Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

sábado, 22 de mayo de 2021

RESEÑA: Parentesco.

 PARENTESCO


Título: Parentesco. 

Autora: Octavia E. Butler (Pasadena, Estados Unidos, 1947 - Lake Forest Park, Estados Unidos, 2006). La apodada como "la gran dama de la ciencia ficción" vivió su infancia en un barrio interracial, siendo criada por su abuela y su madre y devorando cada revista sobre dicho género que caía en sus manos. Años más tarde ingresó en la California State University, la cual abandonó para comenzar a estudiar Escritura Creativa en la Universidad de los Ángeles llegando a recibir su título de profesora asociada en Artes en 1968 en el Pasadena Community College. Así mismo, también estudió en el Screenwriter´s Guild Open Door Program y en el Clarion Sciencie Writer´s Workshop, donde asistió a clase con el maestro de la ciencia ficción Harlan Ellison. Su primera historia, Crossover, fue publicada en la antología Clarion de 1971. Pattermaster, su primer a novela, fue el primer volumen de una serie de cinco entregas - Mind of my mind (1997), Survivor (1978), Wild Seed (1980) y Clay´s Ark (1984) -. Con la publicación de Parentesco en 1979, Butler logró mantenerse como escritora a tiempo completo y al fin el reconocimiento a su obra. Butler también es autora de la trilogía Xenogenesis, de La parábola del sembrador (1993) así como de una colección de cuentos cortos publicados bajo el título Hijo de sangre y otras historias (1995). Ha ganado algunos de los premios más prestigiosos que reconocen las obras de ciencia ficción, entre ellos el Premio Locus, el Premio Hugo, el Premio Nébula o el Premio Science Fiction Chronicle. 


Editorial: Capitán Swing. 

Idioma: inglés. 

Traductora: Amelia Pérez Villar. 

Sinopsis: Dana, una joven negra es de repente e inexplicablemente transportada desde su hogar en la California de la década de 1970 hasta la Maryland de mediados de siglo XIX, en plena Guerra Civil. Mientras viaja en el tiempo entre ambos mundos, uno en el que es una mujer libre y otro en el que forma parte de su propia y complicada historia familiar en una plantación del sur, se enreda aterradoramente en la vida de Rufus, un conflictivo esclavista que es a la vez un antepasado de Dana, y en las vidas de muchas personas que están esclavizadas por él.

Su lectura me ha parecido: original, clásica desde lo estilístico, tremendamente imaginativa en la trama, muy crítica, fascinante en su tratamiento de los personajes - especialmente los femeninos - ágil, reflexiva, inquietante, desgarradora por momentos, totalmente pertinente en los tiempos que corren... Harriet Tubman, nacida a mediados de 1820 en Maryland. Hija de esclavos que, tras sufrir humillaciones, trabajos forzados, insultos, palizas - incluyendo un golpe en la cabeza con una pesa de un kilogramo que le provocó desmayos, mareos y episodios epilépticos de por vida - y ante la posibilidad de ser separada de su familia, escapó en dos ocasiones de la plantación, siendo la segunda de ellas la definitiva. Obligada a viajar de noche, debido a la peligrosidad del camino, y guiada por la Estrella Polar, caminó más de noventa millas hasta llegar a Pensilvania, uno de los estados abolicionistas más importantes de la época. A partir de ese momento, Harriet se dedicó a rescatar esclavos de las plantaciones a través de la ruta conocida como Ferrocarril Subterráneo, jugándose la vida y bajo los apodos de "Moisés" o "General" para esconder su verdadera identidad. Tras la Guerra Civil - donde se convirtió en la primera mujer en liderar un asalto armado - siguió luchando por la abolición de la esclavitud, así como por el derecho al voto femenino. Rosa Parks,1913, natural de Alabama, por aquel entonces, uno de los estados con la política segregacionista más extrema del país. Costurera de profesión, el mundo entero la conoció por su negativa a levantarse ante las insistencias de un conductor de autobús para que cediese su sitio a un hombre blanco. Cuando la policía le preguntó por qué no se levantaba, Parks respondió con otra pregunta: "¿Por qué todos ustedes están empujándonos por todos lados?". Acusada de perturbación del orden público, Parks fue arrestada y multada con un cargo de 14 dólares. En respuesta a su encarcelamiento, Martin Luther King - un pastor bautista relativamente desconocido en ese momento - condujo la protesta de autobuses públicos de Montgomery instando a la población afroamericana a no subirse en en autobuses y a transportarse por sus propios medios. La protesta de 382 días concluyó con el fin de la segregación racial en el transporte público, así como en otros ámbitos de la vida cotidiana en Estados Unidos. De este modo, Rosa Parks no solo inició una carrera política vinculada al Partido Demócrata en favor de los derechos de los afroamericanos, también se convirtió en un símbolo de lucha pacífica que ha perdurado hasta nuestros días. Alicia Garza (Okland, 1981), Patrisse Cullors (Los Angeles, 1984) y Opal Tomei (Phoenix, 1984). Socióloga, filósofa e historiadora y experta en comunicación respectivamente. Tres mujeres de la generación de los ochenta, un contexto en el que la población afroamericana había consolidado algunos de los derechos fundamentales más importantes. Sin embargo, las tres frecuentaron o formaron parte de diferentes grupos activistas antirracistas, afrofeministas o de reivindicación LGTBI ante la certeza de que aún quedaba - y queda - mucho camino que recorrer al respecto. Ante la absolución de Geroge Zimmerman - responsable de vigilancia comunitaria - por la muerte del adolescente de 17 años Trayvon Martin en el año 2013, las tres fundaron el movimiento Black Lives Matter. Movimiento que traspasó las esferas de Twitter y de los hastags hasta convertirse en todo un clamor popular y mundial en las calles, siendo especialmente activo tras el fallecimiento de George Floyd a manos de un policía el pasado 2020. Cinco mujeres, tres contextos diferentes, pero todas atravesadas por una realidad: la discriminación de la comunidad afroamericana que, lejos de haberse superado, todavía seguimos hablando de racismo institucionalizado más allá de la proliferación y auge de la extrema derecha en el país durante los últimos años. De ahí que, para entender lo que está sucediendo, así como para librarnos de todos los prejuicios raciales que pueda sustentar erróneamente, acudo a los ensayos, pero también a la ficción, a novelas como la que hoy tengo el placer de reseñar. Parentesco: esclavitud, memoria histórica y viajes en el tiempo. 



"Mujer, negra, escritora y, por si fuera poco, de Ciencia Ficción." Eso mismo debieron pensar muchos - sí, en masculino, ya que el género estaba en los años 60 y 70 copado mayoritariamente por hombres blancos - puristas al observar como Octavia Butler se llevaba los premios más importantes - incluyendo el Hugo y el Nébula - de la Ciencia Ficción novelada. En un momento en el que autores como Ray Bradbury, Stanislav Lem e Isaac Asimov parecían intocables, siendo sus libros los que de alguna forma marcaban el patrón a seguir por las nuevas generaciones, de pronto, irrumpe Butler con igual o mayor talento que sus antecesores y con unas ideas que estaban llamadas a revolucionar la Ciencia Ficción tal y como se conocía entonces. Octavia Butler pertenece a la conocida como "Nueva Ola" en la que, a pesar de estar encabezada por Philip K. Dick - autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que Ridley Scott adaptaría al cine bajo el título de Blade Runner - fueron muchas las mujeres que comenzaron a ganar peso en un género tan masculino. Ursula K. le Guin, Johana Russ, Sheri S. Tepper, Margaret Atwood o Alice B. Sheldon entre otras muchas pusieron los cimientos para que, en la actualidad, las mujeres no sean consideradas bichos raros por escribir sobre sociedades distópicas, viajes espaciales o ficción especulativa. Librándolas de prejuicios y supuestos a la hora de juzgar su capacidad para imaginar otros mundos posibles. Sin perder ni un ápice de la tradición dentro del género, Butler coge las enseñanzas recibidas (tanto de sus lecturas de infancia y juventud como de lo aprendido durante su etapa universitaria) y lo conduce a terrenos hasta entonces inexplorados. Porque sí, Parentesco es una novela sobre viajes en el tiempo, eso es cierto y en ese sentido su inspiración no puede ser más clásica. Así como su estilo, rápido, directo, con muchos diálogos, con unos personajes enormemente funcionales. Bebiendo en ese sentido también de aquellos relatos que aparecían en las revistas de Ciencia Ficción que tanto consumía Butler de pequeña. Pero entonces, la trama se convierte en el principal elemento de la novela, una trama que la escritora trufó de temas, debates, críticas y reflexiones que, hasta ese momento, nadie había osado introducirlas en el género. Cuestiones como el Afrofeminismo o Feminismo Negro - tan en boga en los años 70 gracias a Angela Davis, Audre Lorde o Bell Hooks entre otras activistas - que busca poner sobre la mesa la interseccionalidad del movimiento feminista, el propio racismo aún presente en los Estados Unidos - señalando a los culpables de su asimilación social - así como la importancia de la historia (y la memoria sobre todo) como motor del cambio y el avance de los derechos y libertades de la comunidad afroamericana. Porque sin historia no hay recuerdos, y sin recuerdos - saber lo que pasó para analizar sus causas y consecuencias - es muy difícil seguir adelante. De este modo y en un ejercicio literario soberbio Octavia Butler reinventa la ciencia ficción desde el feminismo trasversal - otorgando gran protagonismo a las mujeres negras - asentando las bases de lo que posteriormente se conocerá como Afrofuturismo - estética literaria y cultural que también tiene, por citar un ejemplo, la película Black Panther - además de proporcionarnos una pertinente llamada de atención desde los años 70 (década en la que se publicó) a toda esa gente que piensa que el racismo es un problema del pasado. 


Centrándonos en la obra propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Parentesco nos presenta a Dana, un personaje memorable donde los haya que sirve tanto como motor de la historia como catalizador de todos los planteamientos y reflexiones que la autora vierte en la novela. Dana, una joven novelista, vive con su novio Kevin, que también es escritor en la California de los años 70. Su relación resulta incómoda, tanto para sus respectivas familias como para el resto de gente ya que, a pesar de que las cosas parecen haber cambiado, todavía resulta escandaloso que una mujer negra y un hombre blanco se enamoren y quieran vivir en pareja. Aún así su unión es fuerte, bien avenida y, aunque han tenido que trabajar mucho para dedicarse profesionalmente a lo que les apasiona y el color de sus respectivas pieles parece resultar un problema para la sociedad que los rodea, ellos deciden apostar el uno por el otro y superar cualquier adversidad. Un día, Dana sufre un mareo que le transporta a una plantación de Maryland - lugar al que llegaron desde África los primeros hombres y mujeres que posteriormente serían esclavizados - hacia 1815. Allí, en este primer viaje en el tiempo, salva a un niño pelirrojo llamado Rufus sin ser consciente de la importancia de dicho acto. Dana regresa inmediatamente al presente, pero los continuos mareos hacen que cada vez le sea más difícil regresar a él. Es entonces cuando Kevin decide acompañarla en sus viajes, en los cuales ambos descubrirán que Rufus, el niño que Dana no dejó que muriese, además de ser hijo del propietario de la plantación, es antepasado de la propia protagonista. Descubriendo que en su linaje se mezcló la sangre de blancos y negros. Dicho esto, Dana toma como "misión" preservar la vida de su antepasado, a pesar del dilema moral y paradoja que se da - debe proteger a un familiar que a su vez se convertirá en la mano ejecutora de latigazos y demás abusos hacia los suyos - así como moverse entre los propios esclavos para no ser descubierta, algo que no le será fácil debido a su instruida educación. Esta circunstancia hará que los roles entre Kevin - quien se infiltra entre los esclavistas para pasar desapercibido - y la propia Dana cambien, así como su entendimiento como pareja. Dentro de esta novela de personajes sobresale, como no, el de Dana, la enorme protagonista que Butler crea como catalizador de, no solo la acción que está teniendo lugar, también las reflexiones que la autora vierte sobre ella. Tampoco debemos pasar por alto a Rufus que, pese a convertirse en un ser despreciable como pocos, se eleva como el contrapunto perfecto de la novela. Así mismo, Parentesco se nutre de ricos personajes secundarios, como Alice, otra mujer de poderosa impronta dentro de la trama. Además de una clara intención de rescatar y reivindicar personajes femeninos reales de la época tales como la ya mencionada Harriet Tubman o Sojourner Truth (feminista y abolicionista, se convirtió en la primera mujer negra en ganar un juicio contra un hombre blanco en su lucha por recuperar a su hijo). Y es que, como ya he dicho al principio de la reseña, Butler persigue tres objetivos claros. El primero de ellos, la renovación de los parámetros de la ciencia ficción, acercándola a otras realidades y miradas que no fuesen la blanca y heteropatriarcal. Segundo, en relación con este último, dar más protagonismo a las mujeres dentro del género, otorgándoles papeles protagónicos potentes y ausentes de estereotipos. Y por último, y creo que más importante, mostrar al lector como un problema histórico - el racismo hacia la población negra - sigue estando, por desgracia, no solo de actualidad, sino que, por si fuera poco, intrínsecamente unido al sistema capitalista que ha dominado Estados Unidos - con su respectiva evolución, claro está - desde hace siglos. Un carácter instructivo que, más allá del estilo empleado y de contener momentos de gran dureza, acaba por impregnar toda la historia. Dejando muy claro cual es el problema, cual es su origen, la urgencia de ponerle remedio al problema y, por supuesto, evidenciar lo poco que ha cambiado la sociedad estadounidense al respecto. 

Parentesco: una historia de desigualdad, violencia, viajes temporales, injusticia, Afrofeminismo, esclavitud, vigencia, pertinentes debates... La novela que debería leerse en cada instituto y en cada casa. En Estados Unidos y en cualquier otro país del mundo. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Yo era, probablemente, el peor guardián que podía tener: una negra cuidando de él en una sociedad que considera a los negros seres infrahumanos, una mujer en una sociedad que trataba a las mujeres como si fueran eternamente niñas". 

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Capitán Swing

miércoles, 12 de mayo de 2021

RESEÑA: La ladrona de fruta.

 LA LADRONA DE FRUTA


Título: La ladrona de fruta. 

Autor: Peter Handke (Griffen, Austria, 1942). Premio Nobel de Literatura 2019, es todo un clásico contemporáneo de la literatura en lengua alemana. Su medio centenar de novelas, ensayos y obras de teatro tienen en común la angustia de la soledad y la incomunicación, con un estilo original que nunca renuncia a la creación cerebral. También ha escrito algunos guiones cinematográficos para Wim Wenders y dirigió la película La mujer zurda, basada en una novela homónima. Entre los numerosos numerosos premios que ha recibido a lo largo de su carrera es de destacar el Georg Büchner, equivalente al Cervantes de las letras alemanas. Handke también es autor de Contra el sueño profundo, La tarde de un escritor, Carta breve para un largo adiós, Desgracia impeorable, El miedo del portero al penalty o La noche de Morava entre otros. 


Editorial: Alianza Editorial. 

Idioma: alemán. 

Sinopsis: Alexia, a la que todos llaman "la ladrona de fruta" va a emprender una "Expedición-de-una-sola-mujer" por la Picardía francesa en busca de su madre. Antes de partir, su padre le da algunos consejos para el camino. Pero el relato se inicia con Alexia, sino con el narrador, que parte un día de agosto de la "bahía de nadie": ¿para qué?, ¿para observar a "la ladrona de fruta"?, ¿para acompañarla en silencio? No: para dar fe de sus experiencias y aventuras en su viaje iniciático. 

Su lectura me ha parecido: densa, meta literaria, actual, pesimista, crítica, cálida, detallista, abrumadora en su lenguaje así como en datos, épica desde lo contemporáneo, reflexiva, un viaje (explícita e implícitamente) … En su híbrido ensayo la también Premio Nobel de Literatura Olga Tockarczuk - cuyo nombre sonó junto al del autor que ocupa la presente reseña delante del solemne portón dorado y frente a una nube de periodistas procedentes de medio mundo - hacía una pertinente distinción. Para la autora polaca lo volátil, lo móvil, en definitiva, lo errante, es civilizado según nuestra propia concepción europeísta y etnocentrista. Mientras que lo directo, ese lugar que se fija en el mapa para ir por el motivo que sea, se antoja más una conquista que cualquier otra acción. Los turistas invaden, llenan monumentos, dejan dinero en la ciudad y se van. Un poco como los bárbaros (o lo que desde una posición, de nuevo, no exenta de prejuicios consideramos como tal) al efectuar sus incursiones de conquista. Porque sí, los turistas conquistan, en una época concreta del año, pero a diferencia de los pueblos que acabaron por tomar Roma - por citar un ejemplo - o bien no vuelven nunca más o repiten, en sus ansias por seguir atesorando recuerdos, vivencias, instantáneas que ilustrarán los álbumes familiares del primer estante de la biblioteca del comedor. Siguiendo la opinión de Tockarczuk el verdadero viaje sería el no planificado, el que se emprende no por placer sino por conocimiento, el que supone un ejercicio de autodescubrimiento, el que no sigue la corriente - o el que escapa de las vías de turismo más tradicionales - y, por supuesto, el que no atiende a coherencia, horarios, necesidades generalizadas o plazos. Si bien es cierto que, para emprender una travesía como la que Tockarczuk nos expone en Los errantes, tendríamos que haber superado las trabas que el capitalismo más salvaje nos pone y, tener un nivel económico lo suficientemente solvente y, por supuesto, que la sociedad en general viese con buenos ojos otras opciones menos planificadas y más austeras (y no solo a nivel material). Dicho esto, fue una casualidad casi prodigiosa el toparme con esta conexión entre la escritora polaca - famosa por su literatura a caballo entre la crítica ecologista y un realismo mágico propio - y el autor austríaco de apellido casi cinéfilo - lo sé, Handke y Haneke no se parecen en nada, pero en mi cabeza parece ser que sí - de polémicas y despreciables declaraciones - sus opiniones negacionistas acerca del genocidio de Sreberinca causaron bastante revuelo - de innumerables  galardones literarios - incluyendo el Nobel de Literatura del año 2019 - y de una producción literaria larga y potente. Esta, mi primera incursión en su universo novelístico, os aseguro, no será la ultima. La ladrona de fruta: viaje iniciático, observación y la Picardía francesa. 


Este libro no es lo que parece. Eso os lo comento ya de antemano. Ni siquiera la brevísima sinopsis que nos encontramos en la contraportada refleja el mamotreto literario al que debe enfrentarse el lector si su objetivo es hincarle el diente para saciar cualquier apetito placentero o intelectual. Handke no es un escritor fácil, de hecho, está en las antípodas de lo que podríamos considerar literatura del montón. Handke viene de lo incómodo, de una posición de insumisión célebre dentro del conjunto literario europeo, de la experimentación, así como de un frontal rechazo a cualquier servidumbre de carácter comercial que implicase una traición a sus propios valores, y por tanto, a su propia forma de escribir y de concebir la literatura. Aún así y a pesar de sus polémicas opiniones de carácter político - de las cuales he citado un ejemplo en el primer párrafo - eso no ha evitado recibir en la última década aquellos galardones que acaban por engrandecer o condenar la carrera de un escritor. Esto no quiere decir, repito, que ser Premio Nobel sea sinónimo de escritor de difícil comprensión (de hecho, otras y otros galardonados se han caracterizado por poseer un estilo más accesible para el gran público tales como Svetlana Alexiévich, Alice Munro, Patrick Modiano o Kazuo Ishiguro entre otros) pero en el caso de Peter Handke hay que informarse previamente, aunque sea a través de reseñas u opiniones varias - hasta en caliente diría yo -, no vaya a ser que pensemos que nos vamos a topar con la típica historia veraniega para entretenernos sin pensar mucho cuando (y aunque lo estival está muy presente) es mucho más. Sí, La ladrona de fruta se ambienta en la estacijón más calurosa. Sí, el lector será testigo del viaje que emprende Alexia - cuyo apodo da título a la presente novela y confieso que me encanta - a lo largo de tres días en los que recorrerá parte del territorio francés hasta llegar a la Picardía. Y sí, existe un objetivo, el de encontrarse con su madre además de suponer una especie de viaje iniciático, de un acceso a la madurez desde la juventud. Pero, La ladrona de fruta es eso y mucho más. Podríamos pensar, antes de adentrarnos en sus páginas, que Alexia será la que lleve la voz cantante, la que nos guíe a través de las ciudades y pueblos que deja a su paso, que conoceremos su historia a través de sus pensamientos. Sin embargo, la sinopsis nos da la clave de que esto no va a ser tan fácil. Que es probable que disfrutemos de la novela, pero que el camino será largo, algo denso e introspectivo, muy introspectivo. Para empezar, Alexia - alias la ladrona de fruta - resulta ser el personaje más llamativo de cuantos se encuentra el verdadero narrador, quien parte de un lugar desconocido y la acompaña, en silencio, sin estridencias, observando sus pasos, decisiones, lugares por los que pasan. Todo para dar fe de su recorrido, del viaje que emprende y que, al mismo tiempo, le sirve a él de reflexión interna como viajante, escritor, intelectual y persona que le importa el contexto que tiene lugar a su alrededor. ¿Veis como no era simplemente un libro sobre unas vacaciones soñadas entre cobertizos, ríos y atalayas medievales?


Dividida en dos partes, La ladrona de fruta se presenta como una especie de continuación de una novela anterior - Por la sierra de Gredos (2002) y de la cual no entraré a hablar - y en la que al parecer hay un cambio de papeles. Si en Por la sierra de Gredos la historia giraba entorno a una madre en busca de su hija, en La ladrona de fruta es una hija la que emprende el viaje para encontrarse con su madre. Una odisea que, como ya he anticipado en el anterior párrafo, tiene un profundo poso de autodescubrimiento y confecciona el marco perfecto para que su autor, Peter Handke, exponga reflexiones entorno al conocimiento, la vida en general, el errante caminar - de ahí la conexión con Tockarczuck - los males de la sociedad actual así como sus reflexiones desde su posición de intelectual y escritor. Con un detallismo casi exhaustivo, Handke detalla los preparativos para el viaje del narrador - su alter ego - así como su condición de outsider social. Más adelante, vemos como éste va anunciando la aparición de Alexia hasta que finalmente se encuentran en un pueblo. A partir de ese momento, el narrador sigue los pasos de la ladrona de fruta en su viaje de "expedición-de-una-sola-mujer" por una tierra salpicada de castillos y arquitectura medieval. Es en ese momento en el que el narrador se echa a un lado para otorgarle cierto protagonismo, que no todo, a Alexia en su particular odisea. Dicho esto, observamos como Peter Handke, en palabras de la traductora Ana Montané, trata en La ladrona de fruta de redefinir, o de actualizar, el género de las epopeyas medievales. Aquellos textos que en prosa o en verso buscan narrar las aventuras del protagonista, un caballero y a menudo acompañado de un escudero, en la búsqueda de un objetivo concreto. Que la novela transcurra en la Picardía francesa - famosa por sus fortalezas góticas e impresionantes construcciones de la Plena y Baja Edad Media - ya nos sumerge en el mismo paisaje (aunque restaurado y visto con los ojos de alguien que habita el siglo XXI). Por no hablar del sentido del viaje, más allá de las reflexiones entorno a si se debería o no perseguir una motivación para emprenderlo, y ese joven que aparece en el tramo final, convirtiéndose en ese "escudero" contemporáneo que le faltaba a la historia. Aquí el caballero andante - tan celebrado y popularizado unos siglos después por Miguel de Cervantes - es en realidad una mujer decidida, fuerte y que está dispuesta a llevar a cabo su empresa. Por otro lado, Handke nos adentra en senderos poco transitados dentro de la literatura de viajes donde emergen los debates más candentes de la sociedad actual, así como su visión más deprimente: la indefensión de los inmigrantes ante la injusticia que se comete contra ellos, una población cada vez más "empantallada" o la vulneración de los espacios naturales. De este modo, lo que parecía un viaje al interior de Francia se convierte en un viaje al interior de la mente del escritor. Una cabeza en plena ebullición, en busca de una historia, de la inspiración, de aquello que haga fluir la tinta de la pluma. Algo que Peter Handke parece encontrar en Alexia, en la literatura medieval - especialmente la del escritor alemán Wolfrang von Eschenbach - y en la certeza de que, observando (ojo a las pormenorizadas descripciones de la novela) conseguirá culminar su obra magna. 

La ladrona de fruta: una historia de etapas, paisajes de otro tiempo, adalides, aprendizajes, iniciación, fascinación, deambular, acontecimientos insustanciales que acaban marcando un antes y un después... Una vuelta de tuerca contemporánea a uno de los géneros literarios más antiguos de la historia. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Y, además, el fuego, también preparado ya hacía raro, ardía, crepitaba, crujía, chisporroteaba y rugía en la chimenea, que, de nuevo, no era ni demasiado pequeña ni demasiado grande, tenía justo las proporciones adecuadas para esta noche. ¿Un fuego de chimenea en verano? ¿Y qué? ¿no estaba la mesa, que no era de ébano, o de mármol, pero tampoco de contrachapado o de plástico, puesta, no con porcelana de Limoges y cristal de..., pero tampoco con... ?: todo eso, como solo en las historias antiguas, muy antiguas. "¿Solo?" ¿Entonces eso quería decir: que a diferencia de en la vida, en realidad? ¡No! También en la vida sucedían cosas así, de vez en cuando y justo en el momento adecuado, y también en la realidad; lo real de la realidad."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial

martes, 4 de mayo de 2021

RESEÑA: Anónimas. La escritura silenciosa de las mujeres.

 ANÓNIMAS

LA ESCRITURA SILENCIOSA DE LAS MUJERES


Título: Anónimas. La escritura silenciosa de las mujeres. 

Autora: Raquel Presumido (Oviedo, 1992). Estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos y el Máster de Guion del Sindicato de Guionistas en la Universidad Carlos III de Madrid. Trabajó como becaria en productoras televisivas y teatrales durante algún tiempo, compaginándolo con su formación en escritura de ficción en escuelas como Hotel Kafka o Fuentetaja. En 2016, La Casa del Lector otorgó el primer premio a su relato Amantes insomnes en el certamen Cuentos Sonoros. Aficionada al mundo de los fanzines políticos, debutó en 2018 con la autopublicación de su ensayo Sabrina, cosas de brujas, un análisis feminista del guion de la serie adolescente de los noventa. Actualmente oposita a profesora de Lengua y Literatura e imparte talleres de escritura que giran entorno a la ficción escrita por mujeres. 


Editorial: Antipersona. 

Idioma: español. 

Sinopsis: Sentados juntos a la máquina de escribir, las mujeres han redactado documentos, mecanografiado contratos y escrito cartas para sus jefes. También han aguantado las bromas, los comentarios y el acoso sexual de compañeros y superiores. Convertidas en mito erótico y blanco de chistes, las secretarias escribían en silencio documentos que firmaban sus jefes. Pero eso no sucedía solo en el interior de las oficinas. Las mujeres de los genios de la literatura hacían de secretarias, traductoras, correctoras y agentes mientras se ocupaban de la casa y los niños y a veces incluso trabajaban fuera para sostener económicamente a la familia. Su rastro se perdía en la historia mientras ellos recibían premios y reconocimiento. Otras mujeres, unas pocas, consiguieron publicar enfrentándose a los prejuicios y a las dificultades. A veces no pudieron firmar sus obras, en otras ocasiones lo hicieron con nombre masculino. Este libro traza la genealogía de esa escritura silenciosa de las mujeres para que no la olvidemos y para que no dejemos que continúe pasando.  

Su lectura me ha parecido: breve, ágil, muy accesible, iniciática, con capítulos a destacar (aunque en general todos son necesarios e interesantes), urgente, feminista, capaz de empujar a la o el lector a investigar por su cuenta... Cuando terminé de leer este cortísimo ensayo - demasiado tal vez - fueron dos los personajes (uno seriéfilo y otro cinéfilo) que se me vinieron a la cabeza. El primero fue el de Peggy Olson entrando por primera vez en las oficinas de Sterling Cooper. Aquella mujer de ojos claros, melena oscura, callada, de apariencia tímida, remilgada, vestida con tonos pastel, recorriendo las estancias de la agencia de publicidad. Entraba como secretaria, una de las profesiones más feminizadas, erotizadas, ridiculizadas y menospreciadas del mercado laboral de los años 60 - algo que se extiende en parte hasta nuestros días - . En un lugar en el que los puestos de gran responsabilidad eran copados por hombretones trajeados que se robaban las ideas para grandes campañas o anuncios con sesudas reflexiones y bebiendo más de lo que su hígado podía soportar. Y en un país, los Estados Unidos, que comenzaba a despertar del sueño del American Way of Life a golpe de contracultura y feminismo de segunda ola. Peggy Olson - interpretada por Elizabeth Moss - entró como mera secretaria ante los ojos de los espectadores, a la sombra de su jefe, del protagonista, el totémico Don Drapper (encarnación del macho alfa en decadencia de mediados de siglo XX) pero saldrá, tras siete gloriosas temporadas, como una de las mejores publicistas de la empresa, además de en una de las abanderadas del feminismo liberal - blanco y de clase media por supuesto - de su tiempo, y por extensión, un icono audiovisual para los tiempos actuales. El vivo retrato de algunos de los derechos que Betty Friedan, Gloria Steinem o Bella Abzug entre otras condensado en su personalidad inteligente, despierta y leal. Demostrando que sus ideas eran igual de buenas que las de cualquier otro compañero, que esa "cesta de besos" podía ser una gran campaña. El segundo, fue el de Joan Castelman. Pelo blanco, ojos azules y rostro casi hierático. La impecable representación del terrible dicho "la gran mujer detrás del gran hombre". Un hombre, su marido, al que van a otorgar el Premio Nobel de Literatura, de ahí el viaje a Estocolmo y todas las entrevistas concertadas en la capital escandinava. Joan lo acompaña con resignación, a cada acto, a cada tertulia, a cada cena previa a la ceremonia con embajadores y demás autoridades, harta de la condescendencia con la que la tratan - a pesar de tener estudios - y de la invisibilidad a la que le ha condenado su propio esposo. Pero todo tiene un límite y Joan explota revelando al espectador el secreto que ha estado guardando durante años, el de que ella es, en realidad, es el verdadero coloso literario, la autora de la novela que lo hizo merecedor de dicho reconocimiento mundial. Amarga película que, no solo nos ofrece una de las mejores interpretaciones de Glenn Close, sino que además resulta una reflexión entorno al rol de la mujer del supuesto genio, del artista, del brillante escritor que el patriarcado ha contribuido a moldear. A Peggy Olson y a Joan Castelman les separan décadas, épocas, empleos y circunstancias personales. Pero aunque son dos mujeres procedentes del mundo de la ficción, su inspiración puede rastrearse en el de otras mujeres reales a las que la escritora Raquel Presumido ha querido reivindicar desde lo puramente divulgativo. Anónimas: de secretarias, mujeres de, autoras amordazadas y de como el patriarcado convirtió su talento en invisibilidad. 


Centrándonos en la reseña propiamente dicha comenzaremos, en primer lugar, resaltando la extraordinaria brevedad del presente ensayo. No es de extrañar si tenemos en cuenta que Antipersona - la editorial valenciana que lo ha publicado - siempre se ha caracterizado por hacer llegar a los lectores textos, en su mayoría de no ficción, de una extensión bastante asequible sobre temas que - antes sobre todo - no habríamos encontrado en editoriales más generalistas. Desde un libro sobre la evolución de lo que significa "salir de fiesta" a lo largo de la historia hasta una novela sobre el caso Alcasser y el trauma que causó en la psique colectiva de los años 90, pasando por mujeres barbudas y su representación en el cine, las experiencias de varias voces influyentes del colectivo trans en España, el diario de un oficial al mando del IRA durante su estancia en la cárcel, un fresco sobre señoras victorianas cleptómanas y el nacimiento de los grandes almacenes en Europa o un ensayo sobre la Yakuza entre otros. El texto de Raquel Presumido ha encontrado hogar en una editorial que, como acabamos de comprobar, ostenta una de las líneas editoriales más eclécticas del panorama literario. Rellenando algunos huecos del conocimiento que habían quedado desclasados o directamente ignorados por el gran público desde una intención inminentemente divulgativa. El libro de Pesumido, en comparación con algunos títulos del catálogo, es tal vez el que más se adecúe a la urgencia intelectual del momento, a la necesidad de contar la historia desde otra perspectiva, la de las mujeres, las grandes olvidadas, a las que desde no hace mucho, y por fin, parece que se les empieza a escuchar de nuevo. Tras el montaje teatralizado de la portada  - donde vemos a un jefe demasiado "pachorro" y a una secretaria con la sonrisa demasiado amplia, casi forzada - y tras un impecable prólogo de Silvia Nanclares encontramos una escritura pulida, solida, perfectamente apoyada en una bibliografía que se recoge al final del libro y a la que la autora no duda en recurrir cuando es necesario para su argumentación. Con una clara pretensión divulgativa, la autora invita a que el lector, a posteriori, reflexione, desarrolle mirada y pensamiento crítico, buscando por su cuenta otras lecturas más especializadas, más densas si lo prefiere, relacionadas con los distintos temas que se abordan. Algo que nunca está de más. Dicho esto, y volviendo a la cuestión de la brevedad, es cierto que hay capítulos magníficos donde Presumido construye un discurso y ofrece datos, pequeñas biografías de personajes femeninos invisibilizados y desconocidos para el gran público, citas, títulos de películas, apoyo fotográfico... Pero me ha faltado cierta profundidad en algunos capítulos, como en el de "Personajes femeninos en series y cine", donde me he quedado con ganas de más y es que, en comparación con otros, este apartado se queda un poco corto. 


Sin embargo, y a pesar de lo comentado en el anterior párrafo, Anónimas no deja de ser un ensayo importante dentro del maremágnum de libros feministas que han visto la luz en los últimos años. No solo por su acercamiento al lector, sin planteamientos extraordinariamente complejos y yendo directamente al fondo de la cuestión a tratar, sino por su despliegue de planteamientos y personajes que deberían tener su hueco en la historia de la literatura pero que, por el hecho de ser mujer, o bien nunca lo han recibido o si lo han hecho ha sido demasiado tarde - o lo que es lo mismo, una vez muertas -. Mujeres a la sombra de los grandes. Casadas con quienes, en muchas ocasiones, han impedido que éstas se desarrollasen como autoras de renombre pese a tener el talento suficiente como para lograrlo. Como Zenobia Camprubí - perteneciente a las Sin Sombrero, poeta, autora de una de las colecciones de diarios fundamentales para conocer el contexto de principios de siglo XX pero que, por desgracia, es más conocida por se la mujer de Juan Ramón Jiménez - Vera Slónim - quien tuvo que abandonar sus aspiraciones literarias para leer, traducir, corregir, mecanografiar, asesorar jurídicamente, hacer labores bibliográficas, chófer y hasta cazar mariposas para que su marido, Vladimir Nabokov, pudiese dedicarse solo a escribir - o Sofía Behrs - quien incluso sufrió el plagio de una de sus novelas por parte de su marido, el intocable Lev Tólstoi, quedando reflejada en el imprescindible Guerra y Paz -. Obligadas a firmar sus obras con pseudónimo masculino o siglas - "James Tiptree Jr." era Alice Sheldon, "Currer Bell" Emily Brontë, "A.M" Louisa May Alcott, "George Sand" Aurore Dupin, "Víctor Catalá" Catalina Albert, "George Elliot" Mary Ann Evans o tras "J.K. Rowling" se escondía en realidad Joanne Rowling -. Amordazadas a la retórica patriarcal - escritoras como Phillis Wheatley, María Lejárraga, Colette, Violette Leduc, Sylvia Plath o Lucia Berlin vieron como sus obras eran firmadas por sus esposos o bien murieron antes de recibir el reconocimiento que merecían -. O simplemente inexistentes para el mundo - como es el caso de Bette Nesmith, la secretaria que en los años 50 inventó el Típex cansada de empezar de nuevo cada vez que cometía un error mientras escribía a máquina -. Imprescindible es el capítulo reservado, precisamente, al de las secretarias. Profesión feminizada donde las haya y donde se evidencia, de nuevo, otro tipo de escritura invisible, la de aquellas mujeres que redactaban informes, contratos, cartas y demás escritos en nombre del jefe de turno. Por no hablar de su conversión en falso mito erótico por parte del cine, la prensa y la publicidad. Pasando a ser el flanco de burlas, comentarios machistas, acosos y abusos sexuales de toda clase. Dos escrituras silenciosas: la de las escritoras que luchan por hacerse un hueco en una disciplina intelectual que las desprecia y la de las secretarias que pelean por ser valoradas y reconocidas en un mercado laboral inminentemente masculino. Las primeras, en algunos casos, acaban sin quererlo convirtiéndose en las segundas, y viceversa, de secretarias en escritoras, con mejor o peor suerte, redactando sus propios textos para darlos a conocer al mundo. Interesantes paradojas y lúcidas reflexiones finales - la prevalencia de los casposos prejuicios respecto a las escritoras en tiempos donde se publican más libros firmados por mujeres que nunca - las que se dan en este ensayo que, esperemos, no sea el último de Raquel Presumido. 

Anónimas: un ensayo sobre injusticia, invisibilidad, secretarias que tratan de escapar al estereotipo erótico, escritoras engullidas por el genio, escritoras que no publicaron, escritoras que lo hicieron bajo otro nombre, escritoras cuidadoras, escritoras olvidadas... Una conciso estudio feminista que aboga por una educación en igualdad y en el conocimiento de todas y cada una de ellas. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Por mucho que la crítica literaria y el periodismo más tradicional se empeñen en decir que son buenos tiempos para las mujeres en la literatura, afirmando poco menos que nuestro modesto éxito es fruto de una necesidad de cumplir una cuota de diversidad por parte de las editoriales, en realidad es una moda temporal y las autoras salen a cuentagotas. Además, el público que consume ficción escrita por mujeres está formado, en su mayoría, por otras mujeres. Los prejuicios acerca de autoras no han cambiado tanto, a la vista está que, cuando una mujer escribe un libro, los medios se centran exclusivamente en el hecho de que sea una mujer y hacen aburridas y simplistas comparaciones con otras escritoras que nada tienen que ver con ellas."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Antipersona

jueves, 29 de abril de 2021

RESEÑA: Iluminada.

 ILUMINADA



Título: El club de los mentirosos.

Autora: Mary Karr (Groves, Texas, 1955) desencadenó una revolución con sus memorias: El club de los mentirosos fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según New York Times, y mejor libro del año para The New York Tomes Book Review, The New Yorker, People y Time. Karr ha ganado el Whiting Award, el Radcliffe´s Bunting Fellowship y dos premios Pushcart. Además ha recibido una beca Guggenheim. Entre sus obras destaca The Art of Memoir, las memorias El club de los mentirosos, Iluminada y La flor y poemarios como Sinners Welcome, Viper Rum o The Devil´s Tour. Actualmente es profesora de Literatura en la Universidad de Siracusa y vive en Nueva York. 


Editorial: Errata Naturae. 

Idioma original: inglés. 

Traductora: Regina López Muñoz

Sinopsis: ¿Es posible reírse a carcajadas mientras lees un libro que trata sobre el amor, el alcoholismo, la depresión, el maltrato, la maternidad y... Dios? Por supuesto, Iluminada es un buen ejemplo. Pocas memorias (con el ritmo de una gran novela) están a la altura de estas páginas. La joven que pasó su dura infancia en Texas, en el seno de una familia mucho más que "peculiar" vive durante su primera madurez un infierno del que quizá solo puedan salvarla, además de la literatura y la fe, la ayuda de otros que pasaron antes por lo mismo que ella; sin olvidar el amor por su hijo, algo que la inunda al mismo tiempo que la confunde, como a tantísimas madres. 

Su lectura me ha parecido: coloquial, necesariamente brusca, desprovista de prejuicios, íntima, con un sentido del humor que ahoga las lágrimas del lector, heredera y deudora de unas raíces texanas fundamentales para entender esta entrega, enérgica, gamberra, una excelente narración de sí misma... A veces, en esto de la creación literaria, nos empeñamos en perseguir aquello que nos gusta, que nos evade o que simplemente nos aleja de aquello que tratamos de dejar atrás. De ahí que géneros como la fantasía, la ciencia ficción o el terror sean abrazados con tanta fuerza por muchas y muchos autores, aunque a partir de ellos se hablen o se critiquen cuestiones de lo tangible, lo mundano, lo que pasa a nuestro al rededor. La posibilidad de imaginar nuevos mundos, avanzadas tecnologías, criaturas mágicas o entornos proclives al horror - más allá de la casa encantada y plagada de fantasmas de manual, el cementerio con más niebla de Londres, el campamento asolado por el típico personaje con una irrefrenable sed de venganza, el bosque en el que no puedes adentrarte pero aún así es explorado o el motel regentado por un siniestro propietario - predispone a la autora o autor a un mayor trabajo de documentación y de abstracción psicológica, analizando sus propias inquietudes y miedos. Existe cierta carga autobiográfica en  algunos de ellos, sí, pero ésta acaba irremediablemente ensombrecida por licántropos, naves espaciales, hobbits, asesinos en serie o sociedades distópicas capaces de hacerte temblar ante la posibilidad de que éstas sean factibles en un futuro no tan lejano. También sucede con la poesía, en un intento por recrearnos en lo ajeno, en lo que observamos más allá de nuestra realidad cotidiana. Como si quisiéramos elevar lo mundano, lo anecdótico o lo que a nuestros ojos rezuma de belleza a objeto poético cuando, en realidad, lo personal, lo que nos quema las entrañas, aquellos episodios del pasado imposibles de olvidar, los remordimientos que quedaron, las cuentas pendientes, los rescoldos de lo que vivimos y de los que somos incapaces de sacudirnos, por mucho que intentemos, a pesar de quererlos sepultar bajo capas y capas de hormigón. Como el sarcófago de Chernóbil, como ataúd del odiado dictador, como los cuerpos de quienes acabaron en fosas comunes por culpa de una terrible epidemia. De todo esto bien sabe el género autobiográfico, o su hijo predilecto, la auto ficción, en el que el lector siempre tiene la última palabra a la hora de otorgar credibilidad a los hechos. Género al que acaban acudiendo - y últimamente en masa - muchas y muchos escritores por mil y un motivos. Afán de protagonismo, desahogo personal, exorcismo literario, denuncia de unos hechos, experimentación, juego narrativo que implique directamente a quien se adentra en el texto, homenajes subjetivos que a juicio de la autora o autor son necesarios, catarsis varias, apetencias escritoriles sin motivo oculto que lo justifique o simplemente por una cuestión de moda. Y como en todos los géneros literarios habidos y por haber, existen viles imitadores y los clásicos que han iniciado dicha tradición, y Mary Karr, la gran Mary Karr, forma parte por derecho propio del segundo grupo con una inabarcable trilogía autobiográfica abierta a más entregas - aquí nos ocuparemos del segundo volumen traducido al español - de la que hay mucho que decir en tan poco espacio. Iluminada: un impactante viaje al interior de la mujer escritora. 


Para hablar del presente libro - lo cual ha implicado una tarea casi titánica de relectura, revisión y de entender lo que Mary Karr quiere transmitir con sus memorias - debemos detenernos unas líneas en su título: Iluminada. Un título simple, directo, bello incluso, pero que en su versión original (Lit) encierra y condensa las dos principales líneas argumentales del libro. Por un lado "lit" significa precisamente eso, luz, destello, algo que ciega momentáneamente los ojos, el sentido, el entendimiento y que en el texto, a modo de metáfora (la poesía siempre presente, aunque de eso hablaremos más tarde) se nos presenta como lo que ilumina, lo que arroja claridad sobre el oscuro sendero que Karr recorre. En otras palabras, ese despertar como primer paso para superar sus diversas crisis, de las cuales somos testigos - a veces incómodos - a lo largo del texto. Por otro lado, "lit" también tiene otra acepción en su forma más abreviada, la de "literatura" y es que al tiempo que estamos ante un libro en el que su autora nos narra una historia de autosuperación - recordemos, nos estamos moviendo en el embarrado terreno de lo autobiográfico y por tanto verdadero - Karr nos expone sus deseos por convertirse en escritora y su obsesión por publicar. Lejos de hallarnos ante una novela más de escritoras/es frustrados y en profundas crisis creativas - en las que suele abundar el ombliguismo y una intencionada búsqueda de la empatía por parte del lector realmente trillada y aburrida - aquí se suple cualquier atisbo de narcisismo a través de un humor muy particular. Tejano, brusco, procedente de la tradición oral, coloquial, accesible, aunque lo que te esté contando sea de lo más profundo intelectualmente hablando o la mayor barbaridad que a la autora le haya pasado. En lugar de alejar con un estilo petulante de escritora que sabe mucho y que procura agrandar la distancia entre el lector y quien empuña la pluma, Karr abraza al lector en una naturalidad y cercanía imposibles de esquivar, pasar por alto, ignorarlas vilmente. Puede que la historia de Mary Karr - si habéis leído la sinopsis - parezca la típica historia de superación con final feliz. El final ya lo sabemos, ya que acaba consagrándose como una gran escritora, además de considerarse hoy por hoy una eminencia del género biográfico (El club de los mentirosos, Iluminada y La flor son de lectura obligatoria para quienes, desde una perspectiva más actual, quieran escribir sobre sí mismos sin caer en los errores garrafales que podemos encontrar en otros libros adscritos a esta corriente). No obstante, el viaje de más de 500 páginas hasta llegar a la actualidad está plagado de sombras que la autora desgrana desde la ausencia de prejuicios y una honestidad pasmosa. La búsqueda de un entorno lo más alejado posible de la disfuncionalidad familiar que había  había vivido en su infancia - el cual se describe en el corrosivo y magistral El club de los mentirosos - la conduce a su particular descenso a los infiernos en forma de alcoholismo, síndrome de la impostora e ingresos en psiquiátricos. El cataclismo no tarda en llegar tras encontrar cierta estabilidad familiar e ingresar en la clase media intelectual (entorno en el que, a pesar de haberlo anhelado, todavía no se siente totalmente integrada) con el divorcio del padre de su hijo. Es en este punto donde la situación parece agravarse y donde, al mismo tiempo, el lector como espectador asiste a la verdadera obertura en canal, a la desnudez narrativa. Con episodios tiernos - siempre relacionados con su hijo - sanadores - las heridas que comienzan poco a poco a cicatrizar - y de nuevos comienzos - acordándose de toda la gente que conoció a lo largo de su recuperación -. Es aquí donde, además, lo espiritual va ganando peso en la historia. No es que Karr se convirtiese de pronto al catolicismo tras haberse burlado de la religión y haber asistido con escepticismo durante toda su vida a su doctrina. Lo que vemos en Iluminada - otra posible acepción si lo pensamos detenidamente - es una paulatino acercamiento a la abstracción, al sosiego y la tranquilidad que ofrecen la meditación. Ese tiempo para ella misma que supone el rezo y que le roba a otras cosas, como a la bebida o al autoboicot, lo convierte en reflexión casi filosófica. Si bien es cierto que a mi juicio es un aspecto del libro en el que creo que su autora divaga más de la cuenta, sería injusto desdeñarlo, ya que aporta una perspectiva, no voy a decir original, pero sí interesante desde el plano de lo confesional. 


Iluminada de Mary Karr se ha convertido en un importante bastión de la autobiografía, un clásico casi instantáneo solo superado por El club de los mentirosos, recordemos, entrega donde se ahonda en la infancia de la autora y la problemática familia de la que viene. Sin embargo, Karr no hace nada que ya hicieran Jean-Jaques Rousseau o Gertrude Stein en los siglos XVIII y XX respectivamente. A pesar de que existen antecedentes, como los conocidos como Libros de los hechos - llibres dels fets en catalán - en los que los monarcas narraban sus hazañas y conquistas a través de unos escribas que se encargaban de trasladar las palabras de los reyes al libro o los propios Cantares de gestas - el más significativo el del Mío Cid por ejemplo - donde, a través de un estilo más elaborado y en verso, se plasmaba las aventuras de un personaje singular u importante (casi mítico) lo autobiográfico se pone de alguna manera "de moda" en la época Renacentista, coincidiendo con la idea del antropocentrismo. Esta idea de colocar al hombre en el centro dio lugar a la proliferación de una serie de textos que, bajo la pluma de religiosos como san Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, tuvieron gran difusión en su momento. Sin embargo, no es hasta el ya citado Rousseau donde se asientan, gracias a sus Confesiones, el modelo que predominará durante el Romanticismo del siglo XIX y bien entrado el siglo XX. Resultando determinante para la aparición de las autobiografías o textos autobiográficos de personajes tan variopintos como Charles Darwin, John Stuart Mill, Charles Dickens o Anthony Trollope entre otros. A pesar de que en el siglo XX el género atraviesa una seria decadencia - en parte debido a su caída en prestigio al comenzar a asociarse con las revistas de cotilleos o personajes con vidas enormemente escandalosas, y por tanto, morbosas para el consumo de masas - sí que encontramos algunos ejemplos a destacar, tales como las autobiografías de Isadora Duncan, Malcom X, Rohal Dahl, Josep Pla, Gabriel García Márquez, Simone de Beauvoir, George Orwell o Frank MCourt entre otros. Pero es en el siglo XXI - amparado por un nuevo concepto antropocéntrico sin duda auspiciado por el capitalismo, la globalización y, sobre todo, el auge de las redes sociales, las cuales nos han conducido al individualismo y a la sociedad del "yo" - donde lo autobiográfico ha logrado el mayor impacto. Tal vez por esa domesticación social hacia el culto a una o uno mismo, tal vez porque, en un mundo cada vez más líquido, busquemos historias verídicas a las que agarrarnos para buscar ciertas similitudes personales respecto a la escritora/or que las expone, o simplemente porque aún sigamos siendo adictos a las desgracias ajenas o los episodios más polémicos, solo para resarcirnos, para autoconvencernos de nuestra privilegiada posición y la vana esperanza de que aquello terrible jamás nos va a ocurrir. La perspectiva de género, por supuesto, ha entrado con fuerza en el género, de hecho, si por algo Mary Karr es importante en estas lides es precisamente por haber otorgado esa visión tan necesaria y del que lo autobiográfico, en la mayoría de casos, andaba escasa. Pero además de eso, Iluminada es una inmersión, profunda, al fondo de lo que significa ser mujer autora - mujer trabajadora al fin y al cabo - en la que, salvando todos los episodios de alcoholismo y depresión, muchas escritoras pueden verse reflejadas. Sobre todo en sus problemas, inseguridades, esfuerzos por labrarse una carrera en un mundo, el de la industria editorial, capaz de cumplir sueños pero también de sacar a exhibir las fauces del rechazo. Como ya he comentado, Mary Karr no inventa el género autobiográfico, pero sí lo reinventa, y eso debería ser un incentivo al menos para descubrirla en sus flaquezas y virtudes. 

Iluminada: una historia de adicciones, fracasos, terapia, literatura, infancias traumáticas, miedo, maternidad, escritura, espiritualidad... Las metamorfosis de Mary Karr. 

Frases o párrafos favoritos: 

"De vez en cuando experimentamos la presencia de lo sobrenatural y por un instante discernimos cómo estamos hechos, con qué detalle nos atraviesa la fuerza que impregna cada pétalo, con el único deseo de hacernos alcanzar lo mejor de nuestras capacidades. Normalmente, cuando más cerca estamos es cuando amamos, o cuando un ser amado nos devuelve una sonrisa, un gesto que tiene el poder de galvanizarnos como el acero y fortalecer lo que hasta ahora no había sido más que carne blanda. Y arrancas a cantar en el instante en el que el león avanza hacia ti con las fauces abiertas y percibes el calor de su aliento. Incluso hasta la muerte."

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Errata Naturae

martes, 20 de abril de 2021

RESEÑA: Amar y revivir.

 AMAR Y REVIVIR


Título: Amar y revivir. 

Autora: Mary W. Shelley (1797-1851) narradora, escritora, ensayista y biógrafa británica. Hija de del filósofo político William Godwin y de la teórica feminista Mery Wollstonecraft, frecuentó los más selectos ámbitos culturales y literarios de la mano de su esposo el poeta Percy Bysshe Shelley. Su obra más importante sin duda, fue Frankenstein, nacida tras una apuesta entre Lord Byron, John William Polidori, Percy Shelley y la propia Mary durante las vacaciones del año 1816 en una mansión Cerca de Ginebra. Tras el fallecimiento de su esposo, se dedicó en cuerpo y en alma a la educación de su único hijo y a forjar su carrera como escritora, sin embargo, la última década de su vida estuvo dominada por enfermedades probablemente asociadas al tumor cerebral que acabaría con ella en el año 1851. Además de Frankenstein, Mary Shelley es autora de Mathilda, El útlimo Hombre o Falkner entre otros.


Editorial: Hermida Editores. 

Idioma original: inglés. 

Edición: Gonzalo Torné.

Traductores/Correctores: Germán Molero y Hermida Editores. 

Sinopsis: Un romano regresa a la vida y se ve obligado a contemplar su Roma natal transformada y alterada por el tiempo; un joven ingiere (creyendo que se trata de un filtro de amor) una poción que al volverle inmortal le condena a ver envejecer y morir a todos sus seres queridos; un caballero romántico sufre la irrupción de un doble que amenaza con arrebatarle su vida; una doncella se debate entre el amor y la lealtad deja su decisión en manos de una santa que la obliga a dormir en una pequeña terraza sobre un acantilado; la única posibilidad de redención de un noble calavera pasa por cambiar de cuerpo con un horrible duende... Estos son algunos de los nervios narrativos que animan nuestra selección de relatos con los que Mary Shelley prolonga el magisterio que exhibió en Frankenstein. Ambientados en una Italia tan bella como peligrosa, en estos relatos se suceden una secuencia de amores desesperados, situaciones límite y vidas presionadas por la irrupción de la guerra... Pero ante todo estos relatos prolongan la indagación pionera de Mary Shelley sobre los claroscuros de una ciencia que empezaba a parecer capaz de todo, sin haberse podido plantear todavía sus consecuencias morales. Un campo prodigioso que a veces se confunde con los últimos coletazos del mundo de la hechicería. 

Su lectura me ha parecido: sugestiva, mágica, sobrenatural, gótica, imaginativa, un envidiable pulso narrativo, una ensoñación... Cuando leí por primera vez a Mary Shelley lo hice sin arnés, a lo loco, sin esperar aterrizar en una superficie lo más segura posible. Y casi fue la mejor manera de adentrarme en ella y en su universo literario. Sin pensarlo mucho, motivada por su inquebrantable y resplandeciente aura de pionera de la ciencia ficción, así como de gran maestra del terror y de algunos de los subgéneros que de él partieron con mayor o peor gloria. Por supuesto lo hice a través de Frankenstein, su obra cumbre, que duda cabe, pero por entonces la única que por aquel entonces podías encontrar en las estanterías de las librerías. Si bien es cierto que no era su único texto traducido - con el tiempo fui poco a poco recopilando todos ellos, cual acérrima fan en tiempos donde el terror prácticamente no se estilaba - sí era y es el que copa, eclipsa, relegando a un lugar menos visible el resto de su producción literaria. Hecho que ha provocado un absoluto y patológico desconocimiento hacia todas aquellas obras escritas con anterioridad o posteridad a su novela más insigne. Dolorosas injusticias a parte - de las que hablaré largo y tendido a lo largo de la presente reseña - lo cierto es que Frankenstein es magistral, trascendente e historia de la literatura a infinidad de niveles. No sólo por el tratamiento de sus personajes, el revolucionario uso de la especulación científica para reflexionar y ahondar entorno a los peligros y avances de la misma en un contexto en el que ésta iba ganando mayor peso en detraimiento de la superstición religiosa o las magistrales descripciones en las que los contrastes entre paisaje - desolador, como el hielo que protagoniza la primera parte de la novela - y emociones humanas son enormes. También por sugerir en tiempos de románticos empedernidos (recordemos, las interpretaciones por parte de lectores, escritores, intelectuales y crítica especializada de Frankenstein son inabarcables) toda una serie de debates y cuestiones realmente adelantados a su época. Mis favoritos, los más visionarios, como el que asegura que Frankenstein ya anticipa las relaciones sociales de poder y sumisión de la era industrial - donde el empresario burgués (el Doctor Frankenstein) somete al proletariado (La criatura) y lo maneja a su antojo y capricho sin importar cualquier tipo de necesidad o sentimiento - o aquel en el que se argumenta la mención implícita de la teoría Queer en la novela de Mary Shelley - recordemos, el ser que el Doctor Frankenstein crea en su laboratorio no tiene sexo, de hecho, no se especifica en ningún momento de la novela - así como todo el proceso hetero cultural que ha acabado por convencer a la gente de que el "monstruo" de Frankenstein en realidad es un hombre y no un ser de género no binario. Una vez soltada toda la perorata sobre porqué os tenéis que leer Frankenstein sí o sí - aunque podamos hablar de él en términos literarios cercanos a lo terrorífico no da miedo, os lo aseguro, palabrita de lectora edde género - queda referirnos al resto de sus obras, a las bastardas, aquellas ensombrecidas por el poder mediático que suscita el renombrado libro. De esa Mathilda - una romántica oda a la nostalgia y la soledad en clave autobiográfica - El último hombre - difícil de encontrar traducida a día de hoy y que la convierte, también, en pionera del género distópico - de su Diario del duelo - recién traducido al español y en el que somos testigos de sus desahogos ante la muerte de su marido Percy Shelley - o de sus cuentos, los cuales pueblan de pistas sobre sus ambientaciones, preocupaciones o temas literarios favoritos. Algo que, desde Hermida Editores y en colaboración con Gonzalo Torné - escritor y conocedor de la obra del grupo de la Villa Diotati - han querido remediar. Amar y revivir: la antología que los amantes de Mary Shelley necesitábamos. 


Amar y revivir se compone de trece relatos en total. Trece historias que ofrecen diferentes sensaciones según el tipo de lector que se enfrente a ellas. Para los que, por un lado, no hayan leído nada de Mary Shelley, ni siquiera Frankenstein, pues estos textos le llegarán con una inusitada frescura, sobre todo si eres amante de lo sobrenatural, la magia y las ambientaciones históricas con tintes gótico-románticos (muy en mi caso, sobre todo esto último). Para los que, por otro, seáis amantes de la autora británica, tengáis unas cuantas nociones de su breve biografía (más allá de lo acontecido en la Villa Diodati) y, sobre todo, os encante Frankenstein, con Amar y revivir vais a disfrutarlo más si cabe, ya que se pueden apreciar no sólo temáticas presentes en la famosa novela de Mary Shelley, también registros e historias que plagan de matices una carrera literaria más rica de lo que muchas y muchos piensan. En cualquier caso, ya sea porque no has leído nada de ella antes o porque te conoces obra y milagros de todo lo que tenga que ver con sus libros, Amar y revivir se revela como otra posible puerta de entrada a su universo literario, más ameno tal vez, pero sin descuidar la complejidad y la trascendencia filosófica que posee Frankenstein. Como ya he dicho y a grandes rasgos la presente antología permite a su autora, así como a las y los lectores, transitar entre distintas ideologías, movimientos artísticos, sensibilidades emocionales o periodos históricos muy concretos. Aquí viajamos desde el espíritu romántico - al que se adscribieron artistas, músicos, novelistas o poetas coetáneos como Lord Byron, Gustavo Adolfo Bécquer, Friedrich Schiller, José de Espronceda, Caspar David Friedrich, Eugène Delacroix, Ludwig van Beethoven, Francisco de Goya, Víctor Hugo o Rosalía de Castro entre otras/os - a los arcos apuntados de una iglesia o castillo gótico - casi siempre en ruinas o habitado por un ser malévolo - a los últimos coletazos de la magia en contraste con la irrupción de la ciencia - de hecho, podría tratarse del gran tema que une a todos los relatos - hasta llegar a lo contemporáneo en debates, que no el contexto. Porque si por algo todas y todos le debemos respeto absoluto a Mary Shelley, hasta los que no leen ciencia ficción o pasen del terror, es por su enorme capacidad para poner sobre la palestra cuestiones enormemente avanzadas para su época. Ideas que a día de hoy debatimos acaloradamente en comidas familiares, en cafeterías o tras la tribuna de oradores del congreso pero que Shelley ya planteó en pleno siglo XIX. Cuando la ciencia comenzaba a ganarle terreno a la religión, y todavía más importante, cuando las mujeres escritoras seguían firmando bajo "anónimo" o pseudónimo masculino (algo que la propia Mary Shelley vivió en sus carnes). 


Por ir desgranando algunos de los relatos más interesantes que componen Amar y revivir para así  aprender un poco más de la autora inglesa, empezaremos por uno de los que más me ha sorprendido. Aquel que lleva por título Ferdinando Eboli donde, a pesar de envolvernos en una atmósfera tremendamente gótica y de encontrarnos todos los topicazos de la misma, el relato presenta dos elementos enormemente modernos. El primero de ellos, la presencia del doppelgänger - la figura del doble en la literatura - como augurio de la muerte para quien se encuentra cara a cara con él. No es un recurso nuevo, de hecho es el propio movimiento romántico el que lo rescata de las leyendas medievales, pero sí resulta interesante la modernización del mismo a través de la pluma de Shelley, adelantándose décadas a las novelas de August Strindberg - a quien se le atribuye el origen de la palabra  doppelgänger - a El Doble de Fiódor Dostoievsky, a los relatos de Guy de Maupassant, a El Doctor Jekyll y Míster Hyde de Robert Louis Stevenson y por supuesto a todas las series (Twin Peaks), películas (El gabinete del Doctor Caligari) y novelas de terror que de una manera u otra han hecho uso de él en los siglos posteriores. El segundo de ellos viene por su protagonista, Adalinda, que aunque encaje en el prototipo de doncella gótica, Shelley le otorga una determinación y arrojo que la alejan de cualquier estereotipo femenino en literatura. Siguiendo con este tema, imposible de obviar como el feminismo y la denuncia de la inferioridad de las mujeres respecto a los hombres (ambos presentes en su literatura) se traslada al relato La novia de la Italia moderna, donde la crítica a la hipocresía de la religión y, sobre todo, a los matrimonios de conveniencia a los que se debían someter muchas mujeres de su época - este relato está ambientado en el presente de la autora - se convierte en un alegato a la independencia y a la libertad de elección, también lo que a cuestiones amorosas se refiere. Aunque, sin lugar a dudas, mi relato favorito es Valerio, el romano reanimado, donde Shelley introduce a un romano de la época imperial en la Roma de principios de siglo XIX. Un relato que nos permite, no solo admirar la fidelidad histórica y una capital diferente a lo que en su día fue durante sus siglos de mayor gloria, también reflexionar entorno a la decadencia y esplendor que, a pesar de los siglos, siguen padeciendo las ciudades. Una oda al paso del tiempo que debería sobresalir dentro de la producción literaria de la autora. Para los que quieran referencias claras a Frankenstein tenemos El mortal inmortal, donde las constantes apelaciones a la moralidad de ciertas prácticas científicas apelan constantemente a su obra magna. Aunque a decir verdad, la antología está plagada de títulos - el revivir de su título es la señal más clara - que irremediablemente evocan al famoso texto y nos hacen pensar que Mary Shelley estaba, de alguna manera, destinada a escribir una novela como Frankenstein. Por último, cabe señalar su fijación y pasión por Italia, ya que casi todos los relatos están ambientados allí. Pero la Italia de Shelley no es pletórica, luminosa y llena de jolgorio, sino un lugar oscuro, tenebroso, plagado de antiguos torreones, castillos y mazmorras donde sus protagonistas se enfrentan a los dilemas más trascendentales. Tradición literaria - la influencia de El castillo de Oranto de Walpole es clara - y connotaciones autobiográficas - Shelley pasó varias etapas de su vida en dicho país - se dan de la mano en esta antología para ofrecernos una mirada diferente de una autora que, de manera injusta, quedó ensombrecida por la presencia de su icónica e inmortal criatura. 

Amar y revivir: trece historias de redención, amor, aventuras, castillos góticos, transformaciones, pociones, magia, oscuridad, romanticismo... El legado de Mary Shelley más allá de Frankenstein. 

Frases o párrafos favoritos: 

"Roma ha caído, de acuerdo, pero el mundo sigue venerándola. Es una visión muy hermosa asistir a cómo sus descendientes, por alejados que estén de sus modelos, han tratado de consevar sus templos. De todas las partes del mundo acuden viajeros deseosos de visitarlos, y sólo se alejan de Roma a regañadientes. Para muchos hombres, todo lo que se conserva dentro de estas murallas es un templo sagrado... aunque fuese profanado tantas veces. La compasión debe mezclarse con la indignación si queremos ser justos. Ni la edad ni el dolor han logrado destruir el espíritu de Roma. Si se apoderase de mí la mayor de las desgracias, encontraría un gran consuelo en saber que he vivido en Roma. Si un hombre de su época reviviese en Atenas, ¿no tendría mayores motivos para estar triste usted?"

¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Hermida Editores