Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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jueves, 11 de abril de 2019

RESEÑA: La memoria del aire.

LA MEMORIA DEL AIRE

Título: La memoria del aire.

Autora: Caroline Lamarche (Liège 1955). Novelista, poeta y autora de piezas para radio.A pesar de haber nacido en Bélgica, pasó su infancia y juventud en España y Francia. Tras viajar a África para enseñar francés e inglés, se instaló en Bruselas. Ha publicado recienteente con Gallimard Carnets d´une soumise de province (2004), Karl et Lola (2007), La Chienne de Naha (2012), La mémoire de l´air (2014) y Dans la maison un grand cerf (2017). (Fuente Editorial)


Editorial: Tránsito.

Idioma: francés.

Traductora: Raquel Vicedo.

Sinopsis: La memoria del aire comienza con un sueño. La narradora, la propia Caroline Lamarche, ve a una mujer muerta: es ella misma pero hace más de veinte años, «como si hubiese estado todo este tiempo muriendo». Este sueño abre una brecha hacia el pasado: desde entonces, cada día la narradora va a visitar a la muerta y conversa con ella. Los recuerdos afloran en forma de monólogo: su relación durante siete años con un hombre depresivo e iracundo, la crueldad de los juegos amorosos que vivió con él y, finalmente, la historia de cuando escuchó de otro hombre: "si lloras, te mato".En este relato autobiográfico, tan rotundo y estremecedor como onírico y poético, Lamarche ahonda en la vulnerabilidad de la infancia, en las relaciones de poder que forman la dependencia afectiva y, sobre todo, en esa violencia que nunca debería de ser consustancial al amor y que, sin embargo, tan a menudo lo es. (Fuente Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Intensa, necesaria, breve, precisa, con una sensibilidad poética admirable, reflexiva, descarnada, un ejercicio de autocomprensión... En tiempos en los que la gente corre más que nunca, en los que es difícil encontrar a alguien que mire los acontecimientos a través de los ojos y no de una pantalla, en los que existe una obligación de estar presente en el mundo, en los que debes de estar constantemente al día y en los que, en el terreno de la literatura, cada vez más libros llevan como complemento la etiqueta "fast"; existe esperanza. Nadie dijo que fuera fácil, y menos entre tanta portada atractiva e historia que te vende la idea de "tensión hasta el último párrafo". Pero todavía existen editoriales (valientes y kamikazes al mismo tiempo), que lejos de obedecer las doctrinas de nuestro tiempo tan cambiante, apuestan por la calidad, en otras palabras, por rozar con los dedos la piel de los lectores. Todas y todos conocemos esta clase de libros. Cuesta encontrarlos en la librerías, normalmente no se encuentran en sus grandes escaparates, sino en las abarrotadas estanterías, junto a otros títulos. El lector común no los encontrará, ya que, muy a nuestro pesar, sólo se detiene frente al expositor que con el que se topa nada más entrar por la puerta de cualquier templo literario. Entre ellas puede haber algún texto excelente, sí, pero para avanzar de nivel, para no llevarte autenticas decepciones, para encontrar joyas que de verdad merecen la pena; debes pasar de largo, dirigirte a la estantería y repasar los lomos de cada uno de los libros. Sé que es una tarea compleja, que una o uno puede perderse entre la inmensidad y que en ocasiones dicha tarea puede resultar desesperante. Como buscar una aguja en un pajar. Pero sólo así se descubren los tesoros, esas historias que relucen entre sus humildes envoltorios estéticos, esas que, probablemente, acaben alojándose en tu memoria nada más finalizar su lectura. Eso sí, una advertencia, requieren tiempo, una involucración que va más allá de la propia trama, una necesaria digestión y finalmente una conclusión a partir de las reflexiones suscitadas. Ese y no otro fue el camino que seguí, casi sin darme cuenta, con La memoria del aire de Caroline Lamarche, la segunda novela que la joven editorial Tránsito publicó hace ahora unos meses.

   A veces la humildad es el elemento más importante a la hora de editar libros. Esta bien querer aspirar a más y pretender asaltar los cielos en cuanto se atisbe la más mínima oportunidad. No obstante, también se puede alcanzar la gloria, y lo más importante, el corazón de los lectores a base de escoger buenas historias, ofrecer una impecable traducción y por último abrigarlas de ediciones que, aunque no llamen la atención a primera vista, basta con echarle un vistazo a su interior para saber que merece la pena. Eso mismo fue lo que me llamó la atención de Tránsito editorial y la razón por la que decidí leer y reseñar la presente novela. Su combinación de historias la mar de apetecibles (algunas de ellas consiguen entrarte por los ojos como ese suculento postre al que es imposible resistirse) y unas portadas cuya sencillez es un ejemplo para muchas otras editoriales del panorama literario actual. Monocromáticas y collages más sugerentes que reflexivos, los cuales incentivan al lector más despierto a imaginar su significado. En el caso de La memoria del aire, la portada en si no nos ofrece muchas pistas (a pesar de su originalidad), algo que por el contrario si ofrece su título.

   La crítica de La memoria del aire podría abordarse desde distintos puntos de vista, pues a pesar de su extraordinaria brevedad (cuando el lector llega al final se queda con ganas de más a pesar del largo y pedregoso camino que ha recorrido desde su inicio hasta la última palabra), deja un poso para poder referirse a ella de muchas formas. La memoria del aire podría considerarse, en primer lugar, como una novela personalista y centrada por tanto, en ese subjetivismo en la literatura del que ahora somos testigos y que ha ido en aumento en los último años. Esa novelización del "yo" no deja de ser sintomática de una sociedad en la que cada vez damos más importancia al individualismo, y por consiguiente, a todo lo que eso afecta. Nuestra felicidad, nuestra tristeza, nuestra opinión, nuestra preocupación, nuestra desdicha, nuestra fortaleza... Nuestra vida en general. Pero la "literatura del yo" no muestra una historia en la que la o el protagonista, con X conflicto interno, se relaciona con una serie de personajes secundarios, sino que debería ofrecer una exploración, lo más exhaustiva y profunda posible, de ese agujero en el interior del corazón, el estómago o la cabeza del protagonista de la historia. Lejos de caer en topicazos o temas excesivamente manidos, Lamarche sumerge al lector ya no en una exploración, sino en una búsqueda, en un viaje, en un tren que desciende hasta el germen de todo. Y lo encuentra, ¡vaya si lo encuentra!, en lo que hasta hace unos años estaría completamente invisibilizado: una traumática y tóxica relación de pareja.

   Es en este punto donde, además de una oda al subjetivismo bien construido y justificado, deberíamos estar hablando de novela con tintes claramente autobiográficos. No es un secreto que muchas escritoras y escritores se han basado en su propia vida para escribir algunas de sus novelas más famosas y que a la larga han resultado trascendentales. De una relación amorosa con tintes platónicos surgió la Divina Comedia, uno de los textos más importantes de la literatura universal y que Dante dedicó única y exclusivamente a Beatriz, su amor, su inspiración, su luz, capaz de hacerle recorrer el Infierno, atravesar el Purgatorio para finalmente ascender al Paraíso donde poder, al fin, reencontrarse con ella. No es este el caso de Caroline Lamarche en La memoria del aire, pues si de algo es memoria este libro es de las oscuras sombras de una relación (por fortuna finalizada) y el recuerdo amargo de ella una vez transcurrido el tiempo. Por medio de brevísimos retales, Lamarche nos disecciona los recovecos de un amor brutal, violento, en donde la protagonista sufre todo tipo de descréditos, golpes y puñaladas contra su propia autoestima. Dividida en dos partes, la autora no duda en hablarnos en primer lugar (desde un estilo preciso pero enormemente poético) de aquel hombre con la justa frialdad que requiere esta reflexión a posteriori para luego, en segundo lugar, retornar a un recuerdo traumático de su pasado que vuelve con fuerza a su vida a raíz de esta terrible situación sentimental. Su lectura, como ya apuntaba al principio de la presente reseña, necesita tiempo, dedicación, detenerse unos instantes tras leer un capítulo, uno de los muchos testimonios que la autora vierte sobre los ojos del lector. Pero también, por si fuera poco, La memoria del aire necesita reposo, el necesario para que, una vez asentada y digerida toda la información, éste consiga extender sobre la mesa (o sobre el teclado del ordenador, según se mire) esa huella imborrable y eterna. Personalmente, la experiencia de encontrarme por vez primera con Lamarche y su literatura ha sido de entendimiento, de comprensión, e incluso de compañía. Jamás me he visto en la situación que la autora belga narra con tanta vehemencia y delicadeza. Ojalá no conozca nunca esa clase de miedo, cuyo olor a muerte y terror de seguro conseguirían estremecerme. De lo que sí estoy segura, por desgracia, es en el hecho de que muchas mujeres pueden haberse identificado con su protagonista.

   El amor romántico mata, lo dice Lamarche, lo digo yo y lo dicen infinidad de intelectuales y voces anónimas a las que la historia, de seguro, algún día pondrá en su lugar. Y es que desde bien pequeñitas se nos ha metido en la cabeza la idea de que los príncipes azules existen de verdad y que somos nosotras las que debemos ser rescatadas de los dragones (o lo que es lo mismo, de cualquier adversidad que se nos presente en la vida). Sin embargo, todavía es más interesante ver como la propia Lamarche, en un ejercicio de autocrítica y reflexión más allá de que los ojos ven, bucea, se sumerge, consiguiendo llegar hasta los mismos cimientos de la construcción del patriarcado universal. Observa cada una de las patas que lo sostienen, deteniéndose especialmente en una, la que lleva por nombre "culpa femenina". Y es que Lamarche tiene razón cuando en La memoria del aire dice que gran parte de la desigualdad entre hombres y mujeres se ha construido a base de minar la autoestima de la mujer haciéndole creer que la culpa de todo es suya. Así como el instinto de supervivencia aflora en cada uno de nosotros en el caso de necesidad, el de culpa surge de manera innata en el sexo femenino como si fuera algo normal, cuando en realidad no lo es. Por no hablar de, en relación con esto último, la creencia de que el hombre es el único capaz de hacer entrar en razón a la mujer cuando ésta niega esa culpa. "La sociedad es cómplice del hombre", ese debería ser el nombre de otra de las patas que con firmeza han sujetado siglos de salvaje patriarcado. La normalización de la superioridad del varón en todos los aspectos de la vida confirma a la propia Lamarche lo que ya se temía, que es necesaria y urgente implantar una perspectiva de género en los principales resortes de defensa jurídica, sanitaria y policial para afrontar ciertos procesos en igualdad de condiciones. Algo que, si echamos un vistazo a nuestra actualidad más acuciante, está lejos de ser una realidad.

   El rojo es el color protagonista de la presente portada, así como el de la sangre y como el de la capa de Caperucita Roja. Libro que, por cierto, acaba de ser retirado de la biblioteca escolar de un colegio de Barcelona por considerarse sexista según una noticia de la que ayer se hicieron eco incontables medios de comunicación de este país. El machismo está presente en muchos libros infantiles (en parte porque fueron escritos en épocas pasadas en las que éste estaba a la orden del día y estaba más aceptado). Por tanto, es un error pensar que sólo por leer La cenicienta, La sirenita o Los tres cerditos las niñas y los niños van a adquirir automáticamente comportamientos machistas. Si algo me ha enseñado la lectura de Lamarche ha sido a que, sí, los referentes culturales pueden influir sobre los comportamientos de las futuras generaciones pero... ¿Un padre o una madre no lo son más? ¿No puede el niño llegar a desarrollar comportamientos machistas a partir de lo que observe en el entorno familiar? ¿Y si el problema, en realidad, no son tanto los libros como una educación doméstica sesgada entre niños y niñas? Creer en príncipes azules no es bueno, pero tampoco lo es asumir que a ti te toca fregar los platos mientras tu hermano se sienta a ver la tele.

La memoria del aire: una historia de desgarro, evidencias, denuncia, autocomprensión, reflexión, necesaria lectura y debate... Las profundas heridas del amor romántico.

Frases o párrafos favoritos:

"Querida muerta, mantén los ojos cerrados si quieres, pero abre bien las orejas: aquel a quien amé durante siete años no consideró necesario comunicarle a su madre que yo existía, que era, como él decía, la mujer de su vida (...) Sin embargo, este hombre, el hombre de antes, que a partir de ahora llamaré, por simplificar, Deantes, Deantes, pues había acabado de conocer a toda mi familia."

Cortesía de Editorial Tránsito

martes, 9 de mayo de 2017

RESEÑA: Se llama usted Michelle Martin.

SE LLAMA USTED MICHELLE MARTIN

Título: Se llama usted Michelle Martin.

Autor: Nicole Malinconi (Dinant, Namur, 1946). De padre italiano y madre belga, vivió los primeros años de su vida entre Italia y Bélgica. Fue trabajadora social en la institución hospitalaria donde ejercía Willy Peers, médico humanista conocido por ser uno de los principales impulsores de a despenalización del aborto, y cuyas ideas influyeron mucho en la escritora. A partir de esta experiencia escribió su primera obra, basada en entrevistas a mujeres, Hôpital silence (1985), cuyo estilo recuerda, según la crítica, al de Marguerite Duras. A continuación, publicó L´Attente; Nous deux, historia sobre una relación entre madre e hija, con la que ganó el premio Victor-Rossel 1993 y que fue adaptada al teatro bajo el título Elles; Da solo (mismo tema, pero desde la óptica del padre); Rien ou presque; À l´étranger (su infancia en Italia); Séparation (en torno al psicoanálisis); L´Altérité est dans la languae (diálogo con J. P. Lebrun sobre escritura y psicoanálisis). En 2008 publicó el controvertido libro sobre Michelle Martin, ex esposa y cómplice del asesino Marc Dutroux.

Editorial: Funambulista.

Idioma: francés.

Traductor: Isabel Lacruz.

Sinopsis: Bélgica, 1996: salen a la luz y dejan horrorizada y conmocionada a la opinión pública los hechos del llamado "Asunto Dutroux", una macabra historia de pederastia, secuestros, violaciones y asesinatos. Diez años después, Michelle Martin, condenada a treinta años como cómplice de su entonces marido, sale de su silencio y encarga a Nicole Malinconi que escriba un libro sobre su situación en la cárcel. La escritora acepta, pero, al hilo de las entrevistas, la asaltan estas preguntas: ¿cómo es posible que una persona permitiera que se cometiesen semejantes horrores, arrastrada por la sumisión a alguien, y participase en ellos hasta convertirse en criminal ella misma? ¿Qué ocurrió en la vida de Michelle Martin para que se convirtiera en ese "monstruo"? ¿Existe un camino para la aceptación, el arrepentimiento, quizá el olvido, a fin de poder seguir viviendo? ¿Es posible la reinserción? ¿Cabe la redención?

Su lectura me ha parecido: dura, breve, concisa, sincera, impactante, estremecedora, enormemente reflexiva...Nada más sentarnos a desayunar, una de las costumbres que más se repite en todos los hogares es la de tomar el mando y encender la televisión, la "caja tonta" como muchos la definen, la cual, tras unos segundos de oscura incertidumbre, nos devuelve las imágenes del día. En ocasiones éstas nos muestran el resultado del mayor evento deportivo del año, otras veces, la pantalla refleja los rostros soberbios de quienes se creen absueltos de toda culpa en lo que a corrupción política se refiere. Hay días en los que los horrores de la guerra pasan completamente desapercibidos ante los ojos del espectador, y también los hay que no cuentan la verdad o simplemente, mediante la manipulación periodística, nos hacen creer lo que en realidad no es cierto, todo para satisfacer oscuras intenciones, es decir, para que nada, absolutamente nada cambie. Sin embargo, hay veces que una noticia, aunque lo más correcto sería decir ciertas noticias, impacta desde el primer instante, consiguiendo que nuestro estómago de un vuelco, que entremos en estado de shock y que sintamos repugnancia por lo que se está narrando. Es cierto que esta sensación aumenta de intensidad a medida que los medios sensacionalistas repiten la noticia a diario, con la última hora y las polémicas de turno, acrecentando un mayor rechazo social. No podemos permanecer inmunes ante este tipo de noticias, y menos cuando las palabras "asesinato", "secuestro" o "violación" forman parte de la crónica. En definitiva, no podemos evitar preguntarnos ¿por qué? En el libro que hoy tengo el placer de reseñar la autora trata de dar respuesta, a este y a otros muchos interrogantes que lógicamente aparecen cuando te enfrentas a un personaje de estas características, cuando te encuentras ante el rostro de Michelle Martin. Usted se llama Michelle Martin: la valentía de la entrevistadora ante el intenso escalofrío.


La historia de como este libro llegó a mis manos y posteriormente a formar parte de mi adorada estantería es bien sencilla. No obstante, debemos empezar por el verdadero principio. Como bien sabréis, y eso se nota en la selección de lecturas que todas las semanas reseño en el blog, soy más de ficción. Siempre he tenido mucha imaginación, muchísima, de hecho, cuando era pequeña era de esas niñas que no necesitaba mucho para jugar, incluso podía estar yo sola, sin ningún problema, jugando a mi manera. Me gustaba inventarme historias, meterme dentro de ellas y usar como juguetes cosas bastante atípicas, como las ramas de los árboles y plantas, incluso llegué a dibujar, pintar y recortar mis propias muñecas de papel, con las que me entretenía sin ningún problema. A medida que iba creciendo, una va siendo cada vez más madura y vas dejando de lado esos juegos infantiles, sin embargo, esa capacidad de inventar y de imaginar la supe canalizar a través de dos actividades: la escritura y la lectura. Ambas me proporcionaban y me siguen proporcionando esa libertad y evasión que en muchas ocasiones necesito y que sin ellas, me sentiría huérfana. Por eso me gusta la ficción, porque puedes viajar, descubrir, sentir y dejarte llevar. No obstante, y esto lo descubres cuando el instinto crítico empieza a surgir en el interior de cada uno, empiezas a interesarte por lo real, lo verídico, los géneros que distan de la novela propiamente dicha. A partir de ese momento, pero, sobretodo cuando empecé en la Universidad, comencé a interesarme por la lectura de textos menos ficticios, aunque, ese amor por lo inventado sigue estando muy presente. Es entonces cuando te interesas por textos más filosóficos, políticos o que ejerzan una labor periodística interesante. Por ello y tras conocer todas las opciones que la editorial Funambulista me ofrecía, decidí decantarme por el enigmático Se llama usted Michelle Martin. Por aquel entonces me apetecía leer algo diferente y pensé que este libro me podía proporcionar lo que buscaba. Antes de iniciar su lectura, leí brevemente sobre el tema y por lo que iba averiguando, aventuraba que ésta no iba a ser una de esas lecturas fáciles de digerir y que iba a tener que construir una barrera entre el libro y yo. Finalmente, y tras devorar la última página, constate que su lectura era como me esperaba, aunque me llevé por sorpresa un pequeño buen sabor de boca.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Se llama usted Michelle Martin presenta una lectura ágil, dinámica a ratos y breve, extremadamente breve. Pienso, y lo digo desde la más absoluta sinceridad, que esa esquematización y concentración juega bastante a favor por dos motivos. El primero tiene que ver básicamente con la frase "Lo bueno, si breve, dos veces bueno", no por hacerlo más largo un texto significa que vaya a ser mejor, al contrario, se puede cargar el trabajo del escritor. En el caso de este libro, la autora parece conocer ese refrán, pues reduce hasta lo estrictamente necesario, ninguna coma es innecesaria, todo gira entorno al tema a tratar sin dejarse llevar por la verborrea lírica presente en otros muchos autores. El segundo, y esto hay que reconocerlo, se refiere a la contención. Ya no estamos hablando de la brevedad lírica de antes, sino a algo que tiene mas relación con la profesionalidad del buen periodista. Si habéis leído la biografía, sabréis que Malinconi no es una escritora que venga del ámbito periodístico, más bien, proviene de ámbitos más relacionados con el trabajo social y la psicología. A esto algunos lo denominarán "intrusismo", yo lo llamo interdisciplinariedad. Cuando el que opina en ámbitos periodísticos proviene de otras ramas que no son el periodismo se nota y en algunos casos, dependiendo de la persona, para bien. Lo mismo pasa con la escritura, al ser Malinconi perteneciente a otro ámbito de estudio, podemos comprobar como la profesionalidad y el trato al material que posee, esas entrevistas, reciben un tratamiento diferente, sin dejarse llevar por el morbo que caracteriza a algunos periodistas. De ahí la brevedad, el exquisito respeto y el buen tratamiento de esas fuentes. A grandes rasgos en Usted se llama Michelle Martin se exponen las conversaciones que tuvo Malinconi con Michelle Martin durante los vis a vis. Michelle Martin, fue la esposa de Marc Dutroux y ambos fueron los protagonistas de una macabra historia de secuestros, violaciones y asesinatos a chicas menores de edad. Finalmente y gracias al testimonio de un joven, ambos fueron detenidos y condenados a importantes penas de cárcel, el uno por ser el que cometía las agresiones y la otra por ser cómplice de las mismas. Esta es la historia, la que todo el mundo en Bélgica conoce, pero, en Usted se llama Michelle Martin hay mucho más. Lo que pretendía ser un libro en el que Martin contase su vida en prisión, se convirtió en algo mucho más profundo, en un texto donde se establecen dos discursos. El de Michelle Martin, que es quien responde y el de Nicole Malinconi, quien pregunta, pero que además, se hace preguntas a si misma, reflexiones que todos nos haríamos si tuviésemos delante a alguien con una historia parecida a la de la protagonista. Por eso, este libro adquiere una dimensión mucho más reflexiva de lo que cabría esperar, implicando al lector, compartiendo con él interrogantes tales como ¿Cómo es posible? ¿En qué estaría pensando? ¿Dónde queda la compasión? ¿La empatía? ¿La dignidad? ¿Por qué no escapó? ¿Por qué no denunció? Todos ellos sin respuesta. Por último, sólo me queda decir que Usted se llama Michelle Martin no es precisamente un libro que se caracterice por su calidad literaria, es más, en ese sentido resulta bastante pobre. Al igual que una novela, un ensayo de estas características también requiere un mínimo de cuidado en ese sentido. Usted se llama Michelle Martin no está a la altura del magistral A sangre fría del gran Thruman Capote, tal vez el siguiente libro de la autora se acerque un poco más, todo es proponérselo.


Centrándonos en la reflexión estrictamente personal, debo de admitir que, como en otras ocasiones, me ha resultado especialmente difícil decantarme por un tema en concreto. Una lectura así te impacta, te sacude, hasta el punto de llegar a formularte las mismas preguntas que tantas veces nos hemos hecho cuando hemos tenido noticia de un caso de similares características. Pero en esta ocasión, me gustaría hablaros de otro asunto, bastante relacionado con la labor periodística que aparece en el libro y a la que deberíamos prestar un mínimo de atención. Los telediarios, si, esos que nos acompañan a todas horas, en la televisión, en la radio o en internet. Ni siquiera las redes sociales escapan a estos programas cuya única finalidad, a priori, es la de proporcionarnos las noticias del día, transmitidas con la mayor profesionalidad y desde la veracidad de los propios hechos. Pues bien, en los tiempos que corren es realmente decepcionante toparnos con ciertos espacios informativos en los que poco importa la verdad, la base de toda noticia, dando lugar a un espectáculo realmente bochornoso en donde los periodistas se han convertido en auténticos depredadores y en donde se exprime lo escabroso y el morbo, para así, tener satisfecha a la audiencia. Este método que produce auténtica vergüenza ajena, se utiliza para prácticamente cualquier noticia, pero donde de verdad llega al límite es en noticias donde hay un acto atroz de por medio. Los casos de violación, pederastia, violencia, secuestro y sobretodo, asesinato, son los que más sufren de la prensa amarilla, logrando convertir un acto absolutamente despreciable en el último culebrón de la temporada. En España lo hemos visto en infinidad de ocasiones y hemos sido testigos del tratamiento de casos tan sonados el de las Niñas de Alcaser y más recientemente con los de Marta del Castillo, Asumpta Basterra o el de Diana Quer. Da la sensación de que ya no importa nada, absolutamente nada, ni siquiera el sufrimiento de la propia familia, hasta el punto de que nos lo venden por cápsulas, como si fueran capítulos de una serie con incierto final. Pues bien, queridos lectores y lectoras, desde aquí me gustaría apelar a la sensibilidad, al respeto y sobretodo a la empatía. Es cierto que noticias de este tipo se tienen que contar, la sociedad lo exige y es un derecho, pero, deberíamos pararnos y reflexionar antes de convertir una violación en circo mediático, un secuestro en un thriller o un asesinato en el último pelotazo televisivo. No hay que hacer de lo trágico un espectáculo, ni banalizar el drama. Más periodismo de verdad, más libros como el de Malinconi y menos show miserable. Usted se llama Michelle Martin: una historia de confesiones, preguntas, violencia de género, arrepentimiento, culpa, redención...Un libro que demuestra el monstruo que todos llevamos dentro.

Frases o párrafos favoritos:

"Es sabido que era usted madre de tres hijos, los dos últimos aún muy pequeños; que había cursado estudios de maestra. Nada en usted parecía monstruoso. El horror era que había perpetrado aquella monstruosidad. Todo el mundo se preguntaba: ¿Cómo es posible?

Película/Canción: aunque en mi opinión, este texto sería muy interesante llevado a las tablas de un teatro y no a una pantalla de cine. He decidido adjuntaros la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta novela. No tiene nada que ver, pero estos acordes tan célebres no podían evitar transportarme a ese clima siniestro que acompaña al libro.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Funambulista

martes, 27 de septiembre de 2016

RESEÑA: Hace Cuarenta Años.

HACE CUARENTA AÑOS


Título: Hace Cuarenta Años. 

Autor: Maria Van Rysselberghe (Bruselas 1866 - Cabris, Alpes marítimos 1959) es una de las más fascinantes escritoras "secretas" de todos los tiempos, una autora de culto de breve obra cuya leyenda ha seducido a numerosos lectores a lo largo de los años. Hija de una familia culta ligada al mundo del arte belga, y casada con el pintor Théo Van Rysselberghe, fue también la amiga más cercana de André Gide, quien la bautizó como la "Petite Dame" por su estatura y presencia física. A partir de 1918 emprendió la tarea de registrar día a día y hasta la muerte de Gide (1951) todo aquello de lo que era testigo en vida del escritor: fases, acontecimientos, el ambiente en el que vivía, la génesis de sus obras, su postura ante los sucesos de su época, su vida íntima...Durante un tercio de siglo llenó diecinueve gruesos cuadernos de "Notas para la historia auténtica de André Gide". Hoy en día esta crónica conocida como Los cuadernos de la Petite Dame y, publicada por la editorial Gallimard, constituye un documento irreemplazable para el conocimiento de una época de la literatura francesa y, en general, europea. Pero su obra no se compone exclusivamente de estos cuadernos: animada por Gide escribió, al menos, tres textos: Strophes pour un rossignol, Galerie privée y el fundamental Hace Cuarenta Años. 

Editorial: Errata Naturae.

Idioma: francés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: estamos a finales del siglo XIX, en una playa del Mar del Norte donde nacerá una pasión absoluta y singular entre Émile y Maria. Será ésta quien nos cuente, cuarenta años después, cómo fue aquel breve y fascinante amor hecho a medias de exaltación y de sumisión. Lo fugaz y lo eterno, así como lo imposible - pues ambos están casados -, marcan esta poderosa historia que nos recuerda en ocasiones a Stendhal y a Flaubert y que anticipa a las novelas de Marguerite Duras o las películas de Ingmar Bergman.

Su lectura me ha parecido: hermosa, delicada, bella, pequeña, autobiográfica, íntima, sencilla, breve, apasionada, triste, con grandes dosis de nostalgia...Queridos lectores y lectoras, se que me repito mucho en el inicio de las reseñas y en la reflexión final, sin embargo, y creo que tengo razón cuando digo que existen ciertos temas que merecen ser abordados de una manera más continua y habitual. Temas que, por supuesto, nunca deben dejarse de lado a mi más sincero parecer. Si os habéis fijado, en la breve biografía de la autora del libro que hoy reseñamos, aparece la palabra "secreta" acompañada de la de "escritora", algo que sin duda, nos tiene que hacer pensar. Ya he comentado en más de una ocasión la importancia de rescatar grandes clasicos olvidados de la literatura universal, algo que ciertas editoriales están llevando a cabo de una forma muy satisfactoria. No obstante, esta reflexión me gustaría llevarla un paso más allá, y es que fueron muchos escritores los que son rescatados del olvido, pero también escritoras. Mujeres de su tiempo que decidieron tomar papel y pluma para plasmar sus pensamientos e inquietudes a escondidas, desde el anonimato, desde seudónimos inventados o bajo un nombre masculino completamente falso. Hoy, queridos amigos y amigas, nos encontramos ante una de estas mujeres, talentosa, culta y singular, que no sólo acercó la figura, obra y época de su íntimo amigo André Gide al gran público, sino que también nos dejó un legado literario que aunque breve, destila personalidad, inteligencia, poesía e influencias muy bien aprovechadas. Hace Cuarenta Años: la potencia narrativa en 85 páginas.


La historia de como Hace Cuarenta Años llegó a mis manos es del todo fácil, pero sin duda, supuso un gran descubrimiento para mi. Como muchos bien sabréis, hace un tiempo que comencé a colaborar con Errata Naturae, y de hecho, éste no es el primer libro que me envían de la editorial, pero tal vez, es el que tenía más ganas de leer. Todo esto se debe a que, desde hace mucho tiempo, una servidora lo tenía en el punto de mira. La primera vez que vi un ejemplar de este libro fue en una de las concurridas librerías del centro de mi ciudad, y creo que al instante quedé prendada de él, cual amor en aquellos instantes imposible, que no tardaría en ser correspondido. Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue la originalidad de su portada, con unos rótulos verdaderamente llamativos a la par que sencillos, acompañados de un cuadro muy interesante a mi parecer, en el que se representa a una mujer sentada en lo que parece la terraza de una cafetería con la mirada puesta a una playa verde, con los ojos observando la inmensidad de las aguas azules. Al momento, intuí que el libro tendría que versar sobre los recuerdos, el pasado y la melancolía sobretodo; pero no lo sabía a ciencia cierta, por lo que esperaba algún día poder responder a esas primeras impresiones. Ya encontrándome colaborando con Errata Naturae, y tras haber leído otros libros de la editorial anteriormente, pensé que había llegado la hora, el momento de adentrarme en Hace Cuarenta Años. Cuando el libro apareció dentro del buzón, una sensación de alegría recorrió mi cuerpo, y aunque tardé un poco en iniciar su lectura, me sirvió para comprender dos cosas. La primera, que estaba en lo cierto cuando pensé que se trataría de una novela de añoranza y lo segundo, que acababa de descubrir a una autora nueva que acabó por interesarme mucho, hasta el punto de que a día de hoy, estoy deseando leer otro libro suyo. 


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Hace Cuarenta Años presenta una lectura sosegada, pausada pero llena de matices que nos permiten apreciar la belleza y la calidad literaria de Rysselberghe. Es más, desde el momento en el que inicié la lectura de las primeras líneas ya me di cuenta de que ésta no era una novela cualquiera, una novela romántica al uso, sino que todo en ella es pura poesía. Durante todo el libro tienes la sensación de estar adentrándote no en una novela, sino en un extenso poema lleno de hermosura y pasión desbordada, lo cual proporciona una extraordinaria originalidad al texto. Un poema lleno de frases y párrafos para enmarcar y que nos hacen indirectamente reflexionar sobre ciertos temas de interés. Por otro lado, como ya he comentado, no nos encontramos ante una novela romántica al uso, sino que ésta responde a un estilo exento de edulcorantes y ñoñerías, más cercano a la realidad y sinceridad, pero también a la dominación y al sentimiento de posesión. Cuando una novela romántica deja de lado lo cursi para centrarse en la veracidad de los sentimientos y de las relaciones amorosas, por muy duras o desbordantes que sean a veces, ésta consigue ser recordada y permanecer inmortal al paso del tiempo. Seguidamente, en la sinopsis del libro se hablan de las influencias y anticipos que ofrece esta novela. Del caso de Stendhal y Mergueritte Duras no puedo hablar, pues aún no me he iniciado en la lectura de ambos autores, pero de Flaubert si que se un rato, y es cierto que la herencia de el genial escritor francés se nota en cada una de sus páginas, pero sobretodo en la relación amorosa que se establece entre los personajes. Una relación de sumisión, obcecación, dominación y de riesgo por su condición de adúlteros, pero en la que ambos, necesitan desesperadamente el uno del otro. Como si sólo pudiesen sobrevivir si sus almas se unen en un mismo ser, más allá de lo que sería el deseo carnal, más allá de las bajas pasiones, más allá de todo convencionalismo. En eso se parece mucho a la Madame Bovary de Flaubert, aunque ofreciendo una mirada distinta y dando un paso de gigante en cuanto a la concepción de las relaciones amorosas. Por último, no debemos olvidar lo más importante, y es que Hace Cuarenta Años es una novela autobiográfica, algo de lo que nos advierten los editores en la introducción y que nos permite adquirir una doble lectura, la lectura convencional con ojos apasionados, y la lectura analítica, la que nos permite leer entre lineas, la que nos descubre cosas como la situación de la mujer o el pensamiento de un tiempo histórico concreto.


Para dar por finalizada la redacción de esta reseña, me gustaría dedicar este último párrafo a uno de los temas principales que emanan de la lectura de Hace Cuarenta Años. Hace unas semanas, en la reseña de Versiones de Nosotros, hablamos del pasado, de las experiencias personales que marcan y de la necesidad que a veces tiene el ser humano de preguntarse: "¿Qué habría pasado si...?". Pues bien, en el caso de Hace Cuarenta Años ocurre algo parecido, pero con la diferencia de que lo que se nos plantea no es esa duda existencial de la que os hablaba, sino de recordar el pasado para de alguna forma, revivirlo, rescatarlo de entre los rescoldos de la memoria. Muchas veces nos ha pasado, incluyéndome a mi, que de vez en cuando nos ponemos a pensar en lo vivido y en lo que de alguna forma ha creado un punto de inflexión en nuestra vida. Puede ser un momento breve, instantáneo o prolongado en el tiempo, pero que siempre nos ha proporcionado cierta o absoluta satisfacción. En Hace Cuarenta Años plantea el caso de un amor imposible que para la protagonista ha significado mucho, pero también puede ser una vieja amistad, la experiencia trabajando en un lugar concreto, un viaje, unas palabras, una mirada, un simple gesto lo que desencadena un recuerdo imborrable en nuestra memoria. Es ahí, después de mucho tiempo, cuando entra en juego la nostalgia, tan necesaria pero tan peligrosa a veces, que nos traslada al momento exacto, permitiéndonos evocar y revivir aquel momento, aquel instante, aquel tiempo, aquel minuto, aquel segundo en el que fuimos tremendamente felices y dichosos, pero que para nuestra desgracia, ya no podemos disfrutar, tocar o apreciar en carne propia. Es bueno recordar, echar la vista atrás de vez en cuando, pero como siempre se dice, la vida sigue, sigue caminando, a paso lento, cargada con un montón de experiencias que como tales, ya forman parte de nosotros mismos y configuran nuestra propia existencia. Hace Cuarenta Años: una historia de amor, pasión, libertad, bohemia, sumisión, sentimientos desbordantes, sinceridad, nostalgia... Un delicado pero grandioso poema en el que muchos podemos vernos reflejados.

Frases o párrafos favoritos: 

"Hablábamos poco; expresábamos la alegría a través de nuestro andar, que coincidía de forma espontánea."

"- ¡Qué poderosa es la obligación de ser quien se espera que seas!"

Película/Canción: de momento no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica y a la espera de que ésto se produzca, os adjunto una de mis piezas favoritas de BSO, la cual me ha acompañado en la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae