo mejor. Esto esta bien, pues, no deja de ser un ejercicio literario interesante, pero el problema viene cuando esa escritura se ve empobrecida por esa imperiosa exigencia. Por ello, es de agradecer que, de vez en cuando, el lector se tope con libros como el que hoy tengo el placer de reseñar, que aunque no es perfecto, arroja un poco de vida más allá de la simpleza. Jardín en Invierno: la poesía hecha novela.


La historia de como Jardín de Invierno llegó a mis manos es la historia de un fortuito descuido. Ya he comentado en más de una ocasión que desde hace unos años decidí ampliar horizontes e intentar conseguir colaboraciones con editoriales de este país, y la verdad sea dicha, desde el primer momento sentí una gran responsabilidad, pero también orgullo. Que grandes editoriales de este país confíen en tus reseñas levanta la moral a cualquiera. Pues bien, por medio de una de ellas, en este caso gracias a Alianza Editorial, una mañana del mes de mayo, el cartero me dejó en el buzón un sobre menos voluminoso de lo normal. Yo había acordado la lectura y la reseña de El despertar, de Line Papin, autora extraordinariamente joven de la cual pronto tendréis noticias en una futura entrada en este espacio. De modo que en ese momento pensé que se trataba de ese ejemplar. Cual fue mi sorpresa al descubrir que no sólo me habían enviado El despertar, sino que un libro titulado Jardín de Invierno lo acompañó en ese viaje por correo desde la editorial hasta el patio de mi casa. Aunque ya conocía de su existencia y aunque ya había oído hablar de él en Página 2, la sorpresa fue mayúscula. En cuanto me fue posible me puse en contacto con Alianza y les comenté lo que había pasado, por si querían subsanar el error. Finalmente, acepté leer y reseñar aquella breve novela que había llegado a mi de la forma más sorprendente que recordaba. Evidentemente, y debido a que me pilló en un momento de bajón, tardé un tiempo en animarme con su lectura. No porque no me apeteciese leer en concreto esta novela, directamente, no tenía ganas de leer nada, ni siquiera esos libros que tanto había ansiado con leer en el pasado. Finalmente y justo antes de las vacaciones estivales, tomé dicho ejemplar entre mis manos y comencé a pasar sus páginas, una tras otra, hasta llegar a la última. Jardín en Invierno no se iba a convertir en una de mis lecturas favoritas, pero si que logró dos cosas, que regresase el frío y que me llevara conmigo una pertinente y necesaria reflexión.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Jardín en Invierno presenta una lectura sencilla, ligera, pero que exige por parte del lector una lectura más pausada, más recreativa, más evocadora si cabe. Si por algo destaca esta novela de tan sólo 147 páginas, es por la belleza de su prosa. Se nota que su joven autora, la austríaca Valerie Fritsch, ha prestado especial atención a este aspecto fundamental de toda creación literaria. Es más, tal y como está planteada la historia, el estilo poético es precisamente el que mejor se amolde a ella, más que un estilo directo y frío o uno que se deje llevar por el sentimentalismo más empalagoso. Sin embargo, y a pesar de todo ese trabajo, lo cierto es que en ocasiones Fritsch se pasa de retórico, de bucólico, de poético si lo queremos llamar así. Convirtiendo lo que en un principio parecía una novela tremendamente hermosa estilísticamente en un libro donde hay momentos donde la narración se atasca. Para seros sincera, yo soy una amante de este tipo de literatura, en donde los elementos poéticos juegan un papel fundamental en la narración y exposición de la historia. No obstante, reconozco que tanto recargamiento no le favorece en nada a una historia que parecía pintar bien. Hay quien opina que este estilo no funciona en textos largos y si en relatos cortos, yo pienso que todo es posible si se sabe usar en su justa medida. Pero no todo es malo en Jardín de Invierno, pues, por lo mencionado anteriormente, el lector no se encontrará una frase o un párrafo que no resulte hermoso a sus ojos. Todos ellos, y lo digo muy en serio, son dignos de enmarcar. Seguidamente, en lo que respecta a la historia, nos topamos con un inicio bastante sorprendente, por su esmero y descripción de un paisaje en el que todos querríamos estar en algún momento de nuestra vida. Ese jardín nevado y en donde se junta la diversión con los sueños, nos topamos con Anton Invierno. Dejando de lado ese inevitable símil que más de uno habrá establecido con la omnipresente Juego de Tronos en lo que respecta al nombre y apellido del protagonista, estamos ante un personaje superficial en un primer momento pero que a medida que avanzamos en la historia, va desprendiéndose de capas, dejándonos como resultado un interesante retrato del joven de nuestro tiempo. Por otro lado, el tema del apocalipsis es tratado de forma sutil, nada que ver con esas novelas en las que se aborda con actitud tremendista. Es más, por el propio estilo, parece incluso ser bello, ese fin de la humanidad y de lo que conocemos se torna en algo que exhala horror, pero también una estética digna del movimiento romántico de principios del XIX. La muerte es algo aterrador, pero no por ello, carece de un punto atractivo, estéticamente hablando por su puesto. La pintura lleva haciéndolo toda la vida ¿por qué no en la literatura? Finalmente, y aunque pensaba que eso no ocurriría por ese recargamiento poético, si que se puede vislumbrar una poderosa y tremenda reflexión, tan poderosa que es importante que la desarrollemos en el siguiente párrafo.


Muchas personas que he conocido y que pertenecen a mi generación me han dicho lo mismo cuando, por casualidades de la vida, nuestros caminos se han vuelto a encontrar. "Hoy todo el difícil", "No hay trabajo de lo mío", "¿Para qué he estudiado entonces?", "No hay futuro", "No se qué hacer con mi vida"... Todas éstas y más son algunas de las expresiones que más he escuchado en todo este tiempo desde que finalicé los estudios universitarios. Evidentemente, nadie nos va a traer el trabajo a casa, pero nadie nos ha regalado nada. Son muchos años de estudio, ilusión y esfuerzo los que de la noche a la mañana se desvanecen en cuestión de segundos y sin que a ninguno de los que ostenta el poder le importe. Por ello, ese pesimismo, ese derrotismo o incluso ese sentimiento de desarraigo y decepción para con nuestro país y nuestros gobernantes son los que imperan hoy por hoy entre las personas de mi generación, una generación con la que se ha metido todo el mundo pero que sinceramente lo está pasando mal y sufre cada vez que ve como su luz al final del túnel se va apagando poco a poco. De esta forma, a los llamados millennials, no nos queda otra que tragar y aceptar cualquier cosa, aunque ésta no tenga nada que ver con nuestros intereses o con lo que hayamos estudiado en la universidad. Algunos si pueden, y los que no, no tienen otra opción que hacer las maletas y enfrentarse a una vida lejos de tus seres queridos para poder hacer, si hay suerte, lo que de verdad deseas. La desazón, la falta de perspectivas, la incertidumbre y con la inmigración en el horizonte como, en ocasiones, única opción de subsistencia. Todos estos temas aparecen a lo largo de Jardín de Invierno, incluyendo el de la búsqueda de nuevas oportunidades fuera del lugar donde naciste, convirtiendo a Anton Invierno, como ya he comentado al principio de esta reseña, en un reflejo más o menos fiel de lo que muchos jóvenes sienten. Sin embargo, una servidora, partícipe de este generalizado sentir y que en ocasiones no puede evitar venirse abajo ante la falta de oportunidades y las cada vez más estrictas exigencias a la hora de tratar de encontrar, ya no un trabajo, sino un lugar acorde con tus ambiciones y expectativas; quiero creer que hay espacio para soñar, para luchar, para poder alcanzar nuestros objetivos más ansiados. Me han llamado "fantasiosa" por atreverme a decirlo, aunque también "valiente", y con éste último me quedo, pues sin valentía no hay nada, sólo conformismo. Un conformismo que los que ostentan el poder han pretendido generalizar entre mi generación, cortando las alas a los soñadores y bajándoles a una tierra plagada de graduados que ven su vida pasar mientras sirven en las terrazas de los bares y restaurantes. Todos tenemos miedo, todos sentimos esa inseguridad con respecto a nuestro futuro, todos somos un poco Anton Invierno, pero todos tenemos derecho a ser más felices y perseguir nuestros sueños. Jardín de Invierno: una historia de amor, incertidumbre, desarraigo, inmigración, fantasía, añoranza, caos, búsqueda de nuestro lugar...Un libro que invita a creer.

Frases o párrafos favoritos:

"Mientras afuera el mundo se deshacía en mil pedazos, las personas se acostaban juntas porque no sabían hacer con sus cuerpos que aún permanecían sanos otra cosa que apegarse entre sí en medio de todos los añicos. Del miedo a la muerte brotaban el deseo y la lujuria."

Película/Canción: hasta que eso ocurra, os adjunto la pieza musical que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Querido Handel, tú si que sabes crear atmósferas envolventes y verdaderamente emotivas.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

viernes, 25 de agosto de 2017

RESEÑA: Alicia en el País de las Maravillas.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Título: Alicia en el País de las Maravillas.

Autor: Charles Lutwidge Dodgson, Lewis Carroll (1832-1898) fue un diácono anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico. El polifacético autor inició su educación en casa, sufrió tartamudeo, sordera y fue un brillante profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford. Su carrera literaria se inició con un éxito discreto entre los años 1854 y 1856, tiempo en el que publicó poesías y cuentos en revistas como The Comic Times o The Train, en las que comenzó a firmar como Lewis Carroll. Pero no fue hasta el 4 de julio de 1862, durante una excursión por el Támesis, cuando el propio Carroll improvisó para las hermanas Liddell una narración que entusiasmó a las niñas. De aquella experiencia y gracias a la insistencia de una de las hermanas, Alicia Liddell, salió el libro Las aventuras subterráneas de Alicia. Años más tarde, movido por el interés que el manuscrito había suscitado entre sus lectores y su agente literario, el libro se revisó y pasó a titularse finalmente como Alicia en el País de las Maravillas, publicado con ilustraciones de John Tenniel. Fue tal el éxito que Carroll decidió escribir una continuación titulada Alicia a través del espejo. Además de otros títulos como Silvia y Bruno o el poema satírico La caza del Snark, Carroll es autor también de numerosos libros de matemáticas, lógica y geometría.


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Jaime de Ojeda.

Sinopsis: escrita en 1865, Alicia en el País de las Maravillas es una obra que con el correr del tiempo se ha liberado de su estrecho ámbito original, vinculado a la literatura juvenil. Popularizado por las decenas de versiones que de él se han llevado a cabo, el relato que el reverendo Charles Dodgson, verdadero nombre de Lewis Carroll, escribiera para la niña Alicia Liddell, de diez años, es un delicioso entramado de situaciones verosímiles y absurdas, metamorfosis insólitos de seres y ambientes, juegos con el lenguaje y con la lógica y asociaciones oníricas, que hacen de él un libro inolvidable que habría de tener una secuela equiparable, cuando no superior, en Alicia a través del espejo.

Su lectura me ha parecido: interesante, amena, imaginativa, onírica, inteligente, hermosa, única, inmortal...Como todos bien sabréis, la literatura juvenil esta plagada de toda clase de libros, cuyas historias han logrado traspasar la frontera del tiempo. Ya pueden estar escritas hace más de 100 años, si rebosan de originalidad y han tenido alguna que otra ayudita por el camino, éstas de seguro que se encuentran entre las lecturas preferidas de generaciones enteras. Sus tramas suelen contener problemas típicos, toques de irrealismo, de magia, ecos de una originalidad que pocas veces encontramos en la novela más convencional. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que lo que hoy catalogamos como literatura juvenil, también, ha logrado derribar la barrera de la edad, pues, son también los adultos los que han sucumbido ante este tipo de novela. Ya sea por nostalgia o por alejarse de las lecturas más convencionales, los adultos acaban por adentrarse en este tipo de libros con la misma energía que la de un joven que empieza a dar sus primeros pasos en el mundo de la lectura menos infantil. Su magnetismo es contagioso, y esto nos debería hacer pensar, ser conscientes de lo que hoy llamamos literatura juvenil, puede que ésta no lo sea tanto. Basta con investigar un poco para darnos cuenta de que libros tan clásicos como El mago de Oz, Peter Pan o Tom Swayer son más profundos de lo que parecen, hasta el punto de convertirse en todo un pretexto para criticar, mostrar o burlarse de la sociedad que parió dichos textos. Del libro que hoy tengo el placer de reseñar se han hecho millones de interpretaciones, conjeturas y teorías de lo más variopintas. Exitoso desde el momento de su publicación, elevado a la categoría de imprescindible gracias al cine y finalmente consagrado por la cultura popular. Nadie pone en duda el atractivo que ha suscitado este breve relato a lo largo de los años, cuya protagonista ya pertenece por méritos propios al olimpo de los grandes personajes literarios, junto a Frankenstein o Hamlet entre otros. Estamos hablando, por supuesto de Alicia en el País de las Maravillas: la lógica dentro de la locura.


Alicia en el País de las Maravillas llegó a mis manos hace unos cuantos años, sin embargo, una servidora ya se había adentrado en el universo de Lewis Carroll mucho antes de que me decidiese, por fin, a leer el libro. El primer recuerdo que tengo de Alicia en el País de las Maravillas, y me imagino que a muchos os pasará lo mismo, es de cuando era pequeña. Gracias a aquella magnífica película de la factoría Disney, muchos de los que hoy rondamos los veintipocos, conocimos por primera vez a Alicia, al conejo blanco, al gato Chesire, al Sombrerero Loco y por supuesto a la malísima Reina de Corazones. Frases como "¡son más de las tres!" o "¡que le corten la cabeza!" acabaron formando parte de nuestra vida y de nuestros recuerdos de niñez. Años más tarde, me volví a reencontrar con la historia y sus personajes gracias a un bellísimo libro ilustrado. No se si se publicó por el aniversario del autor, pero lo que si que sabía era que aquel fue uno de los libros más bonitos que había visto nunca. Evidentemente se trataba de una adaptación, pero eso no quitaba que una servidora disfrutase de su lectura, así como de las maravillosas ilustraciones que poblaban el libro. Y justo antes de que la versión original acabase en mi abarrotada estantería, no pude pasar por alto la interesante, que no fiel, adaptación del maestro Tim Burton. Tras verla y aunque el resultado no fue el que esperaba, la película logró acrecentar mi más profunda admiración por la originalidad y la desbordante imaginación del director norteamericano. Así, de esta forma tan curiosa, después de haberme empapado durante años y años de Alicia y de sus icónicos personajes, llegamos al día de mi cumpleaños. No recuerdo exactamente cuantos años cumplía, pero si que se que el regalo estrella de aquella celebración fueron tres libros: Viajo sola de Samuel Bjork, Las uvas de la ira de John Steinbeck y como no, el Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Tapa blanda, portada amarilla y editado por Alianza Editorial; era imposible que pasase desapercibido ante mis ojos. Tardé un tiempo en animarme a leerlo, pero cuando lo hice, ya no había vuelta atrás. Acababa de redescubrir una historia no sólo mítica, también, todo lo que un cuento tan conocido puede esconder bajo una infantil apariencia.


En lo que respecta a la crítica literaria propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Alicia en el País de las Maravillas presenta una lectura ligera, rápida y sorprendentemente amena. Lo que en cierto sentido es sorprendente, pues, no debemos pasar por alto que esta novela se publica en pleno periodo victoriano, un tiempo en el que encontramos a figuras como Charles Dickens, cuyas novelas no se pueden describir precisamente como amenas. Pero es cierto que durante esta época, libros como el que hoy reseñamos tendrían bastante cabida entre el público menos especializado y más popular, a pesar de la extraordinaria profundidad que éste manifiesta. En relación precisamente con esto último, os recomiendo que si algún día os decidís por leer Alicia en el País de las Maravillas, lo hagáis con calma, aunque la propia dinámica del libro obligue al lector a pasar aspectos por alto. Leer a contracorriente, con detenimiento, fijándoos en todo, pues, éste es uno de esos libros que esconde muchas sorpresas. Centrándonos en la historia que se narra, que duda cabe que todos la conocemos, o al menos hemos oído hablar de ella. No existe lector que no haya visualizado en su mente alguna de las partes más famosas del libro. El cine tiene parte de culpa, pero también, la elevación de sus personajes a mitos inmortales de la literatura y de la cultura popular. No obstante, y he aquí la paradoja, a través de estos canales de difusión, se ha promovido una visión de Alicia en el País de las Maravillas que dista ligeramente de lo que se narra en el libro. Es cierto que a raíz de este fenómeno cinematográfico ha aumentado el interés por el relato y son muchos los que han acabado sucumbiendo a su lectura, pero, a pesar del paso del tiempo, todavía seguimos asociando la Alicia de Lewis Carroll con la Alicia de Walt Disney. No quiero quitarle mérito a Walt Disney, pues, de seguro que sus películas han logrado promover la lectura de ciertos cuentos infantiles, pero, hay que mirar más allá del dibujo animado. Dejando de lado esta pequeña apreciación, insistimos en que Alicia en el País de las Maravillas muestra más de lo que nos han querido vender. Este es un libro profundo disfrazado intencionadamente de una apariencia maravillosamente onírica. Aspecto que no podemos evitar asociar con ese lado infantil que todos tenemos en nuestro interior. Pero lo cierto es que Alicia en el País de las Maravillas es lógica, es contundencia, es firmeza, es matemática pura. Como un puzle en el que poco a poco van encajando las piezas, una máquina que hay que ir construyendo poco a poco. Si lo leéis lo entenderéis perfectamente, aunque, y ahí reside lo maravilloso de este libro, se presta a diferentes y de lo más variadas lecturas. Todo depende del ojo con el que se mire. Por último, no podía dejar de lado un aspecto crucial dentro de este libro, y es que sus personajes, desde Alicia, icónico personaje, hasta la última carta de la guardia personal de la Reina de Corazones, pasando por el Conejo Blanco o el Gato Chesire, merecen un exhaustivo análisis. Nadie duda de su importancia ni de las interpretaciones que se han hecho de cada uno de ellos. Sin embargo, y por no extenderme más en este apartado, pues se han dicho ya muchas cosas, sólo me queda decir, queridos lectores, que sólo vosotros podéis sacar conclusiones de esta lectura. Merece la pena adentrarse en ella, no sólo por su calidad literaria y la capacidad de Carroll para crear mundos inventados, también por las interpretaciones que podáis extraer de su lectura. Interpretaciones como la que una servidora os expondrá en el último párrafo.

Como ya he comentado, no puedo marcharme sin antes, en el pequeño espacio que me queda, dedicarlo a reflexionar sobre Alicia en el País de las Maravillas. Es cierto que en más de una ocasión los debates que me he planteado tras leer un libro han sido en relación con algún aspecto de rabiosa actualidad, otras veces éstos han sido más abstractos y sólo cuando era estrictamente necesario, se han ceñido a una interpretación personal de la lectura finalizada. Pues bien, ya que nos encontramos ante un texto de gran importancia literaria y popular, no he podido evitar decantarme por ésta última. Como todos bien sabréis, o al menos lo conoceréis por oídas, Alicia en el País de las Maravillas es un libro machacado, analizado al milímetro y que por consiguiente, ha servido como base de estudio, dando lugar a mil y un interpretaciones, cada cual más diferente. Sin pretender ser pretenciosa, pues cualquier lector es libre de dar su propia opinión, ni me voy a decantar por aquellas visiones simplistas ni por aquellas que sugieren que el propio Lewis Carroll tenía una oscura obsesión por Alicia Liddell, la niña que inspiró al autor y cuya foto podéis contemplar al principio de la reseña. En su lugar, prefiero decir que Alicia en el País de las Maravillas, como relato publicado en una época muy concreta de la historia, sugiere una alocada y cuerda crítica  a la sociedad de su tiempo. El momento en el que nace Alicia en el País de las Maravillas resulta ser un tiempo de marcados contrastes. Por un lado la expansión colonialista británica por medio mundo provee al país de riqueza y de poder dentro de las relaciones internacionales, pero por el otro, como consecuencia de la Revolución Industrial, la miseria se extendía por todas las zonas industriales, incluyendo la capital, creando auténticos barrios marginales, hostiles y desamparados. Si el longevo reinado de Victoria I aseguraba estabilidad frente a posibles reveses, la población estaba sujeta a una serie de normas moralizantes que no hacían sino constreñir aún más los derechos de sus ciudadanos. Todo sea dicho, la sociedad británica, incluso la de nuestro tiempo, no deja de lado ciertas costumbres ya famosas por antonomasia, tales como el té con pastas o la puntualidad tan universalmente conocida. Dicho esto, lo que pienso sinceramente es que Carroll, Dodgson al fin y al cabo, no estoy tan segura si conscientemente, pues el punto de partida del libro es bien distinto, consiguió que le saliese algo más profundo. Todo ese colorido, esa fantasía, esos animales que hablan, ese sombrerero chalado, esa monarca despiadada...No es más que una crítica a esas costumbres impuestas o que hacemos por inercia. Ya no sólo hablamos de las típicamente inglesas, pues se hace explícita referencia a ellas, también se puede extrapolar a todas ellas en general, además de un canto a un cierto tipo de libre albedrío. Ese en el que tienen cabida todo tipo de locuras dentro de un orden milimétricamente calculado. Tras esto, me gustaría pensar que algo así podría tener cabida en nuestro subconsciente, de hecho, todos llevamos a un loco dentro que se muere por salir al exterior de vez en cuando. Por ello, creo que Alicia en el País de las Maravillas es un canto a la despreocupación, a la desinhibición, al caos, claro está, dentro de un límite. Algo que sinceramente, deberíamos practicar todos de vez en cuando. Alicia en el País de las Maravillas: una historia de imaginación, locura, ingenio, lógica, metáforas, sonidos, profundas reflexiones, frases memorables...El libro que todos debemos tener en nuestra estantería.

Frases o párrafos favoritos:

"Estás loco, pero te diré un secreto: las mejores personas lo están".

Película/Canción: aunque la más famosa es la versión de Disney, estrenada en 1951, existen otras adaptaciones. Desde la primera fechada en 1903, hasta la versión de Tim Burton en el 2010, pasando por la de 1999 que adaptó el clásico a formato televisivo. Sin embargo y debido a mi pasión por las bandas sonoras, os adjunto una pieza extraída de la adaptación de Tim Burton cuya magia se nota desde el primer minuto. Disfrútenla.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

miércoles, 16 de noviembre de 2016

RESEÑA: El silencio es un Pez de Colores.

EL SILENCIO ES UN PEZ DE COLORES


Título: El silencio es un Pez de Colores.

Autor: Annabel Pitcher (York-shire 1982) estudió filología inglesa en la Universidad de Oxford. Trabajó en diversos medios de comunicación y como profesora de inglés, pero siempre quiso escribir novelas. Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea y Nubes de Kéchup se han convertido en grandes éxitos de crítica y ventas. Además, han recibido numerosos premios, entre ellos el Brandford Boase Award y el Betty Trask Award, y han sido traducidas a más de 20 idiomas.


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Carmen Villar García.

Sinopsis: Tess se ha sentido fuera de lugar, y la noche en la que lee por casualidad lo que su padre ha escrito en una inesperada página web, comprende definitivamente que nunca conseguirá encajar en ninguna parte. Su silencio y un pez de colores serán sus mejores aliados en la nueva vida que tendrá que empezar a construirse; en silencio perderá a su mejor amiga, encontrará a una nueva alma gemela y aprenderá una lección fundamental: el silencio es muy poderoso, pero las palabras lo son aún más.

Su lectura me ha parecido: entretenida, extraña, cercana, original, cautivadora, dramática, personal, bien ejecutada, un tanto exagerada al principio, comprensible después...Queridos lectores y lectoras, siempre es bueno reencontrarse con viejos conocidos. Esto sucede en la vida real, por supuesto, pero también en el ámbito de la lectura, te reúnes de nuevo con autores que han marcado un antes y un después en tu historia como devorador de libros. Puede ser fruto de la casualidad, por el azar o simplemente porque uno conscientemente lo busca desesperadamente. Todos, absolutamente todos lo lectores tenemos una serie de autores capitales, que o bien han sido los que nos han ayudado a aficionarnos en esto de la lectura, o por el contrario, en un momento determinado sus libros nos marcan tanto que es imposible no saber de él o no estar informado ante cualquier movimiento del autor o autora en cuestión. En esta ocasión, amigos y amigas, estoy ante una novela, pero sobretodo ante una autora muy importante, para mi y para este espacio de reseñas literarias. La primera novela que publicó me la leí hace un tiempo, y lo cierto es que se convirtió al instante en una de mis favoritas, tanto es así que fue la reseña de esa novela la segunda que publiqué en Jimena de la Almena. Cuatro años después es una de las entradas más visitadas, cuatro años después sigo recordando aquella primera lectura de esta autora y cuatro años después me topo con su última novela. Un libro que a pesar de no estar a la altura de aquel extraordinario y reflexivo Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, me hizo rememorar buenos momentos. En fin, es fantástico volver a leer algo suyo, algo como El silencio es un Pez de Colores: la capacidad de hacernos empatizar y normalizar lo extraño al mismo tiempo.


La historia de como El silencio es un Pez de Colores llegó a engrosar la abarrotadísima librería tiene su historia, larga en el tiempo, pero que es importante narrar. La primera vez que escuché hablar de Annabel Pitcher me encontraba en el instituto, creo que acabando ya mis estudios secundarios o en el bachiller, no recuerdo bien. Pero la cuestión es que me habían hablado maravillas de su primera novela, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, a la que por aquel entonces le estaban dando mucho bombo. En un primer momento pensé que aquello era un poco excesivo y que, como pasaba con sagas tan famosas por aquel entonces como Crepúsculo, pensaba que Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea no sería para tanto. Meses más tarde, vi que en la biblioteca de mi instituto habían comprado el libro y que lo tenían expuesto entre las últimas novedades. Lo cierto es que hasta ese momento no había visto la portada de ese libro y sinceramente, era de todo menos bonita, más bien resultaba inquietante con esa casa de muñecas de cartón mal construida y pintada. Daba la sensación de que  la historia que albergaba en su interior iba a ser de todo menos cursi. Como nadie se lo llevaba, y tras darle alguna que otra vuelta, decidí traérmelo prestado a casa. Cuando lo leí me tuve que tragar de golpe todos los prejuicios infundados, Mi hermana vive en la repisa de la chimenea se convirtió casi al instante en una de esas lecturas capitales y que recuerdas siempre, al menos en mi caso. Con respecto a El silencio es un Pez de Colores la historia fue más sencilla, sin embargo, el haberme leído algo de Annabel Pitcher me condicionó a la hora de escoger nueva lectura en el catálogo de Siruela, editorial con la que colaboro actualmente. Reconozco que cuando leí el nombre de la autora algo se movió dentro de mi, pidiéndome a gritos que por favor me adentrase en su lectura. Algo que como no, acabó sucediendo, y aunque El silencio es un Pez de Colores no haya superado a la primera novela de la autora, la experiencia  fue de lo más gratificante.


En lo que respecta a la critica de esta novela, es necesario comenzar diciendo que El silencio es un Pez de Colores presenta una lectura amena, sencilla, sin demasiados barroquismos. Algo que por otro lado la historia en si no lo necesita, reflexiona mucho eso si, pero no nos hayamos ante una de esas novelas infumables por su estilo y ritmo. Seguidamente, es importante apuntar que éste libro es un libro de personajes, es decir, un relato donde éstos tienen un papel muy importante, que incluso va más allá de convencionalismos varios. Con esto no estoy diciendo que El silencio es un Pez de Colores sea una novela innovadora, que no lo es, simplemente que la autora ha dado un paso adelante en esta cuestión y es de agradecer. Entre todos los personajes, destacan dos por encima de todo, el de Tess, la protagonista del libro, el de Jack, su padre y el del pez de colores. Por un lado, Tess al principio no es un personaje que llamase poderosamente mi atención, es más, al principio consideraba demasiado exagerados sus motivos para callar para siempre tras descubrir un inesperado secreto. Sin embargo, la sobrada capacidad de Pitcher para lograr que todo el mundo, por unanimidad, acabe empatizando con sus personajes principales, logró que sufriese con ella, que me sintiera mal, incluso que comprendiese ese silencio. Por otro lado, lo que no ha logrado Pitcher es que me cayese bien Jack, resultándome un personaje demasiado istriónico y egocéntrico para mi gusto. Por último, ese pez de colores, esa linterna, ese objeto inanimado que de pronto adquiere protagonismo, convirtiéndose en el mayor confidente de Tess en su decisión de no pronunciar palabra. Este último elemento hace que la novela adquiera una dimensión un tanto extraña e incomprensible al principio, pero que después, se normaliza de tal forma que ya no te importa que una simple linterna en forma de pez de colores le hable a la pobre Tess, y que ésta le responda como si tal cosa. A pesar de todo existen dos aspectos de la novela que me han resultado algo deficientes, el primero es una cuestión puramente personal, el otro es realmente preocupante. En primer lugar, la poca presencia de los personajes de la madre y la abuela de Tess. Son personajes menos dibujados y que pasan desapercibidos para el lector. Pienso que si Pitcher los hubiese desarrollado más, tal vez, la novela adquiriría una perspectiva más completa y no tan centralista. Y en segundo lugar, la cuestión del tremendo bullyng al que es sometida la protagonista queda relegado a un segundo plano, algo que me ha molestado especialmente, sobretodo si se tiene en cuenta que ésta es una novela que pretende atraer sobretodo al publico joven. Algo que debería hacernos pensar y mucho.


En el terreno puramente reflexivo, tomaremos prestada una de las frases de la sinopsis de la novela en la que se dice que: "el silencio es muy poderoso, pero las palabras lo son aún más". Unas palabras que en cierto modo, expresan una gran verdad, tan grande como la puede ser cualquier otra. El silencio, ese elemento tan imprescindible en nuestro día a día y en el transcurso de nuestra existencia, muestra dos caras. La más visible, resulta ser la más amable y beneficiosa al principio. El silencio puede hacernos pasar desapercibidos en situaciones comprometidas, puede ayudarnos a agudizar otros sentidos, a captar al vuelo las explicaciones, a interpretar los mensajes ocultos en los otros lenguajes corporales, a asimilar mejor los conocimientos, a ser más productivos en nuestro trabajo o a quedar bien en ciertos ambientes sociales. Sin embargo, el silencio esconde una cara oculta muy perversa, que puede llegar a ser hasta peligrosa. Muchos son los que callan y pasan de largo cuando un mendigo les pide dinero por la calle, cuando sientes que tu opinión importa bien poco en un grupo social, cuando a una mujer la acosan en el trabajo, cuando presencias como a un compañero de clase le hacen la vida imposible, cuando tras una guerra el bando perdedor tiene la obligación de no hablar del pasado, cuando no se hace nada por reparar el daño causado, cuando ves reducidas tus propias libertades y derechos fundamentales, cuando se hace la vista gorda permitiendo que se cometan verdaderas barbaridades en nombre de unas ideas...En definitiva, muchos callan cuando la injusticia social es tan abrumadora y tan insoportable. Incluso algunos gobiernos pretenden que ese silencio perdure penalizando y multando al que habla, al que expresa su opinión, al que se manifiesta, al que critica, al que dice "basta". En algunas ocasiones, es necesario liberarse de esa mordaza que oprime para articular palabra, palabras tan valiosas como la vida misma. Esta es una de las grandes lecciones que se extrae de El silencio es un Pez de Colores, la necesidad de hablar y de usar bien el silencio, pues es un elemento de poder, pero también de perdición y que produce a la larga verdaderos cargos de conciencia. El silencio es un Pez de Colores: una historia de amistad, familia, refugio, decisiones, acoso escolar, complejos, consejos, enseñanzas....Una novela que a pesar de no haber superado su propio listón, logra cautivar y emocionar a partes iguales.

Frases o párrafos favoritos: 

"Si todos somos raros, es que nadie es raro. De hecho, si te paras a pensarlo, en un mundo imperfecto, lo único que sería realmente extraño sería la perfección."

Película/Canción: de momento no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva de esta novela. Hasta que eso se produzca, disfrutemos de una canción de Lady Gaga que a mi parecer, se ajusta perfectamente al espíritu del libro:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela.