Presentación

"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora." Proverbio hindú

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca." Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.

"Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer." Alfonso V el Magnánimo (1394-1458) Rey de Aragón.

En este blog encontraréis reseñas, relatos, además de otras secciones de opinión, crítica, entrevistas, cine, artículos... Espero que os guste al igual de todo lo que vaya subiendo.

martes, 26 de junio de 2018

RESEÑA: Estío.

ESTÍO

Título: Estío.

Autor: Edith Wharton (1862-1937) nació en Nueva York, en el seno de una familia adinerada y distinguida, y es considerada una de las más grandes escritoras estadounidenses. Impregnada de ambigüedad, así como de una clara conciencia de la condición femenina, es autora de un gran numero de novelas como Estío, Ethan Frome, Las hermanas Bunner, La casa de la alegría, La solterona, Madame Treymes o Las costumbres del país entre otros muchos. Discípula y amiga de Henry James, consiguió permisos para viajar en motocicleta por las líneas del frente durante la I Guerra Mundial en territorio francés. Esta experiencia le sirvió para escribir una serie de artículos relacionados con la contienda como Fihgting France: From Dunkerque to Belfort. Durante la guerra también trabajó como voluntaria para la Cruz Roja con los refugiados, por lo que el Gobierno Francés le concedió la Cruz de la Legión de Honor. Su labor social fue extensa, llegando a dirigir salas de trabajo para mujeres desempleadas, celebró conciertos para dar trabajo a los músicos, apoyó hospitales para tuberculosos, fundó American Hostels para ayudar a los refugiados belgas y luchó por el reconocimiento de la comunidad artística de los barrios parisinos de Montmartre y Montparnasse. Fue miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras, fue la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer de Ficción gracias a La edad de la inocencia y así mismo fue la primera mujer nombrada Doctor honoris causa por la Universidad de Yale en 1923.

Editorial: Alianza Editorial.

Idioma: inglés.

Traductor: José Luís López Muñoz.

Sinopsis: procedente del áspero y salvaje ámbito de "la Montaña" y acogida por el matrimonio Royall, la joven Charity vive ahora con su tutor ya viudo, el abogado Royall, en North Dromer, un minúsculo pueblo de Nueva Inglaterra roído por el tedio. La visita de Lucius Harney, un joven arquitecto, despierta en ella la ilusión del amor y del deseo, así como de una nueva vida lejos de la asfixiante atmósfera local y de los incomodos requerimientos de su tutor. Sin embargo, el curso de los acontecimientos y la clara, aunque dolorosa, coincidencia de su posición y de sus intereses llevarán a Charity a aceptar una inapelable lección de realidad.

Su lectura me ha parecido: romántica, sensual, enormemente asfixiante, psicológica, corta, interesante, iniciática...Queridas lectoras y lectores, a veces una no encuentra explicación a ciertas cosas, tales como la siguiente: ¿cómo es posible que desde que decidí un día abrir este blog no haya reseñado ningún libro de Edith Wharton hasta la fecha? A algunos es posible que el nombre de esta escritora norteamericana no os suene de nada, aunque me extraña, pues su obra se ha seguido reeditando y nutriendo de nuevas traducciones que no hacen sino ampliar aún más su legado literario. Sin embargo, y como suele pasar gracias a esta sociedad y a este sistema educativo tan "estupendo" que tenemos, es normal que el común de los mortales conozca a Edith Wharton una vez llegas a la universidad, sobre todo en las carreras de letras, aunque por mi la figura de esta mujer debería conocerse en todas las disciplinas. No por ser una escritora merece el desprecio de quienes no han optado por cursar la rama de humanidades. Edith Wharton fue una de esas mujeres que abrió camino ganando, nada más y nada menos, que el Pulitzer de Ficción, siendo la primera mujer en conseguirlo en el año 1921 con esa icónica La edad de la inocencia, la cual ha alcanzado la inmortalidad gracias a Martin Scorsese, Winona Ryder, Daniel-Day Lewis y Michelle Pfeiffer. Pero también un ejemplo de compromiso social increíble apoyando el reconocimiento de artistas, músicos e incluso creando asociaciones bajo las que los refugiados pudieron ampararse. Por no hablar de su experiencia humanitaria durante la I Guerra Mundial o su inquebrantable amistad con el escritor Henry James, su maestro y padrino en el mundo de la literatura. ¿Cómo he podido pasar por alto a una de las escritoras más importantes de principios de siglo XX? ¿En qué estaba pensando? ¿Qué había pasado para que la hubiese obviado? La respuesta a todas esas preguntas la encontraréis a lo largo de una reseña que pretende ser un texto que enmiende este terrible olvido y espero que la primera de los muchos libros de esta escritora que espero leer y reseñar en el futuro. Estío: el despertar sexual en medio la opresión rural.


La historia de como Estío llegó a mis manos es bien sencilla. Aunque para que sea más completa debería empezar por reconocer que hasta hace unos años desconocía la figura de Edith Wharton. Durante mi etapa escolar aprendí muchísimo: desde saber restar, sumar o multiplicar a manejar casi a la perfección las herramientas durante las clases de tecnología. Incluso aprendí a hacer malabares, a recitar de carrerilla todos los tiempos verbales en lengua castellana, a analizar frases imposibles, a traducir (más o menos) del latín al castellano, a memorizar todas esas fechas importantes para la historia, a hacer disertaciones de diez, a entender mejor los clásicos de la literatura, a hablar en público sin que se me quebrase la voz en el intento...Pero por desgracia no aprendí nada de esas mujeres que desde sus respectivas disciplinas cambiaron la historia. Es cierto, eso no lo voy a negar, que en mi instituto dedicamos un año a abordar el tema de la violencia de género por medio de visionados de películas o a través de la realización de trabajos grupales en clase. Sin embargo, ninguna profesora o profesor nos hablaron largo y tendido de ellas. A la memoria se me vienen recuerdos de algunas clases en las que se nombró, que no profundizó, algunas de estas ilustres mujeres, tales como Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Hannah Arendt o Marie Curie. Y aunque abordamos largo y tendido los gobiernos monárquicos que estuvieron protagonizados por reinas como Isabel la Católica, Isabel II, María Antonieta o Victoria I (los que redactaron los libros de texto de historia se olvidaron a unas cuantas monarcas por el camino), la explicación que daban en los libros de texto no les hacía justicia y tampoco me satisfacía como amante de la historia. Luego accedí a la universidad, y a pesar de que la cosa mejoró ligeramente, seguí sin conocer en su amplitud a algunas mujeres a las que la historia parecía haberles dado una violenta patada. Y entonces llegó aquel frenético cuarto de carrera, en el que por fin iba a disfrutar de una asignatura destinada a la historia de género, eso que durante los tres años restantes me ofrecieron intelectualmente a cuenta gotas y que algunos profesores se negaban a reconocerla. En ella aprendí muchísimo de la mujer en la época antigua, ya que el profesor que la impartió ese año estaba especializado en esa etapa de la historia, pero por el contrario, me perdí la oportunidad de que me hablasen de la mujer en la prehistoria, en la edad media, en la edad moderna o en la edad contemporánea (esta última era la que de verdad me interesaba). Pero entonces, en el momento en el que creí perder toda esperanza, una clase durante el máster de especialización me sacó de ese pesimismo. Por fin di historia desde una perspectiva de género que me enseñó, entre otras cosas, la resistencia femenina durante el franquismo. Un tema harto interesante y del que todas y todos deberíamos leer un poco más. En definitiva, lo que vengo a decir es que mi formación en este campo ha sido y sigue siendo prácticamente autodidáctica. Y fue el autodidactismo en esta materia lo que me llevó un día a descubrir el nombre de Edith Wharton. Una mujer que, como bien expongo en la biografía que tenéis al principio de esta reseña, es un ejemplo para muchas mujeres y un referente en el que poder mirarse y repetirse a una misma: "si ella pudo, yo también puedo." Desde ese momento busqué su nombre en las librerías, con la suerte de toparme con innumerables títulos, algunos de reciente reedición o traducción en España. Este hecho me animó a hacerme con Estío, editada por Alianza Editorial, y a leerlo detenidamente. No sabía exactamente de que iba, ni siquiera estaba segura de si me iba a gustar, lo que tenía claro era que tenía que adentrarme en el universo literario de Wharton sí o sí. El resultado final me llenó de reflexión, pero también de satisfacción, pues había descubierto a una autora de gran talento y altura intelectual.


Centrándonos en la reseña propiamente dicha, comenzaremos diciendo que Estío presenta una lectura densa y asfixiante a partes iguales. De hecho, a mi personalmente me costó bastante entrar en la historia, adecuarme al escenario en el que se van a mover los personajes, y sobre todo, empatizar precisamente con Charity, la protagonista absoluta del libro. Esas primeras páginas me resultaron bastante soporíferas, lo que contribuyeron a que durante unos días dudase y pensase que había depositado demasiadas expectativas sobre este libro de Edith Wharton. Dichos pensamientos se esfumaron de mi cabeza en el momento en el que decidí darle una oportunidad a la novela, pues pasadas unas cuantas hojas la historia adquiere una dimensión interesante a mi parecer. Esa asfixia que sientes al principio de la novela no es más que una sensación producida por la lectura de este libro, una sensación de angustia, tedio e incluso claustrofobia es la que se experimenta, y todo ello gracias a la magnífica construcción del entorno en el que se desarrolla la novela: North Dromer. Un pueblo ficticio situado en la región estadounidense de Nueva Inglaterra. Un lugar rodeado por altas montañas en el que no hay prácticamente nada (ni siquiera un lugar en el que poder dar conferencias), en el que los avances tecnológicos del momento ni están ni se esperan y en el que solamente hay una iglesia (que no abre todos los días) y una biblioteca a la que nadie acude y cuyos libros envejecen solos en estanterías. Todo ello, unido al calor propio de los meses de verano, de estío al fin de al cabo, hacen de North Dromer el lugar más horrible, por lo menos según la opinión de Charity, quien le aburre estar por más tiempo en ese lugar. Es posible que a muchos de los que estéis leyendo estas líneas un pueblo con las características de North Dromer os parezca un paraíso, ese lugar en el que desearíais vivir, incluso de por vida. Pero en Estío, os aseguro que Edith Wharton consigue que desees vivir rodeado de Wifi, pues pinta tan mal dicho lugar que más de uno echaría a correr si le dijeran de vivir en un lugar como North Dromer, que en España, y lo digo por experiencia, existen muchos. Es en ese pueblo anodino, de atmósfera agobiante y en el que nunca pasa nada donde asistimos a la historia de Cahrity, una joven procedente de la vida salvaje (nació en "la Montaña") y que es acogida siendo una niña por una familia acomodada y cuyo patriarca es el abogado Royall. Charity odia North Dromer y desea con todas sus fuerzas poder escapar de la tediosa rutina del lugar, de sus vecinos cotillas y de su trabajo en la biblioteca (donde recordemos que no entra nadie y que permanece abandonada ante el desinterés de los habitantes del pueblo). Es durante una jornada de su "estupendo" trabajo cuando ella por sorpresa conoce a Lucius Harney, un joven arquitecto que se interesa por la historia del lugar. Ese acontecimiento es visto en North Dromer como una novedad, ya que por sus características no acostumbran a recibir visitantes, y por Charity (la cual acaba encaprichándose del joven Lucius) para poder marcharse de North Dromer. Sin embargo, lo que Charity no sabe es que dicho encuentro acabará sumiéndola en algo para ella desconocido, que le aterroriza al principio pero que acabará interiorizándolo, aportándole más madurez y confianza en si misma. Hablamos por supuesto del despertar sexual femenino, un tabú en la época en la que fue escrito este libro y que es descrito con una belleza bastante interesante, metafórica incluso y asociándolo directamente con el verano y todo lo que éste representa tanto desde el plano más tradicional como del más mágico, cercano a la ilusión que Shakespeare plasmó en Sueño de una noche de verano. La historia a priori puede ser la más típica, es más, parece el típico folletín de finales del XIX, pero conforme avanzas en su lectura aprecias el carácter trasgresor de ésta, pues la sensualidad que desprenden sus páginas no la hacen única pero si especial dentro de una corriente literaria que empezaba a despuntar y que se asemeja más al  El amante de Lady Chaterley de D.H. Larwence que a las novelas de algunas de las hermanas Brontë. Por último, respecto a los personajes ahí lo tengo claro, pues ninguno ha conseguido cautivarme por completo. En primer lugar, Charity me pareció desde el primer momento la típica niña malcriada y egoísta de manual, y aunque si bien es cierto que cuando comienza su particular despertar sexual el personaje experimenta una importante evolución, siguió sin caerme del todo bien. Su construcción me recordó vagamente a la del personaje de Emma Woodhouse que Jane Austen inventó para Emma, pero Charity no supera en empaque al de la extrovertida y divertida heroína auteniana. Y en el caso de Lucius Harney más de lo mismo, otro hijo de papa algo bobalicón al que no encuentro atractivo por ningún lado.


A medida que iba leyendo Estío me daba cuenta de una cosa fundamental, y es que no es lo mismo escribir sobre la situación de la mujer si quien lo hace es un hombre o una mujer. A medida que dejaba atrás una tras otra las páginas de este libro, mis pensamientos volaron y se posaron sobre tres obras en las que se aborda el tema principal de Estío, es decir el despertar sexual femenino. Primero evoqué en mi memoria al inmortal e inolvidable personaje de Emma Bovary que Flaubert creó con gran acierto y que tanto ha significado para mi personalmente. Una mujer romántica en un mundo terriblemente realista, un universo que no era para ella pero en el que sin embargo consigue dar rienda suelta a su sexualidad con dos hombres muy diferentes entre si. Más adelante, mi mente viajó a tierras anglosajonas y se topó con la pureza de Tess D´Urberville, protagonista de una de mis novelas favoritas de Thomas Hardy. Una joven "manchada" y condenada socialmente por haberse acostado con el señorito de turno (aunque en realidad es una violación en toda regla) sin haber pasado antes por el altar.  Una mujer que tras sortear infinidad de problemas derivados de ese estigma social consigue ser feliz, y de paso dejarse llevar por sus impulsos sexuales, unos días junto al joven de quien ella está enamorada. Y por último, sin salir geográficamente de territorio británico, rememoré a Constanza, la protagonista de El amante de Lady Chatterley, cuyas explícitas escenas de sexo con el guarda Oliver Mellors causaron gran escandalo en la sociedad de principios de siglo XX.  Todas estas mujeres son imprescindibles en los estudios de literatura, así como base de la que observar la situación de las mujeres en la edad contemporánea, donde el deseo sexual se reprimía con gran dureza. Sin embargo, y a pesar de que para la época supusieron un avance y un escandalo a partes iguales, éstas historias están contadas desde una mirada masculina, la cual, a lo largo de las respectivas novelas, no puede evitar caer en los clichés típicos de las sociedades patriarcales de su tiempo. Con esto no quiero decir que haya que censurar estas novelas, eso sería una barbaridad de proporciones estratosféricas, pero si leerlas desde una mirada más crítica y siendo conscientes de que ciertos comportamientos que en ellas se describen son directamente machistas. Una nueva lectura que deberíamos impulsar, al igual que fomentar la lectura de obras escritas por mujeres, obras que como en el caso de Estío están en la línea de lo que Flaubert, Hardy o Larwence escribieron a finales del siglo XIX y principios del XX. Como hemos comentado antes, Estío narra la historia de Charity, pero también es la historia de un despertar sexual muy concreto pero que no se diferencia demasiado de lo que las mujeres de esa época (y de la actualidad también) experimentan. De hecho, cronológicamente la obra de Larwence es coetánea a la de Wharton. ¿Cuál es entonces el problema? Que si un hombre escribe sobre la sexualidad femenina está mejor visto que si una mujer hace lo mismo. Es más, no es casualidad que algunos hayamos oído hablar antes de El amante de Lady Chatterley antes que Estío. Que las mujeres se atrevan a través de la literatura a hablar sin tapujos sobre sexo, masturbación o relaciones extramatrimoniales era un escandalo, pues ese no era el terreno en el que debían moverse, no se les había educado para ello. Los hombres en cambio lo podían saber todo de las mujeres, incluso sobre lo que de verdad da placer a una mujer o adivinar sus pensamientos durante el coito. El que una mujer se haga preguntas, experimente sexualmente o exponga su visión sobre el sexo era peligroso, pues automáticamente estaba adentrándose en territorio varonil y creando al mismo tiempo una corriente de opinión diferente que pone en peligro todo el castillo de naipes construido a base de dominación del hombre sobre la mujer. Eso de que las mujeres tomasen la iniciativa (en todos los sentidos, no solo en el sexual) no podía ser y había que reprimirlo con dureza, con un lavado de cerebro, con el respeto a dios y a las sagradas escrituras, con la amenaza del escarnio público o la muerte incluso. Convirtiendo de este modo a las mujeres en seres reprimidos, silenciosos, obedientes y temerosos de dios o del qué dirán. ¿Con todo esto qué quiero decir? Que Estío es un claro ejemplo de que una mujer también puede escribir sobre sexo al mismo tiempo que ofrecer una perspectiva diferente, la de la mujer, conocida como "la otra mirada", esa mirada que durante tanto tiempo han tratado de cegar salvajemente. Estío: una historia de amor, tedio, confianza, valentía, autonomía...Una novela perfecta para este caluroso verano.

Frases o párrafos favoritos:

"Allí estaba, un pueblo entre colinas, quemado por el sol y las inclemencias del tiempo, abandonado por los seres humanos, olvidado del ferrocarril, del tranvía, del telégrafo y de todas las fuerzas del progreso que enlazan vidas entre sí en las comunidades modernas. Carecía de tiendas, de teatros, no se daban conferencias, no existía actividad económica, sólo una iglesia que se abría cada dos domingos si el estado de los caminos lo permitía y una biblioteca para la que no se habían comprado libros nuevos desde hacía veinte años y donde los viejos enmohecían tranquilos, en las húmedas estanterías."

Película/Canción: como no hay noticias de una posible adaptación cinematográfica o televisiva a la vista, he optado por adjuntar una pieza de música clásica de lo más apropiada dadas las fechas en las que nos encontramos y haciendo honor al título del presente libro.


¡Un saludo y a seguir leyendo!

Cortesía de Alianza Editorial


5 comentarios:

  1. Hola! No conocía el libro pero parece entretenido y me gusta la ambientación así que no lo descarto. Muchas gracias por la reseña.

    Un saludo!

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  2. De esta autora he leído dos novelas cortas, Ethan Frome y Las hermanas Bunner, que me encantaron. Ya en ellas se plasmaba bien su enorme talento. Así que me apunto este libro, que no conocía. Más después del reseñón que has hecho.
    Besotes!!!

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  3. Madre mía, Jimena, te veo entusiasmadísima con tu descubrimiento. Es cierto lo que dices sobre las mujeres y su situación en un mundo dirigido por hombres. Ha sido así y todos (mujeres y hombres) hemos contribuido a que así sea. Me gusta mucho más lo que dices sobre la distinta manera de enfocar el despertar sexual de una mujer si lo cuenta un hombre o si lo cuenta una mujer. Me parece normal y creo que ambas perspectivas son necesarias y complementarias. Cierto es que dependiendo del momento en que la obra se escribe (la de Lawrence, la de Flaubert, la de Thomas Hardy o la de los autores de hoy mismo) esta mirada variará igual que es distinto el mundo de hoy y el de ayer. Pienso que todas las perspectivas son aceptables y necesarias.
    Una última cosa: muchas son las obras tituladas "Estío", ahora mismo recuerdo a Valle Inclán y también una novela que leeré en breve perteneciente a la gran novela de "Los Thibault" de Martin du Gard. Esta última novela además se sitúa en los prolegómenos y el momento mismo de la Gran Guerra con lo que la coincidencia con la época de Warton es muy grande.
    Por último te diré que hace tiempo que tengo anotados títulos de esta autora y aún no he entrado en ella. Tu análisis -¡perfecto, magnífico!- de "Estío" me ha despertado de nuevo el apetito por ella. Así que este verano creo que será un buen momento para hacerlo.
    Un beso

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  4. hola! fantastica entrada, fantastica! gracias, aprendimos un monton y de forma agradable,gracias! saludosbuhos

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  5. una estupenda reseña en la que no solo nos cuentas como de recomendable es leer una obra concreta sino que además nos muestras las grandes deficiencias de nuestro sistema educativo y algunas asignaturas que tenemos pendientes en él.
    Me ha parecido muy interesante la reflexión final y es que ciertamente, los varones, muy a menudo, hemos pretendido ser depositarios de la verdad absoluta, incluso de cosas que no podíamos saber por no poder experimentarlas directamente. No quisiera extenderme mucho, pues creo que ya lo has contado todo tu y tampoco es cuestión de repetirlo.
    gran reseña y muy pertinente reflexión

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