Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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martes, 20 de febrero de 2018

RESEÑA: La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX.

LA NUEVA MUJER:
RELATOS DE ESCRITORAS ESTADOUNIDENSES
DEL SIGLO XIX

Título: La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX.



Autoras: Sara Orne Jewett (1848-1909), Mary Austin (1860-1934) Willa Cather (1873-1947), Kate Chopin (1850-1904), Su Sin Far (1865-1914), Susan Glaspell (1876-1948), Charlotte Perkins Gilman (1860-1935), Harriet E. Prescott Spofford (1835-1921), Zitkala-Sa (1876-1938) y Catharine Maria Sedwick (1789-1867).

Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: inglés.

Traductor: Gloria Fortún.

Sinopsis: mujeres que reclaman su derecho a trabajar en un mundo de hombres, valientes guerreras indias, forajidas del Oeste americano, inmigrantes sin pelos en la lengua, heroínas atrapadas en tenebrosos bosques...Estas son algunas de las protagonistas de La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX. Las autoras elegidas por Gloria Fortún para esta antología - mujeres de vanguardia que desafiaron con la pluma y el papel las convenciones sociales - son el símbolo de los anhelos y luchas de una época que asistió al surgimiento del empoderamiento femenino. La nueva mujer reúne a diez escritoras que, después de haberse forjado una carrera a la sombra de un canon literario eminentemente masculino, brillan ahora con más fuerza que nunca gracias a la riqueza y diversidad de sus relatos que reflejan desde múltiples perspectivas la realidad de la condición femenina en un tiempo marcado por profundas transformaciones políticas y sociales. (Fuente: Dos Bigotes).

Su lectura me ha parecido: interesante, compleja, crítica, mordaz, rebelde, contundente, completa, interesante a nivel biográfico, absolutamente necesaria...Queridas lectoras y queridos lectores, hoy me siento abrumada. He de confesaros que, aunque llevo unos días sumida en un estado de constante meditación, en los que nada más acostarme en la cama me paso un buen rato mirando al techo de mi habitación en busca de esa chispa que active mi imaginación, hoy no puedo evitar experimentar como se me contrae el estómago. No estoy enferma, ni mucho menos, es solo que el peso de la responsabilidad se ha apoderado de mi. Esto me sucede cuando menos lo espero, incluso en el ámbito estrictamente cotidiano, pero en lo que respecta al trabajo, pues lo que hago en este espacio de crítica y opinión lo considero como tal, esa responsabilidad adquiere en ocasiones una mueca casi terrorífica. En esta ocasión, tengo ante mis ojos un libro muy especial, cuya lectura ha marcado un antes y un después en mi faceta como escritora, sin embargo, su sola presencia ya me intimida, pues tiene dos de las características más complejas a la hora de reseñar un texto literario. En primer lugar, que se trata de un volumen de cuentos escritos por diferentes autoras en este caso, lo cual lleva al crítico a adoptar una estrategia que dista mucho de la que se suele usar cuando los relatos los ha escrito una sola persona. Una serie de malabarismos para que la lectura de la reseña no decaiga por aburrimiento del lector al considerarla demasiado larga o excesivamente cargada de información. Y en segundo lugar, el tema que sobrevuela al rededor de cada relato, el cual no pasa desapercibido, al menos para mi y que siempre acaba convirtiéndose en una cuestión personal. En fin, espero que logre captar vuestra atención, que la presión se traduzca en éxito y que todos y cada uno de vosotros os adentréis con el tiempo en La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX: el literario y urgente empoderamiento femenino.


La historia de como La nueva mujer llegó a mi estantería es como muchas otras. Sin embargo, y a diferencia de otros libros, éste apareció por primera vez ante mis ojos de una forma más tecnológica. No fue en una de las concurridas librerías del centro de mi ciudad, ni en el mercadillo de libros viejos que todos los domingos montan cerca del Mercado Central, ni siquiera di con él a raíz de una recomendación por parte de algún amigo/a. Nada de eso. Fueron las nuevas tecnologías, una tarde poco productiva y un golpe de suerte los que hicieron que me topase, por casualidad, con este libro. Al principio pensaba que se trataba de un manual, como tantos otros, de historia de la literatura, en el que se pondría en contexto los textos de las autoras norteamericanas del siglo XIX. Algo que, sinceramente, no me apetecía por aquel entonces leer. Sin embargo, la suerte quiso que La nueva mujer no fuese uno de esos manuales universitarios que tanto había leído durante mis años estudiando Historia, sino algo mejor, un volumen recopilatorio de los textos de estas diez escritoras. Leí uno por uno sus nombres y a excepción de Kate Chopin, la cual conocía gracias a La culpa, y Willa Cather, interesante escritora norteamericana, el resto me resultaban completamente desconocidas. Fue precisamente ese último dato, el absoluto desconocimiento en estas lides, el que me empujó a contactar con Dos Bigotes y hacerme con un ejemplar de La nueva mujer lo más pronto posible. No obstante, y a pesar de que en un principio tenía muchas ganas y predisposición absoluta, no me sentí en ese momento capaz de enfrentarme a un libro de estas características, pero cuando por fin me animé, no pude soltarlo. Más tarde vendrían los problemas de tiempo, esa responsabilidad de la que os he hablado antes en el primer párrafo y las dificultades de enfrentarse, desde la mirada de la crítica literaria, a un libro de estas características, en donde cada texto, cada cuento, esta escrito por una autora totalmente diferente. Pero queridas lectoras y queridos lectores, todos estos meses de meditación y esfuerzo posteriores a su lectura han merecido mucho la pena. ¿La prueba? En el siguiente párrafo.

En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La nueva mujer, en su conjunto, no nace como un simple libro recopilatorio sin más. Al contrario, en este texto Dos Bigotes ha puesto al alcance del lector más común un volumen potente, reivindicativo y que en ocasiones va directo a la yugular, pues, la situación de la mujer y sus derechos todavía son temas de rabiosa actualidad. En La nueva mujer observamos claramente y de forma explícita dos intenciones. La primera de ellas es que ésta es una edición claramente enfocada al aprendizaje y a la contextualización histórica. Aprendizaje en el sentido de que a lo largo del libro, y siempre al principio de cada relato, se nos expone a modo de introducción una breve biografía de las autoras escogidas, la cual sitúa al lector no sólo ante el texto que está a punto de leer en cuestiones de estilo o género literario, también nos da las claves para comprender mejor quien está detrás de la creación y que aspectos de su vida pudieron influir o no en el texto en cuestión. Todo ello acompañado de una situación espacio temporal muy cuidada. Desde el primer momento, el lector ya se da cuenta de en que terreno se está adentrando y que los relatos responden a una época muy determinada en el tiempo, en este caso, la de los Estados Unidos del siglo XIX. Al respecto no solo ayuda el subtítulo del libro o las numerosas biografías de las autoras, también el breve pero necesario prólogo de Gloria Fortún, quien a su vez también ha sido la encargada de traducir los relatos que aparecen en el libro. En él, Fortún ahonda en las vidas de estas diez mujeres y en sus facetas como escritoras, sociólogas, viajeras, activistas, sufragistas, periodistas etc. Todo para, además de situar al lector, con el propósito de que éste sienta los deseos de profundizar más en su legado leyendo sus obras más conocidas, las cuales, por desgracia, no todas están traducidas al castellano. Este si es un prólogo de recomendada lectura antes de adentrarse en la lectura de los relatos. La segunda intención, como no podía ser de otra forma nos la proporciona cada uno de los textos, en los cuales, la figura de la mujer sobresale notablemente y en los que ésta sirve como pretexto para abordar temas de urgencia en lo que respecta a sus derechos y libertades. Unos mensajes que trascienden y que traspasan las barreras del espacio tiempo, llegando al lector actual como un autentico soplo de aire fresco entre tanto tertuliano que piensa que las mujeres ya lo hemos conseguido todo. En La nueva mujer, diez autoras y diez relatos son los que articulan una lectura placentera pero cargada de mensajes tan potentes que retumban en tu cabeza durante semanas, haciéndote reflexionar y cuestionar el mundo que nos rodea en términos de igualdad entre hombres y mujeres. En ellos, las mujeres se revelan contra el poder de los hombres, toman las riendas de su vida, deciden, opinan, trasgreden, logran sobrevivir en una sociedad profundamente machista, derrotan estereotipos de género e incluso vencen a tribus. Y todo ello escritas desde su respectiva posición social y cultural, lo cual, enriquece todavía más el contenido de este libro. Desde la comodidad de la burguesía norteamericana, pasando por la comunidad asiática, el proletariado o las tribus indias. Este logro reside en la apasionante biografía de las propias autoras, entre las cuales, encontramos a figuras tan interesantes como la activista india Zitkala-Sa, la cuentista de origen chino Sui Sin Far, la periodista Susan Glaspell, la sufragista Charotte Perkins Gilman o la escritora Catharine Maria Sedwick considerada una de las fundadoras de la literatura norteamericana entre otras. Sin olvidarnos de Kate Chopin y Willa Cather, las más conocidas y difundidas en nuestro país. Sus vidas tan distintas y fascinantes acaban convirtiéndose en la base de estos diez relatos de personalidad tan marcada. Me encantaría detenerme en cada uno de los relatos y analizarlos como es debido, pero en esta ocasión, prefiero que seáis vosotros, lectoras y lectores, los que os adentréis en ellos y descubráis su magia y fuerza. En ocasiones, el factor sorpresa ayuda a que un libro sea recordado a lo largo del tiempo, y en el caso de La nueva mujer, espero que así sea.


Centrándonos en la principal reflexión que nos transmite La nueva mujer, hay que decir que la cosa está bastante clara, o al menos eso es lo que una siente nada más finalizar su lectura, nada más despedirte de su último cuento, en concreto, del de Willa Cather. Las diez mujeres que componen este volumen nos hablan desde del pasado, desde los márgenes de la historia de los Estados Unidos del siglo XIX, un país que durante ese siglo asiste a numerosos acontecimientos históricos. La Guerra de Secesión, la guerra contra México, la abolición de la esclavitud o la conquista del Oeste son algunos de ellos, los que la gente versada o no en historia más se acuerda. Sin embargo, y también en el siglo XIX, concretamente en la localidad neoyorquina de Seneca Falls, tuvo lugar en 1848 la primera convención sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos. Organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Clady Stanton, abolicionistas y pioneras del movimiento feminista, tuvo como resultado la redacción y publicación de un documento, la Declaración de Seneca Falls, basado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en el que denunciaban las restricciones, mayoritariamente políticas, a las que estaban sometidas las mujeres. Poder votar, poder presentarse a unas elecciones, la posibilidad de ocupar cargos públicos, conseguir afiliarse a organizaciones políticas, asistir a reuniones de carácter político eran sus reivindicaciones, pues, para las mujeres, dichos ámbitos estaban completamente vetados. Dicho documento sentó un importante precedente para que, tras la Guerra de Secesión, Elizabeth Clady Stanton y Susan B. Anthony fundaran la Asociación Nacional por el Sufragio de la Mujer y para que, ya en las primeras décadas del siglo XX, la sufragista Alice Paul liderase numerosas manifestaciones pacíficas durante el mandato del presidente Woodrow Wilson. Una inagotable lucha que desembocaría en la aprobación del voto femenino en el año 120, pero solo el de la mujer blanca, las mujeres afroamericanas aún tardarían varias décadas hasta ver sus reivindicaciones cumplidas en 1967. Este fue el contexto, en lo que a temas de igualdad se refiere, en el que la mayoría de las autoras que componen La nueva mujer se movieron. Algunas desde el activismo abolicionista, otras desde las asociaciones de mujeres a favor del voto femenino y otras, las que durante mucho tiempo han permanecido ocultas para la historia, desde la reivindicaciones para un mayor reconocimiento de los derechos de las poblaciones indígenas. Sus cuentos, en aquella época, significaron un acto de rebeldía y valentía en un mundo donde el poder del hombre era absoluto. Mensaje que no se ha perdido, y que en los tiempos que corren, en pleno siglo XXI, ha adquirido una fuerza imparable. En el caso de Estados Unidos, las mujeres han vuelto a manifestarse bajo el lema "Me too" para defender sus derechos y libertades frente al machismo de su nuevo presidente. Si algo enseña La nueva mujer es que, a pesar de que nuestras antepasadas han luchado y logrado alcanzar derechos hasta entonces imposibles, las nuevas generaciones debemos recoger el testigo y persistir, porque, aunque no lo parezca, todavía quedan muchos techos de cristal por romper, muchas barreras que superar y muchos objetivos que alcanzar. Un mensaje atemporal que retumba en nuestra conciencia y se traduce en una mirada más crítica, más abierta, más concienciada, en definitiva, menos manipulada. La nueva mujer: Relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX: cuentos de perseverancia, valor, fuerza, tenacidad, frustración, feminismo, individualidad, constancia...Diez relatos, diez autoras, diez tesoros literarios imperecederos.

Frases o párrafos favoritos:

"Como mujer lloraba, como escritora regocijaba."

Película/Canción: como no podía ser de otra manera he decidido adjuntar el tráiler de una película que he descubierto recientemente y que va en la línea del concepto de la nueva mujer y la lucha feminista en Estados Unidos. Se trata de Iron Jawed Angels (2004), dirigida por Katja von Garnier y con las interpretaciones de Hillary Swank, Julia Ormond, Vera Farmiga, Anjelica Huston o Frances O´Connor entre otras, narra la historia del movimiento sufragista americano durante las primeras décadas del siglo XX.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Dos Bigotes


lunes, 3 de julio de 2017

RESEÑA: La culpa.

LA CULPA

Título: La culpa.

Autor: Kate Chopin (1850-1904), comenzó su carrera literaria tras la muerte de su marido. Escribió dos novelas y gran cantidad de relatos, además de cuentos infantiles. Su obra causó controversia por su directo tratamiento de la sexualidad y su abordaje de temas tabú para la época. Actualmente es reconocida como una autora fundamental de la literatura feminista, y su segunda novela, El despertar, se ha convertido en un clásico.

Editorial: Defausta.

Idioma: inglés.

Traductor: Susana Prieto Mori.

Sinopsis: Thérèse Lafirme se ve obligada al enviudar a ocuparse de sola de su plantación en Luisiana. Sus fuertes convicciones morales y religiosas le impiden aceptar la proposición matrimonial de David Hosmer, un hombre se negocios divorciado, pese al profundo amor que tiente por él. Un magnífico retrato de una sociedad sureña económicamente desgarrada por las tensiones raciales y el eterno conflicto entre las necesidades personales, familiares y sociales.

Su lectura me ha parecido: breve, intensa, muy avanzada para su época, clásica, interesante, controvertida...Queridos lectores y lectoras, la literatura norteamericana, a pesar de ser una de las más jóvenes, está plagada de grandes escritores. Caracterizada por la influencia anglosajona en las primeras épocas y por su capacidad de evolucionar hacia un estilo más autóctono en última instancia, ésta ha sabido estar presente entre nuestras lecturas habituales. A todos se nos viene algún nombre a la cabeza. La inolvidable poesía de Walt Whitman, las oportunas reflexiones de Henry David Thoreau, las descripciones psicológicas de Nathaniel Hawthorne, la feroz crítica de Mark Twain o la revolución en el relato que llevó a cabo el grandísimo Edgar Allan Poe. La lista es larguísima ya en el siglo XIX, a la que se añadirían autores como William Faulkner, T.S Eliot, Raymond Chandler, F. Scott Fitzgerald, Henry Miller, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Truman Capote, Paul Auster, Philip Roth o Tenesse Williams entre otros. No obstante, es más difícil que nos acordemos de ellas, pues también hubo mujeres escritoras en los Estados Unidos de América. No suelen ser sus nombres los primeros que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en literatura estadounidense, pero lo cierto es que las había. Emily Dikinson, Edith Wharton, Gertrude Stein, Flannery O´Connor, Harper Lee, Maya Angelou o Sylvia Plath pertenecen a ese privilegiado y selecto club de las que consiguieron hacerse un importante hueco en el panorama literario y cultural de su país natal. No obstante, entre los recovecos de la historia, encontramos otros nombres de mujer que injustamente no aparecen tan asiduamente junto al sus coetáneos, como es el caso de la autora cuya novela hoy tengo el placer de reseñar. La culpa: una vuelta de tuerca a las historias de amor tradicionales.


La historia de como La culpa llegó a mis manos fue sencilla, pero es necesario empezar por el verdadero principio. Como bien sabréis, durante estos últimos años, como lectora y como persona, he tomado la decisión de ampliar mis horizontes y no acallar esa maravillosa curiosidad que desde siempre he tenido hacia los libros y la literatura. Esa inquietud, que en ocasiones me ha dado buen resultado, me ha llevado a interesarme por un cierto tipo de libros, esos que parecen nuevos ante nuestros ojos pero que en realidad no lo son, esos que llevan años e incluso siglos publicados, esos que aparecen traducidos por primera vez en mucho tiempo al castellano, esos cuyo título y autor no nos suenan de nada, esos que cuentan historias que en muchos casos son igual de buenas que las de los más insignes, esos que cuya pluma nos transportan a mundos y que nos ofrecen otras perspectivas de un mismo tema... En definitiva, los best sellers están muy bien pero, aunque sea de vez en cuando, uno necesita empaparse de esas pequeñas y desconocidas joyitas. La culpa de Kate Chopin pertenecía a esa clase de libros, lo supe nada mas leer tanto la escueta biografía de la autora como la sinopsis del libro. Además de ser uno de esos tesoros literarios que no se encuentran tan fácilmente, estaba escrito por una mujer, y si duda, fue esto último lo que me hizo desear adentrarme en sus paginas. Lo veía, cada vez que me adentraba en alguna de las librerías que pueblan mi ciudad, ahí, expuesto, humildemente, pero derrochando atractivo literario. Finalmente y gracias a Defausta, pude por fin satisfacer ese hambre lector que llevaba tantos meses dentro de mi. Tardé un tiempo en poder iniciar su lectura como tocaba, aún así, y sólo cuando mis dedos acariciaron la última página, supe que mi instinto seguía más en forma que nunca.



En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La culpa presenta una lectura entretenida, ágil y sorprendentemente amena. La verdad es que siempre es un gustazo comprobar como la literatura universal es capaz de atraer incluso al lector menos versado en estas lides. En mi caso, me alegró enormemente toparme con un libro que por un lado viene de una época apasionante de la historia de Estados Unidos y que por otro, no deja de resultar tan actual para los tiempos que corren. Seguidamente, he de confesar que, irremediablemente y espero no estar cometiendo un sacrilegio, La culpa me recordó ligeramente al universo de Lo que el viento se llevó. El mundo rural, la protagonista de fuerte carácter, las diferencias entre el campo y la ciudad, la situación de los esclavos afroamericanos, un amor apasionado, envidias feroces...Todo aquel que me conozca un poco sabrá que soy una auténtica fan de esa famosa película, si, se que es infinitamente larga y que ahora aburriría a más de uno, pero no puedo evitarlo. Me fascinan sus diálogos, la fotografía, el vestuario y la interpretación de Vivien Leigh como la famosísima Escarlata O´Hara siempre será uno de mis referentes. Como era de esperar y aunque La culpa se diferencia un poco de Lo que el viento se llevó, disfruté mucho de esta experiencia lectora, me gustó de alguna manera reencontrarme con ese mundo tan cinematográfico y literario al mismo tiempo que tanto me fascina. Eso si, en La culpa me faltó un poco de descripción del contexto histórico en el que se desarrolla la novela. Cuando me adentro de un libro, sea el que sea, me gusta observar como la acción de los personajes se ven condicionadas por la época y sus hechos históricos. Sin embargo, en La culpa, a penas se ofrecen pinceladas, si bien es cierto que enseguida intuimos que nos encontramos en plena Guerra de Secesión, pero en ningún momento se hace referencia a ella, ni parece que exista un problema racial con los sirvientes de la casa. Esto puede significar dos cosas, o bien que la autora simpatizase con la causa del sur o que, simplemente, quisiese dar más protagonismo al drama de sus personajes principales, lo que parece más probable. En relación con esto último, cabe mencionar que La culpa narra una historia de amor atípica, donde no tiene cabida el sentimentalismo tan típico de este tipo de novelas, lo cual, el lector acaba agradeciendo enormemente. Y en donde además, nos topamos con dilemas morales que para esa época eran trascendentales, como la cuestión del divorcio enfrentado a las fuertes y arraigadas creencias religiosas. No quiero desvelar mucho más en este sentido, pues, creo que lo mejor es que el lector acabe de descubrirlo por su cuenta, pero, os aseguro que la historia, desde ese prisma no tiene desperdicio. Por último, dos breves apuntes. En primer lugar, me ha sorprendido toparme con el acento, si es que se le puede llamar así, de los esclavos afroamericanos. Seguramente no sea el término más correcto, pero, sinceramente, creo que ha sido todo un acierto reflejarlo, pues enriquece fonéticamente la novela. Y en segundo lugar, una pequeña pega, el tamaño de la letra unido a la falta de espacio en el interlineado disuaden un poco su lectura. En mi caso no ha sido así, pero, quien no esté acostumbrado, puede jugar en contra del libro y de la historia que en él se narra.  


En este último párrafo, y hoy más que nunca, quiero dejar constancia de mi opinión. Antes meditaba sobre el tema a abordar en la reflexión final. Mi cabeza giraba entorno a cuestiones como el mundo del campo, la atemporalidad de esta novela o las representaciones femeninas y masculinas que Kate Chopin realiza en esta novela. Sin embargo, un artículo en prensa lo cambió todo. Hace unos días, la polémica saltaba del papel a las redes sociales, Javier Marías, conocido escritor y habitual columnista, cargó contra el feminismo moderno y criticó las alabanzas hacia la poetisa Gloria Fuertes, pues, según su opinión, no es tan buena como nos quieren hacer creer. Dejando a un lado la cuestión de Gloria Fuertes, una escritora como la copa de un pino por cierto, me gustaría a propósito de esta reseña comentar algo. Todos conocemos a autoras ilustres que han pasado a la historia: Jane Austen, Charlotte Brontë, Edith Wharton, Carmen Laforet, Rosa Chacel, Emilia Pardo Bazán...Eso está claro, pero, ¿sabemos quién fue Marian Engel? ¿Angela Carter? ¿Luisa Carnés? ¿Frances Burney? ¿Torbor Nedreaas? ¿Sofía Fédorchenko? ¿Margaret Cavendish? ¿O la propia Kate Chopin? ¿No verdad? ¿Por qué será? Javier Marías diría que porque no fueron buenas en su tiempo y se burlaría del feminismo por tratar de ponerlas en valor, yo digo que ha sido el machismo más repugnante el que ha permitido que caigan en el olvido.  Pues queridos lectores y lectoras, éstas autoras, han sido algunas de las que han irrumpido en mi vida por sorpresa gracias a esa impresionante labor que están realizando algunas de las editoriales más humildes pero enormemente comprometidas con el lector. Unas me han gustado más que otras, eso está claro, pero, no por ello, desprecio su trabajo, su labor en el campo de la literatura, sus estilos y sus temas tan oportunos para los tiempos que corren. Es más, y parece que a Marías se le ha olvidado, que muchas de las autoras que nombra, sufrieron en carne propia el machismo de su época, las dificultades para poder llegar a publicar, y como no, las barreras que les impedía estar intelectualmente a la altura de los hombres. Sin ir más lejos, en el caso de dos autoras españolas que el artículo se nombran, la una fue rechazada una tras otra sus candidaturas a ingresar en la RAE y la otra vio como su carrera literaria se truncaba por envidias de sus compañeros escritores y por un contexto de postguerra que retenía a las mujeres en el hogar. Es cierto que ahora, todas ellas reciben el respeto y la admiración de los lectores del siglo XXI, pero también hay que ser conscientes de lo mucho que ellas pelearon y el esfuerzo que editorialmente se ha hecho para situarlas en el lugar que les corresponde. Con esa perspectiva histórica y esa concienciación uno aprende a ser más abierto de mente, más analítico, más crítico y ver más allá de esos argumentos que sólo hacen que menospreciar el trabajo de las editoriales y de las autoras también. Libros como La culpa, tan bien escritos y tan modernos para su tiempo, nos deben hacer reflexionar sobre la importancia de ese rescate literario, de ese amor por los lectores, de ese compromiso con la sociedad, de ese intento por ofrecer a las futuras generaciones de mujeres modelos en los que poder reflejarse o imitar. No todo es maravilloso ni estupendo en los libros escritos por mujeres, pero, hay literatura más allá del corpus clásico, más historias, más mujeres increíbles que están deseando ser leídas, aunque en muchos casos éstas lo hagan desgraciadamente desde la tumba. La culpa: una historia de amor, ambición, campos de algodón, envidias, religión...Una novela recuperada para el gran público, un libro que llega desde el pasado para reflexionar sobre el presente.

Frases o párrafos favoritos:

"Seguía preguntándose "¿Hice lo correcto?", y debía acatar la respuesta a aquella pregunta, ya fuera con la fría satisfacción de haber cumplido esa virtud o con el imperecedero remordimiento que apuntaba a una meta en cuyas laberínticas posibilidades su alma se perdía y desvanecía."

Película/Canción: aunque todavía no existan noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva, aquí os dejo la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña, evocadora y delicada.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Defausta Editorial