Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

sábado, 2 de noviembre de 2019

RESEÑA: Lena y Karl.

LENA Y KARL

Título: Lena y Karl.

Autora: Mo Daviau nació en Fresno, California, y se graduó en el Smith College y en el Programa de Escritura Helen Zell de la Universidad de Michigan. Mo viajaría en el tiempo para ver el concierto de R.E.M. en Atenas en 1980, o aquella actuación en 1969 en la que Tina Turner y Janis Joplin cantaron juntas en el Madison Square Garden como invitadas a un concierto de los Rolling Stones. Lena y Karl es su primera novela. (Fuente: Editorial).


Editorial: Blackie Books.

Idioma: inglés.

Traductor: Carles Andreu.

Sinopsis: Los mejores años de Karl parecen lejos. En su día tocó con una banda de culto de indie-rock, pero hoy ve pasar la vida desde sus cuarenta años y desde detrás de la barra de su pub. Cuando
descubre un agujero de gusano en el armario de su habitación que le permite viajar en el tiempo, de repente ni la edad ni el tiempo importan. Decide, con un amigo, montar el negocio definitivo: los clientes podrán viajar al pasado para ver su concierto favorito. Hasta que un día, Karl envía por error a su amigo al año 980 en lugar de a 1980… y no puede traerlo de vuelta. Para rescatarlo, Karl contacta con Lena, una astrofísica que siempre viste camisetas de grupos. Con ella volverá a los mejores conciertos de su vida, y descubrirá que por mucho que cambie el pasado, y aunque lo ponga patas arriba, su futuro parece empeñado en acercarle a Lena. ¿Pueden todos tus yos pasados confabular para reunirte con tu alma gemela? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Fresca, verosímil, chispeante en su primera parte, menos convincente en la segunda, con una pareja protagónica inolvidable, loca, divertida, rockera, sorprendente, de lo más original que he leído este año... Todos amamos la música. Todos. Absolutamente todos. Y quien diga lo contrario es que no es de este mundo o, haciendo alusión a la novela que hoy reseño, ha aparecido en este mundo a través de un agujero de gusano desde un planeta de una galaxia muy lejana. Ésta, de una forma u otra, siempre ha estado ahí. En la televisión, en la radio, en internet, en el cine, en el móvil, en el ya desaparecido mp3, en los vinilos o en los reivindicados casetes. Mientras compramos, viajamos en coche, duchamos, hacemos la cama, cocinamos, practicamos deporte,  salimos de fiesta, de compras o de escapada de fin de semana. En la parada, asiento, andén, silla, portal, banco o cualquier sala de espera del mundo. Conformando, en definitiva, la banda sonora de nuestra propia existencia, de nuestro humilde paso por la historia de la humanidad. Desde esa cancioncilla infantil que a todos nos han cantado para que nos durmamos, hasta esa pieza que no consigues quitarte de la cabeza por más que lo intentes. Pasando por esos acordes que han marcado tu adolescencia, tu juventud, tu madurez, tu vejez. Esos mismos que no dudas en reproducir una y otra vez en soledad, en compañía, en confianza. Esos que, al fin y al cabo, regulan tus estados de animo, capaces de hacerte sentir eufórica y al minuto conseguir que derrames una lágrima de tristeza. La música es poder, es vida, es eso que nos hace únicos entre la multitud gracias a la cantidad de géneros existentes. Entre los cuales, sin embargo y a mi juicio, uno de ellos sobresale por encima del resto. Ese que con tan solo escuchar los primeros acordes de una guitarra eléctrica conocemos a la perfección y al que inevitablemente acompañamos con un improvisado bailoteo de pies, manos y de cabeza, sobre todo de cabeza. Un género con subgéneros que se consuela en su glorioso pasado de los años 60, 70, 80 y 90 - siendo la tercera de ellas su época de más esplendor y mayores excesos - y que mira al futuro con preocupación pero también con cierto optimismo dado la cantidad de gente que sigue vibrando con sus éxitos y con la certeza de que algunos de ellos se han convertido en auténticos himnos universales y generacionales. Estamos hablando, por supuesto, del Rock, cuya idiosincrasia también puede verse reflejada a través de la literatura con novelas como Lena y Karl: el viaje en el tiempo de nuestros sueños.



   La literatura de género - en este caso desde el plano de la Ciencia Ficción - nunca dejará de sorprenderme. Como tampoco el hecho de que aparezcan de vez en cuando voces y plumas capaces de darle una vuelta de tuerca más a los clichés. Una de ellas, la de la norteamericana Mo Daviau, no sólo ha conseguido - ojo, en su primera novela - otorgar de una originalidad pasmosa a la típica pero apasionante historia de viajes en el tiempo, sino que además ha logrado compaginarlo con otra de sus grandes pasiones: la música, y en concreto, la música rock. De esta impensable mezcla da como resultado la novela que muchas y muchos lectores exigentes y aficionados a este tipo de literatura estábamos esperando con ansia. Esa en la que se demostrase que todavía a día de hoy no existen límites espacio-temporales para regalar al lector grandes y memorables tramas. Pero, ¿qué cuenta Lena y Karl? Pues simplemente la historia de Karl, exintegrante de un grupo de rock alternativo - The Axis - cuyos mejores días han pasado a mejor vida y que ahoga sus penas y su nostalgia regentando un bar de poca monta en Chicago hasta que un día, por casualidad, descubre la existencia de un agujero de gusano en el armario de su cuarto que le traslada a los mejores conciertos de la historia del rocka los que le hubiera gustado asistir. Ante tal descubrimiento, su amigo Wayne - un genio de la informática y melómano empedernido - diseña un programa para poder elegir la fecha y el lugar al que ir. De este modo, ambos montan un negocio clandestino de viajes en el tiempo perfecto para amantes de la música. La cosa parece ir viento en popa hasta que Wayne, consciente del poder del agujero de gusano para alterar el curso de la historia, decide trasladarse al Manhattan de 1980 para evitar el asesinato de John Lennon (el mítico cantante de The Beatles). Un error al introducir la fecha hace que Wayne no viaje a 1980, sino al 890, una época en la que Manhattan era bosque y los nativos americanos vivían en paz. Para traerlo de vuelta busca desesperadamente en internet a alguien que le pueda ayudar. Así es como acaba dando con la otra pata de esta historia, con Lena, una profesora de física enamorada de la música y fan del grupo al que pertenecía Karl. La química entre ellos es evidente, no tardarán en enamorarse, pero sus propios prejuicios y la dificultad de traer de vuelta a Wayne serán algunas de las dificultades a las que tendrán que enfrentarse en esta aventura. ¿Es o no es una locura de premisa?


   El atractivo de esta historia es más que evidente, ya no sólo por la fantasía que ya de por sí está servida, también por otros detalles que contribuyen - de desigual modo por desgracia - a dotar esta novela del calificativo de "inolvidable". La primera parte entra como un tiro en los ojos del lector, el cual, asiste perplejo y maravillado a la marcianada que supone encontrarte de la noche a la mañana un agujero de gusano en el interior de un armario. Y encima que esto le suceda al tío más triste - al menos al principio - del que yo tenga memoria en lo que a personajes literarios se refiere. Narnia queda a la altura del betún en comparación con lo que Woodstok, Live Aid , la primera edición del Rock in Río o el concierto de la azotea protagonizado por los Beatles pueden ofrecer. Y si a eso le sumas un secundario más friki que cualquiera de los protagonistas masculinos de The Big Bang Theory desde el punto de vista de la historia del rock - Wayne - y una protagonista - Lena - inteligente, ingeniosa, feminista y con gran sentido del humor; el cóctel es explosivo. Especialmente delirante es el momento en el que se comete el fallo que hace que Wayne acabe en el 980, al igual que las conversaciones entre Lena y Karl - las cuales parecen más propias de adolescentes y que destilan un amor odio que nunca llega a concretarse del todo -. Por no hablar de Meredith (exnovia de Karl) la anarquista, okupa y dispuesta a liarse a puñetazos con cualquiera que osase molestarla que pasa a ser la típica mujer felizmente casada y con hijos. O Gupta, el estúpido casero de Karl, el cual oculta su homosexualidad tras una fachada de machista y que sólo tras conocer a su ídolo musical - Freddy Mercury - consigue aceptar. El impacto y la chispa se mantienen más o menos hasta pasada la mitad de su lectura, a partir de ahí la cosa parece decaer - con una trama que parece avanzar a trompicones - pero que afortunadamente sigue manteniendo ese humor tan descacharrante del principio. Esta es a pesar de todo, en su conjunto, una narración ágil, que juega hábilmente con los tiempos cronológicos y que consigue que el lector vea normal lo que en realidad no es normal. Que el caos sea cotidiano y que la tranquilidad no sea del todo satisfactoria.


   Juegos espacio-temporales, manipulación del pasado, condicionamiento del futuro que está por llegar... Son muchos los temas de reflexión que de buenas a primeras suscita Lena y Karl, pero que sin embargo, consiguen articularse en dos líneas de debate muy interesantes. La primera de ellas tiene que ver con el peso que tiene la ciencia en la presente novela. Para entender esta historia de viajes en el tiempo no hay que tener, por supuesto, un doctorado en física teórica o haber estudiado a fondo a científicos como Carl Sagan - cuyas teorías se nombran en la presente novela - o los estudios sobre  los agujeros negros del ya fallecido Stephen Hawking. De hecho, más que la ciencia en si - aunque constantemente presente desde un punto de vista didáctico - lo importante, a parte de la verosimilitud dentro de la trama, son los diferentes dilemas morales que provoca la existencia de un agujero de gusano. En el libro los protagonistas, conscientes de que el saberlo controlar es cuanto menos comparable a ser Dios en la tierra, no dudan en usarlo con fines nobles, pero también perversos, los cuales acaban afectando al futuro, y por consiguiente, a sus propias vidas, generando infinidad de existencias paralelas que acaban por complicarlo todo. Al mismo tiempo, y en relación con lo anterior, también asistimos a la que tal vez sea la mayor paradoja de la novela. Y es que en ocasiones un viaje en el tiempo nos puede hacer conscientes de lo bien que se está sin tantas preocupaciones, sin tecnología de última generación y sin bienes materiales de alguna clase. El ejemplo de esto o encontramos en Wayne, quien por accidente viaja al 890. Al principio cree volverse loco y le implora a su amigo que haga lo posible para traerlo de vuelta. Pero a medida que conoce el terreno y empieza a entablar amistad con los nativos americanos, al final, la vida en el 890 no le parece tan horrible. Por otro lado, la segunda de ellas, tiene que ver con la música, con la historia del rock y su extraordinaria labor divulgativa. Lena y Karl está plagado de clases magistrales de subgéneros musicales del rock, de amplificadores, de descripciones de conciertos del pasado especialmente memorables y de infinidad de anécdotas sobre cantantes y bandas tan jugosas como sorprendentes en algunos casos. Incluso ésta parece generar debates entre lo que se considera o no rock, llegando a reflejar algunos piques que sólo los entendidos en el tema sabrán identificar. Con todo esto no quiero decir que esta novela no sea apta para todos los gustos y niveles dentro del mundo del rock, para nada, de hecho ese carácter didáctico ofrece la posibilidad al lector de aprender a la vez que disfruta de una historia de ciencia ficción. En definitiva, podríamos definir a Lena y Karl como el viaje en el tiempo perfecto pero que, dependiendo de quien esté al mando, podrá llegar a desquiciarte o a hacerte vivir una de las mejores experiencias de tu vida. Porque no hay nada mejor que ver a tu grupo de música favorito - independientemente del género, de si están vivos o si el grupo se ha disuelto - sobre un escenario y vibrar con cada una de sus canciones. Por último añadir que espero, más pronto que tarde, poder verla adaptada a la gran pantalla, pues la potencia de sus imágenes así como la historia que narra tienen el potencial suficiente como para tener éxito. Y si en la futura cinta Bill Murray hace un cameo, entonces sí voy, de cabeza, a verla.

Lena y Karl: una historia de amor, viajes en el tiempo, locura, música, dolorosa nostalgia, recuerdos imborrables, vidas paralelas, humor... La novela que, seas de los Rolling, de Iron Maiden o de Janis Joplin no debes perderte.

Frases o párrafos favoritos:

"Arrastrándome por el suelo de mi armario, aparté un montón de ropa sucia y revistas viejas, y de pronto, me vi cayendo con los pies por delante a través de un agujero en el suelo. Cayendo y muerto de frío. Lo primero que pensé fue que me lo tenía merecido por haber mezclado Bourbon con medicamentos contra el resfriado, pero entonces caí con un golpe sordo encima de una tarima de madera que me resultaba familiar. Había aterrizado en el Empty Bottle, un club de rock que hay cerca de mi bar. Junto a la puerta un montón de ejemplares del Chicago Reader de hacía varios meses. Entonces miré por la ventana y vi los árboles desnudos y los coches empolvados de nieve.

Cuando el grupo subió al escenario, me di cuenta de que ya había estado en ese concierto tres meses antes, en febrero. Una panda de adolescentes sin talento, que tocaban versiones de Liz Pahir como si no significaran nada, empezaron a afinar sus guitarras; me recordaron mogollón a lo gilipollas y engreídos que éramos mis amigos y yo a principios de los noventa."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Blackie Books

lunes, 28 de octubre de 2019

RESEÑA: Los años rotos.

LOS AÑOS ROTOS

Título: Los años rotos.

Autora: Dacia Maraini (1936) es una de las grandes voces femeninas de la literatura italiana contemporánea. Nacida en Fiesole (Florencia), se trasladó con toda su familia y tan solo dos años de edad a Japón, donde, tras la alianza del país nipón con las fuerzas de Mussolini, vivió la experiencia del campo de concentración.Una vez regresada a Italia, se estableció antes en Sicilia y luego en Roma, donde ligó muy pronto su vida a la literatura y comenzó a publicar sus primeras novelas y obras teatrales. Los años rotos (1963), Isolina (1980), La larga vida de Marianna Ucrìa (1990) y El tren de la última noche (2008) son algunas de sus novelas más importantes. Ganadora de los premios Campiello (1990) y Strega (1999), muchas de sus obras se consideran fundamentales en la historia del feminismo italiano y europeo, y han sido adaptadas al cine y traducidas a numerosas lenguas. (Fuente: Editorial).


Editorial: Altamarea.

Idioma: italiano.

Traductora: Raquel Olcoz.

Sinopsis: Enrica tiene diecisiete años y sobrevive pasivamente en una cotidianidad mediocre y asfixiante. En su casa, como ajenos a su presencia, coexisten un padre abstraído en la construcción de invendibles jaulas para pájaros y una madre desengañada que se consume en una rutina anodina y frustrante. Sumida en esta condición de crónico desamparo, Enrica se ve obligada a hacer frente sola a los cambios de una existencia desconcertante sin más armas que su desidia. Indolente y resignada, se deja arrastrar por la inercia de la vida y deambula a tientas entre el amor y el sexo buscando en ellos un refugio y una forma de definirse. En este paisaje de desoladora aridez emocional, que se refleja en la sórdida atmósfera de la periferia proletaria de la Roma de principios de los años sesenta, se lleva a cabo la educación sentimental de una adolescente aturdida por una descarga continua de sensaciones sin sentimientos que lucha instintivamente para encontrar su propia identidad de mujer. Un bellísimo retrato que destaca por la fuerza narrativa y la inmediata sencillez realista que acomuna a los mejores personajes femeninos creados por Dacia Maraini.(Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Directa, cruda, plagada de brillantes diálogos, sin medias tintas, envolvente, adictiva, un retrato de su tiempo, una reflexión tras otra... Cuando leí La amiga estupenda de la ya no tan enigmática Elena Ferrante - primera entrega de la saga Dos amigas - me quedé con la sensación de que estaba ante un libro que, lejos de parecerse al típico best seller escrito la autora o autor italiano de turno, trata de homenajear, en todos sus aspectos, a una de las tradiciones más fascinantes dentro de la literatura italiana: la de la novela intimista de la postguerra y los años sesenta escrita por autoras patrias. En ella, sus protagonistas - Elena y Lila - sobreviven desde bien pequeñas a la brutalidad cotidiana de un barrio a las afueras del Nápoles de mediados de siglo. Un barrio en el que todos se conocen, en el que el escrutinio social está a la orden del día, en donde el machismo más salvaje hace acto de presencia día sí día también, en donde existe una férrea jerarquía imposible de quebrantar, donde unas normas no escritas rigen las vidas de sus habitantes y lo más importante, un lugar del que es complicado escapar, y menos siendo mujer. De esta época, de la Italia de los 60, se me vienen dos fotogramas bien definidos a la mente. La primera, la de Anita Ekberg dándose un sensual baño en la Fontana de Trevi mientras un embobado Marcello Mastroianni no deja de observarla embelesado en La Dolce Vita de Federico Fellini Y la segunda - una de mis favoritas - la de Audrey Hepburn y Gregory Peck dando un divertido paseo en Vespa de la mano del director William Wyler y su Vacaciones en Roma. Evidentemente se trata de dos hitos con mayúsculas del cine clásico, sin embargo, muchas y muchos tenemos en la cabeza esa imagen. La del esplendor de Cinecittà, la del glamour y el lujo de sus villas, la de Sofía Loren,  la de los helados en la escalinata de la Plaza de España... En definitiva, la de esa Roma henchida y más bella que nunca cuando la realidad era otra, más próxima al Nápoles que Elena Ferrante describió, porque en Roma también había extrarradio, fábricas, pequeños negocios familiares, miseria humana y sentimiento de comunidad. Un mundo que dista de lo que los integrantes de la gran edad de oro del cine italiano - en algunos casos - quisieron mostrar. En Ferrante, como no, hay mucho de Elsa Morante, de mi admirada Natalia Ginzburg y estoy convencida de que Dacia Maraini, autora del libro que hoy tengo el placer de reseñar, también fue una de las principales influencias. Los años rotos: hombres y mujeres, mujeres y hombres; y ambos desnudos frente al espejo.


   Sin duda, Los años rotos ha sido una de las sorpresas de este año tanto a nivel literario como personal. Desde el plano más íntimo, he de confesaros que lo he devorado, que duró días en mis manos y que por si fuera poco, la historia, valga la redundancia, casi me devora también. Me tuvo tan obsesionada durante aquel breve espacio de tiempo que desde entonces he ido informándome de los libros que se habían traducido de Dacia Maraini al castellano, con la mala suerte de toparme con el temor que toda y todo lector siente en algún momento de su vida. Ese en el que descubres que la obra de esa o ese autor que acabas de descubrir y que te ha acabado apasionando hasta límites insospechados, o bien no está traducida o bien, simplemente, hace mucho que una editorial no se pone las pilas en una posible reedición. Este último, por desgracia, fue el caso de Dacia Maraini. Sin embargo, y a juzgar por la buena acogida que está teniendo la joven editorial Altamarea - especializada en traducir y sacar a la luz todas esas pequeñas y grandes joyas de la literatura italiana contemporánea - es probable que los fans, los existentes y los nuevos, en los próximos años tengamos libros de Maraini para rato. Desde el plano puramente literario, deciros que Los años rotos es a grandes rasgos una novela de iniciación con protagonista femenina, muy en la línea por ejemplo de Nada de Carmen Laforet. De hecho, hay muchos elementos que entroncan esta novela de tradición italiana con la con este clásico de la postguerra española, aunque sin duda el más importante es el trato y la forma con la que ambas autoras se aproximan a los problemas y dilemas de su protagonista. Si en Nada es Andrea, en Los años rotos es Enrica y su mirada, y sus decisiones, y su visión del entorno que le ha tocado vivir. El lector se encuentra en un barrio obrero de la periferia de la Roma de los años 60 en donde Enrica, de origen humilde, se mueve entre sus clases de mecanografía - un oficio al que sí puede aspirar debido a su baja extracción social - la realidad de un entorno familiar desalentador y el descubrimiento de su propia identidad a través de experiencias sexuales no del todo satisfactorias y el contexto que acompaña a esta historia. La narración de Enrica entra con dureza, sin sentimentalismo alguno y directa a lo que se nos está describiendo. Especialmente impactante es su inicio, el momento en el que se nos presenta a Enrica y a su amigo en el enésimo encuentro sexual que tienen. Todo normal hasta que descubrimos que él tiene novia y el trato servilista de dicha relación plagada de ordenes y exigencias por parte de él. En tan sólo un capitulo, Maraini ya nos ha dejado helados y con la sensación de que ya nada puede ir a mejor.

   A continuación descubrimos como, al volver al hogar, Enrica se encuentra con un padre dedicado a construir jaulas - sin duda la gran metáfora de la novela - más que por trabajo como vía de escape y de desatención de las tareas domésticas y una madre arisca, prematuramente envejecida y a la que Enrica le es imposible asociar con otra cosa que no sea realizando tareas de la casa. La frustración de su madre, unido a la consciente despreocupación de su padre la sumen en una especie de desamparo y desilusión perpetua. No es de extrañar que Enrica aproveche cualquier circunstancia para salir a la calle, alejarse de sus padres y lanzarse en brazos de cualquiera que le prometa un refugio seguro y reconfortante - amigas, amantes, estudios -. Sin embargo, eso nunca es suficiente y acaba resignándose a que no puede aspirar a algo mejor. En su mundo, es difícil ascender socialmente, por lo que muchos encuentran el consuelo en empleos precarios, mal pagados y caracterizados por una irritante monotonía. Trabajos en los que por su puesto, en el caso de las mujeres, no se les enseñaba a creer en ellas mismas ni se les mostraba su valía. Uno de los mayores terrores de Enrica es acabar como su madre, el ejemplo perfecto de la otra cara de la moneda, la de esas mujeres que son engullidas por el patriarcado en el momento en el que se establecen en el hogar, dando por sentado que son ellas y sólo ellas las que deben ocuparse del hogar y de los ciudados. Ante esta situación, Enrica acabará luchando, a pesar de las adversidades, contra el sistema, las conveniencias sociales y el destino que le espera como mujer y proletaria. Los tiempos la acompañan, ya que los cambios hacia una sociedad más igualitaria y los ecos de la "nueva mujer" resuenan en prensa, en las conversaciones, en los libros... No obstante, Enrica tendrá la ardua tarea de definirse y buscar su propia identidad entre los dos modelos de mujer que siguen perviviendo: el de la mujer abnegada que renuncia a sus sueños para formar una familia (su madre) o el de la mujer de éxito pero eternamente condenada por haber antepuesto su independencia a todo lo demás (la señora Bardengo). Enrica, al igual que otras tantas heroínas de la literatura social, se siente en un primer momento desamparada, pero poco a poco será consciente de que los primeros pasos importan, que el conocerse a sí misma - en lo bueno y en lo malo - es una de las mejores formas de generar conciencia de género y que las jaulas, por muy claustrofóbicas que sean, hay que romperlas para a continuación alzar el vuelo en pos de la tan ansiada libertad.


   Pero si por algo destaca Los años rotos es por la impecable radiografía y el estudio de las identidades y modelos, tanto femeninos como masculinos, que aparecen a lo largo de sus 242 páginas. En cuanto a éstas primeras, la propia Maraini insiste mucho dejar muy claro al lector la idea del cuerpo femenino como ente cambiante a lo largo del tiempo y de las circunstancias. La adolescencia, el despertar sexual, los juegos del amor, el embarazo, el aborto, la maternidad, el cansancio, la enfermedad... Todo eso hace mella en el cuerpo de la mujer, concebido en esta novela no sólo una especie de mapa vital, también como un símbolo del malestar social y de los abusos que el propio patriarcado ha ejercido sobre él. No importa la edad, el dinero o el país en el que naces, ya que a todas y cada una de nosotras se nos inculca el pudor respecto al cuerpo, generando un tabú que deja, como consecuencia, sin las herramientas suficientes para que las mujeres puedan realizarse tanto en él ámbito profesional como el personal. Parece que la sociedad no es consciente de ello, pero cuando una mujer consiente relaciones sexuales en condiciones desiguales; cuando una mujer es explotada laboralmente, cuando una mujer deja de lado su plenitud física en pos de un embarazo, alumbramiento y correspondiente crianza; cuando una mujer se preocupa excesivamente por mantenerse eternamente joven; cuando una mujer decide abortar y lo hace a escondidas y sin que nadie lo sepa... En todas esas situaciones el cuerpo sufre, pero sistemáticamente es invisibilizado, ocultado, negado... En cuanto a ellos, regresando a la presente novela, son muchos los nombres que aparecen. Cesare, Carlo, Giulio, Francesco, el padre de Enrica... Todos ellos se mueven en unos parámetros claramente influenciados por la extracción social a la que pertenecen: el cabeza de familia que por culpa de una frustración personal y profesional no sabe canalizar la presión del hogar , la hipocresía del prometido pero con amantes, el "buen chico" que se convierte en bestia cuando no es correspondido sentimentalmente, la superficialidad de quien lo tiene todo y el misógino que esconde sus verdaderos secretos bajo la alfombra. No son más felices que las mujeres, pero para Maraini tienen ciertos privilegios, lo cual no es sinónimo de saberlos usar en el momento preciso o que no sufran algunas desigualdades entre ellos. También llevan el ritmo y compás de las relaciones - tanto profesionales como personales - y por supuesto dan por hecho ciertos aspectos supuestamente intrínsecos a su género - tales como llevar la iniciativa, hablar más alto, tener más autoridad... - . Y frente a ellos está Enrica que, a modo de espejo, los observa detenidamente, a cierta distancia y sin hacer ruido. Aprende de ellas, aprende de ellos. Es consciente de las cosas que los unen, las que los separan, las que agrietan más la brecha y las que por el contrario contribuyen a cicatrizar cualquier herida. A ellas las comprende, a ellos les marca los límites. Todo ello, como hemos dicho, frente al espejo, a cuyo reflejo deberían acostumbrarse tanto mujeres como hombres. Porque arreglarse frente a él está muy bien, es útil, pero lo es más el hecho de detenerse, clavar los ojos en el cristal y autoanalizarse. Tal vez entonces, los roles de género comenzarán a diluirse, a mezclarse con el agua, para acabar desapareciendo por el estrecho agujero de la pila.  

Los años rotos: una historia de superación, conciencia feminista, machismo, dominación, escapatoria, mujeres, hombres, diferencia de clases, desigualdad, cotidianeidad...Una novela que nos redescubre a una autora a la que nunca debimos perder la pista.

Frases o párrafos favoritos:

“Mientras encendía el gas, apretó los labios resecos, como de vieja, y me pareció verme a mí misma en su lugar, con un hombre sentado en el sitio de papá y una cocina idéntica a esta, con los mismos olores y los mismos gestos. Me sentí consternada”.

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Altamarea

miércoles, 23 de octubre de 2019

RESEÑA: Historia de España contada a las niñas.

HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA A LAS NIÑAS

Título: Historia de España contada a las niñas.

Autora: María Bastarós (Zaragoza, 1987). Gestora cultural, historiadora del arte, conferenciante, escritora y fanzinera. Creadora de la plataforma cultural feminista QuiénCoñoEs, ha colaborado con medios como Diagonal o Tentaciones, centros como el CAAM de Las Palmas, el Muvim valenciano o la galería madrileña Nunca Nadie Nada No, y comisariado exposiciones como Muerte a los grandes relatos o Apropiacionismo, disidencia y sabotaje en la Sala Juana Francés de Zaragoza. Es coautora de Inclusive Love (Thyssen Bornemisza), primera visita guiada LGTBIQ a nivel nacional, y promotora de eventos literarios como Aullido, anti-jam poética. También es coautora del libro Herstory (Lumen) y editora de los fanzines Brochetas de cosas emocionantes y Napalm Springs (Ediciones Motocobra). (Fuente: Editorial). Su primera novela, Historia de España contada a las niñas, ha sido merecedora del Puchi Award 2018, el Premio Cálamo "Otra Mirada 2018" y el Premio de la Crítica Valenciana 2019.


Editorial: Fulgencio Pimentel.

Idioma: español.

Sinopsis: A caballo entre la crónica periodística, el panfleto, el drama campesino y la literatura de quiosco, Historia de España contada a las niñas se apropia de eventos y lugares de nuestra historia reciente y nos los devuelve en la forma de un rompecabezas corrosivo, polifónico y vibrante. Secuestros, Rohypnol, matriarcados, galeristas desnortados, comunidades online de adolescentes anoréxicas y apariciones ovni dan forma a una novela coral hecha de retazos, un relato despiadado que, pese a todo, destila un constante deseo de redención. (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido:

   Fresca, contemporánea, rabiosamente actual, gamberra, sin pelos en la lengua, irónica, feminista, bizarra y sin embargo poética, lúcida y loca al mismo tiempo, dolorosa... Hace unas semanas, mientras daba uno de mis habituales paseos vespertinos, sentí la necesidad de parar en seco y quedarme un rato contemplando el sol ocultándose tras los edificios, los mismos que me han visto crecer y los que, desde su privilegiada altura, han sido testigos privilegiados de los cambios y de la revolución urbanística del lugar. Donde antes había huerta, ahora se levantan fincas de más de diez plantas. Donde antes los tomates crecían gracias a una humilde acequia, ahora pequeños huertos urbanos en medio de un parque de reciente inauguración pretenden homenajear ese pasado agrícola. Donde antes era un placer recorrer aquellos campos montada en bicicleta, ahora dichos caminos han sido sustituidos por aceras y solitarios aparcamientos en medio de descuidados descampados. Y por supuesto, donde antes estaba el Pozo de San José - edificado en los años 40 del pasado siglo - , ahora un campo de futbol ocupa su lugar. Así es mi barrio, el lugar en el que todavía vivo, en la periferia de una de las ciudades más importantes de España, un lugar olvidado durante décadas por parte de una administración más preocupada por los grandes eventos que por sus propios ciudadanos y que en los últimos años está viendo como su fisionomía está cambiando a una velocidad a la que los habitantes del lugar están poco acostumbrados. Sin embargo, durante aquel paseo, me di cuenta de que aquel barrio en el que siempre convivieron la tradición - ese resquicio de huerta tan típico de mi tierra - y edificios de los años 70 y 80 tenía su encanto. A pesar de su reciente transformación y a pesar de que, hace unos años, me parecía un lugar de lo más deprimente tanto estéticamente como socialmente. Hoy lo admiro en su desnudez, en su simpleza, en su idiosincrasia. Desde ese descampado en el que todavía brota alguna lechuga y apoyada en la pared de algún portal, lienzo de las representaciones artísticas más sinceras. Nunca antes los grafitis me parecieron tan hermosos. Es curioso como la belleza puede residir en los lugares menos comunes. Ya sea en pedanías aisladas a las afueras de las grandes urbes, en el seco paisaje que enmarca una carretera secundaria, en un polígono industrial al amanecer, en el interior de un antro con las luces de neón acariciando la piel de los frenéticos danzantes, en un pueblo fantasma perdido en la inmensidad de la España profunda o en los restaurantes de la costa alicantina que, anclados en la época del boom turístico de los años 60, se resisten a renovar su decoración y a retirar sus toldos comidos por el salitre. Esta particular geografía tan denostada por algunos puristas y cierta parte de la sociedad, sirve como escenario de las numerosas historias que  se narran en esta novela de título tan sugerente y llamativo. Historia de España contada a las niñas: larga vida al punk, al collage narrativo y a la nueva generación de autoras españolas.


   La primera vez que tuve noticias de Historia de España contada a las niñas pensé lo que muchas personas en su momento: "¡Que bien! ¡Por fin un libro que habla de la historia de nuestro país en clave de género y de modo didáctico para las futuras generaciones de niñas españolas!". La mandíbula se me desencajó - por perplejidad y por vergüenza - al comprobar, un tiempo después, lo equivocada que estaba al respecto. ¿Quién iba a imaginar que ese supuesto libro que englobaba una reivindicación feminista fuese, en realidad, uno de las novelas más desconcertantes, fascinantes y locas que he leído en años? Para empezar a hablar de este texto es absolutamente imprescindible empezar por su apartado estético y por lo que el lector encontrará a modo de preámbulo antes de sumergirse en la historia que su autora nos quiere contar. En primer lugar, su portada no puede ser más llamativa, con esas letras en mayúscula - que parece que te griten el título del libro - de color fucsia chillón (el más potente que había de toda la paleta), sobre una fotografía nocturna bastante perturbadora en la que vemos a dos chicos trasportando - y agarrado con rudimentarias cuerdas - sobre el techo de un coche rojo lo que parece un animal muerto. Si esto no es suficiente para convencernos de que no estamos ante un libro de historia que compraríamos a nuestras hijas, sobrinas o alumnas  yo ya no sé que pensar. Adentrándonos, a continuación en la contraportada, comprobamos como el tono nocturno de la instantánea escogida sigue predominando, a pesar vislumbrarse los primeros picos de sol tras una noche de fiesta. Pero la protagonista en esta ocasión es una chica joven, con los ojos entornados y piruleta en mano. ¿Estamos ante una reinterpretación del mito de Lolita? ¿O será algo muy distinto? El misterio sigue predominando, nos corroe, ya que la sinopsis tampoco nos revela mucho. Entonces ¿de qué diantres va esta novela? Intentamos desentrañar el misterio abriendo el libro por las primeras páginas cuando - ¡sorpresa! - nos topamos con una maravillosa anomalía, y es que Historia de España contada a las niñas incluye unas fotos preciosas de un pueblo nevado - que más tarde descubriremos que se trata de Beratón -  de lo que parece la entrada de la típica cafetería norteamericana de las películas, de un zorro sorprendido ante el flash de la cámara en medio de la oscuridad, de una chica que emerge de la naturaleza y de las sombras tras una larga noche de trabajo u ocio, de un bosque bastante tenebroso y de lo que, de nuevo, parece el pueblo de la primera instantánea pero desde otra perspectiva y con otra luz. Esto tampoco nos aclara nada, pero ya empieza a picarnos la curiosidad, así que vamos directos a la página de las citas (esa a la que muy pocos lectores presta atención pero que en la mayoría de casos nos ofrece las claves para entender la novela). Y es aquí, en este apartado, donde María Bastarós nos deja noqueados con dos extractos cuya relación entre sí no tiene, aparentemente, nada que ver. El primero de ellos, las terroríficas líneas de un sainete lírico de 1880, y el segundo, el estribillo de Brillo una conocida canción de Rosalía y J. Balvin que algunas gentes de mi generación hemos tarareado sin darnos cuenta. Estilo decimonónico y cultura millenial juntos en una misma página ¿hay algo más extraño y a la vez más cargado de mensaje de cara a la lectura del presente libro? Las buenas novelas no necesitan de impresionantes portadas para que sean un éxito, otra cosa es, como en este caso en cuestión, cuando la parte meramente estética actúa como un elemento más de la trama, a modo de performance, para abrochar el cinturón del lector y arrancar el coche que lo llevará a emprender el viaje literario de su vida ¡Y dios, que viaje!


   A partir de ese momento, las historias que sucederán ante nuestros ojos parecerán inconexas, que nada tienen que ver una con la otra. Seguramente los más puristas se tirarán de los pelos y exclamarán cosas como: "¡Nos han vendido la moto!" "¡Estafa editorial!". Paciencia, eso es justo lo que aconsejo, paciencia y sosiego, pues de nada sirve enervarse a la primera de cambio. A mi también me pasó, reconozco que me quedé bastante perpleja y que por ello me costó un poco pillarle el truco a este libro. Pero en esta vida hay que enfrentarse a nuevos retos y ser más abiertos en lo que a convenciones literarias se refiere. Hay que ciudarlas, sí, pero también mejorarlas, darles un empujón, una patada, airearlas un poco, para que respiren aire fresco de vez en cuando. En cuanto entiendes esto, ya no hay nada que te frene, ni siquiera la lectura de la ópera prima de una joven autora proveniente de la gestión cultural y el mundo del fanzine - tan en boga en los últimos años gracias al movimiento feminista - que consigue, con su debut literario, dejarnos con la boca abierta. Como si de un collage se tratara, superponiendo imágenes, personajes, textos, descripciones, paisajes y recuerdos; Bastarós nos expone, como si de una obra de arte se tratara, una cantidad enorme de historias las cuales acaban conectándose unas con otras para sorpresa del lector. Ya que, como he comentado al principio de este párrafo, éste no concibe esas conexiones a la primera de cambio sino que lo va descubriendo a medida que avanza en la lectura. Este trabajo entraña su dificultad, pues no es sencillo construir toda esta estructura coral tan bárbara y menos aún llevarla hasta el final sin dejar ningún cabo suelto. El talento de María Bastarós reside en el perfecto dominio de este ejercicio estructural - del cual sale indemne - pero también en entender la contemporaneidad, la actualidad, los comportamientos de la sociedad que la protagoniza y su funcionamiento. Se le ha criticado mucho la poca profundidad de la autora al abordar algunos temas de gran interés reduciéndolos a explicaciones que parecen sacadas de revistas, series o noticias en televisión. Y sí, puede que en eso esté de acuerdo, pero si lo miramos desde otra óptica, menos estricta, me parece muy inteligente haber optado por ese camino, ya que actualmente las personas consumimos dichos medios de comunicación y de ocio, y como tales, hay veces que les otorgamos más credibilidad que a las que proceden de otro tipo de fuentes más fiables. De este modo, Bastarós no hace sino describir una realidad, por desgracia, cada vez más imperante.

  En Historia de España contada a las niñas se cuentan, precisamente, muchas historias, acontecidas en escenarios inimaginables, con un trasfondo de realidad y otro tanto de delirante ficción.  Westerns rurales, un pueblo soriano - Beratón - en donde se establece un matriarcado (sin duda la historia más interesante), una cementera abandonada, el puticlub de extrarradio al que acuden políticos corruptos, un toro de Osborne - irónicamente - decapitado, un decadente bar de carretera, un lugar - Robledo de Chavela - de la sierra madrileña famoso por su base de seguimiento de satélites de la NASA, la jet set de Altea o sofisticadas galerías de arte. Ecos de sucesos ya pertenecientes a la memoria colectiva de este país como el de la violación de la Manada - de ahí su narración a través del WhatsApp - , el asesinato de las niñas de Alcasser, así como caso del el monstruo de Amstetten - que aunque no aconteciese en España, su impacto mediático fue brutal -. Aquelarres feministas inverosímiles, ovnis, teorías de la conspiración, partidos de izquierdas que siguen siendo machistas, capitalismo salvaje, fiestas populares donde todo está permitido, drogas, raves, homeopatía... Personajes memorables como Miguel - arrancando de las influencias de la comunidad de mujeres que gobiernan Beratón - o Miranda y Valeria - dos adolescentes que han crecido sin la presencia de hombres pero que al mismo tiempo no pueden evitar caer en las garras patriarcado -. Todas ellas relacionadas entre sí y atravesadas por las contradicciones, el género, el trauma y sobretodo los diversos modos de supervivencia. Se podría decir que la novela de María Bastarós habla de lo que no aparece, precisamente, en los libros de texto, de esa otra historia de España que tanto les gusta explotar morbosamente a través de los medios de comunicación pero que al mismo tiempo, paradójicamente, se censura, se ignora o se censura sin piedad. Esa otra historia de la violencia, de la violencia contra las mujeres, las mujeres españolas, a golpe de ironía, de rabia, de batería y de un estilo que, más que sumergirte, busca dar una bofetada y mantenerte despierto, alerta, atento al próximo asalto.


  Ayer a medio día el mundo literario comía con la noticia de que Cristina Morales había ganado el Premio Nacional de Narrativa gracias a su célebre novela Lectura fácil (que también resultó merecedora del Premio Herralde de Novela 2018). Un texto difícil en cuanto a su construcción, destructivo, radical, arriesgado, rabiosamente feminista, reflexivo, actual, políticamente incorrecto y de una originalidad pasmosa. Su autora, nacida en la década de los 80, es una de las componentes - por no decir su cabeza más visible - de la nueva generación de autoras que está empezando, desde sus respectivos ámbitos geográficos, laborales y creativos, a trasformar y revolucionar el panorama literario de este país con historias más pegadas a la calle, a las personas, a los artificios culturales del momento, a las nuevas corrientes de pensamiento y por supuesto, a las principales luchas sociales como el feminismo, el ecologismo o las del colectivo LGTBI+. Hay quienes las critican, quienes ven en ellas un mero producto al servicio del capitalismo, quienes se quejan de su escritura, de su estilo, de su arrogancia, de su posición privilegiada, por publicar en editoriales comerciales cuando deberían hacerlo en un sello independiente y a la inversa también, de no ser políticamente correctas - las y los mismos que las tachan de poco elegantes por incluir muchos tacos son, en ocasiones, las o los mismos que alaban las novelas de Bukowski - de pretender ir de escritoras cuando en realidad sus obras no están a la altura del canon, el maldito canon. Vivimos en un país donde nunca vas a gustar a todo el mundo, eso es así, y menos si eres una joven escritora, entonces los palos lloverán con más intensidad y desde todos los ángulos. Pero parte de la crítica, los lectores más jóvenes - millenials y no tan millenials - y los pocos premios literarios de calidad que aún conservamos en este país hablan por si solos. Sin ir más lejos, María Bastarós acaba de alzarse con el Premio de la Crítica Valenciana precisamente por esta novela, una novela en la que lo correcto y lo tradicional literariamente hablando brillan por su ausencia. Las cosas, cambian, evolucionan, y creo que ya es hora de empezar a escuchar a estas escritoras, pues a lo mejor ellas entienden mejor a la juventud de este país, a esas mujeres que están protagonizando la revolución feminista o simplemente sus principales preocupaciones respecto a los temas de más candente actualidad.

   Historia de España contada a las niñas: una historia de muchas historias, de secuestros, de creencias surrealistas, de sanaciones, de inverosimilitudes, de terror patriarcal, de despoblamiento, de paradojas, de matriarcados... La historia que debieron contarnos hace muchos años.

Frases o párrafos favoritos:

"Piensa en lo hermoso que puede ser el mundo, más allá de madrigueras y exilios voluntarios."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Fulgencio Pimentel

sábado, 19 de octubre de 2019

RESEÑA: Cómo acabar con la escritura de las mujeres

CÓMO ACABAR CON LA ESCRITURA DE LAS MUJERES

Título: Cómo acabar con la escritura de las mujeres.

Autora: Johanna Russ (Nueva York, 1937 - Tucson, 2011) fue una académica y feminista radical estadounidense. Es la autora de varias obras de ciencia ficción, fantasía y crírica literaria feminista como Cómo acabar con la escritura de las mujeres. Su obra más célebre es El Hombre Hembra, una novela que combina la sátira con la ficción utópica. Ganadora de los premios Hugo y Nébula, fue también profesora de inglés en la Universidad de Washington.


Editorial: Dos Bigotes.

Idioma: inglés.

Traductora: Gloria Fortún.

Sinopsis: en Cómo acabar con la escritura de las mujeres, la galardonada novelista y ensayista Johanna Russ expone las estrategias sutiles, y no tan sutiles, que la sociedad usa para ignorar, condenar o menospreciar a las mujeres que producen literatura. Publicada originalmente en 1983 y nunca traducida al español, esta obra, tan relevante hoy como entonces, ha motivado a generaciones de lectores con una poderosa crítica feminista. Con tono sarcástico e irreverente, Russ examina las fuerzas que sistemáticamente impiden a un amplio reconocimiento del trabajo de las mujeres.

Su lectura me ha parecido:

   Acertada, irónica, subversiva, crítica a rabiar, estupendamente documentada, con una mirada inminentemente intelectual, imprescindible, obligatorio, absolutamente necesario ahora y siempre... Escribo, y por tanto, me considero escritora. Esa es una verdad como una catedral de grande. Una realidad que vivo en mis carnes cada vez que me siento frente al ordenador o cuando me toca documentarme sobre un tema en concreto del que, con gusto, me gustaría hablaros en cada reseña, artículo o relato. Escribo desde bien pequeña, aún conservo algunas hojas donde garabateé mis primeros cuentos y por supuesto aquella primera obrita de teatro concebida para ser representada delante de familiares varios. Escribo también desde la adolescencia, desde aquella mente despierta en medio de una clase en la que me costaba horrores ser comprendida y valorada por mi gran pasión. Escribo, y por eso muchos de esos trabajos que supuestamente había que hacer en grupo acababan en mis manos a pesar de mi indignación y mis intentos por hacerles entrar en razón. Escribo, y gracias a eso conseguí canalizar el impacto que supuso descubrir temas como el Holocausto a través de uno de mis primeros relatos, el cual resultó ganador de un concurso que, a pesar de no ser muy importante, me hizo sentirme en una nube. Escribo, y por eso conozco lo que se siente ante la derrota, ante la certeza de siempre o casi siempre va a haber alguien mejor que tú y que hay que aceptarla sí o sí. Escribo porque una vez alguien me dijo que valía para esto y desde entonces he ido mejorando día tras día. Escribo porque con ello me desahogo y proyecto sobre el papel cuestiones que particularmente me preocupan. Escribo para darle voz a esos personajes que han carecido de ella durante tanto tiempo. Escribo, y por eso quiero aprender, para arrojarme a terrenos literarios en los que siempre he soñado moverme como pez en el agua. Escribo, porque una de mis mayores ilusiones es llegar a publicar y dedicarme, si es posible, a este noble oficio. Escribo, a pesar de la invisibilidad que eso conlleva. Escribo, aunque a veces me cueste y en ocasiones me obligue a hacerlo. Escribo sin ganas, medio dormida, enfadada, decepcionada; pero escribo. Escribo y abandono textos a medio terminar. Escribo, aunque lleve un tiempo en una terrible barrena creativa. Escribo cuando puedo, cuando me dejan, cuando lo necesito. Escribo hasta con interrupciones. Escribo a sabiendas de que dicha tarea implica quedarse tardes enteras encerrada entre cuatro paredes y con la música a un volumen razonable saliendo de mis voluminosos cascos. Escribo y no me pagan por ello, al menos por el momento. Escribo a cambio de visibilidad. Escribo porque tengo historias que contar. Escribo y eso me hace feliz. Entonces ¿por qué a mis veintisiete años aún me cuesta decir en público que soy escritora? ¿Por qué me autoboicoteo de esa manera? ¿Por qué lo oculto, como si de un secreto se tratase? El poco o nulo reconocimiento social, así como el desconocimiento del trabajo que hay detrás son algunos de los motivos. Pero también existe un componente de género que, como bien apunta Joanna Russ en el presente ensayo, no ha permitido a las mujeres brillar en el momento que les correspondía dentro del terreno de la literatura. Y es que va a ser cierto eso de que las  autoexigencias o la autoinvisibilización son en parte culpa del patriarcado. Cómo acabar con la escritura de las mujeres: el libro que todas las autoras estábamos esperando.


   Han tenido que pasar treintaicinco años (sí, habéis leído bien) para que el ensayo de la académica y novelista Johanna Russ se tradujese al español. Treintaicinco años en los que hemos visto nacer, desarrollarse, morir o frustrarse la carrera de muchas autoras alrededor del mundo. Un intervalo de tiempo demasiado largo si tenemos en cuenta todo lo que ha sucedido en medio y de los progresos que ha hecho la sociedad en estas lides - y no solo en el campo de la creación literaria -. Sin embargo, el mensaje de Cómo acabar con la escritura de las mujeres (entiéndase la ironía de su propio título) resulta a día de hoy tan actual y tan vigente como lo fue en su momento, en los años ochenta, década en la que las mujeres creadoras estaban todavía más invisibilizadas. Con un tono extremadamente crítico e irónico - magistral y oportuno - Russ va desgranando poco a poco los mecanismos sociales, económicos y culturales tramados para menospreciar las obras literarias escritas por mujeres. Intercalando ejemplos protagonizados por conocidas autoras del pasado - a saber Charlotte Brontë, Virginia Woolf, George Elliot o Sylvia Plath entre otras - así como de escritoras coetáneas a la autora y muy especialmente dedicadas a la escritura de novela de género - como la pionera y ya fallecida Úrsula K. Leguin - Johanna Russ muestra una herramienta analítica basándose en una serie de realidades categóricas las cuales no serían posibles sin la existencia de una heterodoxia heteropatriarcal de supremacía blanca. Estas categorías se agrupan, según Russ, en una serie de excusas usadas durante siglos y que por desgracia, a día de hoy, de vez en cuando aún seguimos escuchando:

- La negación de la autoría ("No lo escribió ella. Pero si resulta evidente que lo hizo..."): seguramente por hobby, diversión, pasar el rato, acabar con el aburrimiento... Pero nunca por inquietudes intelectuales o por ambiciones literarias."

- La prohibición ("Lo escribió ella, pero no debería haberlo hecho..."): seguramente por haber hablado de política, sexo, feminismo o porque su estilo literario es demasiado masculino y eso no puede ser.

- La censura ("Lo escribió ella, pero mira que cosas escribió..."): seguramente escribió alguna escena que transcurre en un dormitorio conyugal, en la cocina, habló de su propia familia o simplemente las mujeres son las protagonistas de la historia.

- El menosprecio ("Lo escribió ella, pero no es una artista de verdad y no resulta autentico arte.."): seguramente porque se trate de un thriller, un romance, un libro infantil, una novela de ciencia ficción, de fantasía o de terror. Géneros tradicionalmente denostados por la crítica o en los tres últimos casos muy masculinizados.

- La duda ("Lo escribió ella, pero alguien la ayudó..."): algún familiar, amigo, pareja o simplemente el "lado masculino" de la autora.

- La anomalía ("Lo escribió ella, pero es una anomalía): en este caso se reconoce la autoría, pero se destaca el carácter excepcional de la misma, como una rareza, algo que no ocurre mucho y que por tanto se da por hecho que nunca más va a ocurrir. En otras palabras, que la mujer en cuestión no volverá a empuñar una pluma.

   Johanna Russ demuestra con esta estructura que más allá de los prejuicios de género, estos "peros" implican a corto y largo plazo otra serie de consecuencias. Disuasión, falta de tiempo para dedicarse a la escritura, dificultad para acceder a la documentación y a formación que les permita desarrollar su talento, aislamiento social, acoso sexual y por supuesto las discusiones entorno al carácter y belleza física de la autora como motivos de éxito editorial. Todos ellos son factores clave para para acabar apartando a las mujeres de la escritura, y aún peor, que ellas mismas se convenzan de que no sirven para ello y acaben abandonando. En este punto, y una vez finalizada la lectura de este imprescindible ensayo de Russ, cabría realizar un estudio sociológico al respecto. Averiguar si todavía existen escritoras que aún a día de hoy han tenido que escuchar estos comentarios. Saber su porcentaje y determinar si la tesis de Cómo acabar con la escritura de las mujeres es cierta, aunque sinceramente dudo que ande desencaminada. Y por supuesto, conocer hasta que punto se ha interiorizado en el interior de las mujeres la imposibilidad de dedicarse en cuerpo y alma a la escritura - ya no de un género en concreto, que eso es otro cantar - sino simplemente del acto de ejercerla y de tratar de sus palabras lleguen a las y los lectores.

   En un último apunte, Russ señala una certeza inquebrantable y la cual se ha demostrado a lo largo de los años, esa que dice que el modo de entender la literatura no está incompleto, más bien distorsionado. Ya que, por un lado, no podemos negar la presencia de autoras a lo largo de la historia, otra cosa reside en como nos han llegado éstas y sus obras a nuestro presente - totalmente manoseadas por una crítica machista - y por otro lado, la imposibilidad, gracias a esas reseñas manipuladas o a la terrible labor de ocultación, de que las lectoras acaben empatizando con las obras escritas por autoras y acaben encontrando consuelo en textos donde los personajes femeninos son un compendio de estereotipos, roles imposibles de quebrantar y destinos altamente previsibles y en beneficio de la sociedad patriarcal. Como escritora no puedo dejar de pensar en lo que habría sucedido si hubiese leído este ensayo antes, con quince años - edad a la que experimenté mayor efervescencia creativa - una edad en la que anteponía la escritura a otras cuestiones. No sé cual habría sido mi sino, pero de lo que estoy segura es que habría ganado, por lo menos, más confianza en mi misma. Si algo me ha enseñado el libro de Russ (además de a amar aún más mi profesión, a pesar de las piedras en el camino que eso conlleva) es a que debemos hacer piña. estar juntas, apoyarnos entre nosotras, crear redes de sororidad entre autoras y denunciar inmediatamente lo que esté mal dentro de este ámbito. Porque la unión hace la fuerza, y porque está demostrado que - aún habiendo alcanzado muchos derechos y haber roto algún techo de cristal - ensayos académicos feministas como el de Johanna Russ siguen siendo igual de necesarios. Porque en tiempos en los que las mujeres superamos a los hombres en matriculaciones en estudios superiores, todavía se nos cierran muchas puertas. Que no nos quiten nuestros sueños, aspiraciones, inquietudes... En definitiva, que no acaben con nosotras y por supuesto con nuestra mirada en la creación literaria con excusas - y perdonen la palabrota - de mierda.

Frases o párrafos favoritos:

"El truco reside en hacer que la libertad solo sea nominal y después (...) desarrollar diferentes estrategias para ignorar, condenar o minusvalorar las obras artísticas resultantes."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Dos Bigotes

martes, 15 de octubre de 2019

RESEÑA: La sirena y la señora Hancock.

LA SIRENA Y LA SEÑORA HANCOCK

Título: La sirena y la señora Hancock.

Autora: Imogen Hermes Gowar nació en Londres. Estudió Arqueología, Antropología e Historia del Arte y empezó a trabajar en diversos museos. En 2013 obtuvo una beca de The Malcom Bradbury Memorial Trust para estudiar un máster de Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia. La sirena y la señora Hancock, traducida a siete idiomas, es su primera novela y uno de los debuts más sonados de los últimos años. (Fuente: Editorial).


Editorial: Siruela.

Idioma: inglés.

Traductor: Carlos Jiménez Arribas.

Sinopsis: Londres, septiembre de 1785. Uno de los capitanes del armador Jonah Hancock llama con urgencia a su puerta en mitad de la noche para comunicarle la increíble noticia de que ha vendido su barco a cambio de algo absolutamente excepcional: el cuerpo disecado de una pequeña sirena. El rumor se propaga como la pólvora, desde los astilleros y los burdeles hasta los cafés y los salones nobiliarios; todo el mundo quiere ver la recién descubierta maravilla. El encuentro del señor Hancock con Angelica Neal, la cortesana más deseable y cotizada de la ciudad, marcará el nuevo rumbo de sus vidas. ¿Dónde los llevará su ambición en una época de improbables ascensos sociales? ¿Y podrán escapar al poder de aniquilación que, según dicen, posee la mítica criatura marina? (Fuente: Editorial).

Su lectura me ha parecido: 

   Inmersiva, sensorial, deslumbrante en cuanto  su ambientación, con un estilo literario bastante denso, demasiado extensa para lo que se cuenta, donde los personajes están muy bien perfilados, elegante, bien documentado... Ya es la segunda lectura en lo que llevamos de mes, y por consiguiente, la segunda reseña en la que, esta vez sí, me toca hablar de una tendencia que he ido observando en la literatura actual, sobre todo en la que llega a nuestras librerías desde el extranjero, y más concretamente desde el ámbito anglosajón. De todas y todos es bien conocido que el género histórico es uno de los que más público atrae. Hordas de seguidores se postran ante los escaparates a la espera de que esa o ese autor, experto en trasladar al lector a X época de la historia, con mejor o menor talento narrativo, escriba de una vez su última novela. Este, a diferencia de otros, se mantiene y sorprendentemente sobrevive al azote de las modas gracias a una continua renovación generacional y la fidelidad de su público. No obstante, una nueva corriente está empezando a surgir con fuerza, dejando claro, por un lado, la versatilidad del género, y por otro, que las mujeres han venido para quedarse. En primer lugar, hablamos de desmontar la rigidez por la que en muchos casos se ha caracterizado la novela histórica y experimentar con otros géneros tan dispares como el terror o la fantasía. Todo ello sin perder de vista la ambientación histórica y la propia verosimilitud de la trama. En segundo lugar, como no podía ser de otra forma, nos referimos a ellas, tanto a autoras como a las protagonistas de sus novelas que, lejos del esquema patriarcal, vienen rompiendo estereotipos de género a través de heroínas capaces de decidir sobre su destino e incluso cambiar la historia. Sin duda, una bocanada de aire fresco en un género que necesitaba urgentemente abrirse a los nuevos tiempos. Circe, de la estadounidense Madeline Miller es el ejemplo perfecto de fusión entre historia - mitológica - y fantasía además de ofrecer una revisión bastante necesaria de la figura de la hechicera más famosa de la Odisea. Pero no es la única, porque hoy, desde tierras británicas, reseñamos otro ejemplo más de esta nueva deriva en donde, esta vez, nos trasladamos al Londres de finales de siglo XVIII. La sirena y la señora Hancock: un armador, una cortesana y una sirena cuyo misterioso magnetismo cambiará sus vidas.


   No consigo recordar exactamente el lugar en el que vi por primera vez un ejemplar de la novela de Imogen Hermes Gowar, sin embargo, de lo que si me acuerdo es de las circunstancias que envolvieron a aquel repentino interés por esta novela. Cansada de tanto realismo y superada por una mala racha de lecturas, decidí saltar al vacío, salir de la zona de confort en la que me había aposentado durante tanto tiempo y apostar por una historia y sobre todo por una autora primeriza. Porque eso sí, esta es la primera novela de la autora - y arqueóloga - británica. El resultado de esta aventura es que salí indemne - literariamente hablando - de una lectura que, aunque imperfecta, si que me ha parecido interesante en algunos aspectos. La sirena y la señora Hancock nos sumerge en el ajetreado y húmedo Londres de finales de siglo XVIII. Una ciudad a las puertas de sufrir las consecuencias de la revolución que estaba teniendo lugar al otro lado del Canal de la Mancha. Una urbe sobrepoblada donde los astilleros, los bajos fondos y las mansiones de alto copete conviven con la imposibilidad de ascenso social. Una capital donde, a pesar de los avances científicos y tecnológicos que están empezando a producirse - no olvidemos, estamos en la era preindustrial todavía - conviven con las más variopintas supersticiones. Una metrópolis, en definitiva, georgiana y al mismo tiempo sacada de cualquier novela satírica de Tackeray. En este aspecto, y dado su formación como historiadora, Imogen Hermes Gowar no duda en sacar la artillería pesada - documentación y más documentación - para presentarnos un retrato de la época lo más verosímil posible. Y la verdad es que lo consigue. No sólo a nivel formal, sino también en los pequeños detalles, prestando especial atención a los objetos, telas, mobiliario y demás utensilios que cargan de veracidad a la historia. Dado que la autora es una gran experta en estas lides - llegando a trabajar incluso en el Museo Británico - no esperaba menos. Sin embargo, Hermes Gowar comete un pequeño error al tratar de trasladar esto de la ambientación histórica al propia narración de la novela. Es sorprendente toparse con una obra en la que se emule el lenguaje de la época o el estilo de las grandes obras literarias de ese tiempo, de ahí la comparación con la célebre Moll Flanders de Daniel Defoe, cuna del género picaresco británico. No obstante esa sobrecarga más que enaltecer entorpece y dificulta a veces el ritmo de su lectura. Aún así, para quienes estén más acostumbrados a los clásicos de la literatura del siglo XVIII, La sirena y la señora Hancock os resultará una delicia en ese sentido.

   Dejando a un lado la excelente ambientación - en la que el lector deambula o bien por La Calle de la Cerveza o por el contrario por La Calle de la Ginebra que tan bien satirizó William Hogart en sus conocidos gravados - y centrándonos más en la trama, diremos un par de cosas. En primer lugar, quien espere una historia en donde la misteriosa sirena de la que se habla en la sinopsis sea la absoluta protagonista está muy equivocada/o. De hecho, otro de los grandes errores de la novela es precisamente ese, el no haber sabido aprovechar mejor la presencia de ésta, reduciéndola a una mera anécdota donde lo importante, parece ser, el desarrollo de los dos personajes protagonistas a partir de ese acontecimiento. Y sí, eso último está muy logrado, pero podría haber tenido más peso en la trama. En segundo lugar, Imogen Hermes Gowar hace un gran trabajo perfilando las características de todos y cada uno de sus personajes. Empezando por la generosidad y el carácter bonachón y manipulable del armador Jonah Hancock y finalizando con la astucia y picardía de la cortesana Angelica Neal. Sin olvidarnos de unos secundarios de lujo como Sukie - la inteligente sobrina del señor Hancock - la señora Chappel - dueña del burdel más famoso de la ciudad - o George Rockingham - un teniente no tan bueno como aparenta ser -. Todos ellos verán sus vidas alteradas por el descubrimiento de la momia de la misteriosa sirena, la cual desde el primer momento es exhibida y requerida por todos, independientemente de su clase y condición. La sirena atrae a curiosos y eso se traduce en ganancias y quien sabe si a largo plazo la posibilidad de ascender en la rígida jerarquía social de la época, por lo que no son pocos los pretendientes en este juego de poder. Algo que, unido a la misteriosa leyenda que envuelve a dicho ser mitológico, la hace cuanto menos atractiva. En tiempos de picaresca, libertinaje y excesos - no tan alejados de la Francia prerevolucinaria - la presencia de una criatura mágica parece aumentar la locura y el desenfreno con su ligero canto. Los placeres más terrenales se contraponen a la razón, viviendo su particular ocaso antes de que todo cambie y se abra paso un acontecimiento que cambiaría la historia para siempre. Dicho esto, cabría preguntarnos cómo afectará la sirena, metáfora perfecta del contexto al que hacemos constante alusión, a las vidas de los personajes de la presente novela. Las respuestas, como siempre, nos las proporcionará su correspondiente lectura.


   Las sirenas son criaturas marinas de carácter mitológico pertenecientes al ámbito de las leyendas y el folclore. Del griego antiguo "Sireinhn" - las que atan y desatan - y del semítico "Sir" - canto - tienen su origen en la antigüedad clásica, época en la que se les representaba como un hibrido entre mujeres (cabeza y torso) y pájaro (alas y garras) siendo Ligeia, Molpe, Radne o Teles algunas de las más famosas. El primer texto en el que se hace mención a las sirenas es, como no podía ser de otra manera, en la Odisea de Homero, las cuales protagonizan la escena más memorable del libro, esa en la que hacen uso de su engatusador canto para matar a los tripulantes mientras Ulises permanece atado al palo del mástil para de esta forma sobrevivir a su magnético poder de persuasión. Otro de los grandes autores griegos, Hesíodo, se atrevió a imaginarse su hogar, en la isla de Antemoesa, donde aguardaban la llegada de barcos, al contrario que el romano Virgilio, quien las situó en unas islas rocosas, la perfecta trampa mortal para los marineros. Ya en el siglo VI, cuando el cristianismo se antepuso a cualquier otra religión politeísta, las sirenas cambiaron significativamente de apariencia adoptando una más pisciforme (hermosas mujeres con cola de pez en lugar de piernas que habitaban en las profundidades del océano y que no dudaban en cantar para hacer naufragar a las naves que se topaban con ellas). A esta nueva imaginería también contribuyeron las corrientes intelectuales del momento. Sin ir más lejos, en la Vulgata de Jerónimo, se utiliza la palabra "sirena" como símbolo de las tentaciones del mundo. Desde entonces y hasta nuestros días, la interpretación de estos seres mitad mujer mitad pez ha ido marcada por esta influencia medievalista y claramente patriarcal. Mujer y peligro. Mujer y monstruosidad. Mujer y engaño. Mujer y persuasión. O para que nos quede más claro: mujer bella y atractiva que en el fondo aguarda su verdadera identidad, la de una criatura despiadada, fea y capaz de matar a los hombres. ¿No os resulta familiar esta asociación? ¿Cuántas veces se nos ha dicho que calladitas estamos más guapas? ¿Y a cuántas nos han espetado eso de que cuando nos enfadamos nos ponemos feas? ¿Somos acaso sirenas? ¿Unas sirenas cuya interpretación intelectual es claramente machista? ¿Unas sirenas incapaces de razonar? ¿Unas sirenas reducidas a la bipolaridad y a una irracional tendencia destructiva hacia a los hombres?... Veis como todo tiene su origen, su germen, por qué. Ni la anecdótica sirena de la presente novela se libra, al igual que algunas de las mujeres que la protagonizan, condenadas a una construcción social que, afortunadamente y con empeño, algunas tratan de destruir y abrirse paso con decisión y sin necesidad de entonar canto alguno.

   La sirena y la señora Hancock: una historia de ambición, poder, magia, aventura, amores aparentemente inverosímiles, ascensos sociales, superación... La sirena como metáfora perfecta del ocaso de una era, un tiempo que ya nunca volverá.


Frases o párrafos favoritos:

"Los tratas como si fueran en centro del universo y enseguida se lo creen. Menuda vida de cuento viven estos hombres, si no han sentido nunca la necesidad de mirar bajo la superficie de las cosas."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Siruela