Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
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sábado, 26 de marzo de 2022

RESEÑA: El poder del perro.

 EL PODER DEL PERRO


Título: El poder del perro. 

Autor: Thomas Savage (Salt Lake City, 1915 - Virginia Beach, 2003) creció en un rancho en las llanuras de Montana. Estudió escritura creativa en la Montana State College. En 1980 obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim, trece años después de publicar El poder del perro, una obra maestra instantánea y uno de los exponentes más recientes de lo que ha venido a llamarse como Literatura del Oeste americano y recientemente adaptada al cine de la mano de la directora Jane Campion. Además de El poder del perro, Savage es autor de trece novelas, entre las que encontramos Línea de medianoche (1976), El paso (1944) o Lona Hanson (1948). Ésta última también fue llevada al cine y fue protagonizada por Rita Hayworth y William Holden. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: inglés. 

Traductor: Eduardo Hojman. 

Sinopsis: Montana, 1924. Phil y George son hermanos y socios, copropietarios del rancho más grande del valle. Cabalgan juntos, transportando miles de cabezas de ganado, y siguen durmiendo en la habitación que habían tenido de niños, en las mismas camas de bronce. Phil es alto y anguloso, George rechoncho e imperturbable. Phil podría haber sido cualquier cosa que se propusiera, George es tranquilo y no tiene aficiones. A Phil le gusta provocar, George carece de sentido del humor, pero tiene ganas de amar y de ser amado. Cuando George se casa con Rose, una joven viuda, y la trae a vivir a la hacienda, Phil comienza una campaña implacable para destruirla. Pero los más débiles no siempre son quienes uno cree. 

Su lectura me ha parecido: abrasiva, sigilosa, asfixiante, perturbadora, gráfica, tensa, oscura, con unos personajes bien cimentados, retorcida... El western, género clásico donde los haya que inconscientemente hemos acabado por asociarlo al séptimo arte gracias a directores y actores muy concretos y ya indisociables de sus formas, también es literatura con mayúsculas. Desde sus orígenes en la Norteamérica de mediados de siglo XIX, al compás de los trascendentales acontecimientos históricos que estaban teniendo lugar en el país tanto a nivel político-geográfico (el "Destino manifiesto" y la "Tesis de la frontera") así como de carácter económico-social y belicoso (la conquista del Oeste, la repoblación, la fiebre del oro, las guerras indias y el consecuente destierro de los pueblos nativos a las reservas etc...), el western se ha nutrido de las historias que emanaban de dichas experiencias y testimonios resultantes. Tomando como textos fundadores los conocidos como "cuentos de la frontera" James Fenimore Cooper, escritor de novelas de aventuras históricas, ostenta el honor de ser el primer autor en inaugurar esta tradición literaria con sus cinco novelas recogidas bajo el título Los cuentos de Leatherstocking. Escapando al anonimato y convirtiendo los montes de los Apalaches en territorio western. Entre la década de 1850 a los primeros años del siglo XX el género vive su primera gran revolución, adaptándose a los nuevos tiempos y a las necesidades de los lectores gracias a las "Dime Novels". Tomando como ejemplo los famosos y populares "Penny Dreadfuls" británicos - recordemos, historietas publicadas por entregas en revistas o periódicos generalmente ancladas en el terror más sensacionalista y sanguinario - comenzaron a proliferar pequeñas publicaciones que, por diez centavos, hicieron las delicias de aquellas primeras generaciones de masas. Los hombres de la montaña, los colonos, los indios y los forajidos que actuaban fuera de la ley eran los personajes más repetidos. Y dentro de todos ellos, los más populares fueron los que se atrevieron a friccionar a partir de personajes reales como Bufalo Bill o Billy the Kid entre otros. En los años 30 del siglo XX las revistas pulp ayudaron a la expansión del género en Europa y Asia, además de la incipiente industria hollywoodiense que, en su edad dorada, alumbró las primeras películas mudas de un por aquel entonces desconocido John Ford. Sin embargo, no fue hasta los 60 cuando el western vivió su mayor cuota popularidad, tanto en ventas de novelas - las cuales habían ganado en calidad literaria - como visionados tanto en el cine como en la televisión. Y aunque durante las siguientes décadas el género entró en declive - debido, sobre todo, a la aceptación que alcanzó el policíaco en su revisión del noir - lo cierto es que nunca ha dejado de reinventarse sin renunciar, en parte, a ese apelativo de "literatura de quiosco" que tantos se han empeñado en convertir en un insulto dentro del mundo de la literatura. Al western van asociados nombres de escritores como Jack Schafer, Louis L´Amour, Lucke Short, Cormac McCarthy Clarence Mulford o nuestro Marcial Lafuente Estefanía. También de mujeres, menos por desgracia, como Dorothy M. Johnson - quien escribió ¡ojo! El árbol del ahorcado y El hombre que mató a Liberty Valance -, Elinore Pruitt Stewart o B.M. Boyer. Y por supuesto el de Thomas Savage, escritor criado en un rancho de Montana y fallecido en el 2003 que vuelve a estar de actualidad gracias a Jane Campion y la película por la que puede alzarse este domingo con el máximo galardón de la 94 edición de los premios Oscar. El poder del perro: el atípico y sibilino western queer. 


Dejando a un lado el film de Campion - aunque resulte inevitable dado el magnífico trabajo de adaptación - así como la impresionante interpretación de quien para mi debería arrebatarle el Oscar a Will Smith - Benedict Cumberbach, de Sherlock Holmes y Alan Turing a  Doctor Strange, y de ahí a un rudo vaquero digno sucesor de John Wayne - lo cierto es que El poder del perro, a nivel literario, es un western extraño. Y remarco lo de extraño porque, si bien en cuanto a su estructura y geografía es enormemente clásico, no lo es tanto en lo que a su contenido se refiere. Algo que, si observamos el contexto del autor, nos da una enorme pista del porqué de esta interesante decisión narrativa. Thomas Savage publica El poder del perro en 1967, década, la de los 60, marcada en Estados Unidos no solo por la Guerra de Vietnam, también por el ambiente contracultural que surgió en los márgenes hasta llegar a conquistar el espacio político y público de por aquellos años. Movimiento que, entre sus muchas aportaciones, reflexionó entorno a las libertades, incluyendo la sexual, sin ser excesivamente visionaria, pero sí avanzada para la época. Unas reivindicaciones que, en la novela de Savage, se cuelan desde un prisma más progresista al plantear un western clásico en el que la temática LGTBI quede expuesta, a pesar de las diferentes capas que el autor le agrega, en un primerísimo primer plano. Mucho antes de que Annie Porlux - autora del posfacio de la presente edición de Alianza - escribiera aquel relato para The New York Times titulado Brokeback Mountain que años más tarde adaptaría con gran éxito Ang Lee, Savage ya se atrevió a corromper la figura del tosco e impenetrable cowboy a base de matices, sutilezas y pequeños detalles colocados, como si de un attrezzo teatral se tratara, en un desconcertante segundo plano para, capítulos después, estamparlos en los ojos del lector. Aunque considero la película de Jane Campion - directora de El piano, una de mis películas favoritas - por momentos superior al texto que la inspira, no debemos desmerecer los diferentes puntos fuertes sobre los que El poder del perro (novela) se sustenta. Tales como la milimétrica construcción de sus personajes, especialmente las de los hermanos protagonistas - Phil y George - deliciosamente antagónicos, la de esa machacada Rose - desesperada ante el desprecio de su cuñado, quien se empeña en hacerles la vida imposible - o la de ese Peter - hijo de Rose - que, bajo su apariencia "débil" y siendo el blanco de todas las burlas homófobas, se esconde un astuto joven con un oscuro plan. De hecho, la gran sorpresa de la novela viene dada por ese plow twist - o giro busco en este caso - de la trama en sus últimas líneas. Un volantazo que hace replantearte el libro en su totalidad, otorgando sentido a la extrañeza inicial y concluyendo en una poderosísima reflexión entorno al terror que algunos hombres sienten al ver que su "masculinidad" - a la antigua usanza - ya no tiene cabida en este mundo, así como la relación de éstos con las peores caras de la misma. Este sugerente cambio de rumbo contrasta, por otro lado, con un estilo seco, a ratos árido y con numerosas descripciones bastante explícitas de lo que implica trabajar en un rancho. Un ejemplo de esto sería su impactante inicio, en el que se narra la castración de una res sin cortapisas. Cierto es que respeto la decisión del autor y entiendo que tras ello se esconde una razón de estilo que, es cierto, casa a la perfección con lo que nos quiere contar. Sin embargo, a título personal, lo del "despiece" se me ha atragantado. No me caracterizo precisamente por ser una lectora melindrosa - en todo este tiempo he leído libros bastante fuertecitos - pero esta vez no he conseguido sentirme cómoda con dichas escenas. En definitiva, y a pesar de la casquería, la novela de Savage merece un hueco en aquellos lectores de mente abierta que amen el western, los thrillers soterrados y, aviso de nuevo, las imágenes fuertecitas. Aunque aquí lo importante es observar como es posible desmontar el discurso heteropatriacal desde, hasta ahora, uno de los géneros tradicionalmente más testosterónicos de la literatura y del séptimo arte. Paradojas que, hoy por hoy, me dan la vida. 

El poder del perro: una historia de secretos, acosos, derribos, paisajes áridos, desollamientos, orientaciones sexuales reprimidas, masculinidades tóxicas quebradas, venganza, justicia "divina"... Seguiré leyendo westerns. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Puertas, puertas, puertas, puertas; cinco puertas exteriores en la casa. Rose conocía el sonido que hacía cada una de ellas al abrirse o cerrarse. La puerta trasera que usaba Phil dejaba entrar un fuerte viento, que hinchaba la alfombra y hacía que se retorciera como una serpiente. Una tarde, supo que Phil había entrado en la casa: caminaba con un paso rápido, ligero, muy arqueado, con sus pies más bien pequeños Ella lo oyó entrar en su dormitorio y cerrar la puerta. Protegida de sus pensamientos y emanaciones por esa puerta cerrada, se sentó y empezó a tocar; pero, cuando empezó a escuchar de manera crítica sus propias interpretaciones, oyó otro sonido, el del banjo de Phil, y de pronto se dio cuenta de que cuando ella practicaba él también tocaba. Hizo una pausa, mirando las teclas. El punteo del banjo también se detuvo. Cautelosamente empezó a tocar de nuevo. De nuevo, el banjo. Hizo una pausa; el banjo hizo una pausa. Entonces tuvo la sensación de que algo le trepaba por la nuca: él estaba tocando precisamente lo que estaba tocando ella... y mejor."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

jueves, 14 de enero de 2021

RESEÑA: Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición Española.

 VESTIDAS DE AZUL

ANALISIS SOCIAL Y CINEMATOGRÁFICO DE LA MUJER TRANSEXUAL EN LOS AÑOS DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA


Título: Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición Española. 

Autora: Valeria Vegas (Valencia, 1985) es licenciada en Comunicación Audiovisual. Desde el año 2015 escribe en medios como Vanity Fair, Shangay, Lecturas y Jot Down, entre otros. Es autora de los libros Grandes actrices del cine español (2015) y Ni puta ni santa. Las memorias de la Veneno (20016), biografía de Cristina Ortiz, mujer transexual y controvertido personaje televisivo de los años 90. Ha dirigido Manolita, la Chen de Arcos, galardonado como mejor documental español en el festival LesGaiCineMad 2016 y que recoge el testimonio y vivencias de la primera madre transexual que logró adoptar en España. Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la Transición Española (2019) y Libérate. La cultura LGTBQ que abrió camino en España (2020) son sus últimos ensayos publicados. 


Editorial: Dos Bigotes. 

Idioma: español.

Sinopsis: Vestida de azul de Antonio Giménez-Rico fue el primer documental español protagonizado por seis mujeres transexuales que se estrenó en salas comerciales. Hoy, 35 años después y con la perspectiva que da el paso del tiempo, la periodista Valeria Vegas analiza cómo los medios y el cine abordaban la transexualidad en una época verdaderamente hostil para un colectivo tan expuesto como minoritario. A través de las circunstancias que rodearon a Eva, Loren, Tamara, Josette, Nacha y Renée, la autora indaga en aspectos como la prostitución, el espectáculo, la exclusión social o las leyes opresoras. Sus vidas son también las de otras muchas mujeres para las que no siempre la democracia fue sinónimo de libertad. 

Su lectura me ha parecido: amena, interesante, exhaustivamente documentada, plagada de sororidad trans, minuciosa, cinematográfica, importante en cuanto a su valor testimonial, necesaria para estos tiempos y los venideros... Hace unas semanas tuve el privilegio de asistir a la exposición Des/orden Moral. Arte y sexualidad en la Europa de entreguerras en el IVAM (Institut Valencià d´Art Modern). Un paseo a través de la pintura, el cine, la fotografía, el dibujo, la escultura, la literatura y demás soportes artísticos que sin duda quedará alojado para siempre en mi memoria. A lo largo de todo el recorrido entre paredes oscuras, proyecciones en penumbra y cortinas rojas - y siempre con un ojo puesto en las flechas del suelo, una consecuencia más de la pandemia de la Covid-19 - las imágenes saltaban del lienzo para colarse en un imaginario que, aunque existente, no siempre ha conseguido colarse en nuestra cultura popular. La prostitución desfigurada y grotesca a través de los ojos de Otto Dix - veterano de la Primera Guerra Mundial al que el Nazismo le colocó la etiqueta de "artista degenerado" - las revistas porno de los años 20 y 30 - la desnudez de los cuerpos, tanto el masculino como el femenino, aún me sigue sorprendiendo - fragmentos de una primera película de temática homosexual rodada en el Berlín de la crisis económica y los cabarets - cuyo director fue un defensor de los derechos de la comunidad LGTBI en un momento en el que la sororidad del colectivo se reducía al ostracismo de la clandestinidad - la transexualidad - con los retratos que la pintora Gerda Wegener le hizo a su marido Einar Wegener, posteriormente conocida como Lili Elbe, siendo la primera persona trans en someterse a una operación de cambio de sexo a principios de siglo XX - así como la presencia de textos y fotografías de algunos de los iconos más importantes de la comunidad - como Virginia Woolf, Federico Grcía Lorca, Josephine Baker u Oscar Wilde entre otros -. Por supuesto, la exposición también incluía un apartado dedicado a las ideologías totalitarias y a como éstas acabaron por socavar aún más la clandestinidad o tirar por tierra la ligera visibilidad que ésta tenía en tiempos anteriores a su llegada en los años 30. Allí no podían faltar ni un fragmento del documental El triunfo de la voluntad, algunas esculturas del busto de Mussolini, imágenes de los numerosos monumentos que se levantaron a lo largo y ancho de la Unión Soviética glorificando el cuerpo del trabajador y, por supuesto, instantáneas más patrias. Esas en las que asistimos a una clase de costura de la Sección Femenina, a una fiesta donde las mujeres alzan el brazo jubilosas sin importar sus connotaciones fascistas y a un fastuoso Domingo de Ramos. Cuesta creer que entre doctrina franquista y señoras de luto y mantilla pudieran existir otras realidades más diversas, plurales, libres. Alejadas de esa España blanco y negro que, además de pasar hambre, castigaba la disidencia a golpe de tortura, cárcel o muerte. Y sí, las hubo, al principio escondidas, por miedo a las represalias, pero poco a poco, a medida que menguaba la salud del dictador, las voces ocultas comenzaron a hablar, a hacerse notar, a protestar. Sin embargo, no fue hasta hace cuatro días cuando, por fin, podemos acceder al conocimiento de sus vidas y experiencias. A la realidad de las mujeres trans de hace treinta y siete años en un país donde, a pesar de que la democracia daba sus primeros pasos, todavía seguían sufriendo el desprecio institucional y social. Vestidas de azul: un testimonio de trascendencia intergeneracional.  


Durante el invierno de 1984 se proyectó en los cines españoles un documental que bajo el título Vestida de azul venía a contar la historia de seis mujeres transexuales para, en el fondo, retratar unas condiciones, una situación y una época en la que, a pesar de los avances políticos-sociales, todavía se seguía discriminando por el simple hecho de sentirte mujer aún habiendo nacido varón. Hecho al que, si añadimos la confusión de términos y la desinformación imperante - ante esa falta de visibilidad - hacía de la vida de Eva, Loren, Tamara, Josette, Nacha y Renée un camino plagado de obstáculos. Seguramente su director, Antonio Gómez-Rico, jamás imaginó que el que fuera su documental más polémico en su momento fuese objeto de estudio, análisis y crítica extra cinematográfica por parte de Valeria Vegas. Una de las periodistas más en alza en este país gracias, en parte, a la publicación de las memorias de La Veneno en el año 2006. Popularidad que explotaría en el pasado 2020 con la adaptación en forma de serie de dicho libro por parte de los directores Javier Ambrossi y Javier Calvo, así como la presencia, dentro de la ficción, de un personaje inspirado en la propia Valeria con el que, no sólo asistimos a su relación con Cristina Ortiz y al proceso de escritura del texto, sino que además somos testigos de su propio descubrimiento, autoconciencia y transición de hombre a mujer. Eventos seriéfilos a parte, lo cierto es que una accede a una lectura así con las expectativas por las nubes, y no solo por quien lo firma, también por la complejidad del tema que se aborda en última instancia. Y sí, las expectativas se cumplen, hasta rebasar incluso. Si la o el lector no conoce este documental en concreto, tiene poca idea de cine español - y mucho menos desde el plano de la no ficción - o desconoce gran parte de la historia de la cultura y la comunidad LGTBI en España no pasa absolutamente nada. El carácter divulgativo que Vegas imprime en cada uno de los capítulos, su adecuada ordenación (prestando mucha atención a los antecedentes, coqueteando de este modo con el ensayo histórico), su disertación puramente cinematográfica (desprendiéndose de tecnicismos propios para que la lectura no resulte un autentico peñazo), su basto conocimiento sobre el cine español, de la Transición Española y de la comunidad LGTBI en esos años, su propia experiencia como mujer trans, las entrevistas, así como la bibliografía que podemos encontrar al final de su lectura hacen de Vestidas de azul - entiéndase el pertinente cambio del título - un texto no sólo interesante a nivel intelectual, también único en su concepción. Porque si por algo destaca el presente ensayo es por su pretensión a la hora de traspasar la pantalla, de ir más allá, de crear un nuevo relato al rededor de estas mujeres trans otorgándoles una necesaria visibilidad anteriormente negada. Un ejercicio de documentación y de análisis exhaustivo para iniciar un recorrido, a través del cual, el lector comprenderá que derechos y representación no siempre van de la mano. Un camino en el que sí, hemos cambiado, hemos avanzado, pero en el que un peligro llamado extrema derecha pretende tornar a esas realidades agazapadas, atemorizadas. 


Todo en Vestidas de azul sorprende. Desde esa falta de sororidad en el colectivo - en esa época ni siquiera existía la idea de colectivo como tal - hasta la ostentación como respuesta a los comentarios denigrantes o como mecanismo para suplir las carencias emocionales, pasando por las historias personales de cada una de las protagonistas que Gómez-Rico filmó en su día a día y en un conversatorio en el Palacio de Cristal de Madrid. A través de la pluma de Valeria Vegas vamos conociendo poco a poco sus agitadas biografías. Como la de Loren, la más mayor, quien estuvo encarcelada en Carabanchel. O la de Renée, peluquera de profesión y cuya familia, en el momento en el que se estrenó el film, no sabía de su vida como mujer. O la de Tamara, la gitana, maltratada por su familia debido a su condición que, sin embargo, encontró la felicidad de la mano de la actuación imitando a Lola Flores o a Isabel Pantoja. O la de Eva, en su momento bailarina de striptease e imitadora de Lina Morgan. Pero, sin duda, y sin desmerecer al resto de historias, como lectora que acaba de descubrir la existencia de estas mujeres, me quedo con las de Nacha y Josette. Únicas supervivientes de las seis que protagonizaron el documental y que, en el caso de la segunda, sí accedió a hablar con Valeria Vegas durante el proceso de documentación. Como bien se desprende en la pertinente entrevista, la cual podemos encontrar en las últimas páginas del ensayo, Josette llegó a casarse aún sabiendo su verdadera identidad de género e identidad sexual. Algo que, como se ve en el film, su mujer le echa en cara. Su caso ejemplifica muy bien la confusión entorno a la palabra "travesti", la cual en su momento se usaba para hablar tanto de las mujeres transgénero así como de transformistas. Todo se metía en el mismo saco, fruto sin duda de la desinformación y el poco conocimiento respecto a su propia condición. Por su parte, Nacha - cuyo testimonio lo conocemos a través de su hermana - nos habla de una vida dedicada al ejercicio de la prostitución ante la falta de oportunidades laborales para las mujeres trans, una lacra que, por cierto, actualmente seguimos arrastrando. La película se estrenó, pasó por el Festival de San Sebastián, la sociedad de su tiempo le añadió la etiqueta "maldita" y poco a poco los nombres de Loren, Nacha, Josette, Tamara, Eva y Renée se fueron diluyendo en los márgenes de una historia que, todavía, no les había prestado la atención que merecían. Por eso libros como el de Valeria Vegas resultan de gran importancia ya que, como si de una operación de socorrismo se tratara, reaniman y devuelven a la vida a una serie de personajes anónimos que, tras un prolongado olvido, se alzan pletóricos, orgullosos de que su legado, por fin, inspire a las generaciones venideras. 

Vestidas de azul: una historia de lucha, reivindicación, ignorancia, discriminación, bajos fondos, visibilidad, representación, existencia, supervivencia... Un ensayo cuyos pasajes deberían estar presentes en más de un libro de historia. 

Frases o párrafos favoritos: 

"No cabe duda que, en estas últimas cuatro décadas, España ha avanzado legislativa, jurídica e incluso éticamente en lo que a medios de comunicación se refiere. Puede que haya sido una revolución lenta, que hizo que ni tan siquiera la pudiesen vislumbrar algunas de las protagonistas de Vestida de azul y sus compañeras de generación, pero que en definitiva ha supuesto una realidad frente a lo que parecía utopía."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Dos Bigotes

sábado, 29 de junio de 2019

RESEÑA: Cuadernos de Medusa vol. II

CUADERNOS DE MEDUSA VOL.II

Título: Cuadernos de Medusa vol. II

Autoras/es: África Beltrán, Pilar Pedraza, Margaryta Yakovenko, Luna Miguel, Inmaculada Pérez Parra, Eleazar Herrera, Darío Gael Gómez de Barreda, Cynthia Veneno, Cristina Jurado, Beatriz Sevilla, Atenea Bioque, Aránzazu Ferrero, Ajla Henic,

Editorial: Amor de Madre.

Idioma: español.

Sinopsis: Cuadernos de Medusa vol. II es un compendio de trece relatos escritos por autoras y autores comprometidos con el movimiento feminista y con la representación de los colectivos LGBTQ+. En Cuadernos de Medusa vol. II vas a encontrar de todo. La diversidad sigue siendo la protagonista, y de ahí que en este mismo objeto puedas verte envuelta en la más pura, mágica y divertida fantasía o en la más absoluta, desgarradora y dolorosa realidad. Todas estas perspectivas, por muy distintas que sean, se unen en un mismo cometido: hacer brillar aquello que el mundo insiste en mantener oculto. ¡Bienvenida a nuestro microcosmos literario, donde la diversidad se alza como bandera y como grito de guerra!

Su lectura me ha parecido:

   Variada, interesante en cuanto a su planteamiento conceptual, inclusiva, feminista, plagada de fantasía, inundada al mismo tiempo de realidad, dolorosa, esperanzadora, combativa, absolutamente necesaria...Algo está cambiando, el suelo tiembla bajo nuestros pies, un olor nuevo se respira en el ambiente y en el interior de los libros. ¿Tal vez esté pasando? ¿Podemos hablar de revolución o simplemente de los cimientos que pretenden impulsarla más pronto que tarde? De un tiempo a esta parte, las librerías se han llenado de autoras (noveles, expertas, veteranas...) algo que no ha sido como suele decirse, "de golpe y porrazo", sino que al contrario de lo que muchas y muchos piensan ha sido parte de un largo proceso. Un camino al que hemos contribuido desde todos los procesos de creación editorial. Empezando por el gran público, siempre imprescindible, y acabando por quienes apuestan desde el sector del libro por dar más visibilidad y voz a plumas en las que antaño nadie hubiese confiado, sin olvidarnos, por supuesto de las autoras, sin las cuales esto, de verdad, no hubiese sido posible, ni siquiera en sus mejores sueños. Sin voluntad no se mueven montañas, sin perseverancia las cosas no salen solas, sin conciencia no contribuimos a avanzar y sobre todo, sin valentía, los derechos fundamentales jamás se conseguirán. Antologías como la que hoy tengo el placer de reseñaros demuestran como la palabra, y con ella la literatura, pueden aunar entretenimiento (leer siempre lo es y siempre lo será) y conciencia social. Justo la que se necesita en los tiempos que corren, cada vez más oscuros y terriblemente familiares. Cuadernos de Medusa Vol.II: trece historias para la reflexión, el feminismo, la lucha LGTBI+ y la imaginación.

   Con Cuadernos de Medusa volví a La Batisfera (de la cual ya os hablé en una reseña anterior), un templo del café, los refrescos y los buenos libros a escasos metros de la playa en donde, de nuevo, tuvo lugar una de esas presentaciones memorables. Al llegar, los libreros me recibieron con los brazos abiertos - estaba claro que se acordaban de mi y de Agua en los pulmones, la novela en cuya puesta de largo participé en calidad de moderadora/presentadora - y me condujeron a la cafetería en donde, no sólo pude desvirtualizar a las editoras de Amor de Madre Victoria e Inmaculada, sino que también pude saludar - con apretón de manos y besos de cortesía incluidos - a dos de las autoras cuyos relatos componían este segundo volumen. De pronto me vi ante Aránzazu Ferrero y Pilar Pedraza sin saber a penas que decir, me costó articular palabra. El relato de la primera era el que inauguraba esta segunda entrega - muy interesante por cierto - y el de la segunda pues era uno de los que más me había gustado - y además, ¿quién no se pondría nerviosa teniendo delante a una de las grandes autoras españolas de terror? -. Al contrario que aquella presentación de Pulpture, en esta ocasión acudí como público. Éramos pocas - más que pocos - sí, pero no por ello ávidas de preguntas, inquietudes y debate. Aquel rincón de La Batisfera se convirtió durante una hora en un lugar de distensión donde se abordaron numerosos temas y de los que como lectora y escritora necesitaba nutrirme con urgencia. La amabilidad de Victoria e Inmaculada fue abrumadora, así como ese ratito que me quedé charlando con Pilar Pedraza compartiendo mis impresiones. Con Aránzazu no tuve la misma suerte, ya que se tuvo que ir antes del coloquio final - queda pendiente - pero aún así sus palabras también me suscitaron alguna que otra pertinente reflexión. Cuando regresé a mi casa al caer la noche me llevé una experiencia inolvidable, así como la certeza de que desde nuestro papel como críticos y público debemos apoyar a las editoriales independientes, y más cuando su carácter reivindicativo trasciende a lo literario.

   Hablar del segundo volumen de Cuadernos de Medusa implica no sólo adentrarse en un conjunto de relatos cada cual más diferente al anterior (miradas, perspectivas, estilos...), también hablar de lo que para mi es el eje central y la razón de ser de esta nueva entrega: el mito de Medusa. Como bien sabréis, Medusa es un ser ctónico - procedente del mundo de los muertos y los espíritus - mitológico, con cuerpo de mujer, cuyo cabello esta repleto de serpientes y con el poder de convertir en piedra a todo aquel que mirase fijamente sus ojos. Decapitada por Perseo - quien posteriormente usó su cabeza como arma - y luego entregada a Atenea para que la colocase en su escudo, ha vivido desde la antigua Grecia infinidad de interpretaciones y reinterpretaciones. Aunque en resumidas cuentas, la mayoría de todas ellas coinciden en identificar a Medusa con la quintaesencia del mal convirtiéndose de este modo en el mito patriarcal perfecto y que como tal ha perdurado a lo largo de los siglos. En resumidas cuentas, Medusa representa el papel central de las mujeres - da igual la época en la que nos encontremos - o lo que es lo mismo, la mujer que logra posicionarse en ámbitos a los que solo los hombres habían llegado por su condición masculina. Una cultura androcéntrica donde héroes como Perseo están llamados a degollar - metafóricamente hablando - las identidades femeninas trasgresoras, consideradas por ellos como simples obstáculos en su domino ancestral. Este mito se ha ido reproduciendo a lo largo de la historia - todavía como historiadora tengo dudas de que Juana la Loca estuviese de verdad loca - llegando incluso a colarse en recientes campañas electorales - recordemos lo sucedido en la cartelería de la campaña de Donald Trump respecto a su contrincante Hilary Clinton - o en las series de televisión más actuales - ¡Malditos guionistas! ¡Qué habéis hecho con Daenerys Targaryen! -. Más allá de todo eso, es interesante - teniendo en cuenta lo expuesto - como Amor de Madre ha construido al rededor de esta deidad femenina un discurso que articula muchos temas y discurre por muchos frentes. Desprendiéndose de su interpretación heteropatriarcal e utilizando su furia - porque no olvidemos que fue violada - para redefinir no sólo el mito, también para actuar como reacción al machismo todavía imperante en nuestra sociedad.

   Cada una de las serpientes del cabello de Medusa correspondería a uno de los trece relatos reunidos bajo su protección y permanente sororidad. Es evidente que, como en cualquier libro de relatos - y más en el que encontramos diferentes autoras y autores - no existe una uniformidad. Hay textos mejores y textos que (a pesar de que el mensaje es igual de potente) por lo que sea no me han llegado tan hondo como esperaba en un primer momento. Hay relatos de acción, de fantasía, imbuidos en lo social, de ambientación puramente histórica, terriblemente realistas, millenials y hasta algún coqueteo con el género de superhéroes. Los hay más cercanos a nuestro tiempo, pero también de los que se adentran en épocas pasadas para rastrear los mismos temas, y por supuesto, los que la acción transcurre en tierras lejanas. Sus personajes nos pueden sonar más o menos, a pesar de llevar años muertos, ser la viva imagen de nuestra vecina, parecerse a cualquier persona que pasa a nuestro lado por la calle, erigirse como auténticos icónicos o simplemente no haber existido nunca salvo en la imaginación de quien lo inventa. Feminismo, transexualidad, lucha social, hermafoditismo, fanatismo religioso, políticas patriarcales, violaciones, inclusión, racismo, homofobia, abuso de poder, culpa, violencia, misoginia, suicidio, guerra, depresión, explotación sexual, acoso, islamofobia... Sin censuras, sin eufemismos, con libertad, y por supuesto desde el más absoluto de los respetos.

   Vivimos tiempos confusos, en constante cambio, en donde las nuevas tecnologías cabalgan a nuestro lado y en donde conectividad se ha tornado en una obligatoriedad. Sin embargo, algo muy peligroso permanece, algo entroncado con los valores tradicionales que han construido nuestras sociedades desde los cimientos hasta las agujas. Unos valores machistas que, en vez de desaparecer de una vez por todas, parece que - en gran medida gracias a un tsunami llamado "ultraderecha" - no sólo permanecen sino que cada día ganan nuevos adeptos. Esta involución social se cura, en parte, leyendo, leyendo mucho, muchísimo, y especialmente a autoras y autores cuya producción literaria no está, por así decirlo, en los lugares de honor, sino que se encuentra en los márgenes, tanto de lo temático como en lo histórico. Ayer sin ir más lejos asistimos al 50 aniversario de las manifestaciones espontaneas y posterior represión de Stone Wall - a las cuales por cierto hace mención uno de los relatos más logrados -. Sin duda uno de los episodios más importantes de la historia, así como de la lucha del colectivo LGTBI+ pero que, por desgracia, muy poca gente conoce. Lo mismo sucede con la lucha feminista y las manifestaciones del día 8 de Marzo, a las cuales todavía hay quien mira con escepticismo y desprecio sin conocer su verdadero. Sin ir más lejos, uno de los ejemplos más claros de esta supina ignorancia son las recientes "iniciativas" que abogan por instaurar el "Día del hombre" o el llamado "Orgullo Hetero". Campañas tras las que, por supuesto, se esconden partidos o organizaciones manifiestamente racistas, homófobas, xenófobas, misóginas y de inspiración neonazi, neofranquista o neofascista. En honor al célebre grabado de Goya diré lo de siempre, que el sueño de la razón produce monstruos, pero también incultura, fanatismo, autómatas al servicio del poder. Carentes de amplitud de miras y por supuesto de empatía, comprensión y reconocimiento. Porque parece ser que es mejor vivir enfrentados que en armonía, disfrutando de toda clase de diversidad. Si para algo sirven editoriales como Amor de Madre y libros como Cuadernos de Medusa es para combatir todo ese odio, para desmontar las estructuras patriarcales, y creo que lo más importante, para seguir aprendiendo y luchando por una sociedad mejor.

Cuadernos de Medusa Vol. II: trece historias de inclusión, violencia patriarcal, feminismo, critica, representación LGTBI+, diversidad, respuesta... La revolución se hace en las calles, pero también en la literatura.

Frases o párrafos favoritos:

"Es hermafrodita. Siempre quise tener uno a mi alcance para comprender muchas cosas sobre los órganos de la reproducción que los maestros no nos habéis explicado nunca, o por ignorancia o por vergüenza. Sin embargo, nada hay de vergonzoso en el cuerpo de esta chica, o mejor dicho, chico. O chico y chica, lo que prefieras. Y gracias a él he aprendido muchas cosas que no están en Aristóteles."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Amor de Madre

viernes, 15 de febrero de 2019

RESEÑA: Relaciones enfermizas.

RELACIONES ENFERMIZAS

Título: Relaciones enfermizas.

Autora: Cecilia Ştefănescu (Bucarest 1975) es una escritora y periodista rumana. Licenciada en Letras por la Universidad de Bucarest, posee un Máster en Teoría Literaria y Comparada. Comenzó sus actividades literarias en el grupo Litere, dirigido por el escritor Mircea Cartaescu. Colabora con multitud de medios y revistas, ha publicado dos novelas y ha participado en distintas obras colectivas. Debutó con la novela Relaciones enfermizas (2002), que ha sido traducida al francés, al polaco y al italiano. Su segunda novela, Intrarea Soarelui (2008), ha sido traducida al inglés. En 2016, escribió y dirigió el cortometraje Ferdinand 13, galardonado con la mención especial en el Festival Internacional de Cine de Zagreb. Actualmente acaba de terminar su segundo cortometraje, titulado Morski Briz. (Fuente: Dos Bigotes).


Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: rumano.

Traductora: Doina Făgădaru

Sinopsis: Bucarest, años noventa. Una decadente ciudad donde cada rincón revela la pobreza del pasado y el nacimiento de un nuevo país que trata de superar las heridas del ´régimen de Ceausescu. Kiki tiene dieciocho años y es una joven universitaria, seductora e inconformista. Incapaz de elegir entre un artista megalómano, Renato, y el amor por Alex. vive abrumada por temores, neurosis y delirios románticos, algunos al bode de la ensoñación y la enfermedad, mientras busca una respuesta a sus dilemas e los ambientes estudiantiles y artísticos. Kiki quiere que Alex sea suya para siempre, pero Alex es una chica de provincias que sueña con casarse y tener una familia. Las separaciones y las reconciliaciones son el leitmotiv de su historia, una historia cada vez más radical y obsesiva que nos muestra la parte oculta de la Rumanía actual. (Fuente:Dos Bigotes).

Su lectura me ha parecido: sencilla, crítica, audaz, evocadora, trasgresora, onírica, una explosión emocional... Pronto hará un año de la edición número 77 de la Feria del Libro de Madrid, una edición marcada, sobre todo, por la presencia de Rumanía como país invitado, desarrollándose numerosas presentaciones, charlas, ponencias, firmas y actividades entorno a la literatura de dicho país y por supuesto a la figura de sus máximas/os representantes. ¿La intención? Reparar una de las mayores injusticias, y es que la literatura Rumana ha sido durante décadas una de las grandes olvidadas dentro del panorama editorial, y mucho más en el de España, al que muy pocas obras pertenecientes a escritores de dicho país han llegado traducidas para disfrute de los lectores. Su riqueza simbólica, su peculiar realismo mágico y la fama que ha conseguido gracias a la repercusión de ciertas corrientes dentro de la vanguardia literaria han conseguido, por fin, situar a Rumanía en el lugar que le pertenece por derecho propio desde hace mucho tiempo. Mucho ha tenido que ver la irrupción de Mirea Cartaescu, uno de sus máximos exponentes, encumbrado por la crítica y cuyas obras conocemos y admiramos gracias a la editorial Impedimenta, en nuestro panorama editorial. Su presencia en la que es una de las citas literarias más importantes de España, supuso dar más visibilidad a una literatura que comenzaba a ser reconocida a nivel internacional. Sin embargo, para decepción del público femenino que asistió a su discurso de inauguración, Cartaescu se refirió a veinte grandes hombres de la literatura universal, los cuales inspiraron o fueron fundamentales en su formación como autor. Sí, he dicho bien, no me he equivocado. Veinte escritores frente a cero escritoras. ¿Un descuido? Es posible, pero no por ello sintomático de una constante que lleva repitiéndose desde tiempos ancestrales, de una cruda realidad, del lugar que siempre han ocupado las mujeres dentro del universo literario de muchos autores, es decir, fuera de él. Durante esos mismos actos, otra escritora, Cecilia Ştefănescu, igual de válida e incluso perteneciente a la misma corriente literaria de Cartaescu (con quien por cierto compartió inquietudes y muchas charlas en el grupo Litere) se dejó ver entre la multitud de casetas, firmas y demás actos. Una autora cuya presencia, en comparación con la de su compatriota, pasó bastante desapercibida. Sólo un par de blogs y una conocida revista feminista (Pikara Magazine) recogieron una entrevista, la presentación y una reseña de su libro más importante. Novela que, en compensación por esa sangrante ignorancia a su trayectoria como autora perteneciente al país invitado de la pasada edición, hoy más que nunca debemos reseñar. Relaciones enfermizas: búsqueda, amor y desafío a la heteronormatividad.


La historia de como Relaciones enfermizas llegó a mis manos es bien sencilla, ya que gracias a una lectura en concreto, alejada y próxima al mismo tiempo de lo que en la novela de Ştefănescu, acabé sucumbiendo a este tipo de literatura alejada de los cánones heteropatriarcales tan presentes tanto en nuestra sociedad como en la ficción. Violette Leduc y su Thérèsse e Isabelle me cambiaron por dentro aquel cálido y soporífero verano de 2018. Su adictiva narración condujo a mis ojos, cansados de toparse con según que cosas, a una historia erótica, sí, pero contada desde la honestidad y con una elegancia indescriptibles y que convertían esta breve novela en algo más importante. Thérèsse e Isabelle no era simplemente la historia del despertar sexual de dos colegialas en tiempos de verdadera oscuridad, sino la confirmación de que se podía escribir sobre precisamente eso, sobre dos chicas descubriendo que se atraen, que se gustan, que se complementan, que se satisfacen mutuamente en la cama y por supuesto que son capaces de llegarse a enamorar la una de la otra. Y todo ello sin caer en un estilo chabacano o poco profundo, algo que por desgracia ocurre más de lo que nos imaginamos. Fue así como, unido al descubrimiento de un cine más comprometido con la visibilidad de la comunidad LGBTI el cual comenzaba a hacerse habitual en mis búsquedas y en mis tradicionales sesiones de cena cinéfila (pizza y peli) de los sábados, de un tiempo a esta parte me acabé interesando por historias en las que la temática LGBTI (especialmente las que abordasen el lesbianismo y la bisexualidad desde el respeto y con un mínimo de calidad literaria). No había título que pasase desapercibido ante mis ojos, algo que me permitió ampliar mis inquietudes lectoras e intelectuales, así como conocer a las editoriales que los publicaban, las cuales estaban empezando a darse a conocer en el panorama literario de este país. Una de aquellas historias fue, como no podía ser de otra forma, Relaciones enfermizas,  cuya portada vi por primera vez en la web de la joven y comprometida editorial Dos Bigotes. Su diseño era llamativo, como ya nos tienen acostumbrados, pero sus tonos pastel y ese toque abstracto se distanciaban de otras de sus propuestas en cuanto a cubiertas se refiere. Pero como cabía esperar, lo mejor estaba en su interior, en su atrayente sinopsis, la cual (a pesar del spoiler que hace) no me impidió adentrarme en su juego literario y saborear cada una de sus palabras.


Respecto a la reseña propiamente dicha, me gustaría empezar haciendo un aviso para navegantes. Como ya he dicho al final del párrafo anterior, absteneros de leer la sinopsis de esta novela. Os lo digo de verdad. No lo hagáis. Es mejor llegar virgen a esta lectura, de lo contrario, si sabéis más (especialmente tras leer el resumen de la contraportada) el spoiler es enorme y es posible que os adentréis en ella con una predisposición más condicionada. Una vez dicho esto empecemos. Relaciones enfermizas presenta una de esas lecturas envolventes, sosegadas, que busca a una lectora o a un lector más paciente, más tranquilo, menos inquieto. Quien crea que la novela de Ştefănescu se ventila en un abrir y cerrar de ojos se equivoca. A veces las lecturas que más se recuerdan son aquellas a las que has dedicado más tiempo de lo normal, aquellas que (independientemente de su grosor, peso o número de páginas) han reposado sobre tus manos durante semanas, soportando tus noches en vela, apartando toda preocupación de tu cabeza, aliviando difíciles jornadas que desearías no haber tenido que vivir. Sólo esas son las que merecen la pena, las que como Relaciones enfermizas te atrapan desde el minuto uno y te conducen en una larga travesía hasta desembocar en un torrente de emociones y pertinentes debates internos o externos. De la novela de Ştefănescu hay mucho que comentar, empezando por su estilo limítrofe con ese realismo mágico tan particular de la literatura rumana (en donde lo onírico se contrapone a la realidad para hablarnos de algo tan humano como una relación de pareja) para acabar refiriéndonos a la complejidad de unas protagonistas tan excepcionales y tiernas dentro de una sociedad en la que no existe más cabida para otras tonalidades que no sean o el blanco o el negro. Sin olvidarnos, claro está, del contexto en el que Ştefănescu decide ambientar Relaciones enfermizas, una época post dictadura que trata de recuperarse y cerrar las heridas provocadas por el comunismo más feroz y dictatorial que sufrió Rumanía bajo el mandato de Nicolae Ceaucescu. Sin embargo y por no extendernos más de lo necesario destacaré una tres de los muchos pilares que consiguen sostener Relaciones enfermizas sin resquebrajarse en ningún momento. En primer lugar, el acierto de su autora al canalizar la reivindicación y la crítica social a través de uno de los géneros o sub géneros (no sé como está actualmente la cosa) más denostados de la literatura: el folletín. Nos cuesta reconocerlo, lo sé, pero todos sabemos que las historias de las idas y venidas tan telenovelescas nos encantan y Ştefănescu es consciente de esa realidad. Por eso, bajo ese paraguas tan pasional, que no edulcorado ni ñoño, nos presenta una historia comprometida, consiguiendo que nos entre por los ojos y los sentidos de forma inmediata y sin necesidad de otros recursos. En segundo lugar, Relaciones enfermizas podría definirse perfectamente como una novela de transición, de búsqueda, de aprendizaje, de acceso a la madurez... En definitiva, el reflejo de nuestra adolescencia o al menos de la adolescencia que todos hemos querido vivir. Un clásico, sí, pero no por ello desprovisto de peso y originalidad. Por momentos el lector consigue identificarse con esa desorientación que todos, sin excepción experimentamos en algún momento de nuestra vida, de esa búsqueda de nuestra propia identidad, de nuestros gustos, y por supuesto, de ese temor a ser rechazados o a no encajar en el grupo. El delirio y el vértigo del no saber nunca estuvieron tan bien descritos. Y por último, esos constantes cambios de voz (de la tercera a la primera persona) logran una sensación de distancia en primer lugar al mismo tiempo que, de pronto, la autora pretende inundarnos de nostalgia con los recuerdos de la protagonista. Ştefănescu juega con el lector a su antojo, abandonándolo a su suerte. El resultado de dicho experimento literario, una vez pones punto y final a su lectura, posiblemente divida, escinda, separe... Pero bajo ninguna circunstancia imborrable en la memoria de todos los que se atrevan con su breve pero intensa lectura. Así es Cecilia Ştefănescu y su relación con los amantes de los libros. Empática, apasionada, llena de naturalidad y bajo ningún concepto enfermiza.


Hace unos días, mientras deambulaba sin rumbo por la inmensidad del territorio hostil en el que parece haberse convertido Twitter, me topé con un tweet de Luna de Miguel (poeta, novelista, ensayista, redactora y una habitual de las redes sociales). En él, citaba y daba su opinión acerca de un artículo recientemente publicado en la web de The Objective. En él, se hablaba y enumeraba una serie de editoriales que, plantando cara a las grandes empresas y las plataformas digitales, estaban consiguiendo hacer llegar sus libros a un público cada vez más amplio y ávido de otro tipo de contenido que en otros lugares es más complicado encontrar. Mármara, La Navaja Suiza y Dos Bigotes (responsable de que Relaciones enfermizas haya llegado a las librerías y a las bibliotecas de muchos lectores) son las que aparecen mencionadas. Sin embargo, yo añadiría a muchas mas como Crononauta, La Biblioteca de Carfax, Tránsito Editorial, Amor de Madre, La afueras,  Altamarea, Funambulista, Fulgencio Pimentel, Los libros del K.O., Páginas de Espuma, Ediciones del Viento, La bella Varsovia, Rayo Verde, Erial, Cuadernos del vigía, Dorna, Amanecer, Rata Books, Minúscula, Alpha Decay, Gadir, Impedimenta, Libros del Asteroide, Periférica, Nórdica, Barrett, Triskel... Una larga lista que se prolonga más y más. Hace unos años se refería a este fenómeno como el Boom de las editoriales independientes, y no les falta razón, sin embargo, yo añadiría un adjetivo más, el de "comprometidas", pues algunas de ellas han basado una parte o todo su catálogo en acercar a los lectores historias donde la inclusión manda. Volvemos, como no podía ser de otra forma, a Dos Bigotes, editorial preocupada por la inclusión, las autoras y autores LGBTI, la visibilidad, el feminismo y los estudios queer entre otras muchas cuestiones. Hasta aquí todo perfecto, maravilloso, importante. Pero hay que seguir adelante, y más viendo como está el panorama político actual, tan agitado, tan convulso, tan radical, tan propenso a la intolerancia, el fanatismo, el retroceso. Como la sociedad no ponga límites a este tsunami, todas y todos nos vamos a ver engullidos por la violencia de sus olas, y cuando eso ocurra, ya será demasiado tarde. Mientras tanto, y para eso no ocurra, desde las trincheras del respeto y la diversidad debemos luchar para que el mensaje de odio no acabe inyectado en el pensamiento de una sociedad que, antes de que los reaccionarios irrumpiesen en el salón de nuestra casa, estaba avanzando a pasos agigantados. Por todo ello, desde mi humilde espacio de crítica, opinión y debate hago un llamamiento a todas las pequeñas y grandes editoriales para que, por favor, sigan publicando historias sobre gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, intersexuales, feministas,  personas racializadas, discapacitadas... Y a las que todavía no han incorporado estas historias en sus catálogos, que lo hagan. Lo que no se cuenta, lo que no se ve o lo que no se lee, en ocasiones, tendemos a pensar que no existe. Y no hay mejor aliado que el olvido para esta peligrosa corriente que amenaza con sepultar nuestros derechos y libertades. Así que no queda otra que combatirlo con entereza, convicción, tesón, insistencia y por supuesto con buenas dosis de literatura queer. Relaciones enfermizas: una historia de amor, pasión, desavenencias, reconciliaciones, incomprensión, unión, naturalidad... Una novela donde la universalidad de las relaciones de pareja en su versión más íntima, trasgresora y onírica.

Frases o párrafos favoritos:

"Avanzaba como una sonámbula en busca de la madurez. Andaba a tientas con la esperanza de hallar el gran amor."

Película/Canción: en el año 2006 se estrenó la adaptación de la novela de Cecilia Ştefănescu de la mano del director rumano Todor Giurgiu. Bajo el nombre Love Sick (Enfermos de amor en España) consiguió gran aceptación del público y la crítica.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Dos Bigotes

viernes, 13 de julio de 2018

RESEÑA: Thérèse e Isabelle.

THÉRÈSE E ISABELLE

Título: Thérèse e Isabelle.

Autora: Violette Leduc (Arras 1907-Faucon 1972), escritora francesa conocida por su amistad con Simone de Beauvoir. Sus escritos suscitaron una gran controversia porque se enfrentaban a lo socialmente establecido. Desde pequeña sintió el desplante de los suyos por ser hija ilegítima, hecho que plasmó en La Bâtarde (1964). Sus obras muestran sin tapujos su vida. L´Asphixie (1946) recuerda sus años de infancia y la querencia por su madre. Leduc recibió la estima y aprecio de sus colegas Albert Camus, Jean Paul-Sartre, Jean Genet y de la propia Beauvoir, pero, quizá Francia no estaba preparada para comprender "un desierto de monologa", como ella misma se definía ante su amiga. (Fuente: Mármara).


Editorial: Mármara.

Idioma: francés.

Traductor: Delfín G. Marcos.

Sinopsis: el internado ha sido escenario en el cual autores tan relevantes como Robert Musil, Fleur Jaeggy o Robert Walser han ambientado sus obras y dado a conocer sus experiencias de juventud. Con Thérèse e Isabelle, Violet Leduc viene a incrementar ese elenco de autores; entre las cuatro paredes de un internado descubrió por primera vez la amistad, el amor, el sexo y los prejuicios sociales. Originariamente, este episodio autobiográfico formaba parte de Revages (1955), pero fue censurado por el alto contenido erótico. Tuvieron que pasar varios años para que Leduc viese publicado el texto íntegro. (Fuente: Mármara).

Su lectura me ha parecido: sensual, intensa, erótica, con una latente y poderosa crítica social, adictiva, elegante, veloz, inolvidable...Queridas lectoras y lectores, a todos nos ha pasado lo siguiente. Y quien no lo haya vivido, es que o bien no sabe apreciar el valor de los libros o bien que directamente no lea. Esa sensación de estar en un momento de crisis, ya sea personal, laboral, familiar o de cualquier tipo. Esa impotencia que de pronto nos invade, consiguiendo corromper nuestro optimismo y sensatez. Esa angustia que te asalta y te devora por dentro, sin dejarse ni una miga en el plato. Esas ganas de llorar que parecen no cesar nunca, ni siquiera ante cualquier muestra de afecto de ánimo por parte de quien te quiere. Ese pesimismo que provoca que no desees levantarte de la cama por las mañanas. Esa desazón que acaba resultando desesperadamente cotidiana. Ese desgarro interno. Esas noches de no pegar ojo pensando que estas perdiendo el tiempo. Esa confusión. Esa dolorosa desorientación. Esos días en los que tienes la impresión de que has fracasado, y de que por tanto, no vas a ser incapaz de levantar cabeza...Seguro que os suenan estos síntomas, al fin y al cabo, todos los hemos pasado. En mi caso, y aquí me voy a poner un poco seria, vino dado por una serie de circunstancias que se juntaron todas a la vez. Pero a grandes rasgos tuvieron que ver con una mala noticia relacionada con una oferta de empleo (confiaba en que esta vez fuera un sí en lugar de un no) y con una crisis creativa (a nivel de escritura) que llevaba arrastrando desde hacía tiempo. Tuve unos días muy malos, no lo voy a negar, pero afortunadamente la tormenta se despejó ligeramente, y todo se lo debo al libro que hoy tengo el placer de reseñar. No es una de mis lecturas más recientes pero si la que me ha dado la pieza que faltaba en el puzzle de una historia que llevaba algunos meses en mi cabeza. Gracias a ella he podido, por fin, plasmar todas esas ideas sobre el papel. Lo de la falta de curro todavía persiste, pero lo que es optimismo y ganas de cumplir un sueño han regresado, y espero que para quedarse. Los libros tienen el poder de iluminar los días negros, y esta novela en concreto, parece no ser de este mundo. Thérèse e Isabelle: una pasión lésbica en el entorno más opresor.  


La historia de como esta breve novela de Violette Leduc llegó a mis manos es bien sencilla, y en parte os la he contado en el primer párrafo de esta reseña. Sin embargo, como en toda novela que se preste, en este caso existe una primera parte. No fue en los estantes de una librería, ni en el escaparate de unos grandes almacenes, ni siquiera se lo he visto leer a nadie en el transporte público, como tampoco en manos de algún conocido o amigo. La primera vez que vi Thérèse e Isabelle fue en una biblioteca pública. Una circunstancia que puede ser muy lógica, pero que para mi en ese momento me resultó fascinante. Normalmente, cuando visito algunas bibliotecas de confianza de mi ciudad, en particular la de mi barrio y algunas situadas en el centro, mis ojos suelen ir, no se por qué, a las novedades. Y es que algunas de ellas se lo montan muy bien para que el lector acuda al estante donde reposan, como recién salidos del horno, deseosos de tú seas la primera persona en catar su lectura. Sin embargo, por desgracia, estas estrategias (totalmente legítimas y normales) consiguen que pases del resto de libros que hay en la biblioteca de turno, libros que en su día fueron destacados pero que ahora pasan los días, meses y años recogiendo polvo en los estantes menos atractivos. Por eso, es bueno que de vez en cuando, los librófobos pasemos de vez en cuando de las jugosas novedades y nos adentremos en el laberinto de libros que, en apariencia, nadie quiere leer. No vaya a ser que, como me sucedió a mi, os topéis con la lectura de vuestra vida. Thérèsse e Isabelle se presentó ante mis ojos de esa forma, como un tesoro descubierto entre filas y filas de novelas que rara vez salen de sus estantes para ser degustados. Todo era perfecto: la sinopsis una maravilla, la portada un misterio  y justo la extensión que en aquellos momentos necesitaba (lo más breve posible). Sin embargo, como en todo guión cinematográfico, el giro dramático de los acontecimientos se produjo cuando acudí emocionada al mostrador y me dijeron que no podían prestármelo porque todavía estaba sancionada. Se me llevaron los demonios aquel momento, ¿cómo pude tener tan mala suerte? Afortunadamente, y a pesar de que la presencia de Thérèse e Isabelle en las librerías me recordó durante un tiempo aquel anecdótico pero decisivo episodio, la vida te recompensa, y en mi caso fue gracias a Mármara, editorial a la que pude pedir un ejemplar de esta novela de Leduc para poder leerlo con total tranquilidad. El resultado: una experiencia lectora única.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Thérèse e Isabelle presenta una de las lecturas más ágiles y bellas que he leído. Su extensión, 122 hojas, es perfecta. Hay quien seguramente piense que no le habría venido bien a la novela unas cuantas hojas de más, pero sinceramente, ¿de verdad hace falta? ¿Es necesario añadir páginas cuando su contenido es perfecto? Me cuesta decir que un libro es totalmente redondo, ya que siempre se le puede sacar algún punto de mejora, pero creerme cuando os digo que esta novela de Violette Leduc (una escritora injustamente olvidada) me ha llevado por terrenos insospechados. Me ha hecho volar, pensar, temblar, estremecerme, excitarme, y por primera vez en mucho tiempo, mantenerme al borde del llanto...En pocas palabras, que esta novela ha hecho conmigo lo que ha querido. Leduc es capaz de llevarse al lector al terreno que le interesa para luego, una vez captada toda su atención, sacudirlo y atravesar su alma con un afilado cuchillo, para luego dejarlo tirado, desolado, triste, con la sensación de no haber leído un libro, sino de haber sufrido un terremoto en sus propias carnes. Por no hablar de su exquisito erotismo, muy alejado de lo chabacano y simple que tanto se prodigó hace unos años, cuando la literatura erótica vivió un renacimiento impulsado por el marketing tras el éxito de Cincuenta sombras de Grey. Todos aquellos textos carecían de interés, de un trasfondo bien definido, de una historia que fuese más allá de las escenas de sexo (aunque estas constituyan los momentos centrales de la novela, por algo se le llama novela erótica y no romántica por ejemplo) y de un poso de reflexión (de hecho, muchas de ellas caen en el machismo más peligroso, sin crítica alguna). Una vez escuché a una escritora decir, en relación a la literatura erótica, que la línea que separa lo elegante de lo vulgar es muy fina, por lo que toda o todo escritor que pretendiese escribir una novela de estas características debía medir bien los pasos a seguir y presentar un estilo lo más depurado posible. Lo de Violet Leduc en Thérèse e Isabelle directamente es belleza, más allá de todo estilo literario (por muy depurado que esté). Sutileza, embriagadez, pasión...Todo eso junto y perfectamente revuelto en perfecta harmonía con lo que se esta narrando. La historia parte de una base muy sencilla: la tórrida relación amorosa y sexual entre dos alumnas de un internado de señoritas en la Francia de o bien a principios de siglo XX o bien a mediados de éste (pues no queda del todo claro) y en la que encontramos el patrón clásico dentro de la novela erótica de maestra y pupila. Thérèse (la propia Leduc) aprende de Isabelle. Sin embargo, toda incoherencia que podamos encontrar queda difuminada y olvidada, pues aquí, a parte de lo que se cuenta (que es vital e importante para entender la envergadura de esta novela), lo que de verdad importa es el envoltorio, o lo que es lo mismo, el como Violet Leduc lo cuenta. Aún así debemos ser conscientes como lectores que Thérèse e Isabelle representa un hito en la historia de la literatura francesa por varios motivos. En primer, lugar por la propia trama. Que en los años 50 del pasado siglo una autora se atreviese a escribir una historia sobre una relación lésbica es realmente fascinante. Esto refleja lo que ya sabíamos, que Violette Leduc fue una mujer adelantada años luz a su tiempo, a esa Francia de mediados de siglo que parecía despertar de un largo letargo puritano. En segundo lugar, por el carácter autobiográfico de ésta. Si lo de plantear una historia de amor entre dos mujeres ya era un atrevimiento, el exponerse de esa forma ante una sociedad cerrada y moralizante podía suponer un suicidio mediático. De hecho, no debemos olvidar que este libro fue censurado y que Leduc no pudo ver su obra publicada hasta unos años después. Aún así, Violette Leduc fue una autora aclamada por los intelectuales de su tiempo, en especial por su íntima amiga Simone de Beauvoir y su compañero Jan Paul Sartre (¡Casi nada!).  Y en tercer lugar, lo obvio, esa feroz crítica a la moralidad de la época, la cual se materializa en la atmosfera de la novela. Empezando por el propio edificio del internado y finalizando por las maestras. Un entorno represor que no hace sino acentuar la asfixia y el miedo en los dos personajes principales. Nadie duda a estas alturas de que Thérèse e Isabelle me ha gustado, hasta el punto de servirme como inspiración para un proyecto que estoy elaborando, por eso, me gustaría que lo leáis. Ya no sólo por una cuestión personal, también porque esto sí es literatura erótica de calidad. De la que profundiza, de la que te provoca, de la que logra excitarte de verdad.


Todos sabemos que la semana pasada tuvieron lugar en Madrid la impresionante, reivindicativa y siempre colorida fiesta del Orgullo LGBTIQ+. La más importante a nivel nacional y la que congrega cada año a miles de miembros del colectivo en la plaza Pedro Zerolo, situada en el icónico barrio madrileño de Chueca. Hasta ahí todo correcto. El problema viene cuando se extrae beneficio a costa de una reivindicación social tan importante como la del colectivo LGBTIQ+. Coincidiendo con los actos de esa semana, muchos fueron los políticos que se apuntaron al carro de reivindicar los derechos LGBTIQ+, algunos incluso procedentes de partidos contrarios a éstos. No podemos pasar por alto el famoso tweet de María Dolores de Cospedal en el que deseaba a sus seguidores un feliz Orgullo. Como tampoco la participación de Ciudadanos en la multitudinaria manifestación del sábado, en la que su líder, Albert Rivera, aprovechó para ensalzar las ventajas de la gestación subrogada para el colectivo LGBTIQ+. Dos formas de manifestar su apoyo a la causa totalmente oportunistas. Por un lado el PP, que siempre ha votado en contra de la mejora de los derechos del colectivo, pretendía lo que parece ser una especie de lavado de cara del propio partido político más que un apoyo sincero. Y por otro Ciudadanos que, como en otras ocasiones, sus líderes más visibles no pierden la oportunidad de buscar rédito político a costa del valor de las peticiones del colectivo. Al igual que los partidos políticos pretenden obtener votos apoyando al movimiento, las empresas no dudan en subirse al carro y teñir sus principales logos con la bandera del arcoíris. Apple, la prensa escrita, Netflix, HBO, el Banco Santander...Hay muchos ejemplos, y la mayoría de ellos aprovechan las fechas para lanzar ofertas o poner a la venta productos relacionados con la temática (camisetas, pins, calcetines, banderas, pulseras, discos recopilatorios). Aunque lo más surrealista que he visto últimamente por ahí ha sido un anuncio en un portal de empleo y emprendimiento de mi ciudad, en el que en apoyo al colectivo, iban a apoyar durante esa semana a los emprendedores que quisiesen montar empresas gay-friendly. A todo eso, amigas y amigos, se le conoce con el nombre anglosajón de Pinkwashing, que significa literalmente "blanqueamiento rosa". En otras palabras, las estrategias políticas y de márquetin dirigidas a la promoción de instituciones, países, personas, productos o empresas apelando a su condición de simpatizante del colectivo LGBTIQ+ con el objetivo de ser percibidos como abiertos, progresistas, modernos y tolerantes. Aquí en España, el Pinkwashing se da solamente durante los actos de la semana del Orgullo en Madrid, en donde todos los interesados sacan la artillería pesada para poder conseguir su propósito. Esto también ocurre en muchos países de nuestro al rededor y del otro lado del charco, aunque sin duda, en donde esta estrategia esta tomando tintes más terribles es en Israel. País que, por un lado esta impulsando una espectacular campaña publicitaria para atraer al colectivo LGBTIQ+ a su territorio, al mismo tiempo que comete crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino. Turismo y conversión de Tel-Aviv en capital gay friendly mundial para ocultar la violación de los derechos humanos perpetrados. ¿Por qué digo todo esto? ¿A qué viene esto del Pinkwashing? Pues al hecho de que no debemos caer en las redes de éste (o al menos a intentarlo), a que todos los días se tiene que reivindicar la diversidad y la tolerancia (y no sólo una semana al año) y a que una buena forma de escapar del Pinkwashing es leyendo libros como el que hoy he reseñado en cualquier momento del año. Primavera, verano, invierno u otoño. Cualquier ocasión es buena para adentrarse en esta literatura tan intensa como reivindicativa. Thérèse e Isabelle: una historia de amor, sexo, pasión, deseo, represión, dudas, noches sin dormir, desafío a las convenciones sociales...La novela que todas y todos deberíamos leer, recomendar y tener a nuestro lado.

Frases o párrafos favoritos:

"Isabelle llegó del país de los meteoros. de las conmociones de las catástrofes, de los estragos. Me lanzó una palabra liberada, un programa, en su hálito el frescor de los mares del norte. Tuve la fuerza para guardar silencio y hacerme de rogar."

"El escalofrío es la caricia lo que el relámpago a la noche."

Película/Canción: existe una adaptación de 1968 realizada por el director estadounidense Radley Metzger. Sin embargo, y a falta de un tráiler disponible en internet, he querido hacer un pequeño homenaje a este libro adjuntando el videoclip de una de las canciones más famosas y trasgresoras de Mecano. Cada vez que la escucho se me ponen los pelos de punta.



¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Mármara Ediciones

lunes, 23 de enero de 2017

RESEÑA: Carol.

CAROL
Título: Carol.

Autor: Patricia Highsmith (1921-1995), una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemporánea. Son suyas novelas tan importantes y famosas como El talento de Mr. Ripley, La máscara de Ripley, El amigo americano, Crímenes imaginarios, El juego del escondite, Extraños en un tren, Tras los pasos de Ripley, Un juego para los vivos, Carol, El grito de la lechuza, Gente que llama a la puerta o Las dos caras de enero entre otros muchos. También es autora de libros de relatos como Sirenas en el campo de golf, Los cadáveres exquisitos o Crímenes bestiales; así como el ensayo Suspense.

Editorial: Anagrama.

Idioma: inglés.

Traductor: Isabel Nuñez y José Aguirre.

Sinopsis: Carol es una novela de amor entre dos mujeres. Comenzando con el encuentro entre Therese, una joven escenógrafa que trabaja accidentalmente como dependienta en una tienda de juguetes, y Carol, la elegante y sofisticada mujer, recientemente divorciada, que entra a comprar una muñeca para su hija y cambia para siempre el curso de la vida de la joven vendedora.

Su lectura me ha parecido: sutil, bella, intensa, reflexiva, ilustradora, fuerte, completa, introspectiva, necesaria...El año pasado, como ya he comentado en alguna que otra reseña anterior, vivimos en el panorama cinematográfico un acercamiento muy interesante a terrenos tan importantes como la búsqueda de la autenticidad, el ser tu mismo, la valentía de tomar decisiones o de simplemente amar, en unos contextos que todavía no estaban preparados para por ejemplo, ver a dos mujeres besarse o cantar a los cuatro vientos que te sientes mujer siendo un hombre. Y en lo que respecta al panorama literario, la cosa está incluso más viva que nunca. En los últimos años hemos sido testigos como las editoriales han ido poco a poco recuperando textos fundamentales en lo que hoy se llama "Literatura LGTB" y de como nuevas caras del panorama literario se han abierto paso a través de historias en las que se aborda la transexualidad, la homosexualidad, el pensamiento Queer y demás temas. Como ya dije en su momento, éste tipo de literatura ya existía, mucho antes de que a la gente le diera por interesarse por estas historias. Sin embargo, y a pesar de que desgraciadamente ha pasado por el filtro de la moda, lo cierto es que ha ayudado a acercar al gran público historias, reales o ficticias, que han pasado desapercibidas hasta ahora y que sin duda, todos debemos conocer. Si antes del verano hablábamos de la falta de visibilidad y de reconocimiento de los pioneros y pioneras en la lucha por los derechos de la comunidad LGTB con el ejemplo de Lili Elbe, tan bien descrito en La chica Danesa, en la reseña de hoy, nos adentramos en un terreno puramente novelístico. El libro del que os voy a hablar perteneció a esa serie de textos recuperados gracias a una adaptación cinematográfica que sin duda merece un lugar de honor en el panorama literario del siglo XX. Carol: cuando la delicadeza se funde con la realidad y las injusticias de una sociedad tradicional.


La historia de como Carol llegó a mis manos tiene dos partes. La primera surge a raíz de la apasionante carrera hacia los Oscars de la Académia que tuvo lugar el pasado 2016. Aquel fue el año en el que por primera vez en muchos años veíamos a dos películas, que abordaban temas tan importantes como actuales, tales como la transexualidad en tiempos de gran rechazo en Europa y las relaciones amorosas que trasgreden a lo que dicta una sociedad conservadora como la de los Estados Unidos de los años 50. Bajo los nombres de Carol y La chica Danesa nos trajeron historias intensas y necesarias para unos tiempos en los que parece que, en vez de avanzar, parece que retrocedemos. De La chica Danesa hablé largo y tendido en una reseña que podéis encontrar si buceáis un poco por este espacio, y aunque se que ya ha pasado un poco el fenómeno, siempre es necesario reivindicar la lectura de ciertos libros, y este sin duda, es el caso de Carol. Nunca había oído hablar del libro,  ni siquiera me sonaba el nombre Patricia Highsmith, y seguí en la más absoluta ignorancia hasta que tuve noticias de la famosa adaptación cinematográfica. Por aquel entonces ya, obviamente, sabía quien era Patricia Highsmith, una de las grandes damas del suspense con títulos famosísimos en su haber, pero que sin embargo, no había logrado hacerme el animo de leerlos. Y si a eso le sumamos que por aquel entonces, una servidora, se encontraba ahondado en uno de mis temas históricos fetiche, el de la situación de la mujer en los Estados Unidos de la década de los años 50-60. Pues así fue, entre lecturas de Betty Friedan y su Mística de la feminidad, me picó la curiosidad por leer Carol, y de posteriormente, si tenía suerte, ver la película. Es aquí donde tiene lugar la segunda parte, que sucedió un 11 de enero del año pasado, el día de mi cumpleaños, tarde en la que mi pareja, como regalo, me ofreció elegir dos lecturas en una de mis librerías favoritas. Y sinceramente, no lo dudé ni un instante. Ese día, El club de la Lucha de Palahniuk y Carol se incorporaron a los estantes de mi apreciada librería personal. Tardé un tiempo, por motivos académicos, en iniciar su lectura, pero cuando lo hice, supe casi al instante, que acababa de adentrarme en una de esas novelas que dejan una profunda e imborrable huella.


En lo que respecta a la crítica personal, comenzaremos diciendo que Carol presenta una lectura muy sorprendente. De buenas a primeras, personalmente me la esperaba ácida, contundente, muy crítica con el momento en el que fue escrita. No obstante, y para bien, me topé con algo diferente, un estilo embriagador, elegante, armonioso, muy fluido, delicado y hermoso. Algo que unido a la perfección de su calidad literaria hace de Carol una novela tan particular como perfecta. Eso no quita que esté exenta de crítica, la cual está presente de principio a fin, pero ésta se equilibra con la excepcional pluma de Highsmith. Ya lo dicen, compromiso y calidad nunca están reñidos, y Carol es el mejor ejemplo de ello. Seguidamente, es importante resaltar la trabajada construcción de sus personajes, sobretodo de los principales: Carol y Therese. Dos entornos, dos historias, dos pasados, dos ámbitos sociales, dos almas que buscan, dos caracteres, dos corazones...En definitiva, dos mujeres auténticas, que aman, como todo el mundo, más allá de los convencionalismos sociales, más allá de el por qué, y que juntas, sortearán lo que haga falta para lograr ser felices. Da igual cuanto de alta o molesta sea esa piedra, ellas son capaces de todo, incluso en los momentos más difíciles. Sobran las palabras, tanto Carol como Therese son lo mejor de la novela. La una por su inseguridad y timidez, la otra por su valentía y decisión. Ambos personajes se acompasan de un modo perfecto en la narración, fundiéndose, distanciándose, volviéndose a encontrar...Muy pocas veces he leído una novela en la que se narrase una historia de amor tan auténtica y exenta de tabúes, como debe ser, sin caer en lo empalagoso o en falsos idealismos. Es cierto que hay secundarios importantes, pero quedan eternamente ensombrecidos ante el poder de atracción que irradian Carol y Therese. En relación con ello, el contexto y el tiempo en el que la autora ha decidido ambientar la historia son absolutamente determinantes y juegan un papel crucial. Estados Unidos, años 50, una ciudad como Nueva York, auge de la clase media, conservadurismo, la edad dorada de la American way of life...Sin duda, el espacio perfecto para que apareciese una novela de este estilo, una época a la que la autora asiste en persona, aportando una mirada interesante y que destaca por su atrevimiento y su, hasta ese momento, valentía al narrar una historia de amor entre dos mujeres. El saber que Patricia Highsmith publicó esta novela bajo un pseudónimo y que en un principio se titulaba "El precio de la sal" ya nos da una idea del panorama social de por aquel entonces, aunque en su momento, afortunadamente, logró de un éxito sin precedentes. El contexto actúa como un personaje más que envuelve a Carol y Therese, asfixiándolas unas veces y lanzándolas a la libertad cuando éste les da un respiro. A modo de recopilación, concluiremos diciendo que Carol es una novela audaz, que aborda las relaciones de pareja tal y como son y que supone un punto de partida para una educación en valores tan necesarios como el respeto y el arrojo.


Finalizando con la tradición reflexión personal, he de confesaros, lectores y lectoras, que por un momento dudé. Debido a los recientes acontecimientos políticos que últimamente están sacudiendo el mundo, he estado a punto de variar en el tema a debatir y a abordar desde la máxima sinceridad y el máximo respeto. Sin embargo, hace tan sólo unas horas, y tras haberme despejado caminando al aire libre, he encontrado un punto de conexión que espero que satisfaga mis ganas de exponer mis opiniones. Etiquetas, el mundo está plagado de etiquetas, y no me refiero a las que podemos encontrar cuando compramos ropa nueva, sino a las que usamos para designar o hablar de comunidades, épocas históricas, formas de ejercer el poder, de controlar la economía, de formas de expresar una idea...En el mundo del arte es muy habitual encontrarnos con términos como impresionismo, cubismo, dadaísmo, romanticismo o realismo. Todos esos ismos engloban diferentes formas, técnicas o temas con los que se elaboró una pieza literaria o artística en un momento concreto del pasado. En lo que respecta a la historia también sucede, términos como Prehistoria o Edad Media abarcan etapas cronológicas, y dentro de ellas podemos incluso encontrar subdivisiones, en su mayoría, condicionadas por los avances políticos, económicos, sociales o culturales. Las etiquetas también se extienden a la política, últimamente se nos vendrá a la cabeza "populismo", pero socialismo, anarquismo, neoconservadurismo o liberalismo también lo son. Reconozco que las etiquetas son útiles a la hora de ampliar conocimientos y son unas excelentes herramientas de búsqueda, no obstante, cuando éstas traspasan y se introducen en el ámbito social, se convierten en envoltorios en los que metemos, a veces sin conocimiento, a muchas personas que forman parte de la sociedad. Si eres mujer y te gustan las mujeres eres lesbiana, si por el contrario te atraen los hombres eres eterosexual. Si un hombre se besa con otro, automáticamente eres gay, y si son mujeres, obviamente eterosexual. Y si te gustan los dos sexos, entonces eres bisexual. Por no hablar de los transexuales, terreno pantanoso para muchos ignorantes que designan con ese término sólo a los hombres que se visten de mujer, cuando es mucho más que eso. Vivimos en una sociedad en la que enseguida etiquetamos todo, y en la que pretendemos crear tendencia mundial con términos que lleven un significado detrás y que amparen con ellos, a muchas personas. Y también, por si ha pasado desapercibido, en la que en lo que respecta a las orientaciones sexuales también se ven sometidas a la dictadura de la etiqueta. Las personas somos eso, personas, con unas ideas, una personalidad y una vida sexual determinada. Y no por ello obligatoriamente nos debamos adscribir a una etiqueta bajo la que significarnos. Como bien refleja Carol, puedes ser una mujer y amar a otra sin considerarte lesbiana, simplemente un ser humano que se ha prendado de otro ser humano. Uno no se enamora de una persona por ser chico o chica, sino por cómo es esa persona y lo que nos aporta. En definitiva, las etiquetas como hemos visto, tienen su utilidad, pero hay que usarlas con conocimiento de causa, sin caer en las generalidades o en los estereotipos que éstas puedan englobar. Además de no ser tan cuadriculados, ser más abiertos, y más en los tiempos que corren, donde en vez de ir hacia adelante, no hacemos que retroceder a pasos agigantados.

Frases o párrafos favoritos:

"¿Era amor lo que sentía por Carol? Y que absurdo era que ni ella misma lo supiese. Había oído hablar de chicas que se enamoraban unas de las otras y sabía qué tipo de gente eran y el aspecto que tenían. Ni Carol ni ella eran así. Pero sus sentimientos hacia Carol coincidían con todas las descripciones."

Película/Canción: el año pasado se estrenó la adaptación cinematográfica de Carol, bajo la dirección de Todd Haynes y con las maravillosas interpretaciones de Cate Blanchet y Rooney Mara dando vida a Carol y Therese respectivamente. La película recibió el alago del público y de la crítica, pasando con éxito por festivales como el de Cannes y siendo nominada a algunos premios Oscar. Sin embargo, muchos, incluida una servidora, todavía no entendemos cómo no fue nominada en la categoría de mejor película y que además se fuese de vacío. Simplemente inexplicable.


¡Un saludo y a seguir leyendo!