Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 27 de mayo de 2022

RESEÑA: Azucre.

 AZUCRE


Título: Azucre. 

Autora: Bibiana Candia (A Coruña, 1977) es escritora. Ha publicado los poemarios La rueda del hámster y Las trapecistas no tenemos novio, el libro de relatos El pie de Kafka y el artefacto narrativo Fe de erratas. Colabora de manera regular con Jot Down, Letras Libres y The Objective. Azucre es su primera novela y ha sido merecedora del Nollegiu de novela y del Premio de las Librerías de Navarra como uno de los mejores libros de 2021. 




Editorial: Pepitas de Calabazas. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Galicia 1853. El invierno más lluvioso de la historia ha destrozado las cosechas y una epidemia de cólera empieza a hacer estragos entre la población. Orestes, el Tísico, el Rañeta y Trasdelrío, el Comido, Tomás el de Coruña y muchos otros rapaces que anhelan un futuro mejor para ellos y sus familias deciden deciden abandonar sus hogares y partir rumbo a Cuba para ganarse la vida en las plantaciones de caña de azúcar. Pero ese viaje les tiene reservado un calvario que sus cándidas mentes jamás habrían sido capaces de imaginar. Azucre es el relato novelado de la auténtica historia de mil setecientos jóvenes que viajaron a Cuba para trabajar y terminaron vendidos como esclavos por obra de Urbano Feijóo de Sotomayor, un gallego afincado en la isla que, aprovechando la situación de necesidad de sus compatriotas, promovió una campaña de colonización blanca y sustitución de la mano de obra llevada desde África. 

Su lectura me ha parecido: interesante, atípica, condensada, construida a base de impactos, muy visual, lírica, potente, pesadillesca en sus mejores momentos, plural en sus voces narrativas, epopéyica... Mi primer contacto con la historia - disciplina intelectual con la que algunas/os en este país tienen una relación más que problemática - fue, como a muchas y muchos de los que nos apasiona, a través de aquellos primeros ejemplares de la Muy Historia que cada mes devoraba como si de un bocadillo de atún con queso se tratara. Recuerdo el primero, dedicado a los (y las) malos malísimos de la historia. Ejemplar que aún, a día de hoy, guardo como oro en paño - no como aquel dedicado a la historia de la piratería que, misteriosamente, desapareció un verano en el pueblo - y que supuso entonces todo un shock para mi inquieta mente abierta a toda clase de información y aprendizajes. A lo que unos veían como una chorrada o una pérdida de tiempo, yo lo encontraba fascinante, entretenido y una buena forma de pasar el rato cuando el tedio aplanaba los días. Aquel primer contacto me llevó por senderos amazónicos, por una selva llena de criaturas - las y los susodichos personajes malvados del pasado - cuya fascinación se instaló en mi de inmediato. Fue en esas páginas donde descubrí figuras como las de Erzsébet Báthory - "La Condesa Sangrienta" para el común de los mortales - Josef Menguele, Calígula, Irma Grese, Mao Tse Tung, Guy de Rais, Iósif Stalin, Nerón, Pol Pot, Jorge Videla, Adolf Hitler, Leopoldo I de Bélgica y un larguísimo etcétera compuesto por dictadores, generales, reyes, lugartenientes fanáticos, médicos de dudosa ética, aristócratas, empresarios, matrimonios aparentemente "ideales" y anónimos que de pronto se revelan como el "carnicero de" o la "asesina de". Estoy convencida de que ahí empezó mi interés por leer sobre el mal, tratando de buscar la respuesta al porqué de dichos actos a todas luces totalmente condenables, de ahí mi fascinación por esos personajes - en el terreno de la ficción pero que bien podrían haber existido en la vida real - tan amorales y cuyo acercamiento supone un enorme desafío para la o el lector. Por eso cuando me topé, gracias a Bibiana Candia, con Urbano Feijóo de Sotomayor algo en mi cabeza hizo "clic", reconectándome directamente con aquellas perversas figuras que tanto me habían impresionado de adolescente. A pesar de que su presencia es más figurada que física, como esa inquietante mano que mece la cuna (o la política), lo cierto es que bien podría formar parte de una nueva lista, más patria, cercana, en la que figure como uno de los culpables de condenar a la esclavitud a casi 1.500 gallegos tras prometerles una vida mejor en la próspera Cuba de mediados de siglo XIX. Azucre: la terrorífica travesía hacia un aciago y vil destino. 


Algo se mueve dentro del terreno de la novela histórica cuando textos como los de Dacia Maraini - veterana escritora italiana que consiguió plasmar las emociones de un mundo, por aquel entonces, con las cicatrices del confinamiento a través de una trama epistolar ambientada en la Sicilia del siglo XVIII - o de Maggie O´Farrell - cuyo Hamnet es una magistral carta de amor y reivindicación a aquellas mujeres que se han perdido entre los pliegues de la historia - tienen una repercusión tan positiva. El género está cambiando, evolucionando, sin olvidar la épica o el clasicismo formal en algunos casos, pero con un ojo puesto en el mundo que envuelve la escritura de estas piezas literarias. Prueba de ello es precisamente la primera novela - tras un intenso camino dentro del terreno de la lírica - de la escritora gallega Bibiana Candia y su Azucre. Un libro que, en comparación con los best sellers históricos al uso los cuales, por otro lado, siguen copando las listas de los más vendidos, destaca precisamente por esa notable diferenciación. Lejos queda Azucre de, por ejemplo, aquellas novelas que se mueven en la horquilla de las quinientas y mil páginas que nos siguen entregando una serie de autores cada dos o tres años. De hecho, además de su breve extensión, la novela de Candia sorprende desde la primera página, cuando la lectora o el lector se se adentra en ella descubre una presentación más sencilla, espaciada y con capítulos que, en ocasiones, no llegan a llenar la página entera. Aunque más que capítulos, habría que hablar más bien de impresiones, flashes visuales sobre los que su autora se apoya para tejer lo que quiere contar. Del mismo modo, el lirismo del que se enriquece - fruto de, como ya he comentado, sus inicios en la poesía - dista mucho de esos textos tan extensos como farragosos que a veces inundan la mesa de novedades de histórica. No por contenido (que nunca está de más) sino por no saber encauzarlos para resultar, ya no digo digeribles, al menos llamativos para el público. Más que una novela histórica al uso, Azucre resulta una rara avis dentro del género, ya que se mueve en dos terrenos, hasta ahora, muy diferentes. Por un lado, el rigor que exige cualquier libro que se aproxime a un hecho concreto del pasado y, por otro, el estilo que bien podría emplearse para elaborar prosa poética, así como un formato que destila profesionalidad y delicadeza. En cuanto a ese acontecimiento histórico que se narra en Azucre, lo cierto es que es la segunda y gran baza con la que juega ya que, al tratarse de un episodio relativamente desconocido - o al menos para una gran parte de las y los lectores - el reclamo es aún mayor. Gracias a esa poesía y una contención narrativa inusual, Candia sabe ahondar en la coralidad del relato para meternos de lleno en un viaje tan esperanzador - los rapaces lo emprenden motivados por alcanzar una vida mejor - como terrible - tanto en las condiciones de las naves donde viajan, como en su desolador destino una vez pisan tierras cubanas -. Mezclando lo mítico con lo terrenal, las leyendas con la aspereza, los amuletos con las cañas de azúcar o la humedad de los tablones de madera en constante contacto con el agua marina, Candia nos habla de estos antepasados gallegos a los que un político-empresario engañó vilmente en favor de unas ideas racistas. Pero también parece estar refiriéndose a aquellos otros jóvenes, los del siglo XXI, que cruzan el Mediterráneo en condiciones pésimas si no los ha engullido el mar, depositando su cuerpo en el extenso camposanto de algas, peces y tumbas arenosas. Cuesta comprender como, a pesar de la distancia histórica, todavía existen injusticias que, lejos de ponerles fin, se repiten una y otra vez ante nuestros ojos, los cuales han acabado asumiendo, casi sin darnos cuenta, pestilentes discursos de elitismo cultural eurocentristas. De esta tangible realidad nos habla Candia, aunque la trama transcurra a mediados en 1853, justo lo que, a mi juicio, debería hacer toda buena novela histórica que se precie. Por muy voluminosa o alternativa que sea. Tender puentes entre pasado y presente para hablarnos de como la capa del poder pervierte a quien la lleva puesta, así como de los que son expulsados o no son dignos de la protección que ofrece su aterciopelado manto. 

Azucre: una historia de deseos, compañerismo, peligrosidad, fe, paganismo, crueldad, fascinación, dureza, esclavitud, silencio... Al rescate de aquellos hechos vergonzosos de nuestro pasado a golpe de imagen y poesía. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La locomotora es una bestia dormida que resopla, grande como seis bueyes, brillante y cubierta de humo como una olla puesta al fuego. La impresión de La Habana aún no se ha desprendido de los rostros y ya están frente a un monstruo de hierro que jadea como un toro manso. Al hombre de la compañía, que de este lado viste de blanco impecable y tiene aspecto de alimentarse regularmente, lo acompañan dos mulatos jóvenes que no hablan, pero caminan justo detrás de él. Por edad podrían ser los rapaces; sin embargo, se miran como sabiendo bien si son de la misma especie. Los guían como un rebaño manso. Vamos, muchachos, no se me queden atrás, que el ferrocarril les espera, aún tienen por delante un camino de varias leguas hasta que lleguen a sus destinos.
    Desde La Habana hasta los ingenios, el camino de hierro ahorra tiempo, carros y animales de carga. Nunca más llegamos, no era suficiente cruzar el océano, aún no llegamos. Nos han dado la bienvenida, pero aún no es aquí; aún hay que entrar más en la tierra, más lejos aún. ¿Seguirá existiendo el mundo que dejamos atrás? Nunca más llegaremos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pepitas de Calabaza

miércoles, 9 de febrero de 2022

RESEÑA: Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia.

 TRÍO. DOS AMIGAS, UN HOMBRE Y LA PESTE EN SICILIA


Título: Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia. 

Autora: Dacia Maraini (1936) es una de las grandes voces femeninas de la literatura italiana contemporánea. Nacida en Fiesole (Florencia), se trasladó con toda su familia y tan solo dos años de edad a Japón, donde, tras la alianza del país nipón con las fuerzas de Mussolini, vivió la experiencia del campo de concentración. Una vez regresada a Italia, se estableció antes en Sicilia y luego en Roma, donde ligó muy pronto su vida a la literatura y comenzó a publicar sus primeras novelas y obras teatrales. Los años rotos (1963), Isolina (1980), La larga vida de Marianna Ucrìa (1990) y El tren de la última noche (2008) son algunas de sus novelas más importantes. Ganadora de los premios Formentor (1963) Campiello (1990) y Strega (1999), muchas de sus obras se consideran fundamentales en la historia del feminismo italiano y europeo, y han sido adaptadas al cine y traducidas a numerosas lenguas. Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia, escrito durante el confinamiento del año 2020, es su última novela. 


Editorial: Altamarea. 

Idioma original: italiano. 

Traductora: Raquel Olcoz

Sinopsis: Sicilia, 1743. La peste diezma la población de la ciudad de Messina. Desde el forzoso confinamiento impuesto por la epidemia, dos mujeres - dos amigas - se intercambian cartas. En ellas hablan del tiempo que pasa despacio, del miedo al contagio, de la vida amenazada por una enfermedad ciega e imprevisible y, sobre todo, de amor; del amor que las une al mismo hombre, marido de Agata y amante de Annuzza. En esta intensa novela epistolar - con la que Maraini regresa a la ficción histórica que la consagró como una de las más influyentes autoras del siglo XX - amistad y amor se entrelazan en un delicado equilibrio que ampara de la voraz llama de los celos y de las convenciones sociales la inquebrantable relación que liga a las dos mujeres y no conoce egoísmo ni exclusividad. En esta delicada obra, impregnada de los aromas y de los colores de una Sicilia tan lejana en el tiempo y a la vez tan cercana al presente, Dacia Maraini nos cuenta qué puede salvarnos cuando fuera todo se derrumbaba. 

Su lectura me ha parecido: tierna, cálida, triste, sensible, delicada, sólida, expresionista en sus retratos sobre la peste, clásica en cuanto al formato escogido, con la mirada puesta en el presente más inmediato... En tiempos de confinamiento, cuando una simple vuelta a la manzana se convirtió en nuestro deseo más anhelado, cuando redescubrimos ese lugar al que llamamos casa o cuando aprendimos a valorar los pequeños actos cotidianos, incluyendo esas miradas, saludos o besos al aire entre el pasillo de la fruta y el de los lácteos ya se barruntaba. Y es que, como bien pronosticaron algunos escritores, editores y demás profesionales sobre los que pivota la industria del libro, en pocos meses se sucedió toda una hornada de textos que tenían la pandemia del Coronavirus como telón de fondo. Ya sea desde una perspectiva más ensayística - por el momento, los que más abundan - o ahondando más en el poder de la ficción para retratar lo acontecido durante aquellos meses de encierro. Nada como el diario - sin duda, el formato que parece responder estilísticamente a las exigencias de este tipo de relatos - periodístico o personal, tanto da, para plasmar lo que sucedía cada día, cada hora, cada momento de un acontecimiento histórico global como hacía tiempo que no sucedía. Los Anna Frank, Franz Kafka, Susan Sontag, Marguerite Duras de 2022, salvando muchísimas distancias claro está, pero mismo espíritu creador, cronista o de desahogo, según el caso. En lo único que se equivocaron aquellos que se atrevieron a reflexionar entorno a las relaciones entre Covid y literatura fue en señalar que el esperado aluvión sería inmediato e ingente, algo que a todas luces no se está cumpliendo. Tal vez la herida está demasiado reciente y conviene cicatrizar, reflexionar y encontrar las palabras adecuadas. No es fácil rememorar el torrente de emociones vivido durante aquellos meses. Puede que ni siquiera tengan ganas. Son seres humanos ante todo. No obstante, entre todo lo que sí se ha publicado que gira al rededor de esta nueva normalidad a la que parece que nos hemos acostumbrado demasiado rápido, hay una novela que brilla con luz propia entre las tinieblas de otra epidemia - la de la peste - y que es capaz de emocionar al lector a partir de un ejercicio clásico - o neoclásico, como prefiráis llamarlo - enormemente inteligente. Desde el pasado, desde un formato tristemente en desuso, desde el género histórico (ahora mismo inmerso en una necesaria renovación), pero con un pie en el presente, en el de esa Italia vacía de sus gentes, confinada, sin el eco de los pasos que caminan hacia adelante, sin ningún rumbo concreto, sin esos ojos que se alzan abrumados al cielo, sin esas voces retumbando a la vuelta de la esquina. Solo el silencio, el viento y los ojos tras el cristal. Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia: narrar el pasado para aprender el presente. 


Dacia Maraini lleva décadas plasmando historias amargas, transversales, universales. Todas ellas atravesadas por la crítica social y un feminismo del que muchas y muchos deberíamos aprender, tanto quienes quieren dedicarse a la escritura como los que simplemente buscan ampliar sus inquietudes políticas y literarias. Por lo que no iba a ser menos en su particular e indirecto retrato de la pandemia del Covid. Y es que son varios los aciertos que podemos destacar de Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia. El primero de ellos, el que salta la vista nada más iniciar su lectura, su capacidad de dialogar con los lectores de la década del 2020 - y los sucesivos años en los que nos hemos visto obligados a convivir con el virus - desde la Messina de 1743. Como bien nos expone la autora en el necesario prólogo, la idea de escribir el presente texto le vino mientras se documentaba para la escritura de una de sus obras cumbres, La larga vida de Marianna Ucría, al leer sobre lo acontecido durante la peste en dicha ciudad siciliana. En aquel momento, como nos confiesa, no le pareció que aquel acontecimiento tuviese interés para la historia que pretendía escribir y lo desechó. Sin embargo, en cuanto el Covid llegó a tierras italianas, Maraini comenzó a apreciar similitudes entre las crónicas que en su día leyó sobre los métodos para evitar el contagio por peste bubónica y las decisiones que el gobierno italiano estaba tomando al respecto de aquel primer contagiado en Codogno. Todo ello, junto con el bagaje obtenido sobre la historia del siglo XVIII italiano decidió ponerse manos a la obra y escribir la novela que hoy vuelvo a tener en mis manos. Resulta fascinante observar como a los barcos que llegaban a las costas sicilianas se les ponía en cuarentena - palabra que hoy nos es bastante conocida - si existían sospechas de que pudieran portar cualquier tipo de enfermedad o como tras el fallecimiento de un capitán de uno de ellos - cuyo cuerpo estaba lleno de pústulas - las autoridades decidieron poner a la embarcación bajo secuestro. Algo que resultó insuficiente, ya que al poco tiempo la gente de Messina comenzó a enfermar. Al poco tiempo la situación se les había ido de las manos, hasta el punto de que la gente comenzó a escapar al campo y el pánico cundió por toda la isla. ¿Nos suena verdad? Cierto es que durante la epidemia de peste no se conocían los virus, pero los remedios que las autoridades aplicaron sobre la ciudad no distaron mucho de los que aplicaron en los primeros meses de 2020: aislamiento de los enfermos, prohibir eventos multitudinarios y confinamientos preventivos. Si por aquel entonces los culpables eran los pecadores que habían permitido que la ira de Dios cayese sobre los mortales, hoy es el cambio climático, aunque hubo un tiempo en el que se miró con cierto odio a China. Y aunque no quemamos barcos o cadáveres en las playas, sí que hubieron quienes no pudieron ni siquiera despedirse de sus seres queridos. Como muchos de aquellos sicilianos que, recluidos en sus casas, trataban de esquivar la enfermedad. Pasado y presente dialogan, al igual que las emociones - sorprendentemente intactas - las cuales se manifiestan a un lado y al otro de la línea espacio-temporal, algo que Dacia Maraini quiso dejar bien claro en 95 páginas en los que una no puede evitar verse reflejada.


Además de esta acertadísima decisión de fondo, en segundo lugar no podemos menospreciar lo visual, el envoltorio, la forma escogida para transmitirnos, más allá de la psique y forma de ser de las dos protagonistas, aquellas emociones que, como ya he comentado en el anterior párrafo, todas y todos hemos experimentado durante el encierro. Para ello, Maraini escoge el género más olvidado, el epistolar, perfecto si quieres ambientar la novela en el siglo XVIII, crucial para obtener esa empatía espacio-temporal con el lector actual. Y es que, aunque los seres humanos nos hayamos pasado al correo electrónico y aunque a día de hoy existen generaciones que jamás han visto o escrito una carta (lo cual me parece triste), ¿qué mejor soporte donde volcar anécdotas, sentimientos o preocupaciones que una carta escrita con puño y letra? La implicación del lector es total, ya que la naturalidad y lo visceral quedan retratados en su más magistral crudeza. En tercer y último lugar, dentro del clasicismo estilístico, Dacia Maraini apuntala los pilares de una historia de amistad y de amor realmente moderna. Pues, a través de una relación epistolar conocemos la historia de dos mujeres, Agata y Annuzza, obligadas a permanecer separadas por culpa de la epidemia de peste. Mientras la primera trata de protegerse en una villa próxima a Messina, la segunda hace lo propio en un pueblo cercano a Palermo, ciudad en la que están subiendo los contagios de forma alarmante. Ambas, amigas y confidentes, intercambian sensaciones, pareceres, opiniones sobre sus lecturas - de las cuales se desprende cierto laicismo intelectual - sus inquietudes respecto a la enfermedad, sus efectos, los rumores que surgen al rededor de la misma... Pero más allá de eso y, repito, en un contexto de confinamiento, lo que da cuerpo al relato es el amor que ambas mujeres sienten por Girolamo - marido de la primera, amante de la segunda - lo cual hace que ambas sellen un pacto sagrado: el de que esto no interferirá en su amistad. Entendiendo por ambas partes que lo mejor para él es que tenga lo mejor de los dos ambientes, el del calor de una familia y el de las aventuras amorosas fuera del hogar. Dicho de otra forma, "ser libre y permanecer atado" como bien se cita en la novela. Sabemos que el acuerdo es precario, que las probabilidades de que se venga abajo son altísimas, pero una no puede evitar sentir esa punzada en el estómago, ese deseo de que ese frágil y consentido triángulo amoroso perdure y sobreviva al estertor de la muerte. Este bellísimo equilibrio y acuerdo tácito al que llegan estas dos mujeres me parece emocionante, rompedor y, en cierto modo, muy adecuado en un contexto en el que andamos a vueltas con el poliamor u otras formas de vivir el amor - y por extensión las relaciones de pareja - que dejan atrás todo tipo de convencionalismo tradicional. De hecho, la relación de Agata y Annuzza es sólida, inquebrantable, ausente de celos, baluarte de una clara voluntad, la de mantener lo que tienen, aunque el mundo se acabe, aunque la enfermedad pueda llevárselos en cualquier momento, más allá de cualquier adversidad. Sobrevivir, sí, pero juntos, en ese triángulo - o trío - amoroso y de amistad que juntos han construido con las piedras más solidas de la cantera. Dacia Mararini, de nuevo, dándonos sabias lecciones, Liberándonos de prejuicios para abrazar nuevas posibilidades de amar que ya están ahí, latentes, esperando ser exploradas. 

Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia: una historia de amor, pasión, tristeza, peste, reclusión, confidencias, reflexión, admiración, amistad, deseo, fuerza, comprensión, robustez... De nuevo, una novela histórica marcando el camino a seguir. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Si es de verdad lo que deseas, te ayudaré. ¿Pero qué pasará si Girolamo se entera de que te has enamorado de otro? Temo que nos haría infelices tanto a ti como a mí. Tengo la impresión de ir en contra de toda ley moral diciéndote esto, pero estoy aquí para rogarte que no dejes de amar a mi marido, porque le haría sufrir y entonces él me haría sufrir a mí. Sé que nunca nos haría daño ni a ti, ni a mí, ni a nuestra hija, pero el sufrimiento es en sí un mal que, cuando te alcanza, se difunde también entre las personas que están a tu lado."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Altamarea

martes, 14 de diciembre de 2021

RESEÑA: Hamnet.

 HAMNET


Título: Hamnet. 

Autora: Maggie O´Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte. 1972). Es autora de siete novelas: After You’d Gone (2000), My Lover’s Lover (2002), The Distance Between Us (2004, ganadora del premio Somerset Maugham), La extraña desaparición de Esme Lennox (2007), La primera mano que sostuvo la mía (2010; Libros del Asteroide, 2018), Instrucciones para una ola de calor (2013) y Tiene que ser aquí (2016; Libros del Asteroide 2017), y un libro de memorias, Sigo aquí (2017; Libros del Asteroide, 2019). Su última obra, Hamnet (2020; Libros del Asteroide 2021) ha supuesto su definitiva consagración al recibir el prestigioso Women´s Prize for Fiction, así como aparecer en las listas de los mejores libros del año 2020 del Washington Post y del The New York Times. 


Editorial: Libros del Asteroide. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Concha Cardeñoso. 

Sinopsis: Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia. Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O´Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos. La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida. El resultado es una prodigiosa novela que ha cosechado un enorme éxito internacional y confirma a O´Farrell como una de las voces más brillantes de la literatura inglesa actual. 

Su lectura me ha parecido: inmensa, fascinante, conmovedora, dolorosa, oportunamente reivindicativa, con una prosa que parece acariciar cada palabra, coherente, abrumadora, la gran sorpresa del año... Como ya sabréis, sobre todo los que me seguís desde aquel día que tuve la genial idea de reorientar el contenido del presente blog hacia la crítica literaria, mi relación con le género histórico ha sido peculiar. De atiborrarme, como si no hubiera un mañana durante mi adolescencia, de novelas policíacas nórdicas lúdicas y con grandes dosis de lo que a día hoy se considera "salseo", pasé a una inagotable obsesión por la obra de Ken Follett, y en concreto por su obra más célebre: Los Pilares de la Tierra. Entendedme, estaba en Segundo de Bachillerato, absolutamente enamorada de la asignatura (que no del profesor, que era para darle de comer a parte) de Historia del Arte, especialmente de la arquitectura Gótica, cuyas características estudiaba con gran pasión. Con esta predisposición, normal que acabara rendida a Follett en el momento en el que dicho ladrillo cayó en mis manos. Fui, a juzgar por conversaciones a posteriori, de las pocas personas que se atrevió a leerse de pe a pa los pasajes más técnicos, en los que con un soporífero para unos, interesante para otros estilo describía la evolución en la construcción de la catedral del ficticio pueblo de Kingsbridge. Por supuesto, como ya he comentado en mil y un ocasiones, fue una novela de primeras veces. La primera vez que fui consciente de las costuras de una novela (las cuales quedarían superadas en el momento en el que leí Madame Bovary). La primera vez que leí una escena de una violación (ejemplo de cómo no debe escribirse una escena de estas características). Y, por supuesto, la primera vez que como lectora me enfrenté a pasajes de alto voltaje sexual de gran explicitud (ahí es donde de verdad se notaba que los personajes no eran del siglo XII sino del XXI). De ahí salté a su continuación que, salvo las partes en las que se hablaba de la Peste Bubónica, consideré totalmente prescindible. A su trilogía The Century (que a falta de una relectura, mi favorito sigue siendo el último). Así como cualquier otra novela que pudiera recordarme a esa novela ambientada durante el periodo de la Anarquía y la Guerra Civil que tanto me entusiasmó, obteniendo como resultado algunos tropezones mayúsculos como La catedral del mar o Mar de fuego. A mi juicio, copias baratas que trataron de imitar lo inimitable. Como cuando Stephenie Mayer se hizo de oro con la saga Crepúsculo y una horda de escritores comenzaron a publicar novelas juveniles protagonizadas por vampiros modernizados. Aunque, sinceramente, la avalancha que le siguió a Cincuenta sombras de Grey fue casi peor. Tan solo un año más tarde, los manuales de historia me absorbieron, hasta el punto de llegar a alejarme de la novela histórica - algunos de mis profesores nos intentaron convencer de que era un género menor al que no debíamos prestarle demasiada atención - y optar por aquellos clásicos que no me había animado a leer. Por aquel entonces mi opinión hacia el género cambió, me volví más crítica, exigente, selectiva. Ya no me valían esas tramas repetitivas o esos personajes sin alma. Me sentía completamente alejada de dichas formas, que no encontraba novelas dentro de lo histórico que respondiesen a una nuevas inquietudes o al menos que se alejasen del best-seller al uso. Pero entonces, inesperadamente, llegó Maggie O´Farrell - una autora a la que no había prestado demasiada atención tras haber leído su memoir Sigo aquí - con la novela que había esperando durante tantos años bajo el brazo. Dicho de otra forma, aquella que me devolviese la fe en la novela histórica y que, por el camino, acabó convirtiéndose en una de las mejores lecturas del año. Hamnet: la puesta en valor de las mujeres que habitaron en los márgenes de la historia. 


Sin duda, la publicación de Hamnet ha sido una de las mayores sorpresas de este año por dos motivos principalmente. El primero, por su autora, Maggie O´Farrell. La escritora norirlandesa ya había dado indicios de evolución a medida que su producción literaria se ampliaba con cautela. Sin saturar un mercado editorial atestado de novedades cada vez más volátiles, dejando espacio entre un libro y otro para, de pronto, tomar impulso con historias que, si bien las hemos leído en tantas otras novelas, prosperan gracias a su particular forma de escribir. Cercana, empática y capaz de captar las emociones más intrínsecas del ser humano, dotándolas de un virtuosismo cada vez más abrumador. La autora de La extraña desaparición de Esme Lenox, La primera mano que sostuvo la mía o de Tiene que ser aquí es uno de los grandes nombres de la ficción contemporánea actual. Por lo que, los hemos seguido más o menos de cerca su trayectoria a través de sus novelas, sabíamos que tarde o temprano firmaría esa obra que constataría su gran valía en el campo de las letras, ese libro que marcara un punto de inflexión y que, puestos a imaginar, abriría el famoso abanico de ideas a explorar por las y los autores de un futuro que ya es inmediato. Pero nadie, absolutamente nadie, ni siquiera una servidora, esperaba toparse con esa barbaridad llamada Hamnet. Ya no solo por lo que O´Farrell, en un ejercicio de renovación dentro de un campo literario, como es la novela histórica, que muchas y muchos ya dábamos por perdida, ha conseguido trasladar al papel. También por la enorme calidad literaria que desprende el texto. El salto, la evolución y la madurez literaria que ha alcanzado con Hamnet es epatante, abrumadora, digna de señalarse en cada reseña que se escriba sobre el presente libro. Porque sí, la historia es la que es, la podemos leer en la contraportada, pero la cuestión está no en la idea en sí, sino en la forma con la que ha decidido llevarla a cabo. Y, sobre todo, por la necesidad - o más bien deber - que la autora tenía respecto a los futuros lectores de la misma. Que no es otro que el de plantarnos una historia, no sabemos si del todo cierta o más bien nacida de su propia imaginación, pero que resulta enormemente plausible si tenemos en cuenta lo olvidada y silenciada que ha estado la voz de las mujeres en la historia. Es tanta la verdad que se desprende de ella, tanta cercanía y tal grado de documentación (el estudio de la época, hasta el más ínfimo detalle, sobre todo de la vida cotidiana que hay en esta novela) que parece recoger el testigo de las y los grandes escritores que se atrevieron a indagar en el pasado para narrar historias universales. Hamnet sería, sin exagerar, lo que a Umberto Eco El nombre de la rosa, solo que con un tono ligeramente más divulgativo y las gafas violetas bien ajustadas. Y conseguir, por si fuera poco, una accesibilidad inusitada, lo cual ha permitido que Hamnet llegase a un público más amplio, más allá de los forofos de lo histórico, más allá de reticencias, más allá de reductos eruditos o incluso de aquellos que todavía, a día de hoy, se niegan a leer historias escritas por mujeres. Ahí es donde radica el segundo aspecto sorpresivo, el haber sido capaz de aunar tres tipos de públicos: el especializado, el reacio y el generalista. 


Sería injusto definir Hamnet como una simple novela histórica por el hecho de estar ambientada en la Inglaterra del siglo XVI. Ya que, como ya he avanzado, el libro de O´Farrell transita con grandísima fluidez hacia otros géneros. De hecho, podríamos decir que éste, el contexto histórico, actúa como catalizador, como ese necesario centro a partir del cual desarrollar una trama que nos conducirá por caminos inusitados. Como ya desprende su sinopsis, el lector está ante uno de los personajes femeninos mejor construidos del 2021, el de Agnes. Una mujer inteligente, de arrolladora personalidad y con un don especial para la elaboración de remedios caseros gracias a su basto conocimiento en plantas y las propiedades de cada una de ellas. Esta curandera tiene el don de la premonición, de la anticipación, lo cual le acarrea muchas satisfacciones en su trabajo de sanar al prójimo pero también el rechazo y la envidia de los habitantes de Stratford, los cuales ven en ella poco menos que una bruja a la que, por otro lado, les conviene tener cerca para remediar sus enfermedades. Su vida dará un radical giro cuando conozca a un hombre. El lector sabrá poco de él - de hecho lo conocerá bajo como el "preceptor de latín" y no por su nombre - pero se enamoran apasionadamente, hasta el punto de llegar a casarse y a tener descendencia. No obstante, es en este punto donde la novela se volverá más oscura, triste, y magistral a medida que vas avanzando. Y es que no solo la muerte de Hamnet - uno de los hijos de la pareja a muy corta edad - condiciona la experiencia lectora, también el hecho de que nos esté contando la historia de uno de los grandes genios de la literatura universal, cuya identidad desconoceremos hasta bien avanzada la trama, desde una perspectiva inusitada e ignorada por los historiadores: lo doméstico. Desde esa casa, esa cocina, esas tareas, esos cuidados (en ese sentido, Hamnet es también una oda a ellos) esos hijos, esos suegros de oscuro cariz y, sobre todo, desde esos pensamientos que asaltan la cabeza de quien fue la esposa del que sería el dramaturgo más famoso del mundo. Shakespeare desde Agnes, desde su mirada cristalina, desde su peculiar forma de ver el mundo, la de una mujer adelantada a su tiempo que, sin embargo, no puede escapar a su destino en un entorno patriarcal, como tampoco al enorme dolor que acaecerá en dicho hogar. Muy pocas veces he sido testigo de una narración tan estremecedora y a la vez tan hermosa referida a un hecho tan traumático como es el duelo. Sus descripciones agitan, golpean, empapan ese tramo de una tangible humanidad. Especialmente memorables son las descripciones sinestésicas, en especial cuando se atreve a narrar lo inenarrable, como la textura de un cadáver. Capaz de trascender y convertir la novela de O´Farrell en un drama que escapa de la lágrima fácil para hacernos ser partícipes del mismo desde la conciencia de lo que está sucediendo y desde la más profunda reflexión al respecto. 

Al final, Hamnet no va sobre genios, excentricidades o aventuras en la capital - a la cual el "preceptor de latín" se traslada, sumiendo a Agnes en una punzante soledad - va sobre las aristas del dolor más devastador y universal, el de la pérdida de un hijo. Al final, como si de una epifanía se tratase, observamos como ese marido ausente - en eso, por desgracia, no hemos cambiado - expía su tristeza a través de la escritura, del teatro, de poner sobre las tablas su obra más famosa: Hamlet. Cierto es que la mayoría de estudios señalan la influencia de Ur-Hamlet de Thomas Kid - obra perdida y poco conocida - como la principal fuente de inspiración para la escritura de Hamlet. Sin embargo, en un acto de gran valentía, O´Farrell decide decantarse por la hipótesis más humana, estableciendo una relación directa entre el príncipe de Dinamarca y el hijo muerto. Probablemente el supuesto "plagio" tenga más consistencia que cualquier otra razón que implique exponer los sentimientos de un hombre triste, pero ¿no resulta más interesante observar la historia desde dicha perspectiva? Esa en la que el padre - figura aparentemente inquebrantable emocionalmente - se hunde y llora a través de diálogos y acotaciones. La novela de O´Farrell es una radiografía del duelo, sí, pero también de esa perspectiva de género tan necesaria tanto en los estudios historiográficos como en la propia creación literaria. Enseñanzas que ponen el foco sobre las ignoradas, vilipendiadas o ocultas. La misma que es capaz de hablarnos de William Shakespeare, sin necesidad de nombrarlo, bajo el prisma de quien lo amó, o de plantearnos hasta que punto lo que nos han contado es cierto. Porque sí, en cuanto buscas en internet compruebas que el verdadero nombre de la esposa del bardo de las letras inglesas es Anne Hataway, no Agnes. Pero,¿cuántos nombres de esposas/amantes de insignes escritores conocemos? O mejor aún, ¿cuántos nombres de mujeres anónimas cuya importancia es trascendental, a pesar de no salir en los libros de historia, se han perdido entre los pliegues de la misma? En última instancia, da igual, sea Agnes o Anne, el quid de la cuestión es el anonimato, como estigma, representado en el impersonal rostro de la mujer de la portada que, sin embargo, se atreve a mirar al lector. 

Hamnet: una historia de abatimiento, muerte, domesticidad, complejas relaciones familiares, crianza, amor maternal... Testimonio de un tiempo - el actual - llamado a convertirse en la punta de lanza de libros que aún están por escribirse. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La crueldad y la devastación nos aguardan a la vuelta de cualquier esquina, dentro de un arcón, detrás de una puerta: saltan sobre una en cualquier momento, como un ladrón o un bandido. La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está a salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves villanos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide


sábado, 22 de mayo de 2021

RESEÑA: Parentesco.

 PARENTESCO


Título: Parentesco. 

Autora: Octavia E. Butler (Pasadena, Estados Unidos, 1947 - Lake Forest Park, Estados Unidos, 2006). La apodada como "la gran dama de la ciencia ficción" vivió su infancia en un barrio interracial, siendo criada por su abuela y su madre y devorando cada revista sobre dicho género que caía en sus manos. Años más tarde ingresó en la California State University, la cual abandonó para comenzar a estudiar Escritura Creativa en la Universidad de los Ángeles llegando a recibir su título de profesora asociada en Artes en 1968 en el Pasadena Community College. Así mismo, también estudió en el Screenwriter´s Guild Open Door Program y en el Clarion Sciencie Writer´s Workshop, donde asistió a clase con el maestro de la ciencia ficción Harlan Ellison. Su primera historia, Crossover, fue publicada en la antología Clarion de 1971. Pattermaster, su primer a novela, fue el primer volumen de una serie de cinco entregas - Mind of my mind (1997), Survivor (1978), Wild Seed (1980) y Clay´s Ark (1984) -. Con la publicación de Parentesco en 1979, Butler logró mantenerse como escritora a tiempo completo y al fin el reconocimiento a su obra. Butler también es autora de la trilogía Xenogenesis, de La parábola del sembrador (1993) así como de una colección de cuentos cortos publicados bajo el título Hijo de sangre y otras historias (1995). Ha ganado algunos de los premios más prestigiosos que reconocen las obras de ciencia ficción, entre ellos el Premio Locus, el Premio Hugo, el Premio Nébula o el Premio Science Fiction Chronicle. 


Editorial: Capitán Swing. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Amelia Pérez Villar. 

Sinopsis: Dana, una joven negra es de repente e inexplicablemente transportada desde su hogar en la California de la década de 1970 hasta la Maryland de mediados de siglo XIX, en plena Guerra Civil. Mientras viaja en el tiempo entre ambos mundos, uno en el que es una mujer libre y otro en el que forma parte de su propia y complicada historia familiar en una plantación del sur, se enreda aterradoramente en la vida de Rufus, un conflictivo esclavista que es a la vez un antepasado de Dana, y en las vidas de muchas personas que están esclavizadas por él.

Su lectura me ha parecido: original, clásica desde lo estilístico, tremendamente imaginativa en la trama, muy crítica, fascinante en su tratamiento de los personajes - especialmente los femeninos - ágil, reflexiva, inquietante, desgarradora por momentos, totalmente pertinente en los tiempos que corren... Harriet Tubman, nacida a mediados de 1820 en Maryland. Hija de esclavos que, tras sufrir humillaciones, trabajos forzados, insultos, palizas - incluyendo un golpe en la cabeza con una pesa de un kilogramo que le provocó desmayos, mareos y episodios epilépticos de por vida - y ante la posibilidad de ser separada de su familia, escapó en dos ocasiones de la plantación, siendo la segunda de ellas la definitiva. Obligada a viajar de noche, debido a la peligrosidad del camino, y guiada por la Estrella Polar, caminó más de noventa millas hasta llegar a Pensilvania, uno de los estados abolicionistas más importantes de la época. A partir de ese momento, Harriet se dedicó a rescatar esclavos de las plantaciones a través de la ruta conocida como Ferrocarril Subterráneo, jugándose la vida y bajo los apodos de "Moisés" o "General" para esconder su verdadera identidad. Tras la Guerra Civil - donde se convirtió en la primera mujer en liderar un asalto armado - siguió luchando por la abolición de la esclavitud, así como por el derecho al voto femenino. Rosa Parks,1913, natural de Alabama, por aquel entonces, uno de los estados con la política segregacionista más extrema del país. Costurera de profesión, el mundo entero la conoció por su negativa a levantarse ante las insistencias de un conductor de autobús para que cediese su sitio a un hombre blanco. Cuando la policía le preguntó por qué no se levantaba, Parks respondió con otra pregunta: "¿Por qué todos ustedes están empujándonos por todos lados?". Acusada de perturbación del orden público, Parks fue arrestada y multada con un cargo de 14 dólares. En respuesta a su encarcelamiento, Martin Luther King - un pastor bautista relativamente desconocido en ese momento - condujo la protesta de autobuses públicos de Montgomery instando a la población afroamericana a no subirse en en autobuses y a transportarse por sus propios medios. La protesta de 382 días concluyó con el fin de la segregación racial en el transporte público, así como en otros ámbitos de la vida cotidiana en Estados Unidos. De este modo, Rosa Parks no solo inició una carrera política vinculada al Partido Demócrata en favor de los derechos de los afroamericanos, también se convirtió en un símbolo de lucha pacífica que ha perdurado hasta nuestros días. Alicia Garza (Okland, 1981), Patrisse Cullors (Los Angeles, 1984) y Opal Tomei (Phoenix, 1984). Socióloga, filósofa e historiadora y experta en comunicación respectivamente. Tres mujeres de la generación de los ochenta, un contexto en el que la población afroamericana había consolidado algunos de los derechos fundamentales más importantes. Sin embargo, las tres frecuentaron o formaron parte de diferentes grupos activistas antirracistas, afrofeministas o de reivindicación LGTBI ante la certeza de que aún quedaba - y queda - mucho camino que recorrer al respecto. Ante la absolución de Geroge Zimmerman - responsable de vigilancia comunitaria - por la muerte del adolescente de 17 años Trayvon Martin en el año 2013, las tres fundaron el movimiento Black Lives Matter. Movimiento que traspasó las esferas de Twitter y de los hastags hasta convertirse en todo un clamor popular y mundial en las calles, siendo especialmente activo tras el fallecimiento de George Floyd a manos de un policía el pasado 2020. Cinco mujeres, tres contextos diferentes, pero todas atravesadas por una realidad: la discriminación de la comunidad afroamericana que, lejos de haberse superado, todavía seguimos hablando de racismo institucionalizado más allá de la proliferación y auge de la extrema derecha en el país durante los últimos años. De ahí que, para entender lo que está sucediendo, así como para librarnos de todos los prejuicios raciales que pueda sustentar erróneamente, acudo a los ensayos, pero también a la ficción, a novelas como la que hoy tengo el placer de reseñar. Parentesco: esclavitud, memoria histórica y viajes en el tiempo. 



"Mujer, negra, escritora y, por si fuera poco, de Ciencia Ficción." Eso mismo debieron pensar muchos - sí, en masculino, ya que el género estaba en los años 60 y 70 copado mayoritariamente por hombres blancos - puristas al observar como Octavia Butler se llevaba los premios más importantes - incluyendo el Hugo y el Nébula - de la Ciencia Ficción novelada. En un momento en el que autores como Ray Bradbury, Stanislav Lem e Isaac Asimov parecían intocables, siendo sus libros los que de alguna forma marcaban el patrón a seguir por las nuevas generaciones, de pronto, irrumpe Butler con igual o mayor talento que sus antecesores y con unas ideas que estaban llamadas a revolucionar la Ciencia Ficción tal y como se conocía entonces. Octavia Butler pertenece a la conocida como "Nueva Ola" en la que, a pesar de estar encabezada por Philip K. Dick - autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que Ridley Scott adaptaría al cine bajo el título de Blade Runner - fueron muchas las mujeres que comenzaron a ganar peso en un género tan masculino. Ursula K. le Guin, Johana Russ, Sheri S. Tepper, Margaret Atwood o Alice B. Sheldon entre otras muchas pusieron los cimientos para que, en la actualidad, las mujeres no sean consideradas bichos raros por escribir sobre sociedades distópicas, viajes espaciales o ficción especulativa. Librándolas de prejuicios y supuestos a la hora de juzgar su capacidad para imaginar otros mundos posibles. Sin perder ni un ápice de la tradición dentro del género, Butler coge las enseñanzas recibidas (tanto de sus lecturas de infancia y juventud como de lo aprendido durante su etapa universitaria) y lo conduce a terrenos hasta entonces inexplorados. Porque sí, Parentesco es una novela sobre viajes en el tiempo, eso es cierto y en ese sentido su inspiración no puede ser más clásica. Así como su estilo, rápido, directo, con muchos diálogos, con unos personajes enormemente funcionales. Bebiendo en ese sentido también de aquellos relatos que aparecían en las revistas de Ciencia Ficción que tanto consumía Butler de pequeña. Pero entonces, la trama se convierte en el principal elemento de la novela, una trama que la escritora trufó de temas, debates, críticas y reflexiones que, hasta ese momento, nadie había osado introducirlas en el género. Cuestiones como el Afrofeminismo o Feminismo Negro - tan en boga en los años 70 gracias a Angela Davis, Audre Lorde o Bell Hooks entre otras activistas - que busca poner sobre la mesa la interseccionalidad del movimiento feminista, el propio racismo aún presente en los Estados Unidos - señalando a los culpables de su asimilación social - así como la importancia de la historia (y la memoria sobre todo) como motor del cambio y el avance de los derechos y libertades de la comunidad afroamericana. Porque sin historia no hay recuerdos, y sin recuerdos - saber lo que pasó para analizar sus causas y consecuencias - es muy difícil seguir adelante. De este modo y en un ejercicio literario soberbio Octavia Butler reinventa la ciencia ficción desde el feminismo trasversal - otorgando gran protagonismo a las mujeres negras - asentando las bases de lo que posteriormente se conocerá como Afrofuturismo - estética literaria y cultural que también tiene, por citar un ejemplo, la película Black Panther - además de proporcionarnos una pertinente llamada de atención desde los años 70 (década en la que se publicó) a toda esa gente que piensa que el racismo es un problema del pasado. 


Centrándonos en la obra propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Parentesco nos presenta a Dana, un personaje memorable donde los haya que sirve tanto como motor de la historia como catalizador de todos los planteamientos y reflexiones que la autora vierte en la novela. Dana, una joven novelista, vive con su novio Kevin, que también es escritor en la California de los años 70. Su relación resulta incómoda, tanto para sus respectivas familias como para el resto de gente ya que, a pesar de que las cosas parecen haber cambiado, todavía resulta escandaloso que una mujer negra y un hombre blanco se enamoren y quieran vivir en pareja. Aún así su unión es fuerte, bien avenida y, aunque han tenido que trabajar mucho para dedicarse profesionalmente a lo que les apasiona y el color de sus respectivas pieles parece resultar un problema para la sociedad que los rodea, ellos deciden apostar el uno por el otro y superar cualquier adversidad. Un día, Dana sufre un mareo que le transporta a una plantación de Maryland - lugar al que llegaron desde África los primeros hombres y mujeres que posteriormente serían esclavizados - hacia 1815. Allí, en este primer viaje en el tiempo, salva a un niño pelirrojo llamado Rufus sin ser consciente de la importancia de dicho acto. Dana regresa inmediatamente al presente, pero los continuos mareos hacen que cada vez le sea más difícil regresar a él. Es entonces cuando Kevin decide acompañarla en sus viajes, en los cuales ambos descubrirán que Rufus, el niño que Dana no dejó que muriese, además de ser hijo del propietario de la plantación, es antepasado de la propia protagonista. Descubriendo que en su linaje se mezcló la sangre de blancos y negros. Dicho esto, Dana toma como "misión" preservar la vida de su antepasado, a pesar del dilema moral y paradoja que se da - debe proteger a un familiar que a su vez se convertirá en la mano ejecutora de latigazos y demás abusos hacia los suyos - así como moverse entre los propios esclavos para no ser descubierta, algo que no le será fácil debido a su instruida educación. Esta circunstancia hará que los roles entre Kevin - quien se infiltra entre los esclavistas para pasar desapercibido - y la propia Dana cambien, así como su entendimiento como pareja. Dentro de esta novela de personajes sobresale, como no, el de Dana, la enorme protagonista que Butler crea como catalizador de, no solo la acción que está teniendo lugar, también las reflexiones que la autora vierte sobre ella. Tampoco debemos pasar por alto a Rufus que, pese a convertirse en un ser despreciable como pocos, se eleva como el contrapunto perfecto de la novela. Así mismo, Parentesco se nutre de ricos personajes secundarios, como Alice, otra mujer de poderosa impronta dentro de la trama. Además de una clara intención de rescatar y reivindicar personajes femeninos reales de la época tales como la ya mencionada Harriet Tubman o Sojourner Truth (feminista y abolicionista, se convirtió en la primera mujer negra en ganar un juicio contra un hombre blanco en su lucha por recuperar a su hijo). Y es que, como ya he dicho al principio de la reseña, Butler persigue tres objetivos claros. El primero de ellos, la renovación de los parámetros de la ciencia ficción, acercándola a otras realidades y miradas que no fuesen la blanca y heteropatriarcal. Segundo, en relación con este último, dar más protagonismo a las mujeres dentro del género, otorgándoles papeles protagónicos potentes y ausentes de estereotipos. Y por último, y creo que más importante, mostrar al lector como un problema histórico - el racismo hacia la población negra - sigue estando, por desgracia, no solo de actualidad, sino que, por si fuera poco, intrínsecamente unido al sistema capitalista que ha dominado Estados Unidos - con su respectiva evolución, claro está - desde hace siglos. Un carácter instructivo que, más allá del estilo empleado y de contener momentos de gran dureza, acaba por impregnar toda la historia. Dejando muy claro cual es el problema, cual es su origen, la urgencia de ponerle remedio al problema y, por supuesto, evidenciar lo poco que ha cambiado la sociedad estadounidense al respecto. 

Parentesco: una historia de desigualdad, violencia, viajes temporales, injusticia, Afrofeminismo, esclavitud, vigencia, pertinentes debates... La novela que debería leerse en cada instituto y en cada casa. En Estados Unidos y en cualquier otro país del mundo. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Yo era, probablemente, el peor guardián que podía tener: una negra cuidando de él en una sociedad que considera a los negros seres infrahumanos, una mujer en una sociedad que trataba a las mujeres como si fueran eternamente niñas". 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Capitán Swing

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Reseña: María Estuardo.

MARÍA ESTUARDO

Título: María Estuardo.

Autor: Alexandre Dumas (1802-1870) fue uno de los autores más populares en la Francia del siglo XIX. Siguiendo los pasos de su padre, un general aristócrata, a los catorce años ingresó en la academia militar para después enrolarse en el ejercito. Polígrafo, viajero y vividor incombustible, cultivó diversos géneros, de la literatura fantástica y de terror a la novela histórica y de aventuras, pasando por los libros de viajes. Sus novelas más emblemáticas, El conde de Montecristo (1844) y Los tres mosqueteros (1846), aparecieron originalmente como folletines, y desde entonces no han dejado de entretener a generaciones sucesivas de lectores. Entre 1839 y 1841, Dumas publicó, en colaboración con otros autores, la serie de dieciocho volúmenes "Crímenes célebres", de la que forma parte María Estuardo. (Fuente: Editorial).


Editorial: Gatopardo.

Idioma: francés.

Traductora: Teresa Clavel.

Sinopsis: "Hay, entre los reyes, nombres predestinados al infortunio", se nos advierte al inicio de este libro. En la Escocia del siglo XVI, el máximo exponente de esta sentencia fue la reina María Estuardo, cuya trágica y novelesca vida inspiró a Alexandre Dumas para escribir esta biografía. Inteligente, culta y de una belleza hechizante, la joven María Estuardo se educó en la corte de Francia, donde se le auguraba un futuro brillante. Sin embargo, su vida fue un sinfín de calamidades desde su regreso a Escocia para hacerse cargo del trono hasta su prolongada caída en desgracia: abdicación, exilio, cautiverio y muerte por decapitación en el castillo de Fotheringhay, tras ser acusada de planear el asesinato de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra. Desde entonces, la figura de María Estuardo no ha dejado de ser objeto de interpretaciones ambivalentes: adúltera e instigadora de asesinatos, valiente defensora del catolicismo en un país desgarrado por las guerras de religión, víctima heroica de intrigas políticas y juegos de poder, mujer de pasiones turbulentas que no supo pacificar su propio reino.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, curiosa, estupendamente documentada, inminentemente novelesca, perfecta para acercarse por primera vez al personaje histórico, fundamental para quienes ya tengan un bagaje al respecto, muy de consumo rápido, en ocasiones hasta adictiva... La primera vez que supe de ella fue gracias a mi autodidacta formación en Historia Moderna a través de los dosieres de la Muy Historia - ojalá no desaparezcáis nunca - durante mis años de instituto. ¿La razón? Tuve un profesor que en lugar de avanzar con el temario se quedó obnubilado con los elementos de tortura de la inquisición medieval (hice un trabajo de uno en concreto al que apodaron "la pera" y desde entonces sigo espantándome como el primer día). La primera vez que la vi en pantalla grande fue en Elizabeth. La Edad de Oro. Fue muy fugaz, tanto que ni siquiera en ese momento me percaté de que era ella. De hecho, me es imposible recordar que actriz tuvo el honor de interpretarla, al menos durante unos minutos. La culpable de esta injusticia fue Cate Blanchet, que con su soberbia interpretación de Isabel I eclipsaba a cualquier otro personaje. Así que estaba totalmente justificado. La segunda vez fue en una clase de Historia Moderna Universal, asignatura que repetí aquel año y que me tocó recuperar en horario de tardes. No conseguí reconciliarme con la materia, ni con la época, pero sí apreciar una de las mejores interpretaciones que he visto hasta la fecha de la mano de la grandiosa Katherine Hepburn. La primera vez vi a una actriz interpretarla en la pequeña pantalla no hace mucho, en 2016, cuando en Televisión Española emitió los capítulos de una serie llamada "Reinas" producida por José Luis Moreno en la que contaban la rivalidad entre ella e Isabel I. Totalmente prescindible y mala hasta decir basta. Tengo pendiente ver la última adaptación cinematográfica en la que se baten en un duelo interpretativo Saroise Ronan y Margot Robbie. Aunque con todos mis respetos yo estaría en el bando de la que ha sido capaz de interpretar a Harley Quinn, darle una bofetada a Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street o dar vida a la polémica patinadora Tonya Harding - ¿y el Oscar pa cuando? -. Por último, la primera y por el momento única vez que la vi - sí, aunque fuera bajo un bellísimo sarcófago de piedra tallada y esculpida - fue durante mi último viaje a la capital británica en el que tuve el privilegio de visitar la Abadía de Westminster. Sin duda, fue uno de los momentos más emocionantes de dicho recorrido, además de los más irónicos. La justicia divina - o Jacobo I de Inglaterra - quiso que los huesos de su madre reposasen junto a los de su prima Isabel I, con la que estuvo en guerra y que finalmente resultó ser su verdugo, la que dio la orden de encerrarla y mandarla decapitar. Si eso no es mala leche o karma yo no sé lo que es. En definitiva, hoy me pongo mis mejores galas y activo mi faceta como historiadora para hablaros de un personaje apasionante, de esos que consiguen hacer que ames la historia. Pero también de un autor al cual he conseguido, por fin, perderle el miedo. María Estuardo: la biografía al servicio de lo novelístico y el "salseo" de la época.

   Sí, este es el primer libro que leo de Dumas. Sí, sé que es un delito no haberme adentrado en su literatura antes. Y cuando digo antes es cuando era adolescente. Creedme, no estoy diciendo ninguna locura, ya que con Alexandre Dumas se ha educado la generación de nuestros padres. Ellos querían formar parte de los tres mosqueteros o se pasaban horas y horas leyendo y siguiendo minuto a minuto la venganza de Edmundo Dantés. Como si de una serie de televisión se tratase. Sin embargo, cuando alcancé la edad de descubrirlo por vez primera, el volumen de sus páginas me disuadió, tanto que durante años lo evité, como la peste, como una peligrosa alergia. Menos mal que la historia en primer término y después esa maravillosa asignatura de Literatura Universal en Segundo de Bachiller me abrieron los ojos, consiguiendo que me reconciliase con eso que llaman "clásicos", los cuales, tiempo atrás, había huido despavorida. ¡Que estúpida fui! Si alguien, cuando tenía quince años, me hubiera dicho que las novelas de Alexandre Dumas duran un suspiro entre los dedos de las manos, si alguien me hubiera aconsejado leer sus libros porque, y es cierto, su endiablado ritmo te atrapa desde el minuto uno. Si alguien me hubiese despejado la cabeza de prejuicios y me hubiera insistido, probablemente hoy Alexandre Dumas sería uno de mis autores favoritos. No obstante, y haciendo honor al dicho "más vale tarde que nunca" me puse hace unos meses las pilas con el autor francés de la mano de su faceta menos conocida pero enormemente apasionante. La del Alexandre Dumas biógrafo. En concreto, del Alexandre Dumas biógrafo de grandes personajes de la historia como lo fue María Estuardo. Según he podido investigar, la novela que hoy reseño, forma parte de una colección de 18 volúmenes que, bajo el título "Crímenes celebres", pretendían contar la vida de, por un lado, los criminales más famosos de la historia, y por otro lado, la de aquellos hombres y mujeres que, por circunstancias excepcionales, acabaron sus días asesinados o ejecutados. Dicha antología se publicó entre 1839 y 1841 por la editorial parisina Rue Louis le Grand, siendo traducida al español en 1858. A pesar de que a día de hoy hay varios estudios que ponen en duda la autoría de Dumas respecto a algunos relatos - los cuales, al parecer, se fraguaron a base de colaboraciones que el propio autor francés no reconoció desde su privilegiada posición de editor - "Crímenes célebres" perseguía dos objetivos. El primero, a base de una exhaustiva documentación judicial y con un estilo sencillo, acercar las historias de estos personajes ligados al crimen o a la tragedia a los lectores menos académicos. Y el segundo, satisfacer las exigencias de un público cada vez más ávido de sucesos sangrientos y de villanos convertidos en héroes. Estamos en plena era del Penny Dreadful, y Alexandre Dumas quiso sumarse a la moda. No obstante, y a diferencia de los ecos del ficticio y gore Sweeney Tood cuya influencia cruzó el Canal de la Mancha, "Crímenes célebres" tienen un poso bibliográfico nada desdeñable, aunque su principal objetivo era lucrarse y saciar el ansia capitalista de la época.

   En ese sentido el volumen de María Estuardo podría encajar perfectamente en la segunda categoría de la colección, esa en la que Dumas quiso otorgar a los finales trágicos - y con litros de sangre - su especial protagonismo. Y, sinceramente, no podría haber elegido mejor personaje histórico. Como bien sabréis - y si no os lo cuento a continuación - María Estuardo (1542-1587) hija de Jacobo V de Escocia y María de Gisa, sucedió en el trono a su padres con a penas seis días de vida. Pasó parte de su infancia en Francia, donde se casó con Francisco II y esperó pacientemente a su mayoría de edad. Tras su breve experiencia como reina de Francia (ya que Francisco II murió de forma repentina), María regresó a Escocia y cuatro años más tarde se casó con su primo hermano Enrique Estuardo, unión de la que nacería su único hijo, el futuro Jacobo VI. En febrero de 1567, Enrique es asesinado en el jardín de su residencia. Todos pensaron que James Hepburn, primer Duque de las Islas Órcadas y cuarto Conde de Bothwell, había orquestado su muerte para poder casarse con María Estuardo. Algo que acabó sucediendo en 1567 tras ser absuelto de todos los cargos. Tras un levantamiento contra la pareja, María fue encarcelada en el castillo del lago Leven - espectacular por cierto - y durante su cautiverio fue forzada a abdicar en favor de su hijo, que por aquel entonces contaba con un año de edad. Tras un primer intento fallido de recuperar el trono, María huyó hacia el sur en busca de la protección de su prima, Isabel I de Inglaterra. Pero había un problema, y es que la última reina de la saga de los Tudor odiaba a María, ya no solo porque representaba un modelo más "femenino" de ejercer el trono, también porque numerosos católicos ingleses la consideraban la legítima soberana. Muchos de los cuales habían participado en el conocido como Levantamiento del Norte - no, no estaban los Stark ni Jon Snow - en el que un conjunto de nobles pretendieron derrocar a Isabel I para reemplazarla por María Estuardo. Ante dicha amenaza, Isabel no dudó en confinarla en varios castillos durante dieciocho años para, tras un juicio en el que se la declaró culpable de conspiración, mandarla decapitar en el castillo de Fotheringhay en 1587 a la edad de cuarenta y cuatro años. No sé vosotras y vosotros, pero en mi humilde opinión creo que, más allá de la cronología o los personajes reales, esta historia ha servido de base y de inspiración para novelas, películas, obras de teatro, óperas y series de televisión. Porque, ¿no es lo suficientemente atrayente una trama en la que se explore el odio encarnizado entre dos personas que además son familia? Y en la que además, se le añadan dosis de política e intrigas cortesanas. Si lo que queréis es eso, éste, la María Estuardo de Dumas, es sin duda vuestro libro.



   Tras haber leído esta biografía - novelada por supuesto - me quedan claras dos cosas. La primera, que Alexandre Dumas es el precursor de lo que hoy conocemos como Best Seller. De hecho, se podría decir que él mismo fue el autor de masas de la época. El Ken Follet del XIX. Escribía novelas, folletines, libros de viajes, ensayos o relatos de terror como churros. Y lo mejor de todo es que lo hacía bien. Si bien es cierto que una obra no puede gustar a todo el mundo por igual, lo cierto es que el talento de este escritor para crear historias o para, a partir de hechos reales, presentarte un libro de más de 200 páginas - como es el caso de María Estuardo - es por lo menos admirable. Centrándonos en esta novela en concreto, el estilo que Dumas emplea es endiabladamente adictivo, tanto que, tanto si conocíais o no la historia de esta desdichada reina, vais a alucinar con como está contada. Dumas es el maestro de lo trepidante, de convertir una novela histórica corriente y moliente en algo más cercano a la novela de misterio o al culebrón renacentista en esta ocasión. Pero también es hábil en el manejo del morbo, de la intriga, de toda esa clase de recursos literarios que mantienen al lector con la vista pegada, literalmente, sobre el papel. Sus personajes, a veces, parecen sacados de otras de sus novelas más que de la crónica histórica. Y eso puede enfadar a más de un historiador o historiadora purista, algo que en mi caso no ha conseguido para nada. Es más, ha conseguido que disfrutase como una niña con una historia real pero extremadamente novelesca. Si hasta había capítulos en los que aquello se acercaba más a las obras de William Shakespeare con unos personajes tan pasionales, tan malvados, tan héroes, tan trágicos, tan dramático todo, y ya de paso, con el umbral de la paciencia demasiado bajo. Y diréis que pierde la verosimilitud, y yo os digo que para nada, que eso no sucede, ni siquiera en los momentos en los que la trama se ve en peligro por culpa de las contradicciones de las fuentes consultadas. Dumas sale airoso del aprieto tirando de más documentación - porque eso sí, la novela está fuertemente sustentada - consiguiendo que pasemos por alto sus inclinaciones y preferencias respecto a los personajes. Disimulo 0 en cuanto a quienes le caían bien, mal o fatal. Y la segunda, pero no por ello menos importante, es la necesidad de seguir reivindicando el género biográfico para aproximarse a la historia. Los que acabamos estudiando una carrera en la que el pasado está siempre en nuestro presente sabemos muy bien en qué momento nos empezó a apasionar esto de acercarnos a épocas para estudiarlas o aprender de ellas. Y en muchos casos, las biografías - tanto noveladas como académica - se convierten en el primer contacto, destello, la chispa que activa la curiosidad por un mayor conocimiento. Creo que independientemente de si te encanta (hasta el punto de querer estudiar la carrera) como si eres una o un mero aficionado, las biografías son la perfecta iniciación en estas lides. Y más si lo haces de la mano de grades autoras como Dumas. Personalmente, y después de haber leído María Estuardo, estoy pensando muy seriamente en indagar en más obras que aborden dicho periodo, y también, por si fuera poco, atreverme con un Dumas más extenso y todavía más novelesco.

   María Estuardo: una historia de lacrimógenas tragedias, destierros insoportables, sangre, venganza. envidias cortesanas, intrigas, conspiraciones, palacios, duques, monarcas...Un retrato pasional y claroscuro de una mujer que vivió con la certeza de que podía reinar, aunque aquello le costase la cabeza.

Párrafos o frases favoritas:

   "Hay entre los reyes, nombres predestinados al infortunio: en Francia, ese nombre es Enrique. Enrique I fue envenenado, a Enrique II lo mataron en un torneo, a Enrique III y Enrique IV los asesinaron. En cuanto a Enrique V, cuyo pasado ha sido ya tan funesto, sólo Dios sabe lo que le reserva el futuro.
   En Escocia, ese nombre es Estuardo."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

jueves, 19 de septiembre de 2019

RESEÑA: El bosque.

EL BOSQUE

Título: El bosque.

Autora: Nell Leyshon (Glastonbury, Inglaterra, 1962) es novelista y dramaturga. Estudió Arte y trabajó como productora en televisión antes de dedicarse a la escritura tras el nacimiento de su segundo hijo. Fue galardonada con el Premio Evening Standard Theatre por su obra teatral Comfort Me with Apples. Bedlam fue la primera obra escrita por una mujer representada en el Shakespeare´s Globe Theatre. Su primera novela, Black Dirt (2004), fue candidata al Orange Prize y finalista del Commonwealth Book Prize. En 2008 publicó Devotion. En 2013, El color de la leche fue un éxito tanto de crítica como de ventas, llegando a ser elegido como el Libro del Año por el Gremio de Libreros de Madrid, y el Show de Gary, publicado en 2016, también de éxito inmediato. El bosque es su último libro publicado.  


Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductora: Inga Pellisa.

Sinopsis: en una Varsovia ocupada por el ejército alemán, el pequeño Pawel –imaginativo, curioso e impresionable– crece protegido en el ambiente familiar de su hogar, rodeado de mujeres: su abuela materna, su tía Joanna y, sobre todo, su madre Zofia, una mujer dividida entre el amor a su hijo y el pesar por la pérdida de independencia que la maternidad le impone, alejándola de su chelo, de sus añoradas lecturas y, en definitiva, de su yo más íntimo. Para Pawel, ese hogar es su mundo, y está a punto de perderlo. Una noche, su padre, miembro de la resistencia, lleva a casa a un piloto británico herido de gravedad, lo que desencadena una serie de acontecimientos que obligarán a madre e hijo a huir y esconderse en el bosque.Décadas después, Pawel y Zofia viven en Inglaterra. Él, sin embargo,  es incapaz de dejar atrás el recuerdo de aquel bosque, en el que durante meses él y su madre sobrevivieron refugiados en un establo. Lejos de lo que le era familiar y en medio de la naturaleza –en ese limbo lleno de calma, belleza y misterio–, por primera vez el niño huidizo y temeroso se atrevió a explorar el mundo que lo rodeaba. El bosque representará para siempre una bisagra entre sus dos existencias, en Polonia e Inglaterra. Una nueva vida que sería casi perfecta si no fuera por los secretos que, al salir a la luz, abren una brecha que lo separa de Zofia. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: 

   Profunda, sutil, enormemente reflexiva, amena al mismo tiempo, original en cuanto a su punto de vista, por momentos desgarradora, necesaria, capaz de mantener al lector en vilo hablando de asuntos que bien merecen una honda reflexión, toda una sorpresa... Los que me conocen saben que soy una persona de costumbres en lo que a lecturas se refiere. De hecho - al contrario de mucha gente - me encanta llevarme de vacaciones o a viajes improvisados libros que tengan algo que ver con el lugar que voy a visitar. No siempre es así, pero si se me presenta la ocasión, lo meto inmediatamente en la maleta. Eso mismo hice este mismo verano, marcado por el regreso al pueblo. Sí, ese lugar al que me siento especialmente unida desde que tengo uso de razón. Esas calles empedradas por las que he corrido como una loca cuando jugaba a la pelota con mi hermano. Esas interminables tardes que las vecinas aprovechaban para sacar las sillas a la calle y conversar durante horas. Esas sonoras campanadas procedentes de la imponente iglesia la cual, siendo una niña, me parecía más un castillo. Pero sobre todo esa fragancia, esas praderas, esas montañas, esas fuentes, esos refugios, ese misterioso río de piedra, esas flores, esos pinos, ese bosque... En definitiva, esa proximidad tan maravillosa a la naturaleza me llena el espíritu, la inspiración y de paso también los pulmones de una pureza imposible de hallar entre asfalto, edificios y atascos mañaneros. Fue durante una de aquellas tardes cuando, tras una buena comilona campestre y tras haber posado la mirada en algún punto del frondoso bosque, me decidí a abrir la presente novela por la primera página. No sin antes felicitarme por la sabia decisión que había tomado hacía unas semanas respecto a aquella lectura. ¿Qué mejor forma de adentrarme en sus capítulos que hacerlo en el escenario más apropiado? Sentada en una vieja silla, ligeramente inclinada, con el perfume a  hojas secas pegado a mi nariz, con el estómago lleno y bajo una cúpula de árboles en ligero movimiento. Como acabáis de comprobar, los animales de costumbres existen - e aquí un ejemplo - como también los libros que, sin a penas preveerlo, te dejan con el estómago encogido, con infinidad de preguntas en el tintero y con las ganas de más. En este caso, de más novelas de Nell Leyshon. El bosque: las aristas de la maternidad en tiempos de guerra.

   A diferencia de algunos lectores - los cuales devoraron El color de la leche como si de un una hamburguesa o una porción de pizza se tratase - en mi caso esta ha sido mi primera vez con Leyshon. Y sinceramente, creo que ha sido la mejor forma de conocer tanto su estilo narrativo como sus preocupaciones como autora. Es cierto que El color de la leche supuso hace unos años un boom dentro del panorama literario internacional, éxito que en España se vivió especialmente de forma más intensa. No en vano le nombran el Libro del Año - importante reconocimiento que otorga el Gremio de Libreros de Madrid a las obras extranjeras traducidas y publicadas en nuestro país - a cualquiera. Algo que, como cabe de esperar, acaba traduciéndose en un extraordinario incremento de ventas y en popularidad. Desde siempre, ante estas situaciones, me he mostrado bastante escéptica. Y todo ello a pesar de no dudar ni un segundo en el criterio de quienes componen estas asociaciones. Sin embargo, eso no me inspiraba confianza, ya que muchas veces mi impresión final acababa siendo la contraria. No se si El color de la leche - novela que convirtió a Nell Leyshon en una autora británica muy querida y apreciada por los lectores a nivel mundial - estaría a la altura de esas expectativas que personalmente, y de forma inconsciente, me autogenero. De lo que sí estoy segura es de que, y gracias a la lectura de El bosque, no tardaré en darle una oportunidad. La personalidad de su autora bien lo merece, así como los temas que brotan entre capítulo y capítulo. Deseosos de que algún intrépido lector los recolecte y los use para exprimir todas sus propiedades, que son muchas.


  Para empezar diremos que El bosque narra una doble historia perfectamente estructurada en tres partes: la de Pawel (un niño imaginativo, tierno y extraordinariamente curioso) y la de Zofia (su frustrada pero abnegada madre) partiendo del contexto de la Varsovia ocupada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y deteniéndose en su periodo de supervivencia en un bosque y en su vida en Inglaterra tras haber escapado del horror de la guerra. Lejos de tratarse de una novela más sobre el nazismo o el famoso y trágico conflicto bélico que provocaron - que también - lo que hace único el texto de Leyshon es, no sólo esa interesante vuelta de tuerca a las voces de los narradores (desde un narrador omnisciente tremendamente inmiscuido en la trama), también por poner la lupa sobre determinados temas tan contemporáneos como actuales y que, en una trama de estas características, no dejan de resultar singulares. Para empezar, el lector que se adentra en El bosque - en este caso literalmente - se topa con un matriarcado formado por tres mujeres completamente diferentes entre si. Madre, abuela y tía a las que - además de sus lazos de sangre - las une una cuestión de supervivencia y de responsabilidad sobre Pawel. De las tres sobresale Zofia - sin duda el personaje más complejo e interesante de la novela -, una mujer llena de contradicciones entre las que destaca las relacionadas con la maternidad. Zofia se siente superada ante el hecho de ser madre, hasta el punto de que ella misma distingue dos "Zofias": la de antes de dar a luz a Pawel - independiente, dedicada a su chelo, a sus adoradas lecturas y con una habitación en el que poder desarrollar sus talentos - y la posterior al parto - con la carga mental y emocional que supone ver como el cuidado de su hijo le come espacio y la aleja de su yo más íntimo -. Una percepción perfectamente licita que, sin embargo, tanto en su época como a día de hoy, sigue condenándose con dureza. Ser madre no es sinónimo de debilidad y mucho menos de arrepentimiento. De lo contrario se considera egoísmo o de ser mala madre cuando en realidad esas dudas existen, esa nostalgia por la vida anterior, esa pérdida material e inmaterial que en muchos casos llena más que la propia maternidad. Aún así Zofia acepta como puede su rol de madre en tiempos convulsos y con la constante ausencia de su marido Michael, más preocupado por ayudar la resistencia clandestina que por ejercer una paternidad más responsable. De nuevo, la balanza queda completamente desigual.

   De esa casa habitada por mujeres - en la que Pawel pierde la inocencia a una edad demasiado temprana - madre e hijo acaban huyendo al bosque sin mirar atrás para huir de la invasión militar. Durante una temporada vivirán en un establo, en donde se debatirán entre las infinitas posibilidades que la naturaleza puede ofrecerles de cara a la supervivencia y la hostilidad de un medio en el que ambos se sienten extraños y unos intrusos. Es en ese punto en el que Leyshon saca la artillería pesada y hace un despliegue de un sorprendente lirismo. Donde antes había lágrimas, tristeza e impotencia; ahora hay abstracción, solidaridad, un intento de dignificación. La magia de un entorno tradicionalmente de cuento frente a la cruda realidad de quienes han escapado del horror y han abandonado la civilización porque no les ha quedado más remedio. Es también en el bosque donde tiene lugar el pulso narrativo más intenso, donde los diálogos cortan la respiración, donde los abusos velados por parte de Michael sientan como puñetazos en el estómago, donde el "no" no existe como respuesta, donde paradójicamente la opresión se hace fuerte cuanto más ancho es el terreno... En definitiva, donde el patriarcado se hace más fuerte amparado por la guerra y con el silencio - ese que Zofia trata de quebrar sin éxito - que ha sometido a la mitad de la humanidad desde el principio de los tiempos. Pero lejos de acabar ahí, llegamos a una tercera parte dominada por el recuerdo - es aquí donde un Pawel ya adulto realiza un viaje al interior de sus vivencias y aprende poco a poco a convivir con ellas - la existencia en un país que no es el suyo - Inglaterra - y a esos pequeños "dramas" familiares que resultan sorprendentemente insalvables. El bosque marca las vidas de Zofia y Pawel para siempre, sin embargo, y a pesar de estar a prueba de - nunca mejor dicho - bombas, hay cuestiones que una vida curtida en miedos y experiencias traumáticas son imposibles de comprender, de ser entendidas, apoyadas, reconocidas. En otras palabras que la supervivencia te hace fuerte, pero no por ello mejor persona o saber aceptar.

   Por último, debemos señalar lo que es una evidencia y que entronca directamente con la principal virtud de esta novela. La abuela, la tía Johanna y la propia Zofia son las distintas caras de una misma realidad, la de las mujeres que les tocó vivir el infierno que supuso la guerra en Varsovia, la de unas circunstancias excepcionales que alteraron su forma de vivir y que - en el caso de Zofia - coincide además con el desencanto y sus luchas internas respecto a la maternidad. La conexión en este último aspecto y las tesis que Woolf defendió a principios de siglo XX en su famoso ensayo Una habitación propia son más que evidentes. Y eso Leyshon lo sabe. Por eso no es casualidad esa referencia tan explícita, como tampoco lo es la publicación de esta novela en concreto en los tiempos que corren, en un año marcado por una corriente feminista en auge que - aunque en proceso de consolidación y concreción de sus preocupaciones - se avecina imparable en terrenos como el literario, el social, el político o el económico entre otros muchos. Si algo demuestra Nell Leyshon en esta novela es que hasta en la ambientación más trillada - como es la Segunda Guerra Mundial - caben todo tipo de temas. O lo que es lo mismo, en un contexto bélico se puede hablar de sororidad femenina, de maternidades imperfectas, de abusos patriarcales o los encorsetados roles de género. Parafraseando a Leyshon en una de las frases más memorables de el libro: los seres humanos tienden a olvidar las lecciones del pasado. No hagamos lo mismo en el presente. Recordemos, pero sin olvidarnos de que las mujeres también estuvieron ahí, soportando los embistes y las adversidades, sobreviviendo entre machismo y muerte.

El bosque: una historia de superación, guerra, terror, huida, desigualdad, quiebra del modelo de madre perfecta, convivencia con el recuerdo... Una novela para leer, releer y recomendar hasta la saciedad.

Frases o párrafos favoritos: 

"Éste es el problema de vivir demasiado: el bucle incesante de la estupidez. Cómo ignoran los seres humanos las lecciones de la historia."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso