Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
Mostrando entradas con la etiqueta Sudáfrica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sudáfrica. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de diciembre de 2019

RESEÑA: Cosas que no quiero saber.

COSAS QUE NO QUIERO SABER

Título: Cosas que no quiero saber.

Autora: Deborah Levy (Johannesburgo, 1959) es novelista, dramaturga y poeta británica. Es autora de seis novelas: Beautiful Mutants (1986), Swallowing Geography (1993), The Unloved (1994), Billy Girl (1996), Nadando a casa (2015), y Leche caliente (2018). Nadando a la casa fue finalista del Man Brooker Prize y del Jewish Quarterly Wingate Prize en 2012, y Leche caliente fue seleccionada para el Man Booker Prize y el Goldsmiths Prize en 2016. Deborah Levy es también autora de una colección de cuentos, Black Vodka (2013), finalista del BBC International Short Story Award y del Frank O´Connor International Short Story. Ha escrito para la Royal Shakespeare Company y para la BBC. Cosas que no quiero saber es la primera parte de su "autobiografía en construcción", seguida por El coste de vivir. Cerrará este tríptico un último volumen de próxima publicación.


Editorial: Literatura Random House.

Idioma: inglés.

Traductora: Cruz Rodríguez Juiz.

Sinopsis: Deborah Levy arranca estas memorias recordando la etapa de su vida en que rompía a llorar cuando subía unas escaleras mecánicas. Ese movimiento inocuo la llevaba a rincones de su memoria a los que no quería volver. Son esos recuerdos los que forman Cosas que no quiero saber, el inicio de su "autobiografía en construcción". Esta primera parte de lo que será un tríptico sobre la condición de ser mujer nace como respuesta al ensayo "Por qué escribo", de George Orwell. Sin embargo, Levy no viene a dar respuestas. Viene a abrir interrogantes que deja flotando en una atmósfera formada por toda la fuerza poética de su escritura. Su magia no es otra que la de las conexiones impredecibles de la memoria: el primer mordisco a un albaricoque la traslada a la salida de sus hijos de la escuela, observando a las otras madres, "jóvenes convertidas en sombras de lo que habían sido"; el llanto de una mujer le devuelve la nieve cayendo sobre su padre en el Johannesburgo del apartheid, poco antes de ser encarcelado; el olor del curry la lleva a su adolescencia en Londres, escribiendo en servilletas de bares y soñando con una habitación propia. Leer a Levy es querer entrar en sus recuerdos y dejarse llevar por la calma y el aplomo de quien ha aprendido todo lo que sabe (y todo lo que no querría saber) a fuerza de buscar su propia voz.

Su lectura me ha parecido:

   Ágil, breve, visual, con un lenguaje para nada complejo pero capaz de hacernos reflexionar, autobiográfico, personal, abierta, oportuna para quienes quieran ganarse la vida con la escritura (especialmente las mujeres), necesario para su autora, con un punto catártico, fugaz testimonio de una época... En un panorama literario como el actual, plagado de autoficción sin duda fomentada por la imperante cultura del "yoismo", es de agradecer que, de vez en cuando, aparezcan libros en los que no se combinen hechos reales con invenciones de la escritora o escritor de turno y que aporten un poco de aire fresco a un mercado cada vez más saturado de personalismos innecesarios. Sé que es simplificar demasiado este popular género, pero son muchos años reseñando historias en las que no sabes si lo que se está contando es cierto o no, y aunque he de reconocer que puede funcionar en ciertos géneros como el terror, la novela social o los que tengan pinceladas de crónica periodística, nadie puede negarme que ante esta marabunta de títulos el lector corra despavorido. Como Indiana Jones escapando de la gran bola de piedra en a primera entrega de la saga. Sin embargo, como acabo de comentar, no todo es autoficción, y es de buenos ser agradecidos cuando de pronto llega a nuestras manos un libro que, en medio del fenómeno de turno, se eleva rompiendo costuras y definiéndose como "autobiografía en construcción". El término, como habréis comprobado, no tiene mucho misterio. Aún así, la combinación de ambas palabras - "autobiografía", es decir, episodios reales de la vida de la persona que escribe y "construcción", lo que viene a significar que dicho texto jamás estará completo - son el resultado de una intención, un debate o tal vez del inicio de un nuevo género literario. Es todavía muy pronto para ponernos a divagar o a lanzar argumentos que respalden esta teoría, por lo que de momento, lo que una servidora va a hacer es centrarse y sacarle el máximo partido a este fenómeno editorial incluido, ya era hora, dentro de lo que podríamos denominar como "no ficción" a pesar de que su autora, de la que hablaremos largo y tendido, ha navegado por las relativamente calmadas aguas de la novela y el relato. Cosas que no quiero saber: apartheid, Mallorca y George Orwell como vertebradores de la primera memoria.


Deborah Levy - autora de la presente "autobiografía en construcción" - es una de las escritoras más presentes en el panorama literario actual. De la escasa información que se desprende de una de las solapas interiores del presente libro, destacaríamos su polifacético talento - el cual le ha llevado a escribir tanto novela, teatro así como relato - la cantidad de premios que ha ganado a lo largo de su carrera - entre ellos el prestigioso Man Booker Prize - y que ha escrito para nada más y nada menos que para la Royal Shakespeare Company y para la BBC. Sin duda, todo un señor currículum. No obstante, y como cabía de esperar, Deborah Levy no es sólo esa brevísima reseña, sino que como todo ser humano, lleva una mochila de vida y experiencia cargada sobre sus hombros, la cual, ha creído conveniente narrar a través de sus peculiares memorias. Y resalto lo de "peculiares" porque, al contrario de lo que habitualmente asociamos con el género biográfico (tochos importantes, encuadernación de tapa dura y con un estilo terriblemente farragoso) esta primera entrega titulada Cosas que no quiero saber sólo tiene 136 páginas. Sí, habéis leído bien, 136 páginas en las que Levy aborda algunos episodios de su vida en clave íntima, intelectual y en relación con su trabajo como escritora. ¿Son 136 un número demasiado escaso de páginas? En este caso, y al contrario de lo que he podido ir husmeando por internet, para nada. La razón debemos encontrarla tanto en el planteamiento de esta biografía en construcción, que como bien hemos dicho presuponemos que habrán en total tres volúmenes, y por supuesto en que Deborah Levy, a pesar de su trayectoria, no pretende hacer de sus memorias un tratado, ni poner su vida a la altura de los grandes e ilustres personajes de la historia. En ese sentido, y es de agradecer, Levy es más humilde. A lo que, por otro lado, cabría añadir que es muy probable que, a pesar de que estas memorias estén planteadas en tres libros, Levy sienta la necesidad de escribir un ejemplar más. De no ser así ¿qué sentido tendría el término "en construcción"?


   Planteada como un tríptico sobre la condición de la mujer - a la par que una aproximación a la figura de la autora - Levy inicia estas memorias respondiendo al mismísimo George Orwell en su conocido ensayo Por qué escribo. Una replica algo pretenciosa pero que, sin duda, todos los que escribimos hemos querido redactar. ¿Por qué escribo? Esa es la pregunta que Levy se hace a sí misma y al mismo tiempo sirve como punto de partida para lo que el lector va a leer a continuación. Articulada a partir de los cuatro motivos que el escritor británico de origen indio desgrana en el citado ensayo, Levy divide esta primera parte de sus memorias en cuarto partes, o lo que es lo mismo, en cuatro motivos que la han llevado a escribir a saber: puro egoísmo, entusiasmo estético, impulso histórico y propósito político. Siendo cada uno de ellos el paraguas bajo el cual se narrarán algunos episodios de su vida. En "Puro egoísmo", viajamos a Mallorca, lugar que Levy escoge como lugar de retiro temporal para buscar un respiro ya que, como ella dice, sigue llorando mientras sube las escaleras mecánicas. A priori parece una frivolidad, una tontería, pero si nos paramos a pensar detenidamente en este episodio real inevitablemente se nos vienen a la cabeza esos momentos en los que nos hemos sorprendido llorando en el lugar más insospechado. Sin ir más lejos, ayer, mientras veía una obra de un festival de navidad extraescolar no pude evitar soltar una lagrima. Y eso que no conocía a ninguna de las niñas y niños que actuaban en ella. Si la memoria no me falla también he llorado en trayectos de tren, en viajes en bus, en el baño de la facultad, alguna noche mientras intentaba dormirme y estoy convencida que estas navidades no voy a poder esquivarlas. El que se acabe una década me excita y me pone triste al mismo tiempo. Sobre todo porque cumplo veintisiete, el carnet de la biblioteca de humanidades va a caducar, soy incapaz de acabar lo que escribo y siento que los esfuerzos no son siempre sinónimo de recompensas. No lloré cuando leí este episodio de Deborah Levy, pero sí la entendí. En él también se nos habla de lo que ella denomina "suburbio de la feminidad", sobre los problemas de la maternidad y reflexiona entorno a si las mujeres deberían - parafraseando a un director polaco que aconseja a uno de sus alumnos - no hablar más alto sino con el derecho a expresar un deseo. ¿Cuántas veces se me ha aconsejado que no hable tan alto? ¿Cuántas veces me han mandado callar justo cuando estaba dando mi opinión o disculpándome por algo que había hecho mal? ¿Cuántas han sido las ocasiones en las que he tenido que hablar más alto para que se me escuchase entre un grupo de gente? Y por último ¿cuántas veces he expresado un deseo? Últimamente pocas.

   En "Impulso histórico" - mi parte favorita - Levy regresa a su infancia en la Sudáfrica del Apartheid. Una sociedad segregada en la que de pequeña es testigo de la detención de su padre por ser miembro del ANC (al cual perteneció también Nelson Mandela y que abogaba por otorgar el voto a los africanos negros y mestizos, además de acabar con el sistema de discriminación y que otorgaba el poder exclusivamente a la minoría blanca). Durante estas páginas, las más memorables, conocemos a Melissa, la responsable de otorgarle a Levy la confianza suficiente para hacer algo tan sencillo como hablar, simplemente hablar, trasladar las palabras que escribía en sus cuadernos en sonidos fonéticos para así expresar sus inquietudes y verdaderas opiniones. Según la autora este es el "impulso histórico" que le lanzó de lleno a la escritura, y no, como cabría esperar, los acontecimientos históricos que rodearon a esta historia de amistad. Seguidamente, en "Puro egoísmo", Levy nos traslada al Londres de su adolescencia, en plena efervescencia política y cultural, un Londres gris en el que, sin embargo, la autora experimenta su etapa más prolífera en cuanto a sesiones de creación literaria y habito lector. Particularmente emotivo es el momento en el que nos cuenta como el Curry es el olor con el que asociará siempre a dicha ciudad y como escribía hasta en servilletas de papel mientras soñaba con tener, como Virginia Woolf, su cuarto propio. Ahí no he podido, una vez más, sentirme identificada con esa vitalidad creativa de los 15 años y con esa constancia que hoy se me antoja demasiado lejana. Por aquel entonces me sentaba, enchufaba el ordenador y no me levantaba hasta que no hubiese escrito un numero considerable de páginas. Luego la historia no valía un pimiento, pero yo me sentía bien haciéndolo, como si rellenase de dicha un hueco importante en mi cerebro. No ansiaba un cuarto propio, ni siquiera sabía de la existencia de Woolf, pero sí comprensión, apoyo y algo de tranquilidad. Actualmente el bache es importante, tanto que a veces pienso en tirar la toalla, pero supongo que todo se reduce a etapas vitales y que hay que superarlas de la mejor forma posible. Tanto si existe la fórmula mágica como si no.

   Por último en "Entusiasmo estético" viajamos de nuevo a Mallorca - símbolo del autoconocimiento y la necesaria desconexión - para que el lector observe como, la mujer que paseaba su tristeza por centros comerciales atestados de gente, hoy se ha fortalecido a medida que ha ido asimilando vivencias y experiencias de su vida privada que antes prefería no contar, no compartir, no saber. Al final, además de una breve autobiografía narrada con una prosa muy especial, lo que nos queda es una investigación, la experimentación  y la constatación de como cuando tomamos decisiones que rompen con lo que hemos sido, o lo que hemos vivido. Cuando mandamos a tomar por saco todos esos trabajos, las comodidades y esas personas que ya no nos proporcionan la misma felicidad que antes. Cuando arriesgamos, nos movemos fuera de nuestra aérea de confort o cuando decidimos de la noche a la mañana cambiar de vida nos asaltan inquietudes, preguntas e inseguridades extrañas y nuevas. Es entonces cuando, paradójicamente, nos sentimos más cerca de la mujer que llora en las escaleras mecánicas que de cualquier otra mujer a su alrededor. No sé si esta "autobiografía en construcción" trascenderá como sí lo han hecho otros textos similares (como el Mientras escribo de Stephen King o Vivir para contarla de Gabriel García Márquez) de lo que sí estoy segura es de que este volumen llegó en el momento más propicio para salvarme, una vez más, de los nubarrones y los truenos llamados inseguridad. La literatura no cura, pero sí nos abraza en momentos de incertidumbre.

  Cosas que no quiero saber: una historia de autoconciencia, autodescubrimiento, memoria, coraje, verdad, literatura, escritura, impulsos, egoísmos, estética, entusiasmo, pasión, flaqueza... El inicio del viaje de una escritora en el momento más álgido de su carrera.  

Frases o párrafos favoritos:

“No alcanzaba a oírla, pero sabía que sus palabras tenían que ver con decir las cosas en voz alta, admitir las cosas que deseaba, estar en el mundo y no dejarme vencer por él”.

¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 2 de junio de 2016

RESEÑA: El Hobbit

EL HOBBIT


Título: El Hobbit. 

Autor: J.R.R Tolkien (1892-1973), nacido en Sudáfrica, amigo íntimo del también escritor C. S. Lewis, participó en la I Guerra Mundial. Destacó como filólogo especialista en inglés medieval, así como en el campo de la enseñanza en la Universidad de Oxford entre 1925 y 1959 y en el institucional como vicepresidente de la Phisicological Society of Literature. No obstante, fue en el ámbito de la creación literaria donde su nombre acabó inscribiéndose en letras de oro, en él, demostró la sorprendente vigencia de la epopeya medieval como vehículo narrativo. Tarea de toda una vida, Tolkien es autor de El Silmarillon, El Hobbit y El Señor de los Anillos entre otros textos. En los cuales asentó una importante base literaria, creando sin quererlo escuela y sirviendo de inspiración a generaciones de escritores de novela fantástica.


Editorial: Minotauro.

Idioma: inglés.

Traductor: Manuel Figueroa.

Sinopsis: los hobbits son un pueblo pacífico. Aman, por encima de todo, la tranquilidad, los encantos de la naturaleza, la vida contemplativa, los placeres sencillos: comer bien, fumar en pipa, no dar golpe ni siquiera, por supuesto, en una pelea. Entre los hobbits, sin embargo, hay un garbanzo negro. No lo sabe ni siquiera él mismo, pero por sus venas circulan unas gotas de sangre aventurera y eso le va a convertir en un héroe...y en la vergüenza nacional del pueblo de los hobbits. El muchacho se llama Bilbo y, para él, todo empezó cuando el mago Gandalf lo eligió para que acompañase a los enanos y los capitaneara en la gran empresa de recuperar el tesoro que el dragón Snaug les había arrebatado, después de arrasar su ciudad y matar a casi todos sus habitantes. Bilbo no tiene más remedio que lanzarse a la arriesgada aventura, cruzar tierras solitarias, superar infinidad de pruebas, enfrentarse al temido Snaug, combatir con lobos y trasgos....

Su lectura me ha parecido: didáctica, recreadora, descriptiva, interesante, épica, poética, irónica, actual, sorprendentemente profunda...Queridos lectores y lectoras, hubo un tiempo, no muy lejano, en el que surgieron, como por arte de magia, nunca mejor dicho, y al mismo tiempo casi, dos fenómenos que impulsados por el cine, arrasaron absolutamente, creando ejércitos de fans en todo el mundo. Estos dos fenómenos tienen mucho que ver, por un lado por el universo de J.K. Rowling y el otro por el legado de J.R.R. Tolkien. La generación a la que me estoy refiriendo, a la cual pertenece una servidora, se vio inevitablemente envuelta por el aura de las dos corrientes, una más relacionada con los magos y la otra con un sello propio con influencias de la mitología y la literatura nórdica. Sin embargo, a fin de cuentas, ambos procedentes de lo que hoy llamamos fantasía o novela fantástica. En lo que respecta a mi experiencia, he de reconocer que me tiré por el fenómeno Harry Potter, sin embargo, y tras haberme adentrado en la lectura del libro que hoy tengo el honor de reseñar, me asalta la misma inquietud que cuando reseñé la primera entrega del niño mago, pues, alrededor suyo, del universo Tolkien, se ha creado un gran aparato de márketing impresionante. Es más, me atrevería a decir que la literatura de este autor, junto con las películas y demás productos, es una de las más admiradas por los que hoy por hoy denominamos "frikis" y que ahora están menos marginados que nunca, pues se ha convertido en moda. No obstante, desde la más absoluta sinceridad, pienso que al ser un libro más antiguo, con mucha más carga de profundidad y menos simple, ha merecido en parte la pena que se reivindique o se haya elevado la obra de Tolkien al podio de los grandes. En definitiva, sin quererlo, se ha contribuido a que un autor tan singular no caiga en el olvido, como si lo hicieron otros escritores de su generación. Si Tolkien levantase la cabeza, no sabemos que opinión tendría de todo eso, lo que si sabemos es que en un espacio de crítica y opinión no debía faltar una de sus obras clave, El Hobbit: una guía didáctica con contenido y belleza.


La historia de como El Hobbit acabó en la mesita de noche por unas cuantas semanas es bien interesante. La verdad, como ya he comentado en la introducción y más de una vez, no fui de las que se inclinó en aquellos momentos de euforia por la fantasía, por Tolkien, sino que me atrajo más Harry Potter, aunque he de confesar que los libros los leí posteriormente del visionado de las películas. Sin embargo, si recuerdo que en mi clase si que había, sobretodo chicos, a los que les gustaba todo lo que tuviese que ver con Tolkien. Aquella fue la época del reedescubrimiento de El Señor de los Anillos gracias a las ya clásicas películas de Peter Jackson, por lo que no era de extrañar que a lo largo de todo este tiempo haya conocido a amantes de dicha franquicia, incluyendo a mi pareja, al que le apasiona la literatura de Tolkien desde que era un niño. Fue con él con quién descubrí años más tarde El Hobbit a través de las tres entregas de la trilogía estrenadas no hace mucho tiempo en el cine, pero también, la peculiaridad de un autor al que por repulsa injustificada en un principio, pero sobretodo por pereza y miedo, no había logrado hacerme el animo con alguno de sus más afamados libros. También hay que añadir que una servidora no ha sido una asidua lectora de novela fantástica salvo honrosas excepciones, lo que resulto contraproducente a la hora de adentrarme en novelas del género. Sin embargo, y aunque no las tenía todas conmigo, accedí a leerme éste libro en concreto, El Hobbit, básicamente porque era el menos voluminoso y porque creía que sería la lectura con la que una completa ignorante en el tema podía iniciarse. El resultado: sorpresas, pero también la certeza de que acababa de leer al padre de miles de libros de literatura fantástica que posteriormente vendrían.


En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que El Hobbit es una lectura ágil, entretenida y fresca, lo cual no dejará nunca de sorprenderme, pues, ha pasado mucho tiempo desde su publicación y sin embargo, parece como si se hubiese escrito en la actualidad. Además de eso, hay que destacar dentro de este apartado que el libro sorprendende, y mucho, en el sentido de su profundidad literaria. Sinceramente y llevada por las inseguridades del principio, creía que iba a ser todo lo contrario, una lectura pesada y tediosa, algo que no sucedió y que sin duda, acabó quitándome de un golpe todos los prejuicios que en su día pude tener con esta lectura. Eso si, lo que es importante señalar es que El Hobbit es una lectura, aunque correcta en cuanto a ritmo narrativo, demasiado recreadora para mi gusto, sobretodo en lo que respecta a las descripciones de los paisajes y los accidentes naturales, es bonito, si, pero no deja de ser muy repetitivo en algunas ocasiones. De todas formas es mejor que el autor haya decidido extender su narración más de la cuenta en describir una cordillera que las batallas, las cuales, en las películas se hacían extremadamente interminables, tanto que podían llegar hasta ser tediosas. Por otro lado, cabe resaltar, y eso hay que hacerlo, la brillantez imaginación del autor, en serio, el mérito es enorme en todos los sentidos: la construcción de los personajes, los entornos, la lengua...Es un inabarcable universo proveniente de seguro de una mente muy inteligente e instruida. Relacionado con ello, es imprescindible destacar que lo que de seguro hace inmortal esta novela no sólo es su riqueza literaria, también el hecho de que en ella se visualicen a la perfección temas tan importantes de la historia de la literatura como el honor, el poder, la amistad, la avaricia o la lealtad. Temas repetidos a la saciedad, pero que en El Hobbit adquieren una dimensión interesante. Finalmente, observar que esta novela presenta un marcado carácter didáctico y cercano, durante su lectura tienes la sensación de que alguien te guía a través de la historia y que te va enseñando los valores antes nombrados de una forma cuasi instructiva. Por ello, una servidora piensa que El Hobbit podría usarse perfectamente como primera lectura adulta-juvenil para leer durante la adolescencia, es más, me atrevería a recomendarlo a todos aquellos que no sean muy asiduos a la lectura, de seguro que le cogen el gustillo gracias a esta novela.


Para dar por finalizada esta reseña, me gustaría como no, plantear la pertinente reflexión al respecto de la novela que hoy nos ocupa, la cual en esta ocasión, teniendo en cuenta que se trata de El Hobbit, puede ser muy extensa. Como ya os he mencionado varias veces, el libro presenta una extraordinaria profundidad abordando temas de gran calado universa, de los cuales, cada uno merecería una sola reflexión. Por ello, y por no hacerlo muy extenso, he decidido simplificar un poco este apartado centrándome en otra inquietud que suscitó en mi la lectura de esta novela. Al igual que comenté en otras reseñas, estamos acostumbrados a vivir en una sociedad dominada por el tiempo, las prisas, las obligaciones, pero sobretodo por una imperante visión realista. Es decir, demasiado simple, segura, que nos ata los pies a la tierra, sin posibilidad a penas de realizar algo fuera de lo común, de dejarnos llevar, en fin, de dejar volar nuestra imaginación. Vivimos en una sociedad que deshecha, y además para más desgracia, se burla de quienes poseen ese don para ver las cosas de otra manera, de esas personas inconformistas, de esas que mantienen en su seno una creatividad a veces sin límites. La imaginación, y todo lo que ella conlleva, no se ve con buenos ojos, incluso llega hasta el desprecio más absoluto afirmando que quiénes tienen el privilegio de poseerla están locos. Por todo ello, desde aquí, animo a todos aquellos que de imaginación poseáis, que no pongáis impedimento a su natural desarrollo, que dejéis que ésta se alce por encima de todos aquellos ignorantes cuadriculados, por encima de los convencionalismos sociales, por encima "del que dirán", por encima de una sociedad cada vez más falta de sensibilidad y conciencia del gran potencial que puede llegar a tener la imaginación. Si a Tolkien, desde bien pequeño, le hubiesen cortado las alas, probablemente nos habríamos perdido toda una cultura literaria, pero también a un grandísimo escritor. Tal vez, dentro de unos años nazca o aparezca otro futuro escritor o escritora que nos haga soñar con mundos inventados pero tan reales como la vida misma, y tal vez, sólo tal vez, logre convencer a los ignorantes de que la fantasía, también puede obrar grandes milagros literarios. El Hobbit: una historia de aventuras, compañerismo, amistad, viaje, intereses, codicia, belleza...El libro que, sin duda, ha cambiado mi forma de leer novela fantástica.

Frases o párrafos favoritos: 

"Ahora bien, parece extraño, pero las cosas que es bueno tener y los días se pasan de modo agradable se cuentan muy pronto, y no se les presta demasiada atención; en cambio, las cosas que son incómodas, estremecedoras, y aún horribles, pueden hacer un buen relato, y además lleva tiempo contarlas."

Película/Canción: en el año 1977 se estrenó en la cadena de televisión estadounidense de la NBC una versión fílmica de dibujos animados, sin embargo, el éxito vino cuando se estrenó la famosa trilogía protagonizada por Martin Freeman, Ian McKellen, Aidan Turner, Richard Armitage, Orlando Bloom, Cate Blanchett y Benedicht Cumberbatch entre otros. Como de seguro que muchos habréis visto las tres entregas, me he decantado por adjuntaros una de las piezas de la banda sonora, la cual, es muy inspiradora:

¡Un saludo y a seguir leyendo!