Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 18 de septiembre de 2018

RESEÑA: Picnic en Hanging Rock.

PICNIC EN HANGING ROCK

Título: Picnic en Hanging Rock.

Autora: Joan Lindsay (St. Kilda West 1896- Melbourne 1984). Era descendiente de una familia Boyd, puede que la más famosa y prolífica dinastía artística de Australia. De 1916 a 1919 estudió pintura en la National Gallery School de Melbourne, e incluso llegó a exponer como pintora. Se casó con Daryl Lindsay, vástago de una importante familia de artistas y escritores ingleses, el día de San Valentín de 1922, en Londres. Día que, precisamente, sería el elegido por Joan Lindsay para situar los hechos de su novela más célebre, Picnic en Hanging Rock. El matrimonio se instaló en Australia, donde ella se dedicaría a la pintura, hasta que, tras la Gran Depresión, Daryl fue contratado como director de la National Gallery de Victoria. En 1956, fue nombrado caballero del Imperio Británico. Aunque la primera novela de Joan, Through Darkest Pondelayo, una sátira sobre los turistas ingleses, fue publicada en 1936, no sería hasta el año 1962 cuando viera la luz su primera obra reseñable, Time Without Clocks, un texto de fuerte contenido autobiográfico en el que retrató sus primeros años de casada. El autentico éxito le llegaría, no obstante, con Picnic en Hanging Rock (1967), que automáticamente le reportó fama mundial, y que se convertiría por derecho propio en una de las más reseñables novelas de culto de la literatura australiana. Parte del éxito de la novela se basó en que la autora nunca desveló si lo narrado fue un hecho real o no. La extraordinaria repercusión de la obra persiguió a Lindsay hasta el día de su muerte, y constituyó un antes y un después en la historia de la literatura australiana del siglo XX. Joan Lindsay murió por causas naturales en Melbourne a los 88 años.

Editorial: Impedimenta.

Idioma: inglés.

Traductora: Pilar Adón.

Sinopsis: Febrero de 1900. Un grupo de alumnas del selecto colegio Appleyard para señoritas se dispone a celebrar un picnic el día de San Valentín. Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido.

Su lectura me ha parecido: inquietante, bella, fresca, envolvente, misteriosa, capaz de mantenerte en vilo desde la primera hasta la última página, ¿verídica tal vez?...La mañana no podía empezar de mejor manera, un picnic en la naturaleza siempre apetece, y más cuando el frío da un pequeño respiro en el crudo invierno. No tardamos en llegar al lugar, su belleza corta la respiración, hasta el punto de querer sumergirte y descubrir hasta el último de sus secretos. Es imposible no aburrirse entre claro y claro del luminoso bosque. Un divertido juego de cartas, una agradable conversación, una lectura con mucho fundamento, un chiste espontáneo, unas risas como respuesta, una canción amena, un dibujo improvisado sobre las piedras...Y si el sueño llega sin previo aviso, cualquier lugar a la sombra las milenarias rocas puede convertirse en el mejor dormitorio. El aire puro entra por los pulmones, oxigenándolos, liberando toda compostura y rectitud, tan propias de la disciplina del día a día. En las faldas del Moncayo las nuevas tecnologías no tienen cabida ¿Quién necesita mirar la última actualización del WhatsApp o subir una foto a Instagram cuando puede disfrutar contemplando el paisaje? ¿Qué podía salir mal en un día tan idílico como aquel?  Pero entonces, un grito, el cielo se oscurece, algo se rompe en la perfecta estampa invernal. Dicen que unas compañeras y una profesora han desaparecido, el pánico y la confusión se apodera de las presentes. Ya no hay juegos de cartas, ni cotilleos, ni lecturas, ni chistes, ni risas que los correspondan. Las leyendas de las ninfas que habitaron el lugar dejaron de tener sentido, a menos que sus rostros, demacrados por alguna maldición, estuviesen detrás del misterio. Nadie sabe qué hacer, salvo esperar hasta que la angustia venza y no quede más remedio que marcharse y comunicar lo sucedido. En el momento de la partida, muchas echamos la mirada hacia atrás preguntándonos cómo había podido suceder, si lo estábamos pasando en grande, si hasta habíamos conseguido olvidar el colegio y a sus odiosas monjas. Mientras el autobús se alejaba serpenteando, el Moncayo se alzaba majestuoso, escondiendo su frío corazón de piedra, sepultando las voces de cuatro mujeres para siempre. Aquello sucedió el catorce de febrero de 2018, ciento dieciocho años después de que en las inmediaciones de Hanging Rock, tres alumnas y una profesora desaparecieran sin dejar rastro durante un picnic el día de San Valentín de 1900. ¿Verdad? ¿Ficción? ¿Cuál de las dos historias ocurrió de verdad? A todo eso juega la autora del libro que hoy tengo el placer de reseñar, a todo eso juega una servidora que, desde la humildad, ha querido actualizar a la par que homenajear a una de las mejores lecturas del verano. Picnic en Hanging Rock: una desaparición, un internado de inspiración victoriana y una terrible maldición.


La historia de como Picnic en Hanging Rock llegó a mis manos es realmente sencilla. Pero si quiero ser honesta con vosotros, debería comenzar este relato, verídico esta vez, describiendo como, desde hace un tiempo, mis gustos lectores han experimentado un gran cambio. Como he comentado en más de una ocasión, el género fantástico fue durante mucho tiempo uno de los grandes olvidados entre mis lecturas habituales. Si bien es cierto que a los cuentos infantiles, en los que se entremezclaba la realidad con elementos o personajes típicos de la literatura fantástica, les tenía verdadero aprecio, ninguna historia más adulta de estas características lograba cautivarme. Por no decir que alguna vez menosprecié el género en público, sin cortarme ni un pelo. La cosa cambió cuando descubrí que había mundo más allá de las historias de hadas buenas, orcos perversos o reinos gobernados por criaturas sobrenaturales. Un mundo que, por otro lado, me inquietaba, me resultaba apasionante y provocaba mil y un preguntas en una mente tan curiosa como la mía. Estoy hablando del terror, sí, de ese género tan venerado, en cuyo seno acoge a algunas obras cumbre de la literatura universal, tan temido por la mitad de los lectores, tan venerado por la otra mitad y con unas características más versátiles de lo que aparenta. Gracias al descubrimiento del terror de la mano de uno de los grandes maestros (aún sigo sorprendida ante el estremecimiento que sentí al leer Corazón delator de Edgar Allan Poe), fui poco a poco ampliando mis lecturas al respecto. A este paulatino descubrimiento del género ayudó que, de la noche a la mañana, muchas editoriales de este país comenzasen a editar novela de terror, especialmente de inspiración gótica, victoriana o neovictoriana, como si no hubiese un mañana. Los fantasmas, las casas encantadas, los espigados acantilados, los cementerios y demás tópicos del género volvieron a estar de actualidad y a despertar el interés de la crítica y de los lectores a partes iguales. Fue durante esa etapa de aprendizaje, en la cual me encuentro actualmente, cuando llegó a mis oídos la historia de Hanging Rock de la mano de Impedimenta y de algunas reseñas colgadas en internet. Hasta ese momento, había leído mayoritariamente novelas o cuentos del género  siempre ambientados en Reino Unido o Estados Unidos, así que en cuanto descubrí que su autora era australiana e indagué sobre el lugar en el que se desarrollaba la acción no me lo pensé dos veces. Pensé que sería interesante y podía enriquecerme aún más como lectora. El libro llegó a mis manos a mediados de julio y durante el mes de agosto se convirtió en una de las lecturas del verano, por no decir que en una de mis imprescindibles.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos diciendo que Picnic en Hanging Rock presenta una de las lecturas más adictivas que he experimentado en mucho tiempo. Y eso que la premisa de trama, la cual hemos desgranado al principio de la reseña, no tiene en un principio mucho misterio. ¿Cuántas novelas o relatos se han escrito sobre la desaparición de personas en el bosque, en el campo, en parajes de ensueño? Muchísimas, demasiadas tal vez, y la mayoría de ellas han acabado derivando hacia el género policíaco. No obstante, lo que hace especial a la novela de Lindsay es que el lector que se adentra en sus páginas no se encuentra ante la canónica historia de detectives y delincuentes o asesinos a los que dar caza, sino ante algo más complejo, más siniestro. Gracias a una ambientación de ensueño, de la que al principio nos enamoramos y de la que después sentimos verdadera asfixia, y por supuesto, a un manejo magistral del suspense, la autora arma una historia tan sugerente que el lector se siente incapaz de abandonar su lectura. Con Picnic en Hanging Rock, Lindsay crea un público adicto y que no parará hasta llegar al final de esta historia. Y lo mejor de todo es que lo consigue sin recurrir, como si hacen otras autoras y autores, a elementos explícitos y bastante forzados típicos del propio suspense. Unas mínimas y sutiles pinceladas bastan para que se metiese y se siga metiendo a legiones de lectores en el bolsillo. Todo eso está muy bien pero, ¿Qué fue lo que de verdad desató la locura por esta novela? ¿Qué es lo que ha provocado que cada año muchos curiosos viajen hasta Australia y visiten las montañas de Hanging Rock? ¿Qué mantiene fascinados a los lectores de medio mundo desde el momento de su publicación hasta nuestros días? La respuesta es sencilla: su excepcional ambigüedad, y es que su autora jamás reveló si lo que se narra en la novela ocurrió de verdad o simplemente es pura invención. Ese doble misterio fue suficiente para que por un lado la novela trascendiese de lo popular, y por otro, para que Lindsay ganase mucho dinero gracias al éxito entre los lectores. Pero más allá de cuestiones de marketing, pues cabe la posibilidad de que todo se redujese a una estrategia editorial pura y dura, lo que está claro es que Picnic en Hanging Rock es algo más que un best seller de la época, sino un ejemplo de agudeza, destreza y originalidad literaria. Ese excelente equilibrio entre realidad y ficción nos empuja a una historia que, por muy extraño que parezca, no va del misterio de la desaparición en si, sino de lo que ésta provoca en el internado de señoritas al que pertenecen las tres alumnas y la profesora extraviadas. Lindsay no esclarece el enigma, sino que se limita a explicarlo y a narrarnos las consecuencias, el cataclismo al que tienen que hacer frente alumnas, profesoras, la directora y los trabajadores del lugar. En esta novela no hay, bajo mi punto de vista, un personaje que sobresalga sobre otro, a pesar del empaque de Herster Appleyard (directora del internado), convirtiendo a Picnic en Hanging Rock en una novela coral en la que las distintas voces se entremezclan, acentuando todavía más la sensación de asfixia. ¿Y qué pasa con el final? ¿Qué sucede? ¿Consiguen volver las tres chicas y la profesora sanas y salvas? No está en mi mano responder a todas esas preguntas, si tanta curiosidad os ha despertado esta reseña, sólo tenéis que hacerme caso, salir de casa, acudir a vuestra librería o biblioteca más cercana y haceros con un ejemplar. No os arrepentiréis, os lo aseguro.  


Como acostumbro a hacer en mis reseñas, lo mejor me lo dejo para el final, y es que si un libro no insta a la curiosidad, no reactiva la imaginación o no provoca preguntas en el lector ¿de qué sirve entonces este último párrafo? Lo suprimiría y punto. Pero como soy una optimista empedernida, siempre trato de sacarle el máximo partido a las lecturas. De todo se puede aprender, incluso de las bazofias literarias o de esas novelas cuyo final nos ha indignado. Afortunadamente, no es el caso del libro que acabamos de reseñar, pues si de algo debe estar orgullosa Joan Lindsay es de haber provocado miles de teorías relacionadas con la novela y el paradero de sus cuatro personajes desaparecidos. Cada cual más disparatada y original que la anterior. Desgraciadamente no vengo a formular una hipótesis al respecto, sino a hablaros de la palabra "cambio". Si realizamos una rápida búsqueda en internet comprobamos enseguida las diferentes connotaciones que atesora este término. Cambio de día, cambio de año, cambio de planes, cambio de hora, cambio de decisiones, cambio de parecer, cambio de ropa, cambio de costumbres, cambio de pensamiento, cambio de destino, cambio de vida...Desde las más anecdóticas hasta las más trascendentales, pero todas unidas por un nexo común, el de desprenderse de lo que nos ha acompañado durante tanto tiempo a todos los niveles y sustituirlo por algo nuevo. Es entonces cuando la incertidumbre y las dudas aparecen de improviso, obligándonos a contestar a preguntas del tipo: "¿será lo mejor?", "¿estoy obrando correctamente?", "¿no estoy arriesgándome demasiado?", "¿qué me deparará todo esto?", "¿y si fracaso?" "¿y si no consigo lo que pretendo?". Los cambios asustan, es normal, y al principio todos nos resistimos a él. Nos hemos acostumbrado tanto a un patrón determinado que cuando tenemos que subir el siguiente escalón o nos sacan de la zona de confort entramos en crisis. Algo así sucede en Picnic en Hanging Rock, siendo éste uno de los temas centrales de la novela. Todo en ella gira al rededor del cambio y son muchos los elementos que nos dan pistas. No es casualidad que la autora haya decidido ambientar la novela en el año 1900 (toda una declaración de intenciones) como tampoco la fecha escogida, el catorce de febrero. En primer lugar, 1900 marca un interesante punto de inflexión, pues al tiempo que simboliza el fin de una era de esplendor marcada por la expansión imperialista fundamentalmente, también representa el inicio de otra más convulsa, más mortífera, menos pacífica. Todos sabemos los acontecimientos que marcaron el siglo XX, por eso, respecto al XIX, se produce un notorio cambio a nivel mundial. En 1900, la gente aún desconocía los próximos conflictos y atrocidades a los que el mundo se iba a tener que enfrentar, pero si apreciaron la evolución a la que invitaba la entrada en el nuevo siglo. Seguidamente, en la novela el día de San Valentín adquiere una dimensión distinta. Se acabó el romanticismo y los estándares tradicionales tan repetidos hasta el momento. La tragedia de Hanging Rock provoca una pérdida de inocencia brutal entre las protagonistas, sobre todo entre las alumnas, preludio de lo que estaba por venir en las próximas décadas de siglo XX. Tampoco es producto del azar la inspiración neo-victoriana del libro. Son muchos aspectos los que nos trasladan al XIX: la dualidad entre belleza y terror respecto al paisaje, el carácter británico de su directora, la superstición o la constitución del propio internado (que nada tiene que envidiar a las típicas mansiones tétricas de la época victoriana). En ese sentido Appleyard se erige como una especie de último bastión de una época que toca a su fin, como un anacronismo dentro de una normalidad a punto de quebrarse. Solo ante la noticia de la desaparición, los pilares que antes soportaban con dignidad todo síntoma de cambio empiezan a quebrarse. La maldición se cierne sobre Appleyard cual novela victoriana se tratase, los gritos de cambio comienzan a devorar todo lo aprendido, ni siquiera la estricta educación impartida ni la artificial inocencia de las alumnas servirán para afrontar lo que traerá consigo el siglo XX. Y todo esto sin recurrir a fantasmas, cementerios encantados o criaturas fantásticas. La realidad, o mejor dicho, el cambio de realidad da más miedo que cualquier ser espeluznante. Picnic en Hanging Rock: una historia de tradiciones desfasadas, miedos, paisajes entre lo idílico y lo hostil, alumnas que pierden el candor, maestras que se resisten al cambio, una comunidad al borde del abismo...En una palabra: léanla.


Frases o párrafos favoritos:

"El picnic perturbó el normal desarrollo de sus vidas, en algunos casos de un modo muy violento. Y lo mismo sucedió con innumerables criaturas de presencia mucho más insignificante. Arañas, ratones, escarabajos… También ellos se escabulleron, se ocultaron o salieron corriendo aterrorizados, de manera parecida pero a una escala más pequeña. La trama comenzó a urdirse en el colegio Appleyard en el mismo instante en que los primeros rayos de luz del día de San Valentín cayeron sobre las dalias, y las alumnas se levantaron para ver lo espléndida que era la mañana e iniciar el inocente intercambio de tarjetas y regalos."

Película/Canción: en el año 1975 se estrenó la única adaptación cinematográfica de esta novela a cargo de Peter Weir, que con el tiempo ha acabado por convertirse en un film de culto de gran belleza cinematográfica al rodar gran parte de sus escenas en entornos naturales de la Australia más agreste. Por otro lado, este mismo año se ha estrenado su primera adaptación televisiva en el canal COSMO, en la que podemos encontrar a la actriz británica Natalie Dormer dando vida a la estricta directora del internado Herster Appleyard. En esta ocasión, me inclino por adjuntaros el tráiler de la versión de 1975, y es que su dirección de fotografía así como su estilo me han fascinado.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Nos vemos el año que viene, el 14 de febrero, en Hanging Rock.

Cortesía de Impedimenta

miércoles, 12 de septiembre de 2018

RESEÑA: Corazón de las tinieblas y Cuadernos del Congo.

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS
Y CUADERNOS DEL CONGO

Título: El corazón de las tinieblas y Cuadernos del Congo.

Autor: Joseph Conrad (Berdcyczów, Polonia, 1857- Bishopsbourne, Inglaterra, 1924). Su padre, un noble venido a menos, traductor de Shakespeare y escritor radical, fue arrestado y enviado a una prisión rusa cuando el joven Jozef era todavía un niño. Con diecisiete años se enrola en la Marina mercante francesa, experiencia que le permitió recorrer medio mundo y que surtió buena parte de su producción literaria. En 1878, tras un intento de suicidio, se enrola en un barco británico para librarse del servicio militar ruso. Sirvió en la Marina inglesa dieciséis años y, en 1884, se nacionalizó británico adoptando el nombre de Joseph Conrad. En 1895 publicó su primera obra en lengua inglesa, La locura de Almayer. A ella le siguieron obras maestras indiscutibles de la literatura universal como El negro de Narcissus, Corazón de las tinieblas, Lord Jim, Tifón, Nostromo y El agente secreto. También es autor de importantes relatos como El final de la cuerda, Suspense y El regreso. Murió el 3 de agosto de 1924 de un ataque al corazón y fue enterrado en el cementerio de Canterbury.

Editorial: Funambulista.

Idioma: inglés.

Traductor: Max Lacruz.

Sinopsis: a través de la voz del marino Marlow, Conrad os lleva hasta el corazón del África negra en pleno periodo colonial, en un sobrecogedor testimonio autobiográfico que es a la vez una meditación profunda sobre la degradación del ser humano y una oblicua denuncia de la salvaje explotación de las potencias occidentales. Marlow relata la historia de la expedición por el río Congo para repatriar a Kurtz, misterioso agente de una compañía comercial belga considerado un autentico dios por las poblaciones locales. Si la mística figura de Kurtz concita todo tipo de reflexiones sobre el colonialismo europeo, la explotación de las tierras y de personas y la frontera entre la civilización y la barbarie, explorar los espacios vírgenes en los mapas, hundirse en lo desconocido revela aún más las tinieblas que anidan en el hondón del alma humana.

Su lectura me ha parecido: estremecedora, dura, algo densa en el desarrollo de su trama, atemporal, reflexiva, un documento histórico en toda regla...Queridas lectoras y lectores, ¿os he dicho alguna vez que Página Dos me parece de lo mejor que se hace actualmente en televisión? No se si lo conocéis o es la primera vez que escucháis hablar de el, sea lo que sea, desde mi humilde posición de espectadora os animo a que sintonicéis la 2, sí, ese programa tan "aburrido" en el que no hacen más que poner documentales, y le deis una oportunidad a este, por desgracia breve, programa. Entrevistas a afamadas/os escritores, las últimas novedades editoriales, adaptaciones literarias al cine o a la televisión, cuestionarios lectores y reportajes entorno a temas tan actuales e interesantes como el mundo de la autoedición, la novela juvenil, la poesía, la literatura en la red, los clubs de lectura, bibliotecas del mundo o incluso el futuro del sector del libro en la era de las nuevas tecnologías. Todo eso y más se aborda en tan solo media hora, media hora que se pasa volando y que en ocasiones, sobre todo para quienes estamos interesados en el tema, nos sabe realmente a poco. ¿Por qué os cuento todo esto? Por la sencilla razón de que en Página Dos, son muchas las autoras y autores que no tienen pudor alguno a confesar sus secretos lectores más inconfesables. Desde el libro que les hizo amar la literatura hasta que novela prestaron y nunca les devolvieron, pasando por esa lectura que dejaron a medias. Y de entre todas ellas, a la pregunta de qué título considera imprescindible, son muchas y muchos los que nombran, sin pensárselo dos veces, el libro que hoy tengo el honor de presentaros. Cuando escuchas que tantos escritores de éxito lo consideran parte de su corpus literario tiendes a dejarte llevar por el escepticismo, sin embargo, una vez te adentras en él, entiendes el por qué de tanto halago y no puedes evitar preguntarte ¿por qué no me lo he leído antes? Pero sobre todo ¿por qué no lo he reseñado?, ¿por qué he tardado tanto? En fin, ya va siendo hora de enmendar esta injusticia, así que me pongo los cascos, sintonizo a Richard Wagner en el Spotify y comienzo a redactar estas líneas sobre Corazón de las tinieblas y Cuadernos del Congo: el ejemplo perfecto de como la ficción puede llegar a describir un tema histórico en su dimensión más crítica e impactante.


La historia de como esta edición de Corazón de las tinieblas  que contiene los llamados Cuadernos del Congo tiene su origen en una mañana de noviembre del año 2015 si la memoria no me juega una mala pasada. Hacía un mes aproximadamente que ya conocía cual iba a ser mi área de investigación de cara a la defensa de mi TFG, o lo que es lo mismo, de ese trabajo final de carrera de obligatoria realización. Mi campo, el de las relaciones entre historia y literatura, no podía ser más amplio, así que no encontré mejor forma de acotar mis inquietudes investigadoras que yendo aquella mañana a la biblioteca de humanidades cercana a mi facultad. Era tan basto el número de novelas y las respectivas épocas históricas que por un momento me sentí bastante abrumada. Después de unos minutos de meditación y tras haber diseccionado cada una de las estanterías de novela, tomé la decisión de llevarme dos libros a modo de sondeo. Los dos comprendían tres ámbitos de investigación muy diferentes entre si. El primero de ellos Sin novedad en el frente, podía servirme para acercarme a la I Guerra Mundial desde la literatura de testimonios (algo que por otro lado me permitía pisar sobre seguro, ya que se había escrito mucho desde esa perspectiva). Y el segundo de ellos, fue, casualidades del destino, Corazón de las tinieblas. El profesor de Historia de África y Asia nos había hablado brevemente de él, y en aquellos momentos en los que lo tuve entre las manos pensé que podía ser una buena oportunidad de acercarme, no solo a Joseph Conrad, sino al tema del colonialismo europeo de finales de siglo XIX. Así que sin pensármelo dos veces, aquel libro se vino conmigo a casa. Finalmente, y aunque estuve a punto de decantarme por Conrad, Orwell y las distopías literarias del siglo XX vencieron al imperialismo. No obstante, el recuerdo de aquella lectura me persiguió durante años, su dureza, su denuncia, esas frases lapidarias no se borraron fácilmente de mi memoria. Pasó el tiempo, y en cuanto conocí la noticia de que la editorial Funambulista iba a sacar nueva edición de la novela de Conrad, supe que aquel era el momento de volver al Congo. Cual fue mi sorpresa que, al echar un vistazo a los detalles de la edición, me topé con los llamados Cuadernos del Congo, que son, nada más y nada menos, que los breves apuntes que del diario que Conrad portaba consigo cuando visitó aquellas tierras. Sin duda, el complemento perfecto para una relectura y, de paso, enriquecer aún más la experiencia lectora.


En lo que respecta a la reseña propiamente dicha, comenzaremos por una cuestión puramente personal. Desde siempre me he referido a esta novela como El corazón de las tinieblas. De hecho, esta es la primera vez que me topo con una edición en la que se suprime el artículo "el". Seguramente se deba a que se ha querido respetar el título original de la novela en inglés, no obstante, y como apunte meramente anecdótico, como lectora me gusta más El corazón de las tinieblas que Corazón de las tinieblas. Tras este pequeño debate entorno a la traducción, he de decir que la novela de Conrad presenta una lectura muy interesante en cuanto a su contenido, pues si habéis leído la sinopsis habréis comprobado como éste no desmerece para nada, pero por el contrario demasiado densa. Tenemos que tener en cuenta que no estamos ante un best seller de lectura ágil, sino frente a un libro escrito a finales del XIX, casi a punto de entrar en el XX, cuyo autor representa un pensamiento y una visión muy subjetiva de lo que estaba sucediendo en ese momento. De hecho, precisamente por esto último, podríamos aventurar la posibilidad de que este clásico de la literatura universal sea uno de los pocos textos que no ha logrado alcanzar, al menos en su totalidad, la categoría de atemporal. Los clásicos trascienden, se vuelven intocables, se convierten en pilares de nuestra cultura y la fuerza de sus mensajes es imparable. Lo que sucede con Corazón de las tinieblas es muy simple, si bien es cierto que sus reflexiones han llegado hasta nuestros días, incluso parecen haber evolucionado, el punto de vista desde el que Conrad narra la historia es cuestionable y fácilmente criticable. Europeísta, parcial y plagado de estereotipos y prejuicios respecto a los nativos africanos. Así es como Conrad nos describe la realidad en Corazón de las tinieblas, sin embargo, no debemos olvidar que es un hombre de su tiempo, en concreto de finales del XIX principios del XX, por lo que es normal encontrarnos frases cargadas de racismo. Corazón de las tinieblas vio la luz en el ocaso del imperialismo europeo, momento en el que las teorías de la superioridad del hombre blanco todavía se estudiaban hasta en las universidades y en el que Europa se encaminaba a la I Guerra Mundial. Un momento crucial, una transición, un periodo del que la novela de Conrad bebe mucho. Dicho esto, el lector del siglo XXI, a pesar de su posición sesgada, debe leerlo con tiento, casi como si se tratase de una reliquia de un tiempo pasado. En otro orden de cosas, Corazón de las tinieblas es un libro dotado de una profundidad psicológica bastante peculiar y que le sirve al autor como excusa para abordar los temas que de verdad le interesan. Aspectos tan universales y que se resumen en la delgada línea que separa el bien del mal, los límites de la locura, el choque cultural, el viaje hacia lo desconocido e incluso buscar el ejemplo, sobre todo a través de sus personajes, de la famosa tesis de Thomas Hobbes es cierta, de que es verdad que el hombre es un lobo para el hombre. Incluso podría rastrearse las ideas de otro gran filósofo, las de John Locke, sobre la perversión de la sociedad sobre el hombre, antes bueno por naturaleza. Todo eso esta muy bien, pero, ¿no quiso Conrad abarcar demasiados temas para tan poco libro? La respuesta es un rotundo sí pues, a juzgar por el número de páginas y su correspondiente lectura, da la sensación de que el autor pecó de ambición y se quedó en un esbozo, en una descripción, en un simple dibujo sin la profundidad que el relato merece. A eso no ayuda, por supuesto, un constante cambio de narrador, que lo único que consigue es marear aún más al lector, con el peligro que eso conlleva. No obstante, si algo se salva de Corazón de las tinieblas, bajo mi punto de vista y en contra de lo que he podido leer por ahí, es el personaje de Kutz. Él es el verdadero centro de la novela, a quien buscan, la razón de ser del libro, y por tanto, gracias a un cierto suspense creado entorno a su figura, a quien el lector más ansía conocer. Complejo donde los haya, Kutz se convierte en una especie de figura divina para los indígenas a la vez que éste se aprovecha de ellos, mediante tácticas que escapan a la razón y a la ética, para hacerse con el marfil. ¿Estamos, por tanto, ante una descripción de las barbaridades cometidas en el Congo durante la época colonial ¿O por el contrario Kutz simbolizaría la decadencia del sistema atroz a punto de extinguirse? ¿Es Corazón de las tinieblas una denuncia al colonialismo europeo? ¿O simplemente una descripción de la última puesta de sol? Todas esas preguntas justifican de alguna manera la relativa popularidad de la novela, a pesar de su reprochable tono y de sus defectos estilísticos. Por último, mención a parte merecen los llamados Cuadernos del Congo, ese pequeño diario con anotaciones del propio Conrad y que nos narran lo que sus ojos veían durante aquel viaje al Congo Belga  y su interpretación de dichos acontecimientos. La editorial Funambulista acertó de pleno al incluirlos en esta nueva edición, pues gracias a ellos, el lector puede disfrutar de una lectura más amplia, más allá de la novela y de la pluma literaria del autor.


Antes hemos comentado que Corazón de las tinieblas es una novela a la que el tiempo no ha tratado demasiado bien. Sin embargo, a las pruebas me remito, su trama ha servido de inspiración para otros libros o incluso productos cinematográficos hoy día convertidos en clásicos inmortales. Pero más allá de eso, lo que de verdad ha mantenido a Corazón de las tinieblas en pie, aunque con dificultad, ha sido y es su crítica al colonialismo europeo. Un efecto de su tiempo que ha conseguido traspasar las fronteras del tiempo hasta llegar a nuestros días. Desde mi humilde posición de crítica literaria, y teniendo en cuenta esta premisa, me gustaría lanzar una pregunta a los lectores de este siglo, tan ávidos de conocimiento e imbuidos en las nuevas tecnologías: ¿en los tiempos que corren, es posible hablar de colonialismo? Seguramente muchas y muchos de vosotros habréis arqueado las cejas, y no me extraña, "colonialismo" es una palabra muy fuerte, aunque no deja de ser un eufemismo bajo el que se esconden otros términos como "invasión", "apropiación" o "destrucción", más terribles todavía. Cuando oímos hablar de colonialismo se nos vienen inmediatamente a la mente esas fotografías de los libros de historia en las que, por un lado, vemos a dueños de plantaciones de té en la India siendo abanicados y sus pies masajeados por los nativos del lugar, y por otro lado, a africanos encadenados y obligados a posar ante algún fotógrafo perteneciente a las numerosas expediciones que, por aquel entonces, se llevaban a cabo. Imágenes como la que he adjuntado en esta misma reseña, ante la que es imposible no sentir escalofríos e indignación. Pues bien, el colonialismo ha seguido su curso desde el siglo XIX, adaptándose a la evolución de las sociedades y, por supuesto, a la revolución tecnológica experimentada, especialmente durante los últimos años del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI. No lo llamaremos colonialismo, pues repito, es una palabra con demasiada carga negativa y que tal vez anticuada, pero si lo llamaremos, si me lo permitís, imperialismo. De nuevo, una palabra que nos es familiar, muy ligada al colonialismo en su momento y que parece haber encontrado otra vía, a priori más efectiva, para llevar a cabo su objetivo, que no es otro que el imponer un modelo a todos los niveles (político, social, cultural, económico...) sobre otros ya establecidos con anterioridad. Si antes había que invadir países para doblegarlos, ahora las redes sociales cumplen esa función, consiguiendo, por ejemplo, que veas bueno ciertos productos o comportamientos en vez de otros. Quien tiene el poder en estos momentos, el país más influyente del mundo, es decir EEUU, no ha dudado en imponer, desde los tiempos de la Guerra Fría, su capitalismo más salvaje sobre miles de países al rededor del globo terráqueo. Desde ahí se controla todo, desde lo que esta de moda o no hasta temas tan serios como las formas de hacer política. Un sello, el americano, que estamos asimilando sin resistencia alguna, pues desde todas las plataformas posibles te convencen que lo de ellos es bueno y atractivo, mientras lo tuyo, lo autóctono es malo o se ha quedado desfasado. Y la asimilación no consiste solo, por poner un ejemplo de lo más simplista, en la proliferación de más cadenas de comida rápida cuyos nombres conocemos todas y todos, sino en el rechazo a lo nuestro. No hace falta arrebatar, con conseguir que menospreciemos nuestra cultura e idiosincrasia es suficiente. Dicho esto, ¿podemos hablar de una especie de colonialismo 2.0? Es posible ¿Cómo escapar de el? Pues muy fácil: apagando la tele, el móvil, el ordenador y sustituirlo por la lectura por ejemplo. Pero, lo malo de esto es que si lo haces, si tomas esa decisión, te excluyes del sistema, como si de un disidente en una novela distópica se tratase. Además, en cuanto pusieses un pie en la calle, el imperialismo volvería a materializarse, ya sea en anuncios publicitarios, nombres de comercios, en las conversaciones. Este es el mundo que hemos creado entre todos, una sociedad controlada, aleccionada, sometida en cierto modo y por si fuera poco vigilada por el inmenso poder de un país extranjero. Una situación que, si Conrad levantara la cabeza, seguramente contemplaría con horror. Corazón de las tinieblas y Cuadernos del Congo: una novela de viaje, horror, desasosiego, verdades, mentiras, reflexiones, injusticias, hipocresía, vanidad...Un clásico imperfecto pero imprescindible en toda biblioteca.

Frases o párrafos favoritos:

"La mente de un hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, el pasado y el futuro."

Película/Canción: desde un fallido primer proyecto de Orson Wells, pasando por una versión de Nicolas Roeg de 1993 (con Tim Roth y John Malkovich dando vida a los personajes principales) y finalizando en la locura cinematográfica Apocalypse Now. Esta última, dirigida por Francis Ford Coppola, traslada la acción de la novela de Conrad a la Guerra de Vietman. La película, protagonizada por Martin Sheen y por un inmenso Marlon Brando en el papel de Kurtz, estuvo rodeada por la polémica (desorbitado presupuesto, dificultades para encontrar un actor para interpretar al protagonista, un rodaje infernal, consumo de drogas en el set, las exigencias de Brando...). Aún así, con el paso del tiempo ha acabado convirtiéndose en un film de culto y sujeto de estudio en las escuelas de cine.  Aquí os dejo el tráiler de esta espectacular y nada convencional adaptación cinematográfica. Una película que, a mi juicio, junto con Dunkerque y La chaqueta metálica, posee una de las escenas más impactantes del cine bélico.  



¡Un saludo y a seguir leyendo!

jueves, 6 de septiembre de 2018

RESEÑA: Una habitación propia.

UNA HABITACIÓN PROPIA

Título: Una habitación propia.

Autora: Virginia Woolf (1882-1941), pilar de la narrativa contemporánea y figura central del Grupo de Bloomsbury, cultivó con éxito la novela escribiendo títulos tan memorables como La señora Dalloway, Al faro o Las olas entre otras. Al mismo tiempo también se atrevió con el ensayo literario (El lector común), el político (Tres guineas) y la biografía (Roger Fry). También lo que podríamos denominar un nuevo género: la biografía semificticia, como el caso de Orlando. Miembro de lo que se ha denominado la aristocracia intelectual británica, a su muerte (suicidándose en el río Ouse, cercano a su domicilio), el poeta T. S. Eliot escribió que se habían dado en su vida y obra unas características tan singulares e inéditas dentro del mundo anglosajón que difícilmente se repetirían. Una opinión que la posterior publicación de sus diarios, cartas y varias biografías han confirmado. Su ensayo feminista, Una habitación propia, es uno de los más aclamados e influyentes desde el momento de su publicación.


Editorial: Austral.

Idioma: inglés.

Traductor: Laura Pujol.

Sinopsis: en 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer en la novela en las universidades femeninas de Newnham College y Griton College, ambas pertenecientes a la prestigiosa universidad de Cambridge en Reino Unido. Lejos de cualquier dogmatismo o presunción, planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular.

Su lectura me ha parecido: breve, concisa, bien estructurada, interesante, amena, de veloz lectura, absolutamente imprescindible en los tiempos que corren...Queridas lectoras y lectores, os voy a ser sincera, hasta hace unas semanas no tenía ni idea de como empezar esta reseña. No es que una servidora estuviese atravesando por una crisis de inspiración, no, esas me las conozco perfectamente. El motivo residía en una falta de entusiasmo y de negatividad, sin duda consecuencia de la situación por la que muchos jóvenes de mi generación estamos pasando, que no es otra que la falta de oportunidades laborales. La verdad sea dicha, a pesar de las colaboraciones con editoriales y con medios de comunicación digitales en los que podéis leer algunos de mis artículos publicados, yo no cobro, no me pagan por reseñar X libro o escribir un breve texto sobre la vida de mujeres olvidadas por la historia. Amo mi trabajo, porque aunque no esté remunerado es trabajo, y muy duro por cierto, no os podéis imaginar lo que significan para mi vuestros comentarios e vuestro interés por lo que realizo en este espacio y fuera de él. Hay días en los que he estado a punto de tirar la toalla, dejar de escribir (pues también escribo mis propios textos literarios) y dedicarme a algo más productivo. Eternas jornadas, como las vividas durante las pasadas vacaciones veraniegas, que me han servido para reflexionar, poner en orden mis pensamientos y conseguir plasmar algo sobre el papel. Pero que no han evitado, una vez más, momentos de bajón y de no querer levantarte de la cama. En esas estaba, mientras observaba esta misma pantalla en blanco, cuando un recuerdo asaltó mi cabeza sin previo aviso. Me vi a mi misma, exultante, en una de las oscuras salas de la National Portait Gallery, lugar que visité durante mi última estancia en Londres, contemplando el retrato de Virginia Woolf. Era justo ese, el que he adjuntado en la presente reseña, más pequeño de lo que me imaginaba e impregnado de un tono sepia, síntoma sin duda del paso del tiempo. Una fotografía así no se olvida fácilmente, como tampoco lo que sentí al contemplarla en vivo y en directo. Al recordar todo aquello me dije a mi misma, frente a esta misma entrada, que tenía que escribirla. Por la gran Virginia Woolf, por todo su legado y sobre todo por mi misma. Si algo me ha enseñado el feminismo es a no rendirme a pesar de las adversidades, teorías y mensajes he atesorado gracias a libros como el que hoy tengo el placer de reseñar. Una habitación propia: una demanda convertida en clásico universal.


La historia de como Una habitación propia llegó a mis manos es bien sencilla, de hecho podría empezar por relataros lo que sentó una vez lo deposité, con orgullo, en el último estante de mi apreciada librería. Pero como suele decirse, toda historia tiene un principio, y éste amigas y amigos, no es el verdadero inicio. Antes de entrar en la universidad no había oído hablar de Virginia Woolf, lo se, increíble pero cierto. Ni sabía quien era, ni me había interesado por su producción literaria, y lo peor de todo es que nadie, absolutamente nadie, me incentivó a descubrirla en todas sus facetas. Si bien es cierto que sabía de la existencia de un libro suyo, en concreto el de Las olas, pues éste llevaba años recogiendo polvo en una de las estanterías de mi casa, pero jamás de los jamases me hubiese atrevido a adentrarme en él de no ser por mi paso por la universidad. Con esto no quiero decir que antes de ingresar en tal alta institución no conociese a grandes personajes femeninos de la historia. De hecho, gracias a ellas (y a la lectura de algunas novelas y revistas) tomé la decisión de estudiar dicha carrera y o otra, a pesar de todas las críticas, consejos, y menosprecios hacia una labor más amplia y enriquecedora de lo que la gente se piensa. Fue en sus aulas, durante aquellas tardes en la biblioteca, en medio de discusiones académicas en las que, en más de una ocasión, conseguíamos remover conciencias donde aprendí de verdad lo que era la historia, la mentira, la verdad, las mil y un caras de un mismo acontecimiento, las miradas con las que se puede observar una imagen o leer un texto, el peso de las consecuencias o su trascendencia en la actualidad más acuciante. Todo eso fue lo que aprendí, pero también a que, a pesar del paso de los siglos, todavía existen ciertos ámbitos de la historia inexplicablemente marginados y que durante muchos años nadie se ha atrevido a tocar. Un sucio desván en el que podemos encontrar, entre otros muchos grupos relegados, a las mujeres. ¿De verdad a nadie vio interesante estudiarlas, conocer su historia a lo largo de los milenios, comprobar sus avances y retrocesos? ¿Cómo es posible que la historia de quienes constituyen la mitad de la humanidad no interesase, a nivel académico, del mismo modo o más que la de la otra mitad? Fue en ese proceso de aprendizaje, y en cierto modo sin despegarme de lo autodidacta, cuando di de nuevo con Virginia Woolf y Una habitación propia. Su nombre estaba por todas partes, incluso citado a pie de página en libros que, a priori, nada tenían que ver con la época en la que vivió su autora. En cuanto supe de que iba el ensayo, en cuanto fui consciente de su atemporal mensaje y en cuanto vi su breve extensión no quise dejar pasar la oportunidad de acercarme a él y profundizar en su lectura. Sin embargo, no fue hasta las pasadas Navidades cuando mis padres me lo regalaron, junto con otros tres magníficos libros, y encima en la edición de Austral Singular, justo la que yo quería. La emoción se mezcló con la gratitud, pues sentía que en mis manos tenía una autentico clásico inquebrantable al paso del tiempo. Marzo fue el mes escogido para leerlo, y el lugar, la ciudad de Alicante. Fue un viaje exprés pero muy intenso y en el que no pude tener mejor compañero, literario como no, a mi lado durante aquellos días.


Para empezar diremos que Una habitación propia presenta una lectura rápida, ágil, pero no por ello carente de contenido y profundidad. El de Virginia Woolf es un libro que dura pocos días en tus manos, u horas en el caso de que se tope con un lector ávido o con mucho tiempo libre. He de confesaros que al principio, durante los días previos a su lectura, este ensayo me despertaba mucha curiosidad, pero también un gran respeto. Siempre había leído, incluso oído decir, que los libros de Virginia Woolf son extraordinariamente densos, pesados y que muchos eran los que dejaban a medias la lectura de ciertos textos muy concretos. Por eso, y porque por naturaleza soy una persona que tiende a ponerse en lo peor, leí la primera página de Una habitación propia con cierto recelo, pero una vez superada ésta, las demás se sucedieron una tras otra ante mi atónita mirada. La velocidad a la que leí ese libro me sorprendió, tanto que desde entonces, siempre que la oportunidad se me presenta, procuro ampliar mi humilde biblioteca con más y más libros de la señora Woolf. Pero ¿de qué va Una habitación propia? ¿Qué tiene que me ha enganchado tanto? ¿Esta justificado que se haya convertido en un clásico inmortal del movimiento feminista? Para empezar, Una habitación propia no es más que una colección de conferencias que la autora redactó, desarrolló y expuso en varias universidades femeninas de la Universidad de Cambridge en el año 1928. Unas conferencias que versaron sobre un tema tan simple como la relación entre la mujer y la creación literaria y de cómo éstas, las escritoras, sufrían discriminación por su condición femenina en un mundo, el literario, dominado mayoritariamente por los hombres.  Esto puede parecer algo normal, de hecho en la actualidad son muchas las universidades que acogen este tipo de discursos en congresos académicos. Pero pensad por un momento, lectoras y lectores, en lo que significaba en ese momento pronunciar una serie de conferencias sobre este tema. Recordemos que estamos en la Inglaterra de 1928, en un contexto post bélico y en el que hacía exactamente diez años que las mujeres podían votar. Unos años en los que, a pesar de que se hubiese alcanzado una de las reivindicaciones más importantes del movimiento feminista, aún quedaba mucho camino por recorrer, un camino al que Virginia Woolf no dudó en sumarse. Muestra de ello es el contenido de Una habitación propia, tan necesario en ese momento como en los tiempos que corren. Sin ahondar más de lo necesario, pues de lo contrario esta entrada sería extensísima, podemos comentar que este ensayo se agrupa en varios bloques temáticos muy diferentes entre si y separados mediante capítulos. De este modo, el lector salta de uno a otro sin problema, y lo más importante, sin desconectar del hilo conductor, que no es otro que evidenciar como las mujeres, por el hecho de ser mujer, lo han tenido y siguen teniéndolo difícil para conseguir una carrera de éxito en el mundo de la literatura. En primer lugar, Woolf se adentra en el problema del acceso de las mujeres a la educación, pero sobre todo, a la independencia económica. Woolf observa como éstas son apartadas de la idea de escribir por culpa de su pobreza financiera. A no ser que fueras hija de nobles o burgueses con ideas progresistas, era realmente complicado que una mujer pudiese tener una habitación propia para desarrollar sus propias inquietudes literarias. Por otro lado, la idea del ángel del hogar todavía imperaba en aquellos años, es decir, la idea de que las mujeres solo tenían cabida en el ámbito doméstico, sin posibilidades de trabajar fuera del hogar, ganarse un sueldo por ellas mismas o emprender. En segundo lugar, y para explicar los diferentes destinos entre una mujer y un hombre con los mismos intereses intelectuales se inventa un personaje, el de Judith Shakespeare, hermana ficticia de William Shakespeare. Este es sin duda uno de los pasajes más interesantes, pues a través de un ejemplo nacido de lo puramente especulativo, del "¿qué pasaría si...?", observamos como, mientras William Shakespeare consigue cumplir sus expectativas, Judith Shakespeare no logra desarrollar sus capacidades privada de una falta de oportunidad por el simple hecho de ser mujer. En tercer lugar, Woolf disecciona una por una las carreras literarias y la situación económica y social de las grandes novelistas británicas desde el siglo XVI hasta finales de siglo XIX. Jane Austen y las hermanas Brontë están presentes, pero también otras menos conocidas como Margaret Cavendish o Aphra Behn entre otras. Y por si fuera poco, en cuarto y último lugar, Woolf parece proporcionar en Una habitación propia, las claves para escribir sobre lesbianismo sin caer en lo que ella llama "juicios de obscenidad". En otras palabras, una guía escritoril, o un manual de conferenciante, para poder sortear a la censura sin dejar de hablar o escribir sobre las relaciones románticas o sexuales entre dos mujeres. Todos estos breves capítulos, en definitiva, tienen el objetivo de interrogar al lector, hacerle pensar, que se sienta obligado a reflexionar sobre las injusticias que durante años ha soportado la mujer con inquietudes literarias. Woolf plantea debate, pero también la necesidad de reparar la memoria y devolver el respeto a las literatas del pasado, para que así, las escritoras del futuro, puedan desarrollar sus carreras en igualdad respecto a los hombres. Con una habitación propia y dinero se solucionaría parte del problema, pero para que éste desaparezca, hace falta menos invisibilidad y que su trabajo sea reconocido. Con estas premisas, no me quiero imaginar las preguntas que las alumnas le formularían a Woolf tras las conferencias. ¡Quien tuviese una máquina del tiempo para viajar al pasado!


Para finalizar esta primera reseña de la temporada, he decidido adquirir un tono autobiográfico y contaros, a grandes rasgos, mi relación con los cuartos u espacios propios que he tenido desde que tengo memoria hasta la actualidad más inmediata. Desde donde me alcanza la memoria, he practicado y disfrutado de algunas disciplinas artísticas. No se me daba mal la música tanto en el colegio como en el instituto (hubo un tiempo que quise apuntarme a aprender solfeo), he bailado sobre escenarios (me costaba lo mío), he tomado clases de arte dramático (hasta el punto de que durante un tiempo la consideré como una posible salida laboral), me encanta dibujar (tengo cuadros al oleo colgados en casa) y he coqueteado con el canto (aunque la experiencia no fue del todo satisfactoria). Pero sin duda, lo que me ha marcado en muchos aspectos de mi vida ha sido y es la escritura. Desde pequeña me ha encantado escribir, inventarme historias, personajes, mundos en los que éstos podían vivir o protagonizar sus aventuras. Una pasión que sin duda nació de la lectura, primero de aquellos cómics de Disney o de Asterix y Obelix para luego ir evolucionando a los cuentos infantiles, la novela juvenil, los clásicos, la novela más comercial y el ensayo. Al principio, no era consciente de lo importante que era tener tu propio espacio, pues me ponía a escribir en cualquier parte, incluso en el campo. Lo maravilloso de aquellos primeros años era que me daba igual el dónde, sólo me importaba escribir y punto. Luego, conforme fui cumpliendo años, aparecieron los primeros diarios, los cuales rellenaba de pensamientos, ideas para futuras historias y algunas cuestiones personales que no dudaba en vomitarlas sobre el papel a modo de terapia. Por aquel entonces ya había ganado mi primer concurso de relatos con un texto sobre el horror del Holocausto (a mis quince años ¡ojo!) un acontecimiento inesperado que se convirtió en un aliciente para no abandonar la escritura. Más adelante, y entre las cuatro paredes de mi habitación, escribía textos cada vez más largos pero fáciles de leer. Y aunque no acabé ninguno, pues el fantasma de la inseguridad siempre acaba venciendo, recuerdo aquellos años, los que abarcaron mis últimos años de instituto, como los más felices en cuanto a creatividad. Estaba sola, en mi propio cuarto, rodeada de papeles, libros de texto y novelas. Incluso la cama en ocasiones se convirtió en una especie de refugio en donde podía meditar cuando me encontraba falta de inspiración. Fueron tiempos gloriosos, tan gloriosos como inocentes. Con el paso del tiempo, y como es normal, la exigencia en los estudios se impuso a la escritura, y las horas de estudio fueron arañando segundos a las sesiones de escritura. Hasta el punto de que dejé de escribir textos de gran envergadura. Cuando el horrible segundo de bachillerato finalizó tomé la decisión de publicar por capítulos aquella historia que estaba escribiendo en este mismo blog (pues Jimena de la Almena tiene más historia de lo que os pensáis). Esa decisión tan simple, y que a la larga resultó tan trascendental, la tomé en mi cuarto propio, y con ayuda de una buena amiga, conseguí sacarlo adelante. Después, ya encontrándome en la Universidad, las cosas cambiaron drásticamente al perder mi cuarto propio. Había que hacerlo, era una cuestión necesaria, mi abuelo no podía estar solo en su casa, así que lo acepté y reconvertimos la habitación en un dormitorio con dos camas en las que dormiríamos mi hermano y yo. Fueron años duros, en los que tuvimos que acostumbrarnos a un tipo de convivencia nunca antes experimentada y en el que mi lugar de trabajo, al igual que el de mi hermano, se redujo a una pequeña mesa en el despacho de mi madre. Ya no estaba sola, con mis cosas y mis manías, y eso al principio me desquiciaba, pero aprendí a asumirlo y con el tiempo acabé asumiéndolo como parte de mi rutina. Cuando mi abuelo finalmente falleció, decidimos que el cuarto vacío se iba a emplear como estudio, pero una vez más, me encontraba compartiendo espacio. Aún así me vino bien, pues poco a poco pude retomar mi pasión literaria, aunque con ciertas dificultades. Actualmente, y por cuestiones puramente climatológicas, escribo estas líneas desde una pequeña mesa situada en la habitación de mis padres, con la ventana abierta y un pequeño ventilador apuntando mi cara. No es el mejor sitio del mundo, pues me siento una intrusa, pero en él he estado escribiendo los últimos meses. Mi situación no es la misma que a la de aquella productiva adolescencia. Hoy por hoy no me siento capaz de escribir un texto superior a las cincuenta hojas, la inseguridad me acecha detrás de la puerta, he recuperado la costumbre de escribir en un diario, tengo trabajo pero no es remunerado, me angustia pensar que a mi edad vivo todavía con mis padres, a veces me echo a llorar sin motivo alguno, me bloqueo, me aterra pensar en el futuro pues tiendo a verlo negro, hay días que siento que estoy perdiendo el tiempo, que debería dejar de soñar, que tendría que ser como los demás, que no consigo concentrarme...No se si todo eso se agrupa bajo una misma palabra o si simplemente estoy tirando piedras sobre mi propio tejado, lo que sé es que lo que estoy haciendo aquí, en Jimena de la Almena me gusta, y que con cuarto propio o sin él, estoy consiguiendo muchas cosas, aunque a veces sienta que éstas sucumben a la invisibilidad y a los prejuicios de quienes no lo consideran un trabajo. Ensayos como el de Virginia Woolf me salvan de caer en la oscuridad, personalmente me ofrecen esperanza. Si sigo escribiendo, si sigo tocando a puertas, si sigo adelante con mis inquietudes, es posible que consiga mi cuarto propio en el que poder sentirme segura y realizada para desarrollar tramas, personajes, artículos...¿Conferencias o discursos quizá? Una habitación propia: un texto reivindicativo, lúcido, contundente, inteligente, plagado de reflexión...El ensayo feminista que no debe faltar en nuestras vidas.

Frases o párrafos favoritos:

"Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción."

Película/Canción: el año pasado se estrenó en España la adaptación teatral de el famoso ensayo de Virginia Woolf de la mano de María Ruiz en la dirección y con la interpretación de Clara Sanchís, la cual le ha reportado infinidad de halagos, reconocimientos e importantes premios teatrales. Aquí os adjunto un fragmento de la citada obra durante una representación.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

lunes, 3 de septiembre de 2018

NUEVA TEMPORADA 2018-2019.

NUEVA TEMPORADA

¡Buenos días queridos lectores/as! Un año más y como no podía ser de otra forma, Jimena de la Almena, un espacio donde la critica, la reflexión, el debate y la literatura convergen armoniosamente; inaugura nueva etapa tras las vacaciones. No os voy a mentir, ha sido un mes diferente en todos los sentidos, pero no por ello desprovisto de lecturas, las cuales me han acompañado a lo largo de estos 31 días. En esta próxima temporada seguiremos prestando especial atención a los clásicos de la literatura universal, esos que sustentan parte de nuestra cultura y que cuya importancia ha sobrepasado los limites del tiempo. Eso si, sin descartar algunas de las novedades editoriales más importantes y que tenga la suerte de reseñar. Además, gracias a la colaboración de este blog con algunas editoriales de prestigio, lograremos fomentar más aún ese objetivo, acercar la literatura de calidad al público más exigente y hambriento de buenas historias. Para finalizar esta entrada y como ya va siendo tradición, os escribiré las tres pistas del primer libro que reseñaremos en esta nueva temporada 2018-2019. Un título que debería haberse reseñado hace mucho tiempo.

1. Clásico feminista del siglo XX.
2. Su autora se suicidó ahogándose en el río Ouse.
3. "No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente." 

...Espero vuestras respuestas...

¡Un saludo y a seguir leyendo!

martes, 31 de julio de 2018

BLOG CERRADO POR VACACIONES.

CERRADO POR VACACIONES.
Ilustración de Flavita Banana.

Estimadas lectoras y lectores: el blog Jimena de la Almena permanecerá inactivo todo el mes de agosto. Es hora de que esta servidora se tome unas merecidísimas VACACIONES. Este ha sido un año en el que los proyectos, las nuevas colaboraciones editoriales, los artículos y demás menesteres han conseguido motivarme pero no han evitado que desease que llegara Agosto para poder aminorar la marcha y descansar. Este verano necesito leer, pero también escribir con urgencia, ya que he conseguido dar con el camino adecuado hacia una historia con la que estoy bastante ilusionada. ¿Puede que este sea por fin mi año? ¿Conseguiré acabar alguno de mis escritos? ¿O el calor acabará conmigo?

No me quiero despedir, temporalmente, sin agradecer a esas 1.398 personitas que desde que empecé siguen ahí leyendo cada una de mis reseñas. Así como a todas las que o los que, aunque no sean seguidores fijos, se pasan por este lugar. También me gustaría dar las gracias a las editoriales colaboradoras con Jimena de la Almena, a las que llevan más tiempo y a las que acaban de aterrizar este año. Creo que a lo largo de todo este tiempo he demostrado ser una persona currante, infatigable, siempre al pie del cañón. Pero en los momentos de debilidad, pues soy humana al fin y al cabo, el saber que tu trabajo importa a otros, hasta el punto de confiar en ti para que reseñes sus libros levanta el ánimo a cualquiera.

A la vuelta de vacaciones seguiré reseñando, como siempre. Sólo os puedo avanzar que las hermanas Brontë, Mary Shelley o Virginia Woolf serán algunas de las autoras que vendrán pisando fuerte. En cuanto a autores, Colson Whitehead, Joseph Conrad o Gastón Leroux serán los protagonistas. Al igual que el ensayo, la autobiografía, la novela de ciencia ficción feminista, los cuentos, el teatro, algún libro de poesía...E incluso habrá un sorteo de lo más otoñal e irlandés. Pero de lo que estoy segura es que, al igual que la temporada que hoy finaliza, seguiré leyendo a más y más autoras. Todavía hay muchas mujeres increíbles por descubrir y que merecen un espacio destacado en este blog de crítica y opinión para que todo el mundo las conozca.

Me gustaría contaros más cosas, ya me conocéis, pero una maleta y un sinfín de proyectos me esperan. No desesperéis, pronto nos volveremos a ver, a escribir y a leer, sobretodo a leer. Y para que la espera se haga menos pesada, aquí os dejo una canción de lo más veraniega. Lo se, ABBA es una de mis debilidades, al igual que esta película.



¡Un beso, un saludo, un abrazo a todo el mundo, a seguir leyendo y hasta septiembre!

viernes, 27 de julio de 2018

RESEÑA: Llega la negra crecida.

LLEGA LA NEGRA CRECIDA

Título: Llega la negra crecida.

Autora: Margaret Drabble (Shef-field, Yorkshire, 1933) hermana de la novelista A. S. Byatt y de la historiadora Helen Langdon. Fue la segunda hija del abogado y novelista John F. Drabble y de la maestra Kathleen Marie. Después de asistir al internado Mount School, en York, obtuvo una beca para estudiar letras en el Newham College, en Cambridge. Sus primeros intereses personales la llevaron al campo de la actuación, y en 1960 se unió a la Royal Shakespeare Company, donde llegó a estar bajo la tutela de Vanessa Redgrave. Poco después abandonó la compañía para dedicarse de lleno a la literatura. A Sumer Big Cage, publicada en 1963, narra la historia de las tensas relaciones entre dos hermanas. En 1965, le otorgaron el John Llewellyn Rhys Prize y empezó a recibir el reconocimiento de público y crítica que ya no la abandonaría jamás. Entre 1980 y 1982 presidió la National Book League. La Universidad de Cambridge la distinguió en 2006 con un doctorado honoris causa y en 2008 fue ascendida a Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico. Drabble ha publicado diecisiete novelas. Entre otras, Jerusalem the Golden, en 1967, con la que ganó el James Tait Black Memorial Prize. Aunque es reconocida fundamentalmente por su narrativa, Drabble también ha escrito guiones, obras de teatro y cuentos, así como obras de no ficción como A Writer´s Britain: Landscape and Literature y las biografías de Arnold Bennett y Angus Wilson. Sus trabajos de crítica literaria incluyen análisis de las obras de William Wordsworth y Thomas Hardy. Así mismo, se ha encargado de la edición de dos versiones de The Oxford Companion to English Literature. En 1982 se casó con el escritor y biógrafo Michael Holroyd. En la actualidad reside en Londres.

Editorial: Sexto Piso.

Idioma: inglés.

Traductor: Regina López Muñoz.

Sinopsis: "La vejez es un tema de heroísmo. Requiere mucho valor", dice Francesca Stubbs, la protagonista de esta novela. Fran pasa de los setenta, aunque goza de saludo y autonomía, y a pesar de que hace tiempo que debería estar jubilada, trabaja gustosa para una institución benéfica que ofrece asistencia a ancianos que deben afrontar toda clase de penurias. Las personas que la rodean - su amiga Josephine, su ex marido Claude...- se ven abocadas a luchar por salvaguardar la dignidad en el último tramo de su existencia, una existencia que, más que disfrutarse, se sobrelleva en un carrusel de achaques y limitaciones de todo tipo. Así las cosas, Fran será una suerte de Virgilio - un Virgilio cercano, enamorado de los pequeños placeres de la vida - que guiará al lector por los infiernos, a menudo convertidos en tabú, de la vejez.

Su lectura me ha parecido: lenta, sobrecogedora, algo pesada, reflexiva hasta decir basta, con unos personajes con los que no he conseguido conectar del todo, recomendable, absolutamente necesaria a pesar de todo...Queridas lectoras y lectores, todos nos morimos. ¿Qué obviedad verdad? ¿Qué rotundidad? ¿Cuánta negatividad? Pues en parte si, pero la verdad, no me importa decirlo en voz alta o escribirlo en mayúsculas si hace falta. Porque esa es la única certeza, nadie es inmortal (al menos de momento) y tarde o temprano dejaremos de existir en este planeta. Sin embargo, cuando hablas de la muerte ocurre algo muy extraño, el silencio irrumpe con fuerza a la vez de que ese ambiente distendido se contrae de una forma un tanto inquietante. De pronto, uno de los participantes en la conversación te aconseja, siempre desde la amabilidad, que es mejor cambiar de tema. El de más allá, suele ser siempre el más extrovertido, te espeta que un "no seas agorera/o" o un "la vida está para disfrutarla y no para hablar de eso". Incluso está quien se cree que tienes un problema por el simple hecho de haber mentado algo relacionado con el tema. Está claro, nos cuesta hablar sobre la muerte. Normalmente esa incapacidad se asocia con el miedo, el temor al momento en el que nosotros y todo lo que nos rodea se convierta en polvo. Pero, ¿y si es por otro motivo? ¿y si existe un origen cultural para explicarlo? ¿y si nos paramos a pensar en ese tramo previo, ese del que nadie habla y al que nadie quiere llegar? ¿y si esa etapa de la vida a la que todos algún día llegaremos es el verdadero tabú? De todo esto, es decir, de hacerse mayor, de tener más de setenta años y todo lo que eso conlleva, habla Margaret Drabble en Llega la negra crecida: un tratado literario sobre la vejez en todas sus dimensiones.


La historia de como Llega la negra crecida llegó a mis manos comienza con el descubrimiento literario de su autora, de Margaret Drabble. Escuché hablar por primera vez de esta escritora inglesa gracias a un volumen de relatos titulado Un día en la vida de una mujer sonriente, editado el año pasado por Impedimenta. Un volumen compuesto por trece cuentos que estaba, literalmente, en todas partes: librerías, bibliotecas públicas, Twitter, Facebook, Instagram, publicaciones en papel, periódicos digitales, en reseñas, artículos de opinión, dentro de las recomendaciones espontáneas de famosos...No había lugar en el que no estuviese ese libro. Y como fue normal, una servidora no pudo evitar hacerse con él, motivada, además de por esa insistencia mediática, también por ese repentino interés que el año pasado experimenté respecto al cuento en todas sus dimensiones. Un día en la vida de una mujer sonriente se convirtió en la lectura que dominó los primeros días de septiembre del pasado año, una lectura que me cautivó en gran medida (aunque no todos los relatos eran perfectos) y que me sirvió para descubrir a una autora para mi desconocida hasta ese momento. Desde entonces y hasta que Llega la negra crecida apareció en mi vida, era de las que buscaba las novelas y relatos de Margaret Drabble entre las estanterías de las principales librerías de mi ciudad. Pensaréis que estaba loca, y puede que a ojos de quienes no aman los libros lo parezca, pero, lectoras y lectores, ¿quién no ha sentido ese impulso inmediato de buscar otros textos de una autora o autor con el que habéis disfrutado mucho? La cosa siguió así durante un tiempo, aunque sinceramente, nunca adquirí ningún libro suyo, es lo que tiene ser joven en este contexto de crisis y falta de oportunidades laborales. Y continuó de la misma forma, pasaron los meses hasta que un día, sin previo aviso, La negra crecida apareció ante mis ojos. Era una de sus últimas novelas publicadas y lo cierto es que desde el minuto uno quise leerlo y que formase parte de mis lecturas acumuladas. Sin saber si quiera de que iba, conseguí hacerme con un ejemplar gracias a la editorial Sexto Piso. Reconozco que tardé un tiempo en leerlo, pues como los lectores somos así de volátiles, en ese momento habían otros libros en los primeros puestos de mi lista de eternos pendientes. Sin embargo, conseguí ponerme al fin con él a principios de este mes, todo ello, recordemos, sin haber leído de qué iba y solamente guiada por el nombre de su autora. ¿La moraleja de esta historia? leer siempre las sinopsis. ¿El resultado? Una lectura que, aunque no me haya enamorado del todo, si que ha conseguido plantearme preguntas, suscitar reflexión y rememorar a los que ya no están, en especial a mi abuelo materno.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Llega la negra crecida presenta una lectura algo densa y por consiguiente ligeramente pesada. De hecho, podríamos decir que Llega la negra crecida pertenece a un tipo de novela muy particular, esas que narran historias en las que no sucede nada trascendental, pero que por el contrario, poseen un poso de reflexión tremebundo. Con esto no pretendo disuadir a nadie de su lectura, ya que el que me haya parecido algo tediosa en cuanto a su narración, no es sinónimo de evitar este libro a toda costa. Eso si, una cosa os voy a decir, los que conozcáis de que trata esta novela os vais a llevar una grata sorpresa, pues, no encontraréis esas ideas preconcebidas acerca de la literatura que aborda temas relacionados con la tercera edad. Todos tenemos prejuicios, y en este caso tendemos a pensar que las historias en las que los protagonistas son gente mayor suelen ser tristes, grises, trágicas, auténticos dramones...En pocas palabras, que consiguen deprimir a cualquiera. Sin embargo, en esta novela, Drabble consigue que el lector asista pasmado a su lectura. El puñetazo en el estómago es inmediato, no lo voy a negar, pero hay una desmitificación magistral de muchos tópicos asociados a la vejez, el paso del tiempo, su día a día y su estatus en la sociedad actual. Nada más abrir el libro nos topamos con Francesca Stubbs, más conocida por todos como Fran, la protagonista absoluta de esta novela. Un personaje complejísimo en su construcción y en el que debemos detenernos unos instantes para comprender el carácter de este libro. Fran tiene más de setenta años, vive sola y trabaja en una entidad benéfica ayudando precisamente a ancianos en situación de vulnerabilidad. Su labor diaria es la de encargarse de inspeccionar viviendas sociales para mejorar las condiciones de alojamiento y vida de las personas que residen  en ellas. Una rutina que le reportará tristeza, sufrimiento, pero también amistad y la construcción de todo un sistema de solidaridad al rededor del bienestar de quienes acuden a la asociación. En esta novela, todos los personajes se ayudan entre ellos o a otras personas, en un acuerdo de intercambio de favores. Creando de este modo todo un entramado de buenas acciones mientras todos esperan a que su existencia sea interrumpida de un momento a otro. Porque sí, como es normal, el tema de la muerte está presente, pero no de una forma melodramática, sino con crudeza, proveniente sin duda de las mejores novelas psicológicas. Además del fin de la vida, son otros los temas que envuelven a Llega la negra crecida, tales como la enfermedad, la dependencia, la emigración, los refugiados o la sociedad del espectáculo entre otros. Todos ellos abordados por un lado desde la visivilización y por otro desde la crítica pura y dura. A pesar del tono crudo de la novela, Drabble encuentra, como buena inglesa, espacio para el humor. Pero no un humor desternillante, sino de una clase muy específica, para nada irónico, sino simple, sutil, como si surgiese de manera espontánea en relación a una conversación o situación que viven los personajes. Esa naturalidad le aporta a la novela un toque de realismo, más allá de la situación que la autora plantea y las acciones de sus protagonistas. Los vuelve humanos y entrañables de alguna manera. Por último, destacar la original forma que tiene Margaret Drablle a la hora de presentar los escenarios, pero sobre todo, a sus personajes. Resaltando primero sus aspectos psicológicos más importantes para después permitirle caminar, hablar o realizar cualquier tipo de acción, posponiendo la mención de su nombre. En resumidas cuentas, personaje antes que identidad.


La vejez es un tabú. Estamos en pleno siglo XXI y todavía lo es, a pesar de que desde los medios de comunicación o la publicidad reivindiquen todo lo contrario. Me parece estupendo que se hable de la vejez en los telediarios o en los anuncios de televisión, sin embargo, el reivindicar las canas o el incluir a más personas mayores promocionando productos a través del entorno audiovisual no ha conseguido que ésta deje de ser uno de esos temas del que preferimos no hablar. No nos gusta cumplir años, ni descubrirnos nuestra primera arruga en el rostro, ni mirarnos al espejo y observar como nuestro cabello ya no es como cuando teníamos veinte años, ni darnos cuenta de que nuestro cuerpo ha cambiado o que nuestra saludo va poco a poco cuesta abajo. ¿Por qué sucede esto? Muy simple, porque existe un culto casi divino hacia la juventud. Lo vemos en las series, las películas, los periódicos, los medios digitales, en las campañas publicitarias, en los telediarios, en el deporte, en el arte, en la literatura, en la política...Muchos son los rostros jóvenes que pueblan todos estos ámbitos, unos porque han accedido a ellos por sus propios méritos y otros, en la mayoría de los casos, no tenemos más remedio que observarlos en nuestro día a día. Desde que, por ejemplo, cogemos el autobús, hasta que desembarcamos en el centro, un lugar plagado de carteles y anuncios en los que, mujeres en su práctica totalidad, lucen un perfecto cutis y una silueta realmente envidiable. Sin embargo, en este mundo en el que se rinde cada vez más culto a la imagen, en cuanto tratas de acceder a una oferta de empleo, la juventud es un problema, pues se asocia inmediatamente con inexperiencia. Una paradoja que también se da en la gente mayor, ya entrada en la vejez, pues demás de considerarse socialmente a estas personas como baluartes de la experiencia, cosa bastante obvia, su edad también es motivo de discriminación y de prejuicios. Si eres joven y tu edad te supone un problema, cosa que a mi juicio me parece inexplicable, lo afrontas lo mejor que puedes, teniendo siempre la certeza de que aún te quedan muchos años por delante para poder alcanzar tus metas profesionales y personales. Sin embargo, cuando se llega a una determinada edad, a los setenta y muchos de la protagonista de esta novela por ejemplo, la sensación es que se acaba el tiempo, que lo mejor ya pasó y que ahora queda resignarse y venirlas venir. Afortunadamente no me encuentro en ese rango de edad y tal vez por ello me haya costado empatizar más con los personajes de esta novela. Sin embargo, leyéndola, he podido ser consciente de la volatilidad de la vida, así como las diferentes formas de abordar la vejez y el deterioro tanto físico como psicológico. Y también, para ser más exactos, como las personas mayores reaccionan ante esta situación, ante esa certeza o excusa de no servir para nada, de vivir eternamente de los recuerdos, de encerrarse en si misma o mismo, en no atender a razones, en permanecer en silencio, un silencio como preludio de la negra crecida, metáfora de la muerte ideada por D. H. Larwence y que Margaret Drabble retoma para hacernos reflexionar. Llega la negra crecida: una historia de solidaridad, compañerismo, vejez, recuerdos, amistad, ayuda, enfermedad, pérdida, tenacidad...Una resignación o una huida hacia adelante para escapar de las garras de la muerte.

Frases o párrafos favoritos:

"No puede evitar vivir la vida como un viaje."

"Fran ya es demasiado vieja para morir joven"

Película/Canción: como no podía ser de otra manera, y a falta de una adaptación cinematográfica, os adjunto la pieza de BSO más conocida de una de las películas sobre la tercera edad más famosas de la historia. ¿Nos damos una vuelta Miss Daisy?


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Sexto Piso

jueves, 19 de julio de 2018

RESEÑA: La Revolución Feminista Geek.

LA REVOLUCIÓN FEMINISTA GEEK

Título: La Revolución Feminista Geek.

Autora: Kameron Hurley (Battle Ground, Washington 1980), residente actualmente en Ohio, Graduada en Estudios Históricos por la Universidad de Alaska y la Universidad de KwaZulu-Natal, se ha especializado en la historia de los movimientos de resistencia sudafricanos. Colabora con Locus, The Atlantic y Tor.com. Su artículo Siempre hemos luchado, incluido en esta colección, fue el primer texto de no ficción en obtener el premio Hugo. Es autora además de la novela Las estrellas de la legión, de las trilogías The Bel Dame Apocrypha (compuesta por God´s War, Infidel y Rapture), Worldbreaker Saga (compuesta por The Mirror Empire, Empire Ascendant, y  The Broken Heavens) y de más de una decena de novelas cortas. La Revolución Feminista Geek es una colección de todas sus reflexiones sobre feminismo, cultura, redes sociales, el mundo de los videojuegos o el género de la ciencia ficción entre otros.


Editorial: Runas (Sello de Alianza Editorial).

Idioma: inglés.

Traductor: Alexander Páez García.

Sinopsis: La Revolución Feminista Geek es una colección de esnayos de Kameron Hurley sobre feminismo, la cultura, experiencias personales, las relaciones de poder o de las redes sociales. Comprende numerosas entradas de su blog, así como ensayos escritos específicamente para este libro. Con un estilo beligerante y directo, al tiempo que cuidadosamente elaborado, reflexiona sobre cuestiones como la lucha contra la invisibilización de las mujeres, la perseverancia necesaria para progresar como escritora, la importancia del cambio cultural...Que encuentran eco en muchas personas, interesadas o no e la cultura geek. Su escritura elocente, provocadora y brutalmente honesta, es universal.

Su lectura me ha parecido: honesta, crítica, necesaria, sin concesión alguna, inspiradora, revolucionaria, instructiva, enriquecedora, totalmente imprescindible...Queridísimas lectoras y lectores, en el título del libro que hoy tengo el honor de reseñar contiene una palabra, "geek", cuyo significado para mi era totalmente desconocido hasta ahora. "Geek" viene a ser a grandes rasgos un término que se utiliza para referirse a la persona fascinada principalmente por la tecnología y la informática. El desarrollo del término no ha sido igual en todos los ámbitos y culturas, aunque sí ha se mantenido asociada la palabra "friki" (más conocida por el común de los mortales) como sinónimo. Antes la palabra "geek" se usaba de forma despectiva y asociándola o bien con ciertos objetos (ordenador, videojuegos...) o bien con una serie de adjetivos muy concretos (perdedora/or, asocial, solitaria/o, perdedora/or, impersonal...). Las personas "geeks" suelen ser creativas, hasta el punto de convertirse en los creadores de sus propias áreas de interés. Por ejemplo, si son amantes de los cómics, no dudan en dibujar y guionizar sus propias historietas. Si les apasionan los videojuegos, suelen crear y difundir sus propios juegos de computadora o lanzarse a elaborar teorías sobre sus personajes favoritos. Lo mismo sucede en el ámbito del cine, la televisión o la literatura. El "geek" hace un uso intensivo de las nuevas tecnologías, convirtiendo a internet en el medio de expresión cultural e intercambio de gustos, aficiones y opiniones sobre los temas que les apasionan. Y para acabar, según lo que he podido leer, la o él que se define como "geek" siente especial atracción por la ciencia ficción (ya sea televisiva, literaria o cinematográfica), llegando a convertir a algunas creaciones audiovisuales (Star Wars, Star Trek, Back to the Future, Matrix, Blade Runner o las series Lost, Alias, Heroes entre otras) y del mundo del libro (Farenheit 451, Yo Robot, gran parte de las novelas de Stanislaw Lem...) en auténticos iconos que sobreviven al paso del tiempo. Pero como todo en esta vida, ni estas características generales se cumplen a rajatabla (pues cada persona es un mundo y dentro de la cultura "geek" también) ni este ámbito se libra de sufrir la lacra del machismo más peligroso y que actúa con total impunidad. De esto y más se habla en el que, por méritos propios, se acaba de convertir en uno de los mejores textos de no ficción que he leído en lo que llevamos de año. Un libro que espero que trascienda y que sean muchos, identificados o no con el ámbito en el que se desarrolla, los que lo lean y recomienden con fervor. La Revolución Feminista Geek: la reivindicación de la mujer geek.


La historia de como La Revolución Feminista Geek llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para ser más justa, debería empezar este apartado confesando que jamás había oído hablar del mundo "geek", pero si del "friki", que en siempre se presenta, como he comentado en el primer párrafo, como el sinónimo más extendido. Cuando era más joven, durante mi adolescencia, la palabra "friki" se usaba para describir a ese minúsculo grupo (formado por chicos en su totalidad) que no se amoldaban a los gustos mayoritarios del resto. De hecho, se podría decir que mi mejor amiga de por aquel entonces (actualmente vinculada al mundo del diseño de videojuegos) y una servidora pertenecíamos a él, siendo ella la que más aficiones y gustos sobre el mundo del entretenimiento virtual compartía con el resto. Los videojuegos, las novelas de fantasía, el manga, los cómics de súper héroes...Todos temas para mi desconocidos y que en algunos casos, como el de los videojuegos por ejemplo, me gustaban más bien poco.  No obstante, en cuanto me pongo a pensar en aquellos recuerdos de adolescencia me doy cuenta de que sólo éramos dos (o tres a veces) chicas respecto a más de cinco tíos hablando sobre estos temas. Y sólo ahora me percato de lo poco representada que me sentía con algunos de aquellos productos de discusión y disfrute. No me sentía desplazada, al contrario, pero si una especie de bicho raro entre los dos polos opuestos de aquel momento, entre lo convencional y lo extravagante, o lo que la gente definía cruelmente como "estúpido". Superé el instituto, el bachillerato y la universidad sin que me gustasen los videojuegos y los mangas; y no por ello me sentí mal. Sin embargo, no fue hasta mi ingreso en los estudios superiores cuando me percaté que lo "friki" se había puesto de moda, o al menos, se había dejado de ver como algo peyorativo. Gente que nunca me imaginé perteneciente a la llamada "cultura friki" comenzó a ver series como Juego de Tronos, leer con fervor a H.G. Wells o a vestir camisetas con el casco de Darth Vader o el logo de Superman impreso en ellas. Si antes era motivo de burla, en ese momento todos se definían frikis argumentando ser una apasionada/do de un tema en concreto, incluso si este excedía del universo friki. Una tónica que continua hasta nuestros días y que se ha visto reforzada gracias en particular a la serie televisiva The Big Bang Theory, en la que se cumple a rajatabla el estereotipo del friki y que ha conseguido conectar con el público especialmente gracias a esa exageración no tan alejada de la realidad del hombre geek. Y si, digo hombre, porque las mujeres que aparecen en la serie no lo son, por lo que en el fondo la serie parece mostrar un modelo patriarcal geek: hombre, blanco, con gran inteligencia, apasionado de las nuevas tecnologías y con un punto antisocial. Un modelo en el que posiblemente muchos hombres geeks se hayan podido ver reflejados, y que por el contrario, no encontramos a la mujer representada en el universo geek. Es en este contexto, en el que me he ido interesando por la figura de la mujer en la ficción, apareció ante mis ojos el presente libro, La Revolución Feminista Geek. En un primer momento dudé en darle una oportunidad, pues como no estaba muy familiarizada con el mundo geek, pensé que no lo disfrutaría tanto. Craso error, pues el libro de Hurley duró días en mis manos, jornadas en las que me adentré en un mundo para mi desconocido y que ahora miro con otros ojos.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos apuntando que La Revolución Feminista Geek presenta una lectura potente, directa y sin concesiones de ningún tipo. Su sinceridad es abrumadora, al igual que si ingenio para captar la atención del lector a través de la ironía, una ironía muy fina y que solo hace acto de presencia cuando toca, pues para hablar de temas serios, Hurley no tiene problema en cambiar el tono y hacer que el lector pase de esa media sonrisa a la estupefacción. Y es que en La Revolución Feminista Geek se tocan muchos temas, algunos de ellos bastante impactantes y que como lectores en un mundo cada vez más conectado los tenemos que conocer y sin filtro alguno. Antes de pasar a analizar en profundidad el libro, es importante comentar que La Revolución Feminista Geek es una colección de breves ensayos (37 en total), la mayoría de ellos extraídos de su blog, otros escritos expresamente para la publicación de este volumen y uno de ellos (titulado Siempre hemos luchado: cuestionando la narración de "mujeres, ganado y esclavos") merecedor en el año 2013 del Premio Hugo siendo éste el primer texto de no ficción en ganar el prestigioso galardón. Que no os asuste el hecho de que no sea novela. Ya sé que Kameron Hurley nos tiene más acostumbrados a la ficción que al ensayo, pero creedme cuando os digo que éste libro merece, y más en la actualidad, nuestros cinco sentidos puestos sobre él. La Revolución Feminista Geek se divide en cuatro capítulos perfectamente diferenciados. El primero de ellos, "Subir de nivel", está dedicado al trabajo del escritora/or y a la ardua tarea de escribir un texto, ya sea de ficción o de no ficción. Hurley habla sin tapujos de los problemas a los que la o el aspirante a novelista se tiene que enfrentar (falta de inspiración, bloqueo, presión social, horarios de trabajo, invisibilidad, falta de apoyo, menosprecios hacia el oficio...) y define a la escritura como una carrera de fondo. El que la autora/or vea publicado su primer escrito es un triunfo, sí, pero también el inicio de una incansable lucha contra todo tipo de situaciones que pueden acabar minando la autoestima y la determinación de cualquier escritora. Pues claro está, si eres mujer y escribes ciencia ficción, todavía es más difícil triunfar o por lo menos que los lectores sepan de ti y de tu obra que si eres hombre y escribes ciencia ficción. A lo largo de este capítulo, como escritora, me he visto bastante reflejada en algunos apartados, sobre todo por el sentimiento de culpa que a veces me entra cuando veo que mi trabajo no está bien visto por la gente, haciéndote sentir que estás perdiendo el tiempo. En el segundo, "Geek", ha sido sin duda la parte más instructiva y que como lectora más he disfrutado, pues Hurley se extiende analizando la representación de la mujer y los problemas de género en la ficción literaria y audiovisual. Los análisis que hace sobre True Detective y Mad Max: Furia en la Carretera son de lo mejor del libro en general. Estos ejemplos le sirven a la autora como excusa para reflexionar sobre el tipo de ficción que estamos consumiendo y el poder de ésta para cambiar el actual "statu quo"  en el que lo masculino se impone sobre lo femenino. En el tercero, "En lo personal", haciendo honor al título del capítulo, Hurley se adentra en el terreno más íntimo para hablarnos de las experiencias que a ella le han marcado como escritora de ciencia ficción. Esta es la parte más emocionante del libro, pues algunas de sus historias destacan por su dureza. Su primera y tóxica relación sentimental siendo adolescente, el acoso sufrido por los integrantes del "gamer gate" a través de internet o la vez que estuvo a punto de morir con veintipocos años de edad tras pasar dos días en coma. Hay quien dice que los escritores se inspiran en su propia biografía para poder escribir, pero en el caso de Kameron Hurley, tendría más sentido decir que la vida, y sus vicisitudes, te forja como escritora. Y por último, el cuarto capítulo, "Revolución", a modo de conclusión Hurley expone de forma contundente que somos nosotros los que debemos enfrentarnos al racismo, al machismo, al acoso o a la censura. Como por su puesto, no tolerar actos tan despreciables como el secuestro del Premio Hugo de novela que tuvo lugar hace un par de años por parte de los trolls del "Gamergate". Una vez desgranado uno a uno cada apartado del libro sólo me queda deciros, pediros y rogaros que lo leáis. Da lo mismo, es perfecto tanto para personas que conocen en profundidad la cultura geek como para quienes como yo es la primera vez que nos adentramos en este tema. Habla de temas muy necesarios y que merecen una reflexión por parte del lector, además de ofrecer una panorámica novedosa de lo geek y todo lo que le envuelve. Todos lo pueden llegar a entender y a amar, pues libros como el de Kameron Hurley hay pocos por desgracia en este mundo.



A lo largo de La Revolución Feminista Geek Hurley lanza a los lectores varios mensajes que no deben caer en saco roto y que hoy, porque sí y porque me da la gana, me dispongo a plasmar en este último párrafo dedicado al debate y a la opinión crítica. En primer lugar, algo que puede parecernos obvio: no rendirse. Toda escritora, pues a ellas principalmente se refiere en este ensayo, debe ser constante y disciplinada en el proceso de creación literaria, sin olvidar disfrutar durante las semanas, meses o años que dure la escritura de un libro. Sin embargo, Hurley denuncia las diferentes vicisitudes a las que la mujer escritora debe enfrentarse tanto en su día a día como en el terreno profesional. Y de entre todas ellas, la invisibilidad, parece ser la más peligrosa. El machismo sigue instaurado entorno a ellas, a las mujeres escritoras, un machismo que difunde prejuicios y estereotipos que por desgracia consiguen calar hondo y que promueve esa temida invisibilidad. Una discriminación que en géneros literarios como los de la ciencia ficción, en el que Hurley se mueve como pez en el agua, es tal vez más notable, pues tradicionalmente ha sido monopolio de los autores, no de las autoras. Es muy revelador ese desglose que la autora hace, citando a la escritora de ciencia ficción Joanna Russ, en relación al canon de prejuicios relacionados con la mujer escritora: "Ella no lo hizo", "ella lo escribió pero no debería haberlo hecho", "lo escribió pero fíjate sobre qué escribió", "lo escribió pero solo escribió uno", "lo escribió pero la ayudaron", "lo escribió pero es una anomalía"...Frases que nos escandalizan cuando las leemos pero que se escuchan y se pronuncian en los círculos literarios e intelectuales más de lo que podamos imaginar.  En segundo lugar, un cambio urgente en el tratamiento del género femenino en el mundo audiovisual y literario, principalmente en series, películas y novelas. Mujeres floreros, víctimas, principio de pitufina, la señora personaje masculino, damiselas en apuros, la hipersexualización...Toda una serie de patrones de eje patriarcal que tanto hombres como mujeres consumen de forma continua, aunque evidentemente éstos están dirigidos especialmente al público masculino. Incluso a día de hoy es difícil que una mujer consiga identificarse con los personajes femeninos de las series, cómics o películas del universo geek. Por ello, y aprovechando el inmenso poder amplificador de estos productos audiovisuales y literarios, Hurley aboga por una transformación, un cambio en el paradigma, o dicho de otro modo, presentar modelos femeninos alejados de la construcción patriarcal. Hurley no llama al boicot, sino al cambio, porque el pasado no se puede cambiar, en cambio el futuro todavía está por decidir. En tercer lugar, algo fundamental: atesorar cada experiencia vivida como mujer y como persona en esta sociedad. Cada recuerdo, cada vivencia, cada palabra...Todo puede constituir el germen de una buena historia y formar como escritora, incluso los malos momentos. En este sentido, Hurley se explaya hablando de los trolls del llamado "Gamergate" y de su particular campaña de acoso hacia mujeres relacionadas con el mundo del videojuego, la novela de ciencia ficción y demás ámbitos de la cultura geek que o bien formaban parte de ella con orgullo o bien alzaban la voz para denunciar el machismo en sus respectivas industrias. Unos ataques que se elevaron de tono, hasta el punto de que algunas mujeres llegaron a recibir amenazas muy específicas y en algunos casos provocar la muerte (el mes pasado saltó la noticia del suicidio de la desarrolladora de videojuegos Chole Sagal a causa del terrible acoso perpetrado por los integrantes del portal). El Gamergate, un problema que no ocupa titulares, del que no hablan en la televisión, que la mayoría de personas desconoce, pero que está ahí y no duda en resurgir cada vez que una mujer publica un libro de ciencia ficción o se atreve a hablar de feminizar la industria del videojuego. Y en cuarto y último lugar, Hurley insta a la revolución. Un movimiento a pequeña y gran escala, desde las personas anónimas hasta las que tienen el privilegio de tener todos los días un altavoz. Un cambio que sólo nosotros como sociedad podemos llevar a cabo para conseguir que el machismo, el racismo, la homofobia o la censura sean erradicados de todos los ámbitos. Hace una semana tuvo lugar el Celsius 232 en la ciudad asturiana de Avilés, el mayor festival de literatura de ciencia ficción, terror y fantasía de España. Una edición marcada por la presencia de un gran número de escritoras (algunas de ellas de extraordinaria juventud) en las presentaciones, conferencias, firmas y talleres realizados durante la semana que duró el festival. Escritoras que no dudaron en inmortalizar su asistencia en la foto que precede a este párrafo, a los pies de la catedral de Avilés y posando con sus respectivas obras. En la fotografía aparece Kameron Hurley (autora de este ensayo) y Elisabetta Gnone (autora de las WITCH y de Fairy Oak) como las escritoras estrella de la edición. Sin embargo, en la foto aparecen un buen puñado de autoras españolas consolidadas en los ya nombrados géneros literarios como Elia Barceló, Sofía Rehi o Geòrgia Costa (la mitad del productivo dúo literario que forma con Fer Alcalá). Así como escritoras jovencísimas y llenas de talento como Marta Álvarez, Patricia García Ferrer, Laura Tárraga, Esther G. Recuero, Alba Quintas Garciandia, Iria G. Parente, Selene M. Pascual o África Vázquez Beltran entre otras. Un acto, una intención, una imagen que evidencia la disposición a un cambio y como las generaciones venideras están más concienciadas que nunca. Y de paso, ya que estamos, para callar bocas, pues luego dirán que sólo son cinco o seis. La Revolución Feminista Geek: un libro de confesiones, lucha, reivindicación, denuncia, rabia, videojuegos, cómics, películas frikis...Un ensayo que inspira y que mira al futuro desde una nave violeta.

Frases o párrafos favoritos:

"No os puedo garantizar, jóvenes escritoras, que las cosas vayan a mejorar. No voy a fingir que no os van a trolear, acosar, amenazar u hostigar. Pero lo que sí puedo prometer es que no estáis solas en la lucha."

Película/Canción: en lugar de adjuntaros el videoclip de alguna canción o el tráiler de alguna de las películas o series analizadas en este libro por Kameron Hurley, he pensado que lo mejor sería acudir a Anita Sarkeeshian. Licenciada en ciencias de la comunicación, Sarkeeshian se hizo famosa por haber denunciado la sexualización, estereotipación y la objetualización de los personajes femeninos en los videojuegos. Creadora del proyecto "Frecuencia Feminista" y conferenciante ha sido desde entonces el blanco del acoso por parte del Gamergate, llegando incluso a recibir amenazas de asesinato. Aquí os adjunto el enlace a una de sus conferencias más famosas. Os recomiendo que le echéis un ojo, merece la pena.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

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