Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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viernes, 4 de septiembre de 2020

RESEÑA: Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo.

POR QUÉ LAS MUJERES DISFRUTAN MÁS
 DEL SEXO BAJO EL SOCIALISMO

Título: Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo y otros argumentos a favor de la independencia económica. 

Autora: Kristen Ghodsee (Nueva Jersey, EEUU, 1970) profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este y miembro del Grupo de Graduados en Antropología de la Universidad de Pensilvania. Siete de sus nueve libros se centran en la vida cotidiana y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989. En las últimas dos décadas, se ha especializado en el estudio de la vida cotidiana bajo el socialismo y el postsocialismo, los efectos de género de las transformaciones posteriores a la Guerra Fría y el examen etnográfico de la memoria y la nostalgia en Europa del Este. Sus artículos y ensayos han sido traducidos a más de una decena de idiomas y han aparecidos en publicaciones destacadas como Forgein Affairs, Dissent, Jacobin Magazine, The Lancet, The New Republic, Aeon, The World Policity Journal, The Baffler, The Washington Post y The New York Times. Ha recibido numerosas becas de investigación residencial en Princeton, Harvard, el Centro Internacional Woodrow Wilson, el Instituto de Estudios Avanzados de Friburgo, la Friedrich-Schiller Universität, el Instituto Max Planck y la Universidad de Helsinki. En 2012 recibió una beca John Simon Guggenheim por su trabajo en antropología y estudios culturales. Ghodsee también suele escribir sobre temas de género para Chronicle of Higher Education y es coautora del libro Professor Mommy: Finding Work-Family Balance in Academia. (Fuente: Editorial). 


Editorial: Capitán Swing. 

Idioma: ingles. 

Traductora: Blanca Rodríguez. 

Sinopsis: Esta es una investigación que explora enérgica y profundamente por qué el capitalismo es malo para las mujeres y cómo: cuando se desarrolla correctamente, el socialismo conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y, sí, a un mejor sexo. En un artículo de opinión ingenioso e irreverente que se volvió viral, Kristen Ghodsee argumentó que las mujeres tenían mejor sexo bajo el socialismo. La respuesta fue tremenda: expresó claramente algo que muchas mujeres habían sentido durante años: el problema está en el capitalismo, no en nosotras. Ghodsee ha pasado años estudiando qué sucedió con las mujeres en países que pasaron del socialismo de Estado al capitalismo, y sostiene que éste último perjudica de manera de manera desproporcionada a las mujeres y que por ello debemos aprender del pasado, rechazando lo malo y rescatando lo bueno de las ideas socialistas, y así mejorar nuestras vidas. Las mujeres están alzando su voz como nunca antes, desde el aumento en el número de ellas que se postulan para argos públicos hasta en las marchas masivas o la ya constante protesta pública contra el acoso sexual. Cada vez está más claro para las mujeres que el capitalismo no funciona para ellas.

Su lectura me ha parecido: amena, entretenida, muy documentada, con un lenguaje a caballo entre lo técnico y lo divulgativo, feminista, irónico en algunos pasajes, autobiográfico al inicio de muchos capítulos, incisivo, nada complaciente, analítico, una lectura trasversal y muy oportuna; hasta en tiempos de coronavirus... El capitalismo se ahoga sin actividad económica. Y ha tenido que ser un virus procedente de China el responsable de que a día de hoy conozcamos las consecuencias de un parón a nivel global en toda su crudeza. Esa es una de las conclusiones que la ciudadanía puede sacar en claro al respecto de estos tres meses confinados en nuestras casas, bajo un estado de alarma que obligó a poner en pausa a una sociedad excesivamente acelerada y en los que no parábamos de asistir a noticias sobre nuevos contagios y muertes día tras día. Fue entonces cuando empezaron a aparecer los primeros problemas: agravamiento de las enfermedades mentales, la pobreza, la violencia de género, la soledad en el caso de los mayores o un aumento en los conflictos entre los integrantes de un mismo núcleo familiar, precariedad, imposibilidad de poder desconectar del trabajo al estar empleada/o en una actividad esencial, cese de la productividad, despido, erte, estrés ante la falta de oportunidades laborales en la "nueva normalidad"... Y de entre todas ellas, las dificultades para poder conciliar el trabajo con el ámbito familiar fue uno de los que más titulares acaparó en los últimos meses. Hubo quien creyó que las excepcionales medidas para potenciar el teletrabajo contribuirían, no sólo a una mayor conciliación, sino a asentar las bases del inicio de una equiparación o igualdad entre mujeres y hombres, aunque fuera en ese equilibrio entre lo doméstico y lo laboral. Sin embargo, lejos de tornar en realidad lo que durante siglos se ha considerado utópico, lo cierto es que la pandemia ha agravado todavía más las dificultades de conciliación, sobre todo si tenemos en cuenta que en muchos hogares es la mujer la que asume los cuidados y la mayoría de las tareas de la casa. Hay quien señaló, y muy acertadamente, el cierre de colegios como una de las causas determinantes para que muchas mujeres, aún teniendo la opción de trabajar desde casa, acabasen abandonando sus correspondientes empleos. Pero también, y esto había que decirlo, la falta de corresponsabilidad de los hombres respecto a esta situación. Si un porcentaje elevado de hombres hubiese asumido su parte correspondiente de tareas y cuidados, entonces estaríamos hablando de revolución y no de peligroso retroceso. De este modo, el teletrabajo se ha convertido en una trampa amarga que augura un futuro no muy halagüeño en cuestiones de igualdad. Por otro lado, cabe resaltar ese dato aplastante, ese 70% de mujeres que a nivel mundial copan el ámbito sanitario, convirtiéndolas en las principales luchadoras contra la enfermedad en puestos de médicas, enfermeras, celadoras o limpiadoras entre otras profesiones. También han sido las que más se han arriesgado a la hora de salir a hacer tareas como la compra o a cuidar a algún familiar o persona dependiente. Por no hablar de las empleadas de supermercados o farmacias, sectores altamente feminizados que han estado siempre al pie del cañón. Menos publicaciones académicas, menos libros, menos artículos en prensa, menos presencia en actividades profesionales... En definitiva, menos tiempo empleado para trabajar y, por supuesto, más paro, discriminación y desigualdad. Se que el asunto que aborda Kristen Ghodsee - recordemos, una de las mayores expertas en Estudios Rusos y de Europa del este - dista de lo que acabo de escribir en la introducción. De hecho, no estamos ante un libro que aborda directamente los entresijos de la pandemia, pero sí ante un texto que pone de manifiesto las debilidades del capitalismo en su vertiente más neoliberal. Y al fin y al cabo, las mujeres estamos como estamos en parte por culpa de un sistema que nos aplasta y construye esos irrompibles techos de cristal. Eso es algo que ya sabíamos, pero ha sido el Coronavirus el que nos ha hecho replantearnos otras formas para alcanzar la igualdad lejos de los postulados tacherianos. Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo: o por qué el capitalismo no ama a las mujeres.

Flora Tristán

Antes de adentrarnos un poco en ahondar en la tesis del presente ensayo, permitidme que imparta una pequeña clase de historia. El neoconservadurismo - movimiento político nacido en Estados Unidos durante la década de los 60 del pasado siglo XX - surge en un principio como reacción a una política exterior cada vez más pacifista del Partido Demócrata, al surgimiento de una nueva izquierda y a las protestas de la contracultura contrarias a la Guerra de Vietnam. La palabra "Neoconservador" ("neocon" como se conoce en su forma más abreviada) era la que se usaba para referirse a aquellos políticos e intelectuales comunistas americanos críticos con la ideología de la Unión Soviética. Así que el viaje ideológico de una punta a otra del espectro político fue notable, desde una izquierda antiestalinista hasta los campos y promulgados más conservadores. Por simplificar, ya que no estamos redactando una tesis doctoral, podríamos reunir sus principales características en las siguientes. En primer lugar, el neoconservadurismo se caracteriza por dotar de existencia y apoyo a las fuerzas militares para que defiendan al país de posibles ataques externos, al contrario que, por ejemplo, partidos más progresistas, que aboga por el dialogo, la negociación y la diplomacia a la hora de resolver conflictos. En segundo lugar, los neocon se decantan más por promover la libertad económica y el individualismo, frente a quienes abogan por el intervencionismo o el estado de bienestar. En tercer lugar, aunque esto no es algo generalizado, sus posicionamientos en materia religiosa son muy marcados, hasta el punto de no adoptar políticas que puedan afectar a los intereses de la propia iglesia. Y por último, en su momento, los neocon se consideraron fervientes opositores a toda idea comunista o que implicase medidas colectivistas en la sociedad. Gurús del neoconservadurismo como Daniel Bell, Nathan Glazer o Daniel Moynihan sostenían la idea de que la crisis de los 60 y 70 respectivamente fue producto de que los sindicatos y todos los colectivos surgidos de la cultura de la izquierda tenían demasiado poder, por lo que, según ellos, iba en detrimento de la economía. Y por si fuera poco, pensaban además que existía un relajamiento moral de la sociedad y que eso perjudicaba a la autoridad, a la paz y el orden. Por eso propusieron una liberalización masiva, en orbita con las ideas neocon, así como una vuelta a los valores tradicionales (iglesia, familia heterosexual, roles de género patriarcales...) dejando fuera al tiempo que discriminando a todo lo que se saliese de lo que ellos entendían como correcto. Estos influencers de la derecha - por llamarlos de alguna manera - acabaron siendo decisivos en el campo de la política, ya que fueron muchos los políticos que adoptaron estos postulados en sus respectivos países. Ronald Regan y Margaret Tacher son los más citados, pero también podemos apreciar lo neocon en los mandatos de los Bush (padre e hijo), José María Aznar, Jacques Chirac, Silvio Berlusconi o Wolfrang Schaüble. El impacto y fuerza arrolladora de esta nueva cultura política, junto con las medidas aperturistas y de transparencia que se aprobaron durante el gobierno de Mijaíl Gorvachov, acabaron desencadenando la caída de la propia Unión Soviética. Una mastodóntica unión de países bajo la órbita comunista con casi un siglo de historia caía, como las piedras del muro de Berlín, ante los ojos de medio mundo. Algunos sostienen que la URSS fue la primera víctima de la revolución neoconservadora. Y sí, puede ser, pero lo cierto es que luego le siguieron otras, como nosotras/os mismos, inconscientes perjudicados de un capitalismo en el que nosotras, en femenino, salimos enormemente perjudicadas. 

Rosa Luxemburgo

Una aclaración de última hora: que no os asuste su título. Que aunque parezca sacado de los típicos libros de auto ayuda - de ahí, en parte, su posible tirón comercial - nada tiene que ver con ese mundo de frases motivacionales o consejos para afrontar mejor los problemas que la vida te pueda lanzar. Dicho esto, más allá de llamativos enunciados y coloridas portadas, no sorprende que el libro de Kristen Ghodsee haya acaparado gran atención. En un mundo cada vez más polarizado, en el que por desgracia las ideologías de extrema derecha han entrado incluso en los parlamentos, en el que parece existir una terrorífica voluntad de retroceder atrás y desposeer de derechos y libertades a todos aquellos colectivos que tanto han luchado por alcanzarlos. En una sociedad en la que, en definitiva, la gente se cree lo que sale en la tele, sin contrastar, o simplemente, sin ejercer un sano espíritu crítico, que se publiquen y traduzcan libros así no está de más. Podíamos decir que hasta es un deber, aunque sea para intentar frenar esta espiral que en lugar de girar hacia adelante parece querer virar en el sentido contrario. Y aún más si son libros como este, en el que su tan interesante como controvertida tesis levanta alguna que otra ampolla, hurgando en la infectada llaga. La idea sobre la que pivota todo el libro es bien sencilla: las mujeres viven mejor bajo el socialismo, y por consiguiente, el sistema capitalista es peligroso para ellas. Sin duda, una hipótesis muy atrevida que no ha hecho, a pesar de las duras críticas procedentes de la caverna intelectual y mediática, más que corroborarse a lo largo de las sucesivas crisis económicas del siglo XX. De ahí la importancia de conocer la revolución neoconservadora - de la cual he hablado largo y tendido en el anterior párrafo - y sus postulados, propios del capitalismo más salvaje y que distan de la tradición socialista, sobre la que se ahonda en el presente ensayo y que tiene, por fin, a las mujeres como su objeto de estudio y análisis. Las razones que Ghodsee van desde la más pura de las obviedades hasta datos y estadísticas. Bajo un régimen de socialismo, que no bajo un sistema comunista (la autora se cuida mucho de usar las palabras adecuadas) se potencia lo común antes que lo individual. Esa idea de colectividad se traslada a todos los ámbitos, creando igualdad de oportunidades y acercando los servicios básicos a todo el mundo. De esta forma, es viable una red de cuidados estatal, en la cual están incluidos todos aquellos derechos que consideramos ganados tales como las pensiones, las ayudas por desempleo o los permisos de maternidad. 

Alexandra Kollontai

Es en este punto - lo concerniente a los derechos del sexo femenino - donde la autora se detiene para mostrarnos todo un catálogo de avances y medidas que, tanto a nivel político, económico y social, trataron de promover la independencia de las mujeres en los países, recordemos, bajo un socialismo de estado. Dicho de otra forma, aumentar la presencia de éstas en el tejido productivo de la sociedad. Todo ello, claro está, sin olvidarse de los errores o las medio victorias que tuvieron lugar en dichos países. Pero siempre resaltando la idea de que, desde sus primeros pasos - rememoremos la Segunda Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en el año 1910 - ya se recogían ideas pioneras a todos los niveles. Utopías en el pasado que, por aquel entonces, comenzaron a materializarse. Como el ya citado seguro de maternidad, por el cual, las mujeres ganaron una mayor autonomía, abriendo la veda en el camino hacia la tan ansiada igualdad de género. Seguro que el sistema capitalista, por supuesto, rechaza en su burbuja de libre mercado y de ensalzamiento de los valores individualistas. Al capitalismo, directamente, no le gustan las mujeres, por terrible y simple hecho de que éstas pueden quedarse embarazadas en cualquier momento, y por tanto, a ojos del empresario, resultar menos productivas, lo que se traduce en una molestia para los planes o el rendimiento de la empresa. De ahí que en muchas entrevistas de trabajo se pregunte precisamente por los futuros deseos reproductivos de la candidata en cuestión. Hecho que, por supuesto, vulnera los derechos de las mujeres, ya que intrínsecamente se revela como un flagrante acto discriminatorio por el simple hecho de haber nacido hembra. Al jefe - o al capitalismo, lo mismo da - no le importa si tenemos intención o no de ser madres. Por otro lado, el ensayo no pasa por alto la influencia que estas ideas tuvieron en la Europa Occidental de mediados de siglo XX - manteniéndose inamovibles desde entonces en algunos de ellos como es el caso de los países escandinavos por ejemplo - y como consiguieron introducirlas dentro de los sistemas capitalistas. De ahí surge lo que conocemos como socialdemocracia, muy arraigada en la Europa del norte, intocable desde entonces y que fomentó la proliferación de guarderías y comedores gratuitos financiados por el estado. Baluartes de una mejor conciliación, la libertad de elección, de una pronta inserción laboral para las mujeres y ya de paso, como reza el título, de una vida sexual más placentera y feliz (sí, el capitalismo también nos joroba hasta para echar un polvo). En definitiva, la creación de individuos plenos en una sociedad de mercado. Una vez expuesta la teoría, tanto de un lado como de otro, creo que es una lectura amena, más cercana a lo divulgativo que a lo puramente académico (algo que si está bien escrito se agradece). Con puntos irónicos, argumentos que desarmarían al más escéptico neoliberal, el ensayo de Ghoodse ofrece una mirada que, si bien todos conocíamos, o al menos las y los versados en estos temas, la fluidez y su carácter cercano lo hace apto para todos los públicos, así como su importancia dentro del contexto en el que nos estamos moviendo. Una época en la que, como ya he dicho, se hace más necesario que nunca reivindicar los derechos alcanzados, ya no sólo por las mujeres, sino por todos los colectivos en general. Cuanto más conscientes seamos de ello como sociedad, más fuerte apretaremos la mano, impidiendo que alguien, con oscuras intenciones, nos la intente abrir a la fuerza. No dejemos nunca de reivindicarlo, defenderlo, y por supuesto, de reivindicar a sus principales figuras, muchas de ellas mujeres por cierto. 

Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo: un libro de datos, estadísticas, argumentos, acontecimientos históricos, logros, hundimientos, nombres de mujer, pioneras, políticas, científicas, filósofas... Un ensayo que invita a mirar hacia el futuro, un futuro en el que nuestras hijas e hijos no hereden lo peor de un sistema amoral y arrollador. 

Frases o párrafos favoritos: 

"La búsqueda de un futuro más brillante exige aprender de los errores del pasado, sin olvidar una evaluación ponderada de la historia del socialismo de Estado del siglo XX en Europa del Este."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Capitán Swing

sábado, 6 de junio de 2020

RESEÑA: El salvaje interior y la mujer barbuda.

EL SALVAJE INTERIOR Y LA MUJER BARBUDA

Título: El salvaje interior y la mujer barbuda. 

Autora: Pilar Pedraza (Toledo, 1951) es escritora y doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, donde ejerció como docente e investigadora hasta 2011, cuando comenzó a dedicarse por completo a la escritura. Su obra comprende tanto la narrativa como el ensayo, habiendo publicado novelas como La pequeña pasión (1990), El amante germano (2017), Pánikas (2018), antologías como Arcano 13 (2000) o Mistyc Topaz (2016) y estudios sobre cine y género como Máquinas de amar (2018) o Jean Cocteau (2016). 


Editorial: Antipersona. 

Idioma: español. 

Sinopsis: a finales de siglo XIX, los teatros de las grandes capitales europeas y los circos que recorrían las provincias acogieron uno de los espectáculos más sobrecogedores y sorprendentes que se habían visto nunca. Cada noche el público asistía a una función asombrosa que incluía mujeres barbudas, hermanos siameses, hombres de fuerza extraordinaria y seres con cuerpos extraños y deformes. Sin embargo, en realidad los espectáculos de prodigios y monstruos no eran tan novedosos. La utilización de personas aquejadas de deformidades y enfermedades desconocidas para la diversión del público y las élites se remontaba a mucho antes, con los bufones que los nobles y reyes tenían en las cortes. Con ellos, y con las historias de los niños criados en los bosques y las leyendas de hombres que vivían al margen de la civilización, la cultura europea había creado la figura del salvaje interior, del diferente al que se podía humillar y perseguir porque se situaba fuera de los límites de lo humano. Una construcción del otro que servirá después para justificar el saqueo y el genocidio de la población de las colonias, pero también el maltrato y la explotación de todo aquel que desafiaba el orden social con su aspecto o su comportamiento. 

Su lectura me ha parecido: amena, instructiva, original, literaria, cinematográfica, interesante, atractiva, filosófica, poderosamente reflexiva, actual, trasgresora desde el punto de vista de la investigación histórica, absolutamente necesaria en los oscuros tiempos que corren... "¡Odio la literatura española!" es sin duda la exclamación que más he escuchado desde que hace unos años tuve la loca y genial idea de abrir este blog, la cual se ha ido amplificando con los años y a medida que iba metiendo la cabeza en las distintas y más populosas redes sociales. ¿Literatura inglesa? Excelente, ¿Literatura francesa? Maravillosa, ¿Literatura norteamericana? Imprescindible, ¿Literatura rusa? Universal, ¿Literatura italiana? Bellísima, ¿Literatura latinoamericana? En un imparable ascenso... Pero, cuando preguntas o haces mención a lo de aquí, la gente de pronto parece llevarse las manos a la cabeza, lanzando toda clase de improperios que por supuesto no voy a reproducir en este espacio. En parte los entiendo perfectamente. No hay más que observar el panorama y las mentes que la protagonizan. Desde escritores - en masculino por supuesto - que parecen erigirse como élites del pensamiento contemporáneo y del manejo correcto del español desde su correspondiente sillón en la RAE cuyo sesgo ideológico dista mucho de ir al compás de las reivindicaciones políticas y sociales actuales (Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y compañía) hasta toda una serie de autoras/es que, por tener un millón de seguidores en Instagram, las editoriales no dudan en ponerles un contrato editorial sobre la mesa, aunque no tengan inquietudes literarias, aunque no hayan escrito en su vida, aunque sea, en ocasiones, a costa de un precario Ghost Writer. Poderoso caballero es Don Dinero. Pasando por toda una serie de literatos que, salvando algunas honrosas excepciones, son máquinas de Best Sellers de pobre literatura y simplonas tramas. Son los que suelen escribir un libro al año, los que generan la cola más larga en Sant Jordi, los que entrevistan en televisión, los garantes de unas editoriales ávidas de dinero y lectores a los que, poco a poco, se les va educando en el consumo rápido y en la superficialidad. Dicho esto, y aprovechando la reseña de este impresionante librito - cuanto contenido en tan pocas páginas - me gustaría reivindicar la figura de Pilar Pedraza. Toledana de nacimiento y valenciana de adopción, Pedraza es una de las autoras españolas más originales y sorprendentes del panorama literario español, además de erigirse como una de las pioneras de la literatura de terror en nuestro país. De la quinta de Rosa Montero - ambas nacieron el mismo año - y nueve años mayor que Almudena Grandes, no se entiende la poca repercusión de su obra más allá de los círculos de la literatura de género. Una producción caracterizada por sus ambientaciones inquietantes, la presencia de lo sobrenatural, pertinentes reflexiones entorno a la identidad de género o la sexualidad y, en la mayoría de sus obras, la influencia de la cultura clásica y los mitos que de ella bebemos la sociedad actual desde tiempos ancestrales. Entusiasta y amable en el trato cercano - tuve el placer de hablar un rato con ella durante una presentación - ha confesado en más de una ocasión que cada libro que escribe supone una especie de "tesis doctoral", algo que en el caso del libro que hoy reseño se nota, a pesar de su extraordinaria sintetización, donde hace un ejercicio de investigación histórico-fílmico-literaria digno de ser reconocido. El salvaje interior y la mujer barbuda: la reivindicación y dignificación del universo "freak" con la mirada puesta en el turbulento presente. 


Compuesto por dos ensayos independientes pero complementarios entre sí - El salvaje interior en el imaginario europeo y La mujer pilosa: entre la enfermedad y el espectáculo - con su correspondiente archivo fotográfico y apartado bibliográfico (lo cual se agradece) Pilar Pedraza construye un libro de gran importancia de cara a futuras investigaciones en disciplinas tan variadas como la historia, la historia del arte, el cine, la filosofía, antropología o la literatura. Si la aproximación a los llamados "márgenes" es una tendencia en alza dentro del estudio intelectual de un tiempo a esta parte, el texto de Pedraza los supera y baja más abajo, hasta toparse con toda una serie de actores históricos injustamente olvidados y a los que, todavía a día de hoy por desgracia, muchos miran con espanto o repulsión. Su peculiar interés por adentrarse en rincones poco explorados por las ramas del conocimiento anteriormente mencionadas supone un impulso enorme de cara a la ampliación de perspectivas merecedoras de ser estudiadas y tenidas en cuenta dentro de los ámbitos universitarios, además de una inspiración para futuras investigadoras e investigadores con inquietudes más allá de lo convencional y los grandes temas. De carácter inminente divulgativo, aunque como ya he comentado con la intencionalidad de servir de referente y de abrir el camino hacia la redacción de otros libros similares, Pilar Pedraza guía al lector a través de la historia de niños salvajes, enanos, "hombres lobo" y mujeres pilosas (a las que prácticamente dedica por entero uno de los ensayos) entre otras mujeres y hombres que, por sus enfermedades o físicos fuera del canon establecido, fueron marginados, repudiados, maltratados o sirviendo como entretenimiento para las más altas élites a lo largo de los siglos. Todo ello en base a una documentación en la que podemos encontrar desde referencias a clásicos de la literatura universal (como Los viajes de Gulliver, Drácula, Robinson Crusoe, Frankenstein o la obra filosófica de Montaigne y Rousseau) a referencias históricas en relación al tema (como la presencia de enanos en las cortes europeas desde la Edad Media, la celebración de la Krypteia o la eugenesia practicadas en Esparta). Pasando por algunos de los más significativos ejemplos dentro de la historia del arte (Velázquez es tal vez el mejor ejemplo pero no el único) y por la cantidad de menciones a películas (Häxan, La mujer pantera, La isla de las almas perdidas, El Hombre Elefante, El planeta de los simios, La parada de los monstruos, El malvado Zaroff, Se acabó el espectáculo...). La lista en éste último es sin duda impresionante, tanto es así que su lectura se ha complementado con una pequeña lista donde iba apuntando cada uno de los títulos fílmicos. A ver si consigo poco a poco verlos todos. 


En el primero de los dos ensayos distingue una evolución en la percepción de lo que la sociedad consideraba como "salvaje". Como bien expone, desde siempre ha existido una abrumadora fascinación por el "salvaje europeo". El habitualmente velludo hombre que habita en los bosque, silvestre, caníbal, uno más entre la fauna animal, capaz de mutar en criaturas fantásticas, así como mostrar signos de divinidad o bestialidad. Una figura representada ya en el arte grecorromano cuya existencia complicaba la antropología cristiana durante la Edad Media ante la imposibilidad de concebir la presencia de alguien a caballo entre los dos mundos, entre el de los hombres y el de Dios. El renacimiento lo degradó al último escalón, por debajo del hombre civilizado, coincidiendo con su mayor y más visible presencia en espectáculos bufonescos en las cortes reales más prestigiosas del mundo occidental. Siglos más tarde, una serie de novelistas y filósofos comenzaron a atribuir virtudes frente a los vicios de la sociedad aunque siempre con polémica, ya que existía en el pensamiento europeo una tensión entre la visión positiva y la más negativa. Desde autores como Daniel Dafoe quien propuso en su Robinson Crusoe la posibilidad de que cualquier ser humano, involuntariamente, puede llegar a experimentar con lo salvaje y acabar conviviendo perfectamente en esa realidad, a literatos como Jonathan Swift, cuya percepción negativa del hombre salvaje se ve perfectamente reflejada en la repulsión que experimenta Gulliver respecto a los yahoos (estúpidos, sucios y dotados de un lenguaje a penas entendible). Pero no fue hasta Jean Jaques Rousseau cuando, desde una perspectiva filosófico-didáctica, atribuyó al "salvaje" cualidades positivas. Lejos de los estereotipos y viviendo en un estado anterior a la civilización, es alto, fuerte y de complexión atlética. Erigiéndose no como un asilvestrado, sino como una abstracción, un símbolo de lo que en su día fuimos como sociedad y que poco a poco hemos ido dejando atrás. Lo presenta con ventajas morales, ya que al no estar viciado por la codicia, la envidia o el afán de poder lo hace mejor que muchos ciudadanos de las grandes urbes. Eso sí, jamás será un referente moral, para Rousseau, es simplemente bondadoso. Ya en pleno siglo XIX, la revolución psicológica y antropológica trajo consigo un cambio significativo. Lejos de asociar el "salvaje" como un hombre primitivo y en contacto con la naturaleza, aparece el término que da precisamente nombre al primer ensayo, el de el "salvaje interior". Si antes el "salvaje" vivía en el bosque y alejado de la civilización, ahora se presenta la hipótesis de que todas y todos podemos tener un salvaje dentro, o lo que es lo mismo, que cualquiera de nosotros puede llegar a experimentar pulsiones que despierten el monstruo en el corremos el riesgo de convertirnos. La novela que mejor lo ejemplificó esto fue El extraño caso del Doctor Jekill y Mister Hyde de Robert Louis Stevenson al reflejar las dos personalidades totalmente opuestas que puede albergar una persona. Una teoría que, con ciertos matices, se ha ido manteniendo hasta nuestros días dando el salto de los libros a la pantalla en cintas como Psicosis o M. El vampiro de Dusseldorf. 


Una vez tenemos clara la teoría respecto al "salvaje" - muy al grano y sin irse por las ramas - Pedraza, ahora sí, en su segundo ensayo, se explaya contándonos la historia de los conocidos como "freaks", y muy especialmente de las mujeres barbudas o pilosas (ambos términos aparecen en el libro) a las cuales dedica prácticamente las mejores páginas del ensayo. Ellas son la razón de ser de este libro, cuyas vidas - desgraciadas en muchos casos - la autora desgrana con un estilo atractivo y atrayente para el lector. Para empezar, al igual que muchos de los considerados "freaks", deja clara su condición de enfermos. Como ya hemos comentado, desde la edad media han ido asociados al mundo del espectáculo, del circo, del burlesque, del entretenimiento y, por supuesto, objeto de burla, fascinación y repulsión por parte de quienes asistían a dichos espectáculos. Entre finales del siglo XIX y principios del XX las conocidas como "paradas de los monstruos" o "circos de los horrores" itinerantes eran muy habituales y populares. El morbo y un terrible sentimiento de superioridad respecto a los integrantes de dichas caravanas se convertían en las principales motivaciones de dichos espectadores, además de que el simple hecho de contemplar, por ejemplo, a la "oruga humana" ya era toda una experiencia de la que posteriormente se vanagloriaban. Dicho esto, lo que el público desconocía es que la "oruga humana" en realidad es un hombre o una mujer que padece el síndrome de tetraamelia - enfermedad congénita rara caracterizada por la presencia de malformaciones múltiples destacando la ausencia de cuatro extremidades -. Así como "la mujer ave" - llamada así debido al Síndrome de Seckel consistente en una microcefalia y maxilar interior reducido entre otras muchas anomalías producidas por un crecimiento retrasado del feto en el útero de la madre -. Lo mismo sucede con las mujeres pilosas, las cuales padecen Hirsutismo que consiste en el crecimiento del vello terminal en la mujer, o dicho de otro modo, la aparición de pelo siguiendo el patrón masculino de distribución en zonas andrógeno-dependientes (barbilla, cuello, areolas mamarias, tórax, muslos, espalda y las zonas inmediatamente superiores e inferiores al ombligo). La enfermedad los marca desde la cuna, condenándolos en muchos casos a una vida como simples atracciones de feria capaces de despertar admiración, miedo o repulsión por parte de quienes los observan desde sus cómodas butacas. Lejos de seguir con esta arcaica perspectiva, Pedraza los dignifica cediéndoles todo el protagonismo de su ensayo, además de abordar su existencia desde una perspectiva tremendamente humana, todo lo contrario que las gentes de su tiempos, los cuales se referían a ellos como "monstruos o "salvajes". En este segundo ensayo conocemos la historia de Antonieta Gosalvus - hija de un hirsuto perteneciente a la corte Francesa del siglo XVI - Barbara Urselin - exhibida durante años bajo el nombre de la "Mujer Cubierta" en la Alemania del siglo XVII - Julia Pastrana - mejicana nacida en el siglo XIX, conocida como "La mujer más fea del mundo" y de desdichada vida como artista de circo, su cuerpo fue momificado y exhibido durante décadas en numerosas exposiciones - Clementine Delait - francesa y protagonista de la portada del presente libro, llegó a dar clases de Arte y Cultura popular en la Universidad de Los Ángeles - y de Jennifer Miller - nacida en 1961 y fundadora del vanguardista Circus Amok de temática explícitamente queer, bailarina, activista y azote de las políticas de Bush - entre otras muchas. Dentro de un contexto - el actual - en el que por desgracia se escuchan demasiadas barbaridades y cada vez más comentarios o manifestaciones cargadas de intolerancia contra lo que a día de hoy se considera como "diferente", creo que no está de más la presencia de un ensayo de estas características al alcance de todo el mundo. Así no sólo despertaremos inquietudes intelectuales o educaremos en valores positivos, sino que además podremos ampliar nuestro conocimiento respecto a los grandes olvidados de la historia y del propio sistema. Los que son sistemáticamente apartados u ocultados simplemente por padecer una enfermedad rara o no amoldarse físicamente a los modelos de hombre y mujer tradicionales. Si hasta hay quien monta en cólera cada vez que ve la axila de una mujer sin depilar. Como si de una atrocidad se tratase, como si la presencia de pelo fuese algo perjudicial para la vista. Y eso que no son mujeres hirsutas, porque de padecer dicha enfermedad, seguro que la ira de "foro coches" sería todavía más furibunda. Como veis, la sociedad está cada vez más enferma de intolerancia, por lo que el libro de Pilar Pedraza se antoja más imprescindible que nunca. 

El salvaje interior y la mujer barbuda: una historia de "salvajes", mujeres pilosas, bufones, cortes europeas, circos de los horrores, museos de la vergüenza, visibilidad, reivindicación, filosofía, literatura, cine, pintura... ¿Qué hacéis que no lo habéis leído todavía?

Frases o párrafos favoritos: 

"El cuerpo es un territorio de opresiones. Las mujeres sufren por tener que plegarse a una imagen, y para ellas una barba es inconcebible. Una mujer no lleva barba. Ante todo, tiene que ser femenina. Yo he tenido miedo a esos clichés. Legitimar la diferencia es legitimar los sufrimientos. Seré, pues, una mujer barbuda, sin que eso sea diferente."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Antipersona

viernes, 24 de abril de 2020

RESEÑA: La casa más lejana.

LA CASA MÁS LEJANA

Título: La casa más lejana. 

Autor: Henry Beston (Quinci, Massachusetts, 1888-1968) naturalista y escritor licenciado por la Universidad de Harvard, ejerció como profesor en la Universidad de Lyon durante un año, y en 1915 se alistó en el ejército francés como conductor de ambulancia durante la I Guerra Mundial. En 1918 Beston se convirtió en oficial de prensa de la Marina de los Estados Unidos. En 1928 publicó su libro más conocido, La casa más lejana. Posteriormente se casó con la poeta y novelista Elizabeth Coastworth, con quien se estableció en una granja, en Maine, hasta el final de sus días. (Fuente: Editorial). 


Editorial: Volcano Libros. 

Idioma: inglés. 

Traductoras: Inés Clavero e Irene Oliva. 

Sinopsis: en 1925, Henry Beston construyó una pequeña casa sobre las dunas de la playa de Cape Cod, en Massachusetts, a la que bautizó como Fo´castle (castillo de proa) porque, al igual que en un barco, desde su amplio ventanal podría contemplar el vasto océano. En 1926, y aunque había pensado pasar allí únicamente dos semanas, Beston permaneció todo un año para capturar con palabras la naturaleza y la misteriosa belleza de aquel paisaje: las migraciones de las aves marinas, los ritmos de la marea, las dunas arrasadas por el viento y la inmensidad del cielo estrellado. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: abierta, minuciosa, sensorial, excesivamente lírica, curiosa, perfecta para quienes tengan la necesidad de un retiro literario... Cape Cod - Cabo Cod en español - es una península situada en el extremo más oriental del estado de Massachusetts, al noreste de los Estados Unidos. Rodeado de pequeñas islas, Cape Cod se formó a partir de un antiguo glaciar situado en el océano Atlántico y solo dos puentes - el Bourne y el Sagamore - permiten a los vehículos acceder al lugar. Su privilegiada situación geográfica, así como la inmensa playa que se extiende a lo largo de todo el cabo ha convertido al lugar en un foco turístico de gran importancia, sobre todo en los meses más calurosos. Sus tierras fueron, durante siglos, hogar de la tribu Wampanoag, la cual comprendían a la perfección los mecanismos del consumo sostenible y el control del paisaje para mantener el ecosistema de la zona en perfecto equilibrio. Por el contrario, Cape Cod también está muy ligado a la historia de los colonos europeos, desde las primeras incursiones nórdicas allá por la Edad Media, hasta las de la Edad Moderna, que a fin de cuentas fueron los que cartografiaron y colonizaron el lugar, sin olvidarnos de la llegada en 1620 de los llamados "Padres Peregrinos" a bordo del Mayflower desde una Inglaterra en la que, por sus credos religiosos, eran duramente perseguidos. Pero Cape Cod también es el escenario en el que emerge, como si de entre la espuma de las olas se tratase, una pequeña casa de madera muy particular. Destaca en medio de la arena y el agua marina por su singularidad y localización, convirtiéndola en una especie de destino deseado para quienes ansían un poco de tranquilidad en su proceso de creación literaria o artística. Los visitantes no dudan en fotografiarla, desde todos los ángulos posibles, maravillados de su existencia, así como de la historia que encierra. Y es que entre sus saladas paredes vivió durante un año entero el naturalista y escritor Henry Beston. Fue él el que con su fuerza y maña consiguió ponerla en pie, pero también uno de los autores que elevó el concepto "naturaleza" a la categoría de "epopeya" a través de un lirismo bello y al mismo tiempo excesivamente recargado. La casa más lejana: un lugar al que escaparse a través de las palabras. 


De nuevo un Nature Writing, de nuevo un digno sucesor de Henry David Thoreau y de nuevo un texto que, por su contenido, no deja de ser interesante de cara al lector menos versado en estas lides. Se podría decir que el ensayo naturalista, intimista y profundamente inmersivo de Beston es canónico dentro del género, dicho de otro modo, que salvo por su estilo - del cual hablaremos largo y tendido - podría pasar por un Nature Writing más de los que últimamente se están traduciendo o reeditando como si no hubiera un mañana. Porque todo sea dicho, el cambio climático y la preocupación cada vez más generalizada entorno a él han contribuido a que, de la noche a la mañana, las librerías amaneciesen con nuevas secciones tipo "ecología" o "naturaleza", consiguiendo una popularidad sólo antes vista con los ensayos feministas o de temática LGTBI. Sin embargo, cada vez que esto sucede, el lector puede toparse con ensayos que de verdad merecen la pena - y que incluso pagarías por leerlos - o con un montón de morralla sin pies ni cabeza y que no hay por donde coger su correspondiente lectura. Por fortuna, La casa más lejana no llega a ese extremo de considerarse un libro del montón dentro del aclamado género, de hecho está considerado un autentico clásico del mismo - hasta el punto de definir a su autor como el heredero de Thoreau -  pero como lectora asidua, que no fan número uno de esta literatura, no ha conseguido entusiasmarme. Y es que su estilo narrativo no puede ser más lírico, extremadamente lírico. Adoro la poesía, últimamente no leo tanta, pero cuando lo hago las sensaciones que experimento a continuación son en ocasiones indescriptibles. Por eso aplaudo cuando una autora o autor usa elementos poéticos en el terreno de la prosa. Me parece un ejercicio de estilo y de personalidad literaria brutal, y si la o el que está detrás responde al nombre de Virginia Woolf por ejemplo, la novela en cuestión se eleva a una categoría superior. Como si de una deidad del Olimpo se tratara. El problema viene cuando esa prosa lírica se lleva a extremos imposibles, cuando superas el límite de la contención y acabas cayendo en la exageración. Eso mismo es lo que en ocasiones le sucede a Beston en La casa más lejana, que trata de atrapar a través de su pluma la máxima expresión poética de la naturaleza que le rodea, que en ocasiones se pasa de frenada. Como ya he dicho, adoro las imágenes idílicas que solo la poesía puede crear, pero es que Beston lo vive tanto, lo siente tanto y lo atrapa tanto que más que una observación subjetiva parece más un éxtasis al borde del colapso. Dicho esto, y tras haberme sincerado en este espacio de crítica y opinión, debo señalar algunos aspectos que salvan al texto de Beston de ser un libro intrascendente para el lector. Ya que, entre otros muchos aspectos, es tal el estudio pormenorizado que el autor hace de la flora y fauna de Cape Cod y la forma tan divulgativa que usa para trasladar dicho conocimiento que sin duda cualquier persona de este planeta es capaz de acceder sin dificultad a él. Beston atraviesa las nubes, examina la línea del horizonte, hace una fotografía de los comportamientos de las aves migratorias, disecciona el sonido de una cigarra. Su pureza es digna de admirar. Trazando una invisible línea entre la naturaleza y lo urbano que, según el propio autor, jamás debimos traspasar. Aquí pueden surgir diversas opiniones al respecto, pero lo cierto es que, como animales cada vez más tecnológicos y desapegados de lo manual, a lo mejor no es mala idea regresar, de vez en cuando, a esos orígenes que nos recomponen en cada exhalación de aire libre de agentes contaminantes. 

Durante estos cuarenta días - efectivamente, ni en mis peores pesadillas soñaba que llegaríamos a cumplir una cuarentena entera encerrados en casa - he tenido tiempo para leer, escribir, aprender cosas nuevas y sobre todo para bloquearme frente al ordenador o ante cualquier circunstancia. La cabeza se me llena de un humo gris, espeso, feo. Capaz de emborronar cualquier motivación con la que haya amanecido. La saturación de información en ocasiones puede conmigo y no tengo más remedio que ocupar mi cabeza en realizar otras tareas ajenas a lo creativo y estrictamente literario. Actividades que no me hagan pensar mucho ni darle vueltas a la cabeza. De lo contrario, en ocasiones puedo llegar a colapsar. De ahí que la lectura se haya convertido en mi huida cuando la niebla se espesa más y más. Ya lo era en el pasado, antes de la pandemia, antes del estado de alarma, antes de que mires donde mires todo te recuerda inevitablemente al acontecimiento histórico más importante de los últimos años. A decir verdad todas y cada una de las novelas que me he leído entre las cuatro paredes de mi habitación han supuesto una regulación o desahogo de las emociones, esas que, al igual que cualquier montaña rusa, sufren continuos y bruscos altibajos. Unas me han gustado más, otras un poco menos. Unas las he soportado hasta su agónico final, otras la trama se convertía en un cohete ultrasónico hasta evaporarse de entre mis manos. Se que cada persona es un mundo, una vida y unas circunstancias que nos hacen únicos en medio de una sociedad hoy encerrada en cómodas jaulas de oro. Pero es cierto que existen un tipo de historias que, más allá de lo bien que estén escritas o de que los personajes te atraigan más o menos, consiguen evadirte por unos minutos de esta asfixiante y terrorífica realidad. Son aquellas cuya capacidad de trasladarte a lugares más allá del gotelé o las acristaladas ventanas es digna de ser aplaudida por todas y todos nosotros. Hoy en día no hace falta imaginarse estar en la típica playa paradisiaca de arena blanca y opulentas palmeras, ni callejeando por el impresionante casco antiguo de cualquier ciudad europea a la que desearíamos viajar una vez finalice el confinamiento. Basta con evocar los elementos básicos de la naturaleza para teletransportarnos a, como bien señala Beston a lo largo de todo el libro, a la esencia perdida, a ese contacto con la naturaleza que poco a poco hemos ido perdiendo por el camino. Siento envidia sana de los niños, sobre todo los de las zonas rurales, los de esa "España vaciada" que antaño restábamos importancia, ridiculizábamos o ignorábamos deliberadamente. Al menos tendrán un bosque cerca, un camino por el que pasear, un prado en el que poder escuchar la banda sonora de pinos mecidos por el viento, gorriones revoltosos y abejas en plena polinización. Unos sonidos conocidos por todos que, en tiempos de pandemia, se hacen más necesarios que nunca. 

La casa más lejana: una historia de exploración, experiencias, reflexiones, observación, poesía, iniciación, conexión, comprensión... El libro de la evasión en medio de la crisis. 


Frases o párrafos favoritos: 

"El océano brama, pálidas briznas y jirones de nube gélida azotados por el viento deslizan sobre las dunas, y los corremolinos sueñan en equilibrio sobre una para, con la cabeza despeinada y bien hundida entre las plumas."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

lunes, 16 de marzo de 2020

RESEÑA: El boxeador polaco.

EL BOXEADOR POLACO

Título: El boxeador polaco.

Autor: Eduardo Halfon nació en 1971 en la ciudad de Guatemala. Ha publicado Esto no es una pipa, Saturno (2003), De cabo roto (2003), El ángel literario (2004), Siete minutos de desasosiego (2007), Clases de hebreo (2008), Clases de dibujo (2009), El boxeador polaco (2008), La pirueta (2010), Mañana nunca lo hablamos (2011), Elocuencias de un tartamudo (2012), Monasterio (Libros del Asteroide, 2014), Signor Hoffman (Libros del Asteroide, 2015), Duelo (Libros del Asteroide, 2017) y Biblioteca bizarra (2018). Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, francés, italiano, serbio, portugués, holandés, japonés, noruego y croata. En 2007 fue nombrado uno de los treinta y nueve mejores jóvenes escritores latinoamericanos por el Hay Festival de Bogotá. En 2011 recibió la beca Guggenheim, y en 2015 le fue otorgado en Francia el prestigioso Premio Roger Caillois de Literatura Latinoamericana. Su última novela, Duelo, fue galardonada con el Premio de las Librerías de Navarra (España), el Prix du Meilleur Livre Étranger (Francia) y el Edward Lewis Wallant Award (EE. UU.). En 2018 recibió el Premio Nacional de Literatura de Guatemala, el mayor galardón literario de su país natal. Actualmente vive en París, becado por la Universidad de Columbia. (Fuente: Editorial).


Editorial: Libros del Asteroide.

Idioma: castellano.

Sinopsis: Un abuelo polaco cuenta por primera vez la historia secreta del número que lleva tatuado en el antebrazo. Un pianista serbio añora su identidad prohibida. Un joven indígena maya está desgarrado entre sus estudios, sus obligaciones familiares y su amor por la poesía. Una hippie israelí anhela respuestas y experiencias alucinógenas en Antigua Guatemala. Un viejo académico reivindica la importancia del humor. Todos ellos, seducidos por algo que está más allá de la razón, buscan lo hermoso y lo efímero a través de la música, las historias, la poesía, lo erótico, el humor o el silencio, mientras un narrador −profesor universitario y escritor guatemalteco también llamado Eduardo Halfon− empieza a rastrear las huellas de su personaje más enigmático: él mismo. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: amena, al mismo tiempo lenta, embaucadora, capaz de hacer con el lector lo que le de la gana, interesante, con una reflexión entorno a los usos de la autoficción, desigual, intelectual... El año pasado, a nivel personal y literario, se produjo un importante acontecimiento: el descubrimiento, casi por sorpresa, de un autor nuevo con una voz literaria única llamado Eduardo Halfon. Y no sólo eso, sino que a partir de entonces estuve atenta a todo lo que se editaba de él en España. El hallazgo se produjo por el azar del destino al recibir por parte de Jekyll and Hill - de las editoriales independientes más singulares de este país - dos ejemplares muy peculiares y distintos entre sí. Yo en ese momento aún no lo sabía, pero estaba a punto de que mi cabeza hiciese "clic" con la lectura de dichos libros. El primero, bajo el extraño título Biblioteca bizarra, me volvió loca gracias a esa mezcla entre ensayo, ficción, crónica periodística y episodios de la propia vida del autor. A la vez que proseguía ávida su lectura, mi cabeza no paraba de darle vueltas a las reflexiones que aquellas páginas me suscitaban al mismo tiempo que mi cara reflejaba una mueca oscilante entre la perplejidad y la felicidad. El segundo, de corte más tradicional y con el sugerente título de Saturno, me lo ventilé en un sólo día. Está claro que era un cuento, extraordinariamente breve, pero era tan fuerte lo que en él se contaba que era imposible que despegase los ojos de la letra impresa. De nuevo, tal y como había sucedido con Biblioteca bizarra, volvieron a aparecer las dudas de si lo que estaba leyendo era una reproducción fidedigna de los pensamientos del autor respecto a su padre. ¿El resultado? Pues que una vez más no me quedó más remedio que arrodillarme ante sus pies. Pasado aquel caluroso verano llegó la gran noticia: con motivo de su décimo aniversario, Libros del Asteroide - editorial de las más queridas por los lectores - iba a editar la novela que hoy tengo el placer de reseñar. Sin pensármelo dos veces, y en cuanto tuve la oportunidad, no dudé solicitar un ejemplar para poder leerlo y reseñarlo una vez pasase su tiempo de reposo. Sin embargo, y a pesar de que el resultado en general ha sido positivo, en el fondo me esperaba algo más.  El boxeador polaco: el autor como protagonista de su propio relato.


Nada en estcapa a la subjetividad, o lo que es lo mismo, a la percepción y opinión personal que vertemos sobre cualquier cuestión. Las circunstancias son mil, imposibles de mencionar en una sola página, pero eso en cierta medida enriquece todo debate que se genera a posteriori, nada más ver una película, escuchar un disco o de poner punto y final a una lectura. En el caso de El boxeador polaco creo que cabrían una serie de reflexiones. Para empezar, debemos partir de que no es un volumen de relatos que se haya escrito en la más rabiosa de las actualidades, sino que, al contrario, Halfon lo firmó y publicó en la pasada década. Esa que ahora mismo se nos antoja extraordinariamente lejana pero cuyo recuerdo todavía nos retumba detrás de la oreja. Desde entonces, el manuscrito ha viajado de editorial en editorial hasta que Libros del Asteroide quiso recuperarlo y reeditarlo coincidiendo con la celebración de los diez años que habían pasado desde que viera por primera vez la luz allá por el 2009. No obstante, y he ahí la cuestión, la edición que ahora mismo tengo en mis manos es diferente a la primera versión ya que desde la propia editorial, y para esta nueva reimpresión, se ofreció al autor la libertad de que ordenase los relatos según su idea original. Los cuales (imagino que por razones editoriales) no estaban dispuestos tal y como se los encuentra el lector actual si toma la presente edición entre sus manos. Desconozco por completo cual era el orden anterior, ni siquiera me interesaba Eduardo Halfon en el 2009 - año en el que descubrí y me obsesioné con la novela policíaca - así que en ese sentido no puedo decir nada. Lo que sí que señalaré, a menos como dato a tener en cuenta, es la crucial importancia que tiene elaborar un buen ordenamiento de relatos, no sólo en esta, sino en cualquier antología. No es baladí que, por ejemplo, el libro se inicie con la lectura del relato más llamativo, que a mitad se coloque otro igual o más impactante y que el del final sea o bien uno demoledor o uno que actúe como crepúsculo, y por tanto, tenga un cariz más reflexivo. Hay antologías de todo tipo, y por supuesto, no todas se rigen a este patrón expuesto, si bien es cierto que la mayoría de ellas parecen amoldarse a él, ya sea por intuición o por estrategia de marketing. Se como sea, lo que está claro es que en El boxeador polaco en particular, tal y como el lector se la encuentra si la adquiere es un estilo bastante tradicional y al mismo tiempo efectivo.


Ahondando, esta vez sí, en el contenido, forma y temáticas que abordan los relatos me gustaría decir en primer lugar que su lectura me ha parecido inmersiva, estupendamente escrita pero con los habituales altibajos de cualquier libro de cuentos. Como siempre sucede, ni todos los textos son buenos ni todos van a conseguir el objetivo que todo escritora o escritor persigue con su profesión: que sus palabras resuenen en tu cabeza formando parte de tu memoria y esencia como persona. Como os he contado en el primer párrafo, venía de leerme otros títulos de Halfon y de "flipar en colores" con su manera de narrar sus preocupaciones. Sin embargo, con el Boxeador Polaco - seguramente por las altas expectativas que había depositado en dicha lectura - no acabó llenándome del todo. Aún así, hay algunos aspectos a resaltar que merecen toda nuestra atención como lectores sibaritas que somos. En primer lugar, un recurso muy clásico, el que todos los cuentos estén conectados entre sí y todo ellos, aquí va la novedad, protagonizados por el propio autor. Si lo analizamos desde el punto de vista de la creación literaria no puedo parar de aplaudir, hasta con las orejas, el que Halfon haya tenido la valentía de desnudarse de esa manera ante los lectores de medio mundo. Huelga decir que, obviamente, desconocemos que es real o que no, que le ha sucedido de verdad o es simplemente producto de su imaginación. Los limites de la autoficción, como ya sabéis, son extremadamente endebles. En ellos, Halfon nos desgrana su relación de pareja, viajes varios, encuentros, ponencias, recuerdos, remordimientos, borracheras, caladas, pensamientos, errores y demás episodios autobiográficos formando un anecdotario que escapa al morbo y a lo intrascendente. Si algo podemos destacar de la prosa de Eduardo Halfon es su capacidad de embaucar al lector, hasta el que no acostumbra a leer con mayor frecuencia. Su poder para agarrarte y no soltarte, mantenerte en vilo y dejarte marchar una vez pones punto final a cualquiera de sus escritos es de alabar. Sin duda, Halfon es uno de los pocos escritores capaces de contener la tensión narrativa, y con ella la de todos los lectores. En El boxeador polaco lo consigue, no siempre, pero el regusto de la lectura en su conjunto al final acaba desequilibrando ligeramente la balanza hacia opiniones más favorables. Por destacar algún relato, obviamente el que da título a la antología resulta el más interesante a ojos de una lectora graduada en Historia y experta en Historia Contemporánea. Una breve historia inspirada en el abuelo del propio Halfon - que escapó de un campo de concentración gracias a la ayuda de, como no, un boxeador polaco - y que el autor descubrió en el momento en el que se percató de los números que su abuelo llevaba tatuados en el antebrazo. Eso fue de pequeño, cuando no supo el significado de dichos dígitos hasta que, una vez adulto, pudo compartir un whisky a medias y escuchar la gran historia que escondían. Y mientras, a la espera de la gran revelación, el niño que Halfon fue siempre creyó que era el número de teléfono de su abuelo que, para recordarlo siempre, había decidido tatuárselo sobre la piel. Esta mentira familiar, este relato oculto, este secreto es al rededor del que pivotan el resto de relatos, unidos por el rol protagónico de su autor, así como de otros temas como la culpa, la búsqueda, el desarraigo o la intelectualidad. Para terminar diremos que la antología de Halfón, más allá de los detalles estilísticos o narrativos, lo que suscita es una pertinente reflexión entorno a las posibilidades del género de la autoficción. Un género que nos abruma - no hay más que echar un vistazo a los catálogos online de las librerías para apreciar su ingente cantidad - y demasiado canónico que necesita con urgencia una renovación conceptual y replantear las formas de abordarlo. Algo que Eduardo Halfon ha conseguido a través de la fusión con otro género, más ancestral, muchísimo más tradicional, y en los tiempos que corren, el más versátil y de más éxito entre los lectores del siglo XXI. Hablamos del cuento, hablamos de la tradición oral y por consiguiente, de la esencia de nosotras y nosotros mismos, justo la conclusión que se extrae del presente libro. El poder de la literatura para abordar preocupaciones hereditarias y perennes.

El boxeador polaco: una historia de memoria, descubrimiento, afrontar la realidad, universitarios, divagaciones, escritoras, escritores... Una historia dentro de otra, y de otra, y de otra.

Frases o párrafos favoritos:

"No tardé tanto en comprender su broma telefónica, y la importancia psicológica de esa broma, y eventualmente, aunque nunca nadie lo admitía, el origen histórico de su número."

¡Un saludo, a seguir leyendo y ánimo!

Cortesía de Libros del Asteroide

martes, 18 de febrero de 2020

RESEÑA: La revolución de las flâneuses.

LA REVOLUCIÓN DE LAS FLANEUSES

Título: La revolución de las flâneuses.

Autora: Anna Mª Iglesia (1986) es licenciada en filología italiana y en teoría de la literatura y literatura comparada, y doctora por la Universidad de Barcelona con la tesis "La narrativa del espacio urbano y de sus prácticas. El París del siglo XIX y la flanerie". Periodista cultural, colabora con distintos medios - The Objective, El Confidencial, Letra Global, Turia, La esfera de Papel, Altair - donde escribe principalmente sobre literatura y el mundo editorial. Es redactora jefe de Librújula, donde se encarga tanto de la edición bimensual en papel como de la edición digital. Es lectora profesional, pero, sobre todo, lectora vocacional.


Editorial: Wunderkramer

Idioma: español.

Sinopsis: La imagen del flâneur recorriendo las calles del París del siglo XIX se ha convertido en un icono cultural. Pero, ¿y las flâneuses? Ellas también existieron, aunque fueran invisibilizadas o denostadas. Su voluntad de hacerse presentes en el espacio urbano y reclamar una voz propia abrió paso a una serie de derechos que aún hoy necesitamos consolidar: derecho a ocupar las calles; derecho a mirar sin ser vistas; derecho a no consumir ni ser consumidas; derecho a existir en solitario; derecho a la autoría. Este recorrido crítico por la historia de las flâneuses, que reúne a un nutrido grupo de escritoras, pensadoras y activistas, es de plena vigencia y se convierte en todo un manifiesto literario y feminista que reivindica el caminar como acto de insubordinación.

Su lectura me ha parecido: amena, profunda, amplia en lo que a ámbitos de estudio se refiere, breve en su extensión, con un mensaje directo y claro, de carácter didáctico, analítica, cosmopolita, revolucionaria, absolutamente inspiradora... Hace unos años asistí a un ciclo de conferencias organizadas por la UIMP en la ciudad de Santander. Dicha actividad formaba parte del máster de especialización en Historia Contemporánea que por aquel entonces estudiaba y cuyo objetivo era juntar a alumnos de las distintas universidades con la intención de que, durante una semana, pudiésemos intercambiar opiniones, debatir y asistir a las actividades que desde la dirección se ofrecían. Una de ellas consistió en una charla sobre historia urbana, tema aburrido por excelencia pero que, sin embargo, y a pesar de que el conferenciante se deshizo en obviedades varias, consiguió llamar mi atención.

   Desde el siglo XVIII las ciudades europeas han experimentado grandes cambios, todos ellos en consonancia con las exigencias sociales, económicas y políticas que emanaban de sus habitantes así como de las noticias que llegaba desde el otro lado de las almenas. Fueron precisamente ellas, las murallas, las primeras en sufrir estos cambios al demolerse en la mayoría de las urbes. Lo que antes servía para limitar su crecimiento y de excusa para establecer impuestos a quienes quisieran, por ejemplo, vender sus productos dentro de su jurisdicción, en el XIX carecían de un sentido práctico. Éstas ya no eran inmunes a los ataques del exterior - la evolución técnica de las máquinas de guerra fue notable - y por si fuera poco, al alcanzar en algunos lugares la desorbitada cifra de un millón de habitantes, se hizo absolutamente necesaria su demolición para dar lugar a nuevos barrios y a un cinturón fabril que cambiaría el paisaje de las ciudades para siempre. Los hacinamientos - causantes de la proliferación de graves enfermedades - y estrechos callejones tan habituales en época medieval y moderna daban paso a avenidas, ramblas, bulevares y a una planificación urbanística en cuadrícula - heredada de los romanos - que hizo más fácil el ordenamiento y distribución de los ciudadanos. La gente podía, por fin, pasear con total amplitud y contribuir, sin a penas darse cuenta, al nacimiento del ocio. Sin embargo, el conjunto - siempre el conjunto - englobaba tanto a hombres como a mujeres en esta conferencia además de que ni siquiera señaló la necesidad de investigar este campo de estudio desde una perspectiva de género. En ese momento me enfadé, pero demostré cobardía, ni siquiera fui capaz de intervenir para indicar su importancia dentro de la historia. Pasados los años y al madurar aquel recuerdo comprendí que, como es algo que la sociedad no ha asumido y naturalizado, es normal que ni siquiera se mencione o se obvie, de ahí el papel de educar en igualdad desde la mismísima cuna. Actualmente las mujeres pasean, corren, se dirigen a lugares, observan, toman apuntes, divagan, reflexionan, escrutan, debaten... Pero hubo un tiempo no tan lejano en el que todo lo mencionado no estaba bien visto y en el que la ciudad - de puertas para fuera - era un entorno hostil y discriminatorio para la mujer. Ensayos como el que hoy reseño nos conciencian de ese pasado, del carácter patriarcal de las ciudades y de como los argumentos intelectuales de Anna María Iglesia pueden tener su importancia en pleno siglo XXI. La revolución de las flâneuses: a la conquista feminista de la calle y de la esfera pública.


   Antes de adentrarnos en la reseña propiamente dicha, permítanme un mero apunte de carácter terminológico. Si por definición consideramos flâneur como esa figura masculina que  deambula por os callejones normalmente asociada con actividades artísticas como la pintura o la escritura, la flâneuse queda lejos de aquella injusta y lapidaria definición con la que el poeta Charles Baudelaire se refería a ellas. Para el autor de Las flores del mal, la flâneuse era efímera, aquella que transita por el empedrado suelo y desaparece, de pronto, sin dejar rastro. Esta imagen fantasmagórica es, paradójicamente, la que durante muchos años ha predominado tanto en el relato cultural predominante como en las distintas fuentes en las que se hace referencia a dicho término. Y lo recalco desde la más mordaz ironía pues lo que no se distingue, lo que no tiene forma corpórea, lo que parece desvanecerse tiende a no existir. Si los fantasmas no existen, las mujeres que hicieron de la acción de caminar una reivindicación política - a las cuales Baudelaire dotó de un carácter etéreo - tampoco. Curiosamente, en la sociedad en la que el término flâneuse adquiere un significado diferente (siglo XIX) se creía fervientemente en la presencia de espíritus, lo que dio lugar a una corriente esotérica - la cual también acabó influyendo en el arte, la música o a la literatura - muy fuerte que trajo consigo la proliferación de médiums, espiritistas, magos y demás profesiones mal vistas en tiempos pasados. Las sesiones de Ouija se hicieron tan populares como la ópera, el ballet o las novelettes de terror. Dicho esto, sería interesante poder contactar con el fantasma de una de aquellas flâneuses, aunque probablemente no nos guste lo que tenga que decirnos respecto a su ausencia en manuales de historia, filosofía, sociología, antropología, política, bellas artes o economía. Por qué sí, nuestras antepasadas tenían inquietudes muy diversas en numerosos campos del saber. Lástima que el patriarcado les pusiese - coloquialmente hablando - un "punto en la boca" e interpretase sus zancadas como mero entretenimiento para "lucirse". Porque esa es otra, para la sociedad del XIX - aunque en tiempos de Rousseau ya se hablaba de ello - la flâneuse salía a la calle con la única intención de ser observada, ya que las actividades importantes según su género se realizaban en el ámbito privado, entre la cocina y el cuarto de los niños, entre las relaciones conyugales y las obligaciones en el hogar. De ese modo, la presencia de la flâneuse en las calles era reducida a un objeto de consumo para la mirada masculina o del  flâneur. Convencionalismo que una serie de mujeres, a lo largo de varias generaciones, han contribuido a destruir y transformar.  


   En La revolución de las flâneuses Anna Mª Iglesia - filóloga italiana, doctora y periodista cultural - plantea en seis capítulos de sugerente título ("Derecho a ocupar las calles", "Espectadoras activas: derecho a mirar sin ser vistas", "La falsa Libertad del comercio: derecho a no consumir ni ser consumidas" "Viajeras y parias: derecho a existir solas", "Una identidad propia: derecho a la autoría" y "Caminar como forma de insubordinación") la dualidad entre las dos realidades a las que se enfrentaban las mujeres de mediados de siglo XIX. La de aceptar la tradición y situarse en un rol pasivo - el cual sería observado, narrado o ilustrado por el flâneur - o la de escapar de la mirada masculina y no conformarse con ser el objeto creativo (eufemísticamente llamado también "musa"). Las que optaron por la segunda opción lo manifestaron de dos modos: o identificarse como hombre (tal y como hizo, por ejemplo, George Sand en lo que a vestimenta se refiere) o directamente escapar de los cánones y estereotipos asociados al género femenino. Las flâneuses se autoexcluyeron - deliberadamente - del sistema y asumieron su condición de "parias" dentro de éste, como acto de rebeldía y de transformación. Para ellas, este sería el primer paso hacia la quiebra del orden social y la inclusión de las mujeres como creadoras, viajeras o espectadoras de su entorno, y por extensión, de la realidad de su tiempo. En este ensayo - de carácter didáctico y agradecidamente ameno - Iglesia repasa su historia. Desde la considerada como la primera flâneuse - vinculada a la prostitución y pagando un precio muy alto por adentrarse en lo público - la mujer trabajadora - que recorre la ciudad influida por unas necesidades económicas y un horario - la mujer burguesa - cuya percepción del paseo va ligada al ocio - o las intelectuales que llevaron su condición de flâneuses a cuestionar el orden social. Tirando de una amplia bibliografía, Iglesia resucita a Luisa Carnés, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos o a Flora Tristán entre otras autoras para citar algunas de las opiniones vertidas al respecto desde diferentes posiciones. Sin embargo, este libro no se entendería sin Una habitación propia de Virginia Woolf, y es que este clásico del feminismo es donde encontramos la verdadera conexión, la clave que nos hace entender el ensayo de Iglesia. Según Woolf, para conseguir llevar a cabo una actividad intelectual, la mujer debe tener dinero - independencia económica - y un cuarto propio en donde poder refugiarse. Iglesia va más allá al plantear y dotar de un carácter más universal a la figura de la flâneuse. Una vez tenemos nuestra habitación, ahora toca conquistar las calles, las plazas, los parques, los cafés, las avenidas... Porque los cambios sociales se consiguen estando, manifestándose y ejerciendo la ciudadanía en igualdad. Que los pasos no sean lúdicos ni una mera distracción, deben ser activos, trasgresores y sobre todo observadores. Seamos nosotras las que escribamos y rompamos el marco en el que se nos ha educado para reclamar mayor visibilidad. Eso mismo pensaban muchas mujeres en el XIX, algo que Iglesia pretende con éxito trasladar al presente.


   Mientras leía el presente libro no pude evitar acordarme de algunos nombres de mujer. Primero de Maruja Mallo y Margarita Manso que, junto con Salvador Dalí y Federico García Lorca protagonizaron un sonado escandalo para la época. En una entrevista para RTVE, la propia Mallo relató aquel acontecimiento con estas palabras: “Un día se nos ocurrió a Federico, a Dalí, a Margarita Manso y a mí quitarnos el sombrero porque decíamos que parecía que estábamos congestionando las ideas y, atravesando la Puerta del Sol, nos apedrearon llamándonos de todo”. A partir de ahí nació el grupo de Las Sinsombrero, mujeres pertenecientes a la generación del 27 que destacaron en disciplinas como la escritura, la pintura o la música. Fueron nuestras flâneuses patrias pero no las únicas. Otra gran mujer que tuve presente durante la lectura fue a Carmen de Burgos. Una figura por fortuna ahora cada vez más reivindicada y toda una pionera en el periodismo - fue una de las primeras corresponsales de guerra de la historia al cubrir la Guerra de Marruecos - que recorría las calles del Madrid de principios de siglo XX en busca de noticias o de inspiración para sus novelas, artículos y ensayos. Por desgracia, y a medida que avanzaba, otros nombres unidos a la tragedia asaltaron mi memoria. Como el de Laura Luelmo, aquella profesora de dibujo que fue raptada y asesinada mientras practicaba deporte al aire libre. Como el de Diana Quer, que murió tras ser previamente secuestrada en el camino de vuelta a casa después de pasar la noche con unas amistades en las fiestas de un conocido pueblo gallego. O como los de Toñi, Miriam y Desiré; más conocidas como "Las niñas de Alcasser" y cuyo caso puso en evidencia la carroña televisiva y la necesidad de un cambio en la ética periodística. Y como olvidarme de ella, la chica a la que cinco hombres violaron en un portal durante los Sanfermines de 2016, cuya valentía al denunciar y la posterior - aunque polémica en un primer momento - sentencia sentó un precedente y el debate entorno a la reforma del código penal. Probablemente jamás conozcamos su nombre, pero poco importa, su actitud fue y seguirá siendo un ejemplo para todas. Por último, y no menos importante, en mi retina todavía guardo las imágenes de las dos huelgas feministas a las que he asistido. Miles de mujeres clamamos por nuestros derechos, los ya consolidados y los que todavía, en pleno siglo XXI, aún siguen sin llegar. Imposible conocer todos sus rostros, pancartas, mensajes, consignas, lemas; aún así me acuerdo de la unión entre nosotras, se la atronadora sororidad y de esa marea morada que en España fue histórica. Aquellos 8 de marzo ocupamos masivamente las calles y caminamos, todas juntas, como forma de insubordinación y de protesta. Más que nunca fuimos  flâneuses , recogimos el testigo de nuestras antepasadas del siglo XIX y marchamos con paso firme. Caminar como acto político, justo lo que Anna María Iglesia propone en su ensayo, justo lo que nunca se nos debe olvidar. Por mucho que el fantasma de la ultraderecha nos quiera frenar, debemos seguir siendo paseantes incómodas.

La revolución de las flâneuses: historia, transversalidad, feminismo, universalidad, reflexiones, debates, perseverancia... Un ensayo imprescindible en toda biblioteca que se precie.


Frases o párrafos favoritos:

"Necesitamos ser, volver a ser, flâneuses. Debemos seguir siendo paseantes incómodas."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Wunderkramer