Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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jueves, 2 de septiembre de 2021

RESEÑA: Todo cambia. Crónica de los Cazalet.

TODO CAMBIA

CRÓNICA DE LOS CAZALET


Título: Todo cambia. Crónicas de los Cazalet. 

Autora: Elizabeth Jane Howard (Londres 1923 - Suffolk 2014) escribió quince novelas que recibieron una extraordinaria acogida del público y crítica. Los cinco volúmenes de Crónica de los Cazalet, convertidos ya en un hito inexcusable dentro de las letras inglesas, fueron adaptados con gran éxito a la radio y la televisión por la BBC. La publicación del primer volumen de la saga, Los años ligeros, puso la piedra de toque de lo que se convertiría en un inmediato clásico contemporáneo y en la novela-río más importante escrita en Gran Bretaña desde Una danza para la música del tiempo, de Anthony Powell. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico. 


Editorial: Siruela. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Raquel G. Rojas. 

Sinopsis: Década de 1950. Con el fallecimiento de la Duquesita, matriarca indiscutible del clan de los Cazalet, desaparecen también para siempre los últimos vestigios del mundo de ayer, ese entorno privilegiado en el que prosperó la familia, un universo de grandes mansiones y leales sirvientes, un perfecto equilibrio entre clase, ocio y tradición. Y si bien los más mayores no encuentran ya las claves para descifrar el futuro, los divorcios, los affaires, el equilibrio entre el matrimonio y la maternidad, entre los ideales y las ambiciones, hacen que tan poco las jóvenes generaciones puedan trazar con decisión un nuevo rumbo para sus vidas. En una tan nostálgica como esperanzada, Navidad, convergerán todos una vez más en Home Place, quizá la única certeza, un frágil asidero mientras todo sigue, mientras todo cambia...

Su lectura me ha parecido: pulcra, ágil, en la que todo discurre de forma natural, magnífica, elegante, más concisa quizás, cercana, haciendo más partícipe al lector de la historia que revisita por quinta y última vez, nostálgica, emocionante... Últimamente no dejo de pensar en lo que está por venir. No hablo a nivel personal, eso es otro cantar y es que el nubarrón de la incertidumbre - como el que hace unos días cubría por completo una ciudad en pleno optimismo postvacacional - todavía no se ha ido del todo. Sino de lo que este loco mundo es capaz, en un giro brusco de guión, de ofrecernos. Como esa inesperada trama que te sorprende en el clímax de las buenas películas. Como ya comenté en la lejana reseña de Testamento de juventud de Vera Brittain, las consecuencias psicológicas de la pandemia comienzan a notarse, sobre todo en mi generación. Aquella que jamás vivió una guerra o ni siquiera escuchó hablar de ella más allá de los libros de historia. Aquella que, por un lado, respeta a sus mayores con gran devoción y, paradójicamente, por otro lado, los contagia tras una noche de desmadre, alcohol y carreras delante de la policía. Aquella que observa las fotos de sus antepasados con la misma fascinación de quien se planta frente a la Piedra Rosetta al tiempo que ve como la ansiedad que ya anidaba en su estómago crece cada vez más deprisa al tiempo que el futuro parece desvanecerse en el horizonte. Unos por exceso y otros por defecto. Lo cierto es que todos los cambios que ha traído consigo la Pandemia del Covid-19 son o bien aceptados con una aplastante resignación o, por el contrario, ignorados sistemáticamente, construyéndose cada individuo una visión, un mantra, un universo paralelo donde, a pesar de las restricciones y la gente muriéndose aún en los hospitales, somos felices y revivimos una y otra vez la Nochevieja del 2019. Sin mascarillas, bailando hasta altas horas de la madrugada, besándonos, abrazándonos. Sin embargo, cuando una enfermera me inyectó la primera dosis de la vacuna, vi un rayo de luz. Un pequeño síntoma de esperanza para una sociedad luchadora y desmemoriada a partes iguales. Y aunque sé que queda mucho camino por recorrer, que las vacunas no nos harán invencibles - como muchos piensan - y que la pandemia no remitirá de la noche a la mañana como por arte de magia, algo ha empezado a cambiar. Tal vez quienes creyeron que libertad es sinónimo de libertinaje dejarán de pertenecer a la masa alienada. O quizás, por fin, esto nos sirva para poner el foco en las enfermedades mentales y aprobar una especie de plan nacional que las combata con todos los medios posibles. Es posible que el teletrabajo haya venido para quedarse, que se ponga en valor los cuidados, que la investigación salga reforzada... Aunque también cabe la posibilidad de que nos volvamos aún más salvajes dentro del capitalismo, que la locura consumista sea exacerbada y acabemos, como consecuencia, quitándole años al planeta tierra. Los aires de cambio, sea el que sea, están más cerca que nunca, algo que se respira en el libro del que hoy os voy a hablar. Vidas que evolucionan, que se estancan o simplemente que abren la puerta a horizontes inesperados. Horizontes que, en esta ocasión, se acaban imponiendo a pesar de esa melancolía hacia tiempos pasados. La primera reseña de la temporada en la que ponemos punto y final a una historia de amor entre lectora y saga literaria que, sinceramente, no quería que terminase. Todo cambia: el último regreso a Home Place. 


Que tengamos con nosotras/os el quinto volumen de la saga de los Cazalet - una historia, como tantas otras del género de té y tacitas, pero que, en su grandeza narrativa, trasciende más allá del salseo o de los problemas intrascendentales de las clases altas atrincheradas tras los ladrillos de una mansión custodiados por el servicio de turno - es un acontecimiento casi extraordinario. Pensad que Todo cambia se publicó en el 2013, veintitrés años después de la publicación de la mítica primera entrega de la saga, dieciocho desde la cuarta entrega (la cual, durante muchos años, se pensaba que ponía punto y final al viaje literario) y tan solo un año antes de su muerte en el año 2014. Por tanto, el lapso de tiempo entre un ejemplar y otro es extraordinariamente amplio, décadas en las que Reino Unido había cambiado completamente y, lo más interesante, ni siquiera se era consciente del terremoto político que estaba por venir y que caracterizó el final de la pasada década. Hablamos, por supuesto, del Brexit y de las consecuencias económicas, políticas, sociales y hasta culturales que éste ha provocado. De ahí que leer Todo cambia se convierta en una experiencia tanto curiosa como inocente. Ya que es maravilloso observar como Elizabeth Jane Howard - ojo, a sus noventa años - fue capaz de mantener el mismo tono y el mismo estilo narrativo intacto. A pesar de los cambios históricos que el país había sufrido por el camino y, por otro lado, en una sociedad que comenzaba a estar más pendiente de las pantallas de los teléfonos móviles que de observar a su alrededor. De hecho, sinceramente, estoy convencida de que, después de todo por lo que hemos pasado - pandemia incluida - si Jane Elizabeth Howard hubiera aguantado hasta los noventa y ocho años (la edad que tendría si hoy en día viviera) estoy convencida de que habría habido un cambio. Al menos en lo que al tono se refiere. Más pesimista. Tal vez menos melancólico. Con un horizonte todavía más difuso. En todo caso, siempre es un placer lecturas por las que, por mucho que pase el tiempo, consigan arrancarnos una sonrisa o nos mantengan pegados a las páginas durante horas. Porque, si de algo estoy segura es que Howard, además de elevar literariamente en calidad un género tan popular como tradicionalmente denostado por el ala más progre de la intelectualidad británica, es de iluminarnos el camino en tiempos de zozobra, enfermedad y hartazgo generalizado. 


