Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.
Mostrando entradas con la etiqueta Alianza Editorial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alianza Editorial. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de marzo de 2022

RESEÑA: El poder del perro.

 EL PODER DEL PERRO


Título: El poder del perro. 

Autor: Thomas Savage (Salt Lake City, 1915 - Virginia Beach, 2003) creció en un rancho en las llanuras de Montana. Estudió escritura creativa en la Montana State College. En 1980 obtuvo la prestigiosa beca Guggenheim, trece años después de publicar El poder del perro, una obra maestra instantánea y uno de los exponentes más recientes de lo que ha venido a llamarse como Literatura del Oeste americano y recientemente adaptada al cine de la mano de la directora Jane Campion. Además de El poder del perro, Savage es autor de trece novelas, entre las que encontramos Línea de medianoche (1976), El paso (1944) o Lona Hanson (1948). Ésta última también fue llevada al cine y fue protagonizada por Rita Hayworth y William Holden. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: inglés. 

Traductor: Eduardo Hojman. 

Sinopsis: Montana, 1924. Phil y George son hermanos y socios, copropietarios del rancho más grande del valle. Cabalgan juntos, transportando miles de cabezas de ganado, y siguen durmiendo en la habitación que habían tenido de niños, en las mismas camas de bronce. Phil es alto y anguloso, George rechoncho e imperturbable. Phil podría haber sido cualquier cosa que se propusiera, George es tranquilo y no tiene aficiones. A Phil le gusta provocar, George carece de sentido del humor, pero tiene ganas de amar y de ser amado. Cuando George se casa con Rose, una joven viuda, y la trae a vivir a la hacienda, Phil comienza una campaña implacable para destruirla. Pero los más débiles no siempre son quienes uno cree. 

Su lectura me ha parecido: abrasiva, sigilosa, asfixiante, perturbadora, gráfica, tensa, oscura, con unos personajes bien cimentados, retorcida... El western, género clásico donde los haya que inconscientemente hemos acabado por asociarlo al séptimo arte gracias a directores y actores muy concretos y ya indisociables de sus formas, también es literatura con mayúsculas. Desde sus orígenes en la Norteamérica de mediados de siglo XIX, al compás de los trascendentales acontecimientos históricos que estaban teniendo lugar en el país tanto a nivel político-geográfico (el "Destino manifiesto" y la "Tesis de la frontera") así como de carácter económico-social y belicoso (la conquista del Oeste, la repoblación, la fiebre del oro, las guerras indias y el consecuente destierro de los pueblos nativos a las reservas etc...), el western se ha nutrido de las historias que emanaban de dichas experiencias y testimonios resultantes. Tomando como textos fundadores los conocidos como "cuentos de la frontera" James Fenimore Cooper, escritor de novelas de aventuras históricas, ostenta el honor de ser el primer autor en inaugurar esta tradición literaria con sus cinco novelas recogidas bajo el título Los cuentos de Leatherstocking. Escapando al anonimato y convirtiendo los montes de los Apalaches en territorio western. Entre la década de 1850 a los primeros años del siglo XX el género vive su primera gran revolución, adaptándose a los nuevos tiempos y a las necesidades de los lectores gracias a las "Dime Novels". Tomando como ejemplo los famosos y populares "Penny Dreadfuls" británicos - recordemos, historietas publicadas por entregas en revistas o periódicos generalmente ancladas en el terror más sensacionalista y sanguinario - comenzaron a proliferar pequeñas publicaciones que, por diez centavos, hicieron las delicias de aquellas primeras generaciones de masas. Los hombres de la montaña, los colonos, los indios y los forajidos que actuaban fuera de la ley eran los personajes más repetidos. Y dentro de todos ellos, los más populares fueron los que se atrevieron a friccionar a partir de personajes reales como Bufalo Bill o Billy the Kid entre otros. En los años 30 del siglo XX las revistas pulp ayudaron a la expansión del género en Europa y Asia, además de la incipiente industria hollywoodiense que, en su edad dorada, alumbró las primeras películas mudas de un por aquel entonces desconocido John Ford. Sin embargo, no fue hasta los 60 cuando el western vivió su mayor cuota popularidad, tanto en ventas de novelas - las cuales habían ganado en calidad literaria - como visionados tanto en el cine como en la televisión. Y aunque durante las siguientes décadas el género entró en declive - debido, sobre todo, a la aceptación que alcanzó el policíaco en su revisión del noir - lo cierto es que nunca ha dejado de reinventarse sin renunciar, en parte, a ese apelativo de "literatura de quiosco" que tantos se han empeñado en convertir en un insulto dentro del mundo de la literatura. Al western van asociados nombres de escritores como Jack Schafer, Louis L´Amour, Lucke Short, Cormac McCarthy Clarence Mulford o nuestro Marcial Lafuente Estefanía. También de mujeres, menos por desgracia, como Dorothy M. Johnson - quien escribió ¡ojo! El árbol del ahorcado y El hombre que mató a Liberty Valance -, Elinore Pruitt Stewart o B.M. Boyer. Y por supuesto el de Thomas Savage, escritor criado en un rancho de Montana y fallecido en el 2003 que vuelve a estar de actualidad gracias a Jane Campion y la película por la que puede alzarse este domingo con el máximo galardón de la 94 edición de los premios Oscar. El poder del perro: el atípico y sibilino western queer. 


Dejando a un lado el film de Campion - aunque resulte inevitable dado el magnífico trabajo de adaptación - así como la impresionante interpretación de quien para mi debería arrebatarle el Oscar a Will Smith - Benedict Cumberbach, de Sherlock Holmes y Alan Turing a  Doctor Strange, y de ahí a un rudo vaquero digno sucesor de John Wayne - lo cierto es que El poder del perro, a nivel literario, es un western extraño. Y remarco lo de extraño porque, si bien en cuanto a su estructura y geografía es enormemente clásico, no lo es tanto en lo que a su contenido se refiere. Algo que, si observamos el contexto del autor, nos da una enorme pista del porqué de esta interesante decisión narrativa. Thomas Savage publica El poder del perro en 1967, década, la de los 60, marcada en Estados Unidos no solo por la Guerra de Vietnam, también por el ambiente contracultural que surgió en los márgenes hasta llegar a conquistar el espacio político y público de por aquellos años. Movimiento que, entre sus muchas aportaciones, reflexionó entorno a las libertades, incluyendo la sexual, sin ser excesivamente visionaria, pero sí avanzada para la época. Unas reivindicaciones que, en la novela de Savage, se cuelan desde un prisma más progresista al plantear un western clásico en el que la temática LGTBI quede expuesta, a pesar de las diferentes capas que el autor le agrega, en un primerísimo primer plano. Mucho antes de que Annie Porlux - autora del posfacio de la presente edición de Alianza - escribiera aquel relato para The New York Times titulado Brokeback Mountain que años más tarde adaptaría con gran éxito Ang Lee, Savage ya se atrevió a corromper la figura del tosco e impenetrable cowboy a base de matices, sutilezas y pequeños detalles colocados, como si de un attrezzo teatral se tratara, en un desconcertante segundo plano para, capítulos después, estamparlos en los ojos del lector. Aunque considero la película de Jane Campion - directora de El piano, una de mis películas favoritas - por momentos superior al texto que la inspira, no debemos desmerecer los diferentes puntos fuertes sobre los que El poder del perro (novela) se sustenta. Tales como la milimétrica construcción de sus personajes, especialmente las de los hermanos protagonistas - Phil y George - deliciosamente antagónicos, la de esa machacada Rose - desesperada ante el desprecio de su cuñado, quien se empeña en hacerles la vida imposible - o la de ese Peter - hijo de Rose - que, bajo su apariencia "débil" y siendo el blanco de todas las burlas homófobas, se esconde un astuto joven con un oscuro plan. De hecho, la gran sorpresa de la novela viene dada por ese plow twist - o giro busco en este caso - de la trama en sus últimas líneas. Un volantazo que hace replantearte el libro en su totalidad, otorgando sentido a la extrañeza inicial y concluyendo en una poderosísima reflexión entorno al terror que algunos hombres sienten al ver que su "masculinidad" - a la antigua usanza - ya no tiene cabida en este mundo, así como la relación de éstos con las peores caras de la misma. Este sugerente cambio de rumbo contrasta, por otro lado, con un estilo seco, a ratos árido y con numerosas descripciones bastante explícitas de lo que implica trabajar en un rancho. Un ejemplo de esto sería su impactante inicio, en el que se narra la castración de una res sin cortapisas. Cierto es que respeto la decisión del autor y entiendo que tras ello se esconde una razón de estilo que, es cierto, casa a la perfección con lo que nos quiere contar. Sin embargo, a título personal, lo del "despiece" se me ha atragantado. No me caracterizo precisamente por ser una lectora melindrosa - en todo este tiempo he leído libros bastante fuertecitos - pero esta vez no he conseguido sentirme cómoda con dichas escenas. En definitiva, y a pesar de la casquería, la novela de Savage merece un hueco en aquellos lectores de mente abierta que amen el western, los thrillers soterrados y, aviso de nuevo, las imágenes fuertecitas. Aunque aquí lo importante es observar como es posible desmontar el discurso heteropatriacal desde, hasta ahora, uno de los géneros tradicionalmente más testosterónicos de la literatura y del séptimo arte. Paradojas que, hoy por hoy, me dan la vida. 

El poder del perro: una historia de secretos, acosos, derribos, paisajes áridos, desollamientos, orientaciones sexuales reprimidas, masculinidades tóxicas quebradas, venganza, justicia "divina"... Seguiré leyendo westerns. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Puertas, puertas, puertas, puertas; cinco puertas exteriores en la casa. Rose conocía el sonido que hacía cada una de ellas al abrirse o cerrarse. La puerta trasera que usaba Phil dejaba entrar un fuerte viento, que hinchaba la alfombra y hacía que se retorciera como una serpiente. Una tarde, supo que Phil había entrado en la casa: caminaba con un paso rápido, ligero, muy arqueado, con sus pies más bien pequeños Ella lo oyó entrar en su dormitorio y cerrar la puerta. Protegida de sus pensamientos y emanaciones por esa puerta cerrada, se sentó y empezó a tocar; pero, cuando empezó a escuchar de manera crítica sus propias interpretaciones, oyó otro sonido, el del banjo de Phil, y de pronto se dio cuenta de que cuando ella practicaba él también tocaba. Hizo una pausa, mirando las teclas. El punteo del banjo también se detuvo. Cautelosamente empezó a tocar de nuevo. De nuevo, el banjo. Hizo una pausa; el banjo hizo una pausa. Entonces tuvo la sensación de que algo le trepaba por la nuca: él estaba tocando precisamente lo que estaba tocando ella... y mejor."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

sábado, 20 de noviembre de 2021

RESEÑA: Jude el oscuro.

 JUDE EL OSCURO


Título: Jude el oscuro. 

Autor: Thomas Hardy (1840-1928) fue uno de los principales escritores de la Inglaterra victoriana. Sus novelas, entre las que destacan, aparte de Tess, El regreso del nativo, Dos en una torre o Los habitantes del Bosque entre otras, están llenas de fuerza y pasión, y suelen contraponer el medio rural con el urbano y al individuo con la sociedad que lo rodea. Jude el oscuro - publicada en 1895 - fue la última novela que escribió antes de morir. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma original: inglés. 

Traductor: Miguel Ángel Pérez Pérez. 

Sinopsis: Jude Fawley es un joven de origen campesino cuya principal aspiración es acceder a tener unos estudios, para lo cual no escatima en esfuerzos aun cuando se emplee en el oficio de cantero. La consecución de sus ilusiones, sin embargo, se verá afectada por sus relaciones, primero, con la desenvuelta Arabella Donn y, después, con su viva e inteligente prima Sue. Los impulsos y las decisiones de Jude irán complicando de forma creciente y trágica su trayectoria vital hasta un desastrado fin que rubricará, precisamente, la oscuridad de su existencia. 

Su lectura me ha parecido: trágica, pesimista, psicológicamente violenta, crítica con la sociedad de su tiempo, un clásico a reivindicar... Para mi, Thomas Hardy - no, no estoy hablando del talentoso actor británico al que casi no le hace falta hablar para expresar todo un mundo interior - es casa. Cimientos desde que, estando en cuarto de carrera, lo descubriera de pura casualidad con Tess la de los d´Urberville. Novela que puso patas arriba mi canon de lecturas, obligándome a prestar más atención a aquellas obras alejadas de los grandes nombres, o al menos de los que suelen copar tanto los libros de texto como las estanterías dedicadas a clásicos de la literatura se refiere. Hasta ese momento, Inglaterra la asociaba con Dickens, con Wilde, con Austen, las hermanas Brontë o con el todopoderoso Shakespeare. Y sí, admiro al hijo predilecto de Stratford Upon Avon - sobre todo cuando toca ponerse frente a las teclas en calidad de escritora - pero Hardy me descubrió una confrontación entre ser humano - o más bien mujer - y medios económicos-entorno-ruralidad-convenciones sociales-moralidad asfixiante que me pareció igual o más estimulante que la venganza en Hamlet o el peso de la familia en El Rey Lear. Su final (o parte de su desenlace para ser más justos) a los pies de Stonehenge aún sigue poniéndome los pelos de punta. Pilares después de adentrarme en Los habitantes del bosque. En una bellísima edición de Impedimenta donde lo colectivo se tornaba particular en las vidas de aquellos habitantes de Little Hintock, en especial la de la joven y refinada Grace Melbury, quien representa a la perfección el rol que tenían las mujeres en esa época, como moneda de cambio para los intereses económicos de su padre sin tener en cuenta los deseos de su propia hija. También, para más inri, es una de las novelas donde mejor se evidencian los prejuicios de la burguesía adinerada respecto a los habitantes del campo, del bosque, ese al que los lugareños parecen haber abrazado en todas sus facetas, por muy inclementes que sean en ocasiones. Y finalmente paredes tras dejarme llevar con Dos en una torre. Una de las historias de amor más interesantes y claramente avanzadas - la protagonista le saca diez años a su amado - al encorsetamiento de la sociedad del momento. Si bien es cierto que en cuanto a estilo tal vez peque un poco de liviano y en ocasiones rozando lo cursi, una servidora la disfrutó enormemente. No todo van a ser lecturas profundas y trascendentales. Ahora, con la novela que hoy estoy a punto de reseñar, obtengo por fin ese tejado, el necesario resguardo para mis inquietudes intelectuales y alacena de aquellos libros que han anidado emocionalmente en mi estómago. Libros como los de Hardy, inquebrantables, sorprendentemente feministas - aunque con matices, era un señor que escribió a finales del XIX - a los que seguiré profesando un cariño especial. Jude el oscuro: matrimonios infelices y aspiraciones truncadas. 


Jude Fawley - nuestro protagonista y al que seguiremos a lo largo de la gruesa novela - es un joven de origen campestre que ha crecido en un ambiente claramente disfuncional. Sufriendo hambre, miseria y el rechazo de la sociedad. Sin embargo, persigue un sueño, a todas luces quimérico en aquella época, la de viajar a Christminster para estudiar para convertirse en un hombre erudito. Algo que trata de alcanzar con el dinero que gana trabajando como picapedrero en una cantera. Aunque sus deseos y educación autodidacta, así como su empeño en lograr su mayor ambición, parecen ir encaminadas a conseguirlo, entonces se cruzará un inesperado contratiempo. El de un matrimonio de conveniencia con una mujer llamada Arabella a la que no ama y le hace perder la esperanza en alcanzar el propósito por el que ha estado peleando tanto. Al cabo de un tiempo, cuando ha conseguido al menos estudiar teología - y no la carrera de letras que tanto le hubiera gustado - irrumpe en su vida Sue, su prima, una mujer extraordinariamente avanzada a su época atrapada - al igual que Jude - en un matrimonio sin amor. Esta relación primero de amistad y luego de amor desencadenará una serie de prejuicios a la pareja, más allá de la consanguineidad evidente y manifiesta. Dicho esto, la propia trama ya nos está anticipando algunos de los temas que más han aparecido a lo largo de la producción literaria de Thomas Hardy. Huelga decir que esta es la última novela que escribió, no por fallecimiento sino por el clima adverso que ésta generó. Fue tal el odio y la condena por parte de los sectores más conservadores de la época - hasta el punto de que un obispo inglés llegó a quemar un ejemplar públicamente instando a sus feligreses a que hicieran lo mismo - que Hardy tomó la decisión de no escribir más novelas y centrarse en la poesía. No sabemos qué habría surgido en la mente de Hardy de no haber sido por este desagradable incidente pero, y aunque como amante de su obra me hubiera gustado que continuase explorando nuevas historias en el terreno narrativo, pero lo cierto es que como epitafio literario Jude el oscuro es uno de sus mejores libros. Acrecentando su visceralidad - aún más que en Tess la de los d´Urberville - y poniendo en primer plano aquello que más le preocupaba. 



Además de su contundente defensa a una educación igualitaria independientemente del entorno socio-económico del que provengas - en consonancia con la revolución educativa del momento - Jude el oscuro se revela como una sucesión de episodios de gran dureza que culminan con la denuncia a una injusticia tan mayúscula como lo eran los matrimonios de conveniencia. Esas burbujas de apariencias que escondían más desazón que felicidad. Por no hablar de que, una vez más, Hardy se pone en la piel de las mujeres - en especial de la de Sue - para mostrarnos, una vez más, cuan de injusto era el patriarcado en la Inglaterra del siglo XIX. Todas y todos sabemos que, en realidad, nuestro Hardy comulgaba más con valores más tradicionales, resultando a cualquier lente violeta un falso aliado del feminismo. Y cierto es, pero no debemos perdernos la oportunidad de dejar escapar esta novela. Aunque sea por esa defensa de la convivencia en pareja fuera del matrimonio, por ver a estos dos amantes luchar contra las fuerzas vivas y enfurecidas del lugar, por empaparnos de un personaje - el de Jude - con el que es complicado no empatizar. Teniendo en cuenta su humilde origen y el sobreesfuerzo que se le exige para progresar en la vida simplemente por no haber nacido entre algodones. Algo con lo que, de una manera u otra, acabamos irremediablemente identificándonos. O al menos aquellos que encadenan un trabajo precario tras otro sin una recompensa y conformándose con una ligera palmadita en la espalda. Sutiles palmadas esas, al son de las piedras que caen en la cantera donde trabaja nuestro protagonista, o al de las copas de vino chocándose en un inocente brindis, sin pensar en ese lavaplatos escondido tras comandas y el estrés por no llegar a fin de mes. 

Jude el oscuro: una historia de amor, represión, sueños, esfuerzos en vano, asfixia, condena social, pobreza... El sello Hardy presente en cada una de sus páginas. 

Frases o párrafos favoritos: 

"¡Qué no dirá la gente de los tiempos venideros cuando se parea considerar las bárbaras costumbres y supersticiones de estos tiempos que nos ha tocado la desdicha de vivir". 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

miércoles, 12 de mayo de 2021

RESEÑA: La ladrona de fruta.

 LA LADRONA DE FRUTA


Título: La ladrona de fruta. 

Autor: Peter Handke (Griffen, Austria, 1942). Premio Nobel de Literatura 2019, es todo un clásico contemporáneo de la literatura en lengua alemana. Su medio centenar de novelas, ensayos y obras de teatro tienen en común la angustia de la soledad y la incomunicación, con un estilo original que nunca renuncia a la creación cerebral. También ha escrito algunos guiones cinematográficos para Wim Wenders y dirigió la película La mujer zurda, basada en una novela homónima. Entre los numerosos numerosos premios que ha recibido a lo largo de su carrera es de destacar el Georg Büchner, equivalente al Cervantes de las letras alemanas. Handke también es autor de Contra el sueño profundo, La tarde de un escritor, Carta breve para un largo adiós, Desgracia impeorable, El miedo del portero al penalty o La noche de Morava entre otros


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: alemán. 

Sinopsis: Alexia, a la que todos llaman "la ladrona de fruta" va a emprender una "Expedición-de-una-sola-mujer" por la Picardía francesa en busca de su madre. Antes de partir, su padre le da algunos consejos para el camino. Pero el relato se inicia con Alexia, sino con el narrador, que parte un día de agosto de la "bahía de nadie": ¿para qué?, ¿para observar a "la ladrona de fruta"?, ¿para acompañarla en silencio? No: para dar fe de sus experiencias y aventuras en su viaje iniciático. 

Su lectura me ha parecido: densa, meta literaria, actual, pesimista, crítica, cálida, detallista, abrumadora en su lenguaje así como en datos, épica desde lo contemporáneo, reflexiva, un viaje (explícita e implícitamente) … En su híbrido ensayo la también Premio Nobel de Literatura Olga Tockarczuk - cuyo nombre sonó junto al del autor que ocupa la presente reseña delante del solemne portón dorado y frente a una nube de periodistas procedentes de medio mundo - hacía una pertinente distinción. Para la autora polaca lo volátil, lo móvil, en definitiva, lo errante, es civilizado según nuestra propia concepción europeísta y etnocentrista. Mientras que lo directo, ese lugar que se fija en el mapa para ir por el motivo que sea, se antoja más una conquista que cualquier otra acción. Los turistas invaden, llenan monumentos, dejan dinero en la ciudad y se van. Un poco como los bárbaros (o lo que desde una posición, de nuevo, no exenta de prejuicios consideramos como tal) al efectuar sus incursiones de conquista. Porque sí, los turistas conquistan, en una época concreta del año, pero a diferencia de los pueblos que acabaron por tomar Roma - por citar un ejemplo - o bien no vuelven nunca más o repiten, en sus ansias por seguir atesorando recuerdos, vivencias, instantáneas que ilustrarán los álbumes familiares del primer estante de la biblioteca del comedor. Siguiendo la opinión de Tockarczuk el verdadero viaje sería el no planificado, el que se emprende no por placer sino por conocimiento, el que supone un ejercicio de autodescubrimiento, el que no sigue la corriente - o el que escapa de las vías de turismo más tradicionales - y, por supuesto, el que no atiende a coherencia, horarios, necesidades generalizadas o plazos. Si bien es cierto que, para emprender una travesía como la que Tockarczuk nos expone en Los errantes, tendríamos que haber superado las trabas que el capitalismo más salvaje nos pone y, tener un nivel económico lo suficientemente solvente y, por supuesto, que la sociedad en general viese con buenos ojos otras opciones menos planificadas y más austeras (y no solo a nivel material). Dicho esto, fue una casualidad casi prodigiosa el toparme con esta conexión entre la escritora polaca - famosa por su literatura a caballo entre la crítica ecologista y un realismo mágico propio - y el autor austríaco de apellido casi cinéfilo - lo sé, Handke y Haneke no se parecen en nada, pero en mi cabeza parece ser que sí - de polémicas y despreciables declaraciones - sus opiniones negacionistas acerca del genocidio de Sreberinca causaron bastante revuelo - de innumerables  galardones literarios - incluyendo el Nobel de Literatura del año 2019 - y de una producción literaria larga y potente. Esta, mi primera incursión en su universo novelístico, os aseguro, no será la ultima. La ladrona de fruta: viaje iniciático, observación y la Picardía francesa. 


Este libro no es lo que parece. Eso os lo comento ya de antemano. Ni siquiera la brevísima sinopsis que nos encontramos en la contraportada refleja el mamotreto literario al que debe enfrentarse el lector si su objetivo es hincarle el diente para saciar cualquier apetito placentero o intelectual. Handke no es un escritor fácil, de hecho, está en las antípodas de lo que podríamos considerar literatura del montón. Handke viene de lo incómodo, de una posición de insumisión célebre dentro del conjunto literario europeo, de la experimentación, así como de un frontal rechazo a cualquier servidumbre de carácter comercial que implicase una traición a sus propios valores, y por tanto, a su propia forma de escribir y de concebir la literatura. Aún así y a pesar de sus polémicas opiniones de carácter político - de las cuales he citado un ejemplo en el primer párrafo - eso no ha evitado recibir en la última década aquellos galardones que acaban por engrandecer o condenar la carrera de un escritor. Esto no quiere decir, repito, que ser Premio Nobel sea sinónimo de escritor de difícil comprensión (de hecho, otras y otros galardonados se han caracterizado por poseer un estilo más accesible para el gran público tales como Svetlana Alexiévich, Alice Munro, Patrick Modiano o Kazuo Ishiguro entre otros) pero en el caso de Peter Handke hay que informarse previamente, aunque sea a través de reseñas u opiniones varias - hasta en caliente diría yo -, no vaya a ser que pensemos que nos vamos a topar con la típica historia veraniega para entretenernos sin pensar mucho cuando (y aunque lo estival está muy presente) es mucho más. Sí, La ladrona de fruta se ambienta en la estacijón más calurosa. Sí, el lector será testigo del viaje que emprende Alexia - cuyo apodo da título a la presente novela y confieso que me encanta - a lo largo de tres días en los que recorrerá parte del territorio francés hasta llegar a la Picardía. Y sí, existe un objetivo, el de encontrarse con su madre además de suponer una especie de viaje iniciático, de un acceso a la madurez desde la juventud. Pero, La ladrona de fruta es eso y mucho más. Podríamos pensar, antes de adentrarnos en sus páginas, que Alexia será la que lleve la voz cantante, la que nos guíe a través de las ciudades y pueblos que deja a su paso, que conoceremos su historia a través de sus pensamientos. Sin embargo, la sinopsis nos da la clave de que esto no va a ser tan fácil. Que es probable que disfrutemos de la novela, pero que el camino será largo, algo denso e introspectivo, muy introspectivo. Para empezar, Alexia - alias la ladrona de fruta - resulta ser el personaje más llamativo de cuantos se encuentra el verdadero narrador, quien parte de un lugar desconocido y la acompaña, en silencio, sin estridencias, observando sus pasos, decisiones, lugares por los que pasan. Todo para dar fe de su recorrido, del viaje que emprende y que, al mismo tiempo, le sirve a él de reflexión interna como viajante, escritor, intelectual y persona que le importa el contexto que tiene lugar a su alrededor. ¿Veis como no era simplemente un libro sobre unas vacaciones soñadas entre cobertizos, ríos y atalayas medievales?


Dividida en dos partes, La ladrona de fruta se presenta como una especie de continuación de una novela anterior - Por la sierra de Gredos (2002) y de la cual no entraré a hablar - y en la que al parecer hay un cambio de papeles. Si en Por la sierra de Gredos la historia giraba entorno a una madre en busca de su hija, en La ladrona de fruta es una hija la que emprende el viaje para encontrarse con su madre. Una odisea que, como ya he anticipado en el anterior párrafo, tiene un profundo poso de autodescubrimiento y confecciona el marco perfecto para que su autor, Peter Handke, exponga reflexiones entorno al conocimiento, la vida en general, el errante caminar - de ahí la conexión con Tockarczuck - los males de la sociedad actual así como sus reflexiones desde su posición de intelectual y escritor. Con un detallismo casi exhaustivo, Handke detalla los preparativos para el viaje del narrador - su alter ego - así como su condición de outsider social. Más adelante, vemos como éste va anunciando la aparición de Alexia hasta que finalmente se encuentran en un pueblo. A partir de ese momento, el narrador sigue los pasos de la ladrona de fruta en su viaje de "expedición-de-una-sola-mujer" por una tierra salpicada de castillos y arquitectura medieval. Es en ese momento en el que el narrador se echa a un lado para otorgarle cierto protagonismo, que no todo, a Alexia en su particular odisea. Dicho esto, observamos como Peter Handke, en palabras de la traductora Ana Montané, trata en La ladrona de fruta de redefinir, o de actualizar, el género de las epopeyas medievales. Aquellos textos que en prosa o en verso buscan narrar las aventuras del protagonista, un caballero y a menudo acompañado de un escudero, en la búsqueda de un objetivo concreto. Que la novela transcurra en la Picardía francesa - famosa por sus fortalezas góticas e impresionantes construcciones de la Plena y Baja Edad Media - ya nos sumerge en el mismo paisaje (aunque restaurado y visto con los ojos de alguien que habita el siglo XXI). Por no hablar del sentido del viaje, más allá de las reflexiones entorno a si se debería o no perseguir una motivación para emprenderlo, y ese joven que aparece en el tramo final, convirtiéndose en ese "escudero" contemporáneo que le faltaba a la historia. Aquí el caballero andante - tan celebrado y popularizado unos siglos después por Miguel de Cervantes - es en realidad una mujer decidida, fuerte y que está dispuesta a llevar a cabo su empresa. Por otro lado, Handke nos adentra en senderos poco transitados dentro de la literatura de viajes donde emergen los debates más candentes de la sociedad actual, así como su visión más deprimente: la indefensión de los inmigrantes ante la injusticia que se comete contra ellos, una población cada vez más "empantallada" o la vulneración de los espacios naturales. De este modo, lo que parecía un viaje al interior de Francia se convierte en un viaje al interior de la mente del escritor. Una cabeza en plena ebullición, en busca de una historia, de la inspiración, de aquello que haga fluir la tinta de la pluma. Algo que Peter Handke parece encontrar en Alexia, en la literatura medieval - especialmente la del escritor alemán Wolfrang von Eschenbach - y en la certeza de que, observando (ojo a las pormenorizadas descripciones de la novela) conseguirá culminar su obra magna. 

La ladrona de fruta: una historia de etapas, paisajes de otro tiempo, adalides, aprendizajes, iniciación, fascinación, deambular, acontecimientos insustanciales que acaban marcando un antes y un después... Una vuelta de tuerca contemporánea a uno de los géneros literarios más antiguos de la historia. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Y, además, el fuego, también preparado ya hacía raro, ardía, crepitaba, crujía, chisporroteaba y rugía en la chimenea, que, de nuevo, no era ni demasiado pequeña ni demasiado grande, tenía justo las proporciones adecuadas para esta noche. ¿Un fuego de chimenea en verano? ¿Y qué? ¿no estaba la mesa, que no era de ébano, o de mármol, pero tampoco de contrachapado o de plástico, puesta, no con porcelana de Limoges y cristal de..., pero tampoco con... ?: todo eso, como solo en las historias antiguas, muy antiguas. "¿Solo?" ¿Entonces eso quería decir: que a diferencia de en la vida, en realidad? ¡No! También en la vida sucedían cosas así, de vez en cuando y justo en el momento adecuado, y también en la realidad; lo real de la realidad."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

jueves, 4 de marzo de 2021

RESEÑA: Relatos completos.

 RELATOS COMPLETOS


Título: Relatos completos. 

Autora: Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas), el feminista (Una habitación propia), la biografía (Roger Fry) y sendos volúmenes de cuentos. También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semi ficticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma original: inglés. 

Traductora: Catalina Martínez Muñoz. 

Sinopsis: Consagrada y conocida sobre todo por novelas como La señora Dalloway - llevada al cine como Las horas - o el reivindicativo texto Una habitación propia, Virginia Woolf cultivó también el campo del relato breve a lo largo de toda su vida. En ellos se pueden adivinar temas, personajes y recursos que más tarde desarrollaría en sus novelas. La presente edición de sus Relatos completos incluye tanto los publicados en vida de la autora, como los póstumos e inéditos. 

Su lectura me ha parecido: evolutiva, personal, intimista, clásica al principio, experimental a medida que su escritura se vuelve cada vez más madura, conectada con su presente, renovadora... La primera vez que me adentré, después de superar ese respeto casi irracional hacia su literatura por miedo a que me resultase inaccesible mirase por donde se mirase, en el universo de Virginia Woolf fue a través de su ensayo más mítico: Una habitación propia. Recuerdo la residencia, el congreso, el paseo por la playa alicantina del Postiguet, el arroz negro, hasta el color de las sábanas de aquella habitación en la que, sin imaginármelo si quiera, acababa de dar por iniciada una deliciosa obsesión bibliófila. Una habitación propia resultó ser la mejor puerta de entrada a seguir devorando cada libro que veía firmado por ella. Todavía resuena en mi cabeza aquella reflexión entorno a la imaginaria hermana de William Shakespeare, cuyas actitudes para la escritura eran igual de fascinantes que las de su hermano y de cómo era su vida al haber nacido mujer y no hombre. Seguidamente, y en un contexto menos agradable, irrumpieron La señora Dalloway y Orlando. Dos novelones que me dejaron varias semanas sin aliento. El primero por su amarga historia principal, el exhaustivo retrato psicológico de sus personajes - en especial su inolvidable protagonista - así como ese precoz retrato de la Inglaterra post bélica. El segundo - mi favorito - por su deslumbrante planteamiento, su complejidad, su revolucionaria concepción del tiempo narrativo, su conocimiento de la historia, sus pioneras reflexiones entorno a lo que hoy llamamos Teoría Queer - como las que competen al género fluido o lo que significa ser hombre o mujer - así como el hecho de que simplemente fuera capaz de plasmarlo sobre el papel. Ese, sin duda, es uno de sus mayores logros.  Por último, y no menos importante, leí Al faro. Su novela más ambiciosa, extraña, lírica, terriblemente melancólica, en la que el tempo narrativo se diluía en la espuma marina, creando una sensación de ensoñación perpetua. Sin duda, uno de los mayores saltos cualitativos que yo haya visto en literatura, según los expertos, a la altura del Ulisses de James Joyce o La montaña mágica de Thomas Man. Pero cuando crees que Virginia Woolf no puede superarse más, o al menos ofrecer una versión de sí misma como autora diferente a lo acostumbrado, entonces llegan los cuentos. Sí, el formato que, según mi humilde opinión, determina la verdadera maestría de la escritora o escritor de turno. Pues, no hay nada más difícil en literatura que saber condensar una historia de gran envergadura temática en unas pocas páginas. Al principio no los valoré como se merecían, creyendo que en ellos no encontraría a la Virginia Woolf que tanto me había gustado en Orlando o Al faro por citar dos de sus más sobresalientes trabajos. Sin embargo, éstos se revolvieron y me soltaron una merecidísima bofetada en toda la cara. Había cometido el error de subestimar a Woolf, hasta el punto de creer que sería un conjunto de obras menores. Me equivoqué. Y en esta reseña, a modo de redención, espero convenceros a todas y a todos para que, al menos, os dejéis llevar por la sutileza, la irrealidad o el realismo de algunos de sus más destacadas piezas cortas. Relatos completos: el inesperado festín literario. 



Como en todo libro de relatos, no podemos hablar de una absoluta perfección técnica ni estilística - y eso que Virginia Woolf es una de esas autoras perfecta en prácticamente todos los sentidos, o al menos de las que más se acerca a dicha idea sujeta al parecer personal de cada lector - de hecho, una de las cosas que más me ha gustado de la presente colección es precisamente eso, la imperfección. Porque vale que existen muchas y muchos escritores sobresalientes, tanto que a veces da mucha rabia o envidia (sana, por supuesto). Pero todas y todos son humanos, y es curioso ver que, salvo contadas ocasiones, muchas y muchos en sus inicios se adhieren a unas formas más cercanas a la tradición, a la paleta de temas abordados siempre desde el mismo punto de vista, a la construcción canónica, en definitiva, a unas normas encorsetadas que, en el cuento, abundan en demasía al tiempo de que se suele usar como campo de pruebas para conseguir el ansiado estilo propio. Uno de los ejemplos más citados tal vez sea el del poeta alicantino Miguel Hernández, cuyas primeras obras se acercaban a modelos más cercanos a Góngora o Garcilaso de la Vega - hasta el punto de imitar su métrica y parte del lenguaje empleado por los insignes literatos - pero que, a medida que vamos avanzando en el tiempo, su poesía acabó por desembocar en algo más directo, social, personal, alejado de las florituras barrocas y, por supuesto, empujado por el contexto que estaba teniendo lugar. Leyéndolo a veces me lo imaginaba concentrado, con puño firme y derramando alguna que otra lagrima de rabia mientras escribía poemas como Sentado sobre los muertos, Tristes guerras o El rayo que no cesa por citar algunos de los más importantes. Con Virginia Woolf pasa exactamente lo mismo. A pesar de que actualmente la consideramos como una de las más importantes renovadoras de la literatura, en su caso, de la evolución de las formas victorianas a otras más moderas, casi experimentales, en las que jugó con el tempo narrativo, con la psicología de los personajes, y casi lo más importante, todo ello con la mujer como protagonista absoluta. Pensad que gran parte de la producción novelística y ensayística actual, y con actual me refiero a la escrita por mujeres y englobada en esta nueva ola del feminismo, debe del legado de Virginia Woolf como si de una milagrosa fuente se tratara. En sus relatos apreciamos esa evolución lógica, desde sus primigenios textos hasta los escritos pocas semanas antes de su suicidio. De relatos con temas y estructuras propias de la literatura inglesa de finales del XIX y cuyo planteamiento, nudo y desenlace están perfectamente claros, a cuentos más breves, con temáticas más modernas, puntos de vista algo más elaborados y que no tienen porqué amoldarse a los cánones imperantes. Un ejemplo son los microrrelatos - me ha sorprendido saber que Woolf también era una maestra en estas lides - así como los textos fragmentarios, donde el lector deberá decidir si está ante un final abierto o una inconclusión no siempre satisfactoria. En ese sentido, que desde la editorial se haya apostado por una línea cronológica a la hora de estructurar los presentes relatos (incluyendo los inéditos) es del todo acertada, no sólo por el aprendizaje que se lleva el propio lector, también por la necesidad de presentar una faceta más de esta insigne escritora. Capaz de describirte un paseo por Kew Gardens o las profundidades de un balneario muy particular. 


Por destacar algunos de sus relatos, tal vez me quedaría con los siguientes. Kew Gardens - titulado así por estar ambientado en el precioso jardín botánico de la capital inglesa - nos sumerge en una historia de transitares, conversaciones, paseos, debates de gente anónima. Todo ello narrado desde la perspectiva de un caracol y su lento caminar. Por otro lado, tenemos Una casa encantada donde, al contrario que Kew Gardens, la autora nos posiciona desde uno de los narradores más típicos pero fascinantes de la literatura universal como es el fantasma - aunque en el presente cuento hablamos de dos en concreto - los cuales empiezan a divagar sobre el mundo material y el calor de las cosas mientras prosiguen en su diario transitar a través de las estancias de una mansión. Aunque para historias que trascienden a la anécdota tenemos La marca en la pared, un relato que, partiendo de precisamente eso, una mancha en la pared, la autora despliega un monólogo interior de tal calibre que a medida que éste avanza ya poco le importa al lector lo que ha provocado dicho discurso. Como buena escritora que era, a Virginia Woolf le encantaba homenajear, o simplemente hacer pequeños guiños a otras novelas, la mayoría clásicos de la literatura universal. Algo que en Phillis y Rosamond - relato que abre la presente antología - es realmente descarado ya que, a poco que la o el lector más versado se adentre en él verá como las referencias a Orgullo y prejuicio de Jane Austen son más que notables. Además de ofrecer un retrato del círculo de Bloomsbury - en el que la propia Woolf y otros intelectuales frecuentaban con asiduidad, en todo su esplendor. Así mismo, encontramos para nuestra sorpresa un relato titulado La señora Dalloway en Bom Street. El cual sirvió para la propia Woolf como campo de pruebas, como base para su una de sus más célebres novelas. Aquí podemos apreciar ese incipiente monologo interior que tanto perfeccionaría hasta llegar a cotas pocas veces alcanzadas y que tan famosa haría al personaje de la señora Dalloway. Por último, mi favorito, El balneario, el último que publicó antes de su prematura muerte. Un relato en el que todo parece irreal, en donde el olor a pescado se incrusta en las fosas nasales, en el que la espuma de mar cubre diademas y guirnaldas, donde todo parece sumergido, en las profundidades, como una ciudad nueva, una Atlantis moderna. Aquí Virginia Woolf demuestra que lo irreal puede convertirse en lo más verosímil. En fechas tan próximas al 8M es importante reivindicar nuestros referentes, aquellos que nos inspiran diariamente o los que directamente querríamos imitar. De ahí que sea importante citar a Virginia Woolf como una de las pioneras del feminismo, de la literatura firmada por mujeres y, no está de más añadirlo, por la revolucionaria técnica  estilística y temática que nos legó a las futuras escritoras. También, faltaría más, en el terreno más breve. 

Relatos completos: cuentos de lo imposible, lo abstracto, lo íntimo, lo cotidiano, lo mundano, lo trascendente, lo político, lo introspectivo... Un viaje a través de su obra, preocupaciones e imaginación. 

Frases o párrafos favoritos: 

"De noche la ciudad se vuelve etérea. Un blanco resplandor ilumina el horizonte. Hay aros y diademas en las calles. La ciudad queda sumergida bajo el agua; y sólo se distingue su esqueleto de bombillas de colores."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 1 de diciembre de 2020

RESEÑA: Nacimiento y muerte del ama de casa.

 NACIMIENTO Y MUERTE DEL AMA DE CASA


Título: Nacimiento y muerte del ama de casa. 

Autora: Paola Masino (1908-1989) fue una intelectual de vanguardia, una figura icónica en los círculos artísticos y literarios europeos del siglo XX. La vida doméstica no le convenía, pero le sirvió de inspiración para su novela más célebre, Nacimiento y muerte del ama de casa, un "libro maldito" según su autora porque, tras ser censurado durante el fascismo, la imprenta fue bombardeada, y tuvo que reescribirlo de memoria. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma original: italiano. 

Traductor: Pepa Linares. 

Sinopsis: En esta prodigiosa novela escrita entre 1938 y 1939, se narra la metamorfosis de una niña en ángel del hogar. La niña pasa su infancia escondida en un baúl, donde indaga los misterios de la vida y la muerte, olvidada de todos. Ignora los deberes propios de su género y desespera a su madre hasta que, ya adolescente, asume su destino asfixiante, la suerte de la mujer adulta, y se convierte en aquello que siempre odió: la perfecta ama de casa. 

Su lectura me ha parecido: densa, a ratos pesada, con capítulos demasiado estirados, pesadillesca, con toques surrealistas, contundente en su crítica, imprescindible como documento histórico, oportuna en un momento como el actual... Cuando se decretó el segundo estado de alarma de nuestra historia democrática debido al descontrol de la pandemia del Coronavirus muchas y muchos se llevaron las manos a la cabeza, atónitos, pero expectantes ante los meses que se nos venían encima. Nadie se imaginó que todas y todos viviríamos un confinamiento como el que padecimos durante los meses de marzo, abril y mayo. Y aún menos quienes, acostumbrados a coger coches, autobuses, metros, bicicletas, patinetes eléctricos o cualquier medio de transporte (incluyendo el que involucra ambas piernas en movimiento sobre el asfalto) para ir a trabajar se veían de pronto, de la noche a la mañana, obligados a ejercer su curro desde su dormitorio, comedor, cocina, recibidor, pasillo o, los más afortunados, despacho con balcón atestado de plantas. De pronto las videollamadas, los problemas de conexión o de infraestructura, las interrupciones, los auriculares y las conversaciones a una pantalla se volvieron tan cotidianas como las tostadas del desayuno o la sintonía del telediario a media mañana. Pronto surgieron los primeros problemas. las primeras exigencias, desembocando todo ello en un interesante debate, negociaciones con sindicatos y patronal y, finalmente, en una nueva ley que pretende regular el teletrabajo en tiempos pandémicos. Así transcurrió este cambio de paradigma, este viaje hacia la nueva normalidad plagado de actualizaciones, puestas a punto y digitalización en tiempo récord con la dificultad que eso entrañaba. Sin embargo, existe un sector profesional, cuya rutina prácticamente no se vio alterada ni con el confinamiento ni con la pandemia que estaba teniendo lugar fuera de nuestras casa. Estamos hablando, claro está, de las "obreras del hogar" o las tradicionalmente llamadas "amas de casa". Mujeres prácticamente en su totalidad que siguieron desempeñando un trabajo invisible, poco valorado socialmente, realmente ingrato y por supuesto cero remunerado. Ellas nunca dejaron de cocinar, poner lavadoras, limpiar y de bajar a comprar (con toda la prudencia del mundo, pero no por ello, susceptibles al riesgo de contagio). Un trabajo que no abrió informativos, ni protagonizó las portadas de los principales medios, ni las tertulias en programas de sobremesa, ni suscitó un intenso debate social a pie de calle. Su labor pasa desapercibida, cual fantasma, vagando por las estancias, recibiendo todo tipo de reproches, comentarios ingratos y vómitos de hipocresía. De ahí que lecturas como la que hoy os traigo a colación (de una vigencia atronadora a pesar de haberse escrito en los años 30) se antojen importantes para una futura y necesaria reflexión entorno al papel del ama de casa en la historia, y por extensión, en nuestro contexto, cada vez más tecnológico y desprovisto de empatías. Nacimiento y muerte del ama de casa: contra el ángel del hogar, contra el fascismo. 


El discurso imperante en la Italia de 1938, y que perduró hasta 1941, era el más reaccionario dentro de la ideología fascista, sobre todo en lo que a las mujeres se refiere. En tan sólo cuatro años el gobierno de Mussolini había conseguido implantar en la sociedad su ideal femenino, el de esa ama de casa sin más aspiraciones que la atención del marido y la crianza de los hijos. O lo que es lo mismo: "Ocupaos de la casa, traed hijos al mundo y llevad los cuernos". Palabras de Pepa Linares, traductora de la presente obra, que sin duda constituyen el mejor resumen de lo que el estado y el pueblo italiano esperaba de sus mujeres. Este malvado y denigrante propósito se acabó llevando a cabo mediante las conocidas como "campañas demográficas" que, aunque se pusieron en marcha en 1927, no fue hasta los años 30 cuando empezaron a dar sus frutos. Unas campañas cuyo único propósito era el de limitar el papel de las mujeres única y exclusivamente al trabajo doméstico al tiempo que ensalzaban su figura y como engendradora de niños para la Nación. La estrategia, por supuesto, pasaba por una serie de restricciones mediante paulatinas medidas legislativas que culminarían con el famoso decreto-ley de 1938 que, entre otras cosas, limitaba la participación de las mujeres en la vida pública, así como al acceso a la enseñanza superior o su incorporación a la vida laboral en algunas profesiones (sobre todo las más masculinizadas). Es precisamente en el año 1938, con la entrada en vigor del polémico decreto, cuando una escritora de orígenes aristocráticos llamada Paola Masino tiene la idea de escribir una novela cuya razón de ser es precisamente la crítica a ese ángel del hogar fascista impuesto con tanto ahínco desde las más altas esferas del régimen. Librada de los deberes de esposa y madre, poseedora de una gran educación y pareja del escritor Massimo Bontempelli (perteneciente al partido fascista en sus primeros años) se dedicó a seguirle por Florencia y París al tiempo que trabaja como articulista para algunas de las revistas más importantes de Italia. Pero no es hasta 1938 cuando el partido fascista, cada vez más extremista y recrudecido, expulsa a Bontempelli por sus posturas críticas. Ambos huyen en una especie de exilio político a Venecia, ciudad en la que Masino encontrara su particular cárcel desde la que poder escribir el que ella misma definiría como su "libro maldito". Y remarco lo de "maldito" porque la publicación y trayectoria de Nacimiento y muerte del ama de casa es de las más rocambolescas e injustas de la literatura. Empezando por el ensañamiento de la censura fascista sobre el texto, siguiendo con la bomba que durante la guerra cayó sobre la editorial destruyendo las últimas pruebas de la novela (las cuales ya estaban listas para su impresión) y acabando con su reescritura a partir de notas, manuscritos y textos supervivientes de aquella primera versión en el año 1945, una vez finalizada la contienda. Sin olvidar su tardío éxito durante los años del feminismo de segunda ola con términos como "mística de la feminidad" y "el mal que no tiene nombre" de plena actualidad por aquel entonces. Actualmente la figura de Paola Masino goza de una gran reivindicación por parte de la tercera hornada de activismo e intelectualidad feminista del siglo XXI hasta el punto de internacionalizarse y salir, por fin, de las fronteras italianas. Y es que, a pesar de que la propia autora llegó a reconocer que entre correcciones, retrasos y cúmulos de mala suerte había desarrollado un cierto distanciamiento respecto al texto, lo cierto es que la universalidad de su crítica, así como su intención no dejan de resultar a día de hoy necesarias. 


Nacimiento y muerte del ama de casa se presenta ante el lector como una de esas lecturas cuya premisa no puede ser más atractiva. Sin embargo, la novela de Masino también es densa, farragosa en ocasiones, con unos capítulos que parecen durar una eternidad y escenas que, a pesar de su importancia, a nivel estilo resultan demasiado largas. Como si la autora quisiese recrearse en ellos a conciencia para conseguir un objetivo empático con el lector. Objetivo que, al estirarse tanto las situaciones, en ocasiones pueden llegar a aburrir, o peor, a agobiar al lector. Y no hay nada más peligroso para un libro que éste acabe abandonándolo por falta de motivación o simplemente porque siente sus expectativas frustradas. Dejando a un lado este pequeño apunte - o advertencia, según como queráis llamarlo - Nacimiento y muerte del ama de casa narra la historia de una niña, cuyo nombre jamás conocemos y a la que acabamos llamando Ama de Casa (en clara crítica a lo que se espera de ella por parte del fascismo italiano de la época). Una niña que, en un intento por escapar de su familia y de lo que el destino le tiene preparado como futura mujer, decide esconderse en un baúl. Allí se hartará a leer y descubrirá los misterios de la vida y la muerte. Cuando Ama de Casa cumple una determinada edad - no se especifica pero se intuye que es próxima a la mayoría de edad - la familia decide que su tiempo de huida ha terminado y que tiene que asumir de una vez su papel en la sociedad. Primero se presenta en sociedad - sin duda, la mejor parte de todo el libro - y posteriormente deberá casarse con un pariente rico mucho más mayor que ella. Ante esta situación la joven, viendo como lo detestado durante su infancia acaba alcanzándola de pleno, como ese monstruo que anida tras la puerta, acaba entrando en una espiral de locura que la conducirá a un final tan previsible como indeseado al mismo tiempo. Teniendo en cuenta lo mencionado, existen dos influencias muy claras en el texto de Masino. Por un lado, la del movimiento surrealista en su vertiente más alucinógena. El mismo hecho de que Ama de Casa se encierre en un baúl, una escena que nos puede retrotraer a las fantasías infantiles de Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas, ya nos sirve como introducción a las pesadillas que la azotarán de adulta ante la imposibilidad de escapar del terrible destino. Unas imágenes tan potentes que el lector no podrá olvidar en mucho tiempo. Por otro lado, la presencia de Kafka y La metamorfosis, creando un sugerente paralelismo. Si en la novela de Kafka Grégor Samsa se convierte en insecto, en la novela de Masino Ama de Casa acaba transformándose en aquello que siempre odió sin necesidad de que le crezcan alas o sus manos muten a delgadas patas. Lo cual es más terrorífico si cabe. En última instancia, y a pesar de la dificultad que su lectura entraña, el libro de Paola Masino no deja de ser un recordatorio de que, a pesar de los diferentes avances respecto a los derechos de las mujeres, todavía existen hombres que siguen mandándonos a fregar, a cocinar o a tender cuando ven su poder - ya sea público o en un ámbito más privado - peligrar. Cuando una mujer les replica, les contradice o simplemente manifiesta su opinión. Esto no hace más que darme la razón. El machismo está lejos de erradicarse, como también esa malsana idea de que las mujeres hemos nacido con el don para administrar una casa, criar niños y poner lavadoras. De ahí la importancia de la educación en igualdad, desde la misma cuna, y el necesario cambio de paradigma a una mayor independencia. Masino nos habla desde la Italia más oscura, la de los años 30, la misma que obligaba a las mujeres a desprenderse de sus sueños para abrazar al marido y a la escoba. Pero en ocasiones su eco resuena entre las paredes, desde el interior del microondas, como un susurro, en el oído de la vecina, la amiga, la abuela o tu propia madre mientras a fuera, la gente sigue como si nada. 

Nacimiento y muerte del ama de casa: una historia de renuncias, quiebra de las aspiraciones, deberes fascistas, sociedades oprimidas, impersonalidad, pesadillas... Una distopía doméstica tan real como la vida misma. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Fue así como el Ama de Casa se dio cuenta de que, pequeña o grande, la casa era una rueda de molino a la que habían atado el día de la boda (…) Con todas sus fuerzas, quiso encontrar una razón que le hiciese grato o admisible el martirio, como a todas las demás"

"Tenías que demostrarme que incluso en el acto de zurcir un calcetín puede hallarse un universo y no que he abandonado el universo para dedicarme a zurcir calcetines."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

lunes, 5 de octubre de 2020

RESEÑA: Helena de Esparta.

 HELENA DE ESPARTA


Título: Helena de Troya. 

Autora: Loreta Minutilli (Bari, 1995) es licenciada en física y está haciendo un doctorado en astrofísica en Bolonia. Helena de Esparta, su primera novela, es una versión contemporánea de la Ilíada, narrada a través de la voz y experiencias de la propia Helena desde el interior de las murallas de Troya. La autora ha logrado habitar con inteligencia y delicadeza la piel de una figura mitológica que durante siglos ha sido desdeñada como voluble y portadora de desgracias. En su lugar, relata una historia de anulación femenina y de búsqueda de la libertad que le confiere por fin una dimensión humana al personaje. 


Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: Italiano. 

Traductor: Ramón Buenaventura. 

Sinopsis: A Helena de Troya nadie le ha pedido nunca que cuente su versión de la historia. Es esta. Cuando Helena vuelve a Esparta tras el famoso asedio de Troya, Menelao le pregunta por qué decidió desencadenar una guerra. La respuesta de Helena es sencilla: era el único modo de demostrar su existencia, de ser escuchada en un mundo dominado por los hombres. "Cuenta pues", le responde Menelao. Y Helena comienza su relato. 

Su lectura me ha parecido: amena, sencilla, desmitificadora, humana, real, biográfica, feminista, contundente en su argumentación, una perfecta introducción a la cultura clásica desde una perspectiva de género... Cuando iba al instituto mi asignatura favorita era la de Historia. "¡Menuda novedad!" exclamaréis algunos ya que, como he contado en más de una ocasión, tiempo después acabé estudiando dicha carrera. Cuatro años de mi vida en los que me di cuenta que para ser historiadora tienes que saber un poco de todo (incluyendo botánica, economía, sociología, cine, nutrición, medicina y tener un poco de maña para sacar los nódulos de una punta Gravetiense entre otras muchas cosas), tratar de mantener la mente lo más abierta y objetiva posible (hasta cuando te toca analizar un artículo del Fuero de los Trabajadores) y, sobre todo, saber valorar si te compensa gastarte tus cuartos en el libro del profesor de turno (aunque te jure y perjure que es vital su lectura si tu objetivo es aprobar la asignatura). Pero bueno, hoy no os vengo a hablar de mi etapa universitaria, sino de la escolar, la del instituto, tan determinante como conflictiva. Jamás tuve dudas acerca de mis predilecciones académicas - y cuando digo jamás es jamás - de hecho era una especie de rara avis entre mis compañeros, inmersos en un mar de dudas y sin saber muy bien qué hacer con su vida. Historia se me daba bien, era una de las pocas asignaturas con las que disfrutaba de verdad, la única en la que era la mejor de la clase (por encima de los catalogados como empollones) y en la que, a pesar de que la profesora no era la alegría de la huerta que digamos, conseguía aprovecharlas más allá de las cuatro paredes del aula. Siendo así mi pasión por la materia, a día de hoy todavía me sorprendo de mi falta de miras y del nulo espíritu crítico que mostré por aquel entonces ante el escandalo que supone la ausencia de mujeres importantes en un temario como el de historia. Y las pocas que se nombraban, muy de vez en cuando, tendían a presentar biografías muy escuetas o adheridas a las corrientes historiográficas más rancias. 


Hasta no hace mucho como alumna asumí que, por citar el ejemplo más sangrante, Isabel II - reina de España entre 1833 y 1868 - fue una monarca incompetente, fácilmente manipulable y adúltera, sobre todo adúltera. Sí, nos teníamos que aprender de cabo a rabo las características de su reinado, pero de ella, como personaje histórico, se me quedó eso. Años más tarde descubrí la necesaria y siempre estimulante perspectiva de género. Una aproximación intelectual e interdisciplinar que cambió mi forma de observar la historia, de vivir el presente y de paso deconstruir aquellos discursos machistas que durante siglos han sido plenamente aceptados. Ahora sé que Isabel II tenía las ideas claras, que se dejaba aconsejar por quien ella quería y que se negaba a asumir el papel de ángel del hogar dentro de la corte. Nunca quiso parecerse a Victoria de Inglaterra (el modelo de reina-madre por excelencia) como tampoco dejarse ningunear por quien no comulgaba con sus ideas, por lo que no dudó en ejercer su libertad, incluso en el terreno amatorio. Está claro que su reinado lo que se dice bueno no fue, de ahí las numerosas críticas que condujeron a su abdicación y exilio en 1868 con la Gloriosa, pero una cosa es eso y otra muy distinta es que los libros de texto reproduzcan una y otra vez la versión de los opositores, configurando una imagen de Isabel II simplista e injusta. Quiero pensar que las cosas están cambiando, que en los libros de historia la presencia de mujeres es cada vez más abundante. Pero si no es así, si todavía seguimos con los parámetros de siempre, libros como el que hoy os descubro pueden servirnos de inspiración para el urgente cambio de paradigma. Helena de Esparta: cuando las mujeres toman la palabra. 


Las únicas imágenes de Elena de Esparta - que no de Troya - que me vienen a la cabeza, aunque procedan de diferentes disciplinas, están cortadas por el mismo patrón. La primera de ellas, la Helena de la película Troya (2004). Todo un espectáculo de batallas y efectos especiales con poco rigor histórico al servicio del lucimiento de su estrella: un Brad Pitt acertado en los combates cuerpo a cuerpo dando vida a uno de los Aquiles más abruptos y amorales de la historia del cine. Una cinta en la que Diane Kruger - la actriz del momento - daba vida a Helena, una Helena enamorada de Paris - un insípido Orlando Bloom - y cuyo romance viven en secreto. Al enterarse Menelao - marido de Helena y rey espartano - decide conquistar Troya como venganza a la infidelidad con ayuda de su hermano Agamenón y, por supuesto, de Aquiles. El protagonismo de Helena se diluye a medida que avanza la trama, como ya hemos dicho, la supuesta historia de amor y la personalidad de ella no son el reclamo, sino el lucimiento del actor norteamericano. Ni si quiera el desastroso final - traicionando vilmente el texto de Homero - en el que Helena y Paris huyan juntos tras el asedio final nos impide apartar la mirada de la melena rubia de Aquiles, o de Brad Pitt, que en esta ocasión viene a ser lo mismo. La segunda de ellas, no es que nos topemos con una Helena con poco peso en la historia, sino que en esta ocasión directamente ausente. Todos conocemos a grandes rasgos el Juicio de Paris - aunque cabría profundizar en él para entender los entresijos del origen del conflicto armado - así como sus diferentes representaciones pictóricas a lo largo de la historia. Mi favorita no sorprende, es la que pintó Rubens en 1648, esa en la que vemos unos cuerpos femeninos alejados de toda idealización - con controversia añadida ya que no está claro que en la leyenda original dijese expresamente que las tres diosas se desnudaran ante Paris para mostrarle su belleza física - y en la que podemos apreciar un interesante estudio del paisaje que rodea la acción. Pero, como ya he dicho antes, ni rastro de Helena. Es la gran ausente dentro dentro del cuadro, del juicio y de un asunto que le afectará de lleno. ¿No tendría entonces derecho a estar presente? Menos mal que existen escritoras como la italiana Loreta Minutilli para restaurar, humanizar, y sobre todo, dar voz a un personaje al que nadie le ha pedido que relatase su versión de los hechos acaecidos. 


A lo Gorgias en Elogio a Helena - el primer texto de la literatura universal que se atrevió a defender su inocencia - pero bajo el prisma y las gafas moradas del siglo XXI, Minutilli construye un breve relato partiendo de una invitación, la de Menlao a Helena, para que cuente su historia, su punto de vista respecto a lo acaecido tiempo atrás. Desde ese preciso instante, los lectores somos conscientes del poder inabarcable del patriarcado, capaz de otorgar permiso o no a una mujer para que ésta simplemente hable o exprese su opinión. Helena aprovecha entonces para mostrar, tanto a Menelao como al propio espectador que asiste a esta conversación, la verdad de los hechos, su verdad, destruyendo ideas preconcebidas, mitos surgidos al rededor de su figura y, por supuesto, los motivos que la llevaron a ser pieza clave en el estallido de la Guerra de Troya. Siguiendo un eje cronológico perfectamente estructurado dentro de la novela, el lector descubrirá en esta reescritura de la famosa fábula mitológica las vivencias de una mujer amante de su tierra - recordemos que era espartana, no troyana - inteligente, curiosa y que sueña con instruirse en las disciplinas para ella prohibidas. Presa de su extraordinaria belleza, Helena será objeto de vejaciones, mercadeos entre reyes como si de una bonita tinaja de vino se tratase y hasta de violaciones. Resultan especialmente impactantes las páginas que la autora dedica al mal llamado "rapto de Helena" por parte de Teseo y Pirítoo. A ese "rapto" a partir de ahora deberíamos añadirles las palabras "violación" y "humillación", ya que tras llevársela en contra de su voluntad mientras bailaba en el santuario de Artemisa de Ortia, Pirítoo y Teseo, en un espeluznante cara o cruz, se echaron a suertes la violación de Helena, siendo este segundo el que acabó quebrando el alma de la joven. Las rimas con los tiempos que corren - y con las numerosas manadas que siguen impunemente campando a sus anchas - son escalofriantes pero absolutamente necesarias. Asombra la capacidad de Minulilli para imbuir al lector en la historia, así como su basto conocimiento sobre la figura de Helena de Esparta y su constante insistencia en destacar aspectos que jamás nos habíamos planteado entorno a su personalidad, ideas políticas o aspectos más privados como su condición sexual. Para la autora, Helena se sabe atractiva, ama su cuerpo, pero prefiere disfrutarlo ella misma, sin a penas compartirlo y menos con un hombre (de hecho el contacto carnal con el sexo opuesto la repele). De ahí que se sugiera la posibilidad de que se sintiese más atraída intelectual y sexualmente por las mujeres. Helena quiere escucharlas, aprender de ellas, adorarlas y al mismo tiempo sentirse admirada. No es de extrañar que acabe reflexionando, urdiendo tramas y acabando en los brazos de Paris - al que por cierto no ama y aquí pintan como un inútil -  con el único propósito de participar en la vida política, conversar, tomar decisiones y salir de la jaula de oro para poder, por ejemplo, pasear por la calle. La vanidad es su mayor defecto, y Minutilli, lejos de idealizar a su protagonista hasta la extenuación, la acepta con sus pros y sus contras, con sus traumas y sus fortalezas, logrando así un retrato más creíble que el que Homero ofreció en La Ilíada. Por último, antes de acabar, me gustaría rescatar las palabras de Chimamanda Ngozi Adichie en su famoso librito El problema de la historia única: "Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han usado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla." Con este discurso, Chimamanda resume a la perfección la esencia de la novela de Loreta Minutilli, la de proponer una nueva mirada descontaminada de la escritura patriarcal, lejos de considerarse como la mala del cuento y mostrando a una mujer ambiciosa, dolida pero capaz de sobreponerse a las adversidades, con mil y un contradicciones cuyo deseo era ocupar el lugar que durante siglos ha pertenecido a los hombres. Y para eso, como en cualquier lucha, el primer paso es desobedecer. 

Helena de Esparta: una historia de lucha personal, política, intrigas, feminismo, sororidad, adversidades, violación, injusticias históricas... El relato mitológico más famoso de la historia como jamás te lo habían contado. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Quería hacerlo sin pedirte permiso. Quería sentir a otro hombre dentro de mí y descubrir si era culpa tuya el hecho de que no lograse experimentar el menor placer en la cama, y no es así. Quería sentir remordimiento, angustia, miedo, soledad, quería estar desorientada, sentirme perdida, estudiar lenguas, costumbres, personas, pensar en un modo de sobrevivir sola. Quería esperar y temblar y beberme cada momento de mi vida de modo caótico y desordenado, y no había otro modo de hacerlo, ¿comprendes?"

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial