Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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martes, 23 de enero de 2018

RESEÑA: Oso vs. Tiburón.

OSO VS. TIBURÓN

Título: Oso vs. Tiburón.

Autor: Chris Bachelder (Minneapolis, 1971) es escritor y articulista, colabora habitualmente en las revistas McSweeney´s Quarterly Concern y The Believer. Ha ejercido como docente de Literatura y Escritura Creativa en las universidades de Colorado, Carolina del Norte, Nuevo México, Massachusetts y Cincinnati, donde enseña en la actualidad. Es autor de las novelas Oso vs. Tiburón, U.S!, A propósito de Abbott y Lessons in Virtual Tour Photography. Su última novela, The Throwback Special, ha sido finalista del National Book Award en 2016. (Fuente: Automática).


Editorial: Automática.

Idioma: inglés.

Traductor: Enrique Maldonado Roldán.

Sinopsis: en un terreno de juego relativamente equilibrado (es decir, con suficiente profundidad de agua para que un Tiburón pueda maniobrar debidamente, pero no demasiada, para que un Oso pueda hacer pie y manejarse con su característica destreza), ¿quién ganaría un combate entre un Oso y un Tiburón? En esta feroz y afilada sátira de nuestra mediatizada cultura contemporánea, acompañaremos al Sr. Norman y su familia en un periplo hasta la nación soberana de Las Vegas, donde asistirán a Oso vs. Tiburón II, el espectáculo definitivo para el que - gracias a un ensayo de su hijo: Oso VS. Tiburón: una razón para vivir - han ganado cuatro entradas. En el trayecto se cruzarán con fanáticos terroristas, culturistas, teólogos, autores autoeditados, el último Cantautor...Oso VS. Tiburón está en boca de todos y sus opiniones polarizadas pronto comenzarán a sembrar extrañas dudas en el corazón del Sr. Norman. (Fuente: Automática).

Su lectura me ha parecido: extraña, alocada, oscura, muy crítica con la sociedad que estamos construyendo, atípica, completamente surrealista...Queridos lectores y lectoras, todos sabemos que Estados Unidos es uno de los países que mayor influencia tiene en el mundo, por no decir que probablemente sea el que más. A nadie se le escapa esta obviedad, pues, su poder se extiende a lo largo y ancho del globo terráqueo, logrando que sus costumbres se conviertan en nuestras también. Gracias a ello, al abusivo poder de la globalización, conocemos infinidad de aspectos distintivos de la cultura estadounidense. A saber su breve pero intensa historia, sus aparentemente idílicos barrios residenciales, sus casas unifamiliares con jardín, las hamburguesas, su peculiar patriotismo, los rascacielos en las grandes ciudades, las típicas cafeterías de carretera, la conquista del Oeste, los vaqueros luchando contra los indios, sus presidentes, el petróleo, los pueblos perdidos en medio de la nada, el Gran Cañón, Hollywood, la religiosidad, la tela vaquera, Harvard, Silicon Valley, la Casa Blanca, el Mayflower, el águila calva, el dólar, la Estatua de la Libertad, Times Square, el 4 de julio, el béisbol, el Black Friday...Son muchas las palabras que se nos vienen a la cabeza en relación con Estados Unidos, tantas como horas que empleamos consumiendo sus productos y cultura. La novela que hoy tengo el placer de reseñar aparecen otros dos elementos típicamente norteamericanos: la carretera y la sociedad del entretenimiento. Con el paso del tiempo ambos se han convertido en auténticos símbolos y modos de vida, tanto que hay escritores, como Chris Bachelder, que en el terreno de la literatura les han dado una siniestra vuelta de tuerca, hacia un futuro no tan lejano y que de verdad da miedo. Oso vs. Tiburón: la estupidez humana llevada al extremo.


La historia de como Oso vs. Tiburón llegó a mis manos fue fruto de la casualidad. Jamás había oído hablar de esta novela y mucho menos de su autor, el norteamericano Chris Bachelder. Es más, hacía bastante tiempo que llevaba desconectada de la novela norteamericana mucho tiempo. No sabría explicaros, lectores y lectoras, lo que me llevó a dejar de lado todo libro que tuviese algo que ver con Estados Unidos. Y eso que, un año antes de que llegase este libro a mi vida, me entusiasmaron unas clases del máster en la que, de manera demasiado breve, abordamos los principales acontecimientos de la historia de este país a partir de la II Guerra Mundial. Resultó un recorrido realmente apasionante, os lo aseguro, pero, creo que tras empaparme del tema y tras un año en el que acabé bastante cansada de ciertas cosas, me alejé durante unos meses de la literatura norteamericana. Oso vs. Tiburón apareció ante mis ojos en forma de correo electrónico. La editorial Automática, con la cual llevo un tiempo colaborando, lanzó el año pasado este libro tan llamativo como extraño. Por aquel entonces me apeteció y mucho sumergirme en su lectura, así que en cuanto pude me hice con él. Sin embargo, tengo que confesar que mi relación con esta novela no fue la que en un principio me esperaba. Entre que tardé mas de lo previsto en animarme a leerlo y que encima coincidió con ese descanso en lo que a lecturas norteamericanas se refiere, contribuyeron a que ese primer acercamiento a Oso vs. Tiburón fuese un autentico desastre. Durante todo ese tiempo traté de volver una y otra vez a su lectura, pero de nuevo, algo me hacía abandonarla. Y siguió así hasta que un día, antes de acabar el año, por fin, logré leerme Oso vs. Tiburón. No es que se tratara de un propósito a cumplir y que me quedaba pendiente del 2017, pero así fue, y cuando por fin lo hice, cuando al fin acaricié la última página, supe que algo se había movido dentro de mi. Oso vs. Tiburón no se ha convertido en uno de mis imprescindibles, pero si en un libro que, tras pillarle el truco, ronda en tus pensamientos durante los siguientes días.


La palabras que mejor define a Oso vs. Tiburón en su conjunto son desconcierto, impacto y reflexión. Una detrás de otra, así, sin posibilidad de cambio, pues, en el caso de que quitásemos una de las tres o cambiásemos el orden de éstas estaríamos deformando la sucesión de sensaciones de lectura que nos propone Bachelder. También tengo que avisar, queridos lectores y lectoras, que no nos encontramos ante la típica novela al uso, sino con algo mucho más extraño a primera vista y que irradia complejidad al mismo tiempo. Capítulos extraordinariamente cortos, diálogos que no parecen diálogos, descripciones que se leen a la velocidad de la luz, narradores ajenos a la propia historia, rapidez narrativa, apabullante trama, momentos en los que todos los personajes implicados desean hablar a la vez, psicodelia a borbotones...Cuando uno se adentra por primera vez en Oso vs. Tiburón no puede evitar pensar que está leyendo una autentica marcianada o un interesante ejercicio de literatura experimental, pero en realidad, y ahí es donde radica la magia de esta novela, Bachelder no hace más que poner al lector frente a un espejo ultradeformado de la realidad. Nadie te prepara para una lectura de este tipo y menos la sociedad en la que vivimos, que poco a poco va convirtiéndose en la que Bachelder describe en Oso vs. Tiburón. La historia es sencilla: una familia, la de los Norman, emprende un viaje por carretera en dirección a Las Vegas para poder asistir a un espectáculo de lo más esperpéntico: un combate a muerte entre un oso y un tiburón. A lo largo de este recorrido, la familia irá pasando por lugares y topándose con personajes extraños que indirectamente les harán reflexionar sobre el ridículo que la raza humana está haciendo como sociedad. Con esta trama es inevitable que el lector acabe reflexionando sobre ciertos temas, pues, y creo que esta es la verdadera intención de Bachelder, es necesario para darnos cuenta de la propia estupidez que abunda en el mundo, tanto en el de la ficción como en el de la vida real. Una de las cosas que más llama la atención de esta novela es seguramente el uso constante de estereotipos de la cultura americana, en especial, como he apuntado en el primer párrafo, los de la carretera y la sociedad del espectáculo representada en Las Vegas, sin olvidarnos de los valores de la familia americana embutida en un coche familiar del futuro. La metáfora en toda esta historia es evidente, hasta el punto de que Oso vs. Tiburón resulta una breve pero intensa alegoría de lo que podríamos ser. En cuanto a personajes, Sr. Norman, el padre de familia, resulta más interesante. Tan cerrado en un primer momento, tan imbuido en esa disparatada realidad y tan reflexivo al final de la novela. Sin duda, un personaje digno de cualquier distopía literaria al representar esa rebelión interna frente al despropósito.


Si uno se adentra en Oso vs. Tiburón está obligado a reflexionar muy seriamente sobre el mundo que estamos construyendo y en las personas en las que, debido en gran parte a las nuevas tecnologías, nos estamos convirtiendo. El 4 de diciembre del año 2011 se estrenó el primer capítulo de la famosa serie británica Black Mirror, una serie en la que cada capítulo narraba una historia independiente a la anterior y en donde se evidenciaba el lado oscuro de las nuevas tecnologías y su impacto sobre la sociedad. Capítulos como Himno nacional, 15 millones de méritos, Toda tu vida, Caída en picado, Oso Blanco o San Junípero nos estremecieron pero también nos pusieron en alerta sobre las posibilidades de que dichas historias pudiesen hacerse realidad en un futuro no tan lejano. Muchas críticas literarias han querido ver en Oso vs. Tiburón un nuevo capítulo de esta afamada y recomendadísima serie televisiva, y la verdad, no les falta razón, pues, lo que sucede en la novela de Bachelder bien podría suceder en los próximos años. Pero, ¿y si os dijera que ya hemos llegado a ello? ¿Y si lo que se narra en Oso vs. Tiburón ya se está dando, de forma más sutil eso si, en televisión? Hace unos años en Rusia se estuvo planteando muy seriamente la posibilidad de hacer un programa televisivo inspirado en los Juegos del Hambre, en donde los participantes tenían que sobrevivir para poder ganar el concurso. Un reality en el que por supuesto, estaba permitido cometer atrocidades, incluso el asesinato, con tal de sobrevivir a condiciones adversas. Por fortuna, esta idea nunca se llevó a cabo. Pero no nos tenemos que ir muy lejos para encontrar un programa de televisión en donde seguimos el día a día de los concursantes y en donde las redes sociales, para bien o para mal, juegan un papel clave. Estamos hablando de Gran Hermano, pero también, del nuevo OT con el que TVE pretende reconquistar a los espectadores a base de nostalgia, canciones, polémicas e invadir el espacio privado de los concursantes con un canal 24 horas a través de plataformas digitales. Por tanto, nadie escapa del escarnio público. Pero en donde los críticos ven espectáculo al servicio del pueblo, hay quien ve la oportunidad para hacer caja aprovechando ciertos espacios del 24 horas para anunciarse o colar publicidad descaradamente. Todo por la audiencia, todo por los espectadores, todo por lograr un mayor entretenimiento. Si quieren pelea, pues pelea. Si quieren beso, pues beso. Si quieren crear la ilusión de que no hay fricciones entre los concursantes, no hay problema, la magia de la tele se encarga de ello. Hay veces que ni nosotros mismos nos damos cuenta, pero, la realidad está muy cerca de parecerse a la de Oso vs. Tiburón, demasiado cerca, tan cerca que, como ya hemos podido comprobar, la tenemos a un paso de invadir nuestras vidas, si no lo ha hecho ya. Oso vs. Tiburón: una historia de despropósitos, cultura americana, locura, sordidez, reflexión, rapidez, inmediatez...Un ejemplo de como la sociedad puede acabar atrapada en las garras del más ridículo y oscuro entretenimiento.

Frases o párrafos favoritos:

"¿Quién carajo quiere quedarse atado con una cadena y ver como esas ideas enlazadas no te dejan moverte?"

Película/Canción: aunque pienso que los guionistas de Black mirror pueden encontrar en un futuro inspiración en esta novela, os dejo con una pieza tan famosa como apabullante, la cual simplifica a la perfección el frenesí en el que se mueven los personajes de esta novela.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Automática Editorial

martes, 6 de junio de 2017

RESEÑA: Mónechka.

MÓNECHKA

Título: Mónechka.

Autor: Marina Palei (Leningrado 1955) es una destacada escritora y periodista. Su estilo extravagante y ecléctico que combina elementos modernos y posmodernos, le ha valido el respeto de la crítica así como del amor y la fidelidad de los lectores. Tras graduarse en Medicina y ejercer la profesión durante unos años, Palei empezó a involucrarse en círculos teatrales y a escribir poesía. Poco después comienza a estudiar en el Instituto de Literatura Maksim Gorki, del que se graduaría en 1991. Marina Palei experimenta desde entonces con todos los géneros literarios. Entre sus obras destacan: Mónechka (La Cabiria de Leningrado), El coro, Lunch Klemens, Zhora Zhirniago y Tributo a la Salamandra.


Editorial: Automática.

Idioma: ruso.

Traductor: Marta Sánchez-Nieves.

Sinopsis: desde la adolescencia, Mónechka siempre mostró un inigualable talento para disfrutar de los placeres mundanos; esa precoz habilidad, que alcanzaba las más altas cotas en su relación con los hombres, marco desde el principio el rumbo de su existencia. Monka se arrojó a la vida a pecho descubierto, y esta la acogió en un torbellino de excesos y pasiones que la llevarían a transitar por igual las sendas de la felicidad y el dolor.

Su lectura me ha parecido: intensa, barroca, breve, apasionada, reflexiva, a ratos algo pesada, distinta...Queridos lectores y lectoras, como muy bien sabréis, la literatura rusa es de las más importantes de la historia. Algunos de autores, en su mayoría hombres por desgracia, pueden presumir de tener un cómodo sillón en el Olimpo de los grandes de la literatura universal. Tolstoi, Dostoievsky, Gogol, Pushkin...Todos podemos recordar sus nombres o mencionar alguna de sus obras más importantes. Para seros sincera, aunque esto ya lo he comentado en más de una ocasión, mi relación con la literatura rusa no ha sido muy buena que digamos. Mi primera incursión en los clásicos procedentes de este extenso país fue con la inmensa Guerra y Paz, y lo hice durante un verano a una edad bastante temprana. Tal vez por eso mi impresión no fuese del todo justa con la novela en cuestión, sin embargo, aquella lectura me hizo de alguna manera huir de todo lo que tuviese que ver con Rusia y realismo. Ni Crimen y castigo, ni Los hermanos Karamazov, ni Anna Karenina, no he leído ninguno. Se que es un sacrilegio, sobretodo por Anna Karenina, una novela que parece que muchos se han leído, pero esa experiencia con la monumental novela de Tolstoi me alejó de esa literatura y de ese estilo narrativo. Lo encontraba pesado, lento, interminable y eso que tengo un máster en leer libros del periodo realista. No obstante y tras haber leído el libro que hoy tengo el placer de reseñar, siento que empiezo a sentir el gusto por lo que está viendo la luz en lo que respecta a la narrativa rusa actual. No se cuanto tiempo mantendré esa barrera entre el realismo ruso y yo, pero lo que si que esta claro es que Marina Palei acaba de entrar por la puerta grande. Mónechka: sexo, literatura rusa y feminismo en estado puro.


La historia de como Mónechka llegó a mis manos es bien sencilla. Todo empezó por un correo electrónico. Un simple correo electrónico en la bandeja de entrada, cuyo autor era Automática Editorial. En él, me ponían al corriente de una de sus novedades, el libro en concreto se titulaba El abuelo y estaba escrito por Aleksandr Chudakov. No era la primera vez que recibía por parte de pequeñas editoriales este tipo de correos, de hecho, suelo pasarlos por alto si lo que me ofrecen no satisface mis apetencias lectoras. Sin embargo, con Automática pasó lo contrario, no sólo logró captar mi atención sino que consiguió que me invadiera la curiosidad por conocer que más títulos había publicado. Aquel día me pasee unos minutos por su página web y me sorprendí al comprobar que Automática Editorial estaba especializada en autores rusos en su mayoría. Los que hayáis leído la introducción comprenderéis que al principio tomé ese dato con cierto escepticismo, sin embargo, y tras ojear en el catalogo algunos de sus títulos, comprendí que esta editorial iba más allá de los clásicos y que ofertaba libros de tirada y temática más actual, además de algún texto que abordaba crítica a la Unión Soviética. Todo esto en su conjunto me convenció y a los pocos días inicié colaboración con ellos, no obstante, no me decanté por El abuelo, la novedad que en el correo me ofrecían, sino por otro de sus títulos, uno que me pareció enormemente enigmático: Mónechka. Recuerdo que la portada me impactó. Sobre un blanco impoluto, una figura lánguida y de luto surge imponente, con actitud fría y sujetando un cigarrillo con firmeza. Lo cierto es que la mujer que ilustra la cubierta guarda un parecido razonable con Scarlett Johanson, tal vez, si se diese el caso y se estuviese barajando la posibilidad de adatar al cine esta novela, la actriz norteamericana podría por su magnetismo encarnar perfectamente el papel protagonista. El libro llegó a mi buzón antes de lo esperado, sin embargo, no fue hasta unos meses más tarde cuando por fin pude ponerme en serio con su correspondiente lectura. El resultado: mejor de lo que me esperaba.


Centrándonos en la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Mónechka presenta una lectura precisa, medida al milímetro, extraordinariamente breve pero con un estilo demasiado barroco para mi gusto. Es de agradecer que en medio de todo lo que se está publicando hoy en día, donde lo sencillo y lo rápido de leer prima sobre cualquier otra cosa, de repente el lector más inconformista se tope con libros como este, donde se aprecia personalidad en quien lo escribe y en la forma en la que se plasman las ideas sobre el papel. Sin embargo, he de confesar que en el caso de Mónechka he echado mucho en falta que la autora vaya directa al grano y no que se entretenga en descripciones que, aunque importantes, están sobrecargadas de adjetivos. Esta muy bien conocer la personalidad del personaje y el entorno que lo rodea, pero con más sutileza. Seguidamente, y tras haber comentado ese punto negativo, tengo que reconocer que Mónechka resulta un relato, más que una novela debido a su extraordinaria brevedad, donde convergen varios aspectos a destacar. El primero de ellos tiene que ver con el uso de una narración para nada tradicional. No te esperas, de buenas a primeras, que quien narre esta historia sea una persona cercana a la protagonista, en este caso su prima, que la conoce pero que, debido a su posición, no es capaz de desvelarnos ciertos aspectos, como sus pensamientos por ejemplo. Es una mirada subjetiva, desde la confianza de un familiar, desde unos ojos que no juzgan y que observan la vida de una persona a la que aprecia enormemente. En segundo lugar, si por algo destaca este libro es por la perfecta caracterización del personaje de Mónechka, diminutivo de Raimonda. Palei logra en muy pocas páginas que el lector se haga una idea muy concreta de como es Mónecka, consiguiendo que éste se convierta en uno de esos personajes difíciles de olvidar. Mónechka es un espíritu libre, cuya personalidad está por encima de los convencionalismos sociales. Es una mujer que quiere divertirse, volar, disfrutar de la vida, exprimirla al máximo. A Mónechka le gustan los hombres, hasta el punto de que en el libro se le califica a esta pasión como "perdición", sus relaciones con ellos no son siempre fáciles, disfruta de su compañía, del sexo y sufre las consecuencias del mal de amores, pero ella se levanta, es fuerte y sigue adelante, reivindicando su propia identidad e independencia. En el relato asistimos al crecimiento de este personaje, desde su infancia hasta la madurez, siendo testigos de como esquiva las convenciones sociales, soportando incluso los episodios de violencia familiar que sufre por su individualidad y su negativa a acatar la tradición, lo que confiere a Mónechka una dimensión necesariamente feminista en los tiempos que corren. En tercer y último lugar, el libro está plagado de referencias constantes a la literatura rusa, unas veces para justificar y otras para describir, pero siempre está ahí. Si usted, querido lector o lectora, es un apasionado de los novelistas rusos, Mónechka es su lectura.


En lo que respecta a la tradicional reflexión que siempre procuro extraer de cada lectura que pasa por mis manos, esta vez, no he tenido que devanarme mucho los sesos. No quiero decir que Mónechka sea una lectura carente de ideas sujetas a debate por parte del lector, más bien que de su lectura se desprende una sola y poderosa reflexión que a continuación me dispongo a exponer. Este relato va de una niña rebelde, de una joven independiente y de una mujer que tiene muy claro las cosas. Y lo más importante de todo, una mujer que disfruta al máximo de placeres como el sexo sin pudor alguno, sin una carga llamada "tradición" a sus espaldas. Hoy en día las mujeres somos más libres y hemos alcanzado derechos que se nos han negado a lo largo de la historia. Sin embargo, hay cosas que parece que no cambian, o más bien, lo correcto sería decir que cuesta que cambien. A la mujer todavía se le sigue tratando como un trozo de carne al que se le puede hacer de todo, incluso violar. En ciertas culturas, la mujer, durante el acto sexual, no puede sentir placer, sólo el hombre tiene derecho a disfrutar del sexo en toda su plenitud. Incluso hasta hace bien poco, el que una mujer se situase sobre el hombre a horcajadas, era síntoma de pérdida de virilidad y de poder en el ámbito privado y familiar. Hoy en día a la mujer le siguen llamando "puta" o "zorra", ya no sólo por haber tenido muchas parejas, sino que parece haberse extendido a la cotidianeidad, más de una vez he escuchado a alguna chica referirse a otra con esa palabra, incluso con tono desenfadado, como si "puta" sustituyese a tu propio nombre ¿No nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado? También, la mujer tiene todavía, en los tiempos que corren, cuidarse mucho de escoger el vestuario apropiado, pues, puedes pasar de fresca a frígida en cuestión de segundos. Tampoco podemos caminar solas por una calle desierta, ya sea a plena luz del día o a las 3 de la madrugada, sin que sintamos ese miedo innato que ya parece natural. Y por no hablar de la regla, una cuestión que sigue siendo un tabú, sobretodo para los hombres. En lugar de interesarse, no quieren saber nada, ni oír hablar de ella, usando como único y patético argumento la ya desgastada y casposa frase: "eso es cosa de mujeres". Si, es cierto, es cosa de mujeres, la regla solamente la tenemos nosotras, pero, no por ello merece apartarse de las conversaciones, ignorarla o simplemente referirse a ella con eufemismos. En fin, si por algo he soltado esta parrafada tan necesaria, es porque Mónechka nos habla de todo eso, de como la mujer, por ser simplemente mujer, no puede disfrutar con libertad y menos en cuestiones relacionadas con el sexo. Mónechka pasa de todas las habladurías y poco le importa el que dirán persigue sus deseos para lograr el éxtasis definitivo y ¡Eureka! No recibe castigo por parte de su autora, ni existe una voluntad moralizante. Mónechka vive la vida, siendo persona pero también siendo mujer. Mónechka: una historia de amor, pasión, libertad, prohibiciones, sexo, muerte, abismo, luz, renacer... Un autentico soplo de aire fresco.

Frases o párrafos favoritos:

"Me arrastré hasta casa. Me tumbé, me quedé tumbada. No sabía como defenderme de la muerte."

Película/Canción: aunque sin duda éste sería un buen momento para plantearse una posible adaptación cinematográfica sobretodo, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de la reseña. Una canción que siempre me ha puesto los pelos de punta.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Automática Editorial