Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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miércoles, 9 de febrero de 2022

RESEÑA: Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia.

 TRÍO. DOS AMIGAS, UN HOMBRE Y LA PESTE EN SICILIA


Título: Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia. 

Autora: Dacia Maraini (1936) es una de las grandes voces femeninas de la literatura italiana contemporánea. Nacida en Fiesole (Florencia), se trasladó con toda su familia y tan solo dos años de edad a Japón, donde, tras la alianza del país nipón con las fuerzas de Mussolini, vivió la experiencia del campo de concentración. Una vez regresada a Italia, se estableció antes en Sicilia y luego en Roma, donde ligó muy pronto su vida a la literatura y comenzó a publicar sus primeras novelas y obras teatrales. Los años rotos (1963), Isolina (1980), La larga vida de Marianna Ucrìa (1990) y El tren de la última noche (2008) son algunas de sus novelas más importantes. Ganadora de los premios Formentor (1963) Campiello (1990) y Strega (1999), muchas de sus obras se consideran fundamentales en la historia del feminismo italiano y europeo, y han sido adaptadas al cine y traducidas a numerosas lenguas. Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia, escrito durante el confinamiento del año 2020, es su última novela. 


Editorial: Altamarea. 

Idioma original: italiano. 

Traductora: Raquel Olcoz

Sinopsis: Sicilia, 1743. La peste diezma la población de la ciudad de Messina. Desde el forzoso confinamiento impuesto por la epidemia, dos mujeres - dos amigas - se intercambian cartas. En ellas hablan del tiempo que pasa despacio, del miedo al contagio, de la vida amenazada por una enfermedad ciega e imprevisible y, sobre todo, de amor; del amor que las une al mismo hombre, marido de Agata y amante de Annuzza. En esta intensa novela epistolar - con la que Maraini regresa a la ficción histórica que la consagró como una de las más influyentes autoras del siglo XX - amistad y amor se entrelazan en un delicado equilibrio que ampara de la voraz llama de los celos y de las convenciones sociales la inquebrantable relación que liga a las dos mujeres y no conoce egoísmo ni exclusividad. En esta delicada obra, impregnada de los aromas y de los colores de una Sicilia tan lejana en el tiempo y a la vez tan cercana al presente, Dacia Maraini nos cuenta qué puede salvarnos cuando fuera todo se derrumbaba. 

Su lectura me ha parecido: tierna, cálida, triste, sensible, delicada, sólida, expresionista en sus retratos sobre la peste, clásica en cuanto al formato escogido, con la mirada puesta en el presente más inmediato... En tiempos de confinamiento, cuando una simple vuelta a la manzana se convirtió en nuestro deseo más anhelado, cuando redescubrimos ese lugar al que llamamos casa o cuando aprendimos a valorar los pequeños actos cotidianos, incluyendo esas miradas, saludos o besos al aire entre el pasillo de la fruta y el de los lácteos ya se barruntaba. Y es que, como bien pronosticaron algunos escritores, editores y demás profesionales sobre los que pivota la industria del libro, en pocos meses se sucedió toda una hornada de textos que tenían la pandemia del Coronavirus como telón de fondo. Ya sea desde una perspectiva más ensayística - por el momento, los que más abundan - o ahondando más en el poder de la ficción para retratar lo acontecido durante aquellos meses de encierro. Nada como el diario - sin duda, el formato que parece responder estilísticamente a las exigencias de este tipo de relatos - periodístico o personal, tanto da, para plasmar lo que sucedía cada día, cada hora, cada momento de un acontecimiento histórico global como hacía tiempo que no sucedía. Los Anna Frank, Franz Kafka, Susan Sontag, Marguerite Duras de 2022, salvando muchísimas distancias claro está, pero mismo espíritu creador, cronista o de desahogo, según el caso. En lo único que se equivocaron aquellos que se atrevieron a reflexionar entorno a las relaciones entre Covid y literatura fue en señalar que el esperado aluvión sería inmediato e ingente, algo que a todas luces no se está cumpliendo. Tal vez la herida está demasiado reciente y conviene cicatrizar, reflexionar y encontrar las palabras adecuadas. No es fácil rememorar el torrente de emociones vivido durante aquellos meses. Puede que ni siquiera tengan ganas. Son seres humanos ante todo. No obstante, entre todo lo que sí se ha publicado que gira al rededor de esta nueva normalidad a la que parece que nos hemos acostumbrado demasiado rápido, hay una novela que brilla con luz propia entre las tinieblas de otra epidemia - la de la peste - y que es capaz de emocionar al lector a partir de un ejercicio clásico - o neoclásico, como prefiráis llamarlo - enormemente inteligente. Desde el pasado, desde un formato tristemente en desuso, desde el género histórico (ahora mismo inmerso en una necesaria renovación), pero con un pie en el presente, en el de esa Italia vacía de sus gentes, confinada, sin el eco de los pasos que caminan hacia adelante, sin ningún rumbo concreto, sin esos ojos que se alzan abrumados al cielo, sin esas voces retumbando a la vuelta de la esquina. Solo el silencio, el viento y los ojos tras el cristal. Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia: narrar el pasado para aprender el presente. 


Dacia Maraini lleva décadas plasmando historias amargas, transversales, universales. Todas ellas atravesadas por la crítica social y un feminismo del que muchas y muchos deberíamos aprender, tanto quienes quieren dedicarse a la escritura como los que simplemente buscan ampliar sus inquietudes políticas y literarias. Por lo que no iba a ser menos en su particular e indirecto retrato de la pandemia del Covid. Y es que son varios los aciertos que podemos destacar de Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia. El primero de ellos, el que salta la vista nada más iniciar su lectura, su capacidad de dialogar con los lectores de la década del 2020 - y los sucesivos años en los que nos hemos visto obligados a convivir con el virus - desde la Messina de 1743. Como bien nos expone la autora en el necesario prólogo, la idea de escribir el presente texto le vino mientras se documentaba para la escritura de una de sus obras cumbres, La larga vida de Marianna Ucría, al leer sobre lo acontecido durante la peste en dicha ciudad siciliana. En aquel momento, como nos confiesa, no le pareció que aquel acontecimiento tuviese interés para la historia que pretendía escribir y lo desechó. Sin embargo, en cuanto el Covid llegó a tierras italianas, Maraini comenzó a apreciar similitudes entre las crónicas que en su día leyó sobre los métodos para evitar el contagio por peste bubónica y las decisiones que el gobierno italiano estaba tomando al respecto de aquel primer contagiado en Codogno. Todo ello, junto con el bagaje obtenido sobre la historia del siglo XVIII italiano decidió ponerse manos a la obra y escribir la novela que hoy vuelvo a tener en mis manos. Resulta fascinante observar como a los barcos que llegaban a las costas sicilianas se les ponía en cuarentena - palabra que hoy nos es bastante conocida - si existían sospechas de que pudieran portar cualquier tipo de enfermedad o como tras el fallecimiento de un capitán de uno de ellos - cuyo cuerpo estaba lleno de pústulas - las autoridades decidieron poner a la embarcación bajo secuestro. Algo que resultó insuficiente, ya que al poco tiempo la gente de Messina comenzó a enfermar. Al poco tiempo la situación se les había ido de las manos, hasta el punto de que la gente comenzó a escapar al campo y el pánico cundió por toda la isla. ¿Nos suena verdad? Cierto es que durante la epidemia de peste no se conocían los virus, pero los remedios que las autoridades aplicaron sobre la ciudad no distaron mucho de los que aplicaron en los primeros meses de 2020: aislamiento de los enfermos, prohibir eventos multitudinarios y confinamientos preventivos. Si por aquel entonces los culpables eran los pecadores que habían permitido que la ira de Dios cayese sobre los mortales, hoy es el cambio climático, aunque hubo un tiempo en el que se miró con cierto odio a China. Y aunque no quemamos barcos o cadáveres en las playas, sí que hubieron quienes no pudieron ni siquiera despedirse de sus seres queridos. Como muchos de aquellos sicilianos que, recluidos en sus casas, trataban de esquivar la enfermedad. Pasado y presente dialogan, al igual que las emociones - sorprendentemente intactas - las cuales se manifiestan a un lado y al otro de la línea espacio-temporal, algo que Dacia Maraini quiso dejar bien claro en 95 páginas en los que una no puede evitar verse reflejada.


Además de esta acertadísima decisión de fondo, en segundo lugar no podemos menospreciar lo visual, el envoltorio, la forma escogida para transmitirnos, más allá de la psique y forma de ser de las dos protagonistas, aquellas emociones que, como ya he comentado en el anterior párrafo, todas y todos hemos experimentado durante el encierro. Para ello, Maraini escoge el género más olvidado, el epistolar, perfecto si quieres ambientar la novela en el siglo XVIII, crucial para obtener esa empatía espacio-temporal con el lector actual. Y es que, aunque los seres humanos nos hayamos pasado al correo electrónico y aunque a día de hoy existen generaciones que jamás han visto o escrito una carta (lo cual me parece triste), ¿qué mejor soporte donde volcar anécdotas, sentimientos o preocupaciones que una carta escrita con puño y letra? La implicación del lector es total, ya que la naturalidad y lo visceral quedan retratados en su más magistral crudeza. En tercer y último lugar, dentro del clasicismo estilístico, Dacia Maraini apuntala los pilares de una historia de amistad y de amor realmente moderna. Pues, a través de una relación epistolar conocemos la historia de dos mujeres, Agata y Annuzza, obligadas a permanecer separadas por culpa de la epidemia de peste. Mientras la primera trata de protegerse en una villa próxima a Messina, la segunda hace lo propio en un pueblo cercano a Palermo, ciudad en la que están subiendo los contagios de forma alarmante. Ambas, amigas y confidentes, intercambian sensaciones, pareceres, opiniones sobre sus lecturas - de las cuales se desprende cierto laicismo intelectual - sus inquietudes respecto a la enfermedad, sus efectos, los rumores que surgen al rededor de la misma... Pero más allá de eso y, repito, en un contexto de confinamiento, lo que da cuerpo al relato es el amor que ambas mujeres sienten por Girolamo - marido de la primera, amante de la segunda - lo cual hace que ambas sellen un pacto sagrado: el de que esto no interferirá en su amistad. Entendiendo por ambas partes que lo mejor para él es que tenga lo mejor de los dos ambientes, el del calor de una familia y el de las aventuras amorosas fuera del hogar. Dicho de otra forma, "ser libre y permanecer atado" como bien se cita en la novela. Sabemos que el acuerdo es precario, que las probabilidades de que se venga abajo son altísimas, pero una no puede evitar sentir esa punzada en el estómago, ese deseo de que ese frágil y consentido triángulo amoroso perdure y sobreviva al estertor de la muerte. Este bellísimo equilibrio y acuerdo tácito al que llegan estas dos mujeres me parece emocionante, rompedor y, en cierto modo, muy adecuado en un contexto en el que andamos a vueltas con el poliamor u otras formas de vivir el amor - y por extensión las relaciones de pareja - que dejan atrás todo tipo de convencionalismo tradicional. De hecho, la relación de Agata y Annuzza es sólida, inquebrantable, ausente de celos, baluarte de una clara voluntad, la de mantener lo que tienen, aunque el mundo se acabe, aunque la enfermedad pueda llevárselos en cualquier momento, más allá de cualquier adversidad. Sobrevivir, sí, pero juntos, en ese triángulo - o trío - amoroso y de amistad que juntos han construido con las piedras más solidas de la cantera. Dacia Mararini, de nuevo, dándonos sabias lecciones, Liberándonos de prejuicios para abrazar nuevas posibilidades de amar que ya están ahí, latentes, esperando ser exploradas. 

Trío. Dos amigas, un hombre y la peste en Sicilia: una historia de amor, pasión, tristeza, peste, reclusión, confidencias, reflexión, admiración, amistad, deseo, fuerza, comprensión, robustez... De nuevo, una novela histórica marcando el camino a seguir. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Si es de verdad lo que deseas, te ayudaré. ¿Pero qué pasará si Girolamo se entera de que te has enamorado de otro? Temo que nos haría infelices tanto a ti como a mí. Tengo la impresión de ir en contra de toda ley moral diciéndote esto, pero estoy aquí para rogarte que no dejes de amar a mi marido, porque le haría sufrir y entonces él me haría sufrir a mí. Sé que nunca nos haría daño ni a ti, ni a mí, ni a nuestra hija, pero el sufrimiento es en sí un mal que, cuando te alcanza, se difunde también entre las personas que están a tu lado."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Altamarea

jueves, 14 de mayo de 2020

RESEÑA: Olga.

OLGA

Título: Olga. 

Autor: Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944) ejerce de juez y vive entre Bonn y Berlín. Su novela El lector fue saludada como un gran acontecimiento literario y ha obtenido numerosos galardones: el premio Hans Fallada de la ciudad de Neumuenster, el premio Welt, el premio italiano Grinzane Cavour, el premio francés Laure Bataillon y el premio Ehrengabe de Düsseldorf Heinrich Society. Después publicó un extraordinario libro de relatos, Amores en fuga. Otras de sus novelas importantes son El regreso, La justicia de Selb (en colaboración con Walter Popp), El engaño de Sleb, El fin de semana y Mentiras de verano. (Fuente: Editorial).


Editorial: Anagrama. 

Idioma: alemán. 

Traductor: Carles Andreu. 

Sinopsis: Olga nace en la parte este del imperio alemán a finales de siglo XIX, sobrevive a dos guerras mundiales y muere en extrañas circunstancias. Su vida, a caballo entre dos siglos, transcurre marcada por la historia. De familia pobre, es criada por su abuela tras la temprana desaparición de sus padres; más adelante se enamora de Herbert, un joven de clase social superior, cuya familia se opone a la relación. Deberán mantener su amor en clandestinidad y después la relación quedará marcada por la distancia, porque Herbert, llevado por el entusiasmo de las guerras coloniales de Bismark, decide alistarse en el ejército. Viajará a África y por América del Sur y mas tarde formará parte de una expedición polar, mientras Olga se queda en casa y le escribe cartas. La novela relata la vida de la protagonista en tres partes y desde tres ángulos complementarios: un narrador en tercera persona, un testimonio en primera - el de un joven que la conoce en los años cincuenta, cuando Olga plancha para su familia - y por último las cartas que la propia Olga le envió durante años a su amado, sin obtener respuesta. (Fuente: Editorial). 

Su lectura me ha parecido: elegante, intensa, con un tríptico narrativo que la ensalza, plagada de momentos que atrapan al lector, oscilante en sus emociones, envolvente, muy esperada... Cuando leí el libro que hoy vuelvo a tener entre mis manos me encontraba en unas circunstancias bastante diferentes a las actuales. En vez de estar encerrada - o semi confinada con la desescalada - a cal y canto, Bernhard Schlink se fue conmigo varias veces a la playa, fue testigo de mis baños de agua salada, se llenó de arena en un pequeño descuido, reposó sobre la ardiente toalla. Me acompañó en las noches de sudor previas al sueño más profundo, en los mediodías de aire acondicionado y telenovela de Antena 3, en las mañanas previas al chapuzón en el Mediterráneo. Recuerdo la fuerza con la que lo agarraba, como si quisiese que se me pegase algo del autor de El lector, como si de aquella forma lograse entrar aún más en una historia ya de por si fascinante. En pocos días había sido testigo de la evolución de un país, de su historia, de sus resplandecientes luces, de sus tenebrosas sombras y de como la vida de un personaje tan anecdótico acaba erigiéndose y resultando representativa de todo un siglo europeo. Nadie, ni siquiera aquella lluvia que nos sorprendió casi al final de mi estancia en dicho lugar, logró perturbar la más memorable de las lecturas. Al menos de las acontecidas en aquel lejano y añorado verano de 2019. Hoy, a las puertas de las vacaciones más extrañas y atípicas de la historia, no dejo de pensar en todo aquello. De ahí que quisiese recuperar la novela que, irremediablemente, he acabado asociando con un tiempo que jamás volverá. O al menos hasta que una vacuna nos haga salir de la "nueva normalidad". Un nombre de mujer - que paradójicamente jamás se me habría ocurrido para dar título a un libro - me evoca vivencias pasadas, consigue ahogarme en nostalgia, pero su luz también apacigua la larga espera. Olga: una mujer, la sombra de Bismark y unas cartas sin respuesta. 


Cuando tuve noticias de que Bernhard Schlink iba a publicar nueva novela, y en concreto esta novela, algo en mi cabeza me decía que debía regresar a él. Lo descubrí tiempo atrás, y al igual que muchas y muchos de vosotros, a través de una novela que no sólo me entusiasmó, sino que suscitó una serie de reflexiones entorno a la ética y la moral en relación a uno de los procesos judiciales más tristes y famosos de la historia. Hablamos por supuesto de los juicios de Núremberg, en los que se juzgaron a los principales dirigentes del régimen Nazi que habían sobrevivido a la guerra o no habían conseguido quitarse la vida previamente. Así como a toda una serie de cargos bajos e intermedios que contribuyeron al funcionamiento de la máquina del horror. Entre ellos algunas mujeres, la mayoría guardianas de algunos de los campos de concentración más mortíferos y en los que, al igual que sus compañeros hombres, no dudaron en mostrar su alto grado de crueldad humana. En medio de ese contexto - que no de dicho juicio -  de reparación y condena, Bernhard Schlink se inventa un personaje, el de Hanna Smichtz, una analfabeta a la que acusan de, no solo ser guardiana de un campo de concentración en Cracovia, también de ser la responsable de la muerte de más de 300 mujeres calcinadas en una iglesia en la que pasaban la noche cuando fueron evacuadas de dicho campo en 1944. Existe un informe que lo prueba, del cual niegan el resto de acusadas, señalando todas ellas a Hanna la responsable del mismo. Pero Hanna, no sabe leer y por tanto no sabe escribir. Es el chivo expiatorio, la que cargará con la culpa en beneficio del resto de ex guardianas. Todo esto, más la tórrida relación que le unió en el pasado al verdadero protagonista del libro - Michael Berg - convertido en un estudiante de derecho y futuro abogado, llevan al lector a emprender un interesante viaje a través de la Alemania de la reconstrucción - física y memorialística - post nazismo y a una trama en la que la los dilemas morales respecto a la responsabilidad o la culpabilidad chocan con un pasado de encuentros sexuales y literarios (Hanna siempre le pedía a Michael que le leyese) en los que el joven no tenía ni idea de quien se escondía bajo esa mujer atractiva y amable veinte años mayor que él. Un verano del amor frente al horror de la verdad. El lector - que así se titula dicho libro - tuvo gran impacto en mi formación lectora que hasta tiré de él para más de un trabajo durante la carrera, especialmente en lo que a memoria histórica se trataba. Por eso, y a pesar de que Bernhard Schlink ha publicado más novelas, ésta última a diferencia del resto me interesó básicamente porque pensaba que regresaría al Schlink de El lector aunque con otra protagonista, otras intenciones por parte del autor pero la misma sensación de estar leyendo algo que trascienda más allá de la palabra escrita. Y lo ha conseguido, vaya si lo ha hecho. 


Para empezar, es importante decir que Olga es un tríptico narrativo. Es decir, una historia narrada a partir de tres voces diferentes. A saber, un narrador omnisciente en tercera persona que cree saberlo todo, un narrador en primera persona correspondiente al personaje de Ferdinand (quien conoce a Olga cuando ella trabajaba planchando para su familia) que tampoco conoce toda la historia y una última narradora - Olga - quien a través de las cartas que le envía a su amado sin respuesta, esta vez sí, nos ofrece la perspectiva que necesitamos para comprender mejor lo que el autor nos quiere contar. Como habéis podido comprobar - lejos de dificultad - esta decisión estructural lejos de entorpecer su lectura contribuye a ensalzarla y a observarla desde todos los puntos de vista posibles, tanto a nivel de personajes, cronologías y formatos. Cada voz tiene su tratamiento, su personalidad, su opinión al respecto de los hechos y hasta su propia sensibilidad. Por lo que es importante conocerlas todas, como quien se adentra en una investigación histórica y pretende abordar un problema concreto del pasado con todos los testimonios posibles. Este experimento literario, si lo hubiese usado alguien más pretencioso y con menos talento, habría sido un fracaso absoluto. Pero de manos de Schlink - uno de los mejores narradores alemanes de la actualidad - esto sólo podía ir a más, hasta convertirse en una de esas novelas involuntariamente didácticas para quien sueñe con triunfar en el mundo de la escritura. Si me tengo que quedar con alguno, en el caso de esta novela me quedo con la correspondencia. Es tan bonito, tan intenso sin entrar en pasteleos cursis y están tan bien escritas que como lectora he llegado casi a emocionarme. Escribir cartas - y en sí el género epistolar - es de lo más difícil en literatura. Un género que por desgracia, y en parte por culpa de las nuevas tecnologías, está cayendo poco a poco en el olvido hasta considerarse, tanto por los lectores como por la crítica, algo completamente denostado. Por lo que, en medio de esta decadencia del género, es de agradecer que de vez en cuando un autor traiga consigo un poco de aire fresco a través de las formas clásicas. En definitiva, una reivindicación totalmente acertada. Seguidamente, es irremediable que eludamos la absoluta y constante presencia de una protagonista, Olga, cuya vida y forma de ser condiciona todo, desde el tono de los narradores hasta las propias reflexiones que esta novela suscita en el lector nada más finalizar su lectura. No hablamos de un personaje temperamental, ni malvado, ni siquiera de una heroína de manual. Olga es inteligente, curiosa, con espíritu de supervivencia e independencia, pero sus orígenes así como las circunstancias que acabarán por convertirla en una mujer marcada por la soledad, el abandono y una invisibilidad que roza el ostracismo. A pesar de su apasionada y clandestina historia de amor con Herbert - hijo de una de las familias más poderosas del lugar que no ve con buenos ojos a Olga por ser de extracción más humilde - a finales del siglo XIX en una Alemania en pleno apogeo imperialista. A pesar de sus esfuerzos - ya que al provenir de una familia pobre siempre lo tendrá más difícil para estudiar - por sacar una plaza en el cuerpo de maestras. A pesar de una relación a distancia con Herbert que, influido por las ideas colonialistas de Bismark, no duda en alistarse en el ejercito y viajar por medio mundo llevando hasta el mismísimo Polo Norte los valores alemanes. Y por supuesto, a pesar de superar y sobrevivir a dos guerra mundiales - con todo lo que ello implica - y acabar planchando para una familia ya siendo una anciana. Sólo en los últimas páginas de la novela (en las que el autor efectúa un giro de guion que te deja con la boca abierta) el lector podrá ser cómplice, pero también testigo de la explosión. De las consecuencias de años de espera, sacrificio y odio contra el que ella misma considera culpable de, ya no sólo su propio drama personal, sino de que aconteciesen los años más oscuros en la historia de Alemania. De ahí que lo que podría haber sido una denuncia partiendo de lo íntimo e individual, acabe convirtiéndose en una crítica bestial y colectiva hacia el colonialismo y en especial a la figura de Otto von Bismark. Uno de los máximos exponentes de la ideología imperialista alemana. A diferencia de en El lector, en el que Schlink se detenía en clave judicial en evidenciar la barbarie nazi, en Olga realiza un ejercicio más literario y más cercano a los orígenes de ésta. Ya que a través de los narradores al mismo tiempo que se nos cuenta la historia de Olga, Schlink ofrece una panorámica que recorre la evolución de la nación alemana desde finales del siglo XIX hasta los años 70 del XX, situando el germen del mal (por llamarlo de alguna manera) en la política expansionista de Bismark. Una crítica tan audaz como plausible que de seguro habrá provocado algún debate en una Alemania, la del 2020, plenamente democrática, con una de las mejores líderes que ha dado la historia reciente pero con fantasmas totalitarios resucitando de unas tumbas que creíamos completamente selladas. 


Pero si hay un tema que vertebra Olga de principio a fin ese es el de espera. Una espera femenina, eterna y que vehiculado prácticamente la historia de nuestro sexo a lo largo del tiempo. Desde aquella Penélope - mito originario de la cuestión - que aguarda la llegada de su esposo Ulises de la Guerra de Troya mientras es pretendida por un montón de hombres y pasa sus días tejiendo un sudario que a la noche deshace para no tener que casarse con ninguno de aquellos acosadores. Ella siempre les prometía que cuando lo acabase se prometería con uno de ellos, pero en realidad, como buena esposa, Penélope espera, espera, espera... Lo que no todo el mundo conoce de dicha historia es que, al regreso de Ulises y enfadado ante la abundancia de pretendientes no dudó en matarlos a todos. Cual hombre henchido por los celos. Cual bestia que no duda en descender a los infiernos con tal de retener - sí, la palabra es la acertada - a una mujer a su lado. Una mujer, Penélope, que por supuesto ignora la cantidad de infidelidades cometidas por su marido durante la citada guerra y el viaje que lo traería de vuelta a casa. Especialmente escalofriante es el cuadro del pintor renacentista Francesco Primaticcio en el que Penélope parece querer decirle algo importante a su amado - la posición de sus manos lo evidencia - pero éste sólo piensa en que lo mire a él - de ahí que dirija con su mano la cabeza de ella para que sus ojos se topen con los suyos - anulando por completo las palabras de Penélope. Es tan sutil y tan delicado el gesto que pinta Primaticco que consigue ocultar el machismo bajo la idealización del amor romántico. También se nos ha vendido la idea de que todos los pretendientes eran hombres sin corazón, ruines, acosadores natos que lo único que querían era hacer daño a Penélope. De ahí que se justifique la violencia extrema de Ulises. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si le preguntásemos a la propia Penélope? ¿Y si de entre todos ellos hubo un pretendiente que se saliese de la norma? ¿Uno que la amase de verdad, y lo más importante, que la respetase y la tratase de igual a igual? Esta claro que el contexto que parió esta historia no era el más feminista de todos pero, no dejo de pensar en que si la mitología hubiese contado, por ejemplo, que una mujer no era la causante de todas las guerras y enfermedades del mundo, tal vez a día de hoy no se le echaría la culpa al sexo femenino de todo y tendría más peso en la toma de importantes decisiones. Tal vez, si una mujer llamada Europa no hubiese sido violada por Zeus metamorfoseado en Toro, la violencia sexual contra las mujeres no existiría, y mucho menos toda esa cultura de la violación que la ampara. Y por supuesto, si Penélope se hubiese ido con uno de sus pretendientes - o ella sola - de casa, es muy posible que las mujeres dejásemos de ser eternas esperadoras de hombres. Un famoso anuncio de la época franquista instaba a las mujeres a aguardar la llegada del marido con la cena hecha, emperifolladas y con copa de vino en mano para ofrecérsela nada más cruzar el umbral de la puerta. Por no hablar de aquellas mujeres que, angustiadas, esperan noticias de sus parejas en la agónica distancia mientras ellos luchan voluntariamente en una guerra absurda. Olga - protagonista de la novela de Bernhard Schlink - es la Penélope contemporánea, la que en vez de tejer escribe cartas a su amor, unas misivas nunca respondidas y que acrecientan más su tristeza con el paso del tiempo. Un mar de lágrimas, ira e incomprensión del que como lectores somos testigos. Un vaso a punto de colmarse del que deberíamos reflexionar todas y todos más allá de una preciosa y pertinente evocación del mito. 

Olga: una historia de amor, eterna espera, diferencias sociales, colonialismo, imperialismo, resentimiento, memoria, historia... Una novela de reencuentros entre escritor y lectora devota de las buenas y sufridas tramas. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Tuvimos que aprender a esperar. Hoy todos vais en coche y en avión y habláis por teléfono y pensáis que el otro está siempre disponible. Pero, en el amor, el otro nunca está disponible. A pesar de la resignación con que la señorita Rinke rememoraba las ausencias de Herbert, el anhelo que la inmensidad interminable provocaba en él seguía contrariándola."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de: Bookish

lunes, 2 de diciembre de 2019

RESEÑA: El coloquio de las perras.

EL COLOQUIO DE LAS PERRAS

Título: El coloquio de las perras.

Autora: Luna Miguel (Alcalá de Henares 1990) vive en Barcelona, donde trabaja como periodista y editora. Es columnista en Eldiario.es, aunque algunos de sus artículos han aparecido también en Público, El País, S Moda, Nylon, La Vanguardia, Quimera, Tierra Adentro o El Cultural. Entre 2014 y 2018 fue redactora y editora de PlayGround Books, donde empezó a analizar, visibilizar y homenajear a escritoras olvidadas y silenciadas por el canon. Junto con Antonio J. Rodríguez, está a cargo del catálogo de Caballo de Troya en 2019 y 2020, un sello de Penguin Random House destinado a descubrir nuevas voces en español. Como escritora ha publicado los libros de poesía Estar enfermo (2010), Poetry is not dead (2010), La tumba del marinero (2013), Los estómagos (2015) y El arrecife de las sirenas (2017). Varias selecciones de estas obras se han traducido y publicado en más de una docena de lenguas. Además, es autora del cuento Exhumación (2010); de los ensayos El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina (2016) y El coloquio de las perras (2019), del libro infantil Hazme volar (2019), y de la novela El funeral de Lolita (2018). Miguel también ha coordinado algunas antologías de poesía joven como Tenían veinte años y estaban locos (2011), Sangrantes (2012) y Vomit (2013). Actualmente se encuentra escribiendo su segunda novela, Conejitos, así como el libro de poemas Poesía masculina. (Fuente: Editorial).


Editorial: Capitán Swing.

Idioma: español.

Sinopsis: recuperando el título de un pequeño cuento con el que la puertorriqueña Rosario Ferré analizó la misoginia literaria en los años noventa, El coloquio de las perras pretende ser un homenaje a las escritoras hispanohablantes que sortearon todo tipo de obstáculos para hacer su literatura. Desde populares figuras como Elena Garro, Gabriela Mistral o Alejandra Pizarnik hasta otras más desconocidas como Alcira Soust Scaffo, Agustina González López o María Emilia Cornejo, la periodista y poeta Luna Miguel entabla una conversación llena de ladridos con una docena de mujeres, con la voluntad de que sus obras sean leídas y reivindicadas, y tal vez con la esperanza de que la egoísta y peligrosa raza del «escritor macho» quede de una vez por todas extinguida. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Interesante, crítica, inminentemente divulgativa, feminista, poco profunda en su conjunto, concisa, no tan reposada como me gustaría, a pesar de todo, necesaria, apremiante, urgente... "El boom latinoamericano fue totalmente machista", así de categórica se mostró la escritora chilena Alejandra Costamagna - famosa sobre todo por sus narraciones cortas - en una entrevista. Es una declaración muy fuerte como para no estar respaldada con datos o evidencias de algún tipo, las cuales pronto quedan patentes ante nuestros ojos con tan sólo una pequeña búsqueda en google. Cuando tecleas "autoras latinoamericanas siglo XX" el resultado no puede ser más desalentador. Borges, Cortázar, Paz, Bioy Casares, Benedetti, García Márquez, Onetti, Fuentes, Asturias... La lista es larga, muy larga, tanto que la o el interesado podría pasarse horas descubriendo los aspectos más importantes de la literatura de estos autores. Sí, he dicho autores, pues la ausencia de sus compañeras, ya no sólo en los libros de texto, también en los manuales y estudios académicos es sencillamente vergonzosa. Hacía tiempo que no me topaba con un agujero, ¿qué digo agujero? Un profundo socavón en el que se ha decidido arrojar y cubrir de tierra el legado de todas esas mujeres que, con su talento, contribuyeron a engrandecer la literatura latinoamericana en su época de mayor esplendor internacional. Afortunadamente, y en tiempos de feminismo globalizado, actualmente existen autoras que han recogido el mensaje, las demandas sociales, para transformarlas o bien en literatura o bien en rescates bibliográficos que en muchos casos bien merecerían mayor reconocimiento por parte de la crítica y de los lectores. Dentro de este segundo grupo nos topamos con un nombre propio, el de la madrileña Luna Miguel, más conocida por su faceta en el campo de la poesía que en los últimos años ha escalado en popularidad como la espuma en el panorama literario de nuestro español gracias a la publicación de su primera novela - El funeral de Lolita - por su constante activismo feminista tanto en redes sociales como en cada uno de los artículos que han visto la luz en diversos medios de comunicación, y sobre todo, por su extraordinaria labor de editora - junto a Antonio J. Rodríguez - al frente de Caballo de Troya. En este sentido nunca le agradeceré lo suficiente el haber apostado por una línea millenial y por haberme descubierto a autoras tan interesantes a la vez que dispares como Marina L. Ruidoms, Anna Pacheco y Aixa de la Cruz. Sin duda, la trayectoria de Miguel va en ascenso. A la espera de conocer los nuevos títulos de Caballo de Troya tras las Navidades, con la vista puesta en otros proyectos literarios que se asoman en el horizonte de la autora y con la publicación del breve ensayo que hoy tengo el placer de reseñar, parece que vamos a tener Luna Miguel para rato. El coloquio de las perras: divulgación y justicia.

Elena Garro (1916-1998)

   La crítica del presente libro - de tan sólo 165 páginas - se articula al rededor de las palabras que han contribuido a cerrar el anterior párrafo: divulgación y justicia. De hecho, se podría decir que ambas son los planetas al rededor de los cuales orbitan los intereses de la propia autora. Tal y como comenta Luna en el prólogo - cuyo primer epígrafe titulado "Escribo esto con un poco de prisa" resume a la perfección el carácter del presente ensayo - redactó El coloquio de las perras en tan sólo tres meses inundada por la urgencia de reconocer, de una vez por todas, la presencia de mujeres en el boom de la literatura latinoamericana que tuvo lugar a mediados de siglo XX (con ecos notorios y más que sonados de popularidad en las correspondientes siguientes décadas). Sin duda una actitud intachable y que merece toda mi admiración al respecto. No obstante, como amante de la lectura e historiadora, he de confesar que me ha sabido a poco. Reconozco que lo que esperaba encontrar en el interior de El coloquio de las perras me ha sorprendido por varias razones que poco a poco iré desgranando en esta entrada, pero también se me ha quedado corto en cuanto a contenido y tal vez mayor maduración de la idea. Esta muy bien escribir un ensayo en el que se visibilice a todas esas importantes autoras, eso no lo discuto, pero tal vez si el proyecto hubiese reposado más, si Luna Miguel hubiese dedicado más tiempo, si esa prisa se hubiese controlado probablemente estaríamos ante un texto de mayor trascendencia bibliográfica. El coloquio de las perras no pretende, por tanto, sentar cátedra ni servir como estudio pormenorizado de un tema en concreto, sino servir como trampolín, como lanzadera, como primer contacto del lector con la historia de estas autoras ignoradas. Por tanto estamos moviéndonos en un terreno tan fundamental y al mismo tiempo tan desprestigiado por el mundo académico: la divulgación. Sé que lo mejor, en cualquier disciplina del saber, sería acudir a las fuentes primarias y a esos estudios que, de alguna forma u otra, son fundamentales para entender X problema o campo de estudio. Y como sé - lo digo por experiencia - que eso en la mayoría de ocasiones es casi imposible o una verdadera odisea, la buena divulgación debe actuar a modo de puente, para que los lectores puedan transitar entre el conocimiento más generalista y el más especializado. Sin divulgación, por ejemplo, yo no habría tomado la decisión de estudiar la carrera de Historia, como tampoco interesarme por ciertos mecanismos intrínsecos en la literatura que considero fundamentales para aproximarse al estudio del pasado. Así que menos desprestigiarla, sobre todo desde los privilegiados sillones de los despachos universitarios, y más apoyarla con publicaciones de calidad y no con proyectos que una y otra vez ahondan en lo mismo sin la valentía de asumir ciertos riesgos. Porque es muy fácil hablar del Nazismo - en el campo de la historia - o de Octavio Paz - en el de la literatura -. Pero cuesta más, por ejemplo, dedicar un monográfico a las víctimas del colectivo LGBTI supervivientes o víctimas de los campos de concentración, o en el campo de lo literario, hablar de como Elena Garro casi deja de escribir por culpa de los celos de Octavio Paz hacia su talento literario. En ese sentido, Luna Miguel hace un gran trabajo divulgativo al presentarnos ese mapa de escritoras a la sombra de los grandes cuando, en realidad, ellas podían perfectamente posicionarse a su misma altura o incluso doblarla.

Eunice Odio (1919-1974)

   El coloquio de las perras - además de servir como una iniciación y un empuje para seguir investigando - tiene una estructura muy marcada. Con un prologo iniciático y que nos pone inmediatamente en situación, seguido de una serie de capítulos monográficos - cada uno de ellos dedicado a una autora diferente - tras los cuales la autora incluye una serie de cartas en las que da las gracias a cada una de ellas por motivos muy diferentes. Centrándonos en los capítulos en cuestión, decir que la brevedad con la que Miguel aborda los aspectos más interesantes y significativos de la vida de las autoras desde la brevedad - justificada como ya hemos comentado en el anterior párrafo por la imperiosa necesidad de denunciar la injusticia cuanto antes - lo cual hace más digestiva su lectura. Sin recrearse en el morbo, la autora nos desgrana las características de su olvidada obra, así como puntos biográficos que ayudan a comprender mejor no sólo su personalidad sino el por qué de su silencio académico. Alejandra Pizarnik - sin duda debido a mi pasión por la literatura de terror - es la única autora que se nombra en el libro de la que había leído algo, en concreto La condesa sangrienta. A Gabriela Mistral y a Aurora Bernárdez las conozco, más a la primera que a la segunda, pero todavía no me he puesto a descubrir su producción literaria. De Elena Garro, Rosario Ferré, Pita Amor, Alcira Soust Scaffo, Agustina González, María Emilia Conejo, Eunice Odio, Mavel Moreno y Victoria Santa Cruz, por desgracia, nada sabía. Ni de los libros que habían escrito, ni de los poemas que parieron sus plumas, ni de sus apasionantes - y breves en algunos casos - vidas, ni de su relación con sus colegas o maridos escritores, ni de su importancia a nivel pionero. Luna Miguel es la culpable de que, tras haber leído El coloquio de las perras, tenga una larga lista de nombres y obras por descubrir, especialmente las de Odio, Ferré y Garro. Debo reconocer que ha sido esta última la que más me ha llamado la atención por, según palabras de la propia Miguel, tratarse de la madre del realismo mágico. De ser así, ya pueden los académicos hacer un hueco en el olimpo de la literatura latinoamericana del siglo XX, justo al lado de Gabriel García Márquez, para que Elena Garro y Los recuerdos del porvenir estén en el lugar que les corresponde desde 1963. Casualidades de la vida, cuatro años antes de que el autor colombiano escribiese Cien años de soledad.

Alejandra Pizarnik (1936-1972)

   Leyendo a Luna Miguel me quedan claras dos cosas. La primera, la de cambiar de una vez por todas el canon establecido para dar voz y palabra a todas esas escritoras ignoradas por la historia de la literatura universal, es una obviedad que, sin embargo, no parece entusiasmar a la élite intelectual. El polvo o la humedad son algunos de los enemigos más peligrosos de los libros, y al igual que contribuimos a proteger y a limpiar aquellos que amamos - en su mayoría escritos por hombres - ¿por qué no pasar un trapo por aquellas obras desconocidas para el gran publico firmadas con nombre de mujer? ¿Por qué no conservarlas en las mismas condiciones? ¿Por qué no rescatarlas del cajón desastre para colocarlas en primera fila? ¿Por qué no estudiar sus relatos, novelas, poemas o ensayos? ¿Por qué no hacerlo desde una perspectiva de género? ¿Por qué no contribuir a seguir ahogándolas con nuestras propias manos? La respuesta a todas esas preguntas se contesta sola o con la lectura - y correspondiente documentación - del presente texto. Y la segunda, el sueño de que, como bien hace Miguel al final de cada capítulo, cualquier escritora o escritor, en un futuro, pueda darles las gracias a través de cartas por haberles servido de referentes literarios en su ilimitado camino de crecimiento creativo. Si bien es cierto que algunas de sus cartas - las de Luna Miguel - tienen una carga extraordinariamente personal, demasiado tal vez, éstas me han hecho creer que esta utopía puede tener lugar en un futuro, espero, no tan lejano. Un futuro en el que la igualdad entre hombres y mujeres sea total gracias a la empatía, la escucha, la admiración mutua y el respeto.

   El coloquio de las perras: una historia de olvido, discriminación, talentos enterrados, poesía, novela, relato, biografía, divulgación, recuperación, actos de justicia... Un ensayo donde las autoras escriben, opinan, reflexionan, ladran.

Párrafos o frases favoritas:

"Miro los libros acumulados sobre el escritorio durante estos días de verano en los que me dispongo a cerrar El coloquio de las perras y de pronto entiendo el vínculo. Un pálpito. Solo un pálpito de comprender al fin la necesidad femenina de escribir nuestros nombres."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Capitán Swing

martes, 10 de septiembre de 2019

RESEÑA: Fruitlands. Una experiencia trascendental.

FRUITLANDS
UNA EXPERIENCIA TRASCENDENTAL

Título: Fruitlands. Una experiencia trascendental.

Autora: Louisa May Alcott (Germantown, Pensilvania, 29 de noviembre de 1832 - Boston, 6 de marzo de 1888) fue educada en el campo junto con sus hermanas, bajo la influencia de su padre, el filósofo Amos Bronson Alcott, y varios amigos de este, como Ralph Waldo Emerson, Nathaniel Hawthorne y Henry David Thoreau, de cuyo pensamiento se empapó desde la infancia. Debido a la pobreza de su familia, empezó a trabajar muy joven, ya fuera como maestra, costurera, institutriz o criada; también buscó compensación económica con su literatura: por ejemplo, a los dieciséis años escribió una serie de relatos para Ellen Emerson, que en 1854 serían publicados bajo el título Flower Fables. En 1860 empezó a escribir, bajo pseudónimo, para la revista Atlantic Monthly, y, durante la guerra de Secesión, entre 1862 y 1863, fue enfermera en el Hospital de la Unión en Georgetown, donde contrajo la fiebre tifoidea, algo que afectó a su salud el resto de su vida. Las cartas en que refería sus experiencias como enfermera, publicadas bajo el título Hospital Sketches (1863), la lanzaron a la fama. Su primera novela, Moods, se publicó al año siguiente, y en 1865 se marchó a Europa, para volver dos años después y asumir la dirección de una revista para niños, Merry’s Museum. Pero el verdadero éxito le llegó con la publicación de la novela autobiográfica Mujercitas (1868), una obra que escribió por encargo de su editor y en la que se aprecia uno de los temas más importantes de Alcott: la educación de las mujeres durante la juventud. Más tarde escribiría Una muchacha anticuada (1870), Hombrecitos (1871), Ocho primos (1875), Rosa en flor (1876) y Los chicos de Jo (1886), también inspiradas en sus experiencias como educadora. En otra línea más adulta, produjo una serie de novelas y ensayos de gran valor publicadas bajo pseudónimo, como Fruitlands (1873; Impedimenta, 2019) o Un Mefistófeles moderno (1887). Durante toda su vida, Alcott fue una entregada defensora de los derechos de la mujer, abogando en sus ensayos por el derecho al voto, y también apoyando la causa abolicionista. Pasó sus últimos años de vida en Boston, Massachusetts, donde murió en 1888, días después del fallecimiento de su padre. (Fuente: Editorial).


Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductora: Consuelo Rubio Alcover.

Sinopsis: Massachusetts, finales de 1840. Los Lamb acaban de llegar por fin a su edén particular: una comuna que profesa la filosofía de los trascendentalistas (la de Thoreau y Emerson). Allí, planean vivir apartados del resto de la sociedad, alimentándose de la tierra y siguiendo los principios de la belleza, la virtud, la justicia y el amor, en su búsqueda de una existencia perfectamente armonizada con su entorno y las demás criaturas de Dios. Todo parece sencillo y amigable en ese bosque lleno de intelectuales bienintencionados, pero quizá necesiten algo más que filosofía para sobrevivir: ¿cómo harán frente al crudo invierno de Nueva Inglaterra? ¿Acaso saben algo sobre el mundo del pastoreo y la agricultura? ¿Qué ocurrirá cuando lleguen las primeras tormentas? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Interesante, amena, irónica, tierna, entrañable, claramente autobiográfica, toda una sorpresa... Que triste resulta, en ocasiones, lo mal que están planteadas algunas asignaturas durante una etapa tan importante como la ESO desde el punto de vista más práctico, ese que sólo depende única y exclusivamente de quien tome las riendas del temario, de quien, desde su voz de docente, tiene el poder de remover conciencias o despertar en las alumnas/os una necesaria sed de conocimientos. Si alguien me hubiese advertido de lo que sucedería en segundo, cuando el profesor que teníamos en Sociales - interesante palabra para englobar materias como geografía, historia e historia del arte - inexplicablemente pasó por alto todo el tema de la Edad Moderna. Ni los Reyes Católicos, ni el descubrimiento de América, ni la dinastía de los Austrias, ni el Conde Duque de Olivares, ni Lutero, ni la Reforma, ni la Contrarreforma, ni el Luteranismo, ni el Calvinismo, ni el Anglicanismo, ni los Tudor, ni Richelieu, ni los Medecci, ni Luis XIV, ni la Guerra de los Treinta años, ni las Provincias Unidas,  ni el Imperio Germánico, ni la confección de las monarquías absolutistas, ni el auge de la burguesía de las ciudades, ni la revolución científica, ni el renacimiento, ni el barroco, ni el humanismo... A la larga, aquella falta de conocimiento se asemejó a una especie de agujero negro, un hueco en blanco que no sabíamos como rellenar para entender las características de la era contemporánea, igual de apasionante, larga y compleja. Que suerte la mía, por otro lado, haber tirado de un aprendizaje autodidacta para poder engarzar una realidad histórica con la otra. Lo mismo me sucedió con la historia de género, esa gran olvidada en los institutos y que tanto cuesta introducir en la universidad, esa imprescindible perspectiva que debería estar presente en todos los ámbitos educativos, absolutamente todos. Porque si estudiamos que las españolas pudieron votar por primera vez en las elecciones de 1933, lo lógico también sería explicar el proceso y la lucha que llevó conseguirlo. Las figuras históricas de mujeres se erigen y caminan, a paso firme, decidido. Algunas de ellas, son capaces de transformarlo todo, romper esquemas, incluso alterar la visión que tenía al respecto. Louisa May Alcott es sin duda una más, pero desde hace un tiempo, también es la responsable de que en mi estantería abunden más títulos suyos, más ensayos, más cuentos de terror... Porque para mi Alcott era sinónimo de Mujercitas, sin ser consciente de la impresionante biblioteca que, pluma en mano, ha conseguido regalarnos al mundo. Y de entre todos ellos, un ejemplar único y de obligado conocimiento como lo es Fruitlands: la crónica de un fracaso anunciado, pero también de un aprendizaje vital.

   Antes de adentrarnos en la reseña propiamente dicha, es importante situarnos tanto cronológicamente como espacialmente. Así como entender, muy brevemente, las claves del filosóficas que Louisa May Alcott aborda en este breve ensayo. Para empezar, tal y como versa la sinopsis de la presente edición, Fruitlands fue una comuna fundada en 1840 en el estado de Massachusetts (EEUU) inspirada en las ideas de Henry David Thoreau y muy especialmente de Ralph Waldo Emerson siguiendo los principios de belleza, virtud, justicia y amor; además de la máxima de aprovechar los recursos que la naturaleza ofrece para poder sobrevivir. Esta pequeña sociedad - cuyos valores parecen anticipar los del movimiento Hippie de mediados de los 60 del siglo XX - no se puede entender sin el contexto histórico que la rodea, coincidiendo con la aparición y boom de los falansterios o las sociedades utópicas de efímero éxito (especialmente abundantes en Francia e Inglaterra), con la transformación de las ciudades a causa de la Revolución Industrial (y con la consiguiente aparición de la conciencia de clase y el movimiento obrero), con la irrupción del Segundo Gran Despertar en Estados Unidos (cuyo éxito auspició la aparición de, entre otros, los Mormones, los Adventistas o los Discípulos de Cristo) y muy especialmente con la difusión y posterior interpretación del trascendentalismo. Partiendo del fundamento trascendental planteado un siglo antes por el filosofo alemán Immanuel Kant - los elementos no son cognoscibles en sí mismos, sino a través de una estructura cultural, temporal u espacial que dicho objeto proyecta sobre el mundo - los trascendentalistas americanos utilizaron ese principio para argumentar en diversas publicaciones la verdadera independencia del individuo a través de la intuición y la observación directa de las leyes de la naturaleza. En otras palabras, que el contacto con los elementos más primigenios de nuestro planeta  (plantas, tierra, montañas, ríos...) proporcionará al ser humano el acercamiento a lo puro, a la verdadera fuente de vida; la cual, como no, era identificada como Dios. Sendos libros plasmaron, con notables variaciones, estas ideas. El Walden de Thoreau es probablemente el más importante e influyente, dado que en lo que llevamos de siglo no ha parado de reivindicarse y servir de inspiración para la causa ecologista. También lo fue en su momento - aunque menos conocido en la actualidad - Ensayo sobre la Natualeza de Emerson, el cual traemos a colación dado que Fruitlands no hubiese tenido razón de ser sin las tesis definidas en dicho texto. Tesis que tanto a Emerson como Amos Bronson Alcott (padre de la futura autora de Mujercitas) unieron, dando como resultado una relación de amistad y admiración mutua.

   En lo que al brevísimo - por desgracia - ensayo se refiere, comenzaremos diciendo que sorprende la ligereza de su lectura. Hasta el punto de que en ocasiones casi te olvidas de que estás dentro de un texto escrito a mediados del siglo XIX, lo cual, desde un punto de vista siempre subjetivo, puede generar debate y diversas opiniones. En ese sentido, también cabe señalar las principales particularidades del presente libro, que no son otras que su extraordinaria versatilidad y la posibilidad de que el lector se aproxime a él desde la óptica que más le interese en ese preciso momento. De ahí que recomiende, encarecidamente, una segunda o una tercera lectura. No por la dificultad de comprender su contenido - la cual en esta ocasión es inexistente - sino para poder tener una percepción más amplia de lo que Louisa May Alcott nos quiere decir, o más bien describir. Para empezar, y en primer lugar, Fruitlands se puede leer desde una óptica puramente filosófica, dado que desde la primera página la autora ya te está poniendo en la tesitura de exponerte, de la forma más sencilla posible, los principales pilares ideológicos de la comuna en la que la autora vivió con su familia cuando tenía diez años de edad en el año 1847. En aquel bosque de intelectuales americanos - apartados de los males de la civilización y subsistiendo de los recursos que la naturaleza podía proporcionarles - todo parecía sencillo y amigable, hasta que llega el invierno, las primeras lluvias, la manifiesta inexperiencia en el terreno del cuidado del campo y las paradojas respecto a los bienes de consumo básicos. En otras palabras, que comienzan a aflorar - y nunca mejor dicho - las contradicciones por las que toda sociedad utópica acaba fracasando estrepitosamente. Unas contradicciones que provocaron división, enfrentamiento, enemistades y la pronta disolución de la comuna en menos de siete meses de vida. En Fruitlands, Alcott defiende, de hecho no se entendería su producción literaria sin las ideas de Thoreau y Emerson - a quienes por cierto tuvo como mentores y amigos - pero también evidencia la realidad, la imposibilidad, al menos por el momento, de llevar a cabo dichas ideas a término. En segundo lugar, el lector podrá disfrutar de este libro desde una mirada más estilística, dado que, como la autora ha mostrado en más de una ocasión, es capaz de defenderse y moverse como pez en el agua en varios campos de la creación literaria. Desde el ensayo más puro - con recursos particularmente novelísticos - hasta la ficción más encomiable (dado el grado de empatía y ternura que despiertan sus personajes que, aunque bajo nombres ficticios, sabemos que responden a los de sus propios padres y hermanos), pasado por un manejo interesante del formato "diario" que le sirve a la autora para narrar su corta experiencia trascendentalista en Fruitlands.

   En último lugar - y a mi juicio lo más importante - Fruitlands es un texto histórico en su naturaleza así como en su concepción. Histórico a dos niveles: respecto a su contenido y en relación con el estudio de una época determinada del pasado. Hay críticas que definen a Fruitlands como un compendio de documentos - ensayísticos, ficticios, visuales, personales... - agrupados bajo una clara intención, la de dar a conocer la existencia de las comunas claramente precursoras del ecologismo y la lucha medioambiental. Algo que, todo sea dicho, en los tiempos que corren no viene mal. Sin embargo, yo añadiría algo más, ya que no podemos pasar por alto el increíble valor que tiene su publicación para el campo de la historia. Para empezar, como he comentado antes, en su interior encontramos varios elementos de gran interés. En primer término, un texto claramente autobiográfico que - aunque emplee características propias de la ficción como recurso narrativo - nos ilustra sobre las diferentes corrientes de pensamiento, la cotidianeidad de las familias de la época, las claves de su supervivencia bajo los códigos trascendentalistas, el propio contexto histórico, la opinión acerca de algunos de los grandes personajes que dieron lugar a este experimento social,  así como, y esto es hilar muy fino, la propia personalidad de la autora. Seguidamente, un breve diario, fundamental para entender lo que sucedía desde la óptica de la propia autora, que recordemos, por aquel entonces tenía diez años, y en el que podemos apreciar todos los aspectos anteriormente nombrados desde una perspectiva más personal e íntima, lo cual no deja de generar interés en quien esté sobre todo interesado en indagar en las profundidades de la sociedad norteamericana de mediados de siglo XIX. Y por último, dos documentos históricos impresionantes: una selección de las cartas que intercambiaron Amos Emerson Alcott y Charles Lane - fundadores e integrantes de la comuna - que recogen sus disertaciones filosóficas sobre Fruitlands y un plano donde podemos apreciar los terrenos en los que se situó geográficamente el proyecto fruto de un puñado de filósofos más preocupados por las ideas que por las cuestiones prácticas. Todo ello confluye, ordenadamente, en armonía bajo un título y una clara intención, la de proveer al lector del conocimiento de un problema histórico a penas conocido y que en los últimos parece experimentar un claro auge; y por supuesto, la de descubrirnos, una vez más, la cara menos conocida de Louisa May Alcott. Una autora talentosa, inteligente, feminista y convencida de la capacidad de la educación para remover conciencias que quiso mostrarnos, a través del presente texto, el origen de su pensamiento, de sus inquietudes, de su forma de mirar el mundo y plasmarlo sobre el papel.

  Fruitlands: una historia de experiencias, buenas intenciones, intelectualidad, enfrentamientos ideológicos, contacto con la naturaleza, problemas, paradojas, fracaso, aprendizaje... La experiencia trascendental - y germinal - de Louisa May Alcott.


Frases o párrafos favoritos:

    "-¿A qué parte del trabajo se siente más predispuesto usted? —preguntó la Hermana Hope, con un destello divertido en sus sagaces ojos.  
    - Esperaré a que me sea revelado. Ser por encima de hacer, esa es la gran meta a alcanzar, y a ella llegaremos profesando una voluntad resignada, nunca entregándonos a la actividad caprichosa, pues esta última es un obstáculo para todo crecimiento divino —respondió el Hermano Timon.  
   - Eso pensaba yo. —La señora Lamb soltó un suspiro bien audible."  

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 6 de marzo de 2018

RESEÑA: Memorias de dos jóvenes esposas.

MEMORIAS DE DOS JÓVENES ESPOSAS

Título: Memorias de dos jóvenes esposas.

Autor: Honoré Balzac (Tours 1799-París 1850) nació en el seno de una familia burguesa. Tras trasladarse a París en 1814, empezó los estudios de Derecho y consiguió trabajo en el despacho de un notario amigo de su padre. Sin embargo, el amor que nace en ese periodo por la literatura lo lleva a tomar la decisión de emprender la carrera de escritor profesional. Después de las primeras pruebas artísticas y los primeros fracasos firmados bajo pseudónimo, empieza varios negocios que se revelan desastrosos. En 1829 escribe su primera novela de éxito, Les Chouans, que firma con su propio nombre. A partir de ese momento, se convierte en uno de los escritores más prolíficos y más conocidos de su época. En estos años concibe la idea de La comedia humana, ambicioso proyecto que agrupa un total de 137 novelas - entre las cuales, Papá Goriot y Eugenia Grandet - cuyo tema común es el retratar la sociedad de su tiempo. Tras casarse en 1850 con la condesa Ewelina Hanska, murió cinco meses después y durante el funeral fue homenajeado por su amigo y admirador Víctor Hugo. (Fuente: Funambulista).

Editorial: Funambulista.

Idioma: francés.

Traductor: Joaquín García Bravo.

Sinopsis: cuando Louise y Renée, las dos protagonistas de la novela, salen del convento de Blois, separadas por la lejanía pero unidas por una profunda amistad, empiezan una correspondencia en la que describen sus más íntimas sensaciones sobre su existencia fuera de las paredes de la clausura: Louise vuelve a París, donde conocerá la vida mundana de la capital y el amor novelesco con un noble español; Renée regresa a la monotonía y austera vida de provincias y se resigna a un matrimonio al parecer de conveniencia y a un destino ya escrito. (Fuente: Funambulista).

Su lectura me ha parecido: densa, retórica, muy realista, rebelde, potente, clásica,  reveladora, extraordinariamente avanzada para su época...Queridos lectores y lectoras, en Jimena de la Almena vamos encadenando reto tras reto. Y lo cierto es que esto se debe a la más absoluta de las casualidades. Esta vez no me encuentro ante un libro escrito a varias manos, ni un recopilatorio de cuentos de diferentes autores o autoras, ni ante un volumen de crónicas periodísticas. No. Hoy, delante de mi se alza un título que a priori no infunde temor, pero que en cuanto averiguamos quien lo escribió, la presión y el respeto regresan a mi cabeza y a mi estómago. Este autor no necesita presentación, su nombre y su apellido hablan por si solos, al igual que su obra. Un escritor que concibió a mediados del siglo XIX la obra más monumental y extensa de la literatura universal. Bajo el título la Comedia Humana, inspirado claramente en la Divina Comedia de Dante, englobó un total de 137 novelas, aunque de ellas finalmente unas 50 quedaron desgraciadamente incompletas. ¿La intención? Plasmar sobre el papel un estudio pormenorizado y lo más realista posible de la sociedad francesa de ese momento, es decir, la que caracteriza esos años 40 y 50 del siglo XIX. Ese exhaustivo retrato era para hacerle, según una famosa frase que pronunció su autor: "la competencia al registro civil." Pues bien, visto el extraordinario currículum de este escritor francés, en Jimena de la Almena no podía pasar más tiempo sin que nos adentrásemos en algún título suyo. Un autor que ha escrito 137 novelas merece todo nuestro respeto, atención y esta reseña, que esperemos sea la primera de muchas. Memorias de dos jóvenes esposas: una oda a la amistad femenina narrada desde el realismo más extremo.


La historia de como Memorias de dos jóvenes esposas llegó a mis manos y a mi estantería fue fruto de la casualidad y lo inesperado. Los que me conocéis personalmente o los que leéis mis reseñas habréis comprobado como mi amor por los clásicos de la literatura universal es abrumador y que ha ido acrecentándose a medida que pasa el tiempo. Todo empezó gracias a la lectura de Madame Bovary de Gustave Flaubert cuando tenía 18 años. Fue una lectura que toda la clase de la asignatura de Literatura Universal teníamos que leer, pues en el mes de Junio caería de seguro en el examen de selectividad. Sin embargo, y contra todo pronóstico, me encantó. Es cierto que ayudó bastante el aproximarnos a esta historia combinando lectura en voz alta y comentarios al respecto, pero en conjunto puedo afirmar sin equivocarme que Madame Bovary fue la novela que me inició en la lectura de otros clásicos de la literatura universal. De aquella memorable lectura hasta hoy han pasado por mis manos numerables libros de autores y autoras tan insignes y de sobra conocidos por todos. Sin embargo, hay ciertas barreras que todavía a día de hoy no he superado como lectora, y una de ellas era la obra de Honoré Balzac. Me gusta el realismo, de no ser así, Madame Bovary no formaría parte de mis imprescindibles. No obstante, Balzac son palabras mayores y sinónimo de atracón literario en muchos casos. Pues bien, a lo largo del mes de septiembre del pasado año, durante esos días de incorporación paulatina a la rutina diaria, recibí la primera tanda de libros para reseñar tras las vacaciones de verano. Y de entre todos ellos, uno llegó por sorpresa junto con el libro que si que había pedido en un primer momento. Si, Walt Whitman había llegado con un compañero de viaje llamado Memorias de dos jóvenes esposas, cuyo autor era nada más y nada menos que Honoré Balzac. Mi primera reacción fue sonreír alegremente, no todos los días ocurre algo así, pero en cuestión de segundos mi rostro se tornó en preocupación, pues, Honoré Balzac no era un autor  cualquiera y representaba uno de esos autores que durante mucho tiempo había tratado de evitar. Dejé que pasara el tiempo, que el libro reposase pacientemente en la estantería, pero no había manera. Leer a Balzac seguía resultándome complicado, incluso llegue a pensar en tirar la toalla y no reseñar este libro. Pero entonces, un buen día leí en el extraordinario blog Las Inquilinas de Netherfield la reseña que habían realizado de Memorias de dos jóvenes esposas. Fue así como comprendí que no debía de tener reparos en leerlo, de hecho, si no llega a ser por esa reseña, probablemente hoy estaría escribiendo sobre otro libro bien distinto. No voy a negar que la lectura me haya resultado sencilla, porque fácil no es, pero si que me ha servido para desbloquear esa coraza y rechazo a un autor que a día de hoy me parece interesante.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Memorias de dos jóvenes esposas no es un libro fácil. Creo que hasta la fecha es el libro más denso que he leído en mucho tiempo. En él, Balzac hace honor a su tiempo, estilo e intención derrochando retórica de forma abrumadora. No debemos olvidar que Memorias de dos jóvenes esposas pertenece al proyecto de la Comedia Humana antes mencionado, por lo que las descripciones son extensas y el retrato psicológico es tan profundo que no puedes evitar distanciarte un poco y no sentirte dentro de la novela. Eso si, a pesar de todo, Balzac resulta ser un escritor bastante refinado en ciertos momentos, muestra de ello es la belleza de un lenguaje que por supuesto ya no se usa pero que no deja de sorprender a quien se adentra en su literatura por vez primera. En cuanto a la historia, el propio título ya nos hace un spoiler. Se trata de la historia de dos mujeres, Louise y Renée, quienes tras convivir y completar su educación en un convento de Blois, ambas toman caminos diferentes en la vida en función de sus diferentes caracteres, formas de ser y circunstancias personales. Por un lado, Louise es más extrovertida, se instala en el París con su familia aristócrata que no duda en presentarla en sociedad. Allí conoce el amor y el placer que le provocan los juegos de seducción, en especial con su profesor de español, un hombre igual de seductor pero que oculta un pasado bastante oscuro. Y por otro lado, Renée, más apocada, se traslada a una localidad de provincias en donde no tarda en contraer matrimonio con un hombre mucho más mayor que ella. Un matrimonio concertado que le proporcionará tranquilidad, estabilidad y una vida con un futuro del todo previsible. Dos personalidades y experiencias tan diferentes que convergen en dos detalles esenciales. En primer lugar, su prematuro ingreso en la edad adulta y los avatares que ésta les depara a dos jóvenes que acaban de dar sus primeros pasos dentro de esta nueva etapa. Y en segundo lugar, y más importante, su ininterrumpida relación epistolar. Tratándose de estos personajes, Balzac pareció tenerlo muy claro a la hora de escoger el subgénero epistolar como espina dorsal de la novela. No solo presentaba la trama de una forma bastante amoldada a su tiempo, pues la novela epistolar era bastante popular por entonces, sino que además logró justificar a través de él su intención primordial de Comedia Humana. ¿Qué mejor subgénero novelístico para describir a la sociedad que el epistolar? ¿Qué otro género podía ahondar en el pensamiento y las contradicciones de la gente del XIX? En ese momento muy pocos y Honoré Balzac lo sabía. De este modo y gracias a esa genialidad, el lector del siglo XXI puede aproximarse a la vida y el pensamiento de las dos mujeres que protagonizan Memorias de dos jóvenes esposas. Dos modelos de mujer enfrentados pero que resumen a la perfección los diferentes conceptos de feminidad, maternidad, matrimonio, amor y educación sentimental y sexual del momento. Por último, y de forma anecdótica, decir que Memorias de dos jóvenes esposas está dedicado a Georges Sand, pseudónimo de la escritora francesa Aurore Lucile Lupin. Defensora de los derechos de la mujer, crítica literaria, intelectual, autora de novelas como Consuelo o La Mare au Diable y una de las mejores amigas de Balzac. Felicito en ese sentido a la editorial Funambulista por haber incluido la dedicatoria entera en la presente edición.


En lo que respecta a la reflexión final voy a ser clara. En Memorias de dos jóvenes esposas el lector asiste a una relación epistolar a lo largo del tiempo entre dos mujeres muy diferentes entre si. La una más atrevida y dispuesta a vivir nuevas experiencias, sobre todo en el terreno del amor. Y la otra más apocada y dispuesta a resignarse a vivir una existencia más tranquila y pactada, en resumidas cuentas, la que se espera de una mujer como ella. A través de las cartas que se envían la una a la otra conocemos sus pensamientos, sus experiencias personales, sus sentimientos más profundos y asistimos a esas confesiones privadas que solo confiarías a alguien de confianza. A lo largo de estas cartas el lector no puede evitar maravillarse, ya no de la belleza con la que esta escrita esta novela, lo cual es subjetivo, también de que en ella se aborden temas que trascienden a la actualidad de un modo sorprendente.  Ambos relatos suscitan infinidad de reflexiones muy pertinentes. En primer lugar, a través de los personajes de Louise y Renée, Balzac aprovecha para hacernos una disertación sobre el alma femenina del momento en todo su esplendor. Un alma compuesta por diferentes compartimentos en cuyo interior encontramos, como no podía ser de otra manera, temas como el matrimonio, la vida conyugal, la maternidad, el amor, el sexo o lo que implica ser mujer a mediados de siglo XIX. Y al haber confeccionado dos personajes femeninos tan diferentes podemos apreciar como mientras Louise decide vivir al margen de los convencionalismos sociales y de lo que todos esperan de ella, Renée, al haberse casado y tenido hijos, su carácter se forja en una supuesta superioridad femenina tremendamente asentada en la época, una superioridad que le ha otorgado la maternidad y que le da derecho a opinar sobre las que no tienen hijos y a sentirse moralmente por encima del resto de mujeres, mujeres como Louise, quien no le preocupa tener hijos. Este tema, uno de los grandes temas de la novela, podría perfectamente trasladarse a la actualidad, pues aún existe la creencia de que si una mujer tiene hijos es mejor socialmente hablando que la que decide no tenerlos. Luego en el ámbito laboral los papeles cambian y es la madre la que se ve más perjudicada por la sociedad. Otro gran tema que aparece en Memorias de dos jóvenes esposas es la sororidad femenina, tan presente y silenciada a lo largo de la historia y que en los últimos años se ha reconocido. La relación y las confesiones que ambas plasman sobre el papel no deja de ser un ejemplo de solidaridad femenina en un contexto terriblemente patriarcal. Actualmente, gracias a la sororidad, el feminismo y las denuncias contra las injusticias padecidas por el sexo femenino parecen ser atendidas, reconocidas y escuchadas. Pero, como cabía esperar, Honoré Balzac no era feminista, como tampoco lo eran muchos compañeros intelectuales de su generación. Muestra de ello es la moraleja final de la historia, en la que la libre acaba pagando las consecuencias de su decisión y la tradicional acaba imponiéndose como baluarte del saber estar y lo correcto. Memorias de dos jóvenes esposas resulta en definitiva un tratado exhaustivo de la mujer francesa en el siglo XIX, pero también un ejercicio moralizante, una novela en la que se evidencia como el sistema amordaza en el fondo las libertades, deseos y sueños de la mujer. Memorias de dos jóvenes esposas: una historia de amor, confesiones, sororidad, perdida de la inocencia, madurez...Una novela de obligatoria reflexión crítica.

Párrafos o frases favoritas:

"Tú te casas y yo amo. Al cabo de cuatro meses, aquellas dos columnas que se elevaban tanto han caído en el pantano de la realidad."

"De nosotras dos, yo soy la razón y tú la imaginación, yo soy el deber grave y tú el amor loco; ese contraste de espíritu que existía entre las dos ha querido continuarlo la suerte en nuestros destinos."

Película/Canción: a falta de una adaptación que presentaros he adjuntado la pieza clásica que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Espero que os guste.





¡Un saludo y a seguir leyendo!