Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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lunes, 20 de diciembre de 2021

RESEÑA: Hija de sangre y otros relatos.

 HIJA DE SANGRE Y OTROS RELATOS


Título: Hija de sangre y otros relatos. 

Autora:  Octavia E. Butler (Pasadena, Estados Unidos, 1947 - Lake Forest Park, Estados Unidos, 2006). La apodada como "la gran dama de la ciencia ficción" vivió su infancia en un barrio interracial, siendo criada por su abuela y su madre y devorando cada revista sobre dicho género que caía en sus manos. Años más tarde ingresó en la California State University, la cual abandonó para comenzar a estudiar Escritura Creativa en la Universidad de los Ángeles llegando a recibir su título de profesora asociada en Artes en 1968 en el Pasadena Community College. Así mismo, también estudió en el Screenwriter´s Guild Open Door Program y en el Clarion Sciencie Writer´s Workshop, donde asistió a clase con el maestro de la ciencia ficción Harlan Ellison. Su primera historia, Crossover, fue publicada en la antología Clarion de 1971. Pattermaster, su primer a novela, fue el primer volumen de una serie de cinco entregas - Mind of my mind (1997), Survivor (1978), Wild Seed (1980) y Clay´s Ark (1984) -. Con la publicación de Parentesco en 1979, Butler logró mantenerse como escritora a tiempo completo y al fin el reconocimiento a su obra. Butler también es autora de la trilogía Xenogenesis, de La parábola del sembrador (1993) así como de una colección de cuentos cortos publicados bajo el título Hijo de sangre y otras historias (1995). Ha ganado algunos de los premios más prestigiosos que reconocen las obras de ciencia ficción, entre ellos el Premio Locus, el Premio Hugo, el Premio Nébula o el Premio Science Fiction Chronicle. 


Editorial: Consonni. 

Idioma original: inglés. 

Traductora: Arrate Hidalgo. 

Sinopsis: Esta colección de siete cuentos y dos ensayos, publicados y escritos entre los años sesenta y noventa, es una introducción perfecta para quienes descubren a Octavia Butler y un título imprescindible para los incondicionales. Traducida ahora por primera vez al español, fue en su día incluida en la lista anual de destacados del New York Times. Incluye dos de sus más aclamados relatos cortos Hija de sangre, relato ganador en 1984 de los prestigiosos premios literarios Hugo y Nébula, y Sonidos de habla, también ganador de un premio Hugo al año siguiente. Inéditos hasta su publicación en esta antología, se encuentran Amnistía y El libro de Martha. Cada texto viene acompañado de un epílogo de la misma autora y los ensayos consejos precisos sobre la escritura. En ellos, Butler relata sus vicisitudes como mujer negra y escritora en una época, en la que el género fantástico estaba dominado por hombres blancos. 

Su lectura me ha parecido: potente, enriquecedora, reflexiva, muy original, honesta, distópica, utópica, crítica, reivindicativa, tremendamente vigente... La ciencia ficción ha sido siempre uno de los géneros más populares de la historia de la literatura, al menos desde que en el siglo XIX una escritora inglesa de tan solo veinte años llamada Mary Shelley - maestra absoluta también del terror - lo inventase para la posteridad en una de las obras más importantes de todos los tiempos. Hablamos, por supuesto, de Frankenstein o el Moderno Prometeo. Género que, a pesar de haber aumentado las posibilidades creativas dentro del campo de la escritura, se vio sumido en un injusto ostracismo al que solo unos pocos valientes se atrevieron a asomarse. No obstante, con la irrupción del feminismo, el antirracismo o los movimientos por los derechos LGTBI y, muy especialmente, la merecidísima segunda vida de un libro como El cuento de la criada de la también grandísima, y varias veces candidata al Nobel, Margaret Atwood - llamado a convertirse en clásico de la literatura - han supuesto un antes y un después en la percepción social hacia el género. Si antes la ciencia ficción era automáticamente despreciada - sobre todo por las élites culturares del momento - y concebida como literatura menor, o más en concreto, un reducto para el goce y disfrute de unos pocos frikis, ahora es raro no toparse con alguien que hable de ella con mil y un halagos. Hasta el punto de convertirse en objeto de estudio y debate intelectual. Y es que el género está plagado de auténticos eruditos: George Orwell, Aldous Huxley, Philip K. Dick, Anthony Burgess, Ray Bradbury, Stanislaw Lem, Isaac Asimov, Richard Matheson... Pero también de eruditas: la ya citada Margaret Atwood, Ursula K. le Guin, Johanna Russ, Sheri S. Tepper, Elia Barceló, Analee Newitz, V. E. Schwab, Nnedi Okorafor, Laura Fernández... Si hasta Emilia Pardo Bazán hizo sus pinitos en el género con relatos como La cabeza a componer o su primera novela Pascual López: autobiografía de un estudiante de medicina. Al calor de este clima de cambio y reivindicación, en España muchas editoriales especializadas en el género han visto reforzada su posición - tales como Gigamesh o los sellos Minotauro o Fancy de Planeta o Penguin Random House respectivamente - pero también ha favorecido la irrupción de editoriales más pequeñas como Consonni, Pulpture, Crononauta, Tryskel, Aristas Martínez, Bunker, Nova (esta absorbida por Penguin), Shackleton entre otras. Así como la aparición de portales web relevantes como La nave invisible - en el que buscar visibilizar las autoras de género - o podcasts como Marea Nocturna o Escritoras de Urras. El cambio ha sido drástico, capaz de darle un vuelco a dos ideas erróneas. La primera, que la ciencia ficción es cosa de marginados y raritos (aunque paradójicamente, incluso cuando se denigraba, era uno de los géneros más populares). Y la segunda, a nivel de escritura, que la ciencia ficción es un terreno de hombres blancos y heterosexuales, estereotipo que Octavia Butler - de la que hemos hablado largo y tenido aquí - tumbó con su presencia y galardones en un momento en el que la lucha por los derechos sociales de la comunidad afroamericana atravesaba su momento más efervescente. Hija de sangre y otros relatos: el black lives matter de los 70 no está reñido con la ciencia ficción más trasgresora. 


En ocasiones la obra literaria y el contexto histórico que la ha visto nacer son completamente indisociables el uno del otro. Ocurre con La divina comedia, El Quijote, El segundo Sexo o incluso con Hamnet (cuya reseña publiqué la semana pasada). Algo que también sucede con Hija de sangre y otros relatos de Octavia Butler, cuya lectura es un constante diálogo con los Estados Unidos de mediados de siglo debido a que, en su mayoría, los textos fueron escritos al calor de las protestas, marchas y manifestaciones llevadas a cabo por la comunidad afroamericana exigiendo sus derechos en un país que los seguía discriminando sistemáticamente. Mientras la lucha seguía en la calle y a medida que iban alcanzando más conquistas sociales durante los 60, 70 y 80 del pasado siglo, una escritora Octavia Butler irrumpía en el panorama literario de su país con una serie de escritos que pusieron patas arriba el canon que se había seguido hasta ese momento, cambiando la historia de la literatura de ciencia ficción para siempre. En un mundo de hombres blancos, Butler supo, no sin haber peleado lo indecible, hacerse un hueco entre ellos ganando varios de los premios más prestigiosos del género tales como el Nébula o el Hugo entre otros muchos, convirtiéndose en la primera de muchas cosas. No solo su condición de mujer, también las de mujer negra y lesbiana, dotó a sus novelas, ensayos y relatos de una perspectiva nunca antes explorada en la ciencia ficción y que a la larga, resultaría crucial para las futuras generaciones de escritoras y escritores deseosos de explorar este campo de la literatura en pleno siglo XXI. Convirtiéndose, casi en el acto, en todo un referente atemporal. Reivindicada hasta la saciedad en los últimos años - no hay más que ver las reediciones de algunas de sus obras más importantes por parte de editoriales como Capitán Swing o Consonni entre otras - la obra de Butler respira vigencia. Ya no solo por sus alegatos antirracistas y el afrofeminismo tan cercano a las tesis de Angela Davis, también por lo que respecta al contexto social en el que actualmente nos movemos. En el que parecen haber resucitado, como si de una pesadilla se tratase, toda una clase de viejas ideologías intolerantes, xenófobas, homófobas y antifeministas que creíamos haber enterrado definitivamente bajo kilos de tierra. Algo que en Estados Unidos no ha dejado de sucederse, sobre todo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, y la visibilidad que han adquirido las protestas contra la violencia policial y los crímenes racistas. De ahí que los relatos de Octavia Butler resulten más necesarios que nunca, arrojando crítica, inclusión y diversidad en un mundo que, de nuevo, parece que tiene que volver a pelear por unos derechos ganados en el pasado. 


Centrándonos en la lectura en cuestión, todas y todos conocíamos el talento de Butler para la novela, pero al menos una servidora desconocía el inmenso potencial que esconden sus narraciones más cortas. Y es que, como siempre he sostenido, una o un gran escritor se mide en su capacidad de síntesis, en ser capaz de condensar sus inquietudes y estilo en un cuento. O al menos atendiendo a lo que, desde la academia, se ha considerado como tal. Con su extensión, sus reglas, sus parámetros. Hija de sangre y otros relatos - antología que Consonni ha traducido y publicado por primera vez en nuestro país - resulta casi un ejemplo perfecto de como debería escribirse un relato de ciencia ficción, solo comparable con aquellos relatos que Ray Bradbury se sacaba de la manga para hacernos la vida más amena a la vez que aprendías un poco de ciencia y de las posibilidades de esta en clave de humor. A diferencia de, por ejemplo, Crónicas marcianas, Butler traza una serie de cuentos con un tono menos distendido, menos afable, planteando futuros donde los seres humanos hemos fracasado a todos los niveles. Convirtiéndonos en extranjeros dentro de planetas imaginados, esclavos de nuestros propios inventos ideológicos o sufriendo las más terribles consecuencias de nuestra propia ambición. Desde convertirnos en objeto de estudio por parte de unos alienígenas con aspecto de insectos en Hija de sangre - donde además se plantea la posibilidad del embarazo masculino - a sufrir enfermedades genéticas que nos conducen a la autodestrucción en La tarde, la mañana y la noche, pasando por esa inquietante sociedad que, por culpa de un virus, ha perdido la posibilidad para comunicarse a través del habla en Sonidos de habla - sin duda, mi relato favorito de la antología -. De hecho, ahondando un poco más en este cuento, Butler plantea una regresión hacia un primitivísimo violento que ha conseguido helarme la sangre. Obviamente como sociedad no estamos en esa situación pero asusta observar como la comunicación, o mejor dicho, la falta de ella, es un problema cada vez más preocupante, algo de lo que las nuevas tecnologías, y más en concretamente las redes sociales, tienen mucha culpa. Por otro lado, y no menos importante, la antología se completa con tres textos que se salen de la norma. El primero de ellos, el que lleva por título Al otro lado, nos introduce en la vida de una mujer que trabaja en empleos precarios en medio de una aplastante soledad mientras anhela el amor de un hombre encarcelado y convertirse en escritora. Durísimo relato por ese retrato de las relaciones tóxicas, pero también por esa desazón que provocan los sueños rotos. Un cuento que, a pesar de no tener toques cifi, golpea de la misma forma que el resto. A continuación, dos micro ensayos (Obsesión positiva y Furor Scribendi) en los que Butler nos cuenta los inicios de su amor por la literatura y la historia de sus numerosos rechazos editoriales, así como los consejos que ella misma nos da para convertirse en escritor, insistiendo muy especialmente en la perseverancia. A priori la inclusión de estos textos en medio de la antología puede resultar extraño, desconcertante, pero al ofrecer la mirada más humana de la autora que hay detrás de tan excepcionales relatos entiendes un poco mejor su escritura y los motivaciones personales que la llevaron a escribirlos. La antología se cierra, a modo de epifanía, con su cuento más optimista, El libro de Martha, de inspiración bíblica en el que una joven es elegida para encontrar la manera de que la humanidad no acabe exterminándose de puro egoísmo. Un cierre perfecto que contribuye, no solo a agrandar la leyenda de Octavia Butler, también a que el lector acabe metiendo sus ojos en otros de sus libros. Que son muchos y, afortunadamente, cada vez más accesibles. 

Hija de sangre y otros relatos: nueve historias de extinción, especulación científica, antirracismo, feminismo, condición humana, experimentos, virus, pandemias, pequeños huecos para la esperanza... Una antología que todo amante de la Ciencia Ficción debería tener en su estantería. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Supongo que es porque nos han vuelto a desplazar del centro del universo. A los seres humanos digo. A lo largo de la historia, en los mitos y hasta en la ciencia, nunca hemos dejado de colocarnos en el centro y nunca han dejado de desalojarnos."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Consonni

martes, 20 de abril de 2021

RESEÑA: Amar y revivir.

 AMAR Y REVIVIR


Título: Amar y revivir. 

Autora: Mary W. Shelley (1797-1851) narradora, escritora, ensayista y biógrafa británica. Hija de del filósofo político William Godwin y de la teórica feminista Mery Wollstonecraft, frecuentó los más selectos ámbitos culturales y literarios de la mano de su esposo el poeta Percy Bysshe Shelley. Su obra más importante sin duda, fue Frankenstein, nacida tras una apuesta entre Lord Byron, John William Polidori, Percy Shelley y la propia Mary durante las vacaciones del año 1816 en una mansión Cerca de Ginebra. Tras el fallecimiento de su esposo, se dedicó en cuerpo y en alma a la educación de su único hijo y a forjar su carrera como escritora, sin embargo, la última década de su vida estuvo dominada por enfermedades probablemente asociadas al tumor cerebral que acabaría con ella en el año 1851. Además de Frankenstein, Mary Shelley es autora de Mathilda, El útlimo Hombre o Falkner entre otros.


Editorial: Hermida Editores. 

Idioma original: inglés. 

Edición: Gonzalo Torné.

Traductores/Correctores: Germán Molero y Hermida Editores. 

Sinopsis: Un romano regresa a la vida y se ve obligado a contemplar su Roma natal transformada y alterada por el tiempo; un joven ingiere (creyendo que se trata de un filtro de amor) una poción que al volverle inmortal le condena a ver envejecer y morir a todos sus seres queridos; un caballero romántico sufre la irrupción de un doble que amenaza con arrebatarle su vida; una doncella se debate entre el amor y la lealtad deja su decisión en manos de una santa que la obliga a dormir en una pequeña terraza sobre un acantilado; la única posibilidad de redención de un noble calavera pasa por cambiar de cuerpo con un horrible duende... Estos son algunos de los nervios narrativos que animan nuestra selección de relatos con los que Mary Shelley prolonga el magisterio que exhibió en Frankenstein. Ambientados en una Italia tan bella como peligrosa, en estos relatos se suceden una secuencia de amores desesperados, situaciones límite y vidas presionadas por la irrupción de la guerra... Pero ante todo estos relatos prolongan la indagación pionera de Mary Shelley sobre los claroscuros de una ciencia que empezaba a parecer capaz de todo, sin haberse podido plantear todavía sus consecuencias morales. Un campo prodigioso que a veces se confunde con los últimos coletazos del mundo de la hechicería. 

Su lectura me ha parecido: sugestiva, mágica, sobrenatural, gótica, imaginativa, un envidiable pulso narrativo, una ensoñación... Cuando leí por primera vez a Mary Shelley lo hice sin arnés, a lo loco, sin esperar aterrizar en una superficie lo más segura posible. Y casi fue la mejor manera de adentrarme en ella y en su universo literario. Sin pensarlo mucho, motivada por su inquebrantable y resplandeciente aura de pionera de la ciencia ficción, así como de gran maestra del terror y de algunos de los subgéneros que de él partieron con mayor o peor gloria. Por supuesto lo hice a través de Frankenstein, su obra cumbre, que duda cabe, pero por entonces la única que por aquel entonces podías encontrar en las estanterías de las librerías. Si bien es cierto que no era su único texto traducido - con el tiempo fui poco a poco recopilando todos ellos, cual acérrima fan en tiempos donde el terror prácticamente no se estilaba - sí era y es el que copa, eclipsa, relegando a un lugar menos visible el resto de su producción literaria. Hecho que ha provocado un absoluto y patológico desconocimiento hacia todas aquellas obras escritas con anterioridad o posteridad a su novela más insigne. Dolorosas injusticias a parte - de las que hablaré largo y tendido a lo largo de la presente reseña - lo cierto es que Frankenstein es magistral, trascendente e historia de la literatura a infinidad de niveles. No sólo por el tratamiento de sus personajes, el revolucionario uso de la especulación científica para reflexionar y ahondar entorno a los peligros y avances de la misma en un contexto en el que ésta iba ganando mayor peso en detraimiento de la superstición religiosa o las magistrales descripciones en las que los contrastes entre paisaje - desolador, como el hielo que protagoniza la primera parte de la novela - y emociones humanas son enormes. También por sugerir en tiempos de románticos empedernidos (recordemos, las interpretaciones por parte de lectores, escritores, intelectuales y crítica especializada de Frankenstein son inabarcables) toda una serie de debates y cuestiones realmente adelantados a su época. Mis favoritos, los más visionarios, como el que asegura que Frankenstein ya anticipa las relaciones sociales de poder y sumisión de la era industrial - donde el empresario burgués (el Doctor Frankenstein) somete al proletariado (La criatura) y lo maneja a su antojo y capricho sin importar cualquier tipo de necesidad o sentimiento - o aquel en el que se argumenta la mención implícita de la teoría Queer en la novela de Mary Shelley - recordemos, el ser que el Doctor Frankenstein crea en su laboratorio no tiene sexo, de hecho, no se especifica en ningún momento de la novela - así como todo el proceso hetero cultural que ha acabado por convencer a la gente de que el "monstruo" de Frankenstein en realidad es un hombre y no un ser de género no binario. Una vez soltada toda la perorata sobre porqué os tenéis que leer Frankenstein sí o sí - aunque podamos hablar de él en términos literarios cercanos a lo terrorífico no da miedo, os lo aseguro, palabrita de lectora edde género - queda referirnos al resto de sus obras, a las bastardas, aquellas ensombrecidas por el poder mediático que suscita el renombrado libro. De esa Mathilda - una romántica oda a la nostalgia y la soledad en clave autobiográfica - El último hombre - difícil de encontrar traducida a día de hoy y que la convierte, también, en pionera del género distópico - de su Diario del duelo - recién traducido al español y en el que somos testigos de sus desahogos ante la muerte de su marido Percy Shelley - o de sus cuentos, los cuales pueblan de pistas sobre sus ambientaciones, preocupaciones o temas literarios favoritos. Algo que, desde Hermida Editores y en colaboración con Gonzalo Torné - escritor y conocedor de la obra del grupo de la Villa Diotati - han querido remediar. Amar y revivir: la antología que los amantes de Mary Shelley necesitábamos. 


Amar y revivir se compone de trece relatos en total. Trece historias que ofrecen diferentes sensaciones según el tipo de lector que se enfrente a ellas. Para los que, por un lado, no hayan leído nada de Mary Shelley, ni siquiera Frankenstein, pues estos textos le llegarán con una inusitada frescura, sobre todo si eres amante de lo sobrenatural, la magia y las ambientaciones históricas con tintes gótico-románticos (muy en mi caso, sobre todo esto último). Para los que, por otro, seáis amantes de la autora británica, tengáis unas cuantas nociones de su breve biografía (más allá de lo acontecido en la Villa Diodati) y, sobre todo, os encante Frankenstein, con Amar y revivir vais a disfrutarlo más si cabe, ya que se pueden apreciar no sólo temáticas presentes en la famosa novela de Mary Shelley, también registros e historias que plagan de matices una carrera literaria más rica de lo que muchas y muchos piensan. En cualquier caso, ya sea porque no has leído nada de ella antes o porque te conoces obra y milagros de todo lo que tenga que ver con sus libros, Amar y revivir se revela como otra posible puerta de entrada a su universo literario, más ameno tal vez, pero sin descuidar la complejidad y la trascendencia filosófica que posee Frankenstein. Como ya he dicho y a grandes rasgos la presente antología permite a su autora, así como a las y los lectores, transitar entre distintas ideologías, movimientos artísticos, sensibilidades emocionales o periodos históricos muy concretos. Aquí viajamos desde el espíritu romántico - al que se adscribieron artistas, músicos, novelistas o poetas coetáneos como Lord Byron, Gustavo Adolfo Bécquer, Friedrich Schiller, José de Espronceda, Caspar David Friedrich, Eugène Delacroix, Ludwig van Beethoven, Francisco de Goya, Víctor Hugo o Rosalía de Castro entre otras/os - a los arcos apuntados de una iglesia o castillo gótico - casi siempre en ruinas o habitado por un ser malévolo - a los últimos coletazos de la magia en contraste con la irrupción de la ciencia - de hecho, podría tratarse del gran tema que une a todos los relatos - hasta llegar a lo contemporáneo en debates, que no el contexto. Porque si por algo todas y todos le debemos respeto absoluto a Mary Shelley, hasta los que no leen ciencia ficción o pasen del terror, es por su enorme capacidad para poner sobre la palestra cuestiones enormemente avanzadas para su época. Ideas que a día de hoy debatimos acaloradamente en comidas familiares, en cafeterías o tras la tribuna de oradores del congreso pero que Shelley ya planteó en pleno siglo XIX. Cuando la ciencia comenzaba a ganarle terreno a la religión, y todavía más importante, cuando las mujeres escritoras seguían firmando bajo "anónimo" o pseudónimo masculino (algo que la propia Mary Shelley vivió en sus carnes). 


Por ir desgranando algunos de los relatos más interesantes que componen Amar y revivir para así  aprender un poco más de la autora inglesa, empezaremos por uno de los que más me ha sorprendido. Aquel que lleva por título Ferdinando Eboli donde, a pesar de envolvernos en una atmósfera tremendamente gótica y de encontrarnos todos los topicazos de la misma, el relato presenta dos elementos enormemente modernos. El primero de ellos, la presencia del doppelgänger - la figura del doble en la literatura - como augurio de la muerte para quien se encuentra cara a cara con él. No es un recurso nuevo, de hecho es el propio movimiento romántico el que lo rescata de las leyendas medievales, pero sí resulta interesante la modernización del mismo a través de la pluma de Shelley, adelantándose décadas a las novelas de August Strindberg - a quien se le atribuye el origen de la palabra  doppelgänger - a El Doble de Fiódor Dostoievsky, a los relatos de Guy de Maupassant, a El Doctor Jekyll y Míster Hyde de Robert Louis Stevenson y por supuesto a todas las series (Twin Peaks), películas (El gabinete del Doctor Caligari) y novelas de terror que de una manera u otra han hecho uso de él en los siglos posteriores. El segundo de ellos viene por su protagonista, Adalinda, que aunque encaje en el prototipo de doncella gótica, Shelley le otorga una determinación y arrojo que la alejan de cualquier estereotipo femenino en literatura. Siguiendo con este tema, imposible de obviar como el feminismo y la denuncia de la inferioridad de las mujeres respecto a los hombres (ambos presentes en su literatura) se traslada al relato La novia de la Italia moderna, donde la crítica a la hipocresía de la religión y, sobre todo, a los matrimonios de conveniencia a los que se debían someter muchas mujeres de su época - este relato está ambientado en el presente de la autora - se convierte en un alegato a la independencia y a la libertad de elección, también lo que a cuestiones amorosas se refiere. Aunque, sin lugar a dudas, mi relato favorito es Valerio, el romano reanimado, donde Shelley introduce a un romano de la época imperial en la Roma de principios de siglo XIX. Un relato que nos permite, no solo admirar la fidelidad histórica y una capital diferente a lo que en su día fue durante sus siglos de mayor gloria, también reflexionar entorno a la decadencia y esplendor que, a pesar de los siglos, siguen padeciendo las ciudades. Una oda al paso del tiempo que debería sobresalir dentro de la producción literaria de la autora. Para los que quieran referencias claras a Frankenstein tenemos El mortal inmortal, donde las constantes apelaciones a la moralidad de ciertas prácticas científicas apelan constantemente a su obra magna. Aunque a decir verdad, la antología está plagada de títulos - el revivir de su título es la señal más clara - que irremediablemente evocan al famoso texto y nos hacen pensar que Mary Shelley estaba, de alguna manera, destinada a escribir una novela como Frankenstein. Por último, cabe señalar su fijación y pasión por Italia, ya que casi todos los relatos están ambientados allí. Pero la Italia de Shelley no es pletórica, luminosa y llena de jolgorio, sino un lugar oscuro, tenebroso, plagado de antiguos torreones, castillos y mazmorras donde sus protagonistas se enfrentan a los dilemas más trascendentales. Tradición literaria - la influencia de El castillo de Oranto de Walpole es clara - y connotaciones autobiográficas - Shelley pasó varias etapas de su vida en dicho país - se dan de la mano en esta antología para ofrecernos una mirada diferente de una autora que, de manera injusta, quedó ensombrecida por la presencia de su icónica e inmortal criatura. 

Amar y revivir: trece historias de redención, amor, aventuras, castillos góticos, transformaciones, pociones, magia, oscuridad, romanticismo... El legado de Mary Shelley más allá de Frankenstein. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Roma ha caído, de acuerdo, pero el mundo sigue venerándola. Es una visión muy hermosa asistir a cómo sus descendientes, por alejados que estén de sus modelos, han tratado de consevar sus templos. De todas las partes del mundo acuden viajeros deseosos de visitarlos, y sólo se alejan de Roma a regañadientes. Para muchos hombres, todo lo que se conserva dentro de estas murallas es un templo sagrado... aunque fuese profanado tantas veces. La compasión debe mezclarse con la indignación si queremos ser justos. Ni la edad ni el dolor han logrado destruir el espíritu de Roma. Si se apoderase de mí la mayor de las desgracias, encontraría un gran consuelo en saber que he vivido en Roma. Si un hombre de su época reviviese en Atenas, ¿no tendría mayores motivos para estar triste usted?"

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores

miércoles, 27 de enero de 2021

RESEÑA: El Diablo sabe mi nombre.

 EL DIABLO SABE MI NOMBRE


Título: El Diablo sabe mi nombre. 

Autora: Jacinta Escudos (El Salvador, 1961). Escribe novela, cuento, crónica y ensayo. Se alzó ganadora del los X Juegos Florales de El Salvador 2001, rama cuento, con el libro Crónicas para sentimentales, y del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo (2003) con su novela A-B-Sudario. Sus textos se han traducido al inglés, alemán y francés. Aparece en numerosas antologías de América Latina, Estados Unidos y Europa. Ha vivido en Alemania, Costa Rica y Nicaragua. Desde 2010 vive de nuevo en El Salvador, donde imparte talleres literarios. Desde hace once años escribe su columna quincenal "Gabinete Galigari" en el periódico La Prensa Gráfica. Así mismo, se puede acceder a dichas columnas y otros trabajos de la autora a través de su página web jescudos.com. 


Editorial: Consonni. 

Idioma: castellano. 

Sinopsis: Estos cuentos crean un universo propio donde todo está permitido: transformaciones, realidades paralelas, desdoblamientos, antropofagia, mutaciones. Los cuentos que conforman El Diablo sabe mi nombre son muy distintos entre sí, pero tienen dos aspectos en común. Por un lado, la transgresión, el deseo de traspasar una frontera, normalmente imposible, ya sea la frontera entre el sexo masculino y el femenino, entre seres humanos y animales, entre la locura y la cordura o entre la vida y la muerte. Por otro lado, lo onírico. De los 14 relatos, más de la mitad fueron sueños que la autora tuvo y que transformó en cuentos sin pretender hacer una lectura racional de los mismos, dejando hablar a la oscuridad y explorando aquellas zonas profundas que no comprendemos plenamente. Su carácter fantástico los hilvana como libro. A pesar de encontrar en este volumen un profundo disgusto por el ser humano que destruye el medio ambiente y, sobre todo, una notoria rebeldía contra los roles impuestos a hombres y mujeres, los cuentos presentan en la gran mayoría de los casos a personajes que hacen algo para cambiar su suerte. 

Su lectura me ha parecido: directa, certera, breve, envolvente, fantástica, oscura, bella en sus devaneos oníricos, natural, terrorífica por momentos... Cuando pensamos en literatura latinoamericana la primera palabra que se nos viene a la cabeza es "boom". Y no es para menos ya que, olvidándose casi siempre de unos antecedentes muy interesantes en los siglos XVII y XIX, en la mayoría de veces nombres como los de Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Juan Rulfo, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa o Juan Carlos Onetti se acumulan en los discursos, estudios, tesis doctorales, coloquios y demás soportes etéreos o físicos. No obstante, y a pesar de que a día de hoy muchos de ellos siguen siendo figuras inamovibles dentro del canon, los lectores, así como la intelectualidad, está asistiendo a la irrupción, como si de un terremoto se tratase, de toda una serie de escritoras (en su más amplia mayoría) que están reformulando o directamente transformando de arriba abajo el panorama literario de algunos de los países sudamericanos con mayor tradición en estas lides. En ese sentido, asistimos a dos fenómenos: el de la reivindicación y puesta en valor - sobre todo de las coetáneas al "boom" como Elena Garro, Rosario Ferrer o Gabriela Mistral entre otras - y el de la aparición de toda una generación de autoras que, haciendo suyos géneros literarios hasta ese momento muy europeos o norteamericanos - especialmente el terror y la fantasía - y adaptándolos a la realidad político-social de sus respectivos países, han conseguido cimentar voces propias muy personales y extraordinariamente potentes. En los últimos años nombres como los de Mariana Enríquez (Argentina), Fernanda Melchor (México), Mónica Ojeda (Ecuador), Fernanda Trías (Uruguay), Gabriela Weiner (Perú) o la reciente merecedora del Premio Alfaguara de Novela Pilar Quintana (Colombia) no dejan de regalarnos grandes obras para leer, reflexionar y en algunos casos elevarlas a los altares de la literatura actual. No obstante, de nuevo, los grandes nombres eclipsan otros. Igual no de la misma envergadura mediática y de éxito editorial pero cuyas manos han escrito pequeñas gemas a tener en cuenta, sobre todo en este mundo cambiante y sumido en el poder devorador del capitalismo más atroz. Jacinta Escudos, procedente de uno de los países considerados "periféricos" en lo que a las letras se refiere - El Salvador - es el ejemplo perfecto de que a veces, si se quiere conocer el fenómeno en su máxima expresión, hay que alejarse un poco de Argentina, México o Colombia para adentrarse en literaturas que, si bien son menos conocidas, sus hitos están a la altura del Gótico andino de Mónica Ojeda, del terror subyugante de Mariana Enríquez o la descarnada crítica social de Fernanda Melchor. El diablo sabe mi nombre: la fantasía onírica hecha relato. 


Según el escritor Philip K. Dick la diferencia entre un relato corto y una novela reside en la capacidad de la escritora o escritor para la síntesis. Si bien en una novela, policíaca por ejemplo, ahondaría en la figura del criminal (desde una profunda perspectiva psicológica), así como en procurar la sucesión de una serie de elementos que obliguen al lector a empatizar con el protagonista, en el relato simplemente se abordaría el crimen, sin mucha recreación y con un desenlace capaz de descolocar la mente de quien se adentre en él. El golpe, en resumidas cuentas, debe ser rápido, seco y certero. Después ya es tarea de la autora o autor de turno el proveer de una personalidad propia tanto en estilo como en desenlace. Los hay, en esto del arduo arte de escribir finales, que acaban abruptamente, que hilvanan las costuras a la perfección, que por el contrario dejan la puerta abierta a que el lector piense lo que quiera y hasta los que, simplemente, concluyen cuando la acción principal y no da más de si. Poner punto y final a un relato no es tarea fácil, y menos aún cuando éste casi no llega a las tres páginas. Todo tiene que estar muy medido, constreñido, usar las palabras adecuadas para que todo quede patas arriba en unas pocas frases. De ahí que, a pesar de encontrarnos ante unos relatos con cierta tendencia a la recreación y a la abstracción, los de Jacinta Escudos sorprenden por sus desenlaces que, a pesar de cerrarse como un candado, dejan en el lector un necesario poso de reflexión. El Diablo sabe mi nombre se compone de catorce relatos, todos ellos de extraordinaria brevedad, que pivotan al rededor de dos sugerentes temas: la necesidad de transformación en un ente diferente, ya sea ser humano o animal, y el reino del subconsciente. En primer lugar, el deseo por parte de Escudos de traspasar la frontera de lo imposible es patente. De hecho, a medida que me acostumbraba y me empapaba de su forma de narrar, tenía la sensación de que la naturalidad se imponía sobre lo inenarrable. Y es que Escudos, como buena escritora de género fantástico, consigue que te creas y asimiles la metamorfosis más loca o un acto de antropofagia - fuera de los códigos del presente género, totalmente aberrante -  con sorprendente normalidad. Y es que en el mundo de lo inexplicable todo tiene cabida. En el que una persona pueda encontrarse con su propio cadáver en (Muerto al lado de mí mismo), en el que desde una mirada simbolista la posesión sexual se alcance literalmente a bocados (Fetiche de un naufragio) o en el que la tensión entre un gato y su ama, con su correspondiente intercambio de roles, provoque una transformación humano-felina (El placer). Respecto al catálogo de animales, el bestiario es inmenso: monos, insectos, caballos... Mis favoritos, los que tienen un cocodrilo y unas serpientes como protagonistas. El primero, por esa la mutación de niña/mujer en cocodrilo y su mutilación como metáfora de la necesidad de revelarse contra los poderes ancestrales y las tradiciones más arraigadas. Y el segundo, por una Medusa alejada de cualquier estereotipo grotesco, patriarcal o desquiciante, enfrentada a la persona que vive en su interior y al dolor al que le somete la Gorgona. Una mujer al fin y al cabo que se lamenta por su aciago destino mientras, las serpientes, no dejan de crecer en su cabellera. 


Sin duda uno de los aspectos que más llaman la atención del presente volumen de relatos, además del uso de los sueños como material y base de muchas de las historias que puedes encontrar en su interior, es la abrumadora presencia del amor físico, el erotismo y la sensualidad en cada uno de ellos. Hacía tiempo que no me topaba con una lectura tan sensitiva, tan corporal, tan de piel con piel. De esas que no buscan, dicho vulgarmente, "ponerte cachonda/o", sino retorcer el imaginario existente para presentarte algo nuevo. A ratos perturbadora, oscura, hasta rozar el terror. Pero hermosa en su conjunto. Aquí no sólo encontramos relatos cuyo eje gira entorno a la consumación del acto sexual - como Memoria de Siam o el cuento que da nombre al libro - también al rededor del propio goce, ya sea desde un estado original o a través de una mágica transformación - como es el caso de Cabeza de serpientes -. Hasta un acto tan risible como el masticar comida, en el imaginario literario de Jacinta Escudos, puede esconder lascivia y grandes dosis de placer. En contraposición a esta ensoñación algo pesadillesca - pensaba constantemente en los personajes de El jardín de las delicias del Bosco a la hora de ponerles cuerpo y rostro a los personajes que desfilaban ante mis ojos - a lo largo de su lectura sobrevuela un halo de pesimismo. Y es que, además de hacernos viajar a rincones inexplorados de nuestra imaginación a través de lo inexplicable, Escudos ha querido transmitirnos sus preocupaciones respecto lo peor que anida en el ser humano y su injusta relación con el medio ambiente. Aquí las mujeres se revelan contra lo que se espera de ellas. Y lo hacen a través de la metamorfosis, de su evolución a otro ente diferente al concebido en su origen. Ya sea hombre, pájaro, gato o cocodrilo; cualquier futuro es mejor que el de ser mujer. Sobre todo por el sometimiento, el silencio que se impone sobre sus cuerdas vocales o el riesgo a castración - física o espiritual - por medio de una ablación sexual concreta o la prohibición de hacer palpable su sexualidad al considerarlo un acto provocativo o directamente brujería. La preocupación es evidente, más allá de la simbología atribuida y del carácter misantrópico que algunos han querido ver. De ahí la importancia del formato - relato corto en este caso - para transmitir las inquietudes que a la autora en este caso no dejan de golpear en su cabeza. Inquietudes vertidas con un lirismo contenido que abstrae, absorbe, embriaga. Como ese perfume sin estrenar. Como ese pastel de la infancia. Como esa película que no queremos que acabe por miedo a despertar en un mundo donde lo tangible, lo audible o lo visible duele. 

El Diablo sabe mi nombre: catorce relatos de fantasía, terror, erotismo, mitología, mujeres con cuerpo de animal, animales con cuerpo de hombres, estómagos insaciables, imaginación, sueños... La literatura, una vez más, libre de encorsetamientos y asfixias. 

Frases o párrafos favoritos: 

    "Yo nací para ser serpiente. 
     El cabello, mi voz, el filo de mis ojos. Todo lo indicaba.
    Y entonces me deformé. Salió un cuerpo femenino que nada me agradaba, que en todo me estorbaba, que no daba más que problemas. 
    El cabello quedó. El cabello. Y tal fue la fuerza de mis pensamientos, tan cerca de mi alma, mi cerebro, que los cabellos fueron lo que yo no pude. 
    Fueron serpientes."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Consonni

lunes, 14 de diciembre de 2020

RESEÑA: Kuessipan.

 KUESSIPAN


Título: Kuessipan. 

Autora: Joan Fontaine (Uashat, Canadá, 1987) es una escritora canadiense perteneciente a la nación algoquiana innu. Nacida en la reserva de Uashat, con siete años se trasladó junto a su madre a la ciudad de Quebec, donde terminó su formación, realizó estudios universitarios de creación literaria y actualmente vive junto con su hijo. Ha publicado dos novelas: Kuessipan, que tuvo un gran impacto, con una mención al Premio de los Cinco Continentes de Francofonía, y Manikanetish, inspirada en sus alumnos adolescentes de la reserva de Uashat. Es coodirectora de la antología literaria de las Primeras Naciones Tracer un chemin: Meshkanatsheu. Fue una de las "mujeres del año" de la edición quebequesa de Elle y "revelación del año" de la revista especializada Les Libraires. 


Editorial: Pepitas de Calabaza. 

Idioma original: francés. 

Traductora: Lucia Lucuix

Sinopsis: Kuessipan evoca la vida cotidiana en la reserva innu de Uashat. Con una escritura altamente poética, luminosa, de una sensibilidad muy femenina y con un componente reivindicativo exento de cualquier tipo de cólera, Naomi Fontaine habla de lugares, de rostros conocidos y amados. De cazadores nómadas. De pescadores nostálgicos. De vidas al rededor de una bahía que refleja las cosas de la tierra. De liebres. Del pan tradicional. De rituales. De tambores de piel de caribú. De niños que crecen. De ancianos que se reúnen para recordar el pasado. De salmones. De abetos. De barreras invisibles e invisibles. De placeres efímeros. Del alcohol que todo lo mata. De viajes en tren. Y, sobre todo, de la certeza de que la vida es un conjunto de piezas que hay que ensamblar para que surja la magia. 

Su lectura me ha parecido: cruda, intensa, de lectura pausada, fragmentaria, dura en su desnudez, bella en sus vaivenes poéticos, ligeramente reivindicativa, como congelada en el tiempo... Este año, más que nunca, las ganas de marcharme a un lugar solitario han aumentado. Un sitio en el que el bosque quedase a pocos kilómetros. En donde los frondosos senderos se abrieran ante mí como mágicos pasillos sacados del cuento más hermoso. Donde el agua formara un espejo cuando el invierno azotase con toda su rabia. Donde las hojas cristalizasen, las piedras temblaran y las chimeneas humearan. Un lugar donde la tierra creciera, dejando al descubierto una paleta de colores que los urbanitas desconocen por completo. Con esos tonos anaranjados, verdes, ocres y violetas cuando la primavera decide abrir la puerta. A veces me despierto con la humedad del campo pegada a la nariz en una de las muchas alucinaciones somnolientas, esas que no consigues probar su veracidad o falsedad, esas que tanto deseas en el fondo pero que se escapan, como dientes de león, entre tus manos. Sorbes el café, frente a ti, la ventana te ofrece un campo de hormigón armado. Pero tú ansías ver un manto mojado, la lluvia resbalarse por entre las hojas y los atisbos de una incipiente niebla. Un fantasmagórico paisaje que, en lugar de atemorizarte, inunda de regocijo una tarde de escritura altamente productiva. Mi Cumbres borrascosas ideal, sin Heathcliff y sin todo el melodrama, sería algo parecido a las Highlands escocesas o las Hébridas. Esas islas en el fin del mundo, aisladas de cualquier peligro, problema, temor. Con el faro que tan bien describió Virginia Woof en una de sus más logradas novelas como guía y las rocas de Storr arañando el grisáceo cielo. Así son los sueños, bonitos, perfectos, idealizados hasta la extenuación. A la hora de cogerlos de la mano, bajarlos a la tierra, sumergirlos en las aguas del barreño y observar la aplastante soledad que te rodea, de pronto ya no ves con malos ojos las vistas al patio interior o al descampado inundado tras la tromba de agua. Nada como un buen baño de realidad para entender que los lugares más fríos, remotos y con tradiciones aún entroncadas con un pasado tan remoto como las leyendas que pueblan su imaginario no están exentos de su lado menos atractivo y áspero. El turismo y el capitalismo nos han educado así y tal vez, sobre todo en los tiempos que corren, ya va siendo hora de volver a atrás y deshacer lo aprendido para ofrecer una perspectiva más realista y, por supuesto, con el conocimiento de la realidad y del día a día de quienes habitan dichas zonas. En esta reseña no os voy a hablar ni de las Orcadas, ni de la isla de Skye, sino de algo menos conocido: la reserva de Uashat. Un pedacito de tierra canadiense donde cazadores nómadas e instrumentos antiquísimos conviven con una cotidianeidad bañada por el poco reconocimiento, la nieve, la depresión y los sueños de quienes sólo desean prosperar fuera de sus invisibles muros. Kuessipan: una canción helada, un testimonio ardiente. 


Al asomarse por vez primera a esta novela fragmentaria - de una libertad estructural alucinante y que ya va siendo habitual en la literatura en general - una tiene la sensación de estar viviendo un autentico privilegio al alcance de muy pocos. Es como si la propia Naomi Fontaine - autora del libro - no pusiera resistencias a la llegada de inquietos lectores al lugar de donde proceden sus más profundas raíces, pero con una importante advertencia previa. Para que éste sea consciente de que lo que está a punto de leer no es la imagen más idílica ni de la nieve, ni del frío, y por supuesto, ajena a cualquier tipo de blanqueamiento de la situación de su comunidad dentro del grandísimo país como es Canadá. Sin embargo, lo que te encuentras nada más lees la primera página es poesía, denuncia también, pero sobre todo poesía, encerrada en un témpano de hielo, pero lírica al fin y al cabo. Su estructura en pequeños párrafos (algunos de ellos no llegan a ocupar la página entera) narrándote en cada uno de ellos la cotidianeidad o pequeñas historias ambientadas en Uashat - reserva innu situada en Quebec y a la cual pertenece la escritora - ayuda a que los recursos propios del verso fluyan de manera ágil a ojos del lector. Sintiéndose, por un lado, abrumado ante las emociones que Fontaine es capaz de transmitir a través de un magistral talento para la ambientación y la condensación de lo mejor y lo peor del alma humana, y por otro tristeza, impotencia, una pelota de lana en el estómago. En Kuessipan, Fontaine no busca la lágrima fácil - aunque algunos de sus relatos bien podrían merecerlas - sino una emoción en pequeñito, íntima, pero cuyo carácter trascendental acaba provocando un torrente de sensaciones gratificantes en el lector. La dualidad modernidad-tradición están muy presentes en la novela, hasta el punto de que considero que ese y no otro es el verdadero vehículo del texto, lo que lo engrandece, en otras palabras, su razón de ser. Rimando, de este modo, con una de las corrientes literarias de más actualidad. En los últimos años ha acontecido una especie de boom de lo que se conoce como "literatura rural" o "ruralismo literario". Movimiento literario que, aunque por desgracia ha acabado derivando en una moda que no ha hecho sino banalizar o tirar por tierra la grandeza estilística de los primeros libros, ha conseguido revitalizar temas que creíamos arcaicos o superados como la vida en el pueblo, el trabajo en el campo, la idea de ruralidad, lo determinante de los orígenes, el éxodo (esta vez a la inversa, de las ciudades al campo), las relaciones intergeneracionales (en especial con los abuelos) y evidentemente la reivindicación de estos lugares no sin su correspondiente baño de realidad y crítica a las costumbres más intolerables. En otras palabras, y por poner como referencia a nuestro país: los Delibes de la generación Millenial. Respecto a Naomi Fontaine, si bien por edad correspondería de pleno con esta nueva ornada, en cuanto a estilo se aleja del costumbrismo casi cañí - al que aquí le hemos puesto un altar desde el punto de vista tanto literario como cinematográfico - para ahondar en la introspección, en la fragilidad y en lo inquebrantable, como ese hielo que no parece derretirse, como esos tambores de caribú, como esas leyendas que sobreviven al paso de los siglos, como esos ancianos que, nostálgicos de tiempos pasados, se niegan a abandonar las costumbres de su pueblo, las cuales la metrópoli trató en su momento de arrebatarles. En Kuessipan los niños maduran demasiado pronto, las adolescentes se quedan embarazadas antes de la mayoría de edad, los cazadores aún son nómadas, los árboles parecen conversar con los humanos, la depresión inunda la mente de quienes no soportan vivir allí y la soledad se torna en la compañía más desasosegante. Como veis, nada que ver con lo nuestro, con ese carácter extrovertido, el color o el sello "typical spanish" pero, al mismo tiempo, entroncados en lo que no se ve o no queremos ver. 


Lejos de una mirada autocompasiva o extremadamente beligerante, Naomi Fontaine - a pesar de ser ella misma una escritora indígena nativa de la reserva de Uashat - ha decidido enfocar su Kuessipan hacia, en primer lugar, la desmitificación de la vida en lugares como el que la vio nacer, mostrando su realidad desde la más absoluta franqueza (no exenta de una exquisita poesía, como ya hemos comentado), y en segundo lugar, homenajear todo aquello que hace único a Uashat. Su texto parece congelado en el tiempo, tanto en su brevedad como en su intencionalidad expositiva, en unos recuerdos de niña y adolescente, en historias verídicas o procedentes de la imaginación cuyo deshielo sólo compete al lector de turno. Para ella, el legado de su pueblo es universal: desde las manos hundidas en la masa de pan hasta los secretos que esconde la bahía, pasando por los muchos rituales o el pequeño riachuelo congelado por el frío. A su vez, Kuessipan se alza como una novela altamente política, en su implícita crítica, no tanto al colonialismo o a la pérdida de la identidad, como a esos hombres y mujeres perdidos, habitantes de un mundo cada vez más cambiante, rápido, globalizado que busca la renovación constante antes que la pausa. Una disociación que se critica a través de la inexistencia o fracaso del Mito del Buen Salvaje. De este modo Naomi Fontaine ofrece una panorámica en la que asistimos a una idea caduca del romanticismo nómada frente a una supervivencia cada vez más desesperada. Como si estos hombres y mujeres viviesen en una capsula temporal y al mismo tiempo en una realidad que les impide día a día ejercer sus trabajos - por muy rudimentarios, duros o desfasados en tecnología que sean - o incluso manifestar su identidad cultural. No debemos olvidar que los Innus fueron los primeros pobladores de Canadá y que de un tiempo a esta parte, son los principales afectados laboralmente, políticamente, económicamente y hasta psicológicamente de las consecuencias adversas de la reubicación. Porque todo sea dicho, a los Innus, al igual que tantas y tantas tribus indias de Norteamérica, fueron invadidos por los colonos - en este caso Franceses - en algunos casos masacrados y posteriormente expulsados de sus tierras ancestrales para vivir en reservas alejadas de sus lugares de origen. De hecho, dadas estas circunstancias, no me extraña que en muchos de estos lugares la depresión y el alcoholismo estén casi a la orden del día. Al mismo tiempo que existe esta frustración como comunidad, también podemos observar como los problemas de la globalización afectan más si cabe a su forma de vida, como el paulatino declive de la pesca y la caza tal y como las habían ejercido tradicionalmente, así como los efectos de la contaminación y un exacerbado ocio hacia el nido, sobre todo por parte de los más jóvenes o de los que quieren escapar de ese microcosmos antes de darse a la bebida para evadirse de su desgracia. Sin embargo, en todo paisaje helado el sol acaba saliendo, aunque sea tras los blancos tejados, rebotando en los lagos, entrando por puertas y ventanas. En definitiva, que la ternura se antepone a la dureza de la vida, o eso es lo que Naomi Fontaine quiere que extraigamos de Kuessipan. No es un mensaje extraído del último best seller de autoayuda, tampoco una frase motivadora con la que podemos toparnos en redes sociales. Simplemente es una pequeña esperanza, un reconocimiento un bello optimismo que el observador - o lector - más inteligente podrá hallar en el lugar más deprimente. En el invierno más crudo, asfixiante, expectante al surgimiento de una nueva primavera. 

Kuessipan: una historia de identidad, tradición, cazadores, ancianos contadores de historias, botellines de cerveza, existencias desorientadas, paso del tiempo, amistades, maternidades, cabañas en medio del hielo... Un libro para masticarlo, digerirlo, pensarlo y repensarlo. 

Frases o párrafos favoritos: 

    "Los recalcitrantes se cierran en banda, se enfrentan a la autoridad. Su combate: criar a la carne, educarla para que se conviertan en hombres, en mujeres, en una nación que se les parezca, que no dominará, que subsistirá, que vivirá. 
    El anciano de piel blanca se ha vestido con sus plumas y sus ropas de colores. Se ha puesto sus mocasines. lo que hace de él un indio. Pipa en mano, irá a parlamentar con el jefe del Estado." 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Pepitas de Calabaza

miércoles, 18 de noviembre de 2020

RESEÑA: La Bella y la Bestia.

 LA BELLA Y LA BESTIA


Título: La Bella y la Bestia. 

Autor: Bayard Taylor (Kennett Plaza, Pensilvania, 1825- Berlín, Alemania 1878). Poeta, crítico, periodista y diplomático. Fue un gran viajero que recorrió cinco continentes para contar sus experiencias en libros enormemente populares en su tiempo. Fue también, en muchos sentidos, un visionario social que acertó a predecir los derechos de las mujeres, las uniones homosexuales y el culto a la naturaleza y la vida sana. 


Editorial: Hermida Editores. 

Idioma original: inglés. 

Traductor: Losé Luis Piquero. 

Sinopsis: Un príncipe brutal y libertino que reina sobre almas y haciendas. Dos gemelos idénticos que ni sus padres ni la novia de uno de ellos pueden distinguirlos. Un hermano cuáquero que oculta a su pequeña y humilde comunidad un secreto casi increíble. Los estrafalarios miembros de una comuna que se adelante en cien años al movimiento hippy. Éstos son algunos de los personajes que se asoman en las páginas de La bella y la bestia. Y lo hacen en relatos en los que a veces se impone el humor (un humor desenfrenado e incluso algo gamberro) y otras veces la delicadeza de los sentimientos humanos más íntimos. Referencias tan dispares como Mark Twain, Dickens y Bret Harte, Las mil y una noches, los libros de viajes, los cuentos de hadas y las distopías sociales que un siglo más tarde harán furor en la literatura europea y norteamericana nutren una obra con hechuras de gran clásico que, sin embargo, nunca ha sido traducida a nuestro idioma y que incluye, en el relato que da título al conjunto, la idea original de la leyenda de la bella y la bestia, tantas veces llevada al cine. 

Su lectura me ha parecido: sorprendente, clásico en su forma, anticipador en su contenido, algo pesado, desigual, inquietante, gamberra, delicada, muy personal, una grata sorpresa... Tal vez esto que voy a confesaros en este primer párrafo suene un tanto frívolo pero la verdad es que, durante el confinamiento, llevé muy mal eso de no recibir libros por parte de las editoriales. Esa sensación de encontrarte en el buzón el libro que tanto has peleado, con mayor o menor intensidad dependiendo de los casos, para poder meter tus ojos en su interior e ir extrayendo cada una de las ideas para, posteriormente, plasmarlas sobre una cibernética hoja en blanco. Tan impoluta, tan dispuesta a resguardar cada una de las palabras tecleadas. Esa sonrisa que siempre se me queda cada vez que el cartero sube cargado (a veces hasta con cinco paquetes) para entregármelos en mano porque en el buzón, como es de esperar, no caben. De estos pequeños encuentros saqué en claro su amabilidad y profesionalidad, además de su afición por el ajedrez, al cual me imagino que dedicaría parte de su tiempo de encierro colectivo. Las editoriales dejaron de enviar ejemplares a prensa, algo lógico si tenemos en cuenta la necesidad de reducir los riesgos ante posibles contagios, y por tanto, el cartero dejó de pasarse tan a menudo por mi casa. Aún así, no me faltó trabajo, tenía reseñas atrasadas, lecturas a las que pegarles un buen repaso y una antología que fue, poco a poco, dando sus primeros pasos. Sin embargo, ese olor a libro nuevo, ese placer que sentía - y todavía siento - al rasgar el paquete, esas muestras de cariño y pasión lectora por parte de las editoriales cada vez que sacaban un ejemplar nuevo me faltaban en mi día a día. Sólo esos correos formales al término de cada nueva crítica me conectaban con esa antigua cotidianeidad por entonces quebrada. Nos preguntábamos cómo estábamos, nos deseábamos que todo estuviera bien, que la cosa pasase pronto para volver de nuevo a la carga. Todo ello desde la lejanía, desde nuestras respectivas casas, entonces convertidas en despachos compartidos. Por supuesto, hubieron algunos libros que se devolvieron, que se perdieron - aún no conocemos el paradero - o que se enviaron a la sucursal equivocada. Esa misma suerte corrió el libro del que hoy tengo el placer de hablaros. Viajó desde su lugar de origen y erró en su destino, en plena pandemia, en plena limitación de movimientos. El paquete regresó, con la promesa de emprender, esta vez, el camino correcto. A los pocos días de levantarse algunas de las restricciones, el presente volumen de relatos acabó por fin en mis manos. Desde entonces a este - y a su insigne compañero de viaje - los llamo "libros errantes", en clara alusión al ensayo de Tokarczuk y a su odisea en tiempos pandémicos. Hoy uno de ellos, el más tocho, regresa a mi mesa de trabajo, dispuesto a dejarse destripar (en el buen sentido) por una servidora. La Bella y la Bestia: gemas literarias, comunas y visionarias distopías sociales al servicio del público del siglo XXI. 


Antes de adentrarnos en las entrañas del conjunto de relatos que compone La Bella y la Bestia y otros cuentos del hogar (así se titula en realidad, sin acotaciones, la antología en cuestión) es preciso conocer la figura de su autor. ¿Quién es Bayard Taylor? ¿A qué se dedicaba? Y lo más importante ¿cómo es posible que actualmente tengamos tan poco, por no decir casi nada, de él traducido y editado en nuestro país? Para empezar, si buceamos un poco por internet, lo primer que nos llama la atención de su biografía son los cientos de viajes que Taylor se pegaba al rededor del mundo, llegando a poner pie en los cinco continentes. Debido a su condición de diplomático, a pesar de sus humildes orígenes, éste no dudaba en visitar algunos de los lugares más fascinantes del globo terráqueo. Desde Japón a Australia, pasando por Rusia, la antigua Prusia o la Europa del norte. Fue especialmente este territorio por el que más fascinación sintió, llegando a pasar largas temporadas en Suecia para aprender el idioma, política y costumbres del lugar. De esta pasión por el país nórdico su poema narrativo Lars, sus numerosos artículos publicados posteriormente bajo el título Northen Travel: Summer and Winter Pictures. A decir verdad, para el autor estadounidense cada estancia y viaje que emprendía, la mayoría por trabajo aunque también por placer, le servía como excusa para poder plasmar sus vivencias, anécdotas u opiniones acerca del lugar en el que se encontraba. Todos ellos desde un carácter que oscilaba entre lo divulgativo y lo intelectual. Fue así como Taylor escribió libros como Una visita a India, Japón y China en el año 1853, Las tierras del Sarraceno, Colorado: un viaje de verano o Cuadros de Palestina, Asia Menor, Sicilia y España (¿os creíais que Taylor, con lo viajero que era, no iba a poner pie aquí? y encima durante el reinado de Isabel II). Además de sus distintas visitas a países extranjeros, Taylor cultivó una fuerte amistad con el científico alemán Alexander von Humboldt - recordemos, padre de la Geografía como disciplina y la ciencia empírica - llegando incluso a acompañarle en alguno de sus viajes científicos a lugares como la Asia central. Por si fuera poca su vinculación con el mundo de la ciencia, Taylor se casó en segundas nupcias con María Hansen, hija de Peter Hansen, un conocido astrónomo germano-danés al que le debemos el cálculo de las posiciones lunares a partir de la teoría de la gravedad de Newton. Antes de morir en Berlín en el año 1878, tras su nombramiento como ministro de Estados Unidos para Prusia, a Taylor le dio tiempo a escribir Una historia de Pensilvania y a visitar de nuevo sus adorados países escandinavos, en especial Islandia. A pesar de considerarlo como uno de los más insignes escritores de libros de viajes la crítica, no obstante, señaló su falta de imaginación, calificándolo como un autor convencional dentro del sentimentalismo tan típico en la literatura del siglo XIX. Esto último, para los que hemos leído La Bella y la Bestia y otros cuentos del hogar, no dejará de parecerme un chiste del mal gusto. Si bien es cierto que no todos son perfectos y que algunos parecen enclaustrados en las modas estilísticas de la época, me parece desproporcionado tachar a Taylor de poco original teniendo en cuenta lo mucho que se anticipó a algunas de las realidades y debates más acuciantes en la actualidad. Estaba claro que no todo eran crónicas viajeras en su vida y que la ficción más especulativa o terrible lograron, al fin trascender, aunque fuese a trompicones y desoyendo discursos academicistas. 


Reconozco que lo que me llamó la atención de su sinopsis fue la promesa de encontrar en su interior la idea original de la leyenda que inspiró el cuento La Bella y la Bestia. Una historia que, según los estudios, parece tener su origen o bien en la historia de Apuleyo titulada Cupido y Psique incluida en El Asno de Oro y que tendría sus reseñables versiones de la mano de Gabrielle-Suzane de Villeneuve y de Jeanne-Marie Leprice de Beaumont en el siglo XVIII. Cada cual más distinta entre sí pero que sirvieron de base para la proliferación de interpretaciones históricas, sociales y hasta psicológicas; así como de adaptaciones cinematográficas enormemente populares. Algunas edulcoradas - la de la compañía Disney del año 1991 - otras con argumentos secundarios añadidos - como la versión de Jean Cocteau de 1946 - y hasta fue trascendente para el nacimiento de auténticos iconos literarios o cinéfilos de la cultura popular - a saber King Kong o El fantasma de la Opera entre otros -. Teniendo en cuenta todos estos datos, las expectativas estaban por las nubes. Sin embargo, me encontré una lectura de casi setenta páginas - es el relato, aunque deberíamos referirnos a él como nouvelle, más largo del libro - y que sorprendentemente no tiene nada que ver con lo que conocemos del relato. Ni hay relación romántica, ni una profecía, ni un Gastón, ni una rosa que se marchita con el paso de los días acortando la vida del protagonista. Lo único que sí que se mantiene es la premisa de un príncipe cruel - que incluso tortura y da rienda suelta a un inusitado libertinaje - y una joven bella y bondadosa que irrumpe en su vida para trastocarla por completo. Si bien este relato en concreto - que por cierto se curró poco su título - no tiene el mejor de los pulsos narrativos, de hecho en ocasiones resulta bastante soporífero a pesar de lo atractiva que puede parecer la idea, al menos desde un punto de vista de márquetin, es de agradecer que la crueldad esté presente, así como una ambientación interesante que nos retrotrae a los orígenes del propio cuento. El resto de historias - ocho sin contar el que da nombre al volumen - podemos referirnos a ellas de dos formas. O bien dando la razón, aunque con regañadientes, a los estudiosos al tratarse de tramas en las que los personajes fingen ser quien no son (el pobre que es inmensamente rico o el que pretende ocultar un secreto oscuro de su pasado para aparentar), amores imposibles por pertenecer a clases sociales diferentes y en los que siempre la moraleja, para bien o para mal, siempre está presente. Todas ellos, como ya he dicho, muy típicas de la literatura del XIX. O bien abrazado todos aquellos temas realmente revolucionarios como el acoso escolar, la igualdad entre hombres y mujeres, el ecologismo o la existencia de comunas cuya descripción encajaría más con una autora o autor de los años 60 que con la de un decimonónico. Dicho de otra forma, Bayard Taylor se adelantó cien años a la aparición de las distopías sociales que tan populares harían a escritoras y escritores como George Orwell, Margaret Atwood, Aldous Huxley o Ray Bradbury a lo largo del siglo XX. Por no hablar de que prácticamente inventa el hipismo y algunas de las características más reseñables de lo que posteriormente se llamará "Contracultura". Con todo, ¿es Bayard Taylor un buen escritor? Dependiendo de tu disposición, paciencia y estado de ánimo lo tolerarás mejor o peor. ¿Es entonces un autor a tener en cuenta y a seguir la pista? Sí, y éste es rotundo, a pesar de su desequilibrio narrativo, siempre será bueno aprender e investigar, desde un punto de vista histórico, dos de mis grandes pasiones intelectuales: los viajes y las distopías. Así que no tenerle miedo, ni respeto, que su humor - desenfrenado en ocasiones - merece la pena. La Bella y la Bestia: nueve relatos y una novela corta llenos de ironía, crítica, ingenio, estrafalarios comuneros, inquietantes gemelos, príncipes lujuriosos... El primer paso para traer más criaturas literarias de Bayard Taylor a nuestro idioma. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Bueno, como en algún momento debo terminar, que sea aquí y ahora. Para volver a citar a lord Bacon, tome mi "relato redondo y sin pulir" y quizá el mundo aún reconozca que algún bien ha hecho quien esto firma."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores

martes, 20 de octubre de 2020

RESEÑA: Incienso.

 INCIENSO


Título: Incienso. 

Autora: Eileen Chang (1920-1995) nació en el seno de una familia de clase alta de Shanghái. Su madre fue una mujer moderna educada en Inglaterra; su padre un adicto al opio de ideas tradicionales. El matrimonio terminó en divorcio y Eileen quedaría bajo la custodia de su padre, hasta que los maltratos a los que éste la sometía la obligaron a irse a vivir con su madre. Tras la invasión japonesa en Hong Kong en 1941, en cuya universidad estudiaba literatura, volvió a la también ocupada Shanghái, donde empezó a publicar en revistas los cuentos y nouvelles que la convirtieron en una famosa escritora. En 1944 se casó con Hu Lancheng, un político que colaboraba con los japoneses y del que se divorciaría tres años después. La llegada de los comunistas al poder la llevaría a EEUU en 1955, donde moriría cuarenta años más tarde sin haber vuelto nunca a China. Durante sus años en EEUU, Chang dio clases en distintas universidades y continuó escribiendo ensayos, narrativa y guiones para películas rodadas en Hong Kong, durante el régimen comunista sus libros quedaron relegados en la China continental por motivos políticos. En los años noventa, coincidiendo con la apertura del régimen y el ascenso de una pujante clase media, su obra fue redescubierta con gran éxito. Entre sus libros destacan La jaula dorada, La rosa roja y la rosa blanca, Incienso, Un amor que destruye ciudades y Deseo y peligro (llevada al cine por el oscarizado director Ang Lee en 2007).


Editorial: Libros del Asteroide. 

Idioma: chino. 

Traductora: Anne-Hélène Suárez. 

Sinopsis: cuando Ge Weilong se presenta inesperadamente en casa de su tía, la señora Liang, para pedirle que la acoja y así poder proseguir con sus estudios en Hong Kong, no se imagina hasta qué punto ese encuentro cambiará su vida. La señora Liang le abrirá las puertas a un ambiente mundano, regido por la suntuosidad y la hipocresía, y Weilong tendrá que decidir si quiere formar parte de él. Así arranca la primera de las dos novelas cortas que contiene este volumen: un retrato esplendido de la decadente China colonial. Dos historias que, como apunta la narradora, se leen en el tiempo que tarda en arder un puñado de incienso. 

Su lectura me ha parecido: sorprendente, bella, que te deja con ganas de más, metafóricamente interesante, con unos personajes interesantes en su construcción - sobre todo en lo que se refiere al primer texto - una foto del Hong Kong anterior a la Segunda Guerra Mundial en todo su esplendor y convivencia colonial... Existe el dicho de "somos lo que comemos" o el de "dime qué comes y te diré como eres". Ambos son muy parecidos, por no decir que los dos conducen a la misma conclusión salida, casi, de los universos multicolores de Mister Wonderfull. Yo, sinceramente, soy más del de "enséñame tu librería y te diré quien eres". Cierto, me lo acabo de inventar, está visto que últimamente reboso imaginación, hasta en los terrenos más insospechados. Dejando a un lado las mamarrachadas de turno, lo cierto es que, si nos paramos todas y todos frente a nuestra librería - en otras palabras, nuestro templo cultural más personal y en ocasiones intransferible - descubriremos que abundan lecturas de autoras y autores estadounidenses, españoles o franceses entre otras muchas nacionalidades. En mi caso, las y los ingleses ganan por mayoría, aunque en los últimos años la literatura latinoamericana, la norteamericana y la procedente de países tanto del norte como del este de Europa han aumentado con el paso de los años. Al igual que el color, de un tono crema normalito a un negro cada vez más azabache. Por decirlo de alguna manera, así describo últimamente mi deriva hacia lo oscuro, siniestro, turbulento. Más allá de eso, lo que de verdad me preocupó fue descubrir la poca representación que tenía en los estantes de literatura procedente de países como Japón, Corea del Sur, Vietnam o China por citar algunos ejemplos. Es más, estoy convencida de que a vosotras y a vosotros también os sucede. Y no, esos libros de Haruki Murakami que tanto has releído no compensan el olvido sistémico más allá de las editoriales especializadas de turno (cuya labor pocas veces es reconocida). En lo que a China compete - ya que es el lugar de nacimiento de la autora del libro que pasaremos a continuación a reseñar - el lector de a pie sólo se acuerda de Confucio - algunos, por desgracia, gracias al chiste fácil que me niego en este espacio de crítica y opinión a reproducir - o de Sun Tzu y su Arte de la guerra - actualmente sigue siendo el libro chino más traducido y trascendente en occidente - y para de contar. Afortunadamente , y desde hace unos años, Libros del Asteroide ha ido arrojando luz sobre una de sus escritoras menos conocidas para el público generalista. Una pluma que describió como nadie la época precomunista - con sus virtudes y defectos - aunque fuese finalmente condenada al exilio por el régimen de Mao Tse Tung en el año 1955. A pesar de que en los últimos años su escritura se viese influenciada por las formas occidentales, sus textos anteriores a la década de los 50 aún consiguen acercarnos como nadie a una época histórica trascendental en la historia de china, a esa convivencia entre el tradicionalismo y la modernidad y, sobre todo, a sus aromas. Incienso: la sencillez luminosa, incluso antes de extinguirse la llama. 


Dividida en dos partes - Primer incensario y Segundo incensario - el libro de Eileen Chang asienta de alguna manera los parámetros literarios en los que la autora se va a desenvolver, como pez en el agua, a lo largo de toda su producción novelística. Ya lo vimos en Un amor que destruye ciudades (reseñada que podéis encontrar también en el blog) y lo volvemos a apreciar en Incienso, aunque con más lírica, menos contención y una aproximación más intensa al Hong Kong de entreguerras y previo al ascenso del Comunismo en China. Usando el símil del incienso, cuya fragancia se desprende tras la chispa provocada por una cerilla, Chang va poco a poco adentrando al lector en su mundo, desde una pasmosa sencillez y unas descripciones realmente embriagadoras. Llama especialmente la atención su forma de aproximarse a la cotidianeidad de las situaciones, así como la inclusión de una paleta de colores tan fascinante como abrumadora. A través de ellos, Chang nos describe un vestido, un plato de comida tradicional o una estancia con la misma facilidad con la que puede evocarnos la incomodidad, la pobreza, la envidia, el amor o la enemistad. Partiendo de los que todas y todos conocemos: azul intenso, rojo resplandeciente, esmeralda o amarillo crema. Pero también de otros completamente desconocidos para mí como el cardenillo - similar al turquesa y que se forma al rededor de objetos de cobre o latón por culpa de la humedad - otorgando, de este modo, mayor originalidad a ambos textos. Por otro lado, al igual que sucede, al parecer, en lo que conocemos de su corpus narrativo, Chang siente especial fijación por retratar, visibilizar y poner sobre la mesa como era la vida en el Hong Kong cosmopolita - rara vez observamos otra realidad que no sea esa - y en especial las relaciones entre sus habitantes y las influencias anglosajonas que, por culpa de la colonización, acabaron por implosionar en la cultura, sociedad y costumbres de un país, tradicionalmente, muy apegado a lo tradicional. En relación a esto último y como autora, Chang se posiciona de forma muy crítica en el Segundo Incensario, elaborando un relato lúcido y en el que se plantea una situación bastante comprometida. Seguidamente, ambos textos quedan irremediablemente marcados por otro de los grandes intereses de su autora: el de visibilizar la realidad de las mujeres chinas en este contexto tan determinante. Si en Primer Incensario el lector sigue los pasos de Ge Weilong - una joven que se debate entre ir a la escuela y después buscar un trabajo o llevar una vida cómoda estrechamente unida a los placeres - , en el Segundo Incensario es el estilo de vida colonialista y la falta de educación sexual en las mujeres lo que hará que, tras la boda de Roger y Susie, se desencadenen los inesperados acontecimientos. Si me tengo que quedar con uno, me inclinaría por el primero. Weilong es un personaje fascinante, el de la tía odioso pero al que no puedes evitar querer, esa aproximación a la vida acomodada (con tradiciones ancestrales y desdén a las doncellas incluidos) así como la reflexión final de Weilong - tan triste como comprensible si tenemos en cuenta el contexto en el que nació el relato - merecen un lugar destacado en mi memoria lectora. 


La vida de Eileen Chang - la cual hemos empezado a conocer gracias a la traducción de sus novelas al Español y a la encomiable labor de Libros del Asteroide de traerla por primera vez a las librerías de este país - parece no distanciarse mucho de las tramas de sus novelas. Ya desde sus primeros años de vida podemos captar una de sus influencias, al ser educada por una madre moderna y viajera y por un padre de ideas tradicionales y adicto al opio. Uno la maltrataba, la otra le dio la oportunidad de ver mundo una vez aquel matrimonio tocó a su fin. De ahí su preocupación por hacer hincapié en las problemáticas relaciones entre lo autóctono y las influencias extranjeras, entre una sociedad todavía anclada en valores reaccionarios a unas costumbres que, si bien arrasaron con parte de la idiosincrasia del país, para algunos supuso toda una fuente de inspiración. A los 23 años, que se dice pronto, Eileen Chang ya era toda una afamada escritora, sin embargo, dicho estatus no la libró de las duras críticas por parte de algunos colegas de profesión al ofrecer un estilo muy liviano y casi complaciente de la ocupación colonial. Época en la que, por cierto, muchos autores dejaron de escribir como protesta ante la invasión. Perdidamente enamorada de Hu Lancheng, hombre de dudosa reputación y ministro de propaganda del gobierno pro Japonés de Wuhan (sí, la mismísima Wuhan, no es una broma), Eileen Chang escribió sus obras más importantes al tiempo que tenía lugar la invasión nipona y los escarceos de su marido con otras mujeres. Divorciada de Lacheng - tras tres años de larga espera - vivió con incomodidad la llegada del comunismo a su país. De la noche a la mañana, Chang pasó de reputada escritora a una presencia incómoda para el régimen de Mao. No es de extrañar que tras la llegada del Maoísmo al poder, decidiese exiliarse a los Estados Unidos, lugar en el que ejerció como profesora en diferentes universidades y puso un pie en la industria hollywoodiense gracias a su talento como guionista. Sus textos, desde entonces, se vieron irremediablemente empapados del occidentalismo estadounidense pero jamás dejó de mirar más allá del océano Pacífico, más allá de la gran Muralla a ese país que literariamente tanto le aportó. El final de Eileen Chang fue triste, muriendo en Los Angeles en la década de los 90 sin haber podido volver a China, y aunque en los últimos tiempos se haya reivindicado, por fin, su literatura dentro del panorama literario de su tierra, eso no nos libra del amargor de saber que, de haber vivido un poco más, tal vez sus ojos hubieran sido testigos del éxito, tardío, pero éxito. La importancia de Chang, además del redescubrimiento de una autora desconocida traducida por vez primera al español, radica en su biografía, en sus ideas implícitas y en su valioso testimonio literario. ¿Os imagináis que hubiese cambiado de opinión? ¿Qué se hubiese unido a sus compañeros escritores y hubiese dejado de publicar durante la época colonial? A estas alturas se me antoja imposible. 

Incienso: dos historias de tradición, modernidad, independencia, tutelas, sofisticación, choque colonialista, relaciones de poder, domesticidad, interiores... La sinestesia hecha literatura. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La calle era un caos de fuegos artificiales y petardos volando en cualquier dirección. La pareja tenía que hacerse a un lado cada dos por tres para evitar las cometas rojas y verdes (…) Frente a todo este gentío, toda esa luz, todas esas mercancías, se extendían, sombríos, el cielo y el mar - una desolación, un espanto sin límite - igual que su futuro."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Libros del Asteroide