La historia avanza y con ella sus principales personajes. En este último libro viajamos a la Inglaterra de 1956 y la autora, a modo de prólogo, nos sitúa argumentalmente por si acaso nos habíamos olvidado de lo que ha sucedido en los anteriores libros. Como si de el recordatorio que emiten al principio de una serie de televisión se tratara. Esto al lector puede gustarle más o menos, pero lo cierto es que, teniendo en cuenta que la anterior entrega se publicó en 1995, probablemente existiera una generación que no conociera ni la trama ni sus protagonistas. De hecho, este es un clarísimo ejemplo de saga que debes leer en el orden establecido. Ni libros independientes ni cualquier cosa que se le parezca. Del uno al cinco, sin saltarse ninguno, porque si no, te perderás y no disfrutarás plenamente de una lectura que merece la pena conocer. Seguidamente, el primer golpe en el estómago del fan; la muerte de la Duquesita, la matriarca, el personaje más querido. Como si de pronto, por establecer un punto de comparación, en Downton Abbey se muriera Violet (personaje interpretado por la siempre genial Maggie Smith). La última pieza que ancla a los Cazalet a aquel tiempo que tanto me fascinó en Los años ligeros y que, en esta última entrega, parece enterrarse poco a poco. Un pasado de distracciones, baños en la playa, paseos, descanso y, en definitiva, la calma antes de la tormenta, la de aquella Europa de principios de siglo XX que ignoraba la sangrienta y tumultuosa deriva que acabaría tomando dicho siglo. A todo esto, cabe decir que, lejos de ser un destripe - me encanta esta nueva palabra que viene a sustituir al "spoiler" de hace unos años - lo pone directamente en la contraportada. Tras dicho hecho, el lector presencia el devenir del resto de personajes en su crecimiento, madurez y, como es normal, el transcurso de sus vidas. Todo cambia, sin embargo, está plagado de anécdotas, de las voces de los actores de la novela recordando aquello de lo que fueron testigos en el pasado pero, sin embargo, desde un carácter despreocupado, como si aquellos tiempos pasaron a mejor vida y solo importase los problemas de su generación. Aunque aquí todos tienen su cota de protagonismo - con sus buenas o pésimas decisiones - Howard otorga más presencia a las voces de los nietos, aquellos que en la primera novela conocimos de pequeños y aquí ya se han convertido en mujeres y hombres dispuestos a enfrentarse a cualquier cambio, en una ciudad cada vez más cosmopolita y una política cada vez más propicia a implantar el estado de bienestar, que esté por llegar. Si bien es cierto que la ironía no desaparece (ya es marca de la casa) en esta ocasión lo melodramático - bien entendido - parece anteponerse a cualquier otra cosa. No es para menos teniendo en cuenta que cualquier fin de ciclo merece su pequeña dosis de lagrimitas en los ojos. No obstante, y a medida que avanzas en su lectura, tienes la sensación de que cada uno de ellos te toma de la mano, te da dos besos, o un abrazo y se va poco a poco despidiendo. Eso ocurre como a más de la mitad del voluminoso libro. Y claro, Howard consigue que no quieras abandonarlos, que te resistas a soltarles de la muñeca, a deshacer ese cobijo literario en el que te has sentido feliz durante tanto tiempo. El último tramo de la novela es realmente emotivo. Hasta el punto de que te emocionas con cada puerta que se cierra en Home Place. Epicentro de una familia literaria que me llevo conmigo para cuando la desesperanza azote mi vida, como las olas llegando a la orilla, arrastrando consigo todo lo malo, tragándoselo, llevándoselo al mar de los profundos acantilados. 

Todo cambia: una historia de avances, familia, nuevos aires, optimismo, pasar página, recuerdos evocados, adioses que huelen a césped recién mojado... Broche de oro a una de las sagas de mi vida. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Pero la casa siempre ha permanecido igual. Si cierro los ojos, puedo describir cada detalle de cualquier habitación, del huerto y el bosque con el arroyo que lo atraviesa. Podrías llevarme con los ojos vendados y sabría donde estamos en cada momento. Lo que intento decir que es que todos sentimos lo mismo. Llevamos esta casa dentro y nunca la olvidaremos. Creo que somos afortunados por tener un ligar tan querido que recordar de corazón."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela

viernes, 8 de septiembre de 2017

RESEÑA: Regreso a Berlín .

REGRESO A BERLÍN

Título: Regreso a Berlín.

Autor: Verna B. Carleton (1914-1967) de madre inglesa y padre de ascendencia alemana, nació en New Hampshire, Estados Unidos. Se casó en México con Frida Kahlo y Diego Rivera como testigos, donde vivió durante la Segunda Guerra Mundial y donde frecuentaba los círculos artísticos de los exiliados alemanes. Allí se hizo amiga de los grandes escritores Ana Seghers y Egon Erwin Kisch. Escribió artículos para diversos medios, como el Saturday Evening Post o The New Yorker. En París su hogar adoptivo, había conocido a Sylvia Beach y a Walter Benjamin y se había encontrado con muchas personalidades de la vida literaria. Hasta su muerte en 1967, fue amiga íntima de la fotógrafa Gisèle Freund, a quien acompañó a Alemania en 1957. Regreso a Berlín, su primera novela, recibida con entusiasmo en su época, se inspira en aquel viaje: Freund se había exiliado en los años treinta debido al nazismo; para ella, volver a poner un pie en territorio alemán era una difícil decisión vital: de Alemania y los alemanes no quería saber nada, pero tampoco lograba liberarse de sus recuerdos. Verna la alentó a hacer aquel revelador viaje...que también era, en realidad, una búsqueda de su propio pasado.

Editorial: Errata Naturae.

Idioma: inglés.

Traductor: Laura Salas Rodríguez.

Sinopsis: como las viejas y buenas historias, esta fascinante novela comienza en un buque repleto de pasajeros muy distintos entre sí. Tras un largo viaje por el Caribe, lleno de conversaciones y complicidades, el londinense Eric Devon, su esposa Nora y una lúcida periodista estadounidense deciden viajar a un Berlín que se recupera de los desastres de la última guerra y de los perversos efectos del nazismo. Vacilante y presa de los fantasmas de otro tiempo, Eric, por fin, se enfrentará allí a su pasado, oculto durante décadas. Nada es lo que parecía ser: Eric irá asistiendo, página a página, capítulo a capítulo, a una serie de revelaciones que lo harán cambiar para siempre.

Su lectura me ha parecido: intensa, sensible, introspectiva, con mucha personalidad, fascinante, necesaria...Queridos lectores y lectoras, hay historias que son necesarias de contar. La mayoría de ellas son producto de la imaginación del autor o autora en cuestión, pero también existen las que nacen de dentro, de las entrañas, del interior de nosotros mismos, que como un torrente, exponemos en público o vertemos sobre el papel. Algunas hablan de visiones del mundo enfrentadas, otras hablan de los límites de los sentimientos, de hasta que punto el ser humano es capaz de albergar tanto amor, tanta generosidad, tanto sacrifico, tanto dolor. Incluso existen las que denuncian, las que reivindican, las que muestran al mundo los problemas sociales que hoy en día ahogan y destrozan vidas. También las hay que no escatiman en detalles y éstas, por muy breves que sean, acaban por convertirse en un pedazo de sinceridad, de verdad, un retal dentro de la vida del propio escritor o escritora, que, por el motivo que sea, decide mostrar tal y como es, o al menos, una parte de su ser. Esas en su mayoría son las que logran, si están bien armadas y escritas, que su recuerdo permanezca en la retina del lector. Hay historias que merecen contarse, ya sean ficticias o inspiradas en un hecho real. No deben pasar desapercibidas ante nuestros ojos, pues, en un mundo cada vez más frío y olvidadizo, una luz cálida nunca viene mal en momentos de desesperación. Historias como la que se narra en el libro que hoy tengo el placer de reseñar son excepcionales, ya no sólo por la cantidad de emotividad que arroja, también para que aprendamos a mirar al pasado y encontrar en él las claves para mejorar nuestro presente más inmediato. Esa y muchas más son las conclusiones que el lector extrae tras leer un libro titulado Regreso a Berlín: una Alemania en reconstrucción, un hombre incapaz de recordar y un futuro de tensa incertidumbre.


La historia de como Regreso a Berlín llegó a mis manos y a formar parte de mi apreciada estantería es bien sencilla. Pero para seros completamente sincera, también es la historia de una inquietud intelectual que hace unos años se despertó en mi interior. Como muchos ya sabréis, mi amor por la historia comenzó gracias a dos temas que poco a poco y en gran medida de forma autodidáctica fui aprendiendo, por un lado la Edad Media, periodo por el que me interesé gracias a las páginas de Ken Follett, y por otro lado todo lo que tuviese que ver con la II Guerra Mundial. En lo que respecta a este último no me interesaban las tácticas militares ni las batallas en si, si temas tan importantes y escalofriantes como las entrañas del nazismo, pero sobre todo, el Holocausto. De hecho, aquel ya lejano tercero de la ESO, se convirtió en el año del descubrimiento de un horror que me impactó y me despojó de parte de esa inocencia que llevaba años arrastrando. Conforme pasaban los años y los cursos académicos, la II Guerra Mundial se convirtió para mi en un tema bastante secundario de interés intelectual. Esto se debió a dos causas, la primera el hartazgo y la manía que le cogí mientras cursaba la carrera, y la segunda, el descubrimiento de otros problemas históricos que merecían toda mi atención e interés. No fue hasta el año pasado, mientras cursaba el Master de especialización en Historia Contemporánea, cuando, de pronto, la II Guerra Mundial volvió a entrarme por los ojos gracias a el conocimiento y estudio de testimonios y de las políticas de memoria empleadas tras la contienda. Un mundo nuevo parecía abrirse ante mis ojos y yo no iba a desaprovechar aquella atractiva oportunidad. A partir de ahí leí libros que, desde la ficción o no, me transportaban temporalmente a aquellos debates y épocas. El lector, Tú no eres como otras madres o el testimonio escrito de Anise Postel-Vinay son algunos de los libros que han pasado por mis manos, una lista a la que debo incluir Regreso a Berlín. Fruto de dicho acercamiento al tema, era obvio que una servidora acabase haciéndose con un ejemplar, obteniendo como resultado una lectura fascinante y bastante cercana a esa realidad que muchos vieron en carne propia.


Centrándonos en lo que nos ocupa, comenzaremos diciendo que Regreso a Berlín presenta una lectura amena, intensa y que invita al lector a detenerse, a pensar. El buen libro no sólo consigue transmitir emociones, también crea un poso de reflexión en la que el que quiera puede sumergirse y sacar sus propias conclusiones una vez sales a la superficie. Y todo eso, lo posee esta novela, cuya complejidad reside precisamente en esa mano tendida a quien busca algo más que una simple novela sobre las consecuencias de la II Guerra Mundial. Seguidamente, el título ya nos lo evidencia, estamos ante una historia en la que se narra un regreso, una palabra a la que le deberíamos incorporar algunos adjetivos como los de "revelador", "traumático" y "redentor" en último término. Basándose en una experiencia real y vivida por la propia autora, se construye la historia de Eric Devon, que junto con su esposa Nora y una periodista que ha conocido a bordo de un buque que navega por el Caribe, viaja a Berlín, su ciudad, su infancia, su juventud y que a su regreso, sólo se mantiene el esqueleto de lo que en su día fue. Esta es la premisa perfecta para adentrarnos no sólo en una época concreta, la Alemania de los años 50 post-Hitler, también en el debate que empezó a surgir al calor de aquellos primeros años de reconstrucción, conversaciones que versaban sobre lo vivido, lo acontecido, sobre esa ansiada reparación psicológica que tardaría años en llegar. Pocas obras de ficción nos han llegado en lengua castellana sobre este periodo tan paradójico, en el que se asistía al llamado "milagro alemán" y en el que al mismo tiempo la sociedad todavía seguía lamiéndose las heridas de una de las guerras más sangrientas que se recuerdan. Progreso y recuperación acelerada versus trauma y sentimiento de culpa. En ese sentido, Eric Devon resulta el personaje más interesante de la novela, pues, representa a la perfección un sentimiento que rondaría la cabeza de muchos por aquellos años, dominado por la incredulidad, el rencor, la vergüenza, y al mismo tiempo, la belleza de esos recuerdos de infancia y juventud ligados a aquella ciudad, aquel país, aquellos ciudadanos. Por otro lado, resulta realmente magistral por parte de Carleton de mantener una personalidad narrativa muy fuerte, sin venirse abajo en ningún momento, destacando por encima de todo esa acentuada intensidad de las emociones, logrando que el lector no pueda evitar ser engullido por la tragedia, el dolor, la pérdida, pero también, por ese sentimiento de esperanza, de ver la luz al final del túnel, aunque dicha luz conduzca a donde todos y todas bien sabemos si recordamos la historia. A esto ayuda, por supuesto, una narración nada tediosa, que fluye perfectamente hasta desembocar en ese reflexivo final. Regreso a Berlín entra por los ojos, y no sólo por el acertado diseño de su portada. Por último, un pequeño inciso. La presencia de la periodista en la historia me ha resultado bastante inverosímil en algunos aspectos. Cierto que este libro está basado en una experiencia personal, que este personaje es el narrador de la historia y que evidentemente la periodista no es otra que la propia autora del libro. Sin embargo, el que logre ganarse la confianza de Eric y Nora en tan poco tiempo, hasta el punto de acompañarlos en un viaje tan íntimo como importante emocionalmente para Eric resulta demasiado forzado en ocasiones.


En lo que respecta a la reflexión final, y como no podía ser de otra forma, voy a destinarla a hablar sobre algo incómodo. Si, queridos lectores y lectoras, de algo que parece molestar, que solamente con nombrarlo, mucha gente en este país saca las uñas y empieza a desacreditar al o la valiente que ha osado al menos, pronunciarse al respecto. Hablo, lectores y lectoras, de memoria histórica. Todos estaréis cansados de ver en la televisión como los que dicen ser expertos en la materia, se dedican a especular y a hablar sin conocimiento, soltando auténticas barbaridades, la mayoría de ellas provenientes de esa enseñanza adulterada y falsa del pasado. Una visión en donde las generalidades y los despropósitos están servidos. Pues, sinceramente, no sabéis lo que duelen ese tipo de declaraciones en horario de máxima audiencia, ya no sólo para quienes nos dedicamos profesionalmente a la historia, también lo es para todos aquellos que lloran la muerte de un familiar frente a una cuneta, una fosa común o a veces ni eso, a falta de conocer donde ha ido a parar el cuerpo de su ser querido. Y esto es así porque cuando se tuvo la oportunidad, no se hicieron las cosas como tocaba. "¡No!" exclamaba el político de turno "No hay que remover el pasado, no hay que abrir heridas. Miremos al futuro, que es lo más importante." El problema es que en esa desesperada huida hacia adelante arrastras el sufrimiento de aquellos a los que no quieres escuchar ni ayudar, prolongando esa agonía un año más. y otro, y otro...Tal y como se muestra en Regreso a Berlín, nos encontramos ante uno de los escenarios más desoladores, el de una ciudad tan importante como la capital de Alemania, convertida en la sombra de lo que una vez fue. Pero también, y eso es gracias a la empatía y pericia de Verna B. Carleton, se observa como ese debate precisamente comienza a aparecer en las conversaciones y en el percibir de los ciudadanos de Berlín. No se puede usar a bote pronto el término "memoria histórica", ni siquiera se concibe como tal, sino que se expresa mediante palabras como "derecho", "reparación", "recuperación", "memoria", "justicia", "recuerdo"...En definitiva, un sentimiento casi unánime que los Alemanes aguardaron durante mucho tiempo hasta que, una vez desaparecida al URSS y tras la caída del Muro de Berlín, se pudo hablar del tema, reflexionar entorno a sus consecuencias, sus implicaciones. Pero sobretodo, el gobierno de esos años pudo poner en marcha políticas de la memoria que permitieron que lo que sucedió no cayese en el olvido, haciendo una dura pedagogía de lo acontecido y sacando de ello las herramientas suficientes para poder llevar a cabo esa transición psicológica que el país necesitaba con urgencia. Es cierto que la que llevó a cabo Alemania con respecto al nazismo, el holocausto y la II Guerra Mundial no es la mejor política de memoria que se ha hecho, pero se hizo, algo de lo que España no puede presumir, pues aquí no se ha hecho nada al respecto, y como no se den prisa, muy a nuestro pesar, las futuras generaciones seguirán teniendo esa visión sesgada de la Guerra Civil, del Franquismo y de los primeros años de la Transición que todo el mundo considera modélica. Berlín logró reconstruirse, con esfuerzo y tras años de dolorosa espera, Madrid y otras capitales de España no pueden decir lo mismo. Regreso a Berlín: una historia de tristeza, reencuentros, vergüenza, arrepentimiento, memoria, redención...Una novela de reconstrucción física y personal.

Frases o párrafos favoritos:

"Nunca antes me había dado cuenta de hasta qué punto la emigración alemana forzada por el nazismo se ha distribuido por el mundo. A veces es horripilante excavar tanto en el pasado ¿Somos supervivientes de verdad o meros fantasmas todavía incapaces de abandonar la carne?"

Película/Canción: aunque mantengo la esperanza de que ambas cosas se produzcan, lo cierto es que no hay noticias de que este libro se adapte al cine o alguien componga una canción inspirada en su trama. No obstante, y como es habitual, os adjunto la pieza de música clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Bach siempre logra removerme por dentro.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

viernes, 16 de septiembre de 2016

RESEÑA: Las Chicas

LAS CHICAS

Título: Las Chicas. 

Auor: Emma Cline (Sonoma 1989) es licenciada en Bellas Artes y cursó un máster en Escritura Creativa en la Universidad de Columbia. Ha trabajado como lectora para The New Yorker y ha publicado textos de ficción en revistas como Tin House o The Paris Review, que en 2014 la consideró merecedora del Plimpton Prize. Las Chicas, su primera novela, llega precedida de una extraordinaria expectación internacional: fue el libro más codiciado en la Feria de Frankfurt de 2014, y los derechos de traducción se han vendido en treinta y cinco países, mientras que el reputado productor Scott Rudin plantea adaptarla a la gran pantalla. 


Editorial: Anagrama. 

Idioma: inglés. 

Traductor: Inga Pellisa. 

Sinopsis: California. Verano de 1969. Evie, una adolescente insegura y solitaria a punto de adentrarse en el incierto mundo de los adultos, se fija en un grupo de chicas en un parque: visten un modo descuidado, van descalzas y parecen felices y despreocupadas, al margen de las normas. Días después, un encuentro fortuito propiciará que una de esas chicas - Suzanne, unos años mayor que ella - la invite a acompañarlas. Viven en un rancho solitario y forman parte de una comuna que gira alrededor de Russell, músico frustrado, carismático y manipulador. Fascinada y perpleja, Evie se sumerge en una espiral de drogas psicodélicas, y amor libre, de manipulación mental y sexual, que le hará perder el contacto con su familia y con el mundo exterior. Y la deriva de esa comuna que deviene secta dominada por una creciente paranoia desembocará en un acto de violencia bestial, extremo...

Su lectura me ha parecido: controvertida, intensa, sorprendente, dura, directa, sin barroquismos, fría, impactante, ilustradora, brutal...Queridos lectores y lectoras, ¡todavía hay esperanza! Si, la hay, y no estoy exagerando ni un ápice. Todo el mundo sabemos que actualmente, y más desde que la tecnología y las nuevas formas de comunicación virtual han invadido nuestro día a día, que es mucho más fácil que de vez en cuando encontremos en las librerías a autores muy jóvenes, extremadamente jóvenes. Existen muchas razones por las que se ha producido este fenómeno cada vez más creciente, y el caso más significativo probablemente sea el de los llamados "Youtubers", los cuales se han convertido en figuras importantes y con capacidad de influir en millones de personas, algunos de ellos incluso llegando a dar el salto al mundo editorial, publicando libros sobre temáticas tan variadas como las últimas tendencias en ropa o video juegos o recopilatorios con sus pensamientos más destacados. Esto no diga que esté mal, al contrario, pero sinceramente, pienso que además de estos "influenciers" debemos prestar la misma atención a otros jóvenes. Los hay, claro que los hay, pero los jóvenes que parecen destacar en el terreno literario a una edad realmente asombrosa, quedan a la sobra de figuras que ofrecen contenidos más atractivos en apariencia a través de un canal de Youtube. El libro que hoy tengo el inmenso placer de reseñar, está escrito por una autora realmente joven, lo que no le ha impedido asestar un sonoro puñetazo sobre el panorama literario actual con una historia original, bien escrita y cuya lectura pone los pelos de punta; dando en las narices a una mayoría de "influenciers" sin rigor intelectual. La esperanza y el ejemplo existe, la esperanza se llama Emma Cline y el ejemplo es Las Chicas: la fragilidad adolescente a rítmo de Helter Skelter. 


La historia de como Las Chicas llegó a mis manos es de las que inevitablemente me hacen sonreír de oreja a oreja. La Editorial Anagrama fue una de las primeras editoriales a las que le mandé un mensaje solicitando colaboración, y como era de esperar, la contestación tardó. No obstante no me desesperaba y seguía reseñando libros como siempre había hecho, con regularidad y variedad. Un día, ya encontrándome colaborando con otras editoriales, se me ocurrió que una buena forma de proporcionar las reseñas era a través del Facebook, pero no solamente desde el modo convencional de publicar la reseña en la página oficial del blog, sino que tenía que atreverme e ir más allá. Por ello, comencé a mandar enlaces de mis reseñas y a publicarlos en las páginas oficiales de algunas de las editoriales más prestigiosas, con algunas de ellas ya colaboraba, con otras no, unas reseñas eran buenas, otras no tanto, pero eso me daba igual, buscaba que fueran leídas y tal vez apreciadas por los miembros de dichas editoriales. En la página de Anagrama creo que lo hice dos veces, la primera con Sumisión de Houellebecq y la segunda con La Chica Danesa de David Ebershoff  justo antes de las vacaciones de verano. Y fue a los pocos días de hacer esa intentona cuando de pronto, recibí un correo de Anagrama ofreciéndome una lectura, y lo que era más importante, un inicio de colaboración. Recuerdo que al leerlo salté de alegría y que estuve durante semanas en un estado de perenne felicidad, todavía a día de hoy agradezco la confianza que la editorial deposita en mi. En lo que respecta a Las Chicas, como muchos os imaginaréis, para iniciar esa fructífera colaboración me ofrecieron la lectura de esta novela, cuyas primeras líneas leí este verano. Y sinceramente, la lectura de tan sólo ese primer capítulo me dejó tan intrigada, tanto que durante todo lo que duró agosto sólo deseaba saber que pasaría a continuación, cuál sería la historia de Evie. Para cuando me llegó el libro entero, yo ya estaba en un estado de absoluta impaciencia, algo que, con la ayuda de una lectura que no se hizo para nada pesada, contribuyó a que Las Chicas lograse un hueco entre mis libros de cabecera. 

En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos apuntando que Las Chicas es una novela que presenta una lectura intensa, seria, cortante y muy directa. Tiene un ritmo trepidante y pausado al mismo tiempo, la narración no va excesivamente de prisa a la vez que mantiene al lector en una tensión constante, por lo que es muy difícil que éste no acabe devorando la novela en pocos días, y lo que es mejor, devorando una novela con calidad y contenido. Seguidamente, y en relación con el estilo, hay que decir que Cline aborda el clasico tema de los problemas de la adolescencia desde una literatura muy pocas veces explotada. Normalmente, cuando el lector se enfrenta a una lectura donde aparece este tema tan recurrente, se topa con un estilo edulcorado, algo melodramático y innecesariamente descriptivo. Pero en Las Chicas, es diferente, una pluma seca, dura, que va directamente al grano y que no se corta en ofrecer ciertos matices que ofrecen brutalidad y frialdad a la trama hacen de este libro una lectura diferente. Cline no es de las que se anda con rodeos, sino que te muestra la realidad tal y como es, sin adulterar, con lo bueno y con lo malo puestos al mismo nivel, lo que ofrece un equilibrio pocas veces apreciado en otras novelas. Por otro lado, Las Chicas se podría introducir en una corriente literaria que oscila entre la realidad y la ficción, al igual que sucede con la novela La Chica Danesa y tantas otras, encontramos esa interesante relación que permite al lector cuestionarse ciertas partes del libro y de la trama, invitándole a investigar por su cuenta una vez finalizada la lectura. En el caso de Las Chicas en apariencia, los personajes que desfilan por sus páginas parecen sacados de la imaginación de la autora, pero no es así, al instante te das cuenta que bajo nombres inventados encontramos a Sharon Tate, Susan Atkins, Linda Kasabian, Patricia Krenwinkel, Terry Melcher o el mismísimo Charles Manson. Además de lo nombrado, también es digno mencionar la narración a dos tiempos que establece la autora, la una contada desde la perspectiva de quien recuerda lo sucedido en clave de desahogo personal, y la otra desde la incomprensión y la dificultad de adaptación en un tiempo alejado de los trágicos acontecimientos. Sin embargo, encuentro que las barreras entre una narración y otra no están bien delimitadas, pues en ciertas ocasiones, si no fuese por la división de capitulos, da la sensación de que no has abandonado la tesitura y eso puede confundir. Con todo esto y para finalizar, destacar la valentía y atrevimiento de Emma Cline por ambientar la trama en los años de la contracultura hippie, pero sobretodo, en el ambiente de la llamada "La familia de Charles Manson", una de las épocas más oscuras de las historia de los Estados Unidos, un tema que poca gente conoce y que a día de hoy sigue siendo un tabú en ciertos círculos de la sociedad estadounidense. 


Para dar por finalizada la redacción de esta reseña, he dejado para este último párrafo el abordaje del principal tema que se extrae de la lectura de Las Chicas, y que como no podía ser de otra forma, trataremos en clave reflexiva. En esta novela, Emma Cline trata el tema de la adolescencia, aunque más bien, lo correcto sería decir los problemas de la adolescencia. Cuando te encuentras en esa etapa necesaria de la evolución del ser humano, éste se adentra inevitablemente en un momento de extrema delicadeza y de peligrosidad. Es un momento de muchos cambios, de mucha evolución física y mental, donde poco a poco se adquiere mayor madurez, pero también es el momento donde aflora la inseguridad, aparece ese afán por construirse una identidad, pero también, ese repentino interés por sentirse valorado, querido, perteneciente a algo, a un grupo, a un clan, a una panda. Ese sentimiento, el de ser aceptado, es tal vez el que todos hemos vivido en algún momento de nuestra vida, y como es lógico, hacemos lo que podemos para poder encajar y caer bien a las personas con las que queremos entablar amistad, y quién sabe si algo más. En Las Chicas, ese afán se refleja en toda su magnitud, pues Evie, la protagonista, conoce a las chicas, las cuales le parecen atractivas, libres, exóticas, diferentes a cuantas haya visto o tratado. Por ello, hace todo lo posible por caerles bien, que éstas la tengan en cuenta, que la valoren y que cuenten con ella para cualquier cosa. Sin embargo, y como suele pasar en la vida real, esto puede tener consecuencias cuanto menos graves. Si nos salimos un poco de lo que es la novela, vemos como ésto sucede, pues no hay más que recordar cuantas personas habrán sido cómplices del bullyng en la escuela o haber participado de actos tan viles como hacerle la vida imposible a un compañero de clase, simplemente por el simple hecho de querer caer bien y encajar. Si volvemos a Las Chicas, observamos que nos encontramos ante la misma actitud, una joven que por ganarse la amistad y el respeto de las chicas, sobretodo la de Suzanne, de Susan Atkins al fin y al cabo, aunque ello signifique rebajarse hasta límites insospechados, iniciándose en el inocente consumo de drogas y en el amor libre primero para cometer robos y estar a punto de participar en un sangriento asesinato después. Evie, como muchas personas de carne y hueso, busca lo que todo el mundo, la aprobación, la aceptación, la sonrisa de las chicas, una sonrisa que, incluso escoltadas por la policía, nunca la perdieron. Las Chicas: una historia de madurez, de incomprensión, de cariño, de libertad, de manipulación, de engaño, de sentimientos enfrentados, de terribles decisiones...Una historia que resta protagonismo a los líderes para contarla desde abajo, desde sus más fieles seguidores, o seguidoras en este caso. 

Frases o párrafos favoritos: 

"¿Los árboles que rodeaban mi casa habían sido siempre así, tan extraños y acuáticos? ¿A caso todo estaba cambiando ya para mi, y el tenderete estúpido del mundo normal se estaba transformando en los escenarios exuberantes de una vida nueva?"

Película/Canción: ya hay noticias, como bien apunté en la biografía de la autora, de una posible adaptación cinematográfica de Las Chicas que en cualquier momento puede ponerse en marcha. Pero hasta que eso ocurra, os dejo con un video, como no, del Helter Skelter famoso de los Beatles que inspiró a Charles Manson en su diabólica doctrina. 



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Editorial Anagrama

domingo, 7 de febrero de 2016

RESEÑA: El Niño 44.

EL NIÑO 44


Título: El Niño 44.

Autor: Tom Rob Smith (Inglaterra 1977), de madre sueca y padre inglés, tras graduarse en Literatura inglesa en la Universidad de Cambridge, vivió un año en Italia, donde la Universidad de Pavía le concedió la licenciatura Harper-Wood de Creación Literaria. En su faceta de guionista ha escrito para varias series de televisión inglesa, incluso para la BBC World Service en Camboya, y tiene en desarrollo varios proyectos para televisión y para cine. El Niño 44 supone su primera y muy esperada incursión en el género de la novela. 


Editorial: Salamandra. 

Idioma: inglés.

Traductor: Mónica Rubio Fernández. 

Sinopsis: héroe condecorado durante la Segunda Guerra Mundial, el joven y prometedor Leo Stepánovich, agente del Departamento de Seguridad del Estado, ha asumido la misión de identificar, detener y hacer confesar a los sediciosos y traidores que pretenden socavar los cimientos de la Unión Soviética. Esta vez, su labor lo lleva a cumplir una tarea incómoda y poco usual: convencer a una familia que la muerte de su hijo pequeño, cuyo cadáver ha sido hallado junto a unas vías de tren, fue fruto de un desafortunado incidente. El padre del niño, quien en su día fue subordinado de Leo, insiste con inexplicable tenacidad, en contradecir la versión oficial, asegurando que la muerte de su hijo no fue fortuita, y que alguien, aunque resulta difícil imaginar sus motivos, lo asesinó salvajemente.

Su lectura me ha parecido: lenta, interesante, decepcionante, original, seca, reflexiva, distante, necesaria...Queridos lectores y lectoras, supongo que os habrá sorprendido leer comentarios realmente positivos a la par que bastante negativos con respecto al libro que hoy os traigo, y es que todo en esta vida tiene su correspondiente respuesta. Una servidora, piensa, con toda la sinceridad del mundo que en toda novela que se precie existen muchas dimensiones, tantas como el autor desee introducir a corde con su idea de novela. No obstante, dentro de estas llamadas dimensiones abstractas, existen dos principalmente que se desmarcan y que en cierto modo engloban a las demás. Éstas son, sin lugar a dudas por un lado la historia en si, la narración propiamente dicha, y por otro lado el estilo, la forma con la que se plasma la historia. Como veis una va al lado de la otra, y deben ir cogidas siempre de la mano, compenetrarse a la perfección para que la novela funcione cuando el lector se enfrenta a ella. No obstante, la cosa no siempre es así, y cuando sucede, te encuentras con un trabajo que pudo ser magnífico desperdiciado por que una de las dos dimensiones falla estrepitosamente, y con ella, arrastra parte del encanto que podría tener dicho libro en cuestión. A la novela que hoy reseñamos le sucede precisamente eso, no obstante, y para fortuna de los lectores, tiene cosas salvables,las cuales, comentaremos en la reflexión final. Sin enrrollarme más, hoy, con cierto retraso, os traigo la reseña de El niño 44: un agridulce sabor de boca para los lectores.


La historia de como El Niño 44 llegó a mis manos fue como tantas otras veces, y que de seguro que a vosotros también os ha sucedido. No recuerdo bien si fue a principios de verano o ya finalizado este cuando se estrenó en los cines la película basada en este libro, adaptación que como pude leer posteriormente en críticas no fue del todo favorable. En aquella ocasión no tuve el placer o la oportunidad de verla en el cine, y tampoco la he visto posteriormente, no obstante, me sorprendió el saber que dicha película había sido rodada a partir de una novela, de una historia de misterio, de un Thriller policíaco con tintes de novela histórica que en su día cosechó un éxito impresionante a nivel editorial. Fue entonces cuando me informé de que iba a la novela y automáticamente, por su trama, me pico la curiosidad. No fue una necesidad imperiosa, más bien fue como una especie de toque de atención en mi inquietud lectora. Semanas más tarde me topé, por pura casualidad, con El Niño 44 en una de las estanterías de la biblioteca de mi barrio, sin duda la cara de sorpresa sería mayúscula, pues, no me esperaba encontrarlo precisamente en aquel lugar. Recuerdo que tuve mis reservas, sin embargo y a pesar de ello, acabé llevándomelo a casa, sin prever el ligeramente decepcionante resultado que aportaría su lectura.


Adentrándonos en este punto en la crítica propiamente dicha, comenzaré explicando lo que ya he avanzado al principio de la reseña ¿Que es lo que falla estrepitosamente en El Niño 44? Pues señoras y señores, como en muchas otras historias fallidas, la segunda, es decir, el estilo empleado por el autor. La idea en si es absolutamente prodigiosa, abrumadora, genial, y el simple hecho de haber inyectado un pelín de originalidad e ingenio al centrar la trama en la Unión Soviética de principios de la Guerra Fría y no durante la Alemania Nazi, algo que por cierto los lectores estamos cansados de leer, es un punto muy a su favor, pues es un periodo que desde ese otro lado del "Telón de Acero" se conoce más bien poco literariamente, o lo que llega llega adulterado. Sin embargo, el hecho de que Smith, con todos mis respetos, haya decidido aplicar a esta historia un estilo tan distante, frío, lento y recreador tira por los suelos esa idea tan buena. Vale que cuando pensamos en Rusia y su paisaje se nos congela hasta el alma, pero si yo hubiese estado en su lugar, hubiese aplicado una capa de calor a unos personajes tan hieráticos y fríos como el hielo. Seguidamente, lo que de verdad me ha parecido bastante decepcionante ha sido el personaje principal, Leo Stepánovich. Una servidora, con toda la sinceridad del mundo, os confiesa que esperaba mucho más de este personaje. Con sólo leer la sinopsis pensaba que iba a ser un personaje interesante y estaba convencida de que me iba a gustar. No obstante, resultó ser lo contrario, un personaje igual de frío a pesar de su buena causa y con el que es imposible empatizar. Finalmente, y a pesar de las malas críticas, el libro te deja una reflexión muy precisa e inquietante que merece toda una explicación y debate posterior. 


Finalmente, en este último párrafo destinado a la reflexión, no he podido evitar con El Niño 44 centrar el tema de debate en todo un tema enorme del cual se han escrito páginas y páginas, y que sin duda, merecería más espacio del que tengo. ¿Alguna vez os habéis parado a pensar qué hay detrás de frases como "Con Franco había más seguridad", "Con Franco se vivía más tranquilo" o la más famosa y que todos habremos escuchado alguna vez "Esto con Franco no pasaba"? Seguro que las dos primeras se las habréis escuchado decir a vuestros mayores, y la tercera ha traspasado la frontera de la ficción, pues, hasta en las series de televisión se recurre alguna vez a ella en tono de humor. En definitiva, la frase en vez de ser "Esto con Franco no pasaba" más bien sería "De esto con Franco no te enterabas". Detrás de frases como estas, queridos lectores y lectoras, hay un reverso oscuro y podrido, donde la censura jugó un papel fundamental en tiempos del franquismo. A través de ella, por ejemplo, se censuraban los robos, los atracos, las detenciones masivas, los asesinatos escabrosos, los casos de corrupción, las protestas, las manifestaciones contrarias al régimen, la pobreza o la violencia machista entre otros. El régimen, por decirlo de alguna forma, tenía que aparentar normalidad y armonía, todo ello a costa de una implacable censura que escondía todo lo que pudiese empeorar su imagen. En la época en la se ambienta El Niño 44, la Unión Soviética de los años 50, los más tensos de la Guerra Fría, también sucedía lo mismo, nada podía perturbar la supuesta "sociedad idílica". Por todo ello, y a pesar de que la novela no haya cubierto las expectativas formales, si que es cierto que plantea un debate muy importante y, como he mencionado al principio, necesario, muy necesario, sobretodo para un país como España. El Niño 44: una historia de tensión, justicia, frío, disciplina, censura, ocultación, honor, sumisión...Una novela imperfecta para una reflexión perfecta. 

Párrafos o frases favoritas: 

"No se puede investigar un asesinato que no se ha cometido, y menos en la Unión Soviética de Stalin, donde el crimen, propio de la decadente sociedad occidental, oficialmente no existe."

Película/Canción: el año pasado se estrenó su adaptación cinematográfica, la cual no tuvo una buena crítica. Con las interpretaciones de Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman y Vicent Cassel entre otros ponen rostro a los principales personajes de la novela. Aquí os dejo con un clip de la película: 


¡Un saludo y a seguir leyendo!

miércoles, 18 de marzo de 2015

RESEÑA: El Umbral de la Eternidad

EL UMBRAL DE LA ETERNIDAD

Título: El Umbral de la Eternidad. 

Autor: Ken Follett (Cadiff 1949, Reino Unido). Tras estudiar filosofía en la University College de Londres, trabajó como periodista en el South Wales Echo y en el Evening News. En 1978, con a penas veintisiete años, publicó su primera novela, El ojo de la aguja, que obtuvo gran éxito de inmediato y fue adaptada al cine. Tras este éxito editorial, comenzó a publicar novelas de género policíaco como La clave está en Rebeca o Triple, consolidándolo como escritor de éxito. Pero el verdadero reconocimiento no llegó hasta la publicación en 1989 con la publicación de su novela más famosa Los Pilares de la Tierra, una novela ambientada en la Edad Media que le valió estar entre los libros más leídos durante varios años. Follett también es el autor de Un mundo sin Fin, continuación de Los Pilares de la Tierra y de La Caída de los Gigantes y El Invierno del Mundo y El Umbral de la Eternidad, las cuales, que componen la primera, segunda y tercera parte de la trilogía The Century,. Actualmente se encuentra inmerso en el trabajo de redacción y documentación de una novela ambientada en el siglo XVI, trabajo que le ha traído a algunas ciudades del sur de España el pasado otoño.

Editorial: Plaza Janés.

Idioma: inglés.

Traductor: ANUVELA.

Sinopsis: después de La Caída de los Gigantes y El Invierno del Mundo llega el final de la gran historia de las cinco familias cuyas vidas se han entrelazado a través del siglo XX. La familia estadounidense, la alemana, la rusa, la inglesa y la galesa participan en los acontecimientos sociales y políticos que marcaron las agitadas décadas de los sesenta a los noventa, y son testigos de ellos. Desde el sur de los Estados Unidos hasta la remota Siberia, desde la isla de Cuba hasta el vibrante Londres de los años sesenta. El Umbral de la Eternidad es la historia de aquellas personas que lucharon por la libertad individual en medio del conflicto titánico entre los dos países más poderosos jamás conocidos. 

Su lectura me ha parecido: sencillamente impresionante, abrumadora, extensa, completa, ambiciosa, maravillosa, ágil, interesante, muy buena....Sin embargo nada, absolutamente nada, es definitorio. Puede que esta novela, desde mi punto de vista, que siempre es sincero, me haya encantado, y puede que por ello, pueda en un futuro recomendar su lectura a todo aquel amante de la novela histórica y de los conflictos internacionales de finales de siglo XX. No obstante, soy consciente, como cualquier lector que tenga un mínimo de apreciación literaria, que nada es mejor que nada, es decir, que ninguna novela es definitoria. Hay clásicos, lo se, a los que debemos acudir siempre y a los que también debe recurrir todo escritor que se precie, y son inmortales, lo se, no obstante, el mundo de la cultura debería, bajo mi punto de vista mirar un poco más hacia el futuro y no recrearse tanto en esas obras que, definitorias o no, siempre va a estar ahí. Yo siempre digo que lo mejor esta por llegar siempre,  en cualquier ambiente de la vida, y yo no soy de las que menosprecia a los clásicos, pero, sin embargo, cuesta plantearse en los ámbitos intelectuales literarios la posibilidad de que en un futuro, alguien, consiga superar a Shakespeare, a Orwell o incluso a Miguel de Cervantes, ahora que esta tan de moda. Con todo esto quiero plantearos que, aunque Ken Follett sea actualmente, el gran representante de la novela Histórica, ninguna de sus obras son definitorias, tal y como la televisión nos muestra. No obstante, he de reconocer, que el trabajo que lleva detrás la redacción de la novela que hoy reseñamos, es importante y merece ser reconocido. Con todos ustedes: El Umbral de la Eternidad, la historia que pone fin a una de las sagas más ambiciosas de la actualidad literaria. 

La historia de como este libro ocupó un lugar privilegiado en mi estantería, tiene un origen bastante interesante. Me enteré de la publicación del Umbral de la Eternidad por la televisión, no obstante, yo ya seguía en la página oficial del autor en Facebook los últimos avances en cuanto a la publicación de este libro en otros países. Todo esto hacía que mis ganas por leer aquella conclusión de la trilogía The Century fuesen cada vez más incontrolables. Pronto llegó la navidad, y muy previsiblemente, mi pareja me regaló el libro. Recuerdo que yo le hice sufrir lo indecible, pues, no quería que supiese cual iba a ser el regalo que yo guardaba cuidadosamente y que pronto iba a tener entre sus manos. El intercambio de presentes tuvo lugar en una cafetería en el centro de la ciudad, y recuerdo que fue una tarde fría, oscura, pero maravillosa en todos los sentidos. También me acuerdo de lo que pesaba aquel libro y de las molestias que tuve en el hombro al llegar a casa, pues, me había pasado toda la tarde con el mazacote de libro metido en el bolso. Su lectura la inicié a los pocos días y la verdad, me quedé con muchas ganas de saber más, lo cual, siempre es un excelente síntoma y una buena forma de decir que el libro te ha gustado mucho. 


Centrandonos en este párrafo en hablar un poco de lo que me ha parecido, en primer lugar tengo que felicitar de nuevo, y ya son varias, a Ken Follett porque hay que reconocerle un mérito enorme, el de que una lectura que llega a las 1147 llegue a enganchar tanto. Normalmente, cuando te enfrentas a un libro de esas características la primera reacción es la de desechar la lectura inmediatamente o tildarla de prejuicios infundados. Yo reconozco que tuve mis reservas con el primer libro que me leí de este autor, que fue Los Pilares de la Tierra, no obstante, descubres que no es para tanto y que incluso, puede llegar a engancharte y a gustarte. En segundo lugar, llevándome un poco esta segunda opinión al terreno de una historiadora en potencia, considero que el libro no esta mal desde el punto de vista metodológico, eso si, para hacerlo más completo, yo hubiese incluido a una familia francesa, a una española y a una italiana. De echo, sigo preguntándome a día de hoy porque Follett no creó una familia francesa para sus novelas, pues la presencia de Francia es fundamental en la historia del siglo XX, y es incomprensible a la par que sorprendente esta ausencia tan enorme. Bueno, supongo que dicha decisión residirá en o bien no se me ha ocurrido, lo cual me extraña, o bien "si incluye a una familia francesa supone más páginas, por tanto, menos posibilidades de vender el libro", opción por la que más se inclina aquí una servidora. Seguidamente y en tercer lugar, tengo que reconocer que han habido en esta entrega familias bastante flojas, en mi opinión, las que están dentro de esta línea son la rusa y la americana. Por otro lado, me ha encantado la familia alemana, pues, el autor ha mostrado con gran olfato esa angustia del muro y lo que ello supone, no solo para esta familia, sino para Europa. Por último, me gustaría destacar que Ken Follett ha incluido un aspecto de esta época que a mi particularmente me encanta como es el movimiento Hippie y el mundo de la música de aquellos años, que, esa si, es irrepetible. 


Para finalizar la redacción de esta reseña, me gustaría centrar la reflexión final en un aspecto que, pensándolo estos días, entre petardos y ríos de gente inundando la ciudad, debemos reflexionar y debatir detenidamente. Como ya he explicado en el segundo párrafo de la reseña, yo me enteré de la publicación de El Umbral de la Eternidad a partir de unas imágenes que vi en la televisión de su presentación en Madrid. Al contemplarlas, en lugar de sentir admiración y entusiasmo, lo que sentí fue estupefacción y vergüenza ajena ante tanta teatralidad y ostentación. Actualmente, muchos escritores que se lo pueden permitir, como es el caso de nuestro amigo Follett, llevan consigo una parafernaria monumental que si, puede que eso sea bonito, pero, ¿es necesario romper una roca con un martillo y que de ella salga el apreciado libro? A mi, sinceramente, me parece que no. Yo pienso que toda esa ostentación reside y se hace además, por puro marketing y por puro negocio. Como ya he repetido en miles de ocasiones, las todopoderosas editoriales de turno, tratan de vendernos cualquier libro, por muy malo que sea, y para ello, el factor ocular es esencial. Si una portada o una presentación espectacular entra por los ojos del lector, entonces el negocio esta asegurado,  y puedes meterte fácilmente a los lectores en el bolsillo. Yo a este tipo de literatura le llamo "literatura espectáculo", es decir, todos aquellos libros que llegan al lector no sólo. Todo esto, desgraciadamente, contribuye a que libros, cuya lectura deja mucho que desear, ocupen y acaparen los escaparates de las librerías más importantes y que, como resultado, miles de lectores acaben adquiriendolo a veces a precio de oro. Este no es el caso de El Umbral de la Eternidad, ni mucho menos, sin embargo, un compañero de facultad, hará lo menos dos años, me confesó que quería ser escritor por él, que los libros de Ken Follett le habían ayudado a forjar ese sueño. Yo no niego que Ken Follett no sea un buen escritor, no obstante, me aventuro a decir que esa meta no ha sido influenciada por la literatura de Follett, sino por toda esa aura de espectáculo que lleva detrás, la cual, parece embobar y cautivar al lector de la calle. El Umbral de la Eternidad: una historia de amor, lucha, progreso, derechos, ambiciones, poder, política, música, transgresión...La plataforma perfecta para futuras novelas ambientadas en esta apasionante etapa de nuestra historia más reciente. 

Frases o párrafos favoritos:

"Aquí estamos - dijo Carla contemplando sonriente el círculo que formaba su familia, sonriente y feliz -. Otra vez juntos, por fin. Después de todo este tiempo. - Hizo una pausa y volvió a decirlo -: Después de todo este tiempo."

Película/ Canción: mientras los incipientes rumores de una posible adaptación de la trilogía The Century, que esperamos que sean ciertos, se siguen produciendo, desde Jimena de la Almena, me gustaría concluir con una canción muy especial de uno de los grupos más representativos de las últimas décadas del siglo XX: 



¡Un saludo y a seguir haciendo Historia!