Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA MEDIEVAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA MEDIEVAL. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de abril de 2018

RESEÑA: Lais.

LAIS

Título: Lais.

Autor: María de Francia, fue una poeta nacida en la Isla de Francia que vivió en Inglaterra a finales del siglo XII. No se sabe prácticamente nada de su vida, aunque escribió en anglo-normando, una lengua hablada entre las élites de Inglaterra. Aún así, lo que muchos expertos coinciden es en calificarla como la primera poetisa en lengua francesa, siendo sus obras las primeras en las que se aborda el tema del amor cortés. Culta y con un dominio del latín tradujo a esta lengua el Purgatorio de San Patricio y se le atribuyen dos obras originales: Yosep, una adaptación de las fábulas de Esopo y los famosos Lais bretones. En los últimos años se le ha atribuido también una Haigografía llamada La vie seinte Audree. (Fuente: Alianza Editorial).


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: anglo-normando.

Traductor: Carlos Alvar.

Sinopsis: escritos por María de Francia, los Lais son el resultado de una larga elaboración artística en la que intervienen no sólo la amplia cultura de la autora, sino también una fina sensibilidad que afecta a los matices psicológicos y a los detalles constructivos del ambiente que rodea a los personajes, dando lugar a una atmósfera característica de estas narraciones, en las que se mezclan trama cortés, motivos folclóricos, ingenuidad propia del cuento, rasgos fantásticos, etc. (Fuente: Alianza Editorial).

Su lectura me ha parecido: sencilla, lineal, envolvente, cautivadora, sin intención moralizante alguna, para nada aburrida, todo un descubrimiento...Queridas lectoras y estimados lectores, todos creemos conocer la Edad Media. Todos tenemos en nuestra cabeza una idea de lo que fue aquella época de la historia, en la que aparecen juntos pero no revueltos personajes como el típico y musculoso caballero fardando de espada, la típica y tímida  noble dama, el típico monje cantando Canto Gregoriano todo el día, al típico monarca sabio que siempre sabe lo que hay hacer, el típico tabernero feliz, la típica y exuberante prostituta, el típico y famélico campesino, el típico y estridente bufón de la corte o la típica mujer acusada de brujería a la que están a punto de quemar en la hoguera. Pero además, en nuestra concepción de la Edad Media también aparecen escenarios como el típico torneo de justas en donde el honor siempre está en juego, las típicas coronaciones en las que la corona es más grande que la cabeza de los monarcas, el típico y rimbombante rito para nombrar caballeros, las típicas y siempre sangrientas batallas entre asquerosas ciénagas y praderas interminables, el típico castillo que tomar a la fuerza, el típico pueblo situado a las faldas del castillo o la típica catedral gótica cuya épica construcción se recordará por los siglos de los siglos amén. Todos esos "típicos" nos conducen directamente a estereotipos creados por la literatura en primer lugar y por el cine posteriormente. Muchos de lo que hoy consideramos como Edad Media es fruto de una mezcla entre el romanticismo del XIX, las novelas históricas de Walter Scott (especialmente Ivanhoe) y películas tan diferentes entre si como la  El Cid, El séptimo sello, El Reino de los Cielos, las sucesivas cintas de Robin Hood, las erótico festivas adaptaciones de Los Cuentos de Canterbury y El Decamerón de Passolini, Braveheart, Destino de caballeroLos caballeros de la Mesa Cuadrada. Un potaje condimentado con un poco de novela histórica de ambientación medieval como El nombre de la rosa o Los pilares de la tierra y unas gotitas, ¿por qué no?, de fantasía medieval como toda la obra de Tolkien (gran parte de ella adaptada al cine) y las siete (a falta de la octava) temporadas de Juego de Tronos. La mayoría de aspectos que aparecen en los libros que he nombrado y en las películas citadas no son propios de la Edad Media. Una vez tengamos claro esa obviedad, aunque a algunos les cueste asumir que no existieron magos a lo Gandalf o Dragones a los que entrenar, debemos irnos al origen. A esos textos verdaderamente medievales, cuyo atractivo ha inspirado todo lo anterior. A escritos como los que hoy tengo el placer de reseñar y que se ha convertido en una joya dentro de mi biblioteca particular. Lais: doce ejemplos de creatividad e inteligencia más allá de los tópicos sobre la Edad Media.  

La historia de como los Lais de María de Francia llegaron para quedarse es bastante sencilla, aunque para contarla mejor hay que hacer un pequeño viaje en el tiempo y trasladarnos al momento en el que me empezó a interesar la historia de la Edad Media. Durante gran parte de mi adolescencia, encontrándome cursando la enseñanza secundaria, me empapé de forma autodidáctica de todo lo que tuviese que ver con dicha época histórica. Supongo que los cuentos que te cuentan de pequeña y esa fantasía medieval que los envuelven fueron los alicientes para que quisiera conocer ese mundo, plagado de caballeros y damas primero, y de otros habitantes y situaciones bastante más alejadas del estereotipo después. Pero sin duda, el momento que de verdad supuso una especie de punto de inflexión fuerte fue cuando me adentré en la lectura de Los pilares de la tierra. Se que muchos me diréis que es el típico best seller que devoras en cuestión de semanas, que su tamaño y volumen disuaden su lectura, que no es tan bueno al fin y al cabo e incluso si hay algún historiador purista en la sala me podría acusar de traidora. Pero la verdad sea dicha, Los pilares de la tierra fue y sigue siendo uno de los libros que más me ha marcado en mi formación como lectora y el que me hizo amar más a la historia. Los best sellers también pueden marcar al lector de forma absoluta, y este libro es un ejemplo de ello. Además, su lectura coincidió en el tiempo con ese traumático segundo de bachillerato tan estresante por un lado, pero que a ratos un soplo de aire fresco entraba por las ventanas en forma de explicaciones de Literatura Universal, Filosofía o Historia del Arte. Y fue en concreto durante las lecciones de esta última asignatura, en especial durante las que concernían a la arquitectura y el arte gótico en general, las que empujaron a leerme Los pilares de la tierra. Fue tal el amor que le cogí a este libro que los meses posteriores comencé de nuevo a buscar información al respecto, incluso sobre la construcción de catedrales. De hecho, para que os hagáis una idea de lo mucho que me había gustado el libro que entre en la carrera de Historia queriendo ser medievalista. Luego, años más tarde, por vueltas que da la vida, acabé saliendo de ella como experta en Historia Contemporánea. En fin, cosas que pasan. Pero el caso es que una de las cosas buenas que me dio Los pilares de la tierra, junto con las clases recibidas en la facultad, fue el hecho de que no perdiese el interés por conocer este periodo tan fascinante. Esto, como no podía ser de otra manera, se tradujo en la lectura de textos de la época como Los cuentos de Canterbury o La ciudad de las damas. Y es durante ese incansable afán por conocer más sobre el periodo cuando los Lais de María de Francia se cruzaron en mi camino. En su momento dudé en si leerlos o no, pues aunque había leído textos medievales, éste era distinto a todo en lo que me había adentrado con anterioridad. Pero en cuanto vi que en Alianza Editorial podía conseguirlos no me lo pensé dos veces. El resultado: todo un acierto y un aliciente para seguir aprendiendo más cosas sobre la Edad Media.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha comenzaremos aclarando una importante cuestión. Al tratarse de un libro de cuentos es posible que me deje muchas cosas en el tintero, pues aunque me gustaría tirarme horas y horas exponiendo los pormenores de cada uno, por experiencia os digo que en estas lides la brevedad, cuanto mayor sea, mejor. Así que dentro de mis posibilidades, intentaré hacerlo lo mejor que pueda. En primer lugar, no podría empezar de otra forma esta reseña sin comentar lo fácil que me ha resultado su lectura. Rápida, sencilla, ágil. Cuando el lector se enfrenta a este tipo de libros tiende a pensar, y con razón, que será un aburrimiento o por lo menos que va a necesitar emplear mucha parte de su tiempo en leer cada uno de sus capítulos. Y es cierto, pues por ejemplo La ciudad de las damas nos se caracteriza precisamente por su lectura voraz ni por su sencillez en el estilo. Por eso sorprende que un libro como Lais, escrito según los expertos en algún momento del periodo que va de 1170 a 1250, sea tan fácil de leer. Probablemente, el hecho de que los cuentos sea uno de los géneros más universales que hay, su extraordinaria brevedad y el que durante los últimos años el lector de a pie se ha habituado a la lectura de estos textos facilitan en gran medida la lectura de estos relatos tan particulares. Pero ojo, los lais no son igual que los cuentos que todos y todas conocemos, al menos culturalmente. Para los que no lo sepáis, los lais son narraciones breves sin intención moralizante ni didáctica, cuya trama gira entorno a una aventura, en otras palabras, al rededor de un héroe que tiene que enfrentarse a una prueba de carácter excepcional. En definitiva, el lector está ante lo que se podría calificar como el germen del relato fantástico y de aventuras. De hecho, en los Lais de María de Francia, aunque ambientados en una atmósfera real (la Bretaña Francesa), están plagados de elementos inventados y que posteriormente serían muy usados en la literatura fantástica. Por citar algún ejemplo, estoy pensando en el caso de lai titulado Lanval, que narra la lucha entre un caballero y una criatura sobrenatural, en Milión, donde un cisne se convierte en el mensajero de las palabras de amor entre dos enamorados o Bisclavert, lai en el que aparece la licantropía, es decir la creencia en la presencia de hombres-lobo. También, y esto si que es importante, en los Lais de María de Francia aparecen las primeras tramas de amor cortés de toda la Edad Media. Por si no lo sabíais, el amor cortés es tal vez la trama y temática más extendida en toda la literatura del periodo, estando especialmente presente en los poemas y en los cuentos. Es más, me atrevería a decir que ésta ha sido el germen de muchas grandes obras de la literatura universal que se escribieron posteriormente. Sin ir más lejos, Romeo y Julieta no deja de ser una actualización teatralizada del amor cortés medieval por ejemplo. También hay que comentar algo muy importante, y es que los Lais no nacieron de la privilegiada imaginación de María de Francia, sino del interés por estas historias orales que la autora ha escuchado, recopilado y reestructurado según su criterio. Así se lo hace saber al rey al que va dedicado este libro, que según los expertos podría tratarse de Enrique II Plantagenet o por el contrario de su hijo Enrique el Joven, en un prologo muy breve y de obligatoria lectura. Por último, y ya para finalizar la redacción de este tercer párrafo, me gustaría desde la distancia de los siglos agradecer a María de Francia el que haya tenido la lucidez de recoger todas estas historias, nacidas en verso y concebidas en un principio para ser cantadas con acompañamiento musical, para destacar el contenido de las mismas. Gracias a ellas el lector podrá adentrarse en una parcela semi desconocida de la historia cultural de la Edad Media en lo que a las letras se refiere y descubrir a una autora tan interesante como misteriosa.


¿Quién es María de Francia? Sí, no es ninguna broma. Va en serio. Os lo estoy preguntando de verdad, pues, según parece a día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién fue la autora de los famosos lais que acabamos de reseñar y los expertos por desgracia no han consensuado ningún nombre definitivo. Lo que si que existen son suposiciones, opiniones, discusiones, sospechas de quién pudo ser María de Francia. Varios son los nombres que se han puesto sobre la mesa: la abadesa de Shaftesbury llamada María y medio hermana de Enrique II, la abadesa de Reading también llamada María, la abadesa de Barking María de Boulogne, la hija de Galerán VI Marie de Meulan y esposa de Hugh Talbot, la condesa María de Champagne (hija de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania y mecenas de Chrétien de Troyes) o simplemente algún miembro de la corte real durante el reinado de estos dos reyes (formando parte del círculo más cercano a la culta reina Leonor de Aquitania). Tras esta breve pero exhaustiva exposición de las posibles candidatas he sacado tres conclusiones. La primera, que fuese quien fuese esta claro que tuvo que ser una mujer con un elevado nivel intelectual y dominio de lenguas como el latín y el anglo-normando. La segunda, que esta mujer debió de disfrutar de bastante tiempo para poder dedicarlo al noble oficio de la escritura. La tercera y más importante, que por desgracia a nadie le importa quien fue María de Francia. Sí, no es ninguna barbaridad lo que acabo de decir, es más, si existiese un mínimo de interés, los expertos se habrían afanado en ir en busca de su identidad bajo el pseudónimo y no quedarse en nombres que llevan a los lectores más comprometidos a la confusión. Incluso es probable que actualmente supiéramos al menos más datos de su biografía en el caso de que, por los avatares de las investigaciones históricas, nunca se sepa quien fue en realidad. Pero seamos sinceros y observemos este caso desde la mirada de la historia de género, ¿a nadie se le ha ocurrido pensar que nos encontramos ante un nuevo caso en donde la vara de medir no es la misma si el objeto de investigación es un personaje del sexo femenino? Para corroborarlo no hay más que ir a los innumerables estudios que se han hecho sobre los grandes personajes masculinos de la historia, que en el ámbito estrictamente literario son desbordantes. Pero ya no solo podemos evidenciar el desigual interés en los trabajos académicos, también, por poner un ejemplo, el lector lo puede comprobar a través de las fotografías de la época. Todos conocemos las instantáneas que se tomaron los componentes de la Generación del 27, es más, conocemos a todos y podemos identificarlos en un solo vistazo. Pero ¿y ellas? ¿Dónde estaban? ¿Quiénes eran? ¿Por qué salen tan pocas junto con sus compañeros en estas fotografías? ¿Dónde estaban entonces? Yo os lo diré, escondidas, no por voluntad propia, sino por el machismo de su tiempo y que, por desgracia se ha prolongado hasta nuestros días. Afortunadamente, la obra de muchas de aquellas grandes mujeres está siendo por fin reconocida o viendo la luz en la mayoría de los casos, al igual que sus nombres. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que las mujeres han estado ahí, aunque muchos pretendan ignorarlas, ningunearlas o desprestigiar su trabajo. Y que personalidades como María de Francia merecen ser más promocionadas, y aunque esta bien que se hayan puesto manos a la obra en tratar de averiguar su identidad, el interés por su figura no debe ser frenado y menos por el hecho se ser mujer. Una mujer que, por si fuera poco, escribió sobre el amor cortés mucho antes que otros autores  coetáneos o posteriores a su obra. Algo que debería tenerse en muy en cuenta en los círculos académicos. Lais: doce historias de amor, fantasía, pruebas del destino, valor, leyendas, superstición...Una luz en medio de la oscuridad.

Frases o párrafos favoritos:

"Quien quiere defenderse del vicio debe distanciarse y verse libre de un gran daño. Por esa razón empecé a pensar en escribir alguna buena historia y ponerla de latín en romance; pero me habría sido de poco valor, ¡tantos son los que lo han hecho ya! Y pensé en los lais que había oído. No dudaba, bien sabía, que los primeros que empezaron con ellos los hicieron recuerdo de acontecimientos que habían oído y luego les dieron difusión. He oído contar muchos, que no quiero ni olvidar, los he rimado y puesto en verso ¡a menudo he perdido el sueño con este trabajo!"

Película/Canción: en esta ocasión, y ante una falta de interés por la figura de María de Francia en el ámbito de las ciencias cinematográficas y televisivas, he optado por adjuntar la pieza de música medieval que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

viernes, 10 de noviembre de 2017

RESEÑA: La ciudad de las damas.

LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Título: La ciudad de las damas.

Autor: Cristina de Pizán (Venecia 1364-1430) hija del astrólogo de Carlos V de Francia, puede ser considerada como el primer autor profesional de la literatura francesa. Casada a los quince años, madre de tres hijos y pronto viuda, supo aprovechar la educación recibida de su padre para denunciar la misoginia, tan corriente en su época sobre todo en los ambientes clericales. Su obra más importante es La ciudad de las damas, escrito en 1405, se ha convertido con el tiempo en un clásico del feminismo. (Fuente: Siruela).

Editorial: Siruela.

Idioma: francés.

Traductor: Marie-José Lemarchand.

Sinopsis: considerado como una clara anticipación al feminismo moderno, corona una obra que cultiva la poesía, la historia y los temas moralizantes . La argumentación sorprende por su modernidad, abordando temas como la violación, la igualdad de sexos, el acceso de las mujeres al conocimiento, etc. que convierten a este libro en una obra capital para la historia de las mujeres y para el pensamiento occidental en el alba de los tiempos modernos. (Fuente. Siruela).

Su lectura me ha parecido: fascinante, algo lenta, interesante, muy adelantada a su tiempo, contundente, universal...En ocasiones, queridos lectores y lectoras, se obra el milagro, y nunca mejor dicho. Cuando crees que lo has visto todo, que ya nada puede sorprenderte. Cuando piensas que en determinadas épocas de la historia no existe un atisbo de luz, alguien que se atreva a criticar algunas cuestiones intolerables  que en ese tiempo se ven como algo normal. Cuando sostienes ciertas visiones bastante estereotipadas de los hombres y mujeres de la Edad Media por ejemplo, creyendo que se pasan la vida guerreando, amando apasionadamente o midiendo su fuerza en torneos varios. Cuando crees que no vas a toparte con un libro que merezca la pena en mucho tiempo llega Cristina de Pizán y pega un puñetazo en la mesa, rompiendo toda convención, porque no nos engañemos, toda norma tiene su excepción, como el texto que hoy tengo el placer de reseñar. Con él iniciamos una nueva etapa en Jimena de la Almena, en la que trataremos de ir publicando críticas de otro tipo de literatura más relacionada con el ensayo feminista y filosófico, el género biográfico e incluso la poesía desfilarán en los próximos meses por este espacio. Y como no podía ser de otra manera, hoy comenzamos esta andadura con un clásico en toda regla y que sinceramente, todos y todas deberíamos tener en nuestra biblioteca particular. La ciudad de las damas: feminismo, denuncia y espiritualidad en pleno siglo XV.


La historia de como La ciudad de las damas llegó a mis manos y a mi apreciada librería viene de lejos, concretamente desde la primera vez que escuché hablar de él durante una clase de Literatura Universal. Año 2011, segundo de bachillerato, ninguno de los que por aquel entonces estábamos muy por la labor de entretenernos con cuestiones que no fuesen a salir en el examen de selectividad. Sin embargo, en aquellas clases de Literatura Universal, muchos encontrábamos una especie de refugio, un oasis, un espacio en el que poder debatir y en donde la teoría se transformaba rápidamente en práctica, sin resultar tediosa. Y aunque si que es cierto que machacábamos más ciertos libros y autores, siempre había espacio para hablar de otros temas y otros escritores/as que merecían la misma atención que los que iban a salir en la prueba. Fue así como, gracias a una de esas clases, conocimos brevemente la obra de Cristina de Pizán. Sin embargo, y aunque ese primer contacto fue casi explosivo, mi cabeza estaba puesta en escritores como Kafka, Flaubert, Sófocles o Shakespeare. Autores que a buen seguro iban a caer en la temida selectividad. No fue hasta mis años de estudiante universitaria cuando de pronto, durante una exposición oral, se pronunció de nuevo su nombre. Lo mismo que me sucedió con la Carmilla de Joseph Sheridan le Fanu unas semanas antes, Cristina de Pizán y su libro La ciudad de las damas fue la protagonista absoluta de dicha intervención. Desde entonces, la curiosidad no dejó de rumiar en mi interior, y aunque tuve en más de una ocasión un ejemplar de La ciudad de las damas delante de mis ojos, algo acababa por disuadirme. También es cierto que durante el tiempo en el que estuve cursando el máster de especialización sólo tenía ganas de leer libros finos, sencillos y que no me hicieran pensar mucho. Hoy, tras unos duros meses y con la cabeza un poco más despejada, puedo decir que aquella actitud fue un autentico error. ¿Cómo pude haber estado tanto tiempo privada de una lectura como La ciudad de las damas? Menos mal que el tiempo todo lo cura y en cuanto pude, gracias a la editorial Siruela, logré hacerme con un ejemplar y poner remedio a aquella tremenda injusticia.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La ciudad de las damas presenta una lectura lenta, a ratos densa pero en conjunto muy instructiva e interesante. Tenemos que tener en cuenta que al no estar ante una novela el lector adopta otra forma de acercarse a su contenido. En constancia puede ser similar al de la novela, pues si el texto es lo suficientemente interesante y atrayente, te enganchará igual. No obstante, y ahí es donde creo que radica la diferencia, cuando el lector se adentra en un libro de estas características no puede evitar fijarse más en los contenidos, es más, y os lo digo por experiencia, es prácticamente una obligatoriedad detenerse, reflexionar, volver a leer. Incluso una lectura como La ciudad de las damas puede empujarte a que te pases una tarde buscando en internet las vidas de las mujeres que van desfilando por sus páginas. Siempre se ha dicho que los buenos libros dan alas al conocimiento y a la curiosidad, pues en el caso de La ciudad de las damas el vuelo ha sido memorable en ese sentido. En lo que respecta a su contenido, Cristina de Pizán nos plantea, a partir de lo que parece una anécdota personal toda una reflexión cuya envergadura nos parece inabarcable. Cuando Cristina descubre que en todos los textos publicados que lee se presenta a la mujer de forma altamente peyorativa, tres Damas (Razón, Derechura y Justicia) se presentan ante ella. Estas tres damas no solo aportarán consuelo a Cristina, también le ofrecerán las bases y cimientos sobre los que poder construir una Ciudad de Damas. De esta forma, las tres damas irán narrando a la protagonista la historia de mujeres que comprenden los ámbitos de la mitología y la ficción. Cierto que la primera parte en la que se muestra el verdadero pensamiento de Cristina de Pizán es la más interesante, pues, el que una dama del XV critique esa representación femenina tan asentada en la Edad Media, sobre todo si nos centramos en el ámbito eclesiástico. No obstante, para mi fue más importante intelectualmente toparme con una amplísima relación de nombres de mujeres ilustres que, inventadas o no, han sido importantes para la historia. En La ciudad de las damas encontramos diosas romanas, diosas griegas, hijas de jefes de clanes, guerreras que lideraron ejércitos, esposas de emperadores, escritoras, poetisas, políticas, científicas varias y como no podía ser de otra forma, las santas también forman parte de este largo listado. Además de acercarte, muy brevemente hay que decirlo, a la vida de esas mujeres, la autora juega al despiste con el lector, invitándole a averiguar cuales existieron de verdad y cuales simplemente son producto de leyendas o de la religión. Por otro lado, es evidente que por esas características nos encontramos ante un libro precursor y extraordinariamente adelantado a su tiempo. Temas como la falta de presencia femenina en los ámbitos eclesiásticos, la dificultad del acceso de la mujer a la educación, de como ésta no es igual para mujeres que para hombres o cuestiones como la violación o el estereotipo de las relaciones cortesanas son algunos de los que se tratan con mayor o menor intensidad en el libro. No hay duda, La ciudad de las damas es un rara avis dentro de la literatura de su época, y con el tiempo, ha acabado formando parte de ese selecto grupo de clásicos que configuraron el feminismo. Pero no nos engañemos, Cristina de Pizán fue una mujer adelantada a su tiempo, pero no tanto como para considerarlo un libro definitivo. Todo evoluciona, y el feminismo en su concepción más intelectual también, y a esa evolución es evidente que debemos incluir el presente libro, aunque posteriormente otros muchos lo hayan superado en contenido aunque muy pocos en calidad. A pasos se construye y se avanza en la historia, y el que una mujer del siglo XV sienta repulsión por la literatura misógina de su tiempo e indignación por la dificultad de las mujeres para poder acceder a la misma educación que la de los hombres ya es una zancada, y de las grandes.


Para poner punto final a la reseña de La ciudad de las damas es inevitable que no nos detengamos, al menos unos instantes, en realizar una reflexión cuanto menos pertinente. En el libro, Cristina de Pizán nos habla de una ciudad, de un ente físico y de carácter urbano, con sus cayes, plazas, edificios institucionales y demás servicios básicos. Un lugar que, como característica principal, está construido por tres pilares fundamentales, justo los que dan nombre y sentido a las tres damas del texto: Razón, Derechura y Justicia. Pero también, y esto si que es importante, esos sustentos llamados Razón, Derechura y Justicia son aplicados para que las mujeres que habiten entre sus muros lo hagan bajo el correspondiente amparo, lejos de misoginia, estereotipos y en donde éstas puedan acceder sin problemas a la educación. Parece una idea formidable, cuanto menos ambiciosa para la época, pero necesaria si lo que se pretende mejorar la situación de las mujeres. Sin embargo, y para nuestra desgracia, ese proyecto está lejos de ponerse en marcha sobretodo en algunas sociedades que habitan nuestro planeta. Todavía a día de hoy, existen lugares donde las mujeres no pueden ni soñar con vivir en una ciudad como esa, donde sean respetadas y valoradas al igual que los hombres. Incluso en los países más desarrollados venimos padeciendo lacras cada vez más sangrantes y que evidencian un claro síntoma: que la sociedad patriarcal se resiste a desaparecer. Hay quienes todavía no soportan que una mujer sea superior intelectualmente, que pueda tomar sus propias decisiones, que tenga derecho a vivir una vida plena en todos los aspectos o que simplemente escapen de ese rol que tradicionalmente se les ha impuesto. Muestra de ello, como consecuencia de esa mentalidad machista, es el elevado número de víctimas por violencia de género en un país como España. Sin ir más lejos, hace unos días la sociedad asistió conmocionada a un nuevo episodio de brutalidad, a plena luz del día y ante la puerta de un colegio, en el alicantino pueblo de Elda. Episodios como estos no deberían suceder nunca, ni en privado ni en público, y para lograr paliar este problema es importante educar en igualdad, en derechos y en visibilidad. La educación es la única arma contra la barbarie y la desigualdad, al menos así lo creía Cristina de Pizán allá por el año 1405. Por eso se cuestiona las visiones que los hombres dan de la mujer en tiempos de gran misoginia, por eso extiende ante el lector una serie de mujeres en las que poder verse reflejadas o a las que poder imitar, por eso insta a las mujeres a coger libros, de cualquier índole, a leerlos y a ser críticas, a decir lo que piensan de verdad y no perpetuar esa visión tan sangrante para la condición femenina. Entre 1405 y 2017 han pasado muchas cosas y se ha avanzado mucho, pero el camino todavía es largo y hay que lograr recorrerlo en su totalidad si de verdad queremos cambiar como sociedad. La ciudad de las damas: una muestra de inteligencia, valentía, instrucción, inspiración, espíritu crítico...El libro que todos deberíamos tener en nuestra estantería.

Frases o párrafos favoritos:

"Y si alguna mujer aprende tanto como para escribir sus pensamientos, que lo haga y que no desprecie el honor sino más bien que lo exhiba, en vez de exhibir ropas finas, collares o anillos."

Película/Canción: aunque alguien debería ponerse manos a la obra con un Biopic sobre la figura de Cristina de Pizán, y mientras dura la espera, os adjunto la pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Un autentico viaje en el tiempo.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Ediciones Siruela

viernes, 6 de noviembre de 2015

RESEÑA: Los Cuentos de Canterbury.

LOS CUENTOS DE CANTERBURY


Título: Los Cuentos de Canterbury.

Autor: Geoffrey Chaucer (1343-1400), poeta, escritor y traductor nacido en Londres. Nacido en el seno de una familia acomodad, Geoffrey Chaucer se desenvolvió en ambientes cortesanos; primero de paje de la reina y más tarde hábil diplomático. Disfrutó de una situación económica desahogada y sus conocimientos científicos y filosóficos al servicio del quehacer poético le configuraron como predecesor del homo universalis renacentista. Sus labores diplomáticas, militares y administrativas le permitieron viajar por Europa y entrar en contacto con la literatura de otros países, que asimiló con talento. Entre sus obras destacan El libro de la Duquesa, La casa de la Fama o Troílo y Críseída, del que se dice que sirvió de inspiración al mismisismo Shakespeare. Su obra más importante es sin duda Los Cuentos de Canterbury


Editorial: Cátedra.

Idioma: inglés.

Traductor: Pedro Guardia Maso. 

Sinopsis: la peregrinación al santuario de Canterbury para visitar la tumba de Santo Tomás Beckett es el marco en el que se desarrolla esta colección de cuentos, obra incompleta, cuyo manuscrito definitivo no se conserva, aunque provablemente nunca existió. Sus personajes son peregrinos que representan a las distintas categorías sociales. Junto con una sutil ironía, mezcla de sátira y humor, aparecen interesantes aseveraciones astronómicas, médicas y de alquimia que han sido estudiadas por especialistas en estas materias.

Su lectura me ha parecido: enriquecedora, total, abrumadora, extraordinariamente densa, muy interesante, divertida, reveladora, perspicaz, inteligente, didáctica...Los cuentos han formado y siguen formando parte de nuestra vida, extraordinaria o cotidiana, pero lo son. ¿Qué niño o niña no ha disfrutado escuchando, por boca de sus padres o abuelos, La Cenicienta, Caperucita Roja, Jack y las Habichuelas Mágicas, Los Músicos de Bremen o El Patito Feo entre otros? ¿Qué adolescente, y no tan adolescente, en algún momento de su existencia, no ha sentido la tentación de acercarse a esas historias de terror que le fueron prohibidas de niño? ¿Qué ser humano, por mucho que a veces intente negarlo, agradece en el fondo escuchar, por medio de la voz de la experiencia, pequeñas narraciones, reales o no, pero que reconfortan y enriquecen a quién las escucha? Queridos lectores y lectoras, por primera vez en Jimena de la Almena me hallo ante uno de los retos críticos más importantes, pues, reseñamos un libro muy especial, perteneciente a una tradición narrativa muy antigua y que actualmente, para nuestra fortuna, se está comenzando a ponerse de moda de nuevo, con aires más renovados eso si, pero manteniendo el espíritu didáctico que lo caracteriza desde antaño. Hablamos por supuesto, de una colección de cuentos, escrita en un contexto histórico fascinante a nivel literario como es la Edad Media, allá por el año 1386. Lectores, lectoras, tengo el honor de presentaros la reseña de Los Cuentos de Canterbury: el sorprendente retrato de una época única.


La historia de como este libro acabó llegando a mis manos es realmente larga, por eso, trataré de resumirla lo mejor que pueda, aunque para ser justos, debería empezar por el principio, por el verdadero principio. La primera vez que una servidora escuchó hablar de Los Cuentos de Canterbury fue durante aquel agobiante año 2011, mientras estudiaba Segundo de Bachillerato, concretamente durante una de las apasionantes clases de Literatura Universal, las cuales, siempre recuerdo con gran estima. El caso es que la profesora, en el tema en el que abordábamos la lectura y comprensión de La Divina Comedia, nos habló de dos grandes libros de cuentos medievales: uno era El Decamerón de Boccacio y el otro era Los Cuentos de Canterbury de Chaucer. Después de hablar un poco de ellos en clase, y tras leer uno de los cuentos del Decamerón, sonó la campana del recreo y todos salimos al patio, la mayoría con la intención de desconectar un poco, sin embargo, lo que nadie sabía es que, aquella sesión tan productiva había despertado en mi una insana curiosidad hacia ambos libros. Años más tarde, ya en la Universidad, una tarde de Marzo, me hallaba junto a mi pareja paseando entre las casetas de la tradicional Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que todos los años se celebra en mi ciudad. Y mientras paseaba mi mirada y mis dedos entre ganga y ganga, mi pareja me tocó del hombro, yo me giré, y cual fue la sorpresa que entre sus manos tenía Los Cuentos de Canterbury, en una edición un poco vieja y con las hojas amarillentas por el paso del tiempo, pero ahí estaba. Una servidora no pudo evitar sonreír de alegría y acto seguido, adquirirlo por a un módico precio. Tardé un tiempo en atreverme con su lectura, y aunque sabía que no sería una lectura fácil y que me llevaría su tiempo leérmelo, el resultado final no pudo ser más positivo.


Antes de iniciar la crítica del libro, me gustaría aclarar que tratándose de Los Cuentos de Canterbury, abordaré la reseña de una manera más general y no tan especifica, es decir, más amena y no yendo cuento por cuento. Se que a lo mejor no es la mejor forma, y la que probablemente no le haga justicia al libro, sin embargo, creo que una visión general os ayudará, lectores y lectoras, a apreciar este libro de cuentos en su conjunto. Una vez aclarada la forma expositiva, lo primero que me gustaría decir es que Los Cuentos de Canterbury presenta una lectura muy densa, de las más densas que he leído, y esto es porque como es obvio, presenta una construcción estilística y lingüística medieval, lo cual, no debe causar impedimento alguno, pues, os aseguro que una vez te familiarizas con las palabras y la época, la lectura se vuelve poco a poco más amena. Por otro lado, la construcción de la novela me parece bastante interesante, pues, al principio de cada cuento, nos encontramos con un pequeño prólogo introductorio que nos prevé o nos avisa de quién será el siguiente en narrarnos el próximo cuento. Esto me lleva a pensar que este libro, no sólo fue escrito para el disfrute de los sectores más pudientes de la sociedad, sino que al presentar ese carácter de "guía" o de "ayuda" al lector, podría estar también dirigido hacia un público más popular. De hecho, en este libro, se encuentran representados todo un abanico de personajes que representan la sociedad del momento: desde el caballero más rico hasta el campesino más humilde, pasando por representantes del sector eclesiástico, del servicio y del ámbito de la burguesía medieval. Lo cual, no deja de ser un aliciente importante para usar este libro como documento histórico en futuras investigaciones. Por último, me gustaría señalar que una de los aspectos que más me ha gustado de Los Cuentos de Canterbury ha sido el toparme con un libro, a parte de moralizante, didáctico y variado (algo que ya se presuponía), erótico en cierto sentido. Si lectores y lectoras, he dicho erótico, y es que a pesar de que la Iglesia estaba muy presente en la vida de la sociedad del medievo, lo cierto es que La Edad Media resultó ser una de las épocas en las que el erotismo estuvo presente, no sólo en las relaciones amorosas, también en el ámbito de la cultura, primero a través de los poemas que recitaban los trovadores y después mediante las leyendas populares, como el Cuento del Molinero, recogidas en libros como Los Cuentos de Canterbury. Muchos son los que creen que la Edad Media es una etapa oscura en todos los aspectos, sin embargo, eso no fue del todo así, pues sin los acontecimientos, avances y la gente que vivió durante el medievo, nunca se podría haber llegado a ese esplendoroso Renacimiento del que todos estamos tan orgullosos, y libros como éste, Los Cuentos de Canterbury lo demuestran.


Mientras escribía estas últimas líneas, las cuales siempre suelo utilizar para plasmar las reflexiones que la lectura, en este caso, de Los Cuentos de Canterbury me ha suscitado, no paraba de pensar en la infinidad de temas sujetos a debate que este libro regala al lector, ni os lo imagináis. Sin embargo, una servidora ha decidido finalizar esta reseña de la mejor forma posible, la cual, creo que en este sentido si que le hace justicia al libro que hoy os he presentado. Retomando el hilo de lo que exponía al principio de la reseña, cuando os hablaba de que los cuentos forman parte de nuestra cultura y de nuestra vida, considero, también, que igual de importante es la forma en la que se narran estas historias que tan hondo calan en nuestra memoria colectiva, la cual, durante generaciones y generaciones ha resultado ser oral. La cultura oral, queridos lectores y lectoras ha sido la transmisora, desde tiempos ancestrales, no sólo de cuentos o historias, sino también de consejos, refranes, chistes, canciones populares, acertijos, juegos, tradiciones....E incluso de recetas de cocina. Por ello, y para asimilar todo ese saber compartido, es importante escuchar, si, escuchar, algo que actualmente parece que no está muy a la orden del día, pues, raro es el adolescente que, por ejemplo, mientras su abuelo está narrando alguna anécdota curiosa o trascendente de su juventud, le esté prestando atención dejando de lado el último vídeo de YouTube o la última conversación del grupo de WhatsApp. Hoy en día, el escuchar y el hablar parece que no se lleva, y todos vivimos pegados a una pantalla, a través de la cual, nuestra voz, nuestra preciosa y valiosa voz, se traduce en letras y nuestros sentimientos en simples y vacíos emoticonos. Por eso, desde aquí, llamo al orden a cuarto generaciones, a la mía, a la de de la gente más mayor que ha acabado sucumbiendo al poder de la tecnología, a la de esos niños y niñas que no deberían tener el mundo en la palma de su mano y a las generaciones que están por venir, que por favor, desvíen la mirada, apártenla de la luminosa pantalla, levanten la cabeza, y que observen su alrededor, que disfruten del paisaje, de la hermosa mirada del que tienen enfrente, de las obras de arte, de una sonrisa, de un gesto, de transmitir experiencias, de una ocurrencia, de una disertación de, que se yo, sobre el cambio climático....En definitiva, de una agradable conversación, sólo así, evitaremos que tanto saber acabe perdiéndose para siempre. Los Cuentos de Canterbury, un compendio de cuentos que narran historias de amor, celos, sexo, herejía, pecado, religión, ambición, dinero, nobleza, valentía, humor...Un libro que desmonta estereotipos y arroja al curioso lector más luz y saber que oscuridad e incultura.

Párrafos o frases favoritas:

"Si eres pobre, tu hermano te odia. Tus amigos se escabullen. ¡Que desgracia! ¡Oh ricos mercaderes! ¡Llenos de riquezas! ¡Nobles y prudentes gentes! ¡Sois afortunados! Vuestras bolsas no están repletas de dobles ases, sino con un cinco-seis que os convierte en ganadores. La navidad os dará pretexto para bailar."

Película/Canción: Los Cuentos de Canterbury ha servido de inspiración para algunas producciones cinematográficas y teatrales. En el terreno de la escena, la Royal Shakespeare Company presentó una adaptación de la mano de Mike Poulton y en el terreno de  la gran pantalla por un lado, la archiconocida película Destino de Caballero incluye al personaje de Chaucer (interpretado por el actor Paul Bettany) y toma nombre de uno de los cuentos del afamado libro, y por otro lado, encontramos la importante adaptación del año 1972 de la mano del gran director italiano Pier Paolo Pasolini, del cual casualmente, esta semana se cumplen 40 años de su asesinato. 


¡Un saludo y a seguir leyendo!