Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

lunes, 10 de julio de 2017

RESEÑA: La Abadía de Northanger.

LA ABADÍA DE NORTHANGER

Título: La Abadía de Northanger.

Autor: Jane Austen (1775-1817) era la hija menor de un pastor protestante que se ocupó personalmente de su educación. Llevó siempre una existencia apacible en diversos lugares del sur de Inglaterra y permaneció soltera. Siendo testigo de la época de la Regencia, empezó a escribir con tan solo 16 años, en una época en la que la que a la mujer se le asignaba un rol más tradicional y sujeto a las normas de una sociedad estrictamente patriarcal. Además de Orgullo y prejuicio, su novela más importante y famosa, también escribió Mansfield Park, Emma, Sensatez y sentimiento, La abadía de Northanger o Persuasión entre otras; además de escribir una abundante cantidad de diarios personales que retratan y reflejan la realidad de una época. Su obra es una fabrica de generar controversia, interpretaciones, alabanzas y lo que es más importante; una atracción especial hacia un público más amplio y menos especializado. Murió de tuberculosis a los 41 años dejando incompleta Los Watson, quien años después su sobrina, la también escritora Catherine Hubback, sería quien la finalizase.

Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: Miguel Ángel Pérez Pérez.

Sinopsis: la vida de la joven Catherine Morland - miembro de una numerosa familia de un modesto clérigo rural - discurre apaciblemente en la campiña inglesa, donde se entrega con pasión a su distracción favorita: leer novelas de género gótico, llenas de pasadizos secretos, mazmorras y misterios. Una invitación en la vida real, sin embargo, la lleva a la ciudad de Bath, donde ella y su hermano James establecerán relaciones con los Thrope, ambiciosos y manipuladores, y los Tinley. vástagos de una distinguida familia cuya hacienda, que ostenta el pintoresco nombre de "Abadía de Northanger", despierta en Catherine las más escalofriantes y deliciosas expectativas.

Su historia me ha parecido: interesante, amena, sorprendentemente ligera, misteriosa, tremendamente irónica, cómica incluso...Estos días me siento algo melancólica, una sensación que va en aumento a medida que pasan los días y voy avanzando en la redacción de esta reseña. Las imágenes se suceden en mi cabeza, una tras otra, como bellos recuerdos que ansío atesorar toda mi vida. Las extensiones infinitas de hierba fresca, el paseo a la orilla del río, el olor a naturaleza, el graznar de los patos al pasar por mi lado, las retorcidas formas de los árboles, la maravillosa sensación de estar descubriendo algo nuevo y por supuesto Ham House. Ya os hablé de mi pequeña excursión matutina por Richmond y de como aquella experiencia, aunque para muchos os resulte un poco insustancial, resultó enormemente enriquecedora. Aquella vez visité Londres, sus calles, algunos de sus barrios más famosos, sus monumentos, y haciéndolo, sentía que estaba cumpliendo un sueño anhelado durante años. Sin embargo, no se si fue por cansancio o porque aquello era lo que de verdad necesitaba, pero aquel paseo por Richmond, en soledad, tranquila, me aportó más de lo que yo hubiese podido imaginar. Hoy, de vuelta al presente, a mi ciudad natal, a mis quehaceres diarios, a mis escritos y a mis lecturas, me encuentro con este libro que hoy tengo el placer de presentaros. No se ambienta en Richmond, tampoco en Londres, pero leyéndola me he vuelto a transportar a esos paisajes que tanto me impactaron, cuyo halo de misterio los impregnaba y a los que espero volver más pronto que tarde. La Abadía de Northanger: fina crítica, novelas góticas y el incontrolable poder de la imaginación.


La historia de como La Abadía de Northanger llegó a mis manos y a ocupar, posteriormente, un lugar destacado en mi apreciada y abarrotada librería es bien sencilla. Pero antes de llegar a ese desenlace, tenemos que remontarnos a cuando empecé a sentir la necesidad e hacer justicia. Como muchos y muchas bien sabréis, pues, lo he contado aquí más de una vez, decidí hace un tiempo ponerme en serio con la literatura escrita por mujeres. Simplemente porque consideré que ya era hora de cambiar las tornas y de hacer visible la labor de la mujer escritora a lo largo de la historia. Por ello y desde hace unos meses, cada vez son más las escritoras, venidas de épocas muy dispares, las que he decidido incluir en esta biblioteca virtual a través de las pertinentes reseñas literarias de sus libros. Unas con mayor fortuna que otras, han conseguido salvarse del olvido, como Jane Austen, autora a la que este año estamos dedicando un espacio especial reseñando sus obras más importantes, tradición que espero que continúe por muchos años y con nombres de mujeres escritoras diferentes. Lo cierto es que Jane Austen no es precisamente una de esas grandes escritoras olvidadas por la historia, es más, probablemente sea una de las más famosas y reconocidas a nivel mundial. Su particular universo y su retrato de una época tan apasionante como injusta para la mujer, han logrado colarse en la cultura popular. No obstante, y en parte esta es una de las razones por las que decidí dedicar este año a Jane Austen en el blog, fue porque pienso sinceramente que sus novelas no se han leído con la profundidad que merecen y que se ha transmitido una idea de las novelas que, aunque románticas, son algo más que eso. En mi particular viaje por la literatura austeniana, una servidora ha dejado atrás a obras como Orgullo y prejuicio y Persuasión, cuyas reseñas podéis encontrar en el presente blog, y era el momento de adentrarme en otra de sus novelas más conocidas y queridas La Abadía de Northanger, cuyas criticas por parte de otros compañeros de la blogsfera no dudaban en situarla entre las mejores de la autora. Gracias a Alianza Editorial pude hacerme con un ejemplar y sólo tras finalizar su lectura, comprendí su potencial, aunque para mi gusto no está a la altura de Orgullo y prejuicio porque, simplemente, es diferente.


Centrándonos en la crítica literaria, comenzaremos diciendo que La Abadía de Northanger presenta una lectura que, contra todo pronóstico, me pareció de lo más amena, mucho más que las anteriores novelas que he leído de Jane Austen. No puedo decir que en este sentido haya subido peldaños en el ranking de sus mejores novelas en ese sentido, sin embargo, si que tengo que reconocer que ésta es de momento la que puede conectar mejor con el lector, con el de antes y con el de ahora, pues no se hace pesada su lectura en ningún momento y gracias a esa ironía tan característica de la autora, contribuye a que el libro sea más atractivo. La Abadía de Northanger narra la historia de Catherine Morland, un personaje del que nos ocuparemos más adelante, y la suya es la historia de una joven que va aprendiendo y dejando poco a poco atrás la inocencia en un mundo donde la situación de la mujer seguía siendo de falta de libertad y de independencia. En lo que respecta a Catherine Morland tengo que sincerarme, yo misma no la calificaría de heroína como se suele hacer, de hecho, me parece un tanto exagerado. Si bien es cierto que en la novela asistimos a su transformación y madurez, no posee el mismo empaque que otras protagonistas del universo Austen. Catherine Morland es tal vez la protagonista que menos me ha gustado hasta el momento, por su falta de interés hacia el estudio, por esa perenne inocencia infantil y por ese carácter ingenuo y crédulo que le hace protagonizar alguna que otra escena cómica. Eso si, no todo es malo en ella, Jane Austen le concede al personaje un don muy importante y que también le hará meterse en algún que otro lío, el de la imaginación, que en su caso, será desbordante. Esta se ve reforzada por su obsesión, más que pasión, por la novela gótica a la que Jane Austen dedica algunas páginas de este libro. Su opinión sobre ellas es ligeramente crítica, incluso se permite el lujo de citar libros reales de la época y usarlos como parte de las lecturas que estimularán la imaginación de la protagonista, tal es el caso de Los misterios de Udolfo o The Italian ambas escritas por Anne Radcliffe. En lo que respecta a otros personajes, encontramos a Henry Tilney, que resulta no corresponderse con el típico galán austeniano, pragmático y exento de romanticismo, al que poco a poco veremos expresar sus sentimientos verdaderos. Aunque sinceramente, el personaje que más me ha gustado ha sido Isabella Thrope, manipuladora, inteligente, egoísta, sin posibles ni conexiones para poder ascender socialmente. Su obsesión por encontrar un esposo para escalar posiciones en la burguesía podría resultar una mordaz crítica a la sociedad de su tiempo. Mención a parte merecen las exquisitas descripciones de Bath, de la abadía y de su entorno, logrando que el lector se transporte inmediatamente a esos lugares. Por último, cabe comentar que La Abadía de Northanger podría definirse como una de las novelas más divertidas de Jane Austen. Tirando de su ya mítica ironía y aprovechando la forma de ser de Catherine Morland, la autora consigue darle una nueva dimensión a La Abadía de Northanger sin perder nunca esa personalidad que la caracteriza y que le ha convertido en una escritora inmortal.


En lo que respecta a la reflexión y aunque La Abadía de Northanger da para más de una, he preferido decantarme por la que más inquietud me ha despertado. En la presente novela se habla de otras novelas, de novelas góticas en concreto, donde los castillos tenebrosos, los fantasmas, los pasadizos secretos o los misterios sin resolver son sus elementos más característicos y parodiados al mismo momento. Además de ser una novela de maduración personal, La Abadía de Northanger también es un libro donde se observa el entorno a través de unos ojos influenciados por todas esas historias tenebrosas. Dicho de otra forma, Catherine Morland, la protagonista, ve la vida como si se tratase de una de esas novelas góticas que tanto admira. Una existencia llena de intrigas, peligros y de enigmas que merecen una respuesta. Evidentemente, y como ya se demuestra en el libro de forma bastante cómica, la vida no es una novela gótica ni la que podemos encontrar en cualquier otra. No obstante, y esto algunos autores lo han logrado plasmar, la vida, la realidad de su tiempo, puede apreciarse en su obra. Incluso hay quien hace de ella su seña de identidad en el mundo de la literatura. Los buenos libros nos hacen viajar, llorar, amar, empatizar con los personajes, ponernos en su misma piel, observar, oler, saborear, acariciar... Y lo más importante, nos enseñan. Hasta la novela más insulsa puede contener alguna enseñanza que merezca ser tenida en cuenta. Gracias a los libros podemos comprobar como era la existencia en un tiempo determinado del pasado, como trabajaban, en qué pensaban, cuales eran sus opiniones respecto a temas de vital importancia en su época, cuales eran sus obligaciones, sus miedos, sus sueños, sus angustias, su concepto de felicidad, de tristeza, de amor. ¿Cómo les afectan los cambios? ¿Y la rutina? ¿Y su propio pasado? Evidentemente, si nos queremos especializar, debemos acudir a los libros de Historia, pero, no esta de mas pasearse de vez en cuando por novelas que, aunque subjetivamente, nos transporten a épocas pasadas. No hace falta una novela histórica para ello, sólo hace falta interés y un poco de valentía para leer a los clásicos, representantes de una época que nunca volverá y cuyo testimonio novelado siempre podrá formar parte de nuestros referentes. La vida no es una novela, tal y como Catherine Morland cree en un principio, pero la vida si que puede servir para escribir un libro. La Abadía de Northanger: una historia de amor, equívocos, situaciones cómicas, inocencia, aprendizaje, intereses, literatura...Una novela de iniciación al más puro estilo Jane Austen.

Frases o párrafos favoritos:

"Sin embargo, cualquier cosa, por incomprensible que nos parezca, tiene explicación si se indaga las causas que la originan"

Película/Canción: como ha sucedido con otras novelas de Jane Austen, La Abadía de Northanger ha sido adaptada a la televisión en dos ocasiones. La primera en 1986 y la más reciente en el 2007, donde apreciamos las interpretaciones de unas jovencísimas Felicity Jones y Carey Mulligan en los papeles de Catherine Morland e Isabella Thrope respectivamente. Actrices que por aquel entonces comenzaban a hacer sus pinitos en la interpretación frente a las cámaras y que hoy en día se han convertido en dos de las actrices británcias más solicitadas del momento. Aquí os dejo el tráiler de esta última adaptación:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

viernes, 7 de julio de 2017

RESEÑA: Un amor que destruye ciudades.

UN AMOR QUE DESTRUYE CIUDADES

Título: Un amor que destruye ciudades.

Autor: Eileen Chang (1920-1995) nació en el seno de una familia de clase alta de Shanghái. Su madre fue una mujer moderna educada en Inglaterra; su padre un adicto al opio de ideas tradicionales. El matrimonio terminó en divorcio y Eileen quedaría bajo la custodia de su padre, hasta que los maltratos a los que éste la sometía la obligaron a irse a vivir con su madre. Tras la invasión japonesa en Hong Kong en 1941, en cuya universidad estudiaba literatura, volvió a la también ocupada Shanghái, donde empezó a publicar en revistas los cuentos y nouvelles que la convirtieron en una famosa escritora. En 1944 se casó con Hu Lancheng, un político que colaboraba con los japoneses y del que se divorciaría tres años después. La llegada de los comunistas al poder la llevaría a EEUU en 1955, donde moriría cuarenta años más tarde sin haber vuelto nunca a China. Durante sus años en EEUU, Chang dio clases en distintas universidades y continuó escribiendo ensayos, narrativa y guiones para películas rodadas en Hong Kong, durante el régimen comunista sus libros quedaron relegados en la China continental por motivos políticos. En los años noventa, coincidiendo con la apertura del régimen y el ascenso de una pujante clase media, su obra fue redescubierta con gran éxito. Entre sus libros destacan La jaula dorada, La rosa roja y la rosa blanca, Un amor que destruye ciudades y Deseo y peligro (llevada al cine por el oscarizado director Ang Lee en 2007).


Editorial: Libros del Asteroide.

Idioma: chino.

Traductor: Anne-Hélène Suárez y Qu Xianghong.

Sinopsis: Un amor que destruye ciudades está ambientada en la China de los años cuarenta: los Bai, una familia tradicional de Shanghái, buscan pretendiente para una de sus hijas solteras. Cuando la señora Xu les presente a un rico heredero, Fan Liuyuan, este se quedará prendado de otra de las hermanas: la joven y bella divorciada Liusu, quien ante la animadversión de sus hermanos decide instalarse en Hong Kong, y alejarse del yugo familiar.

Su lectura me ha parecido: breve, intensa, sorprendente, pequeña, interesante, reflexiva, contundente en sus explícitas críticas...Queridos lectores y lectoras ¿Qué tendrá la literatura de extremo oriente que nos gusta tanto? ¿Será esa prosa tan delicada e intensa lo que nos atrae? ¿Tal vez la capacidad de algunos autores por tocar la fibra sensible del lector? ¿O quizás ese marcado enfrentamiento entre el mundo rural y las grandes ciudades, o lo que es lo mismo, entre la tradición y la modernidad? Muchos de los de mi generación nos introdujimos en la literatura de esta serie de países gracias a Haruki Murakami. Si, ese escritor japonés que protagoniza más de un meme cuando se acercan las fechas del anuncio del Premio Nobel de Literatura, pero que sin embargo, logró cautivar a millones de lectores en todo el mundo gracias a su originalidad y belleza en su escritura, dignas de merecer algún día, si es que los académicos quieren, dicho premio tan importante. Gracias a Murakami aprendimos mucho de la cultura japonesa, de las diferencias abismales entre el campo y las metrópolis, del arrollador poder de los sentimientos, de como el pasado a veces puede condicionar nuestro presente y de la brevedad de la vida. Pasado un tiempo y tras este boom procedente de Japón, las editoriales, síntoma de que las cosas afortunadamente están empezando a cambiar, empezaron a editar y a traducir al castellano textos nunca antes vistos en nuestro país, libros cuya temática no nos es desconocida pero originales en cuanto a su forma de narrarlos, de expresarlos, de contarlos. Todos ellos firmados con nombres de autores y autoras procedentes de Japón, China, Corea del Sur, Vietnam...Y lo más importante, publicados en sus países de origen desde hace años y siglos incluso. Unos nos llegan precedidos por la enorme influencia cultural en sus países de origen, otros por su carácter novedoso y avanzado, pero también los hay, que permanecieron olvidados y censurados por las autoridades políticas de su tiempo, algo que le sucedió precisamente al libro que hoy tengo el placer de reseñar. Un amor que destruye ciudades: un canto al amor, a la independencia de la mujer y a la literatura de alto voltaje.


La historia de como Un amor que destruye ciudades llegó a mis manos es bien sencilla. Sin embargo, creo que conviene, y más en este caso, empezar por el principio. Como ya he dejado caer en el primer párrafo, una servidora vivió la época de máxima fama y apogeo de Haruki Murakami. La gente hablaba maravillas de sus libros, pero sobre todo, de su forma de narrar, tan personal, tan intensa, tan bella. Pasó un tiempo antes de que pudiese adentrarme en las páginas de uno de sus libros más famosos Tokio Blues, cuya lectura siempre recordaré por ese cambio que experimenté en lo concerniente al acto de leer. Sabía que no iba a lograr, ni en un millón de años, igualarlo en calidad a la hora de escribir mis propios relatos, pero a partir de Tokio Blues, empecé a fijarme más en los detalles estilísticos y a ser más analítica cuando disfrutaba de una lectura. Aprendí que además de pasármelo estupendamente, también podía aprender al mismo tiempo. Tras esa primera novela leí otras posteriores del autor, con mejor o peor resultado, y entre tanto, comencé a sentir curiosidad por la literatura de otros países del entorno. Sin embargo, ese empujón que necesitaba llegó gracias a una asignatura cursada durante mis años universitarios. En ella, el profesor nos habló de África, Oriente Próximo y Extremo Oriente, ahondó en sus respectivos procesos históricos durante la edad contemporánea. Desde ese momento, una servidora empezó a fijarse en todos esos títulos clásicos que las editoriales empezaban a publicar, y pronto sentí esa curiosidad tan característica en mi, esa indomable inquietud que sacude y acrecienta mis ganas de seguir aprendiendo, descubriendo, explorando. Y de este modo, gracias a ese conjunto de factores, acabé haciéndome con un ejemplar de Un amor que destruye ciudades, escrito por Eileen Chang y traducido por primera vez en castellano. No se si fue exactamente su historia, que la editorial lo promocionaba o las dos cosas a la vez lo que me atrajo a primera vista. Lo que si que sabía a ciencia cierta es que el sólo hecho de presentarse como una lectura que desde otros blogs y plataformas digitales se recomendaba fervientemente, acabó por convencerme ligeramente. Lo que vino después queda explicado en el siguiente párrafo.


Centrándonos en la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Un amor que destruye ciudades no es sólo encontramos Un amor que destruye ciudades, si no que nos depara una sorpresa mayúscula, la incorporación de un relato corto de gran originalidad. Es cierto que la editorial ha apostado por hacer más visible su texto más largo, Un amor que destruye ciudades, sin embargo, y aunque si que es cierto que encontramos una pequeña mención a este relato, creo que deberían haber promocionado Bloqueados igual que el otro, pues su calidad literaria no desmerece. Como nos encontramos ante un libro con dos historias, realizaremos la reseña por separado. En primer lugar, nada mas iniciar su lectura,  nos topamos con el texto que da título al presente libro, Un amor que destruye ciudades, que nos traslada al Shanghái de los años 40 del siglo XX y nos introduce en una historia de amor exenta de edulcorantes y con una crítica encubierta muy potente. Lo primero que nos llama la atención es su prosa ligera, ágil pero intensa al mismo tiempo. Este texto se presta a una lectura fácil y rápida, esa a la que poco a poco nos están acostumbrando, pero que sin duda, merece un lector mucho más analítico y abierto. Seguidamente, y como es tradición en este tipo de literatura, nos encontramos con esa intención de hacer ver al lector como la tradición, a pesar de los avances, sigue imperando en una sociedad como la china. Si en algunos clásicos de la literatura europea o norteamericana éste aspecto nos parece habitual y reiterativo en ocasiones, leyendo a Eileen Chang, éste adquiere una dimensión diferente, más incisiva si cabe, como pretendiendo visibilizar aún más que es un problema de actualidad y de lejano origen. Por otro lado, y aunque es cierto que se intuye el contexto en el que se ambienta la novela, la autora logra que la acción en ocasiones escape de él, logrando una inusual autonomía que pocas veces he apreciado en otras novelas. Las acciones de los personajes importan más que lo que sucede ahí fuera, aunque en última instancia, el tiempo y las circunstancias históricas acabarán por condicionar a los personajes en las últimas páginas del libro. Mención especial merece esa reflexión entorno a la independencia de la mujer, siempre necesaria y que en el caso del presente escrito, resulta hasta reivindicativo. En segundo lugar, y en lo que respecta al relato corto Bloqueados, me ha parecido de una originalidad pasmosa, ya me gustaría a mi encontrar esa introspección y esa originalidad en mis propios relatos. En a penas unos minutos la autora estira la acción hasta evidenciar una realidad, y es que mientras el mundo se para, los pasajeros de un tren logran en poco tiempo ponerse en el lugar de la persona que les gustaría ser, imaginan cambiar de vida, aunque solamente sea por unos segundos. Un instante en el que dejan volar sus deseos más ocultos mientras que la realidad se ha congelado al otro lado del cristal.


Como conclusión a la redacción de esta reseña, en esta ocasión, me gustaría plantear mi reflexión personal a partir de las siguientes palabras de la autora. Según Eileen Chang: "Sólo quiero escribir sobre las cosas triviales que suceden entre hombres y mujeres; no hay guerra ni revolución en mi obra porque creo que cuando las personas se enamoran, son más inocentes y están más desamparadas que cuando luchan en guerras y revoluciones." Hay que tener en cuenta que gran parte de la literatura de Chang se desarrolló en tiempos muy convulsos para China y, todo hay que decirlo, es interesante encontrarse con una escritora que está mas interesada en cuestiones que escapan a la guerra y a la revolución, en clara diferencia a lo que años más tarde sucedería de la mano de Mao Zedong. Retomando las palabras de la escritora china, he de reconocer que en parte tiene razón, es verdad que ante ese contexto, muchos autores se ven influenciados por el contexto de guerra para denunciar la situación a través de sus novelas, y luego esta Eileen Chang, cuyo punto de vista al respecto no deja de ser interesante. Al escribir sobre sentimientos tan poderosos como el amor, la envidia, la tristeza o el miedo creas una atmósfera única y que, si se hace bien, puede incluso quedar para la posteridad. Pero de sentimientos vacíos no va la cosa en Eileen Chang, al contrario, si volvemos la vista a la época en la que comenzó a escribir y a labrarse un futuro como escritora, nos damos cuenta que su prosa tiene más peso si cabe, pues, los sentimientos, en este caso el amor, cambia a las personas. No es lo mismo estar enamorado o enamorada en tiempos de paz que en tiempos de guerra, no se puede ni comparar, es más, ni siquiera logro encontrar palabras para describirlo, simplemente, cuando la realidad esta teñida de llantos y sangre, nadie esta para pensar en el amor. Sin embargo, Chang logra que esos sentimientos permanezcan igual de poderosos a pesar de la destrucción y de la incertidumbre política, y eso a fin de cuentas, es algo que nos debería hacer reflexionar detenidamente sobre si eso es cierto, si se puede amar con intensidad cuando el mundo se desmorona al rededor. Por otro lado, las palabras de la autora también remiten a una cuestión a la que no solemos prestar atención. La historia está plagada de grandes personajes: reyes,  militares, cronistas, papas...Cuyas opiniones han trascendido hasta la posteridad, pero ¿Qué hay del campesino que trabajaba la tierra mientras se estaba produciendo la Revolución Rusa? ¿Y de la joven que trabajaba de sol a sol en una de las muchas fábricas londinenses durante el XIX? ¿Quién sabe que pensaba la gente de un poblado machacado por el avance del colonialismo en África? Hasta hace poco, nadie se preocupaba por ellos, ni siquiera los propios historiadores. Eileen Chang en este libro demuestra que esas historias, aunque procedentes de su privilegiada imaginación, por muy insignificantes que parezcan, al fin y al cabo, son mujeres y hombres, quienes a pesar de no ostentar el poder, pueden hablar y contar su experiencia, su propia historia. Un amor que destruye ciudades: una historia de amor, pasión, tradición, modernidad, rebelión...Una novela corta y un relato que nos dejan con ganas de más escritos de Eileen Chang.

Frases o párrafos favoritos:

"Primeras nupcias, cuestión de familia. Segundas nupcias, cuestión personal."

"La ciudad de Shanghái entera se había echado una cabezada y había tenido un sueño absurdo."

Película/Canción: aunque de estos textos no hay noticias de una posible adaptación televisiva o cinematográfica, lo cierto es que uno de sus libros, Deseo, peligro se adaptó con gran éxito al cine de la mano de el reputado director Ang Lee. El padre de Brokeback Mountain y La vida de Pi nos regaló en el año 2007 esta interesante adaptación. Aquí os dejo con una pieza de su interesante banda sonora:


¡Un saludo y a seguir leyendo!

lunes, 3 de julio de 2017

RESEÑA: La culpa.

LA CULPA

Título: La culpa.

Autor: Kate Chopin (1850-1904), comenzó su carrera literaria tras la muerte de su marido. Escribió dos novelas y gran cantidad de relatos, además de cuentos infantiles. Su obra causó controversia por su directo tratamiento de la sexualidad y su abordaje de temas tabú para la época. Actualmente es reconocida como una autora fundamental de la literatura feminista, y su segunda novela, El despertar, se ha convertido en un clásico.

Editorial: Defausta.

Idioma: inglés.

Traductor: Susana Prieto Mori.

Sinopsis: Thérèse Lafirme se ve obligada al enviudar a ocuparse de sola de su plantación en Luisiana. Sus fuertes convicciones morales y religiosas le impiden aceptar la proposición matrimonial de David Hosmer, un hombre se negocios divorciado, pese al profundo amor que tiente por él. Un magnífico retrato de una sociedad sureña económicamente desgarrada por las tensiones raciales y el eterno conflicto entre las necesidades personales, familiares y sociales.

Su lectura me ha parecido: breve, intensa, muy avanzada para su época, clásica, interesante, controvertida...Queridos lectores y lectoras, la literatura norteamericana, a pesar de ser una de las más jóvenes, está plagada de grandes escritores. Caracterizada por la influencia anglosajona en las primeras épocas y por su capacidad de evolucionar hacia un estilo más autóctono en última instancia, ésta ha sabido estar presente entre nuestras lecturas habituales. A todos se nos viene algún nombre a la cabeza. La inolvidable poesía de Walt Whitman, las oportunas reflexiones de Henry David Thoreau, las descripciones psicológicas de Nathaniel Hawthorne, la feroz crítica de Mark Twain o la revolución en el relato que llevó a cabo el grandísimo Edgar Allan Poe. La lista es larguísima ya en el siglo XIX, a la que se añadirían autores como William Faulkner, T.S Eliot, Raymond Chandler, F. Scott Fitzgerald, Henry Miller, Ernest Hemingway, John Steinbeck, Truman Capote, Paul Auster, Philip Roth o Tenesse Williams entre otros. No obstante, es más difícil que nos acordemos de ellas, pues también hubo mujeres escritoras en los Estados Unidos de América. No suelen ser sus nombres los primeros que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en literatura estadounidense, pero lo cierto es que las había. Emily Dikinson, Edith Wharton, Gertrude Stein, Flannery O´Connor, Harper Lee, Maya Angelou o Sylvia Plath pertenecen a ese privilegiado y selecto club de las que consiguieron hacerse un importante hueco en el panorama literario y cultural de su país natal. No obstante, entre los recovecos de la historia, encontramos otros nombres de mujer que injustamente no aparecen tan asiduamente junto al sus coetáneos, como es el caso de la autora cuya novela hoy tengo el placer de reseñar. La culpa: una vuelta de tuerca a las historias de amor tradicionales.


La historia de como La culpa llegó a mis manos fue sencilla, pero es necesario empezar por el verdadero principio. Como bien sabréis, durante estos últimos años, como lectora y como persona, he tomado la decisión de ampliar mis horizontes y no acallar esa maravillosa curiosidad que desde siempre he tenido hacia los libros y la literatura. Esa inquietud, que en ocasiones me ha dado buen resultado, me ha llevado a interesarme por un cierto tipo de libros, esos que parecen nuevos ante nuestros ojos pero que en realidad no lo son, esos que llevan años e incluso siglos publicados, esos que aparecen traducidos por primera vez en mucho tiempo al castellano, esos cuyo título y autor no nos suenan de nada, esos que cuentan historias que en muchos casos son igual de buenas que las de los más insignes, esos que cuya pluma nos transportan a mundos y que nos ofrecen otras perspectivas de un mismo tema... En definitiva, los best sellers están muy bien pero, aunque sea de vez en cuando, uno necesita empaparse de esas pequeñas y desconocidas joyitas. La culpa de Kate Chopin pertenecía a esa clase de libros, lo supe nada mas leer tanto la escueta biografía de la autora como la sinopsis del libro. Además de ser uno de esos tesoros literarios que no se encuentran tan fácilmente, estaba escrito por una mujer, y si duda, fue esto último lo que me hizo desear adentrarme en sus paginas. Lo veía, cada vez que me adentraba en alguna de las librerías que pueblan mi ciudad, ahí, expuesto, humildemente, pero derrochando atractivo literario. Finalmente y gracias a Defausta, pude por fin satisfacer ese hambre lector que llevaba tantos meses dentro de mi. Tardé un tiempo en poder iniciar su lectura como tocaba, aún así, y sólo cuando mis dedos acariciaron la última página, supe que mi instinto seguía más en forma que nunca.



En lo que respecta a la crítica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que La culpa presenta una lectura entretenida, ágil y sorprendentemente amena. La verdad es que siempre es un gustazo comprobar como la literatura universal es capaz de atraer incluso al lector menos versado en estas lides. En mi caso, me alegró enormemente toparme con un libro que por un lado viene de una época apasionante de la historia de Estados Unidos y que por otro, no deja de resultar tan actual para los tiempos que corren. Seguidamente, he de confesar que, irremediablemente y espero no estar cometiendo un sacrilegio, La culpa me recordó ligeramente al universo de Lo que el viento se llevó. El mundo rural, la protagonista de fuerte carácter, las diferencias entre el campo y la ciudad, la situación de los esclavos afroamericanos, un amor apasionado, envidias feroces...Todo aquel que me conozca un poco sabrá que soy una auténtica fan de esa famosa película, si, se que es infinitamente larga y que ahora aburriría a más de uno, pero no puedo evitarlo. Me fascinan sus diálogos, la fotografía, el vestuario y la interpretación de Vivien Leigh como la famosísima Escarlata O´Hara siempre será uno de mis referentes. Como era de esperar y aunque La culpa se diferencia un poco de Lo que el viento se llevó, disfruté mucho de esta experiencia lectora, me gustó de alguna manera reencontrarme con ese mundo tan cinematográfico y literario al mismo tiempo que tanto me fascina. Eso si, en La culpa me faltó un poco de descripción del contexto histórico en el que se desarrolla la novela. Cuando me adentro de un libro, sea el que sea, me gusta observar como la acción de los personajes se ven condicionadas por la época y sus hechos históricos. Sin embargo, en La culpa, a penas se ofrecen pinceladas, si bien es cierto que enseguida intuimos que nos encontramos en plena Guerra de Secesión, pero en ningún momento se hace referencia a ella, ni parece que exista un problema racial con los sirvientes de la casa. Esto puede significar dos cosas, o bien que la autora simpatizase con la causa del sur o que, simplemente, quisiese dar más protagonismo al drama de sus personajes principales, lo que parece más probable. En relación con esto último, cabe mencionar que La culpa narra una historia de amor atípica, donde no tiene cabida el sentimentalismo tan típico de este tipo de novelas, lo cual, el lector acaba agradeciendo enormemente. Y en donde además, nos topamos con dilemas morales que para esa época eran trascendentales, como la cuestión del divorcio enfrentado a las fuertes y arraigadas creencias religiosas. No quiero desvelar mucho más en este sentido, pues, creo que lo mejor es que el lector acabe de descubrirlo por su cuenta, pero, os aseguro que la historia, desde ese prisma no tiene desperdicio. Por último, dos breves apuntes. En primer lugar, me ha sorprendido toparme con el acento, si es que se le puede llamar así, de los esclavos afroamericanos. Seguramente no sea el término más correcto, pero, sinceramente, creo que ha sido todo un acierto reflejarlo, pues enriquece fonéticamente la novela. Y en segundo lugar, una pequeña pega, el tamaño de la letra unido a la falta de espacio en el interlineado disuaden un poco su lectura. En mi caso no ha sido así, pero, quien no esté acostumbrado, puede jugar en contra del libro y de la historia que en él se narra.  


En este último párrafo, y hoy más que nunca, quiero dejar constancia de mi opinión. Antes meditaba sobre el tema a abordar en la reflexión final. Mi cabeza giraba entorno a cuestiones como el mundo del campo, la atemporalidad de esta novela o las representaciones femeninas y masculinas que Kate Chopin realiza en esta novela. Sin embargo, un artículo en prensa lo cambió todo. Hace unos días, la polémica saltaba del papel a las redes sociales, Javier Marías, conocido escritor y habitual columnista, cargó contra el feminismo moderno y criticó las alabanzas hacia la poetisa Gloria Fuertes, pues, según su opinión, no es tan buena como nos quieren hacer creer. Dejando a un lado la cuestión de Gloria Fuertes, una escritora como la copa de un pino por cierto, me gustaría a propósito de esta reseña comentar algo. Todos conocemos a autoras ilustres que han pasado a la historia: Jane Austen, Charlotte Brontë, Edith Wharton, Carmen Laforet, Rosa Chacel, Emilia Pardo Bazán...Eso está claro, pero, ¿sabemos quién fue Marian Engel? ¿Angela Carter? ¿Luisa Carnés? ¿Frances Burney? ¿Torbor Nedreaas? ¿Sofía Fédorchenko? ¿Margaret Cavendish? ¿O la propia Kate Chopin? ¿No verdad? ¿Por qué será? Javier Marías diría que porque no fueron buenas en su tiempo y se burlaría del feminismo por tratar de ponerlas en valor, yo digo que ha sido el machismo más repugnante el que ha permitido que caigan en el olvido.  Pues queridos lectores y lectoras, éstas autoras, han sido algunas de las que han irrumpido en mi vida por sorpresa gracias a esa impresionante labor que están realizando algunas de las editoriales más humildes pero enormemente comprometidas con el lector. Unas me han gustado más que otras, eso está claro, pero, no por ello, desprecio su trabajo, su labor en el campo de la literatura, sus estilos y sus temas tan oportunos para los tiempos que corren. Es más, y parece que a Marías se le ha olvidado, que muchas de las autoras que nombra, sufrieron en carne propia el machismo de su época, las dificultades para poder llegar a publicar, y como no, las barreras que les impedía estar intelectualmente a la altura de los hombres. Sin ir más lejos, en el caso de dos autoras españolas que el artículo se nombran, la una fue rechazada una tras otra sus candidaturas a ingresar en la RAE y la otra vio como su carrera literaria se truncaba por envidias de sus compañeros escritores y por un contexto de postguerra que retenía a las mujeres en el hogar. Es cierto que ahora, todas ellas reciben el respeto y la admiración de los lectores del siglo XXI, pero también hay que ser conscientes de lo mucho que ellas pelearon y el esfuerzo que editorialmente se ha hecho para situarlas en el lugar que les corresponde. Con esa perspectiva histórica y esa concienciación uno aprende a ser más abierto de mente, más analítico, más crítico y ver más allá de esos argumentos que sólo hacen que menospreciar el trabajo de las editoriales y de las autoras también. Libros como La culpa, tan bien escritos y tan modernos para su tiempo, nos deben hacer reflexionar sobre la importancia de ese rescate literario, de ese amor por los lectores, de ese compromiso con la sociedad, de ese intento por ofrecer a las futuras generaciones de mujeres modelos en los que poder reflejarse o imitar. No todo es maravilloso ni estupendo en los libros escritos por mujeres, pero, hay literatura más allá del corpus clásico, más historias, más mujeres increíbles que están deseando ser leídas, aunque en muchos casos éstas lo hagan desgraciadamente desde la tumba. La culpa: una historia de amor, ambición, campos de algodón, envidias, religión...Una novela recuperada para el gran público, un libro que llega desde el pasado para reflexionar sobre el presente.

Frases o párrafos favoritos:

"Seguía preguntándose "¿Hice lo correcto?", y debía acatar la respuesta a aquella pregunta, ya fuera con la fría satisfacción de haber cumplido esa virtud o con el imperecedero remordimiento que apuntaba a una meta en cuyas laberínticas posibilidades su alma se perdía y desvanecía."

Película/Canción: aunque todavía no existan noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva, aquí os dejo la pieza de BSO que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña, evocadora y delicada.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Defausta Editorial


martes, 27 de junio de 2017

RESEÑA: Bonavia

BONAVIA

Título: Bonavia.

Autor: Dragan Velikic (Belgrado 1953) es uno de los escritores serbios con más proyección del panorama actual. Cuando tenía solo cinco años, su padre, oficial de la Marina, fue destinado a Pula, ciudad en la que se quedaría hasta que llegó el momento de emprender estudios universitarios. Licenciado en Literatura Comparada y Teoría Literaria por la Universidad de Belgrado, en 1994 comenzó a trabajar como editor de Radio B92. En 1999 abandonó su empleo para comenzar a redactar sus propias columnas para diversas publicaciones de tirada nacional, como Vreme o Danas. En el año 2009 fue nombrado embajador de la República Serbia y Montenegro en Austria. En 2007 obtuvo el galardón más prestigioso de su país, el premio NIN a la mejor novela del año, con La ventana rusa, y años más tarde, en 2015, volvería a ser reconocido con el mismo galardón por El forense, que además se convertiría en el libro más solicitado en bibliotecas serbias en 2016. Miembro de la sociedad literaria de Serbia, ha publicado más de una decena de novelas, que han sido traducidas a quince idiomas. En castellano ha aparecido su novela Plaza de Dante (1997). En la actualidad vive en Belgrado.


Editorial: Impedimenta.

Idioma: serbio.

Traductor: Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek.

Sinopsis: Dragan Velikic nos presenta las vidas entrelazadas de unos personajes que intentan restablecerse tras los estragos de la Guerra de Yugoslavia y su disolución. Miljan, un restaurador que huyó de su Belgrado natal para instalarse en Viena, abandonando a su hijo recién nacido, se ocupa ahora de su nieto Sinisa, Marija, una filóloga con pánico a la soledad, conoce, ante el consulado húngaro, a Marko, un novelista frustrado, que escribe una "guía para evitar disgustos". Kristina, cumpliendo la profecía que una adivina le lanzó la noche de su graduación, cruza "el agua grande" para comenzar de nuevo en Boston. Bonavia es la historia de un viaje y de muchos viajes. Un laberinto que nos demuestra que, aunque nos esforcemos en borrarlo, el pasado siempre vuelve.

Su historia me ha parecido: intensa, poderosa, emotiva, impactante, lacrimógena, bien escrita, fuertemente armada y rabiosamente actual...Queridos lectores, desde hace unos años, una servidora lleva observando un fenómeno bastante curioso pero no por ello necesario. Tanto en el campo de la ficción como en el de los ensayos, el aficionado a la lectura y a las buenas historias, esas que de verdad cuentan cosas, observa como proliferan numerosos libros dedicados a temas tan importantes como la memoria, la guerra y las consecuencias de la misma desde el prisma de quienes les toco vivir la peor parte. Así mismo, también se está poniendo en valor a base de reediciones, la figura de ciertos escritores que padecieron el exilio como Sandor Marai o Stefan Zweig, éste último siendo uno de los intelectuales más citados en la actualidad por la delicadeza de sus novelas y por el acertado y atemporal análisis de sus ensayos de corte histórico. Vivimos tiempos convulsos, eso lo sabemos todos, los medios de comunicación ya nos lo recuerdan a cada hora, y la literatura no es ajena a todas esas impactantes imágenes, protagonizadas por aquellos que huyen de su país para salvar la vida y la de los suyos, y que en muchos casos, perecen en el intento. La novela que hoy tengo el placer de reseñar va de eso, de vidas rotas, de huidas, del trauma que supone la guerra, de empezar de cero en un lugar desconocido. Algo que por desgracia, nos resulta demasiado familiar. Bonavia: historias entrelazadas, voces de la experiencia exigiendo ser escuchadas.


La historia de como Bonavia llegó a mis manos es bien sencilla, sin embargo, y para ser más justos, debería empezar esta reseña por el verdadero principio: el descubrimiento de otras vías de investigación histórica. Como muchos ya sabéis, el pasado curso asistí a las clases del master de especialización en Historia Contemporánea que organiza todos los años la facultad de Geografía e Historia donde cursé mis estudios universitarios. Hace tan sólo unos días, invadida por los nervios y el hartazgo, no dejaba de repetirme a mi misma que había perdido un tiempo maravilloso y que ese master no me iba a servir para nada. Pasada una semana, me puse a pensar, a meditar, necesitaba convencerme de nuevo que había merecido la pena, y si, si que lo había merecido, pues, en él, tuve la extraordinaria oportunidad de trabajar con un tipo de fuente única: los testimonios. En mi caso fue un texto escrito, de una persona que había estado encerrada en una cárcel franquista, cuyo sello estaba acuñado en algunas de sus páginas, lo que me hizo tomar conciencia de la importancia de la historia y de sus protagonistas, aunque éstos fuesen anónimos. Aquel trabajo me descubrió un campo de investigación nuevo para mi, en el que no había trabajado antes y que suscitó en mi pequeñas y grandes reflexiones que sin duda, me acompañarán el resto de mis días. Tras esa intensa experiencia, mi curiosidad intelectual se despertó, inquieta, como si de la noche a la mañana alguien hubiese liberado un torbellino de interés, expectante a novedades. Necesitaba leer más testimonios, conocer más vidas, comprender desde sus ojos cómo ellos veían el mundo que les tocó vivir. Desde entonces son muchos los libros de estas características, ya sean desde la ficción o desde un testimonio verídico, los que han pasado por mis manos, y entre ellos, Bonavia acabó por quedarse para siempre en mi particular biblioteca y en un lugar privilegiado de mi memoria. Hasta ese momento, no tenía mucha idea de las Guerras Yugoslavas, había leído mucho sobre la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Guerra de Vietnam, pero de la también conocida como Guerra de los Balcanes poco sabía. Si que había visto alguna película al respecto, pero me faltaba ese acercamiento literario al conflicto, y Bonavia parecía cumplir esa doble función, la de satisfacer mi interés por conocer el contexto y la de empaparme de nuevo de una lectura donde el testimonio, aunque fuese ficticio, iba a jugar un papel fundamental. Pasado un tiempo y gracias a Impedimenta, logré hacerme con un ejemplar que devoré a pasos agigantados, obteniendo como resultado pertinentes reflexiones que hoy, más que nunca, conviene plantear.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Bonavia presenta una lectura sencilla y ligera, pero que merece por el contrario leerse con calma. No nos encontramos ante el típico best seller que te acabas en pocos días, Bonavia exige, por su tema e intensidad, una lectura más pausada, deteniéndose en los detalles y en la personalidad de cada uno de los personajes. Es más, para que la experiencia sea todavía más enriquecedora, os aconsejaría que a lo largo de la lectura no dudéis en consultar cuestiones referentes a la Guerra de los Balcanes. Si se conoce previamente a grandes rasgos en que consistió el conflicto, la lectura de Bonavia será mucho más completa. Seguidamente, en lo que respecta a la estructura del libro, hay que decir que Bonavia se presenta al lector como una novela coral, perfectamente estructurada y en donde cada personaje cuenta su historia sin miramientos, sin filtro alguno, dejando de este modo al descubierto las distintas caras de la guerra y del exilio. En este sentido, Bonavia podría definirse como una mezcla de influencias procedentes de diferentes tradiciones literarias. En primer lugar, encuentro cierto parecido con La colmena de Camilo José Cela, en el sentido de que Velikic retrata las vidas de los personajes, aparentemente diferentes entre ellos, pero que los une el contexto y la experiencia de la guerra. Si en La colmena ese nexo de unión son la terrible postguerra tras la Guerra Civil Española, en Bonavia lo que une a cada uno de los personajes es el recuerdo del conflicto, los traumas y como desde la distancia han sabido convivir con ello. La diferencia, que en la novela del nobel español la acción transcurre en una geografía determinada y en la de Dagan Velikic traspasa fronteras geográficas. En segundo lugar, existe cierta similitud con los libros de la Premio Nobel de Literatura Svetlana Alekievich, en los que los testimonios y la experiencia vivida son la base de su literatura. En el caso de Bonavia, esto sucede, no desde la primera persona, pero si de forma más narrativa, más literaria, dejando que las propias circunstancias propicien que los personajes hablen, como si se desprendiesen poco a poco de esas capas que los protegen ante la adversidad y la cotidianeidad lejos de su casa. En tercer lugar, Bonavia se impregna de la influencia de autores tan importantes como los ya mencionados Sandor Marai y Stefan Zweig, cuyas vidas fueron enormemente condicionadas por el exilio. Al mostrar un estilo tan similar al de estos dos ilustres autores, no podemos evitar pensar que existe una clara intención detrás de esta novela, la de recuperar esa tradición literaria y actualizarla para los lectores del siglo XXI. El contexto actual lo exige, necesita novelas de este estilo, así que no es tan descabellado pensar lo contrario. En lo que respecta a los personajes, he de felicitar a Velikic, pues ha sabido retratar esa sociedad post-yugoslava desde una serie de voces que representan a la perfección cada sector de edad. Aunque si tuviese que quedarme con alguno, me quedo con los de Miljan y Kristina, pues sus historias me parecen de las más duras y reflejan bastante bien la perspectiva que ofrece la diferencia de edad, no es lo mismo la mirada hacia el pasado de un hombre mayor que la de una joven con toda la vida por delante. Por último y ya para acabar, me gustaría remarcar la importancia de la intensidad en Bonavia. Ésta es tal que es imposible no empatizar con los personajes y llegar incluso a derramar una lágrima de impotencia, pero también de resignación ante un mundo que desde los años 90, en ciertas cuestiones, no ha cambiado demasiado.


En lo que respecta a la reflexión final, y como cabía de esperar, ésta, queridos lectores y lectoras, es más necesaria que nunca. Mientras buscaba información para la redacción de esta reseña, me he topado con infinidad de instantáneas escalofriantes. Campos de tumbas, edificios en llamas y cuerpos sin vida sobre el asfalto de las grandes ciudades. Sin embargo, hubieron ciertas fotografías que lograron que se me encogiera el estómago. En ellas, miles de personas caminaban, portando como único equipaje las pocas pertenencias que habían logrado salvar y un poso de experiencia traumática difícil de olvidar. Fue entonces cuando, tras observar dichas imágenes, recordé aquellas fotografías en blanco y negro de quienes escapaban de la represión de los sublevados durante la Guerra Civil Española. Todos hemos visto alguna vez, a través de documentales o reportajes en televisión, como familias enteras cruzaban los Pirineos con lo puesto, soportando el frío y la nieve del invierno, algunos con los pies descalzos y portando en brazos a los más pequeños. Testimonios visuales de una guerra que directamente nos recuerdan a lo que está sucediendo en la actualidad. Si comparamos las imágenes de los refugiados de la Guerra Civil o de la Guerra de los Balcanes con las de los actuales refugiados sirios, observaremos que no existe a penas diferencia alguna. Europa, mal que nos pese, ha vivido periodos de gran convulsión que han desembocado en su mayoría en devastadoras guerras, cuyas principales víctimas son siempre quienes no tienen la culpa. También, Europa ha sabido dialogar, consensuar, debatir, en definitiva, estar unida ante cualquier adversidad y problema que ha surgido a lo largo de estos últimos años. Sin embargo, ante la conocida ya como la crisis de los refugiados, procedentes en su mayoría desde la devastada Siria, no ha sabido encontrar una solución, ni atajar el problema, ni evitar el sufrimiento de miles de refugiados que sólo pretenden escapar del horror y de la guerra. Hace unos días, todos conocíamos la noticia, el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2017 recaía en la Unión Europea. Durante la lectura, el jurado del galardón destacó su modelo de "integración política" así como de ser la embajadora de la libertad, los derechos humanos y la solidaridad. En fin, visto lo visto y tras haber leído Bonavia, considero una autentico atropello conceder este premio a la Unión Europea, además de un insulto a todas esas personas que han sufrido la insolidaridad de Europa estos últimos años, una Europa que dice ser abierta pero que no duda en establecer barreras y poner trabas a quienes quieren vivir en su territorio. De integración política si que puede dar cierto ejemplo, aunque en los últimos tiempos las tensiones son más evidentes que nunca, pero debe aprender urgentemente a desarrollar su faceta como integradora social. Lecturas como Bonavia nos hacen que seamos más conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor y de como las injusticias siguen produciéndose, machacando los derechos y las libertades por un lado y premiando a los auténticos culpables de todo ese sufrimiento por otro. En vez de acoger, dificultamos o directamente cerramos la puerta, y eso, queridos lectores y lectoras, como sociedad no podemos consentirlo. Bonavia: una historia de viajes forzosos, exilio, recuerdos terribles, supervivencia, redención, añoranza...Una novela de raíces arrancadas de cuajo y de la posibilidad de volver a ver la luz al final del túnel.

Frases o párrafos favoritos:

"La escena de esa última noche en Europa le suele acudir a la mente cuando después de un día duro se acuesta en la cama de su guarida bostoniana y la mano se le va sola al muslo. Empieza a elegir a un acompañante para pasar la noche. Se le acercan en la oscuridad. Está indecisa. Emergen de las brujas del tiempo ¡Hay que ver lo que archiva su memoria! Los archiva sus pensamientos, pero los ve por primera vez."

Película/Canción: al ser un libro muy reciente, obviamente no cuenta con adaptaciones televisivas o cinematográficas. Sin embargo, y como va siendo costumbre en Jimena de la Almena, os adjunto la impresionante pieza que me ha acompañado durante la redacción de esta reseña. Totalmente adecuada.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Impedimenta

martes, 20 de junio de 2017

RESEÑA: Karl y Anna.

KARL Y ANNA

Título: Karl y Anna.

Autor: Leonhard Frank (Wüzburg 1882-Múnich 1961) e origen humilde, llevó a cabo múltiples trabajos: mecánico, chófer, pintor de edificios, celador de hospital... Gracias a su talento para la pintura estudió bellas artes durante seis años en Múnich y en 1910 se instaló en Berlín. Humanista, pacifista y antifascista, llevado por la exaltación de la bohemia de Múnich y más tarde por la efervescencia intelectual y artística de Berlín, Frank creyó siempre en el poder transformador de la literatura. Durante la Primera Guerra Mundial se exilió a Suiza. Sus primeros trabajos literarios vieron la luz en este periodo. En 1918 volvió a Alemania, convencido ya de dedicar su vida a la escritura, que le proporcionaría premios tan prestigiosos como el Theodor Fontane o el Kleist. Su novela Karl y Anna obtuvo un gigantesco éxito internacional, se convertía en una obra de teatro representada en salas de todo el mundo e incluso Hollywood se inspiraría en ella para la película Desire Me. A pesar de esto, en 1933 se prohibieron y quemaron todos sus libros en Alemania. Se exilió entonces de nuevo: primero a Suiza, luego a Francia (donde fue hecho prisionero tres veces) y, más tarde, a Portugal y Estados Unidos. Tras diecisiete años de exilio, regresó a un país en ruinas, pero eso no impidió que siguiese escribiendo. Frank es también autor de la fundamental A la izquierda, donde está el corazón.


Editorial: Errata Naturae.

Idioma: Alemán.

Traductor: Elena Sánchez Zwickel

Sinopsis: en plena Primera Guerra Mundial, Richard, el marido de Anna, sobrevive y trabaja con Karl durante unos meses en un campo de prisioneros siberiano. Día tras día, para hacer más llevadera su situación, le narra a su inseparable compañero cada detalle, esencial o sin importancia, de su pasada vida con Anna, a la que añora continuamente. La situación de desamparo, las vividas evocaciones de Richard, la nostalgia de un amor verdadero lograrán al fin que Karl se enamore de esa imagen femenina que con el tiempo ha adquirido para él rasgos cada vez más reales, con sus texturas y olores, con sus deseos; una imagen que lo impulsa también, al fin, a vivir y renacer tras el desastre- El azar separará a ambos amigos, y Karl huirá hacia Alemania para conocer al fin a Anna y hacerse pasar por su marido, sirviéndose de su parecido físico con Richard y de las terribles inseguridades provocadas por la guerra.

Su lectura me ha parecido: breve, concreta, interesante, típica, bien escrita, poderosamente reflexiva, intensa, muy recomendable...Queridos lectores y lectoras, todos hemos querido ser otra persona. Se que suena muy extraño así de buenas a primeras, pero es cierto, es algo que todos y cada uno de nosotros hemos deseado, al menos una vez en la vida. ¿Quién no ha soñado con ocupar el lugar de otro? ¿Quién no ha ansiado vivir la vida de alguien a quien admiramos o envidiamos? ¿Quién no ha intentado? o al menos ¿Quién no lo ha pensado en esos momentos de gran desazón y pesimismo? Todos tenemos ídolos a los que tratamos de emular, hay quien se conforma con adoptar su forma de vestir, pero hay quien lo lleva al extremo y directamente pretende convertirse en un clon. Pero también los hay que, lejos de las más altas pretensiones, se pondrían sin dudarlo en la piel y en el cuerpo de ese o esa, quien por su posición, su situación familiar, sus aspiraciones personales o su vida en general se nos antoja mejor que la nuestra. Es entonces cuando os lanzo las preguntas más pertinentes al respecto ¿Qué pasaría si el camino para lograr nuestro objetivo estuviese libre? ¿Si esa persona a la que tanto veneramos de repente desaparece sin dejar rastro? ¿Y si por el azar del destino, éste nos ha brindado la oportunidad de ocupar su lugar? De esto y de otras muchas cuestiones se habla en la siguiente novela que hoy tengo el placer de presentaros, que aunque muy típica en su planteamiento, nos hace por el contrario reflexionar y comprender un contexto interesante histórico. Karl y Anna: delicadeza y emoción con implicaciones sociales.


El por qué un libro como Karl y Anna llegó a mis manos y de paso a engrosar mi apreciada estantería, tiene su propia historia. La verdad es que éste es uno de esos libros a los que una servidora le había echado el ojo desde hacía bastante tiempo, desde que Errata Naturae lanzó la presente edición al mercado. Karl y Anna era un libro que perseguía con la mirada y que siempre buscaba cada vez que entraba en alguna librería de mi ciudad. Su sinopsis, aunque realmente típica, me atrajo desde el primer momento, algo que la verdad no es muy propio de mi. Adoro la originalidad y sorprenderme mientras leo, pero, lo cierto es que me sorprendí a mi misma interesándome por un relato cuyo tema ha sido explotado a lo largo de la literatura. No se, algo dentro de mi decía que Karl y Anna no iba a ser un libro cualquiera. En cuanto supe en qué contexto vio este libro la luz comencé a percatarme de que había algo más y de que seguramente, iba a ser una de esas lecturas que acabaría de seguro recomendando. Años después y gracias a la propia editorial, pude al fin, acariciar con mis dedos su portada y respirar el aroma que desprendían las páginas de cualquier libro que esperas con gran expectación. Reconozco, no obstante, que en los días previos a la lectura, los prejuicios acudirían raudos a mi cabeza. Tal vez había tenido un momento de debilidad, o no estaba en lo cierto al confiar tanto en este libro. Sin embargo, una vez abrí la novela por la primera página, tuve la sensación de quedar atrapada en ella. Sentí sumergirme en una época compleja y que con el tiempo, y gracias a la literatura de ciertos autores, ha acabado por fascinarme. Finalmente, y tras ese intenso recorrido, pude por fin despedirme de Karl y Anna, con la certeza de que había algo más allá del estereotipo novelístico.


En lo que respecta a la critica propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Karl y Anna presenta una lectura sencilla pero ágil, breve pero intensa. Repito lo mismo que ya dije en la reseña de Agnes Grey, cuanto menos páginas, más se acentúan las emociones, si se hace bien claro. En el caso de Karl y Anna sucede lo mismo que con la novela de Anne Brontë, nos topamos ya no sólo con esa acentuación de la intensidad, también con una prosa exquisita y envolvente, capaz de transportar al lector y hacerle partícipe de la trama. Cual privilegiado espectador, el autor logra implicar a éste en la novela hasta el punto de obligarle a reflexionar, algo que a una servidora en particular le ha encantado realizar. Cabe ponernos en situación: Karl y Anna cuenta una historia de amor en la que intervienen tres personajes. Primero está Karl, quien se enamora de una imagen idealizada de Anna, la mujer de su compañero y amigo Richard, con quien soporta el día a día en un campo de prisioneros siberiano. Tras una fortuita separación, Karl se dirigirá a Berlín para conocer a Anna haciéndose pasar por su marido. En segundo lugar está Anna, quien pasa en soledad los años de la guerra y que a la llegada de ese que dice ser Karl, se encuentra ante un dilema: echar al farsante o entregarse a él sabiendo que no es su marido. Y en tercer lugar, la figura de Richard, el eterno ausente, el nombre que sobrevuela incesante las vidas y las conciencias de Karl y Anna. En definitiva, nos encontramos ante la clásica usurpación de identidad que tantas veces hemos visto en el cine y en alguna que otra novela. Este aspecto, sin duda, fue el que hizo que dudase de la singularidad de Karl y Anna, sin embargo, Frank logra que esta historia no pase desapercibida y que no se quede en lo superficial, algo que si que se aprecia en otros libros. Para conseguirlo, Frank se basa en el contexto histórico de su tiempo, esos años tras la Primera Guerra Mundial, en los que los recuerdos de lo vivido todavía siguen a flor de piel y en los que se empieza a apreciar las primeras consecuencias de la misma. Es más, situar la acción en el Berlín de la postguerra le aporta a la historia un plus, pues, el lector está acostumbrado a leer libros que transcurren en esta época, pero desde la perspectiva estadounidense o anglosajona mayoritariamente, por lo que resulta una novedad y un puerta abierta a descubrir la realidad en uno de los países perdedores y más castigados tras la guerra. Y claro, en un entorno histórico y social como ese, una historia como la que Frank nos narra no resulta inverosímil, hasta nos hace pensar que pudo haber ocurrido de verdad. Por último, y de forma muy breve, me ha encantado la construcción del personaje de Anna, porque toma partido, porque no es un objeto pasivo y porque representa perfectamente a todas esas mujeres que durante la contienda tuvieron que soportar la soledad, la incertidumbre y que lograron crear redes de solidaridad para ayudarse unas a otras para sobrellevar los días, los meses, los años... A la espera de que sus esposos e hijos regresasen. Todo ello, y eso me ha parecido muy acertado, sin ese halo romántico e irreal que siempre ha acompañado tradicionalmente estas situaciones. La cruda realidad, sin idealismos, sin artificios.

Centrándonos en la pertinente reflexión final, he de confesaros que me ha resultado relativamente fácil escoger el tema en cuestión. Y no, no son las profundas meditaciones que uno se hace si intenta ponerse en la piel de Anna, como tampoco la fuerza imparable e los sentimientos humanos en circunstancias adversas. No, nada de eso. Hoy me gustaría centrar este último párrafo en hablar de la guerra. Si, eso que deseamos que nunca suceda, pero que sin embargo, cuando ésta acontece al otro lado del mundo, en un país más pobre o en vías de desarrollo, la mezquindad humana surge en su faceta más miserable. La guerra, como acontecimiento, trae como consecuencia infinidad de cambios políticos, económicos, sociales y culturales. Además de la proliferación de nuevas ideas relacionadas con la psicología o la memoria misma. Esto es así, tras toda guerra, el pensamiento experimenta un notable cambio en el ser humano, y eso se refleja en infinidad de trabajos, algunos de ellos estrictamente relacionados con la literatura. Después de una guerra aparecen nuevos temas, nuevos conflictos, nuevos dilemas, nuevas circunstancias históricas que merecen ser plasmadas sobre el papel. Fomentando de esta forma la aparición de auténticos y prolíficos movimientos culturales o generaciones de escritores y escritoras que quisieron participar de estos años de forma activa. Este por ejemplo es el caso de la famosa generación perdida, que aglutinó a personalidades tan importantes como Ernest Hemingway, T.S Eliot, Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, John Dos Passos, Dorothy Parker, John Steinbeck o Gertrude Stein entre otros. Esta generación surgió de los estragos de la Primera Guerra Mundial, de hecho, algunos de sus componentes llegaron a combatir en la misma, y sus temas oscilan entre el pesimismo, el descreimiento, los felices años veinte, la bohemia parisina o en última instancia el crack del 29. Durante esos años de entre guerras también surgió otro movimiento cultural menos conocido, vinculado a Berlín, Austria y Suiza y cuyos exponentes respondían a los nombres de Thomas Mann, Herman Hesse, Stefan Zweig o Pierre-Jean Jouve entre otros. El autor de Karl y Anna, Leonhard Frank participó de la bohemia de Múnich y de ella, y del exilio que sufrió durante la Primera Guerra Mundial, se empapó para crear su producción literaria, llegando a tener un notable éxito en vida. Con esto no quiero decir que tiene que haber una guerra para que haya una posterior explosión cultural e intelectual, sólo quiero resaltar algo muy importante. La experiencia vivida conforma el carácter de una persona, y si en esa experiencia la guerra, el sufrimiento, la impotencia o el exilio han estado presentes, la personalidad no será la misma, será diferente de quien no haya vivido todo eso en carne propia. Lo mismo sucede con la escritura, susceptible a cualquier cambio y a cualquier recuerdo personal, por lo que, y hoy mas que nunca, hay que leer a estos autores. No sólo por lo que fueron y por lo que nos pueden transmitir, también en claro homenaje a sus correspondientes figuras y a su discurso tras años de injusto desprecio y de terrible olvido. Karl y Anna: una historia de amor, desesperación, soledad, cariño, remordimientos... Una novela que merece ser leída y recuperada para los lectores del siglo XXI.

Frases o párrafos favoritos:

"Llegaron a un punto en que el fluir de la vida, todo intercambio de sentimiento y toda lucha fecunda se hacían imposibles, tan imposibles como la unión de los cuerpos."

Película/Canción: en el año 1947 se estrenó la primera y única adaptación que existe de Karl y Anna. Bajo el título Desire Me y dirigida por Jack Conway, cosechó gran éxito de público y critica en su momento.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae