Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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miércoles, 20 de noviembre de 2019

Reseña: María Estuardo.

MARÍA ESTUARDO

Título: María Estuardo.

Autor: Alexandre Dumas (1802-1870) fue uno de los autores más populares en la Francia del siglo XIX. Siguiendo los pasos de su padre, un general aristócrata, a los catorce años ingresó en la academia militar para después enrolarse en el ejercito. Polígrafo, viajero y vividor incombustible, cultivó diversos géneros, de la literatura fantástica y de terror a la novela histórica y de aventuras, pasando por los libros de viajes. Sus novelas más emblemáticas, El conde de Montecristo (1844) y Los tres mosqueteros (1846), aparecieron originalmente como folletines, y desde entonces no han dejado de entretener a generaciones sucesivas de lectores. Entre 1839 y 1841, Dumas publicó, en colaboración con otros autores, la serie de dieciocho volúmenes "Crímenes célebres", de la que forma parte María Estuardo. (Fuente: Editorial).


Editorial: Gatopardo.

Idioma: francés.

Traductora: Teresa Clavel.

Sinopsis: "Hay, entre los reyes, nombres predestinados al infortunio", se nos advierte al inicio de este libro. En la Escocia del siglo XVI, el máximo exponente de esta sentencia fue la reina María Estuardo, cuya trágica y novelesca vida inspiró a Alexandre Dumas para escribir esta biografía. Inteligente, culta y de una belleza hechizante, la joven María Estuardo se educó en la corte de Francia, donde se le auguraba un futuro brillante. Sin embargo, su vida fue un sinfín de calamidades desde su regreso a Escocia para hacerse cargo del trono hasta su prolongada caída en desgracia: abdicación, exilio, cautiverio y muerte por decapitación en el castillo de Fotheringhay, tras ser acusada de planear el asesinato de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra. Desde entonces, la figura de María Estuardo no ha dejado de ser objeto de interpretaciones ambivalentes: adúltera e instigadora de asesinatos, valiente defensora del catolicismo en un país desgarrado por las guerras de religión, víctima heroica de intrigas políticas y juegos de poder, mujer de pasiones turbulentas que no supo pacificar su propio reino.

Su lectura me ha parecido:

   Entretenida, curiosa, estupendamente documentada, inminentemente novelesca, perfecta para acercarse por primera vez al personaje histórico, fundamental para quienes ya tengan un bagaje al respecto, muy de consumo rápido, en ocasiones hasta adictiva... La primera vez que supe de ella fue gracias a mi autodidacta formación en Historia Moderna a través de los dosieres de la Muy Historia - ojalá no desaparezcáis nunca - durante mis años de instituto. ¿La razón? Tuve un profesor que en lugar de avanzar con el temario se quedó obnubilado con los elementos de tortura de la inquisición medieval (hice un trabajo de uno en concreto al que apodaron "la pera" y desde entonces sigo espantándome como el primer día). La primera vez que la vi en pantalla grande fue en Elizabeth. La Edad de Oro. Fue muy fugaz, tanto que ni siquiera en ese momento me percaté de que era ella. De hecho, me es imposible recordar que actriz tuvo el honor de interpretarla, al menos durante unos minutos. La culpable de esta injusticia fue Cate Blanchet, que con su soberbia interpretación de Isabel I eclipsaba a cualquier otro personaje. Así que estaba totalmente justificado. La segunda vez fue en una clase de Historia Moderna Universal, asignatura que repetí aquel año y que me tocó recuperar en horario de tardes. No conseguí reconciliarme con la materia, ni con la época, pero sí apreciar una de las mejores interpretaciones que he visto hasta la fecha de la mano de la grandiosa Katherine Hepburn. La primera vez vi a una actriz interpretarla en la pequeña pantalla no hace mucho, en 2016, cuando en Televisión Española emitió los capítulos de una serie llamada "Reinas" producida por José Luis Moreno en la que contaban la rivalidad entre ella e Isabel I. Totalmente prescindible y mala hasta decir basta. Tengo pendiente ver la última adaptación cinematográfica en la que se baten en un duelo interpretativo Saroise Ronan y Margot Robbie. Aunque con todos mis respetos yo estaría en el bando de la que ha sido capaz de interpretar a Harley Quinn, darle una bofetada a Leonardo Di Caprio en El lobo de Wall Street o dar vida a la polémica patinadora Tonya Harding - ¿y el Oscar pa cuando? -. Por último, la primera y por el momento única vez que la vi - sí, aunque fuera bajo un bellísimo sarcófago de piedra tallada y esculpida - fue durante mi último viaje a la capital británica en el que tuve el privilegio de visitar la Abadía de Westminster. Sin duda, fue uno de los momentos más emocionantes de dicho recorrido, además de los más irónicos. La justicia divina - o Jacobo I de Inglaterra - quiso que los huesos de su madre reposasen junto a los de su prima Isabel I, con la que estuvo en guerra y que finalmente resultó ser su verdugo, la que dio la orden de encerrarla y mandarla decapitar. Si eso no es mala leche o karma yo no sé lo que es. En definitiva, hoy me pongo mis mejores galas y activo mi faceta como historiadora para hablaros de un personaje apasionante, de esos que consiguen hacer que ames la historia. Pero también de un autor al cual he conseguido, por fin, perderle el miedo. María Estuardo: la biografía al servicio de lo novelístico y el "salseo" de la época.

   Sí, este es el primer libro que leo de Dumas. Sí, sé que es un delito no haberme adentrado en su literatura antes. Y cuando digo antes es cuando era adolescente. Creedme, no estoy diciendo ninguna locura, ya que con Alexandre Dumas se ha educado la generación de nuestros padres. Ellos querían formar parte de los tres mosqueteros o se pasaban horas y horas leyendo y siguiendo minuto a minuto la venganza de Edmundo Dantés. Como si de una serie de televisión se tratase. Sin embargo, cuando alcancé la edad de descubrirlo por vez primera, el volumen de sus páginas me disuadió, tanto que durante años lo evité, como la peste, como una peligrosa alergia. Menos mal que la historia en primer término y después esa maravillosa asignatura de Literatura Universal en Segundo de Bachiller me abrieron los ojos, consiguiendo que me reconciliase con eso que llaman "clásicos", los cuales, tiempo atrás, había huido despavorida. ¡Que estúpida fui! Si alguien, cuando tenía quince años, me hubiera dicho que las novelas de Alexandre Dumas duran un suspiro entre los dedos de las manos, si alguien me hubiera aconsejado leer sus libros porque, y es cierto, su endiablado ritmo te atrapa desde el minuto uno. Si alguien me hubiese despejado la cabeza de prejuicios y me hubiera insistido, probablemente hoy Alexandre Dumas sería uno de mis autores favoritos. No obstante, y haciendo honor al dicho "más vale tarde que nunca" me puse hace unos meses las pilas con el autor francés de la mano de su faceta menos conocida pero enormemente apasionante. La del Alexandre Dumas biógrafo. En concreto, del Alexandre Dumas biógrafo de grandes personajes de la historia como lo fue María Estuardo. Según he podido investigar, la novela que hoy reseño, forma parte de una colección de 18 volúmenes que, bajo el título "Crímenes celebres", pretendían contar la vida de, por un lado, los criminales más famosos de la historia, y por otro lado, la de aquellos hombres y mujeres que, por circunstancias excepcionales, acabaron sus días asesinados o ejecutados. Dicha antología se publicó entre 1839 y 1841 por la editorial parisina Rue Louis le Grand, siendo traducida al español en 1858. A pesar de que a día de hoy hay varios estudios que ponen en duda la autoría de Dumas respecto a algunos relatos - los cuales, al parecer, se fraguaron a base de colaboraciones que el propio autor francés no reconoció desde su privilegiada posición de editor - "Crímenes célebres" perseguía dos objetivos. El primero, a base de una exhaustiva documentación judicial y con un estilo sencillo, acercar las historias de estos personajes ligados al crimen o a la tragedia a los lectores menos académicos. Y el segundo, satisfacer las exigencias de un público cada vez más ávido de sucesos sangrientos y de villanos convertidos en héroes. Estamos en plena era del Penny Dreadful, y Alexandre Dumas quiso sumarse a la moda. No obstante, y a diferencia de los ecos del ficticio y gore Sweeney Tood cuya influencia cruzó el Canal de la Mancha, "Crímenes célebres" tienen un poso bibliográfico nada desdeñable, aunque su principal objetivo era lucrarse y saciar el ansia capitalista de la época.

   En ese sentido el volumen de María Estuardo podría encajar perfectamente en la segunda categoría de la colección, esa en la que Dumas quiso otorgar a los finales trágicos - y con litros de sangre - su especial protagonismo. Y, sinceramente, no podría haber elegido mejor personaje histórico. Como bien sabréis - y si no os lo cuento a continuación - María Estuardo (1542-1587) hija de Jacobo V de Escocia y María de Gisa, sucedió en el trono a su padres con a penas seis días de vida. Pasó parte de su infancia en Francia, donde se casó con Francisco II y esperó pacientemente a su mayoría de edad. Tras su breve experiencia como reina de Francia (ya que Francisco II murió de forma repentina), María regresó a Escocia y cuatro años más tarde se casó con su primo hermano Enrique Estuardo, unión de la que nacería su único hijo, el futuro Jacobo VI. En febrero de 1567, Enrique es asesinado en el jardín de su residencia. Todos pensaron que James Hepburn, primer Duque de las Islas Órcadas y cuarto Conde de Bothwell, había orquestado su muerte para poder casarse con María Estuardo. Algo que acabó sucediendo en 1567 tras ser absuelto de todos los cargos. Tras un levantamiento contra la pareja, María fue encarcelada en el castillo del lago Leven - espectacular por cierto - y durante su cautiverio fue forzada a abdicar en favor de su hijo, que por aquel entonces contaba con un año de edad. Tras un primer intento fallido de recuperar el trono, María huyó hacia el sur en busca de la protección de su prima, Isabel I de Inglaterra. Pero había un problema, y es que la última reina de la saga de los Tudor odiaba a María, ya no solo porque representaba un modelo más "femenino" de ejercer el trono, también porque numerosos católicos ingleses la consideraban la legítima soberana. Muchos de los cuales habían participado en el conocido como Levantamiento del Norte - no, no estaban los Stark ni Jon Snow - en el que un conjunto de nobles pretendieron derrocar a Isabel I para reemplazarla por María Estuardo. Ante dicha amenaza, Isabel no dudó en confinarla en varios castillos durante dieciocho años para, tras un juicio en el que se la declaró culpable de conspiración, mandarla decapitar en el castillo de Fotheringhay en 1587 a la edad de cuarenta y cuatro años. No sé vosotras y vosotros, pero en mi humilde opinión creo que, más allá de la cronología o los personajes reales, esta historia ha servido de base y de inspiración para novelas, películas, obras de teatro, óperas y series de televisión. Porque, ¿no es lo suficientemente atrayente una trama en la que se explore el odio encarnizado entre dos personas que además son familia? Y en la que además, se le añadan dosis de política e intrigas cortesanas. Si lo que queréis es eso, éste, la María Estuardo de Dumas, es sin duda vuestro libro.



   Tras haber leído esta biografía - novelada por supuesto - me quedan claras dos cosas. La primera, que Alexandre Dumas es el precursor de lo que hoy conocemos como Best Seller. De hecho, se podría decir que él mismo fue el autor de masas de la época. El Ken Follet del XIX. Escribía novelas, folletines, libros de viajes, ensayos o relatos de terror como churros. Y lo mejor de todo es que lo hacía bien. Si bien es cierto que una obra no puede gustar a todo el mundo por igual, lo cierto es que el talento de este escritor para crear historias o para, a partir de hechos reales, presentarte un libro de más de 200 páginas - como es el caso de María Estuardo - es por lo menos admirable. Centrándonos en esta novela en concreto, el estilo que Dumas emplea es endiabladamente adictivo, tanto que, tanto si conocíais o no la historia de esta desdichada reina, vais a alucinar con como está contada. Dumas es el maestro de lo trepidante, de convertir una novela histórica corriente y moliente en algo más cercano a la novela de misterio o al culebrón renacentista en esta ocasión. Pero también es hábil en el manejo del morbo, de la intriga, de toda esa clase de recursos literarios que mantienen al lector con la vista pegada, literalmente, sobre el papel. Sus personajes, a veces, parecen sacados de otras de sus novelas más que de la crónica histórica. Y eso puede enfadar a más de un historiador o historiadora purista, algo que en mi caso no ha conseguido para nada. Es más, ha conseguido que disfrutase como una niña con una historia real pero extremadamente novelesca. Si hasta había capítulos en los que aquello se acercaba más a las obras de William Shakespeare con unos personajes tan pasionales, tan malvados, tan héroes, tan trágicos, tan dramático todo, y ya de paso, con el umbral de la paciencia demasiado bajo. Y diréis que pierde la verosimilitud, y yo os digo que para nada, que eso no sucede, ni siquiera en los momentos en los que la trama se ve en peligro por culpa de las contradicciones de las fuentes consultadas. Dumas sale airoso del aprieto tirando de más documentación - porque eso sí, la novela está fuertemente sustentada - consiguiendo que pasemos por alto sus inclinaciones y preferencias respecto a los personajes. Disimulo 0 en cuanto a quienes le caían bien, mal o fatal. Y la segunda, pero no por ello menos importante, es la necesidad de seguir reivindicando el género biográfico para aproximarse a la historia. Los que acabamos estudiando una carrera en la que el pasado está siempre en nuestro presente sabemos muy bien en qué momento nos empezó a apasionar esto de acercarnos a épocas para estudiarlas o aprender de ellas. Y en muchos casos, las biografías - tanto noveladas como académica - se convierten en el primer contacto, destello, la chispa que activa la curiosidad por un mayor conocimiento. Creo que independientemente de si te encanta (hasta el punto de querer estudiar la carrera) como si eres una o un mero aficionado, las biografías son la perfecta iniciación en estas lides. Y más si lo haces de la mano de grades autoras como Dumas. Personalmente, y después de haber leído María Estuardo, estoy pensando muy seriamente en indagar en más obras que aborden dicho periodo, y también, por si fuera poco, atreverme con un Dumas más extenso y todavía más novelesco.

   María Estuardo: una historia de lacrimógenas tragedias, destierros insoportables, sangre, venganza. envidias cortesanas, intrigas, conspiraciones, palacios, duques, monarcas...Un retrato pasional y claroscuro de una mujer que vivió con la certeza de que podía reinar, aunque aquello le costase la cabeza.

Párrafos o frases favoritas:

   "Hay entre los reyes, nombres predestinados al infortunio: en Francia, ese nombre es Enrique. Enrique I fue envenenado, a Enrique II lo mataron en un torneo, a Enrique III y Enrique IV los asesinaron. En cuanto a Enrique V, cuyo pasado ha sido ya tan funesto, sólo Dios sabe lo que le reserva el futuro.
   En Escocia, ese nombre es Estuardo."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Gatopardo Ediciones

miércoles, 19 de abril de 2017

RESEÑA: Muerte en la Rectoría.

MUERTE EN LA RECTORÍA

Título: Muerte en la Rectoría.

Autor: Michael Innes (1906-1994) pseudónimo de John Innes Mackintosh Stewart. Escritor, académico y crítico literario, enseñó en las aulas del Queen´s University de Belfast y de las universidades de Leeds, Adelaide y Oxford. En 1936, comenzó a publicar una larga serie policíaca por la que hoy es recordado. Además de Muerte en la Rectoría, Innes también es autor de La torre y la muerte o ¡Hamlet, venganza! entre otras.


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Susana de la Higuera Glynne-Jones.

Sinopsis: desde el momento en que el rector del St. Anthony´s College aparece muerto en su biblioteca, el escándalo está asegurado, pues las únicas personas con motivos para asesinarlo - una legión de excéntricos y grandilocuentes profesores - resultan ser aquellas que tuvieron la oportunidad de hacerlo. Los esfuerzos de sus colegas por ofrecer sólidas coartadas que sirvan a la vez para inculpar a sus enemigos académicos, así como sus particulares divagaciones intelectuales, harán que la tarea del inspector Appleby y el agente Dodd no resulte sencilla en absoluto, ya que nada en ese caso es lo que parece a simple vista, ni siquiera la muerte...

Su lectura me ha parecido: entretenida, original, inteligente, a ratos densa, a ratos divertida, satírica, clásica, para nada arriesgada...Queridos lectores y lectoras, coincidiréis conmigo en que el periodo universitario es uno de los mejores. Es una de esas etapas que, para quienes la hayan experimentado y vivido en primera persona, siempre se mantiene en la memoria, intacta, inmune casi al paso del tiempo. Es un periodo de verdadera libertad, rebeldía, activismo, donde estudias lo que de verdad te gusta, donde conoces gente con tus mismas afinidades y donde no te sientes como un bicho raro, fuera de lugar. En mi caso lo percibí de esa forma, como algo importante que contribuyó a forjar mi forma de ser y a aumentar mi interés intelectual, algo que sin duda, quedará grabado en mi memoria por siempre jamás. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y es que la universidad, como institución, no es perfecta. Tras sus en ocasiones centenarios o milenarios muros, se esconden casos de injusticia, elitismo, nepotismo, machismo y el mirar por otros intereses que nada tienen que ver con lo estrictamente académico. Así es la universidad y España no se libra, sino que con algunas acciones contribuye a acrecentar esa leyenda negra que siempre ha acompañado a esta institución tan importante culturalmente hablando. En el libro que hoy tengo el placer de reseñar habla de la universidad, de los tejemanejes académicos, de todo ese micro cosmos propio que se ve alterado por un inesperado asesinato. Dicho de otra forma, la oportunidad para que un escritor como Michael Innes despliegue todo su ingenio literario en Muerte en la Rectoría: lo clásico al servicio del lector nostálgico.


La historia de como este libro llegó a mis manos es muy parecida a la que otras veces os he narrado en este espacio de crítica y opinión. Con el aliciente de que una servidora necesitaba renovarse en lo que respecta a lecturas de un género muy concreto, el policíaco. Como muchos sabréis, las historias de crímenes y misterios me han ido acompañando literariamente durante una parte muy importante de mi vida. De hecho, y creo que esto no lo he contado aún, esa afición por la literatura policíaca empezó con un libro que tenía en mi casa sobre el famoso Jack el Destripador. Era un libro realmente truculento, desagradable, donde incluso se mostraban fotos de los cadáveres de las prostitutas asesinadas por este enigmático personaje y que carecía de calidad literaria, pues se limitaba simplemente a describir lo sucedido cronológicamente. Ese libro que todavía conservo fue el germen, y aunque no fuese la lectura más recomendable del mundo, me empujó hacia el género y hacia otros autores. Tras esta incursión en el mundo del misterio y el crimen, le siguieron la lectura de algunos números monográficos de la revista Muy Historia, luego la ficción juvenil con los libros de los casos de Flanagan, años más tarde me adentré en la novela negra nórdica de la mano de Camilla Läckberg para acabar leyendo libros actuales del género que no lograban satisfacer mi apetito lector. Esta relación que estaba derivando en un intenso amor-odio cambió cuando sentí la necesidad de adentrarme en el germen, lo clásico en lo que dio prestigio y colocó a la novela policiaca en lo alto del mundo literario. Fue entonces cuando libros como En la Niebla de Richard Harding Davis, reseñado hace unos meses atrás, se coló entre mis lecturas, convirtiéndose en todo un descubrimiento. Siguiendo esta línea y tras leer varias reseñas positivas, decidí pedirles a Siruela, tras reseñar Historia de las Abejas, Muerte en la Rectoría. Un libro que creía que seguiría la misma estela e influencia literaria. Al poco de recibirlo, inicié ávida su lectura, y cuando la di por finalizada, sentí mis expectativas completamente satisfechas. Aún siento un enorme respeto hacia Conan Doyle, lo confieso, pero con lecturas como esta, una va preparando el terreno para enfrentarse al más grande del género.


En lo que respecta a la critica literaria propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Muerte en la Rectoría presenta una lectura lenta pero entretenida al mismo tiempo. Esto es así porque la lectura te obliga a estar atento a cada uno de los detalles que van apareciendo. Aunque, sinceramente, la palabra "atento" se queda corta, la más adecuada es "alerta". Muerte en la Rectoría te obliga a estar con los ojos constantemente pegados al papel, porque, cada página es importante y como te pierdas o se te olvide algo por no prestarle la suficiente atención, te tocará retroceder unas páginas atrás y releer lo que se ha pasado por alto, algo que, y doy fe, me ha pasado. Este aspecto de su lectura es bueno, porque mantiene en vilo al lector y lo obliga a seguir la historia con más implicación que nunca, como si éste fuera el verdadero detective. Sin embargo, y sopesándolo mucho, también encuentro un tanto perjudicial ese punto extra que el lector debe dar, pues, corre el peligro de que, si este libro cae en manos de alguien que no esté acostumbrado a este tipo de narración y estilo, lo deje pasar o simplemente no finalice su lectura como se pretende. Siguiendo con lo comentado, uno de los puntos fuertes de Muerte en la Rectoría es precisamente ese, el de implicar al lector de manera muy intensa en la historia que Innes nos cuenta. El autor invita al lector a traspasar el papel, a pasear por los pasillos de la Universidad de Oxford y a incluso unirse a los pasos del inspector Appleby y del agente Dodd, permaneciendo en un segundo plano pero igual de involucrados en la investigación que se está llevando a cabo. Por otro lado, y esto sin duda es la característica más reseñable del libro, Muerte en la Rectoría es una novela nostálgica en cierto sentido. Nostálgica en cuanto a sus influencias fundamentalmente. Cuando uno se adentra en esta historia no puede evitar pensar que esos personajes y ese marcado estilo británico son una especie de homenaje al gran Arthur Conan Doyle, y como no, a sus Sherlock Holmes y Whatson. En ese sentido, la novela no presenta ningún aspecto novedoso, es más, como ya he comentado, parece que Innes ha querido traer de nuevo esa esencia al panorama literario de los años 30, década en la que Muerte en la Rectoría sale al mercado, para reivindicarla de algún modo. De ahí que en ciertos momentos de la historia nos parezca que nos encontremos en el Oxford de los años 30, sino en el Oxford de finales de siglo XIX. Innes no esconde su admiración hacia las historias de misterio y detectives tradicionales, y eso el lector más clásico lo sabrá agradecer. Por último, destacar que en Muerte en la Rectoría nos topamos ante una atmósfera completamente atrayente como es la del mundo de los Colleges británicos. Tan herméticos, elitistas y cuyas leyendas y costumbres ancestrales han perdurado hasta nuestros días. Este es un terreno que Innes conoce a la perfección, es más, probablemente algún pasaje esté basado en alguna anécdota que le hayan contado o de la que haya participado. Es aquí, en este ámbito universitario, donde Innes da rienda suelta a su particular sentido del humor, burlesco y ligeramente crítico, dejando por los suelos a los eruditos con sus manías. Este es uno de los aspectos que más me ha gustado de la novela, esa capacidad para hacer reír sin caer en las bromas de mal gusto, siempre con un estilo refinado e inteligente que tanto admiro de la literatura británica.

En este cuarto y último párrafo, como en cada reseña que publicamos en el blog, me gustaría plantear y compartir con todos vosotros las reflexiones y pensamientos que esta lectura, Muerte en la Rectoría me ha sugerido. Ya he hablado un poco al principio de esas actitudes negativas que esconde la institución universitaria en su conjunto, y de como algunas de ellas, se siguen prolongando hasta nuestros días. Sin embargo, y aunque podría seguir hablando de este tema tan apasionante, he preferido centrarme en un pensamiento y una opinión que surgió gracias a un detalle que se muestra en este libro concretamente. Como bien sabréis, la universidad está plagada de genios, de intelectuales, de eruditos, de expertos mundiales en algún aspecto más o menos concreto de una rama específica del conocimiento. El mundo académico es así y la literatura, como bien muestra Muerte en la Rectoría, ha contribuido a estereotipar la figura del catedrático o del profesor universitario. En los libros, salvo raras excepciones, estos personajes aparecen como personas retraídas, bichos raros, con aficiones excéntricas, encerrados en despachos, rodeados de libros que se amontonan hasta en los lugares más insospechados y cuyas habilidades sociales son muy limitadas. Son como un animal al que si lo sacas de su ecosistema, no sabe como actuar ni como desenvolverse. En parte, y lo creo sinceramente, esa idea y visión del académico es cierta. De hecho, durante mi etapa universitaria he conocido más de un caso. Profesores con problemas para comunicarse con el alumno, profesores con el despacho infestado de libros, o incluso, quienes tienen sobre la mesa de trabajo, a modo de pisapapeles, útiles prehistóricos. En fin, haberlos los hay, como en todos los lados. Sin embargo, y tras leer Muerte en la Rectoría, he llegado a la conclusión de que esta tradicional visión del académico es interesada. Tal vez, y que conste que es una reflexión, la sociedad o el poder más concretamente, ha contribuido a conformar este estereotipo. ¿La razón? No interesa que lo académico resulte interesante. No obstante, hay una diferencia abismal, pues, los expertos en medicina, ciencias puras o ingeniería son los mejor valorados, en parte porque su imagen se ha revitalizado gracias a ilustres personajes y alguna que otra serie de televisión. En cambio, y esto es muy alarmante, el trabajo académico dentro de las humanidades es el menos valorado, sólo salta a los medios cuando hay un descubrimiento arqueológico o cuando se va a inaugurar una exposición de arte. Labores como por ejemplo, la del historiador experto en historia contemporánea, se ve diezmada por el intrusismo de ciertos periodistas mediáticos, los cuales, en muchos casos, carecen de las herramientas y del conocimiento necesarios. Lo que quiero decir, y con esto pongo punto y final a esta reflexión, es que ya sea de ciencias, de letras, de enseñanzas artísticas o de cualquier otra rama del conocimiento, hay que valorar el trabajo de los académicos, pues, gracias a ellos, nuestra percepción del mundo es cada vez más amplia y completa. Muerte en la Rectoría: una historia de humor, misterio, crimen, sospechas, estudiosos, alumnos aventajados, collages elitistas...Una novela policíaca al más puro estilo british.

Frases o párrafos favoritos:

"Y atemperadas como si anunciaran un réquiem por lo que sucedía dentro de sus muros, sonó por todo el college y la ciudad la milenaria melodía de las campanas de vísperas."

Película/Canción: hasta el momento no parecen haber noticias de una posible adaptación televisiva o cinematográfica. Por ello, os adjunto la pieza de BSO que me ha estado acompañando durante la redacción de esta reseña. Una pieza del todo inspiradora y acertada.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela